Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

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Lenin Moreno

Tres videos que están despertando indignación

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Captura de pantalla 2017-03-23 a las 6.01.49 p.m.

Esta campaña electoral no es una campaña normal. Si fuera normal habría dos sectores compitiendo para acceder el poder y el Estado regularía y pondría límites para que nadie viole leyes y reglamentos electorales.

Pero en esta campaña electoral es el Estado el que participa en la carrera. Medios de comunicación manejados por el Gobierno, empleados públicos que tienen que hacer campaña (muchas veces obligados), carros de ministerios o subsecretarias que van y vienen haciendo proselitismo, call centers de organismos estatales que hacen llamadas para ofrecer créditos, servicios de salud que sirven de escaparate proselitista… Es, en definitiva, todo el Estado puesto al servicio de la candidatura de Lenín Moreno. Se trata de una campaña electoral completamente desnaturalizada porque una de las candidaturas, en este caso la del Gobierno, utiliza fondos que pertenecen a todos los ciudadanos.

Esta campaña es, además, una campaña anormal por un hecho muy sencillo: no hay organismo de control que impida al Estado hacer proselitismo. Esto ocurre por algo muy simple: el organismo de control, en este caso el Consejo Nacional Electoral, es manejado por el mismo Gobierno; es decir por administradores del Estado. En pocas palabras: no solo que el Estado interviene en la campaña sino que no hay nadie que impida que lo haga.

Pero cuando no hay control institucional, no todo está perdido. Queda, al menos, el control de la opinión pública y para eso, en las actuales circunstancias, no hay nada que actúe con mayor eficiencia y velocidad que las redes sociales. Es, precisamente, en las redes sociales donde las personas están compartiendo videos y fotografías en las que se denuncian los abusos del Estado. Estos días, en que se ha hablado del efecto que está produciendo en las preferencias electorales el apoyo de las instituciones públicas y la falta de control al proselitismo engañoso, ha sido la gente, en las redes sociales, la que ha exhibido esos abusos. Los mensajes que circulan, en especial ciertos videos y fotografías, se han convertido en una de las pocas herramientas que la sociedad tiene para resistirse a la normalización de lo anormal: en este caso una campaña donde el Estado es una de las partes haciendo campaña.

En estos últimos días de campaña al menos tres videos se han convertido en aútenticos éxitos porque provocan sorpresa e indignación. Si no hay institucionalidad que reaccione, al menos hay capacidad de sorpresa e indignación de la gente. Uno de esos videos fue hecho por el equipo de periodistas de Ecotel, un canal de televisión de Loja que fue clausurado por el gobierno y que ahora funciona en internet. En él se ve cómo el Estado, a través del manejo de la educación pública, logró en Loja que estudiantes de colegio asistan sesiones donde se proyectan películas que tienen que ver con el feriado bancario: es una clara alusión al candidato de oposición Guillermo Lasso.

Hay otro video en el que se evidencia cómo los activistas que hacen campaña por Moreno dicen claramente que lo único que se pide a cambio para para acceder a a los programas sociales que ofrece el candidato es el voto. Es decir, si quieres casa tienes que votar por Moreno porque esos programas no son para todos.

En el tercer video se observa a una activista de la campaña de Lenín Moreno recoger inscripciones para programas de viviendas populares, mujeres embarazadas, jóvenes emprendedores y personas mayores bajo la condición de que el aspirante vote por Moreno. “Si gana Lenín usted va con este certificado”, dice y por eso exigen una inscripción con número de cédula y número de teléfono. Tres muestras, de muchas que circulan, de manipulación y engaño que justifican por qué la gente que comparte estas imágenes está indignada.

El gobierno embosca a Cedatos

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No habían pasado tres días desde que Rafael Correa había calificado, en su sabatina, como fraudulentas a las encuestas de Cedatos cuando en las redes sociales apareció un video anónimo contra… Cedatos. En él, se escucha la voz de un hombre que afirma trabajar en la encuestadora y saber cómo ésta adulteró los resultados del primer sondeo tras la primera vuelta. Al día siguiente, miércoles 22 de marzo, la asambleísta oficialista Rosana Alvarado presentó ante la Fiscalía una demanda por asociación ilícita y adulteración de datos en contra de la encuestadora. Casi en coro, cientos de cuentas de redes sociales asociadas al troll center gobiernista braman pidiendo la prisión de Polibio Córdova de Cedatos, al mismo tiempo que funcionarios de Gobierno y partidarios de la candidatura de Lenín Moreno dicen que lo que aparece en el video no es sino la confirmación de lo que Correa había afirmado el sábado. Todo cuadra en apenas cuatro días.

La encerrona contra Cedatos despierta inevitablemente dudas sobre su carácter casual. La empresa de Polibio Cordova ha venido siendo atacada por el gobierno, y por el Presidente en particular, porque fue la única que acertó en el exit poll del 19 en casi 100%. Esto, y el conteo rápido de Participación Ciudadana, descolocó al propio Correa quien, basándose en una encuesta de Santiago Pérez, dio por ganada la primera vuelta. Todo el gobierno tuvo que archivar su optimismo prematuro y la celebración del triunfo. Cedatos descolocó, igualmente, a las encuestadoras alineadas con el Gobierno que aseguraron, con semanas de antelación, que Lenín Moreno ganaría la primera vuelta con alrededor del 43% de votos válidos.

Polibio Córdova aseguró hoy en rueda de prensa que el video en el cual un supuesto trabajador de su empresa muestra estadísticas, contratos y cheques es un montaje, hecho con hakeo a sus cuentas y a su base de datos, pero burdamente manipulado. Esto solo podría determinarlo una fiscalía profesional con peritos especializados e independientes del poder Ejecutivo. Ese no es el caso. Evidentemente, el correísmo ha hecho un tema electoral de Cedatos otorgando total veracidad a un video del cual nadie se hace cargo. El supuesto trabajador de Cedatos no da la cara. Sin probar su veracidad, el correísmo decidió montar, entonces, este escándalo y explotarlo políticamente.

