Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

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Jorge Glas

La caída de Glas está programada

en La Info por

Muy pocos tienen respuestas a estas tres preguntas: ¿Cuál es el modelo ideológico, político y económico de Lenín Moreno? Fuera del primer anillo que lo rodea, en el que están muy pocos colaboradores, raros son aquellos que saben hacia dónde realmente irá Ecuador en sus manos. Lo único que cercanos suyos transmiten, como certezas, es que Moreno está tranquilo, se ha hecho un poco más pensante y está dichoso de ser tan popular, según dicen las encuestadoras que ahora trabajan para él.

Moreno está contento porque lo primero, en su agenda, era legitimar su Presidencia y generar un ambiente diferente en el país. Son cosas hechas. El resto vendrá, como vendrá la proforma presupuestaria o el plan económico. Pero el resto tiene tiempos, requiere circunstancias y, sobre todo, está supeditado a un protagonista de excepción: el vicepresidente. La convicción que ronda en el gobierno es que él tiene que salir. Y cuanto antes mejor.

Jorge Glas –que no quería ser candidato y cedió, para su desgracia, ante la imposición de Rafael Correa– se convirtió, en esta transición, en el gran divisor de aguas. La guerra que hay en Alianza País, a propósito suyo, no solo concierne su destino personal: en su destino político se juega el futuro inmediato del gobierno de Moreno.

Glas, por la designación que recibió, por el encargo que le hizo Correa, por el cargo que ocupa, encarna –muy a pesar de lo que realmente él es– muchos símbolos para la militancia dura y, al parecer, en decrecimiento del correísmo: la continuidad del proyecto autoritario, la lealtad a Correa, la garantía del statu quo, la impunidad tras diez años de administración opaca. Glas terminó así ostentando el papel de guardián del templo que le disputa Gabriela Rivadeneira.

Quizá por eso pensó que podía  parar la ola que se le vino encima con protección política. La buscó y obtuvo durante más de un año que Correa, la Fiscalía y la Contraloría eludieron el caso Odebrecht. Sin Correa, le tocó agregar una fuerte dosis de cinismo en la Asamblea, que usó para auto-exculparse. Sumó el padrinazgo del aparato político que el Consejo de Administración de la Asamblea, CAL, tradujo evitando que fuera llamado a juicio político. Las cabezas del correísmo también volaron a socorrerlo: Correa, Doris Soliz, Gabriela Rivadeneira, Marcela Aguiñaga…

No obstante, en el oficialismo se sabe que su suerte está echada y que el desenlace es un problema de semanas. Primero, porque esta vez su causa no se juega solamente en la fiscalía ecuatoriana: la información viene de Brasil. Segundo, porque con los días el aparato ha ido haciendo conciencia de que Moreno es el Presidente: el efecto Correa se diluye. Tercero, porque aquellos que nada robaron durante estos diez años, no sienten arrebato alguno por defender a aquellos dedicados a hacer negocios. Glas es –muy a pesar de lo que piense y diga– la línea divisoria entre lo que era Correa –corrupción incluida– y lo que quiere ser Moreno (aunque nadie sepa a ciencia cierta lo que quiere).

La ruptura política de Moreno con Glas no se dará, entonces, en el terreno que quieren los correístas duros: esos supuestos principios y programa político del cual habla Gabriela Rivadeneira con la pasión de una cheerleader con incontinencia verbal. Es inquietante verla recitar, como colegiala, el credo que aprendió de memoria como hizo hoy en Teleamazonas. Su sentido político queda en entredicho cuando se le ve trazar líneas rojas al Presidente de la República y presidente de su partido. Rivadeneira cree que la realidad política se juega en jornadas de catecismo ideológico, programadas para poner en cintura a Moreno. Pues bien: la ruptura Moreno-Glas no se dará en ese terreno. Se dará en el tema de la corrupción. Y así será promocionada por el gobierno. La opinión verá allanamientos de envergadura y acciones de la Fiscalía o de la Contraloría que tornarán insostenible la situación de Glas. Tomilav Topic acaba de producir una: confesó que por cortesía regaló $5,7 millones al tío de Glas. Y Glas volvió a su línea de defensa que, ahora, cuando la plata regalada a su tío ya suma $18,7 millones, luce inconcebible: él no sabía. Él no conocía. El Vicepresidente no explica, y no podrá explicar, por qué ya suman dos empresas que tomaron altos riesgos y delinquieron… solo por regalar plata a su tío.

Ante estas circunstancias, muchos en Alianza País han dejado de creer que la lealtad política incluye defender a JG (como aparece en el teléfono de su tío). O hacer equipo con Marcela Aguiñaga (a quien le endosan, por ejemplo, creerse dueña de la nómina de Corporación Nacional de Electricidad, CNEL). En el fondo, la guerra que se está librando en Alianza País se explica por un arreglo de cuentas que estuvo pendiente durante todo el gobierno de Correa: los ideólogos (muchos de los cuales rodean hoy a Moreno) contra aquellos que usan la política para hacer negocios. Y que los ideólogos perciben no solamente como negociantes sino como corruptos.

Ese arreglo de cuentas se verá –eso se dice– en la lista de casas allanadas y de funcionarios detenidos. Esta es una etapa prevista en el gobierno de Moreno que no responde, hay que subrayarlo, a las tres preguntas iniciales. Pero es una etapa que dividirá, en forma irremediable, su gobierno de la era de Rafael Correa. Y eso está previsto.

Foto: Ecuavisa

Si Jorge Glas no es ratero es inepto

en La Info por

Robos hubo en los sectores estratégicos. En las hidroeléctricas, en la refinería de Esmeraldas y la del Pacífico que Jorge Glas es el único en ver, allí donde todo el mundo ve un terreno baldío.
Jorge Glas fue el responsable de todos los sectores estratégicos. Responsable del control y la supervisión de todo lo que allí ocurriese.

Un señor, Ricardo Rivera, recibió $13 millones de dólares de la empresa Odebrecht, especializada en repartir coimas a funcionarios de Gobierno. Rivera, que está preso en su domicilio, no es funcionario pero es pariente de un alto funcionario del gobierno de Rafael Correa. ¿Qué funcionario? El único conocido es Jorge Glas.

