Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

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Lenin Moreno

Correa dañó la cabeza de los ecuatorianos

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¿Cómo queda el país tras la salida de Rafael Correa? Sus partidarios suman kilómetros de rutas, hospitales, escuelas, bonos y esgrimen estadísticas que prueban, a sus ojos, que hay millones de personas beneficiadas en la década de la mal llamada revolución ciudadana. Esas buenas cifras, hay que alinearlas al lado de dos columnas: por una parte, los ingresos fastuosos que recibió el país por la bonanza petrolera. Por otra, las deudas con los chinos, el IESS, el Biess, los gobiernos seccionales, el Banco Central, los multilaterales, los fondos privados de cesantías transferidos, el petróleo prendado, las ventas de activos del Estado…
Al margen de este inventario –que debe compararse con el estado calamitoso de las libertades en el país–, hay un balance que toca al modelo político y económico bajo el cual Ecuador ha vivido desde hace diez años. Esto ha configurado un Estado, un ciudadano y un imaginario sobre el poder y la autoridad que es el que Correa más quiso anclar en su discurso. 4Pelagatos evoca seis de las características que dañaron los imaginarios político y social en el país.

  1. Un Estado convertido en ogro filantrópico: el correísmo recuperó al Estado, que estaba despareciendo bajo una teoría (defendida sobre todo por Jaime Nebot): vivan las ciudades; abajo el Estado. Sin embargo, Correa, inspirado en experiencias autoritarias de diferente tinte (Cuba o Corea del Sur) lo volvió principio y fin de todas las cosas. Con él, el Estado no solo media y regula: es todo. Está en todo. Todo pasa por él.
    La descentralización retrocedió y el Estado, cooptado por un partido, terminó siendo una herramienta al servicio de un programa político y de la visión absolutista del caudillo. En Economía, el Estado correísta desconoció –durante años– al sector privado. Fuera del Estado no hay salvación: ese es el mensaje del correísmo durante estos diez años. En este punto hay un retroceso severo para el país.
  2. La sociedad dependiente y al servicio del poder. El modelo de Correa desconoce mediadores y actores sociales que no estén bajo su dominación. La sociedad fue convertida en un desierto. Sus organizaciones fueron cooptadas, destruidas o perseguidas. Las ONG fueron demonizadas. La sociedad, en la mejor teoría leninista, es conducida por la vanguardia correísta. Cuadros armados de PhDs que, con el líder, marcan la senda y deciden por ella prevalidos de los votos obtenidos en las urnas. La disidencia no es una característica de la democracia: para el correísmo es un desafío del cual se ocupan los fiscales y los jueces criminalizando la protesta, persiguiendo, encarcelando, multando… La sociedad durante el correísmo perdió su autonomía. El poder la vio como mero espacio de legitimación u objeto de escarmiento.
  3. El Ciudadano convertido en un ser asistido: ¿Qué ciudadano quiso construir el correísmo? Un ser que mira hacia arriba, donde está el caudillo. Un ser, desprendido de su yo, que espera que el Estado y sus administradores resuelvan sus problemas. Un ser que se somete con la fe de carbonero a la autoridad y que agradece que produzca obras con el dinero que pasa a ser del partido y deja de ser de los contribuyentes en general. Este rasgo del correísmo, traducido en bonos y canonjías gracias a los petrodólares, agrava el enorme déficit de ciudadanía que hay en Ecuador. En muchos sectores de la población se espera a Lenín Moreno, que prometió nuevos bonos, con la mano tendida.
  4. El caudillo abusivo que todo lo puede: un presidente es aquel que tiene todos los poderes, responde por todos, se ocupa de todo… Insulta, amenaza, da ordenes por redes sociales a los organismos de control o de fiscalización… Correa llevó a un nivel superlativo el perfil del caudillo que todo lo puede, que todo decide y que hace depender todo de su voluntad. Él es el Estado, la institucionalidad es él. Él buscó ser visto –y lo logró en muchos sectores de la sociedad– como un ser superior, infalible, capaz de encarnar la sociedad en su conjunto, hasta pretender reemplazarla.
    Esta es la noción de autoridad que para muchos es hoy vigente. Ese perfil fue refrendado en una docena de elecciones, creando así grandes interrogantes sobre los referentes de autoridad y su legitimación en la sociedad. No es un problema sencillo y es contra ese perfil que será muy posiblemente juzgadas las acciones del nuevo Presidente. Esto sencillamente agrava el déficit democrático que hay en el país: las libertades no significan nada para un enorme porcentaje de ciudadanos en el país.
  5. Una institucionalidad partidista y perseguidora: Correa deja el poder con un país rehén de instituciones alineadas y al servicio del correísmo. Es decir, absolutamente indefenso ante el manejo discrecional de esos organismos en manos de militantes del partido o de funcionarios a su disposición, como es el caso del Contralor. Esta institucionalidad produce abuso de poder, opacidad administrativa, corrupción… Y su entramado es tan compacto que no podrá producir democracia, a menos de que Moreno se inspire en Gorbachov. Este es el mayor problema institucional que Correa lega al país.
  6. Un país dividido y fanatizado: Correa logró implantar algunos chips en el imaginario social que lastiman la convivencia nacional. Para el ex presidente, a partir de este 24 de Mayo, el otro (contrincante, adversario, crítico…) es un enemigo. La división maniquea que manejó durante sus diez años, ha sido institucionalizada: hay entes encargados de perseguir disidentes y críticos. Hay ejércitos virtuales, con mercenarios importados como Patricio Mery Bell, que destrozan honras y vidas en las redes sociales. Todo esto ha producido una esfera pública contaminada y una opinión pública dividida entre el miedo a opinar y el fanatismo militante.
    Correa acabó con parte de la prensa. Instauró la autocensura en algunos medios. Sacrificó el libre pensamiento. Convirtió buena parte de las universidades en recintos asépticos y convirtió sus investigadores en asesores de su gobierno, en ciudadanos ausentes del país o en críticos amenazados. Volver a la discrepancia civilizada y al libre pensamiento es uno de los retos de Moreno. Pero tiene que acabar con troles e inquisidores para que las ideas vuelvan a fluir sin el pánico que impuso Correa. Dar señales democráticas, y darlas unilateralmente, es su deber. Su credibilidad depende de que ponga sus actos en concordancias con sus anuncios.

