Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

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Juan Pablo Pozo

145 mil dólares pagó el CNE para sondear obviedades

en La Info por

Una institución pública que es incapaz de construir confianza y legitimidad institucional tiene que pagar, tarde o temprano, mucho dinero para tratar de construirla a través de campañas de comunicación o publicidad.

Esto es lo que le ocurrió al Consejo Nacional Electoral presidido por Juan Pablo Pozo: pagó un total de 145 mil dólares (127 mil 900 dólares más IVA) para hacer una serie de sondeos de opinión pública que pretenden establecer cuánta confianza tiene la gente en su trabajo. Algo que no hubiera sido necesario si hubiera sido una institución que, por su conformación de origen y conducta, hubiera construido credibilidad en la sociedad.

En enero del 2017 el CNE decidió contratar a la empresa Perfiles de Opinión, representada por Paulina Recalde, para que haga una serie de encuestas que rayan en lo absurdo porque lo que se pretende saber son cosas de sentido común. Tan sentido común como ¿qué se espera del trabajo de una autoridad electoral? Como si no fuera obvio y lógico que cualquier sociedad que vive en un sistema democrático no esperara otra cosa de una autoridad electoral que transparencia e imparcialidad: dos cosas que son imposibles que la gente sienta frente a un CNE por el simple hecho de que sus cinco miembros pertenecen al mismo partido de gobierno y jamás dieron muestra de imparcialidad frente al proceso electoral.

Propuesta técnica hecha por Perfiles de Opinión PDF

El contrato con Perfiles de Opinión, empresa que ha tenido relaciones incestuosas durante años con el  correísmo, fue firmado a partir de una resolución tomada por el CNE el 25 de enero del 2017. Ahí se dijo que era necesario contratar  “sondeos de opinión a fin de generar estrategias comunicaciones y las acciones a tomar de acuerdo a los planes operativos del Consejo Nacional Electoral”.  Es decir, eufemismos burocráticos aparte, para generar confianza que institucionalmente el CNE no estaba en capacidad de ofrecer.

Perfiles

La decisión se respaldó en un estudio hecho por la Dirección Nacional de Comunicacional Institucional del CNE en el que, en seis páginas de jerigonza burocráticas que parece salida de la Unión Soviética, se determina que la institución necesita “indicadores de seguimiento de opinión pública para generar insumos de cumplimiento de metas del plan estratégico”. En ese mismo plan se establece que “el seguimiento de la opinión pública deberá medir el porcentaje de credibilidad institucional del CNE, porcentaje de percepción ciudadana de transparencia de los procesos electorales, nivel de satisfacción de los ciudadanos y ciudadanas con respecto a los servicios del CNE, nivel de uso de servicios en línea por parte de la ciudadana, porcentajes de posicionamiento institucional del CNE, entre otros”.

En otras palabras, los 147 mil dólares que el CNE se ha comprometido en desembolsar a Perfiles de Opinión tienen como objetivo trazar una política de propaganda y persuasión para convencer a la gente de que se hace un trabajo honesto, transparente e imparcial.

En lenguaje de burocratismo soviético se dice, en el estudio de Dirección Nacional de Comunicacional Institucional del CNE, que “con esta contratación se espera alcanzar una muestra representativa de la ciudadana considerando las áreas geográficas (Quito, Guayaquil, Cuenca, Manta, Puyo, Resto Sierra, Resto Cosa, Resto Amazonía) con el propósito de realizar un balance institucional desde el ámbito comunicacional, y de esta manera contar con los insumos cuantitativos y cualitativos para que la Coordinación General de Comunicación y las Direcciones Nacionales que la conforman, generen las estrategias y acciones comunicaciones para mejorar la difusión de los mensajes externos, acogiendo la opinión ciudadana”.

Perfiles 2

La contratación de Perfiles de Opinión, además, fue hecha de forma directa y sin concurso. A dedo. “Se invita a Perfopis Perfiles de Opinión” a que presente su oferta técnica y económica para la “contratación de sondeos de opinión a fin de generar estrategias comunicacionales y las acciones a tomar de acuerdo a los plantes operativos del Consejo Nacional Electoral”.

El desembolso de los casi 128 mil dólares es apenas una pequeña evidencia del costo que significa al país tener instituciones que, por su falta de legitimidad democrática, no son capaces de generar confianza ni credibilidad.  Por eso, necesitan de estudios y campañas publicitarias para tratar de vender a la gente la idea de que son instituciones creíbles e imparciales.

El costo, sin embargo, no solo es económico. Una sociedad que no se siente segura de la conducta de sus instituciones es una sociedad que en cualquier momento puede dar rienda suelta a su desaprobación y molestia.  Juan Pablo Pozo y los otros cuatro miembros del CNE no dieron muestras de imparcialidad cuando permitieron que la candidatura de Gobierno tenga las más grandes y groseras ventajas durante la campaña, como el libre uso de los bienes del Estado o la presencia casi exclusiva y permanente en los medios de comunicación administradas por el Gobierno. Son casi 128 mil dólares que se destinaron a un objetivo que, en una democracia normal, no hubiera sido necesario desembolsar. Si quieren celeste, que les cueste.

El CNE elige con TRAMPA-rencia

en Columnistas/La Info/Las Ideas por

A propósito de las elecciones del pasado 2 de abril, uno de los mensajes que en redes sociales más me llamó la atención fue “CNE ELIGE CON TRAMPArencia”. La frase recoge con genialidad el sentimiento de fraude que agobia a la mayoría de ecuatorianos y ecuatorianas, dejando sentado en ese lema que el tramposo es el CNE.

El caso es que –a estas alturas– ya no importa lo que el CNE haga o diga. Puede haber abierto urnas, recontar votos, publicar declaraciones (mutiladas y descontextualizadas) de delegados de la Alianza CREO-SUMA afirmando que el proceso estuvo bien, lograr apoyos de observadores internacionales, hacer campañas de imagen, o, lo que fuere, que el Ecuador no les cree y está convencido de que los cinco del CNE hicieron trampa a favor del oficialismo. Se lo han ganado con sus actos a lo largo de todo el proceso.