Pero Jorge Glas tiene un partido, Alianza País, que ayer, en la Asamblea Nacional, reiteró lo que es su prioridad: protegerlo. Esconderlo. Facilitarle todas las coartadas –inventándose minucias formales o prevaricando– para que no tenga que responder por aquello que no hizo (cuidar la plata del erario público) y dejó hacer (que se la robaran).

Salvarlo sin que tenga que explicar cómo pudo su tío, con quien está atado desde siempre, que es como su segundo padre, que él metió a la función pública apenas llegó al poder; cómo pudo ese tío recibir tantos millones de una empresa que solo paga por favores recibidos sin que él –único pariente situado en un alto cargo del Estado– esté, de cerca o de lejos, involucrado.

Alianza País es una empresa política hoy dedicada a tapar. Diez años sin fiscalización, produjeron secretos, realidades impronunciables, carpetas que no conviene abrir. Ese partido parece sellado por el mismo código, no escrito pero real, que rige el comportamiento de la mafia italiana: la omertà. La ley del silencio. Si cae uno, caen todos. Luego, todos se protegen. Los cadáveres en los armarios garantizan el hermetismo leal y férreo de la hermandad.

Alianza País ya no sabe lo que es el bien público. Ni la responsabilidad política. Ni la rendición de cuentas. Ni la fiscalización. Ni el poder con pesos y contrapesos. En ese mundo unívoco y hegemónico, hecho de lealtades y complicidades compartidas, ese partido creó una institucionalidad –redes de poderes concatenados, obedientes y cómplices– para ser impunes.

Todo esto es lo que se activó de nuevo en el caso de Glas. El Vicepresidente ni siquiera tiene que explicar lo que ocurrió en sus áreas donde se ha robado a manos llenas. En su defensa, el aparato ni siquiera usa el sentido común: si Glas no robó, pero dejó robar, no es responsable por acción, pero lo es por omisión. Bueno, y si no es responsable por acción ni omisión –lo que se antoja imposible– pero si así lo quieren ver, tienen que concluir: el vicepresidente es un inepto. Un peligro en la función pública. No deben confiarle ni la administración de una tienda rural. Debe renunciar.

No hay lógica política en Alianza País, preocupado por salvar a Glas como sea. Como si su movida se jugara en el mismo tablero de ajedrez del apogeo correísta. Como si no hubiera una opinión que ve sus coartadas miserables por ocultar la mugre bajo las alfombras. Y como si Moreno, que los amigos de Glas tratan abiertamente de traidor, no fuera beneficiario de un hecho político coyuntural que, con alrededor de 70% de popularidad, recompone la relación de fuerzas políticas a su favor. En ese esquema, sobra Glas. La reacción del aparato de Alianza País, al cerrar la posibilidad del juicio político, es tan ciega que, más que una muestra de fuerza, prueba su insoslayable desesperación.

Glas dio por cerrado este capítulo. Irrisoria conclusión. La opinión no lo olvidará. Y Moreno, aunque quisiera protegerlo, tendrá que seguir la dinámica de una sociedad que ahora ve el juego miserable de un colectivo que, hipnotizado por la ilusión del partido único capaz de controlarlo todo, confunde sociedad con militancia, triquiñuelas con institucionalidad y transparencia con ley del silencio.

Alianza País cree que Ecuador es un país de ciegos.

Foto: Vicepresidencia de la República

Moreno, hasta ahora puro blá blá

en Columnistas/La Info/Las Ideas por

Parece ser que, expatriado el energúmeno insultador de los sábados, todo cambió. Parece ser que todo lo que se hizo, mal hizo y deshizo durante el correísmo, se minimizó, se olvidó, solo por que ya no se avientan agresiones, improperios u órdenes de persecución. Sin duda, es mejor que el origen de esa contaminación verbal, intelectual, ética, que representó personalmente Correa, no tenga sino sus tuits. Es verdad que su ausencia y de ese estilo envenenado, despeja el aire, pero…

Moreno ha sido prolífico en gestos. Le ayuda su condición física, su lenguaje trastrabillado y su aparente incompetencia para el insulto (aunque mostró tal habilidad durante la campaña). Solo con gestos y su popularidad se ha elevado y con ello la anuencia de políticos que saben de aprovechar oportunidades. Como muestra sirve la adhesión de los alcaldes. Basta leer lo que los adherentes de Nebot y Rodas dejan saber en redes sociales, o lo que dicen sus asambleístas para reconocer que Moreno los tiene ya a su lado. Le ha servido que Correa apretó tanto el nudo, que un leve aflojamiento parece suficiente. Muchos opinadores, periodistas, así como sucedió en 2007, que cerraron filas en torno a Correa, negándose a ver la realidad, hoy diez años más tarde, aplauden los gestos, como si ya hubieren hechos, realidades, cambios que aplaudir.

Moreno ha convocado al diálogo. Y para la foto se prestan excandidatos presidenciales. Incluso se ha hecho un acuerdo de reparto de puestos. ¿Y de qué hablaron? ¿Del combate a la corrupción y la urgencia de que el gobierno baje las murallas de protección a Glas? No. ¿De cómo resolverá la abrumadora crisis económica que hereda de Correa, que engañó con el cuento del milagro? No. ¿De cómo recuperar la independencia de funciones eliminando tanto correísta devoto en los puestos claves de control? No. ¿De derogar la Ley de Comunicación, eliminar la comisaría de información? No. ¿De desarmar la estructura, legal, reglamentaria, burocrática que ahoga el emprendimiento? No. ¿De la política internacional chavista que lleva a defender los abusos infames de Maduro en Venezuela? No.

El diálogo parece ser una coartada. Una forma de hacer un cambio, para que nada cambie. Así como los cruces sensacionalistas de tuits entre Moreno y Correa y los tuits que desde los laterales avientan las sumisas a Correa, que ya no son sumisas a Moreno porque solo son sumisas con el jefe del clan. Solo alimentan el natural y humano sentido de retaliación de la población que durante diez años padeció o rechazo el abuso.

En el mediano y largo plazo, que Moreno y Correa se aruñen con trinos es irrelevante si no hay decisiones que apunten a atacar estructuralmente las causas del desmadre político y económico del correísmo. Pero Moreno, va dando muestras de que más allá de los gestos, no incursionará en mayores riesgos. Y es obvio porque se ha ratificado militante de la revolución.