La última creación de Rafael

en Caricaturas/El Humor/La Info por

Miguel Ángel no lo hubiera imaginado mejor: el creador, que ya no está rodeado de querubines sino de guardaespaldas (porque el mundo que engendró es tenebroso), da vida a Lenín. Rafael, desde los cielos, inaccesible e imperecedero, espera que Moreno encuentre espacio (y tiempo) en su nueva tarea. Sus dedos están separados y esto no es una casualidad que se le ocurrió a Chamorro: lo eterno nada tiene que ver con lo efímero y pasajero…

Un parto que duró diez años

en Caricaturas/El Humor por

Diez años sin traer nada. Y al fin llega… Chamorro anuncia el momento de este advenimiento que nadie sabe si es hermano siamés, mellizo, gemelo… del que se va.

 

Alianza País protege al asesino Nicolás Maduro

en La Info por

A Lenín Moreno no le preocupa, al parecer, que Nicolás Maduro asista a su posesión. Y eso es preocupante, aunque no se haya confirmado su presencia en Quito este miércoles. Lo es porque Maduro representa hoy lo peor de la aventura del Socialismo del Siglo XXI; un aliado indiscutible del correísmo del cual él hace parte. Maduro ya no es solo el representante de la tendencia que quebró la economía venezolana: es el líder de un grupo que asesina a manifestantes pacíficos, está por fuera de sus propias leyes, desconoce acuerdos internacionales, se puso al margen de la OEA, tiene escuadrones de matones y francotiradores que desparraman terror en Venezuela: hay 48 muertos. Más de mil heridos. Centenares de detenidos. ¿A partir de cuántos muertos Alianza País considerará a Maduro persona non grata? ¿Cuántos muertos los hará reconsiderar esos pruritos ideológicos tras los cuales escudan la ignominia? ¿O tampoco eso?

El chavismo ha permitido desenmascarar a esa izquierda jurásica que, pensando en las fábulas castristas, hizo creer que la miseria en Cuba no era producto de la dictadura sino del bloqueo de Estados Unidos. Desde 1999, cualquier ciudadano pudo ver cómo un iluminado, llamado Hugo Chávez, emprendió políticas irracionales que, finalmente, condujeron a la ruina de la economía venezolana: estatización, ahuyentamiento de la inversión, destrucción de la actividad privada, expropiaciones, subsidios a granel, uso discrecional del dinero público, arbitrariedad en la gestión fiscal, corrupción… Y tras ese espectáculo vinieron las coartadas: complots imperialistas, ataques de la burguesía venezolana, escasez provocada por los comerciantes, mentiras de la prensa pues no hay colas… Hoy es claro que ese modelo, basado en una dictadura, produce miseria y muerte en Cuba y en Venezuela.