Por ejemplo, el CNE hizo, en primera y en segunda vuelta, todos los esfuerzos para impedir que las organizaciones políticas tuvieran acceso material a las Actas de Escrutinio levantadas por las juntas receptoras del voto. Empezó negándose a expedir los tres ejemplares que la Ley manda y dispuso imprimir solamente dos. Coincidentemente, el que nunca existió, fue aquel que debía ser publicado en el lugar donde funcionó la junta receptora del voto y que daba lugar a ser fotografiado para mayor control.

Las Audiencias Públicas de Escrutinio en cada una de las provincias era otro momento en que las organizaciones políticas podían tener acceso al Acta, por mandato del Código de la Democracia. En ellas debían revisarse acta por acta con presencia de los delegados partidarios. El CNE diseñó audiencias orientadas a impedir la actuación de éstas: todo lo contrario al Derecho Electoral. En Pichincha por ejemplo, ese 2 de abril, se instalaron en Audiencia a las 21h00. La suspendieron por falta de Actas y la reinstalaron a las 01h00 del lunes 3. Procesaron 7073 Actas en cuatro horas y media y la clausuraron a las 05h30 de ese mismo día. Es decir, en promedio tuvieron 2 segundos y medio para examinar cada Acta y sin descanso.
Mientras para el CNE era imperativo volar, para los partidos era necesario ir despacio. Ellos tuvieron solo un terminal para revisar las actas en versión digital –nunca las físicas– de tal manera que ni siquiera alcanzaban a ubicar un acta, cuando la Junta ya determinaba que estaba aprobada y pasaba a otra: indefensión total.

De esa manera, desde que las Actas de Escrutinio salieron de las juntas receptoras del voto, los partidos nunca más pudieron volver a palparlas físicamente. Todo era virtual y tenían la “obligación” de presumir que las imágenes correspondían a las verdaderas; presunción un tanto difícil con el CNE de Pozo y AP.

Esa misma velocidad aplicó Pozo para dar “resultados oficiales”, sin tenerlos. Para ello violó la Constitución y las leyes electorales. Su apuro era dejar sentado que Lenín Moreno era el presidente electo. Así el 2 de abril, dio “resultados oficiales” tomando los datos del escaneo (provisionales), antes de que se instalen las Audiencias Públicas de Escrutinio en las provincias, y antes de las reclamaciones y recursos a que había lugar. Lo hizo al proclamar a Lenín Moreno Presidente electo, el 4 de abril, en cadena nacional, cuando insólitamente dijo que con el 99,65% del procesamiento, Moreno tenía más votación y por tanto felicitó al pueblo ecuatoriano por haber “… elegido legal y legítimamente a su presidente y vicepresidente”. Esto antes de que concluya el conteo, antes de que se instale la Audiencia Nacional de Escrutinio y antes de que se interpongan los recursos.

El nivel de arbitrariedad y desvergüenza del CNE descritas en los hechos anteriores, es posible solamente en la unanimidad que Alianza País persigue en los organismos colegiados. Controlados y sumisos/as todos/as, no hay una sola voz que acate la ley y ponga límites al poder abusivo.

Este año tienen que renovarse nueve miembros del Consejo Nacional Electoral, cuatro principales y cinco suplentes. ¿Vamos a permitir que se lo vuelvan a tomar?

Solanda Goyes es abogada y activista social 

Pozo cuenta votos frente a su espejo

en La Info por

El Consejo Nacional Electoral (CNE) se mira y actúa ante un espejo. Eso hizo ayer en el Coliseo Ruminahui donde sus funcionarios contaron votos ante ellos mismos… y los delegados oficialistas. Juan Pablo Pozo, vanidoso y servil juez del correísmo, nunca se planteó realmente su responsabilidad de entregar al país un presidente que gozara de plena legitimidad.  Le basta con que Correa le aplauda y Alianza País le agradezca. Por eso declaró irreversible el resultado cuando el conteo de votos había alcanzado 94%. Por eso legitimó a Lenín Moreno sin tener en cuenta que el proceso electoral, del cual él es supuestamente el máximo garante, por ser el presidente del CNE, incluye la posibilidad de impugnar por parte de los contendores.

Fausto Camacho y Solanda Goyes, entre otros, han mostrado sistemáticamente, en sus cuentas sociales, el volumen de irregularidades que cometió el CNE desde bien antes de que comience este proceso electoral. Ha habido foros sobre el fraude. Ana Mercedes Díaz también lo denunció. Es abrumador ver hasta qué punto Pozo y los miembros de su consejo adecuaron todos los mecanismos para ser funcionales a la voluntad del partido que los puso en esos cargos. Es impresionante ver cómo se condujo con los observadores internacionales. Sacó del escenario a la Unión Europea pues la invitó en la modalidad conducida cuando sabe que no envía misiones de observación en ese modo. Los europeos sí analizan concienzudamente los factores de la elección y no como los de Unasur que nada ven o los de la OEA que hacen turismo diplomático. Pozo hizo, además, un programa costosísimo con muchos de esos observadores en la Mitad del Mundo: video mapping, carpas, luces, estaciones de comida y bebida, música… Un espectáculo privado y familiar que muestra la independencia que tienen ciertas misiones de observación con respecto al organismo que vienen a observar…

Que haya habido apagón informático, que la tendencia y los resultados hayan cambiado cuando volvió el sistema, que haya habido un conteo rápido chimbo y mentiroso, que Pozo haya violado principios básicos de la ley para anunciar los resultados, que haya prevaricado, que se haya instalado en un hotel quiteño con técnicos suyos y salas privadas donde solo él y un puñado podían entrar, que haya entregado la comunicación de la segunda vuelta al gobierno, que el CNE haya contrato ex funcionarios de esa institución para hablar bien del CNE y negar el fraude… muestra que este organismo correísta no se preocupa en lo más mínimo por cumplir la ley.

