Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

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Marcela Aguiñaga

La caída de Glas está programada

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Muy pocos tienen respuestas a estas tres preguntas: ¿Cuál es el modelo ideológico, político y económico de Lenín Moreno? Fuera del primer anillo que lo rodea, en el que están muy pocos colaboradores, raros son aquellos que saben hacia dónde realmente irá Ecuador en sus manos. Lo único que cercanos suyos transmiten, como certezas, es que Moreno está tranquilo, se ha hecho un poco más pensante y está dichoso de ser tan popular, según dicen las encuestadoras que ahora trabajan para él.

Moreno está contento porque lo primero, en su agenda, era legitimar su Presidencia y generar un ambiente diferente en el país. Son cosas hechas. El resto vendrá, como vendrá la proforma presupuestaria o el plan económico. Pero el resto tiene tiempos, requiere circunstancias y, sobre todo, está supeditado a un protagonista de excepción: el vicepresidente. La convicción que ronda en el gobierno es que él tiene que salir. Y cuanto antes mejor.

Jorge Glas –que no quería ser candidato y cedió, para su desgracia, ante la imposición de Rafael Correa– se convirtió, en esta transición, en el gran divisor de aguas. La guerra que hay en Alianza País, a propósito suyo, no solo concierne su destino personal: en su destino político se juega el futuro inmediato del gobierno de Moreno.

Glas, por la designación que recibió, por el encargo que le hizo Correa, por el cargo que ocupa, encarna –muy a pesar de lo que realmente él es– muchos símbolos para la militancia dura y, al parecer, en decrecimiento del correísmo: la continuidad del proyecto autoritario, la lealtad a Correa, la garantía del statu quo, la impunidad tras diez años de administración opaca. Glas terminó así ostentando el papel de guardián del templo que le disputa Gabriela Rivadeneira.

Quizá por eso pensó que podía  parar la ola que se le vino encima con protección política. La buscó y obtuvo durante más de un año que Correa, la Fiscalía y la Contraloría eludieron el caso Odebrecht. Sin Correa, le tocó agregar una fuerte dosis de cinismo en la Asamblea, que usó para auto-exculparse. Sumó el padrinazgo del aparato político que el Consejo de Administración de la Asamblea, CAL, tradujo evitando que fuera llamado a juicio político. Las cabezas del correísmo también volaron a socorrerlo: Correa, Doris Soliz, Gabriela Rivadeneira, Marcela Aguiñaga…

No obstante, en el oficialismo se sabe que su suerte está echada y que el desenlace es un problema de semanas. Primero, porque esta vez su causa no se juega solamente en la fiscalía ecuatoriana: la información viene de Brasil. Segundo, porque con los días el aparato ha ido haciendo conciencia de que Moreno es el Presidente: el efecto Correa se diluye. Tercero, porque aquellos que nada robaron durante estos diez años, no sienten arrebato alguno por defender a aquellos dedicados a hacer negocios. Glas es –muy a pesar de lo que piense y diga– la línea divisoria entre lo que era Correa –corrupción incluida– y lo que quiere ser Moreno (aunque nadie sepa a ciencia cierta lo que quiere).

La ruptura política de Moreno con Glas no se dará, entonces, en el terreno que quieren los correístas duros: esos supuestos principios y programa político del cual habla Gabriela Rivadeneira con la pasión de una cheerleader con incontinencia verbal. Es inquietante verla recitar, como colegiala, el credo que aprendió de memoria como hizo hoy en Teleamazonas. Su sentido político queda en entredicho cuando se le ve trazar líneas rojas al Presidente de la República y presidente de su partido. Rivadeneira cree que la realidad política se juega en jornadas de catecismo ideológico, programadas para poner en cintura a Moreno. Pues bien: la ruptura Moreno-Glas no se dará en ese terreno. Se dará en el tema de la corrupción. Y así será promocionada por el gobierno. La opinión verá allanamientos de envergadura y acciones de la Fiscalía o de la Contraloría que tornarán insostenible la situación de Glas. Tomilav Topic acaba de producir una: confesó que por cortesía regaló $5,7 millones al tío de Glas. Y Glas volvió a su línea de defensa que, ahora, cuando la plata regalada a su tío ya suma $18,7 millones, luce inconcebible: él no sabía. Él no conocía. El Vicepresidente no explica, y no podrá explicar, por qué ya suman dos empresas que tomaron altos riesgos y delinquieron… solo por regalar plata a su tío.

Ante estas circunstancias, muchos en Alianza País han dejado de creer que la lealtad política incluye defender a JG (como aparece en el teléfono de su tío). O hacer equipo con Marcela Aguiñaga (a quien le endosan, por ejemplo, creerse dueña de la nómina de Corporación Nacional de Electricidad, CNEL). En el fondo, la guerra que se está librando en Alianza País se explica por un arreglo de cuentas que estuvo pendiente durante todo el gobierno de Correa: los ideólogos (muchos de los cuales rodean hoy a Moreno) contra aquellos que usan la política para hacer negocios. Y que los ideólogos perciben no solamente como negociantes sino como corruptos.

