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El Telégrafo: una aberración que no se elimina con Larenas

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Si en algo fue inmensamente exitoso el correísmo es en haber logrado que la sociedad asuma como normal las anomalías más aberrantes que puede sufrir un sistema democrático. Diez años parecen ser suficientes, por ejemplo, para que los ecuatorianos se pongan a discutir sobre cuál debería ser la nueva línea editorial de El Telégrafo como si la existencia de ese diario de propiedad del gobierno no fuera, en sí, una anomalía.

En esta discusión participa un sector que sostiene que nombrar como director de El Telégrafo a alguien como Fernando Larenas que no ha sido parte del Gobierno y que, más bien, ha tenido una posición crítica del correísmo es una traición a la revolución ciudadana y al proyecto político de Alianza País. Por el otro lado están quienes sostienen, pletóricos de esperanza y optimismo, que con el nombramiento del nuevo director finalmente se tendrá un diario público que no responda a los intereses de un partido.

Lo unos y los otros discuten, sin embargo, sobre un absurdo. El Telégrafo es una aberración salida de la mente de Vinicio Alvarado y el debate sobre si el nombramiento del nuevo director es una traición o la reivindicación de lo público es asumir como normal y legítima la existencia de esa aberración.

Veamos. En la lógica de quienes están indignados con el nombramiento de Larenas, Lenín Moreno ha traicionado a su proyecto político.  Se trata de una visión que asume como normal y correcto que El Telégrafo pertenezca al partido de gobierno. Lo más insólito de esta argumentación, sin embargo, no es ya la distorsión brutal del concepto de lo público que existe en parte de la sociedad ecuatoriana, sino que se la asuma como algo tan normal que no hay problema en sostenerla públicamente sin ruborizarse siquiera.  En efecto, Marcela Aguiñaga dijo en declaraciones a Ecaudorinmediato que la prueba del error del nombramiento está en que ésta ha sido saludada por Guillermo Lasso.  Aguiñaga está convencida de que El Telégrafo, como órgano de propaganda de un movimiento político, es parte de la institucionalidad del país. “Si algo, en estos diez años, me parece que el gobierno de Rafael Correa quiso crear en este país fue institucionalidad, y las institucionalidades deben respetarse”, dijo Aguiñaga en Ecuadorinmediato. ¿Un diario que se financia con dineros públicos para servir a un movimiento político puede ser parte de la institucionalidad? Conceptualmente esa posibilidad es un contrasentido, pero en la práctica parece eso se lo está asumiendo como parte de la realidad.

Del otro lado están quienes celebran el nombramiento de Larenas asegurando que, con él, finalmente El Telégrafo será un medio público. En esta corriente está el ex candidato presidencial Guillermo Lasso, que ha felicitado a Lenín Moreno por su decisión. Según el ex candidato, El Telégrafo “finalmente será manejado como un medio público”.  Creer y decir que con la llegada de un periodista independiente a El Telégrafo ese diario va a pasar a ser un medio público no solo que es iluso sino que no aporta, en absolutamente nada, a un verdadero debate sobre la construcción de medios auténticamente públicos. El Telégrafo no tiene ningún paraguas jurídico ni institucional que garantice que este gobierno, o cualquier otro, pueda influir en la política editorial. Y mientras no se articule esa institucionalidad jurídica, El Telégrafo no será, ni por asomo, un medio público.

Para comenzar, el simple hecho de que Larenas sea nombrado por el presidente Moreno hace de ese cargo un cargo político. Por más méritos y buenas intenciones que tenga el nuevo director, que sí los tiene y de sobra, siempre llegará el día en que sus decisiones terminen siendo influenciadas por el poder o terminará renunciando en pocas semanas. Y así no hay independencia posible y el medio terminará inexorablemente siendo portavoz del gobierno.

Los medios realmente públicos, que existen en las democracias maduras, tienen estructuras institucionales que aislan, de la mayor manera posible, al gobierno sobre el manejo editorial de los medios. El ejemplo por antonomasia de esto es la BBC de Londres que es manejada por un board o consejo integrado por personas perfectamente independientes del gobierno. Es famosa la historia de cómo ese medio se resistió a los intentos de Margaret Thatcher a que tome una posición pro británica durante la guerra de Las Malvinas, por ejemplo. De hecho, Thatcher murió convencida de que la BBC había estado del lado del “enemigo” durante la guerra y nunca perdonó a ese medio que no se haya referido a los soldados británicos como “nuestros soldados” sino en tercera persona como los “soldados británicos”. 
En el mundo entero son contadísimos los casos de diarios que son propiedad del Estado o del partido en el gobierno. Éstos se limitan a países donde hay dictaduras como Cuba o democracias precarias como Kenya. De hecho, en ninguna democracia europea hay diarios públicos, aunque sí hay radio y televisión pública por el simple hecho de que el espectro radioeléctrico es propiedad del Estado.

El correísmo lesionó la idea que la sociedad ecuatoriana tiene sobre lo que significa la esfera pública. El Telégrafo no va a ser un diario público aunque se nombre como director a alguien que ha sido independiente del poder. Para que pueda ser público, si es que un diario puede llegar a serlo, tiene que construirse primero una institucionalidad que lo aísle de Moreno o cualquier otra persona que ocupe la Presidencia o cualquier otra función del Estado. No es un tema de buenas intenciones.

Si Alianza País quiere tener un diario propio, como parece que es la aspiración de Marcela Aguiñaga, debería financiarlo con sus fondos partidistas. Pretender que lo paguen los ecuatorianos que no tienen nada que ver con ese movimiento político es pretender que el peculado ya no sea delito.

El gobierno de Lenín Moreno ha dado sin duda un paso interesante con el nombramiento de Larenas y es perfectamente entendible que en las redes sociales se hayan encendido los enhorabuenas. Pero de una y otra forma, quienes han apoyado al gobierno por el nombramiento, están colaborando en la legitimización de la aberrante existencia de El Telégrafo. El problema no está en Larenas, sino en los orígenes mismos del diario.

