Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

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Mauricio Rodas

Rodas se cocina en su propia salsa

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mauricio rodas en washington, gonzalo koncke, ed.

Mauricio Rodas puede decir lo que quiera: en Washington le fue muy mal. No sólo hizo un viaje infructuoso para entregar un puñado de comunicaciones irrelevantes en lugares donde nadie entendía qué quería sino que causó mala impresión en los funcionarios con quienes se reunió. En el Departamento de Justicia no lo recibieron. Tampoco lo hizo el secretario general de la OEA, Luis Almagro, cuyo despacho le agendó una cita pero terminó enviando a un subalterno. En el resto de lugares (el Senado, el Departamento de Estado y la CIDH) sus ofrecimientos de ayuda, sus solicitudes de información sobre el caso Odebrecht y sus denuncias de persecución política fueron tomadas como lo que son: pataleos retóricos sin valor ni consecuencias. Para colmo, a su regreso encontró las cosas en el punto donde las dejó: con el Concejo exigiéndole explicaciones sobre el doble escándalo de las “conversaciones informales” con Odebrecht y las actuaciones de su operador político, Mauro Terán, preso por indicios de fraude fiscal. ¿Esperaba otra cosa? Finalmente la sesión extraordinaria de la que Rodas venía huyendo se producirá este jueves a las 10h00. Y él, que quiso ganar tiempo en Washington y lo perdió, no ha dado un paso que permita suponer que esta vez sí va a asumir sus responsabilidades.

Sobre el viaje a Washington da ternura oírlo: “Fue un viaje exitoso –dijo este lunes en Teleamazonas, donde lo entrevistó Janeth Hinostroza– porque permitió transmitir el enorme interés de la Alcaldía para que se conozca toda la verdad sobre Odebrecht y que caiga quien tenga que caer”. Cualquiera puede notar la desproporción  de estas palabras: es obvio que “dar a conocer el enorme interés de la Alcaldía para que se conozca toda la verdad sobre Odebrecht” es una acción que no sirve para nada: no sirve al caso, no sirve a la Alcaldía, no sirve a la ciudad. Y se podía hacer por Internet. Pero el periplo del alcalde no sólo fue infructuoso sino impertinente, como demuestra Daniela Salazar en el único balance publicado hasta el momento sobre el viaje. Los funcionarios que lo atendieron en el Departamento de Estado y en el Senado se habrán sorprendido de que acudiera a ellos con un tema en el que no pueden interferir por elemental respeto a la independencia de funciones del Estado. Y para quienes lo escucharon en la OEA y la CIDH, donde denunció una supuesta persecución política en su contra, lo único que quedó claro es que Mauricio Rodas no tiene un caso.

Si se pregunta en los despachos por donde pasó el alcalde, las impresiones generales no le favorecen. La primera, muy mala, tiene que ver con la obsesión de Rodas por exculparse. Un funcionario que llega para ofrecer su colaboración para resolver un caso de corrupción pero, cuando habla, no hace otra cosa que alegar inocencia, no puede sino despertar sospechas. Así, de despacho en despacho, fue el alcalde de Quito repartiendo su ansiedad por todo Washington. Los funcionarios que lo atendieron vieron a un tipo demasiado nervioso, un tanto confuso y ciertamente poco articulado a la hora de exponer su situación. Asustado, incluso. Que no sabía disgregar los temas de fondo de los datos de interés puramente local, incomprensibles en el extranjero. Que no fue capaz de presentar un resumen ejecutivo de lo que quería decir, que se enrollaba mucho. Y que tuvo la fatuidad de ir arrastrando un fotógrafo adonde fuera, ante cuya cámara saludaba con pose triunfal y cara de Facebook  a la salida de cada edificio público que visitaba.

Lo de Almagro debió doler. El secretario general de la OEA es famoso en Washington por recibir a todo el mundo. Incluso a grupos de estudiantes que han solicitado audiencias. Y Rodas tenía una cita. Pero ni Almagro estuvo para recibirlo ni la sede principal de la Organización le abrió las puertas. Fue en un edificio subalterno donde se reunió no con el secretario general sino con su jefe de gabinete, Gustavo Koncke. En la foto que el alcalde se hizo tomar con él y circuló en las redes sociales aparece Koncke con la misma cara de palo que pone el Papa cuando lo visita Macri, según hace notar significativamente un funcionario de la OEA que siguió el encuentro.

Aún después de tanto desplante y tanta indiferencia, Rodas tiene la pasta de acudir a Teleamazonas para hablar de los logros alcanzados en su viaje. Y para repetir su defensa en los casos Odebrecht y Mauro Terán como si no hubiera pasado un día desde que estallaron ambos escándalos. Rodas se aferra a sus argumentos iniciales que ya fueron desvirtuados y desechados en su ausencia, a los que ha sumado un par de nuevos, tan deleznables como los anteriores.

Sigue negando Rodas que Mauro Terán cumpliera otras funciones que no fueran las de un asesor político externo, a pesar de que varios concejales dieron testimonio de lo contrario en la sesión de la semana pasada. A pesar, también, de que los vecinos de El Condado y el barrio Bolaños, afectados por los proyectos de construcción de los Quitocables y de la vía Guayasamín, respectivamente, han declarado por escrito que conocieron a Terán no como un asesor político de Rodas, sino como el hombre que fue a negociar con ellos, a nombre del alcalde, los procesos de expropiación y desalojo.

Sigue repitiendo el alcalde el argumento de que el fraude fiscal que se imputa a Terán es un delito que nada tiene que ver con el Municipio, como si la probidad de quienes desempeñan funciones públicas, con o sin contrato, fuera un asunto privado. De hecho el alcalde, interrogado al respecto, es incapaz de decir de qué vive este personaje que dedica gran parte de su tiempo a servirlo.

Ahora sale además con que “es un gesto de delicadeza con la ciudad y con la administración municipal” él mantener a Terán fuera de la nómina, pues su área de trabajo es la política y el Municipio, lo dijo sin sonrojarse en Teleamazonas, “es una organización que se dedica a la gestión administrativa”. Como si no estuviera ya demasiado claro que la principal virtud de esta política consiste en mantener a Terán a resguardo de fiscalizaciones, auditorías y otras responsabilidades públicas propias de todo funcionario.

Niega que Terán tenga parqueadero en la sede municipal pero lo cierto es que ahí se parquea todos los días. Niega que tenga oficina pero lo cierto que la tuvo. Niega que exista en su administración un esquema de reparto de administraciones zonales entre concejales pero lo cierto es que las pruebas de ese reparto (que, además, le consta a todo el mundo) fueron presentadas en el propio Concejo  e incluyen grabaciones de audio y video que constan en actas.

Sigue jurando que el proceso de contratación del metro es el más transparente de la historia por el hecho de haber sido aprobado por los organismos multilaterales de crédito que financian el proyecto. Como si el Banco Mundial, la Corporación Andina de Fomento o la Unión Europea actuaran como entes fiscalizadores en el Ecuador.

Sigue diciendo que el único documento del que se dispone en este caso, el informe del Departamento de Justicia de Estados Unidos, no menciona a su Alcaldía. Y asegura que eso demuestra su inocencia. Cuando resulta claro que ese informe, en realidad, no menciona a nadie, y que la publicación de los nombres todavía está por producirse.

Por último, sin que Janet Hinostroza alcance a reaccionar y plantear las repreguntas que la situación reclama a gritos, se inventa el alcalde un nuevo eufemismo para dorar la píldora de las “conversaciones informales” que admitió haber tenido con Odebrech: ahora las llama “reuniones de trabajo”. Y dice que los organismos multilaterales estaban al tanto. Pero sigue sin saberse quiénes participaron, cuántas fueron, qué temas se trataron. Porque la verdad es que de esas reuniones no hay actas ni informes ni rendiciones de cuentas ni nada.

