Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

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En este juicio ganamos todos

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Para escribir este texto voy a recurrir a la primera persona. Nunca lo había hecho en 4Pelagatos pero esta vez las circunstancias me imponen un tono personal. Resulta imposible despersonalizar esto: han sido casi diez años de angustias y zozobras cuyo feliz colofón, al menos aparentemente, ha llegado el lunes 3 de julio.

Cuando la mañana siguiente al juicio, en el que fui declarado inocente de haber afectado la honra del ex presidente Correa, un periodista me llamó y me pidió que dijera al aire cómo arrancaría una crónica sobre lo ocurrido, lo primero que se me vino a la mente fue la imagen de mis colegas acercándose para entrevistarme luego de la audiencia. Venían por la calle, casi corriendo, hasta la puerta por donde los funcionarios de la judicatura me habían pedido que salga para no exponerme a las enfurecidas turbas correístas. Fue el ánimo con el que llegaron lo que me impactó.  Aunque venían casi corriendo y jadeantes era claro que estaban tranquilos y ciertamente contentos. Cuando arrancaron las preguntas fue evidente que una alegría sosegada los acompañaba; algo que no había visto entre mis colegas durante muchos años. Ese momento sentí que algo muy poderoso me unía a esa tropa de reporteros y ahí tuve verdadera conciencia de que había ganado una pelea. Una pelea que había valido la pena dar.

Esa imagen me llevó a recordar uno de los momentos más siniestros que me ha tocado cubrir como periodista. Ocurrió ya hace 6 años y fue la audiencia final del juicio que Correa le siguió a diario El Universo. Ese día, el Presidente estaba montado en la cresta del más absoluto poder y había convertido a la Corte Nacional en un espacio donde todo, absolutamente todo, estaba dispuesto en función suya. Aunque había presentado su demanda a título de un ciudadano cualquiera, cosa que de por sí es absurda que lo haga quien ejerce un cargo público, había ordenado que se acondicione en el lugar una suit para su uso personal, de tal forma que si quería ir al baño no tenía que cruzarse con nadie que no fuera de su agrado. Lo acompañaba un séquito de funcionarios públicos, incluidos los de más alto rango, que no tuvieron empacho en abandonar sus sitios de trabajo para lambisconear al jefe y en las afueras flotas de vehículos de Estado los esperaban para llevarlos a festejar. Ese día, el mismo Rafael Correa, que el 5 de junio del 2017 pidió que me encarcelen por 30 días porque disque había afectado su honra, pidió a los esbirros de la Corte que me saquen de la sala. No había ningún respaldo legal para que me expulsaran, solo el capricho de Correa que no quería sentirse incómodo en aquella sesión donde, sabía, se iba a condenar a El Universo y a Emilio Palacio. Nada debía perturbar su goce y disfrute de ese ajuste de cuentas y mi presencia, seguramente, le resultaba perturbadora. Para entonces, Correa ya no me toleraba.  Ya se había aprovechado de sus sabatinas para insultarme y desacreditarme. Incluso había proyectado una fotografía mía en uno de esos espectáculos como para asegurarse, tan valiente y macanudo él, que sus seguidores me identifiquen y me agredan si se cruzaban conmigo en la calle.

La antipatía que Correa sentía por mi y que lo llevó a insultarme y a descalificarme nació en julio del 2009. Luego de que escribí un pequeño comentario sobre su presencia en un desfile de conmemoración por los 200 años de la batalla de Carabobo, en Venezuela, y al que lo  acompañé como miembro de una delegación de periodistas ecuatorianos. En aquellos tiempos la prensa, que no pertenecía al aparato de propaganda y adoctrinamiento del gobierno, aún tenía cabida en los viajes presidenciales. 

En el comentario aquel me preguntaba cómo es que un joven político, supuestamente educado y de ideas modernas, podía haber lucido radiante de felicidad junto a Hugo Chávez durante una ceremonia militar en la que el tono de los larguísimos discursos eran de un nacionalista y de una exaltación militarista dignos de una película sobre la Italia de Benito Mussolini. ¿Quién conoce realmente a Rafael Correa?, preguntaba en la columna. Me parecía inexplicable que alguien que se llenaba la boca sobre modernización y sociedad civil podía haber estado tan a gusto y a sus anchas en un tétrico espectáculo lleno de discursos e imágenes cargados de nacionalismo fascista. Para alguien formado con una educación humanista, como pretendo serlo, un espectáculo así no podía ser sino abismalmente deprimente. Pero Correa estuvo, durante esas cinco o seis horas de apabullante despliegue de militarismo y nacionalismo ramplón, dicharachero y festivo. Pocas veces se lo había visto en público tan alegre como ese día, sentado junto a Chávez.

El sábado que siguió a la publicación de mi columna, Correa se burló diciendo que yo era un bobo que seguramente esperaba que en un desfile militar aparezcan cheerleaders y cosas por el estilo. Tuvo el descaro de insinuar que yo había actuado como traidor por haberlo criticado luego de haber volado en un avión del Estado. Desde entonces ya se evidenciaba que, como político y funcionario en el poder, Correa asumiría que los bienes públicos eran suyos. El avión, por ejemplo. Cada día me convenzo más de que mi pregunta sobre ¿quién conoce realmente a Rafael Correa? era perfectamente pertinente.

Vinieron otros episodios. Para agosto del 2013, Fundamedios había contabilizado al menos diez ocasiones en las que Correa se aprovechó de las sabatinas, espectáculo pagado con fondos públicos, para insultarme y descalificarme. El inventario hecho por Fundamedios incluye los apelativos de “enfermo”, “sicario de tinta”, “chiflado”, “inmoral”, “falto de ética”, “cobarde”, “desquiciado”, “pobre hombre” y “malcriado”. Luego vino una serie de ocasiones en las que, obsesivamente, dijo que yo estaba enfermo o enfermito, como si tener una enfermedad fuera motivo de descrédito. Fueron tantas las ocasiones en que me dijo “enfermo” que llegué a pensar que lo hacía perfectamente consciente de la condición que sufro, y que trató de humillarme con eso. Muy humano y valiente el señor Correa.

Correa jamás perdonó que se le cuestione su verdad. Si era dueño de los bienes públicos lo normal era que sea dueño, también, de la verdad. El sistema político que él montó, con la anuencia de una inmensa mayoría de ecuatorianos y de ideólogos de ocasión, necesitaba de un poder absoluto para funcionar. Convertir a las funciones del Estado como secretarías o brazos del ejecutivo, cosa que logró con la constitución de Montecristo, no bastaba. Era necesario también eliminar, como se elimina a los piojos, a cualquier forma de disenso. Por eso construyó, desde el principio, un sistema mediante el cual la amenaza y el insulto servían para mantener reprimida y acobardada a cualquier forma de crítica. Hubo algunos, entre los que me incluyo, que nos atrevimos a desafiar ese sistema y decir lo que el poder no quería escuchar. Muchas veces lo hicimos por un profundo miedo a callar, que es el más tenebroso de los miedos.

Hubo un período, que no fue corto, en el que quienes nos lanzamos al vacío diciendo las cosas que el poder no quería que se digan, fuimos abominados por un inmenso sector de la opinión pública. Resistirse a las reglas del jefe, durante los primeros cinco o seis años del correato,  no fue bien visto ni fue popular. No era fácil ejercer la libertad de expresión, no solo por las agresiones que venían desde el poder sino por el desprecio y el repudio de un importante sector de la sociedad que alcahueteó, unas veces con gran entusiasmo y otras por simple desidia, la instalación de un régimen autoritario. Un autoritarismo que, con el tiempo, la mayoría ha llegado a aborrecer.

El acoso se prolongó con el aparecimiento de 4Pelagatos. Correa no solo que utilizó todos los recursos del Estado para demandar que se baje la página usando fraudulentamente leyes de autoría intelectual o mediante ataques cibernéticos.  Se nos advirtió con un juicio por un artículo sobre los aviones militares donados por Hugo Chávez y se nos amenazó de muerte por un artículo en el que se criticaba que se haya utilizado al diario estatal El Telégrafo para que la hija de Correa publique una columna de opinión.

