Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

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Jaime Nebot

Moreno, hasta ahora puro blá blá

en Columnistas/La Info/Las Ideas por

Parece ser que, expatriado el energúmeno insultador de los sábados, todo cambió. Parece ser que todo lo que se hizo, mal hizo y deshizo durante el correísmo, se minimizó, se olvidó, solo por que ya no se avientan agresiones, improperios u órdenes de persecución. Sin duda, es mejor que el origen de esa contaminación verbal, intelectual, ética, que representó personalmente Correa, no tenga sino sus tuits. Es verdad que su ausencia y de ese estilo envenenado, despeja el aire, pero…

Moreno ha sido prolífico en gestos. Le ayuda su condición física, su lenguaje trastrabillado y su aparente incompetencia para el insulto (aunque mostró tal habilidad durante la campaña). Solo con gestos y su popularidad se ha elevado y con ello la anuencia de políticos que saben de aprovechar oportunidades. Como muestra sirve la adhesión de los alcaldes. Basta leer lo que los adherentes de Nebot y Rodas dejan saber en redes sociales, o lo que dicen sus asambleístas para reconocer que Moreno los tiene ya a su lado. Le ha servido que Correa apretó tanto el nudo, que un leve aflojamiento parece suficiente. Muchos opinadores, periodistas, así como sucedió en 2007, que cerraron filas en torno a Correa, negándose a ver la realidad, hoy diez años más tarde, aplauden los gestos, como si ya hubieren hechos, realidades, cambios que aplaudir.

Moreno ha convocado al diálogo. Y para la foto se prestan excandidatos presidenciales. Incluso se ha hecho un acuerdo de reparto de puestos. ¿Y de qué hablaron? ¿Del combate a la corrupción y la urgencia de que el gobierno baje las murallas de protección a Glas? No. ¿De cómo resolverá la abrumadora crisis económica que hereda de Correa, que engañó con el cuento del milagro? No. ¿De cómo recuperar la independencia de funciones eliminando tanto correísta devoto en los puestos claves de control? No. ¿De derogar la Ley de Comunicación, eliminar la comisaría de información? No. ¿De desarmar la estructura, legal, reglamentaria, burocrática que ahoga el emprendimiento? No. ¿De la política internacional chavista que lleva a defender los abusos infames de Maduro en Venezuela? No.

El diálogo parece ser una coartada. Una forma de hacer un cambio, para que nada cambie. Así como los cruces sensacionalistas de tuits entre Moreno y Correa y los tuits que desde los laterales avientan las sumisas a Correa, que ya no son sumisas a Moreno porque solo son sumisas con el jefe del clan. Solo alimentan el natural y humano sentido de retaliación de la población que durante diez años padeció o rechazo el abuso.

En el mediano y largo plazo, que Moreno y Correa se aruñen con trinos es irrelevante si no hay decisiones que apunten a atacar estructuralmente las causas del desmadre político y económico del correísmo. Pero Moreno, va dando muestras de que más allá de los gestos, no incursionará en mayores riesgos. Y es obvio porque se ha ratificado militante de la revolución.

Sobre Glas ha dicho que ha desvanecido las acusaciones. ¿Cuáles ha desvanecido, según Moreno? No lo ha dicho, pero si se entiende que le ha conferido ya una declaración de inocencia. Lo que no extraña, pues, mientras tuitea provocaciones contra Correa, Moreno ha permitido una profusa campaña publicitaria en la que se presenta a Glas como el gran hacedor de todo.

Moreno ha dicho que la mesa no estaba servida, como cínicamente afirmó su predecesor. ¿Y los co-responsables de las decisiones mal tomadas, los operadores del fraude en las cifras y los mentirosos de propaganda? Bien gracias. O son parte del gabinete, o serán embajadores. Al tiempo de denunciar que si hemos estado en crisis, lo que resulta increíble lo diga hoy cuándo en campaña se sumó al coro del engaño; Moreno no ha develado los contratos secretos de deuda, no ha anunciado las medidas de ajuste fiscal urgente, no ha propuesto un plan de renegociación de deuda o de investigación sobre ella. No ha ratificado ni explicado como devolverá el dinero de la reserva de libre disposición, entre los que está dinero de depositantes de la banca privada, cuyo uso (abuso) fue conocido por el actual ministro de Finanzas. No ha dicho mayor cosa, salvo lo dicho para satisfacer la revancha de una parte del electorado y así sostener su popularidad.

Moreno y sus gestos, no van mas allá de eso. Mientras en Venezuela un obtuso gorila y su camarilla arremete a bala contra la población, se arma ilegítimos atajos como es convocar una Asamblea Constituyente y persiste en sostener las condiciones de desastre económico, consistente con la alineación de Correa, el gobierno de Moreno, a través de su canciller, que ocupó igual puesto durante el gobierno de Correa, se suman a otros gobiernos chavistas para negar lo evidente y apoyar a Maduro.

Empecé por reconocer los gestos. Por algunas acciones que reducen presión. De allí falta mucho para concluir que se ha producido un cambio que vaya más allá de un conflicto de liderazgo o de una bronca por ocupar el trono. Falta mucho para sumarse a los aplaudidores tempranos.

Diego Ordóñez es abogado y político 

Cabify: ¿quién es el desleal?

en Columnistas/Las Ideas por

El comunicado de Autoridad de Tránsito Municipal de Guayaquil acusando de competencia desleal a Cabify ha levantado una polémica interesante en redes. Y ha demostrado dos cosas. En primer lugar, que tenemos una ley obsoleta cuya aplicación resulta hoy anacrónica, lo cual se soluciona con una reforma legal. En segundo lugar, se demostró también que tenemos autoridades con mentalidad obsoleta, que usan razones demagógicas para satanizar avances que no comprenden —o que no quieren comprender—. Esto último es quizá más difícil de subsanar que lo anterior.

Sobre lo primero, lo obsoleto de la ley: la Ley Orgánica de Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial ha quedado rezagada por el dinamismo tecnológico de emprendimientos como Cabify o Uber. Simplemente no los prevé. Y es comprensible que así sea: se trata de una normativa de 2008, cuando no existían estos servicios que convierten a cualquier dueño de un vehículo en un virtual emprendedor del transporte comercial, y en cliente a cualquier ser humano con acceso a Internet móvil y una tarjeta de crédito o débito.