¿Son esas las respuestas que piensa llevar el jueves a la sesión extraordinaria del Concejo? Su desafortunado viaje a Washington debió ser una lección de humildad para Mauricio Rodas. Debió enseñarle que hay temas que no se pueden postergar y problemas que sólo se solucionan afrontándolos, no quejándose ni levantando cortinas de humo. Debió aterrizarlo sobre sus propias responsabilidades políticas. No fue así: el alcalde da muestras de que no entendió nada y parece estar dispuesto a aferrarse a su capacidad infinita de negación hasta que pase la tormenta. Pero la tormenta sólo pasará una vez se publique la lista de nombres de los implicados en los casos de sobornos repartidos por Odebrecht en el Ecuador. Hay en estos momentos 77 funcionarios de esa empresa brasileña que han firmado un acuerdo con el Departamento de Justicia de Estados Unidos para entregar esa información a cambio de ventajas judiciales.  Si el alcalde, que se llena la boca de superlativos para hablar de su propia transparencia, tiene la conciencia tranquila con respecto a esa lista de nombres que tarde o temprano se hará pública, no se entiende el porqué de su nerviosismo, de sus dilaciones, de su negativa a afrontar los problemas sin artificios retóricos o eufemismos. Tampoco se entiende el porqué de su estéril viaje a Washington. Este jueves Mauricio Rodas tiene dos alternativas: o asume sus responsabilidades y dice la verdad ante el Concejo o se hunde un poco más en el pantano de la sospecha que se lo está tragando desde el día en que estalló este escándalo.

Arriba: Gonzalo Koncke, jefe de gabinete de la OEA, compone su mejor cara de palo para posar junto al alcalde de Quito. Foto tomada de la cuenta de Twitter de Mauricio Rodas.

La batalla es aquí, señor Alcalde

en Columnistas/Las Ideas por
daniela salazar, foto liviana

Un triste espectáculo acaba de dar el Alcalde de Quito, Mauricio Rodas, durante su reciente gira por Washington, D.C.  Repasemos lo que Rodas denomina una “exitosa agenda internacional”. En primer lugar, Rodas entregó en el Departamento de Estado un documento señalando su interés porque se divulgue información completa sobre el caso Odebrecht. El Departamento de Estado de EEUU es el equivalente a nuestra Cancillería y su competencia se refiere a temas de política exterior. El depositario de los documentos que se han producido en el marco de la investigación del caso Odebrecht no es el Departamento de Estado sino el Departamento de Justicia. Si bien la investigación ha tenido un impacto internacional, pedirle al Departamento de Estado que interfiera en la justicia para que se divulgue información relativa a dicha investigación no parece la posición más respetuosa de la separación de poderes. Lo mismo puede decirse de la reunión entre Rodas y el encargado para América Latina del Comité de Relaciones Internacionales del Senado estadounidense. Pretender que el Senado incida en una investigación de la justicia, resulta, por decir lo menos, antidemocrático.

En su siguiente parada, Rodas entregó un documento para el Departamento de Justicia, nuevamente insistiendo en que se difunda la información completa sobre la investigación del caso Odebrecht. Más allá de lo cuestionable que resulta un viaje del Alcalde para entregar personalmente una carta, es necesario recordar que los documentos que se han publicado son parte de un plea agreement, es decir, un acuerdo en que el acusado admite su culpabilidad a cambio de una concesión fiscal: Odebrecht ha reconocido su responsabilidad y se encuentra cooperando con la justicia estadounidense en el marco de una investigación en curso.  Como parte del acuerdo, 77 ejecutivos de Odebrecht están colaborando con la justicia estadounidense para divulgar, entre otros, la identidad de los funcionarios sobornados. Los documentos que se han revelado son los que se pueden revelar hasta el momento sin comprometer esa investigación en marcha. La carta de un Alcalde, aunque haya sido entregada en persona, difícilmente va a modificar los plazos que maneja el Departamento de Justicia dentro de esta enorme investigación que involucra a funcionarios de una docena de gobiernos.

Posteriormente, el Alcalde se dirigió a la OEA. No pidió la reunión por medio de la Misión del Ecuador ante la OEA. No fue recibido por el Secretario General Almagro sino por su jefe de gabinete. Ninguna de las funciones que la Carta de la OEA en su capítulo XVI le atribuye a la Secretaría General tiene relación alguna con la investigación que sobre el caso Odebrecht realizan la Fiscalía de Ecuador o el Departamento de Justicia de EEUU. Así, la denuncia de Rodas sobre persecución política en época electoral en Ecuador bien pudo realizarse ante la Misión de Observación Electoral de la OEA, que por cierto ya se encuentra en Ecuador, lo que le ahorraba el viaje a Washington, D.C.

Lo más reprochable de su gira por Estados Unidos fue su parada final, en la sede de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, donde denunció que están siendo víctimas de persecución política. La Comisión Interamericana tiene a su cargo la promoción de la observancia y la defensa de los derechos humanos en los Estados de la OEA. Realiza sus funciones a través de distintos procedimientos, todos ellos son formales y ninguno requiere que la supuesta víctima viaje en persona a Washington D.C. Si el Alcalde o su equipo se consideran víctimas de violaciones a sus derechos humanos, pueden presentar una denuncia a través de un formulario en línea, después de haber agotado los recursos de la jurisdicción interna. Pretender saltarse los procedimientos tanto internos como internacionales para ser recibido por la Comisión, que tiene más de 9600 denuncias de violaciones de derechos humanos pendientes de estudio inicial, demuestra una absoluta falta de respeto frente a las víctimas de derechos humanos que desde hace años esperan que este organismo tan colapsado pueda tramitar sus casos.

No dudo que en Ecuador se esté utilizando a la justicia con fines persecutorios. Pero este no es el primer caso. ¿Por qué el Alcalde no ha alzado su voz ante otros perseguidos políticos? El silencio cómplice del Alcalde ante los casos de persecución sólo se rompió cuando le tocaron a su mano derecha. Intriga que ahora el Alcalde señale que el gobierno de Rafael Correa está usando este caso para perseguir a la oposición,  cuando él nunca se ha identificado a sí mismo como oposición. Llama la atención que justo en época de elecciones pretenda distanciarse del gobierno, cuando durante su administración no ha hecho más que reproducir algunas de las peores prácticas del correísmo, como la falta de transparencia en la contratación pública y el uso de cuentas institucionales como repetidoras de la propaganda oficial.

Si el Alcalde quiere luchar contra la corrupción, debe alzar su voz en todos los casos, no sólo en aquellos que podrían comprometer al Municipio. Si el Alcalde busca que todos podamos conocer la verdad tras el caso Odebrecht, debe dejar de dirigir todos sus esfuerzos a politizar el caso. Si el Alcalde todavía se considera democrático, debe dejar de pretender que organismos ajenos a la justicia presionen a los encargados de una investigación en curso. Si el Alcalde tiene elementos para demostrar que se está utilizando la justicia como herramienta de persecución política, debe dar la batalla en Ecuador, no correr a lamentarse en Washington.

Sabatina 508: Indiana Jones contra los chicos malos

en La Info por
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La corrupción de los otros. Así debería titularse la sabatina número 508 que el presidente ofició desde el cantón Rumiñahui. Se acababa de bajar del avión que lo trajo desde Nueva York, donde desplegó una titánica agenda que lo afianzó como uno de los grandes líderes mundiales del momento, y apenas se dio tiempo para desayunar. Porque “así es la vida del presidente, como Indiana Jones”.

Ocurre que el presidente encontró la clave del esquema de corrupción que sacude al Ecuador: se llama Charly Pareja y es, dice, el “jefe de toda esta red”. Charly Pareja, hombre histórico de Febres Cordero, recibió transferencias de dinero sucio de Carlos Bravo y está prófugo. Ya lo tenían en Lima pero el gobierno lo dejó escapar con sospechosa negligencia, según ha revelado la diplomacia peruana. Se entiende por qué: a este señor nadie lo quiere donde pueda hablar. Sin embargo, el presidente está feliz de haber dado con él porque resulta extremadamente provechoso a la hora de imaginar conspiraciones. Basta dibujar su careto en una cartulina y luego tender flechitas hacia los caretos de sus contactos reales o ficticios, tal y como hizo la Secom en el video en que explica el caso.

El resultado es algo peor que un esquema de corrupción: es el mapa de lo que el presidente llama “la contrarrevolución”. Y es delirante. Ahí, juntos en el mismo saco, están Odebrecht y los Isaías, Mauro Terán y Andrés Páez, Jacobo San Miguel (a quien alude pero no nombra) y Fundamedios, Fernando Villavicencio y Galo Lara… Todos son parte de una misma operación, todos están unidos por flechitas más o menos directas al careto de Charly Pareja. Ahora resulta que Mauro Terán tiene que ver con el escándalo de la Refinería, Fundamedios es cómplice de la crisis bancaria, Fernando Villavicencio se las trae con Odebrecht… Porque según el presidente todo es lo mismo.

