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María Fernanda Espinosa

Espinosa prefiere la soberanía de los matones a los DDHH

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Según la política exterior del gobierno de Lenín Moreno, el principio de no intervención está por encima de los derechos de las personas. No importa cuán viles sean las violaciones de los derechos humanos en un país, que el principio de la soberanía estará por encima y nadie podrá hacer algo para impedirlo. Es exactamente la misma tesis que utilizaba uno de los más siniestros y perversos genocidas de la humanidad para que nadie lo distraiga ni le impida cumplir con su macabra voluntad: Slobodan Milosevic, que ahora cumple condena perpetua en una cárcel en Holanda.

Según la doctrina del gobierno ecuatoriano, expuesta una vez más hoy 27 de julio por la canciller María Fernanda Espinosa, la no injerencia es tan sagrada que ningún gobierno puede tomarse la ligereza de hacer, por ejemplo, alguna observación o una declaración en la que se manifieste preocupación alguna por lo que ocurre en un país donde las fuerzas de seguridad de un estado violan sistemática los derechos humanos. Esta ha sido, precisamente, la conducta del Ecuador frente a lo que ocurre en Venezuela.

Hoy miércoles 27 de julio en una entrevista en Teleamazonas, cuando a Espinosa le preguntaron sobre la posición del Ecuador frente al drama venezolano, respondió que según la Constitución, la ley y la política exterior ecuatoriana, “somos fieles a la no injerencia y a la soberanía de los países”.

La doctrina que el gobierno de Moreno sostiene y que se expresa en la conducta de su Ministerio de Relaciones Exteriores fue superada y enterrada por el concierto de las naciones civilizadas luego del conflicto en los Balcanes para ser reemplazada por el principio de que los derechos humanos de las personas deben ser precautelados por otros países en caso de que éstos estén siendo atropellados por un gobierno nacional.  Las intervenciones internacionales para detener las matanzas en la ex Yugoslavia, Somalia, Haití y Timor del Este son algunos ejemplos de la aplicación de este principio. “Nada en la Carta de las Naciones Unidas impide el reconocimiento de que hay derechos tras las fronteras”, dijo en 1999 el secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, cuando las potencias occidentales decidieron intervenir (aunque muy tarde para evitar cientos de miles de muertes) en la ex Yugoslavia para detener la voluntad de Milosevic de exterminar a comunidades enteras en Kosovo.

Si bien es cierto que la horrenda magnitud de lo que ocurría con Milosevic no se puede comparar con las atrocidades del gobierno de Maduro, resulta evidente que la posición de la diplomacia ecuatoriana no es sino un pretexto para no contradecir a su amigo el gobierno venezolano ni provocar rechazo en los sectores de la izquierda estalinista instalada en determinados segmentos de la militancia de Alianza País. Si bien el Ecuador ya no ha dado votos a favor del gobierno de Maduro en los foros internacionales, tampoco es menos cierto que con sus abstenciones ha bloqueado las iniciativas de la región para llamar, al menos, la atención de Maduro y su régimen malandro por las violaciones a los derechos humanos.  Ya ocurrió en la última reunión de la OEA en Cancún, México. El 26 de julio, un día antes de la entrevista de Espinosa en Teleamazonas, trece países de la región, sin duda los más importantes, firmaron una declaración pidiendo a Maduro que suspenda la elección de una Asamblea Constituyente prevista para este domingo, 30 de julio, concebida para desconocer definitivamente la Asamblea  de oposición elegida en las urnas y el plebiscito simbólico del 16 de julio. En él, 7.6 millones de venezolanos expresaron su rechazo a la iniciativa madurista. Ecuador no está entre esos países y, muy por el contrario, la Canciller anunció con orgullo en la entrevista, que habrá observadores electorales ecuatorianos en esa elección del domingo 30.

María Fernanda Espinosa, ejecutora de la política internacional de Moreno, es incapaz de recoger en sus declaraciones y en sus decisiones de política exterior al menos parte del espíritu de la llamada doctrina Roldós, quizá una de las pocas contribuciones del Ecuador al derecho internacional. Jaime Roldós logró que los países andinos firmaran una Carta de Conducta en la que, precisamente, se establecía que la promoción y la defensa de los derechos humanos no lesiona la soberanía de un Estado que viola esos derechos.

Pero el problema no se limita únicamente a que Espinosa no incorpore en su racionamiento y en sus decisiones las lecciones de la ex Yugoslavia ni la herencia humanista de Roldós: su cantaleta sobre la no intervención en Venezuela se vuelve absurda y hasta ridícula si se tiene en cuenta que el Ecuador jamás ha dicho esta boca es mía ante las contundentes evidencias de la grosera intervención cubana en Venezuela. En ese país, según el experto Roberto Álvarez Quiñones, actualmente están instalados miles de militares cubanos incluyendo tres generales, doce coroneles y tenientes coroneles, 6 capitanes de fragata y otros 25 oficiales de distintas graduaciones. También intervienen 4 500 soldados de infantería en nueve batallones, uno de ellos acantonado en Fuerte Tiuna, el corazón militar del país, según afirma el sitio venezolano Q’Pasa en Venezuela y la periodista Sebastiana Barráez, especialista en temas militares de Venezuela. No es secreto, además, que Maduro fue prácticamente elegido como sucesor de Chávez por presión de los hermanos Castro y que gran parte del trabajo de la inteligencia en Venezuela la hacen agentes cubanos.  ¿Nunca supo Espinosa sobre la presencia del cubano Ramiro Valdés en Venezuela para articular todo el sistema represivo chavista?