El Presidente habló el sábado de una ventaja para Lenín Moreno cercana a 20 puntos sobre Guillermo Lasso. ¿Eso no es atentado a la fe pública? ¿Quiénes responden por estas cifras? Correa habló de encuestadoras pero no las identificó. De dos una: o no existen esas encuestas y Correa cometió el mismo delito que Rosana Alvarado endosa a Polibio Córdova. O existen y, en ese caso, esas empresas deben someterse a la misma investigación por parte de la fiscalía y el equipo de peritos especializados e independientes que deben investigar a Cedatos. ¿Qué hace reales las cifras presentadas por Correa? ¿Qué él las legitima? ¿Que él las da por ciertas? ¿Cómo se explicaría, en ese caso, la diferencia abismal que hay con otras encuestadoras, como Informe Confidencial, que dan empate técnico? ¿Y el correísmo tiene calidad moral para hablar de una encuesta supuestamente manipulada, cuando se han inventado una empresa llamada Centro de Investigación Social? ¿Acaso sus encuestas falsas, como esa empresa, no han sido publicadas, como ciertas, por el grupo mediático de propaganda del gobierno? ¿Qué dijo el Presidente y su gobierno sobre la famosa encuesta que se inventó René Ramírez y cuyo autora era supuestamente la Universidad de Georgetown?

Lo que hace el gobierno con Cedatos es anclar un nuevo paquete de dudas sobre sus intenciones reales para el 2 de abril. En este ataque contra Cedatos participan el Presidente, la vicepresidenta de la Asamblea, la Fiscalía, todo el aparato mediático y de propaganda, los troll-center… ¿Qué buscan? ¿Sacar a Cedatos del exit poll de la segunda vuelta, como presumen sus responsables? Si esa fuera su intención, a pesar de que esa firma ya está calificado por el CNE, el gobierno se pegaría un tiro en la nuca. Sacar a Cedatos implicaría dejar a los electores en manos de las empresas de sondeos del gobierno (que no acertaron el 19 de febrero) y de un CNE, que ya está bajo sospecha. Ese sí sería un peligro para la paz pública y no que esa firma pueda hacer su trabajo. Además de que esto solo daría cuerpo a las conjeturas de fraude que rondan en el país.

Es obvio que el gobierno apuntó a quebrar la credibilidad de las cifras que causan problemas en la campaña de Moreno. Es bueno para remover a los indecisos, pero eso también prueba que Moreno no gana con casi 20 puntos de diferencia como dijo Correa el sábado. ¿Logró amedrentar a Cedatos que publicó una encuesta en la que Lasso pasa al segundo lugar? Una encuesta que, a su vez se vuelve inexplicable, pues no hay nada en el panorama político que justifique la diferencia que ahora existe. Si sembrar la confusión hacía parte de esta movida, el gobierno se anotó ese punto.

Foto: Agencia Andes 

La Mofle gritó ¡Fraude! y la censuraron en Gama TV

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La Mofle

Los medios de comunicación administrados por el Gobierno, ya sean los llamados públicos o los incautados, se han convertido en una inmensa maquinaria electoral al servicio incondicional de la candidatura de Lenín Moreno y Jorge Glas. Basta ver el material que publica diario El Telégrafo o el canal incautado TC Televisión para comprender que son herramientas de proselitismo a favor de los candidatos del Gobierno, pagadas con dineros públicos.

En ese contexto se produce la reciente censura que sufrió la comediante Flor María Palomeque, cuya participación en un programa de humor político en Gama TV no salió al aire porque el humor de ella no hizo reír a los administradores del canal. Solo los hace reír lo que descuartiza a Guillermo Lasso.

Palomeque que hace el personaje de La Mofle, uno de los personajes más populares en redes sociales, fue invitada a participar en el programa Los Amigazos de los actores Francisco Pinoargotti y David Reinoso. Sin embargo, el domingo 19 de marzo cuando debía  salir el programa al aire, éste no salió. ¿El motivo? Una orden superior.

Según la versión que Palomeque dio a los 4Pelagatos, durante el programa, al que fue invitada, había un juego en el que había que inflar unos globos y ella, cuando vio que uno de los anfitriones le hacía trampa, exclamó ¡fraude! ¡fraude! e hizo alguna alusión a la necesidad de ir hacia un cambio. Es la única explicación que ella encuentra para que no se haya emitido el programa. Hasta media hora antes todo estaba listo y no había inconvenientes. “Esto ya es demasiado”, dice ella. Su intervención en Los Amigazos se limitaba a un juego con alusiones al tema de las elecciones en un programa que dizque tiene un claro contenido de humor político.

Lo ocurrido es revelador porque muestra que quienes prohibieron que el programa salga al aire, asumen que la alusión al fraude perjudica los intereses del Gobierno. Es tal la susceptibilidad frente a la palabra “fraude” que, al oírla en un canal gobiernista, se veta un programa.

Lo que ha ocurrido a Palomeque con los Amigazos es un episodio más de los atropellos que la actriz ha sufrido durante los últimos años debido a su actitud independiente y muchas veces crítica frente al gobierno. Durante los últimos tres años, ella, conocida por su programa “La pareja feliz” o “Vivos”, no ha podido trabajar en televisión. Los canales incautados no la han querido contratar y, además, aquellos que no están controlados directamente por el Gobierno, como Teleamazonas, han preferido prescindir de sus servicios porque les acarrea problemas con la Supercom. De hecho, ese tribunal inquisitorial multó con 115 mil dólares a Teleamazonas porque consideró que “La pareja feliz” había violado el artículo 62 de la Ley de Comunicación que prohibe la difusión de contenidos discriminatorios, en este caso de la mujer. Luego de esa y otra multa, La Mofle ya no apareció más en ese canal.

Palomeque, a diferencia de la gran mayoría de artistas de televisión, guardó siempre distancias con el poder y eso le llevó luego a un enfrentamiento personal con Rafael Correa. Ocurrió en diciembre del 2016 cuando su personaje, La Mofle, puso en redes un video en que criticaba de forma humorística la Ley de Plusvalía: se convirtió en todo un suceso en redes. Correa la refutó, en su cuenta de Twitter, diciendo que su visión no se ajustaba a la verdad y el diario de gobierno El Telégrafo le dedicó una nota para afirmar que ese personaje de sátira política estaba equivocado. “#Fail: ‘La Mofle’ ‘explica’ la Ley de Plusvalía con un pésimo ejemplo”, tituló el diario.