Si Rafael Correa consigue establecer tan curiosas conexiones es gracias a la abrumadora imprecisión con que habla de estos temas delicados. Le basta, por ejemplo, con el hecho de que “el principal implicado en el caso Refinería”, Charly Pareja, sea “el principal abogado de Odebrecht”, para concluir que ambos casos son uno solo. El caso Refinería, dijo, ahora es el caso Odebrecht. El uno trata de cómo se repartieron 30 millones en sobornos; el otro, de cómo se gastaron 2.200 millones en construcción de infraestructura bajo la responsabilidad de su vicepresidente. No importa, desde hoy son un solo caso. Charly Pareja lo prueba.

Así que arrancaron las investigaciones y no tardaron en dar con el primer culpable: Mauro Terán. El presidente habla del asesor informal de Mauricio Rodas con la certeza de que los 6 millones no declarados que encontraron en sus cuentas provienen de coimas repartidas por Odebrecht. Ya lo dijo el sábado anterior pero en esta ocasión se explaya. Expone sus cuentas, pone en ridículo al alcalde que viajó a Washington “a quejarse con los patrones”, deplora el silencio de los medios de comunicación que él llama mercantilistas… Y vuelve a poner sobre el tapete al otro gran implicado, al que prefiere no nombrar porque es candidato a asambleísta (por CREO, había dicho) y no puede ser imputado hasta después de elecciones. A estas horas ya nadie duda de que se trata de Jacobo Sanmiguel, el único candidato de Tungurahua del que se tenga noticia que acompañó al alcalde en un viaje a Brasil. Según el presidente ha manejado “como 30 millones”. Qué casualidad: la misma suma que repartió Odebrecht en el país según el informe del Departamento de Justicia de Estados Unidos. “Ya están detectados los movimientos –dice Correa–, multimillonarios”. Y cuando habla produce la incómoda sensación de que maneja datos privilegiados, información que la Fiscalía niega al común de los mortales pero aparece en la sabatina como si tal cosa; y la aún más incómoda sensación de que está dando instrucciones. Porque todos los movimientos financieros son “coincidentes con la negociación del metro de Quito con Odebrecht”. Y claro, él no cree en coincidencias, está clarísimo lo que la justicia debe hacer.

Habla Correa sin parar y en la avalancha de datos e interpretaciones que despacha alegremente el espectador se extravía y pierde con facilidad el hilo de su razonamiento. Pero ¿no había dicho, antes de empezar a repartir culpas entre los amigos de Mauricio Rodas, que se disponía a hablar del caso Refinería Esmeraldas? Sí, eso dijo. Y apenas nombró a Charly Pareja saltó hacia Mauro Terán con la soltura de huesos de un atleta olímpico. Y ahí no termina su performance. Lo que sigue es deporte de alto riesgo.

Porque resulta que Pareja no sólo es “el principal abogado de Odebrecht” sino también “el principal abogado de los Isaías”. Bingo. Desde la crisis bancaria para acá todo cabe en el mismo saco.

“Esta es la parte más importante de la sabatina”, anuncia Correa. “Para que vean lo que hemos tenido que enfrentar”. Charly Pareja no sólo es el jefe del esquema de corrupción sino la cabeza visible de la contrarrevolución: “¡Lo que se ha descubierto en los mails en las audiencias!”. Correos electrónicos que el presidente no explica bien si sobrevivieron milagrosamente a la destrucción de la computadora de Pareja, consumada por él mismo antes de darse a la fuga, o si “estaban almacenados en otra parte”, como dejó caer mientras buscaba con la mirada la aprobación de alguien fuera de cámara. ¿Cuál será esa otra parte? ¿Los archivos de la Senain?

Pareja: implicado en el caso Refinería. Abogado de Odebrecht. Abogado de los Isaías. ¿Para qué seguir investigando? Aquí es donde entra el video de la Secom con sus caretos y sus flechitas, pruebas irrefutables de la gran conspiración cuyos hilos se manejan desde Miami. Flechita a Fundamedios: ustedes se encargan de la campaña mediática. Flechita a Fernando Villavicencio: usted se encarga de escribir sobre la corrupción en el gobierno. Flechita a Emilio Palacio y Galo Lara: ustedes se encargan de victimizarse. Todo para “atacar al presidente y tratar de desestabilizarlo”. “Una verdadera contrarrevolución con plata de Isaías y sus corifeos en Ecuador” ¡Hay que ver lo que ha tenido que enfrentar el presidente! ¡Que dos galarifos se victimicen es intolerable! Eso tumba a cualquier gobierno.

Correa encontró la mejor forma de culpar a los mensajeros. No importa que las “campañas mediáticas” de Fundamedios sobre los atropellos contra la libertad de expresión perpetrados por el gobierno estén fundadas en hechos ciertos. No importa que las investigaciones de Fernando Villavicencio sobre la corrupción correísta estén tan bien documentadas que no han podido ser desmentidas hasta la fecha por ninguno de los funcionarios implicados en ellas. Basta con lanzar la acusación, sin más pruebas que una flechita entre dos caretos, de recibir de que sus autores son financiados por los Isaías para desvanecerlo todo. Y decir Isaías quiere decir crisis bancaria, quiere decir Charly Pareja, o sea Odebrecht, Refinería Esmeraldas, Mauro Terán, Jacobo Sanmiguel… Y no hay que seguir tirando de esa cuerda porque seguro aparecen Darth Vader y Saruman. La maldad en estado puro.

Lo de Correa no es una cortina de humo: es una avalancha de escombros en la que cabe todo lo que pueda encontrar en el desván de sus malquerencias y que descarga sobre el caso Refinería Esmeraldas con la esperanza de tapar sus propias responsabilidades políticas y las de su candidato vicepresidente.

La corrupción de los otros llena de orgullosa alegría al presidente y le insufla el pecho de una ciega cólera en partes iguales. Ya no hace falta seguir buscando donde todos han buscado y esculcado hasta con lupa y que ha sido investigado, fiscalizado, auditado y supervigilado hasta en sus mínimos detalles: su propio gobierno. Ahí no hay nada y nada han encontrado. Porque “somos gente de manos limpias” y “el problema de la corrupción no es el control, el problema de la corrupción es el corazón del ser humano, la falta de principios, la falta de valores”. Busquen más bien al otro lado de la Plaza Grande porque de éste sólo hallarán corazones ardientes por la patria”. Los malos son los demás.

Rodas se volvió aliado de sus sepultureros

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concejo sublevado

Volar a Washington fue la peor idea que pudo ocurrírsele al acalde.

En primer lugar, porque a estas alturas no existe actor político de la ciudad que no reconozca la esterilidad del viaje; hasta Gonzalo Rosero lo hizo notar hoy jueves en radio Democracia. Denunciar una persecución política en su contra, exigir una lista de nombres al Departamento de Justicia de Estados Unidos, ofrecer su colaboración para esclarecer el caso Odebrecht…  Todo no es más que un saludo a la bandera y un despliegue escenográfico, y nada de eso demanda su presencia allá; otra cosa es que él no quiera estar acá. En segundo lugar, fue una mala idea porque su ausencia (y la de Mauro Terán, cabe suponer) propició una insubordinación del Concejo Metropolitano a la que plegaron incluso concejales aliados e independientes que por lo general votan con él. Ahora Mauricio Rodas tiene por delante una sesión extraordinaria en la que deberá rendir cuentas de las informalidades admitidas por él mismo: la de sus conversaciones con Odebrecht y la de su relación con Mauro Terán, asesor sin nombramiento a quien el presidente de la República atribuye la condición de ser “el poder tras el poder en el Municipio”.

Sesión extraordinaria: justo lo que él quería evitar, sólo que ahora son 19 de 21 concejales quienes se la exigen. Antes de su partida no llegaban a 11. Que se recuerde, es la primera vez que este alcalde, cuya estrategia política consiste precisamente en evadir la política, termina siendo forzado por el Concejo a aterrizar en ella.

