Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

Tag archive

Nicolás Maduro

En cartelera: Las muñecas de la mafia

en Caricaturas/El Humor por

La serie no es nueva en la región: se trata de un grupo de mafiosos que secuestran un Estado (tipo república bananera), aterrorizan a su población, generan un empobrecimiento absoluto, persiguen a sus opositores, matan en las calles con una frialdad que arranca lágrimas, incluso asesinan a jóvenes y a niños. La serie, con abundantes efectos especiales pero de naturaleza diferente a la ciencia ficción -especialmente por la crudeza de los muertos en directo-, tiene la virtud de contornear los lugares comunes. La indignación, por ejemplo, que es bastante común en este tipo de series.
Para ello, el director saca un as insospechado de la manga: las “muñecas”. Se trata de los vecinos de los mafiosos que hacen gala, con una delicadeza casi poética, de un cinismo que hiela la sangre del público. Esos asesinos sueltos -dicen las muñecas- tienen derecho a matar, oprimir a su gente y hacer fraudes monumentales en parodias de elecciones. Los protege un derecho superior a los derechos humanos y a la vida misma: su derecho, muy soberano, de hacer lo que les venga en gana en su territorio y con sus gentes. Las muñecas gestan las coartadas de este tipo nuevo de mafioso que, sin Dios ni ley, ya no controlan un territorio sino un Estado.
Las muñecas de la mafia es la serie más escalofriante que Chamorro y 4P han visto últimamente.

Sigue leyendo

Venezuela: Espinosa no puede ser más indigna

en La Info por

Lenín Moreno ha dejado escapar la oportunidad que la historia le puso en sus manos para liberar al Ecuador de la vergonzosa mancha que significa el apoyo incondicional que su predecesor ofreció a la sangrienta tiranía que gobierna Venezuela.

Primero estuvo el cobarde y calculado voto de abstención en la reunión de la OEA en Cancún, que impidió que la moción de condena de los países más grandes del continente sea aprobado. Una abstención que le permitió, gracias a los guarismos, a un grupo de países minúsculos y que le deben favores a la dictadura venezolana, imponer el indigno estatu quo que la región ha mantenido de cara al caso venezolano.

Cancún no es todo.  Ahora es su canciller María Fernanda Espinosa quien le ha añadido una dosis extra de indecencia a la política exterior ecuatoriana y a la imagen del país con su posición sobre Venezuela. Lo hizo cuando salió a decir a la prensa que lo que más le había impresionado del caso venezolano había sido la violencia de la oposición. “Estamos realmente impresionados de los niveles de violencia que ha utilizado la oposición en Venezuela. Lamentamos muchísimo que el pueblo venezolano no pueda vivir en paz porque tiene ese derecho” , dijo Espinosa en lo que fue un giro con el que el capítulo de Cancún quedó coronado de infamia y desvergüenza.

Si había un tema en el que el Moreno tenía la posibilidad  de desmarcarse del guión correísta era precisamente el de la oprobiosa política sobre Venezuela. La tesis según la cual es la violencia de la oposición el núcleo del problema venezolano solo se atreven a sostenerla los sectores del madurismo más ramplón. Se trata de una tesis que puede exponerse en el escenario camorrero y gangsteril de la descomposición en la que se halla la estrutura social y política de Venezuela, pero que en la boca de una Ministra de Relaciones Exteriores resulta insultante y grosera. 

