Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

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Municipio de Quito

La Plataforma que deforma

en Columnistas/Las Ideas por

La lluvia del pasado lunes trajo a la luz pública muchos cuestionamientos contra la ya construida Plataforma de Gestión Financiera. Tal como era de esperarse, a la mañana siguiente, el Gobierno salió a la defensa del nuevo edificio gubernamental. En una rueda de prensa, previa a su viaje a Buenos Aires, el Presidente saliente aseguró que es normal que un edificio nuevo se inunde; y que las reparaciones que requiere la edificación en cuestión alcanzarían un costo cercano a los ochocientos mil dólares. Puede ser que, para muchas personas, los inconvenientes provocados por la Plataforma Financiera estén exclusivamente relacionados con los hechos ocurridos durante esta semana. Sin embargo, quienes conocemos algo sobre arquitectura y urbanismo podemos asegurar que éste es sólo uno de los tantos episodios desafortunados que han afectado a muchos, y que afectarán el futuro desenvolvimiento cotidiano de los quiteños en el híper centro de la ciudad.

El edificio de la Plataforma Financiera fue concebido para congregar a varias instituciones públicas de actividades afines, con la intención evitar el flujo permanente entre los usuarios dentro de la ciudad, desde una institución hacia otra. Da la impresión de ser lo que en arquitectura se conoce como una barra; pero en verdad se trata de cinco edificios adosados entre sí, unificados por sus fachadas oblongas. En el año 2012, la directiva del Colegio de Arquitectos del Ecuador, convocó al concurso de arquitectura más grande que ha visto este país. Se invitó a participar en aquel a los arquitectos más reconocidos del Ecuador. Se buscaba que los mejores profesionales formulen las propuestas más adecuadas para tres plataformas gubernamentales: la de Gestión Financiera, que es la que conocemos todos debido a los hechos recientes; la de la Producción, que no se ha construido y que iba a ubicarse en el cruce de las avenidas República y Eloy Alfaro; y la Social, actualmente en construcción, en el sur de la capital.

El veredicto de tal concurso fue en contra de sus propias bases, permitiendo a un equipo concursante participar en dos plataformas a la vez; lo cual no estaba permitido. La Plataforma Financiera tuvo su origen torcido, en ese salto por encima de las reglas de juego. Aquello fue un juego con las aspiraciones del gremio de arquitectos y terminó por desilusionar a muchos profesionales de su organización colegial.

El resultado final fue esta pseudo barra horizontal, que atraviesa el norte de Quito, como una cicatriz. Lamentablemente, hemos alcanzado un nivel constructivo que destruye contextos urbanos y paisajísticos. Este muro habitable de exageradas proporciones impide que los habitantes del sector puedan ver el Pichincha. Se rompe con la condición paisajística universal de Quito: ser una ciudad ubicada en un valle de origen glaciar. Junto a la Plataforma Financiera, no se sabe dónde estamos. Y dentro de ella, estamos en un espacio genérico, que bien pudiera ubicarse en Londres, Johannesburgo, Dushanbe o Lagos.

Desde el punto de vista urbanístico, me gustaría estudiar cómo se verán afectados los inmuebles de la calle Japón, ante la presencia de esta edificación, que algunos asesores gubernamentales califican como “monumental”; como si la monumentalidad de una obra arquitectónica dependiera exclusivamente de su tamaño. Sabemos que dichos impactos podrán verse y medirse en dos ámbitos: en lo inmobiliario y en la movilidad.

La Plataforma Financiera no colabora con la deficiente movilidad quiteña. En sí, la movilidad no es un problema urbano, si no más bien el síntoma de una planificación urbana deficiente; que concentra usos de suelo, lo cual aumenta el número de viajes vehiculares. Sin contar con quienes asistan a estas edificaciones para ser atendidos, la Plataforma albergará a tres mil empleados, aproximadamente. Esto significará el incremento de automóviles en el sector y en el número de usuarios del transporte público, que no contarán con la asistencia del Metro de la ciudad por un largo tiempo. El incremento de la demanda del transporte y el aumento del parque automotor en este sector de la ciudad traerán consecuencias negativas que ya conocemos: aumento de la contaminación atmosférica y sonora, congestionamientos de tránsito más prolongados y -por ende- un deterioro del espacio público.

En el ámbito inmobiliario y económico veremos una transición en las actividades circundantes. Habrá un surgimiento de negocios satelitales, que siempre orbitan alrededor de los edificios públicos; tales como papelerías, comedores y cibercafés. Las pocas casas unifamiliares que quedan en el sector comenzarán a mutar, para dar cabida a este tipo de servicios en sus garajes y salas; tal como ocurrió tiempo atrás en La Mariscal. Cuando las viviendas se convierten espacios para negocios, los sectores que pasan por este tipo de metamorfosis suelen quedar abandonados por las noches, lo cual puede generar problemas de seguridad en el sector.

Las edificaciones circundantes de mediana altura serán ocupadas por empresas relacionadas con contratos públicos, agravando el problema de la movilidad. Los únicos que podrían salvarse del tráfico serían quienes opten por andar en bicicleta; pero la ciudad aún no presenta condiciones óptimas para este medio de movilización, debido al excesivo nivel de gases emitidos por los vehículos, que afectan a la salud respiratoria de sus usuarios.

La gran perdedora de toda esta intervención es la calle Japón, que ahora cuenta con una suerte de plaza, a metro y medio sobre el nivel de la vereda. Eso hace que los negocios existentes en la zona miren a un murito de piedra que desconecta los supuestos espacios públicos de la plataforma con el resto de la calle. Los estudiantes de un colegio tradicional de la ciudad realizan sus actividades cotidianas bajo la sombra vespertina que proyecta semejante mole de metal y hormigón. Este sector de la Iñaquito ha perdido su conexión con el contexto topográfico que convierte a Quito en un sitio tan particular.

Le tocará al Municipio Metropolitano realizar una serie de reformas a las normativas de uso de suelo en las zonas aledañas, a modo de plan de contingencia, que permitan mitigar el impacto de la plataforma financiera en el sector. Posiblemente, se deba aumentar la densidad de los lotes residenciales y permitir el uso mixto de los mismos. Lamentablemente, la verticalidad es la única solución ante la verticalidad no planificada. Si se construyen más edificios residenciales en el sector, se puede canalizar una demanda inmobiliaria para quienes trabajen en el sitio y no deseen sufrir a diario los estragos de los congestionamientos vehiculares.

Por último, cabe aclarar que culpar a un colector del sector de las recientes inundaciones es desconocer la historia del sitio. La calle Japón se encuentra en uno de los puntos más bajos del valle de Quito. Antiguamente, dicho lugar era una ciénega donde se empozaban las aguas lluvias provenientes del Pichincha. Daría la impresión, que la ubicación de las plataformas fue decidida considerando únicamente las dimensiones de los lotes y no sus antecedentes geográficos. Adicionalmente, nadie ha explicado cómo un colector colapsado puede provocar que caiga agua desde los tumbados, tal como se aprecia en los videos subidos en las redes sociales.

Estas son las posibles consecuencias futuras de esta plataforma que cuenta con todos los requisitos para deformar el entorno urbano del hípercentro de Quito. Se trata de una tormenta perfecta para los urbanistas, que somete a la ciudad a las ya explicadas incomodidades, con tal de servir como un testimonio construido del poder ejercido durante los últimos diez años.

Quizás haya que pagar otros daños, además de las goteras y colectores.

John Dunn es arquitecto, urbanista y profesor en la Universidad San Francisco de Quito

Ah, a los chinos Correa ni pide cuentas ni pasa la factura

en La Info por

Algo más de 24 horas han pasado desde que la Plataforma Financiera sufrió una espectacular inundación y las únicas explicaciones oficiales sobre el caso son unas pintorescas dadas por el presidente Correa y un boletín de prensa del Servicio de Contratación de Obras, Secob. En ambas versiones se dice que los colectores de agua lluvia del fueron los culpables, aunque Correa lanza una tesis muy curiosa, sobre todo si se toma en cuenta que el costo de la obra bordea 240 millones de dólares: descubrió que cuando llueve con mucho viento puede entrar agua por ciertas partes que se van a cubrir. Las declaraciones las hizo en Tababela, poco antes de tomar su avión para ir hasta Argentina donde recibirá otro Doctorado Honoris Causa, esta vez en la Universidad de Quilmes.

Correa, además, anunció que para evitar otro colapso como el ocurrido el lunes 15 de mayo en la tarde, se construirá un nuevo colector de agua lluvia que costará 800 mil dólares. Es decir que a los 238 y pico de millones que costó el edificio habrá que aumentar esa cifra para construir un recurso que no se tomó en cuenta durante la construcción. El Presidente también sostuvo que en la terraza del flamante edificio hay unos jardines y que por ahí se filtró agua. La versión de Correa, a pesar de lo trivial y poco responsable tomando en cuenta la envergadura de la obra y su costo para el fisco, tiene al menos una virtud: trata de explicar el origen de las cascadas de agua que caían del techo porque de lo que dijo el Secob ese fenómeno no tenía explicación posible.

Las declaraciones de Correa y el boletín del Secob tratan, en todo caso, de exculpar a la responsable de la construcción: la empresaChina Camc Engineering Co. Ltda.  Ni Correa ni el Sercob han dicho que pedirán explicaciones a la firma constructora ni a la empresa que hizo la fiscalización de la obra. Para Correa todo se soluciona con pagar algo más por el colector y la impermeabilización del techo, mientras que para el Sercob el que tiene que responder es el Municipio de Quito.