Se discutió y aprobó el proyecto de resolución presentado por Daniela Chacón, que incluye la convocatoria a sesión extraordinaria (para que el alcalde informe sobre las actuaciones de todos sus “asesores externos”) y la adopción de varias medidas para transparentar el proceso de contratación de Odebrecht y la relación de Mauro Terán con la Alcaldía: examen de la Contraloría a las declaraciones de bienes de los concejales; examen especial a todos los funcionarios que participaron en el proceso de contratación de Odebrecht en ésta y la anterior administraciones; sanción a los funcionarios que no entregan al público la información pública; disposición para que la Empresa Municipal de Obras Públicas y la Empresa Metro de Quito remitan en 15 días al Concejo toda la documentación relacionada con Odebrecht que mantienen en secreto…

Todo salió mal para Mauricio Rodas.

Primero: la información que su alcaldía demoraba en entregar la repartió Eduardo del Pozo, el vicealcalde a cargo de dirigir la sesión, pronto a reaccionar a la coyuntura con gestos magnánimos que lo hagan flotar ante los concejales.

Segundo: su defensa de que el problema de Mauro Terán, imputado por fraude fiscal, es uno de índole particular que nada tiene que ver con el Municipio dado que no es funcionario, fue desvirtuada por Daniela Chacón con el argumento de la responsabilidad pública: si Terán cumplió delegaciones del alcalde sin ser funcionario, o sea sin la posibilidad de ser fiscalizado ni la obligación de rendir cuentas a nadie, el caso es más grave de lo que la Alcaldía pretende.

Tercero: sus intenciones de borrarse del mapa hasta el 22 de enero quedaron al descubierto y fueron objeto de burlas y de suspicacias. Porque no sólo iba a Washington el alcalde. Su próxima escala programada era Davos, donde pretendía asistir al Foro Económico Mundial. O sea que después de salvar al Ecuador en Estados Unidos Rodas quería salvar al mundo en Suiza mientras dejaba a Quito arder en llamas. “¡Suiza!”, se escandalizó el concejal correísta Jorge Albán: “¡El mayor paraíso fiscal del planeta!”. Finalmente se anunció que Rodas, que al parecer no sabe si va o viene y vacila por momentos en su estrategia de improvisaciones, había cambiado de opinión y decidido regresar el día 14.

Ya nadie pasó por alto el tema de las “conversaciones informales” con Odebrecht admitidas por Rodas en la anterior sesión del Concejo, la semana pasada. En ese momento muy pocos reaccionaron ante esa revelación tan comprometedora. Hoy todos se escandalizan. Y todos aportan con su granito de arena a la montaña de dudas que genera Mauro Terán: que no sólo era operador político sino administrativo, dijo Patricio Ubidia; que era el delegado directo del alcalde para cuestiones importantes, aseguró Anabel Hermoza; que se reunía con todos y coordinaba la agenda legislativa, reveló Luisa Maldonado…

Sin argumentos defendibles, los concejales fieles a Rodas recurrieron a la obstrucción jurídica y apelaron a cuestiones de procedimiento. Según ellos, nadie sino el alcalde tiene la atribución de convocar a sesión extraordinaria del Concejo. Incluso contaron con la ayuda del procurador municipal, que fue llamado a consulta y se pronunció a favor de esa extraña interpretación que, de ser cierta, dejaría a un órgano parlamentario sin la posibilidad de autoconvocarse. No bastó. La concejal Ivonne von Lippke arrastró, metafóricamente hablando, al procurador municipal. “Usted no es juez”, le dijo, y procedió a darle lo que llamó “una lección de derecho”.

Si Von Lippke arrastró al procurador, Albán hizo lo propio con el secretario del Concejo, a quien se le ordenó la semana pasada remitir toda la documentación faltante sobre el proceso Odebrecht y no lo hizo. “¡Usted es secretario del Concejo, no del alcalde!”, le recordó Albán, exaltado.

Ese es el clima con que deberá enfrentarse Mauricio Rodas la próxima semana cuando acuda a la sesión extraordinaria del Concejo. Lo que traiga de su viaje, el informe del resultado de sus gestiones ante los organismos que visitó en Washington, de poco le servirá para contener la avalancha que se le viene encima. Básicamente porque no hay resultados que mostrar. Sus relaciones con el Concejo Metropolitano están en su peor momento. Y, para su desgracia, no cuenta con un Mauro Terán que le apague el incendio con negociaciones informales.

Odebrecht despertó a los concejales de Alianza País

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Los concejales de Alianza País en el municipio de Quito ahora sí quieren fiscalizar a Mauricio Rodas. Lo demostraron esta mañana adhiriéndose al pedido de convocar una sesión extraordinaria para que el alcalde rinda cuentas sobre las “conversaciones informales” con Odebrecht y sobre el caso de Mauro Terán.

Ahora esos concejales quieren conocer el contrato, que reposa en la notaría 36, y que fue negociado “informalmente” por Mauricio Rodas con Odebrecht hace dos años. Ahora quieren saber qué hacía exactamente Mauro Terán en el municipio, donde estuvo, según Rodas, desde que inició su gestión. Ahora, de paso, quieren conocer toda la información sobre la Solución Vial Guayasamín…

El caso de los concejales de Alianza País deja perplejo. ¿No sabían, entonces, nada de la obra más importante de Quito que involucra miles de millones de dólares? ¿Por qué no solicitaron antes el contrato? ¿Por qué nunca se inquietaron de que no estuviera publicado y de que ni siquiera estuviera colgado en la página web de la alcaldía metropolitana? No solo nada sabían de ese contrato: no saben nada porque acaban de descubrir que el alcalde Rodas hizo subir a la web apenas un tercio de ese documento que tiene más de 500 páginas.

Ahora quieren saber cuál era el estatus de Mauro Terán y hasta dónde se involucró en las decisiones en que intervino. ¿Acaso no lo conocían? ¿Acaso no sabían de su preponderancia en la alcaldía, pues tenía oficina y parqueadero en el municipio? ¿Acaso no sabían que él era el hombre fuerte de la administración, que Rodas no tomaba decisiones fundamentales sin oír su parecer al punto de que Rafael Correa dijo, en sus cuentas de redes, que Terán era el poder tras el poder en la alcaldía? Es imposible que el perfil de Terán haya pasado inadvertido para esos concejales (también para los de SUMA-Vive, para Eduardo del Pozo y para los independientes).

Es inaudito que Rodas haya podido firmar un acuerdo secreto con los chinos sobre la Solución Vial Guayasamín sin que el conjunto de concejales (aliados, independientes y de oposición) hayan señalado no solo la inconveniencia sino la aberración de lo que eso significa. Esta alerta, que 4Pelagatos recogió oportunamente, la dieron sobretodo los ciudadanos en las redes sociales. Y se ganaron ataques e insultos por parte de troles que nada tienen que envidiar a los del gobierno nacional.

Hoy que Rodas, presionado por los eventos, ha levantado, en parte, el velo sobre sus actuaciones, los concejales de Alianza País se activan políticamente contra él. No hay cómo evitar concluir que lo hacen por puro cálculo político. Y que es por cálculo político que han evitado fiscalizar a Rodas. Naturalmente que les resulta improcedente cuestionar, por ejemplo, el mecanismo utilizado para negociar con los chinos porque lo inventó –y lo usa– el gobierno al que representan: las alianzas público-privadas. Mecanismo antidemocrático y opaco que permite a la autoridad ocultar información bajo el pretexto de ser confidencial o reservada. Mecanismo que saca a los ciudadanos del escenario público y ampara la corrupción cuando no la aúpa directamente.

Se entiende por qué los concejales de Alianza País solo reaccionan ahora cuando luce imposible no pronunciarse. Su deseo de fiscalizar a Rodas acompaña, como es obvio, la estrategia del gobierno que es empantanar al alcalde (indefendible e impresentable en los dos casos) para evitar responder sobre las denuncias del departamento de Justicia de Estados Unidos: en ellas se habla de sobornos por $33,5 millones dados a funcionarios del gobierno central entre 2007 y 2016. Es irremediable comprobar que hasta los concejales de Alianza País en Quito consideran que la lucha contra la opacidad administrativa y la corrupción obdece más a las agendas políticas de su partido que a convicciones democráticas y a su compromiso con el cargo que los quiteños les confiaron.

