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Mauricio Rodas

¿Por qué Mauricio Rodas vuela tan bajo?

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Tres años cumple Mauricio Rodas como alcalde de Quito. Y todavía habla del deber ser. Lo hizo –ejemplo reciente– el 25 de abril pasado al presentar una Guía de Inversiones (ver foto). Su propósito, dijo, es “incrementar el desarrollo competitivo del Distrito y por eso es necesario elevar los niveles de inversión privada, tanto nacional y extranjera. Por su puesto generar  un mayor dinamismo económico, empleo, bienestar y prosperidad para todos en la urbe”.

Captura de pantalla 2017-05-10 a las 3.12.59 p.m.

Así describió lo que sigue siendo una tarea para él y para su administración. La guía misma es un ejercicio vacuo porque no ofrece proyecto alguno a los inversionistas a los que, supuestamente, está dirigida. En ella, la alcaldía se limita a describir el marco legal y a ofrecer datos económicos sobre Quito que el departamento legal, de cualquier inversionista, puede bajar de Internet.

¿Ha creado el municipio condiciones específicas y competitivas con respecto a otras capitales? No están en esta guía. Sus responsables parecen creer que basta con hablar bien de sí para convertirse en blanco apetecido por los inversionistas. No hay un solo dato comparativo con otras capitales. Se dice que Quito ha mejorado la tramitología en permisos y licencias municipales. Pero no se demuestra esto en, por ejemplo, días ganados, ahorros, reducción de diligencias… Es pura retórica que choca con patentes caras, tramitología engorrosa, conflicto de competencias entre el municipio y el Estado en temas medioambientales, un paquidérmico registro de la propiedad… En definitiva, este folleto, impreso lujosamente, puede interesar a algunos abogados y, por cierto, promociona veinte bufetes especializados en el área de inversiones.

Tres años después, Mauricio Rodas sabe lo que tiene que hacer, pero no lo ha hecho. Quito está por fuera de la revolución contemporánea que se está dando en muchas ciudades del mundo. Basta ver lo que ocurre con Medellín, para no ir tan lejos. Londres lidera una lista de las ciudades más dinámicas e innovadoras del mundo. Pero hay capitales provinciales como Lyon que sorprenden: ahora hace parte del top-20 entre las ciudades más atractivas y agradables del mundo.

El problema de Rodas es que no tenía un proyecto de ciudad para Quito y no sabe cómo operar un cambio que haga de ella una capital contemporánea que, además, atraiga conocimiento y se singularice ante los inversionistas. Si se miran las oportunidades que se ofrecen en la página Quito invest muchas cosas se comprenden: Rodas y su equipo entienden la modernización como lo hizo el antiguo Conam, creado en 1994: sus planes se concentran en algunos proyectos de infraestructura. Pero no tienen una mirada contemporánea capaz de modelar una ciudad y ubicarla en el mapa mundial. Tampoco la conectan con la tecnología y las tendencias que forman hoy una ciudad e influyen en la morfología urbana y en las nuevas formas de producir y vivir en ella.

¿Qué debe ser Quito, según Mauricio Rodas? Al oírle, no se sabe. Él habla cada semana en Radio Quito –que se enlaza con una quincena de radios de la capital– de los mismos temas: cuánto ha avanzado la tuneladora en la obra del metro, qué rutas han habilitado con flujos y contraflujos por los trabajos del metro, qué acuerdos hace para la reubicación de las trabajadoras sexuales, qué desastres han cometido los grafiteros en el Centro Histórico, cuántas fachadas han pintado en esa zona, qué colector ha inaugurado, cuál es el plan de repavimentación y bacheo en una ciudad con vías en pésimo estado y profusión de huecos.

Este es el tema central de sus exposiciones en estas semanas de invierno; el más tremendo en 30 años, según dice. Rodas se explaya diciendo obviedades. Habla del clima que no colabora. De la lluvia que disuelve la “mezcla asfáltica”. Habla de la nueva carpeta asfáltica que acaba de colocar en uno de los 23 ejes viales principales de la capital. Los cita, uno por uno. Habla del ritmo intenso de los trabajos. Dice que se trabaja día y noche. Dice que hay tres componentes en ese plan de repavimentación que ha sido “técnicamente diseñado”. Habla del bacheo. Hace notar que tiene 27 brigadas para esa labor y que cuando llegó a la alcaldía había menos de diez… Ni un coordinador de obras públicas se perdería en detalles tan nimios. Tampoco los diría con la prosopopeya y la grandilocuencia con que Rodas se adorna.

Rodas es eso: un discurso sin sustancia. Un alcalde que no sabe cómo se transforma hoy una ciudad y cree que su trabajo se limita a hablar de cuántos metros avanza una tuneladora y decir a los quiteños que la lluvia, al disolver la mezcla asfáltica, dificulta el bacheo. Es triste ver volar tan bajo a un alcalde que pudiera hacer tanto por una ciudad como Quito.

Mauricio Rodas sobrevive a costa de Quito

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La reciente campaña presidencial develó la realidad de la política en Quito: una orfandad nunca vista. Quito sigue sin figuras ni partidos que barajen un proyecto contemporáneo de ciudad y que piensen en el rol que puede jugar la capital en el panorama nacional.

Quito, con la elección de Augusto Barrera se alineó en el proyecto de Alianza País y eso, al margen de la calidad de gestión de Barrera, ocasionó el triunfo de Mauricio Rodas. Con él, en cambio, Quito pasó a ser una ciudad a la deriva que todavía hoy espera el gran proyecto que merece y necesita la capital. Rodas, hasta antes de tener líos con la detención de su asesor, Mauro Terán, y otorgando la razón a Jaime Durán, quien dijo que no conocía Quito, buscó desesperadamente un norte. Creyó hallarlo con la Solución Vial Guayasamín: de ahí la improvisación, los baches y remiendos de ese proyecto, las mentiras de Rodas sobre los estudios (mostró un cerro de cajas sin información alguna) y ese contrato público-privado firmado con los chinos, a espaldas de la más mínima transparencia. Copiando lo peor que ha hecho el correísmo en contratación pública.

Guillermo Lasso, que conoce poco lo que ocurre en Quito, se compró el problema-Rodas. 4Pelagatos dijo en diciembre del año pasado lo que significaba hacer una alianza con un partido, SUMA, que ya había inducido en 2013 el retiro de la candidatura de Juan Carlos Solines y había favorecido la elección de Rodas. Lasso se jugó por los resultados nacionales trepado en una tesis peregrina: Rodas tiene presencia en Manabí y otras provincias. César Monge defendió, al parecer, puertas adentro, esa percepción de que Rodas tenía una implantación regional que sumaría, en forma decisiva, en los resultados nacionales. Eso es Rodas: un bluff político; un hombre que no tiene ni siquiera un programa de partido. Lasso salió birlado y entregó, en los hechos, 14 asambleístas a un hombre que, salvo algunos intercambiadores, se extasía hablando en las radios quiteñas de sus pequeñas obras, porque no tiene un proyecto de ciudad para Quito.

Quito no solo carece del Alcalde que se merece: tiene un funcionario ineficiente e investigado que puede sobrevivir políticamente gracias a votos que puede negociar en la Asamblea con Lenín Moreno. Ese es un temor real que abriga la bancada de Alianza País en el municipio. Se sabe que Moreno no se conforma con tener 75 votos en la Asamblea y que desea ensanchar esa mayoría.