Los subterfugios utilizados para confundir fueron tan evidentes que debieron producir alertas y reflexión en Alianza País y en esa izquierda totalitaria que cree que cambiando las palabras, cambia la realidad. Chávez era de izquierda porque reconocían su liturgia y era amigo de Fidel Castro. Chávez era de izquierda porque hablaba de los pobres, insultaba a los ricos y al imperialismo mientras instalaba una verdadera dictadura militar en Venezuela. No, Chávez fue un caudillo -un dictador más de la serie que ha parido el continente- que despilfarró la riqueza de un país millonario y se atornilló al poder creyendo que es suyo y de su dinastía familiar y política.

En Alianza País primó, y sigue vivo, el prurito más zopenco. Hubo y hay producción de estulticia por raudales. Un ex embajador correísta, Ramón Torres, llegó a afirmar, hace poco en Ecuavisa, que la oposición venezolana busca “derrocar al modelo de desarrollo de Nicolás Maduro”. Dijo modelo de desarrollo y eso es revelador. Llamó desarrollo a la miseria más crasa, a la ausencia de libertades más evidente, a la corrupción más elocuente, a los escuadrones ambulantes de asesinos que producen muerte y desolación en las ciudades venezolanas.

El correísmo que invita a Maduro a la posesión de Moreno ya no puede reclamar ignorancia. Conoce lo que pasa en Venezuela. Sabe que protege a una narcodictadura representada por Maduro y Deosdado Cabello. Pero ahora no lo hace en nombre de la camaradería y del socialismo del siglo XXI. Ahora esgrime otras razones: la soberanía, la no-intromisión en asuntos internos, las particularidades propias a cada país, el respeto a la institucionalidad ajena… Esta lengua pastosa, cobarde y cómplice permitió a la Asamblea Nacional negar la solicitud del asambleísta Fernando Callejas quien, en su moción, pidió a la Cancillería retirar la invitación a Maduro.

El mismo espectáculo se dio por parte de la bancada de Alianza País que bloqueó, en el Concejo de Quito, una resolución para declarar a Maduro persona non grata. Siete ediles votaron a favor y once en contra. Sin embargo, el alcalde Mauricio Rodas, que estuvo en minoría, hizo saber que “no habrá ninguna declaratoria de huésped ilustre, ninguna entrega de las llaves de la ciudad” a Maduro.

Al margen de si viene a la posesión, Alianza País mostró de qué lado se ha puesto entre los asesinos y el pueblo venezolano que, en dos décadas y a pesar de tener la mayor reserva de petróleo del mundo, está padeciendo una verdadera una crisis humanitaria. Su actitud incrementa las dudas sobre el contenido real de los cambios prometidos por Lenín Moreno a partir de este miércoles como nuevo Presidente de la República.

Las 5 grandes dudas sobre el gobierno de Moreno

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Lenín Moreno no solo tiene retos a partir del 24 de Mayo. Grandes dudas se ciernen en torno suyo que se irán respondiendo, dicen sus amigos, progresivamente. Estos cinco entre otras:

1.¿Reformas, pero de qué tamaño? Moreno ha prometido reformas, pero no ha dicho en qué campo las piensa hacer y de qué magnitud serán. Eso deja el campo abierto a la especulación creando expectativas en unos sectores y anticuerpos en otros. Cuando se oye cambios, se entiende que se meterá con la herencia correísta. Cercanos suyos dicen que hará cambios de estilo pero también modificará ciertas leyes. De este punto dependerá la cohabitación o el distanciamiento con Correa y la apertura o la perpetuación del modelo. Nada está dicho hasta ahora. En cambio hay señales contrarias al optimismo que quiere despertar Moreno cuando se ve que uno de sus cercanos (Pabel Muñoz) resucita los peores insultos (sicarios de tinta) o María Fenanda Espinosa acompaña a la delegación gubernamental en Ginebra para justificar la violación de los derechos civiles y políticos en el país

2. ¿Con quiénes gobernará? La duda es grande porque si Lenín Moreno dice que quiere hacer cambios -que irremediablemente se estrellarán con algún reglamento, ley, decreto o medida tomada por Correa- necesita gente capaz de dialogar con la realidad en vez de ser sumisa a las consignas. ¿Lo es Fander Falconi quien llegó a extrañarse, en un diario oficialista, de que hubiese todavía oposición en el país? ¿Lo es María Fernanda Espinosa que quiso poner las Fuerzas Armadas a marchar a paso revolucionario? ¿Lo es Rosana Alvarado que, asumiendo una consigna partidista, puso un juicio contra Cedatos; juicio que tendrá que archivar si llega al ministerio de Justicia, pues no podrá ser juez y parte? ¿Lo son ellos, todos, que han ayudado a implantar este modelo autoritario?
Moreno conformará su equipo con cuadros que estuvieron al inicio o hicieron toda la ruta del correísmo. No se conocen actos de autocrítica y, salvo el caso de algunos integrantes de Ruptura de los 25, no hubo deserciones mayores en el curso de esta década. ¿Bastará con que Moreno dé un giro de timón –suponiendo que lo haga– para que esos mismos militantes borren con el codo lo que hicieron con la mano? Y si llegan otros que no han estado en el correísmo, pero que son del perfil de Raúl Pérez Torres (supuestamente para el Ministerio de Cultura), ¿el reto es pensar cuántas décadas retrocede el país con su inclusión en el gobierno?