En Venezuela existe una auténtica ocupación militar cubana pero eso no es ni intervención ni injerencia extranjera para Espinosa ni para el estalinismo transnochado que aún sobrevive en ciertos sectores de Alianza País. Para ellos, pensar que Cuba violente la soberanía de algún país en el mundo sería algo imposible de entender. Peor de admitir.

El abrazo de María Fernanda Espinosa al argumento de la soberanía y la no injerencia con relación a Venezuela aparece como un simple pretexto o pueril coartada para evitar tener que reconocer que la utopía chavista terminó en una inmensa infamia colectiva que, en estos días, suma 104 muertos.  Si creyera en verdad que ese principio que enarbola cada vez que le pregunta sobre Venezuela no puede ser transgredido jamás, algo hubiera dicho cuando su antiguo presidente, Rafael Correa intentó abierta y desembozadamente intervenir en Honduras cuando tambaleaba Manuel Zelaya.  ¿No recuerda Espinosa que Correa dijo que Honduras era un buen sitio para ir morir?

La posición del gobierno de Lenín Moreno frente al caso venezolano es vergonzoso y representa una mancha de indignidad en la historia del Ecuador. Cada día que pasa, esa posición enloda aún más cualquier posibilidad de que Lenín Moreno pase a la historia como quien pudo haber hecho los correctivos necesarios para que los ecuatorianos se sientan orgullosos de una actitud humanista y democrática frente a lo que ocurre en un país tan cercano como Venezuela. Mientras Espinosa esté al frente de la política exterior ecuatoriana, el Ecuador solo aumentará su ignominia por la forma en que conduce la política exterior.

Una Espinosa presencia entre dos Murillo

en Columnistas/La Info/Las Ideas por

Rubén Darío cambió la manera de escribir poesía y puso una nueva música al castellano. Fue el primer poeta nacido en tierras americanas que fue reconocido y emulado al otro lado del océano. Fue un hombre de cuna humilde que vivió atormentado por las contradicciones de su época, las de su origen y las de sus propios fantasmas. Darío, el padre fundacional de la Nicaragua moderna, tuvo tres mujeres. Rafaela Contreras, de quien enviudó. Rosario Murillo, con quien se casó por artimañas de Andrés Murillo, hermano de la novia, mientras Darío estaba borracho. Y la española Francisca Sánchez, el amor de su vida, con quien tuvo un hijo.

Rosario Murillo aparece en los versos de Darío como La Garza Morena, y en la novela de Sergio Ramírez Margarita, está linda la mar, es La Maligna. Una mujer que se aprovecha de la grandeza y vulnerabilidad del bardo para sacarle dinero. Una mujer sin escrúpulos que quiere vivir de la fama de un esposo al que no ve, ni ama. Como la vida imita a la literatura, Rosario Murillo es el nombre de la esposa de Daniel Ortega y actual vicepresidente de Nicaragua.

El “Comandante Daniel Ortega”, lideró el movimiento que llenó de fe a la juventud de América Latina. Los muchachos, como se llamó a los sandinistas, acabaron con el peor régimen del siglo pasado, la dinastía de tres Somoza: Anastasio, el padre, y sus hijos Luis, “el Bueno.” y Anastasio, “Tacho”. Tuvieron el poder desde 1936 hasta 1979, cuando ganó la revolución. El mundo entero apoyó la lucha sandinista después de ver los horrorosos crímenes que cometieron los Somoza durante medio siglo.

Los primeros cinco años de la revolución, Nicaragua emprendió el programa de alfabetización más eficaz de la región; jóvenes de todo el mundo viajaron a los campos nicaragüenses a ayudar con la tarea y trabajaron en los cultivos de café para apoyar al proceso que hizo una reforma agraria justa. Que redistribuyó el poder para que los grupos de base tuvieran participación en las decisiones y la reestructuración de la sociedad. El proyecto político fracasó por la intervención de los Contras, auspiciada por Ronald Reagan y financiada por dinero del narcotráfico, escándalo que se conoce como Iran-Contras. Esa es quizá la intervención más macabra de los Estado Unidos en el hemisferio. La cúpula del Sandinismo, Ortega a la cabeza, sucumbió al deseo de poder, de enriquecimiento ilícito y se repartió propiedades, tierras, empresas en lo que se llamó La Piñata. Pero no todos los nicaragüenses que lucharon contra los Somoza traicionaron sus ideales. Sergio Ramírez, Ernesto Cardenal, Carlos Fernando Chamorro entre muchos otros a los que el régimen de Ortega persigue y ataca sin tregua, siguen luchando por una sociedad democrática y más justa.

Es necesario recordar la historia con estos matices que no son menores y nos muestran que la tiranía de Ortega es PEOR que la de muchos otros latinoamericanos, porque está montada sobre la traición a toda una generación de hombres y mujeres de Nicaragua y del mundo.

En 1998, Zoilamérica Narváez, hija de Rosario Murillo e hijastra de Daniel Ortega, acusó a su padrastro de violación. Fue un juicio terrible, en el que Narváez –como toda mujer que decide hacer público este tipo de abusos– fue sujeto y objeto del maltrato de un sistema judicial parcializado, en el que sigue siendo difícil ganar la contienda por un crimen cometido en privado –la palabra de una mujer contra la de un líder político–. Fue víctima del escarnio de una sociedad machista y sobre todo, del repudio de su madre, Rosario Murillo, quien sostuvo que Zoilaamérica mentía cuando decía que Ortega la había violado desde que era niña.

Como la realidad parece literatura, Murillo lleva un nombre con linaje de traición, y nunca se dio espacio para dudar sobre la verdad de su hija, la denegó frente al agresor y a toda la sociedad. A Narváez el dolor de su verdad le costó el exilio. Ortega y Murillo, mientras, son líderes de un gobierno tiránico, que además se sostiene sobre un incesto.