Ese arreglo de cuentas se verá –eso se dice– en la lista de casas allanadas y de funcionarios detenidos. Esta es una etapa prevista en el gobierno de Moreno que no responde, hay que subrayarlo, a las tres preguntas iniciales. Pero es una etapa que dividirá, en forma irremediable, su gobierno de la era de Rafael Correa. Y eso está previsto.

Foto: Ecuavisa

Glas es un hombre atrapado y sin salida

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La bancada oficialista en la Asamblea Nacional está como carne sobre la parrilla. Terriblemente incómoda. Visiblemente disgregada. Consciente de que ahí se juega, en estas horas, un capítulo excepcional del postcorreísmo: la protección a Jorge Glas. O la posibilidad de que vaya a un juicio político que lo pone al borde de la destitución.

Glas fue convertido en piedra de toque por Rafael Correa y sus seguidores. Defenderlo a ojo cerrado es para ellos muestra de lealtad al líder y de fidelidad a su mal llamada Revolución Ciudadana. Paradójicamente con Lenín Moreno ocurre exactamente lo contrario: Glas se convirtió en divisor de aguas. Su presencia en el gobierno lo afecta y apartarlo se volvió, políticamente, una necesidad apremiante. Moreno no ha dado pasos decisivos en esa dirección, pero tampoco ha salido en su defensa. Y por su puesto sus operadores en la Asamblea no están sumando votos para evitar el juicio político que le plantea la oposición y cuyo interpelante es Roberto Gómez de CREO.

Hasta ahora Glas ha sido protegido por los asambleístas de la 35. Ya votaron para que no comparezca. La Comisión de Fiscalización le tendió alfombra roja para que, en vez de ser obligado a dar explicaciones, concurriera en calidad de invitado y se hiciera un monumento en una suerte de show-sabatino. Y ahora, cuando hay un pedido de la oposición con 60 firmas para llamarlo a juicio político, el oficialismo juega a ganar tiempo para seguirlo protegiendo: en el Consejo de Administración Legislativa (CAL), cinco miembros de Alianza País, de los siete que lo componen, interpretaron a favor de Glas la ley y no dieron paso al pedido de juicio político. Otorgaron tres días más a sus interpelantes para supuestamente completar los requisitos exigidos. En realidad, multiplicaron los formalismos para estirar los tiempos; una prueba fehaciente de que Glas ha perdido terreno entre los asambleístas de su propia bancada que no saben qué hacer con la papa caliente que tienen en sus manos. Es obvio que están divididos como lo muestra la posición de Jorge Yunda, entre las presiones de Correa y Glas –que transmiten voces como la de Marcela Aguiñaga– y el nuevo momento político que expresa Moreno, cuya popularidad –alrededor del 70%– es un sensor de altísima sensibilidad para cualquier político.

El caso de Glas no solo mide la lealtad hacia Correa. Se convierte en una antena a tierra para los asambleístas de la 35 impelidos hoy a tener en cuenta los nuevos factores del momento político: una opinión que clama y pide responsables de la corrupción. La defensa impresentable que ha hecho de su caso Jorge Glas. El peso específico que representa tener un tío preso por haber recibido $13 millones en coimas; y haberlas recibido por su relación con “un alto funcionario” del gobierno anterior que no puede ser otro que Glas. El costo político que significa protegerlo y, a través suyo proteger políticamente a aquellos que hicieron negocios non-sanctos en el gobierno de Correa.

El escenario, como se ve, se ha tornado disuasivo para muchos asambleístas de la 35 que, más que disciplina partidista, obedecen, como piensa Luis Fernando Torres, a sus realidades locales. Y esas realidades las tienen que administrar con el gobierno de Moreno; ya no con Correa. Todos saben –también los defensores de Glas– que el tiempo, por más que enreden el juicio político, juega contra ellos. El Vicepresidente es un hombre atrapado y sin salida. Y su caso puede demorarse en reventar, pero lo hará en cualquier momento. Basta con que hable su tío, el Fiscal reciba nuevos documentos o los jueces metan mano en el caso Caminosca. Glas puede subirse a la tarima con Correa o hacer almuerzos populares. Su realidad no cambia: ante sí tiene dos abismos y le será imposible evitarlos: uno político, otro penal.

Por supuesto hay mecanismos, todos controlados por el aparato que montó Rafael Correa, que pueden sacar a Glas provisionalmente del atolladero político: si el CAL da paso a la demanda de juicio, ese expediente irá a la Corte Constitucional y de allí –si la Corte califica la admisibilidad de la demanda– a la Comisión de Fiscalización que, con María José Carrión a la cabeza– ya mostró lo que es capaz de hacer…

Glas, ya se dijo, es el gran divisor de aguas. Los electores están invitados a ver de qué lado se ponen estos días sus asambleístas. Y Moreno podrá de nuevo evaluar cómo va su mano a mano con Rafael Correa. Porque si se cae Glas, la estantería que se derrumba estropeará sin duda al nuevo habitante de Bruselas.

Los viudos del correísmo son patéticos

en La Info por

El síndrome de la viudez no solo existe y produce un estado doloroso de ausencia, de vacío y de permanente anestesia emocional. Puede explicar las reacciones que han tenido algunos dirigentes de Alianza País, fanáticos defensores de Rafael Correa. No solo las explica: subraya el grado cero de reflexión y pensamiento político en que dejó sumidos a su partido, sus dirigentes y sus bases el ex presidente.