Lenín Moreno debería pensar en encontrar una fórmula legal e institucional para que El Telégrafo y todos los medios administrados por el gobierno dejen de ser una parcela de poder de Alianza País. Se trata de devolverle a la sociedad algo que le ha sido ilegal e inmoralmente expropiado. Y junto a eso debería también presentar las cuentas de cuánto ha representado al erario nacional su funcionamiento. ¿Cuánto costó el funcionamiento de El Telégrafo desde que fue absorbido por el Gobierno de Rafael Correa? ¿Cuánto cuesta que siga funcionando ese diario?

Devolver a la sociedad lo que le fue arrebatado sin su consentimiento ni información, es la única forma de construir una auténtica esfera pública.  El resto solo sirve para la anécdota.

Moreno dinamita al correísmo en los medios públicos

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Lenín Moreno no quiere dar puntadas sin dedal. Ya le pegó un bazucazo al mito correísta de la economía boyante y ahora va a dinamitar toda la política de comunicación de su antecesor, cambiando a las cabezas de los medios públicos y reuniéndose con los dueños de los medios privados. Todo en menos de 24 horas.

Lenín Moreno ha movido sus alfiles para dar un remezón en el conglomerado de los medios públicos, que durante diez años habían sido centro de operación de la propaganda correísta y del acoso a los medios y periodistas críticos. El martes 11 de julio, Andrés Michelena, uno de los hombres más cercanos a Moreno y quien ha manejado su comunicación durante años, se reunió con los gerentes y jerarcas de los medios públicos y les comunicó la noticia: desde ahora él decidirá las cosas por allá, como gerente general de todos los medios públicos. De lo que 4Pelagatos sabe, de esa reunión quedó en claro que Xavier Lasso saldrá de Ecuador TV y que Munir Massuh ya no será gerente general de Empresa Pública ‘Medios Públicos EP. La decisión incluye sacar a Orlando Pérez de El Telégrafo. Se sabe que luego vendrá un proceso de reformas administrativas y de política editorial en el interior del sistema de medios públicos y que a otras figuras del aparato mediático correísta se les pedirá igualmente la renuncia.

Pero, el remezón en los canales públicos no fue una iniciativa aislada. El miércoles 12 de julio al mediodía, Moreno convocó a Carondelet a los dueños de los medios tradicionales con quienes estuvo reunido hasta cerca de las 15:00. Se trata de la primera vez en diez años que los medios de comunicación son convocados al Palacio de Gobierno. Mientras Rafael Correa era presidente, la política oficial con los medios era de mantenerlos alejados. Como enemigos. Aunque el contenido de la reunión se mantuvo en reserva, el simple hecho de que se haya producido la invitación es altamente significativo y es otro de los gestos de Moreno que lo diferencia del estilo de su antecesor.

La decisión de Moreno de tomarse los medios públicos y de dialogar con los privados se produce en uno de los momentos más calientes de la crisis política en el interior del movimiento Alianza País: cuando el ex presidente Rafael Correa y sus más incondicionales aliados incrementaron sus críticas a Moreno por sus recientes iniciativas de diálogo con la oposición y los sectores sociales; entre ellos, el movimiento indígena.  

La decisión de administrar los medios públicos venía cocinándose desde hace semanas en el alto gobierno de Moreno. Pero la reunión de Michelena con los gerentes de esos medios se produjo pocas horas después de que Moreno hiciera, por primera vez, una crítica al manejo económico del gobierno de Correa.  Moreno, además, dijo que finalmente se respiraba libertad en el país y que “toda la gente va a ir abandonando ese comportamiento ovejuno”.

Tras el 24 de mayo, los medios públicos quedaron como una parcela de poder al servicio de Rafael Correa. Cuando aún era presidente, él emitió un decreto para fusionar al diario El Telégrafo con los otros medios públicos de forma tal que la directiva de ese diario se quedó con el mando de todo el conglomerado de medios administrados por el gobierno. En El Telégrafo estaba ubicado el grupo de personas más incondicional y de la absoluta confianza de Fernando Alvarado, el operador de la propaganda y de la  comunicación durante el correato.

4Pelagatos logró establecer que las tensiones en el conglomerado de medios llamados públicos empezaron poco después de la salida de Correa del poder. Por un lado había gran inconformidad de algunos directivos por la presencia de Orlando Pérez, que nunca dejó de trabajar en El Telégrafo a pesar de que haber sido condenado a 18 días de prisión por haber golpeado a una mujer. Para los círculos más cercanos a Moreno, el hecho de que Pérez continuara dentro del sistema de medios públicos era un asunto que no le hacía bien a la imagen del nuevo gobierno.
Pérez incluso hizo una entrevista a Correa para un programa que tiene en Telesur, horas antes de que el ex presidente saliera del país; entrevista que fue divulgada primero en Facebook y el martes 11 de julio a las 20:00 en la señal abierta de ese canal del chavismo. Las tensiones eran tan grandes que el 5 e julio, día de la transmisión de la entrevista que Javier Lasso hizo al ex presidente Correa en Ecuador TV, hubo llamadas desde Carondelet para que no se la difunda en la señal abierta de ese canal ni en las redes sociales de los medios del gobierno. La agencia Andes, por ejemplo, interrumpió la difusión de la entrevista en su cuenta de Twitter cuándo ésta aún no había concluido.

Con esta decisión, se pone fin al reinado de los operadores que ahí había dejado Fernando Alvarado quien seguía manejando el aparato mediático del gobierno incluso cuando ya no era Secretario de Comunicación, sino Ministro de Turismo. El conglomerado de medios no solo fue uno de los puntales de la política de comunicación y propaganda del Gobierno: tuvo un profundo significado político porque sirvió para satanizar los medios privados y acosarlos, al igual que a los periodistas. Montó programas cuyo objetivo era atacar a opositores y, sobre todo, a periodistas críticos como el programa “Desenmascarando”. Muchas veces estos medios coordinaban con el canal chavista Telesur para divulgar ataques a periodistas, como aquel que reportaje en el que se acusaba a periodistas de recibir dinero de la CIA, incluidos los 4 pelagatos. Los medios como la agencia Andes y El Telégrafo, publicaron sin beneficio de inventario una nota sobre ese reportaje dándole la más absoluta credibilidad.