Las Murillo en esta historia son personajes nefastos que nos llevan de la poesía a la traición, de la traición al incesto y del incesto a la política. ¡Qué vergonzoso y triste ver a la poeta Espinosa entre estas Murillo! Su visita para conmemorar los 38 años de la revolución es PEOR, que la visita a cualquier otro tirano latinoamericano, por lo que Ortega representa en la política del continente y para la lucha de una región que cada vez mata de peor manera a sus mujeres.

De ese hueco entre dos Murillo difícilmente Espinosa va a salir. No la salvará ni la música de su poesía.

Gabriela Polit Dueñas es académica de la Universidad de Texas

¿Los aviones presidenciales son charters políticos?

en La Info por

María Fernanda Espinosa viajó a Nicaragua para participar en dos acontecimientos de alto contenido político: el 38 aniversario de la Revolución Sandinista y el Foro de Sao Paulo que representa el músculo ideológico de la izquierda decrépita latinoamericana. En el viaje estuvo acompañada, de lo que se sabe, por Paola Pabón, secretaria nacional de gestión de la Política y Ricardo Patiño, consejero presidencial y todo un emblema del gobierno de Rafael Correa.

Para el viaje, Espinosa y su comitiva utilizaron uno de los aviones de la Presidencia de la República: el Legassy.  Se trata del primer avión, un Embraer hecho en Brasil, que adquirió Rafael Correa antes de que decidiera comprar el Falcon 7X, de fabricación francesa, mucho más lujoso y rápido que su antecesor. El Falcon, además, tienen la capacidad de viajar entre Quito y Europa sin necesidad de abastecerse en el trayecto.

¿Por qué Espinosa usa el avión presidencial en un viaje cuyo propósito poco o nada corresponde a los intereses internacionales del Ecuador? ¿Es lícito que gaste en un viaje que francamente es inútil para las prioridades diplomáticas y económicas del país? Si el foro de Sao Paulo es un foro de partidos, ¿por qué todos los ecuatorianos tienen que sufragar con ese gasto? Habrá quien salga a decir que la celebración sandinista fue una invitación oficial al gobierno del Ecuador o que, como estaba previsto que Lenín Moreno viaje a la reunión del foro de Sao Paolo, era perfectamente lícito que se utilice ese avión. Habrá quienes, en cambio, piensen que haber usado ese avión es un acto de abuso de poder porque el avión presidencial no está para llevar y traer funcionarios a acontecimientos inútiles y que lo que se ha hecho es pagar con fondos públicos un gasto partidista, irrelevante para el Ecuador. 

El problema está en que todas estas preguntas y muchas otras, que son perfectamente posibles sobre el uso de los aviones de la Presidencia, son plenamente legítimas porque no existe norma legal ni institución alguna que regule su uso. Es decir, los ecuatorianos no tienen ningún instrumento legal que los defienda del uso inescrupuloso que el gobernante de turno pueda dar a uno de los aviones que, en verdad, pertenece a todos.

Durante casi 10 años, Rafael Correa utilizó a estos aviones como si fueran un aviones privados, Desde que tuvo el Falcon, por ejemplo, viajó en él no solo en sus viajes oficiales sino también a recibir doctorados honoris causa en decenas de países o en viajes que no tenían absolutamente nada de oficial como la canonización de monseñor Arnulfo Romero en El Salvador. Durante el gobierno de Correa jamás hubo fiscalización alguna ni regulación al uso de los dos aviones presidenciales que fue completamente discrecional. Lo único que se conoce sobre los itinerarios que se hicieron en el Legassy o en el Falcon es porque se trataba de viajes que tenían cierta cobertura mediática. Pero nada se sabe sobre otros posibles usos. En abril del 2016, por ejemplo, el Falcon hizo un vuelo directo entre Quito y Seattle, en los EEUU sin que nunca se haya informado oficialmente sobre ese viaje.

Existen, además, fotografías  en sitios digitales especializados en imágenes de aviones donde aparece el Falcon en lugares donde ha aterrizado ya sea porque había llegado a su destino o porque se hallaba en tránsito. Es llamativa, por ejemplo, una foto del Falcon en Bruselas, ciudad en Bélgica donde vive la familia de la esposa de Rafael Correa, sin que nunca se hubiere informado oficialmente de las razones por las que la aeronave estaba en en el aeropuerto de esa ciudad. Hay otras imágenes donde aparece, asimismo, en el aeropuerto de Tenerife, España o de Viena, Austria.

 

 

El nada transparente uso del avión hizo que muchos usuarios de redes sociales recurran a aplicaciones digitales para ubicar el lugar donde se hallaba el artefacto. Incluso, el periodista radicado en Miami, Emilio Palacio, utilizó una de estas herramientas para hacer un programa en el que reveló que el Falcon de Correa había se hallaba en un viaje a Dubai sin que el Presidente estuviera en ese lugar.

En algunas ocasiones hubo ministros y funcionarios, como por ejemplo los del Frente Económico, que usaron los aviones para asistir a actos oficiales en otros países sin que se justifique la necesidad de usar aparatos cuyos costos de operación siempre son más altos que comprar pasajes en aviones comerciales.

Lo que ocurre con los aviones presidenciales ecuatorianos es que no existe ninguna normativa que obligue a la Presidencia a transparentar los detalles de cada uno de los viajes que se han hecho en ellos. ¿Qué se ha transportado en los aviones de la Presidencia? ¿Existe algún registro sobre quiénes han sido pasajeros en ellos o qué carga han llevado en cada uno de los viajes?  El tema es especialmente delicado si se toma en cuenta que esos aviones, al ser propiedad del Estado y en especial de la Presidencia, pone en juego al prestigio del país.