“Después de la visita técnica a esta edificación, el Servicio de Contratación de Obras, Secob, desmiente información replicada en redes sociales, en las que se sostiene que estas afectaciones se debieron a problemas con la infraestructura, ya que el problema o situación extraordinaria se dio, sin lugar a dudas, por el colapso de los colectores externos existentes en las calles Villalengua y Ayora”, dice el boletín que el Sercob distribuyó pasado el mediodía del martes 16 de mayo. El Secob responsabiliza del tema de los colectores al Municipio de Quito que, por su lado, dijo en un boletín que lo que ocurrió con los colectores es que se taponaron con material de construcción generado en la misma obra de la empresa china.

Según el Municipio la empresa china hizo un desvío del colector, que aún no es entregado oficialmente a la ciudad, estaba taponado con escombros y materiales de construcción que se encontraban en la zona donde está la Plataforma Financiera.

La Secob, con su boletín, pretende dar por cerrado el caso atribuyendo la responsabilidad de lo ocurrido al Municipio y a la naturaleza. Resulta, sin embargo, insólito que en un tema que implica la construcción del edificio público más grande y probablemente más caro del país no haya salido un solo funcionario de alto nivel o contratista a responder preguntas que son obvias y a entregar información que los contribuyentes, que tarde o temprano pagarán lo invertido en el edificio, se merecen. ¿Cómo es que el agua entraba  por los techos si la culpa es de los colectores? ¿Cómo es que otras edificaciones de la ciudad no sufrieron una estragos similares si fue, como sostienen, la lluvia más fuerte de los últimos 42 años?  ¿Cómo pueden explicar la construcción de edificio que si no fue capaz de tolerar ese aguacero tampoco lo hará si el próximo aguacero resulta ser el más grave de los últimos 52 o 62 años?

La evidencia apunta a que lo que sucedió se debe a una pésima e improvisada construcción del edificio. 4Pelagatos conversó con tres ingenieros expertos en construcciones civiles que conocen de cerca el caso de la Plataforma. Todos coinciden en que hubo deficiencias arquitectónicas y de ingeniería en la construcción. Problemas que se deben a que la empresa China Camc Engineering Co. Ltda. al parecer pagó a otras similares del Ecuador -que subcontrató- montos muy inferiores a los que ellos cobraron al gobierno.  “Al menos ganaron entre 60 y 70 millones ahorrándose en la construcción, sin contar con los intereses del préstamo”, dijo a 4Pelagatos un importante constructor ecuatoriano que conoce de cerca el proceso con la Plataforma.

El viernes inmediatamente anterior al lunes de la inundación, ya hubo problemas con agua empozada en la plazoleta que queda a la entrada del edificio. A pesar de que ese día hubo lluvia tenue, el agua se acumuló y mucha gente tuvo problemas para salir y entrar cómodamente al edificio. La plazoleta no tiene caída o es tan mínima que no funciona cuando hay lluvias fuertes. Uno de los constructores contempla la posibilidad del problema causado por los colectores de agua. Para construir el edificio se cerró una vía de acceso que iba de Este a Oeste, por donde pasaba un tubería de alcantarillado. La empresa china debió haber construido un nuevo sistema de evacuación de agua lluvia por debajo del edificio o alrededor del mismo y haber aumentado la dimensión de dichas tuberías por el  aporte del agua producida al haber cubierto la zona con materiales impermeables. ¿Por debajo del edificio pasaba un colector al cual se le hizo desvío o bypass en forma de C? ¿Ahora debe sortear el agua tres codos de 90 grados hasta volver al colector original? Esas versiones corrieron por las redes. ¿Y qué dice la Secob? “El Servicio de Contratación de Obras -dice en su boletín- presentará al Municipio el diseño para el sistema de alcantarillado pluvial del sector para garantizar que tanto la Plataforma de Gestión Gubernamental Financiera y las otras instituciones bancarias y comerciales de su entorno no se vean perjudicadas por este tipo de eventos”. No da fechas ni mayores detalles.

Este problema deja intacto otro: la existencia de cascadas que caían del techo y corrían escaleras abajo como se observa en los cientos de videos de circularon en redes. ¿Qué culpa tienen los colectores del agua que caía por el techo?

Los constructores consultados afirman que esas cascadas están relacionados con la construcción de la estructura y del techo mismo. Por ahorrarse dinero, la empresa china colocó en la cubierta una estructura de cerchas (barras rectas unidas entre sí en sus extremos) que se usan en los galpones pero que no logran tapar herméticamente al edificio. Era obvio que el agua se iba a colar por los costados, sostiene uno de los expertos consultados. Otro problema que podría explicar la cantidad de agua que ingresó al edificio, es el que ingenieros y arquitectos llaman las tapajuntas: al parecer las juntas fueron tan mal colocadas que quedaron espacios sin cubrir. Uno de los constructores sostiene que, desde hace meses, se había detectado, además, problemas con unas aperturas horizontales que eran parte del diseño arquitectónico y que impedían que se instalen bien los cielos rasos y las instalaciones eléctricas.

Aquí entra la curiosa explicación de Correa: el agua ingresó al edificio por la terraza donde, según dijo, hay jardines. Esto y el viento son los causantes, a sus ojos, de que la lluvia se filtre. Dos problemas que para él tienen solución. El primero, con una impermeabilización y, el segundo, con la extensión de la cubierta. Lo que no dijo es si esos costos, como debe ser obvio, correrán por cuenta de la contratista china. Tampoco habló de sanción o multa al constructor por no haber hecho dos cosas que, aparentemente, son tan obvias para evitar las inundaciones.

Para los expertos consultados, no hubo una adecuada planificación en la construcción de la Plataforma Financiera. Ejemplo: el edificio se diseñó para más de tres mil empleados y apenas hay 500 estacionamientos. Amén de los problemas en la ingeniería del edificio, está la falta de transparencia e información sobre la empresa china que hizo la construcción.  La China Camc Engineering Co. Ltda. es una empresa que fue vetada por el Banco Mundial para hacer trabajos por las acusaciones de corrupción que se han hecho en su contra. Entre esos escándalos está el que saltó en Bolivia donde una novia del presidente Evo Morales aparecía como representante de la empresa. La BBC de Londres publicó además un reportaje sobre el oscuro trayecto de la empresa en América Latina. Diario El Universo publicó reveló en 2016 que en dos hospitales en Guayaquil esa empresa cobró mucho más dinero que el pactado originalmente con el gobierno a través de la figura de “contratos complementarios”.

Para Correa y el Sercob lo ocurrido fue simplemente una circunstancia que puede ser solucionada pagando algo más dinero.  Ni para el uno ni para el otro hay responsables que tienen que dar explicaciones o pagar por las fallas. Esa impunidad consentida la terminan pagando los contribuyentes.

Disenso: un pelagato sí apoya a Daniela Chacón

en La Info por

La decisión de cesar a Daniela Chacón como columnista de 4pelagatos fue tomada por José Hernández, nuestro editor, con mi expreso desacuerdo.

Una redacción, por pequeña que sea, no es una democracia. No tiene que serlo. Cuando una redacción se forma espontánea y libremente, como es el caso de 4pelagatos, sus integrantes consensuamos un proyecto editorial y encargamos su ejecución y dirección a aquél de nosotros en quien reconocemos el más claro liderazgo. En nuestro caso esa persona es, sin discusión, José Hernández, con quien tengo el gusto de trabajar, si bien interrumpidamente, desde el año 95. No llevo la cuenta de las veces en que él, en las muchas redacciones en que hemos trabajado juntos, ha tomado decisiones a las que yo me oponía; casi siempre el desarrollo de los hechos me llevó a darle la razón. Confío en su intuición, en su inteligencia, en su honestidad y en su buena fe. En una ocasión escribí en mi blog Estado de Propaganda que José Hernández, aparte de un amigo querido y cercano, es el mejor editor que he conocido en mi vida. Lo mantengo. Nada de lo que se diga en este artículo implica un cambio de opinión. Simplemente ocurre que, en esta ocasión, mi desacuerdo con mi amigo es irreconciliable y los hechos lo han reafirmado en lugar de desvanecerlo. En enero, cuando José comunicó a Daniela su separación de 4pelagatos, le dije que yo no estaba dispuesto a cargar con esa decisión. Y que si el caso se volviera tema de debate público y él, como editor, se viera obligado a explicar su postura, yo haría pública también mi discrepancia. Y así acordamos. Este artículo es para eso.

Este pelagato discrepa de la respuesta dada ayer por José Hernández a la carta abierta que Daniela Chacón publicó junto a otras excolumnistas de este medio que se solidarizan con ella: Dolores Miño, Daniela Salazar y Anamaría Correa. En esa carta ellas hicieron público el tema y pidieron explicaciones. Personalmente, la respuesta de José no me satisface. Continúo creyendo que la separación de Daniela de la plantilla de columnistas de 4pelagatos es injustificable. Y voy a explicar por qué.

