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José Hidalgo Pallares

Nadie se salva de pagar la factura de esta década

en La Info por

Esta campaña no sirve –hasta ahora no sirve– para que los electores tengan conciencia del estado real de la economía. Rafael Correa logró socapar los desbalances creados por su gobierno durante una década. Los ha negado, escondido y maquillado con desaparición de fondos de ahorro, endeudamiento masivo (sobre todo con China), créditos del Banco Central, ventas anticipadas de petróleo… y otros artilugios.

Pocos ecuatorianos imaginan lo que se viene. Lenín Moreno, lejos de aterrizar en la herencia real que recibirá, si es elegido presidente, se ha dedicado a alargar un rosario de propuestas que hacen de él el candidato más populista de esta contienda. No solo no hay dinero para que las cumpla sino que el modelo que tanto alaba ya no cuenta con mecanismos para financiarlo ni para amortiguar las graves consecuencias que ha generado. Esta bomba de tiempo no ha podido ser valorada por los electores. La campaña ha derivado hacia lemas y el aspecto político tomó, como era de esperarse, la delantera.

En ese sentido, el informe de Cordes, “La trampa que asfixia la economía ecuatoriana” tiene el mérito de la crudeza. Escrito por Augusto De la Torre, jefe para América Latina del Banco Mundial hasta 2016, y José Hidalgo, director de Cordes, este estudio es un diagnóstico con vocación exclusivamente técnica. En términos globales no hay sorpresas para aquellos que han seguido la construcción del modelo y el despilfarro de la bonanza en esta década correísta. Pero ese panorama, riguroso y descarnado, del estado en que deja la economía Rafael Correa, seguramente no será compartido por sus seguidores. Empezando por Lenín Moreno. En 42 páginas se prueba, sin embargo, que si fuera elegido Presidente, no podrá profundizar el modelo sino corregirlo en forma radical e inmediata.

Cordes muestra que la economía está encerrada en un círculo vicioso en el cual tres factores de desequilibrio se retroalimentan entre ellos. El fiscal que se asocia al gasto público, cuyo nivel es insostenible y debe reducirse –estiman los autores– en 9 puntos porcentuales del PIB. El desequilibrio interno que se asocia a la contracción económica que causa recesión y perdida de empleo. Y, finalmente, el desequilibrio externo que se asocia a la sobrevaloración del tipo de cambio real. Esto incide en la pérdida absoluta de competitividad de los productos nacionales en los mercados mundiales.

Para salir de ahí –escriben Augusto De la Torre y José Hidalgo–, se requiere un programa coherente y concertado que ataque, en forma directa y simultánea, estos factores. Aquí el estudio deja un enorme vacío: no aporta mecanismos de solución. Los autores lo hacen en forma consciente por una razón, en particular: Ecuador no logrará reconstruir la economía sin un programa integral, coherente, gradual y políticamente concertado. Esto va a implicar sacrificios que requieren una tregua política y proteger el tejido social: “asegurar –escriben– menores costos a los pobres y vulnerables del país”. En una primera etapa, el nuevo gobierno tendrá que “restituir un sano crecimiento y así preservar tanto la dolarización como los avances sociales alcanzados desde inicios de este siglo”.

Este estudio, plagado de datos y cuadros estadísticos, muestra que esta tarea es ineludible y que mientras más pronto comience, se evita el riesgo mayor: que haya una crisis sistémica con costos impredecibles para la sociedad. La tarea la tiene que hacer el próximo gobierno, sea Lasso o Moreno el presidente. El correísmo dirá que todavía tiene mecanismos para sostener su retórica a pesar de que las cifras no cuadran. Los autores muestran que el espacio para cualquier margen de maniobra se reduce por cuatro factores endógenos: no hay ahorros líquidos, riesgo país elevado (el segundo de la región después de Venezuela), estructura productiva dependiente de la demanda interna y alta conflictividad política. Si se suma el contexto internacional, poco favorable e incierto, el cuadro es francamente inquietante.