La forma en que se usa los aviones presidencial es una evidente prueba de abuso de poder, muy parecido al que se ha ejercido con empresas públicas como, por ejemplo, los medios de comunicación que administra el gobierno. Se trata de un forma de privatizar lo que es público, porque se convierte un bien público en algo que sirve para los intereses privados de los funcionarios que están en el poder.

El viaje de María Fernanda Espinosa a Nicaragua demuestra que esta falta de sensibilidad en el uso de los bienes públicos no ha terminado con la salida del gobierno de Rafael Correa. El Legassy y el Falcon han sido, desde hace muchos años, aviones de bolsillo para el turismo y la promoción política de Alianza País. No del Ecuador.

Foto: María Fernanda Espinosa a su llegada a Managua. La recibe el canciller nicaragüense Denise Moncada y la embajadora del Ecuador Aminta Buenaño.

Ma. Fernanda Espinosa: la fogosa defensora de tiranos

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¿Por qué María Fernanda Espinosa salva, cada vez que se antoja el tema, la dictadura de Nicolás Maduro en Venezuela?

¿Por qué está en Nicaragua visitando, cual turista política, a Daniel Ortega, el Nuevo Somoza de ese país?

En Quito, en las filas de Lenín Moreno, se dan las más curiosas explicaciones de lo que hace la señora Espinosa, a nombre de todos los ecuatorianos, en la Cancillería. ¿Qué hace ella, canciller de la República, en la celebración del 38 aniversario de una revolución que desembocó en la dictadura de Ortega y de su esposa?

En Quito se dice que hay divergencias en Alianza País, que Espinosa goza de la confianza de Moreno pero no de entero acuerdo sobre la línea que impulsa en la Cancillería… Pero el hecho cierto es que la Canciller –y con ella la política exterior del Ecuador– está alineada con las dictaduras del continente. A condición, por supuesto, de que se digan de izquierda. Lo de Espinosa no parece concurso de circunstancias: ella es jurásica y administra un mamertismo similar al de Guillaume Long y al de su marido, Eduardo Mangas, ex sandinista y ex colaborador de Ortega y hoy Secretario General de la Presidencia en Ecuador. De lo contrario, no defendería al asesino Nicolás Maduro. De lo contrario no habría pronunciado un discurso vergonzoso en Nicaragua (totalmente edulcorado en los boletines de la Cancillería), en el cual miente en forma despiadada sobre la tiranía que vive Nicaragua.

¿Cómo puede decir la señora Espinosa que Ortega es la continuación de lo que hizo el Frente Sandinista desde 1979, hace 38 años, sacando del poder al dictador Somoza, cuando él hoy reemplaza a Somoza con creces?

¿Cómo puede convertir en ejemplo de participación política de las mujeres a Rosario Murillo, la esposa de Ortega, cuando ella es, precisamente, el peor ejemplo de nepotismo al haberse convertido en vicepresidenta de su marido?

¿Cómo puede decir que el dictador de Nicaragua rompió el círculo de la injusticia; cómo puede decir al tirano de Managua que “ha sabido conducir a su pueblo hacia el bienestar y la justicia social”, cuando se sabe que, bajo su gobierno, ese país es el segundo más pobre de esa zona?

¿Cómo puede incluir a Ortega entre los defensores de los principios del progresismo cuando para ganar la tercera presidencia consecutiva (de las cuatro que ha ocupado), y a pesar de ser el dueño de todos los poderes, recurrió a triquiñuelas judiciales para quedar como único candidato en la papeleta?

¿Cómo puede invocar a los nicaragüenses a que el pasado no regrese cuando Ortega ha superado, en todos los campos, al pasado macabro de Somoza? ¿Hasta cuándo esta señora mantendrá, en el discurso de la Cancillería, las falacias que estos regímenes han inventado para ocultar la realidad?

Si la canciller no conoce la desvergüenza con la que roba la dinastía-Ortega, desde que regresó al poder en 2007, podría preguntar a su marido: dueños de tierras, del emporio distribuidor de petróleo, del sector eléctrico, de cuatro canales de TV. (los otros son del dueño de El Comercio de Quito), de radios, de sitios Web… Eduardo Mangas le podría explicar, además, lo que fue La Piñata: el reparto entre los comandantes de la revolución, que ella tanto alaba, de fincas, casas, fortunas, cuentas bancarias, autos… antes de ceder el poder en 1990.

Es inaudito oír a la canciller del Ecuador hacer una oda de un régimen tiránico que solo puede habitar, como lo ha hecho entender Sergio Ramírez, escritor y ex vicepresidente de Ortega al inicio de la revolución sandinista, en las páginas más aciagas de las dictaduras latinoamericanas. Es inaudito que ella haya evitado citar en su discurso, en el cual habló de los poetas de Nicaragua, a Ernesto Cardenal. Un ícono de ese país que fue sandinista y que hoy, viejo de 92 años y reducido a una silla de ruedas, sigue siendo perseguido por el compañero Daniel Ortega, como dice la canciller del Ecuador. La supuesta poeta erótica da paso a la política mamerta y cínica que no tiene miramiento alguno por esos seres humanos triturados por las maquinarias dictatoriales que ella tanto defiende.

Cardenal: “Soy un perseguido político de Ortega y su mujer”

El poeta y sacerdote Ernesto Cardenal, quien enfrenta una multa de 800 mil dólares impuesta por la justicia de Nicaragua, se declara un "perseguido político" y califica de "dictadura" el gobierno del comandante Ortega y su esposa Rosario Murillo.

