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Rivadeneira y sus falacias estalinistas para salvar a Lula

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Tal como van las cosas, Gabriela Rivadeneira va a terminar convirtiendo a Alianza País, de la que es su Secretaria Ejecutiva, en un pequeño grupo de rabiosos militantes sin otra referencia ideológica que las manidas frases cliché de la la izquierda de la época de la guerra fría.

Para Rivadeneira, la política se reduce al enfrentamiento que existe entre quienes luchan por los pobres y están alineados con el bien, por un lado, y un complot internacional manejado por el imperialismo y las perversas élites del mundo, por el otro. Con esa mentalidad maniquea de Rivadeneira, Alianza País está condenado al ensimismamiento y al aislamiento político.

Dos hechos recientes ponen el evidencia esta conducta de Rivadeneira: el comunicado en el el cual Alianza País expresa su solidaridad con el ex presidente del Brasil, José Inacio Lula da Silva, condenado a nueve años y seis meses de cárcel y sus más recientes críticas al gobierno de Lenín Moreno por haber dado un viraje completo en la política de comunicación que dejó instalado el gobierno de Rafael Correa.

Rivadeneira, como muchos otros igual que ella entre ellos el ex presidente Rafael Correa, cree a pie juntillas que Lula es víctima de un complot internacional que busca desestabilizar a la izquierda latinoamericana y evitar que vuelva al poder.  Según esta gente este complot tiene dos vértices: la politización de la justicia y el acoso mediático orquestado por las élites. Para Rivadeneira esto es un acto de fe. Para ella no existe posibilidad alguna que Lula haya estado involucrado en actos de corrupción y que los jueces y las investigaciones sobre su vinculación con hechos de corrupción sean ciertos. Este acto no es más que un nuevo capítulo de persecución judicial, comunicacional y política que llevan adelante las élites brasileñas y latinoamericanas, con el único propósito de impedir la participación de Lula como candidato en las elecciones presidenciales del próximo año en Brasil y evitar así una nueva victoria del campo popular en nuestro hermano país”, dice el comunicado de Alianza País que fue redactado bajo el auspicio e inspiración de Rivadeneira. Ribadeneira está convencida (o quiere convencerse) de que la gente de izquierda no puede ser corrupta. Seguramente porque en su simplismo estalinista si un revolucionario como Lula o Correa toman algo que no es debida será por una causa mayor o por el bien común. Para ella, la lucha contra la corrupción, tal y como se la lleva adelante en Brasil es tan solo una maniobra del neoliberalismo que quiere regresar. No hay como doblegarse ha dicho en un blog que tiene en el canal chavista Telesur frente a “quienes hacen de la bandera anticorrupción un caballo de Troya que encierra a oscuros personajes ligados a la corrupción orgánica de las décadas de entrega neoliberal”.

La Secretaria Ejecutiva de Alianza País se cierra a cualquier posible evidencia sobre la corrupción de Lula y otros políticos llamados progresistas. De esa manera no deja espacio para la duda razonable que, incluso simpatizantes de izquierda, puedan tener sobre la honestidad del ex presidente de Brasil y otros líderes regionales. Este manifiesto de Alianza País a favor de Lula se produce, además, cuando en el Ecuador existe una importante expectativa social por el desarrollo de las investigaciones sobre supuestos actos de corrupción que tienen relación con el gobierno de Lula. Así, de un solo tajo, Rivadeneira hace que su movimiento se convierta en sospechoso de complicidad con la corrupción. “Desde el Ecuador, repudiamos enérgicamente la persecución político-judicial motivada por intereses espurios y mezquinos y convocamos a todas las fuerzas progresistas del continente a alzar su voz en defensa de uno de los principales líderes que ha tenido la historia latinoamericana y en defensa de la democracia brasileña”, agrega el comunicado.

Pero para quienes aún entienden la política como lo hace Rivadeneira, no puede haber complot internacional contrarrevolucionario sin la complicidad de los medios de comunicación privados. Precisamente por mantener ese simplismo frente a la política es que Rivadeneira ha decidido criticar a Lenín Moreno por el giro que su gobierno ha tomado frente a los medios de comunicación. Para ella, es inconcebible que Moreno no mire a los medios privados como los principales enemigos de la revolución.  “Todos los gobiernos populares y progresistas de América Latina enfrentaron con mayor o menor éxito un panorama similar de extrema concentración y hostilidad mediáticas. No podemos tomarnos con ligereza una batalla fundamental. No es por capricho que la Revolución Ciudadana dio la batalla comunicacional, como correspondía a un proyecto comprometido con la democratización profunda de la sociedad”, ha escrito en su cuenta de Twitter luego de que se conoció que Moreno había invitado a Carondelet a los dueños de los medios privados y había sacado a las vacas sagradas del correísmo de los medios llamados públicos.

En el blog que mantiene en Telesur, Rivadeneira resume su pensamiento sobre lo que está ocurriendo en la región de esta forma: “sería ingenuo no ver en este asedio mediático-judicial constante a las figuras políticas emblemáticas del gran arco popular y progresista latinoamericano la mano de una derecha que, a nivel continental, opera a través de dos brazos primordiales: los aparatos judiciales y el poder mediático concentrado”.

Con una esa cosmovisión aplicada a Alianza País, lo único que hace Rivadeneira es convertir a ese movimiento en el reducto del correísmo más estalinista, trasnochado y dogmático. ¿No se ha dado cuenta de que las encuestas muestran que el liderazgo conciliador y de tolerancia frente a los medios de Lenín Moreno está teniendo éxito?  ¿No es capaz de darse cuenta que la sociedad estaba hastiada del liderazgo agresivo y de acoso a la prensa de Rafael Correa?

El riesgo de que Gabriela Rivadeneira está el mando de Alianza País es que termine aislando a ese movimiento no solo del gobierno sino de una renovación de idearios indispensable en toda organización política moderna. Bajo un liderazgo que sigue atrapado en la misma paranoia de la izquierda setentera, será muy difícil que el Alianza País pueda convertirse en un laboratorio de pensamiento, como debería ser un partido moderno y, lo más probable, es que termine siendo una central partidista al servicio de los intereses del por ahora ausente Rafael Correa.

Gabriela Rivadeneira está empeñada en convencer a la opinión pública de algo que solo pueden creer los sectores más dogmáticos del correísmo: que la lucha contra la corrupción es una maniobra neoliberal para desestabilizar a los gobiernos progresistas. Se trata de una fórmula forzada y falaz que, para lo único que puede servir, es para curarse en salud.

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