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La factura correísta

La trampa mortal que Correa creó para su sucesor

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¿Cómo se contrarresta una verdad religiosa? No hay cómo. La fe es la convicción de lo que no se ve. Pues bien: en economía no se ven las deudas con China, el desfinanciamiento del IESS, el déficit fiscal, la falta de inversión extranjera… etcétera. No se ve la crisis porque el gobierno la ha socapado hábilmente. Como cuando se tapan los gastos de una tarjeta con otra. Y como no se ven desequilibrios y deudas, para los corrreístas no existen.

En esa trampa está metida la oposición. E incluso Lenín Moreno que, a título personal, sabe que las cifras que le enviaban a Ginebra o las que le han entregado en Quito son falsas. Y sabe que las diferencias que ha comprobado en esas estadísticas tienen que ver con quiénes las suministra: entre más alto es el funcionario, más mentirosas son.

Correa y su gente son una maquinaria a producir falacias. Cuando tenían dinero, lo gastaban y se mofaban –hasta volverlas ridículas– de las fórmulas de los economistas ortodoxos. Ahora que se acabó la bonanza, se cogieron la plata de instituciones que eran privadas, dejaron de pagar al IESS, convirtieron al Biess y al Banco Central en caja suya, dispararon la deuda externa, no pagan a los proveedores… Se convirtieron en una maquinaria para disimular la crisis y patearla hacia delante: no quieren que les explote a ellos. Sus triquiñuelas no se ven y como no se ven, no hay crisis. Ni facturas pendientes. Ni cuentas por estabilizar.

Las elites (o lo que se puede denominar como tal) nunca se ocuparon, durante estos diez años, de hacer una pedagogía de esta montaña de mentiras. Los medios tradicionales, puestos contra la pared, se han dedicado a equilibrar el discurso oficialista. Nunca a de-construirlo como era su deber. Y mientras tanto, el gobierno, el presidente en particular, pudo seguir mintiendo mientras sumaba, a su favor, lemas que anidó en la opinión. Uno, quizá el más popular, es decir que con Rafael Correa no ha habido paquetazo. Ni ajuste. Es parcialmente cierto: Correa, con un maquiavelismo que se ha convertido en su segunda naturaleza, jugó con muchos mecanismos para disimular la ficción de ser un gobierno con recursos infinitos, de libre disposición y de cero costo para sus beneficiarios.
Su aparato de propaganda, con ese aire arrogante y estúpido que le caracteriza, repite hasta la saciedad ese mensaje. Y es posible que haya hecho creer que esas facturas y esos desequilibrios, esos despilfarros y corruptelas, no se pagan. No se puede esperar, en esa dinámica, que un estudio –como el hecho por Cordes y escrito por Augusto De la Torre y José Hidalgo– pueda ser recibido por los amigos de Lenín Moreno como un documento de trabajo que se basa en la realidad. Para ellos, ahítos de propaganda, siempre será una proclama para preparar el terreno “del ajuste tradicional de la larga noche neoliberal“. Ese es el mayor daño que Correa ha hecho al Ecuador: canjear la realidad por actos de fe. Y en esa línea, Venezuela ha probado que se puede incluso negar que hay colas y hambre. O que se pueden endosar todas las culpas a Estados Unidos o a la oposición.

El sucesor de Correa –sea Moreno o Lasso– tiene un enorme problema por delante: no solo se topará con esa adiposa ración de propaganda convertida en discurso legitimador de una ficción política. Se enfrentarán a una sociedad cebada durante casi diez años de bonanza y despreocupada en su mayoría de la cosa pública. Y encontrarán unas elites que nada, o casi nada, aprendieron de la década correísta. En ese contexto tendrán que proponer un plan para encarar esa crisis escondida, para pagar esas deudas que muchos desconocen, para equilibrar esas cifras mentirosas que hablan del país inventado por un grupo de mitómanos. Cifras mentirosas que hipotecan el crecimiento, la inversión, la creación de trabajo y el mantenimiento de beneficios sociales tan necesarios en sociedades tan inequitativas como la ecuatoriana.

Moreno si gana y no quiere hundir al Ecuador, tendrá que volver a la realidad. ¿Qué hará con el discurso oficial en el cual no hay crisis, deficits, deudas, bonos por pagar, proveedores morosos, petróleo prendado, equilibrios macroeconómicos? Si gana Lasso, tendrá el peor de los escenarios. El aparato religioso del correísmo lo acusará de hacer el ajuste no porque es necesario sino porque él es banquero y neoliberal, amigo del imperio y esclavo del FMI.
Ese es el contexto ideal para que Correa, perdido en Bélgica, sueñe con volver ante la evidencia de que él puede hacerlo sobre las cenizas de aquel que cobra las facturas de sus desvaríos.

Foto: Teleamazonas

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