No obstante, la mencionada ley tuvo una reforma en 2014 —difusa y pésimamente redactada, para variar—que endurece sus disposiciones en contra de los llamados “informales”. Especulo que aquello obedece a la presión de los gremios de transportistas en combinación con el oportunismo político del bloque oficialista. En todo caso, bien harían los legisladores en buscar una reforma que zanje el atraso del ordenamiento vigente en esta materia, ello además nos podría convertir en un referente internacional.

Sobre lo segundo, la obsoleta mentalidad a cargo: me llamó mucho la atención el razonamiento que hizo el Alcalde de Guayaquil en el programa Castigo Divino para justificar su negativa a Uber y su persecución a Cabify. Jaime Nebot no usó ningún argumento legal, sino que se basó en premisas económicas que parecen inspiradas en la Senplades—y que posteriormente fueron reiteradas por el titular de la ATM. Dijo Nebot:

“Uber es un buen servicio, yo lo uso cuando viajo. Hay que ver la realidad y las circunstancias, este es un país en crisis. ¿Usted sabe cuántos taxis hay en Guayaquil? 17.000 taxis, multiplique eso por 5, ese es el número de personas que dependen de esta actividad. ¿Sabe qué actividad negativa ya tienen los taxistas? Lo que ellos llaman los taxis piratas, ahora usted quiere traer compañías extranjeras para dejar en la ruina a 17.000 familias por 5 de la familia. Yo le hago una pregunta, ¿por qué no viene Uber y mejora el servicio y se arregla con los taxistas para juntos poder progresar?”

Varias cosas. Para empezar: ¿Quién le ha dicho al señor Nebot que esos servicios —que él sataniza tan alegremente como “extranjeros” productores de “ruina”—vayan a dejar sin sustento a los miles de taxistas de la ciudad? ¿Habrá hecho un estudio a profundidad del tema? ¿Sabrá acaso que Cabify y Uber solo funcionan por medio de tarjetas de crédito/débito y que ello limita su target comercial a un sector que todavía en Ecuador es marginal porque la amplia mayoría de ciudadanos funciona con efectivo? Esa misma cantaleta proteccionista es la que usa el Gobierno para encarecer las importaciones, y vemos que los únicos beneficiados de ello son algunos empresarios locales que ven solapada su poca competitividad encareciendo la vida de los demás.

Y ya que habla de crisis: ¿sabrá el adalid municipal que estas plataformas representan hoy ya una fuente de ingresos para muchos desempleados, estudiantes, madres de familia, entre otros, que logran así afrontar el temporal económico en que nos ha sumido este Gobierno? Uno se pregunta: ¿Quién es el que está tan divorciado de la realidad y las circunstancias de este país como para no ver el evidente beneficio colectivo que estos nuevos servicios representan?

En todo caso, esto es parte de un proceso de cambio que se está dando en todo el mundo. De un lado está la mentalidad proteccionista que, por primitivismo ideológico u oportunismo político, sataniza el avance y busca estancarlo, muchas veces en beneficio de intereses monopólicos de determinados gremios. Del otro lado estamos quienes comprendemos que nada puede detener el dinamismo creativo del ser humano, que el auténtico progreso se logra precisamente promoviendo esta clase de emprendimientos disruptivos que mejoran nuestras vidas, dándonos opciones más seguras y confiables, mientras se generan nuevas fuentes de ingresos para miles o millones de personas.

Desleal es quien se preocupa más por unos gremios privilegiados que por los ciudadanos. No quien compite ofreciendo algo mejor.

Aparicio Caicedo es profesor de Derecho de la Competencia y político 

El insondable destino de Jaime Nebot

en Caricaturas/El Humor por

En política, vaya cualquiera a saber si por Posorja u otra razón, siempre hay sorpresas. Por ejemplo, la coincidencia entre Nebot y Correa para legitimar a Lenín Moreno en la Presidencia. En todo caso, Nebot ha sido felicitado por Correa y alabado por El Telégrafo. Chamorro anota por qué de supuesta bestia negra, Nebot es ahora un héroe entre las huestes correístas…

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Nebot y Correa piden violar la ley para ayudar a Moreno

en La Info por

¿Quién copió a quién? ¿Jaime Nebot a Rafael Correa o vice-versa? Lo cierto es que Nebot y Correa hacen equipo en la salida que proponen para resolver el bloqueo electoral. La historia de esta afinidad es bien curiosa. Primero lo hechos: Para Correa, Lenín Moreno es el ganador de la segunda vuelta. Nebot pidió que el CNE atendiera las impugnaciones de Guillermo Lasso y, en el mismo comunicado, aseguró que Moreno carece de legitimidad.

Este problema, al parecer, los preocupa a los dos por igual. Se entiende que Correa no quiere tener gente en la calle vociferando “Fuera Correa Fuera”, que tanto le ofusca, y gritando que no quieren un gobierno nacido de un elección fraudulenta. ¿Y Nebot? Desde antes de la primera vuelta se entendió que no quiere que Lasso sea presidente. Su apoyo fue de una tibieza despreocupada. No ha salido a las calles. Confunde a los manifestantes, que reclaman transparencia y democracia, con fanáticos de Lasso. Creyó que él debía autorizar a los guayaquileños a salir a las calles, y se equivocó. Y ahora, cuando Lasso preparaba su impugnación, como la faculta la ley, él salió y creó dos escenarios. El primero: si el CNE resolviera favorablemente y en su totalidad la impugnación y los planteamientos de Lasso. El segundo: si no lo hiciera.

Solo a Nebot y al PSC se les puede ocurrir crear un escenario para que el Consejo Nacional Electoral no cumpla la ley y no atienda, como en efecto no lo hizo, los requerimientos de una candidatura que representa la mitad del electorado nacional. Lo obvio, para cualquier demócrata –y más aún para un partido que se dice de oposición– era presionar políticamente, y esto incluso en las calles, para que el CNE cumpla con su deber.