La invitación a los propietarios de los medios de comunicación a Carondelet es, asímimismo, un golpe fulminante a uno de los cimientos de la cultura política del correato. Rafael Correa dijo varias veces que sus peores enemigos eran los medios privados y declaró, incluso, que eran un problema “planetario”. Su gobierno articuló incluso una campaña internacional alrededor del tema e hizo del combate y el ataque a la prensa privada, a la que llamó mercantilista, un estandarte político.

Moreno se distancia de ese discurso. Y ha dado dos golpes consecutivos a quienes lo profesan, quitándoles a los más radicales el manejo de los medios públicos y tendiendo la mano a los medios privados.

Xavier Lasso, el adulador que prefiere citar al Lenín soviético

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En su charla de despedida a Rafael Correa, el militante Xavier Lasso demostró de forma soberbia y contundente cómo el gobierno de la llamada revolución ciudadana llevó a cabo el más profundo proceso privatizador de la historia moderna del Ecuador.

Lasso mostró, con su guión escrito a la medida del invitado, cómo el gobierno de Correa convirtió a buena parte de los bienes públicos en instrumentos para beneficio de una o de un grupo de personas. Algo que, en el sentido más estricto de la palabra, es una privatización. Porque privatizar es convertir un bien público, como se supone que es Ecuador TV, en una plataforma mediática para uso y beneficio de una persona.   Así como el avión presidencial se utilizó como si fuera el vehículo privado de un magnate, así como las empresas públicas fueron administradas sin fiscalización ni auténtica rendición de cuentas como ocurrió con la Refinería de Esmeraldas o así como los carros del Estado circulan sin placas para llevar a los hijos de los funcionarios al colegio, así fue cómo el canal del Estado estuvo, durante algo más de una hora y media, al servicio absoluto del ex presidente.

Desde el inicio mismo de la entrevista, el entrevistador dejó en claro que estaba ahí para cuidar al entrevistado, hacerlo sentir lo más cómodo posible y si hubo en algún momento en que le quiso comunicar una discrepancia lo hizo casi casi como disculpándose.  No había entrevistador sino maestro de ceremonias, una suerte de relacionista público atento y dispuesto a que su jefe pudiera lucirse.  “¿De qué sirve la corbata?” le preguntó muy al comienzo del encuentro luego de decirle que se la había puesto por primera vez, luego de siete años, y que lo había hecho por tan importante acontecimiento.

Lasso parecía que estaba más interesado en que su entrevistado lo tenga en su lista de partidarios incondicionales:  “Tengo la sensación de que se va abatido y creo que Rafael Correa debe salir por la puerta grande”, le dijo en el algún momento en el que parecía que iba a cuestionar las recientes críticas de Correa al presidente Lenín Moreno. “Se puede desvanecer la revolución ciudadana”, dijo, como suplicándole que deje de lanzar dardos al nuevo gobierno porque “no debemos hacer públicas nuestras diferencias”. Nuestras: lo dijo como político, esta vez bien disfrazado de periodista.

Lasso no tuvo empacho en declarar su adhesión y militancia a favor de la revolución ciudadana. Durante un buen tramo de la entrevista habló de lo importante que son, para las sociedades subdesarrolladas como la ecuatoriana, los líderes como Correa. Parecía incluso suplicarle que vuelva: “los buenos líderes pueden suplir la deficiencia social y cultural… Mientras menos cohesionado, menos cultura de diálogo de consenso, de organización se tiene más necesario es un líder”. Lo dijo, todo adulón, y luego precisó como para no dejar dudas: “no hay que temer a los líderes”.

La entrevista se convirtió en algo así como un monólogo en el que el actor principal usó el apuntador para no extraviarse, para que le sople la línea susceptible de retomar el guión. Lasso no se preguntó nada sobre los casos de corrupción o sobre aquellos temas que, como la Refinería del Pacífico, son emblemas de los cuestionamientos a la década de Correa. ¿Odebrecht? Por supuesto que no apareció. Y cuando se habló sobre la deuda externa se refirió a aquella que se auditó al principio del gobierno. Ni por asomo preguntó sobre la deuda contraído por Correa con los chinos o por la deuda que contrajo en plenas elecciones para que el país no colapse.
Se habló de la economía, claro, pero de cómo el gobierno de Correa se vio afectado por los bajos precios de  las materias primas. Nunca sobre la falta de competitividad del aparato productivo ecuatoriano.  ¿Y Venezuela? Cuando Correa aseguró que el problema es la violencia de la oposición, a Lasso no se le ocurrió, ni por asomo, cuestionar tamaña desvergüenza. ¿Alguna pregunta sobre los insultos lanzados con fondos públicos desde las sabatinas durante 10 años? No, a Lasso no se le ocurren esas cosas o simplemente no le da las ganas de preguntarle porque, claro, eso sería contrariar a su líder. “La historia lo absolverá”, llegó  decirle. Lasso hizo el papel de comodín. Lo hizo desde el comienzo de la entrevista y sostuvo, para dar viada a la ficción de Correa, que antes de la llegada de la revolución ciudadana en Ecuador no había Estado. Antes de Correa lo único que había eran las tinieblas absolutas. La historia comienza y termina con él, dijo en suma Lasso a sus televidentes.

La entrevista con Correa no solo desnuda el uso funcional de Ecuador TV y la forma en que se privatizó casi todo el Estado a favor de una camarilla correísta. Dejó planteado el problema que, para el gobierno de Moreno, significa tener a alguien como Lasso al mando de los llamados medios públicos. En efecto, en en su guión de adulos y cumplidos no quiso jugarse por la política de diálogo del actual presidente Lenín Moreno y  prefirió ofrecer a Correa un trampolín para que defienda su críticas y desdén por la iniciativa de los diálogos con la oposición.