Rodas sabe, a su vez, que algunos de sus actos ya están siendo investigados en la Fiscalía. Es verdad que esa judicialización lleva tiempo pero ha creado zozobra en su administración: ya hay funcionarios que han sido llamados a declarar durante horas en la Fiscalía y ese ejercicio -dramático para algunos- no se va a detener. Salvo si hay este acuerdo con el gobierno y a los concejales de Quito les piden mirar para otro lado. “Una cosa es la Asamblea y otra el Municipio”: lo dice uno de ellos como si se tratara de conjurar lo que teme que se viene. Él apuesta a otra cosa: cree que entre la judicialización que el propio Rodas pidió y su obligación de entregar información, estará en graves problemas de aquí a julio. Si no se cumple ese plazo, dice, el Alcalde se salvará porque luego viene fin de año y el año entrante no le convendría a Alianza País mover el piso a Rodas. “Es año electoral y de seguro él se victimizaría. Eso no nos conviene”.

En conclusión, Rodas tiene algunas cartas a su favor que podría jugar para sobrevivir políticamente y congelar algunas de las carpetas que investiga la Fiscalía. Que sobreviva él, puede ser su programa. ¿Y Quito? Pues con estos 14 asambleístas, Lasso contribuyó a que el futuro de la Capital quede hipotecado a las componendas de un Alcalde prisionero de sus propios errores y deficiencias.

En definitiva, el juego presidencial dejó mejor parado a Rodas y oxigenó a Alianza País por dos motivos: tiene ante sí un alcalde debilitado que puede perder, en cualquier momento, la mayoría del concejo, y tiene un cuadro, como Augusto Barrera, que no descarta volver al cargo. Pero este juego presidencial delató sobre todo la penuria política de Quito que hace que su futuro se juegue en mesas ajenas en las cuales pesan otros intereses; no los de la capital. Queda por ver si la campaña del 2019 cambia ese panorama.

Foto: Ecuavisa

La oposición está desactivada por los señores feudales

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La pregunta, quizá la más importante, tras la década correísta es: ¿cuánto maduraron la sociedad civil y la sociedad política? Esta campaña es terreno ideal para buscar respuestas. Primero, la sociedad política; la oposición en particular: es víctima de la peor enfermedad que corroe la política nacional: el síndrome de los señores feudales. Esto se evidenció en la primera vuelta en la cual se multiplicaron, otra vez, las candidaturas, como antaño, haciendo creer que el país es tan diferente que requiere ocho opciones electorales. Y esto tras diez años de correísmo que deja una agenda urgente y acotada para los demócratas: recuperar, en primera instancia, los valores republicanos y democráticos.

Esta segunda vuelta encuentra a gran parte de la oposición unida alrededor de esa urgencia. Ese acuerdo mínimo, sin embargo, lo impuso parte de la sociedad civil harta de autoritarismo y corrupción. Lo impuso a Jaime Nebot y Cynthia Viteri tras haber sido calificados de chimbadores. Eso se les dijo en las redes sociales tras el anuncio de la candidatura de Viteri. Se les dijo antes incluso, tras el esfuerzo insólito de Nebot por ignorar a Guillermo Lasso (entonces primera opción en la oposición) y montar, en Cuenca, la ficción de un acuerdo con Paúl Carrasco y Mauricio Rodas. En ese capítulo también Lasso tuvo una enorme responsabilidad al haber exorcizado en público las heridas de su rivalidad con Nebot en la campaña presidencial de 2013.

La realidad de la oposición, por fuera de Lasso y Nebot, es políticamente desoladora. Lucio Gutiérrez en coma electoral, la Izquierda Democrática con un espasmo de resurrección/suicidio de última hora, el movimiento indígena más dividido que nunca, la izquierda que se fue del gobierno debilitada y sin programa común de renovación… En diez años y fuera de Lasso, que trabajó su candidatura durante siete años, esas oposiciones no trataron de capitalizar políticamente el anti-correísmo. Y tampoco maduraron.

Esta realidad se nota con acuidad en esta segunda vuelta. En el centro-derecha Nebot y Viteri han pedido a sus seguidores que voten por Lasso. Punto. Ni un gesto ni un acto más en su favor. Acostumbrado a reinar en Guayaquil, Nebot supeditó una reunión con Lasso a que éste se hiciera cargo de los epítetos que en Creo o fuera de ese partido les endilgaron a él y a Cynthia Viteri. Nebot, para camuflar su encono personal, antepuso el honor herido. Viejo truco de un viejo cánon de un viejo político hundido en la vieja política. Basta ver en sus cuentas de redes sociales o en las de Viteri, las acusaciones que ella prodigó a Lasso en la primera vuelta para medir la inconsistencia de la actitud de Nebot. En el fondo, él, como Rodrigo Borja y otros políticos en el país, son rehenes de una tesis: si no soy yo (o un candidato a quien controlo) no es nadie. En algún momento, algún historiador pondrá fechas y hechos alrededor de la actitud del socialcristianismo que desde que dejó el poder, se ha dedicado a boicotear proyectos de modernización, lograr contratos colectivos o imponer sus condiciones a todos los gobiernos.

Esa historia se repite y ahora Nebot y Viteri se lavan las manos. Como es obvio, endosan desde ahora la responsabilidad de una posible derrota de Lasso. Ellos, por fuera de la declaración que hicieron, se limitan a aconsejarlo y a esclarecer que su partido, si él ganara, no hará parte de su gobierno. Incluso la manifestación gigantesca, anunciada para el 8 de marzo por Nebot, fue suspendida. Conclusión: no harán nada por el destino del programa democrático para volver a la democracia.

Nebot  no tiene, por supuesto, el copyright de esta actitud. Mauricio Rodas luce escondido en sus cuarteles de invierno, esquivando la marea (una de sus especialidades) mientras maniobra para que Alianza País no vire la mayoría en el concejo e inicie en serio la fiscalización de sus proyectos. También hay que ver lo que hicieron algunos de los viejos dirigentes de la Izquierda Democrática. Prefirieron fracturar las filas del partido recién inscrito que hacerse cargo de la realidad electoral que encaran los demócratas en el país. Lo hacen por odio a Andrés Páez; por prurito ideólogico y porque creen que eso es lo que mejor conviene al futuro de su partido. Cumplen así (pero, claro, mistificando su discurso ante la opinión pública) con el código de los señores feudales que atraviesa la política nacional y que el correísmo, lejos de acabar, encumbró: si no es uno de los nuestros, nadie… Y quien vaya, que se rompa el cuello porque sobre sus cenizas nosotros floreceremos.

Ejemplo de última hora: Ramiro Aguilar. Tras la derrota de Abdalá Bucaram, con quien hizo binomio, cree que su trabajo es criticar lo que él cree que es la visión de los quiteños. Gran descubrimiento hace Aguilar: hay visiones plurales en el país. Lo cual es una confesión no pedida de que esta campaña le ha permitido conocer al país. Critica a los periodistas y eso es irrelevante para aquellos que consideran que este oficio, cuando no se hace para servir a un partido o a un candidato, es muy cercano a lo que Febres Cordero llamó sociólogo vago. Aguilar pronostica la derrota de Lasso. ¿Y? Parece que tener o no la razón es su dilema en esta segunda vuelta, lo cual es irrelevante. Pero es muy revelador de la manera como políticos de su perfil encaran su responsabilidad.

Es tan curioso lo que ocurre en esta oposición de centro y centro derecha que León Roldós ya dijo que aquellos que meten el hombro por la alternancia en el país son las fuerzas de izquierda. Y parece encomiable, efectivamente, que los representantes de sectores pobres y marginados entiendan y se jueguen por un candidatura que, al margen de su identidad política, se ha comprometido, si gana, a restituir los valores republicanos y la democracia en el país.

Mañana: ¿maduró el correísmo?