3. ¿Tiene estrategas y operadores? Si Moreno decide hacer cambios (como lo ha prometido), entrará en un torbellino político que requiere una alta estrategia y unos operadores políticos avezados. No se ven a su alrededor. Por ejemplo se habla de Paola Pabón para el ministerio de la Política. Sería un pago a su comedimiento durante la campaña. Pero no hace justicia al momento político que vivirá el país a partir del 24 de Mayo, pues si Moreno hace cambios, contrarios al modelo autoritario, Correa no tardará en equipararlo con Gorbachov. O con Santos. La política no la administrará Pabón, si llegasen a nombrarla ministra. Como con Correa, la política seguramente se decidirá en Carondelet en un juego que se antoja delicado y sofisticado. No se ven figuras de grandes ligas alrededor de Moreno. Eso no significa que no existan en la sombra. Habrá que mirar con lupa quiénes estarán en el primer círculo del poder.

4. ¿Habrá pragmatismo económico? El nombre del ministro de economía es clave: es un mensaje a los agentes económicos, a los mercados, a los empresarios, a los ciudadanos. Suena en forma reiterada el de Carlos de la Torre, un profesor de economía de la PUCE. Un técnico sin bagaje político en un momento altísima sensibilidad política. Un hombre que habla del Banco Central como un banco comercial y que, en lo esencial, recita el discurso ficticio que el gobierno ha montado en ese sector, con cifras cuya verosimilitud tendría que ser confirmada por entes independientes.
Para que Moreno pueda transparentar las cifras reales de la economía requiere capital político. Este puede encontrarlo en las medidas políticas de apertura que tome desde el 24 de Mayo. Capital político que, además, le servirá para legitimarse en el poder. El hecho cierto es que su presidencia dependerá del manejo que dé a la economía en una transición que estará marcada por la lucha política dentro de Alianza País.

5. ¿Moreno pesará más que las instituciones correístas? Es evidente que Rafael Correa deja aparentemente amarrados todos los poderes: fiscal, contralor, Asamblea con presidente y comisiones, Supercom, Quinto Poder… ¿Lenín es rehén de ellos? Sus amigos dicen que no. Que una cosa es con poder y otra sin poder. Que los representantes de esos organismos no son fieles a una persona: son sumisos al poder y a quien lo detenta. Esto deja integra la pregunta siguiente: ¿Ecuador volverá (si vuelve) a la democracia porque Moreno contribuye a desmontar el modelo institucional autoritario o se limitará a cuidar ciertas formas y dejará intacto el modelo autoritario
Esta pregunta encierra la mayor disputa política que encarará la ciudadanía durante el gobierno de Moreno.

¡Fuera Correa Fuera!

en Columnistas/La Info/Las Ideas por

Así como periodistas alquilaron su independencia por un sueldo; así como académicos rindieron su cátedra por ingresos fijos, hay cantantes que convirtieron su inspiración en moneda de pago. Juglares por tarifa, componen loas y melodías para que Correa, con postura de ícono de altar, agradezca con una mueca de aprobación los himnos que hacen apología de sus diez años de autoritarismo. El museo y los discos son alegóricos para el monumento en vida.

Los doctores Alvarado usaron la publicidad para ese espeluznante culto a la personalidad. Clásico en los regímenes mesiánicos en los que el caudillo es iconizado para que su herencia perdure a sus días. Se componen canciones, de pintan cuadros, se escriben libros, se construye una religión para volver imperecedera la presencia del mesías. Y para eso sirven los que fraguan la historia, que se llaman historiadores; los que escriben canciones, que se dicen artistas; los intelectuales, que se creen pensadores. Ellos articulan lo necesario para que los estudiantes aprendan historia que es propaganda, tarareen melodías que son propaganda y estudien el pensamiento del líder, que es propaganda.

Dicho en autóctono, llugshi Correa llugshi, debe significar no solamente que se vaya de la presidencia, que se vaya del país, sino que salga de lo que llaman el imaginario político y que su recuerdo, más allá de interés de sus aúlicos que hacerle altares, sirva para recordar que hay que tomar cuentas y que purguen por sus desafueros.