Fue precisamente en ese contexto, el de las críticas de Correa al diálogo, que Lasso protagonizó el punto más lamentable de la entrevista. Lo hizo cuando trató de auxiliar a Correa con una cita de Lenín, pero del Lenin  “ruso, del soviético”, precisó:  “A veces hemos tenido que dialogar con aquellos que fueron nuestros enemigos y si dialogamos es simplemente porque no los hemos podido abatir”. Xavier Lasso citó a Vladímir Ilich Uliánov sin que el contenido siniestro de la frase lo incomodara en absoluto. Y Correa replicó a la velocidad del rayo con dos “¡pero es obvio!” consecutivos, como si para él y Lasso abatir a los contrarios fuera algo tan normal como pelar un plátano.

La entrevista de Lasso a Correa demostró como operó el proceso privatizador de la revolución ciudadana: los bienes públicos al servicio de una persona o del partido en el Gobierno. Una privatización en la cual el Estado ni siquiera recibe un centavo a cambio de la enajenación de sus bienes. Una privatización, además, en la que el que usa el bien público no tiene que pagar un centavo de su bolsillo y, peor aún, impuestos por su su usufructo. La privatización perfecta, sin duda.

Pero la entrevista también dejó pendiente la discusión que tiene que haber sobre los medios públicos y el papel de los periodistas que son pagados por el Estado. Lasso, en este caso, no parecía ser un funcionario cuyo sueldo sale del bolsillo de todos los ecuatorianos sino de los fondos de Alianza País.

El Fantasma despide a los periodistas que exponen a Pérez

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Si a alguien le quedaban dudas sobre la independencia de los medios de propiedad del Fantasma Ángel González, éstas se han disipado. Dos periodistas de RTS, un canal del magnate guatemalteco-mexicano, fueron despedidos por haber hecho pública la agresión que sufrió Gloria Ordóñez por parte de Orlando Pérez, director de El Telégrafo y elocuente defensor del correísmo.

El reportero José Carlos Casañas y la coordinadora de noticias Monserrat Naranjo fueron notificados por los directivos de ese canal de que ya no trabajaban más en el ese medio. El primero por haber hecho el reportaje y la segunda por haber incluido el tema en uno de los noticieros. Es decir fueron echados por haber cumplido con su trabajo de periodistas.

Lo ocurrido con Casañas y Naranjo es una evidencia más de lo que varios defensores de la libertad de expresión han dicho  sobre comportamiento editorial de las empresas de González en todo el continente: no crear tensiones con los gobiernos para no perjudicar los negocios que se hacen en virtud de esas buenas relaciones. El relator especial de la OEA para la libertad de expresión, Edison Lanza, sostiene que  “El Fantasma” practica un periodismo oficialista, proclive a los gobiernos”. En Argentina, a inicios de año, diario Clarín publicó una columna de Alejandro Alfie sobre la despedida de un conocido periodista de la Radio Continental donde decía que “el empresario mexicano está acostumbrado a alinearse con todos los oficialismos donde tiene medios audiovisuales, en toda América Latina”.

“Yo creo que en el periodismo comprometido con los derechos humanos y pensé que era importante denunciar la agresión  a una mujer, en este caso el que sufrió Gloria -dijo Casañas a 4Pelagatos-. Respeté las normas del canal y la integridad de las personas y por eso no mencioné sus nombres”.

En un inicio no hubo ningún problema con la publicación del informe. La directora de noticias de ese canal, Mariuxi Padilla, incluso dio el visto bueno para que la nota saliera en uno de los noticieros. El problema se produjo, sostiene Casañas, cuando Gloria Ordóñez puso en su cuenta de Twitter un segmento del video. Al parecer eso hizo que el tema se propague en las redes. Posteriormente la misma Ordóñez identificó, asimismo en Twitter, al agresor y fue entonces cuando los directivos del canal decidieron sancionar a los periodistas. Casañas desconoce si hubo presión directa del gobierno o si fue una decisión propia de los directivos del canal, pero asegura sentirse profundamente dolido e indignado de lo ocurrido: “Yo hice bien mi trabajo. Apenas llevaba trabajando desde el 8 de noviembre y ya estaba haciendo enlaces en directo por mi buen desempeño”. Él fue el mejor egresado en Comunicación en la Universidad Católica de Guayaquil y se graduó con honores. Creía que se le iba a abrir un futuro promisorio como periodista en RTS, pues hasta aquel día había sido felicitado por sus jefes y todo parecía indicar que hacía muy bien su trabajo. No imaginó, claro, que sería sancionado precisamente por hacer bien su trabajo.

Este es el video que sacó RTS

Casañas había conocido a Gloria Ordóñez en las aulas de la Universidad y se había hecho amigo de ella.  Pocas horas luego de la agresión ella le contó lo sucedido y él decidió hacer la nota. No mencionó nombres porque esas son normas del canal y porque él sabía que en RTS hay una política editorial que recomienda evitar la polémica política y, sobre todo, los enfrentamientos con el gobierno. “Me pareció indignante lo que le había pasado a mi amiga.  Estaba destruida física y sicológicamente. La nota que le hice fue pocas horas luego de la agresión y ahí no puede contenerse y llora por lo ocurrido. Temblaba”.

El periodista se resiste a entender la medida adoptada por los directivos del canal. En su programación existe un segmento que se llama “Cicatrices”, donde se exponen casos de violencia de género. Por eso, Casañas no se explica por qué cuando el agresor tiene antecedentes políticos, como es el caso de Pérez, la línea editorial del canal cambia. El periodista recuerda que la Directora de Noticias le dijo que “si el caso no hubiese salido de las cuatro paredes del canal no pasaba nada pero que, lamentablemente, el tema se hizo mediático”. El martes, Casañas y Naranjo fueron comunicados del despido.