El programa de La Mofle, que ahora está limitado a las redes sociales y se emite a través de su canal en Youtube, tiene una importante audiencia y se ha convertido en un dolor de cabeza para los trolls del gobierno que siempre la atacan en Twitter. Esa  cuenta y el muro de Facebook de La Mofle son auténticos campos de batalla donde el personaje se bate con trolls y simpatizantes del Gobierno.

El problema con Flor María Palomeque es que es una artista que hace humor político. Y una humorista que hace sátira política es, en cualquier lugar del mundo, un crítica del poder.  “Llevo 19 años haciendo sátira política y le doy al que sea”, dice ella que, luego de su frustrada intervención en Amigazos, recibió una amenaza de secuestro a sus hijos a través de redes sociales, como se ve en su post colocado en Facebook.  Imaginar a un humorista político que no se burle e incomode a quienes están en el poder parece ser lo único que cabe en la mente de Correa y de sus los organismos inquisitoriales.

Gama TV, con su decisión, reafirma un hecho evidente: aquellos que administran los medios en manos del poder no tienen el más mínimo pudor para ponerlos al servicio de la candidatura del binomio Moreno-Glas y lo hacen con dineros públicos. En otras palabras es peculado. Un delito que no prescribe.

¿Y si ganara Lenín Moreno?

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Ganar es el único escenario plausible para el correísmo. Por eso está haciendo un esfuerzo descomunal que incluye el uso de todo el Estado a favor de su binomio: la presidencia, ministerios, prefecturas, municipios, presupuesto, logística, decenas de miles de funcionarios haciendo proselitismo, el Consejo Nacional Electoral, la maquinaria mediática, los troll-center… En la administración se han formado brigadas que llaman a los domicilios para tratar de convencer a los ciudadanos de que Moreno es el santo de temporada. Jóvenes organizados por María Fernando Espinosa y los Alvarado en tareas de comunicación (pagados en sobres y sin factura). Tareas que incluyen una campaña sucia sin precedentes contra el contendor. Nunca antes en el país, el Estado todo habrá casi detenido su normal funcionamiento para convertirse en una maquinaria destinada a conseguir votos, como sea. Para ganar como sea. Los correístas creen que si gana Moreno obtendrán de nuevo un cheque en blanco por parte de los electores para hacer lo que vienen haciendo desde hace diez años. Eso es un espejismo por muchos factores:

  1. El modelo insostenible: la economía ya no da para alentar un modelo derrochador que convirtió al Estado en el protagonista de todo y en el motor de la economía. La bonanza se acabó y el nivel de endeudamiento o la política de meter la mano en la caja del Banco Central, el IESS y otras instituciones para tapar el déficit fiscal y otros desequilibrios, ya bordea todos los límites. La nueva realidad económica pondría a Moreno ante una disyuntiva: tratar de sostener el modelo (profundizando la crisis) o rectificar. Esta contradicción, de ganar, minará la herencia correísta y creará enormes tensiones en su tienda política entre aquellos que creen que la economía obedece a la ley de los deseos y los pragmáticos que, por ahora, son pocos.
  2. La legión de los despechados: Moreno promueve en esta elección una catarata de promesas populistas que, de ganar, no podrá sostener. Se sumarán a todos los beneficios sociales (bonos, subsidios, créditos…) que se dispararon durante la bonanza para aceitar las clientelas políticas y cuyos costos ahora son insostenibles. Es tal el ambiente de regalos y ofertas que está promocionando, que es dable predecir, en caso de ganar, un bumerán en esas franjas seducidas por un Estado dispensador eterno y sin límites de dádivas.
  3. La disonancia institucional: si ganara Moreno, lo haría, presumiblemente, por una diferencia mínima. El país quedaría políticamente partido por la mitad y él, que dice que será presidente de todos los ciudadanos, tendría que asumir esa realidad. Su aparato, cebado por la propaganda, tendría obviamente la tentación de mantener su predominio total aprovechando el diseño institucional que aupó el autoritarismo de Rafael Correa. Pero 2017 no es 2009: Moreno se confrontaría con el desfase que crea tener a su disposición un poder hiperpresidencialista y el hecho de ya no contar con el músculo político para ejercerlo, como sí lo tuvo Rafael Correa. El correísmo si ganara tendría que procesar políticamente esa disonancia institucional y recular en sus pretensiones. O provocar una sublevación.
  4. La fractura de su frente interno: si ganara Moreno tendría que ejercer su liderazgo en Alianza País. Eso lo enfrentaría directamente con Rafael Correa. Y agravaría la división que existe en Alianza País entre sus partidarios y los correístas que hacen fila detrás de Jorge Glas. Esto incidiría en su relación con Glas que depende, en su caso, de su estado de salud y, en el de Glas, del estado de las investigaciones sobre la corrupción. Tras diez años en el poder, ya no hay tantas hambres atrasadas sino cadáveres y carpetas de corrupción en los armarios: esto incrementaría (a pesar de contar con fiscal y contralor de bolsillo) una alta vulnerabilidad en Alianza País que se reflejaría en la gestión gubernamental y en el bloque parlamentario. Las denuncias de corrupción representan y representarán una amenaza similar a la espada que el rey Dionisio hizo pender sobre la cabeza de Damocles.
  5. Los nuevos factores de poder: si Moreno ganara, no podría decir que “son más, muchos más”. Tendría  ante sí un país dividido representado por una oposición que ha cerrado filas entorno a la defensa de valores democráticos y republicanos. Esto, lejos de menguar, se incrementaría. Lo mismo  puede decirse de la sociedad activa políticamente que, lenta pero inexorablemente, está regresando con sus propuestas y sus organizaciones a la esfera pública. Esa sociedad, maltratada y perseguida ha tardado en reconstituirse, pero si volvió a la escena pública es para quedarse. Moreno, de ganar, no podría desconocer la sociedad movilizada so pena de atentar aún más contra el tejido social, calentar las calles y apostar por el ciclo agitación-represión. No tendría  capital político para ello y el uso de FF.AA. y Policía, con un país dividido, se antoja improbable y riesgoso. En ese caso, debería privilegiar el manejo político que, como parece obvio, milita en contra del modelo represivo y autoritario de Correa.