Sobre Glas ha dicho que ha desvanecido las acusaciones. ¿Cuáles ha desvanecido, según Moreno? No lo ha dicho, pero si se entiende que le ha conferido ya una declaración de inocencia. Lo que no extraña, pues, mientras tuitea provocaciones contra Correa, Moreno ha permitido una profusa campaña publicitaria en la que se presenta a Glas como el gran hacedor de todo.

Moreno ha dicho que la mesa no estaba servida, como cínicamente afirmó su predecesor. ¿Y los co-responsables de las decisiones mal tomadas, los operadores del fraude en las cifras y los mentirosos de propaganda? Bien gracias. O son parte del gabinete, o serán embajadores. Al tiempo de denunciar que si hemos estado en crisis, lo que resulta increíble lo diga hoy cuándo en campaña se sumó al coro del engaño; Moreno no ha develado los contratos secretos de deuda, no ha anunciado las medidas de ajuste fiscal urgente, no ha propuesto un plan de renegociación de deuda o de investigación sobre ella. No ha ratificado ni explicado como devolverá el dinero de la reserva de libre disposición, entre los que está dinero de depositantes de la banca privada, cuyo uso (abuso) fue conocido por el actual ministro de Finanzas. No ha dicho mayor cosa, salvo lo dicho para satisfacer la revancha de una parte del electorado y así sostener su popularidad.

Moreno y sus gestos, no van mas allá de eso. Mientras en Venezuela un obtuso gorila y su camarilla arremete a bala contra la población, se arma ilegítimos atajos como es convocar una Asamblea Constituyente y persiste en sostener las condiciones de desastre económico, consistente con la alineación de Correa, el gobierno de Moreno, a través de su canciller, que ocupó igual puesto durante el gobierno de Correa, se suman a otros gobiernos chavistas para negar lo evidente y apoyar a Maduro.

Empecé por reconocer los gestos. Por algunas acciones que reducen presión. De allí falta mucho para concluir que se ha producido un cambio que vaya más allá de un conflicto de liderazgo o de una bronca por ocupar el trono. Falta mucho para sumarse a los aplaudidores tempranos.

Diego Ordóñez es abogado y político 

Glas es un hombre atrapado y sin salida

en La Info por

La bancada oficialista en la Asamblea Nacional está como carne sobre la parrilla. Terriblemente incómoda. Visiblemente disgregada. Consciente de que ahí se juega, en estas horas, un capítulo excepcional del postcorreísmo: la protección a Jorge Glas. O la posibilidad de que vaya a un juicio político que lo pone al borde de la destitución.

Glas fue convertido en piedra de toque por Rafael Correa y sus seguidores. Defenderlo a ojo cerrado es para ellos muestra de lealtad al líder y de fidelidad a su mal llamada Revolución Ciudadana. Paradójicamente con Lenín Moreno ocurre exactamente lo contrario: Glas se convirtió en divisor de aguas. Su presencia en el gobierno lo afecta y apartarlo se volvió, políticamente, una necesidad apremiante. Moreno no ha dado pasos decisivos en esa dirección, pero tampoco ha salido en su defensa. Y por su puesto sus operadores en la Asamblea no están sumando votos para evitar el juicio político que le plantea la oposición y cuyo interpelante es Roberto Gómez de CREO.

Hasta ahora Glas ha sido protegido por los asambleístas de la 35. Ya votaron para que no comparezca. La Comisión de Fiscalización le tendió alfombra roja para que, en vez de ser obligado a dar explicaciones, concurriera en calidad de invitado y se hiciera un monumento en una suerte de show-sabatino. Y ahora, cuando hay un pedido de la oposición con 60 firmas para llamarlo a juicio político, el oficialismo juega a ganar tiempo para seguirlo protegiendo: en el Consejo de Administración Legislativa (CAL), cinco miembros de Alianza País, de los siete que lo componen, interpretaron a favor de Glas la ley y no dieron paso al pedido de juicio político. Otorgaron tres días más a sus interpelantes para supuestamente completar los requisitos exigidos. En realidad, multiplicaron los formalismos para estirar los tiempos; una prueba fehaciente de que Glas ha perdido terreno entre los asambleístas de su propia bancada que no saben qué hacer con la papa caliente que tienen en sus manos. Es obvio que están divididos como lo muestra la posición de Jorge Yunda, entre las presiones de Correa y Glas –que transmiten voces como la de Marcela Aguiñaga– y el nuevo momento político que expresa Moreno, cuya popularidad –alrededor del 70%– es un sensor de altísima sensibilidad para cualquier político.

El caso de Glas no solo mide la lealtad hacia Correa. Se convierte en una antena a tierra para los asambleístas de la 35 impelidos hoy a tener en cuenta los nuevos factores del momento político: una opinión que clama y pide responsables de la corrupción. La defensa impresentable que ha hecho de su caso Jorge Glas. El peso específico que representa tener un tío preso por haber recibido $13 millones en coimas; y haberlas recibido por su relación con “un alto funcionario” del gobierno anterior que no puede ser otro que Glas. El costo político que significa protegerlo y, a través suyo proteger políticamente a aquellos que hicieron negocios non-sanctos en el gobierno de Correa.

El escenario, como se ve, se ha tornado disuasivo para muchos asambleístas de la 35 que, más que disciplina partidista, obedecen, como piensa Luis Fernando Torres, a sus realidades locales. Y esas realidades las tienen que administrar con el gobierno de Moreno; ya no con Correa. Todos saben –también los defensores de Glas– que el tiempo, por más que enreden el juicio político, juega contra ellos. El Vicepresidente es un hombre atrapado y sin salida. Y su caso puede demorarse en reventar, pero lo hará en cualquier momento. Basta con que hable su tío, el Fiscal reciba nuevos documentos o los jueces metan mano en el caso Caminosca. Glas puede subirse a la tarima con Correa o hacer almuerzos populares. Su realidad no cambia: ante sí tiene dos abismos y le será imposible evitarlos: uno político, otro penal.

