Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

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Lenin Moreno

Qué hacer con Glas: el rompecabezas de Moreno

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Jorge Glas ya no sabe dónde pararse. Mira hacia Rafael Correa, quien lo apoya con todo pero ya no manejo los hilos esenciales del poder. Mira hacia Lenín Moreno y, desde Carondelet, recibe señales intermitentes y de baja intensidad. Allí le han retirado seis atribuciones y solo le dieron dos, casi simbólicas. Una de ellas como encargado del Consejo Productivo y Tributario.

Glas es un hombre sin piso. Un político condenado, al parecer, a apelar a las bases duras del correísmo y hacer discursos patrioteros para animar las barras. Ahora colecciona troles e impresentables del correísmo en la Vicepresidencia, que paga como asesores. Y que lo mantienen congelado en el tiempo. Hay que verlo con qué entusiasmo teatral rumia estereotipos y lugares comunes de los mamertos de antaño. Ayer, en la Asamblea, por ejemplo, habló, a propósito del fantasma de la corrupción que lo persigue, de la CIA, del imperio, dijo ser socialista y habló de un golpe de Estado blando. Sí, un golpe en el cual vendrán por él, por Moreno, por Correa. Eso dijo.

La verdad es que Glas se quedó del tren que echó a andar Lenín Moreno. Quizá él pudiera, como Paola Pabón, subirse en algún vagón aunque fuera retóricamente. No lo ha hecho. No tiene tiempo. Está dedicado a decir, en radio y canales, en mítines y en la Asamblea Nacional, que él es honesto. Está en la inopia política. En ese punto en el que el político tiene que decir que es honesto porque es consciente de que una mayoría piensa lo contrario.

Glas está preso en sí mismo. Armando carpetas de lo que hizo y dejó de hacer. Hurgando en su hoja de vida. Tejiendo coartadas semióticas sobre parientes y familiares. Su tío, Ricardo Rivera, investigado por haber supuestamente recibido $13 millones en coimas, pues sí, es su tío. Pero casi no lo ve. ¿Tiene otro pariente influyente en el gobierno? Quizá. ¿Cómo saber? Todo es posible.

Glas diseña el golpe blando en su cabeza porque, en la realidad, aquellos que él señala como golpistas, se reúnen y departen amablemente con Moreno. El golpe blando es sinónimo de su soledad. Nadie vendrá por Moreno que, si hace lo que dice, mas bien ampliará el número de aliados. Pero Glas siente que están yendo por él. Siente tras de sí pasos de animal grande. Sabe que no está en los casetes que tiene el Fiscal. O mejor: que aquel en el cual pudiera estar, está en un estado técnico deplorable. El azar hace a veces bien las cosas. Eso, al parecer, le da la fortalece teatral que exhibe. Pero también sabe que, de no ser tan santo como dice, todo esto es un problema de tiempo.

Pero, claro, Glas no es cándido. Sabe que hay cosas que puede decir en una tarima, que no puede recitar en un gabinete. Lo de su tío es, por ejemplo, lo más parecido a la adivinanza que dice: “blanco es, la gallina lo pone y frito se come”, qué es? He ahí a un señor que resulta ser su tío que habría recibido $13 millones de dólares por ser pariente de un alto funcionario de este gobierno. Se entiende que no es por ser solamente pariente. Es porque ese pariente facilitaba contratos y favorecía a la empresa que entregó tantos billetes al señor que resulta ser su tío. Cualquiera imagina a Moreno tragándose la aldaba que, sin salsa, sirve Jorge Glas a sus oyentes en radios y mítines. En el gobierno, aldabas de ese porte, al parecer, ya no tragan. Por lo menos en forma unánime.

Otro ejemplo: dice que sacó a patadas a Marcelo Odebrecht de su oficina. Lo dice poniendo todos los énfasis en las palabras y en los gestos. Lo sacó, dijo en las radios, porque hizo una propuesta indecorosa. Todo el mundo pensó que el perverso Odebrecht también quiso corromper al impoluto Glas y que este, recatado y discreto, ni siquiera avisó a las autoridades como era su deber. Pues no era eso. Ocurrió que ese señor, que resultó ser uno de los mayores corruptores del planeta, quiso afectar la soberanía nacional… Aplausos de las barras. Y Glas no para. Pero, ¿cómo explica en un gabinete sin troles ni barras pagadas que, con ese señor que sacó a patadas, su gobierno siguió firmando contratos en los sectores de los cuales él se encargaba?

Lo único cierto es que, por ética, por estética, por cálculo o por convicción, hay un serio distanciamiento entre Glas y Moreno. Eso explica la desesperación del vicepresidente hábilmente camuflada en discursos incendiarios, referencias revolucionarias y este intento falaz de hacer creer que si van por él, irán por Moreno. No, Glas sabe que la opinión pública está yendo por él. Y sabe que aunque su piso político aún resiste (Correa lo protege), y el amparo judicial es aún real (el expediente abierto contra su tío dejó de ser público), la sombra de Moreno ya no lo cobija.

