Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

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Lenin Moreno

La caída de Glas está programada

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Muy pocos tienen respuestas a estas tres preguntas: ¿Cuál es el modelo ideológico, político y económico de Lenín Moreno? Fuera del primer anillo que lo rodea, en el que están muy pocos colaboradores, raros son aquellos que saben hacia dónde realmente irá Ecuador en sus manos. Lo único que cercanos suyos transmiten, como certezas, es que Moreno está tranquilo, se ha hecho un poco más pensante y está dichoso de ser tan popular, según dicen las encuestadoras que ahora trabajan para él.

Moreno está contento porque lo primero, en su agenda, era legitimar su Presidencia y generar un ambiente diferente en el país. Son cosas hechas. El resto vendrá, como vendrá la proforma presupuestaria o el plan económico. Pero el resto tiene tiempos, requiere circunstancias y, sobre todo, está supeditado a un protagonista de excepción: el vicepresidente. La convicción que ronda en el gobierno es que él tiene que salir. Y cuanto antes mejor.

Jorge Glas –que no quería ser candidato y cedió, para su desgracia, ante la imposición de Rafael Correa– se convirtió, en esta transición, en el gran divisor de aguas. La guerra que hay en Alianza País, a propósito suyo, no solo concierne su destino personal: en su destino político se juega el futuro inmediato del gobierno de Moreno.

Glas, por la designación que recibió, por el encargo que le hizo Correa, por el cargo que ocupa, encarna –muy a pesar de lo que realmente él es– muchos símbolos para la militancia dura y, al parecer, en decrecimiento del correísmo: la continuidad del proyecto autoritario, la lealtad a Correa, la garantía del statu quo, la impunidad tras diez años de administración opaca. Glas terminó así ostentando el papel de guardián del templo que le disputa Gabriela Rivadeneira.

Quizá por eso pensó que podía  parar la ola que se le vino encima con protección política. La buscó y obtuvo durante más de un año que Correa, la Fiscalía y la Contraloría eludieron el caso Odebrecht. Sin Correa, le tocó agregar una fuerte dosis de cinismo en la Asamblea, que usó para auto-exculparse. Sumó el padrinazgo del aparato político que el Consejo de Administración de la Asamblea, CAL, tradujo evitando que fuera llamado a juicio político. Las cabezas del correísmo también volaron a socorrerlo: Correa, Doris Soliz, Gabriela Rivadeneira, Marcela Aguiñaga…

No obstante, en el oficialismo se sabe que su suerte está echada y que el desenlace es un problema de semanas. Primero, porque esta vez su causa no se juega solamente en la fiscalía ecuatoriana: la información viene de Brasil. Segundo, porque con los días el aparato ha ido haciendo conciencia de que Moreno es el Presidente: el efecto Correa se diluye. Tercero, porque aquellos que nada robaron durante estos diez años, no sienten arrebato alguno por defender a aquellos dedicados a hacer negocios. Glas es –muy a pesar de lo que piense y diga– la línea divisoria entre lo que era Correa –corrupción incluida– y lo que quiere ser Moreno (aunque nadie sepa a ciencia cierta lo que quiere).

La ruptura política de Moreno con Glas no se dará, entonces, en el terreno que quieren los correístas duros: esos supuestos principios y programa político del cual habla Gabriela Rivadeneira con la pasión de una cheerleader con incontinencia verbal. Es inquietante verla recitar, como colegiala, el credo que aprendió de memoria como hizo hoy en Teleamazonas. Su sentido político queda en entredicho cuando se le ve trazar líneas rojas al Presidente de la República y presidente de su partido. Rivadeneira cree que la realidad política se juega en jornadas de catecismo ideológico, programadas para poner en cintura a Moreno. Pues bien: la ruptura Moreno-Glas no se dará en ese terreno. Se dará en el tema de la corrupción. Y así será promocionada por el gobierno. La opinión verá allanamientos de envergadura y acciones de la Fiscalía o de la Contraloría que tornarán insostenible la situación de Glas. Tomilav Topic acaba de producir una: confesó que por cortesía regaló $5,7 millones al tío de Glas. Y Glas volvió a su línea de defensa que, ahora, cuando la plata regalada a su tío ya suma $18,7 millones, luce inconcebible: él no sabía. Él no conocía. El Vicepresidente no explica, y no podrá explicar, por qué ya suman dos empresas que tomaron altos riesgos y delinquieron… solo por regalar plata a su tío.

Ante estas circunstancias, muchos en Alianza País han dejado de creer que la lealtad política incluye defender a JG (como aparece en el teléfono de su tío). O hacer equipo con Marcela Aguiñaga (a quien le endosan, por ejemplo, creerse dueña de la nómina de Corporación Nacional de Electricidad, CNEL). En el fondo, la guerra que se está librando en Alianza País se explica por un arreglo de cuentas que estuvo pendiente durante todo el gobierno de Correa: los ideólogos (muchos de los cuales rodean hoy a Moreno) contra aquellos que usan la política para hacer negocios. Y que los ideólogos perciben no solamente como negociantes sino como corruptos.

Ese arreglo de cuentas se verá –eso se dice– en la lista de casas allanadas y de funcionarios detenidos. Esta es una etapa prevista en el gobierno de Moreno que no responde, hay que subrayarlo, a las tres preguntas iniciales. Pero es una etapa que dividirá, en forma irremediable, su gobierno de la era de Rafael Correa. Y eso está previsto.

Foto: Ecuavisa

El Telégrafo: una aberración que no se elimina con Larenas

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Si en algo fue inmensamente exitoso el correísmo es en haber logrado que la sociedad asuma como normal las anomalías más aberrantes que puede sufrir un sistema democrático. Diez años parecen ser suficientes, por ejemplo, para que los ecuatorianos se pongan a discutir sobre cuál debería ser la nueva línea editorial de El Telégrafo como si la existencia de ese diario de propiedad del gobierno no fuera, en sí, una anomalía.

En esta discusión participa un sector que sostiene que nombrar como director de El Telégrafo a alguien como Fernando Larenas que no ha sido parte del Gobierno y que, más bien, ha tenido una posición crítica del correísmo es una traición a la revolución ciudadana y al proyecto político de Alianza País. Por el otro lado están quienes sostienen, pletóricos de esperanza y optimismo, que con el nombramiento del nuevo director finalmente se tendrá un diario público que no responda a los intereses de un partido.

Lo unos y los otros discuten, sin embargo, sobre un absurdo. El Telégrafo es una aberración salida de la mente de Vinicio Alvarado y el debate sobre si el nombramiento del nuevo director es una traición o la reivindicación de lo público es asumir como normal y legítima la existencia de esa aberración.