Mauricio Rodas puso pies en polvorosa

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Mauricio Rodas compra tiempo desesperadamente. Por horas. Ante la perspectiva de rendir cuentas este jueves ante el Concejo Metropolitano sobre su relación con el detenido Mauro Terán, puso pies en polvorosa. Hoy voló a Washington dizque para pedir al Departamento de Justicia de Estados Unidos que difunda la información completa sobre las supuestas prácticas irregulares de Odebrecht en Ecuador. Para que “se esclarezca la verdad –dijo en el aeropuerto, antes de subirse al avión– y se desvirtúen todas las acusaciones, las especulaciones sin sustento”. También acudirá a los organismos de derechos humanos de la OEA para denunciar lo que considera como una persecución política del gobierno en su contra. Este viaje, montado a última hora, le permitirá eludir por esta semana los dos pedidos presentados por los concejales (uno de Daniela Chacón, otro del bloque de PAIS) para que explique con detalles los alcances de su relación con el asesor político Mauro Terán, detenido por orden de la Fiscalía bajo la acusación de fraude fiscal.

En un comunicado que leyó ante la prensa hoy, 10 de enero, Rodas dijo conocer a Mauro Terán como “una persona honorable”. De paso, dio por cerrados dos temas que lo acosan: uno con el Concejo y otro con la opinión pública. Al Concejo, que solicita debatir el tema, le dijo que cualquier lío que su asesor tuviera con las autoridades tributarias es un problema “de índole particular”. A la opinión pública, interesada en saber qué hace Mauro Terán en la alcaldía, ratificó que él no es funcionario municipal, pero que ha colaborado con su administración desde el principio. Lo cual da más fuerza a las preguntas planteadas por los concejales. Los de PAIS aseguran haber visto a Terán como delegado del alcalde en las reuniones donde se conformaron las comisiones municipales e intermediando entre la Alcaldía y el Concejo. Ellos y Daniela Chacón se preguntan en virtud de qué figura legal lo hacía. Y si cumplía, además, otros papeles en los directorios de las empresas municipales y en la negociación de contratos.

Lo de la figura legal es clave. El alcalde admite que Terán no es funcionario. ¿Trabajaba gratis? ¿Por qué tenía oficina y parqueadero? ¿Por qué la secretaria del Concejo era su mano derecha? ¿Cómo consiguió ascender hasta el punto en que el presidente de la República lo llama “el poder tras el poder en el Municipio de Quito”?

En lugar de quedarse en Quito para contestar estas preguntas al Concejo, Rodas ensaya un gesto tan teatral como vacuo: viaja hasta Washington para presentar, seguramente en una ventilla del Departamento de Justicia, un documento que podría enviar por correo electrónico. Y que, de cualquier manera, carece de sentido: ¿el alcalde de Quito va a decir al Departamento de Justicia de Estados Unidos lo que tiene que hacer? Esta opereta terminará con una foto p’al Face. Como la que se hizo en Roma con el Papa.

A Washington lo acompaña Gastón Velázquez, presidente encargado de la Comisión Metropolitana Quito Honesto. Gracias a esta coyuntura la opinión pública se ha enterado de su existencia. También Rodas tiene, como Correa, una suerte de secretaría de la transparencia donde un equipo de funcionarios recibe un salario para perseguir la corrupción mientras la corrupción campea.

Es curioso por demás que, mientras Rodas pide en Washington que se entregue toda la información, en Quito es especialista en ocultarla. Los concejales de PAIS revelaron hoy que el contrato con Odebrecht, que la Alcaldía hizo publicar esta semana con 10 meses de retraso, es en realidad un tercio del contrato total: publicaron 180 páginas de las 530 que tiene el original que reposa en una notaría y cuya copia está a disposición del público por 800 dólares. Además, no ha entregado 33 documentos que él citó en su informe sobre Odebrecht pero ningún concejal ha visto.

Otro de los problemas que le esperaban el jueves al Alcalde es la acusación que hizo Rafael Correa este lunes en sus redes sociales. “Tenemos movimientos millonarios –dijo– en cuentas de candidato de derecha por Tungurahua a la Asamblea”. En clara referencia al caso de Mauro Terán, Correa dijo que tampoco ese candidato tiene “cargo” pero que “todos saben (está) vinculado a las negociaciones del Metro”. No dio nombres. 4Pelagatos supo que el tungurahuense Jacobo Sanmiguel, que es candidato alterno de su propia esposa en la lista nacional de la alianza CREO-SUMA, fue parte de la delegación que viajó a Brasil con Mauricio Rodas en marzo de 2014, es decir, después de electo pero antes de asumir el cargo. Quizás el alcalde pueda decir quién pagó ese viaje que se hizo en un momento en que ya Odebrecht había si precalificada para participar en la licitación por el metro y había presentado, en sobre cerrado, la carpeta con su oferta.

La cortina de humo que asfixia a Rodas

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El caso Odebrehct cayó como una bomba de alta potencia en medio de la Plaza Grande. A ambos lados del monumento a la Independencia los rabos de paja han comenzado a arder. Y los abogados, asesores y funcionarios de alto rango se entregan a la tarea de tender cortinas de humo para dirigir la atención de los ciudadanos hacia donde no les incomode. Carondelet y el Municipio protagonizan este mano a mano de acusaciones y suspicacias mutuas en el cual la figura de Mauro Terán, el operador político del alcalde Mauricio Rodas detenido el viernes por orden de la Fiscalía y sobre quien pesa una acusación de fraude fiscal, parece llamada a desempeñar un papel clave.

La olla de grillos de Odebrecht se destapó con la publicación de un informe del Departamento de Justicia según el cual la constructora brasileña repartió sobornos por 33 millones de dólares en Ecuador entre los años 2007 y 2016. El primer funcionario gubernamental que salió a dar la cara para afrontar la embestida de la opinión pública fue el secretario jurídico de la Presidencia, Alexis Mera. Recordó que fue el gobierno nacional quien expulsó a Odebrecht en 2008, lo cual es cierto. Pero también es cierto –y no lo dijo– que la volvieron a traer en condiciones muy perjudiciales para el país, como ya contó 4pelagatos. De inmediato, Mera puso en marcha la que se ha demostrado es la principal estrategia de Carondelet en este caso: dirigir todas las sospechas de corrupción hacia el Municipio de Quito.

Dijo: “El gobierno nacional no es el más grande contratante de Odebrecht, el más grande contratante de Odebrecht es el Municipio de Quito, que ha tenido dos grandes contratos: el de la Ruta Viva y el del Metro, que está en ejecución”. La declaración saltó a la portada del diario correísta El Telégrafo y los trolls del gobierno, con la unanimidad que los caracteriza, se entregaron a la tarea de lanzar lodo contra el alcalde Rodas y su administración.

Siguió el intercambio de versiones entre los dos alcaldes implicados: Augusto Barrera y Mauricio Rodas. Barrera hace notar que, si bien el concurso para la adjudicación del metro fue convocado durante su gobierno, todo el proceso contractual quedó en manos de su sucesor, que terminó incrementando los costos. Rodas, de su parte, respaldado en un informe de Contraloría, acusa a su antecesor de haber subvalorado el presupuesto referencial de la obra, con los consiguientes problemas a la hora de adjudicarla y contratarla.

Pero el problema para el alcalde no está solamente en Carondelet, mucho menos en Barrera. Su pesadilla está dentro de casa: en el Concejo Municipal, donde apenas maneja una precaria mayoría por un voto de diferencia, fruto de los esfuerzos negociadores del ahora detenido Mauro Terán. Esa mayoría no le impide ponerse en evidencia durante los debates.

Los pedidos de los concejales de oposición para que se rindiera un informe pormenorizado sobre las relaciones del Municipio con Odebrecht obligaron a Rodas a tratar el tema en una sesión extraordinaria, el miércoles de la semana pasada, a la que acudió visiblemente nervioso e irritable. Y aunque tenía todo preparado y bien montado, con la ayuda del gerente de la Empresa Metro de Quito, Mauricio Anderson, le fue mal. Fue durante esa sesión que el alcalde terminó admitiendo haber mantenido “conversaciones informales” con Odebrecht, conversaciones que condujeron, dijo, a la redacción de un “acta de entendimiento”. De esas reuniones no se levantaron actas, se ignora cuántas fueron y quiénes asistieron a ellas. Mauricio Anderson asegura que todas ocurrieron en las oficinas de Metro de Quito, pero muchos se preguntan si los viajes del alcalde a Brasil (adonde fue acompañado, entre otros, por Guillermo Celi y el tungurahuense Jacobo San Miguel, hoy candidatos a asambleístas nacionales por la alianza CREO-SUMA) tienen alguna relación con este caso.