Parecería que la canciller Espinosa únicamente conoce la versión que el militarismo cavernario del madurismo ha articulado sobre la crisis en Venezuela y que es incapaz de procesar toda la información que sale de la sociedad venezolana y de los organismos más serios de derechos humanos. Afirmar que lo que más impresiona del caso venezolano es la violencia opositora es desconocer los miles de ataques de grupos civiles armados partidarios del gobierno contra manifestaciones masivas de oposición al gobierno, que han dejado más de 80 muertos y cientos de heridos. Human Right Watch ha documentado con dolorosa precisión cómo los organismos de seguridad han empleado la fuerza matonil y avalado ataques de grupos civiles armados aliados del gobierno. Basta tener una pizca de sensibilidad (¿No se supone que Espinosa es poeta y que su lirismo es conocido entre sus amigos?) para condolerse hasta lo más profundo con las imágenes que circulan en medios y redes sociales, donde se ve a militares disparar directamente al cuerpo de jóvenes manifestantes desarmados o lanzar  bombas lacrimógenas indiscriminadamente desde helicópteros, lo cual es prohibido por las convenciones internacionales. Curioso que a Espinosa no le llame la atención todo eso. Es indignante ver que es inmune ante el cinismo y la indolencia brutal de los funcionarios venezolanos que, como en el caso de Maduro, no dudan en aparecer en televisión bailando y cantando cuando aún están calientes los cuerpos de los chicos que han caído muertos en la calle. A Espinosa lo que más le impacta es la violencia de la oposición.

Moreno tuvo la oportunidad de distanciarse condenando, aunque sea bastante tarde para el caso ecuatoriano, una política de Estado que seguramente en el futuro será procesada en tribunales internacionales como responsable de crímenes de lesa humanidad y hasta quizá de genocidio. El Ecuador, y esa será responsabilidad del presidente Lenín Moreno, inevitablemente estará en los registros de la historia y de la opinión pública mundial del lado de los abusadores y sanguinarios.

¿Qué puede explicar esta necedad del Estado ecuatoriano frente a Venezuela? Es posible que para el aparato correísta, aún manejando los hilos del poder, se le haga muy difícil romper con el troglodita esquema mental estalinista y guevarista que tienen muchos de sus cuadros. Es posible también que en el interior del gobierno se haya pensando que no se puede dar la espalda a ciertos sectores del correísmo que siguen creyendo en la utopía bolivariana a pesar de las evidentes señales de la destrucción de un país. También se podría pensar que existen favores pasados que no se pueden olvidar y que es necesario honrar. ¿Financiamiento de alguna campaña quizá?

Pero independientemente de las razones por las que el actual gobierno ha decidido seguir con el guión correísta en el tema de Venezuela, lo cierto es que para los registros históricos quedará la evidencia de que Lenín Moreno no quiso abordar el tema desde el humanismo y la dignidad.  Porque Espinosa es cercana suya y es puesta por él. Y es él quien decide la política exterior y responde por ella. Muchos ecuatorianos verán, sin duda con impotencia e indignación, que la historia de su país ha sido manchada con la posición que sus gobernantes han tenido frente a una dictadura mafiosa y untada de narcotráfico que derrama sangre en Venezuela para seguir en el poder. Moreno tuvo una oportunidad que difícilmente se va a repetir. Y la desperdició.

Foto cancillería ecuatoriana

Alianza País protege al asesino Nicolás Maduro

en La Info por

A Lenín Moreno no le preocupa, al parecer, que Nicolás Maduro asista a su posesión. Y eso es preocupante, aunque no se haya confirmado su presencia en Quito este miércoles. Lo es porque Maduro representa hoy lo peor de la aventura del Socialismo del Siglo XXI; un aliado indiscutible del correísmo del cual él hace parte. Maduro ya no es solo el representante de la tendencia que quebró la economía venezolana: es el líder de un grupo que asesina a manifestantes pacíficos, está por fuera de sus propias leyes, desconoce acuerdos internacionales, se puso al margen de la OEA, tiene escuadrones de matones y francotiradores que desparraman terror en Venezuela: hay 48 muertos. Más de mil heridos. Centenares de detenidos. ¿A partir de cuántos muertos Alianza País considerará a Maduro persona non grata? ¿Cuántos muertos los hará reconsiderar esos pruritos ideológicos tras los cuales escudan la ignominia? ¿O tampoco eso?