Nuestros lectores, quienes han seguido nuestras publicaciones, saben que siempre desconfiamos de Mauricio Rodas y fuimos críticos con su Alcaldía. Ya en febrero de 2016 publicamos un reportaje en dos entregas en el que señalábamos la opacidad de su administración, reprobábamos su falta de proyecto de ciudad, advertíamos sobre el poder indebido que su esposa ejercía sobre el Municipio y lamentábamos que, por esas y otras razones, hubiera dejado escapar a lo mejor del equipo que lo acompañó al inicio de su mandato (Juan Pablo Bustamante o Margarita Carranco, por poner sólo dos ejemplos de una lista interminable). Entre otras cosas hablábamos de la llamada “mesa chica de decisiones”, donde al parecer todo se reducía, o se reduce, a planificar el camino soñado de Rodas a la Presidencia. Y ya entonces mencionamos a Mauro Terán como un personaje sospechoso. Cuando él cayó preso no nos sorprendió. Andábamos tras su pista (periodísticamente hablando) desde hacía meses y, gracias a la información recabada en ese tiempo de numerosas fuentes, pudimos publicar un perfil del personaje al día siguiente de su captura.

Daniela Chacón llegó a 4pelagatos el 14 de julio del año pasado. Recuerdo la fecha porque soy fanático de la revolución francesa. En ese momento ella era la vicealcaldesa de la ciudad a punto de renunciar. Nos visitó para contarnos su indignación sobre la manera como se estaba manejando el proyecto Solución Vial Guayasamín: opacidad, ausencia de estudios técnicos elementales, concesiones absurdas a la compañía china encargada de las obras, falta de visión global sobre el problema de la movilidad en Quito… Razones para indignarse sobraban. Nos contó todo esto y nos entregó los documentos que lo demostraban: una carpetota. Estaba, visiblemente, asqueada y enferma de la administración municipal de SUMA y de su alcalde. Ese día le ofrecimos un espacio como columnista en 4pelagatos. Ahora José argumenta que Daniela tiene que demostrar la naturaleza de su relación con Mauro Terán, el asesor informal del informal Mauricio Rodas. ¿Por qué ahora? Ese 14 de julio, cuando le pedimos ser columnista, sabíamos perfectamente de dónde venía Daniela Chacón y quién era Mauro Terán. Sabíamos perfectamente que Daniela había trabajado dos años en el equipo de Terán y había tratado a diario con él. ¿Por qué no le pedimos entonces que diera explicaciones públicas sobre sus actuaciones durante esos dos años antes de escribir para nosotros? Por una razón muy simple: la postura política de Daniela Chacón lo hacía innecesario.

Entre julio, cuando empezó a escribir para nosotros, y enero, cuando José decidió cesarla, Daniela confirmó esa percepción con creces. Al menos ante mis ojos, obviamente no ante los de José. Para empezar renunció a la Vicealcaldía, un puesto por el que más de un concejal (sé de varios) vendería su alma al diablo. Se desafilió de SUMA. En un Concejo integrado por un bloque correísta, otro de insondable mediocridad partidario del alcalde y un tercero conformado por concejales sueltos especialistas en predecir para dónde soplará el viento, ella se quedó sola, sin partido, sin respaldo orgánico y con una agenda de temas importantes para la ciudad que, pese a todo, ha sabido sacar adelante. He seguido cada una de las sesiones del Concejo Municipal desde entonces y me consta que Daniela Chacón jamás negoció su voto, lo que no se puede decir del resto de concejales independientes. Fue ella quien demostró ante la opinión pública la barbaridad (urbanística, financiera, ética) de la Solución Vial Guayasamín y de los Quitocables. Fue ella quien puso sobre la mesa de debate aquello que Mauricio Rodas pretendió pasar como normal: la informalidad de sus relaciones con Odebrecht. Fue ella quien elaboró, consensuó y presentó ante el Concejo el proyecto de resolución para investigar las actividades de Mauro Terán. En ese mismo proyecto incluyó un artículo que obligaba a todos los concejales y funcionarios municipales a someterse a un examen de Contraloría. Y fue la primera que lo hizo (aunque José, mal informado en este punto, cree que no lo ha hecho). El borrador del informe está listo y demuestra que el examen no encontró nada raro en sus cuentas: tanto sus propiedades como sus gastos son coherentes con sus magros ingresos como servidora pública. Algo que debería ser tan normal que nadie debiera hacer aspavientos por eso. Daniela no los hace.

Debo decir algo más: en todo ese tiempo, entre julio de 2016 y enero de 2017, Daniela no sólo colaboró como columnista con 4pelagatos: se arriesgó como informante por nosotros. Nos facilitó documentos públicos que la opacidad de la Alcaldía mantenía ocultos; nos puso sobre la pista de innumerables movidas políticas en el Municipio; nos facilitó información que no habríamos podido conseguir de otra manera; y el mismo perfil sobre las actividades sospechosas de Mauro Terán que publicamos habría sido imposible sin su colaboración. Todo lo cual le ha acarreado problemas en el Municipio y más aislamiento del que ya sufría. Que en ese punto, con seis meses de retraso y a pesar de todas estas evidencias, se pidiera a Daniela Chacón explicar sus relaciones con Mauro Terán no sólo fue extemporáneo e injustificable sino (con todo respeto y cariño por mi amigo José) mezquino. ¿Y por qué se le pidió explicaciones? Por una foto. Perdón, no una foto: un panfleto anónimo que incluye una amenaza y una foto. En la amenaza se conmina a Daniela Chacón a deponer su postura política contra Mauricio Rodas y Mauro Terán; en la foto (de la época en que pertenecían a un mismo equipo, acababan de ganar las elecciones y estaban felices y exultantes) aparece Terán tocándole la pierna. Lo intolerable aquí es la impunidad con que una pandilla de mafiosos enquistados en la administración pública puede amenazar a una concejal de la ciudad con el fin de callarla o cambiar su postura política. De eso deberíamos estar discutiendo. En cuanto a la foto… Bueno, es tan deleznable que si tan sólo Daniela Chacón apareciera en ella con pantalones esta discusión no tendría lugar. Así de grotesco.

En el discurso feminista hay un principio tan certero que debería enseñarse en las escuelas: sostiene que el principal espacio donde se ejerce la violencia machista es el cuerpo de la mujer. Es cierto. Lo es tanto física como simbólicamente. Conozco bien a José Hernández y sé que no es un machista; su trabajo periodístico de décadas lo demuestra. Pero creo que no ha reflexionado lo suficiente sobre las implicaciones de su decisión y le ha faltado sensibilidad para asumir los alcances de esa tesis del feminismo. Porque lo que se está pidiendo a Daniela Chacón aquí es que rinda explicaciones públicas sobre lo que hace con su pierna. Y eso, aunque mi amigo asegure que nada tiene que ver con relaciones de género, es violencia machista pura y dura. Probablemente nunca nos pondremos de acuerdo en este punto.

Usé una palabra dura: mezquindad. Creo que debo explicarla. Es natural que los periodistas desconfiemos de los políticos. Más aún: es nuestra obligación. Pero también lo es interpretar con lucidez el escenario político. Siempre he creído que los periodistas, lejos de aspirar a convertirnos en el cuarto poder que nos impone el tópico, deberíamos soñar con ser antipoder. En eso reside nuestra fuerza. Cuando José y yo escribimos el manifiesto de 4pelagatos al que se adhirió Martín Pallares, nos inspiraba un periodismo al servicio de las minorías y consecuente con las disidencias. Porque en las minorías y en las disidencias es donde tiene lugar la lucha por la ampliación de derechos. Y la democracia es eso: un régimen de derechos en expansión. Si alguien ha sabido encarnar la disidencia, la condición minoritaria y la lucha por la expansión de derechos en la política local quiteña es Daniela Chacón, que permanece sola en el Concejo bregando contra poderes y partidos infinitamente más fuertes que ella, sin tranzar con nadie; que no ha recibido el apoyo de las élites quiteñas que la consideran una advenediza; que con propuestas concretas y mecanismos efectivos y reales de participación ciudadana impulsa un plan legislativo en el Concejo (movilidad sostenible, gobierno abierto…) en el que se apunta a la ciudad del futuro y pone nervioso a todo el mundo (¡hablar a Rodas de gobierno abierto, qué ocurrencia!); que nunca usó su columna de 4pelagatos (al contrario de otros columnistas políticos) para promover su agenda personal sino para reflexionar sobre los temas de la ciudad. Sí, los periodistas debemos desconfiar de los políticos. Pero también debemos investirnos de esa generosidad que reclamamos en el debate público. Y lo de 4pelagatos con Daniela Chacón es de una falta de generosidad que abruma.

Han pasado tres meses desde que un grupo de anónimos canallas puso a circular un panfleto con una amenaza contra Daniela Chacón. Panfleto tan risible, tan deleznable que no tuvo la menor repercusión. O sí, tuvo una. El único efecto que produjo ese asqueroso chantaje fue la separación de Daniela de 4pelagatos. Los despreciables mafiosos que planificaron el ataque deben celebrarlo como un triunfo. Para mí, como pelagato (aunque he estado alejado del medio en los últimos meses por motivos ajenos a este tema) es un motivo de tristeza y de profunda vergüenza.

Rodas conduce a Quito hacia una crisis política

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Mauricio Rodas encontró la manera de eludir sus responsabilidades políticas: entregarse a la justicia. Él quiere estar ahí donde está Mauro Terán. Lo que sea es mejor que responder al Concejo, cosa que no volverá a hacer. De la oscuridad que envuelve su administración hablará, a partir de ahora, “exclusivamente ante las autoridades competentes como corresponde”, ha dicho: las de la  función judicial. Una teatral extravagancia pues nadie lo ha acusado de nada todavía.

