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Metro de Quito y Odebrecht

Mauricio Rodas sobrevive de traición en traición

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Guillermo Lasso no puede reclamar: en Quito, antes de su alianza con Mauricio Rodas, algunos de sus amigos le dijeron, parafraseando a García Márquez, que aquello era la crónica de una traición anunciada. De una u otra forma le contaron que Rodas, como escribió Jorge Luis Borges, es “varón inaccesible al honor”.

Ahora Lasso sabe de qué se trata. Ha dado por terminada una alianza que Rodas irrespetó desde hace tiempo. Sus asambleístas votaron con el gobierno la Ley sobre los Paraísos Fiscales que Rafael Correa confeccionó sobre medidas contra Lasso. Guillermo Celi, el hombre que no se bajó de la camioneta de Lasso durante la campaña dijo, en guisa de explicación, que era un mandato popular. Celi, que ahora es asambleísta de SUMA, no teme confesar que sus convicciones –que lo llevaron a hacer campaña contra esa consulta– se diluyen apenas aparece la mínima  sospecha de un pírrico beneficio político. Creer, por ejemplo, que esa Ley, que prohíbe ejercer cargos públicos a dignatarios de elección popular y a funcionarios que tengan bienes en paraísos fiscales, saca a Lasso de la carrera presidencial en 2021.

Lasso no puede reclamar. Sus cuadros políticos en Quito le explicaron quiénes son, en política, Rodas y sus amigos. Él sabe, además, que la alianza con Rodas se concretó después de que el alcalde de Quito traicionara el acuerdo que hizo, en febrero de 2015, con Paul Carrasco y Jaime Nebot en Cuenca. Ese volte face de Rodas, más que un aporte político, sirvió a Lasso mediáticamente: le ayudó a probar que la alianza Carrasco-Nebot-Nebot era una ficción política construida por el alcalde de Guayaquil para debilitarlo y a generar la certeza en el electorado, de que él era, en el centro derecha, el candidato con mayor opción ganadora.
Puertas adentro, Lasso y sus amigos hicieron cuentas alegres que no compartieron sus cuadros en Quito. Uno: que Rodas les aportaba votos en provincias donde las seccionales de 2103 dieron a SUMA alcaldías y concejales. Dos: que en Quito  aumentaba, en forma significativa, el alto caudal de votos que los sondeos otorgaban -sobre todo antes de la candidatura de Paco Moncayo- a Guillermo Lasso. César Monge, presidente nacional de CREO, y el mismo Lasso, no solo se jugaron por esa alianza: otorgaron puestos estelares a militantes de SUMA en las listas para la Asamblea. E incluso admitieron responsables del partido de Rodas, como Jacobo Sanmiguel en Tungurahua, que resultaron inmersos en investigaciones por presuntos delitos.

Fuera del golpe mediático, CREO nunca explicó por qué se unió a un rótulo que no tiene siquiera un derrotero ideológico y político conocidos. No dijo qué sustentaba esa alianza con Mauricio Rodas, un político hecho en olla a presión cuya máximo acierto es haber estado en el sitio preciso en el momento indicado cuando, hastiados del correísmo, los quiteños decidieron castigar a Augusto Barrera. En el entorno de CREO se conocía, además, el malestar de Lasso ante el escándalo que representó que el principal asesor estratégico de Rodas, Mauro Terán, terminara preso. La inviabilidad de la alianza se hizo evidente en la Asamblea Nacional: SUMA no asistía a las reuniones de bloque con CREO y se limitó a enviar un delegado. El anuncio de la ruptura solo necesitaba una oportunidad.

Lo que nadie niega es que Rodas tiene buena vista: siempre acierta a ubicar los árboles con mayor follaje para guarecerse. Nebot lo era antes de que creciera la candidatura de Lasso. Lasso lo fue cuando los sondeos mostraron irremediablemente que su candidatura estaba por encima de la de Cynthia Viteri. Ahora el factor poder se llama Lenín Moreno. Rodas vota con el nuevo gobierno, contra Lasso, porque tiene un sentido tan cínico como innato de la sobrevivencia política. El alcalde siente que la Fiscalía General de la Nación le respira en la nuca. Gerentes y ejecutivos de la Alcaldía de Quito han sido interrogados, durante largas horas, sobre el contrato del metro con Odebrecht. Esa investigación no para y la Fiscalía sabe incluso que, recién elegido, Rodas viajó a Brasil con gastos pagados por Odebrecht.

Otra investigación, la de la Solución Vial Guayasamín, también atenaza a Rodas. Él debe a la Capital muchas explicaciones sobre el contrato hecho con los chinos. Las condiciones son tan turbias, la opacidad es tan grande, que muestran que, en política, Rodas aprendió rápido las peores prácticas con los socialcristianos que lo rodean. Ante ese panorama, algunos oficialistas del Concejo Municipal juraban que su retiro de la Alcaldía se daría hasta fin de año. Pero Lenín Moreno lo necesitaba para mostrar su apertura al diálogo y lo conectó a sus botellas de oxígeno. Conclusión: lo resucitó ante el desconcierto de los concejales del oficialismo en Quito. Y Rodas respondió en la forma que suele hacerlo: traicionó a Lasso y ofreció los votos de los asambleístas de SUMA en la Asamblea.

Así Nebot, Lasso y ahora Moreno… han resultado funcionales a la carrera de Mauricio Rodas que, sin programa ni convicciones, sobrevive de traición en traición. Un varón, decía Borges, inaccesible al honor.

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