Rodas conduce a Quito hacia una crisis política

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Mauricio Rodas encontró la manera de eludir sus responsabilidades políticas: entregarse a la justicia. Él quiere estar ahí donde está Mauro Terán. Lo que sea es mejor que responder al Concejo, cosa que no volverá a hacer. De la oscuridad que envuelve su administración hablará, a partir de ahora, “exclusivamente ante las autoridades competentes como corresponde”, ha dicho: las de la  función judicial. Una teatral extravagancia pues nadie lo ha acusado de nada todavía.

El alcalde identifica mal a su “autoridad competente”: es el Concejo, no la Fiscalía. Es al Concejo al que debe rendir cuentas. Es ahí donde situaciones como la creada por su confesa informalidad encuentran los canales adecuados para resolverse: en el terreno de la política y sin poner en riesgo las instituciones. Con el dramático gesto de saltar en brazos de la justicia, Rodas reniega de esa posibilidad y cierra las puertas a una solución política del conflicto que vive el Municipio. Las cierra oficialmente, porque en la práctica siempre las tuvo así. Es sintomático que el bloque de concejales de PAIS decidiera trasladar a la Fiscalía las cuestiones que no pudo absolver en el Concejo. Porque Rodas mantiene la discusión política bloqueada y no deja otra vía que la judicial a quienes le piden asumir las consecuencias de sus actuaciones públicas. Es una enorme irresponsabilidad: la política llevada a los juzgados vuelve irreconciliables las diferencias, inquieta a las instituciones y puede desembocar fácilmente en una crisis. Hacia allá cabalga Mauricio Rodas a galope tendido y en caballo desbocado: hacia la crisis política.

Él parece ignorar por completo la gravedad de lo que ha admitido. Por eso lo sorprenden o finge que lo sorprenden las consecuencias. Cuando habló por primera vez sobre aquello de las “conversaciones informales” con Odebrecht lo hizo con una naturalidad cercana a la inconsciencia. Parecía creer sinceramente que era una respuesta válida a la pregunta de cómo negoció con la constructora brasileña. Con la misma candidez habló de su viaje a Washington en la última sesión ordinaria del Concejo y lo pintó como un viaje informal, como si eso fuera un mérito: de carácter oficial pero costeado por él mismo, con un funcionario que se une a la comitiva porque andaba por allá de vacaciones y un alcalde que regresa sin un solo papel que mostrar a la ciudad. Rodas cree que la informalidad en lo público no sólo es posible, es normal; no sólo es normal, es deseable. ¡Hasta llegó a decir en una entrevista que fue informal por delicadeza!

Están las “conversaciones informales” con Odebrecht. Luego se conocería de la relación informal con el operador político Mauro Terán. Y de las delegaciones también informales que éste desempeñaba. Este medio reveló cómo Terán creó un esquema informal de reparto de espacios de poder entre los concejales, uno que desinstitucionaliza la política de territorio. Y si el formato correísta de las alianzas público-privadas le cuadra tan bien a la actual administración es, precisamente, porque permite saltarse una serie de formalidades contempladas por otros sistemas de contratación. La suma de detalles conduce inevitablemente a preguntarse si la informalidad no funciona como un esquema general para ciertas cosas, algo así como el andarivel por el que circula un área específica de la gestión de la Alcaldía. Cosa grave porque informalidad significa ausencia de controles. Si la ciudad ha llegado a este punto, con el fantasma de la crisis política planeando en el horizonte, se debe en primer lugar a ese velo de opacidad con que Mauricio Rodas ha rodeado la administración municipal.

Y en segundo lugar a su manejo político, que consiste en eludir precisamente la política. Con respecto al Concejo, que es el órgano máximo de la ciudad, no tiene otra que aquella desarrollada por su operador Mauro Terán y que consistía, básicamente, en reunirse con los concejales de uno en uno y a puerta cerrada. Informalmente, se entiende. Por lo demás, siempre careció de agenda legislativa porque siempre careció de un proyecto concreto de ciudad. Ciertamente no pasará Rodas a la historia por sus ordenanzas. Ni siquiera se ha preocupado por tramitar un estatuto autonómico, que la ley permite a los distritos metropolitanos y cuya adopción emanciparía al Municipio capitalino del centralismo y las rigideces del COOTAD. Simplemente porque su carrera política es una huida desenfrenada de la política.

Esta situación se volvió insostenible. Cuando las primeras sospechas de corrupción en el Municipio empezaron a tomar cuerpo a propósito de la Solución Vial Guayasamín, a mediados del año pasado, estaba visto que el tema de la opacidad se convertiría en un problema político mayúsculo para la ciudad. Un problema que él ha sabido afrontar a su manera: eludiéndolo. Confrontado por el Concejo, responde con su tradicional manejo informal de los documentos y la información pública: contratos que no aparecen o se publican a medias, datos que no se entregan, papeles que faltan… Respuestas que no se dan. Si se le pide cuentas detalladas sobre las actuaciones de Mauro Terán, por ejemplo, él responde que cumplió “delegaciones puntuales” y da por satisfecha la pregunta. Con esto y una tonelada de retórica elabora sus informes como quien construye una realidad paralela. Una realidad paralela en la que resulta lícito imaginar a Mauricio Rodas en el Departamento de Estado en Washington, desvirtuando con energía las acusaciones sin fundamento que están afectando la imagen de la ciudad y dejando impresionado a todo el mundo. Y volviendo como un héroe, portador de un logro monumental para los quiteños.

Rodas ha convertido el acto político de informar ante el Concejo en un mero trámite administrativo que él cree sin consecuencias de ningún tipo. No importa el contenido del informe ni la recepción que merezca. Importa el simple cumplimiento de la formalidad, ahí sí. Miren por dónde le sale lo formal. ¿La ley exige al alcalde informar a los concejales cuando éstos se lo requieren? Pues bueno, ahí tienen su informe. Lo que pase después con él, si resulta desvirtuado o desmentido, si los concejales lo consideran insuficiente, si se demuestra que el informe, en realidad, nada informa, eso ya no es asunto suyo. Él lo presenta y punto. Es lo que le manda la ley. Trámite cumplido. Lleva tres de esos informes al hilo: el de Odebrecht, el de Mauro Terán, el de su viaje a Washington. Cinco si se cuentan los que ofreció sobre la Solución Guayasamín y los Quitocables inmediatamente antes de que estallaran los escándalos de corrupción. En ninguno de ellos entregó la información que se le había pedido. Tras cada informe, el Concejo se desgañitó discutiendo por entre cuatro y ocho horas, exigiéndole respuestas, confrontándolo con evidencias que ponían en duda lo que había dicho, haciéndole caer en cuenta de sus errores jurídicos, administrativos o políticos, demostrándole que mintió pura y simplemente… Y, al término del debate, como si todo lo dicho fuera viento, Mauricio Rodas vuelve a tomar la palabra para dejar sentado que el informe ha sido entregado y celebrar su propia presencia en el Concejo como una demostración irrebatible de su “ab-so-lu-ta-tran-pa-ren-cia”.

Cuenta con una ventaja a su favor: pasa por opositor al gobierno. Por eso el silencio sobre los aspectos más incómodos de su gestión: nadie quiere hacerle el juego al correísmo. Los diarios de la ciudad, acaso también porque el Municipio es un excelente proveedor de ingresos publicitarios y otro tipo de contratos que se agradecen en épocas de vacas flacas, simplemente miran para otro lado. ¡Rodas es capaz de hablar de informalidad con Odebrecht en pleno escándalo continental de la constructora brasileña y no hay un medio de comunicación, uno sólo excepto éste, que lo considere escandaloso! Ninguno que plantee siquiera una lectura política de lo que ocurre en el Concejo.

