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Municipio de Quito

Rodas se cocina en su propia salsa

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mauricio rodas en washington, gonzalo koncke, ed.

Mauricio Rodas puede decir lo que quiera: en Washington le fue muy mal. No sólo hizo un viaje infructuoso para entregar un puñado de comunicaciones irrelevantes en lugares donde nadie entendía qué quería sino que causó mala impresión en los funcionarios con quienes se reunió. En el Departamento de Justicia no lo recibieron. Tampoco lo hizo el secretario general de la OEA, Luis Almagro, cuyo despacho le agendó una cita pero terminó enviando a un subalterno. En el resto de lugares (el Senado, el Departamento de Estado y la CIDH) sus ofrecimientos de ayuda, sus solicitudes de información sobre el caso Odebrecht y sus denuncias de persecución política fueron tomadas como lo que son: pataleos retóricos sin valor ni consecuencias. Para colmo, a su regreso encontró las cosas en el punto donde las dejó: con el Concejo exigiéndole explicaciones sobre el doble escándalo de las “conversaciones informales” con Odebrecht y las actuaciones de su operador político, Mauro Terán, preso por indicios de fraude fiscal. ¿Esperaba otra cosa? Finalmente la sesión extraordinaria de la que Rodas venía huyendo se producirá este jueves a las 10h00. Y él, que quiso ganar tiempo en Washington y lo perdió, no ha dado un paso que permita suponer que esta vez sí va a asumir sus responsabilidades.

Sobre el viaje a Washington da ternura oírlo: “Fue un viaje exitoso –dijo este lunes en Teleamazonas, donde lo entrevistó Janeth Hinostroza– porque permitió transmitir el enorme interés de la Alcaldía para que se conozca toda la verdad sobre Odebrecht y que caiga quien tenga que caer”. Cualquiera puede notar la desproporción  de estas palabras: es obvio que “dar a conocer el enorme interés de la Alcaldía para que se conozca toda la verdad sobre Odebrecht” es una acción que no sirve para nada: no sirve al caso, no sirve a la Alcaldía, no sirve a la ciudad. Y se podía hacer por Internet. Pero el periplo del alcalde no sólo fue infructuoso sino impertinente, como demuestra Daniela Salazar en el único balance publicado hasta el momento sobre el viaje. Los funcionarios que lo atendieron en el Departamento de Estado y en el Senado se habrán sorprendido de que acudiera a ellos con un tema en el que no pueden interferir por elemental respeto a la independencia de funciones del Estado. Y para quienes lo escucharon en la OEA y la CIDH, donde denunció una supuesta persecución política en su contra, lo único que quedó claro es que Mauricio Rodas no tiene un caso.

Si se pregunta en los despachos por donde pasó el alcalde, las impresiones generales no le favorecen. La primera, muy mala, tiene que ver con la obsesión de Rodas por exculparse. Un funcionario que llega para ofrecer su colaboración para resolver un caso de corrupción pero, cuando habla, no hace otra cosa que alegar inocencia, no puede sino despertar sospechas. Así, de despacho en despacho, fue el alcalde de Quito repartiendo su ansiedad por todo Washington. Los funcionarios que lo atendieron vieron a un tipo demasiado nervioso, un tanto confuso y ciertamente poco articulado a la hora de exponer su situación. Asustado, incluso. Que no sabía disgregar los temas de fondo de los datos de interés puramente local, incomprensibles en el extranjero. Que no fue capaz de presentar un resumen ejecutivo de lo que quería decir, que se enrollaba mucho. Y que tuvo la fatuidad de ir arrastrando un fotógrafo adonde fuera, ante cuya cámara saludaba con pose triunfal y cara de Facebook  a la salida de cada edificio público que visitaba.

Lo de Almagro debió doler. El secretario general de la OEA es famoso en Washington por recibir a todo el mundo. Incluso a grupos de estudiantes que han solicitado audiencias. Y Rodas tenía una cita. Pero ni Almagro estuvo para recibirlo ni la sede principal de la Organización le abrió las puertas. Fue en un edificio subalterno donde se reunió no con el secretario general sino con su jefe de gabinete, Gustavo Koncke. En la foto que el alcalde se hizo tomar con él y circuló en las redes sociales aparece Koncke con la misma cara de palo que pone el Papa cuando lo visita Macri, según hace notar significativamente un funcionario de la OEA que siguió el encuentro.

Aún después de tanto desplante y tanta indiferencia, Rodas tiene la pasta de acudir a Teleamazonas para hablar de los logros alcanzados en su viaje. Y para repetir su defensa en los casos Odebrecht y Mauro Terán como si no hubiera pasado un día desde que estallaron ambos escándalos. Rodas se aferra a sus argumentos iniciales que ya fueron desvirtuados y desechados en su ausencia, a los que ha sumado un par de nuevos, tan deleznables como los anteriores.

Sigue negando Rodas que Mauro Terán cumpliera otras funciones que no fueran las de un asesor político externo, a pesar de que varios concejales dieron testimonio de lo contrario en la sesión de la semana pasada. A pesar, también, de que los vecinos de El Condado y el barrio Bolaños, afectados por los proyectos de construcción de los Quitocables y de la vía Guayasamín, respectivamente, han declarado por escrito que conocieron a Terán no como un asesor político de Rodas, sino como el hombre que fue a negociar con ellos, a nombre del alcalde, los procesos de expropiación y desalojo.

Sigue repitiendo el alcalde el argumento de que el fraude fiscal que se imputa a Terán es un delito que nada tiene que ver con el Municipio, como si la probidad de quienes desempeñan funciones públicas, con o sin contrato, fuera un asunto privado. De hecho el alcalde, interrogado al respecto, es incapaz de decir de qué vive este personaje que dedica gran parte de su tiempo a servirlo.

Ahora sale además con que “es un gesto de delicadeza con la ciudad y con la administración municipal” él mantener a Terán fuera de la nómina, pues su área de trabajo es la política y el Municipio, lo dijo sin sonrojarse en Teleamazonas, “es una organización que se dedica a la gestión administrativa”. Como si no estuviera ya demasiado claro que la principal virtud de esta política consiste en mantener a Terán a resguardo de fiscalizaciones, auditorías y otras responsabilidades públicas propias de todo funcionario.

Niega que Terán tenga parqueadero en la sede municipal pero lo cierto es que ahí se parquea todos los días. Niega que tenga oficina pero lo cierto que la tuvo. Niega que exista en su administración un esquema de reparto de administraciones zonales entre concejales pero lo cierto es que las pruebas de ese reparto (que, además, le consta a todo el mundo) fueron presentadas en el propio Concejo  e incluyen grabaciones de audio y video que constan en actas.

Sigue jurando que el proceso de contratación del metro es el más transparente de la historia por el hecho de haber sido aprobado por los organismos multilaterales de crédito que financian el proyecto. Como si el Banco Mundial, la Corporación Andina de Fomento o la Unión Europea actuaran como entes fiscalizadores en el Ecuador.

Sigue diciendo que el único documento del que se dispone en este caso, el informe del Departamento de Justicia de Estados Unidos, no menciona a su Alcaldía. Y asegura que eso demuestra su inocencia. Cuando resulta claro que ese informe, en realidad, no menciona a nadie, y que la publicación de los nombres todavía está por producirse.

Por último, sin que Janet Hinostroza alcance a reaccionar y plantear las repreguntas que la situación reclama a gritos, se inventa el alcalde un nuevo eufemismo para dorar la píldora de las “conversaciones informales” que admitió haber tenido con Odebrech: ahora las llama “reuniones de trabajo”. Y dice que los organismos multilaterales estaban al tanto. Pero sigue sin saberse quiénes participaron, cuántas fueron, qué temas se trataron. Porque la verdad es que de esas reuniones no hay actas ni informes ni rendiciones de cuentas ni nada.