Correa ha impactado en la conciencia de muchos ecuatorianos. Cuánto daño ha causado en trastocar como si fuese moral, la virulencia, la diatriba, el socapamiento. La tolerancia a la corrupción y en casos el aplauso es una de las secuelas perversas.

En Argentina, Perón y la arribista resentida Evita, fueron iconizados. Y aún tras siete décadas persiste su nefasto legado, que marcó la política y la conducta política de forma tal que todos los gobiernos, excepto el de Alfonsín y el de Macri, ha representado versiones entre corruptas y más corruptas, populistas y más populistas del peronismo.

Los diez años de la indecencia se consuman con el indulto a un amigo y una condecoración a un servil. El que delinque, que es amigo, el perdón. Al obsecuente que no mostró imparcialidad ni por excepción, la medalla. Son ejemplos de supino cinismo. Es preciso que opinadores conduzcan sus reflexiones para reconstruir el debate político, la moral y la ética públicas, en términos de promover valores, sentido del respeto por el otro, tolerancia hacia la diversidad. Historiadores que cuenten lo sucedido estos diez años como se cuenta del paso de dictadorzuelos. Hay que expulsar a Correa de referente de debate político y dejarle que descanse en paz en el refugio que se hizo con demandas judiciales.

Pero, no hay que ser ilusos o acomodados para engañarse de que Moreno hará la diferencia. La estructura mental de quienes lo acompañan, y de él mismo, se forjó en medio de repetidos golpes contra instituciones y derechos. ¿Acaso son nuevos los que se mencionan como parte del nuevo gabinete? ¿Qué clase de compromiso para perseguir corruptos puede provenir de esa nueva camarilla? Ellos intentarán que Correa continúe impune a sus horrendos yerros en economía, a su despilfarro, a sus abusos. Seguirán cantando los tonos de la revolución corrupta.

Pero, desde el otro lado, desde la oposición y desde la generación de opinión pública, la tarea de descorreizar el ambiente es fundamental para evitar que no solo sus adláteres sino los opuestos, mantengan viva esa imagen que es mejor que quede en la historia como un mal recuerdo.

Moreno no podrá continuar con el correísmo

en La Info por

Claro, puede sonar a verdad de perogrullo pero en diez años los contextos económico, político y social han sufrido drásticos cambios en el país. Esto hace más dramáticos los retos de Lenín Moreno porque no tiene las condiciones que nutrieron el correísmo y porque las actuales circunstancias no le permiten seguir la senda que Correa le ha marcado estas semanas. En claro, Moreno no puede continuar con el correísmo y está obligado a reinventarse políticamente y, si quiere sobrevivir en el gobierno, a transparentar las cifras reales de las cuentas nacionales. Estos cinco factores (hay muchos otros) pesan definitivamente en el giro que él y sus amigos dicen querer dar.

  1. ¿Del hastío autoritario a la democracia imperfecta?

2006: el país político tenía serios problemas de representación: cansancio, extrema fragmentación y partidos que más eran cascarones vacíos. La sociedad estaba cansada de inestabilidad política y sus organizaciones tradicionales (sindicatos, indígenas, colectivos) habían perdido peso en la ciudadanía. El vacío era evidente. Correa capitalizó el momento. La sociedad organizada lo apoyó y muchos de sus dirigentes pasaron al gobierno. Su aparente indefinición política, lo ayudó a convertirse en imán multicolor.
2017: Lenín Moreno recibe un país ahíto de autoritarismo y abusos de un Presidente que se autonombró jefe de todos los poderes. Tiene que ganar la confianza de aquellos que estuvieron con Correa y que él usó, botó y persiguió. En vez de usarla, tiene que devolverle el poder a una sociedad deseosa de retomar su independencia frente al poder político. Moreno remará a contracorriente y si entiende el momento político tiene que jugarse por volver a instalar la democracia en el país.

2. ¿De las vacas gordas al pago de la factura?

2007: Correa encontró fondos de ahorro y estabilización, un país con bajo endeudamiento y, durante ocho años, su gobierno se benefició de la mayor bonanza económica (petrodólares) de toda la historia de la República. Esta realidad, que ha querido negar, le permitió hacer obra pública y aceitar redes de clientelas que aseguraron el éxito en otras 13 elecciones. Correa administró la bonanza económica.
2017: Lenín Moreno no hereda ahorros y las deudas se acumulan al punto de que uno de sus retos es esclarecer, ante el país y la militancia de Alianza País, el estado real de las cuentas nacionales. Moreno, posiblemente muy a pesar suyo, tendrá que ser ortodoxo en este campo, renegociar las deudas, volver a los organismos multilaterales y proteger la dolarización. Tendrá que administrar el tiempo de las vacas flacas y volver al pragmatismo económico.