RTS es de propiedad de González; él controla al menos 10 medios en el Ecuador. Entre esos están, según los registros de la Superintendencia de Compañías revisados por diario El Universo hasta el 2015, tres canales de televisión (RTS, Red TV Ecuador y Tropical TV), once radios (Galaxia, Fabu, Alfa Stereo, Joya Stereo, Metro Stereo, Platinum, La Fabu, Tropicálida, RQP, Arpeggio y Radio Quito) y dos diarios (El Comercio y Últimas Noticias).

En febrero del 2016 varios medios digitales, entre ellos 4Pelagatos, presentaron una investigación periodística en la que se evidenciaban irregularidades en el proceso de concesión del canal Televicentro, que funciona con el contenido editorial de noticias de diario El Comercio, también de propiedad de González. La investigaciones ponía en evidencia cómo González  había conseguido esa concesión gracias a que las autoridades del gobierno le permitieron utilizar la figura de las emisiones de prueba para evitar el concurso público al que están sujetos los aspirantes a tener una concesión.

González tiene canales y estaciones de radio en todo el continente. Defensores de la libertad de expresión, como el relator de la OEA, Edison Lanza, han expresado su preocupación por la estructura monopólica de los medios del empresario. En una nota de El Universo Catalina Botero, ex relatora de la CIDH para la Libertad de Expresión, recuerda las denuncias que recibían sobre la concentración de medios de Ángel González en países como Guatemala, Nicaragua o Argentina. “La Corte, la Comisión, la Relatoría han sido muy claros: el control de medios atenta contra la democracia”.

El caso de Orlando Pérez no es solo ha encendido toda una discusión sobre el vínculo entre el tema de la violencia de género y el poder, sino también sobre el estado de los medios de comunicación y el periodismo en el Ecuador. Orlando Pérez pretende que el tema sea un asunto privado que no debe ser publicado en los medios, pero el diario que él dirige (aunque esté de vacaciones) ha utilizado sus plataformas para difundir su versión. Tan privado es para él, que acaba de demandar a la agredida.

Por otro lado, el despido de los dos periodistas de RTS desnuda la debilidad del ejercicio periodístico de los medios tradicionales en el país debido a las oscuras conexiones que existen entre el gobierno y ciertos medios de comunicación. Ángel González tiene el segundo holding de medios más grande del Ecuador, superado únicamente por el de propiedad del Estado, que lo controla el Gobierno de Correa. Sus medios procuran no enemistarse con los gobiernos de turno aunque sea en desmedro de la información y de la libertad de expresión.  Los otros medios, es decir los que no están administrados por el correísmo y los que no pertenecen a González, están debilitados y amedrentados por una Ley de Comunicación que supone la existencia de una Superintendencia de Comunicaciones que es un apéndice del Gobierno.

Juan Carlos Casañas y Monserrat Naranjo ya han sufrido en carne propia cómo funciona la lógica del negocio mediático de González y cuán expuestos están los periodistas que trabajan para él. La experiencia de ambos es, en cierta medida y de alguna forma, la experiencia del país.

En la foto tomada de la cuenta de Twitter de Gloria Ordóñez aparece ella con su amigo Juan Carlos Casañas

Un llamado a los medios frente al Estado-candidato

en Columnistas/La Info/Las Ideas por

El Consejo Nacional Electoral (CNE) vive en una realidad paralela. Según su calendario electoral, la campaña electoral arranca recién el 3 de enero de 2017. Nada más ilusorio: la campaña del oficialismo y de algunos candidatos de la oposición ha sido permanente, intensa y desgastante. También según el CNE, la campaña electoral concluirá el 16 de febrero de 2017, cuando inicie la veda electoral. Nada más ficticio: ante la imposibilidad de controlar la opinión e información que circula en redes sociales hasta el día mismo de la votación, la veda electoral dejó de existir en la práctica, existe sólo en la mente de quienes apetecen excusas para sancionar a los medios de comunicación.

Reconozcámoslo. El candidato no es Lenin, peor Glas. El candidato es el gobierno entero, que anhela perpetuarse en el poder. Y como Alianza País no ha logrado comprender la diferencia entre gobierno y Estado, en la práctica el candidato es el Estado. Todo el aparato estatal, con su maquinaria mediática, está al servicio de la campaña. Con nuestros impuestos se financia la promoción electoral de candidatos como Lenin y Glas. ¿No les da arcadas imaginarse su plata financiando la campaña Alianza País? A mí sí.

Mientras escribo estas líneas, el candidato Glas es el protagonista de la sabatina número 498. El candidato Estado solventa con dinero público los costos de un enorme evento mediático auspiciado por la SECOM que le ofrece a Glas dos a tres horas de micrófono ininterrumpido con transmisión nacional por radio, televisión y redes sociales. Y aún cuando el micrófono no lo tenga Glas, Correa se encargará de usar cada sabatina para hacer propaganda electoral de su gobierno, o a favor de Lenin y Glas, que es lo mismo.

Ni cómo poner el grito en el cielo si las sabatinas no son nada en comparación con lo que sucedió el 1 de octubre, día en que la Convención de Alianza País lanzó la candidatura de Lenin y cuatro canales de televisión financiados con dinero público (nuestro) transmitieron en directo las más de tres horas de duración de este acto partidista. Otras convenciones en las que también se anunciaron candidatos presidenciales, no recibieron la misma cobertura o cobertura alguna por parte de tales medios.

Barriga, titular de la SECOM, ya se lavó las manos bajo el argumento de que los medios públicos e incautados no estuvieron ahí bajo órdenes suyas, sino cubriendo la agenda oficial del Presidente. El órgano de justicia electoral aparenta dar seguimiento al caso, pero Correa, que tiene la última palabra en la justicia de este país, ya sentenció que fue completamente lícito que los canales de televisión públicos e incautados transmitan en vivo el lanzamiento de la candidatura de Lenin, dado que estaban presentes el Presidente y el Vicepresidente de la República. Correa nunca entendió, y no le conviene entender, la diferencia entre su calidad de militante y su calidad de Presidente. Bajo el argumento de que son actividades oficiales, la presencia de Correa o Glas en cualquier acto de proselitismo político es suficiente para que el dinero público se utilice para su difusión.