Así, con la complicidad de una sociedad dispuesta a tolerar en la oposición lo que condena en el correísmo, Mauricio Rodas está conduciendo a la ciudad hacia una crisis política sin precedentes en su historia reciente. Nunca el Municipio de Quito, al menos desde el retorno a la democracia, había estado en el centro de tanta suspicacia y tanta sospecha, motivadas por su propia opacidad y su propia informalidad en el manejo de los asuntos públicos. Mauricio Rodas ha ocultado información a los quiteños: sobre los procesos de contratación de las megaobras; sobre sus negociaciones con Odebrecht. Les ha mentido deliberadamente (varios concejales de oposición se lo demostraron) sobre la naturaleza de sus relaciones con Mauro Terán. Ha eludido sus responsabilidades, ha incumplido sus obligaciones políticas como alcalde y se ha refugiado en su retórica barata. Ahora, finalmente, con gesto teatral, opta por el salto al vacío: cierra toda negociación política y se pone en manos de los jueces. Él es el único responsable de lo que ocurra con la ciudad a partir de este momento.

Rodas se cocina en su propia salsa

en La Info por

Mauricio Rodas puede decir lo que quiera: en Washington le fue muy mal. No sólo hizo un viaje infructuoso para entregar un puñado de comunicaciones irrelevantes en lugares donde nadie entendía qué quería sino que causó mala impresión en los funcionarios con quienes se reunió. En el Departamento de Justicia no lo recibieron. Tampoco lo hizo el secretario general de la OEA, Luis Almagro, cuyo despacho le agendó una cita pero terminó enviando a un subalterno. En el resto de lugares (el Senado, el Departamento de Estado y la CIDH) sus ofrecimientos de ayuda, sus solicitudes de información sobre el caso Odebrecht y sus denuncias de persecución política fueron tomadas como lo que son: pataleos retóricos sin valor ni consecuencias. Para colmo, a su regreso encontró las cosas en el punto donde las dejó: con el Concejo exigiéndole explicaciones sobre el doble escándalo de las “conversaciones informales” con Odebrecht y las actuaciones de su operador político, Mauro Terán, preso por indicios de fraude fiscal. ¿Esperaba otra cosa? Finalmente la sesión extraordinaria de la que Rodas venía huyendo se producirá este jueves a las 10h00. Y él, que quiso ganar tiempo en Washington y lo perdió, no ha dado un paso que permita suponer que esta vez sí va a asumir sus responsabilidades.

Sobre el viaje a Washington da ternura oírlo: “Fue un viaje exitoso –dijo este lunes en Teleamazonas, donde lo entrevistó Janeth Hinostroza– porque permitió transmitir el enorme interés de la Alcaldía para que se conozca toda la verdad sobre Odebrecht y que caiga quien tenga que caer”. Cualquiera puede notar la desproporción  de estas palabras: es obvio que “dar a conocer el enorme interés de la Alcaldía para que se conozca toda la verdad sobre Odebrecht” es una acción que no sirve para nada: no sirve al caso, no sirve a la Alcaldía, no sirve a la ciudad. Y se podía hacer por Internet. Pero el periplo del alcalde no sólo fue infructuoso sino impertinente, como demuestra Daniela Salazar en el único balance publicado hasta el momento sobre el viaje. Los funcionarios que lo atendieron en el Departamento de Estado y en el Senado se habrán sorprendido de que acudiera a ellos con un tema en el que no pueden interferir por elemental respeto a la independencia de funciones del Estado. Y para quienes lo escucharon en la OEA y la CIDH, donde denunció una supuesta persecución política en su contra, lo único que quedó claro es que Mauricio Rodas no tiene un caso.

Si se pregunta en los despachos por donde pasó el alcalde, las impresiones generales no le favorecen. La primera, muy mala, tiene que ver con la obsesión de Rodas por exculparse. Un funcionario que llega para ofrecer su colaboración para resolver un caso de corrupción pero, cuando habla, no hace otra cosa que alegar inocencia, no puede sino despertar sospechas. Así, de despacho en despacho, fue el alcalde de Quito repartiendo su ansiedad por todo Washington. Los funcionarios que lo atendieron vieron a un tipo demasiado nervioso, un tanto confuso y ciertamente poco articulado a la hora de exponer su situación. Asustado, incluso. Que no sabía disgregar los temas de fondo de los datos de interés puramente local, incomprensibles en el extranjero. Que no fue capaz de presentar un resumen ejecutivo de lo que quería decir, que se enrollaba mucho. Y que tuvo la fatuidad de ir arrastrando un fotógrafo adonde fuera, ante cuya cámara saludaba con pose triunfal y cara de Facebook  a la salida de cada edificio público que visitaba.

Lo de Almagro debió doler. El secretario general de la OEA es famoso en Washington por recibir a todo el mundo. Incluso a grupos de estudiantes que han solicitado audiencias. Y Rodas tenía una cita. Pero ni Almagro estuvo para recibirlo ni la sede principal de la Organización le abrió las puertas. Fue en un edificio subalterno donde se reunió no con el secretario general sino con su jefe de gabinete, Gustavo Koncke. En la foto que el alcalde se hizo tomar con él y circuló en las redes sociales aparece Koncke con la misma cara de palo que pone el Papa cuando lo visita Macri, según hace notar significativamente un funcionario de la OEA que siguió el encuentro.

Aún después de tanto desplante y tanta indiferencia, Rodas tiene la pasta de acudir a Teleamazonas para hablar de los logros alcanzados en su viaje. Y para repetir su defensa en los casos Odebrecht y Mauro Terán como si no hubiera pasado un día desde que estallaron ambos escándalos. Rodas se aferra a sus argumentos iniciales que ya fueron desvirtuados y desechados en su ausencia, a los que ha sumado un par de nuevos, tan deleznables como los anteriores.

Sigue negando Rodas que Mauro Terán cumpliera otras funciones que no fueran las de un asesor político externo, a pesar de que varios concejales dieron testimonio de lo contrario en la sesión de la semana pasada. A pesar, también, de que los vecinos de El Condado y el barrio Bolaños, afectados por los proyectos de construcción de los Quitocables y de la vía Guayasamín, respectivamente, han declarado por escrito que conocieron a Terán no como un asesor político de Rodas, sino como el hombre que fue a negociar con ellos, a nombre del alcalde, los procesos de expropiación y desalojo.

Sigue repitiendo el alcalde el argumento de que el fraude fiscal que se imputa a Terán es un delito que nada tiene que ver con el Municipio, como si la probidad de quienes desempeñan funciones públicas, con o sin contrato, fuera un asunto privado. De hecho el alcalde, interrogado al respecto, es incapaz de decir de qué vive este personaje que dedica gran parte de su tiempo a servirlo.

Ahora sale además con que “es un gesto de delicadeza con la ciudad y con la administración municipal” él mantener a Terán fuera de la nómina, pues su área de trabajo es la política y el Municipio, lo dijo sin sonrojarse en Teleamazonas, “es una organización que se dedica a la gestión administrativa”. Como si no estuviera ya demasiado claro que la principal virtud de esta política consiste en mantener a Terán a resguardo de fiscalizaciones, auditorías y otras responsabilidades públicas propias de todo funcionario.

Niega que Terán tenga parqueadero en la sede municipal pero lo cierto es que ahí se parquea todos los días. Niega que tenga oficina pero lo cierto que la tuvo. Niega que exista en su administración un esquema de reparto de administraciones zonales entre concejales pero lo cierto es que las pruebas de ese reparto (que, además, le consta a todo el mundo) fueron presentadas en el propio Concejo  e incluyen grabaciones de audio y video que constan en actas.

Sigue jurando que el proceso de contratación del metro es el más transparente de la historia por el hecho de haber sido aprobado por los organismos multilaterales de crédito que financian el proyecto. Como si el Banco Mundial, la Corporación Andina de Fomento o la Unión Europea actuaran como entes fiscalizadores en el Ecuador.