El chavismo ha permitido desenmascarar a esa izquierda jurásica que, pensando en las fábulas castristas, hizo creer que la miseria en Cuba no era producto de la dictadura sino del bloqueo de Estados Unidos. Desde 1999, cualquier ciudadano pudo ver cómo un iluminado, llamado Hugo Chávez, emprendió políticas irracionales que, finalmente, condujeron a la ruina de la economía venezolana: estatización, ahuyentamiento de la inversión, destrucción de la actividad privada, expropiaciones, subsidios a granel, uso discrecional del dinero público, arbitrariedad en la gestión fiscal, corrupción… Y tras ese espectáculo vinieron las coartadas: complots imperialistas, ataques de la burguesía venezolana, escasez provocada por los comerciantes, mentiras de la prensa pues no hay colas… Hoy es claro que ese modelo, basado en una dictadura, produce miseria y muerte en Cuba y en Venezuela.

Los subterfugios utilizados para confundir fueron tan evidentes que debieron producir alertas y reflexión en Alianza País y en esa izquierda totalitaria que cree que cambiando las palabras, cambia la realidad. Chávez era de izquierda porque reconocían su liturgia y era amigo de Fidel Castro. Chávez era de izquierda porque hablaba de los pobres, insultaba a los ricos y al imperialismo mientras instalaba una verdadera dictadura militar en Venezuela. No, Chávez fue un caudillo -un dictador más de la serie que ha parido el continente- que despilfarró la riqueza de un país millonario y se atornilló al poder creyendo que es suyo y de su dinastía familiar y política.

En Alianza País primó, y sigue vivo, el prurito más zopenco. Hubo y hay producción de estulticia por raudales. Un ex embajador correísta, Ramón Torres, llegó a afirmar, hace poco en Ecuavisa, que la oposición venezolana busca “derrocar al modelo de desarrollo de Nicolás Maduro”. Dijo modelo de desarrollo y eso es revelador. Llamó desarrollo a la miseria más crasa, a la ausencia de libertades más evidente, a la corrupción más elocuente, a los escuadrones ambulantes de asesinos que producen muerte y desolación en las ciudades venezolanas.

El correísmo que invita a Maduro a la posesión de Moreno ya no puede reclamar ignorancia. Conoce lo que pasa en Venezuela. Sabe que protege a una narcodictadura representada por Maduro y Deosdado Cabello. Pero ahora no lo hace en nombre de la camaradería y del socialismo del siglo XXI. Ahora esgrime otras razones: la soberanía, la no-intromisión en asuntos internos, las particularidades propias a cada país, el respeto a la institucionalidad ajena… Esta lengua pastosa, cobarde y cómplice permitió a la Asamblea Nacional negar la solicitud del asambleísta Fernando Callejas quien, en su moción, pidió a la Cancillería retirar la invitación a Maduro.

El mismo espectáculo se dio por parte de la bancada de Alianza País que bloqueó, en el Concejo de Quito, una resolución para declarar a Maduro persona non grata. Siete ediles votaron a favor y once en contra. Sin embargo, el alcalde Mauricio Rodas, que estuvo en minoría, hizo saber que “no habrá ninguna declaratoria de huésped ilustre, ninguna entrega de las llaves de la ciudad” a Maduro.

Al margen de si viene a la posesión, Alianza País mostró de qué lado se ha puesto entre los asesinos y el pueblo venezolano que, en dos décadas y a pesar de tener la mayor reserva de petróleo del mundo, está padeciendo una verdadera una crisis humanitaria. Su actitud incrementa las dudas sobre el contenido real de los cambios prometidos por Lenín Moreno a partir de este miércoles como nuevo Presidente de la República.

Almagro alaba a Correa porque va tras Maduro

en La Info por

El secretario General de la OEA se explayó en elogios a Rafael Correa. El 3 de abril, en una actitud inusual el mismo Almagro felicitó a Lenín Moreno como nuevo Presidente. Y cuando le preguntaron por los reclamos de Guillermo Lasso, se escudó tras el informe de los observadores de la OEA que, como se sabe, no observan nada.