La Constitución es clara al señalar que Se prohíbe el uso de los recursos y la infraestructura estatales, así como la publicidad gubernamental, en todos los niveles de gobierno, para la campaña electoral. La prohibición constitucional implica que ningún funcionario del Estado, desde el presidente hasta el camarógrafo de la SECOM, y ninguna infraestructura del Estado, incluyendo la de los medios públicos e incautados, pueden ser utilizados para la campaña electoral. Pero como para el CNE no estamos en campaña electoral, fresco que se gaste el dinero del pueblo en promocionar al Estado-Candidato.

La esquizofrenia se ha apoderado de este gobierno al punto que unos funcionarios justifican que los medios públicos e incautados se conviertan en espacios de propaganda del candidato gobiernista al mismo tiempo que otros exigen a los medios abstenerse incluso de hacer preguntas que podrían conducir a que un entrevistado se pronuncie sobre los planes de gobierno de determinado candidato. En la mente parroquial de la funcionaria de la Dirección Nacional de Fiscalización del CNE, la libertad de elegir se garantiza multando a los medios de comunicación que permitan que promocionen, incluso indirectamente, los planes de gobierno de algún candidato, mientras que el Estado-candidato puede continuar promocionando, incluso directamente, las supuestas bondades de la revolución ciudadana. Todo indica que para el CNE el silencio y la desinformación son la receta perfecta para la democracia.

La oposición, tan confundida como siempre, no ha encontrado mejor idea que cuestionar la falta de equidad mediática. La equidad mediática, cuando se traduce en límites a la información y opinión que pueden transmitir los medios de comunicación, sólo revela la intención de impedir que formemos libremente nuestro criterio. El problema no es la poca equidad informativa de los medios. El problema es el uso inadecuado de recursos públicos para financiar la campaña anticipada del gobierno y sus candidatos.

En consecuencia, lo que debemos exigir de los medios públicos no es lo mismo que lo que podemos exigir de los medios privados. Los medios públicos e incautados se financian con nuestros impuestos, con el dinero de todos, y por tanto ellos a ellos sí debemos exigirles respetar reglas estrictas que aseguren la imparcialidad y el equilibrio informativo, ofreciendo un acceso equitativo a todos los partidos políticos y candidatos. Parece que esa batalla la perdimos. Nos quedan los medios privados.

A los medios de comunicación privados, yo no les exigiría informar de manera equitativa entre los distintos candidatos. Si la ley no lo impidiera, les pediría incluso que sean frontales y transparentes sobre el candidato que apoyan. No les pido que se conviertan en plataforma de un candidato, pero sí que cumplan su función de informar al público y de constituirse en una plataforma para el debate libre de todas las posturas. Aún bajo las restricciones legales imperantes para los medios, les pido que recuperen su rol como facilitadores de un debate político abierto y vigoroso. Lo que necesitamos es un ambiente electoral más plural, no más equitativo.

Hago un llamado a los medios de comunicación privados, para que cumplan con su obligación de asegurar que los electores contemos con suficiente información y criterios para tomar una decisión verdaderamente libre. La ceguera selectiva del CNE ha permitido que los medios públicos se conviertan en un aparato de difusión de la candidatura oficialista. Ante ese panorama, necesitamos medios privados que contrarresten esa propaganda con información sobre los últimos 10 años de gobierno.

La memoria de los ecuatorianos es frágil. Pidamos que los medios nos recuerden todos los escándalos de corrupción de la última década, incluyendo los radares, los chalecos, y tantos otros casos que han quedado sepultados ante la magnitud del caso de la Refinería de Esmeraldas. Pidamos que los medios recapitulen los elefantes blancos que se han multiplicado en la última década, despegando en el aeropuerto de Santa Rosa, sobrevolando por la Refinería del Pacífico, Yachay, el edificio de la Unasur, y aterrizando en el aeropuerto del Tena. Pidamos que los medios nos recuerden todas las personas criminalizadas durante la última década, desde Luluncoto hasta Saraguro, pasando por el 30-S. Pidamos que los medios nos recuerden todos los casos de abuso de la fuerza de la última década, desde Dayuma hasta el Turi. Pidamos a los medios un recuento de las sanciones que desde la vigencia de la Ley de Comunicación han terminado por ahogar y silenciar a radios, prensa y televisión. Y hablando de leyes, pidamos a los medios que nos recuerden esas leyes que el gobierno prometió y luego olvidó, desde una ley que regule la consulta previa hasta una ley de movilidad humana que haga realidad los postulados constitucionales. Y hablando de promesas incumplidas, pidamos a los medios que analicen las promesas de campaña que este gobierno rompió, desde la prohibición de explotación petrolera en el Yasuní hasta el combate al desempleo, pasando por la reducción del IVA. Pidamos a los medios toda la información que consideramos indispensable para formar nuestro criterio electoral.

Los medios juegan un rol esencial al momento de formar y a veces manipular la opinión pública. Pero es hora de des-satanizar el rol de los medios en las elecciones. En época electoral es cuando la libertad de expresión es más trascendente, pues está directamente relacionada con la capacidad de elegir libremente a nuestro candidato. No es posible hablar de un voto libre, si no es un voto informado. Sólo con plena libertad de recibir y difundir informaciones y opiniones podremos formar nuestra voluntad para sufragar.

La libertad de expresión es una condición sine qua non para el debate democrático. No exijamos equidad a los medios privados. Exijamos libertad para cuestionar la capacidad e idoneidad de los candidatos para los puestos que pretenden ocupar. Exijamos libertad para poder disentir y confrontar todas las propuestas. Es el momento de publicar toda información que sea de interés público en medio de esta campaña tan desigual. No es el momento de silenciarse.