En vez de esto, Nebot y sus amigos, convierten la hipótesis de que el CNE incumpla con su deber en postulado de una propuesta para violar la ley y entronizar a Moreno. Es increíble leer esto en el comunicado del PSC que firma, entre otros, Nebot: “Si el CNE no resolviere favorablemente en su totalidad la impugnación y planteamientos de Guillermo Lasso, demandamos que dicho organismo, en un acto público, transmitido en vivo, que incluya la presencia de representantes del tejido político, gremial y social del Ecuador, medios de comunicación, academia y opositores del Gobierno, proceda a permitir que los asistentes escojan al azar varios miles de actas y se aperturen y recuenten los votos correspondientes a las mismas”. Los subrayados están el en texto.

Dicho de otra manera: si el CNE resuelve no cumplir con la ley, el PSC le pide aceptar un mecanismo no previsto en la ley, para solventar el problema que no quiso resolver cumpliendo estrictamente la ley. Por supuesto, Nebot debiera decir al país, y a los demócratas que votaron por Lasso, por qué no pide al CNE que muestre las actas salidas de las mesas, abra las urnas y cuente los votos. Y por qué quiere que ese mecanismo, que es legal, sea reemplazado por un método que depende del azar y que, además, no permitirá que los ciudadanos recuperen la confianza necesaria para legitimar a Moreno. Porque de eso se trata. De lo contrario, Correa no estaría de acuerdo y no ordenaría al CNE –porque sus deseos son órdenes– permitir que la Presidencia se resuelva en un show mediático. Correa de paso reconoce que su sistema electoral y su CNE, con sus cinco empleados, solo generan confianza en aquellos en su partido que saben, que pase lo que pase, el poder seguirá siendo de ellos. Por eso quiere, como Nebot, agregar algo de magia al proceso electoral.

Captura de pantalla 2017-04-14 a las 5.26.46 p.m.

Nebot parece que habla demasiado con Alexis Mera. La triquiñuela que propone, esa ilegalidad que tiene sello socialcristiano y en la cual coincide con Correa, parece pensada más para atenazar a Guillermo Lasso que para resolver el problema de fondo que hay en el país: la desconfianza de los electores que se traduce, como bien lo anota en su comunicado, en una ilegitimidad creciente y visible de Lenín Moreno.

Nadie esperó que Nebot legitimara las ilegalidades y la desfachatez del CNE. Nadie esperó que Nebot dijera, como lo hace en el video que aquí se publica, que ya no importan los antecedentes y los mecanismos opacos de este poder dueño absoluto del CNE. Y que ya hay un resultado. Quizá Nebot debiera revisar lo que pasó en Austria donde le Tribunal Constitucional, ante señales de fraude, decidió, en julio de 2016, repetir las elecciones presidenciales. Y se repitieron en diciembre pasado. Sin embargo, la sorpresa mayor es ver a Nebot tan preocupado por ayudar al correísmo a cerrar con un show, lo que se puede resolver de una sola manera: revisando las actas que salieron de las mesas, abriendo las urnas y contando los votos. Que Lasso se mantenga en esa posición parece obvio: es la única forma que dicta el sentido común y la cordura de suscitar credibilidad y adhesión. Gane quien gane.

Los aficionados del billar dicen, cuando alguien con el taco en mano falla, que tacó burro. Eso está haciendo el PSC y Jaime Nebot, en particular, al facultar al CNE a que no cumpla con su deber, pedirle que viole la ley, y creer que una Presidencia se puede jugar en un show, tipo “Haga negocio conmigo”. Se entiende por qué Rafael Correa está tan agradecido con él.

Nebot evidencia la ilegitimidad de Lenín Moreno

en La Info por

¿Y ahora? Esa es la pregunta que ya se están haciendo actores políticos internos que no ven cómo se puede desenredar el ovillo electoral: el gobierno cree que Lenín Moreno ya está impuesto como Presidente y Guillermo Lasso hace impugnaciones, sin mayor expectativa, ante un CNE oficialista y decididamente correísta. Lasso ha dicho que no reconocerá -lo repitió ayer (12 de Abril) en Quito- “a un gobierno ilegítimo que pretende posesionarse sobre la base de un fraude”.

El Partido Social Cristiano-Madero de Guerrero, es la primera fuerza política, fuera de CREO, que pone en evidencia la sin salida en la cual se encuentra el gobierno. Lo hizo ayer en un comunicado en el cual propone dos fórmulas; una legal y una supra legal. La legal es que se abran las urnas y se cuenten los votos correspondientes a todas las actas que impugne Guillermo Lasso. El PSC duda, sin embargo, de que el CNE resuelva favorablemente la totalidad de la impugnación. Y como sabe que el problema no es meramente jurídico, se saca de la manga una propuesta sui generis susceptible, a sus ojos, de “devolver la paz y la tranquilidad a los ecuatorianos y eliminar la sombra de ilegitimidad” que tiene la candidatura de Lenín Moreno. ¿De qué se trata? De realizar un acto que debe ser transmitido en directo y en presencia de representantes del tejido social, mediático, político, académico y gremial del país: que los asistentes escojan al azar varios miles de actas, se abran las urnas y se cuenten los votos…

Para ver el comunicado del PSC haga clic aquí

Más allá de la polémica que plantea introducir una fórmula de legitimación supra legal, la doble propuesta del PSC tiene un efecto político negativo para el correísmo: lo pone ante un problema que Rafael Correa busca acallar vociferando, insultando y amenazando. El PSC se une al coro de aquellos que piensan que lo que hace Correa y Lenín Moreno (negar impugnaciones y jugar al hecho cumplido) no les alcanza para legitimar un triunfo que, como se ve, suscita rechazo y desconfianza en el país. El PSC señala las consecuencias que acarrea para el país y para Moreno (de ser el próximo mandatario), este estado de cosas: habla de perjuicios para la imagen del país, la consecución de préstamos, la negociación de la deuda pública, la inversión, la generación de empleo… El costo para las familias.

Correa y Moreno fingen ignorar esta realidad. Todo han ensayado: tratar de hacer creer que el CNE es un juez imparcial. Denostar contra Participación Ciudadana. Allanar a Cedatos. Pagar líderes de opinión para que hablen bien del CNE. Poner a gente del gobierno, tipo Omar Simon, a defender lo indefendible. Movilizar a todos los medios y a sus periodistas pagados, tipo Carlos Rabascal, para denigrar y desprestigiar lo que hacen los otros actores sociales y políticos. Amenazar con cárcel a aquellos que defienden las cifras contrarias a las del CNE. Exhibir en sus medios los saludos enviados por otros presidentes… Todo lo han hecho: pero en la opinión interna que se reconoce en Lasso; es decir, por lo menos la mitad del país, subsiste la convicción de que el CNE jugó a favor de Moreno y que este triunfo anunciado está viciado de fraude.