¿Son esas las respuestas que piensa llevar el jueves a la sesión extraordinaria del Concejo? Su desafortunado viaje a Washington debió ser una lección de humildad para Mauricio Rodas. Debió enseñarle que hay temas que no se pueden postergar y problemas que sólo se solucionan afrontándolos, no quejándose ni levantando cortinas de humo. Debió aterrizarlo sobre sus propias responsabilidades políticas. No fue así: el alcalde da muestras de que no entendió nada y parece estar dispuesto a aferrarse a su capacidad infinita de negación hasta que pase la tormenta. Pero la tormenta sólo pasará una vez se publique la lista de nombres de los implicados en los casos de sobornos repartidos por Odebrecht en el Ecuador. Hay en estos momentos 77 funcionarios de esa empresa brasileña que han firmado un acuerdo con el Departamento de Justicia de Estados Unidos para entregar esa información a cambio de ventajas judiciales.  Si el alcalde, que se llena la boca de superlativos para hablar de su propia transparencia, tiene la conciencia tranquila con respecto a esa lista de nombres que tarde o temprano se hará pública, no se entiende el porqué de su nerviosismo, de sus dilaciones, de su negativa a afrontar los problemas sin artificios retóricos o eufemismos. Tampoco se entiende el porqué de su estéril viaje a Washington. Este jueves Mauricio Rodas tiene dos alternativas: o asume sus responsabilidades y dice la verdad ante el Concejo o se hunde un poco más en el pantano de la sospecha que se lo está tragando desde el día en que estalló este escándalo.

Arriba: Gonzalo Koncke, jefe de gabinete de la OEA, compone su mejor cara de palo para posar junto al alcalde de Quito. Foto tomada de la cuenta de Twitter de Mauricio Rodas.

Rodas se volvió aliado de sus sepultureros

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concejo sublevado

Volar a Washington fue la peor idea que pudo ocurrírsele al acalde.

En primer lugar, porque a estas alturas no existe actor político de la ciudad que no reconozca la esterilidad del viaje; hasta Gonzalo Rosero lo hizo notar hoy jueves en radio Democracia. Denunciar una persecución política en su contra, exigir una lista de nombres al Departamento de Justicia de Estados Unidos, ofrecer su colaboración para esclarecer el caso Odebrecht…  Todo no es más que un saludo a la bandera y un despliegue escenográfico, y nada de eso demanda su presencia allá; otra cosa es que él no quiera estar acá. En segundo lugar, fue una mala idea porque su ausencia (y la de Mauro Terán, cabe suponer) propició una insubordinación del Concejo Metropolitano a la que plegaron incluso concejales aliados e independientes que por lo general votan con él. Ahora Mauricio Rodas tiene por delante una sesión extraordinaria en la que deberá rendir cuentas de las informalidades admitidas por él mismo: la de sus conversaciones con Odebrecht y la de su relación con Mauro Terán, asesor sin nombramiento a quien el presidente de la República atribuye la condición de ser “el poder tras el poder en el Municipio”.

Sesión extraordinaria: justo lo que él quería evitar, sólo que ahora son 19 de 21 concejales quienes se la exigen. Antes de su partida no llegaban a 11. Que se recuerde, es la primera vez que este alcalde, cuya estrategia política consiste precisamente en evadir la política, termina siendo forzado por el Concejo a aterrizar en ella.

Se discutió y aprobó el proyecto de resolución presentado por Daniela Chacón, que incluye la convocatoria a sesión extraordinaria (para que el alcalde informe sobre las actuaciones de todos sus “asesores externos”) y la adopción de varias medidas para transparentar el proceso de contratación de Odebrecht y la relación de Mauro Terán con la Alcaldía: examen de la Contraloría a las declaraciones de bienes de los concejales; examen especial a todos los funcionarios que participaron en el proceso de contratación de Odebrecht en ésta y la anterior administraciones; sanción a los funcionarios que no entregan al público la información pública; disposición para que la Empresa Municipal de Obras Públicas y la Empresa Metro de Quito remitan en 15 días al Concejo toda la documentación relacionada con Odebrecht que mantienen en secreto…

Todo salió mal para Mauricio Rodas.

Primero: la información que su alcaldía demoraba en entregar la repartió Eduardo del Pozo, el vicealcalde a cargo de dirigir la sesión, pronto a reaccionar a la coyuntura con gestos magnánimos que lo hagan flotar ante los concejales.

Segundo: su defensa de que el problema de Mauro Terán, imputado por fraude fiscal, es uno de índole particular que nada tiene que ver con el Municipio dado que no es funcionario, fue desvirtuada por Daniela Chacón con el argumento de la responsabilidad pública: si Terán cumplió delegaciones del alcalde sin ser funcionario, o sea sin la posibilidad de ser fiscalizado ni la obligación de rendir cuentas a nadie, el caso es más grave de lo que la Alcaldía pretende.

Tercero: sus intenciones de borrarse del mapa hasta el 22 de enero quedaron al descubierto y fueron objeto de burlas y de suspicacias. Porque no sólo iba a Washington el alcalde. Su próxima escala programada era Davos, donde pretendía asistir al Foro Económico Mundial. O sea que después de salvar al Ecuador en Estados Unidos Rodas quería salvar al mundo en Suiza mientras dejaba a Quito arder en llamas. “¡Suiza!”, se escandalizó el concejal correísta Jorge Albán: “¡El mayor paraíso fiscal del planeta!”. Finalmente se anunció que Rodas, que al parecer no sabe si va o viene y vacila por momentos en su estrategia de improvisaciones, había cambiado de opinión y decidido regresar el día 14.

Ya nadie pasó por alto el tema de las “conversaciones informales” con Odebrecht admitidas por Rodas en la anterior sesión del Concejo, la semana pasada. En ese momento muy pocos reaccionaron ante esa revelación tan comprometedora. Hoy todos se escandalizan. Y todos aportan con su granito de arena a la montaña de dudas que genera Mauro Terán: que no sólo era operador político sino administrativo, dijo Patricio Ubidia; que era el delegado directo del alcalde para cuestiones importantes, aseguró Anabel Hermoza; que se reunía con todos y coordinaba la agenda legislativa, reveló Luisa Maldonado…

Sin argumentos defendibles, los concejales fieles a Rodas recurrieron a la obstrucción jurídica y apelaron a cuestiones de procedimiento. Según ellos, nadie sino el alcalde tiene la atribución de convocar a sesión extraordinaria del Concejo. Incluso contaron con la ayuda del procurador municipal, que fue llamado a consulta y se pronunció a favor de esa extraña interpretación que, de ser cierta, dejaría a un órgano parlamentario sin la posibilidad de autoconvocarse. No bastó. La concejal Ivonne von Lippke arrastró, metafóricamente hablando, al procurador municipal. “Usted no es juez”, le dijo, y procedió a darle lo que llamó “una lección de derecho”.

Si Von Lippke arrastró al procurador, Albán hizo lo propio con el secretario del Concejo, a quien se le ordenó la semana pasada remitir toda la documentación faltante sobre el proceso Odebrecht y no lo hizo. “¡Usted es secretario del Concejo, no del alcalde!”, le recordó Albán, exaltado.

Ese es el clima con que deberá enfrentarse Mauricio Rodas la próxima semana cuando acuda a la sesión extraordinaria del Concejo. Lo que traiga de su viaje, el informe del resultado de sus gestiones ante los organismos que visitó en Washington, de poco le servirá para contener la avalancha que se le viene encima. Básicamente porque no hay resultados que mostrar. Sus relaciones con el Concejo Metropolitano están en su peor momento. Y, para su desgracia, no cuenta con un Mauro Terán que le apague el incendio con negociaciones informales.