Por supuesto hay mecanismos, todos controlados por el aparato que montó Rafael Correa, que pueden sacar a Glas provisionalmente del atolladero político: si el CAL da paso a la demanda de juicio, ese expediente irá a la Corte Constitucional y de allí –si la Corte califica la admisibilidad de la demanda– a la Comisión de Fiscalización que, con María José Carrión a la cabeza– ya mostró lo que es capaz de hacer…

Glas, ya se dijo, es el gran divisor de aguas. Los electores están invitados a ver de qué lado se ponen estos días sus asambleístas. Y Moreno podrá de nuevo evaluar cómo va su mano a mano con Rafael Correa. Porque si se cae Glas, la estantería que se derrumba estropeará sin duda al nuevo habitante de Bruselas.

Juicio a Polit: ¿esconder la basura bajo la alfombra?

en Columnistas/Las Ideas por

Hoy domingo, día extraño para convocar un caso como este, se reunirá el pleno de la Asamblea Nacional para decidir si procede a enjuiciar políticamente a Carlos Polit, quien durante la década del gobierno de Rafael Correa se desempeñó como Contralor General.

Hay dos opciones posibles frente a lo que suceda en ese “juicio”. La mayoría oficialista deberá decidir entre usar el caso de Polit para esconder la basura bajo la alfombra o convertirlo en el primer paso para una profunda y radical reforma en temas éticos en el país.

Durante esta década los juicios políticos solo se dieron cuando el funcionario en cuestión había caído en desgracia para el Ejecutivo. Eran entonces solo la materialización de esa realidad; el deseo del ex presidente Correa de remover de su cargo a alguien a quien sus facultades no se lo permitían directamente. Eso sucedió con la salida de Gloria Sabando. El ejemplo contrario fue la entusiasta protección de Correa en el juicio político contra el ex fiscal W. Pesántez, en el que no importaron la cantidad de pruebas y testimonios en su contra, sino la firme intervención del Ejecutivo para salvar a su protegido.

En este caso, la mayoría oficialista y sobretodo el presidente Moreno se enfrentan a un muy delicado proceso de fiscalización a escasos 30 días de haber asumido el poder. Al primer juicio político de su periodo, pues tendrán que venir muchos más. Se trata nada más y nada menos que del juez de cuentas de todo el Estado. El responsable de asegurar y cuidar el buen uso de los recursos durante los últimos diez años de gobierno, de bonanza y de descontrol.

Si la Asamblea da paso al juicio y tan solo limita a destituir a Pólit, estará escondiendo la basura bajo la alfombra. La responsabilidad política del Contralor General (la responsabilidad penal tendrá que investigarse y discutirse en su propia vía) es sólo el síntoma de un problema estructural que ya hoy es imposible de ocultar. Los indicios de corrupción e irregularidades que hoy existen contra altos cargos del gobierno (anterior y actual) no pueden ser tratados como “errores de buena fe”, faltas indivuales, incorrecciones personales, claro que también tienen ese componente pero va más allá. Se trata del resultado de un sistema de concentración de poder, de impunidad política y judicial, de la instauración de un estado de propaganda y hasta de la permisividad social.

Lo cierto es que el caso de Pólit, Rivera (el tío del vicepresidente Glas), Odebrecht y los que pronto tendrán q venir sobre IESS, BIESS, manejo de la banca pública, petróleos, salud, infraestructura, compras militares, los contratos de publicidad, EPs, las emergencias con especial atención en la reconstrucción post terremoto, etc.; tienen que llevarnos a resolver los problemas estructurales de la institucionalidad y nuestras nociones éticas como sociedad. El solo hecho de que todo esto sucediera bajo las narices del Contralor sería motivo suficiente para establecer su responsabilidad política, lo insólito es que no serán solo sus omisiones sino su aparente participación lo que se discutirá en las próximas horas y días.

Las reglas y los controles sobre el financiamiento de la política son por ejemplo uno de los grandes pendientes en el debate. Reformas legales urgentes en materia de contratación pública, normas penales, independencia de la justicia, real acceso a información pública, libertad de prensa, son solo algunos de los asuntos que tenemos que enfrentar. La discusión deberá abordar también el fracaso de los “concursos de méritos” y el Consejo de Participacion Ciudadana y su necesaria desaparición.

Si la mayoría parlamentaria decide usar a Pólit como distractor, como mensaje que esconda otras protecciones, lo único que ganará es tiempo. Al final, quienes así lo hagan se seguirán sumando a la larga cadena de complicidad que todos estos casos establecerán en breve. La basura es tanta y huele tan fuerte, que no hay lugar donde esconderla.

María Paula Romo es académica y política 

La revolución ciudadana sufre hasta de impotencia

en Caricaturas/El Humor por

Rafael Correa no quiso aceptar que el gobierno pagara la deuda al IESS, en la cual se incluyen las enfermedades catastróficas. Ahora Alianza País es víctima de esa política porque los enfermos mayores de Alzheimer, esquizofrenia, depresión, disfunción eréctil… están en ese movimiento político. Chamorro  lo comprueba sin mayor esfuerzo.

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Qué hacer con Glas: el rompecabezas de Moreno

en La Info por

Jorge Glas ya no sabe dónde pararse. Mira hacia Rafael Correa, quien lo apoya con todo pero ya no manejo los hilos esenciales del poder. Mira hacia Lenín Moreno y, desde Carondelet, recibe señales intermitentes y de baja intensidad. Allí le han retirado seis atribuciones y solo le dieron dos, casi simbólicas. Una de ellas como encargado del Consejo Productivo y Tributario.

Glas es un hombre sin piso. Un político condenado, al parecer, a apelar a las bases duras del correísmo y hacer discursos patrioteros para animar las barras. Ahora colecciona troles e impresentables del correísmo en la Vicepresidencia, que paga como asesores. Y que lo mantienen congelado en el tiempo. Hay que verlo con qué entusiasmo teatral rumia estereotipos y lugares comunes de los mamertos de antaño. Ayer, en la Asamblea, por ejemplo, habló, a propósito del fantasma de la corrupción que lo persigue, de la CIA, del imperio, dijo ser socialista y habló de un golpe de Estado blando. Sí, un golpe en el cual vendrán por él, por Moreno, por Correa. Eso dijo.

La verdad es que Glas se quedó del tren que echó a andar Lenín Moreno. Quizá él pudiera, como Paola Pabón, subirse en algún vagón aunque fuera retóricamente. No lo ha hecho. No tiene tiempo. Está dedicado a decir, en radios y canales, en mítines y en la Asamblea Nacional, que él es honesto. Está en la inopia política. En ese punto en el que el político tiene que decir que es honesto porque es consciente de que una mayoría piensa lo contrario.