¿Qué pasó? ¿Acaso Almagro ignora la línea que unía Caracas, Cuba y todos los países del Alba que, con matices o sin ellos, se identificaron con el Socialismo del Siglo XXI? En absoluto. Ocurre que Almagro está jugando un partido más importante en el plano de la geopolítica regional y que, en su tablero, Ecuador está lejos de ser su prioridad. Correa se gana unos elogios a cambio de no pesar con su voto a favor de Maduro y de no hacer ruido en las plenarias de la OEA. Como sí ocurrió con Bolivia, por ejemplo, el 3 de abril pasado cuando la OEA aprobó por mayoría una declaración en la cual se lee que en Venezuela “hay una “grave alteración inconstitucional del orden democrático” y exige a Nicolás Maduro que restaure “la plena autoridad” de la Asamblea Nacional en la cual la oposición es mayoría. En esa votación se abstuvieron República Dominicana, Bahamas, Belice y El Salvador. Bolivia, Venezuela y Nicaragua abandonaron la sesión.

Esa es la declaración más dura que ha tenido la OEA contra la dictadura venezolana. Con ella se evidenció su aislamiento irreversible en la región y tomó fuerza la posibilidad de ser expulsada de la OEA. Esa posibilidad creció el 27 de abril al ser convocada, con la total oposición de Venezuela, una reunión de cancilleres para debatir sobre la crisis Venezolana. El gobierno de Maduro se adelantó y anunció, en una evidente jugada de victimización, el retiro de su país del organismo regional.

Es evidente que si Maduro llegó a este punto es porque la OEA, y Almagro en particular, se convirtieron en su pesadilla. Almagro no solo se expuso a las críticas de países y observadores que lo acusaron de haberse extralimitado al empujar, con una dedicación personal inocultable, el caso de Venezuela en la OEA. El Secretario General usó los mecanismos institucionales para aplicar la Carta Democrática, abrió su agenda a los opositores venezolanos, se dedicó hasta en sus cuentas sociales a denunciar la dictadura de Maduro, sus violaciones flagrantes a la propia constitución bolivariana, sus triquiñuelas para desconocer la Asamblea Nacional opositora, su maltrato a los prisioneros políticos, el desconocimiento de las agendas electorales… Almagro se convirtió en el peor enemigo de la dictadura chavista.

Esa es la agenda de Almagro. Esa es su prioridad y, se entiende, la de muchos países que hoy saben que Nicolás Maduro y Deosdado Cabello no son políticos adefesiosos y equivocados: son la cara visible de lo que Miguel Henrique Otero, director en el exilio del diario El Nacional, llama una narcodictadura. Mafias armadas que no respetan Constitución ni ley y que, amparándose en la soberanía y el derecho de los pueblos a disponer de sí mismos, se ponen al margen de las reglas, las convenciones de Derechos humanos y los mecanismos de convivencia internacional. Son grupos armados, corruptos y asesinos incrustados en el poder.

Venezuela es un caso que no está previsto en los acuerdos internacionales. Las urgencias que suscita (alimentaria, sanitaria, de seguridad, de amenaza internacional… ) son de tal magnitud que eso explica la actitud de Almagro: construir un frente, lo más amplio, lo más heterogéneo para aislar esa narcodictadura y neutralizarla. Hay adelantos visibles. Tres en especial: Maduro perdió la aureola ideológica: la miseria en Venezuela acabó el mito del Socialismo del Siglo XXI. Dos, el chavismo perdió a sus aliados: la alternancia de poder en Argentina y el cambio de equipos de gobierno en Brasil, pusieron fin, en los hechos, a esos organismos creados por el chavismo para competir con instituciones regionales. Tres, la crisis puso fin a la chequera usada por Chávez para extender su influencia geopolítica: la crisis económica, la corrupción y el pésimo manejo de la economía convirtieron un modelo en un cadáver ideológico, en un caso más judicial que político y en un problema de difícil manejo para la comunidad internacional.