Veamos. En la lógica de quienes están indignados con el nombramiento de Larenas, Lenín Moreno ha traicionado a su proyecto político.  Se trata de una visión que asume como normal y correcto que El Telégrafo pertenezca al partido de gobierno. Lo más insólito de esta argumentación, sin embargo, no es ya la distorsión brutal del concepto de lo público que existe en parte de la sociedad ecuatoriana, sino que se la asuma como algo tan normal que no hay problema en sostenerla públicamente sin ruborizarse siquiera.  En efecto, Marcela Aguiñaga dijo en declaraciones a Ecaudorinmediato que la prueba del error del nombramiento está en que ésta ha sido saludada por Guillermo Lasso.  Aguiñaga está convencida de que El Telégrafo, como órgano de propaganda de un movimiento político, es parte de la institucionalidad del país. “Si algo, en estos diez años, me parece que el gobierno de Rafael Correa quiso crear en este país fue institucionalidad, y las institucionalidades deben respetarse”, dijo Aguiñaga en Ecuadorinmediato. ¿Un diario que se financia con dineros públicos para servir a un movimiento político puede ser parte de la institucionalidad? Conceptualmente esa posibilidad es un contrasentido, pero en la práctica parece eso se lo está asumiendo como parte de la realidad.

Del otro lado están quienes celebran el nombramiento de Larenas asegurando que, con él, finalmente El Telégrafo será un medio público. En esta corriente está el ex candidato presidencial Guillermo Lasso, que ha felicitado a Lenín Moreno por su decisión. Según el ex candidato, El Telégrafo “finalmente será manejado como un medio público”.  Creer y decir que con la llegada de un periodista independiente a El Telégrafo ese diario va a pasar a ser un medio público no solo que es iluso sino que no aporta, en absolutamente nada, a un verdadero debate sobre la construcción de medios auténticamente públicos. El Telégrafo no tiene ningún paraguas jurídico ni institucional que garantice que este gobierno, o cualquier otro, pueda influir en la política editorial. Y mientras no se articule esa institucionalidad jurídica, El Telégrafo no será, ni por asomo, un medio público.

Para comenzar, el simple hecho de que Larenas sea nombrado por el presidente Moreno hace de ese cargo un cargo político. Por más méritos y buenas intenciones que tenga el nuevo director, que sí los tiene y de sobra, siempre llegará el día en que sus decisiones terminen siendo influenciadas por el poder o terminará renunciando en pocas semanas. Y así no hay independencia posible y el medio terminará inexorablemente siendo portavoz del gobierno.

Los medios realmente públicos, que existen en las democracias maduras, tienen estructuras institucionales que aislan, de la mayor manera posible, al gobierno sobre el manejo editorial de los medios. El ejemplo por antonomasia de esto es la BBC de Londres que es manejada por un board o consejo integrado por personas perfectamente independientes del gobierno. Es famosa la historia de cómo ese medio se resistió a los intentos de Margaret Thatcher a que tome una posición pro británica durante la guerra de Las Malvinas, por ejemplo. De hecho, Thatcher murió convencida de que la BBC había estado del lado del “enemigo” durante la guerra y nunca perdonó a ese medio que no se haya referido a los soldados británicos como “nuestros soldados” sino en tercera persona como los “soldados británicos”. 
En el mundo entero son contadísimos los casos de diarios que son propiedad del Estado o del partido en el gobierno. Éstos se limitan a países donde hay dictaduras como Cuba o democracias precarias como Kenya. De hecho, en ninguna democracia europea hay diarios públicos, aunque sí hay radio y televisión pública por el simple hecho de que el espectro radioeléctrico es propiedad del Estado.

El correísmo lesionó la idea que la sociedad ecuatoriana tiene sobre lo que significa la esfera pública. El Telégrafo no va a ser un diario público aunque se nombre como director a alguien que ha sido independiente del poder. Para que pueda ser público, si es que un diario puede llegar a serlo, tiene que construirse primero una institucionalidad que lo aísle de Moreno o cualquier otra persona que ocupe la Presidencia o cualquier otra función del Estado. No es un tema de buenas intenciones.

Si Alianza País quiere tener un diario propio, como parece que es la aspiración de Marcela Aguiñaga, debería financiarlo con sus fondos partidistas. Pretender que lo paguen los ecuatorianos que no tienen nada que ver con ese movimiento político es pretender que el peculado ya no sea delito.

El gobierno de Lenín Moreno ha dado sin duda un paso interesante con el nombramiento de Larenas y es perfectamente entendible que en las redes sociales se hayan encendido los enhorabuenas. Pero de una y otra forma, quienes han apoyado al gobierno por el nombramiento, están colaborando en la legitimización de la aberrante existencia de El Telégrafo. El problema no está en Larenas, sino en los orígenes mismos del diario.

Lenín Moreno debería pensar en encontrar una fórmula legal e institucional para que El Telégrafo y todos los medios administrados por el gobierno dejen de ser una parcela de poder de Alianza País. Se trata de devolverle a la sociedad algo que le ha sido ilegal e inmoralmente expropiado. Y junto a eso debería también presentar las cuentas de cuánto ha representado al erario nacional su funcionamiento. ¿Cuánto costó el funcionamiento de El Telégrafo desde que fue absorbido por el Gobierno de Rafael Correa? ¿Cuánto cuesta que siga funcionando ese diario?

Devolver a la sociedad lo que le fue arrebatado sin su consentimiento ni información, es la única forma de construir una auténtica esfera pública.  El resto solo sirve para la anécdota.

Si Jorge Glas no es ratero es inepto

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Robos hubo en los sectores estratégicos. En las hidroeléctricas, en la refinería de Esmeraldas y la del Pacífico que Jorge Glas es el único en ver, allí donde todo el mundo ve un terreno baldío.
Jorge Glas fue el responsable de todos los sectores estratégicos. Responsable del control y la supervisión de todo lo que allí ocurriese.

Un señor, Ricardo Rivera, recibió $13 millones de dólares de la empresa Odebrecht, especializada en repartir coimas a funcionarios de Gobierno. Rivera, que está preso en su domicilio, no es funcionario pero es pariente de un alto funcionario del gobierno de Rafael Correa. ¿Qué funcionario? El único conocido es Jorge Glas.

Pero Jorge Glas tiene un partido, Alianza País, que ayer, en la Asamblea Nacional, reiteró lo que es su prioridad: protegerlo. Esconderlo. Facilitarle todas las coartadas –inventándose minucias formales o prevaricando– para que no tenga que responder por aquello que no hizo (cuidar la plata del erario público) y dejó hacer (que se la robaran).