Mauricio Rodas puso pies en polvorosa

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Mauricio Rodas compra tiempo desesperadamente. Por horas. Ante la perspectiva de rendir cuentas este jueves ante el Concejo Metropolitano sobre su relación con el detenido Mauro Terán, puso pies en polvorosa. Hoy voló a Washington dizque para pedir al Departamento de Justicia de Estados Unidos que difunda la información completa sobre las supuestas prácticas irregulares de Odebrecht en Ecuador. Para que “se esclarezca la verdad –dijo en el aeropuerto, antes de subirse al avión– y se desvirtúen todas las acusaciones, las especulaciones sin sustento”. También acudirá a los organismos de derechos humanos de la OEA para denunciar lo que considera como una persecución política del gobierno en su contra. Este viaje, montado a última hora, le permitirá eludir por esta semana los dos pedidos presentados por los concejales (uno de Daniela Chacón, otro del bloque de PAIS) para que explique con detalles los alcances de su relación con el asesor político Mauro Terán, detenido por orden de la Fiscalía bajo la acusación de fraude fiscal.

En un comunicado que leyó ante la prensa hoy, 10 de enero, Rodas dijo conocer a Mauro Terán como “una persona honorable”. De paso, dio por cerrados dos temas que lo acosan: uno con el Concejo y otro con la opinión pública. Al Concejo, que solicita debatir el tema, le dijo que cualquier lío que su asesor tuviera con las autoridades tributarias es un problema “de índole particular”. A la opinión pública, interesada en saber qué hace Mauro Terán en la alcaldía, ratificó que él no es funcionario municipal, pero que ha colaborado con su administración desde el principio. Lo cual da más fuerza a las preguntas planteadas por los concejales. Los de PAIS aseguran haber visto a Terán como delegado del alcalde en las reuniones donde se conformaron las comisiones municipales e intermediando entre la Alcaldía y el Concejo. Ellos y Daniela Chacón se preguntan en virtud de qué figura legal lo hacía. Y si cumplía, además, otros papeles en los directorios de las empresas municipales y en la negociación de contratos.

Lo de la figura legal es clave. El alcalde admite que Terán no es funcionario. ¿Trabajaba gratis? ¿Por qué tenía oficina y parqueadero? ¿Por qué la secretaria del Concejo era su mano derecha? ¿Cómo consiguió ascender hasta el punto en que el presidente de la República lo llama “el poder tras el poder en el Municipio de Quito”?

En lugar de quedarse en Quito para contestar estas preguntas al Concejo, Rodas ensaya un gesto tan teatral como vacuo: viaja hasta Washington para presentar, seguramente en una ventilla del Departamento de Justicia, un documento que podría enviar por correo electrónico. Y que, de cualquier manera, carece de sentido: ¿el alcalde de Quito va a decir al Departamento de Justicia de Estados Unidos lo que tiene que hacer? Esta opereta terminará con una foto p’al Face. Como la que se hizo en Roma con el Papa.

A Washington lo acompaña Gastón Velázquez, presidente encargado de la Comisión Metropolitana Quito Honesto. Gracias a esta coyuntura la opinión pública se ha enterado de su existencia. También Rodas tiene, como Correa, una suerte de secretaría de la transparencia donde un equipo de funcionarios recibe un salario para perseguir la corrupción mientras la corrupción campea.

Es curioso por demás que, mientras Rodas pide en Washington que se entregue toda la información, en Quito es especialista en ocultarla. Los concejales de PAIS revelaron hoy que el contrato con Odebrecht, que la Alcaldía hizo publicar esta semana con 10 meses de retraso, es en realidad un tercio del contrato total: publicaron 180 páginas de las 530 que tiene el original que reposa en una notaría y cuya copia está a disposición del público por 800 dólares. Además, no ha entregado 33 documentos que él citó en su informe sobre Odebrecht pero ningún concejal ha visto.

Otro de los problemas que le esperaban el jueves al Alcalde es la acusación que hizo Rafael Correa este lunes en sus redes sociales. “Tenemos movimientos millonarios –dijo– en cuentas de candidato de derecha por Tungurahua a la Asamblea”. En clara referencia al caso de Mauro Terán, Correa dijo que tampoco ese candidato tiene “cargo” pero que “todos saben (está) vinculado a las negociaciones del Metro”. No dio nombres. 4Pelagatos supo que el tungurahuense Jacobo Sanmiguel, que es candidato alterno de su propia esposa en la lista nacional de la alianza CREO-SUMA, fue parte de la delegación que viajó a Brasil con Mauricio Rodas en marzo de 2014, es decir, después de electo pero antes de asumir el cargo. Quizás el alcalde pueda decir quién pagó ese viaje que se hizo en un momento en que ya Odebrecht había si precalificada para participar en la licitación por el metro y había presentado, en sobre cerrado, la carpeta con su oferta.

¿Quién es el asesor de Rodas apresado por Galo Chiriboga?

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En el Municipio de Quito lo identifican como el poder tras el trono. El hombre a quien todos (y todos quiere decir todos, incluido el alcalde) regresan a ver en las reuniones de comisión antes de aprobar o rechazar una propuesta. El principal operador político de Mauricio Rodas, en cuyo nombre negocia con la oposición cuando se aproximan votaciones difíciles en el Concejo. Personaje tan cercano al alcalde como para formar parte de la extraoficial “mesa chica de decisiones”, junto con Armando Rodas, Santiago Zeas, Óscar Rivera, Jaime Durán… Es Mauro Terán, a quien la Fiscalía detuvo la noche del viernes 6 de enero bajo la acusación de defraudación tributaria.

Que el Municipio, luego de su detención, emitiera un comunicado oficial firmado por el administrador Miguel Dávila, negando que Mauro Terán sea funcionario municipal, es una estrategia que recuerda la manera de operar de los socialcristianos. En efecto: no es funcionario municipal. No tiene nombramiento, aunque sí tiene asignado un parqueadero y también tuvo una oficina. Pero el hecho de no ser funcionario municipal no le impide ser el hombre más cercano al alcalde (con la probable excepción de su hermano Armando). No le impide moverse a todos lados (como consta en la abundante documentación fotográfica) con la secretaria del Concejo, María Elisa Holmes, su brazo derecho, quien dejó su cargo para encabezar la lista de candidatos a la Asamblea por CREO en un distrito de la provincia del Guayas. Ni asistir en el Municipio a todas las reuniones que considere necesarias (también hay fotos). Y, sobre todo, no le ha impedido ejercer su poder sobre cada decisión política, cada negociación, cada contrato, cada nombramiento de importancia.

En el gobierno lo conocen bien. De Mauro Terán se dice que tiene un pie puesto a cada lado de la Plaza Grande. Su contacto en Carondelet era Omar Simon, hasta hace poco secretario privado del presidente de la República, con quien lo une una vieja amistad que proviene de su común origen latacungueño. Con esta relación y sus habilidades negociadoras, Terán fue el hombre clave para asegurar el aporte del gobierno al proyecto del metro para Quito. Tiene también excelentes relaciones con la Contraloría y la Procuraduría, en cuyas manos reside el poder de detener cualquier proyecto municipal (Solución Guayasamín o Quitocables, por ejemplo) con un informe desfavorable.

Su incidencia al interior del Municipio es enorme. Es el ideólogo de ciertos cambios administrativos y políticos que transformaron el funcionamiento del Cabildo. El primero de ellos: una resolución que otorgó a la administración general el poder (antes exclusivo de las secretarías) de firmar contratos. Esto benefició directamente a quien entonces ocupaba el cargo de administradora municipal, Alexandra Pérez, a quien en el Municipio se identifica como socia de Terán. Pero sobre todo Mauro Terán es conocido por haber inventado un novedoso sistema de negociación política para garantizar la gobernanza en el Concejo Metropolitano. Un asunto delicado para Mauricio Rodas, que inició su administración con una precaria mayoría que ha sabido mantener a duras penas pese a las deserciones de Ivonne von Lippke, Sergio Garnica y Daniela Chacón de las filas de su partido.

