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La década de la indecencia

¡Fuera Correa Fuera!

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Así como periodistas alquilaron su independencia por un sueldo; así como académicos rindieron su cátedra por ingresos fijos, hay cantantes que convirtieron su inspiración en moneda de pago. Juglares por tarifa, componen loas y melodías para que Correa, con postura de ícono de altar, agradezca con una mueca de aprobación los himnos que hacen apología de sus diez años de autoritarismo. El museo y los discos son alegóricos para el monumento en vida.

Los doctores Alvarado usaron la publicidad para ese espeluznante culto a la personalidad. Clásico en los regímenes mesiánicos en los que el caudillo es iconizado para que su herencia perdure a sus días. Se componen canciones, de pintan cuadros, se escriben libros, se construye una religión para volver imperecedera la presencia del mesías. Y para eso sirven los que fraguan la historia, que se llaman historiadores; los que escriben canciones, que se dicen artistas; los intelectuales, que se creen pensadores. Ellos articulan lo necesario para que los estudiantes aprendan historia que es propaganda, tarareen melodías que son propaganda y estudien el pensamiento del líder, que es propaganda.

Dicho en autóctono, llugshi Correa llugshi, debe significar no solamente que se vaya de la presidencia, que se vaya del país, sino que salga de lo que llaman el imaginario político y que su recuerdo, más allá de interés de sus aúlicos que hacerle altares, sirva para recordar que hay que tomar cuentas y que purguen por sus desafueros.

Correa ha impactado en la conciencia de muchos ecuatorianos. Cuánto daño ha causado en trastocar como si fuese moral, la virulencia, la diatriba, el socapamiento. La tolerancia a la corrupción y en casos el aplauso es una de las secuelas perversas.

En Argentina, Perón y la arribista resentida Evita, fueron iconizados. Y aún tras siete décadas persiste su nefasto legado, que marcó la política y la conducta política de forma tal que todos los gobiernos, excepto el de Alfonsín y el de Macri, ha representado versiones entre corruptas y más corruptas, populistas y más populistas del peronismo.

Los diez años de la indecencia se consuman con el indulto a un amigo y una condecoración a un servil. El que delinque, que es amigo, el perdón. Al obsecuente que no mostró imparcialidad ni por excepción, la medalla. Son ejemplos de supino cinismo. Es preciso que opinadores conduzcan sus reflexiones para reconstruir el debate político, la moral y la ética públicas, en términos de promover valores, sentido del respeto por el otro, tolerancia hacia la diversidad. Historiadores que cuenten lo sucedido estos diez años como se cuenta del paso de dictadorzuelos. Hay que expulsar a Correa de referente de debate político y dejarle que descanse en paz en el refugio que se hizo con demandas judiciales.

Pero, no hay que ser ilusos o acomodados para engañarse de que Moreno hará la diferencia. La estructura mental de quienes lo acompañan, y de él mismo, se forjó en medio de repetidos golpes contra instituciones y derechos. ¿Acaso son nuevos los que se mencionan como parte del nuevo gabinete? ¿Qué clase de compromiso para perseguir corruptos puede provenir de esa nueva camarilla? Ellos intentarán que Correa continúe impune a sus horrendos yerros en economía, a su despilfarro, a sus abusos. Seguirán cantando los tonos de la revolución corrupta.

Pero, desde el otro lado, desde la oposición y desde la generación de opinión pública, la tarea de descorreizar el ambiente es fundamental para evitar que no solo sus adláteres sino los opuestos, mantengan viva esa imagen que es mejor que quede en la historia como un mal recuerdo.

Diego Ordóñez es abogado y político 

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