Por estos y otros factores -económicos, sociales, políticos o institucionales- es un espejismo político que los correístas crean que, si ganara Lenín Moreno, podrían seguir gobernando con la desfachatez, el cinismo, la opacidad y el autoritarismo que los caracteriza.

Mañana: ¿Y si ganara Guillermo Lasso?

Correa y Moreno importan chupamedias que les alaban

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La comparación de la inadmisión de Lilian Tintori al Ecuador con la visita del ex candidato presidencial chileno Franco Parisi hace pensar en los carros de vidrios negros que circulan sin placa: unos tienen derecho a transitar sin ellas porque están en el gobierno y otros deben pagar matrícula, impuestos y trámites para tenerlas porque son simples ciudadanos.

En el caso de la activista venezolana Lilian Tintori ocurre algo así: ella no pudo entrar en el Ecuador porque las autoridades del gobierno dijeron que iba a participar en actos vinculados a la candidatura de la oposición, mientras que el chileno Franco Parisi pudo ingresar tranquilamente porque su agenda estaba perfectamente alineada y coordinada con la de la candidatura gobiernista de Lenín Moreno y Jorge Glas. Mientras para Tintori se aplicó un supuesto principio legal según el cual no podía entrar al Ecuador porque (presumieron) que iba a participar en temas de política interna, el otro tiene todas las garantías y facilidades para permanecer en el país haciendo proselitismo. La diferencia estaba en que Tintori venía a decir cosas que iban a disgustar al correísmo mientras que Parisi llegó a hablar linduras del plan de Moreno y Glas y a alabar el modelo económico del gobierno de Correa.

El caso de Parisi fue grosero. Tuvo una actividad intensa en casi todos los medio de comunicación controlados por el Gobierno. En cada uno de estos medios repetía lo mismo: el Ecuador no se parece a Venezuela (algo que sostiene Tintori) y el plan económico de Guillermo Lasso, muy al contrario del de Lenín Moreno, es inviable y perjudicial para el Ecuador.  Con ese sonsonete estuvo en GamaTV, en Ecuador TV, en Pichincha Universal y en Ecuadorinmediato: todos medios alineados y obsecuentes con el correísmo.

En todas las entrevistas que tuvo, Parisi arrancaba diciendo que el Ecuador no se parece a Venezuela sino más bien a Chile y Uruguay. Parecía mantra. Luego pasaba a comparar las propuestas económicas de Guillermo Lasso y Lenín Moreno.  Había un guión perfectamente ensayado. El caso de la entrevista a GamaTV llegó a niveles caricaturescos. El entrevistador Rommel Garzón tenía listo un cuestionario que consistía, básicamente, en pedirle su opinión sobre alguna de las propuestas de Lasso e inmediatamente sobre una de Moreno. “¿Y la propuesta de Lenín es viable?”, era la pregunta que Garzón tenía lista cuando Parisi acabado de demoler alguna oferta de Lasso. Y, claro está, siempre lo de Lasso es malo y lo de Moreno siempre es bueno. Ocurrió lo mismo en el tema de los impuestos, empleo y política comercial. Cuando se presentó con Carlos Rabascal en Ecuador TV también comenzó su presentación con el mantra que dice que Ecuador se parece más a Uruguay y Chile y luego se dedicó a criticar las ideas económicas partidarias de la liberalización de la economía, como las de Lasso. Con Rabascal, Parisi repitió exactamente lo mismo que dijo con Garzón sobre la propuesta de Lasso de disminuir impuestos: “Una reforma tributaria como la de Lasso, que es antigua y anacrónica, solo llevará al Ecuador al fracaso”.

En Pichincha Universal, la radio de la Prefectura de Pichincha donde manda el lugarteniente de Correa, el prefecto Gustavo Baroja, lo entrevistaron dos entusiastas porristas del correísmo: Kinto Lucas y Washington Yépez. Ahí la novedad fue que estuvo acompañado por su compatriota y ex asesor Patricio Mery Bell, quien ahora opera en Ecuador como troll en redes sociales para la campaña de Moreno. Exactamente la misma cantaleta: esto de Lasso es pésimo, esto de Moreno excelente.

Es evidente que quienes idearon la visita de Parisi pensaron que había que traer a alguien de fuera para atacar dos propuestas de Lasso que, seguramente, preocupan al gobierno: la eliminación de impuestos y las comparaciones con Venezuela. Palabras más, palabras menos, en el tema de los impuestos decía exactamente lo mismo en cada sitio donde fue entrevistado. Sin esos impuestos, decía, el Estado se va desfinanciar y la economía va a tambalear.

Parisi tuvo todas las comodidades y facilidades para predicar a favor del gobierno y la candidatura de Lenín Moreno. Quienes lo invitaron le tenían preparada una agenda impecablemente organizada y burdamente apalancada en el monopolio mediático del Gobierno. Incluso participó en un conversatorio en Ciespal, otro centro del pensamiento correísta, donde otra vez habló a la limón con el troll Mery Bell. No se ha informado quién costeó los pasajes, el hospedaje y los viáticos de este economista y profesor que en Chile también es conocido por haber sido expulsado de una universidad de los EE.UU. por acoso sexual. ¿Lo pagó el gobierno con dinero del público? ¿Lo pagó la campaña de Lenín Moreno y se informó de ese gasto al Consejo Nacional Electoral? Es más probable que en el reino de la opacidad eso no se sabrá.

Lo que se sabe sobre Franco Parisi es que vino a hacer campaña pura y dura a favor del binomio del Gobierno. Y eso, obviamente,  marca la diferencia con el caso de Lilian Tintori.

La trampa mortal que Correa creó para su sucesor

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¿Cómo se contrarresta una verdad religiosa? No hay cómo. La fe es la convicción de lo que no se ve. Pues bien: en economía no se ven las deudas con China, el desfinanciamiento del IESS, el déficit fiscal, la falta de inversión extranjera… etcétera. No se ve la crisis porque el gobierno la ha socapado hábilmente. Como cuando se tapan los gastos de una tarjeta con otra. Y como no se ven desequilibrios y deudas, para los corrreístas no existen.