Pozo es un tan todopoderoso como obsecuente en el CNE. Fanático de los actos sociales, ama ser maestro de ceremonias en mesas bien servidas, con mantel largo y, todas las veces que puede, sobrepoblación de cámaras. Habitado por una ambición desmesurada, tiene los ojos más grandes que el estómago: es un vanidoso impenitente. Un ser convencido de que tiene un futuro político radioso que encarará tras un tiempo pasado en el exterior, en algún organismo internacional. Para eso ha trabajado su imagen con una obstinación que conjuga impecablemente con el verbo parecer. Por algo se hizo amigo de algunos de los gurúes del mercadeo político que vinieron a Quito, el año pasado, a la Cumbre Mundial de Comunicación Política.

Con Pozo el correísmo juntó el hambre con las ganas de comer. Por razones parecidas, aparentan ser transparentes y cumplir con la ley. En ese contexto, se explica el reconteo de 3 865 paquetes de votos en el Coliseo Ruminahui. Podían ser más o menos, nada de esto se hizo con el acuerdo de la oposición. A Pozo no le interesa que el presidente que salga de la elección del 2 de abril sea realmente legítimo. Su interlocutor no es Guillermo Lasso y medio país de electores que votó por él: Pozo actúa ante él mismo y ante su patrón, Rafael Correa. Prisionero del croquis de narciso irremediable que se fabricó, Pozo es funcional a un gobierno que no dialoga con la realidad: monta ficciones para autojustificarse. Por eso es capaz de movilizar cien militares, 700 funcionarios alrededor de 250 mesas en un rito que solo sirve para que Correa crea –y diga a sus fanáticos– que ya hubo reconteo de votos. Y que si CREO no estuvo, pues eso prueba que ellos tenían la razón.

El hecho cierto es que ayer Pozo no resolvió ningún problema: Lasso y sus electores siguen creyendo que la elección fue fraudulenta. Moreno sigue padeciendo de ilegitimidad. Pozo se mira en un espejo. Y Correa gira en el círculo vicioso de siempre.

Tres pescadores hunden aún más a Juan Pablo Pozo

en La Info por

Durante diez años el correísmo se ha especializado en recurrir a la propaganda como fuente de legitimidad. Para los publicistas y las agencias de publicidad, que a más de forjar inmensas fortunas han manejado el Estado durante los últimos 10 años, la legitimidad democrática no se la construye sobre la base de instituciones independientes sino a través de imágenes y mensajes emotivos. 

Esta lógica ha sido puesta ahora al servicio del presidente del Consejo Nacional Electoral, Juan Pablo Pozo. Para sacarlo del bache de credibilidad en el que se halla sumergido, el CNE, donde nada se hace sin la aprobación del mismo Pozo, ha puesto en circulación un video en el que tres humildes pescadores de la provincia de El Oro aparecen santificando a Pozo y su trabajo al frente del CNE. Los tres pescadores, que no tuvieron nada que ver con la transparencia del escrutinio, salen en lancha dando fe de que el trabajo en el escrutinio fue transparente y confiable. ¡Cómo saben estos humildes pescadores de procesos electorales!

El primer pescador en aparecer en el video se llama Julio Yorela y es presidente de la Caleta Pesquera de Bajo Alto. “Juan Pablo Pozo ha demostrado delante de nosotros una gran legalidad”, dice en tono solemne mientras la lancha avanza y los otros dos personajes están a sus espaldas. “Hemos sido testigos de la transparencia y la participación de las organizaciones políticas  del proceso electoral de la primera y segunda vuelta de las elecciones generales 2017″, dice luego Fulton Jaén, presidente de la Comuna Bajo Alto. Por último aparece Fabricio Carriel, presidente de la Red de Pescadores de El Oro. “Doctor Juan Pablo Pozo siga adelante con ese liderazgo, que usted acaba de inscribir un hito en la historia de la democracia de la República del Ecuador”.

Los tres protagonistas del video recitan unas líneas que, evidentemente, memorizaron o alguien les hizo leer mientras eran filmados en la lancha. Los tres lo hacen de forma solemne y casi mecánica, como si estuvieran dando un discurso de incorporación a una academia de la lengua o algo por estilo. Todos intervienen en una forma en que cualquier vestigio de naturalidad o espontaneidad queda anulada.

El video, que lleva el sello del Consejo Nacional Electoral, es la invención de alguna agencia de relaciones públicas o de algún asesor de imagen para rescatar del abismo de credibilidad en el que está Juan Pablo Pozo. Quienes lo produjeron e idearon, lo hacen con la misma mentalidad con la que durante todos estos años se ha mantenido inflada la imagen de decenas de funcionarios y organismos estatales. Se escogió a tres hombres humildes, y no de clase media, porque en el relato correísta solo los pobres pueden legitimar la política.

Uno de ellos lleva un smartphone en la mano que cumple la doble tarea de aparentar ser la cámara que filma la escena y ser una suerte de símbolo del progreso y superación de la #décadaganada. El recurso raya en lo ridículo. ¿Cómo le demostró Pozo a Julio Yoreda la legalidad con la que actuó “delante de nosotros” como dice? ¿De qué transparencia y participación de las organizaciones políticas del proceso electoral habla Fulton Jaén? 

Es inverosímil que a alguien se le haya ocurrido que tres pescadores puedan aparecer ante la opinión pública como autoridades de un tema en el que hay poquísimos expertos en el Ecuador.   Quien tuvo esa idea, definitivamente, le hizo flaco favor a Pozo.  El video es ostensiblemente postizo, falso y muy poco convincente. La gente se da cuenta fácilmente que tres pescadores no tienen por qué entender cómo funciona un proceso tan complicado como el electoral y que lo que ellos dicen sobre ese tema no es convincente.  Se trata, sin duda, de un recurso fallido para sacar a Pozo del bache. Por el contrario, lo vuelve a hundir y más profundo.

Pozo también puso de su parte en este fallido operativo de rescate. Como el video fue puesto en redes por el CNE de la provincia de El Oro, Juan Pablo Pozo escribió en su cuenta de Twitter un mensaje pretendiendo aparecer como si él no hubiera sabido nada del tema. “Gracias queridos amigos, por sus mensajes de apoyo y afecto”, dijo Pozo en Twitter en tono de político en campaña.