La demanda que me puso Correa por un artículo en el que utilizo el mismo razonamiento que él usó para proteger a Alecksey Mosquera, por haber recibido un millón de dólares de Odebrecht, no es sino la culminación de un viejo y metódico acoso en mi contra que incluye la presión que se ejerció desde el poder para que me dejaran en el desempleo. Un acoso que no fue exclusivamente en mi contra pero que llegó a ser mucho más perverso y violento contra colegas míos como Jorge Ortiz, Juan Carlos Calderón, Cristian Zurita o Fernando Villavicencio, entre otros.

¿Pero por qué Correa pidió mi prisión por el artículo en el que expongo, haciendo un símil, su lógica para defender a Mosquera y no por otros mucho más duros? Creo que mi colega Cristian Zurita tuvo la mejor respuesta a esta pregunta. “Correa al defender a Mosquera se está defendiendo él mismo”, me dijo en una conversación. Es por eso que estoy convencido de que la demanda que presentó en mi contra es parte del caso Odebrecht. Si lograban encarcelarme o hacerme pagar una multa por lo que escribí, entonces no era difícil imaginarse el temor que cualquier periodista o ciudadano hubiera sentido al redactar una nota sobre ese tema. Uno de mis abogados Juan Pablo Albán, en su extraordinaria argumentación a mi favor, lo hizo notar y estoy convencido de que esa fue una de las argumentaciones que más impactó en el juez.

En el proceso que se siguió en mi contra, la idea era que yo llevara un mensaje a todos quienes pueden opinar sobre el tema de Odebrecht: o se callan o les pasa algo parecido. Por todo esto pienso que los beneficiarios más inmediatos de la decisión del juez fuimos muchos periodistas y personas que están haciendo opinión en el tema Odebrecht.

A diferencia de lo que ocurrió durante el juicio en contra de El Universo en el 2011, en esta audiencia fue visible el deterioro del poder de Correa.  Su abogado, acostumbrado a ganar con solo presentarse en los juzgados respaldado en el poder de su defendido, hizo un argumentación tan pobre que a momentos producía lástima. Su asistente llegó atrasado y de los tres testigos que llevaron solo testificó una. Es más, su testimonio fue más útil para mi causa que para la de Correa. Hubo un perito informático llevado por Ochoa y su equipo que a todas luces lo único que sabía era googlear. Ni siquiera sabía qué es una IP ni el “back office” de una página web. Ni siquiera  pudo sostener la tesis Caupolicán Ochoa de que habían sido 80 mil personas las que habían leído la nota que, supuestamente, acabó con la autoestima de Correa. Nada tenía que ver lo que ocurrió este pasado 3 de julio, con aquel despliegue de poder y control que hubo en el juicio contra El Universo.

Cuando sentí que los colegas que me entrevistaban estaban tranquilos y hasta alegres, supe que todo esto ha valido la pena. Quizá por eso, fue su imagen la que primero se me vino a la mente cuando desde una radio me pidieron que les contará cómo comenzaría una crónica.

Espero que todo lo ocurrido signifique que ya no será necesario recurrir, otra vez, a la primera persona. Es de esperar que, como periodista, ya no tenga otro tema personal que contar.

Foto cortesía El Universo

No más abusos de Rafael Correa

en Caricaturas/El Humor/La Info por

Rafael Correa quiere meter preso al pelagato Martín Pallares porque usó su lógica absurda para defender a Alecksey Mosquera. Resultado de ese ejercicio: IMAGINÓ a Correa robando y diciendo que estaba cuidando las joyas. El pelagato Chamorro pone en escena lo que se juega el lunes próximo en un juzgado de Quito durante el juicio: ¿la justicia es tiempos de Lenín Moreno será independiente? Si fuera ese el caso, el  juez debe archivar el absurdo juicio entablado por Correa. ¿O esa justicia seguirá obedeciendo consignas políticas, metiendo presos a ciudadanos, atentado contra la libertad de expresión y aupando una de las mayores sinvergüencerías del correísmo: que Correa aumente su patrimonio metiendo la mano en el bolsillo de los ciudadanos?

Este lunes 3 de Julio los esperamos numerosos para rechazar los abusos que Correa quiere proseguir, ahora como ex presidente.
Judicial Norte: Av. Amazonas y Villalengua. 10:00. Este lunes acompañemos al pelagato Martín Pallares: este lunes sea un Pelagato más.

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En defensa de Martín Pallares: carta a Rafael Correa

en La Info por

Economista Correa

“¡Qué asco da cierta gente que todo lo hace con guantes! Incluso los hijos y los millones”, escribió Cesare Pavese a quien usted sin duda no ha oído ni nombrar. De sus hijos, Correa, no voy a decir nada, faltaría más. Pero sí de su fortuna, amasada con los pulcros guantes de su cinismo chocante y miserable. Fortuna hecha con la complicidad de jueces comprados o bajo chantaje y entre los bastidores del sainete en que convirtió usted la formalidad jurídica en este país. Ya consiguió atracar 140 mil dólares a Fernando Villavicencio, Cléver Jiménez y Carlos Figueroa. Ahora, cuando nos creíamos al fin libres de su impertinencia y su codicia, de su desprecio por la ley y su utilización de los tribunales en su propio beneficio, todavía tiene la desvergüenza de intentar, con juicio penal de por medio, meter la mano en el bolsillo de un periodista, Martín Pallares, a quien usted personalmente empujó hacia el desempleo. Primero lo deja sin trabajo y luego quiere sacarle plata. Con guantes blancos. Da usted asco.

Martín Pallares es un digno padre de familia; un periodista de ética intachable; un hombre honrado; una buena persona… En fin, esas virtudes que usted ni entiende ni conoce, o que confunde con ciertas disciplinas aprendidas de los scouts, donde se convirtió en el tiranillo fatuo que hoy todos conocemos. Martín Pallares es una persona que cree en el oficio que ha elegido y defiende la libertad de expresión de la única manera como vale la pena hacerlo: ejerciéndola. Un periodista que tuvo el valor de desnudar las pequeñas, cotidianas inmundicias de su gobierno; que puso al descubierto, paciente y documentadamente, las raterías de ese aparato de lambiscones y aduladores de quienes gusta usted rodearse, a los que llama revolucionarios y que tuvieron campo abierto (abierto por usted) para lucrar obscenamente durante los últimos diez años. Alecksey Mosquera, por ejemplo. ¿Qué pretende? ¿Dejar en la miseria a una familia? ¿Acallar a uno de los pocos medios virtuales, 4pelagatos, que nunca se corrió de cantarle las verdades en la cara? ¿Forzar al gobierno de Lenín Moreno y dejar sentado que los jueces siguen siendo suyos? Usted, el de las manos limpias. ¿Están limpias de verdad o son los guantes que usa para no manchárselas ni dejar huellas? Da usted asco.

¿Y cuál es el delito de que acusa a Martín Pallares? Imaginar. Nomás eso. Concretamente, imaginarlo a usted robando. ¿Quiere usted penalizar la imaginación ahora? Es claro que Martín no lo acusa a usted de nada, Correa. Simplemente (y con fines didácticos que no necesitan explicación en el contexto de su artículo) se lo imagina haciéndolo. Pero ¿no es eso lo que imagina ya la mitad de ecuatorianos? ¿Piensa enjuiciarnos penalmente a todos? Usted robando. ¿Acaso no es lícito, no es natural, no es verosímil dejar volar la imaginación por esos pagos? Ya nos contará usted de sus negocios con Odebrecht, de la manera como dejó volver al país a la constructora brasileña (con costos adicionales que pagamos todos) después de tanta retórica nacionalista barata. Ya nos contará de los 2.200 millones de la Refinería Esmeraldas, de los 1.200 millones gastados en aplanar un terreno en El Aromo, del aparato institucional y jurídico creado por usted y ese sátrapa que empleó como secretario jurídico para permitir a su amigo Jorge Glas montar un esquema de contratos dentro de contratos que multiplicó los costos de todas las obras estratégicas con el fin beneficiar a  otros amigos. Mónica Hernández, por ejemplo (por cierto, ¿dónde están ella y su marido? ¿Siguen en el Ecuador o viajaron por casualidad a una boda en Miami?). Ya nos contará de Tomislav Topic, de Glory International, de los contratos millonarios de su hermano. Todo limpio, todo correcto, todo con guantes, ¿verdad?