En esa trampa está metida la oposición. E incluso Lenín Moreno que, a título personal, sabe que las cifras que le enviaban a Ginebra o las que le han entregado en Quito son falsas. Y sabe que las diferencias que ha comprobado en esas estadísticas tienen que ver con quiénes las suministra: entre más alto es el funcionario, más mentirosas son.

Correa y su gente son una maquinaria a producir falacias. Cuando tenían dinero, lo gastaban y se mofaban –hasta volverlas ridículas– de las fórmulas de los economistas ortodoxos. Ahora que se acabó la bonanza, se cogieron la plata de instituciones que eran privadas, dejaron de pagar al IESS, convirtieron al Biess y al Banco Central en caja suya, dispararon la deuda externa, no pagan a los proveedores… Se convirtieron en una maquinaria para disimular la crisis y patearla hacia delante: no quieren que les explote a ellos. Sus triquiñuelas no se ven y como no se ven, no hay crisis. Ni facturas pendientes. Ni cuentas por estabilizar.

Las elites (o lo que se puede denominar como tal) nunca se ocuparon, durante estos diez años, de hacer una pedagogía de esta montaña de mentiras. Los medios tradicionales, puestos contra la pared, se han dedicado a equilibrar el discurso oficialista. Nunca a de-construirlo como era su deber. Y mientras tanto, el gobierno, el presidente en particular, pudo seguir mintiendo mientras sumaba, a su favor, lemas que anidó en la opinión. Uno, quizá el más popular, es decir que con Rafael Correa no ha habido paquetazo. Ni ajuste. Es parcialmente cierto: Correa, con un maquiavelismo que se ha convertido en su segunda naturaleza, jugó con muchos mecanismos para disimular la ficción de ser un gobierno con recursos infinitos, de libre disposición y de cero costo para sus beneficiarios.
Su aparato de propaganda, con ese aire arrogante y estúpido que le caracteriza, repite hasta la saciedad ese mensaje. Y es posible que haya hecho creer que esas facturas y esos desequilibrios, esos despilfarros y corruptelas, no se pagan. No se puede esperar, en esa dinámica, que un estudio –como el hecho por Cordes y escrito por Augusto De la Torre y José Hidalgo– pueda ser recibido por los amigos de Lenín Moreno como un documento de trabajo que se basa en la realidad. Para ellos, ahítos de propaganda, siempre será una proclama para preparar el terreno “del ajuste tradicional de la larga noche neoliberal“. Ese es el mayor daño que Correa ha hecho al Ecuador: canjear la realidad por actos de fe. Y en esa línea, Venezuela ha probado que se puede incluso negar que hay colas y hambre. O que se pueden endosar todas las culpas a Estados Unidos o a la oposición.

El sucesor de Correa –sea Moreno o Lasso– tiene un enorme problema por delante: no solo se topará con esa adiposa ración de propaganda convertida en discurso legitimador de una ficción política. Se enfrentarán a una sociedad cebada durante casi diez años de bonanza y despreocupada en su mayoría de la cosa pública. Y encontrarán unas elites que nada, o casi nada, aprendieron de la década correísta. En ese contexto tendrán que proponer un plan para encarar esa crisis escondida, para pagar esas deudas que muchos desconocen, para equilibrar esas cifras mentirosas que hablan del país inventado por un grupo de mitómanos. Cifras mentirosas que hipotecan el crecimiento, la inversión, la creación de trabajo y el mantenimiento de beneficios sociales tan necesarios en sociedades tan inequitativas como la ecuatoriana.

Moreno si gana y no quiere hundir al Ecuador, tendrá que volver a la realidad. ¿Qué hará con el discurso oficial en el cual no hay crisis, deficits, deudas, bonos por pagar, proveedores morosos, petróleo prendado, equilibrios macroeconómicos? Si gana Lasso, tendrá el peor de los escenarios. El aparato religioso del correísmo lo acusará de hacer el ajuste no porque es necesario sino porque él es banquero y neoliberal, amigo del imperio y esclavo del FMI.
Ese es el contexto ideal para que Correa, perdido en Bélgica, sueñe con volver ante la evidencia de que él puede hacerlo sobre las cenizas de aquel que cobra las facturas de sus desvaríos.

Foto: Teleamazonas

El correísmo se apropia de los impuestos para Manabí

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En la lista de las canalladas de la historia del Ecuador aquella, según la cual los manabitas deben devolver las latas de atún donadas luego del sismo, ocupará sin duda un sitio de excepción.

Según el correísmo, los afectados por el sismo deben devolver las latas de atún, los colchones y todo lo que se donó para la población afectada porque luego de las elecciones del 19F algunos opositores reclamaron en redes sociales a los manabitas. Lo hicieron por haber votado a favor de Lenín Moreno y no por un candidato opositor, en virtud de la movilización de la sociedad civil durante los días que siguieron al terremoto del 16 de abril del 2016.

Correa sostiene que los manabitas no necesitan de las latas de atún donadas para reconstruir Manabí. Según él, para reconstruir Manabí basta con el esfuerzo y los recursos del gobierno. En otras palabras, asume que el dinero que tiene el gobierno para Manabí pertenece a la revolución ciudadana y los atunes hay que devolverlos porque, en cambio, esos pertenecen a la oposición. De ahí que hay que irlos a tirar sobre todo en el Banco de Guayaquil y en las sedes de CREO

“¿Saben qué, manabitas del alma? ¡Devuélvanles sus atunes! ¡Devuélvanles sus limosnas! ¡No la necesitamos! ¡Reconstruiremos Manabí con nuestro esfuerzo, todos juntos, con la Revolución Ciudadana, como lo estamos haciendo, queridos compañeros!”, dijo Correa en la ciudad de Chone.

Toda esa estrategia resulta ser una canallada porque es de canallas pretender apropiarse de los recursos que todos los ecuatorianos entregaron para la reconstrucción mediante varios impuestos para hacerlos aparecer como si fueran de un movimiento político: en este caso, el correísmo y el binomio de gobierno.

Es obvio que que la estrategia fue un artificio ideado por los mismos publicistas que durante estos diez años de correísmo han convertido al Ecuador en un estado de propaganda. Los mismos publicistas que ahora trabajan en la campaña de Lenín Moreno y que, seguramente, le hicieron caer en la ridiculez y el sinsentido de decir que tirar latas de atún es libertad de expresión “de la que tanto hablan los políticos”. Como si lanzar objetos tuvieran relación con la libertad de expresión o como si ese principio fuera algo de lo cual solo hablan los políticos.