Moreno sabe que Glas es la mayor bomba de tiempo de su gobierno y la pieza que mayor desgaste le causa en este momento. Y como no sabe muy bien qué hacer con tamaño lastre, ha optado por mantenerlo a prudente distancia seguro de que, en cualquier momento, todo esto explotará.

Foto: Vicepresidencia de la República

¿Se salvará de esta Mauricio Rodas?

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Mauricio Rodas tiene malos días y su situación política no parece tener perspectivas halagüeñas: Mauro Terán, su operador político, sigue preso. Su nivel de popularidad baja ostensiblemente. La Fiscalía lo está investigando a él y a sus funcionarios. Rodas ha perdido colaboradores importantes. Y está apostando, en la Asamblea, a abrirse del bloque con CREO. ¿Para acercarse al oficialismo? Eso piensan algunos asambleístas y concejales de Quito. Una movida que, dada la tensión entre correístas y morenistas y las alianzas de geometría variable que esto puede suscitar, no luce rentable para el Alcalde de Quito.

En este contexto, sufrir un allanamiento, como el del miércoles (14) a las oficinas del consorcio Acciona-Odebrecht, responsable de la segunda fase del metro, es un golpe político importante. Rodas quiso reducirlo mostrando su predisposición a colaborar. No obstante, ese allanamiento, en el marco de las investigaciones de las coimas de Odebrecht, no pasa desapercibido y tiene un costo alto para su administración.

No hay cómo olvidar que la asambleísta María José Carrión cuando oye Odebrecht automáticamente desvía la atención creyendo, absurdamente, que nadie pensará en Jorge Glas. Pero no es menos cierto que Rodas, intensamente atacado por el oficialismo, tiene graves problemas: el caso de Mauro Terán, exasesor suyo, investigado y preso por supuesta defraudación tributaria, lo dejó sin iniciativa política y a la defensiva. También lo privó del puente que el mismo Terán había construido con la administración Correa.

Políticamente, Rodas perdió en ese frente y perdió puntos –y muchos– en la opinión pública con la Solución Vial Guayasamín. Las características de la negociación con los chinos, reveló una administración opaca, dispuesta a firmar contratos confidenciales sobre un proyecto indefinido, con precio variable y condiciones desconocidas para los quiteños. Todo esto por el problema de imagen que se generó al haber apostado al metro; una obra subterránea (inexistente para un alcalde ávido de fotografías que le den popularidad) y cara para el presupuesto de la ciudad. Conclusión: redujo ampliamente su margen de maniobra financiera y no sacó rédito político inmediato. La Solución Vial Guayasamín llegó como el paliativo perfecto. No obstante, el manejo político errático que tuvo ante los compromisos adquiridos con los chinos y las criticas que ese proyecto suscitó, puso la obra en la congeladora. Al punto de acumular enormes retrasos que, muy posiblemente, la ciudad tendrá que pagar por indemnizaciones.

Con Rodas, Alianza País abandonó el terreno político y puso sus expectativas en lo que haga la Fiscalía. Le han pedido que investigue los diálogos “informales” que tuvo Rodas en octubre de 2015 para negociar la segunda fase del metro asignada al consorcio Acciona-Odebrecht. ¿Qué tuvo que ver en ella Jacobo Sanmiguel, ex concejal de Ambato? En el gobierno se habla, a propósito suyo, de movimientos financieros por alrededor de $30 millones en los últimos años. Rodas aceptó que él hizo parte de la comitiva que lo acompañó a Brasil, 48 horas después de ser elegido Alcalde de Quito.

Más que certezas, en el caso de Rodas hay escenarios tanto en el cabildo municipal como en la Asamblea. No se conoce, a ciencia cierta, el nivel de información que tiene la Fiscalía que ha llamado a declarar a algunos altos funcionarios de la Alcaldía. Sin embargo, el caso del Alcalde de Quito depende enteramente de la realidad y de los imperativos políticos. Muchos ediles de Alianza País han pensado en forjar una mayoría política para destituirlo. Pero no lo quieren victimizar: esperan a ver si la Fiscalía encuentra pruebas importantes e irrefutables contra él. También saben que, por bien que le vaya en la construcción del metro, en el cual se están cumpliendo los plazos, Rodas no podrá exhibir la obra si, por esas cosas de la política, se libera de la Fiscalía y decide presentarse a las elecciones de 2019. Esto es lo que está en juego desde ahora: las elecciones seccionales 2019.