Glas está preso en sí mismo. Armando carpetas de lo que hizo y dejó de hacer. Hurgando en su hoja de vida. Tejiendo coartadas semióticas sobre parientes y familiares. Su tío, Ricardo Rivera, investigado por haber supuestamente recibido $13 millones en coimas, pues sí, es su tío. Pero casi no lo ve. ¿Tiene otro pariente influyente en el gobierno? Quizá. ¿Cómo saber? Todo es posible.

Glas diseña el golpe blando en su cabeza porque, en la realidad, aquellos que él señala como golpistas, se reúnen y departen amablemente con Moreno. El golpe blando es sinónimo de su soledad. Nadie vendrá por Moreno que, si hace lo que dice, mas bien ampliará el número de aliados. Pero Glas siente que están yendo por él. Siente tras de sí pasos de animal grande. Sabe que no está en los casetes que tiene el Fiscal. O mejor: que aquel en el cual pudiera estar, está en un estado técnico deplorable. El azar hace a veces bien las cosas. Eso, al parecer, le da la fortalece teatral que exhibe. Pero también sabe que, de no ser tan santo como dice, todo esto es un problema de tiempo.

Pero, claro, Glas no es cándido. Sabe que hay cosas que puede decir en una tarima, que no puede recitar en un gabinete. Lo de su tío es, por ejemplo, lo más parecido a la adivinanza que dice: “blanco es, la gallina lo pone y frito se come”, qué es? He ahí a un señor que resulta ser su tío que habría recibido $13 millones de dólares por ser pariente de un alto funcionario de este gobierno. Se entiende que no es por ser solamente pariente. Es porque ese pariente facilitaba contratos y favorecía a la empresa que entregó tantos billetes al señor que resulta ser su tío. Cualquiera imagina a Moreno tragándose la aldaba que, sin salsa, sirve Jorge Glas a sus oyentes en radios y mítines. En el gobierno, aldabas de ese porte, al parecer, ya no tragan. Por lo menos en forma unánime.

Otro ejemplo: dice que sacó a patadas a Marcelo Odebrecht de su oficina. Lo dice poniendo todos los énfasis en las palabras y en los gestos. Lo sacó, dijo en las radios, porque hizo una propuesta indecorosa. Todo el mundo pensó que el perverso Odebrecht también quiso corromper al impoluto Glas y que este, recatado y discreto, ni siquiera avisó a las autoridades como era su deber. Pues no era eso. Ocurrió que ese señor, que resultó ser uno de los mayores corruptores del planeta, quiso afectar la soberanía nacional… Aplausos de las barras. Y Glas no para. Pero, ¿cómo explica en un gabinete sin troles ni barras pagadas que, con ese señor que sacó a patadas, su gobierno siguió firmando contratos en los sectores de los cuales él se encargaba?

Lo único cierto es que, por ética, por estética, por cálculo o por convicción, hay un serio distanciamiento entre Glas y Moreno. Eso explica la desesperación del vicepresidente hábilmente camuflada en discursos incendiarios, referencias revolucionarias y este intento falaz de hacer creer que si van por él, irán por Moreno. No, Glas sabe que la opinión pública está yendo por él. Y sabe que aunque su piso político aún resiste (Correa lo protege), y el amparo judicial es aún real (el expediente abierto contra su tío dejó de ser público), la sombra de Moreno ya no lo cobija.

Moreno sabe que Glas es la mayor bomba de tiempo de su gobierno y la pieza que mayor desgaste le causa en este momento. Y como no sabe muy bien qué hacer con tamaño lastre, ha optado por mantenerlo a prudente distancia seguro de que, en cualquier momento, todo esto explotará.

Foto: Vicepresidencia de la República

Si Jorge Glas no existiera habría que inventarlo

en La Info por

La gira promocional de Jorge Glas por la Asamblea fue un acto de pirotecnia política que no aportó en absolutamente nada a lo que, en los papeles, tenía que ser su cometido: esclarecer las responsabilidad que el Vicepresidente tuvo en los actos de corrupción vinculados a la constructora brasileña Odebrecht.

Si alguna funcionalidad tuvo la presencia de Glas en la Asamblea, en cambio, fue para que ahí, frente a unas barras militantes y eufóricas, el personaje de marras lanzara un relato alucinado según el cual los ecuatorianos, en lugar de criticarlo, deberían agradecerle profundamente por haber llegado a sus vidas. Si se hace sumas y restas luego de las cuatro horas que duró la gira promocional, la conclusión es que el Ecuador casi no existiría si no fuera porque él llegó para salvarlo. Sin él, el Ecuador sería un país sumido en el atraso medieval, que sobrevive en las tinieblas más profundas y vive en medio de una ignorancia cavernaria.

La visita de Glas, disfrazada bajo el eufemismo parlamentario de Comisión General, tuvo dos partes. Una, muy extensa, cansina y terriblemente cínica, en la que el Vicepresidente habló sobre su responsabilidad política. O más bien sobre lo que él dice que es responsabilidad política.  Y otra en la que invirtió muy poco tiempo para despachar con displicencia y en tono de trámite burocrático las preguntas que le hicieron los asambleístas.

En el primer segmento de su intervención, que duró prácticamente tres horas, Glas habló de todo lo que él, se supone, aportó para el desarrollo del país. Esa ha sido, según Glas, su responsabilidad política y no la que sus opositores quieren asociar con los trabajos de Odebrecht en el país hechos bajo su administración. Su versión fue ésta: si alguna vez fue Ministro de Telecomunicaciones, su responsabilidad política fue la de generar más interconexión eléctrica; si fue encargado de las áreas estratégicas, su responsabilidad política era procurar que se genere más energía eléctrica, y, que se explote más petróleo.  Y claro, su responsabilidad política, vista bajo esa lógica es impecable e irreprochable.