Basta con leer las declaraciones o los tuits de Marcela Aguiñaga, Gabriela Rivadeneira, Doris Soliz, Pabel Muñoz… para entender lo que políticamente significa para ellos el vacío que dejó Correa. Meses antes del 24 de Mayo, Correa y los suyos hicieron creer que la transición era una mero formalismo. A Moreno le quedaba la mesa servida. No solo en el campo económico. Tenía a su disposición organismos de control, equipo de gobierno, troles, medios gubernamentales, el partido, las cortes y un programa de gobierno. Y un antecesor, su líder, subido sobre un monumento histórico, labrado por él mismo, y digno de ser mostrado como ejemplo. Moreno solo tenía que ganar, lograr mayoría en la Asamblea para que todo siguiera igual. Esto es lo que colige de un tuit como este que posteó Virgilio Hernández en julio, en plena crisis entre Correa y Moreno:

Ningún cambio, ningún mea culpa, ninguna rectificación, ningún corrupto a la vista: Moreno pateó esa lógica desde antes de la campaña porque se percató de que si no lo hacía le era imposible ganar. Aún con el apoyo fraudulento del CNE. Pero el aparato, obnubilado por Correa, amamantado por sus ficciones, sus frases asesinas, sus lemas, sus supuestas genialidades conceptuales y económicas, creyó que el 51% de Moreno confirmaba que el modelo correísta debía continuar. Tal cual. Con ligeros retoques de estilo de Moreno; es decir, con cachos y conferencias de motivación.

No procesaron políticamente nada porque Correa hizo creer que sus votos duros (un 30% entonces) era mayor a los votos de Moreno (21%). En matemáticas, indudablemente es así. Pero no políticamente. Su curva era descendente y mostraba que su momento había pasado. Sin embargo, el aparato se quedó extasiado con el 51%: olvidó las circunstancias cuestionables de ese triunfo. Ignoró la manipulación de las cifras que forjó una economía irreal. Desconoció el hartazgo del “estilo Correa” que, lejos de perfilar su personalidad, se convirtió en la marca de las prácticas institucionales y de su gobierno. Desdeñó el ambiente de la opinión encabritada contra la corrupción y el cinismo encarnados por Jorge Glas y otros funcionarios de Alianza País.

Moreno, por convicción o por necesidad –para el caso es lo mismo– entendió que debía procesar esos cambios. Que de ello dependía su legitimidad y la posibilidad de asumir una transición del correísmo. No su continuidad, como el aparato y Correa pretendían. Y pretenden. En otras palabras, si Moreno hubiera sucumbido a las imposiciones y pedidos del correísmo, su nivel de popularidad no estaría bordeando el 70%: estaría por debajo del 30% que el aparato le entregó cuando proclamó su candidatura.

Los dirigentes correístas, rehenes de su propia ideologización e ensimismamiento, lejos de administrar la realidad que Moreno tiene ante sí, hacen política como cheerleaders: repiten lugares comunes, estereotipos, frases hechas, lemas pronunciados por el líder. Se dicen devastados porque las diferencias entre Correa y Moreno se hicieron públicas. Se dicen que esto podía ser diferente si solo tuvieran canales para ventilar sus desacuerdos. Aguiñaga incluso amenazó con irse (seguramente del grupo parlamentario y del partido) si el gobierno dialoga (cogobierna dijo ella) con los Bucaram. Una amenaza vacua de la cual sonríen los asesores de Moreno.

La lectura de los correístas busca volver simplón lo que es, en realidad, complejo. Lo que quieren es que Moreno pliegue a la lógica autoritaria que tan buenos resultados les dio. Por eso critican sus aperturas, sus llamados al diálogo, sus encuentros con los opositores o con los dueños de los medios. Hay que ver las acotaciones que escriben Doris Soliz o Gabriela Rivadeneira, por ejemplo, sobre el particular, para entender que son apóstoles inconmovibles de la matriz autoritaria y que la reclaman con alma de cheerleaders.

Lo grave, para la política, no es que estos dirigentes critiquen a Moreno. Ese es su problema y el de Moreno. Lo grave para la democracia es que crean que la política es el arte de imponer, a la fuerza si es necesario, como lo hace Maduro en Venezuela, el modelo que en Ecuador perdió vigencia durante el mandato del propio Correa: por eso su candidato no pudo ser Jorge Glas. Lo grave para la política es que sigan abrazando la lógica ovejuna; denominación cuyo copyright puede reclamar el nuevo presidente.

Que Alianza País, versión Rafael Correa, ni siquiera ahora haga política y que haya dejado el partido en manos de una vieja colegiala con alma de cheerleader, muestra que el gran salto político que el correísmo dice haber dado en el país es otra de sus grandes ficciones. Esos dirigentes rehusan procesar el nuevo momento político del Ecuador que Moreno trata de aprehender, por ahora en forma casi simbólica. Pero también eso es de una enorme importancia.

Cheerleaders en vez de políticos: ese correísmo sigue siendo patético.

Fraude, la desconfianza no es gratuita

en Columnistas/La Info/Las Ideas por

Del lat. fraus, fraudis.