Para lambisquear a Correa, Almagro archiva sus principios

Eso explica los elogios a Correa. Almagro los hace mirando el gran tablero regional. Y Correa, oportunista y en retirada, prefiere el diploma de gran demócrata que le otorga la OEA a cambio de su discreción, silencio o abstención en la OEA sobre ese antiguo aliado, hoy mundialmente impresentable. Basta comparar los comunicados de la Cancillería de ahora y las declaraciones de antaño y la actitud de la delegación ecuatoriana en la OEA para percatarse de que el correísmo negoció ese canje. Almagro se echa encima a muchos demócratas en Ecuador, Nicaragua y otros países, pero apuesta a la derrota definitiva de Maduro y de sus mafias. Ese juego geopolítico es de mayor envergadura y premura e incluye la situación en Cuba.

Correa sacará pecho por esa declaración de Almagro: nunca reconocerá que se la ganó porque, en los hechos, está contribuyendo a sacar del mapa la peor bazofia que parió la bonanza en este continente: el chavismo. Él ayuda a quemar lo que adoró porque, seguramente, ya fantasea con ocupar ese sitio.

Para lambisquear a Correa, Almagro archiva sus principios

en La Info por

Luis Almagro ha empeñado la verdad histórica y los principios democráticos y humanistas con los que se ha valido para condenar al gobierno de Nicolás Maduro para lanzar una sonora lisonja a Rafael Correa en el marco de la Asamblea Permanente de la Organización de Estados Americanos, OEA, de la cual es su secretario general.

Tan almibarada y falaz fue la lisonja de Almagro que se hace imposible no sospechar que tras de ella hubo algún canje o guiño político.

Almagro, en un discurso en el que parecía enumerar la lista de las cosas que más gustan a Correa que digan sobre él, traicionó todas las evidencias que hay sobre los atropellos a la democracia y a las libertades en el Ecuador que la propia OEA ha registrado durante los diez años que Correa ha estado en el poder.

Almagro, en su loa, ha dicho que Correa es un “demócrata cabal”, lo cual es una gran mentira de la que la propia relatoría especial de libertad de Prensa de la OEA tiene evidencias. Un presidente que ha atropellado la libertad de expresión, como pocos lo han hecho en la historia de América Latina, y que, además, ha coartado y criminalizado el activismo social y la disidencia no puede ser calificado, como lo hizo Almagro, como un demócrata cabal. Una alabanza así pudo haber sido incluso más creíble si Almagro hubiera introducido por ahí, al menos, algún bemol sobre la conducta política de Correa quien tiene, en su lista de infamias anti democráticas, haber alineado a su país con regímenes siniestros como los de Siria o incluso Corea del Norte en foros internacionales como la ONU.

El secretario de la OEA parece que tan pronto como entró a la sesión olvidó todas sus convicciones y principios democráticos. Correa es un político extraordinario y ha establecido la solidez institucional y la estabilidad política, dijo Almagro como si tuviera nada de información de todos los informes hechos por los organismos de derechos humanos más respetados del mundo, que señalan cómo la estabilidad política en el Ecuador se consiguió concentrando el poder que destruyendo la institucionalidad democrática.

Almagro, en su casi extasiada intervención, no parecía estar muy dispuesto a recordar tampoco que Correa había sido, hasta hace muy poco, un abierto detractor de la OEA, organismo que le ha resultado particularmente antipática porque mantiene fuera de su seno a la dictadura de los Castro en Cuba y sí incluye, en cambio, entre sus miembros al imperio yanqui. ¿Acaso no recuerda Almagro que Correa había dicho que era necesario acabar con la OEA para reemplazarla con la Celac? ¿No recuerda que alguna vez dijo que “necesitamos un organismo capaz de defender los intereses soberanos de sus miembros y no la OEA que nos alejó de eso cuando expulsó a Cuba en 1962”? Almagro incluso no parece que reparó siquiera en que Correa hace un poco menos de un año lo tildó de “desubicado“, por su posición firme frente al caso venezolano. El gobierno ecuatoriano, alguna vez, condenó la política de Almagro sobre Venezuela y su cancillería publicó un manifiesto en el que decía que había usado “términos impropios y un tono alejado de la ecuanimidad y mesura que exige la representación de un organismo que agrupa a 34 Estados del hemisferio”.

