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Metro de Quito

¿Cómo contrató Rodas a Odebrecht? Informalmente…

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La negociación entre el Municipio de Quito y Odebrecht para reducir el monto del contrato del Metro se hizo en “conversaciones informales”. No se levantaron actas, así que no se puede saber qué cuestiones se trataron en ellas. Tampoco está claro, salvo por un puñado de nombres, quiénes asistieron. Ni cuántas hubo. Algunos concejales se preguntan dónde tuvieron lugar. Nada se sabe, salvo que fueron informales. Tanto, que el alcalde Mauricio Rodas se niega a llamarlas negociaciones. Negociación, lo que se dice negociación, no hubo ninguna, explica. ¿Cómo podía haberla si Odebrecht se negó? La comisión negociadora ni siquiera se llegó a conformar. Se habían abierto las carpetas con las ofertas de las empresas participantes en el concurso y se había descubierto que todas ellas superaban el presupuesto referencial con alrededor de 500 millones de dólares. El Municipio propuso entonces al consorcio Odebrecht-Acciona, que había presentado la mejor oferta, abrir un proceso de negociación para reducir el monto de la propuesta. Pero Odebrecht-Acciona dijo que no negociaría nada hasta que no se le adjudicara el contrato. Entonces tuvieron lugar estas “reuniones de carácter informal” que condujeron a la redacción de un “acta de entendimiento”, diáfana, pulcra, transparente, que fue aprobada por los organismos multilaterales de crédito. ¿Se consiguió que Odebrecht-Acciona rebajara el monto del proyecto? No. El monto del proyecto lo rebajó Rodas en 50 millones haciendo carambolas por otros lados. Pero al consorcio se le adjudicó el contrato. La informalidad trae sorpresas.

Todo esto se supo durante la sesión extraordinaria del Concejo Metropolitano de la capital que se celebró la tarde del miércoles 4 de enero para tratar un único punto: la relación entre el Municipio y Odebrecht. Y se supo nada menos que de boca del propio alcalde Rodas y del gerente de la Empresa Metro de Quito, Mauricio Anderson. Habían omitido esos detalles del informe que presentaron al principio pero terminaron contándolos cuando no tuvieron más remedio, pues los concejales de oposición (que algo sabían) los ametrallaron a preguntas. Fue una sesión tensa, pródiga en altisonancias y roces verbales, donde demasiada gente estaba demasiado irritable: Rodas, sus concejales afines y los de PAIS, bajo cuya administración empezó este lío. Odebrecht parece tener el don de poner nervioso a todo el mundo.

Lo curioso es que, aún en medio de estas revelaciones, Mauricio Rodas continuó llenándose la boca con la palabra “transparencia” hasta el final de la jornada. ¿Cuántas veces la pronunció? Decenas. En todos los tonos posibles. Ya durante la presentación del informe despachó frases superlativas del tipo “este es el contrato más vigilado de la historia del Ecuador”. Dijo que cada paso había contado con la aprobación y el aval de los organismos multilaterales. Nada podía ser más limpio. Y se apoyó en un informe de Contraloría para negar, “ca-te-go-ri-ca-men-te”, así dijo, que durante su administración se hubiera producido un incremento en el costo del proyecto. “Jamás”. Lo que hubo fue un presupuesto referencial subvalorado. ¿Quién tiene la culpa? La administración anterior, que abrió el proceso de licitación. El tema mantuvo a los de PAIS, particularmente a Jorge Albán, ocupados en salvar los muebles, hablando de tuneladoras, potenciaciones, gastos generales, costos indirectos y otros temas intrincados inaccesibles para quienes no conozcan de antemano el difuso laberinto del proyecto Metro Q.

El primero que mencionó el asunto de las reuniones informales fue el concejal correísta Luis Reina, a quien Mauricio Rodas se complace en tratar pésimo. Reina quiso saber quién estuvo a cargo de las negociaciones. “¿Quién llegó a los acuerdos –preguntó al alcalde–, lo hizo usted? ¿Encargó a alguien? ¿Cuándo y dónde se reunieron?”. Lanzó estas preguntas ladinamente, sin afirmar nada pero subrayando cada palabra para cargarla de suspicacia. “¿Se reunieron acaso en algún bufete de abogados, en algún banco?” ¿En las oficinas de Odebrecht quizás? ¿O viajaron al extranjero? ¿Quién corrió con esos gastos?  El concejal Marco Ponce lo interrumpió, ofendido y tembloroso. Rodas lo arrastró. Lo llamó ignorante. Le dijo que haga el favor de atender: ¿no oyó que no hubo negociaciones? Pero la avalancha estaba en camino. A partir de ese momento, no hubo concejal de oposición que no pidiera aclaraciones sobre este punto. Finalmente Rodas y el gerente Anderson lo admitieron: esas reuniones informales existieron. Transparentes, muy transparentes. Y tuvieron lugar en las oficinas de la Empresa Metro de Quito, en ningún otro sitio. No en Brasil, no en el despacho de Odebrecht, no en un banco, no en un edificio de avenida Amazonas y República, no en un bufete de abogados…

Por lo demás, la transparencia de este proceso de contratación no se diferencia en mucho de la de otros megaproyectos municipales, como la Solución Guayasamín y los Metrocables, y consiste en escamotear los documentos esenciales para que los concejales de oposición y los ciudadanos no los vean. En este caso, el contrato con Odebrecht. ¿Dónde está? “Es público, por supuesto que es público”, aseguró varias veces Rodas al borde del ataque de nervios, aunque no fuera sino para matizarlo más tarde como quien no quiere la cosa: es público, sí, lo que pasa es que no ha sido publicado. Ni está en la página Web de la Empresa Metro de Quito ni fue entregado a los concejales ni nada. Está en la notaría donde lo protocolizaron. Cualquiera puede ir allá y verlo.

El caso es que gran parte de la documentación de este proceso o no existe o no es pública, como ya es costumbre en la administración de Rodas, así que el Concejo Metropolitano se vio abocado una vez más a discutir sobre un tema que involucra cientos de millones de dólares (miles de millones esta vez) sin disponer de la información suficiente. Por supuesto que el alcalde se comprometió a entregar a los concejales todo lo que sea necesario. Pero nada garantiza que las conversaciones informales con Odebrecht (una empresa amante de la informalidad donde las hay), revelen sus secretos.

En la imagen: el gerente de la Empresa Metro de Quito, Mauricio Anderson, durante la presentación de su informe ante el Concejo Metropolitano. Foto: Municipio de Quito

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