El alcalde identifica mal a su “autoridad competente”: es el Concejo, no la Fiscalía. Es al Concejo al que debe rendir cuentas. Es ahí donde situaciones como la creada por su confesa informalidad encuentran los canales adecuados para resolverse: en el terreno de la política y sin poner en riesgo las instituciones. Con el dramático gesto de saltar en brazos de la justicia, Rodas reniega de esa posibilidad y cierra las puertas a una solución política del conflicto que vive el Municipio. Las cierra oficialmente, porque en la práctica siempre las tuvo así. Es sintomático que el bloque de concejales de PAIS decidiera trasladar a la Fiscalía las cuestiones que no pudo absolver en el Concejo. Porque Rodas mantiene la discusión política bloqueada y no deja otra vía que la judicial a quienes le piden asumir las consecuencias de sus actuaciones públicas. Es una enorme irresponsabilidad: la política llevada a los juzgados vuelve irreconciliables las diferencias, inquieta a las instituciones y puede desembocar fácilmente en una crisis. Hacia allá cabalga Mauricio Rodas a galope tendido y en caballo desbocado: hacia la crisis política.

Él parece ignorar por completo la gravedad de lo que ha admitido. Por eso lo sorprenden o finge que lo sorprenden las consecuencias. Cuando habló por primera vez sobre aquello de las “conversaciones informales” con Odebrecht lo hizo con una naturalidad cercana a la inconsciencia. Parecía creer sinceramente que era una respuesta válida a la pregunta de cómo negoció con la constructora brasileña. Con la misma candidez habló de su viaje a Washington en la última sesión ordinaria del Concejo y lo pintó como un viaje informal, como si eso fuera un mérito: de carácter oficial pero costeado por él mismo, con un funcionario que se une a la comitiva porque andaba por allá de vacaciones y un alcalde que regresa sin un solo papel que mostrar a la ciudad. Rodas cree que la informalidad en lo público no sólo es posible, es normal; no sólo es normal, es deseable. ¡Hasta llegó a decir en una entrevista que fue informal por delicadeza!

Están las “conversaciones informales” con Odebrecht. Luego se conocería de la relación informal con el operador político Mauro Terán. Y de las delegaciones también informales que éste desempeñaba. Este medio reveló cómo Terán creó un esquema informal de reparto de espacios de poder entre los concejales, uno que desinstitucionaliza la política de territorio. Y si el formato correísta de las alianzas público-privadas le cuadra tan bien a la actual administración es, precisamente, porque permite saltarse una serie de formalidades contempladas por otros sistemas de contratación. La suma de detalles conduce inevitablemente a preguntarse si la informalidad no funciona como un esquema general para ciertas cosas, algo así como el andarivel por el que circula un área específica de la gestión de la Alcaldía. Cosa grave porque informalidad significa ausencia de controles. Si la ciudad ha llegado a este punto, con el fantasma de la crisis política planeando en el horizonte, se debe en primer lugar a ese velo de opacidad con que Mauricio Rodas ha rodeado la administración municipal.

Y en segundo lugar a su manejo político, que consiste en eludir precisamente la política. Con respecto al Concejo, que es el órgano máximo de la ciudad, no tiene otra que aquella desarrollada por su operador Mauro Terán y que consistía, básicamente, en reunirse con los concejales de uno en uno y a puerta cerrada. Informalmente, se entiende. Por lo demás, siempre careció de agenda legislativa porque siempre careció de un proyecto concreto de ciudad. Ciertamente no pasará Rodas a la historia por sus ordenanzas. Ni siquiera se ha preocupado por tramitar un estatuto autonómico, que la ley permite a los distritos metropolitanos y cuya adopción emanciparía al Municipio capitalino del centralismo y las rigideces del COOTAD. Simplemente porque su carrera política es una huida desenfrenada de la política.

Esta situación se volvió insostenible. Cuando las primeras sospechas de corrupción en el Municipio empezaron a tomar cuerpo a propósito de la Solución Vial Guayasamín, a mediados del año pasado, estaba visto que el tema de la opacidad se convertiría en un problema político mayúsculo para la ciudad. Un problema que él ha sabido afrontar a su manera: eludiéndolo. Confrontado por el Concejo, responde con su tradicional manejo informal de los documentos y la información pública: contratos que no aparecen o se publican a medias, datos que no se entregan, papeles que faltan… Respuestas que no se dan. Si se le pide cuentas detalladas sobre las actuaciones de Mauro Terán, por ejemplo, él responde que cumplió “delegaciones puntuales” y da por satisfecha la pregunta. Con esto y una tonelada de retórica elabora sus informes como quien construye una realidad paralela. Una realidad paralela en la que resulta lícito imaginar a Mauricio Rodas en el Departamento de Estado en Washington, desvirtuando con energía las acusaciones sin fundamento que están afectando la imagen de la ciudad y dejando impresionado a todo el mundo. Y volviendo como un héroe, portador de un logro monumental para los quiteños.

Rodas ha convertido el acto político de informar ante el Concejo en un mero trámite administrativo que él cree sin consecuencias de ningún tipo. No importa el contenido del informe ni la recepción que merezca. Importa el simple cumplimiento de la formalidad, ahí sí. Miren por dónde le sale lo formal. ¿La ley exige al alcalde informar a los concejales cuando éstos se lo requieren? Pues bueno, ahí tienen su informe. Lo que pase después con él, si resulta desvirtuado o desmentido, si los concejales lo consideran insuficiente, si se demuestra que el informe, en realidad, nada informa, eso ya no es asunto suyo. Él lo presenta y punto. Es lo que le manda la ley. Trámite cumplido. Lleva tres de esos informes al hilo: el de Odebrecht, el de Mauro Terán, el de su viaje a Washington. Cinco si se cuentan los que ofreció sobre la Solución Guayasamín y los Quitocables inmediatamente antes de que estallaran los escándalos de corrupción. En ninguno de ellos entregó la información que se le había pedido. Tras cada informe, el Concejo se desgañitó discutiendo por entre cuatro y ocho horas, exigiéndole respuestas, confrontándolo con evidencias que ponían en duda lo que había dicho, haciéndole caer en cuenta de sus errores jurídicos, administrativos o políticos, demostrándole que mintió pura y simplemente… Y, al término del debate, como si todo lo dicho fuera viento, Mauricio Rodas vuelve a tomar la palabra para dejar sentado que el informe ha sido entregado y celebrar su propia presencia en el Concejo como una demostración irrebatible de su “ab-so-lu-ta-tran-pa-ren-cia”.

Cuenta con una ventaja a su favor: pasa por opositor al gobierno. Por eso el silencio sobre los aspectos más incómodos de su gestión: nadie quiere hacerle el juego al correísmo. Los diarios de la ciudad, acaso también porque el Municipio es un excelente proveedor de ingresos publicitarios y otro tipo de contratos que se agradecen en épocas de vacas flacas, simplemente miran para otro lado. ¡Rodas es capaz de hablar de informalidad con Odebrecht en pleno escándalo continental de la constructora brasileña y no hay un medio de comunicación, uno sólo excepto éste, que lo considere escandaloso! Ninguno que plantee siquiera una lectura política de lo que ocurre en el Concejo.

Así, con la complicidad de una sociedad dispuesta a tolerar en la oposición lo que condena en el correísmo, Mauricio Rodas está conduciendo a la ciudad hacia una crisis política sin precedentes en su historia reciente. Nunca el Municipio de Quito, al menos desde el retorno a la democracia, había estado en el centro de tanta suspicacia y tanta sospecha, motivadas por su propia opacidad y su propia informalidad en el manejo de los asuntos públicos. Mauricio Rodas ha ocultado información a los quiteños: sobre los procesos de contratación de las megaobras; sobre sus negociaciones con Odebrecht. Les ha mentido deliberadamente (varios concejales de oposición se lo demostraron) sobre la naturaleza de sus relaciones con Mauro Terán. Ha eludido sus responsabilidades, ha incumplido sus obligaciones políticas como alcalde y se ha refugiado en su retórica barata. Ahora, finalmente, con gesto teatral, opta por el salto al vacío: cierra toda negociación política y se pone en manos de los jueces. Él es el único responsable de lo que ocurra con la ciudad a partir de este momento.

Rodas se cocina en su propia salsa

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Mauricio Rodas puede decir lo que quiera: en Washington le fue muy mal. No sólo hizo un viaje infructuoso para entregar un puñado de comunicaciones irrelevantes en lugares donde nadie entendía qué quería sino que causó mala impresión en los funcionarios con quienes se reunió. En el Departamento de Justicia no lo recibieron. Tampoco lo hizo el secretario general de la OEA, Luis Almagro, cuyo despacho le agendó una cita pero terminó enviando a un subalterno. En el resto de lugares (el Senado, el Departamento de Estado y la CIDH) sus ofrecimientos de ayuda, sus solicitudes de información sobre el caso Odebrecht y sus denuncias de persecución política fueron tomadas como lo que son: pataleos retóricos sin valor ni consecuencias. Para colmo, a su regreso encontró las cosas en el punto donde las dejó: con el Concejo exigiéndole explicaciones sobre el doble escándalo de las “conversaciones informales” con Odebrecht y las actuaciones de su operador político, Mauro Terán, preso por indicios de fraude fiscal. ¿Esperaba otra cosa? Finalmente la sesión extraordinaria de la que Rodas venía huyendo se producirá este jueves a las 10h00. Y él, que quiso ganar tiempo en Washington y lo perdió, no ha dado un paso que permita suponer que esta vez sí va a asumir sus responsabilidades.