Geplaatst door Confidencial op woensdag 15 februari 2017

 

Esa es la política exterior del Ecuador, en manos de María Fernanda Espinosa. Y mientras el Presidente dice que se acercará a Estados Unidos, su canciller echa vivas, en los micrófonos que se le ofrecen, a los nuevos dictadores del continente (¡pero son de izquierda!), a la ALBA y a los revolucionarios trasnochados de todo pelambre. Este es el cambio, en el mejor estilo gatopardista, en política exterior.

Guillaume Long embajador en Ginebra: ¡qué macabro!

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El 13 de julio del 2016 el Ecuador se cubría de indignidad cuando, ese día, concluía el proceso de expulsión de 125 ciudadanos cubanos que fueron devueltos al país del que huían por motivos políticos y humanitarios. Un año más tarde, exactamente el 13 de julio del 2017, el recientemente posesionado gobierno de Lenín Moreno decidió premiar, nombrando como embajador ante la Organización de Naciones Unidas en Ginebra, Suiza, a quien fue el responsable diplomático de aquella inhumana e ilegal expulsión: Guillaume Long.

Que este nombramiento se haya formalizado cuando se cumple el primer aniversario de una de las peores violaciones colectivas de derechos humanos cometidas por el Estado ecuatoriano, parece una broma macabra. O de alguien que quiere burlarse de la imagen internacional del Ecuador. Ese nombramiento no es, en todo caso, un hecho cualquiera: la misión del Ecuador ante la ONU en Ginebra es la encargada de representar al país ante el sistema universal de derechos humanos. Es ahí donde están los organismos de la ONU que tratan los temas de defensa de los derechos ciudadanos; entre ellos el de la libre movilidad y el asilo político. Enviar a Long a Ginebra es algo así como enviar a Orlando Pérez a representar al Ecuador ante un organismo internacional de defensa de los derechos de las mujeres.

Se trata, sin duda, de un gesto impresentable del gobierno. Long se encargó de justificar y defender aquella infamia hace un año. “Hay que seguir desmontando todo este aparataje que de alguna manera es parte del bloqueo a Cuba”, dijo entonces adhiriéndose al discurso de uno de los gobiernos más represivos del mundo -Cuba-, y negando la posibilidad de que esas personas hubieran estado buscando asilo político. Para alguien con ideología mamerta, es imposible imaginar que esas personas pudieran aspirar a vivir en un lugar distinto a donde se impone la utopía comunista. Y si los hay, los tratan como son gusanos traidores . “El gobierno no puede estar participando de esta migración ilegal, a través de la trata de personas, o estar involucrado en  tráfico de personas proporcionando aviones”, sostuvo asimismo en un desborde de cinismo. Long mutó en trata de personas la desesperación de un grupo de cubanos que salieron de su país porque ahí ya no querían vivir. 

Long es responsable, como canciller que fue, de que se haya violado la obligación jurídica internacional que tiene el Ecuador de respetar el principio de non-refoulement, que indica que no pueden devolverse a refugiados al lugar donde sus vidas o libertades se encuentran amenazadas. También es responsable de no haber cumplido con los principios básicos del debido proceso y permitir a los a solicitantes de refugio que sus casos sean justa y debidamente considerados.

El proceso en contra de los cubanos debe ser uno de los mejores ejemplos de violación al debido proceso y Long legitimó internacionalmente aquello. Desde el 7 de julio del 2016, un día después de las detenciones, hubo una serie de audiencias de deportación en las cuales los detenidos tuvieron pocos minutos para presentar su defensa. Abogados defensores de los cubanos aseguraron, entonces, no haber podido hablar con sus defendidos con anterioridad a las audiencias e informaron que algunos cubanos arrestados habían presentado solicitudes de refugio, mientras otros ya tenían estatus migratorio legal o habían solicitado refugio durante la audiencia.

Long fue una figura clave en ese arreglo al que el gobierno ecuatoriano de Rafael Correa llegó con Raúl Castro. Pocos días antes había venido al Ecuador el canciller cubano para pedir que el Ecuador cierre sus puertas a los cubanos que utilizaban este país como parte de la ruta para llegar hasta los EEUU.

¿Como entender que un gobierno que quiere diferenciarse de su antecesor, precisamente en temas vergonzantes como el del manejo de los medios públicos o el de la tolerancia frente al disenso, premie a Long con una embajada que tiene, además, conexión con temas de derechos humanos? Lo más lógico, si la idea es darle una Embajada dentro del actual proceso de renegociación de lealtades en que está imbuido el correísmo, era enviarlo a Cuba de cuyo régimen ha sido tan entusiasta defensor y panegirista. Imposible olvidar el polémico mensaje que puso en su cuenta de Twitter cuando murió Fidel Castro: “El mundo llora a un gigante”.  También pudo haber sido nombrado como embajador en Venezuela, donde hay otro gobierno por el que Long siente profunda simpatía y adhesión.

Lenín Moreno parece que no ha entendido la dimensión que tienen las relaciones internacionales para la dignidad de un país. El vergonzoso apoyo al régimen represivo y dictatorial de Nicolás Maduro que mantuvo Rafael Correa sigue más o menos intacto. La canciller, María Fernanda Espinosa, repite los argumentos de los más recalcitrantes sectores del madurismo y dice que lo que más le preocupa a ella es la violencia de la oposición mientras el número de protestantes muertos supera los 90. A esa infamia se suma, ahora, el premio a Long.

Venezuela: Espinosa no puede ser más indigna

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Lenín Moreno ha dejado escapar la oportunidad que la historia le puso en sus manos para liberar al Ecuador de la vergonzosa mancha que significa el apoyo incondicional que su predecesor ofreció a la sangrienta tiranía que gobierna Venezuela.