El PSC, que había presionado indebidamente a Lasso, ahora pone el acento en esos puntos neurálgicos para el correísmo en este momento. Y esa realidad es tan manifiesta que Moreno, que en el esquema oficial debe posesionarse en 40 días, se desplazó con una nube de 500 policías para un encuentro con 380 empresarios en Guayaquil. Nada hubiera podido graficar de mejor manera, la soledad y el aislamiento que siente el propio candidato del oficialismo. Es evidente que, en esas circunstancias, se antoja imposible que asuma la Presidencia de la República.

Para ver el resumen de la objeción de Guillermo Lasso haga clic aquí

El comunicado del PSC coincidió con la presentación, en Quito, por parte de Guillermo Lasso, de la impugnación a los resultados de la segunda vuelta de la elección presidencial. 4Pelagatos publica un resumen de esa queja que CREO contextualizó, argumentó y desarrolló: los antecedentes, el apagón digital, las irregularidades en las actas, los resultados estadísticamente imposibles… En esa querella que Lasso también anunció en la Plaza Argentina, cercana a la sede del CNE en Quito, se dice que está en juego más de un millón de votos.

CREO hace uso de un derecho pero ha dicho que este Consejo Nacional Electoral, dirigido por Juan Pablo Pozo, no tiene presentación en democracia alguna, pues está conformado por cinco jueces, todos del mismo partido. Esto significa que, en el plano estrictamente técnico-jurídico, que es donde debiera resolverse este caso si el CNE fuera un organismo independiente, la impugnación no será solventada. Como tampoco lo será la ilegitimidad que tiene, a los ojos de Guillermo Lasso y de su electorado, “el resultado irreversible” anunciado por el CNE correísta.
La fórmula supra legal propuesta por el PSC es política y muestra de cuerpo entero hasta qué punto la tan cacareada institucionalidad del correísmo no produce seguridad jurídica. Por eso, por traslucir el juego mañoso del árbitro de la contienda y por poner lo que debe ser un hecho cierto en manos del azar, esta salida difícilmente podrá ser asumida por las partes. Pero deja en evidencia otra realidad que agrava los pasivos políticos del gobierno: Nebot, el hombre alabado la semana pasada por Correa, y todo su partido, se unen a los que piensan que Moreno, de perseverar en la vía en que se instaló, sería un Presidente sin fuerza política, legal y moral para gobernar. Y que esto tendría severas consecuencias para los ciudadanos y sus familias.

Foto: Ecuavisa 

Jaime Nebot: en el país se cree que Ud. prefiere a Moreno

en La Info por

Señor Alcalde,

Usted es un viejo zorro de la política tradicional y, por ende, sorprende que haya olvidado la famosa frase del emperador Julio César: no solo ser sino parecer. Esta vez ni ha sido ni ha parecido. Al punto de que por las redes corre un desencanto hondo y manifiesto por las posiciones que ha asumido usted en momentos en que los demócratas sienten que un fraude, abierto y descarado, tuvo lugar contra la candidatura de Guillermo Lasso.

Usted no ha salido a las calles y quizá no aquilata la actitud, ciertamente nueva, que los ciudadanos están sumando a la política. Esto es fruto del hartazgo producido por el correísmo: diez años de destilar odio, prepotencia, superioridad moral; diez años de autoritarismo, de administración opaca y corrupta, de impunidad. En diez años este país, dividido por rótulos políticos y prejuicios ideológicos, se encontró alrededor de un banquero, de un hombre del Opus Dei, que, con perseverancia, se ha dedicado a defender la República y los enormes valores, que hasta la vieja izquierda reivindica hoy, de la democracia formal. Eso usted no parece haberlo medido, pues en la primera vuelta se sintió de su lado ese tufo viejo de rencillas personales y broncas de honor que nada tienen que ver con el momento político que vive el país. Nadie defiende a Lasso por ser banquero y del Opus Dei. Los demócratas se reconocen en él porque la realidad política y electoral lo consagró como el defensor de valores mínimos de convivencia y de democracia a los que el país aspira. Y él lo ha hecho, lo está haciendo, con gran decoro y valentía.

Mucha gente –mire las redes, oiga la calle– no entiende por qué usted no entiende. Y es usted quien se ha encargado de nutrir ese sentimiento. Desde el mismo 2 de abril usted dijo que era inaceptable hacer fraude. Lo cual es obvio; decir lo contrario sería aberrante. Pero también dijo que era inaceptable “perder y decir he perdido porque me han hecho un fraude que no se ha hecho”. Una afirmación que sorprende viniendo de usted que hace gala de racionalidad cartesiana. Esa afirmación hace pensar que usted cree que el juez de la contienda es independiente. Es la única forma en que se puede decir, incluso hipotéticamente, esa parte de su frase: “un fraude que no se ha hecho”.

Lo que el país vio es que el fraude, en su sentido más amplio, era una realidad flagrante. El fraude, dice el diccionario, se compone de prácticas deshonestas e ilegales que alguien ejecuta para causar daño o privar a otro de sus derechos. El comentario suyo, tras emitir el voto el 2 de abril, parecía, entonces, olvidar las propias críticas que usted hizo al CNE, como una dependencia de este gobierno. Olvidar, igualmente, los cambios hechos por el CNE para esta elección, el uso de todo el Estado contra los otros candidatos y contra Lasso en la segunda vuelta… El fraude en las urnas, señor Alcalde, no era, entonces, una posibilidad sino la última etapa de la patraña oficial.