Con sólo dos concejales de SUMA, Terán supo manejar con rienda corta a sus aliados de VIVE (cuatro) y mantener a su lado a tres de los cinco independientes (Karen Sánchez, Eddy Sánchez y el mismo Garnica). Así ha mantenido la mayoría de un voto hasta el día de hoy. ¿Cómo lo logró? Negociando espacios de manejo político con los concejales. En la práctica, la estrategia pasa por entregarles el manejo de las administraciones zonales, entre otros espacios de poder. Esto es público: cuando los vecinos de Quitumbe, por ejemplo, necesitan presentar una petición al Municipio, saben que la persona indicada para negociarla es Eddy Sánchez. Lo mismo ocurre con el resto de administraciones zonales. Terán las negoció todas reuniéndose a puerta cerrada con los concejales difíciles, uno por uno. El mapa quedó más o menos así: La Delicia para Marco Ponce; Los Chillos para Renata Moreno; Tumbaco para Pedro Freire; Calderón para Sergio Garnica; Eloy Alfaro para Mario Granda; Quitumbe para Eddy Sánchez; Eugenio Espejo para Antonio Ricaurte, hasta su salida del Concejo… Y no sólo las administraciones zonales: hay otros espacios de poder muy apetecidos. La Empresa de Hábitat y Vivienda, por ejemplo, quedó en manos del actual vicealcalde, Eduardo del Pozo, de CREO. Y el Mercado Mayorista fue para Marco Ponce. Esto lo sabe cualquiera. Basta preguntar a los dirigentes barriales, a las asociaciones de vecinos, a las organizaciones sociales vinculadas a sectores específicos de la ciudad: todos ellos saben perfectamente a quién tienen que dirigirse según su pertenencia a una u otra administración zonal.

Lea aquí cómo Correa en su sabatina mencionó indirectamente el caso de Mauro Terán

Los resultados de este esquema han sido claramente exitosos en lo político y francamente deplorables en lo administrativo. Convertidas en botín político, las administraciones zonales operan con estrategias clientelares: las que el concejal a cargo diseñe para su beneficio. Eddy Sánchez, por ejemplo, tiene en Quitumbe la base para la formación de su movimiento político: el MASS. Todo lo cual crea un conflicto terrible con la institucionalidad del Municipio, especialmente con la oficina encargada (en los papeles) de coordinar esas administraciones zonales: la Secretaría de Coordinación Territorial. El resultado es desastroso: los niveles de ejecución presupuestaria de algunas administraciones son bajísimos. Los Chillos, por ejemplo. Y (otra vez) Quitumbe.

Sí, Mauro Terán no es un funcionario municipal, como se apresuró a aclarar el administrador general del Municipio en su comunicado. Pero nadie como él ha ejercido el poder dentro de ese organismo. Tanto, que los informantes consultados por 4pelagatos prefieren (aunque la mayoría de ellos ya no se encuentra trabajando ahí) mantener el anonimato por temor a posibles represalias. A Mauro Terán se le teme. El caso es que sus versiones coinciden. Y todos lo colocan en la cabeza de las negociaciones más sensibles, especialmente cuando se trata de contratos. No cualquier contrato: sólo los que superan los 300 mil dólares y constan en una lista especial. Terán no se encarga de menos. La compra de biarticulados, el metro, la Solución Guayasamín, los Quitocables… ¿Será que el tipo de negociaciones que lleva a cabo en esos contratos es de aquellos que requieren, precisamente, de alguien que no sea funcionario?

Foto: la detención de Terán en el aeropuerto de Quito. Diario Extra

¿Cómo contrató Rodas a Odebrecht? Informalmente…

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La negociación entre el Municipio de Quito y Odebrecht para reducir el monto del contrato del Metro se hizo en “conversaciones informales”. No se levantaron actas, así que no se puede saber qué cuestiones se trataron en ellas. Tampoco está claro, salvo por un puñado de nombres, quiénes asistieron. Ni cuántas hubo. Algunos concejales se preguntan dónde tuvieron lugar. Nada se sabe, salvo que fueron informales. Tanto, que el alcalde Mauricio Rodas se niega a llamarlas negociaciones. Negociación, lo que se dice negociación, no hubo ninguna, explica. ¿Cómo podía haberla si Odebrecht se negó? La comisión negociadora ni siquiera se llegó a conformar. Se habían abierto las carpetas con las ofertas de las empresas participantes en el concurso y se había descubierto que todas ellas superaban el presupuesto referencial con alrededor de 500 millones de dólares. El Municipio propuso entonces al consorcio Odebrecht-Acciona, que había presentado la mejor oferta, abrir un proceso de negociación para reducir el monto de la propuesta. Pero Odebrecht-Acciona dijo que no negociaría nada hasta que no se le adjudicara el contrato. Entonces tuvieron lugar estas “reuniones de carácter informal” que condujeron a la redacción de un “acta de entendimiento”, diáfana, pulcra, transparente, que fue aprobada por los organismos multilaterales de crédito. ¿Se consiguió que Odebrecht-Acciona rebajara el monto del proyecto? No. El monto del proyecto lo rebajó Rodas en 50 millones haciendo carambolas por otros lados. Pero al consorcio se le adjudicó el contrato. La informalidad trae sorpresas.

Todo esto se supo durante la sesión extraordinaria del Concejo Metropolitano de la capital que se celebró la tarde del miércoles 4 de enero para tratar un único punto: la relación entre el Municipio y Odebrecht. Y se supo nada menos que de boca del propio alcalde Rodas y del gerente de la Empresa Metro de Quito, Mauricio Anderson. Habían omitido esos detalles del informe que presentaron al principio pero terminaron contándolos cuando no tuvieron más remedio, pues los concejales de oposición (que algo sabían) los ametrallaron a preguntas. Fue una sesión tensa, pródiga en altisonancias y roces verbales, donde demasiada gente estaba demasiado irritable: Rodas, sus concejales afines y los de PAIS, bajo cuya administración empezó este lío. Odebrecht parece tener el don de poner nervioso a todo el mundo.

Lo curioso es que, aún en medio de estas revelaciones, Mauricio Rodas continuó llenándose la boca con la palabra “transparencia” hasta el final de la jornada. ¿Cuántas veces la pronunció? Decenas. En todos los tonos posibles. Ya durante la presentación del informe despachó frases superlativas del tipo “este es el contrato más vigilado de la historia del Ecuador”. Dijo que cada paso había contado con la aprobación y el aval de los organismos multilaterales. Nada podía ser más limpio. Y se apoyó en un informe de Contraloría para negar, “ca-te-go-ri-ca-men-te”, así dijo, que durante su administración se hubiera producido un incremento en el costo del proyecto. “Jamás”. Lo que hubo fue un presupuesto referencial subvalorado. ¿Quién tiene la culpa? La administración anterior, que abrió el proceso de licitación. El tema mantuvo a los de PAIS, particularmente a Jorge Albán, ocupados en salvar los muebles, hablando de tuneladoras, potenciaciones, gastos generales, costos indirectos y otros temas intrincados inaccesibles para quienes no conozcan de antemano el difuso laberinto del proyecto Metro Q.