Sobre el viaje a Washington da ternura oírlo: “Fue un viaje exitoso –dijo este lunes en Teleamazonas, donde lo entrevistó Janeth Hinostroza– porque permitió transmitir el enorme interés de la Alcaldía para que se conozca toda la verdad sobre Odebrecht y que caiga quien tenga que caer”. Cualquiera puede notar la desproporción  de estas palabras: es obvio que “dar a conocer el enorme interés de la Alcaldía para que se conozca toda la verdad sobre Odebrecht” es una acción que no sirve para nada: no sirve al caso, no sirve a la Alcaldía, no sirve a la ciudad. Y se podía hacer por Internet. Pero el periplo del alcalde no sólo fue infructuoso sino impertinente, como demuestra Daniela Salazar en el único balance publicado hasta el momento sobre el viaje. Los funcionarios que lo atendieron en el Departamento de Estado y en el Senado se habrán sorprendido de que acudiera a ellos con un tema en el que no pueden interferir por elemental respeto a la independencia de funciones del Estado. Y para quienes lo escucharon en la OEA y la CIDH, donde denunció una supuesta persecución política en su contra, lo único que quedó claro es que Mauricio Rodas no tiene un caso.

Si se pregunta en los despachos por donde pasó el alcalde, las impresiones generales no le favorecen. La primera, muy mala, tiene que ver con la obsesión de Rodas por exculparse. Un funcionario que llega para ofrecer su colaboración para resolver un caso de corrupción pero, cuando habla, no hace otra cosa que alegar inocencia, no puede sino despertar sospechas. Así, de despacho en despacho, fue el alcalde de Quito repartiendo su ansiedad por todo Washington. Los funcionarios que lo atendieron vieron a un tipo demasiado nervioso, un tanto confuso y ciertamente poco articulado a la hora de exponer su situación. Asustado, incluso. Que no sabía disgregar los temas de fondo de los datos de interés puramente local, incomprensibles en el extranjero. Que no fue capaz de presentar un resumen ejecutivo de lo que quería decir, que se enrollaba mucho. Y que tuvo la fatuidad de ir arrastrando un fotógrafo adonde fuera, ante cuya cámara saludaba con pose triunfal y cara de Facebook  a la salida de cada edificio público que visitaba.

Lo de Almagro debió doler. El secretario general de la OEA es famoso en Washington por recibir a todo el mundo. Incluso a grupos de estudiantes que han solicitado audiencias. Y Rodas tenía una cita. Pero ni Almagro estuvo para recibirlo ni la sede principal de la Organización le abrió las puertas. Fue en un edificio subalterno donde se reunió no con el secretario general sino con su jefe de gabinete, Gustavo Koncke. En la foto que el alcalde se hizo tomar con él y circuló en las redes sociales aparece Koncke con la misma cara de palo que pone el Papa cuando lo visita Macri, según hace notar significativamente un funcionario de la OEA que siguió el encuentro.

Aún después de tanto desplante y tanta indiferencia, Rodas tiene la pasta de acudir a Teleamazonas para hablar de los logros alcanzados en su viaje. Y para repetir su defensa en los casos Odebrecht y Mauro Terán como si no hubiera pasado un día desde que estallaron ambos escándalos. Rodas se aferra a sus argumentos iniciales que ya fueron desvirtuados y desechados en su ausencia, a los que ha sumado un par de nuevos, tan deleznables como los anteriores.

Sigue negando Rodas que Mauro Terán cumpliera otras funciones que no fueran las de un asesor político externo, a pesar de que varios concejales dieron testimonio de lo contrario en la sesión de la semana pasada. A pesar, también, de que los vecinos de El Condado y el barrio Bolaños, afectados por los proyectos de construcción de los Quitocables y de la vía Guayasamín, respectivamente, han declarado por escrito que conocieron a Terán no como un asesor político de Rodas, sino como el hombre que fue a negociar con ellos, a nombre del alcalde, los procesos de expropiación y desalojo.

Sigue repitiendo el alcalde el argumento de que el fraude fiscal que se imputa a Terán es un delito que nada tiene que ver con el Municipio, como si la probidad de quienes desempeñan funciones públicas, con o sin contrato, fuera un asunto privado. De hecho el alcalde, interrogado al respecto, es incapaz de decir de qué vive este personaje que dedica gran parte de su tiempo a servirlo.

Ahora sale además con que “es un gesto de delicadeza con la ciudad y con la administración municipal” él mantener a Terán fuera de la nómina, pues su área de trabajo es la política y el Municipio, lo dijo sin sonrojarse en Teleamazonas, “es una organización que se dedica a la gestión administrativa”. Como si no estuviera ya demasiado claro que la principal virtud de esta política consiste en mantener a Terán a resguardo de fiscalizaciones, auditorías y otras responsabilidades públicas propias de todo funcionario.

Niega que Terán tenga parqueadero en la sede municipal pero lo cierto es que ahí se parquea todos los días. Niega que tenga oficina pero lo cierto que la tuvo. Niega que exista en su administración un esquema de reparto de administraciones zonales entre concejales pero lo cierto es que las pruebas de ese reparto (que, además, le consta a todo el mundo) fueron presentadas en el propio Concejo  e incluyen grabaciones de audio y video que constan en actas.

Sigue jurando que el proceso de contratación del metro es el más transparente de la historia por el hecho de haber sido aprobado por los organismos multilaterales de crédito que financian el proyecto. Como si el Banco Mundial, la Corporación Andina de Fomento o la Unión Europea actuaran como entes fiscalizadores en el Ecuador.

Sigue diciendo que el único documento del que se dispone en este caso, el informe del Departamento de Justicia de Estados Unidos, no menciona a su Alcaldía. Y asegura que eso demuestra su inocencia. Cuando resulta claro que ese informe, en realidad, no menciona a nadie, y que la publicación de los nombres todavía está por producirse.

Por último, sin que Janet Hinostroza alcance a reaccionar y plantear las repreguntas que la situación reclama a gritos, se inventa el alcalde un nuevo eufemismo para dorar la píldora de las “conversaciones informales” que admitió haber tenido con Odebrech: ahora las llama “reuniones de trabajo”. Y dice que los organismos multilaterales estaban al tanto. Pero sigue sin saberse quiénes participaron, cuántas fueron, qué temas se trataron. Porque la verdad es que de esas reuniones no hay actas ni informes ni rendiciones de cuentas ni nada.

¿Son esas las respuestas que piensa llevar el jueves a la sesión extraordinaria del Concejo? Su desafortunado viaje a Washington debió ser una lección de humildad para Mauricio Rodas. Debió enseñarle que hay temas que no se pueden postergar y problemas que sólo se solucionan afrontándolos, no quejándose ni levantando cortinas de humo. Debió aterrizarlo sobre sus propias responsabilidades políticas. No fue así: el alcalde da muestras de que no entendió nada y parece estar dispuesto a aferrarse a su capacidad infinita de negación hasta que pase la tormenta. Pero la tormenta sólo pasará una vez se publique la lista de nombres de los implicados en los casos de sobornos repartidos por Odebrecht en el Ecuador. Hay en estos momentos 77 funcionarios de esa empresa brasileña que han firmado un acuerdo con el Departamento de Justicia de Estados Unidos para entregar esa información a cambio de ventajas judiciales.  Si el alcalde, que se llena la boca de superlativos para hablar de su propia transparencia, tiene la conciencia tranquila con respecto a esa lista de nombres que tarde o temprano se hará pública, no se entiende el porqué de su nerviosismo, de sus dilaciones, de su negativa a afrontar los problemas sin artificios retóricos o eufemismos. Tampoco se entiende el porqué de su estéril viaje a Washington. Este jueves Mauricio Rodas tiene dos alternativas: o asume sus responsabilidades y dice la verdad ante el Concejo o se hunde un poco más en el pantano de la sospecha que se lo está tragando desde el día en que estalló este escándalo.

Arriba: Gonzalo Koncke, jefe de gabinete de la OEA, compone su mejor cara de palo para posar junto al alcalde de Quito. Foto tomada de la cuenta de Twitter de Mauricio Rodas.

Rodas se volvió aliado de sus sepultureros

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Volar a Washington fue la peor idea que pudo ocurrírsele al acalde.

En primer lugar, porque a estas alturas no existe actor político de la ciudad que no reconozca la esterilidad del viaje; hasta Gonzalo Rosero lo hizo notar hoy jueves en radio Democracia. Denunciar una persecución política en su contra, exigir una lista de nombres al Departamento de Justicia de Estados Unidos, ofrecer su colaboración para esclarecer el caso Odebrecht…  Todo no es más que un saludo a la bandera y un despliegue escenográfico, y nada de eso demanda su presencia allá; otra cosa es que él no quiera estar acá. En segundo lugar, fue una mala idea porque su ausencia (y la de Mauro Terán, cabe suponer) propició una insubordinación del Concejo Metropolitano a la que plegaron incluso concejales aliados e independientes que por lo general votan con él. Ahora Mauricio Rodas tiene por delante una sesión extraordinaria en la que deberá rendir cuentas de las informalidades admitidas por él mismo: la de sus conversaciones con Odebrecht y la de su relación con Mauro Terán, asesor sin nombramiento a quien el presidente de la República atribuye la condición de ser “el poder tras el poder en el Municipio”.