  1. ¿Del socialismo del siglo XXI a la reinvención política?

2007: Correa llegó cuando la tendencia política del Socialismo del Siglo XXI, con mayores o menores matices, estaba en pleno apogeo. Hugo Chávez, un hombre protegido y manipulado por los Castro, iba por el mundo regalando dólares del erario venezolano. Lula da Silva lucía indestructible en Brasil; al igual que los Kitchner en Argentina o Evo Morales en Bolivia. Daniel Ortega llegaba al poder en ese año… Ese entorno internacional puso un gran paraguas bajo el cual guarecerse, que pesó e incidió en la geopolítica regional.
2017: Moreno declaró fenecido el Socialismo del Siglo XXI. Más que un referente, Venezuela es el perfecto espejo que sirve, a él y a su partido, como exorcismo importado. No tiene internacional política alguna en la cual adscribirse. Moreno parece obligado a marcar otra etapa en el campo nacional y a privilegiar el pragmatismo en las relaciones internacionales del Ecuador.

  1. ¿De la sociedad cooptada a la independencia ciudadana?

2007: la expectativa de la sociedad permitió a Alianza País gozar de un popularidad inmensa. No solo pudo hacer una constitución a la medida de sus aspiraciones sino que neutralizó cualquier oposición y facultó a Correa a sacar enemigos de la chistera. Empresarios, banqueros, periodistas… Correa pudo así contrarrestar voces discordantes puertas adentro, adoctrinar a la sociedad, criminalizar la disidencia, convertir la política en un acto de fe y volver la esfera pública una cloaca administrada por su ejército virtual: los troles. Su predominio político estuvo asegurado por la institucionalidad absolutista derivada de la Constitución de Montecristi, entes serviles como el CNE y la Fiscalía y el uso indiscriminado de todo el Estado al servicio suyo y de su partido.
2017: Moreno, aunque tiene los mismos resortes institucionales a su favor, no tiene espacio político para utilizarlos. Gran parte de la sociedad está ávida de que se acabe este absolutismo con ribetes fascistas. Tras perder el miedo, muchos colectivos han vuelto a organizarse y a defender sus agendas. La sociedad volvió a la calle. Si Moreno decide hacer cambios democráticos, encontrará más aliados en la sociedad que en ciertas franjas de Alianza País que, con Rafael Correa, defenderán el statu quo.

  1. ¿De la polarización al acuerdo?

2007: Correa es un pacman. La política la ve como un campo de conflagraciones en el cual solo puede haber un vencedor: él. El otro debe ser eliminado. Esto lo llevó a concentrar poder y doblegar al resto, incluidos sus aliados. Correa dividió el país en dos, con él como el jefe de una enorme mayoría de buenos contra una ínfima cantidad de malos y vendepatrias. A partir de esa polarización nutrió todas las dinámicas de exclusión hasta convertir al poder en un absolutismo dinástico, impune y castigador. Un manicomio.
2017: Moreno dice que pondrá fin a la guerra que Correa libró contra la sociedad. El país que recibe está dividido electoralmente en partes casi iguales a las cuales ha dicho que será el presidente de todos. No se ve como el portador de la verdad absoluta. De hecho no cree que hay una sola verdad y ha prometido ser el presidente del diálogo. Si efectivamente produce cambios en esa vía, Ecuador dejará de ser un manicomio y se volverá el país en que las partes entienden que la herencia de Correa les obliga a dialogar y a concertar. Ese es el mayor reto de Moreno y estará vigente desde el 24 de Mayo.

Es electrónico, pero no es dinero

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Recurriendo a añejos conceptos de soberanía y rentistas conceptos de competitividad por devaluación de los salarios, Correa públicó en 2004 un texto en el que propone salir de la dolarización creando una moneda paralela. Piensa que es factible saltar de un medio de pago a otro sin producir traumas severos en la economía. Basta revisar el empobrecimiento y quiebra social que se produjo en Argentina que mantuvo en circulación su moneda, dejó de usar el dólar y, al abandonar la convertibilidad, el peso que se mantenía a la par se devaluó, de la noche a la mañana, a la cuarta parte.

Dicen los economistas que el valor de la moneda es igual a la confianza. En 2000, Mahuad tuvo que dolarizar la economía porque todas las transacciones y precios ya se fijaban en dólares por la total desconfianza en el Sucre. El gobierno de entonces reconoció una realidad económica, fijó una cotización de cambio y el uso del dólar fluyó casi con normalidad en todo tipo de transacciones. Inicialmente se produjeron problemas por el redondeo. Pero luego de 17 años, el balance es más del lado positivo.