El video no solo hace quedar mal a Pozo por ser postizo y forzado. También confirma que quienes idearon el sistema político vigente en el Ecuador, donde la independencia de poderes es una ficción, son víctimas de su propio invento. Hoy nadie cree en el CNE y su Presidente. Mañana nadie creerá en la Fiscalía en el Fiscal. Y así.

El CNE no la invitó, porque la Unión Europea no se hubiera tragado el cuento

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Cuando alguien invita formalmente y por escrito a un diabético a un concurso para ver quién come más algodón de azúcar es porque sabe que no va a aceptar. Quizá para lo único que pueda servir la invitación es para que conste en alguna parte. Esto es lo que hizo el Consejo Nacional Electoral con la misión de observación electoral de la Unión Europea: la invitó para venga a hacer algo que no hace. Es decir, la invitó porque sabía que no iba a aceptar las condiciones del CNE.

La confirmación de este oscuro antecedente del reciente proceso electoral lo hizo el CNE de una forma muy graciosa. En un intento por refutar a los periodistas que han dicho que el CNE no permitió que vengan los europeos, ese organismo envió a este pelagato, vía Twitter, la carta en la que se ve que esa misión no aceptó dicha invitación. Pero, ¡oh sorpresa!, en la carta en que la UE no acepta venir a observar la segunda vuelta electoral y que el CNE exhibe como prueba irrefutable de su buen comportamiento, los europeos dicen que no aceptaron venir porque se les invitaba a hacer una observación en “modalidad conducida”. Se prueba que la invitación estaba pensada para que no sea aceptada por un simple motivo: la doctrina y los principios de esa misión les impide hacer trabajos que no sean absolutamente independientes.

Hacer clic aquí para leer la carta de la UE

“En respuesta a su solicitud, le informamos que la Unión Europea no participa en misiones de observación electoral en modalidad conducida por lo que no participará como observadora en la segunda vuelta electoral en Ecuador”,  responde Vincent Ringenberg, representante de la delegación de la UE, al presidente del CNE. Como se ve en la carta, Juan Pablo Pozo envió la invitación el 6 de marzo del 2017. Eso prueba otras dos cosas adicionales: la “invitación” concernía la segunda vuelta y fue hecha faltando apenas días. Un problema insuperable para una misión que, por el tamaño de su operación, necesita mucho más tiempo para sus preparativos.

El documento que el CNE mostró como una prueba de que sí había invitado a la UE se convirtió en un auténtico bumerán en su propia cuenta de Twitter. “En modalidad conducida’, quiere decir manipulada por el partido de gobierno o sea ustedes”, fue lo que posteó la primera persona al tuit del CNE. “Quisieron imponer a la Unión Europa una modalidad conducida a su misión observadora, y encima publican la carta de rechazo???? Jajajaja”, escribía otra usuaria mientras otro decía que “es q hasta para tapar sus errores son bestias. Ahora ya todos entendemos xq no vino la UE como sí sucedió en Perú”.

Los usuarios de tuiter no son tontos. Muchos entendieron que la invitación de Pozo era una mañosería para que el equipo europeo no venga al Ecuador. Y tienen razón. Según el manual de la misión europea, que es público, se menciona entre las condiciones para hacer una misión que “se garantice a los observadores de la UE un acceso sin impedimentos a todas las fases del proceso electoral y se les proporcione oportunamente libre acceso a la información electoral”. Es evidente que el CNE y el Gobierno, del cual depende, no quisieron que la misión europea venga. El presidente Rafael Correa lo dijo expresamente apelando a supuestos principios de reciprocidad: si los europeos no nos dejan observar sus elecciones entonces no podemos admitirles en el Ecuador.

Si la invitación hubiera sido en modalidad independiente, lo que claramente se incluye en el Código de la Democracia, la misión europea seguramente hubiera hecho observaciones que hubieran comprometido la versión oficial de transparencia que dizque ha mantenido el CNE. Basta echar un vistazo al manual que tiene esa misión para entender las razones por las cuales Juan Pablo Pozo hizo lo debido para impedir que viniera. Para comenzar, en sus observaciones finales hubiera dicho que la autoridad electoral ecuatoriana no es independiente y que no garantiza credibilidad. En el manual se establece que hay una serie de preguntas que los observadores deben tener en mente antes de redactar las observaciones: “¿Está la independencia de la autoridad electoral y de sus miembros suficientemente garantizada por ley y en la práctica? En el caso de una autoridad electoral independiente y no partidaria: ¿Refleja la composición de la autoridad electoral un equilibrio de intereses no partidarios? ¿Existe confianza pública en la capacidad de la autoridad electoral para actuar de manera no partidaria e independiente?”.

Resulta bastante fácil imaginar qué hubiera dicho esa misión en su informe final tomando en cuenta que los cinco miembros del CNE son notoriamente partidarios del partido de Gobierno y que su presidente, Juan Pablo Pozo, ha hecho público su empatía con el presidente Rafael Correa. Incluso se ha vanagloriado de su amistad poniendo fotos en las que se le ve a él y su familia posando junto al Presidente en redes sociales.

La misión europea hubiera examinado el manejo de los medios de comunicación estatales. La UE dice en su manual que sus enviados deben observar qué “tanto los medios de comunicación del Estado como los financiados con fondos públicos tienen la responsabilidad de ser equitativos e imparciales durante el período de la campaña electoral”. ¿Qué hubieran dicho sobre el manejo abiertamente proselitista a favor de Moreno de El Telégrafo y de los canales incautados? ¿Qué hubieran dicho sobre el contenido publicado en la agencia Andes o en El Ciudadano? Es bastante obvio que las conclusiones a las que hubieran llegado la misión europea iban a ser, por decir lo menos, vergonzosas para las autoridades ecuatorianas. En el 2008, cuando el correísmo aún no había consolidado su monopolio mediático, vino esa misión para observar el referéndum para aprobar la Constitución de Montecristi. Ahí dijo sobre El Telégrafo: “rompió el principio de cobertura imparcial proporcionando la mayor parte de su espacio a la opción en pro del ‘Sí’ (o contra el ‘No’) tanto en su sección informativa como en sus páginas de opinión”.