Sólo bien informados seremos verdaderamente libres. Los medios de comunicación se deben a su audiencia. Se deben, en última instancia, a la democracia.

Usted no tiene Barriga, señor Vergüenza

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Juan Pablo Pozo, presidente del Consejo Nacional Electoral, ya debe estar sumando. Según el secretario de Comunicación, Patricio Barriga, la transmisión del acto de proclamación de candidatos correístas en los canales de televisión del gobierno, el sábado pasado, corrió por cuenta de Alianza País. Gasto de campaña. ¿De cuánto estamos hablando? Nomás hay que calcular. Pero no es pelo de cochino.

¿Cuánto cuestan tres horas de tiempo al aire en televisión de señal abierta? En el horario triple A, 500 dólares por 30 segundos. Entre las 10h00 y las 13h00, digamos que la cuarta parte: $250 por minuto. En tres horas suman $45.000. En tres canales (Ecuador TV, TC y Gama) son $135.000. Sólo por el tiempo de transmisión. Súmense los gastos de producción: la unidad móvil, la microonda, los aparatos, el equipo de técnicos y camarógrafos, que no puede bajar de quince personas en transmisiones en directo de esta naturaleza… Digamos, siendo conservadores, 150 mil dólares. ¿Dónde están esas facturas? Hay que pedírselas a los canales, dice el señor Barriga. Que se las pida Pozo, que es su trabajo. El hecho es que esa información debe hacerse pública: son gastos de campaña.

Eso, por supuesto, de no mediar un milagro, no ocurrirá. Pero el señor Barriga, que es un sinvergüenza, se habrá sacado la papa caliente de encima. Hombre de pocas luces y no precisamente muy intensas, el secretario de Comunicación perpetra figuras retóricas con las que cree despistar a los preguntones pero que en realidad resultan, por elementales, poco convincentes. En una entrevista con El Comercio dijo, por ejemplo, que Tele Ciudadana (antes El Ciudadano TV, un medio del gobierno) se permitió actuar como matriz de esta ceremonia partidista porque es un “medio púbico institucional”. ¿Está claro? Si fuera un medio público a secas a lo mejor no podría hacerlo, pero Tele Ciudadana es un medio institucional que cubre las actividades del presidente de la República y ésta, naturalmente, “era una actividad” (¿qué otra cosa podría ser?), “aun cuando el presidente de la República también es presidente de su movimiento” (qué ingrata coincidencia).

Lo que hicieron los demás canales, siempre según el señor Barriga, fue tomar la señal “bajo el formato de información noticiosa”. Eso lo explica todo. Si hubieran usado el formato de información no noticiosa estarían obligados a rendir cuentas. Pero el formato de información noticiosa, así como la condición institucional de Tele Ciudadana, al parecer les permite hacer lo que les dé la gana. Permite, por ejemplo, que la propaganda correísta la terminen pagando todos los ciudadanos. Juan Pablo Pozo lo sabrá explicar, de eso no cabe duda. Para eso está.

¿Qué tiene que ver en todo esto la Secretaría de Comunicación? Nada, por supuesto. Aparte de promocionar y publicitar la ceremonia partidista…

…Aparte de cubrir por Twitter, en tiempo real y con lujo de detalles, sus pormenores y sus incidencias, incluida cada frase alharaquienta de la homilía presidencial…

https://twitter.com/ComunicacionEc/status/782268450894934016

…Aparte de transmitirla en directo a través de sus medios públicos institucionales bajo el pretexto de que se trataba de “actividades del presidente de la República” transmitidas “bajo el formato de información noticiosa”… Aparte de todo eso, nada. La Secom no tiene que ver con nada.

Y si los medios del gobierno financiados por todos los ecuatorianos (incluidos los ecuatorianos que apoyan a Paco Moncayo) decidieron transmitir en vivo, durante tres horas, la ceremonia correísta y no la ceremonia de la Izquierda Democrática que se cumplía de forma simultánea, eso fue por iniciativa propia. “De ninguna manera –dice el señor Barriga a quien quiera creerle– estuvieron allí comprometidos y ordenados por la Secom”.

Hasta podría ser cierto. Después de tantas llamadas de la Secom para ordenarles coberturas; después de tantas reuniones en Carondelet para imponerles criterios editoriales; después de tantos jalones de oreja desde la Presidencia por descuidar sus deberes para con el régimen; después de diez años de eso, los medios de comunicación del correísmo deben estar pavlovianamente adiestrados en el cumplimiento de sus obligaciones: suena la campanita y babean. A lo mejor ya no necesitan que la Secom les diga lo que tienen que hacer. Simplemente van y lo hacen. Como el periódico de papá, cuyo director sabe perfectamente que un artículo de Anne-Dominique se publica porque se publica, aunque sea en tres entregas. Esto es tan normal que en Carondelet ya ni preguntan. “Voy a escribir un artículo en El Telégrafo”, anuncia Correa. Y es una orden. Vamos a transmitir la ceremonia desde el estadio del Aucas, propone alguno. Y así se hace.

Pues sí: el señor Vergüenza no tiene Barriga, como dijo Dr. Le Pantox. Es un cínico sin la inteligencia que el cinismo requiere para brillar. Pero lo mejor está por venir: el señor Vergüenza tiene toda la campaña electoral por delante para demostrar al Ecuador que la Secom no tiene que ver con nada. Que la manipulación mediática que nos espera, la utilización de los medios que funcionan con dinero público a favor de las candidaturas correístas, la inequidad informativa, en fin, la trampa abierta que recién empieza, es algo que escapa a su control; es un comportamiento voluntario e inocuo de los medios basado en principios institucionales y formatos informativo-noticiosos. ¡Qué Barriga!

Señor Barriga, ¡qué jeta tienes!