No es una sorpresa: se sabía que el gasto gigantesco del sector público era insostenible. Se sabía que el desequilibrio fiscal hipotecaba el futuro de cualquier política pública. Se sabía que la voluminosa deuda pública, especialmente con China, estaba sosteniendo artificialmente las supuestas bondades del manejo económico. Se sabía que en diez años el gobierno fue incapaz de atraer buena inversión. Se sabía que el tamaño del Estado se disparó sin relación alguna con el tamaño de la economía. Se sabía que el gobierno echó mano de fondos que no eran suyos, dejó de pagar sus obligaciones al IESS, metió las manos en los fondos del Banco Central. Se sabía que la participación de la inversión privada en el producto Interno Bruto cayó de 4% en este gobierno. Se sabía que se ha perdido empleo adecuado. Se sabía que, a pesar de los discursos y proclamas oficiales, la economía está en plena recesión… Se sabía que este gobierno ha despilfarrado y algunos han robado o dejado robar sin piedad… Pero sorprende el costo de la factura que ha producido el modelo económico de Rafael Correa, como se ve en este estudio. Y sorprendente más aún que, a estas alturas, los ciudadanos en general no aquilaten los sacrificios que tendrán que hacer para pagarla. Lenín Moreno o Guillermo Lasso tendrán que administrar ese pago del cual nadie se salva.

Foto: Ecuavisa

Las falacias de la #RecuperaciónEconómica

en Columnistas/Las Ideas por

Un tuit enviado desde la cuenta oficial del Ministerio Coordinador de la Política Económica, y reproducido profusamente en las cuentas de otras instituciones públicas, asegura que “la recaudación tributaria ha crecido en 4,9% entre 2015 y 2016”. Ese desempeño es, según el ministerio encargado de dirigir la política económica del país (para lo cual se esperaría, como mínimo, que tenga un diagnóstico acertado sobre la situación actual), una señal de que la economía ecuatoriana ha ingresado en una fase de recuperación.

Aunque el tuit sugiere un aumento en la recaudación tributaria en lo que va del año, es decir, en el acumulado de enero a septiembre de 2016 frente a igual período de 2015, ese presunto crecimiento de 4,9% se refiere únicamente a septiembre. El problema más grave, sin embargo, no es esa ambigüedad en el texto, sino que el supuesto repunte al que hace referencia no es real, porque para mostrar un desempeño positivo el SRI toma en cuenta también los ingresos extraordinarios generados por la Ley Solidaria (aumento del IVA, contribuciones de un día de sueldo, impuestos extra sobre utilidades y patrimonios, entre otros) que en septiembre sumaron $110 millones. Sin considerar esos ingresos ocasionales, el mes pasado la recaudación tributaria cayó 5,1% frente a septiembre de 2015, resultado más consistente con la contracción que presentan los principales impuestos que recauda el SRI (Renta, IVA, ISD).

Este engañoso tuit está lejos de ser un caso aislado. Bajo el hashtag #RecuperaciónEconómica distintas instituciones oficiales (ministerios del área económica, Banco Central, SRI, Superintendencia de Bancos, Ministerio de la Vivienda) tuitean o retuitean datos interpretados alegremente y que, en el discurso oficial, dan cuenta de una supuesta recuperación de la economía a partir de la segunda mitad del año. Ahí están el superávit de la balanza comercial (que no se debe a un aumento de las exportaciones sino a un desplome de las importaciones como consecuencia, principalmente, de la menor demanda), el aumento de los depósitos en los bancos (a costa de un agresivo proceso de endeudamiento con el que el Gobierno, comprometiendo las finanzas públicas de los próximos años, ha conseguido ponerse al día con algunos de sus proveedores), el incremento en los créditos (pese a que la cartera sigue mostrando caídas interanuales y a que los propios bancos reconocen la baja demanda de crédito de parte de personas y empresas) y el crecimiento de 0,6% que, según el Banco Central, registró la economía ecuatoriana en el segundo trimestre de este año frente al primero (nada se dice del hecho de que en la variación interanual –que es la que, según explicó hace pocos meses el Presidente, se debe tener en cuenta,– la economía registró su cuarta caída consecutiva ni de que, incluso en términos trimestrales, siguen cayendo el consumo de los hogares y la inversión).