Otro tema de observación hubiera sido el padrón electoral. La misión siempre examina si el padrón electoral, ya sea físico o digital, está bien hecho, si no existen problemas con los empadronas en el exterior o si no hay exceso de empadronados que no votan. El manual es muy claro en este tema y dice que la misión “debe reunirse con partidos políticos, organizaciones de la sociedad civil y otras partes interesadas para analizar si tienen alguna preocupación con respecto al proceso de inscripción de votantes y para determinar si hay confianza pública en la exactitud y el carácter incluyente del censo electoral”. En la campaña se habló de decenas de miles de muertos y extranjeros no inscritos que estaban acreditados para votar.

El gobierno hubiera quedado muy mal parado en el tema del abuso del Estado, ya sea de sus bienes o de sus funcionarios, durante la campaña. El manual dice al respecto: “Los candidato en el poder no deben aprovecharse de sus cargos para hacer campaña. Los funcionarios del Estado deben participar en actividades de campaña solamente a título personal, durante su tiempo libre, fuera de horas de trabajo y no deben vestir uniforme o usar vehículos oficiales”. ¿Se imaginan a estos observadores frente al caso de Rafael Correa haciendo campaña incluso con su caravana de carros de la Presidencia o presenciando cómo cientos de carros sin placa del Estado participaron en los actos proselitistas de Lenín Moreno? ?Se imaginan esa delegación examinando la contratación oscura del conteo rápido del CNE a la Empresa Pública de la Escuela Politécnica Nacional, que fue presentada como si hubiera sido hecha por la Politécnica Nacional?

Si hubiera venido la misión europea hubiera prestado oídos a Ana Mercedes Díaz, la ex directora del CNE de Venezuela que trató de denunciar problemas con el software que usó el CNE. Ella terminó refugiándose en la Embajada de los EEUU porque, según ella, la iban a detener. La misión europea hubiera examinado dicho software y si no se lo permitían hubiera señalado aquello en su informe.

Sin duda, la misión hubiera dicho algo sobre el tema de la tercera copia de las actas que no se extendieron aunque la ley lo exige, como sostuvo el experto Fausto Camacho. Además, hubiera incluido en sus observaciones que el presidente del CNE no estaba facultado legalmente a proclamar resultados sin audiencia pública, como en efecto lo hizo. Una misión observadora con esos parámetros y esa forma de trabajar era imposible en el esquema de elecciones que se trazó el CNE y el gobierno del cual depende. Resulta muy comprensible que la única modalidad de observación que admita es la de acompañamiento. El gobierno tiene la iniciativa, las delegaciones hacen turismo, no observan nada y si algo tienen que anotar lo hacen discretamente y en sobre cerrado.

El operativo, por demás engañoso, para que no venga la misión europea y para aceptar otras pero bajo la modalidad de acompañamiento es un elemento más que impide que la autoridad electoral y el gobierno hayan construido credibilidad y legitimidad. Al Ecuador vinieron misiones de observación que únicamente acompañaron a la autoridad electoral. Las misiones de Unasur, de la Organización de Estados Americanos (OEA), de la Unión Interamericana de Organismos Electorales (Uniore) y de la Asociación Mundial de Organismos Electorales (AWEB). Ninguna de ellas revisaba de forma íntegra el proceso. Peor aún, algunas de estas, sobre todo la de Unasur, no garantiza ninguna imparcialidad pues se trata de una organización que ha sido manejada por los gobiernos de la región cercanos al correísmo. A tal punto es evidente el sesgo de la misión de Unasur que, durante el simulacro del 19 de marzo, el presidente del CNE respondió ásperamente a los cuestionamientos del delegado de CREO y sus observadores aplaudieron con visible entusiasmo.

En un proceso electoral concebido en total opacidad no cabía una misión independiente. La invitación hecha por parte del presidente del CNE, Juan Pablo Pozo, además de haber sido enviada a última hora, fue tramposa. Pero se agradece su gesto de enviar esa carta a este pelagato. Es lo más transparente que ha hecho ese organismo.

La resurrección de entre los muertos

en Caricaturas/El Humor/La Info por

Exit poll amañado, conteo rápido farsante, El CNE y su presidente vendidos… Con estos milagros y el quinto poder a sus órdenes, el correísmo acaba de inventar, ante la mirada alelada de Chamorro, el sexto poder: la resurrección de los muertos (políticos): Lenín Moreno es el primer beneficiario (de talla presidencial)…

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Juan Pablo Pozo, ¿dijo usted irreversible?

en Caricaturas/El Humor/La Info por

Juan Pablo Pozo es el Presidente del Consejo Nacional Electoral. El juez de la elección. Y como Juez vive alabando a Rafael Correa (y se entiende: él lo puso en el cargo por recomendación de Fernando Cordero). A la vez que proclama a Lenín Moreno (prevaricando), dice que su resultado (que está impugnado) es irreversible (volviendo a prevaricar). Pues parece -dice Chamorro en esta caricatura- que ha logrado volver irreversibles  otras cosas en el país. Basta ver lo que sucede en las calles del país en este momento.

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El correísmo ahora sí galopa hacia su ocaso

en La Info por

Cedatos atacado, allanadas sus oficinas, perseguidos sus responsables. ¿Por qué Rafael Correa también ataca, en forma despiadada, y amenaza abiertamente a la organización Participación Ciudadana? ¿Por qué la acusa de hacer parte de un montaje de la derecha cuando el juez de la contienda, Juan Pablo Pozo, es suyo, el sistema informático es suyo, el sistema de propaganda es suyo y solo lo suyo es oficial?

¿Por qué miente diciendo que el conteo rápido de Participación Ciudadana no daba para declarar un empate técnico cuando esa medición tiene un margen de error de 1% para arriba y para abajo? ¿Por qué dice que Participación Ciudadana no dio a conocer sus datos cuando él sabe que los entregó al CNE? ¿Por qué lo hace cuando sabe que responsables de AP hicieron circular un supuesto 51% de Participación Ciudadana a favor de Moreno (lo saben José Serrano y Omar Simon) antes de que esa organización firme el acta de  entrega al CNE?