En su lírica exaltación, Almagro dijo además que “siempre fue muy refrescante y muy informativo escuchar sus presentaciones y discursos en diferentes cumbres y eventos en los que hemos coincidido”, como si alguien que conoce mucho a Correa le hubiera contado sobre el especialísimo interés que tiene el Presidente ecuatoriano en dar discursos en universidades y foros internacionales. Discursos a los hace repetir hasta el cansancio en cadenas de radio y TV o en sus shows de los sábados en los que, además, no se ahorra insultos y descalificativos para los que no piensan como él.

Almagro alaba a Correa porque va tras Maduro

Almagro, con su breve pero panegírico discurso, desconoció de tajo las desventuras de todos los que han sufrido los abusos de Correa: los indígenas que han sido reprimidos por su lucha contra las mineras, los periodistas que han sido demandados por millones de dólares por hacer su trabajo, los activistas como Martha Roldós a quien se le robaron su correspondencia privada para publicarla en un diario de Gobierno o las personas que han sido condenados a prisión por participar en veedurías ciudadanas, entre otros. “Su calidad personal es indudable”, agregó muy ligerito Almagro olvidando que Correa fue capaz de enviar a la cárcel por más de seis meses a personas como César Carrión o Fidel Araujo, a quienes acusó, prevalido únicamente de su paranoia, sin una sola prueba de haberlo querido matar durante el alzamiento policial del 30 de septiembre del 2010.

Si el discurso de Almagro fue parte de una estrategia de política regional, también fue una enorme decepción para mucha gente que se expresó en redes sociales. Martha Roldós fue una de ellas. En una serie de tuits dijo a Almagro que un dirigente que no tolera el disenso no puede ser calificado de demócrata, entre otras cosas.

¿Qué tan espontánea y sincera fue la intervención de Almagro? Difícil saberlo pero no deja de ser llamativo que el Secretario General haya llegado a la sesión con un texto al que leyó cuidadosamente luego de la intervención del embajador ecuatoriano Marco Albuja, quien habló sobre el fin del período presidencial de Rafael Correa. La reacción de los medios administrados por el Gobierno ecuatoriano fue inmediata y todos se dedicaron a compartir el discurso y la noticia.

¿Fue la alabanza de Almagro parte de un plan entre la representación ecuatoriana y la oficina del Secretario General? En política todo es posible. Incluso que los demonios sean santificados en público, lo que ocurre normalmente cuando hay un objetivo y una estrategia por delante.

Lenín Moreno: ¿acaso Venezuela no es el modelo?

en La Info por

Venezuela es noticia mundial y aquí el gobierno mantiene un silencio contrario a su marcada incontinencia verbal. En mala hora, Nicolás Maduro y su Tribunal Supremo de Justicia decidieron borrar del panorama político a la Asamblea Nacional. Es decir, oficializar un golpe de Estado que, en los hechos, ya era una realidad.

Se entiende que para Rafael Correa y su aspirante a sucesor esta noticia, que está en la tapa de todos los periódicos de América, no sea de interés público. En su comunicado se lavan las manos (y apoyan solapadamente al dictador) porque Venezuela retrata, de cuerpo entero, lo que es el Socialismo del Siglo XXI. Un proyecto político que destruye la democracia, que destruye la economía, que produce hambre como se ve en Venezuela, que enriquece a una casta y no está dispuesto a dejar el poder. El chavismo respetó la Asamblea Nacional mientras la controló. Pero apenas la perdió en 2015, la desconoció, la atacó, la volvió ilegitima y ahora ilegal. 14 millones de personas en Venezuela votaron por la Asamblea Nacional. Eso no importa. Maduro se atribuyó todos los poderes y encontró en el Tribunal Supremo de Justicia una coartada ,supuestamente legal, para disfrazar lo que es en realidad una dictadura.