  1. m. Acción contraria a la verdad y a la rectitud, que perjudica a la persona contra quien se comete.
  2. m. Acto tendiente a eludir una disposición legal en perjuicio del Estado o de terceros.

Estas son dos de las acepciones de fraude según la RAE. Fraude es la palabra más usada en estas elecciones. En la primera vuelta fueron Marcela Aguiñaga y José Serrano quienes pusieron dudas sobre el trabajo del CNE y denunciaron públicamente fraude en los resultados. Ya en la segunda vuelta, la discusión se concentra nuevamente entre quienes sostienen que la elección estuvo plagada de irregularidades y aquellos que lo niegan asegurando que estas elecciones han sido “impecables”. #Fraude dicen las redes y también quienes, hasta hace pocos días, acampaban frente al Consejo Nacional Electoral.

Hay quienes afirman que una vez que se realice el recuento y sean proclamados los resultados oficiales, no existirán más motivos para seguir hablando de fraude. No estoy tan segura:

Fraude

  1. m. Acción contraria a la verdad y a la rectitud

Fraude, contrario a la verdad y rectitud, como por ejemplo eliminar de los balances del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social más de 2.500 millones de dólares que se registraban como deuda del gobierno.

Fraude, como reportar un incremento de casi 15 puntos en el empleo formal sólo con cambiar la fórmula de cálculo, preocupados más por transformar las estadísticas que la realidad.

Fraude, como modificar el mecanismo de cálculo sobre endeudamiento público (Decreto Ejecutivo 1218) para burlar la disposición constitucional sobre el monto máximo de deuda permitida, eliminando así –el registro, no la obligación- por más de 11.000 millones de dólares.

Fraude, farsa, como cuando René Ramírez anunció una inversión de 3.000 millones de dólares de la famosa Tesla, en Yachay, lo que fue inmediatamente desmentido por la empresa; o cuando el mismo funcionario publicó (y luego borró de su cuenta) una encuesta supuestamente realizada por Georgetown y que el Director del Centro desautorizó de inmediato.

Fraude, engaño, como la Refinería del Pacífico, un proyecto que lleva casi 10 años, que el gobierno aseguró que estaría terminado para el 2015, y que luego de más de 1000 millones de dólares gastados, no tiene un solo avance en infraestructura, y seguramente pasará a la historia como el movimiento de tierras más caro del que se tenga registro.

Fraude

  1. m. Acto tendiente a eludir una disposición legal 

Eludir una disposición legal, burlarla, como por ejemplo alterar los mapas de donde viven los pueblos en aislamiento voluntario para autorizar la explotación del ITT, con plena consciencia de que es inconstitucional.

Fraude, artificio, como modificar la ley a través del Decreto 813 (en contra de lo expresamente negado por la Asamblea) y crear la abusiva figura de la renuncia obligatoria para incumplir así sus obligaciones laborales.

Fraude, acto tendiente a eludir una disposición legal, como el Decreto 16, contrario a la libertad de asociación, que viola el principio de legalidad y permite a través de un reglamento controlar organizaciones e incluso disolverlas, con causales imprecisas y abiertas.

Fraude, artimaña, como afiliar al partido de gobierno en visita que “coincide” con ministerios, empresas públicas y el instituto de seguridad social, y salir impune gracias a la absolución de las autoridades electorales.

Fraude, trampa; como crear una excepción a la norma de la Ley de Comunicación a través del artículo 6 de su reglamento; permitiendo así la compra de medios nacionales por parte de un extranjero.

La lista puede seguir y cada uno tendrá un ejemplo de lo más grave, pero lo cierto es que la indignación va mucho más allá de los resultados electorales. La desconfianza no es gratuita, la idea del fraude es el resultado de una descomposición institucional que lleva años y que no podrá resolverse con discursos ni declaraciones de buena voluntad. Cualquier posibilidad de reconstrucción democrática pasa por investigar estos y otros fraudes; por hacer pública la lista de Odebrecht, y por sancionar a todos los responsables e involucrados.

María Paula Romo es académica y política 

El sueño encantado de la Princesa Aguiñaga

en Caricaturas/El Humor/La Info por

Marcela Aguiñaga, la más pobre entre los pobres revolucionarios, también tiene sueños tan sapos como inconfesables. Chamorro fue el confidente de uno de ellos. Justo aquel en que aparece su Príncipe azul…

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Marcela Aguiñaga debe abrir su ropero

en La Info por

Marcela Aguiñaga representa a una casta política que se consolidó durante los 10 años de correísmo. Tiene mucho dinero pero a la hora de descalificar al adversario político recurre al argumento según el cual quien tiene riqueza no tiene legitimidad para representar a nadie, peor aún a los pobres a quienes únicamente ella y los de su casta pueden representar. La casta a la que pertenece Aguiñaga es la única que, con dinero y privilegios, se siente con derecho a representar a los desposeídos.

Aguiñaga es de las que usa ropa y zapatos caros pero que cuando quiere perjudicar a quien está desafiando supoder no duda en enrostrarle la marca de la ropa y los accesorios que lleva encima. Solo ella y los de su casta pueden andar por la vida con lujos sin dejar de representar a los más pobres.  Lo demostró el 19F cuando apareció en un video en el que aparece quejándose amargamente del Consejo Nacional Electoral y en el que pedía la renuncia de su titular Juan Pablo Pozo, a quien acusa de beneficiar a la candidatura de Guillermo Lasso.