La respuesta es sencilla: Correa amenaza, Correa miente, porque lo que esperaba era que Cedatos y Participación Ciudadana legitimaran el triunfo de Lenín Moreno. Y como no lo hicieron, porque sus datos no les daban, pues ahora los denigra, los acusa sin pruebas y para forjarlas manda a las fuerzas del orden a allanar las oficinas de Polibio Cordova. Es escalofriante leer en la orden de la Fiscalía que interviene manu militari por “la presunta información falsa emitida”.

Obviamente, esas organizaciones tienen obligaciones legales. Pero en un Estado de derecho, hay vías legales y mecanismos jurídicos para que las autoridades pidan pruebas y descargos. Correa y su gobierno (con el concurso cómplice y silencioso de Lenín Moreno) han decidido pasar a las vías de hecho. Ahora allanan a la fuerza, como en Venezuela. Usan encapuchados, como en Venezuela. Detienen a manifestantes en moto, como en Venezuela. Importan extranjeros para dirigir la represión, como en Venezuela. Aplican la fuerza a las organizaciones que no legitiman su voluntad. O su intento, cada vez más plausible por las evidencias que ellos mismos crean, de fraude. Como en Venezuela.

Es inaudito que el propio Presidente aúpe estas acciones desde su cuenta de Twitter. Que acuse sin pruebas. Que interprete resultados a su acomodo. Que haga linchamiento mediático. Que cree un clima de violencia contra organizaciones y personas solamente porque sus deseos no coinciden con los resultados de un exit poll y de un conteo rápido.

La lógica con la que procede el gobierno es condenable y es insostenible. ¿Pretende zanjar las diferencias numéricas que hay con los datos de su CNE, allanando y persiguiendo? Si eso fuera razonable y legal, la oposición podría pedir que hagan lo mismo la encuestadora oficial (Perfiles de Opinión) y con la empresa de la Politécnica Nacional porque sus datos no coinciden con los deseos de Guillermo Lasso.

En el país es obvio que hay un problema alrededor de las cifras de la segunda vuelta. Pero el gobierno ha decidido zanjarlas sin respetar siquiera sus propios protocolos institucionales. Correa, Omar Simon, Rossana Alvarado, el aparato de propaganda y hasta el propio Presidente del Consejo Nacional Electoral están desesperados por legitimar a Lenín Moreno. Se han dedicado a crear un estado de opinión denostando y deslegitimando a Cedatos y a Participación Ciudadana cuyas cifras no son de su gusto. Ahora pasan a la fuerza, usando el fiscal que estuvo elegido meses antes de empezar el concurso. Un asesor de Correa. Les sirve, como les sirve Juan Pablo Pozo.

Imponer por la fuerza a Moreno es el peor suicidio político que el correísmo pudo imaginar: así solo echa leña al fuego que corre por las calles del país. Ratifica todas las peores sospechas de que Moreno está reclamando el título de presidente porque no lo obtuvo limpiamente en las urnas. Acaba con su propia farsa institucional pues el juez de este dilema, Juan Pablo Pozo, en vez de liderar el procesamiento de las impugnaciones de CREO, se reúne con el cuerpo diplomático para prevaricar. Para declarar cosa juzgada un tema que está en disputa.

El correísmo ya no trota, galopa hacia su ocaso.

Correa y Pozo: el uno ve hackers y el otro robots

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Rafael Correa y Donald Trump tienen muchas cosas en común. Una de ellas es su ignorancia supina sobre lo que es un tema de estado y sobre lo que el estado representa. Por eso lanzan al aire afirmaciones que lo comprometen. Generalmente lo hacen por dar rienda suelta a sus intereses políticos o para calmar sus ataques de vanidad. Además, porque no tienen mayor idea de lo que su cargo representa.

Esto lo demostró Trump hace poco, por ejemplo, cuando dijo que el ex presidente Barak Obama había pinchado su teléfono para espiarlo. Como evidentemente estaba mintiendo no pudo presentar pruebas y sus propios funcionarios lo hicieron quedar como mentiroso cuando dijeron que no había ninguna evidencia de lo que había dicho. Correa ha actuado ahora de forma muy parecida a Trump: ha dicho que unos hackers de los EEUU atacaron la página web del Consejo Nacional Electoral durante las elecciones del 2 de abril.

Lo insólito es que Correa ha hecho una afirmación, a través de sus redes sociales, con la misma seriedad o trascendencia que tendría cualquier persona que postea detalles de una fiesta de cumpleaños o el fin de un noviazgo de verano, es decir con una frivolidad digna de adolescente novelero.

En su declaración, Correa quería desestimar la denuncia hecha por el candidato opositor Guillermo Lasso, según la cual una de las evidencias del fraude fue la caída de la página del CNE en la que se puede ver el desarrollo de los resultados durante algunos minutos. En esos minutos, ha dicho Lasso, los resultados cambiaron misteriosamente y se colocaron, de golpe, a favor de Lenin Moreno. “Pediremos auditoría sobre la ‘caída’ del sistema a las 6:45 P.M del 2 de abril. Se demostrará que no hubo ninguna ‘caída’. Que el sistema de escrutinio continuó con la presencia de los delegados internacionales y de los partidos. Para ello, también pediremos la confesión judicial de los delegados de CREO”, dijo Correa y más adelante agregó que “lo que hubo es la caída durante 18 minutos de la PÁGINA WEB del CNE – no del SISTEMA -, por ataques de hackers desde EEUU, ataques que también sufrieron las web del ECU911 y de Alianza País, fruto de lo que cada vez más claramente es un plan de la derecha para generar caos y no aceptar su contundente derrota”.

Es evidente que Correa escribió esto a la ligera y sin meditar en absoluto sobre la importancia y gravedad de lo que estaba diciendo. Primero se contradice: habla de la caída poniendo en tela de duda que aquello haya ocurrido al entrecomillar la palabra. Luego, en el segundo párrafo habla de la caída como algo cierto. ¿Entonces hubo o no caída?