Durante diez años, Correa, hemos soportado su tiranía, si aceptamos como correcto el concepto de tiranía que despacha Juan Montalvo en Las Catilinarias (que con toda seguridad usted tampoco habrá leído). Y fíjese usted: estas palabras destinadas al pantagruélico y esperpéntico Ignacio de Veintimilla le calzan a su gobierno como anillo al dedo. ¿Se siente cómodo con eso? Tiranía, dice Montalvo “no es tan sólo derramamiento de sangre humana; tiranía es flujo por las acciones ilícitas de toda clase; tiranía es el robo a diestro y siniestro; tiranía son impuestos recargados e innecesarios; tiranía son atropellos, insultos, allanamientos; tiranía son bayonetas caladas de día y de noche contra los ciudadanos; tiranía son calabozos, grillos, selvas inhabitadas; tiranía es impudicia acometedora, codicia infatigable, soberbia gorda al pasto de las humillaciones de los oprimidos”.

Pero esos diez años terminaron ya, Correa. Vaya acostumbrándose. Ya no puede usted llegar, como solía, rodeado de su pandilla de gorilas pagados con nuestro dinero, y pretender almorzar en un restaurante donde almuerza gente decente. Una vez despojado de la banda presidencial usted está desnudo y su rabo de paja resulta ahora intolerablemente visible. Y da asco.

Este cuarto de hora suyo con Martín Pallares, justo en el momento en que su vistoso rabo de paja se acerca peligrosa e inexorablemente a las llamas que lo rodean, será una vergüenza más en la larga lista de impudicias que conforman el retrato con que lo recordará la historia. Correa contra Pallares: da risa. Un tirano de “codicia infatigable, soberbia gorda al pasto de las humillaciones” y fatuidad inabarcable (entendiendo la fatuidad como una mezcla en partes iguales de vanidad e ignorancia), un tipo de semejante calaña contra un padre digno, un periodista intachable, un hombre honrado, un tipo culto, un lector infatigable. Ya no le quedan esos desplantes, Correa. Porque, como dice el mismo Montalvo, “un tirano, pase: se le puede sufrir quince años; ¿pero un malhechor?; ¿pero un salteador tan bajo?”. A ése se le echa de los restaurantes. ¿Se atreverá usted a ir a la corte, con sus gorilas y sus guantes blancos? ¿Tendrá usted el coraje de mirar a Pallares a los ojos? En otras palabras: ¿podrá más su cinismo que su cobardía?

De usted, con asco infinito

¿Cómo un cretino así puede ser el político más exitoso de la historia?

en La Info por

De entre las todas las imágenes que pudo haber escogido para sellar su última sabatina, escogió la de él rompiendo un diario. No fue espontáneo ni una mera coincidencia: Rafael Correa tuvo que haberse asegurado, antes de llegar al parque de los Samanes, de que iba a tener un ejemplar de diario La Hora a la mano para romperlo por la mitad en los minutos finales de su su show de los sábados. Fue, sin duda, un gesto planificado que terminó, voluntariamente o no, convirtiéndose en la imagen que la historia recogerá como su despedida del poder. Una imagen que, a la postre, lo define como ser humano y como político.

La imagen de Rafael Correa rompiendo un diario simboliza, sin embargo, la del fracaso que él siente por no haber conseguido la que seguramente ha sido su máxima aspiración durante estos diez años de poder: eliminar de tajo cualquier forma de prensa que no opere bajo su control y voluntad y, además, no haber podido convencer totalmente a la opinión pública de que el periodismo es el principal obstáculo del bien común .

Pero no fue únicamente su decisión de aparecer rompiendo el diario lo que evidencia que Correa deja la Presidencia con la frustración de no haber logrado secuestrar por completo la opinión pública. Fue la arquitectura misma de todo el enlace 523 lo que dejó al descubierto el fracaso de Correa frente al disenso. En esencia, está última sabatina estuvo concebida y dirigida para transmitir, a quienes heredarán de él el poder, el mensaje de que el encargo más importante que les deja es liquidar todo rezago de prensa independiente que pudo habérsele escapado. En en un momento del enlace, incluso, se dirigió a José Serrano, el nuevo presidente de la Asamblea, y le encomendó que impida que en los próximos años se cambie la Ley de Comunicación, como pretende la oposición y “la prensa mercenaria”: un concepto que repitió al menos tres veces duranrte el enlace.

“Ojalá la próxima legislatura no caiga en la trampa. No se deje poner las prioridades y la agenda legislativa por parte de una empresa mafiosa que se representa a ella misma y sus intereses. Recuerden nuestros asambleístas que son representantes de ustedes, del pueblo ecuatoriano y no de lo que diga la prensa mercenaria”, dijo Correa y criticó a los medios y los sectores que han salido a hablar sobre la necesidad de derogar dicha ley que fue, durante sus últimos años de gobierno, el pilar de su proyecto autoritario. “Estoy observando en los últimas días toda esa campaña mediática para bajarse la Ley de Comunicación. Pareciera ser que es el principal problema del país. Lean los titulares. No hay problemas de violencia contra las mujeres, coparentalidad, pensiones alimenticias, no es problema la seguridad…”, agregó en otra parte de su intervención. Fue tan evidente el hecho de que quiso dedicar la última sabatina a desahogar su frustración con la prensa, que lo más destacado de ella fue un video en el que se recogía los casos en los que, según Correa y su equipo, el periodismo había mentido a la sociedad con el afán de indisponerla en contra de su gobierno y de promover la protesta social.

Calificó a los periodistas que publicaron esas supuestas mentiras como “periodistas de rocola”, porque según él “tocan música cuando reciben una moneda”. Además aseguró con todo el convencimiento del caso que la prensa ha sido su “más grande adversario”.  Correa no economizó tiempo ni retórica en este propósito: sostuvo que la prensa “mercantilista” ha sembrado odio en la sociedad ecuatoriana y que la ha engañado publicando y callando lo que le da la gana. “Atentos los próximo cuatro años: no creerle nada a esa prensa mercenaria”, exclamó y dijo que en ningún lugar del “planeta” ha ocurrido algo que, según él, ha ocurrido en el Ecuador: que el presidente ganador de unas elecciones sea proclamado por un canal de televisión, Ecuavisa, y no por la autoridad electoral. “Los medios mercenarios tienen que entender que proveen un derecho (la información) y no una mercancía. Han querido dañar el corazón de la gente”, dijo.

Correa, como buen demagogo autoritario que es, sabe que su discurso en contra de la prensa le ayudó, desde los inicios de su mandato, a construir la figura de un enemigo externo para conseguir adhesiones populares y desviar responsabilidades, pues el guión oficial es miren hacia allá, ellos son la amenaza, ellos son el verdadero el peligro.

Correa, al igual que otros como él entre los que está Donald Trump, tiene como némesis a la verdad. Él sabe que insultando a la prensa abre una nueva línea de ataque en contra de los hechos que, en realidad, son sus verdaderos enemigos. Lo que Correa ha tratado de hacer durante estos diez años es confundir al público fabricando la coartada de que la prensa es  “mercenaria” y “enemiga del pueblo” para que no crea en las verdades que son incómodas al poder. Deslegitimar a la prensa libre e independiente es una forma de evitar que la sociedad le de crédito a los hechos que el poder no quiere que sean vistos.

Correa puede ser muy transparente en presentaciones como éstas porque no hay nadie ni nada que que limite lo que dice. Por eso, durante el enlace 523, Correa no pudo evitar que en su ataque al periodismo haya dejado al descubierto un aspecto fundamental de su personalidad: su incapacidad de aceptar que el pueblo puede expresar su descontento espontáneamente y sin el estímulo de algún oscuro interés.  Correa está convencido de que si la sociedad se pronuncia en su contra es porque está siendo engañada por alguien perverso y jamás porque existan razones auténticas y verdaderas para hacerlo. Si la gente salió a protestar en el 2015 en contra del Impuesto a la Herencia fue por culpa de los periodistas, si los policías se sublevaron el 30S fue por culpa de los periodistas, si los agricultores se opusieron al censo agropecuario fue por culpa de los periodistas, si los médicos salieron a protestar fue por culpa de los periodistas, si en en 1912 una turba asesinó a Eloy Alfaro fue por culpa de los periodistas…  Así cualquier cosa que se diga en su contra será… culpa de los periodistas.