Hubo momentos en los que Glas  se refería a un país que no existiría si no hubiera sido por él, por su sacrificio, su patriotismo, su honradez y su incansable trabajo. Él trajo la energía eléctrica, que antes de que se hiciera cargo de su generación, simplemente no existía en el Ecuador.  Ni qué decir de las carreteras: solo con su llegada los ecuatorianos descubrieron qué es el asfalto y si en la Costa en cada invierno moría gente ahogada por las inundaciones, hoy se mantienen con vida gracias a las obras que él concibió. Si no fuera por su visión y trabajo, el teléfono sería un objeto de lujo al que únicamente los gamonales que chupaban del Estado partidocrático podían acceder y el internet sería una intelequia si no fuera porque él lideró la modernización del Ecuador. “No había nada, ni carreteras, ni maestros, ni hidroeléctricas, no había nada”, dijo exaltado.

Si Glas no existiera, los ecuatorianos deberían inventarlo para salvar al país de la barbarie. Eso es lo que podría haber concluido un extraterrestre si hubiera estado presente en la Asamblea. Además, claro, porque a ese dechado de virtudes del personaje se suman otros: Glas es un hombre de excelentes sentimientos, el mejor papá, el mejor esposo y, claro, el mejor hijo. “Mi mamá me rogó de rodillas que no sea candidato, pero más pudo el pedido de Lenín, más pudo el pedido del pueblo. Ella me dijo: hijo no te preocupes, todo el mundo le tira piedras al árbol que da frutos pero el árbol sigue de pie”, contó.  “No voy a permitir que nadie achique el tamaño de mis sueños, porque son los sueños de un pueblo”.

¿Y la corrupción? La corrupción es, según el relato alucinado de Glas, algo que existía antes de la llegada de su gobierno. Los poquísimos casos que han saltado, desde entonces, fueron denunciados, obviamente, por él.  ¿Caminosca? Yo la denuncié. ¿Sobreprecios en la Refinería de Esmeraldas? Yo los denuncié. ¿Acueducto en la Refinería del Pacífico? Si yo no lo hubiera denunciado, nadie sabría de qué se trata. Si hubo una asambleísta que alguna vez pidió coimas en su nombre, él se encargó de denunciarla y si un ex asesor suyo decía que cobraba coimas en su nombre, en el proceso de concesión de frecuencias, él lo entregó a la justicia. 

Glas se presentó como una suerte de súper héroe al que todos los ecuatorianos le deben un enorme agradecimiento y que ha sacrificado todo por ellos. ¿Y los que lo critican y lo señalan por corrupto? Esos son desestabilizadores de la oposición pagados por la CIA y el imperio que ahora están dedicados a dar un golpe de Estado blando. La idea, tras estas denunciases -y lo dijo textualmente- “tumbar a Glas y luego a Lenín y más tarde a Rafael”. “Mientras estaban difamando -dijo- yo estaba luchando contra la corrupción”. Pero él no va a permitir que se desestabilice a la revolución ciudadana. No. Si Dilma Rousseff cayó fue porque ahí, en Brasil, le endilgaron injustamente responsabilidades políticas que no tenía, como presidir Petrobras. Acá los perversos opositores le quieren endilgar a él por haber sido encargado, por el presidente Rafael Correa mediante un decreto ejecutivo, de todas las áreas estratégicas donde, oh coincidencia, han saltado casi todos los grandes casos de corrupción. La oposición es malvada, por supuesto.

Luego vinieron las preguntas de los diputados que, al decir de María José Carrión, presidenta de la Comisión de Fiscalización, fueron una concesión porque en una Comisión General no se estila hacer preguntas. Graciosa concesión con la que se pretendía vender la idea de que la Asamblea estaba cumpliendo su obligación de pedir cuentas a un alto funcionario. Contestar las preguntas fue un trámite que le tomó muy poco tiempo, seguramente porque en la metodología adoptada para el espectáculo la idea era otra: que Glas hiciera su espectáculo político, al estilo de una gran sabatina. ¿Para qué más? Por eso, si la primera parte de la visita de Glas a la Asamblea tomó algo más de tres horas, sus respuestas duraron, con suerte, 20 a 30 minutos.

Glas, el súper héroe que ha sacado de la oscuridad al país, cerró su presentación contestando al apuro las preguntas.  A duras penas conoce a su tío Ramiro Rivera, apresado por haber recibido 13 millones de Odebrecht. Si sacó “a patadas” a Marcello Odebrecht de su oficina no fue porque le ofreció dinero sino porque  el brasileño quería afectar la soberanía del país. No tengo testaferros dijo y, casi al final, insistió por enésima vez en que, si no fuera por él, en el Ecuador prácticamente no habría nada. Si no existiera ese súper héroe llamado Glas, el país tendría que inventarlo.

En las afueras de la Asamblea se instaló una tarima para que Glas saludara a sus partidarios. Fue todo un acto político.

El Fiscal calza en el guión correísta sobre Odebrecht

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Si durante los últimos días alguien dejó de pensar, aunque sea por unos segundos, en el fiasco institucional que es el Estado ecuatoriano, el fiscal Carlos Baca Mancheno se encargó de recordárselo hoy jueves 16 de junio. Esto ocurrió en un salón de la Asamblea, donde se presentó para comparecer ante la Comisión de Fiscalización e informar sobre las investigaciones que la Fiscalía adelanta en el caso Odebrecht. Durante algo más de tres horas, Baca Mancheno dejó en evidencia que cuando la institucionalidad elige como Fiscal a alguien que es militante del partido en el poder y que es un declarado cachiporra del caudillo que lo puso en ese cargo, es porque esa institucionalidad está pervertida.

El Fiscal no aportó absolutamente nada para solventar las dudas que rodean la investigación sobre Odebrecht. Su comparecencia pareció, más bien, parte de la estrategia  que el partido y el caudillo que lo nombraron diseñaron para evitar ser salpicados por el escabroso escándalo.