Nadie entendió, en ese contexto, la presión suya, hecha desde el primer minuto, contra Lasso para que pruebe que hubo fraude. ¿Nadie le dijo que, en esa actitud, coincidió usted con el gobierno que se apuró a hacer creer que Lasso denunciaba sin pruebas? Usted es ducho en procesos electorales. Sabe, por eso, que hay plazos y que nada podía hacer la candidatura de Lasso, en ese sentido, hasta que el CNE notificara los resultados. Pero solo en ese sentido porque las evidencias de fraude corrían por las redes y usted lo sabe. Cualquiera hubiera pensado que usted, como demócrata convencido que busca restablecer la República y la democracia, en vez de presionar a Lasso, reclamara desde su cargo y sí, también en las calles, para que este poder, que aprovechó el tiempo para convertir el resultado del CNE en una realidad irreversible, se viera forzado a aceptar abrir las urnas y contar los votos.

¿Se debe entender que solo Lasso debe probar que hubo fraude porque para usted el proceso y el resultado son transparentes? ¿Se debe entender que la forma desvergonzada como el CNE se ha conducido no suscita a sus ojos reparos y condena? ¿Se debe entender que Lenín Moreno tiene, a sus ojos, la legitimidad requerida para ejercer la Presidencia?

Usted supeditó el apoyo a esta causa –que se entiende democrática y no violenta– a que Lasso pruebe que hubo fraude. Para así también apoyarlo en las calles. De nuevo sorprende usted que es un hombre de perfil cartesiano. Probar significa hacer patente la certeza de un hecho ante alguien. ¿Ante quién? ¿Ante ese CNE, señor Alcalde? Esto no significa afirmar que Lasso y el país que votó por él pueden conformarse con tener razón ante sí. Significa que ese alguien que debe legitimar como verdadera la demostración, debe sentir que tiene que hacerlo. Y que debe hacerlo porque está presionado a cumplir con su deber.

Dicho de otra manera, para que el CNE se vea forzado a hacer su deber debe haber presión no violenta en la calle ahora. De lo contrario no lo hará de motu propio. Eso es lo que han entendido los guayaquileños que, sin esperar que usted los autorice, se lanzaron a las calles. Y siguen en ellas. Como hacen los ciudadanos de muchas otras ciudades. Usted no lo entendió y por eso se lee lo que se lee sobre usted en las redes sociales.

Ahora frente al atropello del gobierno contra Cedatos y contra Participación Ciudadana, usted, señor Alcalde, habla de “allanamientos inoportunos”. Es decir, ¿merecidos pero a deshoras? Según usted estos allanamientos “acentúan la percepción de persecución”. Curioso que usted caiga hoy el esquema de las percepciones que inauguró Fernando Bustamante. ¿Ahora la persecución es mera percepción? En Quito, justo antes de la segunda vuelta, hubo una reunión de los perseguidos durante este gobierno. Centenares de personas, señor Alcalde. Centenares que hablaron ellos o sus familiares porque, por ejemplo, Fernando Villavicencio sigue viviendo en la clandestinidad por haber denunciado la corrupción en el sector petrolero. Nadie habló de percepciones sino de gente en la cárcel, dolor, familias separadas, daños económicos. O personas muertas.

Usted perdonará pero la percepción que ha ido tomando cuerpo (mire usted cómo funcionan las percepciones) es que usted está más cerca de su amigo Lenín Moreno que de su ex amigo Guillermo Lasso. Y que usted privilegia la relación que coyunturalmente le da más rédito, que esta lucha incierta por el retorno a la democracia y la reinstalacion de la República. Simples percepciones, sin duda, señor Alcalde.

Atentamente, 
Un pelagato.

Foto: Ecuavisa

La oposición está desactivada por los señores feudales

en La Info por

La pregunta, quizá la más importante, tras la década correísta es: ¿cuánto maduraron la sociedad civil y la sociedad política? Esta campaña es terreno ideal para buscar respuestas. Primero, la sociedad política; la oposición en particular: es víctima de la peor enfermedad que corroe la política nacional: el síndrome de los señores feudales. Esto se evidenció en la primera vuelta en la cual se multiplicaron, otra vez, las candidaturas, como antaño, haciendo creer que el país es tan diferente que requiere ocho opciones electorales. Y esto tras diez años de correísmo que deja una agenda urgente y acotada para los demócratas: recuperar, en primera instancia, los valores republicanos y democráticos.

Esta segunda vuelta encuentra a gran parte de la oposición unida alrededor de esa urgencia. Ese acuerdo mínimo, sin embargo, lo impuso parte de la sociedad civil harta de autoritarismo y corrupción. Lo impuso a Jaime Nebot y Cynthia Viteri tras haber sido calificados de chimbadores. Eso se les dijo en las redes sociales tras el anuncio de la candidatura de Viteri. Se les dijo antes incluso, tras el esfuerzo insólito de Nebot por ignorar a Guillermo Lasso (entonces primera opción en la oposición) y montar, en Cuenca, la ficción de un acuerdo con Paúl Carrasco y Mauricio Rodas. En ese capítulo también Lasso tuvo una enorme responsabilidad al haber exorcizado en público las heridas de su rivalidad con Nebot en la campaña presidencial de 2013.

La realidad de la oposición, por fuera de Lasso y Nebot, es políticamente desoladora. Lucio Gutiérrez en coma electoral, la Izquierda Democrática con un espasmo de resurrección/suicidio de última hora, el movimiento indígena más dividido que nunca, la izquierda que se fue del gobierno debilitada y sin programa común de renovación… En diez años y fuera de Lasso, que trabajó su candidatura durante siete años, esas oposiciones no trataron de capitalizar políticamente el anti-correísmo. Y tampoco maduraron.

Esta realidad se nota con acuidad en esta segunda vuelta. En el centro-derecha Nebot y Viteri han pedido a sus seguidores que voten por Lasso. Punto. Ni un gesto ni un acto más en su favor. Acostumbrado a reinar en Guayaquil, Nebot supeditó una reunión con Lasso a que éste se hiciera cargo de los epítetos que en Creo o fuera de ese partido les endilgaron a él y a Cynthia Viteri. Nebot, para camuflar su encono personal, antepuso el honor herido. Viejo truco de un viejo cánon de un viejo político hundido en la vieja política. Basta ver en sus cuentas de redes sociales o en las de Viteri, las acusaciones que ella prodigó a Lasso en la primera vuelta para medir la inconsistencia de la actitud de Nebot. En el fondo, él, como Rodrigo Borja y otros políticos en el país, son rehenes de una tesis: si no soy yo (o un candidato a quien controlo) no es nadie. En algún momento, algún historiador pondrá fechas y hechos alrededor de la actitud del socialcristianismo que desde que dejó el poder, se ha dedicado a boicotear proyectos de modernización, lograr contratos colectivos o imponer sus condiciones a todos los gobiernos.

