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Karen Matamoros

¿Y ahora el país depende del dedo de Moreno?

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Rafael Correa se muestra favorable a la sanción de la Supercom contra siete medios; Lenín Moreno pide al impresentable Carlos Ochoa que la deje insubsistente. 4Pelagatos ya evocó la posibilidad de un tongo entre Correa y Moreno: resucitar la estratagema del policía malo y el policía bueno que tan buenos resultados les dio durante los siete años que estuvieron juntos en Carondelet. Esto permite a Moreno ganar puntos por su magnanimidad en la opinión. Y esa popularidad le ayuda a que muchos olviden las condiciones ilegítimas en que llega a Carondelet.

Dos intervenciones suyas, en dos días, ante evidentes escándalos propiciados por el Contralor y el inquisidor Ochoa, tienden a probar que el tongo es una realidad. Los tongos tienen problemas: no solo se notan; tienen consecuencias de imagen y políticas para sus protagonistas.

  1. Moreno se legitima con arbitrariedades. Este es el mecanismo: Correa y sus esbirros (en la fiscalía, en la judicatura, en los organismos del Estado…) incrementan las tropelías, Moreno deja que sigan su curso y cuando se judicializan, él interviene. No las impide; no las denuncia desde que aparecen como evidentes desafueros. Las deja insubsistentes. Esto le sirve para hacer gala de su poder. Para probar ante una opinión harta de atropellos –e incluso ante poderes supuestamente independientes del Ejecutivo– que él es el nuevo emperador. En los hechos, el poder saliente legitima con arbitrariedades al poder entrante.
  2. La justicia depende del dedo de Moreno: la sociedad asiste a un espectáculo deprimente. Mientras Correa, como desaforado, aplaude, por ejemplo, los desmanes del inquisidor Ochoa, Moreno le pide que se retracte. En los dos casos, los afectados dependen de la voluntad del que más poder exhibe. Correa y los suyos hicieron una Ley de Comunicación tan discrecional que ha dado lugar a que el impresentable Ochoa y sus secuaces la usen a su libre arbitrio hasta casi desaparecer el periodismo en el país. Ahora Moreno juzga que la voluntad persecutoria es demasiado obvia. El referente, en su caso y en el de Correa, no es una ley justa: es su voluntad, su parecer, su capacidad para perseguir o perdonar. Ecuador no es una República: es un reino en el cual los súbditos dependen de la dirección del pulgar del monarca.
  3. ¿Moreno cree en la democracia o en su aire bonachón? Los siete años pasados en Carondelet, el tiempo pasado en Ginebra sin cargo y pagado con dineros públicos, el uso del Estado en su campaña, los fraudes cometidos a su favor por el CNE, dan fuerza a la pregunta que Moreno nunca ha respondido: ¿quién es usted realmente?
    Ahora, cuando se quiere legitimar a los ojos de la opinión, vuelve a la misma ambigüedad en la que navega como si esa fuera su naturaleza profunda. Moreno no puede pedir a Ochoa que deje insubsistente una arbitrariedad: debería decir que miserables como él no estarán en su gobierno porque son adictos a las arbitrariedades. Debería decir que un tipo como Ochoa irá ante jueces probos (no como Karen Matamoros) a responder por tanta ignominia perpetrada desde sus cargo. Debería decir que una persona de la calaña de Carlos Polit no puede ser contralor de la República.
    El país no requiere un buenoide en el poder tras el reino de un maloide. El país no necesita un bonachón en la Presidencia; requiere un demócrata. Alguien que destruya las ficciones creadas por el correísmo y que en vez de buena voluntad, instaure una verdadera división de poderes; jueces dignos –no alfombras del poder–; funcionarios que sirvan a los ciudadanos no esperpentos como Ochoa, Fernando Alvarado, Patricio Barriga, y otros troles formados por Correa, que lastiman la más paupérrima idea de decencia pública.
  1. Las señales dadas por Moreno deben ser institucionales: es obvio que los mensajes emitidos por Lenín Moreno son alentadores. Pero este país, tras diez años de autoritarismo y miedo, debe instalarse en un ambiente de confianza, de decencia, de transparencia, de predictibilidad. No puede depender más del humor o los trastornos ciclotímicos del gobernante y sus círculos de poder.
    Es evidente –si se sigue la lógica de Moreno– que adefesios como Ochoa y Alvarado ya no estarán en su gobierno. Se entiende, por lo que dice, que el ejército de insultadores, como los troles, también desaparecerán. Se entiende que mercenarios, como Patricio Mery Bell, importados para perseguir, insultar y acabar con honras personales, se quedarán sin trabajo. Lo mismo que Jorge Gestoso, un lameculos sin igual.
    Más allá de todo esto, Moreno requiere devolver la respectabilidad que su cargo tiene y que Correa destrozó. Y eso no lo logrará convirtiendo la Presidencia en una sucursal del Santuario de Las Lajas. El país necesita un Presidente, no un milagrero.