Primero estuvo el cobarde y calculado voto de abstención en la reunión de la OEA en Cancún, que impidió que la moción de condena de los países más grandes del continente sea aprobado. Una abstención que le permitió, gracias a los guarismos, a un grupo de países minúsculos y que le deben favores a la dictadura venezolana, imponer el indigno estatu quo que la región ha mantenido de cara al caso venezolano.

Cancún no es todo.  Ahora es su canciller María Fernanda Espinosa quien le ha añadido una dosis extra de indecencia a la política exterior ecuatoriana y a la imagen del país con su posición sobre Venezuela. Lo hizo cuando salió a decir a la prensa que lo que más le había impresionado del caso venezolano había sido la violencia de la oposición. “Estamos realmente impresionados de los niveles de violencia que ha utilizado la oposición en Venezuela. Lamentamos muchísimo que el pueblo venezolano no pueda vivir en paz porque tiene ese derecho” , dijo Espinosa en lo que fue un giro con el que el capítulo de Cancún quedó coronado de infamia y desvergüenza.

Si había un tema en el que el Moreno tenía la posibilidad  de desmarcarse del guión correísta era precisamente el de la oprobiosa política sobre Venezuela. La tesis según la cual es la violencia de la oposición el núcleo del problema venezolano solo se atreven a sostenerla los sectores del madurismo más ramplón. Se trata de una tesis que puede exponerse en el escenario camorrero y gangsteril de la descomposición en la que se halla la estrutura social y política de Venezuela, pero que en la boca de una Ministra de Relaciones Exteriores resulta insultante y grosera. 

Parecería que la canciller Espinosa únicamente conoce la versión que el militarismo cavernario del madurismo ha articulado sobre la crisis en Venezuela y que es incapaz de procesar toda la información que sale de la sociedad venezolana y de los organismos más serios de derechos humanos. Afirmar que lo que más impresiona del caso venezolano es la violencia opositora es desconocer los miles de ataques de grupos civiles armados partidarios del gobierno contra manifestaciones masivas de oposición al gobierno, que han dejado más de 80 muertos y cientos de heridos. Human Right Watch ha documentado con dolorosa precisión cómo los organismos de seguridad han empleado la fuerza matonil y avalado ataques de grupos civiles armados aliados del gobierno. Basta tener una pizca de sensibilidad (¿No se supone que Espinosa es poeta y que su lirismo es conocido entre sus amigos?) para condolerse hasta lo más profundo con las imágenes que circulan en medios y redes sociales, donde se ve a militares disparar directamente al cuerpo de jóvenes manifestantes desarmados o lanzar  bombas lacrimógenas indiscriminadamente desde helicópteros, lo cual es prohibido por las convenciones internacionales. Curioso que a Espinosa no le llame la atención todo eso. Es indignante ver que es inmune ante el cinismo y la indolencia brutal de los funcionarios venezolanos que, como en el caso de Maduro, no dudan en aparecer en televisión bailando y cantando cuando aún están calientes los cuerpos de los chicos que han caído muertos en la calle. A Espinosa lo que más le impacta es la violencia de la oposición.

Moreno tuvo la oportunidad de distanciarse condenando, aunque sea bastante tarde para el caso ecuatoriano, una política de Estado que seguramente en el futuro será procesada en tribunales internacionales como responsable de crímenes de lesa humanidad y hasta quizá de genocidio. El Ecuador, y esa será responsabilidad del presidente Lenín Moreno, inevitablemente estará en los registros de la historia y de la opinión pública mundial del lado de los abusadores y sanguinarios.

¿Qué puede explicar esta necedad del Estado ecuatoriano frente a Venezuela? Es posible que para el aparato correísta, aún manejando los hilos del poder, se le haga muy difícil romper con el troglodita esquema mental estalinista y guevarista que tienen muchos de sus cuadros. Es posible también que en el interior del gobierno se haya pensando que no se puede dar la espalda a ciertos sectores del correísmo que siguen creyendo en la utopía bolivariana a pesar de las evidentes señales de la destrucción de un país. También se podría pensar que existen favores pasados que no se pueden olvidar y que es necesario honrar. ¿Financiamiento de alguna campaña quizá?

Pero independientemente de las razones por las que el actual gobierno ha decidido seguir con el guión correísta en el tema de Venezuela, lo cierto es que para los registros históricos quedará la evidencia de que Lenín Moreno no quiso abordar el tema desde el humanismo y la dignidad.  Porque Espinosa es cercana suya y es puesta por él. Y es él quien decide la política exterior y responde por ella. Muchos ecuatorianos verán, sin duda con impotencia e indignación, que la historia de su país ha sido manchada con la posición que sus gobernantes han tenido frente a una dictadura mafiosa y untada de narcotráfico que derrama sangre en Venezuela para seguir en el poder. Moreno tuvo una oportunidad que difícilmente se va a repetir. Y la desperdició.

Foto cancillería ecuatoriana

Moreno y la corrupción: arrancada de caballo, parada de burro

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El tinglado que está montando Lenín Moreno en la lucha contra la corrupción es demasiado enrevesado para ser convincente. Y eficaz. El nuevo Presidente anunció primero la formación de un Frente de Transparencia. Divulgó 13 nombres del gobierno y de la sociedad civil. A Algunos de ellos ni siquiera les preguntaron antes de ser anunciados pública y oficialmente. Moreno habló, igualmente, de recurrir a la ONU para pedir su colaboración.