Pero lo más importante es la acusación que hace. Según Correa fueron hackers desde EEUU los que atacaron la página. El Presidente evidentemente no entiende la gravedad de lo que dice porque no es consciente de la importancia de los temas de Estado de los que habla. Mencionar la posibilidad de que el sistema electoral ecuatoriano o la página donde se informa sobre los resultados fue vulnerado con un ataque desde otro país es terriblemente comprometedor. Con esa afirmación, el Presidente está diciendo que la confiabilidad del sistema electoral ecuatoriano es mínimo y que el país no tiene protegida, como debería, la información de un hecho tan fundamental para la convivencia democrática como las elecciones. Correa, si en verdad está seguro de lo que dice, debería sustentar su afirmación. ¿Cómo sabe que hubo un ataque de hackers? ¿Qué pruebas tiene y dónde están? ¿Cómo sabe que el ataque vino de los EEUU? Es sabido que los hackers generalmente borran cualquier huella de ubicación geográfica para que sea imposible  determinar dónde están. Si Correa no explica cómo es que supo de dónde vinieron los ataques quiere decir dos cosas: o que sus servicios de inteligencia no hacen bien su trabajo o simplemente que dice cualquier cosa. Ambas cosas son, definitivamente, patéticas.

Además, resulta extraño que Correa salga a decir cosas que le correspondían decir al Consejo Nacional Electoral. Correa no se traiciona y aparece como portavoz de un organismo que se supone debería ser independiente pero que, como se ve, no lo es.

Pero no solo eso. Correa sale a dar una declaración completamente seguro de lo que afirma y resulta que el presidente del Consejo Nacional Electoral, Juan Pablo Pozo, tiene una versión distinta sobre lo que supuestamente ocurrió con la página. Pozo sostiene, como lo dijo en una entrevista a El Comercio, que la página donde se visualizan los resultados se cayó por un exceso de visitas y que la página del sistema de sufragio no sufrió ningún problema. En palabras algo más técnicas, Pozo quiso decir que la caída se debió por denegación de servicio, lo que ocurre cuando hay una gigantesca cantidad de visitas que hace que la página colapse por congestión. ¿Quién está mintiendo? ¿Correa que dice hubo un ataque de hackers o Pozo que sostiene que hubo muchas visitas?

La tesis de denegación de servicio de Juan Pablo Pozo es fácil de comprobar: basta mirar los logs o registros del servidor de la página. Si eso es así, lo único que se prueba es que el CNE no tenía asegurado convenientemente el servicio. Cabe preguntarse aquí cuánto habrá pagado en seguridad digital ese organismo. Normalmente, para que una página tan importante y asegurada como se supone es la CNE caiga por exceso de visitas es porque ha habido un sistema de robots que simulan millones de visitas simultáneas. En todo caso, sería normal que el equipo de Guillermo Lasso tenga acceso a los logs o registros del servidor para ver si es verdad lo que dice Pozo.

Sin embargo, la tesis de Pozo tiene es coja de una pata: en la página del CNE hay una herramienta llamado captcha, que está hecha para comprobar que quien entra a la página no es un robot. Cualquier persona que quiere hacer una consulta debe escribir el captcha que le aparece en un cuadrito.

Pero ni Pozo ni Correa hablan de una de las cosas que más llamó la atención esa noche: que no se haya dejado ver los resultados consolidados. Eso significa, según técnicos consultados por 4Pelagatos, que modificaron el sistema para sacar una funcionalidad que la volvieron a poner más tarde. Estos mismos expertos sostienen que en un momento así de crítico no se hace cambios a lo que llaman “un sistema de producción”.

Lo que sí es indudable, y que ni Correa ni Pozo aclaran, es que un sistema de información de las elecciones de un país no debería caerse y, peor aún, ocultar información como ocurrió.

Cuando Correa dice que el sistema informático del CNE fue víctima de un ataque de hackers desde EEUU es como si el Presidente de un país dijera que el país vecino invadió su territorio porque los soldados estaban dormidos. Correa no explicará ni dará pruebas de lo que dijo porque nunca da explicaciones de las cosas que afirma y nade se lo exigirá porque no hay nadie que lo haga. Lo mismo ocurrirá con Pozo.

Las versiones de Correa y Pozo lo único que hacen es aumentar aún más las sospechas sobre los verdaderos motivos del colapso de la página donde el CNE iba poniendo los resultados. Correa tiene una tesis descabellada y Pozo otra muy poco probable, señal de que ambos necesitan desesperadamente espantar las suspicacias que la sociedad tiene sobre el tema.

Juan Pablo Pozo: ¿se somete usted a un polígrafo?

en La Info por

Ahora que un fugitivo desempolvó, en forma divertida, un polígrafo, cabría convertir ese mecanismo en herramienta al servicio de la democracia. El primero que debería someterse a ese instrumento de medición debe ser Juan Pablo Pozo. El sabe lo que ocurrió el domingo entre las 17:00 y las 19:30. Y antes. Y después. Él debe saber por qué hubo ambiente de entierro entre sus camaradas correístas  –como se vio en la televisión– y por qué se oyó, a su lado un “ya está,  que dio paso al júbilo generalizado que también vio el país. Solo él sabe por qué armó cuartel general en el Hotel Marriot donde montó una sala para él (como se verá en el cuestionario) y otra con seis televisores para seguir lo que ocurría en los canales gubernamentales y privados.
Solo él sabe por qué pasó el último mes en reuniones con cámaras, Iglesia y otras organizaciones para dar confianza y recomponer su imagen que, a sus ojos de vanidoso impenitente, salió maltrecha en la primera vuelta. Porque para él, y por lo que dice a su alrededor, lo ocurrió en la primera vuelta fue un mero problema de comunicación. No la sospecha, espesa y terrible, de querer empujar a Lenín Moreno por encima del 40%. Irse al Marriot hizo parte de esta estrategia de recomposición de imagen. Y también para estar lejos de tantos ojos que hubieran visto raro que personajes del gobierno lleguen a la sede del CNE, como llegó, por ejemplo, Patricio Barriga  la semana anterior a la segunda vuelta. No solo Juan pablo Pozo sabe, pero en particular él sabe lo que ocurrió realmente con las actas, el sistema informático del del CNE, la página del CNE, los resultados dados por el CNE…