¿Tiene Rodas cartas en su mano para negociar políticamente su penosa situación? Tiene un grupo de asambleístas. ¿Ocho, nueve, diez? Esa suma difiere. El hecho cierto es que las matemáticas en la Asamblea no parecen convertirlo en un gran interlocutor de Lenín Moreno. Por un lado, porque si el nuevo Presidente cuenta –como lo hace Rafael Correa– tiene 74 asambleístas en el bloque de Alianza País. No necesita refuerzos complementarios. Y si Moreno requiere los votos de la oposición para alguna reforma excepcional, sería suicida para SUMA no adherirse en forma casi automática y negociar su apoyo. En el cabildo de Quito, en el bloque de Alianza País, hay otro argumento para negar la posibilidad de un arreglo político con Mauricio Rodas: Augusto Barrera es muy cercano a Moreno. Eso significa que nadie le hará favores, menos aún cuando Barrera dice, a quien quiere oírlo, cuánto le duele el estado en que está Quito…

Todo eso es factible. A menos que… Maquiavelo esté muy ocupado planificando desde ahora cómo recuperar Quito y las demás ciudades donde Alianza País perdió alcaldías. Y cómo sumar Guayaquil a la lista. Por ejemplo, el retorno de Abdalá Bucaram puede ayudar a debilitar al socialcristianismo en el puerto. En Quito es mejor tener un contrincante disminuido y amenazado por la Fiscalía que una víctima con tiempo para hacer campaña. Salvarlo en esas condiciones, no suena descabellado.

Nada es seguro todavía entre el oficialismo y Rodas: por eso hay más escenarios que certezas.

Foto: diario El Universo

¿Y vivieron juntos, fueron felices y comieron perdices?

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Los correístas respiran aliviados: les volvió el alma al cuerpo. Se vuelven a decir que están unidos. Que sus dos líderes (Rafael Correa y Lenín Moreno) están juntitos. Que el proyecto revolucionario sigue adelante.
Esta foto, que subió Gabriela Rivadeneira la noche del lunes, en la que aparecen los principales miembros de la nomenclatura correísta con Lenín Moreno (que fue de la nomenclatura pero ahora es Presidente), hizo el efecto de un verdadero exorcismo en los rangos del oficialismo. Si se analizan los comentarios de algunos correístas en las redes sociales, se puede (por contraste) medir la angustia y desazón con que han vivido seguramente desde el mismo 24 de mayo, cuando se posesionó Moreno.

La foto cumple un rol liberador. Y por las características que encierra, por los mensajes que envía, por las lecturas que suscita, evidentemente se trata de una foto montada: es decir, pensada desde las necesidades políticas que tienen aquellos que pidieron la reunión a Lenín Moreno: es una foto estratégica. Primero porque reúne a Moreno con Correa. El expresidente, que sufre de los síndromes de viudez del poder y de abandono, está al lado de Moreno. No está solo. Y no solo está a su lado. Está rodeado de su gente que, a su vez, rodean a Moreno: Jorge Glas, bajo sospecha. Alexis Mera, tan cínico como maquiavélico. Los ñaños Alvarado, tan vivos y tan impresentables. El inefable Ricardo Patiño. Gabriela Rivadeneira, tan inútil y tan grandilocuente. José Serrano, presidente de la Asamblea y un enigma por antonomasia.

La foto está pensada para mostrarlos unidos. Dueños del poder. Parte del mismo equipo. En ese sentido, no es una foto casual. Está pensada estratégicamente por la gente de Correa para ser usada políticamente. En este punto, los correístas de cepa dan siete vueltas a los dos miembros del gabinete que acompañan a Moreno: Paola Pabón y Eduardo Mangas.

Golazo de Correa y de su gente, formadores de este evento político-mediático, si se tiene en cuenta que se publica luego de los tuits de Rafael Correa. Esta foto sirve sus intereses sobre todo en la militancia y el electorado duro que, con perplejidad, empiezan a vislumbrar la doble moral y la corrupción que tuvo lugar en el gobierno de Correa. Rasgos de la revolución que emergen a pesar de la tibieza política de Moreno. Esa foto era necesaria en los rangos correístas, como lo es un dique de emergencia en una inundación. La obtuvieron y la publicaron.

Moreno pierde puntos en la opinión sensata que, por naturaleza, es poco afecta a lecturas semióticas enrevesadas. Esta foto se hizo con su concurso. Y lejos de ayudarle, pone en jaque su voluntad y su decisión de distanciarse de lo peor del correísmo; algunos de cuyos representantes están en esa foto. Los mensajes de fortaleza y unión que allí se leen contravienen su deseo expreso y el de sus estrategas de separar la paja del trigo.
Lunes 12 de junio: Correa 1-Moreno 0.

Es una lectura. Pero obviamente hay más: en el entorno de Moreno se reitera que es un político frío, calculador, que mantiene sus decisiones a pesar y por encima de las eventualidades. Esta reunión –se dice– la pidió Correa y Moreno no podía negarse. Pero se hace hincapié en las rupturas que ha marcado desde el 24 de Mayo y en la que produjo, precisamente, el mismo día de la fotografía: Moreno se reunió con las cúpulas policial y militar y dio un golpe de gracia a un proyecto en el cual Correa invirtió gran capital político: un grupo de protección para personalidades, incluidos el Presidente y el vicepresidente, sin militares y policías. “para mi seguridad personal –les dijo ante Miguel Carvajal, ministro de Defensa– no acudiré a ninguna otra instancia que no sea la de ustedes“. En claro, Moreno sigue su camino y espera que los otros entiendan que ahora es él el Presidente. Él dicta las pautas.