¿En qué quedó todo esto? En un decreto Ejecutivo, el número 21, en el cual designa 9 miembros para el Frente, fija sus atribuciones y encarga a la Ministra de Justicia que coordine acciones para lograr la asesoría de las Naciones Unidas en el diseño de una estrategia gubernamental bautizada: “Estrategia Nacional por la Transparencia y la Lucha Contra la Corrupción”. En este punto, Moreno se encargó de reducir la expectativa que creó con la misma velocidad que se encoge una piel mojada en pleno sol. Ahora el gobierno dice que hay seis miembros de la sociedad civil y tres ministros. Es una generosidad que merece ser matizada: Tatiana Hidrovo Quiñonez fue asambleísta Constituyente por AP y Larissa Marangoni fue directora cultural en Guayaquil del Ministerio de Cultura y Patrimonio. Xavier Zavala Egas ha sido un activista correísta y Carlos Xavier Rabascall es un empleado de los medios públicos y un contratista de producciones para Tv. Es decir, de los nueve miembros designados, siete no son en absoluto independientes.

Este Frente tiene, además, atribuciones que lo vuelven absolutamente inservible para lo que fue creado y anodino. Son cuatro: proponer a Moreno estrategias y mecanismos para  prevenir la corrupcion; exhortar a las entidades a que activen y apliquen mecanismos de control; proponer iniciativas de educación que promueva una cultura de la transparencia y presentar propuestas de políticas y normas para la transparencia y la lucha contra la corrupción. Es decir, son los nuevos redactores de la urbanidad de Carreño contra corruptos. Se entiende que Moreno diga que son autónomos y están facultados a “solicitar información pública a las entidades públicas”. Es decir, la información a la cual tiene acceso cualquier ciudadano.

Moreno había dicho que pediría apoyo a la ONU en este capítulo de la lucha contra la corrupción. Escucharlo hacía pensar que se refería a algo parecido a la “Comisión Internacional contra la impunidad en Guatemala”, montada por la ONU en ese país. Una comisión que sí investiga, tiene poderes legales, hace el barrido de cuentas personales, contratos, cruza datos con el sistema financiero mundial… Y puede meter presos a los corruptos. Pues no. No era eso lo que decía Moreno. María Fernanda Espinosa viajará a Nueva York, sede de la ONU, para que el Secretario General ayude a hacer el diseño de una estrategia gubernamental que resultará tan poco creíble como la Secretaría Nacional de Transparencia de Gestión que creó Correa en 2008.

La iniciativa de Moreno quedó reducida a nada. No solo porque el Frente no es independiente y sus atribuciones son la nada. Su existencia es insubstancial y nada podrá hacer frente a la institucionalidad creada por Correa para que todo se pueda hacer sin que nada se sepa. Moreno no ataca ninguno de los dos lados del problema. Por un lado, descubrir a los delincuentes de miles de corruptelas que ahora tienen casa en Miami o han migrado a los sectores selectos de las principales ciudades del país. Por otro lado, no toca la institucionalidad que Rafael Correa defiende (porque posibilita la corrupción) al criticar la creación del Frente creado por Moreno. Lo malo de ese ente no es que sea una comisión ad hoc, como escribe Correa: lo malo es que ese frente no investigará nada, no descubrirá nada, no encontrará un solo corrupto y se dedicará a redactar cosas bonitas. La realidad es que ese Frente instalado ayer no sirve para nada. Y el país, para saber la verdad de la corrupción de estos diez años, sigue y seguirá dependiendo de esos organismos con los que se reunió hoy Moreno que se han encargado, durante diez años, de ocultar la realidad de la gestión del correísmo.

Miren la Asamblea: hoy negó el pedido de cambio de orden del día para pedir la comparecencia de Jorge Glas. Ni eso: el hombre que está bajo sospecha ni siquiera quiere dar la cara en la Asamblea. Él debe responder, políticamente por ahora, por la corrupción en los sectores estratégicos que estaban bajo su responsabilidad. El correísmo lo protege con fuerza y se entiende la razón: si cae Glas, se cae toda la estantería.

Moreno dice que quiere luchar contra la corrupción. Eso dice. Pero para hacerlo tomó los peores caminos en el campo jurídico, institucional y político. En este campo, no se nota estrategia ganadora alguna. Lo suyo más se acompasa con el adagio popular que dice: “arrancada de caballo, parada de burro”.

Foto: Presidencia de la República

Chasco: Moreno dice que investigará al correato con correístas

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Si el organismo que Lenín Moreno tiene en mente para combatir la corrupción está conformado, en su mayoría, por conspicuos miembros o entusiastas del proceso político al que supuestamente investigarán, entonces no hay mucha esperanza que albergar sobre la verdadera voluntad del nuevo presidente en luchar contra la corrupción y la impunidad.

La lista de nombres que Moreno ha mencionado para la conformación de una suerte de frente de transparencia y lucha contra la corrupción, como ha dicho, es una curiosa mezcla de ex funcionarios (algunas de cuales siguen siéndolo en su gobierno) y hasta rabiosos partidarios del gobierno de Rafael Correa con uno que otro que ha sido crítico.

De los 13 nombres que menciona Moreno, por ejemplo, hay al menos seis personas que fueron funcionarios del gobierno anterior y otros tantos que han sido partidarios confesos del mismo.  Ahí están Rosana Alvarado, ex vicepresidenta de la Asamblea y actual ministra de Justicia; María Fernanda Espinosa, ex ministra de Defensa, ex canciller, ex embajadora ante la ONU con residencia en Nueva York y Ginebra y ahora flamante canciller; Francisco Borja, ex embajador en Chile y EEUU y amigo del ex presidente Correa; Andrés Mideros, ex  y actual funcionario de la Senplades; Carlos Rabascal, periodistas del canal de gobierno EcuadorTV, simpatizante del “proceso” y productor de programas pagados con dineros públicos; Larissa Marangoni, ex funcionaria del Ministerio de Cultura, y, Tatiana Hidrovo, ex asambleísta en Montecristi y miembro de Alianza País, el partido de Rafael Correa.