En el video, que fue todo un acontecimiento en redes sociales, Aguiñaga aparece furiosa asegurando que los delegados de la candidatura de Guillermo Lasso en el CNE están fraguando un fraude. ¿Qué pruebas tiene? No muestra documentos o fotografías, no.  La prueba de Aguiñaga es que esos delegados tienen ropa Chanel y lentes Cartier. Lo afirma sin ruborizarse mientras se desgañita gritando a la cámara de algún comedido que la filma. “Son los delegados de Chanel” y tienen “lentes de Cartier”, exclama y adopta enseguida el gesto de satisfacción de haber probado algo fundamental, en este caso que los delegados de Lasso no pueden hacer una veeduría porque no son pobres. Ya vamos a enseñarles unas fotos, agrega como por si queda alguna duda de que los partidarios de Lasso son gente de dinero. Los representantes de Alianza País, en cambio, representan “a la verdadera gente, a la gente sencilla”, sostiene. Y pone trompita y tono de plazuela.

Aguiñaga habla de gente sencilla y pobre, pero nada más alejado de ella que la sencillez y la pobreza. Las redes sociales se han llenado de evidencias que publican usuarios donde se ve, por ejemplo, que los zapatos con los que ella aparece en alguna foto cuestan más de 700 dólares. Resulta que son los Gabrielle Strappy Bow Sandal de Ferragamo, unas sandalias que seguramente ninguna de las gentes sencillas y pobres de las que ella se llena la boca podría comprar en toda una vida.

No hace mucho, las redes publicaron imágenes de ella comprando en finas tiendas en los Estados Unidos y ella misma puso en su página de Facebook una foto en la que ella aparece radiante de felicidad y amor paseando por Nueva York en compañía de su pareja. ¿Los pobres que ella dice representar pueden darse esos lujos? No, eso no importa. Para gente como Aguiñaga lo que importa es que quien desafía el poder que tiene, no puede usar la misma ropa y accesorios que ella.

Uno de los más brillantes retratos de lo que es Marcela Aguiñaga está en una entrevista que diario Expreso le hizo en agosto del 2016. “Casual. Antes de iniciar la charla, Aguiñaga cambia la blusa forma por una polo verde revolucionaria, pero se deja el reloj Tissot en la muñeca y los zapatos Ferragamo azules”, describe el periodista de Expreso retratándola a ella y a los de su casta perfectamente: la revolución de los pobres para la foto, los zapatos Ferragamo para mi consumo. Algo parecido sucedió cuando el video de Aguiñaga despotricando en contra de Pozo fue puesto en redes sociales: una tuitera identificó el dije que lucía Aguiñaga mientras se llenaba la boca de pobreza. Dijo que valía 3 mil dólares.

La casta a la que pertenece Aguiñaga sabe que si no incluye a los pobres y a las masas en su discurso perderá el poder. Y sin poder no hay ingresos que permitan comprar zapatos Ferragamo. Se trata de un grupo social que se ha enriquecido rápidamente bajo el paraguas del Estado derrochador correísta y que ha injertado en su discurso el razonamiento estalinista según el cual quien no es desposeído y miserable no debe tener ningún derecho ni representación.  En la Unión Soviética de los años 30 del siglo pasado, se fusilaba a personas por ser burgueses, porque la burguesía, decían los bolcheviques, son una amenaza para la revolución.  Si quienes asisten a las protestas frente al CNE pertenecen a la clase media y no a las más pobres, entonces esas protestas no tienen valor, razonan los de esta casta política mientras acarician su bufanda Burberry a cuadros.

A esta casta pertenece, por ejemplo, Gabriela Ribadeneira, la presidenta de la Asamblea que canta “que los pobres coman pan y los ricos mierda” pero que no tiene empacho en aparecer en revistas de decoración mostrando su casa de 250 mil dólares. O Rolando Panchana, que de reportero de noticiero de televisión pasó a tener departamento en La Florida luego de su paso por el Gobierno y apareció, asimismo, en fotografías comprando en los EEUU.  O Viviana Bonilla que también se mostró con su esposo comiendo langosta en un restaurante. Todos juran lealtad a un discurso en el que el capital y los EEUU representan el mal pero que a la hora de la verdad no le hacen asco al dinero y viajan, sobre todo, a los EEUU a donde van de shopping. Todos dicen pertenecer a un gobierno o a una ideología que se debe a los pobres y su mejor forma de descalificar a sus rivales es tacharlos de ricos.

Marcela Aguiñaga, si quiere legitimar su argumento de que quienes usan Chanel o Cartier no tienen derecho a entrar a una junta electoral ni representar políticamente a nadie, debería sincerar, al menos, su ropero.  Si en realidad es tan malo tener ropa cara y accesorios de lujo, debería tranquilizar a a sus críticos abriendo su casa y su ropero para que la gente puede ver lo que tiene.  Ah y su colección de zapatos también.

Marcela Aguiñaga: usted es penosamente divertida

en La Info por

Marcela Aguiñaga respondió, en su blog, a la reseña que 4pelagatos hizo sobre la entrevista que ella concedió a Ecuavisa el miércoles 27 de julio. Trastoca a tal punto los hechos que es necesario volver a puntualizarlos.