Salvarlo sin que tenga que explicar cómo pudo su tío, con quien está atado desde siempre, que es como su segundo padre, que él metió a la función pública apenas llegó al poder; cómo pudo ese tío recibir tantos millones de una empresa que solo paga por favores recibidos sin que él –único pariente situado en un alto cargo del Estado– esté, de cerca o de lejos, involucrado.

Alianza País es una empresa política hoy dedicada a tapar. Diez años sin fiscalización, produjeron secretos, realidades impronunciables, carpetas que no conviene abrir. Ese partido parece sellado por el mismo código, no escrito pero real, que rige el comportamiento de la mafia italiana: la omertà. La ley del silencio. Si cae uno, caen todos. Luego, todos se protegen. Los cadáveres en los armarios garantizan el hermetismo leal y férreo de la hermandad.

Alianza País ya no sabe lo que es el bien público. Ni la responsabilidad política. Ni la rendición de cuentas. Ni la fiscalización. Ni el poder con pesos y contrapesos. En ese mundo unívoco y hegemónico, hecho de lealtades y complicidades compartidas, ese partido creó una institucionalidad –redes de poderes concatenados, obedientes y cómplices– para ser impunes.

Todo esto es lo que se activó de nuevo en el caso de Glas. El Vicepresidente ni siquiera tiene que explicar lo que ocurrió en sus áreas donde se ha robado a manos llenas. En su defensa, el aparato ni siquiera usa el sentido común: si Glas no robó, pero dejó robar, no es responsable por acción, pero lo es por omisión. Bueno, y si no es responsable por acción ni omisión –lo que se antoja imposible– pero si así lo quieren ver, tienen que concluir: el vicepresidente es un inepto. Un peligro en la función pública. No deben confiarle ni la administración de una tienda rural. Debe renunciar.

No hay lógica política en Alianza País, preocupado por salvar a Glas como sea. Como si su movida se jugara en el mismo tablero de ajedrez del apogeo correísta. Como si no hubiera una opinión que ve sus coartadas miserables por ocultar la mugre bajo las alfombras. Y como si Moreno, que los amigos de Glas tratan abiertamente de traidor, no fuera beneficiario de un hecho político coyuntural que, con alrededor de 70% de popularidad, recompone la relación de fuerzas políticas a su favor. En ese esquema, sobra Glas. La reacción del aparato de Alianza País, al cerrar la posibilidad del juicio político, es tan ciega que, más que una muestra de fuerza, prueba su insoslayable desesperación.

Glas dio por cerrado este capítulo. Irrisoria conclusión. La opinión no lo olvidará. Y Moreno, aunque quisiera protegerlo, tendrá que seguir la dinámica de una sociedad que ahora ve el juego miserable de un colectivo que, hipnotizado por la ilusión del partido único capaz de controlarlo todo, confunde sociedad con militancia, triquiñuelas con institucionalidad y transparencia con ley del silencio.

Alianza País cree que Ecuador es un país de ciegos.

Foto: Vicepresidencia de la República

Presidente: ¿todos los que actuaron como delincuentes serán premiados?

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Presidente,

Usted no padeció los diez años de correísmo. En su posición de vicepresidente de Correa, durante seis años y cuatro meses, se construyó un andén paralelo, mantuvo silencio y, luego, desde Ginebra, observó la tarea infame de la Revolución Ciudadana.

La sociedad no es para usted la víctima del modelo autoritario de su partido. Los militantes son para usted ex funcionarios de Correa o funcionarios suyos. Nada más. No son los actores o promotores de ese ambiente tiránico, de esa arrogancia asfixiante, de esa superioridad opresiva, de ese cinismo impúdico e impune que, a lo largo de los años les otorgó, con sobradas razones, el estatus de verdaderos vomitivos.

Usted estuvo allí, en palco de honor. No sabe lo que es haberlos visto regodearse en el poder, usar y despilfarrar el dinero público, perseguir, dar lecciones de ética y moral, robar o socapar a los que roban, humillar… Diez años en los cuales ustedes fueron los dueños de las instituciones, de los medios, de los fiscales, de los jueces, del Consejo Nacional Electoral, del Tribunal Contencioso Electoral, de la Asamblea, de las superintendencias… del país. Diez años, largos años, durante los cuales fueron gerentes propietarios de la palabra, de la esfera pública, de la verdad. Años de troles, de insultos, de inquisidores abyectos, de miseria humana con poder.

Para usted, presidente, la sociedad no es víctima de ese modelo: solo es el instrumento para legitimar su poder; sobre todo en sus propias filas. Usted no entiende –quizá por eso– que algunas cosas de su gobierno –que recién empieza– causen repugnancia. No solo riñen con la idea de cambio que usted propuso. Muestran que para usted la verdad y la justicia están sujetas a transacciones. Las que usted necesita para renegociar lealtades entre los suyos. Esto deja sin piso a la sociedad, invitada –otra vez– a observar cómo el Ejecutivo transa. Cómo comercia con aquellos valores que dice querer restablecer en la esfera pública.

¿Hubo desafueros? Usted dice que sí. ¿Quién contribuyó a darles forma legal? Alexis Mera. Él es responsable de todo aquello que pareció legal y que, en realidad, fue arbitrario. Mera es lo más parecido a un delincuente jurídico: violaciones abiertas a la Constitución, atentados a los DD.HH., declaratorias de emergencia, gestiones secretas en Brasil en el caso Oderebecht… ¿Cuántos abusos del Ejecutivo no contaron con su interpretación antojadiza del marco jurídico? Y sin embargo, usted lo premia –veamos si esa rueda de  molino se tragan los republicanos– designándolo como su embajador en Washington. ¿Cuál es, Presidente, el mensaje para la sociedad?

¿Cuál es en el caso de Guillaume Long? ¿Premia usted su mamertismo al nombrarlo embajador ante las Naciones Unidas en Ginebra? ¿Acaso su defensa lacerante, a nombre de todo el país, de las dictaduras cubana y venezolana? ¿Su trabajo indigno, al lado de su Canciller, en Ginebra para defender los atentados a los DD.HH. en el gobierno de Correa? El caso de Long es, en su gobierno, una alerta. Porque él ni siquiera tiene capital político. Nada obligaba a premiarlo. A menos que él represente la forma de ver, de su Canciller y suya, la realidad internacional. Solo esa posibilidad causa pavor y es imposible no tenerla en cuenta cuando se juntan las posiciones que ha tomado su gobierno sobre el dictador Maduro.