La misma sensación se tiene frente al documento que puso a circular Alianza País anunciando un nuevo proceso de diálogo interno destinado, en última instancia, a “fortalecer la unidad y la lealtad”. Cada bando lo entiende a su manera. La nomenclatura correísta insiste en que Moreno es producto de un proyecto histórico que afronta ahora una nueva etapa. Por eso insisten en la lealtad a lo que hizo Correa y a sus postulados. Del lado de Moreno, se hace hincapié en la nueva etapa definida en el discurso de Moreno del 24 de Mayo en el cual dejó atrás el Socialismo del Siglo XXI y la Revolución Ciudadana. Lealtad con Correa para unos; lealtad a Moreno para los otros. El mano a mano sigue.

En suma, la foto de marras retrata el instante en el cual Correa y los suyos metieron un golazo a Moreno. Los amigos de Moreno no lo creen así e insisten en que hay que seguir viendo el partido. Y evaluarlo en su totalidad.

Correa y Glas son lo mismo: he aquí la prueba

en Caricaturas/El Humor por

El correísmo convirtió el escándalo Odebrecht en un pararrayo tras el cual se guareció y se mantuvo relativamente unido. Bastó un movimiento de la Fiscalía, totalmente apoyada por Lenín Moreno, para que las falacias sostenidas por Correa empiecen a derrumbarse. Chamorro muestra cómo Correa y Glas son lo mismo (por el pasado que los une) y compartirán la misma suerte.
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Moreno–Correa: la guerra empezó antes de hora

en La Info por

La situación política es similar, en este momento, a ese mantra que dice: “nada está cerrado hasta que todo esté cerrado”. Pues bien: nada está jugado para el gobierno de Lenín Moreno ni para Rafael Correa que resulta –curiosamente– su principal contrincante. La ruptura entre los dos debía producirse. Pero el escándalo Odebrecht la precipitó. Ahora hay un mano a mano en el cual están en juego todos los factores de poder que controlaba, hasta ahora, el expresidente Correa: Asamblea, Contraloría, Fiscalía, Cortes… Esta guerra política supera, con creces, los enigmas que encierra la situación económica y se evidencia, entre otras, en estas razones:

  1. Moreno no admite la tutela de Correa: aún se desconoce si el nuevo Presidente será el reconstructor de la democracia en Ecuador y el enterrador del correísmo. Se ignora, entonces, cuál será la dirección y la profundidad del cambio que dice querer imprimir. Pero es evidente que Correa quiso maniatar a Moreno y que éste buscó diferenciarse –en la etapa que lo llevó a la Presidencia– hasta en el color de la camisa. Los amigos de Moreno dicen que no quería un enfrentamiento abierto con el ex presidente, pero algunos factores lo han precipitado: el caso Odebrecht, la inusitada actividad del aparato correísta, el amarre institucional que imposibilita cualquier tipo de cambio, el ancla que Jorge Glas representa para el gobierno por las sospechas de corrupción que pesan sobre él… Todo esto lleva a pensar que la ruptura con Correa es inevitable.
  2. Los tiempos se aceleraron para el gobierno: en esta primera etapa, Moreno esperaba legitimarse y asentar su poder, hacer balances y pautar cambios y fusiones políticas o administrativas en las instituciones. Ejemplos: Ministerio de la política y Ministerio del Interior. O Arcotel y Cordicom. Esta labor de intendencia se pensaba complementar con el anuncio de buenas noticias (un plan con unas 150 medidas y mensajes positivos fue diseñado para los primeros 100 días). No estaba previsto hacer mayores olas. Pero la situación se precipitó y ahora, ante las expectativas de cambio que hay en la opinión, el gobierno luce políticamente desbordado.
  3. El gabinete impuesto a Moreno tiene plazo: su composición es el resultado de un cóctel de imponderables que Lenín Moreno no pudo controlar: imposiciones del correísmo, resultados de las elecciones, pago de favores durante la campaña… Moreno puso apenas cinco ministros en un gabinete que es, se reconoce, “de medio pelo”. Por eso, está catalogado, entre sus amigos de gabinete-fusible: algunos le daban hasta medio año de duración. Ahora, por las urgencias y expectativas surgidas, apenas dos o tres meses. Quizá menos.
  4. Moreno no saca toda su artillería: el Presidente pidió a algunos cuadros y amigos suyos esperar pacientemente. Los quería tener en la congeladora durante meses, pero esa decisión la está revisando ante la complejidad política del momento. Se prevé incluso algún nombramiento sorpresa para estos días. Por lo pronto, Moreno –que es partidario de poner los ratones a cuidar el queso– prueba lealtades y capacidad operativa de sus funcionarios. Su estilo es trazar directivas, dejar trabajar y evaluar resultados. A Moreno no le importa, por razones obvias, el pasado político de sus colaboradores: le importa que remen en la dirección que él indica.
  5. Correa tiene a su favor la telaraña institucional: Moreno es Presidente pero su margen de maniobra por fuera de la telaraña correísta –si realmente aspira a hacer cambios– es incierta y requiere alto manejo político. Necesita operadores que por ahora no tiene. O no se ven. Los anuncios de detenciones por casos de corrupción le valió una legitimación política que lo obliga a mayor coherencia en este punto. Por ende, lo enfrenta más crudamente con el aparato correísta. Esto se refleja en la actitud del Fiscal (obligado a actuar por la información que recibió en Brasil), en la guerra interna entre Carlos Polit y Pablo Celi por el poder en la Contraloría y en la actitud de la Corte Nacional de Justicia. Un juez suyo no ha despachado algunas boletas de detención contra altos funcionarios involucrados en el escándalo de Odebrecht. El hecho cierto es que las instituciones están fatalmente atravesadas por el enfrentamiento entre correístas y morenistas. Y este enfrentamiento sigue abierto y no se resolverá institucionalmente: lo zanjará aquel que sume el mayor número de factores de poder.
  6. Correa es un poderoso elemento de inestabilidad para Moreno: el expresidente puede decir que su actividad en redes sociales y sus escritos en El Telégrafo son lícitos y normales. Y sí, lo son. No puede negar, sin embargo, que por su peso monumental en el aparato de Alianza País, en su bloque parlamentario y en el Estado –cuyos funcionarios le deben el cargo– representa un factor categórico de poder. Un tutelaje imposible de asumir por parte de Moreno.
    Por ahora, Correa actúa públicamente en dos frentes. Primero: expresa críticas veladas o directas al gobierno de Moreno. Lo hizo, por ejemplo, a propósito del llamado que hizo el gobierno para que la ONU apoye la lucha contra la corrupción en Ecuador. Segundo: descalifica a todos aquellos que el gobierno quiere convertir en sus interlocutores. Los empresarios, por ejemplo. En los hechos, Correa no se pierde movida alguna del gobierno de Moreno. Se ha conferido el rol de guardián del templo y usa las redes sociales para hacer presencia política. Obviamente, perdió centenares de micrófonos, pero tiene consigo ejércitos de troles y los medios del Estado que usó para propaganda en su gobierno. Su influencia será directamente proporcional a la capacidad que tenga Moreno para invertir, a su favor, los factores de poder.
    Si Correa deja el país, a comienzos de julio, cuando su hijo y su esposa concluyan el año escolar, disminuirá en parte su capacidad para obstruir a Moreno. Si lo hace, se abre otro interrogante: ¿cuándo volverá y con qué libreto? Esto es lo más curioso del tablero político tras su retiro: que Moreno puede contar más, objetivamente y para ciertos cambios, con la oposición que con los correístas fervientes, tipo Viviana Bonilla, que Correa no cesa de alabar.
    Lo dicho: el juego político sigue abierto…