Sigue diciendo que el único documento del que se dispone en este caso, el informe del Departamento de Justicia de Estados Unidos, no menciona a su Alcaldía. Y asegura que eso demuestra su inocencia. Cuando resulta claro que ese informe, en realidad, no menciona a nadie, y que la publicación de los nombres todavía está por producirse.

Por último, sin que Janet Hinostroza alcance a reaccionar y plantear las repreguntas que la situación reclama a gritos, se inventa el alcalde un nuevo eufemismo para dorar la píldora de las “conversaciones informales” que admitió haber tenido con Odebrech: ahora las llama “reuniones de trabajo”. Y dice que los organismos multilaterales estaban al tanto. Pero sigue sin saberse quiénes participaron, cuántas fueron, qué temas se trataron. Porque la verdad es que de esas reuniones no hay actas ni informes ni rendiciones de cuentas ni nada.

¿Son esas las respuestas que piensa llevar el jueves a la sesión extraordinaria del Concejo? Su desafortunado viaje a Washington debió ser una lección de humildad para Mauricio Rodas. Debió enseñarle que hay temas que no se pueden postergar y problemas que sólo se solucionan afrontándolos, no quejándose ni levantando cortinas de humo. Debió aterrizarlo sobre sus propias responsabilidades políticas. No fue así: el alcalde da muestras de que no entendió nada y parece estar dispuesto a aferrarse a su capacidad infinita de negación hasta que pase la tormenta. Pero la tormenta sólo pasará una vez se publique la lista de nombres de los implicados en los casos de sobornos repartidos por Odebrecht en el Ecuador. Hay en estos momentos 77 funcionarios de esa empresa brasileña que han firmado un acuerdo con el Departamento de Justicia de Estados Unidos para entregar esa información a cambio de ventajas judiciales.  Si el alcalde, que se llena la boca de superlativos para hablar de su propia transparencia, tiene la conciencia tranquila con respecto a esa lista de nombres que tarde o temprano se hará pública, no se entiende el porqué de su nerviosismo, de sus dilaciones, de su negativa a afrontar los problemas sin artificios retóricos o eufemismos. Tampoco se entiende el porqué de su estéril viaje a Washington. Este jueves Mauricio Rodas tiene dos alternativas: o asume sus responsabilidades y dice la verdad ante el Concejo o se hunde un poco más en el pantano de la sospecha que se lo está tragando desde el día en que estalló este escándalo.

Arriba: Gonzalo Koncke, jefe de gabinete de la OEA, compone su mejor cara de palo para posar junto al alcalde de Quito. Foto tomada de la cuenta de Twitter de Mauricio Rodas.

La batalla es aquí, señor Alcalde

en Columnistas/Las Ideas por

Un triste espectáculo acaba de dar el Alcalde de Quito, Mauricio Rodas, durante su reciente gira por Washington, D.C.  Repasemos lo que Rodas denomina una “exitosa agenda internacional”. En primer lugar, Rodas entregó en el Departamento de Estado un documento señalando su interés porque se divulgue información completa sobre el caso Odebrecht. El Departamento de Estado de EEUU es el equivalente a nuestra Cancillería y su competencia se refiere a temas de política exterior. El depositario de los documentos que se han producido en el marco de la investigación del caso Odebrecht no es el Departamento de Estado sino el Departamento de Justicia. Si bien la investigación ha tenido un impacto internacional, pedirle al Departamento de Estado que interfiera en la justicia para que se divulgue información relativa a dicha investigación no parece la posición más respetuosa de la separación de poderes. Lo mismo puede decirse de la reunión entre Rodas y el encargado para América Latina del Comité de Relaciones Internacionales del Senado estadounidense. Pretender que el Senado incida en una investigación de la justicia, resulta, por decir lo menos, antidemocrático.

En su siguiente parada, Rodas entregó un documento para el Departamento de Justicia, nuevamente insistiendo en que se difunda la información completa sobre la investigación del caso Odebrecht. Más allá de lo cuestionable que resulta un viaje del Alcalde para entregar personalmente una carta, es necesario recordar que los documentos que se han publicado son parte de un plea agreement, es decir, un acuerdo en que el acusado admite su culpabilidad a cambio de una concesión fiscal: Odebrecht ha reconocido su responsabilidad y se encuentra cooperando con la justicia estadounidense en el marco de una investigación en curso.  Como parte del acuerdo, 77 ejecutivos de Odebrecht están colaborando con la justicia estadounidense para divulgar, entre otros, la identidad de los funcionarios sobornados. Los documentos que se han revelado son los que se pueden revelar hasta el momento sin comprometer esa investigación en marcha. La carta de un Alcalde, aunque haya sido entregada en persona, difícilmente va a modificar los plazos que maneja el Departamento de Justicia dentro de esta enorme investigación que involucra a funcionarios de una docena de gobiernos.

Posteriormente, el Alcalde se dirigió a la OEA. No pidió la reunión por medio de la Misión del Ecuador ante la OEA. No fue recibido por el Secretario General Almagro sino por su jefe de gabinete. Ninguna de las funciones que la Carta de la OEA en su capítulo XVI le atribuye a la Secretaría General tiene relación alguna con la investigación que sobre el caso Odebrecht realizan la Fiscalía de Ecuador o el Departamento de Justicia de EEUU. Así, la denuncia de Rodas sobre persecución política en época electoral en Ecuador bien pudo realizarse ante la Misión de Observación Electoral de la OEA, que por cierto ya se encuentra en Ecuador, lo que le ahorraba el viaje a Washington, D.C.

Lo más reprochable de su gira por Estados Unidos fue su parada final, en la sede de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, donde denunció que están siendo víctimas de persecución política. La Comisión Interamericana tiene a su cargo la promoción de la observancia y la defensa de los derechos humanos en los Estados de la OEA. Realiza sus funciones a través de distintos procedimientos, todos ellos son formales y ninguno requiere que la supuesta víctima viaje en persona a Washington D.C. Si el Alcalde o su equipo se consideran víctimas de violaciones a sus derechos humanos, pueden presentar una denuncia a través de un formulario en línea, después de haber agotado los recursos de la jurisdicción interna. Pretender saltarse los procedimientos tanto internos como internacionales para ser recibido por la Comisión, que tiene más de 9600 denuncias de violaciones de derechos humanos pendientes de estudio inicial, demuestra una absoluta falta de respeto frente a las víctimas de derechos humanos que desde hace años esperan que este organismo tan colapsado pueda tramitar sus casos.

No dudo que en Ecuador se esté utilizando a la justicia con fines persecutorios. Pero este no es el primer caso. ¿Por qué el Alcalde no ha alzado su voz ante otros perseguidos políticos? El silencio cómplice del Alcalde ante los casos de persecución sólo se rompió cuando le tocaron a su mano derecha. Intriga que ahora el Alcalde señale que el gobierno de Rafael Correa está usando este caso para perseguir a la oposición,  cuando él nunca se ha identificado a sí mismo como oposición. Llama la atención que justo en época de elecciones pretenda distanciarse del gobierno, cuando durante su administración no ha hecho más que reproducir algunas de las peores prácticas del correísmo, como la falta de transparencia en la contratación pública y el uso de cuentas institucionales como repetidoras de la propaganda oficial.

Si el Alcalde quiere luchar contra la corrupción, debe alzar su voz en todos los casos, no sólo en aquellos que podrían comprometer al Municipio. Si el Alcalde busca que todos podamos conocer la verdad tras el caso Odebrecht, debe dejar de dirigir todos sus esfuerzos a politizar el caso. Si el Alcalde todavía se considera democrático, debe dejar de pretender que organismos ajenos a la justicia presionen a los encargados de una investigación en curso. Si el Alcalde tiene elementos para demostrar que se está utilizando la justicia como herramienta de persecución política, debe dar la batalla en Ecuador, no correr a lamentarse en Washington.