El primero que mencionó el asunto de las reuniones informales fue el concejal correísta Luis Reina, a quien Mauricio Rodas se complace en tratar pésimo. Reina quiso saber quién estuvo a cargo de las negociaciones. “¿Quién llegó a los acuerdos –preguntó al alcalde–, lo hizo usted? ¿Encargó a alguien? ¿Cuándo y dónde se reunieron?”. Lanzó estas preguntas ladinamente, sin afirmar nada pero subrayando cada palabra para cargarla de suspicacia. “¿Se reunieron acaso en algún bufete de abogados, en algún banco?” ¿En las oficinas de Odebrecht quizás? ¿O viajaron al extranjero? ¿Quién corrió con esos gastos?  El concejal Marco Ponce lo interrumpió, ofendido y tembloroso. Rodas lo arrastró. Lo llamó ignorante. Le dijo que haga el favor de atender: ¿no oyó que no hubo negociaciones? Pero la avalancha estaba en camino. A partir de ese momento, no hubo concejal de oposición que no pidiera aclaraciones sobre este punto. Finalmente Rodas y el gerente Anderson lo admitieron: esas reuniones informales existieron. Transparentes, muy transparentes. Y tuvieron lugar en las oficinas de la Empresa Metro de Quito, en ningún otro sitio. No en Brasil, no en el despacho de Odebrecht, no en un banco, no en un edificio de avenida Amazonas y República, no en un bufete de abogados…

Por lo demás, la transparencia de este proceso de contratación no se diferencia en mucho de la de otros megaproyectos municipales, como la Solución Guayasamín y los Metrocables, y consiste en escamotear los documentos esenciales para que los concejales de oposición y los ciudadanos no los vean. En este caso, el contrato con Odebrecht. ¿Dónde está? “Es público, por supuesto que es público”, aseguró varias veces Rodas al borde del ataque de nervios, aunque no fuera sino para matizarlo más tarde como quien no quiere la cosa: es público, sí, lo que pasa es que no ha sido publicado. Ni está en la página Web de la Empresa Metro de Quito ni fue entregado a los concejales ni nada. Está en la notaría donde lo protocolizaron. Cualquiera puede ir allá y verlo.

El caso es que gran parte de la documentación de este proceso o no existe o no es pública, como ya es costumbre en la administración de Rodas, así que el Concejo Metropolitano se vio abocado una vez más a discutir sobre un tema que involucra cientos de millones de dólares (miles de millones esta vez) sin disponer de la información suficiente. Por supuesto que el alcalde se comprometió a entregar a los concejales todo lo que sea necesario. Pero nada garantiza que las conversaciones informales con Odebrecht (una empresa amante de la informalidad donde las hay), revelen sus secretos.

En la imagen: el gerente de la Empresa Metro de Quito, Mauricio Anderson, durante la presentación de su informe ante el Concejo Metropolitano. Foto: Municipio de Quito

La política huyó de Quito

en Columnistas/Las Ideas por
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En estos últimos días ha habido polémica en una pequeña parte de la ciudad por la construcción del proyecto de transporte masivo por cable en la zona del Condado. Una polémica que no ha salido de las redes ni ha merecido un verdadero debate en el Concejo Metropolitano y en la ciudad.  Más allá de las posiciones sobre la conveniencia o no del proyecto, hay un tema que ha pasado inadvertido: cientos de personas serán expropiadas y nadie, absolutamente nadie, se pregunta si aún en estas épocas las expropiaciones son necesarias. ¿No había otras opciones menos traumáticas? ¿No debe la municipalidad agotar todas las opciones para disminuir el impacto social del proyecto y evitar que 200 quiteños sean despojados de sus viviendas? ¿Por qué este tema no ha merecido la opinión de la mayoría de los quiteños?

Algo similar ocurrió con el caso de la Solución Vial Guayasamín. A pesar de las dudas levantadas por varios actores sobre la contratación millonaria a una empresa china cuestionada internacionalmente, a la mayoría de los ciudadanos pareció importarle poco cómo se usan los recursos de todos y si ese proyecto era el más conveniente, viable y sostenible.

La documentación que demostraba lo contrario era abundante; la información proporcionada por la Alcaldía, incompleta y contradictoria. A pesar de eso y de los espacios que se abrieron para estudiar el problema, el debate público giró en torno a una cuestión dominante: oponerse a una obra era oponerse al progreso de la ciudad. Fue un debate de espaldas a la información que estaba disponible para todos. Académicos, profesionales, empresarios, gente en quienes la falta de información resulta inexcusable, defendieron la Solución Vial Guayasamín con el único argumento de que no había que oponerse a las grandes obras. Como si las obras per se fueran siempre y necesariamente buenas, sin importar cómo se financian, cómo enfocan el problema que pretenden resolver, con qué estándares éticos se manejan. En suma: sin importar el necesario debate político que las rodea.

Quizás diez años de correísmo produjeron esta crisis de ciudadanía. Este desinterés por informarse para tomar posiciones. Este fetiche de la obra pública. Esta triste concepción del ciudadano como un sujeto pasivo a la espera de que se le concedan los dones del Estado, vengan como vengan, y limitarse a dar las gracias con una sonrisa y una reverencia. Que esta conducta se haya afincado en Quito, la ciudad política por excelencia de la República, es extremadamente preocupante.

Podría seguir enumerando temas de la ciudad que necesitan ser discutidos por los ciudadanos y sobre los cuales los quiteños estamos obligados a opinar. Lo que pasa en la ciudad no puede pasar inadvertido por más que estemos cansados de la política nacional. Discutir los temas de Quito, devolver la política a nuestra ciudad es absolutamente necesario para que las decisiones se tomen en Quito y para Quito.

La desaparición de partidos quiteños como la Izquierda Democrática y la Democracia Popular generó un vacío de liderazgo político en la ciudad que los años de la revolución ciudadana sólo ha profundizado. Augusto Barrera decidió dejar la política de la ciudad a Rafael Correa, una de las razones por las que perdió la reelección a la Alcaldía de Quito en 2014. Ese resultado electoral, a mis ojos, parecía un preludio de que los quiteños estábamos dispuestos a devolverle a nuestra ciudad un carácter más rebelde y libertario, como dicta la tradición que siempre reivindicamos los quiteños. Uno de los mandatos principales que Mauricio Rodas ha incumplido continuamente.

Sin embargo, no ha vuelto la política a la ciudad, la buena, la necesaria. La que exige a sus líderes gobernar la ciudad y no estar pensando en cruzar la Plaza Grande. La que se interesa por lo que sucede en el Concejo Metropolitano y las decisiones que ahí se toman. La que no se contenta con las “mega obras” de la Alcaldía, algo que me suena demasiado similar a las “carreteras” del correísmo. La que exige la toma de decisiones difíciles, políticamente complejas pero necesarias para el futuro sostenible de nuestra ciudad. La que no se convence con discursos superficiales que no dicen nada y exige profundidad en la gestión y en las posturas de sus líderes.

Después de diez años de un letargo político en nuestra ciudad, de una omnipresencia de Rafael Correa que movió el eje de rotación del país y de Quito  alrededor de él, pensé que los resultados de las elecciones de 2014 significaban volver el eje de rotación a nuestra ciudad. Sin embargo, estamos lejos de ese anhelo. El debate público, cuando existe, le sigue dando la espalda a la política. Los quiteños han perdido el interés, no se informan y caen fácilmente en la lógica maniquea de los discursos oficialistas, a favor o en contra, sin verdadero debate. Diez años de correísmo han vuelto a los ciudadanos una masa sin criterio y los nuevos políticos de Quito, la quieren igual de aletargada.

Quiteños, ustedes podrán estar a favor o en contra del Alcalde, de sus obras, de su gestión. Y podrán no coincidir con las críticas que he levantado, ese no es el punto. Lo que yo les pido con este artículo es que se despierten y se interesen por lo que pasa en la ciudad. Que se informen, opinen con fundamento y sean verdaderos ciudadanos democráticos, agentes de cambio. Solo así recuperaremos la política, la buena, en la ciudad.

Daniela Chacón es concejal de Quito

Rodas aprueba los Quitocables con maniobras y alzamanos

en La Info por
UIO MORADORES DE SAN JODE DEL CONDADO ACUDEN A LA ADMINISTRACION LA DELICIA DONDE SOSTIENEN REUNION SOBRE PROYECTO QUITO CABLES.