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Patricio Barriga, secretario de Comunicación, sigue siendo el mismo. Sólo cambió de patrón. Cuando trabajaba para los Isaías como presentador de noticias de TC, salía todos los días a mentir desfachatadamente con la misma voz aterciopelada y la misma cara de yo-no-fui con que se presenta hoy en Telesur. En esos tiempos convivió con todas las campañas sucias de un canal capaz de cualquier cosa, desde desprestigiar a Xavier Alvarado Roca hasta pretender quebrar al Banco del Pichincha. Como él no tiene reparos en venderse ni en cerrar los ojos ante la infamia, no es extraño que crea que otros periodistas proceden de la misma forma.

Ayer en el canal chavista pretendió volver creíble la ficción, montada por Telesur con insumos proporcionados por el correísmo, según la cual los medios digitales son instrumentos de la CIA para desestabilizar al gobierno ecuatoriano. El primer día tuvieron como invitada a la Comandante Pelos, especializada en relaciones con las Farc. Luego, al señor Barriga, especializado en campañas de desinformación.

Ayer en Telesur, Barriga estaba muy al tanto de la ficción. La supuesta investigación de ese canal sobre los vínculos de políticos y periodistas ecuatorianos con la CIA está hecha con una colección de retazos encontrados en los propios basureros de la Secom y de la Senain. Piezas de espionaje evidente y de actos violatorios a la intimidad de las personas, como los pinchazos telefónicos y el hackeo de cuentas al correo privado de Marta Roldós, publicados por el diario correísta El Telégrafo y celebrados por el presidente. Material ya difundido por trolls de la Secom, subordinados de Barriga, en sus cuentas de redes sociales. El gobierno proporciona ese material a Telesur; Telesur lo presenta como una investigación propia, y Barriga llega, con todo ya montado, a comentar la ficción creada en contubernio pero de la cual él no responde.

Este experto en campañas de desinformación tiene la osadía de hablar de ética en ese canal mercenario. Dice que los medios digitales no han transparentado su financiamiento. Habla de opacidad. Pretende que hablar de cómo sobreviven tres o cuatro periodistas es equivalente al manejo de las cuentas del Estado. El señor Barriga, tan ético él, nunca le ha dicho al país cuánto dinero da el gobierno a Telesur, cuáles son los estados financieros de los canales incautados, cuál es el presupuesto de su trollcenter, cuál es el costo real de las sabatinas, pues el presidente miente al decir que son 30 mil semanales. Para él seguramente es ético ocultar el monto real de la deuda externa, las condiciones de los contratos públicos firmados por el gobierno (deuda, obras…), las cifras reales de la economía… ¡Y él habla de opacidad! ¡Y él acusa a los medios digitales de lesionar lo que llama “la obra inmaterial de este gobierno”, es decir, su supuesta ética y su supuesta transparencia!

Él, que como secretario de Comunicación está involucrado directamente con el ejército de soldados virtuales, como llama Jorge Glas a sus trolls, osa acusar a los medios digitales de haber convertido las redes sociales en una cloaca. Él, que viene del Cordicom y concierta con Carlos Ochoa la estrategia de los entes de censura del gobierno, osa acusar a los medios digitales de excluir el debate y alentar la guerra sucia. Él, que manipula la información para encubrir la represión real de su gobierno contra activistas sociales, medios de comunicación y hasta tuiteros, osa acusar a los medios digitales de “instalar el miedo y bajar el ánimo de la ciudadanía con desinformación”.

Al señor Barriga le molesta que los medios digitales utilicen proveedores de Internet asentados en el extranjero. Insinúa que eso es sospechoso. Convierte un tema técnico en casi un hecho delincuencial. Lo que lo mortifica es que, como están en el extranjero, él no los puede controlar. ¡Y cómo lo ha intentado! Valiéndose de mentiras, atribuyéndose la propiedad de bienes públicos como son las informaciones producidas por el Estado (videos, fotografías), intimidando a los ciudadanos que utilizan esos bienes en sus cuentas personales, tratando de asaltar la buena fe de los proveedores de Internet en el exterior.

Él, que aupó informes de supuestos semiólogos para perseguir a los diarios, extorsionarlos hasta con el 10 por ciento de su facturación trimestral, obligarlos a mentir para acomodar la realidad a la versión del poder, osa decir que no hay un solo medio censurado ni multado ni sancionado, y que “la información circula libremente” en el país.

Él, que pasó de periodista mercenario a paladín de un gobierno supuestamente revestido por su “blindaje ético potente”, osa cambiar de biografía a periodistas y ciudadanos, inventándose acusaciones de un macartismo precario y extraído directamente de la guerra fría. ¡Qué bajeza!

Él, que como secretario de Comunicación es el responsable del aparato de propaganda que ha hecho de la mentira y de la insidia el ingrediente fundamental de la comunicación pública, osa acusar a los medios digitales, que exigen transparencia y ponen en evidencia la opacidad, el despilfarro y la corrupción del correísmo, de “debilitar la estrategia comunicacional” del gobierno. Como si esa estrategia, manojo de sofismas y puro lavado de cerebro, no se estuviera derrumbando sola.

Él, servidor de un gobierno autoritario y concentrador de poder dice que los medios digitales, por hacer su trabajo, están desestabilizando a un régimen progresista para instalar a uno de derecha. No, señor Barriga. No se trata de aupar lo que tú llamas derecha (la verdadera y más reaccionaria está en tu gobierno) sino de defender la democracia. En el caso de estos 4 pelagatos, ni trabajamos en la sombra ni somos mercenarios de poderes oscuros u organizaciones como la CIA. Damos la cara, al contrario de tus trolls, defendemos este oficio y, además de periodistas, somos ciudadanos.

La ficción que el señor Barriga fue a defender en Telesur se sostiene en premisas tan embusteras (y eso es públicamente comprobable) como decir que el país pasó de un esquema de concentración de medios (se refiere a sus antiguos patrones) a otro de pluralismo y multiplicidad de voces. Un sofisma para ocultar el hecho de que los medios en el país están más concentrados que nunca y que él, como siempre, defiende a los concentradores y trabaja para ellos. El señor Barriga sigue siendo el mismo. ¡Qué jeta tiene!

Foto: captura de video

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