La nueva perla en esta campaña del Gobierno por mostrar, de cara a las elecciones de febrero, una situación económica mucho más favorable que la real es el boletín conjunto del Ministerio Coordinador de la Política Económica y el Ministerio del Trabajo sobre la evolución del mercado laboral. En su primer párrafo, el boletín señala: “De acuerdo a la información del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), respecto al número de afiliaciones y a las plazas de empleo registradas al mes de agosto de 2016, se observa que la economía ecuatoriana empieza a mostrar signos de recuperación en los principales indicadores laborales, los cuales van de la mano con los resultados de crecimiento económico, depósitos, crédito, entre otras variables. Según los registros administrativos del IESS, el número de afiliaciones aumentó en 6.039 hasta el mes de agosto de 2016, con respecto a julio del mismo año, constituyéndose en el mayor incremento de afiliaciones desde junio de 2015, lo que evidencia el cambio de tendencia que experimenta el mercado laboral.”

Ese párrafo amerita algunos comentarios. El primero es que el supuesto incremento en el número de afiliaciones al IESS equivale apenas al 0,1% de la población económicamente activa a nivel urbano (el comunicado señala que no se incluye al seguro campesino), número absolutamente insuficiente para hablar de una recuperación. El segundo –y más importante– es que, según las últimas cifras del INEC, entre junio y septiembre de este año el número de personas con un empleo adecuado (que trabajan la jornada legal y tienen ingresos no menores al salario mínimo) cayó en 75.000 a nivel urbano y en 60.000 a nivel nacional, por lo que el leve aumento de las afiliaciones entre julio y agosto no significa una verdadera recuperación del mercado laboral en el tercer trimestre.

Después de algunas declaraciones optimistas de los ministros del Trabajo y de la Política Económica, el boletín continúa: “Por otro lado, de acuerdo a la Encuesta Nacional de Empleo, Subempleo y Desempleo de septiembre 2016 publicada por el INEC, la tasa de desempleo nacional se ubica en 5,20%, tasa que se mantiene estable desde el trimestre anterior. En septiembre 2016, la tasa de empleo adecuado es 39,2%. Las encuestas del INEC también reflejan un cambio de tendencia, pues el empleo adecuado está estabilizándose”.

La tasa de desempleo a nivel nacional, en efecto, se mantiene estable frente al segundo trimestre. Sin embargo, si se la compara con la del tercer trimestre del año pasado se registra un incremento de casi un punto porcentual (de 4,3% a 5,2%). Pero más preocupante aún, la tasa de empleo adecuado de 39,2% que el boletín menciona casi a la pasada es 6,8 puntos menor que en septiembre de 2015 y es, además, la más baja desde que los datos del mercado laboral se calculan con la metodología actual (año 2007). Es decir, desde que se tienen datos comparables, nunca antes el porcentaje de ecuatorianos que tienen un empleo adecuado había sido tan bajo. En valores absolutos, entre septiembre de 2015 y el mismo mes de este año, siempre según datos oficiales, se perdieron 340.000 empleos adecuados (y, como se mencionó previamente, sólo en el último trimestre se perdieron 60.000). Al parecer, en el Gobierno manejan un concepto de “estabilidad” distinto al que conocemos el resto de ciudadanos.

Finalmente, el boletín señala que entre marzo y septiembre de este año el sector de la construcción generó 36.000 puestos de empleo adecuado. Esa cifra no coincide con la opinión de los empresarios del sector encuestados por el Banco Central, según quienes en abril, mayo, junio, julio y agosto (último dato disponible) la demanda laboral en la construcción, que viene cayendo desde el año pasado, continuó reduciéndose.

Para rebatir las declaraciones oficiales según las cuales la economía se está recuperando, se podría añadir que, siempre según el INEC, el empleo informal aumentó sensiblemente desde mediados de 2015, o que las personas que buscan trabajo lo llevan haciendo por períodos mucho más largos que en años anteriores, o que la mayoría de los nuevos desempleados son personas que tenían un trabajo y lo perdieron. Pero no tiene sentido: el Gobierno seguirá insistiendo en su falaz discurso de campaña y, sobre todo, las personas que no tienen trabajo sabrán, sin necesidad de conocer la verdad detrás de las cifras, si la situación está mejorando o no.

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