La imagen de la lata de atún, sin duda, tiene una fuerte carga simbólica asociada con la caridad y el asistencialismo y eso debe haber hecho que la estrategia haya funcionado como un disparador de opinión. Pero que se haya utilizado a las latas de atún en esa cruzada en contra de la candidatura de oposición, también, provoca muchas dudas a la luz del sentido común. ¿Cómo es que, luego de un año, aún hay latas de atún que no se han usado? ¿Quién mantenía esas latas guardadas? ¿No es absurdo ir a tirar contra el Banco de Guayaquil y la sede de CREO comida que buena falta hace a un segmento de la población?

El relato tras la devolución de las latas tiene al menos tres motivos para que esté en los primeros lugares de la lista de las más grandes canalladas de la historia:

1.- Se privatizan las donaciones: Según Correa, la revolución ciudadana no necesita de las donaciones para reconstruir Manabí porque para eso están los recursos del gobierno. Correa asume que el dinero del gobierno, destinado a la reconstrucción, es suyo, de su gobierno, del correísmo y, especialmente, del binomio Moreno-Glas. Esto es groseramente falso. El dinero que el gobierno tiene para Manabí pertenece a todos los contribuyentes, incluidos los que votaron por Guillermo Lasso o Dalo Bucaram. Ese dinero provino principalmente de los impuestos que se establecieron para la reconstrucción y que fueron aprobados por la Asamblea para ser parte del llamado Fondo de Solidaridad.

En total, hasta enero de este año, se habían recaudado 1 408 millones de dólares únicamente con los impuestos aprobados por la Asamblea, según información del SRI. De esa suma se desglosa lo recaudado, de esta forma: $357,3 millones son fruto del impuesto sobre las utilidades, $203 millones por el impuesto sobre el patrimonio, $138 millones por el impuesto sobre bienes inmuebles y derechos representativos de capital, $473 millones por el aumento del 2% al IVA y $62 millones por el día de remuneración para todos los ecuatorianos que estableció el Gobierno.

Captura de pantalla 2017-03-08 a las 4.14.06 p.m.
Fuente SRI

Ese monto, que no es poca cosa, proviene del bolsillo de los ecuatorianos que en muchos casos tuvieron que hacer sacrificios e incluso endeudarse para poder cumplir con su pago que fue obligatorio. Hacer que esos recursos aparezcan como de propiedad del gobierno es una forma de privatizar a favor del correísmo los recursos que fueron entregados por todos.

2.- La oposición sí ayudó: Como parte del operativo para promover la devolución de las latas de atún se ha dicho que la oposición no participó en los tareas de auxilio y reconstrucción de las zonas afectadas por el sismo. Esta es otra aseveración falsa. No solo fue la sociedad civil, en la que seguramente hubo gente de la oposición y del correísmo, la que se movilizó de forma impresionante esos días sino que dirigentes abiertamente identificados con la oposición se activaron con operativos hechos en sus ciudades para ayudar a la zona. Para muestra dos botones: Jaime Nebot, alcalde de Guayaquil,y, Mauricio Rodas, alcalde de Quito. Presentar a las tareas de auxilio y reconstrucción de Manabí y Esmeraldas como un esfuerzo que pertenece únicamente al gobierno correísta es profundamente injusto y canallesco. Han habido incluso iniciativas privadas que no tienen absolutamente nada que ver con el gobierno ni con la oposición y que han sido tanto o más eficientes que las de muchos ministerios o subsecretarías y con menores recursos. La oposición sí ayudó.

3.- No se ha fiscalizado el gasto: Los recursos destinados a las obras de reconstrucción no han sido auditadas ni fiscalizadas en su totalidad. La mejor prueba de ello es que en julio del 2016 se supo, a través de un documento reservado que, al menos $120 millones recaudados por el llamado Fondo de Solidaridad, fueron destinados a gasto corriente del Estado. Es evidente que los recursos provenientes de los impuestos especiales creados a raíz del sismo también sirvieron para cubrir los gastos del Estado que, en ese momento, llevaban varios meses de atraso. Este desvío de fondos pudo haberse repetido luego de la revelación de los $120 millones sobre todo porque no se hizo, como pidió la oposición en ese momento, un fondo o fideicomiso administrado independientemente para que haya transparencia en el gasto. Los dineros destinado a Manabí y Esmeraldas no han sido manejados de forma transparente ya que las obras se hacen con régimen de emergencia. Esto impide que haya licitaciones y trámites que evitan el mal uso de los fondos.

A Correa le importa un carajo el éxito de las elecciones

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Esta vez la idea central no era hacer campaña electoral aunque sí se la hizo y mucho. Esta vez el objetivo de la sabatina fue algo que, a más de ilegal como hacer campaña, resulta perverso e irresponsable: tratar de posicionar, en la opinión pública, la idea de que el 2 abril la oposición no aceptará una derrota electoral y que alegará que el gobierno hizo fraude.

En otras palabras, el presidente Rafael Correa dejó en claro con su enlace 514 desde La Unión en Esmeraldas que su objetivo es convencer a la gente que ya se sabe que Lenín Moreno va a ganar el 2 de abril y que, cualquier denuncia de fraude que se presente en contra, es una estrategia de la oposición para desconocer la derrota. Así, si en efecto la oposición sostiene que hubo fraude, quedaría neutralizada antes de que se produzca. Así de sencillo.

¿Tiene Correa alguna evidencia para afirmar tan paladinamente que la oposición no va a aceptar la derrota y que Lenín Moreno va a ganar? Según Correa, la prueba irrefutable de este siniestro plan es la encuesta de Cedatos que pone a Lasso con cuatro puntos por encima de Moreno. Claro, en la lógica del Presidente, una encuesta que no pone a su candidato como ganador debe ser falsa y es prueba suficiente para sostener que la oposición quiere, desde ahora, convencer a la opinión que Lasso va a ganar. Así la denuncia de fraude tendrá credibilidad. “Hay que estar preparados porque ya están alistando -esto en comunicación se llama el encuadre- para otro fraude porque saben los resultados que van a tener el próximo 2 de abril” dijo Correa. Y agregó: “la encuestadora Cedatos es una de las principales cómplices para el presunto fraude. Cedatos hace dos resultados, el verdadero y el que publica. Sacó que Lasso está ganando con uno o dos puntos, si eso saca tienen que bajarle 10 puntos a Lasso y aumentarnos 10 puntos a nosotros y ahí tendrán el resultado verdadero”.