Que en medio del escándalo de Odebrecht, que es un caso de alcances continentales, un funcionario de alto rango admita haber tenido “conversaciones informales” con esa empresa antes de adjudicarle el contrato más jugoso de la historia de la ciudad, es algo que sería un escándalo para cualquier servidor público que no tuviera las buenas relaciones con los medios de comunicación tradicionales que Rodas se ha preocupado por cultivar.

El siguiente capítulo de esta historia ocurrió el viernes por la noche en el aeropuerto de Quito, donde el asesor sin nombramiento y operador político de Rodas, Mauro Terán, fue detenido por orden de la Fiscalía, acusado de fraude fiscal. Se detectaron movimientos no justificados por 6 millones de dólares en sus cuentas bancarias. En el Municipio se sabe que Terán, aparte de ejercer la mediación política entre la Alcaldía y el Concejo, ejerce su poder y su influencia en la llamada “mesa chica de decisiones”, un gabinete extraoficial por donde pasan las decisiones importantes del Cabildo. Y muchos lo colocan a la cabeza de las negociaciones y los contratos más sensibles.

Por eso, al día siguiente, cuando el presidente Rafael Correa se presentó en su sabatina, una enigmática sonrisa le pintaba el rostro. Como quien se guarda el as ganador bajo la manga, anunció que están por conocerse las investigaciones que demuestran que la corrupción en este caso no está en el gobierno, sino en otros organismos. El lunes por la mañana, en sus cuentas de redes sociales, fue más específico. Dijo que Mauro Terán “es el poder tras el poder en el Municipio de Quito”, cosa que sabe todo el mundo y en particular él, que durante años negoció con Terán a través de su secretario privado, Omar Simon. Y, por primera vez y aunque los cargos levantados por la Fiscalía no hacen ninguna alusión al respecto, vinculó a Terán con el caso Odebrecht: “Ha tenido depósitos millonarios en sus cuentas –dice–, sin registrar ingresos al SRI”. Y la perla: “Coincide con fechas de contratación del metro”.

Habló también de “movimientos millonarios en cuentas de candidato de derecha por Tungurahua a la Asamblea, nuevamente sin cargo, pero todos saben vinculado a negociaciones del metro”.

Por supuesto que en Carondelet saben perfectamente quién es Terán. Que decidan actuar contra él en este momento, mientras con la otra mano persiguen y dejan escapar a Charly Pareja, símbolo de los manejos socialcristianos, revela que el gobierno está empeñado a fondo en una estrategia distractora para alejar de sí todas las sospechas. El caso es que Terán fue detenido en tiempo récord (que ya quisiera el Ecuador haber visto aplicado en otros casos, como el de Pareja Yannuzzelli, por ejemplo) y no está claro que se le respetaran sus derechos a un debido proceso. ¿Lo acusan de un fraude fiscal operado entre 2012 y 2016 y lo toman preso por delito flagrante en 2017? No es muy ortodoxo.

¿Es esto es una cortina de humo, como dicen los trolls del Municipio, tan activos y violentos como los del gobierno? Sí, pero una que tiene un fuerte asidero en la realidad y que obliga a Mauricio Rodas a dar explicaciones sobre su operador político, las atribuciones que él le ha concedido, las funciones que desempeña en el Municipio, su papel en la negociación de los contratos… ¿Lo hará? Los concejales de oposición están empeñados en que así sea. Ya hay un pedido presentado (por Daniela Chacón) para que se incluya ese punto en el orden del día de la sesión que el Concejo Metropolitano tiene programada para el próximo jueves. Y el bloque de PAIS está por elevar el suyo. Pedidos que la secretaría del Concejo está obligada a tramitar.  ¿Se presentará el alcalde y rendirá cuentas ante la opinión pública? La cortina de humo que fabricó el gobierno para eludir sus propias responsabilidades en el caso Odebrecht se volvió una telaraña para el alcalde de Quito.

¿Quién es el asesor de Rodas apresado por Galo Chiriboga?

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En el Municipio de Quito lo identifican como el poder tras el trono. El hombre a quien todos (y todos quiere decir todos, incluido el alcalde) regresan a ver en las reuniones de comisión antes de aprobar o rechazar una propuesta. El principal operador político de Mauricio Rodas, en cuyo nombre negocia con la oposición cuando se aproximan votaciones difíciles en el Concejo. Personaje tan cercano al alcalde como para formar parte de la extraoficial “mesa chica de decisiones”, junto con Armando Rodas, Santiago Zeas, Óscar Rivera, Jaime Durán… Es Mauro Terán, a quien la Fiscalía detuvo la noche del viernes 6 de enero bajo la acusación de defraudación tributaria.

Que el Municipio, luego de su detención, emitiera un comunicado oficial firmado por el administrador Miguel Dávila, negando que Mauro Terán sea funcionario municipal, es una estrategia que recuerda la manera de operar de los socialcristianos. En efecto: no es funcionario municipal. No tiene nombramiento, aunque sí tiene asignado un parqueadero y también tuvo una oficina. Pero el hecho de no ser funcionario municipal no le impide ser el hombre más cercano al alcalde (con la probable excepción de su hermano Armando). No le impide moverse a todos lados (como consta en la abundante documentación fotográfica) con la secretaria del Concejo, María Elisa Holmes, su brazo derecho, quien dejó su cargo para encabezar la lista de candidatos a la Asamblea por CREO en un distrito de la provincia del Guayas. Ni asistir en el Municipio a todas las reuniones que considere necesarias (también hay fotos). Y, sobre todo, no le ha impedido ejercer su poder sobre cada decisión política, cada negociación, cada contrato, cada nombramiento de importancia.

En el gobierno lo conocen bien. De Mauro Terán se dice que tiene un pie puesto a cada lado de la Plaza Grande. Su contacto en Carondelet era Omar Simon, hasta hace poco secretario privado del presidente de la República, con quien lo une una vieja amistad que proviene de su común origen latacungueño. Con esta relación y sus habilidades negociadoras, Terán fue el hombre clave para asegurar el aporte del gobierno al proyecto del metro para Quito. Tiene también excelentes relaciones con la Contraloría y la Procuraduría, en cuyas manos reside el poder de detener cualquier proyecto municipal (Solución Guayasamín o Quitocables, por ejemplo) con un informe desfavorable.

Su incidencia al interior del Municipio es enorme. Es el ideólogo de ciertos cambios administrativos y políticos que transformaron el funcionamiento del Cabildo. El primero de ellos: una resolución que otorgó a la administración general el poder (antes exclusivo de las secretarías) de firmar contratos. Esto benefició directamente a quien entonces ocupaba el cargo de administradora municipal, Alexandra Pérez, a quien en el Municipio se identifica como socia de Terán. Pero sobre todo Mauro Terán es conocido por haber inventado un novedoso sistema de negociación política para garantizar la gobernanza en el Concejo Metropolitano. Un asunto delicado para Mauricio Rodas, que inició su administración con una precaria mayoría que ha sabido mantener a duras penas pese a las deserciones de Ivonne von Lippke, Sergio Garnica y Daniela Chacón de las filas de su partido.