Esa historia se repite y ahora Nebot y Viteri se lavan las manos. Como es obvio, endosan desde ahora la responsabilidad de una posible derrota de Lasso. Ellos, por fuera de la declaración que hicieron, se limitan a aconsejarlo y a esclarecer que su partido, si él ganara, no hará parte de su gobierno. Incluso la manifestación gigantesca, anunciada para el 8 de marzo por Nebot, fue suspendida. Conclusión: no harán nada por el destino del programa democrático para volver a la democracia.

Nebot  no tiene, por supuesto, el copyright de esta actitud. Mauricio Rodas luce escondido en sus cuarteles de invierno, esquivando la marea (una de sus especialidades) mientras maniobra para que Alianza País no vire la mayoría en el concejo e inicie en serio la fiscalización de sus proyectos. También hay que ver lo que hicieron algunos de los viejos dirigentes de la Izquierda Democrática. Prefirieron fracturar las filas del partido recién inscrito que hacerse cargo de la realidad electoral que encaran los demócratas en el país. Lo hacen por odio a Andrés Páez; por prurito ideólogico y porque creen que eso es lo que mejor conviene al futuro de su partido. Cumplen así (pero, claro, mistificando su discurso ante la opinión pública) con el código de los señores feudales que atraviesa la política nacional y que el correísmo, lejos de acabar, encumbró: si no es uno de los nuestros, nadie… Y quien vaya, que se rompa el cuello porque sobre sus cenizas nosotros floreceremos.

Ejemplo de última hora: Ramiro Aguilar. Tras la derrota de Abdalá Bucaram, con quien hizo binomio, cree que su trabajo es criticar lo que él cree que es la visión de los quiteños. Gran descubrimiento hace Aguilar: hay visiones plurales en el país. Lo cual es una confesión no pedida de que esta campaña le ha permitido conocer al país. Critica a los periodistas y eso es irrelevante para aquellos que consideran que este oficio, cuando no se hace para servir a un partido o a un candidato, es muy cercano a lo que Febres Cordero llamó sociólogo vago. Aguilar pronostica la derrota de Lasso. ¿Y? Parece que tener o no la razón es su dilema en esta segunda vuelta, lo cual es irrelevante. Pero es muy revelador de la manera como políticos de su perfil encaran su responsabilidad.

Es tan curioso lo que ocurre en esta oposición de centro y centro derecha que León Roldós ya dijo que aquellos que meten el hombro por la alternancia en el país son las fuerzas de izquierda. Y parece encomiable, efectivamente, que los representantes de sectores pobres y marginados entiendan y se jueguen por un candidatura que, al margen de su identidad política, se ha comprometido, si gana, a restituir los valores republicanos y la democracia en el país.

Mañana: ¿maduró el correísmo?

La sopa que cocina Correa en el caso Odebrecht

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El caso Odebrecht ha detonado una característica del Presidente que es imposible soslayar: una velocidad inusitada para efectuar giros de 180 grados. Es posible que en ese ejercicio de volte-face Correa gane a Lucky Luke conocido por disparar más rápido que su sombra.

En segundos, el presidente aplicó a los otros lo que dijo no estar dispuesto a aceptar para él y su gobierno. En segundos, dio por cierta la veracidad de una lista. En segundos, quiso que diario Expreso violara su Ley de Comunicación, que administran rastreramente sus impresentables inquisidores. Todo esto para sacar partido político.

Apenas explotó el escándalo de Odebrecht, que reveló que esa empresa distribuyó 33,5 millones de dólares para sobornar funcionarios del correísmo, Correa y los suyos armaron una defensa basada en tres ejes: es un complot internacional contra el gobierno en plena campaña electoral. Dos: Alianza País nada tienen que ver. Es más: este gobierno expulsó esa compañía en 2007 (aunque enseguida volvió). Tres: las revelaciones tienen que ver exclusivamente con la Alcaldía de Quito, no con el gobierno. Para que el mensaje fuera más contundente, el Presidente y otras dependencias, como la Fiscalía, pidieron al Departamento de Justicia que revelara los nombres.

Con los días, Correa tomó conciencia de que las revelaciones podían ser ampliadas y que seguramente iban a salpicar al gobierno. Matizó, entonces, su línea de defensa: dijo que no estaban dispuestos a aceptar, “sin pruebas” lo que confiesen los funcionarios de Odebrecht que colaboran con la justicia de Brasil y de Estados Unidos. Y se quejó de que el período aludido (2007-2016) coincidiera con el de su gobierno, cuando Odebrecht está en el país desde los años ochenta.

El 17 de enero diario Expreso publicó una lista de 18 personajes supuestamente sobornados por Odebrecht a lo largo de siete gobiernos. En ese lapso, Odebrecht “ha manejado aquí operaciones –escribe Expreso– por, al menos, $5.135 millones” en contrataciones. Esos gobiernos son los de León Febres-Cordero, Sixto Durán-Ballén, Fabián Alarcón, Jamil Mahuad, Gustavo Noboa, Alfredo Palacio y Rafael Correa.
Expreso publicó la lista sin los nombres (usando únicamente los apodos o nombres en código) atendiendo el bodrio de Ley de Comunicación, hecho por el correísmo, que obliga a “verificar, contextualizar y contrastar” todo lo que publique. El asambleísta Christian Viteri, que acaba de desafiliarse del oficialismo, publicó la misma lista en su cuenta Twitter, con los nombres que originalmente aparecen. En ella figuran personajes importantes del socialcristianismo. Entre ellos, Heinz Moeller y Jaime Nebot.

¿Qué hizo Rafael Correa? Publicar cinco tuits en los cuales da la lista por cierta, dice que su autora es la secretaria de Odebrecht de 1987 a 1992 en Brasil y recuerda que, precisamente ese año, el gobierno de León Febres Cordero firmó trasvase Chongón-Santa Elena con Odebrecht. Correa colige que Expreso debió publicar los nombres y al no hacerlo buscaba ocultarlos. A sus seguidores pide completar esas pistas con nombres socialcristianos y los acusa de corruptos.