  1. Hay que reconocer, señora, que en su línea de desfachatez y cinismo usted es inigualable. Bueno, quizá no: va a la par con Glas, los Alvarado, Alexis Mera, Camilo Samán…  Usted dice que no hizo desaparecer de las redes sociales las fotografías suyas en la jornada de carnetización del 2 de julio. Algunas de ellas, como ésa en que aparece promocionando ollas, ya no están. Y fue de su Twitter que las sacamos para publicarlas en 4pelagatos. También de la cuenta de la Dirección provincial del Guayas de Alianza País, de la cual usted es presidenta, desaparecieron todas las fotografías de ese día, algunas de las cuales la ponían a usted en evidencia.
  1. Decir que el Código de la Democracia regula la campaña electoral y que ésta no ha empezado, nos lleva a otra comprobación. Definitivamente usted es y, además, se hace. Nadie le dice que usted debe ser investigada por el CNE, que además nunca lo hará. Es obvio que la campaña no ha empezado. No la criticamos porque estuviera haciendo campaña antes de hora. La criticamos por hacer proselitismo político como funcionaria pública. ¿Acaso usted no es la segunda vicepresidenta de la Asamblea? ¿Acaso no estuvo promocionando ollas y cocinas de inducción para llevar gente a su partido y carnetizarla? El único problema con usted es que de ética pública nada entiende.
  1. Decimos que “Alianza País no está en campaña; otros sí”, no para señalar un hecho sino para describir el guion que usted llevó a Ecuavisa: era tan escuálido que parecía resumirse en esa frase. Usted dice que no entendemos cosas sencillas. No, señora: usted enmaraña hasta lo más sencillo.
  1. Señora, a los socialcristianos les hemos criticado cuando informativamente lo hemos tenido que hacer. No somos hemipléjicos como usted y su partido.  Pregunte a su ex jefe Heinz Moeller por qué quería declarar ciudadano no-grato a uno de los pelagatos cuando ejercía la presidencia del Congreso.
    En cuanto a nuestro financiamiento, no debemos nada a ningún político. Y si la decencia intelectual significa algo para usted, tendrá que recoger sus palabras cuando propongamos a consideración de los ciudadanos, en unos días, un mecanismo para ser socios de 4pelagatos. Debe ser ajeno a su mentalidad y la de su combo, que se creen dueños del país, de sus instituciones y del destino de sus ciudadanos, concebir que pueda existir un medio de comunicación pelagato sin dueño alguno.

Gracias por su respuesta. Usted resulta ser, señora, penosamente divertida.

Foto: Asamblea Nacional

Marcela Aguiñaga: ni dibujándole entiende

en La Info por

Marcela Aguiñaga desapareció las evidencias. Las fotos de la jornada de carnetización correísta en el Guasmo Sur que ella y la dirección provincial de Alianza País del Guayas habían subido a sus respectivas cuentas de Twitter, fueron borradas del ciberespacio. En esas fotos se la veía entregada a labores de proselitismo político en medio de un despliegue de ofertas de servicios del Estado: entrega de préstamos quirografarios, afiliación de las amas de casa a la seguridad social, venta de cocinas de inducción, telefonía, luz eléctrica… Ahora, acusada de servirse de los bienes y la infraestructura del Estado con fines de promoción política, la vicepresidenta de la Asamblea optó por una estrategia que el estalinismo convirtió en un clásico: desaparición de documentos comprometedores.

Ahora sí ya la pueden investigar. Ante los dos procesos que tiene encima (una investigación en el Tribunal Contencioso Electoral y un pedido de examen especial en Contraloría) sólo le resta decir: a ver, demuéstrenme. Y demostrar la culpabilidad de Marcela Aguiñaga es tarea para el agente Ethan Hunt, de Misión Imposible.

Tomemos, por ejemplo, el caso del audio con el que se promocionó la jornada de carnetización del 2 de julio. En él se anuncia todo lo que después ocurrió: quién invita (Marcela Aguiñaga y otros asambleístas de su partido), en dónde (en el Guasmo Sur), para qué (para carnetizar) y con qué instituciones del Estado. Pero sucede que ese audio no prueba nada. ¿Por qué? Porque no es “de su autoría”. ¿Quién lo hizo? Ella no sabe. Lo hizo alguien que no es de su partido pero que se imaginó algo que ella haría el 2 de julio en el Guasmo Sur. Y el 2 de julio ella fue al Guasmo Sur y lo hizo. Su confesión la pone ante un dilema: o Marcela Aguiñaga peca de cinismo, o peca de pendejez.

25 días han transcurrido desde esa memorable jornada de carnetización con uso y abuso de fondos y de instituciones públicas. Y después de todo ese tiempo, lo único que Marcela Aguiñaga ha agregado a su desfachatez y a su impudicia es una finta de viveza criolla para eludir sus obligaciones como funcionaria pública. Lo demostró esta mañana en Ecuavisa, en entrevista con Estéfani Espín. Ahi, no negó que ocurrió lo que ocurrió. Más aún: citó la Constitución, el Código de la Democracia y su reglamento donde taxativamente se prohíbe hacer lo que ella hizo. Pero no se cree culpable de haber infringido esas leyes. ¿Por qué? Porque no estamos en campaña electoral. Su partido ni siquiera tiene candidatos, no los tendrá hasta octubre.