Celi y Pólit: compadres y rivales por obra del oportunismo

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El enfrentamiento entre Carlos Pólit y Pablo Celi, para mantener el control de la Contraloría General del Estado, es la pugna entre dos personas que caminaron de la mano durante muchos años y que de pronto, ante la crisis política desatada por el escándalo Odebrecht, se colocaron en veredas opuestas para salir lo mejor parados posible.

Esto no debe sorprender a nadie: Pólit y Celi tienen gran experiencia en colocarse en el sitio y en el momento adecuados para salir bien posicionados y con un tajo de poder bajo el brazo.  Esta vez, sin embargo, solo uno de ellos saldrá victorioso y será a costa del otro.

Por el momento parecería que Celi está ganando la partida.  Alentado y apoyado por el gobierno de Lenín Moreno, ya asumió que él es el legítimo reemplazo de Pólit, al menos hasta que éste regrese de Miami o la Asamblea lo destituya. Una victoria que, sin embargo, podría resultar pírrica, pues la legitimidad legal de ese acto no ha sido refrendada por ninguna autoridad competente. Por lo pronto, Celi ya ocupa el sillón de Pólit.

Contraloría: la madre de todas las batallas

Si bien ambos tienen un extenso palmarés de acomodos y victorias, la historia de Carlos Pólit en la política es menos extensa en el tiempo que la de Celi, aunque mucho más importante ya que ha ocupado cargos de primera línea. Celi, en cambio, empezó a picar de la política mucho antes que Pólit pero siempre lo hizo desde cargos de menor relevancia. Se inició muy joven en grupos como el Frente Amplio de Izquierda y luego en Liberación Nacional, de Alfredo Castillo Bujase. Como Liberación Nacional fue parte del gobierno de Abdalá Bucaram, Celi pudo ser subsecretario de la entonces ministra de Educación, Sandra Correa. Antes, Celi había sido asesor de Fabián Alarcón, en uno de sus períodos como presidente del Congreso.

Siempre atento a cualquier oportunidad de estar cerca del poder, Celi se convirtió más adelante en uno de los asesores de cabecera del presidente Lucio Gutiérrez. Sus pergaminos de académico de izquierda y de buen intérprete de la realidad política lo llevaron a ese cargo. Su tarea era buscar cómo redactar discursos políticos, con pegada popular, para el Presidente. Durante ese gobierno se conoció con Carlos Pólit que, electo Contralor por la Asamblea de Montecristi, lo llevó a trabajar con él en la Contraloría. Ahí trabajó como Subcontralor Administrativo. Poco tiempo más tarde, el gobierno de Rafael Correa lo envió como delegado del Ecuador ante el Centro de Estudios Estratégicos de Defensa (CEED) de Unasur, con sede en Buenos Aires. Mucho se comentó en los corrillos del poder sobre este nombramiento y hubo más que uno que dijo que era un reconocimiento a su ayuda en temas espinosos para el gobierno en la Contraloría. Al cabo de algunos años, volvió al Ecuador y se incorporó nuevamente a la Contraloría con su viejo y buen amigo Carlos Pólit.