¿También va usted, Presidente, a premiar a Carlos Ochoa con una embajada, como se oye en su entorno? ¿Terminará haciendo creer a la nación que todos aquellos que actuaron como delincuentes en el gobierno de Correa se harán acreedores a embajadas y otras canonjías? ¿Esa es la pedagogía política de su gobierno? Amigos suyos dirán que es exagerado hablar de delitos y delincuentes. Pero ahí están los hechos, Presidente. Patricio Rivera, miembro de su equipo económico, sostiene hoy, por lo que usted anunció, exactamente lo contrario de lo que dijo durante el gobierno anterior. Si hubo falsificación o adulteración de documentos públicos –y eso ocurrió con las cifras de la economía–, él y otros funcionarios que se prestaron para ello, con Correa a la cabeza, cometieron un delito estipulado en el artículo 328 del Código Orgánico Integral Penal. Dilma Roussef, ex presidenta de Brasil, fue acusada y destituida, precisamente, por alterar cifras fiscales. ¿Sirve el ejemplo para vislumbrar la pedagogía que, también en este punto, se está creando en su gobierno? El mensaje vuelve a ser claro: aquellos que ayer engañaron al país, hoy pueden seguir siendo altos funcionarios.

Todo esto puede ser conveniente para usted y la renegociación que hace de lealtades en su partido. Pero es terriblemente nocivo –y ultrajante– en la relación que usted establece con la sociedad. No se sabe dónde están las líneas rojas en la definición de valores democráticos y éticos. Ni en qué las basa usted. Parece que es lo mismo respetar las cifras y ofrecerlas al país que adulterarlas y esconderlas. Parece que es lo mismo ser un defensor de la democracia y los DD.HH. que desconocerlos y aplaudir a sus violadores.

No haber vivido los abusos del correísmo, puede nutrir esta ilusión de cambio en el cual es factible que una cosa sea igual a su contrario. Quizá por eso, en vez de agradecer a Fernando Villavicencio por sus investigaciones, piden brazaletes electrónicos para monitorearlo porque debe ser lo mismo denunciar a los corruptos que serlo.
Usted, al margen todo, parece inaugurar una nueva moda: la ambivalencia de valores. Es penoso tras diez años en los cuales su predecesor trató de cambiar hasta el significado de las palabras. Con usted, por ahora, todo parece ser más simple: lo uno es lo otro y todo lo contrario.

Atentamente,

Foto: Presidencia de la República

Moreno, hasta ahora puro blá blá

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Parece ser que, expatriado el energúmeno insultador de los sábados, todo cambió. Parece ser que todo lo que se hizo, mal hizo y deshizo durante el correísmo, se minimizó, se olvidó, solo por que ya no se avientan agresiones, improperios u órdenes de persecución. Sin duda, es mejor que el origen de esa contaminación verbal, intelectual, ética, que representó personalmente Correa, no tenga sino sus tuits. Es verdad que su ausencia y de ese estilo envenenado, despeja el aire, pero…

Moreno ha sido prolífico en gestos. Le ayuda su condición física, su lenguaje trastrabillado y su aparente incompetencia para el insulto (aunque mostró tal habilidad durante la campaña). Solo con gestos y su popularidad se ha elevado y con ello la anuencia de políticos que saben de aprovechar oportunidades. Como muestra sirve la adhesión de los alcaldes. Basta leer lo que los adherentes de Nebot y Rodas dejan saber en redes sociales, o lo que dicen sus asambleístas para reconocer que Moreno los tiene ya a su lado. Le ha servido que Correa apretó tanto el nudo, que un leve aflojamiento parece suficiente. Muchos opinadores, periodistas, así como sucedió en 2007, que cerraron filas en torno a Correa, negándose a ver la realidad, hoy diez años más tarde, aplauden los gestos, como si ya hubieren hechos, realidades, cambios que aplaudir.

Moreno ha convocado al diálogo. Y para la foto se prestan excandidatos presidenciales. Incluso se ha hecho un acuerdo de reparto de puestos. ¿Y de qué hablaron? ¿Del combate a la corrupción y la urgencia de que el gobierno baje las murallas de protección a Glas? No. ¿De cómo resolverá la abrumadora crisis económica que hereda de Correa, que engañó con el cuento del milagro? No. ¿De cómo recuperar la independencia de funciones eliminando tanto correísta devoto en los puestos claves de control? No. ¿De derogar la Ley de Comunicación, eliminar la comisaría de información? No. ¿De desarmar la estructura, legal, reglamentaria, burocrática que ahoga el emprendimiento? No. ¿De la política internacional chavista que lleva a defender los abusos infames de Maduro en Venezuela? No.

El diálogo parece ser una coartada. Una forma de hacer un cambio, para que nada cambie. Así como los cruces sensacionalistas de tuits entre Moreno y Correa y los tuits que desde los laterales avientan las sumisas a Correa, que ya no son sumisas a Moreno porque solo son sumisas con el jefe del clan. Solo alimentan el natural y humano sentido de retaliación de la población que durante diez años padeció o rechazo el abuso.

En el mediano y largo plazo, que Moreno y Correa se aruñen con trinos es irrelevante si no hay decisiones que apunten a atacar estructuralmente las causas del desmadre político y económico del correísmo. Pero Moreno, va dando muestras de que más allá de los gestos, no incursionará en mayores riesgos. Y es obvio porque se ha ratificado militante de la revolución.

Sobre Glas ha dicho que ha desvanecido las acusaciones. ¿Cuáles ha desvanecido, según Moreno? No lo ha dicho, pero si se entiende que le ha conferido ya una declaración de inocencia. Lo que no extraña, pues, mientras tuitea provocaciones contra Correa, Moreno ha permitido una profusa campaña publicitaria en la que se presenta a Glas como el gran hacedor de todo.

Moreno ha dicho que la mesa no estaba servida, como cínicamente afirmó su predecesor. ¿Y los co-responsables de las decisiones mal tomadas, los operadores del fraude en las cifras y los mentirosos de propaganda? Bien gracias. O son parte del gabinete, o serán embajadores. Al tiempo de denunciar que si hemos estado en crisis, lo que resulta increíble lo diga hoy cuándo en campaña se sumó al coro del engaño; Moreno no ha develado los contratos secretos de deuda, no ha anunciado las medidas de ajuste fiscal urgente, no ha propuesto un plan de renegociación de deuda o de investigación sobre ella. No ha ratificado ni explicado como devolverá el dinero de la reserva de libre disposición, entre los que está dinero de depositantes de la banca privada, cuyo uso (abuso) fue conocido por el actual ministro de Finanzas. No ha dicho mayor cosa, salvo lo dicho para satisfacer la revancha de una parte del electorado y así sostener su popularidad.