Sesión extraordinaria: justo lo que él quería evitar, sólo que ahora son 19 de 21 concejales quienes se la exigen. Antes de su partida no llegaban a 11. Que se recuerde, es la primera vez que este alcalde, cuya estrategia política consiste precisamente en evadir la política, termina siendo forzado por el Concejo a aterrizar en ella.

Se discutió y aprobó el proyecto de resolución presentado por Daniela Chacón, que incluye la convocatoria a sesión extraordinaria (para que el alcalde informe sobre las actuaciones de todos sus “asesores externos”) y la adopción de varias medidas para transparentar el proceso de contratación de Odebrecht y la relación de Mauro Terán con la Alcaldía: examen de la Contraloría a las declaraciones de bienes de los concejales; examen especial a todos los funcionarios que participaron en el proceso de contratación de Odebrecht en ésta y la anterior administraciones; sanción a los funcionarios que no entregan al público la información pública; disposición para que la Empresa Municipal de Obras Públicas y la Empresa Metro de Quito remitan en 15 días al Concejo toda la documentación relacionada con Odebrecht que mantienen en secreto…

Todo salió mal para Mauricio Rodas.

Primero: la información que su alcaldía demoraba en entregar la repartió Eduardo del Pozo, el vicealcalde a cargo de dirigir la sesión, pronto a reaccionar a la coyuntura con gestos magnánimos que lo hagan flotar ante los concejales.

Segundo: su defensa de que el problema de Mauro Terán, imputado por fraude fiscal, es uno de índole particular que nada tiene que ver con el Municipio dado que no es funcionario, fue desvirtuada por Daniela Chacón con el argumento de la responsabilidad pública: si Terán cumplió delegaciones del alcalde sin ser funcionario, o sea sin la posibilidad de ser fiscalizado ni la obligación de rendir cuentas a nadie, el caso es más grave de lo que la Alcaldía pretende.

Tercero: sus intenciones de borrarse del mapa hasta el 22 de enero quedaron al descubierto y fueron objeto de burlas y de suspicacias. Porque no sólo iba a Washington el alcalde. Su próxima escala programada era Davos, donde pretendía asistir al Foro Económico Mundial. O sea que después de salvar al Ecuador en Estados Unidos Rodas quería salvar al mundo en Suiza mientras dejaba a Quito arder en llamas. “¡Suiza!”, se escandalizó el concejal correísta Jorge Albán: “¡El mayor paraíso fiscal del planeta!”. Finalmente se anunció que Rodas, que al parecer no sabe si va o viene y vacila por momentos en su estrategia de improvisaciones, había cambiado de opinión y decidido regresar el día 14.

Ya nadie pasó por alto el tema de las “conversaciones informales” con Odebrecht admitidas por Rodas en la anterior sesión del Concejo, la semana pasada. En ese momento muy pocos reaccionaron ante esa revelación tan comprometedora. Hoy todos se escandalizan. Y todos aportan con su granito de arena a la montaña de dudas que genera Mauro Terán: que no sólo era operador político sino administrativo, dijo Patricio Ubidia; que era el delegado directo del alcalde para cuestiones importantes, aseguró Anabel Hermoza; que se reunía con todos y coordinaba la agenda legislativa, reveló Luisa Maldonado…

Sin argumentos defendibles, los concejales fieles a Rodas recurrieron a la obstrucción jurídica y apelaron a cuestiones de procedimiento. Según ellos, nadie sino el alcalde tiene la atribución de convocar a sesión extraordinaria del Concejo. Incluso contaron con la ayuda del procurador municipal, que fue llamado a consulta y se pronunció a favor de esa extraña interpretación que, de ser cierta, dejaría a un órgano parlamentario sin la posibilidad de autoconvocarse. No bastó. La concejal Ivonne von Lippke arrastró, metafóricamente hablando, al procurador municipal. “Usted no es juez”, le dijo, y procedió a darle lo que llamó “una lección de derecho”.

Si Von Lippke arrastró al procurador, Albán hizo lo propio con el secretario del Concejo, a quien se le ordenó la semana pasada remitir toda la documentación faltante sobre el proceso Odebrecht y no lo hizo. “¡Usted es secretario del Concejo, no del alcalde!”, le recordó Albán, exaltado.

Ese es el clima con que deberá enfrentarse Mauricio Rodas la próxima semana cuando acuda a la sesión extraordinaria del Concejo. Lo que traiga de su viaje, el informe del resultado de sus gestiones ante los organismos que visitó en Washington, de poco le servirá para contener la avalancha que se le viene encima. Básicamente porque no hay resultados que mostrar. Sus relaciones con el Concejo Metropolitano están en su peor momento. Y, para su desgracia, no cuenta con un Mauro Terán que le apague el incendio con negociaciones informales.

Mauricio Rodas puso pies en polvorosa

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Mauricio Rodas compra tiempo desesperadamente. Por horas. Ante la perspectiva de rendir cuentas este jueves ante el Concejo Metropolitano sobre su relación con el detenido Mauro Terán, puso pies en polvorosa. Hoy voló a Washington dizque para pedir al Departamento de Justicia de Estados Unidos que difunda la información completa sobre las supuestas prácticas irregulares de Odebrecht en Ecuador. Para que “se esclarezca la verdad –dijo en el aeropuerto, antes de subirse al avión– y se desvirtúen todas las acusaciones, las especulaciones sin sustento”. También acudirá a los organismos de derechos humanos de la OEA para denunciar lo que considera como una persecución política del gobierno en su contra. Este viaje, montado a última hora, le permitirá eludir por esta semana los dos pedidos presentados por los concejales (uno de Daniela Chacón, otro del bloque de PAIS) para que explique con detalles los alcances de su relación con el asesor político Mauro Terán, detenido por orden de la Fiscalía bajo la acusación de fraude fiscal.

En un comunicado que leyó ante la prensa hoy, 10 de enero, Rodas dijo conocer a Mauro Terán como “una persona honorable”. De paso, dio por cerrados dos temas que lo acosan: uno con el Concejo y otro con la opinión pública. Al Concejo, que solicita debatir el tema, le dijo que cualquier lío que su asesor tuviera con las autoridades tributarias es un problema “de índole particular”. A la opinión pública, interesada en saber qué hace Mauro Terán en la alcaldía, ratificó que él no es funcionario municipal, pero que ha colaborado con su administración desde el principio. Lo cual da más fuerza a las preguntas planteadas por los concejales. Los de PAIS aseguran haber visto a Terán como delegado del alcalde en las reuniones donde se conformaron las comisiones municipales e intermediando entre la Alcaldía y el Concejo. Ellos y Daniela Chacón se preguntan en virtud de qué figura legal lo hacía. Y si cumplía, además, otros papeles en los directorios de las empresas municipales y en la negociación de contratos.

Lo de la figura legal es clave. El alcalde admite que Terán no es funcionario. ¿Trabajaba gratis? ¿Por qué tenía oficina y parqueadero? ¿Por qué la secretaria del Concejo era su mano derecha? ¿Cómo consiguió ascender hasta el punto en que el presidente de la República lo llama “el poder tras el poder en el Municipio de Quito”?

En lugar de quedarse en Quito para contestar estas preguntas al Concejo, Rodas ensaya un gesto tan teatral como vacuo: viaja hasta Washington para presentar, seguramente en una ventilla del Departamento de Justicia, un documento que podría enviar por correo electrónico. Y que, de cualquier manera, carece de sentido: ¿el alcalde de Quito va a decir al Departamento de Justicia de Estados Unidos lo que tiene que hacer? Esta opereta terminará con una foto p’al Face. Como la que se hizo en Roma con el Papa.

A Washington lo acompaña Gastón Velázquez, presidente encargado de la Comisión Metropolitana Quito Honesto. Gracias a esta coyuntura la opinión pública se ha enterado de su existencia. También Rodas tiene, como Correa, una suerte de secretaría de la transparencia donde un equipo de funcionarios recibe un salario para perseguir la corrupción mientras la corrupción campea.

Es curioso por demás que, mientras Rodas pide en Washington que se entregue toda la información, en Quito es especialista en ocultarla. Los concejales de PAIS revelaron hoy que el contrato con Odebrecht, que la Alcaldía hizo publicar esta semana con 10 meses de retraso, es en realidad un tercio del contrato total: publicaron 180 páginas de las 530 que tiene el original que reposa en una notaría y cuya copia está a disposición del público por 800 dólares. Además, no ha entregado 33 documentos que él citó en su informe sobre Odebrecht pero ningún concejal ha visto.

Otro de los problemas que le esperaban el jueves al Alcalde es la acusación que hizo Rafael Correa este lunes en sus redes sociales. “Tenemos movimientos millonarios –dijo– en cuentas de candidato de derecha por Tungurahua a la Asamblea”. En clara referencia al caso de Mauro Terán, Correa dijo que tampoco ese candidato tiene “cargo” pero que “todos saben (está) vinculado a las negociaciones del Metro”. No dio nombres. 4Pelagatos supo que el tungurahuense Jacobo Sanmiguel, que es candidato alterno de su propia esposa en la lista nacional de la alianza CREO-SUMA, fue parte de la delegación que viajó a Brasil con Mauricio Rodas en marzo de 2014, es decir, después de electo pero antes de asumir el cargo. Quizás el alcalde pueda decir quién pagó ese viaje que se hizo en un momento en que ya Odebrecht había si precalificada para participar en la licitación por el metro y había presentado, en sobre cerrado, la carpeta con su oferta.