Algunos exportadores añoran –así como los teóricos de la izquierda que defienden el control monetario del Estado– más por chauvinismo, tener moneda propia y lograr competitividad con el mercado exterior abaratando mano de obra y devaluando la riqueza. Cierto es que las economías de otros países tienen productos más baratos por devaluación de sus monedas nacionales, pero es también cierto que son circunstancias temporales. En el Ecuador se trabaja poco en conceptos como productividad para reducir costos unitarios, o en eliminar sobrecostos por impuestos, burocracias, tramitología y rigidez laboral para mejorar competitividad. Correa se convirtió en defensor del viejo discurso oligárquico, en el sentido que las exportaciones se fomentan con devaluaciones.

Poco dialéctico como se ha mostrado, incluso las realidades de la economía no han afectado los prejuicios y dogmas de Correa muy poco académicos. En estos tediosos 10 años ha insistido en culpar al dólar y no a sus errores, por los daños causados a la producción, al consumo y a los precios. No es una arbitrariedad entonces, presumir que el proyecto de dinero electrónico sea el camino de crear la moneda paralela.

A pesar de la propaganda, los estímulos tributarios, la persistencia e incluso su obligatoriedad para algunos, es mínimo el tamaño de transacciones electrónicas con esa no-moneda. No hace falta sino alguna percepción para concluir que eso que dicen dinero, no existe. Para emitirlo, el Banco Central lo respalda, dice la ley, en “activos líquidos”, o sea, no en dinero (cash) sino en inversiones que pueden transformase rápidamente en caja. ¿Cuáles son esos activos líquidos? Bonos del gobierno, que no son líquidos por los plazos y por la sequedad de la caja fiscal. Según aparecen las cuentas, eso que dicen dinero, es tal por el nombre, porque no tiene respaldo uno a uno.

Pero supongamos que el gobierno de Moreno insiste en pagar obligaciones con ese no-dinero. ¿Lo recibirán los burócratas? Y si lo reciben, ¿qué deudas podrán pagar con ese no-dinero? Concebido como un medio de pago alternativo al dólar, pues no se respalda en los depósitos en cuentas privadas, no tiene denominación y no tendría el tenedor la certeza de su valor. Es decir, si una unidad de ese que dicen dinero, cargado en teléfono celular, equivale a una unidad de dólar.

Pero supongamos que el Licenciado logra lo que el economista no pudo, y los ciudadanos masivamente reciben y hacen pagos con eso que dicen dinero, que está cargado en un celular. Y llega el momento en que por falta de dólares el gobierno no tiene moneda para liberar sus obligaciones. Así como sucedió en Argentina, el valor de ese dinero alternativo al dólar se derrumbará y provocaría, como sucedió allá, un empobrecimiento incontenible.

Es paradójico que el irresponsable y corrupto gasto estatal y despilfarro, haya conducido a colocar a la economía en un estado tan delicado de vulnerabilidad y fragilidad al punto del quiebre, cuando el precio del petróleo es de cerca del doble del precio promedio entre los años 2000 y 2006. Y es intolerable que pese a la evidencia del fracaso del modelo gastador que provocó tasas negativas de crecimiento y aumento de desempleo y subempleo, se persista en crear condiciones para, encima de ese daño, salir de un sistema monetario que ha sido un gran defensor de los ingresos. Sin dolarización viviríamos con altas tasas de inflación y devaluación que agudizarían los efectos negativos del experimento correísta.

Evitar ese empobrecimiento y caos, que sería el escenario si se abandona la dolarización, por fuerza o engaño, es posible. Él Licenciado debe reconocer los indicadores, denunciar los yerros de su predecesor, reducir gastos y no seguir absorbiendo la liquidez incluso la que representan en encaje los depósitos en cuentas corrientes y de ahorros. Basta de endeudamiento y de falsear la realidad con propaganda. No por defender una moneda extranjera sino por defender la economía de las personas. No en vano se confía tanto en el dólar.

Digo Ordóñez es abogado y político 

Lenín… te dejo la mesa servida

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El dilema mayor de Lenín Moreno, que se posesiona el 24 de Mayo, es definir si transparenta la verdad de las cifras trucadas de Rafael Correa o si las asume. Chamorro ilustra ese drama que es, para el empleo y el bolsillo de los ciudadanos, el punto esencial de esta transición hecha entre militantes del mismo partido.
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La guerra que libran Moreno y Correa

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A 13 días de posesionarse Lenín Moreno no hay certeza alguna en el país. Ni en el campo político ni en el económico. Tampoco en la composición del equipo de gobierno y eso explica por qué circulan algunas listas con nombres de posibles ministros. Ninguna es segura.