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Nadie en su sano juicio pondrá las manos al fuego por los socialcristianos ni por políticos de otros gobiernos que, eventualmente, aparezcan en otras listas de posibles sobornados por Odebrecht. Peor aún cuando se sabe que esa empresa tenía organizada estructuralmente la corrupción y contaba con un departamento y abogados especializados en comprar conciencias y repartir coimas. En este caso, la verdad surgirá de las confesiones de los arrepentidos o de los ejecutivos de Odebrecht que contarán a los jueces a quiénes dieron plata y por qué lo hicieron en cada caso. Por eso, son bienvenidas todas las listas y confesiones que contribuyan a saber lo que pasó desde 1987 que Odebrecht trabaja en en el país.

Correa no quiere esa transparencia y es por eso que apenas apareció la lista con nombres socialcristianos construyó un caso, desechando todo lo que había dicho días antes. Asumió la lista como verdadera, cuando había dicho que no aceptaría nada en ese caso proveniente de personas que delatan para arreglar su situación con la justicia y especialmente “sin pruebas”. Dicho de otra manera, las fuentes son buenas cuando acusan a los otros y desechables cuando lo hacen con su gobierno. Las pruebas son necesarias cuando se acusa a su gobierno, no cuando involucra a otros. Una acusación es un complot cuando se hace contra sus funcionarios; es un acto de transparencia cuando implica a funcionarios de gobiernos anteriores. Un medio debe “verificar, contextualizar y contrastar” cuando la corrupción afecta a su gobierno, pero debe absternerse de hacerlo cuando los corruptos son, por ejemplo, socialcristianos.

¡Qué volte-face la de Rafael Correa! Aquí importa menos (tras diez años de decir y desdecirse) este rasgo de ventajoso y caradura que añade al caso: importa el precedente que sobre este caso crea ante la opinión pública. Dar por cierto cualquier indicio que aparezca y sentenciar (y lo hace siendo Presidente de la República) antes de que juez alguno se haya pronunciado. Esa es la sopa que cocina Rafael Correa y que él tendrá que tomarse en este caso en el cual Odebrecht seguramente corrompió a muchos (de muchos partidos y gobiernos incluyendo el suyo) desde hace 30 años.

¿Qué dirá Correa si en la próxima lista aparece su nombre, Jorge Glas, Galo Chiriboga, Carlos Polit o Alexis Mera? Tendrá que recordar lo que acaba de hacer y pedir al impresentable Carlos Ochoa abstenerse de perseguir al medio que la publique. Es el costo de la pedagogía tenebrosa (mentir y acomodar las verdades) que ha instaurado desde la presidencia de la República.

Foto: Presidencia de la República

Lasso también adhiere a la política del lagrimeo

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Guillermo Lasso está al día en teorías de mercadeo político. Ahora dice –como dice Lenín Moreno, como dice Cynthia Viteri, como dice Jaime Nebot, como dice Mauricio Rodas– que él se ocupa de la gente. De doña Marujita o de don Juanchito. De aquellos que le hablan de sus necesidades. Y que los políticos, bueno… que los políticos se ocupen de los políticos. De otras cosas. De las cosas que solo interesan a los analistas políticos. A los vagos, hubiera dicho León Febres Cordero.

Lasso también entró en esa onda que consiste en lagrimear sobre los padres sin trabajo, las madres solteras, los pequeños industriales en ruinas, los jóvenes ecuatorianos que no pueden estudiar lo que quieren, las mujeres que se levantan al alba y que van a su trabajo con el viento en contra… En esa onda aparecen Marujas o Juanchitos que en los mercados, La Bahía de Guayaquil, un puesto artesanal en Otavalo, una tienda en Los Ríos le piden que no hablen de política, que no hablen con los políticos. Que hable de cómo tendrían que vender más ponchos o más abarrotes. Y él, como los otros candidatos, debe creer que eso es lo que debe decir en campaña para generar un nexo emocional con los electores. Y al hacerlo, milita por convertir la esfera pública en un concurso sensiblero en el cual, ellos, los políticos, se dedican a estremecer el alma nacional con las anécdotas de lo que les dice la gente en sus recorridos por el país.

Los candidatos, en esa nueva moda erigida en religión por los estrategas políticos, pretenden no ser políticos. Mutan en bienhechores que pugnan por hacer el bien y compiten para ver quién se conduele con mayor intensidad de la suerte de los más pobres. Este discurso, tan compartido en este momento, está diciendo que la vida cotidiana de los ciudadanos –más cruda, más dura para los más pobres– no hace parte del universo de la política. Y que los pobres –por tener que llenar la olla cada día– no merecen siquiera frotarse, así sea tangencialmente, con los discursos y debates que tienen que ver con los otros temas de lo público. Con que puedan vender más ponchos basta.

La nueva moda de la política –otro invento de los estrategas políticos para ganar votos– está convirtiendo la política en concurso de lagrimeo. En torneo de anécdotas en el cual los políticos, que hablan desde un estatus etéreo, bregan por mostrar sus dotes humanitarias. Y lo hacen firmemente convencidos de que los otros, ciudadanos y periodistas, no saben lo mal que lo pasa la gente; en particular los más pobres.

– A usted le interesa la política, no los problemas de la gente, dijo Cynthia Viteri a Alfredo Pinoargote cuando le preguntó cómo haría para lograr gobernabilidad en un supuesto gobierno suyo. Lasso evadió largo tiempo hablar de la unidad con fuerzas políticas este miércoles en Radio Democracia. Y en vez de respuestas concretas buscó las lianas más largas por donde treparse a otro espacio donde la unidad que hizo con Rodas y Paúl Carrasco dio paso a la unidad con la familia ecuatoriana, los padres sin trabajo, las madres solteras, los pequeños industriales en ruinas… ¿Acaso hablar de con quién se junta, eventualmente de la contextura ética de con quién se junta y para qué, no es tan importante como hablar de los problemas básicos?