En el pensamiento de Correa, primitivo y controlador, no existe expresión social que pueda ser autónoma. Únicamente aquellas expresiones populares que se producen bajo el estímulo del Estado (controlado por él claro) son legítimas y válidas. Cuando las masas se pronuncian sin su consentimiento es porque los perversos periodistas las han empujado. “Los violentos son inducidos y azuzados por la prensa. !Cuántos brotes de violencia se han producido por información publicada para hacerle daño al gobierno¡”, exclamó.

Si algo se puede decir a favor de las sabatinas, que durante 10 años fueron la institución pública creada para lanzar odio, descalificación y atropellos, es que la historiadores del futuro podrán encontrar en ellas al verdadero espíritu de quien ha dominado la escena política durante buena parte del siglo XXI.  A pesar de que el enlace 523 fue uno de los más cortos de los últimos años, con un poco menos de tres horas de duración, Correa ofreció una estupenda muestra de sus  particularidades sicológicas y emocionales: tenaz, intenso, obsesivo, vanidoso a más no poder, autoritario, cobardón porque desafía a golpes a sus adversario desde un espacio en el que sabe que está protegido, ignorante pero a la vez sabido, manipulador, mentiroso, hombre de poco mundo y estupendo comunicador. 

Correa en cada sabatina se jacta de tener una autoridad moral que le permite despreciar a todos los que no están con él y lanzar mensajes cargados de moralejas parroquianas cada cinco minutos. Así ha sido durante 523 sábados.

Esta vez, además, dejó patente que los 10 años de gobierno, no le han enseñado nada sobre lo que es el Estado y la función pública.  En una declaración insólita y no menos lamentable expuso lo que, según él, es el cambio que su gobierno le ha significado al Ecuador. Dijo: “hemos transformado la patria. No podemos caer en falsas modestias. Antes de la revolución ciudadana nada de esto existía. Antes no había el parque los Samanes, antes no había enlaces, el Museo de Carondelet estaba cerrado, el cambio de guardia tampoco no existía. Antes había salvataje bancario y congelación de cuentas”.

Lo que las 523 sabatinas dejan, a más de toda su perversidad y distorsión institucional, es la fascinante interrogante sobre cómo un personaje capaz de articular reflexiones tan pobres y cretinas como aquella según la cual el cambio tras estos 10 años se expresa en que antes no había sabatinas y ahora sí hay sabatinas, pudo haberse convertido en el político más exitoso de la historia de la política ecuatoriana moderna. Una interrogante que los historiadores del futuro deben empezar a desentrañar desde ya.

El plan es asustar, dándole un susto a Luis Eduardo Vivanco

en La Info por

El más reciente mensaje del poder a las redes sociales ha sido enviado y es claro: o sus usuarios se portan bien y no atentan contra su imagen o tendrán problemas con la ley.   El autor de la advertencia es la Fiscalía, que aparentemente ha acogido una queja del Ministerio del Interior para que se inicie un proceso en contra de Luis Eduardo Vivanco, periodista de diario La Hora, productor del programa “Castigo divino” y activo usuario de redes sociales.

Vivanco se enteró de que estaba siendo procesado una tarde cuando al regresar a su casa de su trabajo  se encontró con un agente de la Fiscalía que lo esperaba, pacientemente, para entregarle una citación. Cuando su abogada fue a la Fiscalía a ver de qué se trataba el asunto, se encontró con que el proceso estaba curso y tenía ya 140 páginas. ¿El delito que se imputa? Vivanco aún no lo sabe con precisión, pero aparentemente se trata de algo relacionado con mensaje que colocó en su cuenta de Twitter  el 14 de abril en el que incluía una fotografía de la pila de billetes que se encontró bajo el piso de la casa de un oficial de Policía. Vivanco colocó junto a la foto una frase que decía: “Sobre estos colchones descansa la revolución”.   El tuit se viralizó con gran velocidad esos días y su autor recibió una serie de mensajes insultantes, sobre todo desde cuentas anónimas que generalmente se las identifica con el llamado troll center del Gobierno. Ese tuit, además,  volvió a hacerse popular cuando el propio Vivanco informó, a través de su cuenta de Twitter, del proceso que le habían iniciado.

Poco después de que Vivanco compartió la noticia de que estaba siendo procesado por ese tuit, la reacción en esa plataforma fue diametralmente opuesta a la que hubiera querido el Ministerio del Interior. Decenas de tuiteros empezaron a compartir el mensaje de Vivanco, asumiéndolo como propio bajo la etiqueta de #HagoMioEsteTuit o incluso escribiendo otra vez exactamente lo mismo que Vivanco.  El tema se convirtió así, durante al menos un día, en un abierto desafío al Ministerio del Interior o quien quiera que haya pedido que se procese al periodista por su mensaje.

“No está claro el tipo de delito. No sé de qué me acusan. Sólo sé que es ese tuit”, le dijo Vivanco a 4Pelagatos, quien además anunció que no va a asistir a la audiencia que le ha fijado la Fiscalía porque “tengo cosas más importantes que hacer”. La otra cosa que conoce el acusado es que la denuncia fue puesta por el Ministerio del Interior aunque no conoce si es por injuria o calumnia.  Si es así, el afectado debería ser “la revolución” o quien quiera que se haya sentido aludido, reflexiona Vivanco.

La velocidad de la Fiscalía ha sido sorprendente. En pocos días llegó a completar 140 hojas de proceso aunque no se entiende bien las razones por las interviene ya que, en el caso de que el Ministerio del Interior se sienta afectado, éste debió haber hecho una acusación particular para que sea procesada por un juez. La Fiscalía, se sabe, sigue únicamente casos que son pesquisables de oficio, pero no calumnias o injurias a particulares.

Pero si la velocidad es sorprendente, lo más insólito de la orden es que se haya dado una orden judicial para que se intervenga el teléfono y las cuentas de redes sociales del periodista. “Esto que estamos hablando ahora deben estar escuchando estos señores”, le dijo a 4Pelagatos Vivanco mientras compartía los detalles del proceso por el que está atravesando.

 ¿Intervenir teléfono y redes sociales por una supuesta calumnia? La simple posibilidad de que la autoridad ordene que se intervenga en las comunicaciones de un periodista o de un usuario de redes sociales, por un caso como éste, constituye una amenaza escalofriante para quien se expresa en internet. El proceso contra Vivanco, con este siniestro añadido, hace que la advertencia sea doblemente amenazante para los sectores de la sociedad que utilizan las redes sociales como escaparate para expresar su opinión sobre asuntos de interés público.

Lo del proceso de la Fiscalía a Vivanco claramente es un gesto de pedagogía social desde el poder:  si alguien siembra dudas sobre las actuaciones de las instituciones o de sus funcionarios tendrán que asumir las consecuencias. Y claro, las consecuencias son procesos judiciales que, en el caso de Vivanco, podría significarle varios meses en prisión. ¿Quién va estar dispuesto a arriesgar su libertad por comentarios en redes sociales? Es evidente que con este gesto de la Fiscalía, la sociedad se la pensará dos veces antes de hacer comentarios, expresar opiniones o hacer bromas en redes sociales. 

Es conocido que el Gobierno correísta ha intentado regular el uso de las redes sociales y las publicaciones en internet, pues toda información y opinión que sale a través de los medios tradicionales ya está bajo control a través de la Ley de Comunicación.  Precisamente el gobierno no pudo incluir en esa ley a los medios digitales por la avalancha de críticas que, en redes sociales, despertó la idea.