Sabatina 508: Indiana Jones contra los chicos malos

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La corrupción de los otros. Así debería titularse la sabatina número 508 que el presidente ofició desde el cantón Rumiñahui. Se acababa de bajar del avión que lo trajo desde Nueva York, donde desplegó una titánica agenda que lo afianzó como uno de los grandes líderes mundiales del momento, y apenas se dio tiempo para desayunar. Porque “así es la vida del presidente, como Indiana Jones”.

Ocurre que el presidente encontró la clave del esquema de corrupción que sacude al Ecuador: se llama Charly Pareja y es, dice, el “jefe de toda esta red”. Charly Pareja, hombre histórico de Febres Cordero, recibió transferencias de dinero sucio de Carlos Bravo y está prófugo. Ya lo tenían en Lima pero el gobierno lo dejó escapar con sospechosa negligencia, según ha revelado la diplomacia peruana. Se entiende por qué: a este señor nadie lo quiere donde pueda hablar. Sin embargo, el presidente está feliz de haber dado con él porque resulta extremadamente provechoso a la hora de imaginar conspiraciones. Basta dibujar su careto en una cartulina y luego tender flechitas hacia los caretos de sus contactos reales o ficticios, tal y como hizo la Secom en el video en que explica el caso.

El resultado es algo peor que un esquema de corrupción: es el mapa de lo que el presidente llama “la contrarrevolución”. Y es delirante. Ahí, juntos en el mismo saco, están Odebrecht y los Isaías, Mauro Terán y Andrés Páez, Jacobo San Miguel (a quien alude pero no nombra) y Fundamedios, Fernando Villavicencio y Galo Lara… Todos son parte de una misma operación, todos están unidos por flechitas más o menos directas al careto de Charly Pareja. Ahora resulta que Mauro Terán tiene que ver con el escándalo de la Refinería, Fundamedios es cómplice de la crisis bancaria, Fernando Villavicencio se las trae con Odebrecht… Porque según el presidente todo es lo mismo.

Si Rafael Correa consigue establecer tan curiosas conexiones es gracias a la abrumadora imprecisión con que habla de estos temas delicados. Le basta, por ejemplo, con el hecho de que “el principal implicado en el caso Refinería”, Charly Pareja, sea “el principal abogado de Odebrecht”, para concluir que ambos casos son uno solo. El caso Refinería, dijo, ahora es el caso Odebrecht. El uno trata de cómo se repartieron 30 millones en sobornos; el otro, de cómo se gastaron 2.200 millones en construcción de infraestructura bajo la responsabilidad de su vicepresidente. No importa, desde hoy son un solo caso. Charly Pareja lo prueba.

Así que arrancaron las investigaciones y no tardaron en dar con el primer culpable: Mauro Terán. El presidente habla del asesor informal de Mauricio Rodas con la certeza de que los 6 millones no declarados que encontraron en sus cuentas provienen de coimas repartidas por Odebrecht. Ya lo dijo el sábado anterior pero en esta ocasión se explaya. Expone sus cuentas, pone en ridículo al alcalde que viajó a Washington “a quejarse con los patrones”, deplora el silencio de los medios de comunicación que él llama mercantilistas… Y vuelve a poner sobre el tapete al otro gran implicado, al que prefiere no nombrar porque es candidato a asambleísta (por CREO, había dicho) y no puede ser imputado hasta después de elecciones. A estas horas ya nadie duda de que se trata de Jacobo Sanmiguel, el único candidato de Tungurahua del que se tenga noticia que acompañó al alcalde en un viaje a Brasil. Según el presidente ha manejado “como 30 millones”. Qué casualidad: la misma suma que repartió Odebrecht en el país según el informe del Departamento de Justicia de Estados Unidos. “Ya están detectados los movimientos –dice Correa–, multimillonarios”. Y cuando habla produce la incómoda sensación de que maneja datos privilegiados, información que la Fiscalía niega al común de los mortales pero aparece en la sabatina como si tal cosa; y la aún más incómoda sensación de que está dando instrucciones. Porque todos los movimientos financieros son “coincidentes con la negociación del metro de Quito con Odebrecht”. Y claro, él no cree en coincidencias, está clarísimo lo que la justicia debe hacer.

Habla Correa sin parar y en la avalancha de datos e interpretaciones que despacha alegremente el espectador se extravía y pierde con facilidad el hilo de su razonamiento. Pero ¿no había dicho, antes de empezar a repartir culpas entre los amigos de Mauricio Rodas, que se disponía a hablar del caso Refinería Esmeraldas? Sí, eso dijo. Y apenas nombró a Charly Pareja saltó hacia Mauro Terán con la soltura de huesos de un atleta olímpico. Y ahí no termina su performance. Lo que sigue es deporte de alto riesgo.

Porque resulta que Pareja no sólo es “el principal abogado de Odebrecht” sino también “el principal abogado de los Isaías”. Bingo. Desde la crisis bancaria para acá todo cabe en el mismo saco.

“Esta es la parte más importante de la sabatina”, anuncia Correa. “Para que vean lo que hemos tenido que enfrentar”. Charly Pareja no sólo es el jefe del esquema de corrupción sino la cabeza visible de la contrarrevolución: “¡Lo que se ha descubierto en los mails en las audiencias!”. Correos electrónicos que el presidente no explica bien si sobrevivieron milagrosamente a la destrucción de la computadora de Pareja, consumada por él mismo antes de darse a la fuga, o si “estaban almacenados en otra parte”, como dejó caer mientras buscaba con la mirada la aprobación de alguien fuera de cámara. ¿Cuál será esa otra parte? ¿Los archivos de la Senain?

Pareja: implicado en el caso Refinería. Abogado de Odebrecht. Abogado de los Isaías. ¿Para qué seguir investigando? Aquí es donde entra el video de la Secom con sus caretos y sus flechitas, pruebas irrefutables de la gran conspiración cuyos hilos se manejan desde Miami. Flechita a Fundamedios: ustedes se encargan de la campaña mediática. Flechita a Fernando Villavicencio: usted se encarga de escribir sobre la corrupción en el gobierno. Flechita a Emilio Palacio y Galo Lara: ustedes se encargan de victimizarse. Todo para “atacar al presidente y tratar de desestabilizarlo”. “Una verdadera contrarrevolución con plata de Isaías y sus corifeos en Ecuador” ¡Hay que ver lo que ha tenido que enfrentar el presidente! ¡Que dos galarifos se victimicen es intolerable! Eso tumba a cualquier gobierno.

Correa encontró la mejor forma de culpar a los mensajeros. No importa que las “campañas mediáticas” de Fundamedios sobre los atropellos contra la libertad de expresión perpetrados por el gobierno estén fundadas en hechos ciertos. No importa que las investigaciones de Fernando Villavicencio sobre la corrupción correísta estén tan bien documentadas que no han podido ser desmentidas hasta la fecha por ninguno de los funcionarios implicados en ellas. Basta con lanzar la acusación, sin más pruebas que una flechita entre dos caretos, de recibir de que sus autores son financiados por los Isaías para desvanecerlo todo. Y decir Isaías quiere decir crisis bancaria, quiere decir Charly Pareja, o sea Odebrecht, Refinería Esmeraldas, Mauro Terán, Jacobo Sanmiguel… Y no hay que seguir tirando de esa cuerda porque seguro aparecen Darth Vader y Saruman. La maldad en estado puro.

Lo de Correa no es una cortina de humo: es una avalancha de escombros en la que cabe todo lo que pueda encontrar en el desván de sus malquerencias y que descarga sobre el caso Refinería Esmeraldas con la esperanza de tapar sus propias responsabilidades políticas y las de su candidato vicepresidente.