Felizmente, Estéfani Espín no le compró ese discurso. Le recordó que una cosa son las obligaciones de un candidato en campaña y otra las de un funcionario que, nunca, puede promocionar su nombre o el de su partido. Peor si es con fondos o con instituciones públicas. Se lo dijo tres veces. Pero Marcela Aguiñaga no entendió. Eso no estaba en su libreto, que visiblemente consultó durante la entrevista y que, al parecer, constaba de una sola idea: Alianza País no está en campaña; otros sí.

Marcela Aguiñaga no entendió. Tanto así que en su respuesta puso al mismo nivel su condición de vicepresidenta de la Asamblea y la de militante: “yo como funcionaria y como directora provincial de Alianza País –dijo– efectivamente acudí y me tomé las fotos que me pidieron”. Por cierto: ella no llegó con las instituciones del Estado: por casualidad se las encontró ahí. Por casualidad iba con la camiseta verdeagüita de su partido. Por casualidad alguien repartió camisetas con su nombre. Por casualidad promocionó cocinas de inducción mientras carnetizaba. Por casualidad la fotografiaron haciendo todo eso. Por casualidad, con aspaviento militante, subió esas fotos en su cuenta de Twitter y por casualidad, ahora que la investigan por las ilegalidades cometidas, las bajó. Por casualidad, para Marcela Aguiñaga no existen ni la ley ni la memoria.

El silencio de los culpables

en Columnistas/Las Ideas por

Manda un tuit y quédate en silencio. Escóndete y no ofrezcas entrevistas y cuida que ningún alzamanos olvide la consigna del encubrimiento: estas son las reglas del correísmo para que la estrategia de impunidad sea exitosa.

No es la primera vez que la vicepresidenta de la Asamblea, Aguiñaga, pretende archivar el asunto con un tuit o una carta que ella no redactó. Lo hizo cuando desistió de responder por qué pago 41 millones de dólares por el terreno de los Samanes. También recurre a ese artificio René Ramírez. Y también Omar Simon. Pero así y todo no parecen tan cínicos como Moreno que se hace el desentendido de explicar sobre la beca en Ginebra, sobre los groseros viáticos (3.9 millones de dólares), sobre la tarjeta de crédito de cupo abierto, sobre su asesor: el señor Mangas, que es pareja de la embajadora ante NNUU (con seguridad puesto creado para que esté junto a su pareja y residan en la misma ciudad).

Periodistas y articulistas hacen gran esfuerzo por reportar, escribir y opinar sobre los sonoros abusos cometidos por esta ralea de usufructarios ilegítimos de dinero ajeno que han patrimonializado el Estado. Correlativo esfuerzo para tapar hacen asambleístas que no cumplen con su obligación constitucional y moral de fiscalizar. Esfuerzo que acompaña los órganos de control (¿para qué existe esa Comisión de Control Cívico de la Corrupción sino es para nada?). La estrategia de la impunidad también confía en la desmemoria de la gente. Y con el cinismo supino de los corifeos. Como la corifea que dice que “el compañero Lenin tiene derecho…” ¿A qué? ¿Derecho a cobrar sueldo del dinero estatal sin que trabaje para el Estado? Aparte del otro ingreso de la pensión de exvicepresidente.

Aguiñaga lleva en caravana proselitista, es decir, para campaña política, a empleados de entidades de servicios públicos que así, en medio de usar la necesidad de recibir una atención que en condiciones normales no recibe, apoyar con falsos aplausos, firmas espúreas, falso entusiasmo las causas politiqueras del correísmo. Roberto Aguilar hizo un detallado itinerario de este conchudo abuso. La interfeuta, o sea la señora Aguiñaga, finaliza todo esfuerzo fiscalizador con una carta con sesudas sandeces. No rinde cuentas. No se excusa. No se avergüenza.

Fundación Mil Hojas informó que la esposa del Ramírez, el pintoresco clon local de Iglesias, percibe dos ingresos de dinero estatal –lo que está prohibido–. Luego informó que una maniobra de encubrimiento desapareció la evidencia y se fundió en un rubro lo que 24 horas antes eran dos. Ramírez intenta silenciar con un tuit de rigor, amenaza con demandas, porque con la “honra no se juega” (y lo dice quien es parte de un gobierno que ha jugado con la economía, ha jugado con la honra y ha ametrallado la reputación de sus oponentes). No rinde cuentas. No se excusa. No se avergüenza.

Para Simon, el secretario de Correa, no existe conflicto de intereses en que su esposa realice encuestas para Correa, que las pagamos todos con los recursos públicos que los usan como privados. Lo de rigor: el tuit descarado en el que se reconoce la relación, se reconoce el torcimiento y se lo excusa con un cínico “¿cuál es el problema?”. Aparte de amenazar con dibujar para saltarse el rubor, no presentó facturas o valores del contrato entre la presidencia y la encuestadora de la señora de Simon. No rinde cuentas. No se excusa. No se avergüenza.