En consecuencia, el país real en un momento tan álgido como este y tan especial como una campaña electoral, solo debe ocuparse de cómo comer y vender más ponchos. El resto lo resolverán los políticos cuando, ganadas o perdidas las elecciones, los otros problemas los avasallen. Escenario soñado para Lenín Moreno que ya está ofreciendo más subsidios (pensiones para todos los abuelos) sin tener que hablar de la inviabilidad del modelo que él representa y que deja deuda, despilfarro, inflación de funcionarios, petróleo empeñado, un aparato industrial semiparalizado, millones (sí millones) de desempleados, vacías las cajas del erario nacional… Escenario soñado restringido a las cosas básicas que lo facultan a no tener que hablar del modelo autoritario que está armado, funciona, es imposible de desmontar legalmente y ha convertido las libertades en productos de lujo.

Es obvio –¿quién diría lo contrario?– que hay que hablar de los problemas básicos de los ciudadanos. Eso es hacer política, no filantropía. Pero el arte de la política consiste en tener una nación (o buena parte de ella) mirando más allá de sus nichos privados. Por no hacerlo, Correa se erigió en el alma más caritativa que ha tenido el país (con fondos públicos). El éxito del correísmo fue precisamente poner en práctica lo que ahora pretenden hacer los candidatos presidenciales: hablar de lo básico (tuvo los fondos para operar y crear redes clientelares) mientras los ciudadanos le firmaban una chequera en blanco para que él resolviera los demás problemas. Lo hizo. Incluso le dieron permiso para meter las manos en la Justicia. Lo hizo con creces. Así el país desertó de lo público y se dedicó a consumir y muchas elites empresariales a hacer negocios. Gracias a ese canje, el académico Correa terminó siendo un populista autoritario y rabioso.

La nueva onda de mercadeo político reduce al ciudadano a ese modelo asistencialista que centra el debate en saber cuán mal están los pobres. ¡Es obvio que están muy mal!. La urgencia no es saberlo sino resolverlo. Por eso el postcorreísmo, si hay postcorreísmo, está condenado a mirar en todas las direcciones para volver a la democracia y concertar fórmulas para producir, atraer inversión y luchar contra la pobreza en el contexto que deja el correísmo al país: catástrofe ética, económica, institucional y política.
No es le momento, entonces, de reducir la política a temas de supervivencia sino de dotarla de su sentido más genuino y más ético: “la disposición a obrar en una sociedad utilizando el poder público organizado para lograr objetivos provechosos para todos”. Es hora de sacar la política de los concursos de lagrimeo.

Cynthia Viteri se zafa de Ramiro González

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¿Y ahora con quién se irá Ramiro González? Una evaluación hecha en el equipo político de Cynthia Viteri, candidata presidencial socialcristiana, concluyó que el ex entusiasta correísta, devenido en opositor en los últimos 18 meses desde que dejó el gobierno, resta más de lo que suma.

González apareció el 19 de enero pasado durante un acto en Cuenca, como integrante de la llamada Unidad que nació formalmente el 19 de enero de 2015  impulsada por tres autoridades locales: Jaime Nebot, alcalde de Guayaquil; Mauricio Rodas, alcalde de Quito; y Paúl Carrasco, prefecto del Azuay. A esa alianza llegaron otros políticos como Carlos Falquez, Leonardo Viteri, Antonio Posso, Vicente Taiano o el ex correísta César Rodríguez. César Montúfar se unió el 1 de agosto pasado.

La decisión socialcristiana, que Cynthia Viteri hará pública el lunes próximo, estuvo precedida por el proceso de evaporación que sufrió La Unidad. González y Montúfar se enfrentaron por saber quién lideraría la lista nacional para asambleístas. Rodas y Carrasco arrastraron los pies hasta concluir una alianza con Guillermo Lasso. En definitiva, La Unidad se licuó y Cynthia Viteri seguía, en los hechos, aliada a González quien ha sido ampliamente criticado en redes sociales por sus dotes camaleónicas y sus servicios al correísmo.

Esto creó un problema puertas adentro. Los socialcristianos hicieron sumas y restas y concluyeron que es más lo que González resta a la candidatura de Viteri que lo que aporta. Algunos argumentos pesaron en ese balance: él es, en el imaginario de la oposición, uno de los cuadros más visibles y estables del correísmo (siete años en su gobierno). Su presencia es incompatible con Viteri por haber sido un declarado partidario de limitar el libre comercio y haber adherido a tesis de un estatismo absorbente. La opinión no cree que con González al lado sea posible fiscalizar al gobierno saliente; labor que incluye al IESS que él administró con graves acusaciones de corrupción formuladas por el propio gobierno.
Resumen socialcristiano: González es un lastre y con él, el crecimiento de la candidatura de Cynthia Viteri está seriamente comprometido. Una fuente cercana a Viteri dijo a 4Pelagatos que calcularon el aporte de González y oscilaba entre 1,5 y el 2 % del total del electorado nacional. También dijo que en La Unidad su presencia fue valorada por la cantidad y la calidad de información que aportó sobre el panorama electoral. El ex director del IESS se ganó cierto respeto y credibilidad por su capacidad de análisis. Pero “eso no alcanza”, dijo la fuente, pues el costo, que también fue evaluado, resultó ser mayor.

Viteri dio, este martes 25, el primer paso para deshacerse de González. “La Unidad como tal –dijo– ya no existe”. No sacó conclusiones, pero son evidentes: todo lo que se dijo y se firmó, queda insubsistente. Eso incluye la decisión de que González lidere la lista de asambleístas nacionales. Lo mismo ocurre con los compromisos establecidos con César Montúfar calificado, por cercanos a Viteri, como “conflictivo y ambicioso”.

Ahora Viteri es candidata por su partido. Y 4Pelagatos supo que le han dado libertad para conducir su campaña y forjar las alianzas que considere. Esta decisión, de confirmarse en los hechos, implicaría que Nebot reconoce haberse equivocado garrafalmente al lanzar la iniciativa de La Unidad, gráficamente sintetizada en la fanesca que él compartió con Rodas y Carrasco en abril del 2015. Embarcó al socialcristianismo y a Cynthia Viteri en una estrategia política que resulta, 20 meses después, un total descalabro. La candidatura de Viteri -si eso es lo que buscaba- ha perdido un tiempo valioso y arranca con traspiés políticos cuyo costo pagará Cynthia Viteri. No él, su jefe y mentor.

Foto: El Telégrafo

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