Moreno y sus gestos, no van mas allá de eso. Mientras en Venezuela un obtuso gorila y su camarilla arremete a bala contra la población, se arma ilegítimos atajos como es convocar una Asamblea Constituyente y persiste en sostener las condiciones de desastre económico, consistente con la alineación de Correa, el gobierno de Moreno, a través de su canciller, que ocupó igual puesto durante el gobierno de Correa, se suman a otros gobiernos chavistas para negar lo evidente y apoyar a Maduro.

Empecé por reconocer los gestos. Por algunas acciones que reducen presión. De allí falta mucho para concluir que se ha producido un cambio que vaya más allá de un conflicto de liderazgo o de una bronca por ocupar el trono. Falta mucho para sumarse a los aplaudidores tempranos.

Diego Ordóñez es abogado y político 

Glas es un hombre atrapado y sin salida

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La bancada oficialista en la Asamblea Nacional está como carne sobre la parrilla. Terriblemente incómoda. Visiblemente disgregada. Consciente de que ahí se juega, en estas horas, un capítulo excepcional del postcorreísmo: la protección a Jorge Glas. O la posibilidad de que vaya a un juicio político que lo pone al borde de la destitución.

Glas fue convertido en piedra de toque por Rafael Correa y sus seguidores. Defenderlo a ojo cerrado es para ellos muestra de lealtad al líder y de fidelidad a su mal llamada Revolución Ciudadana. Paradójicamente con Lenín Moreno ocurre exactamente lo contrario: Glas se convirtió en divisor de aguas. Su presencia en el gobierno lo afecta y apartarlo se volvió, políticamente, una necesidad apremiante. Moreno no ha dado pasos decisivos en esa dirección, pero tampoco ha salido en su defensa. Y por su puesto sus operadores en la Asamblea no están sumando votos para evitar el juicio político que le plantea la oposición y cuyo interpelante es Roberto Gómez de CREO.

Hasta ahora Glas ha sido protegido por los asambleístas de la 35. Ya votaron para que no comparezca. La Comisión de Fiscalización le tendió alfombra roja para que, en vez de ser obligado a dar explicaciones, concurriera en calidad de invitado y se hiciera un monumento en una suerte de show-sabatino. Y ahora, cuando hay un pedido de la oposición con 60 firmas para llamarlo a juicio político, el oficialismo juega a ganar tiempo para seguirlo protegiendo: en el Consejo de Administración Legislativa (CAL), cinco miembros de Alianza País, de los siete que lo componen, interpretaron a favor de Glas la ley y no dieron paso al pedido de juicio político. Otorgaron tres días más a sus interpelantes para supuestamente completar los requisitos exigidos. En realidad, multiplicaron los formalismos para estirar los tiempos; una prueba fehaciente de que Glas ha perdido terreno entre los asambleístas de su propia bancada que no saben qué hacer con la papa caliente que tienen en sus manos. Es obvio que están divididos como lo muestra la posición de Jorge Yunda, entre las presiones de Correa y Glas –que transmiten voces como la de Marcela Aguiñaga– y el nuevo momento político que expresa Moreno, cuya popularidad –alrededor del 70%– es un sensor de altísima sensibilidad para cualquier político.

El caso de Glas no solo mide la lealtad hacia Correa. Se convierte en una antena a tierra para los asambleístas de la 35 impelidos hoy a tener en cuenta los nuevos factores del momento político: una opinión que clama y pide responsables de la corrupción. La defensa impresentable que ha hecho de su caso Jorge Glas. El peso específico que representa tener un tío preso por haber recibido $13 millones en coimas; y haberlas recibido por su relación con “un alto funcionario” del gobierno anterior que no puede ser otro que Glas. El costo político que significa protegerlo y, a través suyo proteger políticamente a aquellos que hicieron negocios non-sanctos en el gobierno de Correa.

El escenario, como se ve, se ha tornado disuasivo para muchos asambleístas de la 35 que, más que disciplina partidista, obedecen, como piensa Luis Fernando Torres, a sus realidades locales. Y esas realidades las tienen que administrar con el gobierno de Moreno; ya no con Correa. Todos saben –también los defensores de Glas– que el tiempo, por más que enreden el juicio político, juega contra ellos. El Vicepresidente es un hombre atrapado y sin salida. Y su caso puede demorarse en reventar, pero lo hará en cualquier momento. Basta con que hable su tío, el Fiscal reciba nuevos documentos o los jueces metan mano en el caso Caminosca. Glas puede subirse a la tarima con Correa o hacer almuerzos populares. Su realidad no cambia: ante sí tiene dos abismos y le será imposible evitarlos: uno político, otro penal.

Por supuesto hay mecanismos, todos controlados por el aparato que montó Rafael Correa, que pueden sacar a Glas provisionalmente del atolladero político: si el CAL da paso a la demanda de juicio, ese expediente irá a la Corte Constitucional y de allí –si la Corte califica la admisibilidad de la demanda– a la Comisión de Fiscalización que, con María José Carrión a la cabeza– ya mostró lo que es capaz de hacer…

Glas, ya se dijo, es el gran divisor de aguas. Los electores están invitados a ver de qué lado se ponen estos días sus asambleístas. Y Moreno podrá de nuevo evaluar cómo va su mano a mano con Rafael Correa. Porque si se cae Glas, la estantería que se derrumba estropeará sin duda al nuevo habitante de Bruselas.

Guillaume Long embajador en Ginebra: ¡qué macabro!

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El 13 de julio del 2016 el Ecuador se cubría de indignidad cuando, ese día, concluía el proceso de expulsión de 125 ciudadanos cubanos que fueron devueltos al país del que huían por motivos políticos y humanitarios. Un año más tarde, exactamente el 13 de julio del 2017, el recientemente posesionado gobierno de Lenín Moreno decidió premiar, nombrando como embajador ante la Organización de Naciones Unidas en Ginebra, Suiza, a quien fue el responsable diplomático de aquella inhumana e ilegal expulsión: Guillaume Long.

Que este nombramiento se haya formalizado cuando se cumple el primer aniversario de una de las peores violaciones colectivas de derechos humanos cometidas por el Estado ecuatoriano, parece una broma macabra. O de alguien que quiere burlarse de la imagen internacional del Ecuador. Ese nombramiento no es, en todo caso, un hecho cualquiera: la misión del Ecuador ante la ONU en Ginebra es la encargada de representar al país ante el sistema universal de derechos humanos. Es ahí donde están los organismos de la ONU que tratan los temas de defensa de los derechos ciudadanos; entre ellos el de la libre movilidad y el asilo político. Enviar a Long a Ginebra es algo así como enviar a Orlando Pérez a representar al Ecuador ante un organismo internacional de defensa de los derechos de las mujeres.