Según el Presidente, la oposición no va a aceptar el triunfo de Moreno y tiene listo todo un plan para desconocerla. “La oposición está preparando el encuadre para no aceptar los próximos resultados, tal como lo hicieron el pasado 19 de febrero, para amortiguar la derrota se inventaron esto del fraude. La oposición no ha presentado ningún informe oficial ni pruebas de fraude al CNE. No se presentó una sola denuncia de fraude, ya que no tienen ninguna prueba”.

Correa con su afirmación podría provocar una inseguridad colectiva alrededor del proceso electoral y eso, a su vez, podría desencadenar reacciones impredecibles. Incluso circunstancias en las que el proceso se vuelva vulnerable. Como Presidente, Correa está obligado a dar seguridades y a procurar que cualquier duda sea solventada, pero no es de estadista sembrar incertidumbre alrededor de uno de los momentos fundamentales de la vida democrática: las elecciones.

¿Tiene Correa alguna otra prueba para sostener una afirmación tan grave como la que hizo? Al menos dos más: que en la primera vuelta la candidatura de Lasso ya se quejó de fraude y que en la historia ecuatoriana la derecha ya ha hecho lo mismo varias veces. Por ejemplo cuando la derecha intentó convencer a la gente de que el triunfo de Jaime Roldós sobre Sixto Durán-Ballén había sido fraudulento. “Es importante reflexionar sobre la historia del fraude pues preparan otra igual “, soltó Correa quien no tuvo empacho en utilizar la figura de Roldós a quien sacó en un video de inicios de los años 80 del siglo pasado.

Pero el sujeto de marras fue más lejos. Según él, no se trata únicamente de que la oposición va a desconocer el triunfo de Moreno. Sostuvo asimismo que si Moreno no ganó en la primera vuelta, con el porcentaje que ya le hubiera permitido ser presidente electo, es porque la oposición hizo fraude el 19F. Es decir, hay segunda vuelta porque hubo fraude. Para afirmar esto, Correa no tuvo empacho en afirmar que Moreno obtuvo el 46% de los votos y que el resultado oficial de 39.3% es producto de una trampa que se logró gracias a que CREO tiene más recursos que la candidatura de Lenín Moreno. “El binomio AP obtuvo 46%, mientras que el de CREO consiguió 24%. Si hubo fraude fue contra nosotros porque no tuvimos control en todas las mesas. CREO lo tuvo porque tiene cualquier cantidad de billete. Esta gente ya no sabe cómo torturar las cifras. En todo caso en buena hora, para ir a una segunda vuelta y ganarles con mayoría contundente, para que sepan que aquí mandamos la mayoría”, afirmó. Con esta declaración, Correa no solo que sembró dudas sobre lo que podría ocurrir el 2 de abril sino que pretendió quitar legitimidad a lo que pasó el 19F. ¿Puede un mandatario socavar más la confianza de la gente en un proceso electoral? Difícil.

A esas alturas del enlace, el objetivo de Correa era, evidentemente, desatar todas las incertidumbres posibles sobre el proceso. Decir que Moreno tuvo el 46% sin la más mínima prueba o evidencia no hace más que eso. Es más, en su esfuerzo por sembrar dudas alrededor de lo que ocurrirá el 2 de abril no tuvo empacho de contradecirse de una forma alarmante. Luego de haberse quejado de que fue la candidatura de Gobierno la que sufrió un fraude, él mismo dijo que quejarse de fraude es una vergüenza. “El fraude ha sido y siempre será el argumento de los perdedores, que vergüenza”, expresó.

Toda la argumentación sobre la maniobra que, dijo, hará la oposición cuando se sepa que Moreno ganó se sustentó, además, en su inveterado discurso de revancha y odio social. Nuevamente sacó el tema de la Rebelión de los Smartphones que surgió de una fotografía a la que ya lleva refiriéndosse una semana y en la que se va a un grupo de jóvenes manifestándose frente al CNE  con smartphones en la mano. Y otra vez habló de los croissants del chef francés Jérôme. Como si él y los suyos no tuvieran smartphones y como si no se supiera que él y los suyos son asiduos comensales de Chez Jérôme.

“Los pelucones protestando, con su smartphone. Esta imagen debe recorrer el mundo, la prepotencia frente a un humilde trabajador. La rebelión de los smartphones revela lo que está en juego: un país de castas o un país para todos”, dijo y luego agregó: “!qué rebeldes protestando en pleno centro de Quito con un mesero que les sirve pan francés!”.

A Correa le gusta fijar ciertas imágenes en la gente y las repite hasta el cansancio para deslegitimar a las clases medias que no lo quieren. Entonces recurre a ciertos emblemas de consumo de clase media. Alguna vez fue la Nutella, otra los viajes a Miami y ahora los smartphones y el pan francés. ¿No ha visto el video de Crudo Ecuador que lo desnuda en su más profunda ridiculez?

También volvió con su retórica de las latas de atunes que pocos días antes había desarrollado en Chone aunque esta vez hizo una pequeña modificación. Ya no hay que tirarlas de vuelta sino aceptarlas y votar nomás por el gobierno. “Si vienen otra vez con sus latas de atún, recíbanlas nomás y si pueden me guardan una, al igual que las fundas de arroz o las camisetas, reciban nomás, pero saben por quién votar en las urnas”.

El enlace, en definitiva, fue un llamado desesperado a no confiar en las elecciones del 2 de abril. Pero también fue lo que han sido las últimas sabatinas: una descarada forma de hacer campaña con fondos públicos y un esfuerzo gigantesco por construir su imagen de héroe nacional. Correa no tiene decencia, no la conoce siquiera. A él, sus responsabilidades éticas y legales como Jefe de Estado no le interesan. Lo único que le interesa a Correa es ejercer el poder. Como sea.