Pólit y Matamoros encarnan la mugre correísta

en La Info por

El correísmo tiene una cualidad poco común: permite saber quién es quién. En estos días, por ejemplo, puso en vitrina a dos fichas del régimen que hacen su trabajo disciplinadamente y, en muchos casos, en forma discreta. Uno es el contralor, Carlos Pólit. La otra es la jueza Karen Matamoros. Pólit quiso hacer un escarmiento y mostrar su poder a los miembros de la Comisión Nacional Anticorrupción. Matamoros dio pruebas fehacientes de lo que es un juez servil al régimen: una vergüenza que puede ser escondida bajo las alfombras. Pólit y Matamoros no solo hicieron equipo. Se aprovecharon del mecanismo corrupto que ha establecido el correísmo para ser inmune e impune.

¿Cómo funciona? Basta repasar la forma cómo actuó ante una denuncia que hizo la Comisión Nacional Anticorrupción, en febrero de 2016, ante la Fiscalía: le pidió investigar un supuesto delito de cohecho y un presunto sobreprecio en la compra del terreno de la Refinería del Pacífico. El Fiscal archivó el caso porque consideró que no había pruebas. Basándose en aquello, la Corte Nacional de Justicia calificó la medida de maliciosa y temeraria. Basándose en aquello, el Contralor denunció a los comisionados. Y hoy, basándose en lo que dijo la Corte, la jueza Matamoros sentenció a los nueve integrantes de la Comisión Nacional Anticorrupción.

Su argumento muestra este sistema de engranajes que permite a fiscales y jueces evadir las denuncias, cubrir a los culpables y convertir a los denunciantes en delincuentes. ¿Qué dijo la jueza? Que la falsa imputación del delito quedó verificada cuando la denuncia fue declarada maliciosa y temeraria. Ese sistema le permitió a Pólit acariciar la idea de enviar dos años a la cárcel a ilustres ciudadanos y sacar de sus bolsillos cien mil dólares por cabeza. La jueza, que adquirió la notoriedad que ya merecía por lo que ha hecho por el correísmo, dio gusto al demandante aunque –ante tamaño escándalo– revisó a la baja las expectativas del Contralor. Les impuso un año de cárcel por calumnia, pedir excusas públicas a Pólit y entregarle el equivalente de un mes de su sueldo.

Esta señora, procedió así a pesar de que la causa había prescrito, no es legítimo usar la vía penal para proteger el derecho a la honra de un funcionario y Pólit no puede decirse afectado sicológica o moralmente por las denuncias. Quedó claro hoy –de nuevo– que el correísmo, como dijo Ramiro García, en lugar de investigar la corrupción, se absttiene y procesa por calumnia a los denunciantes.

Pero el correísmo es un sistema que faculta a sus funcionarios a creerse monarcas y que, por ese mismo motivo, los exhibe de cuerpo entero ante la sociedad. Pólit está retratado en las redes sociales como un tipo de la peor especie. La jueza ayudó a la pedagogía social sobre el gran cambio que ha habido en la justicia desde que Correa, Gustavo Jalkh y los suyos metieron allí las manos: un juez correísta es una vergüenza ambulante. Es imposible medir, en toda su dimensión, el efecto que tuvo un tuit de Lenín Moreno en el cual llamó las dos partes a reconsiderar sus posiciones. Moreno cree que los ciudadanos pueden ser medidos con la misma vara que mide al Estado. Por eso esgrime un falso concepto salomónico que le permite no encarar el autoritarismo y el cinismo que caracterizan al correísmo.

El hecho cierto es que el abogado de Pólit desistió de la querella. Extinta la acción, desaparece la pena. Pero los miembros de la Comisión anticorrucion no lo entienden de la misma forma. No emprendieron una demanda para merecer el perdón de un funcionario como Carlos Pólit que, en este juicio, ratificó con creces las razones por las cuales debe renunciar. No controla nada, no disuade a los corruptos,  ahora persigue a los ciudadanos y quiere enriquecerse metiéndoles la mano al bolsillo. Pólit es cómplice por omisión de los corruptos y un peligro para los ciudadanos. Lo es tanto como la jueza Matamoros cuyos fallos no solo son predecibles: son obscenos.

Lo que el correísmo acaba de mostrar al país crea de nuevo una alerta para Lenín Moreno que, esta vez, la procesó a tiempo: hay mucha mugre, mucha desfachatez, mucho cinismo, mucha corrupción a su alrededor. Es hora de barrer puertas adentro.

Foto: aparecen algunos de los nueve miembros perseguidos que son: Isabel Robalino, María de Lourdes Arboleda, Simón Espinosa, Byron Patricio Celi, Julio César Trujillo, Germán Alfredo Rodas, Ramiro Román, Juan Fernando Vega y Jorge Rodríguez.

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