¿Quién es el asesor de Rodas apresado por Galo Chiriboga?

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En el Municipio de Quito lo identifican como el poder tras el trono. El hombre a quien todos (y todos quiere decir todos, incluido el alcalde) regresan a ver en las reuniones de comisión antes de aprobar o rechazar una propuesta. El principal operador político de Mauricio Rodas, en cuyo nombre negocia con la oposición cuando se aproximan votaciones difíciles en el Concejo. Personaje tan cercano al alcalde como para formar parte de la extraoficial “mesa chica de decisiones”, junto con Armando Rodas, Santiago Zeas, Óscar Rivera, Jaime Durán… Es Mauro Terán, a quien la Fiscalía detuvo la noche del viernes 6 de enero bajo la acusación de defraudación tributaria.

Que el Municipio, luego de su detención, emitiera un comunicado oficial firmado por el administrador Miguel Dávila, negando que Mauro Terán sea funcionario municipal, es una estrategia que recuerda la manera de operar de los socialcristianos. En efecto: no es funcionario municipal. No tiene nombramiento, aunque sí tiene asignado un parqueadero y también tuvo una oficina. Pero el hecho de no ser funcionario municipal no le impide ser el hombre más cercano al alcalde (con la probable excepción de su hermano Armando). No le impide moverse a todos lados (como consta en la abundante documentación fotográfica) con la secretaria del Concejo, María Elisa Holmes, su brazo derecho, quien dejó su cargo para encabezar la lista de candidatos a la Asamblea por CREO en un distrito de la provincia del Guayas. Ni asistir en el Municipio a todas las reuniones que considere necesarias (también hay fotos). Y, sobre todo, no le ha impedido ejercer su poder sobre cada decisión política, cada negociación, cada contrato, cada nombramiento de importancia.

En el gobierno lo conocen bien. De Mauro Terán se dice que tiene un pie puesto a cada lado de la Plaza Grande. Su contacto en Carondelet era Omar Simon, hasta hace poco secretario privado del presidente de la República, con quien lo une una vieja amistad que proviene de su común origen latacungueño. Con esta relación y sus habilidades negociadoras, Terán fue el hombre clave para asegurar el aporte del gobierno al proyecto del metro para Quito. Tiene también excelentes relaciones con la Contraloría y la Procuraduría, en cuyas manos reside el poder de detener cualquier proyecto municipal (Solución Guayasamín o Quitocables, por ejemplo) con un informe desfavorable.

Su incidencia al interior del Municipio es enorme. Es el ideólogo de ciertos cambios administrativos y políticos que transformaron el funcionamiento del Cabildo. El primero de ellos: una resolución que otorgó a la administración general el poder (antes exclusivo de las secretarías) de firmar contratos. Esto benefició directamente a quien entonces ocupaba el cargo de administradora municipal, Alexandra Pérez, a quien en el Municipio se identifica como socia de Terán. Pero sobre todo Mauro Terán es conocido por haber inventado un novedoso sistema de negociación política para garantizar la gobernanza en el Concejo Metropolitano. Un asunto delicado para Mauricio Rodas, que inició su administración con una precaria mayoría que ha sabido mantener a duras penas pese a las deserciones de Ivonne von Lippke, Sergio Garnica y Daniela Chacón de las filas de su partido.

Con sólo dos concejales de SUMA, Terán supo manejar con rienda corta a sus aliados de VIVE (cuatro) y mantener a su lado a tres de los cinco independientes (Karen Sánchez, Eddy Sánchez y el mismo Garnica). Así ha mantenido la mayoría de un voto hasta el día de hoy. ¿Cómo lo logró? Negociando espacios de manejo político con los concejales. En la práctica, la estrategia pasa por entregarles el manejo de las administraciones zonales, entre otros espacios de poder. Esto es público: cuando los vecinos de Quitumbe, por ejemplo, necesitan presentar una petición al Municipio, saben que la persona indicada para negociarla es Eddy Sánchez. Lo mismo ocurre con el resto de administraciones zonales. Terán las negoció todas reuniéndose a puerta cerrada con los concejales difíciles, uno por uno. El mapa quedó más o menos así: La Delicia para Marco Ponce; Los Chillos para Renata Moreno; Tumbaco para Pedro Freire; Calderón para Sergio Garnica; Eloy Alfaro para Mario Granda; Quitumbe para Eddy Sánchez; Eugenio Espejo para Antonio Ricaurte, hasta su salida del Concejo… Y no sólo las administraciones zonales: hay otros espacios de poder muy apetecidos. La Empresa de Hábitat y Vivienda, por ejemplo, quedó en manos del actual vicealcalde, Eduardo del Pozo, de CREO. Y el Mercado Mayorista fue para Marco Ponce. Esto lo sabe cualquiera. Basta preguntar a los dirigentes barriales, a las asociaciones de vecinos, a las organizaciones sociales vinculadas a sectores específicos de la ciudad: todos ellos saben perfectamente a quién tienen que dirigirse según su pertenencia a una u otra administración zonal.

Lea aquí cómo Correa en su sabatina mencionó indirectamente el caso de Mauro Terán

Los resultados de este esquema han sido claramente exitosos en lo político y francamente deplorables en lo administrativo. Convertidas en botín político, las administraciones zonales operan con estrategias clientelares: las que el concejal a cargo diseñe para su beneficio. Eddy Sánchez, por ejemplo, tiene en Quitumbe la base para la formación de su movimiento político: el MASS. Todo lo cual crea un conflicto terrible con la institucionalidad del Municipio, especialmente con la oficina encargada (en los papeles) de coordinar esas administraciones zonales: la Secretaría de Coordinación Territorial. El resultado es desastroso: los niveles de ejecución presupuestaria de algunas administraciones son bajísimos. Los Chillos, por ejemplo. Y (otra vez) Quitumbe.

Sí, Mauro Terán no es un funcionario municipal, como se apresuró a aclarar el administrador general del Municipio en su comunicado. Pero nadie como él ha ejercido el poder dentro de ese organismo. Tanto, que los informantes consultados por 4pelagatos prefieren (aunque la mayoría de ellos ya no se encuentra trabajando ahí) mantener el anonimato por temor a posibles represalias. A Mauro Terán se le teme. El caso es que sus versiones coinciden. Y todos lo colocan en la cabeza de las negociaciones más sensibles, especialmente cuando se trata de contratos. No cualquier contrato: sólo los que superan los 300 mil dólares y constan en una lista especial. Terán no se encarga de menos. La compra de biarticulados, el metro, la Solución Guayasamín, los Quitocables… ¿Será que el tipo de negociaciones que lleva a cabo en esos contratos es de aquellos que requieren, precisamente, de alguien que no sea funcionario?

Foto: la detención de Terán en el aeropuerto de Quito. Diario Extra

¿Cómo contrató Rodas a Odebrecht? Informalmente…

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La negociación entre el Municipio de Quito y Odebrecht para reducir el monto del contrato del Metro se hizo en “conversaciones informales”. No se levantaron actas, así que no se puede saber qué cuestiones se trataron en ellas. Tampoco está claro, salvo por un puñado de nombres, quiénes asistieron. Ni cuántas hubo. Algunos concejales se preguntan dónde tuvieron lugar. Nada se sabe, salvo que fueron informales. Tanto, que el alcalde Mauricio Rodas se niega a llamarlas negociaciones. Negociación, lo que se dice negociación, no hubo ninguna, explica. ¿Cómo podía haberla si Odebrecht se negó? La comisión negociadora ni siquiera se llegó a conformar. Se habían abierto las carpetas con las ofertas de las empresas participantes en el concurso y se había descubierto que todas ellas superaban el presupuesto referencial con alrededor de 500 millones de dólares. El Municipio propuso entonces al consorcio Odebrecht-Acciona, que había presentado la mejor oferta, abrir un proceso de negociación para reducir el monto de la propuesta. Pero Odebrecht-Acciona dijo que no negociaría nada hasta que no se le adjudicara el contrato. Entonces tuvieron lugar estas “reuniones de carácter informal” que condujeron a la redacción de un “acta de entendimiento”, diáfana, pulcra, transparente, que fue aprobada por los organismos multilaterales de crédito. ¿Se consiguió que Odebrecht-Acciona rebajara el monto del proyecto? No. El monto del proyecto lo rebajó Rodas en 50 millones haciendo carambolas por otros lados. Pero al consorcio se le adjudicó el contrato. La informalidad trae sorpresas.

Todo esto se supo durante la sesión extraordinaria del Concejo Metropolitano de la capital que se celebró la tarde del miércoles 4 de enero para tratar un único punto: la relación entre el Municipio y Odebrecht. Y se supo nada menos que de boca del propio alcalde Rodas y del gerente de la Empresa Metro de Quito, Mauricio Anderson. Habían omitido esos detalles del informe que presentaron al principio pero terminaron contándolos cuando no tuvieron más remedio, pues los concejales de oposición (que algo sabían) los ametrallaron a preguntas. Fue una sesión tensa, pródiga en altisonancias y roces verbales, donde demasiada gente estaba demasiado irritable: Rodas, sus concejales afines y los de PAIS, bajo cuya administración empezó este lío. Odebrecht parece tener el don de poner nervioso a todo el mundo.