Con sólo dos concejales de SUMA, Terán supo manejar con rienda corta a sus aliados de VIVE (cuatro) y mantener a su lado a tres de los cinco independientes (Karen Sánchez, Eddy Sánchez y el mismo Garnica). Así ha mantenido la mayoría de un voto hasta el día de hoy. ¿Cómo lo logró? Negociando espacios de manejo político con los concejales. En la práctica, la estrategia pasa por entregarles el manejo de las administraciones zonales, entre otros espacios de poder. Esto es público: cuando los vecinos de Quitumbe, por ejemplo, necesitan presentar una petición al Municipio, saben que la persona indicada para negociarla es Eddy Sánchez. Lo mismo ocurre con el resto de administraciones zonales. Terán las negoció todas reuniéndose a puerta cerrada con los concejales difíciles, uno por uno. El mapa quedó más o menos así: La Delicia para Marco Ponce; Los Chillos para Renata Moreno; Tumbaco para Pedro Freire; Calderón para Sergio Garnica; Eloy Alfaro para Mario Granda; Quitumbe para Eddy Sánchez; Eugenio Espejo para Antonio Ricaurte, hasta su salida del Concejo… Y no sólo las administraciones zonales: hay otros espacios de poder muy apetecidos. La Empresa de Hábitat y Vivienda, por ejemplo, quedó en manos del actual vicealcalde, Eduardo del Pozo, de CREO. Y el Mercado Mayorista fue para Marco Ponce. Esto lo sabe cualquiera. Basta preguntar a los dirigentes barriales, a las asociaciones de vecinos, a las organizaciones sociales vinculadas a sectores específicos de la ciudad: todos ellos saben perfectamente a quién tienen que dirigirse según su pertenencia a una u otra administración zonal.

Lea aquí cómo Correa en su sabatina mencionó indirectamente el caso de Mauro Terán

Los resultados de este esquema han sido claramente exitosos en lo político y francamente deplorables en lo administrativo. Convertidas en botín político, las administraciones zonales operan con estrategias clientelares: las que el concejal a cargo diseñe para su beneficio. Eddy Sánchez, por ejemplo, tiene en Quitumbe la base para la formación de su movimiento político: el MASS. Todo lo cual crea un conflicto terrible con la institucionalidad del Municipio, especialmente con la oficina encargada (en los papeles) de coordinar esas administraciones zonales: la Secretaría de Coordinación Territorial. El resultado es desastroso: los niveles de ejecución presupuestaria de algunas administraciones son bajísimos. Los Chillos, por ejemplo. Y (otra vez) Quitumbe.

Sí, Mauro Terán no es un funcionario municipal, como se apresuró a aclarar el administrador general del Municipio en su comunicado. Pero nadie como él ha ejercido el poder dentro de ese organismo. Tanto, que los informantes consultados por 4pelagatos prefieren (aunque la mayoría de ellos ya no se encuentra trabajando ahí) mantener el anonimato por temor a posibles represalias. A Mauro Terán se le teme. El caso es que sus versiones coinciden. Y todos lo colocan en la cabeza de las negociaciones más sensibles, especialmente cuando se trata de contratos. No cualquier contrato: sólo los que superan los 300 mil dólares y constan en una lista especial. Terán no se encarga de menos. La compra de biarticulados, el metro, la Solución Guayasamín, los Quitocables… ¿Será que el tipo de negociaciones que lleva a cabo en esos contratos es de aquellos que requieren, precisamente, de alguien que no sea funcionario?

Foto: la detención de Terán en el aeropuerto de Quito. Diario Extra

¿Cómo contrató Rodas a Odebrecht? Informalmente…

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La negociación entre el Municipio de Quito y Odebrecht para reducir el monto del contrato del Metro se hizo en “conversaciones informales”. No se levantaron actas, así que no se puede saber qué cuestiones se trataron en ellas. Tampoco está claro, salvo por un puñado de nombres, quiénes asistieron. Ni cuántas hubo. Algunos concejales se preguntan dónde tuvieron lugar. Nada se sabe, salvo que fueron informales. Tanto, que el alcalde Mauricio Rodas se niega a llamarlas negociaciones. Negociación, lo que se dice negociación, no hubo ninguna, explica. ¿Cómo podía haberla si Odebrecht se negó? La comisión negociadora ni siquiera se llegó a conformar. Se habían abierto las carpetas con las ofertas de las empresas participantes en el concurso y se había descubierto que todas ellas superaban el presupuesto referencial con alrededor de 500 millones de dólares. El Municipio propuso entonces al consorcio Odebrecht-Acciona, que había presentado la mejor oferta, abrir un proceso de negociación para reducir el monto de la propuesta. Pero Odebrecht-Acciona dijo que no negociaría nada hasta que no se le adjudicara el contrato. Entonces tuvieron lugar estas “reuniones de carácter informal” que condujeron a la redacción de un “acta de entendimiento”, diáfana, pulcra, transparente, que fue aprobada por los organismos multilaterales de crédito. ¿Se consiguió que Odebrecht-Acciona rebajara el monto del proyecto? No. El monto del proyecto lo rebajó Rodas en 50 millones haciendo carambolas por otros lados. Pero al consorcio se le adjudicó el contrato. La informalidad trae sorpresas.

Todo esto se supo durante la sesión extraordinaria del Concejo Metropolitano de la capital que se celebró la tarde del miércoles 4 de enero para tratar un único punto: la relación entre el Municipio y Odebrecht. Y se supo nada menos que de boca del propio alcalde Rodas y del gerente de la Empresa Metro de Quito, Mauricio Anderson. Habían omitido esos detalles del informe que presentaron al principio pero terminaron contándolos cuando no tuvieron más remedio, pues los concejales de oposición (que algo sabían) los ametrallaron a preguntas. Fue una sesión tensa, pródiga en altisonancias y roces verbales, donde demasiada gente estaba demasiado irritable: Rodas, sus concejales afines y los de PAIS, bajo cuya administración empezó este lío. Odebrecht parece tener el don de poner nervioso a todo el mundo.

Lo curioso es que, aún en medio de estas revelaciones, Mauricio Rodas continuó llenándose la boca con la palabra “transparencia” hasta el final de la jornada. ¿Cuántas veces la pronunció? Decenas. En todos los tonos posibles. Ya durante la presentación del informe despachó frases superlativas del tipo “este es el contrato más vigilado de la historia del Ecuador”. Dijo que cada paso había contado con la aprobación y el aval de los organismos multilaterales. Nada podía ser más limpio. Y se apoyó en un informe de Contraloría para negar, “ca-te-go-ri-ca-men-te”, así dijo, que durante su administración se hubiera producido un incremento en el costo del proyecto. “Jamás”. Lo que hubo fue un presupuesto referencial subvalorado. ¿Quién tiene la culpa? La administración anterior, que abrió el proceso de licitación. El tema mantuvo a los de PAIS, particularmente a Jorge Albán, ocupados en salvar los muebles, hablando de tuneladoras, potenciaciones, gastos generales, costos indirectos y otros temas intrincados inaccesibles para quienes no conozcan de antemano el difuso laberinto del proyecto Metro Q.

El primero que mencionó el asunto de las reuniones informales fue el concejal correísta Luis Reina, a quien Mauricio Rodas se complace en tratar pésimo. Reina quiso saber quién estuvo a cargo de las negociaciones. “¿Quién llegó a los acuerdos –preguntó al alcalde–, lo hizo usted? ¿Encargó a alguien? ¿Cuándo y dónde se reunieron?”. Lanzó estas preguntas ladinamente, sin afirmar nada pero subrayando cada palabra para cargarla de suspicacia. “¿Se reunieron acaso en algún bufete de abogados, en algún banco?” ¿En las oficinas de Odebrecht quizás? ¿O viajaron al extranjero? ¿Quién corrió con esos gastos?  El concejal Marco Ponce lo interrumpió, ofendido y tembloroso. Rodas lo arrastró. Lo llamó ignorante. Le dijo que haga el favor de atender: ¿no oyó que no hubo negociaciones? Pero la avalancha estaba en camino. A partir de ese momento, no hubo concejal de oposición que no pidiera aclaraciones sobre este punto. Finalmente Rodas y el gerente Anderson lo admitieron: esas reuniones informales existieron. Transparentes, muy transparentes. Y tuvieron lugar en las oficinas de la Empresa Metro de Quito, en ningún otro sitio. No en Brasil, no en el despacho de Odebrecht, no en un banco, no en un edificio de avenida Amazonas y República, no en un bufete de abogados…

Por lo demás, la transparencia de este proceso de contratación no se diferencia en mucho de la de otros megaproyectos municipales, como la Solución Guayasamín y los Metrocables, y consiste en escamotear los documentos esenciales para que los concejales de oposición y los ciudadanos no los vean. En este caso, el contrato con Odebrecht. ¿Dónde está? “Es público, por supuesto que es público”, aseguró varias veces Rodas al borde del ataque de nervios, aunque no fuera sino para matizarlo más tarde como quien no quiere la cosa: es público, sí, lo que pasa es que no ha sido publicado. Ni está en la página Web de la Empresa Metro de Quito ni fue entregado a los concejales ni nada. Está en la notaría donde lo protocolizaron. Cualquiera puede ir allá y verlo.