DANIEL MOLINEROS / EL TELEGRAFO

El alcalde Mauricio Rodas lo logró: este viernes al mediodía el Concejo Metropolitano aprobó el uso de predios municipales en el noroccidente de Quito para la construcción del proyecto Quitocables. ¿Cómo lo hizo? Rompiendo su palabra. Se había comprometido –y el concejal Jorge Albán se lo recordó durante la primera parte de la sesión, el día jueves– a que cualquier votación sobre el tema de los Quitocables tuviera lugar solamente después de que se entregara toda la información a los concejales y éstos dispusieran del tiempo suficiente para revisarla. Ninguno de esos dos requisitos se había cumplido, por eso la sesión ordinaria de esta semana, suspendida el jueves a causa del apagón y concluida el viernes con artimañas de por medio, debía ser meramente informativa. Así rezaba la convocatoria. El secretario de movilidad, Darío Tapia, iba a exponer los detalles técnicos del proyecto y luego se daría la oportunidad a los concejales para debatir y plantear preguntas. Sin embargo, a última hora y en contra de su promesa, el alcalde dio paso a una votación.

Lo que vino después es un compendio de los lugares comunes de la vieja política que el joven Mauricio Rodas dice despreciar: artimañas para conseguir quórum, prestidigitación de documentos, traiciones, deslealtades, leguleyadas para cumplir con los formalismos jurídicos aun a costa de vulnerar los parámetros éticos, desprecio por el debate… Todo para aprobar un proyecto sin información suficiente y sin consenso, como describe la concejal Daniela Chacón.

La información, una abultada colección de carpetas con 396 páginas de documentos y siete videos, había empezado a llegar al escritorio de los concejales al final de la tarde del martes. Jorge Albán dice que la recibió el miércoles. Era obvio que no tenían tiempo para revisarlo todo hasta el jueves a las ocho de la mañana. Pero sí notaron que faltaba la pieza principal, el informe que, en temas de movilidad, se considera como imprescindible para tomar cualquier decisión: el estudio origen-destino. Es decir: cuál es el flujo de la movilidad en la zona involucrada en el proyecto; desde dónde y hacia dónde se mueve la gente; cuántos; cómo; a qué hora. Ese estudio, si existe, la alcaldía no lo ha mostrado a nadie.

La primera traición fue la del concejal Sergio Garnica. Él había acordado con un grupo de concejales independientes y de Alianza PAIS apoyar la propuesta de no votar decisión alguna sobre los Quitocables hasta disponer de toda la información y haber agotado el debate. En la oficina de Jorge Albán se lo ratificó minutos antes de la sesión del jueves. Sin embargo, una vez instalada, lo primero que hizo fue exactamente lo contrario: propuso un cambio en el orden del día para incluir una votación. Entonces vino la segunda traición, la del alcalde: a su palabra dada. La propuesta de Garnica se aprobó con una justificación retórica de su parte y su voto a favor.

La sesión siguió su curso como estaba previsto hasta que el apagón salvó (aunque muy precariamente) a los concejales inconformes. Durante el receso, éstos decidieron no volver a presentarse. El Concejo quedó sin quorum. Se volvió a convocar para el viernes a las ocho de la mañana. Daniela Chacón se excusó de asistir por compromisos previos y, para esa sesión, la de las ocho, principalizó por escrito a David Bermeo, su concejal alterno. Bermeo se excusó también. Sin él no había quórum. El equipo de Rodas hizo una nueva convocatoria para las 09h30 pero volvió a fallar. Decidieron entonces traer a la siguiente alterna, Monserrat Cevallos. Cuando lo supo, Daniela Chacón tuiteó su desacuerdo: dijo que ella no había autorizado la presencia de Cevallos. En realidad, el Código de la Democracia permite la participación del siguiente alterno cuando falta el anterior. ¿Dónde está el problema entonces? En la carta de excusa de Bermeo: llegó a la secretaría del Consejo a las 08h15, cuando la primera fallida sesión todavía estaba en trámite, y en ella Bermeo se excusa de asistir a esa sesión y a la siguiente, a la de las 09h30. Sorprendente acto de anticipación, pues la sesión de las  09h30 no sería convocada sino hasta las 08h50. ¿Cómo puede Bermeo excusarse de asistir a una sesión que ni siquiera había sido convocada?

Fue, desde luego, un montaje. El Concejo pudo y debió recurrir a cualquiera de los alternos de los otros concejales ausentes. El problema es que los alternos de PAIS y de los movimientos independientes son, también, gente de PAIS o independientes. Sólo los alternos de Chacón, que llegó al Concejo formando parte de la lista de Mauricio Rodas, son fieles al alcalde.

Así que llevaron a Monserrat Cevallos. La convocaron a las 11h17, la sentaron en el Concejo a las 12h00, completaron quórum con ella y aprobaron los Quitocables en una sesión relámpago sin información ni debate. Cevallos cumplía el requisito favorito que precisa Rodas en un miembro del Concejo: no sabía nada de nada. “La señora –hace notar Chacón– no recibió la documentación, no conocía del tema, lo único que hizo fue sentarse ahí y alzar la mano”.

Jorge Albán, de PAIS, está indignado. Él encuentra escandaloso que el alcalde rompiera su palabra, que el concejal Garnica traicionara un compromiso, que colocaran una concejal alterna de Daniela Chacón sin ninguna competencia. “Es un descaro, una desfachatez, un atrevimiento”, opina. Albán y los demás concejales de su movimiento se oponen frontalmente al proyecto de los Quitocables por una serie de razones que él enumeró en una conversación con 4pelagatos. Para empezar, no cree que sea la alternativa más adecuada para los problemas de movilidad en el sector. Además porque encuentra que el proyecto está siendo promovido con engaños entre los habitantes de la zona (“socializado”, dirían los burócratas a cargo). Se dice, por ejemplo que los beneficiarios son 200 mil cuando en todo el sector no viven más de 100 mil habitantes; se justifica la necesidad de los Quitocables con el argumento de que un viaje en bus, actualmente, toma casi dos horas, cuando la verdad es que tarda 30 minutos. Además, a los habitantes se les ha ofrecido obras adicionales de vialidad y desarrollo integral que no están contempladas en el presupuesto. Finalmente, acusa a la alcaldía de provocar una tensión y una conflictividad social en la zona que a punto está de resolverse con violencia.

Daniela Chacón ha recorrido la zona, se ha reunido con expertos en movilidad, ha revisado los documentos y todavía no tiene una opinión definida: le falta información. Dice que sin los estudios de origen y destino es muy difícil decidir sobre la pertinencia del proyecto. Por eso se oponía a una votación esta semana. Califica lo que ocurrió de “mañosería política”. Se aplicaron, dice, “mecanismos poco éticos que demuestran cómo las mismas prácticas que hemos criticado durante los últimos diez años se repiten en un movimiento que asegura representar el cambio, y que acaba de hacer alianza electoral con un candidato que ofrece un país distinto. Con los hechos demuestran que eso sólo es un discurso”.

La verdad es que es difícil saber si los Quitocables son la mejor solución para la movilidad en el noroccidente. Las cifras de la alcaldía, como sostiene Albán, no son confiables. La información disponible, como apunta Chacón, está incompleta. No importa. Ahora, como repitieron varios de los ciudadanos que fueron llevados al seno del Concejo para expresar su apoyo al proyecto, “los Quitocables van porque van”. Rompiendo su palabra, Rodas lo logró.

Foto: habitantes de San José del Condado protestan contra el proyecto de Quitocables que impone varias expropiaciones. 