Estos intentos de control no han acabado y varios funcionarios insisten en la necesidad de que haya una ley que regule lo que se dice en redes. En marzo del 2017 el vicepresidente Jorge Glas dijo lo siguiente: “Ese es un debate para después de las elecciones pero lo planteo, yo soy ingeniero en tecnología de la información y la comunicación y creo que el Ecuador, como siempre ha hecho, puede proponer regulaciones de avanzada en algo que será titánico, quijotesco, porque tratarán de unirlo con libertad de expresión que no es tal, es sencillamente que no exista anonimato en redes sociales”.

El que la ley no incluya a las redes sociales no ha impedido, sin embargo, que se hayan encontrado otras fórmulas para limitar la libre expresión en esas plataformas. La forma más eficiente o más usada es la que se está aplicando a Vivanco, es decir la vía penal. Ya funcionó en el caso de la concejala lojana Jeannine Cruz, quien cumplió con una condena de 30 días de presión por por haber proferido expresiones en descrédito o deshonra del alcalde de Loja, Bolívar Castillo. La figura está en el artículo 396 del COIP. Las figuras de calumnias, difamación e injurias se utilizan para amedrentar, escudándose en el derecho a la honra de las autoridades, artículo 182 del COIP. El motivo es evitar las denuncias y las críticas, recortando los derechos a la libertad de expresión.

Lo mismo sucedió con Sebastián Cevallos, tuitero y dirigente de Unidad Popular, quien en el 2016 fue sentenciado a 15 días de prisión por sus tuits en contra del exministro Carlos Carrasco.

El proceso en contra de Vivanco prueba que el miedo sigue siendo el recurso del poder para evitar que se hable mal de él. Lo que se le escapa a ese poder, sin embargo, es que para la sociedad, instituciones como la Fiscalía carecen de la más importante y potente fuente de legitimidad: la independencia.

Moreno se junta con lo peor: lleva a Fernando Alvarado a su gira

en La Info por

Fernando Alvarado no estará en el gobierno de Lenín Moreno. Al menos eso es lo que él dice. En un mensaje, enviado a este pelagato a través de Twitter, el actual Ministro de Turismo y figura emblemática del siniestro aparato de propaganda y comunicación del correísmo, afirma que no estará en el próximo gobierno. La afirmación la hizo a propósito de un comentario que surgió a partir de su presencia en la delegación que acompañó a Lenín Moreno a los encuentros con los presidentes de Colombia, Juan Manuel Santos, y de Perú, Pedro Pablo Kuczynski.

“Tranquilo que sí me voy. Como Ministro de turismo formé parte de la delegación oficial con nuestros Embajadores. Estamos en transición”, dijo Alvarado en su mensaje.  

En las fotografías, y de acuerdo a la información que ha aparecido en los medios oficiales, se evidencia que Alvarado fue el único ministro ecuatoriano en funciones que estuvo presente en las dos citas.  También participó María Fernanda Espinosa, quien será la próxima canciller desde el 24 de mayo.

La presencia de Alvarado en los dos encuentros, los primeros que ha tenido Lenín Moreno luego de las elecciones, abrió la interrogante sobre si estará o no en la próxima administración. ¿Por qué habría incluido Moreno a Alvarado en el petit comité que lo acompañó a sus citas con los presidentes de los dos países cuya relación es de particular importancia para el Ecuador por ser limítrofes? Alvarado sostiene, en su mensaje, que su presencia obedece a que participa en el proceso de transición antes de que se posesione Lenín Moreno. ¿Pero qué tiene que ver el supuesto papel de Alvarado en el proceso de transición con su presencia en la comitiva de Moreno? Si algún tema relativo a las relaciones con Colombia tenía que ser abordado y tratado en la cita entre Moreno y Santos, como parte de la transición, lo más obvio era que hubiera estado en manos de María Fernanda Espinosa, quien ya fue canciller y lo volverá a ser en breve.  

Lo que realmente es insólito de la participación de Alvarado está en que Moreno lo haya escogido o admitido en el grupo, considerando el currículo oprobioso de Alvarado como operador de la infame política de Rafael Correa frente al periodismo y los periodistas. De entre todas las manchas del correísmo que Moreno debe alejarse, la de Alvarado debería figurar entre las primeras. Pero a Moreno aparentemente no lo abochornó tenerlo a su lado.

La duda sobre una posible permanencia de Alvarado se produce, además, por la serie de versiones que dicen que tendría una importante función en el próximo gobierno relacionada con la comunicación; se baraja el cargo de asesor.

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Fernando Alvarado, segundo a la izquierda, durante la reunión con el presidente peruano.

Alvarado es conocido, casi desde el inicio del gobierno de Rafael Correa, como el operador más visible y burdo del aparato de acoso a la prensa y de propaganda del Gobierno. Fue secretario de Comunicación desde julio del 2009 hasta noviembre del 2015, cuando fue reemplazado por Patricio Barriga. Durante su paso por la Secom, se registraron los actos más infames de la política de acoso y propaganda del Gobierno. Entre esos el proceso judicial que el presidente Correa llevó en contra del diario El Universo, la aprobación de la Ley de Comunicación, la consolidación de las sabatinas como plataforma de insultos y amenazas del presidente Correa y la puesta al servicio de los intereses del Gobierno de los canales de televisión incautados a la familia Isaías.

En el 2014 hizo noticia cuando en un acto académico en Chile comentó que cuando empezó a colaborar con Rafael Correa le anticipó que los medios en el país eran “como la mala hierba”. Y le dijo: “Tiene dos opciones para relacionarse con los medios: o ser un jardinero eficiente, tenaz, constante para mantener podada la mala hierba, o dejarles un espacio y negociar con ellos”.

Alvarado, aunque desde el 2015 pasó a ser Ministro de Turismo, siguió manejando gran parte de los hilos de la política de comunicación del Gobierno y mantuvo una suerte de Secom paralela. Esa estructura que nada tenía que ver con el turismo, incluía el control de los medios públicos, de los incautados y de las plataformas de activismo digital o troll center que se han encargado de llenar de odio y tergiversar la conversación en las redes sociales.

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Fernando Alvarado, segundo en la izquierda, durante la reunión con el presidente colombiano.

Sin embargo, lo que más une a Alvarado con Lenín Moreno es la labor que hizo como coordinador del trabajo que los medios públicos desplegaron a su favor y en contra del opositor Guillermo Lasso.  Alvarado, a pesar de que gana sueldo como ministro de Turismo, estuvo encargado de la operación mediática a favor de la campaña de Lenín Moreno y es el responsable de la forma en que los medios públicos se conviertieron en auténticas plataformas electorales de la candidatura de Moreno. Por eso, personas cercanas a los medios públicos y al equipo de Lenín Moreno dicen que Alvarado tendrá un papel importante en comunicación durante el gobierno de Moreno. No descartan, además, que sea su asesor personal en ese tema. Según estas versiones el próximo secretario de Comunicación sería Álex Mora, actualmente director de informativos de Ecuador TV y conocido por su cercanía profesional con Alvarado, sobre todo durante los llamados Comités de Noticias que los directivos de los medios públicos sostienen todos los lunes y en los que se afina su política editorial.

Por ahora Alvarado ha salido a negar que será parte del gobierno de Lenín Moreno, pero el hecho de que Lenín Moreno lo haya escogido para ser parte de la comitiva que fue a Bogotá y a Lima hace pensar lo contrario. Periodistas de medios colombianos y peruanos que quisieron entrevistar a Moreno en su visita le dijeron a 4Pelagatos que se cuando pidieron entrevistas con Moreno se les dijo que tenían que coordinar con Alvarado quien, a su vez, aseguró que lo hace exclusivamente como miembro del equipo de transición.  ¿Qué tiene que ver la transición con la planificación de entrevistas?

Parte activa o no de la delegación del nuevo gobierno, lo único cierto es que el hecho de que Moreno haya permitido que Alvarado asista a las citas es una señal que llena de sombras al próximo gobierno. Alvarado representa lo peor de la oprobiosa política de comunicación del correísmo. Es un emblema de las operaciones de agresión y criminalización de los periodistas y disidentes durante los 10 años que Rafael Correa ha estado en el poder.