La corrupción de los otros llena de orgullosa alegría al presidente y le insufla el pecho de una ciega cólera en partes iguales. Ya no hace falta seguir buscando donde todos han buscado y esculcado hasta con lupa y que ha sido investigado, fiscalizado, auditado y supervigilado hasta en sus mínimos detalles: su propio gobierno. Ahí no hay nada y nada han encontrado. Porque “somos gente de manos limpias” y “el problema de la corrupción no es el control, el problema de la corrupción es el corazón del ser humano, la falta de principios, la falta de valores”. Busquen más bien al otro lado de la Plaza Grande porque de éste sólo hallarán corazones ardientes por la patria”. Los malos son los demás.

Rodas se volvió aliado de sus sepultureros

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Volar a Washington fue la peor idea que pudo ocurrírsele al acalde.

En primer lugar, porque a estas alturas no existe actor político de la ciudad que no reconozca la esterilidad del viaje; hasta Gonzalo Rosero lo hizo notar hoy jueves en radio Democracia. Denunciar una persecución política en su contra, exigir una lista de nombres al Departamento de Justicia de Estados Unidos, ofrecer su colaboración para esclarecer el caso Odebrecht…  Todo no es más que un saludo a la bandera y un despliegue escenográfico, y nada de eso demanda su presencia allá; otra cosa es que él no quiera estar acá. En segundo lugar, fue una mala idea porque su ausencia (y la de Mauro Terán, cabe suponer) propició una insubordinación del Concejo Metropolitano a la que plegaron incluso concejales aliados e independientes que por lo general votan con él. Ahora Mauricio Rodas tiene por delante una sesión extraordinaria en la que deberá rendir cuentas de las informalidades admitidas por él mismo: la de sus conversaciones con Odebrecht y la de su relación con Mauro Terán, asesor sin nombramiento a quien el presidente de la República atribuye la condición de ser “el poder tras el poder en el Municipio”.

Sesión extraordinaria: justo lo que él quería evitar, sólo que ahora son 19 de 21 concejales quienes se la exigen. Antes de su partida no llegaban a 11. Que se recuerde, es la primera vez que este alcalde, cuya estrategia política consiste precisamente en evadir la política, termina siendo forzado por el Concejo a aterrizar en ella.

Se discutió y aprobó el proyecto de resolución presentado por Daniela Chacón, que incluye la convocatoria a sesión extraordinaria (para que el alcalde informe sobre las actuaciones de todos sus “asesores externos”) y la adopción de varias medidas para transparentar el proceso de contratación de Odebrecht y la relación de Mauro Terán con la Alcaldía: examen de la Contraloría a las declaraciones de bienes de los concejales; examen especial a todos los funcionarios que participaron en el proceso de contratación de Odebrecht en ésta y la anterior administraciones; sanción a los funcionarios que no entregan al público la información pública; disposición para que la Empresa Municipal de Obras Públicas y la Empresa Metro de Quito remitan en 15 días al Concejo toda la documentación relacionada con Odebrecht que mantienen en secreto…

Todo salió mal para Mauricio Rodas.

Primero: la información que su alcaldía demoraba en entregar la repartió Eduardo del Pozo, el vicealcalde a cargo de dirigir la sesión, pronto a reaccionar a la coyuntura con gestos magnánimos que lo hagan flotar ante los concejales.

Segundo: su defensa de que el problema de Mauro Terán, imputado por fraude fiscal, es uno de índole particular que nada tiene que ver con el Municipio dado que no es funcionario, fue desvirtuada por Daniela Chacón con el argumento de la responsabilidad pública: si Terán cumplió delegaciones del alcalde sin ser funcionario, o sea sin la posibilidad de ser fiscalizado ni la obligación de rendir cuentas a nadie, el caso es más grave de lo que la Alcaldía pretende.

Tercero: sus intenciones de borrarse del mapa hasta el 22 de enero quedaron al descubierto y fueron objeto de burlas y de suspicacias. Porque no sólo iba a Washington el alcalde. Su próxima escala programada era Davos, donde pretendía asistir al Foro Económico Mundial. O sea que después de salvar al Ecuador en Estados Unidos Rodas quería salvar al mundo en Suiza mientras dejaba a Quito arder en llamas. “¡Suiza!”, se escandalizó el concejal correísta Jorge Albán: “¡El mayor paraíso fiscal del planeta!”. Finalmente se anunció que Rodas, que al parecer no sabe si va o viene y vacila por momentos en su estrategia de improvisaciones, había cambiado de opinión y decidido regresar el día 14.

Ya nadie pasó por alto el tema de las “conversaciones informales” con Odebrecht admitidas por Rodas en la anterior sesión del Concejo, la semana pasada. En ese momento muy pocos reaccionaron ante esa revelación tan comprometedora. Hoy todos se escandalizan. Y todos aportan con su granito de arena a la montaña de dudas que genera Mauro Terán: que no sólo era operador político sino administrativo, dijo Patricio Ubidia; que era el delegado directo del alcalde para cuestiones importantes, aseguró Anabel Hermoza; que se reunía con todos y coordinaba la agenda legislativa, reveló Luisa Maldonado…

Sin argumentos defendibles, los concejales fieles a Rodas recurrieron a la obstrucción jurídica y apelaron a cuestiones de procedimiento. Según ellos, nadie sino el alcalde tiene la atribución de convocar a sesión extraordinaria del Concejo. Incluso contaron con la ayuda del procurador municipal, que fue llamado a consulta y se pronunció a favor de esa extraña interpretación que, de ser cierta, dejaría a un órgano parlamentario sin la posibilidad de autoconvocarse. No bastó. La concejal Ivonne von Lippke arrastró, metafóricamente hablando, al procurador municipal. “Usted no es juez”, le dijo, y procedió a darle lo que llamó “una lección de derecho”.

Si Von Lippke arrastró al procurador, Albán hizo lo propio con el secretario del Concejo, a quien se le ordenó la semana pasada remitir toda la documentación faltante sobre el proceso Odebrecht y no lo hizo. “¡Usted es secretario del Concejo, no del alcalde!”, le recordó Albán, exaltado.

Ese es el clima con que deberá enfrentarse Mauricio Rodas la próxima semana cuando acuda a la sesión extraordinaria del Concejo. Lo que traiga de su viaje, el informe del resultado de sus gestiones ante los organismos que visitó en Washington, de poco le servirá para contener la avalancha que se le viene encima. Básicamente porque no hay resultados que mostrar. Sus relaciones con el Concejo Metropolitano están en su peor momento. Y, para su desgracia, no cuenta con un Mauro Terán que le apague el incendio con negociaciones informales.

Odebrecht despertó a los concejales de Alianza País

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Los concejales de Alianza País en el municipio de Quito ahora sí quieren fiscalizar a Mauricio Rodas. Lo demostraron esta mañana adhiriéndose al pedido de convocar una sesión extraordinaria para que el alcalde rinda cuentas sobre las “conversaciones informales” con Odebrecht y sobre el caso de Mauro Terán.

Ahora esos concejales quieren conocer el contrato, que reposa en la notaría 36, y que fue negociado “informalmente” por Mauricio Rodas con Odebrecht hace dos años. Ahora quieren saber qué hacía exactamente Mauro Terán en el municipio, donde estuvo, según Rodas, desde que inició su gestión. Ahora, de paso, quieren conocer toda la información sobre la Solución Vial Guayasamín…

El caso de los concejales de Alianza País deja perplejo. ¿No sabían, entonces, nada de la obra más importante de Quito que involucra miles de millones de dólares? ¿Por qué no solicitaron antes el contrato? ¿Por qué nunca se inquietaron de que no estuviera publicado y de que ni siquiera estuviera colgado en la página web de la alcaldía metropolitana? No solo nada sabían de ese contrato: no saben nada porque acaban de descubrir que el alcalde Rodas hizo subir a la web apenas un tercio de ese documento que tiene más de 500 páginas.