¿Qué ve Lenín cuando Rafael lo pone a soñar?

en Caricaturas/El Humor por
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El majestuoso entrena a Lenín para el cargo que le quiere legar. Esto incluye intensos cursos en los cuales él imagina su futuro, el de Ecuador y el de la Revolución Ciudadana. Chamorro recogió esas confidencias …  Sigue leyendo

El karma de Moreno no es Lasso; es Correa

en La Info por
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Por primera vez, en diez años, el correísmo está a la defensiva. Por supuesto, nada está jugado pero la segunda vuelta no será el paseo que prometieron Rafael Correa y Lenín Moreno al afirmar que ya no ganarán con un millón de votos de diferencia sino con dos millones.
La presion está, esta vez, en el terreno del oficialismo y se nota: hay nerviosismo, muestras de desesperación, actores que actúan por su cuenta, arreglos de cuenta, grupos que se echan la culpa. Lenín Moreno tiene cinco semanas para revertir la tendencia y su problema es que, por no haber previsto una segunda vuelta, no parece tener muchas herramientas a su disposición para reinventarse. En los hechos Moreno tiene, además, dos frentes que atender: el interno y el de Guillermo Lasso. En ese frente interno tiene serios problemas. Cinco en particular:

  1. No tiene imaginario propio: Lasso tiene dos: la alternancia (el cambio) y la generación de empleo. Moreno jugó a reivindicar los logros de la Revolución Ciudadana y prometió agregar lo suyo. Pero fuera de ofertas populistas no logró personalizar la elección.
  1. Correa lo dejó sin espacio: Moreno tiene a Rafael Correa dando vueltas por el país para construirse un monumento. Inaugura obras creyendo que eso ayuda a Moreno. Pero, ¿qué ve la gente? Al líder (ahora impopular) de un movimiento que se va y que mientras más habla de él, más vuelve intrascendente a Moreno. Hace saber, además, que si pierde, él regresará… Huelga cualquier discurso: ya sembró una idea letal para Moreno: si gana, gobernará Correa. El karma de Moreno no es Lasso; es Correa.
  1. La sombra de la corrupción: Moreno también jugó mal en este capítulo y, en vez de deshacerse de las cacerolas, se declaró voluntario para cargarlas. Su campaña tiene ruido de corrupción. En vez de distanciarse de Jorge Glas y de los otros casos evidentes de corrupción en su gobierno, asumió el discurso oficial que es mentiroso (nosotros descubrimos a los corruptos) y ficticio (nos infiltraron). Su binomio está hoy pegado con babas y porta el virus de la inestabilidad institucional: Glas puede ser acusado en cualquier momento.
  2. Una campaña sin densidad: Moreno apostó a la liviandad: subirse a las tarimas, hacer gala de buen humor, satanizar los debates para no tener que confrontarse con sus contrincantes y hacerse selfies con los electors. Ese cálculo falló porque hay segunda vuelta. Ahora tiene a Lasso pidiéndole un debate por semana. Y se antoja obvio que alguien que aspira a gobernar el país deba tener respuestas para cualquier pregunta. Moreno hasta ahora no ha dado muestras de cómo piensa densificar su campaña, pues parece que la liviandad no le alcanza para ganar.
  1. Las Alianzas: Moreno está más cerca del 50% que Lasso. Pero en el sistema de alianzas que necesita no tiene muchas puertas abiertas. Se reunió con Iván Espinel, primo de los Alvarado y cercano al correísmo; un verdadero invento para quitar votos a los otros candidatos, que ahora necesitan. Suman pero ni son suficientes ni son seguros. Paco Moncayo reconsideró la posición anunciada tras el resultado de la primera vuelta. No votará por Moreno aunque no puede responder por ese caudal de votos (casi 7%). Parte del electorado de Dalo Bucaram puede ser sensible a las ofertas populistas del oficialismo; al igual que parte del electorado socialcristiano. Pero no puede aspirar a tener acuerdos orgánicos y públicos con esos partidos.

Ante Lasso no hay, hasta ahora, novedad alguna. Moreno cuenta con la obra del gobierno y con la adhesión que suscita su figura y lo que hizo en la vicepresidencia. No aspira a que los electores comparen entre sus propuestas y las de su contrincante. Por eso su campaña está volcada a desacreditar a Lasso.

  1. La descalificación: Lasso es, en su discurso, el banquero, el rico, el portavoz del pasado, el responsable del feriado bancario, el político responsable de la guerra sucia.
  2. Encuestas trucadas: El 25 de febrero apareció una encuesta de Cedatos según la cual Guillermo Lasso gana en la segunda vuelta. Un inexistente Centro de Investigación Social publicó ese mismo día otro sondeo según el cual Lenín Moreno va a adelante. No con cuatro puntos de ventaja como anotó Cedatos (52%-48%) sino con 18 puntos (59%-41%). El Telégrafo lo reprodujo, al igual que Telesur, El Ciudadano y todo el aparato de propaganda del régimen. Publicar sondeos fabricados es un engaño público. Pero es, sobre todo, una muestra de desesperación que seguramente se repetirá.
  1. Más y más populismo: Moreno se convirtió, en la primera vuelta, en el mayor populista de la campaña: planes para jóvenes, mujeres y abuelos, subir el bono de la pobreza, duplicar la pensión, casa propia… Seguramente habrá nuevas ofertas en esta verdadera feria del reparto con plata del erario nacional.
  1. Suscitar miedo: la fórmula está probada , aunque en Argentina no dio el resultado esperado. Pero las acusaciones que surgen contra Lasso son las mismas que usó Cristina Fernández contra Mauricio Macri: querer privatizar la educación y la salud. Querer acabar con todos los planes y beneficios sociales. Querer implantar un capitalismo salvaje sin precedentes. Querer acuerdos comerciales que arruinarán la agricultura, la industria nacional…
  1. Multiplicar la guerra sucia: lo que acaba de ocurrir con Manabí es la prueba. Ya salen grafitis en los que supuestamente Lasso insulta a los estudiantes de la Universidad Católica… La guerra sucia es una caja de pandora en la cual seguramente los Alvarado, Patiño y compañía seguirán hurgando.
    Foto: Vicepresidencia de la República.
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