Se trata, sin duda, de un gesto impresentable del gobierno. Long se encargó de justificar y defender aquella infamia hace un año. “Hay que seguir desmontando todo este aparataje que de alguna manera es parte del bloqueo a Cuba”, dijo entonces adhiriéndose al discurso de uno de los gobiernos más represivos del mundo -Cuba-, y negando la posibilidad de que esas personas hubieran estado buscando asilo político. Para alguien con ideología mamerta, es imposible imaginar que esas personas pudieran aspirar a vivir en un lugar distinto a donde se impone la utopía comunista. Y si los hay, los tratan como son gusanos traidores . “El gobierno no puede estar participando de esta migración ilegal, a través de la trata de personas, o estar involucrado en  tráfico de personas proporcionando aviones”, sostuvo asimismo en un desborde de cinismo. Long mutó en trata de personas la desesperación de un grupo de cubanos que salieron de su país porque ahí ya no querían vivir. 

Long es responsable, como canciller que fue, de que se haya violado la obligación jurídica internacional que tiene el Ecuador de respetar el principio de non-refoulement, que indica que no pueden devolverse a refugiados al lugar donde sus vidas o libertades se encuentran amenazadas. También es responsable de no haber cumplido con los principios básicos del debido proceso y permitir a los a solicitantes de refugio que sus casos sean justa y debidamente considerados.

El proceso en contra de los cubanos debe ser uno de los mejores ejemplos de violación al debido proceso y Long legitimó internacionalmente aquello. Desde el 7 de julio del 2016, un día después de las detenciones, hubo una serie de audiencias de deportación en las cuales los detenidos tuvieron pocos minutos para presentar su defensa. Abogados defensores de los cubanos aseguraron, entonces, no haber podido hablar con sus defendidos con anterioridad a las audiencias e informaron que algunos cubanos arrestados habían presentado solicitudes de refugio, mientras otros ya tenían estatus migratorio legal o habían solicitado refugio durante la audiencia.

Long fue una figura clave en ese arreglo al que el gobierno ecuatoriano de Rafael Correa llegó con Raúl Castro. Pocos días antes había venido al Ecuador el canciller cubano para pedir que el Ecuador cierre sus puertas a los cubanos que utilizaban este país como parte de la ruta para llegar hasta los EEUU.

¿Como entender que un gobierno que quiere diferenciarse de su antecesor, precisamente en temas vergonzantes como el del manejo de los medios públicos o el de la tolerancia frente al disenso, premie a Long con una embajada que tiene, además, conexión con temas de derechos humanos? Lo más lógico, si la idea es darle una Embajada dentro del actual proceso de renegociación de lealtades en que está imbuido el correísmo, era enviarlo a Cuba de cuyo régimen ha sido tan entusiasta defensor y panegirista. Imposible olvidar el polémico mensaje que puso en su cuenta de Twitter cuando murió Fidel Castro: “El mundo llora a un gigante”.  También pudo haber sido nombrado como embajador en Venezuela, donde hay otro gobierno por el que Long siente profunda simpatía y adhesión.

Lenín Moreno parece que no ha entendido la dimensión que tienen las relaciones internacionales para la dignidad de un país. El vergonzoso apoyo al régimen represivo y dictatorial de Nicolás Maduro que mantuvo Rafael Correa sigue más o menos intacto. La canciller, María Fernanda Espinosa, repite los argumentos de los más recalcitrantes sectores del madurismo y dice que lo que más le preocupa a ella es la violencia de la oposición mientras el número de protestantes muertos supera los 90. A esa infamia se suma, ahora, el premio a Long.

Los viudos del correísmo son patéticos

en La Info por

El síndrome de la viudez no solo existe y produce un estado doloroso de ausencia, de vacío y de permanente anestesia emocional. Puede explicar las reacciones que han tenido algunos dirigentes de Alianza País, fanáticos defensores de Rafael Correa. No solo las explica: subraya el grado cero de reflexión y pensamiento político en que dejó sumidos a su partido, sus dirigentes y sus bases el ex presidente.

Basta con leer las declaraciones o los tuits de Marcela Aguiñaga, Gabriela Rivadeneira, Doris Soliz, Pabel Muñoz… para entender lo que políticamente significa para ellos el vacío que dejó Correa. Meses antes del 24 de Mayo, Correa y los suyos hicieron creer que la transición era una mero formalismo. A Moreno le quedaba la mesa servida. No solo en el campo económico. Tenía a su disposición organismos de control, equipo de gobierno, troles, medios gubernamentales, el partido, las cortes y un programa de gobierno. Y un antecesor, su líder, subido sobre un monumento histórico, labrado por él mismo, y digno de ser mostrado como ejemplo. Moreno solo tenía que ganar, lograr mayoría en la Asamblea para que todo siguiera igual. Esto es lo que colige de un tuit como este que posteó Virgilio Hernández en julio, en plena crisis entre Correa y Moreno:

Ningún cambio, ningún mea culpa, ninguna rectificación, ningún corrupto a la vista: Moreno pateó esa lógica desde antes de la campaña porque se percató de que si no lo hacía le era imposible ganar. Aún con el apoyo fraudulento del CNE. Pero el aparato, obnubilado por Correa, amamantado por sus ficciones, sus frases asesinas, sus lemas, sus supuestas genialidades conceptuales y económicas, creyó que el 51% de Moreno confirmaba que el modelo correísta debía continuar. Tal cual. Con ligeros retoques de estilo de Moreno; es decir, con cachos y conferencias de motivación.

No procesaron políticamente nada porque Correa hizo creer que sus votos duros (un 30% entonces) era mayor a los votos de Moreno (21%). En matemáticas, indudablemente es así. Pero no políticamente. Su curva era descendente y mostraba que su momento había pasado. Sin embargo, el aparato se quedó extasiado con el 51%: olvidó las circunstancias cuestionables de ese triunfo. Ignoró la manipulación de las cifras que forjó una economía irreal. Desconoció el hartazgo del “estilo Correa” que, lejos de perfilar su personalidad, se convirtió en la marca de las prácticas institucionales y de su gobierno. Desdeñó el ambiente de la opinión encabritada contra la corrupción y el cinismo encarnados por Jorge Glas y otros funcionarios de Alianza País.

Moreno, por convicción o por necesidad –para el caso es lo mismo– entendió que debía procesar esos cambios. Que de ello dependía su legitimidad y la posibilidad de asumir una transición del correísmo. No su continuidad, como el aparato y Correa pretendían. Y pretenden. En otras palabras, si Moreno hubiera sucumbido a las imposiciones y pedidos del correísmo, su nivel de popularidad no estaría bordeando el 70%: estaría por debajo del 30% que el aparato le entregó cuando proclamó su candidatura.