Carlos Pólit, por su lado, arrancó seriamente en la política de la mano de Lucio Gutiérrez como gobernador del Guayas, ministro de Bienestar Social y secretario general de la Presidencia. Cuando Gutiérez llegó a la Presidencia, Pólit ya era muy conocido entre ciertos círculos empresariales de Guayaquil por haber sido experto en trámites y gestiones en las Aduanas.

Liquidado el gobierno de Lucio Gutiérrez, vino el paso de Pólit por el correato. Cuando Alianza País y el gobierno de Rafael Correa necesitaban aprobar la consulta en el Congreso para llamar a una Asamblea Constituyente, fueron necesarios los votos de la bancada gutierrista. Las condiciones del gutierrismo fueron sencillas: si quieren nuestros votos para aprobar la consulta para la Asamblea entonces nombren a Pólit como Contralor para que cuide nuestras espaldas. Dicho y hecho. Con los votos de la bancada de Gutiérrez se aprobó la consulta y, cuando estuvo instalada la Asamblea, Pólit fue elegido como contralor. Así fue como permaneció en ese cargo durante los diez años del correísmo, pues gracias a su buena relación con Correa fue reelecto una vez en el 2012.  Pero fue tan buena su relación con Correa, o Polit sabía tanto de tantos, que cuando ya expiraba su gobierno,  fue reelegido en febrero del 2017 por el Consejo de Participación Ciudadana. Es decir, Pólit iba a ser contralor durante 15 años en total.

Pocos días antes de que el Concejo de Participación le extendiera la calificación de 100 sobre 100 para que sea nuevamente Contralor, Pólit y Celi enfrentaron juntos, por primera vez, un golpe a su imagen y prestigio. El 9 de febrero el prófugo Carlos Pareja Yannuzzelli lanzó desde Miami uno de sus ya célebres videos, conocidos como CapayaLeaks, en el que acusaba a ambos de recibir coimas por su trabajo en la Contraloría. A pesar de ésta denuncia, que nunca fue investigada, Pólit fue reelegido y el día de su posesión se lo vio feliz y luminoso entrando a la Contraloría junto a su compañero y amigo Pablo Celi.

¿Qué paso para que la amistad y camaradería de Carlos Pólit y Pablo Celi terminaran tan abruptamente? Fuentes de confianza sostienen que todo se rompió el viernes 2 de junio cuando se produjeron los allanamientos de algunas propiedades de Carlos Pólit, como parte de las investigaciones por el caso Odebrecht. Ese día, supo 4Pelagatos, Pólit perdió confianza en Celi y lo destituyó por temor a que tome control de documentos e información del organismo. Pólit sostiene en una declaración juramentada en el consulado de Miami, en cambio, que la destitución fue del 25 de mayo cuando aún estaba en el Ecuador. Sin embargo, las acciones de personal que Pólit asegura haber firmado para cesar a Celi y nombrar a Sabett Chamoun Villacrés, como su subrogante, no han sido vistas hasta ahora.

Celi, en cambio, ese viernes 2 de junio se percató de que le había llegado la hora para alcanzar una nueva y mejor posición. Luego del incidente que fue grabado en el ya famoso video que circuló en redes, Celi fue hasta Carondelet para buscar apoyo y protección del gobierno. Era la oportunidad perfecta para ser Contralor, al menos hasta que se nombre a uno si es que llega a censurarse a Pólit. Ahí, Celi se ganó la confianza del equipo de Lenín Moreno, que ahora ve en él la posibilidad certera de tener más de poder dentro de la pugna que existe con otros sectores del correísmo por el tema de Odebrecht.

Esta vez parece que Pablo Celi lleva las de ganar. Por lo pronto ha logrado apoyo del Gobierno y ha asumido, según él, el cargo de Contralor encargado. La situación no es clara, sin embargo, pues el Ejecutivo no tiene las facultades para sostener a un contralor. Pero todo esto ocurre en un país donde estos vacíos institucionales son parte del paisaje y son asumidos como cosas perfectamente normales. Y claro, en circunstancias y países como éste, personajes como Celi y Pólit siempre pueden encontrar su cuarto de hora de fama.  Es, en definitiva, la buena y la mala suerte de los oportunistas la que está en juego.

Moreno y la corrupción: arrancada de caballo, parada de burro

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El tinglado que está montando Lenín Moreno en la lucha contra la corrupción es demasiado enrevesado para ser convincente. Y eficaz. El nuevo Presidente anunció primero la formación de un Frente de Transparencia. Divulgó 13 nombres del gobierno y de la sociedad civil. A Algunos de ellos ni siquiera les preguntaron antes de ser anunciados pública y oficialmente. Moreno habló, igualmente, de recurrir a la ONU para pedir su colaboración.