Básicamente, Baca justificó todas las sospechas que existen alrededor de la actuación de la Fiscalía en la investigación del caso Odebrecht.  El funcionario no quiso dar los detalles que algunos asambleístas le solicitaron amparándose, como se temía, en que no puede poner en riesgo la investigación. Su estrategia giró alrededor de estas cinco coartadas:

1.- Las razones del silencio

Según Baca Mancheno, las investigaciones deben hacerse en gran sigilo y absoluta confidencialidad. Qué noticia! Por eso, dijo, no ha habido noticias extraordinarias ni grandes operativos judiciales. Esto se debe, dijo, a que la Fiscalía actúa según el marco de cooperación que mantiene con la Justicia brasileña y porque hace las cosas de forma responsable y no pensando en el espectáculo. “La información que ha recibido la Fiscalía tiene que ser verificada y sometida a procedimientos internacionales”. Para explicar el riesgo que sconlleva que los implicados huyan, utilizó una metáfora: la de las 10 palomas en un cordel. Cuando se dispara a una, las otras nueve se escapan volando. Una metáfora vacua que no le alcanza para explicar lo ocurrido en otros países. ¿Por qué en el Perú hay dos ex presidentes procesados y en República Dominicana hay muchos enjuiciados incluso antes de que terminara el sigilo legal del 1 de junio impuesto por la Justicia brasileña? Baca, con este razonamiento, se alineó con la muletilla que Alianza País ha usado para justificar que, en los 10 años de correísmo, la Asamblea no fiscalizó un sol acto polémico del correísmo: no hay que hacer show. Baca, para decir lo mismo, usó el eufemismo de no hacer “actividades estrafalarias”.

2.- El portal de legalidad

A Baca Mancheno le gusta el concepto de “portal de legalidad”. Habló varias veces de él para explicar su tesis de que toda la corrupción articulada por la empresa brasileña se hizo en el marco de una aparente legalidad que hacía imposible que se detecten las irregularidades. “Ante los ojos de la sociedad y los funcionarios de control todo era legal. Todo parecía legal. Los funcionarios públicos que ejercían la función de control no podían darse cuenta de lo que ocurría bajo esa epidermis”, dijo el Fiscal en lo que más pareció una defensa de aquellos que, durante años, jamás se percataron de que Odebrecht estaba corrompiendo a funcionarios públicos. Para Baca “la clave de este proceso está en que en tras una apariencia de legalidad se ocultaba una red que manipulaba contratos, escondía sobornos de empresas privadas y ocultaba todo a los órganos de control”.

Curiosa esta tesis: un Fiscal que asegura que el crimen que investiga no podía ser detectado porque parecía legal, más parece deseoso de justificar a quienes fueron incapaces de advertir la irregularidad, que de querer cumplir con su obligación de investigarla. Bajo esta lógica puede resultar muy cómodo para alguien, como el vicepresidente Jorge Glas o algún ex Ministro que negoció con la constructora brasileña, decir que no podían ver que algo irregular se estaba cocinando tras la firma de esos contratos.

3.- El delator es el héroe

Carlos Baca Mancheno durante su intervención también trató de posicionar la idea de que en el caso de Odebrecht nada se hubiera sabido si no hubiera habido un delator: los ejecutivos de la constructora brasileña. “¿Este portal de legalidad cuándo se rompe?” se preguntó Baca e inmediatamente se contestó: “se rompe el momento de la delación”. Solo cuando una de las partes habla se puede descubrir el delito: esa es la lógica del Fiscal. Baca no parece saber (o pretende no saber) que Odebrecht decidió confesar sus delitos cuando vio que la Justicia brasileña había descubierto la pista de su sistema corruptor. De no haber sido porque en el Brasil hubo una administración de Justicia independiente que decidió investigar el caso Lava Jato, Odebrecht jamás hubiera decidido contarlo todo. Y si lo hizo fue para negociar condenas más benignas.

En el relato de Baca Mancheno no se menciona, tampoco, que la Comisión Cívica Anticorrupción denunció el sobreprecio que cobró Odebrecht en la presa Manduriacu, sin que hubiera delación de esa empresa. Tampoco dijo que, sin delación alguna, Fernando Villavicencio y Martha Roldós publicaron pruebas de la corrupción de Odebrecht en la construcción de un acueducto en la Refinería del Pacífico.

4.- El delator no es confiable

En el esquema del Fiscal el delator es el héroe capaz de descubrir lo que nadie más hubiera podido hacer. Pero hay un detalle: ese delator tiene la capacidad de añadir, quitar o modificar la verdad para afectar o beneficiar a alguien. “El delator puede decir cualquier cosa y el Fiscal no puede tragarse esa rueda de molino”: en este punto, Baca parece adherir totalmente a la tesis que el mentor de su ascenso a la Fiscalía, Rafael Correa, reiteró cuando era Presidente. Esa es la misma tesis que el vicepresidente Jorge Glas lanzó en la entrevista con Diego Oquendo cuando dijo haber evitado que Odebrecht cobrara 400 millones más. Según Correa y Glas, Odebrecht tiene razones de sobra para vengarse y por eso no sería raro que los involucre en la trama de corrupción. Con un fiscal que articula este razonamiento sobre los motivos que tiene un delator, no sería de extrañar que los acusados en este caso, si llega a haber, afirmen ser víctimas inocentes de una retaliación.

5.- Los paraísos fiscales son todo

Si hay corrupción, dijo el Fiscal, es porque existen paraísos fiscales que facilitan el flujo ilegal de capitales. Navegando entre un lirismo chato y un mar de obviedades, definió un paraiso fiscal como  “el portal de blanqueo” y exculpó a Galo Chiriboga: con esos sistemas -dijo- es imposible que una autoridad detecte movimientos ilegales de dinero. “Es inaudito, dijo, que el 3% del Producto Interno Bruto del Ecuador se haya fugado a paraísos fiscales”. Después, como cualquier militante de Alianza País, destacó que en las últimas elecciones se aprobó una  pregunta para que los funcionarios públicos no puedan tener inversiones en paraísos fiscales. En este punto hizo pensar a Rafael Correa cuando en alguna de sus sabatinas llegó a decir que la corrupción se explica por el estímulo que significa que existan sistemas donde se puede mantener capitales sin pagar impuestos. Alineado es alineado.

En conclusión, Baca Mancheno nada nuevo dijo sobre Odebrech. Lo único destacable lo concierne: respondiendo a un asambleísta de oposición que le preguntó si es cierto que el contralor Carlos Pólit presentó una acusación penal en su contra, dijo que no. Y agregó que Pólit tendrá que documentar esa declaración si no quiere que él lo demande por injuria.

Si se hace un desglose de toda la presentación de Baca Mancheno, al final lo que se obtiene es un excelente guión, para que los acusados que podrían haber por este caso, lo usen en su defensa. Lo que ocurrió hoy en la Asamblea fue un show que, consensuado o no, calza al milímetro con la estrategia de Alianza País frente al tema de Odebrecht.