A estos nombres vinculados con los 10 años de gobierno de Correa se une el del abogado Xavier Zavala Egas, quien a pesar de haber sido abogado de El Universo en el juicio que le siguió Correa en el 2011 pasó con el tiempo a convertirse en uno de los más entusiastas y combativos partidarios del gobierno, conocido por su extravagante militancia en redes sociales. 

Los que no han tenido ninguna participación en el gobierno de Correa o no han sido partidarios del llamado proceso son poquitos. Ahí aparecen Julio César Trujillo, el abogado y columnista Fabián Corral, monseñor Fausto Trávez, el empresario Pablo Dávila y el rector de la Universidad de Cuenca, Pablo Vanegas, que además es scout como los son Rafael Correa y Jorge Glas. ¿Se puede pensar en una institución medianamente independiente para investigar al correísmo con una mayoría profundamente correísta? Las dudas que se generan con una lista así sobre una eventual investigación al nuevo gobierno son idénticas.

No hay que olvidar que hay personas en la lista que tienen conflictos particulares con temas que son parte del paquete de temas de posible corrupción. María Fernanda Espinosa, por ejemplo, fue acusada por el perito Roberto Meza Niella de haber pedido que sacara del informe sobre el caso de la muerte de general Gabela todo un capítulo. Espinosa negó luego las acusaciones de Meza pero el tema quedó sin que las autoridades competentes se pronuncien. Nunca se supo quien decía la verdad.

Independientemente de que las personas nombradas acepten o no la invitación a ser parte de este eventual organismo, o que se llegue a elaborar una nueva lista, resulta extremadamente revelador que Lenín Moreno haya pensado en esos nombres. Una lista así demuestra que Moreno o no tiene un concepto muy claro de lo que significa independencia y credibilidad o no quiere que exista una verdadera investigación. O ambas cosas a la vez.

El anuncio de la lista se produce, además, luego de que Moreno había hecho algunos anuncios sobre el tema que hacían pensar que podría haber cierto compromiso legítimo y creíble en la investigación y sanción de la corrupción.

Durante la campaña, Moreno dijo que pediría colaboración a las Naciones Unidas para combatir la corrupción, lo que hizo que algunos albergaran la esperanza de que estaba pensando en un modelo donde haya una comisión anticorrupción internacional y absolutamente independiente como la que se instaló en Guatemala, con resultados impresionantes y que, incluso ahora, investigará el caso Odebrecht. Luego, durante el acto de posesión del 24 de mayo mencionó la creación de un “frente nacional” en el que habría integrantes de la sociedad civil y los organismos de control para constituir una entidad con asistencia internacional de las Naciones Unidas. Sin embargo, la lista que anunció hoy lunes 29 de mayo está lejos, lejísimos más bien, de reunir los mínimos requisitos de independencia y credibilidad.

¿Qué independencia podría tener María Fernanda Espinosa en el caso de que haya que investigar los gastos de Moreno en Ginebra o de la compra de los Dhruv? ¿Qué independencia podría tener Carlos Rabascal cuando se trate de investigar los manejos financieros en los canales públicos y en los incautados? ¿Qué credibilidad podría tener Francisco Borja investigando los gastos del gobierno de Correa en la contratación de empresas de relaciones públicas en los EEUU cuando él mismo fue Embajador en Washington? ¿Y Rosana Alvarado recibiendo un pedido de investigación a contratos hechos por la Asamblea Nacional? ¿O Andrés Mideros como parte de un equipo que investigue las consultorías contratadas por la Senplades durante muchos años? Puede ser que todas las personas mencionadas por Moreno reúnen las más excepcionales condiciones de honorabilidad y acrisolada rectitud, pero esto no alcanza en los temas de institucionalidad pública: la independencia solo se logra con absoluta independencia.

Lo grave no está únicamente en los nombres escogidos por Lenín Moreno para la lista sino, y sobre todo, en que se haya llegado a pensar en ellos como posibilidad para investigar casos de corrupción supuestamente cometidos en un período de gobierno en el que fueron copartícipes y, hasta en algunos casos,  figuras emblemáticas. Es tan burdo y grosero el criterio con el que se escogieron estos nombres que se hace inevitable pensar que se concibió este organismo como una fraudulenta y tramposa estrategia para calmar la molestia que ha habido en ciertos sectores de la sociedad frente a los escándalos de corrupción. Mucho más presentable hubiera sido que se le encargue ese trabajo a la ya existente Comisión Nacional Anticorrupción, integrada, entre otros, por el propio Julio César Trujillo, Simón Espinosa, Jorge Rodríguez e Isabel Robalino y que fueron incluso demandados por el contralor Carlos Pólit.

La conformación de un equipo que investigue la corrupción tenía sentido por el hecho de que los organismos de control, como la Contraloría y la Fiscalía, están cooptados por el correísmo. Pero con una lista de nombres como los pensados por Moreno, con las excepciones señaladas, no habría ninguna alternativa auténtica frente a la Contraloría de Carlos Pólit o la Fiscalía de Carlos Baca Mancheno. Si Moreno ha pensado en una lista como la que ha mencionado, el mismo trabajo podría hacerlo Carlos Pólit y Carlos Baca Mancheno. Así el país podría ahorrarse tiempo, dinero y, sobre todo, esperanza.

En el discurso de inauguración Lenín Moreno marcó algunas distancias con su antecesor. Pero esta lista de supuestos fiscalizadoras del correísmo hace temer que esas distancias fueron solo parte de un maquillaje para atenuar cierta presión social que existe en algunos temas, entre ellos el de la corrupción. Con correístas nunca se va a fiscalizar ni al correato ni al nuevo gobierno. La lista es un verdadero chasco.

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