El caso es que gran parte de la documentación de este proceso o no existe o no es pública, como ya es costumbre en la administración de Rodas, así que el Concejo Metropolitano se vio abocado una vez más a discutir sobre un tema que involucra cientos de millones de dólares (miles de millones esta vez) sin disponer de la información suficiente. Por supuesto que el alcalde se comprometió a entregar a los concejales todo lo que sea necesario. Pero nada garantiza que las conversaciones informales con Odebrecht (una empresa amante de la informalidad donde las hay), revelen sus secretos.

En la imagen: el gerente de la Empresa Metro de Quito, Mauricio Anderson, durante la presentación de su informe ante el Concejo Metropolitano. Foto: Municipio de Quito

Lasso se carga con Quito en su campaña

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Con este artículo 4pelagatos arranca una serie de análisis sobre los temas políticos de la campaña electoral.

Mauricio Rodas es la viva imagen del “distinguido joven” quiteño, “escurridizo y amable”, que retrató el gran Raúl Andrade en una columna de prensa de inquietante actualidad publicada en 1944. Es el clásico político que busca medrar sin comprometerse. En la Sesión Solemne del Concejo Metropolitano se sienta con el presidente de la República a la derecha y su vicealcalde a la izquierda y es incapaz de decir una palabra sobre la persecución judicial que el primero ejerce sobre el segundo. Con el presidente delante habla durante dos horas y media palabras muy bonitas sobre lo mucho que le importa la ciudad pero tampoco dice ni pío sobre la Ley de Plusvalía que tanto la perjudica. En su lugar, prefiere contar historias de canchas sintéticas y contenedores de basura. Porque el “distinguido joven”, tal y como lo describe Andrade, es tan hábil para pronunciar discursos de “abrumadora vaciedad” como para evadirse “con jabonosa soltura de toda situación arriesgada y difícil”. Rodas se acomoda a las circunstancias y evita tomar posiciones. Hasta que no le queda más remedio y ya es muy tarde. Sólo entonces se define: tibiamente. Es el alcalde que baila con Rafael Correa tanto en el sentido literal como en el figurado. A todos los efectos prácticos, es un alcalde correísta más. Hasta en su manera de gobernar la ciudad.

¿Quién se compró este angelito? Guillermo Lasso lo hizo. Paradójicamente, el más anticorreísta de los candidatos a la Presidencia. Más que comprárselo, lo cultivó. Lo viene haciendo desde 2013, exactamente, cuando el movimiento CREO declinó correr por la alcaldía de Quito para despejar el camino del candidato de SUMA. Juan Carlos Solines quedó colgado de la brocha y Rodas comprometió, ya entonces, su apoyo para las presidenciales. Cuando SUMA obtuvo resultados satisfactorios en varias provincias, incluyendo las alcaldías de Manta, Portoviejo y Santo Domingo, Lasso supo que había hecho un buen negocio. Ahora puede incorporar ese aparato y esos votos a su capital político pero le toca cosechar al angelito. Le va a quedar difícil no apoyarlo cuando Rodas se presente para la reelección en 2019, si es que no se ha comprometido ya a hacerlo. Lo importante, para Lasso, es sumar apoyos a su campaña.

En esta estrategia bien concebida, ¿qué pito toca Quito? Porque se trata aquí de la Alcaldía de Quito, nada menos. ¿Dónde entra la ciudad en esta historia? La respuesta es simple: no entra. Porque no está en los cálculos de Lasso. Él, de aquí, sólo quiere sacar votos. En cuanto a la suerte de Quito en general y a la política quiteña en particular, está claro que no le interesan. Pero no es sólo que no le interesen. Todo lo que ha hecho desde 2013 para acá deja suponer que tampoco le importan. O, simplemente, que no se ha parado a reflexionar sobre las consecuencias que su estrategia política acarrea para la ciudad.

Sin embargo, Lasso sabe perfectamente quién es Rodas. Un alcalde sin visión de ciudad ni políticas públicas definidas. Un alcalde cuya concepción de la obra pública en nada se diferencia de las carreteras de los correístas. Que aprovecha al máximo el mecanismo de las alianzas público-privadas patentado por los mismos correístas para mantener en la opacidad los procesos de contratación. Que se embarca en obras millonarias (la vía Guayasamín, los Quitocables) sin disponer de estudios definitivos, sin fórmulas de transparencia y valiéndose de mentiras para promocionarlas. Un alcalde que reparte las administraciones zonales como cuotas políticas entre los concejales cuyos votos necesita asegurar y crea, de esta forma, pequeños feudos urbanos con sus propias clientelas, irreductibles a cualquier esquema  de administración pública coherente. Un alcalde, en fin, que reproduce en todos sus detalles las prácticas de la vieja política a la que dice oponerse.

Lasso lo sabe de sobra, información no le falta. Sin embargo, él, que también dice oponerse a esa vieja política y pretende representar de alguna forma el rostro de una nueva derecha ecuatoriana, ha decidido, aun conociéndolo, apoyar a ese alcalde. Más aún: fortalecerlo. O fortalecer a su movimiento, que es lo mismo. Entregarle en bandeja algunos de los escaños parlamentarios más apetecidos de la capital. Por ejemplo los del Distrito Sur. Lasso no le hace feos a incluir en su lista de candidatos a la Asamblea a un representante del gremio de taxistas, Carlos Brunnis, cuya capacidad de presión y bloqueo ha hecho imposible durante años la adopción de políticas públicas sobre movilidad que no privilegien sus intereses por encima de los de la ciudad. Otros políticos se habían contentado con tranzar con los taxistas. Lasso (la nueva política, la nueva derecha) los pone en el camino hacia la Asamblea. Él quiere votos. Ya solucionarán los quiteños sus problemas de movilidad como bien puedan.

Todo lo hace en función de su estrategia para ganar las elecciones. Ya que su candidatura precisa de los votos y del aparato de SUMA, Quito bien puede seguir con el alcalde que tiene, aunque mal lo represente. Así, Guillermo Lasso está tomando decisiones que comprometen el futuro político de la capital no en función de los intereses de la capital, que ni siquiera se plantea, sino en función de su campaña para la presidencia, que es lo que le importa. ¿Es esa la nueva política de la nueva derecha ecuatoriana? ¿Desentenderse de las consecuencias políticas de las estrategias electorales? ¿Sacrificar una ciudad a cambio de votos? ¿Es esa una manera respetuosa, por decir lo menos, de intervenir en los asuntos de Quito? Cualquiera pensaría que la tarea de reconstruir la democracia en el país pasa necesariamente por suprimir esas prácticas. Cualquiera apostaría a que la nueva política implica un cierto nivel de coherencia ética a la hora de seleccionar aliados y repartir cuotas de poder. Lasso, claro, no es cualquiera.

Durante la alcaldía de Augusto Barrera, los quiteños se malacostumbraron a que la política de la ciudad se subordinara a las estrategias nacionales de Carondelet y, por tanto, terminara jugándose por fuera del ámbito local. El resultado de ese proceso está a la vista: una crisis de liderazgo y de participación acaso sin precedentes en la ciudad. Crisis de liderazgo y participación que se expresó en el triunfo de Rodas, a quien le cayó la alcaldía en suerte sólo por estar parado en la baldosa adecuada en el momento preciso pero que no dispone de otro talento que el de “saber sonreír y saber escurrirse”, como diría Raúl Andrade.

Rodas representa, para la capital, la muerte de la política. Al entrar en alianza con él, aupar a su movimiento, entregarle cuotas de poder y proyectarlo hacia la reelección, Guillermo Lasso no sólo reproduce el esquema correísta de decidir por Quito desde afuera de Quito (esquema por el que los quiteños habrán de cobrarle un día) sino que contribuye con su granito de arena (en realidad con un camión de ripio) a ahondar el vacío político que tanto daño produce a la capital. ¿Alcanza a percibir la dimensión de lo que está haciendo? En el afán de satisfacer sus necesidades electorales, el candidato de CREO actúa de forma absolutamente irresponsable con una ciudad que no es la suya, que apenas conoce y, con toda seguridad, no entiende.

Foto: El Telégrafo

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