La ex ministra Espinosa, ahora en el servicio exterior, dice que Lenín Moreno no recibe sueldo de la ONU porque renunció para recibir un menor ingreso pagado por el estado ecuatoriano. Eso no es verdad, por que el puesto de Moreno en la ONU es honorífico. Pero si se creó el puesto de embajador para Moreno, ¿en dónde está el Decreto? La desvergüenza es de tal tamaño (tanto que se han convencido de que no tratan con personas racionales sino con un rebaño) que ni Correa en la sabatina, ni Espinosa o Long, tienen la delicadeza o peor el sentido moral de informar, para presentar toda la información que explique y justifique la beca a Moreno, a la esposa, a la hija, a los asesores emparejados entre sí. No rinden cuentas. No se excusan. No se avergüenzan.

Expertos en cortinas de humo y la estrategia del contraataque los ágiles correístas, con Correa en la dirección, crean historietas off shore. Fabrican culpas en donde no hay. No es pecaminoso ni doloso constituir empresas en el exterior. A eso se le llama globalización, concepto que sesenteros y anquilosados cerebros no entienden. Lo perseguible es que no se haya declarado la propiedad. Como lo hizo el Fiscal con la sociedad panameña que es dueña de la casa en la que vive (de la que dicen se apropió). Pero todo sirve para distraer y para que corifeos y corifeas no expliquen, no fiscalicen, no investiguen. Y así los responsables de este abuso indecoroso quedan exentos de someterse al escrutinio público y se agazapan. Deben tener claro que eso no será por siempre.

Diego Ordóñez es político.

Marcela Aguiñaga, al descaro usted suma la impudicia

en La Info por

Señora:

Gracias por la respuesta a nuestra nota del 5 de julio, en la cual mostramos el descaro con que usted usó instituciones y servicios del Estado para hacer proselitismo. ¿Sigue el señor Xavier Flores Aguirre escribiendo sus artículos?

En 3.200 caracteres, usted y su pluma fantasma fueron incapaces de rebatir el planteamiento de fondo de un artículo que relata cómo, el día sábado 2 de julio, acudió usted al Guasmo Sur para afiliar ciudadanos a su partido. La acompañaron funcionarios del IESS, Biess, CNEL, CNT, Registro Civil y los ministerios de Salud e Inclusión Económica. Su estrategia proselitista fue simple: ofrecer servicios del Estado, que son derechos de los ciudadanos, como si fueran dádivas suyas y de su partido. ¿Cómo se llama esto, señora? 4pelagatos dijo que usted es candidata a reina del descaro. ¿Cómo define descaro el diccionario?  “Actitud de la persona que obra o habla con excesiva desvergüenza o falta de comedimiento o de respeto”. Segunda acepción: “Actitud de la persona que hace algo inadecuado abiertamente y sin disimulo”. ¿No se siente usted retratada, señora?

En lugar de explicar su desvergüenza usted la agrava, huyendo por las ramas: critica nuestro estilo, reprocha nuestras intenciones, tergiversa nuestras palabras y nos atribuye sentimientos mezquinos en su contra que nos son ajenos: estos pelagatos se ocupan solamente de las políticas públicas. Y es en ese terreno donde usted, precisamente, no responde.

Vuelve a negar que pagó un sobreprecio de 41 millones de dólares por los terrenos de los Samanes comprados por usted cuando era ministra del Ambiente. ¿No leyó el informe de la Procuraduría que, en sus líneas finales, dispone que “se calcule la diferencia pagada en exceso por parte del Ministerio del Ambiente, al haber considerado un avalúo predial distinto al que la ley y el reglamento aplicables preveían”?

Con tal de no responder, se inventa usted cualquier cortina de humo. Como decir que no es ultraconservadora (que sí lo es) por haber ido a la marcha del orgullo gay. O que la cuña de convocatoria de Alianza País para su acto proselitista no fue pautada en medios. Y nos reta a demostrar que sí lo fue, como si ahí radicara el fondo del asunto. No niega usted que esa publicidad existe; no niega usted su contenido; no niega usted la desvergüenza de haber usado las instituciones del Estado con propósitos ruines; no niega usted haber estado ahí y haber hecho lo que esa publicidad anuncia. Es más: se enorgullece de ello. Al punto de haberse fotografiado repartiendo carnets, promocionando ollas y cocinas de inducción, y de haber colgado esas imágenes en sus redes sociales.

Cómo será de esmirriada la idea que usted tiene sobre la política pública y el uso de dineros públicos, que se permite calificar de “bagatela retórica” nuestro artículo, escrito precisamente para denunciar su indelicadeza y falta de escrúpulo. Cómo será de raquítica su visión de la política pública que, ante un artículo de interés público sobre su comportamiento, usted pregunta a qué interés político respondemos. A ése, señora. Al interés público, que usted confunde con sus delirios de dueña de la plantación cuando dispone que las instituciones del Estado se pongan a su servicio para que los préstamos del IESS, los teléfonos celulares, las cocinas de inducción le ayuden a repartir camisetas con su nombre. ¿Entiende por qué decimos que usted es candidata a reina del descaro?

Finalmente, permítanos sonreír ante su invocación por un mejor periodismo. ¿Está pensando en el que practican los medios oficiales? Dudamos que sea usted capaz de entender en qué consiste el buen periodismo. Usted, que sólo ha conocido la buena propaganda.

Atentamente.

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