Los dirigentes correístas, rehenes de su propia ideologización e ensimismamiento, lejos de administrar la realidad que Moreno tiene ante sí, hacen política como cheerleaders: repiten lugares comunes, estereotipos, frases hechas, lemas pronunciados por el líder. Se dicen devastados porque las diferencias entre Correa y Moreno se hicieron públicas. Se dicen que esto podía ser diferente si solo tuvieran canales para ventilar sus desacuerdos. Aguiñaga incluso amenazó con irse (seguramente del grupo parlamentario y del partido) si el gobierno dialoga (cogobierna dijo ella) con los Bucaram. Una amenaza vacua de la cual sonríen los asesores de Moreno.

La lectura de los correístas busca volver simplón lo que es, en realidad, complejo. Lo que quieren es que Moreno pliegue a la lógica autoritaria que tan buenos resultados les dio. Por eso critican sus aperturas, sus llamados al diálogo, sus encuentros con los opositores o con los dueños de los medios. Hay que ver las acotaciones que escriben Doris Soliz o Gabriela Rivadeneira, por ejemplo, sobre el particular, para entender que son apóstoles inconmovibles de la matriz autoritaria y que la reclaman con alma de cheerleaders.

Lo grave, para la política, no es que estos dirigentes critiquen a Moreno. Ese es su problema y el de Moreno. Lo grave para la democracia es que crean que la política es el arte de imponer, a la fuerza si es necesario, como lo hace Maduro en Venezuela, el modelo que en Ecuador perdió vigencia durante el mandato del propio Correa: por eso su candidato no pudo ser Jorge Glas. Lo grave para la política es que sigan abrazando la lógica ovejuna; denominación cuyo copyright puede reclamar el nuevo presidente.

Que Alianza País, versión Rafael Correa, ni siquiera ahora haga política y que haya dejado el partido en manos de una vieja colegiala con alma de cheerleader, muestra que el gran salto político que el correísmo dice haber dado en el país es otra de sus grandes ficciones. Esos dirigentes rehusan procesar el nuevo momento político del Ecuador que Moreno trata de aprehender, por ahora en forma casi simbólica. Pero también eso es de una enorme importancia.

Cheerleaders en vez de políticos: ese correísmo sigue siendo patético.

Moreno dinamita al correísmo en los medios públicos

en La Info por

Lenín Moreno no quiere dar puntadas sin dedal. Ya le pegó un bazucazo al mito correísta de la economía boyante y ahora va a dinamitar toda la política de comunicación de su antecesor, cambiando a las cabezas de los medios públicos y reuniéndose con los dueños de los medios privados. Todo en menos de 24 horas.

Lenín Moreno ha movido sus alfiles para dar un remezón en el conglomerado de los medios públicos, que durante diez años habían sido centro de operación de la propaganda correísta y del acoso a los medios y periodistas críticos. El martes 11 de julio, Andrés Michelena, uno de los hombres más cercanos a Moreno y quien ha manejado su comunicación durante años, se reunió con los gerentes y jerarcas de los medios públicos y les comunicó la noticia: desde ahora él decidirá las cosas por allá, como gerente general de todos los medios públicos. De lo que 4Pelagatos sabe, de esa reunión quedó en claro que Xavier Lasso saldrá de Ecuador TV y que Munir Massuh ya no será gerente general de Empresa Pública ‘Medios Públicos EP. La decisión incluye sacar a Orlando Pérez de El Telégrafo. Se sabe que luego vendrá un proceso de reformas administrativas y de política editorial en el interior del sistema de medios públicos y que a otras figuras del aparato mediático correísta se les pedirá igualmente la renuncia.

Pero, el remezón en los canales públicos no fue una iniciativa aislada. El miércoles 12 de julio al mediodía, Moreno convocó a Carondelet a los dueños de los medios tradicionales con quienes estuvo reunido hasta cerca de las 15:00. Se trata de la primera vez en diez años que los medios de comunicación son convocados al Palacio de Gobierno. Mientras Rafael Correa era presidente, la política oficial con los medios era de mantenerlos alejados. Como enemigos. Aunque el contenido de la reunión se mantuvo en reserva, el simple hecho de que se haya producido la invitación es altamente significativo y es otro de los gestos de Moreno que lo diferencia del estilo de su antecesor.

La decisión de Moreno de tomarse los medios públicos y de dialogar con los privados se produce en uno de los momentos más calientes de la crisis política en el interior del movimiento Alianza País: cuando el ex presidente Rafael Correa y sus más incondicionales aliados incrementaron sus críticas a Moreno por sus recientes iniciativas de diálogo con la oposición y los sectores sociales; entre ellos, el movimiento indígena.  

La decisión de administrar los medios públicos venía cocinándose desde hace semanas en el alto gobierno de Moreno. Pero la reunión de Michelena con los gerentes de esos medios se produjo pocas horas después de que Moreno hiciera, por primera vez, una crítica al manejo económico del gobierno de Correa.  Moreno, además, dijo que finalmente se respiraba libertad en el país y que “toda la gente va a ir abandonando ese comportamiento ovejuno”.

Tras el 24 de mayo, los medios públicos quedaron como una parcela de poder al servicio de Rafael Correa. Cuando aún era presidente, él emitió un decreto para fusionar al diario El Telégrafo con los otros medios públicos de forma tal que la directiva de ese diario se quedó con el mando de todo el conglomerado de medios administrados por el gobierno. En El Telégrafo estaba ubicado el grupo de personas más incondicional y de la absoluta confianza de Fernando Alvarado, el operador de la propaganda y de la  comunicación durante el correato.

4Pelagatos logró establecer que las tensiones en el conglomerado de medios llamados públicos empezaron poco después de la salida de Correa del poder. Por un lado había gran inconformidad de algunos directivos por la presencia de Orlando Pérez, que nunca dejó de trabajar en El Telégrafo a pesar de que haber sido condenado a 18 días de prisión por haber golpeado a una mujer. Para los círculos más cercanos a Moreno, el hecho de que Pérez continuara dentro del sistema de medios públicos era un asunto que no le hacía bien a la imagen del nuevo gobierno.
Pérez incluso hizo una entrevista a Correa para un programa que tiene en Telesur, horas antes de que el ex presidente saliera del país; entrevista que fue divulgada primero en Facebook y el martes 11 de julio a las 20:00 en la señal abierta de ese canal del chavismo. Las tensiones eran tan grandes que el 5 e julio, día de la transmisión de la entrevista que Javier Lasso hizo al ex presidente Correa en Ecuador TV, hubo llamadas desde Carondelet para que no se la difunda en la señal abierta de ese canal ni en las redes sociales de los medios del gobierno. La agencia Andes, por ejemplo, interrumpió la difusión de la entrevista en su cuenta de Twitter cuándo ésta aún no había concluido.