Ahora quieren saber cuál era el estatus de Mauro Terán y hasta dónde se involucró en las decisiones en que intervino. ¿Acaso no lo conocían? ¿Acaso no sabían de su preponderancia en la alcaldía, pues tenía oficina y parqueadero en el municipio? ¿Acaso no sabían que él era el hombre fuerte de la administración, que Rodas no tomaba decisiones fundamentales sin oír su parecer al punto de que Rafael Correa dijo, en sus cuentas de redes, que Terán era el poder tras el poder en la alcaldía? Es imposible que el perfil de Terán haya pasado inadvertido para esos concejales (también para los de SUMA-Vive, para Eduardo del Pozo y para los independientes).

Es inaudito que Rodas haya podido firmar un acuerdo secreto con los chinos sobre la Solución Vial Guayasamín sin que el conjunto de concejales (aliados, independientes y de oposición) hayan señalado no solo la inconveniencia sino la aberración de lo que eso significa. Esta alerta, que 4Pelagatos recogió oportunamente, la dieron sobretodo los ciudadanos en las redes sociales. Y se ganaron ataques e insultos por parte de troles que nada tienen que envidiar a los del gobierno nacional.

Hoy que Rodas, presionado por los eventos, ha levantado, en parte, el velo sobre sus actuaciones, los concejales de Alianza País se activan políticamente contra él. No hay cómo evitar concluir que lo hacen por puro cálculo político. Y que es por cálculo político que han evitado fiscalizar a Rodas. Naturalmente que les resulta improcedente cuestionar, por ejemplo, el mecanismo utilizado para negociar con los chinos porque lo inventó –y lo usa– el gobierno al que representan: las alianzas público-privadas. Mecanismo antidemocrático y opaco que permite a la autoridad ocultar información bajo el pretexto de ser confidencial o reservada. Mecanismo que saca a los ciudadanos del escenario público y ampara la corrupción cuando no la aúpa directamente.

Se entiende por qué los concejales de Alianza País solo reaccionan ahora cuando luce imposible no pronunciarse. Su deseo de fiscalizar a Rodas acompaña, como es obvio, la estrategia del gobierno que es empantanar al alcalde (indefendible e impresentable en los dos casos) para evitar responder sobre las denuncias del departamento de Justicia de Estados Unidos: en ellas se habla de sobornos por $33,5 millones dados a funcionarios del gobierno central entre 2007 y 2016. Es irremediable comprobar que hasta los concejales de Alianza País en Quito consideran que la lucha contra la opacidad administrativa y la corrupción obdece más a las agendas políticas de su partido que a convicciones democráticas y a su compromiso con el cargo que los quiteños les confiaron.

Mauricio Rodas puso pies en polvorosa

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Mauricio Rodas compra tiempo desesperadamente. Por horas. Ante la perspectiva de rendir cuentas este jueves ante el Concejo Metropolitano sobre su relación con el detenido Mauro Terán, puso pies en polvorosa. Hoy voló a Washington dizque para pedir al Departamento de Justicia de Estados Unidos que difunda la información completa sobre las supuestas prácticas irregulares de Odebrecht en Ecuador. Para que “se esclarezca la verdad –dijo en el aeropuerto, antes de subirse al avión– y se desvirtúen todas las acusaciones, las especulaciones sin sustento”. También acudirá a los organismos de derechos humanos de la OEA para denunciar lo que considera como una persecución política del gobierno en su contra. Este viaje, montado a última hora, le permitirá eludir por esta semana los dos pedidos presentados por los concejales (uno de Daniela Chacón, otro del bloque de PAIS) para que explique con detalles los alcances de su relación con el asesor político Mauro Terán, detenido por orden de la Fiscalía bajo la acusación de fraude fiscal.

En un comunicado que leyó ante la prensa hoy, 10 de enero, Rodas dijo conocer a Mauro Terán como “una persona honorable”. De paso, dio por cerrados dos temas que lo acosan: uno con el Concejo y otro con la opinión pública. Al Concejo, que solicita debatir el tema, le dijo que cualquier lío que su asesor tuviera con las autoridades tributarias es un problema “de índole particular”. A la opinión pública, interesada en saber qué hace Mauro Terán en la alcaldía, ratificó que él no es funcionario municipal, pero que ha colaborado con su administración desde el principio. Lo cual da más fuerza a las preguntas planteadas por los concejales. Los de PAIS aseguran haber visto a Terán como delegado del alcalde en las reuniones donde se conformaron las comisiones municipales e intermediando entre la Alcaldía y el Concejo. Ellos y Daniela Chacón se preguntan en virtud de qué figura legal lo hacía. Y si cumplía, además, otros papeles en los directorios de las empresas municipales y en la negociación de contratos.

Lo de la figura legal es clave. El alcalde admite que Terán no es funcionario. ¿Trabajaba gratis? ¿Por qué tenía oficina y parqueadero? ¿Por qué la secretaria del Concejo era su mano derecha? ¿Cómo consiguió ascender hasta el punto en que el presidente de la República lo llama “el poder tras el poder en el Municipio de Quito”?

En lugar de quedarse en Quito para contestar estas preguntas al Concejo, Rodas ensaya un gesto tan teatral como vacuo: viaja hasta Washington para presentar, seguramente en una ventilla del Departamento de Justicia, un documento que podría enviar por correo electrónico. Y que, de cualquier manera, carece de sentido: ¿el alcalde de Quito va a decir al Departamento de Justicia de Estados Unidos lo que tiene que hacer? Esta opereta terminará con una foto p’al Face. Como la que se hizo en Roma con el Papa.

A Washington lo acompaña Gastón Velázquez, presidente encargado de la Comisión Metropolitana Quito Honesto. Gracias a esta coyuntura la opinión pública se ha enterado de su existencia. También Rodas tiene, como Correa, una suerte de secretaría de la transparencia donde un equipo de funcionarios recibe un salario para perseguir la corrupción mientras la corrupción campea.

Es curioso por demás que, mientras Rodas pide en Washington que se entregue toda la información, en Quito es especialista en ocultarla. Los concejales de PAIS revelaron hoy que el contrato con Odebrecht, que la Alcaldía hizo publicar esta semana con 10 meses de retraso, es en realidad un tercio del contrato total: publicaron 180 páginas de las 530 que tiene el original que reposa en una notaría y cuya copia está a disposición del público por 800 dólares. Además, no ha entregado 33 documentos que él citó en su informe sobre Odebrecht pero ningún concejal ha visto.

Otro de los problemas que le esperaban el jueves al Alcalde es la acusación que hizo Rafael Correa este lunes en sus redes sociales. “Tenemos movimientos millonarios –dijo– en cuentas de candidato de derecha por Tungurahua a la Asamblea”. En clara referencia al caso de Mauro Terán, Correa dijo que tampoco ese candidato tiene “cargo” pero que “todos saben (está) vinculado a las negociaciones del Metro”. No dio nombres. 4Pelagatos supo que el tungurahuense Jacobo Sanmiguel, que es candidato alterno de su propia esposa en la lista nacional de la alianza CREO-SUMA, fue parte de la delegación que viajó a Brasil con Mauricio Rodas en marzo de 2014, es decir, después de electo pero antes de asumir el cargo. Quizás el alcalde pueda decir quién pagó ese viaje que se hizo en un momento en que ya Odebrecht había si precalificada para participar en la licitación por el metro y había presentado, en sobre cerrado, la carpeta con su oferta.

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