¿En qué quedó todo esto? En un decreto Ejecutivo, el número 21, en el cual designa 9 miembros para el Frente, fija sus atribuciones y encarga a la Ministra de Justicia que coordine acciones para lograr la asesoría de las Naciones Unidas en el diseño de una estrategia gubernamental bautizada: “Estrategia Nacional por la Transparencia y la Lucha Contra la Corrupción”. En este punto, Moreno se encargó de reducir la expectativa que creó con la misma velocidad que se encoge una piel mojada en pleno sol. Ahora el gobierno dice que hay seis miembros de la sociedad civil y tres ministros. Es una generosidad que merece ser matizada: Tatiana Hidrovo Quiñonez fue asambleísta Constituyente por AP y Larissa Marangoni fue directora cultural en Guayaquil del Ministerio de Cultura y Patrimonio. Xavier Zavala Egas ha sido un activista correísta y Carlos Xavier Rabascall es un empleado de los medios públicos y un contratista de producciones para Tv. Es decir, de los nueve miembros designados, siete no son en absoluto independientes.

Este Frente tiene, además, atribuciones que lo vuelven absolutamente inservible para lo que fue creado y anodino. Son cuatro: proponer a Moreno estrategias y mecanismos para  prevenir la corrupcion; exhortar a las entidades a que activen y apliquen mecanismos de control; proponer iniciativas de educación que promueva una cultura de la transparencia y presentar propuestas de políticas y normas para la transparencia y la lucha contra la corrupción. Es decir, son los nuevos redactores de la urbanidad de Carreño contra corruptos. Se entiende que Moreno diga que son autónomos y están facultados a “solicitar información pública a las entidades públicas”. Es decir, la información a la cual tiene acceso cualquier ciudadano.

Moreno había dicho que pediría apoyo a la ONU en este capítulo de la lucha contra la corrupción. Escucharlo hacía pensar que se refería a algo parecido a la “Comisión Internacional contra la impunidad en Guatemala”, montada por la ONU en ese país. Una comisión que sí investiga, tiene poderes legales, hace el barrido de cuentas personales, contratos, cruza datos con el sistema financiero mundial… Y puede meter presos a los corruptos. Pues no. No era eso lo que decía Moreno. María Fernanda Espinosa viajará a Nueva York, sede de la ONU, para que el Secretario General ayude a hacer el diseño de una estrategia gubernamental que resultará tan poco creíble como la Secretaría Nacional de Transparencia de Gestión que creó Correa en 2008.

La iniciativa de Moreno quedó reducida a nada. No solo porque el Frente no es independiente y sus atribuciones son la nada. Su existencia es insubstancial y nada podrá hacer frente a la institucionalidad creada por Correa para que todo se pueda hacer sin que nada se sepa. Moreno no ataca ninguno de los dos lados del problema. Por un lado, descubrir a los delincuentes de miles de corruptelas que ahora tienen casa en Miami o han migrado a los sectores selectos de las principales ciudades del país. Por otro lado, no toca la institucionalidad que Rafael Correa defiende (porque posibilita la corrupción) al criticar la creación del Frente creado por Moreno. Lo malo de ese ente no es que sea una comisión ad hoc, como escribe Correa: lo malo es que ese frente no investigará nada, no descubrirá nada, no encontrará un solo corrupto y se dedicará a redactar cosas bonitas. La realidad es que ese Frente instalado ayer no sirve para nada. Y el país, para saber la verdad de la corrupción de estos diez años, sigue y seguirá dependiendo de esos organismos con los que se reunió hoy Moreno que se han encargado, durante diez años, de ocultar la realidad de la gestión del correísmo.

Miren la Asamblea: hoy negó el pedido de cambio de orden del día para pedir la comparecencia de Jorge Glas. Ni eso: el hombre que está bajo sospecha ni siquiera quiere dar la cara en la Asamblea. Él debe responder, políticamente por ahora, por la corrupción en los sectores estratégicos que estaban bajo su responsabilidad. El correísmo lo protege con fuerza y se entiende la razón: si cae Glas, se cae toda la estantería.

Moreno dice que quiere luchar contra la corrupción. Eso dice. Pero para hacerlo tomó los peores caminos en el campo jurídico, institucional y político. En este campo, no se nota estrategia ganadora alguna. Lo suyo más se acompasa con el adagio popular que dice: “arrancada de caballo, parada de burro”.

Foto: Presidencia de la República

Odebrecht: el tsunami que cambia todo en Ecuador

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El tío de Jorge Glas detenido y su casa allanada. Carlos Polit, el Contralor, investigado y fuera del país. Listas de funcionarios del régimen correísta que circulan y que, seguramente, engrosarán la lista de presos. Rafael Correa supuesto beneficiario de dineros de Odebrecht, según la Folha de Sao Paolo… Se sabía que el escándalo de Odebrecht sería el gran divisor de aguas en el país. Pero pocos imaginaron que apenas diez días después de posesionado el nuevo Presidente, el correísmo viviera una verdadera pesadilla política.