Con esta decisión, se pone fin al reinado de los operadores que ahí había dejado Fernando Alvarado quien seguía manejando el aparato mediático del gobierno incluso cuando ya no era Secretario de Comunicación, sino Ministro de Turismo. El conglomerado de medios no solo fue uno de los puntales de la política de comunicación y propaganda del Gobierno: tuvo un profundo significado político porque sirvió para satanizar los medios privados y acosarlos, al igual que a los periodistas. Montó programas cuyo objetivo era atacar a opositores y, sobre todo, a periodistas críticos como el programa “Desenmascarando”. Muchas veces estos medios coordinaban con el canal chavista Telesur para divulgar ataques a periodistas, como aquel que reportaje en el que se acusaba a periodistas de recibir dinero de la CIA, incluidos los 4 pelagatos. Los medios como la agencia Andes y El Telégrafo, publicaron sin beneficio de inventario una nota sobre ese reportaje dándole la más absoluta credibilidad.

La invitación a los propietarios de los medios de comunicación a Carondelet es, asímimismo, un golpe fulminante a uno de los cimientos de la cultura política del correato. Rafael Correa dijo varias veces que sus peores enemigos eran los medios privados y declaró, incluso, que eran un problema “planetario”. Su gobierno articuló incluso una campaña internacional alrededor del tema e hizo del combate y el ataque a la prensa privada, a la que llamó mercantilista, un estandarte político.

Moreno se distancia de ese discurso. Y ha dado dos golpes consecutivos a quienes lo profesan, quitándoles a los más radicales el manejo de los medios públicos y tendiendo la mano a los medios privados.

¿Recién ahora se entera, Presidente Moreno?

en Columnistas/La Info/Las Ideas por

Esta mañana, Presidente Moreno, un mes y medio después de haber asumido su cargo, finalmente usted reconoció que su antecesor no le dejó, ni de lejos, “la mesa servida” en materia económica. Así lo señala una nota publicada en el sitio web del diario La Hora, según la cual usted ha dicho que la situación es “muy difícil”; incluso se menciona que usted opinó que el Gobierno anterior debió haber sido más mesurado para entregar las cuentas (fiscales, se entiende) en mejores condiciones. Ojalá luego no diga que La Hora lo malinterpretó o que lo sacó de contexto, porque lo cierto es que el periodista de Ecuavisa Juan Carlos Aizprúa entendió exactamente lo mismo, como se ve en estos dos tuits:

De sus (tardías) declaraciones, Presidente Moreno, surgen varias preguntas: ¿estaba usted al tanto de la crítica situación de las finanzas públicas durante la campaña electoral (cuando ponderaba el manejo económico del anterior Gobierno y hablaba de una economía en recuperación) o realmente se acaba de enterar? ¿Qué información recibió cuando se sentó en su despacho y se reunió por primera vez con el ministro de Economía y Finanzas (que en los primeros días de su gobierno presentó un escenario más bien favorable)? ¿Es coincidencia que usted haya reconocido la gravedad de la situación económica justo un día después de que el ex presidente Correa se haya ido a vivir a Bélgica (igual le va a responder, Presidente; hoy o mañana publicará algún tuit descalificando sus declaraciones)? ¿No era mejor para el país reconocer antes la situación y empezar a tomar medidas correctivas en lugar de dejar pasar ese valioso tiempo sólo para evitar una confrontación? ¿Cómo se entiende que la misma persona (Patricio Rivera) que manejó la economía en los últimos años, ya sea como ministro de Finanzas o como ministro coordinador de la Política Económica, y que, por tanto, tiene una gran responsabilidad en la situación que usted heredó, ahora esté al frente del consejo sectorial de la Política Económica? ¿Y que el último ministro coordinador de la Política Económica del anterior Gobierno (Diego Martínez), quien antes de eso fue gerente del Banco Central cuando esta institución prestó miles de millones de dólares a Fianzas para disimular la crisis fiscal, sea ahora su delegado en la Junta de Política y Regulación Monetaria y Financiera? ¿Ese mismo equipo nos va a sacar de la crisis que usted recién ahora reconoce? ¿Sabe que mientras Rivera estuvo en Finanzas y Martínez en Política Económica se dejaron de publicar (ya hace cuatro meses) las cifras del movimiento diario de los ingresos y los gastos del Presupuesto General del Estado, esas cifras que le hubieran permitido a usted estar al tanto de la gravedad de la situación fiscal (suponiendo que no lo haya estado)?

Ya habrá tiempo para que nos conteste esas preguntas, Presidente Moreno. Ahora, una vez que ha admitido que la situación económica es “muy difícil”, lo más urgente para el país es saber qué medidas va a tomar para corregirla. Se entiende que al denunciar que su antecesor estuvo lejos de dejarle “la mesa servida”, reconoce también que el modelo aplicado en los últimos años fue el que nos llevó a la situación actual. En ese sentido, Presidente Moreno, es vital que usted admita que no es viable mantener el gasto público en los niveles actuales (lo que nos ha llevado a un déficit cercano al 8% del PIB), que el país no puede seguirse endeudando indefinidamente para maquillar el bache fiscal (menos aún en las condiciones en que lo ha venido haciendo), que la actividad económica no puede seguir dependiendo del gasto público (cuyo crecimiento fue el que permitió ese transitorio repunte del PIB en los últimos trimestres) y que la inversión privada es la única capaz de generar puestos de empleo de manera sostenible (también en materia laboral usted heredó una situación crítica, con la tasa de empleo adecuado más baja desde que se tiene información comparable).

Haber reconocido la gravedad de la situación económica (principalmente fiscal) es un paso muy importante, Presidente Moreno. Lo siguiente es tomar las medidas adecuadas para salir de esa situación y no quedarse, como hasta ahora, simplemente en el discurso (una proforma presupuestaria en la que se den signos concretos de austeridad sería una gran señal para el sector privado y para los inversionistas internacionales). Lamentablemente, no van a ser medidas fáciles y la tentación de seguir pateando el ajuste va a ser grande. Pero si usted heredó una situación “sumamente difícil” porque su antecesor no mostró la prudencia y el sentido de país para corregir los desequilibrios a tiempo, imagínese en qué podemos terminar si usted, acaso aconsejado por los mismos que nos trajeron hasta acá, decide mantener esa irresponsable estrategia.

José Hidalgo es economista

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