Esta situación es inaudita porque, en general, esas dudas se despejan en el proceso de transición. Pero ahora es explicable que las incertidumbres continúen por una razón: Moreno es de Alianza País y sucederá a Correa el 24 de Mayo, pero entre ellos dos hay una guerra cuya magnitud e intensidad es imposible de calcular. El oficialismo no está partido en dos. Hay una recomposición interna de fuerzas alrededor de un hecho cierto: Correa deja el gobierno pero sus movidas muestran que no quiere perder el poder. Esto genera este ambiente enrarecido que es evidente en estos hechos:

  1. Una carrera contrarreloj: Los bandos cuentan los días. Correa y sus amigos han tratado de cuadricular el terreno de Moreno para controlarlo. Le entregaron tres libros “Transición 2017” en el cual se marcan tareas para el próximo gobierno. El presidente saliente ha multiplicado el número de decretos y leyes de última hora, sobre decisiones que no forzosamente comparte Moreno. Una de ellas es el voto de la Asamblea para denunciar los convenios para Promoción y Protección Recíproca de Inversiones con 12 países. Otra es el primer debate del Código de la Salud que se inició, a pesar de que Moreno pidió dejarlo para la próximo período legislativo. Es evidente el intento de Correa para delimitar el terreno de Moreno y minarlo.
    Los morenistas también cuentan los días. Saben que Correa gobernará hasta el 24 de Mayo y que, hasta el último minuto, saboteará cualquier intento de crear un clima propicio al nuevo estilo que anuncia Moreno. Eso los ha llevado a trabajar estas semanas en una discreción absoluta. No confirman ni desmienten ninguno de los nombres que aparecen en las listas de ministrables que circulan en las redes sociales. Su intención es reducir al máximo el tiempo del que dispone Correa para interferir, siendo Presidente, en las decisiones del gobierno entrante. No es que Moreno sea indeciso –se dice–. Está administrando estratégicamente la indefinición con cara de no saber lo que tiene que hacer.
  1. Se viene un choque de trenes: la ruptura entre Correa y Moreno se da por hecho. ¿Cuándo ocurrirá? ¿En los primeros días de junio cuando –se supone– saldrá la lista de Odebrecht? El hecho cierto es que nadie en el campo de Moreno apuesta a que Correa se vaya a Bélgica y enfunde el traje ciudadano que lo obliga a ir de compras, hacerse el café en casa y atender las invitaciones que le hagan para dar conferencias. En el fondo, nadie sabe a ciencia cierta si se va. Y, luego, si lo hace –se habla de que podría viajar a principios de julio– lo ven más imitando a García Moreno quien en sus viajes a Europa, antes de asumir el poder, vivió enteramente preocupado de lo que pasaba en Ecuador. Al punto de que no se enteró de lo que ocurría en ese momento en Europa.
    Se da, entonces, por hecho que Correa querrá marcar la cancha, influir, dar órdenes desde Europa y buscar cualquier pretexto (ser alcalde de Guayaquil, por ejemplo), para regresar. En ese escenario, Moreno no tendrá mayor margen de maniobra: obedecer o tomar distancia y, por esa vía, asumir la ruptura con Correa.
  2. La economía es el ojo ciego: Moreno no tiene a su alrededor especialistas en economía que puedan ayudarle a evaluar sincera y objetivamente el estado real de la economía. Nadie ve a Fander Falconi, el hombre que propuso cambiar “buenos días” por “buen vivir”, en ese plan. Tampoco hay certeza (aunque se hable con fuerza) de que Finanzas será ocupado por Carlos de la Torre, profesor universitario. Si ese fuera el cambio, mejor sería que siguiera con Patricio Rivera. Mejor, malo conocido que malo por conocer.
    Esta es la mayor incertidumbre que rodea al nuevo gobierno. Correa, como se sabe, ha hecho muchas piruetas para ocultar las cifras reales de la economía; lo cual le ha evitado hablar de crisis y de ajuste.
    Moreno tiene un dilema: encarar las cifras reales de la economía y las cuentas oficiales y dinamitar el mito creado por Correa según el cual él deja la mesa tendida. O asumir el mito como real y confiar en aquellos que, como Rivera, dicen a Moreno que las falacias de Correa son realidades y le aseguran que con más piruetas podrán pagar salarios y reactivar la economía.
    Moreno no solo tiene que decidir si cree o no en las cifras que Correa maneja y le permiten decir de sí mismo que es un economista fuera de serie: tiene otro dilema: decidir quién mantiene el mito, o quién lo quiebra. ¿un ministro correísta o un economista ortodoxo?
    Este tema se dilucidará el 24 de Mayo. Quizá después.
    Foto: Presidencia de la República  
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