Los símbolos también cuentan permitir que se incluya a Alvarado o incluirlo en la comitiva es, por decir lo menos, una señal lamentable e impresentable.

Jaime Guevara despide a Correa con un yucazo para toda la vida

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Los yucazos, por lo general, duran instantes. Solo los necesarios para doblar el brazo a la altura del codo y apuntar al cielo con el dedo intermedio.

Pero hay yucazos que pueden durar toda una vida, y esos son los que más duelen. Precisamente es uno de esos el que le ha dedicado el cantautor Jaime Guevara, como despedida, a Rafael Correa. El yucazo de marras viene en formato de corrido mexicano y ya vuela como video, producido por Pocho Álvarez, en Youtube y las redes sociales.

El video y el corrido se llaman “Yucazo del adiós” y es mucho más que un video y una canción cualquiera. Se trata de una obra en la que Guevara logra perennizar aquel gesto que en septiembre del 2013 dedicó a Correa, quien no solo que ordenó que lo encarcelen sino que luego trató de humillarlo públicamente.

Guevara consigue perennizar su yucazo por al menos dos razones. Primero, ha compuesto una canción que sin duda sobrevivirá a sus protagonistas, en la que recrea lo ocurrido el día aquel, cuando Correa se bajó de su carro, lo desafió a golpes y ordenó que lo detuvieran porque consideró que había sido ofendido por la seña que le hizo el músico. Segundo, porque en su video utiliza recursos visuales que registran con lucidez, como antídoto contra el olvido, cómo Correa abusó de su poder para acosarlo, humillarlo e insultarlo durante una sabatina.

El video arranca con unas imágenes en negativo en las que se ve a Correa, durante uno de sus enlaces mal llamados ciudadanos, dar su versión del encuentro con Guevara. “No sé si canta o escribe. Canta horrible y toca peor la guitarra”, se ve decir a Correa escondiendo su pequeñez en esa risita nerviosa que lo ha acompañado cada vez que habla de un tema que le molesta. “Jaime Guevara, como es un macho, le hace una mala seña al Presidente y yo me le bajo”, se le ve decir a Correa anticipando su actuación de macho en el corrido. Y concluye: “Créanme ese pobre hombre se tambaleaba, apestaba a alcohol y tenía toda una droguería encima porque es drogo, ya”.

Al incorporar el deplorable e impresentable testimonio de Correa, el video logra registrar brillantemente para la historia lo que ha significado para el país el abuso del poder durante los diez años de correísmo. Eso que Pabel Muñoz eufemísticamente llama recuperación de la autoridad pública.

Correa queda retratado en la obra de Guevara como una triste caricatura del dictadorzuelo tropical que es incapaz de entender que en un sistema verdaderamente democrático los gobernantes no reprimen la opinión que sobre ellos expresan sus mandantes, aunque sea en forma de insulto o de mala seña. El dictadorzuelo tropical no entiende que, en democracia, el ciudadano de a pie -en este caso Guevara-, es su verdadero jefe y puede faltar el respeto a su autoridad. Es un principio básico de cualquier democracia y una conducta que cualquier estadista asume con grandeza. Por eso mismo, el desacato ha sido eliminado como tipo penal de casi todas las democracias maduras y sólidas.

Pero hay otra cosa que le otorga una fuerza singular a la producción de Jaime Guevara: el ritmo que escogió. Se trata de un corrido mexicano que resulta perfecto para lo que quiso su autor: ubicar a Correa como personaje de una película de machos pistoleros y matones. Y lo logra. “Como Sheriff o matón”, dice en una estrofa la canción.

Es imposible no pensar que el video es la dulce venganza de Guevara. Y no es para menos. Correa utilizó cobardemente todo su inmenso poder para tratar de liquidarlo. Desde la plataforma pública financiada con dineros públicos que es la sabatina, Correa lo pintó ante el país como un drogadicto y borracho que no podía si quiera mantenerse en pie. Él, que tenía todo el poder posible, que ese día iba en una caravana llena de guardaespaldas armados y patrulleros con policías, desafió a un ser humano frágil que apenas iba armado del pan y la leche que había comprado para su desayuno.

Cuando supo que Guevara recibía medicación y que no bebía ni se drogaba, Correa hizo una “aclaración” en la que mostró aún más la inmensa pobreza de su condición humana. El sábado siguiente leyó un texto, en el que bajo el supuesto de que estaba haciendo una rectificación, intentó rebajar aún más la humanidad Guevara.

La supuesta rectificación de Correa decía así: “Que el señor Jaime Guevara es malcriado y mentiroso; que puede tener militancias de izquierda equivocadas; miopes, virulentas y torpes; que además es anarco, virulento y agresivo; que más aún tiene una enfermedad irreversible, cisticercosis, que provoca en él virulencia extrema y ataques epilépticos desde hace décadas, especialmente cuando tiene accesos de rabia e indignación contra quien no piense como él; que estos ataques lo llevan a tener la mirada perdida, incapacidad de vocalizar palabras, dificultad para expresarse y para mantener el equilibrio, todo lo cual lo hace parecer como borracho y bajo efectos de la droga, más aún cuando apesta a alcohol seguramente por medicinas que toma; pero de acuerdo a personas que lo conocen y a sus propias declaraciones, no es borracho ni drogadicto”.

¿Era posible más miseria humana?

Por todo esto, el video de Guevara se antoja como una obra de auto desagravio, como el recurso legítimo y poderoso de quien no tiene otra arma que su guitarra y su voz y que siempre cuestionó al poder (a todos) únicamente con la fuerza de su música y su irreverencia. El “Yucazo del adiós” seguramente va a doler más que el aquel que tanto le dolió a Correa en septiembre del 2013 porque este va a durar toda una vida.

4Pelagatos y las lógicas del autoritarismo en Austin, Texas

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Si los totalitarismos se han reinventado sofisticando sus sistemas de represión y de censura, los periodistas también han tenido que reinventar su trabajo para que el periodismo no muera.

Si en los años 70 había dictadoras militares que cerraban los medios de comunicación o metían presos a los periodistas, en la actualidad los autócratas tienen mecanismos mucho más sutiles y más eficientes para acallar a la disidencia y al periodismo. Por ejemplo, imponiendo leyes de comunicación que generan olas de autocensura y construyendo Estados de terror donde ningún empresario se atreve a contratar publicidad en medios de comunicación que son mal vistos por el poder. Ante estos mecanismos que se basan en el abuso de poder, los periodistas también se ingenian para poder seguir ejerciendo sus libertades y hacer su trabajo.

Ese fue precisamente, uno de los temas que se ventiló en la ciudad estadounidense de Austin, en Texas, durante el Seminario Internacional de Periodismo Digital que anualmente se celebra en esa ciudad y que es organizado por la Universidad de Texas bajo la batuta del profesor Rosental Alves. 4Pelagatos estuvo entre los cinco medios invitados a participar en un panel dedicado a examinar cómo en sociedades donde existen regímenes autoritarios, los periodistas conciben al periodismo y, al mismo tiempo, se las ingenian para hacer su trabajo.

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En el panel, moderado por la periodista Krissah Thompson del Washington Post, hubo periodistas que trabajan en países donde el periodismo es visto por el poder como un enemigo al que hay que regular y aniquilarlo, cuando es posible, para que no diga lo que no le gusta oír a los que gobiernan. Participaron Carlos Fernando Chamorro, fundador y editor de Confidencial de Nicaragua; Stevan Dojcinovic, editor en jefe de KRIR.rs de Serbia; Ivan Kolpakov, fundador y editor de Meduza.io, de Rusia y Latvia; Malou Mangahas, co fundadora y directora del Centro para la el Periodismo de Investigación de las Filipinas; Lus Mely-Reyes, cofundadora de Efecto Cocuyo, de Venezuela, y, el pelagato Martín Pallares, de Ecuador.

A todos los participantes les une el drama que significa hacer periodismo en países donde los gobiernos esconden información, no rinden cuentas a la sociedad, amedrentan a los periodistas mediante mecanismos que van desde los juicios por calumnias hasta las calumnias que salen de boca de funcionarios y redes sociales manejadas desde el poder.