Foto Teleamazonas

Jorge Glas se ríe a carcajadas del país

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Jorge Glas está demostrando, a las radios del país, por qué con un personaje como él hay que leer y llevar consigo muchos documentos para entrevistarlo. Lo mismo deberían hacer los asambleístas que lo van a encarar. Con leer los principales textos y libros de Fernando Villavicencio quizá bastaría. O con verlo en ciertas entrevistas, como esta en Teleamazonas, con Janet Hinostroza. 4Pelagatos también ha resumido sus investigaciones.

Glas es un sabido. Lleva años de entrenamiento. Años marcando la cancha. Años sentándose en la palabra sin soltarla. Años haciéndose un perfil de santo y mezclando en las entrevistas propaganda con anécdotas personales para hacerse pana del entrevistador (muchos caen) y confidente de sus oyentes. Glas lleva años mareando a sus interlocutores. Riéndose de la opinión pública. Paseando un cinismo espeso y cochambroso por el país. Ayer lo volvió a hacer en Radio Visión en Quito, al punto que Diego Oquendo lamentó haber tenido un monólogo en vez de una verdadera entrevista.

Glas está entrenado. Y se prepara. Y arma carpetas de sus interlocutores siguiendo esa vieja tesis de los viejos políticos que pensaban que esa es una forma de desestabilizar al periodista: convertirlo de entrada en opositor para menguar su credibilidad. Vieja treta de político marrullero.

Glas sigue los libretos del impresentable Fernando Alvarado: toma posesión del espacio al cual lo invitan. Se declara víctima del periodismo para convertir la entrevista en eterna réplica. Ataca a todos aquellos que lo han criticado aprovechando que no están presentes y que el periodista que lo invitó no hará de abogado. Extiende títulos y supuestos méritos profesionales para legitimar lo que se apresta a decir. Recita el rosario rodado por el correísmo durante años. Y luego miente con una desfachatez que supera los límites de lo tolerable. Así se da cuerda. Se trepa en el efecto sorpresa que causan sus mentiras y no para. Debe tetanizar estar a su lado y oírlo decir que antes del correísmo no había vías ni aeropuertos. Debe tetanizar oírlo decir, a un metro, que el correísmo libró “una lucha firme y frontal” contra la corrupción durante los diez años de gobierno. Y oírlo poner como ejemplo a Petroecuador. Oírlo decir que si no hubieran emprendido una investigación internacional y si no hubieran encontrado las cuentas de Carlos Pareja Yannuzzelli y Carlos Pareja Cordero nada se sabría. Debe paralizar tanta impudicia.

Eso es Glas: un cínico monumental. Un hombre que niega tener responsabilidades en la corrupción inconmensurable que tuvo lugar en los sectores estratégicos que él presidió. Y que tras haber negado incluso una responsabilidad política, hoy la acepta. Pero lo hace para definir, fiel a ese estilo fascista que tiene el correísmo de resignificar las palabras, lo que entiende por responsabilidad política.

Para él no es responder por el uso que el político hace del poder. Ahora se esconde tras los encargos que le hizo el presidente y nada más. Es decir, repotenciar la Refinería de Esmeraldas significa, desde el punto de vista de la responsabilidad política, que esa refinería funcione. Y como su cinismo es versátil e ilimitado, agrega nuevas definiciones de responsabilidad política: “haber iniciado el cambio de matriz productiva”, “haber cambiado la matriz energética”, “haber hecho ocho hidroeléctricas”, “tener soberanía energética”…
En claro, él se queda con el trofeo político. No responde por los costos de esos proyectos ni por las coimas que hubo. No le importa si la repotenciación de la Refinería de Esmeraldas partió de un presupuesto de $180 millones y terminó costando $2.200 millones. Él nada sabe de esa danza de millones que se dio en sus narices. Nada sabe de las demandas que hicieron Villavicencio y Clever Jiménez, desde el 2010, sobre ese tema. Nada sabe de los informes de la Contraloría que hablan de sobreprecios. Nada sabe de los centenares de contratos hechos a dedo. Nada sabe de la decena de veces que han parado esa refinería –una de las mejores del mundo dice la propaganda correísta– por fallas evidentes tras la repotenciación. Nada sabe de las empresas de papel creadas a partir del “giro específico del negocio” que permitió hacer contrataciones y subcontrataciones con los panas que se enriquecieron a vista de ojo.

Glas no es Mandrake. Lo dice con suficiencia y vehemencia para que se entienda que no podía saber lo que pasaba en esa Refinería. Porque para eso contrataron una auditoría internacional. No dice que está hablando de Worley Parson. No dice que esa multinacional subcontrató aquí la empresa Grupo Azul de Willam Wallace Phillips y Mónica Hernández, que fue funcionaria de Correa. Y no dice que Correa condecoró a Phillips. Esa es la auditoría supuesta que le permite lavarse las manos.
Liquidado este asunto, dice, repite, reitera, insiste en que él es inocente y que no hay prueba alguna contra él. Y como debe creer que habla para una galería de ingenuos dice que sus cuentas están abiertas, que vive de su salario, que su mujer gana $4000, que tiene un apartamento y otro en la playa que ya vendió. No encuentra alma caritativa a su alrededor que le explique que los corruptos tienen testaferros, cuentas codificadas en paraísos fiscales y tantos otros mecanismos bien rodados para robar… Ah, nadie le dice que los grandes corruptos nada firman… Y Glas, para probar su inocencia, dice que no firmó ningún contrato con Odebrecht o cualquier otra empresa. Nadie le recuerda que los políticos corruptos, cuando los pillan o están por pillarlos, gritan que les están dando golpe de Estado. Eso hicieron en Argentina y están haciendo en Brasil. Glas los empezó a imitar. Pero es una casualidad desgraciada: él es inocente.

Glas da cátedra de honestidad con vehemencia. Y dice que él es así: honesto y vehemente. Claro, es vehemente porque encontró la forma de pasearse por radios y canales como 4×4 montaña abajo. Sin obstáculo alguno. Los entrevistadores son muy decentes y, para hablar de su honestidad, no han leído a Fernando Villavicencio.

Foto: Vicepresidencia de la República.

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