Lo curioso es que, aún en medio de estas revelaciones, Mauricio Rodas continuó llenándose la boca con la palabra “transparencia” hasta el final de la jornada. ¿Cuántas veces la pronunció? Decenas. En todos los tonos posibles. Ya durante la presentación del informe despachó frases superlativas del tipo “este es el contrato más vigilado de la historia del Ecuador”. Dijo que cada paso había contado con la aprobación y el aval de los organismos multilaterales. Nada podía ser más limpio. Y se apoyó en un informe de Contraloría para negar, “ca-te-go-ri-ca-men-te”, así dijo, que durante su administración se hubiera producido un incremento en el costo del proyecto. “Jamás”. Lo que hubo fue un presupuesto referencial subvalorado. ¿Quién tiene la culpa? La administración anterior, que abrió el proceso de licitación. El tema mantuvo a los de PAIS, particularmente a Jorge Albán, ocupados en salvar los muebles, hablando de tuneladoras, potenciaciones, gastos generales, costos indirectos y otros temas intrincados inaccesibles para quienes no conozcan de antemano el difuso laberinto del proyecto Metro Q.

El primero que mencionó el asunto de las reuniones informales fue el concejal correísta Luis Reina, a quien Mauricio Rodas se complace en tratar pésimo. Reina quiso saber quién estuvo a cargo de las negociaciones. “¿Quién llegó a los acuerdos –preguntó al alcalde–, lo hizo usted? ¿Encargó a alguien? ¿Cuándo y dónde se reunieron?”. Lanzó estas preguntas ladinamente, sin afirmar nada pero subrayando cada palabra para cargarla de suspicacia. “¿Se reunieron acaso en algún bufete de abogados, en algún banco?” ¿En las oficinas de Odebrecht quizás? ¿O viajaron al extranjero? ¿Quién corrió con esos gastos?  El concejal Marco Ponce lo interrumpió, ofendido y tembloroso. Rodas lo arrastró. Lo llamó ignorante. Le dijo que haga el favor de atender: ¿no oyó que no hubo negociaciones? Pero la avalancha estaba en camino. A partir de ese momento, no hubo concejal de oposición que no pidiera aclaraciones sobre este punto. Finalmente Rodas y el gerente Anderson lo admitieron: esas reuniones informales existieron. Transparentes, muy transparentes. Y tuvieron lugar en las oficinas de la Empresa Metro de Quito, en ningún otro sitio. No en Brasil, no en el despacho de Odebrecht, no en un banco, no en un edificio de avenida Amazonas y República, no en un bufete de abogados…

Por lo demás, la transparencia de este proceso de contratación no se diferencia en mucho de la de otros megaproyectos municipales, como la Solución Guayasamín y los Metrocables, y consiste en escamotear los documentos esenciales para que los concejales de oposición y los ciudadanos no los vean. En este caso, el contrato con Odebrecht. ¿Dónde está? “Es público, por supuesto que es público”, aseguró varias veces Rodas al borde del ataque de nervios, aunque no fuera sino para matizarlo más tarde como quien no quiere la cosa: es público, sí, lo que pasa es que no ha sido publicado. Ni está en la página Web de la Empresa Metro de Quito ni fue entregado a los concejales ni nada. Está en la notaría donde lo protocolizaron. Cualquiera puede ir allá y verlo.

El caso es que gran parte de la documentación de este proceso o no existe o no es pública, como ya es costumbre en la administración de Rodas, así que el Concejo Metropolitano se vio abocado una vez más a discutir sobre un tema que involucra cientos de millones de dólares (miles de millones esta vez) sin disponer de la información suficiente. Por supuesto que el alcalde se comprometió a entregar a los concejales todo lo que sea necesario. Pero nada garantiza que las conversaciones informales con Odebrecht (una empresa amante de la informalidad donde las hay), revelen sus secretos.

En la imagen: el gerente de la Empresa Metro de Quito, Mauricio Anderson, durante la presentación de su informe ante el Concejo Metropolitano. Foto: Municipio de Quito

La política huyó de Quito

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En estos últimos días ha habido polémica en una pequeña parte de la ciudad por la construcción del proyecto de transporte masivo por cable en la zona del Condado. Una polémica que no ha salido de las redes ni ha merecido un verdadero debate en el Concejo Metropolitano y en la ciudad.  Más allá de las posiciones sobre la conveniencia o no del proyecto, hay un tema que ha pasado inadvertido: cientos de personas serán expropiadas y nadie, absolutamente nadie, se pregunta si aún en estas épocas las expropiaciones son necesarias. ¿No había otras opciones menos traumáticas? ¿No debe la municipalidad agotar todas las opciones para disminuir el impacto social del proyecto y evitar que 200 quiteños sean despojados de sus viviendas? ¿Por qué este tema no ha merecido la opinión de la mayoría de los quiteños?

Algo similar ocurrió con el caso de la Solución Vial Guayasamín. A pesar de las dudas levantadas por varios actores sobre la contratación millonaria a una empresa china cuestionada internacionalmente, a la mayoría de los ciudadanos pareció importarle poco cómo se usan los recursos de todos y si ese proyecto era el más conveniente, viable y sostenible.

La documentación que demostraba lo contrario era abundante; la información proporcionada por la Alcaldía, incompleta y contradictoria. A pesar de eso y de los espacios que se abrieron para estudiar el problema, el debate público giró en torno a una cuestión dominante: oponerse a una obra era oponerse al progreso de la ciudad. Fue un debate de espaldas a la información que estaba disponible para todos. Académicos, profesionales, empresarios, gente en quienes la falta de información resulta inexcusable, defendieron la Solución Vial Guayasamín con el único argumento de que no había que oponerse a las grandes obras. Como si las obras per se fueran siempre y necesariamente buenas, sin importar cómo se financian, cómo enfocan el problema que pretenden resolver, con qué estándares éticos se manejan. En suma: sin importar el necesario debate político que las rodea.

Quizás diez años de correísmo produjeron esta crisis de ciudadanía. Este desinterés por informarse para tomar posiciones. Este fetiche de la obra pública. Esta triste concepción del ciudadano como un sujeto pasivo a la espera de que se le concedan los dones del Estado, vengan como vengan, y limitarse a dar las gracias con una sonrisa y una reverencia. Que esta conducta se haya afincado en Quito, la ciudad política por excelencia de la República, es extremadamente preocupante.

Podría seguir enumerando temas de la ciudad que necesitan ser discutidos por los ciudadanos y sobre los cuales los quiteños estamos obligados a opinar. Lo que pasa en la ciudad no puede pasar inadvertido por más que estemos cansados de la política nacional. Discutir los temas de Quito, devolver la política a nuestra ciudad es absolutamente necesario para que las decisiones se tomen en Quito y para Quito.

La desaparición de partidos quiteños como la Izquierda Democrática y la Democracia Popular generó un vacío de liderazgo político en la ciudad que los años de la revolución ciudadana sólo ha profundizado. Augusto Barrera decidió dejar la política de la ciudad a Rafael Correa, una de las razones por las que perdió la reelección a la Alcaldía de Quito en 2014. Ese resultado electoral, a mis ojos, parecía un preludio de que los quiteños estábamos dispuestos a devolverle a nuestra ciudad un carácter más rebelde y libertario, como dicta la tradición que siempre reivindicamos los quiteños. Uno de los mandatos principales que Mauricio Rodas ha incumplido continuamente.

Sin embargo, no ha vuelto la política a la ciudad, la buena, la necesaria. La que exige a sus líderes gobernar la ciudad y no estar pensando en cruzar la Plaza Grande. La que se interesa por lo que sucede en el Concejo Metropolitano y las decisiones que ahí se toman. La que no se contenta con las “mega obras” de la Alcaldía, algo que me suena demasiado similar a las “carreteras” del correísmo. La que exige la toma de decisiones difíciles, políticamente complejas pero necesarias para el futuro sostenible de nuestra ciudad. La que no se convence con discursos superficiales que no dicen nada y exige profundidad en la gestión y en las posturas de sus líderes.

Después de diez años de un letargo político en nuestra ciudad, de una omnipresencia de Rafael Correa que movió el eje de rotación del país y de Quito  alrededor de él, pensé que los resultados de las elecciones de 2014 significaban volver el eje de rotación a nuestra ciudad. Sin embargo, estamos lejos de ese anhelo. El debate público, cuando existe, le sigue dando la espalda a la política. Los quiteños han perdido el interés, no se informan y caen fácilmente en la lógica maniquea de los discursos oficialistas, a favor o en contra, sin verdadero debate. Diez años de correísmo han vuelto a los ciudadanos una masa sin criterio y los nuevos políticos de Quito, la quieren igual de aletargada.

Quiteños, ustedes podrán estar a favor o en contra del Alcalde, de sus obras, de su gestión. Y podrán no coincidir con las críticas que he levantado, ese no es el punto. Lo que yo les pido con este artículo es que se despierten y se interesen por lo que pasa en la ciudad. Que se informen, opinen con fundamento y sean verdaderos ciudadanos democráticos, agentes de cambio. Solo así recuperaremos la política, la buena, en la ciudad.

Daniela Chacón es concejal de Quito

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