En los cinco países representados en el panel que se realizó el sábado 22 de abril, el periodismo ha tenido que migrar a lo digital porque ese es el espacio que más difícilmente pueden controlar los autócratas y porque es el medio ambiente que más y mejor distribuye contenidos. Pero a la vez, en esos casos, los periodistas digitales enfrentan, además, los desafíos de financiar sus medios y ganarse la vida porque los modelos de negocios para los medios digitales tienen dificultades que se agrandan en países donde la sociedad tiene miedo, los empresarios no contratan publicidad o no invierten en estas alternativas de comunicación.

La presentación de los 4Pelagatos se centró la reflexión sobre cómo los autoritarismos consiguen secuestrar el idioma y cambiar el significado de las palabras. Para ellos, la democracia no es un sistema que garantiza la existencia de las minorías sino donde exclusivamente se hace la voluntad de las mayorías. Para los autócratas, sociedad civil es cualquier forma de agrupación de la sociedad siempre y cuando se la haga bajo el tutelaje del Estado y no por la asociación libre e independiente de un grupo de personas. Para los 4Pelagatos este cambio de significado de las palabras logra también que los autócratas normalicen lo que no es normal en una democracia. La normalización de lo que es anormal para una democracia, como la cooptación de los poderes por ejemplo, es uno de los objetivos que tiene todo autócrata en el mundo.

Una de las cosas que más impresionó de la presentación de los 4pelagatos en el auditorio, es la narración del episodio, ocurrido un día antes en Ecuador, en el que la Superintendencia de Comunicación, un organismo parásito de la Presidencia de la República, multó a siete diarios por no haber publicado un reportaje publicado en Argentina, en el diario Página 12, que afectaba al candidato opositor Guillermo Lasso. Cuando el caso fue presentado, fue evidente la sorpresa y el estupor en el escenario. ¿Sancionados y multados por no publicar algo que se publica en un diario en otro país? De locos.

Si en Serbia, como lo mostró Dojcinovic en su presentación, el gobierno presenta a los periodistas críticos como depravados sexuales publicando en las tapas de los diarios fotomontajes de ellos teniendo sexo con animales, o si en las Filipinas el Presidente esconde a los periodistas las identidades de los miles de consumidores de drogas que manda a asesinar mensualmente en las calles, el periodismo siempre enfrenta el mismo reto: exigirle cuentas al poder a pesar de los riesgos.

Si así fue su primera rueda de prensa, esto puede acabar mal

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Si así se comienza, no parece que terminará bien. La primera rueda de prensa de Lenín Moreno, en calidad de triunfador según el CNE, sirvió principalmente para agrandar los cabos sueltos que dejó durante la campaña en la que, supuestamente por ser el candidato favorito, no quiso debatir ni exponerse a interrogantes exhaustivos de la prensa.

Moreno en su primera aparición tras la campaña no fue, como la prensa gringa calificó a Donald Trump luego del discurso de posesión, presidencial. Es decir, dejó la imagen de ser incapaz de articular el discurso y la actitud que, se supone, debería tener una persona que se va a encargar del poder ejecutivo de un país.

Con la excepción de su corta y certera respuesta a una pregunta sobre el tuit de Julian Assange, en el que decía que el candidato opositor Guillermo Lasso debía salir del Ecuador, el resto de la presentación de Moreno fue de una pobreza desconsoladora. Nervioso, sobre actuado y casi siempre a la defensiva, fue difícil saber si Moreno quería evadir el meollo de las preguntas o si las entendía de forma distinta a quienes se las formularon. Por ejemplo, su ya célebre respuesta a la pregunta de Freddy Paredes de Teleamazonas, en la que reclamó por haberle faltado el respeto, se pudo interpretar de muchísimas formas. ¿Le molestó que le haya tratado de licenciado o que no le haya nombrado como presidente electo? ¿Le estaba haciendo un reclamo por la pregunta de ese momento o por la forma en que el periodista lo había tratado como candidato en su medio?

Lo mismo ocurrió cuando Patricia Janiot de CNN le preguntó sobre los reclamos del candidato Guillermo Lasso. En lugar de contestar la pregunta, Moreno empezó a hablar sobre la libertad de expresión refiriéndose, aparentemente, a la libertad que le asistiría a Lasso para hacer el reclamo pasando luego a defender al gobierno de Correa por las críticas que se le han hecho por sus ataques al los medios de comunicación. ¿Dijo realmente que los reclamos de Lasso son una evidencia de un supuesto clima de libertad de expresión en el Ecuador o, en realidad, no quiso responder la pregunta de Janiot? Todo fue muy difícil de entender, quizá porque Moreno aún no se siente muy seguro de que puede ejercer un liderazgo independiente al de Rafael Correa.

Lo cierto es que la rueda de prensa de Moreno apenas duró ocho minutos y evidenció la obsesión que ha tenido su equipo asesor de evitar que se exponga a los cuestionamientos de los periodistas. ¿Si querían que la rueda de prensa aparente ser la de un presidente electo cómo se les ocurrió hacer algo tan corto y superficial? La sensación que quedó flotando es que su equipo asesor, o quizá él también, tiene terror a que le hagan preguntas. O que solamente querían que los periodistas le hicieran un par de preguntas pero, sobre todo, le dijeran señor presidente.

Básicamente se abordaron tres temas: la transición y el equipo de trabajo, la impugnación de resultados y la necesidad de legitimar la victoria, Julian Assange y la libertad de expresión. Con la particularidad de que el tema de la libertad de expresión nadie se lo planteó sino que él lo introdujo dejando muchas más dudas sobre su posición sobre ese asunto.

Los únicos anuncios concretos que hizo fue sobre su equipo de trabajo. Dijo que Jorge Glas se encargará básicamente de lo que se ha encargado en los últimos cuatro años y que el ex candidato Iván Espinel se hará cargo de una nueva Secretaría: la de la Juventud. “Las tareas que va a realizar el señor Vicepresidente de la República… Hemos adelantado algo con él; por delicadeza no se lo manifiesto directamente, pero por supuesto serán temas que (se encargará) relacionados con la ciencia, la tecnología, la electricidad en el cual (en los cuales) el trabajo del señor vicepresidente ha sido bastante exitoso”: Moreno contradijo una afirmación suya de campaña que apuntaba a que Glas ya no iba a estar al frente de los llamados sectores estratégicos.

En el tema de Iván Espinel dijo que se encargará de algo que, sostuvo, es una necesidad que siente la sociedad: una secretaría para la juventud. “Eso ya lo habíamos adelantado con él. Es un sentir de la juventud ecuatoriana el que se cree una Secretaría de la Juventud. Pienso que Iván es la persona más adecuada para llevar adelante esa secretaría. Sin embargo, todavía no le he manifestado esta intención mía. El está de viaje este momento. Cuando regrese conversaremos”.

El otro tema fue el de la impugnación de los resultados hecha por Guillermo Lasso: “Yo ya lo he manifestado con anterioridad, no ahora. Primero un profundo respeto a la institucionalidad. Había dicho desde el mismo inicio de la campaña que mi campaña iba a ser decente, con honor, que iba a dignificar la política para que sea un buen ejemplo para los ciudadanos y fundamentalmente para la juventud como un incentivo para que participen en ella activamente. Yo había dicho que si un candidato opositor gana las elecciones yo iba a felicitarlo como debe comportarse todo caballero y desearle éxito y sobre todo a desearle mucho éxito a mi amado Ecuador”, dijo en la única vez que pareció algo decidido a contestar ese tema sin evadirlo.
Sin embargo, cuando Patricia Janiot de CNN insistió sobre ese asunto, Moreno introdujo el tema de la libertad de expresión. “Mire señorita Janiot, en este Gobierno que algunos dicen que hay una dictadura y que no hay libertad de pensamiento se puede decir hasta esas barbaridades. Para que nosotros veamos cómo funciona la libertad de expresión acá en el Ecuador: si usted revisa la mayoría de los medios impresos, televisivos o radiales del Ecuador va a encontrar todos los insultos, todos los agravios que pueden decirse a gobierno, a personas a instituciones. Y, sin embargo, este Gobierno ha sido extremadamente respetuoso inclusive con esa forma de pensar. Sin embargo ya he manifestado desde el comienzo: mi mano está tendida para todos, incluye eso al candidato opositor. Mi mano está extendida para hablar de los grandes problemas del país”.