El escenario político cambió de un solo golpe. Se confirmó la tesis de que en los cuatro años de Lenín Moreno, más que la economía (que requiere serios cuidados), lo esencial se jugará en la política. Y esto tiene que ver con la sobrevivencia del modelo correísta, con el fin de la hegemonía política lograda por Alianza País, con los sueños de Correa de retornar en 2021, con la posibilidad de Moreno de dejar su impronta… En un día, ese tablero donde Moreno lucía débil, se transformó por completo.

Correa que ayer ganaba todo en la Asamblea, hoy sufrió reveses estructurales de consideración. A tal punto que, queriendo subirse al tren, escribió en su cuenta de Twitter que todo lo que pasó hoy venía siendo trabajado en su gobierno. Las redes se encargaron de recordarle hechos que prueban el tamaño de sus mentiras. Su ficha mayor, Jorge Glas, luce políticamente exangüe. Si antes de la campaña, él era responsable político de la corrupción ocurrida en los sectores estratégicos, a partir de hoy tiene a su tío, con quien tiene relaciones estrechas, preso. Si hasta ayer las relaciones con Moreno parecían congeladas, a partir de hoy lucen imposibles: Glas vuelve a ser el lastre político que Moreno quiso evitar en la campaña y parece tener más futuro judicial que político. Su peso en el aparato del partido y en la burocracia mermará sensiblemente.

La situación de Polit también afecta a Correa. El ex presidente lo sostuvo en el cargo y dio su visto bueno para que permaneciera en la Contraloría hasta el 2022. Otra afrenta contra la ética. Se ignora lo que ocurrirá con Polit pero tendrá que ser reemplazado, abriendo así la posibilidad de revisar las cuentas del correísmo durante esta década. Otros funcionarios, sostenidos por el ex Presidente, seguramente irán ante los jueces. Esto introduce altos índices de vulnerabilidad en la fortaleza que el correísmo construyó y del cual  dio pruebas, hasta ayer, al evitar un cambio del orden del día en la Asamblea Nacional. La oposición pretendía someter a votación una moción para que el legislativo solicite a la justicia de Brasil y de EE.UU. la información relacionada con la delación voluntaria de los ejecutivos de Odebrecht. El correísmo pretendió controlar la información jugando todas las cartas a Carlos Baca Mancheno, el fiscal general. Pero se entiende que él, a su retorno del Brasil, decidió actuar y que Moreno, informado, apoyó plenamente sus decisiones. Lo que ocurrirá entre Mancheno y Polit, quien lo había demandado hace unos días, no cambiará fundamentalmente el nuevo escenario.

Lenín Moreno dio la vuelta a la tortilla. Primero: gana legitimidad política al sintonizar con una población harta de postergaciones, cinismo, mentiras y ficciones del propio expresidente en este tema. Se recuerda el caso de Alecksey Mosquera, señalado por haber recibido como ministro una coima de Odebrecht por un millón de dólares, y que Correa, mintiendo en la fecha y el contenido, quiso hacer pasar por una simple asesoría. La acción decidida de Moreno contra la corrupción sumará en su popularidad.
Segundo: este 2 de junio Moreno asentó su poder frente a un expresidente que se dedicó a cercarlo. La nueva correlación de fuerzas se sentirá en el gobierno y también en la Asamblea donde los asambleístas afines a Moreno apenas suman una veintena. José Serrano, leal a Correa pero que tiene agenda propia y se perfila para 2021, seguramente asumirá el tsunami político que acaba de ocurrir. Por todo esto, es posible que Moreno haya ganado un aliado que, hasta el 24 de mayo parecía imposible, si se juzga por el discurso Pro-Correa de Serrano en la Asamblea Nacional.

El hecho cierto es que los factores de poder se alinean del lado de Moreno: suma opinión pública. Descompone el frente que le dejó armado Correa al provocar un cambio irremediable en la Contraloría y al poner, en este tema y por las razones que sea, al Fiscal de su lado. Acelera la implosión del correísmo y marca puntos en la guerra abierta que tiene con los correístas del aparato. Crea una grieta irreversible con Rafael Correa y lo que él representa: porque desde hoy, 2 de junio, Correa encarna más que nunca un pasado execrable que lo liga con la corrupción.
Moreno tiene ahora la iniciativa política; Correa pasa a ser parte de los acusados.

Foto: La República: detención del tío de Jorge Glas.

La ley que deja por fuera a los profesionales del odio

en Caricaturas/El Humor/La Info por

Antes de irse, un día antes, Rafael Correa envió un Proyecto de Ley a la Asamblea Nacional para censurar las redes sociales. Hábilmente, lo convirtió en un proyecto para regular el odio y la discriminación cuando, en el fondo, lo que persigue es proteger a los funcionarios y gobernantes de la crítica ciudadana y de la tarea periodística. Chamorro interpreta a la perfección lo que buscó el ex presidente con esta propuesta de ley.

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