Si Juan Pablo Pozo se somete a un polígrafo, 4Pelagatos contribuiría con 25 preguntas. Claro, esa lista se puede alargar. Pero sería un ejercicio higiénico para la democracia seguir en directo lo que sucedería con los nervios de Pozo, con su frecuencia respiratoria, con su ritmo cardíaco, con su presión arterial. Aquí están las 25 primeras preguntas:

  1. ¿Si o no fue usted y su equipo quienes entregaron al representante de la Politécnica Nacional, los resultados del conteo rápido que él presentó al país en cadena nacional del CNE? (Hasta los camarógrafos vieron que Luis Horna solo tenía un papel con porcentajes escritos con esfero).
  2. ¿Si o no dispuso usted que personal del CNE hiciera el trabajo de campo de la politécnica?
  3. ¿Si o no estaba entendido que la Politécnica cumpliera una función técnica pero que la rectoría del informe recaía sobre el CNE, lo cual deja sin piso la tan cacareadas objetividad e independencia de ese conteo rápido?
  4. Dígnese decir si es verdad o no que Luis Horna firmó a última hora el supuesto conteo rápido que la Politécnica nunca consolidó?
  5. ¿Hay, sí o no, un informe técnico, sustentado, consolidado del supuesto trabajo de la Politécnica Nacional o solo un papel firmado a última hora por el representante de otra empresa, la Empresa Pública de la Escuela Politécnica Nacional, creada por este gobierno?
  6. ¿Cambió usted, sí o no, la forma de informar en la página del CNE, como se concluye al comparar los formatos de la primera y de la segunda vuelta? (En la primera vuelta aparecía: candidato, porcentaje, número de votos y porcentaje de la provincia. En la segunda vuelta no apareció el porcentaje de la provincia).
  7. ¿Si o no fue la Secom la que organizó todo el sistema de comunicación del CNE para esta segunda vuelta? (El sábado Patricio Barriga llegó hacia las 21:00 al hotel Marrriot, cuando se habían marchado los periodistas de la prensa privada para inspeccionar lo que habían preparado otros –el Che Vera y Enrique Arosemena–. La semana anterior, Barriga había estado en el CNE, como consta a los reporteros que cubren esa fuente).
  8. ¿Si o no coordinó usted con la Secom las formas, contenidos y tiempos de conexión para la segunda vuelta de manera a que el CNE y todo el sistema de propaganda y de comunicación del gobierno (troles incluidos) funcionaran al unísono?
  9. ¿Si o no la Secom le pidió eliminar las ruedas de prensa para evitar las preguntas de los periodistas de tan mala recordación para el gobierno por lo que le sucedió a usted en la primera vuelta?
  10. ¿Si o no escogieron a María Isabel Cevallos, presente en los canales oficiales el 30-S, por si las protestas llevaban al gobierno a controlar la información y decretar una suerte de cadena tan oficial como ininterrumpida?
  11. ¿Dígnese decir si es verdad o no que usted concertó con el gobierno un plan de manejo informativo que arrancó con su cadena antes de la cinco de la tarde, hecha a propósito para sembrar la duda sobre los resultados del éxit poll de Cedatos?
  12. ¿Si o no decidieron poner a competir el exit poll del gobierno contra el de Cedatos para cortocircuitar la credibilidad ganada por la firma de Polibio Córdova en la primera vuelta y aminorar su efecto?
  13. ¿Si o no estuvo planificado usar al representante de la Politécnica Nacional antes de la intervención de Ruth Hidalgo para poner, como en los exit poll, a competir sus cifras y quebrar la credibilidad de Participación Ciudadana?
  14. ¿Si o no hizo usted instalar una sala en el Hotel Marriot, a la cual solo usted y contadas personas tuvieron acceso, donde usted siguió los resultados del escrutinio nacional que no podían ver los ciudadanos?
  15. ¿Sí o no ordenó usted deshabilitar ese campo en la página del CNE?
  16. ¿Sí o no pidió usted a las empresas que participaron en el exit poll y en el conteo rápido entregar los resultados con antelación para tener por delante tiempo para actuar en función del contenido de esa información?
  17. ¿Sí o no dobló usted la capacidad del Sístema del Consejo Nacional Electoral para la segunda vuelta?
  18. ¿Diga si es verdad o no que usted mandó a hacer un estudio de cuál fue la hora de mayor afluencia de la primera vuelta?
  19. ¿Entiende usted que luce inverosímil creer, por los efectos de la pregunta 15, que ese sistema se cayó dos veces en la primera hora cuando no había ni mucha carga ni muchas visitas?
  20. ¿Fue accidental que se caiga el sistema mientras los ciudadanos, animados por los exit poll, estaban enfrascados en el debate de quién ganaba y no repararon en lo que pasaba en la página del CNE?
  21. ¿Diga si es verdad o no que solo después de que Lenín Moreno se declaró presidente electo apareció en la página del CNE la pestaña de los resultados nacionales?
  22. ¿Diga si es verdad que el CNE y el gobierno inician ahora una campaña para tratar de revertir el descrédito del CNE usando los argumentos de la oposición en la primera vuelta?
  23. ¿Dígnese aprobar o desmentir este enunciado: el CNE y la Secom van a usar hasta la saciedad la frase de Ramiro Aguilar, dicha a Plan V, según la cual Guillermo Lasso “va a perder las elecciones y después va a decir que hubo fraude”, para tratar de contrarrestar las acusaciones de fraude que ese candidato está formulando?
  24. ¿Sí o no usted y su equipo piensan, ante las impugnaciones del candidato Lasso que, en el peor de los casos, esto llegará al Tribunal Contencioso Electoral donde no pasará nada?
  25. ¿Sí o no ya concertó con el gobierno la decisión política no dar paso al conteo del ciento por ciento de votos y tiene preparado un supuesto parapeto legal para justificar esa decisión?
    Gracias anticipadas por comparecer en directo ante el polígrafo.
    Fotomontaje 4Pelagatos basado en foto de Carlos Pareja Yannuzzelli
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