Daniela Chacón: Rodas rompió su principal promesa de campaña

en La Info por
mauricio rodas y daniela chacón

Mauricio Rodas se acaba de quedar sin vicealcaldesa. Por medio de una carta que subió hoy a las redes sociales, Daniela Chacón hizo pública su decisión de renunciar a ese cargo debido a sus diferencias irreconciliables con el alcalde. En las últimas semanas, Chacón encabezó la oposición al proyecto vial Guayasamín, que considera lesivo para la ciudad y al que critica por su falta de transparencia. Su renuncia, sin embargo, alude una razón más de fondo: la reproducción, por parte de Mauricio Rodas y su equipo, de conductas políticas irresponsables que ella identifica como propias del correísmo: la opacidad de los procesos de contratación, la deslegitimación de la crítica, la improvisación, la política basada en encuestas y no en el bien común… A continuación, la carta pública de la ex vicealcaldesa:

«En días anteriores, haciendo eco de varias voces ciudadanas, manifestamos nuestros cuestionamientos de fondo a la obra Solución Vial Guayasamín. Ha sido gracias a estas acciones ciudadanas y a nuestro cuestionamiento frontal que la Alcaldía de Quito ha propuesto modificar el proyecto eliminando el paso elevado por la Diego de Almagro, mejorando el diseño de la Plaza Argentina y proponiendo incorporar servicios de transporte público.

»Si bien estos cambios eran necesarios, no resuelven los cuestionamientos de fondo. En primer lugar, aún no se entregan los diseños definitivos de estos cambios y por tanto no se conoce cuánto más costará la obra.

»En segundo lugar, se mantiene la intención de hacer una obra que promoverá el ingreso de más vehículos a una zona ya congestionada en lugar de plantear soluciones sostenibles y de largo plazo.

»Y en tercer lugar, la Alcaldía aún no se ha pronunciado sobre la necesaria renegociación del contrato con la empresa china CRBC para mejorar las condiciones para la ciudad. Se debe eliminar la cláusula que pone un candado de 30 años para realizar obras de acceso similares en el centro norte de la ciudad. No podemos entregar la planificación futura de la ciudad a los intereses de una empresa china.

»Se debe clarificar quién asumirá el riesgo de los cambios a la obra y los costos adicionales para que la ciudad no termine pagando más. Se debe cambiar el porcentaje de asignación de los recursos del peaje para que la ciudad se beneficie verdaderamente y no se pacten condiciones financieras solo en función de la rentabilidad de una empresa china. Finalmente, se debe establecer claramente qué sucederá con el barrio Bolaños y cómo se respetará sus formas de vida y derechos de propiedad.

»Lamentablemente, estos cuestionamientos no han sido respondidos a cabalidad, incumpliendo la que yo considero fue nuestra más importante promesa a los quiteños: hacer una nueva política transparente, responsable y democrática.

»En el 2014 recibimos de los quiteños un mandato claro: demostrar que es posible hacer política de manera distinta. Esta nueva política que muchos soñamos requiere de una visión clara para Quito. Requiere tomar decisiones difíciles que no respondan a las encuestas sino al bien común, con una adecuada planificación y sin improvisación. Utilizando procesos transparentes y responsables de contratación sin replicar fórmulas del correísmo que permiten contrataciones directas, obviando principios básicos de la contratación pública. Sin replicar la deslegitimación de la crítica y el enfrentamiento entre ciudadanos.

»Una nueva política que esté obligada a escuchar al ciudadano y responder a sus demandas y no simular diálogos para legitimar decisiones ya tomadas. Necesitamos una ciudad verdaderamente participativa y transparente, sin temor a entregar la información, sin esconder nada y abriendo los debates que importan a la ciudad.

»Una política de posturas firmes y claras pero sin insultos, sin peleas absurdas que no resuelven los problemas del ciudadano. Una política que no tenga miedo a llamar a las cosas como son.

»En este sentido, y para ser coherente con mis principios, he tenido que tomar una decisión difícil pero necesaria. No considero ético mantener un cargo cuando hay diferencias de fondo con la política local y es por ello que he puesto a disposición del Alcalde y del Concejo Metropolitano mi cargo como Vicealcaldesa del Distrito Metropolitano de Quito.

»Continuaré trabajando para la ciudad como Concejal independiente, ejerciendo el cargo para el que fui electa, respondiendo a mis verdaderos mandantes que son los quiteños.

»Quiero agradecer al Alcalde, a todo su equipo y a SUMA por auspiciar mi candidatura y al Concejo Metropolitano por designarme Vicealcaldesa. Ha sido un honor ejercer este cargo y lo he hecho con entrega, pasión y responsabilidad. Siempre apoyaré todas las iniciativas que vayan en función de este sueño y no me prestaré para que mi voto se convierta en moneda de cambio.

»Finalmente, como Concejal de Quito, continuaré trabajando por una ciudad donde los quiteños seamos escuchados y nuestras voces incidan en la toma de decisiones. Por una ciudad donde las mujeres, niñas y adolescentes podamos caminar seguras y tranquilas, libres de acoso sexual en las calles y buses. Por un Quito con identidad donde todos colaboremos para mejorar nuestras condiciones de vida, nuestra movilidad y nuestro ambiente. Que los quiteños queramos vivir aquí y no que tengamos que vivir aquí. Estoy convencida que podemos cumplir este sueño y también sé que para mí ello implica hacerlo desde un espacio independiente que me permita canalizar la voz de muchos quiteños que comparten este sueño de ciudad.»

Errores viales y economías urbanas

en Columnistas/Las Ideas por
jaime izurieta

El anuncio del Municipio de Quito de que se modificaría el diseño original del intercambiador de la Plaza Argentina, parte de su “solución vial” Guayasamín es agridulce. El problema de fondo no era la forma del intercambiador o el nivel de las plataformas. Había tres elementos esenciales de preocupación: en primer lugar el incremento del volumen de tráfico en calles saturadas, en segundo el desplazamiento de los vecinos del Barrio Bolaños y, por último, la falta de transparencia del proceso, a pesar de su legalidad aparente.

Por primera vez, urbanistas de todas las vertientes políticas y técnicas estuvieron de acuerdo: la “solución vial” pone a la ciudad en desventaja frente al camino trazado por urbes competitivas y sostenibles. La mayoría de los argumentos se originaron en espacios ideológicos que enfrentan dos modelos opuestos de ciudad. El primero es el de una ciudad dispersa y orientada hacia el automóvil que, discursos aparte, es el que se obtiene con obras como la “solución vial” Guayasamín, con la reubicación forzosa de asentamientos y con instrumentos normativos como el Plan de Uso y Ocupación del Suelo que permite la urbanización de zonas rurales. El segundo modelo es el de una ciudad caminable y compacta, que se construye desde las redes peatonales y los espacios públicos, inclusiva y con un tejido económico enfocado en las necesidades de más del 70% de ciudadanos que no usan el automóvil para movilizarse.

Mi fundamento para preferir el segundo modelo es más racional, basado en el sentido económico que tiene el buen urbanismo. El think tank Sustainable Prosperity realizó un estudio que determina la diferencia en el costo anual de proveer servicios (educativos, de seguridad, eléctrico y de agua potable, etc.) entre los núcleos urbanos donde el costo promedio por familia es $1.416 y los suburbios dispersos donde es $3.462.

Hay varios costos adicionales que están escondidos. Cada viaje en automóvil empieza y termina en un lugar de estacionamiento. Los estacionamientos al borde de calle son parte del espacio público y por lo tanto un bien raíz perteneciente al Municipio. En zonas donde el metro cuadrado se vende en $3.000, regalar parqueo o cobrar cuarenta centavos representa una subvención a los conductores. La recaudación por este rubro es en algunas ciudades la segunda fuente de ingreso. Quito está perdiendo una oportunidad al tiempo que esconde el costo real de conducir y motiva a que, por el bajo precio, suba la demanda.

El facilismo y la falta de creatividad que arrastra un municipio enfocado en la construcción de obras impide la generación de soluciones alternativas que incentiven a un segmento de conductores a dejar sus vehículos. El destino del presupuesto de la empresa de obras públicas para acomodar a menos del 30% de población que realiza sus viajes en vehículos privados responde a creencias muy poco fundamentadas. La decisión que hoy nos ocupa no es técnica sino estadística: un 68% de quiteños piensa que los pasos a desnivel resuelven el tráfico, aunque la evidencia apunte masivamente en contra.