Este fue quizá una de las respuestas más desconcertantes de Moreno en su primera rueda de prensa pero ha merecido menor atención seguramente porque la que dio a Freddy Paredes terminó convirtiéndose en tendencia en redes sociales. Moreno, si se observa la transcripción de la respuesta, inicia su argumentación diciendo algo insólito: que la impugnación de Lasso es una evidencia de que en el Ecuador hay libertad de expresión. ¿Cómo es posible que un recurso legal del sistema electoral ecuatoriano sea considerado como libertad de expresión?

Aparentemente, y aparente porque no es fácil entender a Moreno, el ganador oficial de las elecciones piensa que ejercer un recurso legal, como es la impugnación, es parte de la libertad de expresión. Sin embargo, luego de haber dicho eso saltó, sin que nadie se lo pidiera, a defender lo que ocurre en materia de libertades en el Ecuador. Moreno, como se evidencia en su respuesta, ve algo que difícilmente verá otra persona medianamente objetiva: insultos e improperios publicados en los diarios, en las radios y los canales de televisión en contra de instituciones y funcionarios. Si para Moreno las noticias, siempre relatadas en tono extremadamente moderadas como consecuencia de una castradora la Ley de Comunicación, son insultos, entonces ¿qué se puede esperar de él en cuanto a respeto a las libertades?

Al inicio de la rueda de prensa también se refirió al tema cuando agradeció a los periodistas. Un agradecimiento particular, porque primero dijo que la cobertura que le habían hecho había sido seria y luego se corrigió: dijo que hubiera sido mejor si hubiese sido más seria. “Gracias a ustedes señores periodistas porque han cubierto todos estos eventos con la debida seriedad. Eh, podría haber sido con un poquito más de seriedad pero ya que no fue así… Pues igual, igual, muchas gracias”. Y remató su argumentación con una afirmación curiosa: “la relación que vamos a tener va a ser una relación bastante mejor que la que hemos tenido, va a ser una relación de respeto, de armonía, de tolerancia como creo que debe comportarse un gobierno”. No se sabe si está criticando al gobierno de Rafael Correa, lo cual sí hizo cuando respondió a Janiot. Si la relación va a ser mejor y habrá respeto porque esa es la forma, según dijo, que debe observar un gobierno, se puede  pensar que estaba lanzando una puya a la forma en que Correa se ha comportado estos diez años con el periodismo. Hay que reconocer que Moreno creó ambigüedades  y contradicciones en apenas ocho minutos y pico.

Fue sin embargo en la respuesta más corta en la que Moreno se mostró claro, contundente y decidido. Ocurrió cuando un periodista le preguntó sobre el tuit de Julian Assange en el que decía que Guillermo Lasso debería irse a vivir fuera del Ecuador. “El señor Julian Assange debe respetar la condición en la que está y no opinar de política ecuatoriana. Así le vamos a manifestar”, respondió. 131 caracteres, perfectos como para un tuit mediano,  le bastaron para responder con lucidez y contundencia. Fueron, además, los únicos que permiten, a los optimistas obstinados, abrigar la esperanza de que Moreno pueda llegar algún día a ser presidencial.

La Mofle gritó ¡Fraude! y la censuraron en Gama TV

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Los medios de comunicación administrados por el Gobierno, ya sean los llamados públicos o los incautados, se han convertido en una inmensa maquinaria electoral al servicio incondicional de la candidatura de Lenín Moreno y Jorge Glas. Basta ver el material que publica diario El Telégrafo o el canal incautado TC Televisión para comprender que son herramientas de proselitismo a favor de los candidatos del Gobierno, pagadas con dineros públicos.

En ese contexto se produce la reciente censura que sufrió la comediante Flor María Palomeque, cuya participación en un programa de humor político en Gama TV no salió al aire porque el humor de ella no hizo reír a los administradores del canal. Solo los hace reír lo que descuartiza a Guillermo Lasso.

Palomeque que hace el personaje de La Mofle, uno de los personajes más populares en redes sociales, fue invitada a participar en el programa Los Amigazos de los actores Francisco Pinoargotti y David Reinoso. Sin embargo, el domingo 19 de marzo cuando debía  salir el programa al aire, éste no salió. ¿El motivo? Una orden superior.

Según la versión que Palomeque dio a los 4Pelagatos, durante el programa, al que fue invitada, había un juego en el que había que inflar unos globos y ella, cuando vio que uno de los anfitriones le hacía trampa, exclamó ¡fraude! ¡fraude! e hizo alguna alusión a la necesidad de ir hacia un cambio. Es la única explicación que ella encuentra para que no se haya emitido el programa. Hasta media hora antes todo estaba listo y no había inconvenientes. “Esto ya es demasiado”, dice ella. Su intervención en Los Amigazos se limitaba a un juego con alusiones al tema de las elecciones en un programa que dizque tiene un claro contenido de humor político.

Lo ocurrido es revelador porque muestra que quienes prohibieron que el programa salga al aire, asumen que la alusión al fraude perjudica los intereses del Gobierno. Es tal la susceptibilidad frente a la palabra “fraude” que, al oírla en un canal gobiernista, se veta un programa.

Lo que ha ocurrido a Palomeque con los Amigazos es un episodio más de los atropellos que la actriz ha sufrido durante los últimos años debido a su actitud independiente y muchas veces crítica frente al gobierno. Durante los últimos tres años, ella, conocida por su programa “La pareja feliz” o “Vivos”, no ha podido trabajar en televisión. Los canales incautados no la han querido contratar y, además, aquellos que no están controlados directamente por el Gobierno, como Teleamazonas, han preferido prescindir de sus servicios porque les acarrea problemas con la Supercom. De hecho, ese tribunal inquisitorial multó con 115 mil dólares a Teleamazonas porque consideró que “La pareja feliz” había violado el artículo 62 de la Ley de Comunicación que prohibe la difusión de contenidos discriminatorios, en este caso de la mujer. Luego de esa y otra multa, La Mofle ya no apareció más en ese canal.

Palomeque, a diferencia de la gran mayoría de artistas de televisión, guardó siempre distancias con el poder y eso le llevó luego a un enfrentamiento personal con Rafael Correa. Ocurrió en diciembre del 2016 cuando su personaje, La Mofle, puso en redes un video en que criticaba de forma humorística la Ley de Plusvalía: se convirtió en todo un suceso en redes. Correa la refutó, en su cuenta de Twitter, diciendo que su visión no se ajustaba a la verdad y el diario de gobierno El Telégrafo le dedicó una nota para afirmar que ese personaje de sátira política estaba equivocado. “#Fail: ‘La Mofle’ ‘explica’ la Ley de Plusvalía con un pésimo ejemplo”, tituló el diario.

El programa de La Mofle, que ahora está limitado a las redes sociales y se emite a través de su canal en Youtube, tiene una importante audiencia y se ha convertido en un dolor de cabeza para los trolls del gobierno que siempre la atacan en Twitter. Esa  cuenta y el muro de Facebook de La Mofle son auténticos campos de batalla donde el personaje se bate con trolls y simpatizantes del Gobierno.

El problema con Flor María Palomeque es que es una artista que hace humor político. Y una humorista que hace sátira política es, en cualquier lugar del mundo, un crítica del poder.  “Llevo 19 años haciendo sátira política y le doy al que sea”, dice ella que, luego de su frustrada intervención en Amigazos, recibió una amenaza de secuestro a sus hijos a través de redes sociales, como se ve en su post colocado en Facebook.  Imaginar a un humorista político que no se burle e incomode a quienes están en el poder parece ser lo único que cabe en la mente de Correa y de sus los organismos inquisitoriales.

Gama TV, con su decisión, reafirma un hecho evidente: aquellos que administran los medios en manos del poder no tienen el más mínimo pudor para ponerlos al servicio de la candidatura del binomio Moreno-Glas y lo hacen con dineros públicos. En otras palabras es peculado. Un delito que no prescribe.

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