El modelo de ciudad que se consagra no tiene sentido económico, obliga a la municipalidad a incurrir en gastos cada vez mayores que no resuelven problemas sino que los difieren e incrementan. Se reduce así la posibilidad de un cambio de paradigma. Las obras de infraestructura inciden, igualmente, en la precarización de la economía que representa la expropiación de terrenos.

El barrio Bolaños es legal. Sus habitantes poseen escrituras. Su espacio vital es una ladera escarpada, las edificaciones son precarias y están en una zona calificada como riesgosa para el asentamiento humano pero no obstante las alertas, los propietarios de esos terrenos son sujetos de derechos de propiedad. Lo son tanto como el dueño de un penthouse en la González Suárez o de una casa en Cumbayá. La vulneración de derechos de propiedad constituye una alarma para todos los propietarios de inmuebles en el Distrito. Con este antecedente, el Municipio podría, de surgir la necesidad, tomar la propiedad de cualquier ciudadano al igual que ahora se pretende en Bolaños.

En tercer lugar está el proceso contractual, amparado en instrumentos normativos desarrollados por el correísmo para agilizar la ejecución de obras dentro de un entorno engorroso y burocratizado. A pesar de la aparente legalidad del proceso, existe preocupación por la decisión de contratar con CRBC, empresa china cuestionada por el Banco Mundial y con varios casos de incumplimiento reportados a nivel mundial. Preocupan asimismo cláusulas contractuales como aquella que inhibe a la municipalidad de emprender soluciones adicionales para la congestión, a riesgo de provocar una lesiva terminación del contrato. A pesar de los sendos intentos por interpretar esta cláusula, no es a la ciudadanía a quien deben convencerle de su inocuidad sino a los abogados de la contraparte en caso de controversia. Buena suerte.

El rol de las empresas públicas en la distorsión de la economía urbana, especialmente de aquellas con tamaño, presupuesto y alcance suficientes para influenciar la toma de decisiones desde posturas alejadas de lo técnico y financiero es un factor que requiere de profundo análisis. En el caso de la “solución vial” Guayasamín, las propuestas que incorporan transporte público denotan un desconocimiento de las dinámicas urbanas alrededor de terminales de transporte. El impacto que la ignorancia u omisión de una entidad pública puede generar sobre el valor de propiedades, sobre la economía, la salud pública, la seguridad ciudadana y la inclusión social es enorme y debe valorarse.

En definitiva, el urbanismo debe ser consecuente con la economía, a riesgo de devenir en proclamas irreales y proyectos truncos. Los manifiestos ideológicos que pretenden imponer modelos de ciudad por la fuerza a segmentos de la población que no los comparten están limitados por el tamaño de la economía local. Ante las exigencias de los segmentos subvencionados que pretenden ahondar las distorsiones se impone una economía donde las decisiones tales como utilizar sus automóviles sean tomadas de manera racional y basadas en el costo de oportunidad. De igual modo están circunscritos al tamaño de la economía local los grandes planes elaborados por instancias municipales. Las empresas públicas y secretarías deberían evitar tomar decisiones que distorsionen la economía, a riesgo de beneficiar excesivamente a ciertos grupos en detrimento de otros. Por sus obras, la percepción que tenemos de ellas es que están poco calificadas para procesar la complejidad de las problemáticas urbanas y la importancia de los derechos individuales y la propiedad privada.

Las discusiones urbanas están actualmente guiadas por consideraciones ideológicas que pasan por alto aspectos reales y tangibles como la correspondencia entre la complejidad y escala de la economía y su manifestación en el territorio en forma de calles, plazas, equipamiento cultural, deportivo y cívico, espacios verdes, servicios públicos o gestión de desechos. El fundamento para un modelo de ciudad compacta, densa, caminable y de uso mixto está en el sentido económico de adoptarlo. Y esa es una discusión que aquí todavía no empieza.

Señor alcalde, usted lleva Quito al pasado

en La Info por
Guayaquil, 22 Enero 2013.- ACTUALIDAD. Entrevista a Mauricio Rodas sobre su candidatura presidencial..... Carlos Barros/EL UNIVERSO.

Señor alcalde:

Cuatro meses han pasado desde que usted y Alejandro Larrea, gerente de la EPMMOP, inauguraron las obras de la vía Guayasamín. Cuatro meses desde el día en que los quiteños se enteraron de que usted había tomado una decisión tan crucial sin que la opinión pública pudiera evaluarla siquiera. En cuatro meses usted ha hecho maravillas: adjudicó un contrato a dedo; ocultó información de interés público; consintió que la EPMMOP se convierta en una república independiente que no rinde cuentas a nadie… En una palabra: usted probó, con un contrato tan grande, que su alcaldía es opaca. Y, de paso, puso bajo sospecha todo lo que ha hecho en dos años de administración municipal.

Usted llegó a la alcaldía con la promesa de campaña de hacer una nueva política. ¿Es nueva política servirse del peor de los modelos correístas de contratación, ése de las alianzas público-privadas? ¿Es nueva política desechar un proceso de licitación en que las propuestas giraban en torno a los 70 millones de dólares para contratar a los chinos a dedo por 131 millones? ¿Es nueva política chantajear a la opinión pública haciendo creer que los críticos de ese contrato no quieren soluciones reales al problema vial y de movilidad en Quito? ¿Es nueva política aparentar transparencia con un arrume de cajas llenas de papeles viejos?

Usted tiene 41 años y se vendió como el rostro nuevo de la política ecuatoriana. Y sí: la política ecuatoriana necesita nuevos rostros, pero con nuevas ideas y con prácticas que no riñan con la ética. ¿Calza usted ahí, señor alcalde? ¿Por qué usted no ha dado la cara? ¿Por qué usted evade los debates con expertos y envía a subalternos que dicen generalidades?

¿Es ese el perfil de nuevo político que usted propone? Veámoslo: usted firma un contrato sin contárselo a nadie. Luego se sorprende de que le hagan preguntas por el contenido de lo firmado. Se escuda en un modelo de contratación que le permite ser opaco. Denigra a quienes lo critican: los acusa de oponerse a que Quito avance. Admite dialogar, siempre y cuando sea para mejorar lo que ya firmó. Mientras tanto, la obra sigue adelante. Y sigue adelante por una sola razón: el contrato ya está firmado. ¿No está haciendo usted lo mismo con las canchas sintéticas que su alcaldía está construyendo en los barrios? ¡Cómo se parece todo esto a lo que se hacía en el pasado y se sigue haciendo con el correísmo! La única diferencia es que ahora lo hace usted. Con su rostro nuevo de 41 años y su sonrisa Colgate.

Si esa es la nueva política que propone para reemplazar al correísmo, hay que aceptar que usted logra una doble proeza: copiar la esencia del correísmo en contratación pública y resucitar las peores prácticas del pasado. ¿Así nutre usted sus obsesiones presidenciales? ¿Este tipo de administración es lo que usted imaginaba que Quito buscaba cuando decidió votar por usted porque ya no quería a Augusto Barrera?

¿Ese es el modelo de liderazgo y de administración pública que aprendió usted en México? ¿Adjudicar obras a dedo, esconder los contratos y no dar la cara? ¿Tergiversar los debates, menospreciar a los críticos y conformar un ejército de trolls para hostigarlos, como hace el correísmo? ¿Esos son los activos que usted está poniendo sobre la mesa de negociación con el movimiento CREO? ¿Para eso quiere usted poner a todos los asambleístas por Pichincha? ¿Esto que hace con Quito es lo que quiere proponer al país cuando entre en campaña abierta por la presidencia?

Usted tiene 41 años y un rostro nuevo. Pero está retrocediendo Quito a décadas de opacidad y sospechas de corrupción que cualquier demócrata ansía superar.

De usted,
4pelagatos

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