Por eso calificó como histórica la decisión de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia. Ésta, atendiendo un recurso de interpretación, interpuesto por una filial de la petrolera PVDSA, tomó, este 29 de marzo, la decisión que oficializa la dictadura: esa sala, o el órgano que ella disponga, ejercerá las competencias de la Asamblea Nacional.

Este subterfugio tiene su historia: esa misma sala ordenó, el 31 de diciembre de 2015, suspender la proclamación por parte de la Asamblea Nacional de cuatro diputados, electos por el Consejo Nacional Electoral, del estado de Amazonas. Esa fue la jugada del chavismo para evitar que la oposición alcanzara 112 votos, necesarios para tener la mayoría calificada de dos tercios sin la cual no se puede modificar la estructura legislativa de Venezuela.
Maduro y los suyos dijeron que en esa Estado hubo fraude y desconocieron los resultados de esos cuatro diputados, tres de la oposición y uno de sus propias filas. La Junta Directiva de la Asamblea Nacional juramentó e incorporó a los cuatro diputados. El Tribunal Supremo de Justicia declaró en desacato a la Asamblea y anunció que sus decisiones son nulas. Luce obvio: en Venezuela se ha demostrado que el Supremo, como lo llaman, es una herramienta política de Maduro y de su aparato chavista: en 2015 un estudio de 40 000 sentencias probó que, en los nueve años anteriores, ese Tribunal Supremo no había fallado una sola vez en contra del gobierno.

El Supremo ya venía usurpando las funciones de la Asamblea: fue ante él que Maduro presentó lo que aquí es el Informe Anual a la Nación. Igual ocurrió con el presupuesto. Y con el nombramiento de los miembros del Consejo Nacional Electoral. Maduro evitó, por esa vía, el referéndum revocatorio. E incluso la elección de gobernadores que se ha pospuesto en forma indefinida. Sin Asamblea reconocida, Maduro lleva más de un año gobernando por decreto de emergencia…

Esta vez había otro escenario en juego: la posibilidad de que él constituya empresas mixtas en el sector hidrocarburos donde se han dado los mayores escándalos de corrupción. Decisiones como esas son de total competencia de la Asamblea. Pero como Maduro la desconoce, acudió a la Sala Constitucional del Tribunal Supremo que, con el fallo del 29 de marzo, le otorga la razón. Le pide, además, que le informe “todas las circunstancias pertinentes” a la constitución de esas empresas mixtas en el sector hidrocarburos, sus condiciones y posteriores modificaciones. Esto significa que la Asamblea Nacional ha dejado de existir definitivamente en Venezuela y que Maduro tiene, por esa vía, carta blanca para decidir lo que quiera. De hecho atribuyó, con un simple decreto, 112 mil kilómetros cuadrados en la selva amazónica donde podrán operar mineras transnacionales a gran escala. En ese territorio habitan diez pueblos indígenas y están las mayores fuentes de agua de Venezuela.

El golpe de Estado perpetrado por el chavismo ha sido unánimente señalado por Chile, Colombia, Brasil, México, Estados Unidos… Y Perú que ya anunció el retiro de su embajador en Caracas. Luis Almagro, secretario general de la OEA, convocó de urgencia a un Consejo Permanente para analizar el caso. Almagro es favorable a aplicar la Carta Democrática a Venezuela; lo que provocaría la expulsión de ese país de la OEA. Lo ha propuesto porque la dictadura de Maduro, en vez de dar señales de apertura -liberando presos políticos y convocando a elecciones- ha concentrado más poder e incrementado la represión.

Correa y Moreno no dicen nada de fondo sobre el golpe de Estado en Venezuela. Es evidente: no quieren que el país, que votará este domingo, se mire en el espejo venezolano; el modelo que dieron como ejemplo y que hoy tiene a millones de personas con hambre y sin medicamentos.

#LaTomaDeVenezuela en diez videos

en La Info por

Cientos de usuarios de redes sociales en Venezuela se dedicaron a testimoniar lo que fue la jornada #LaTomaDeVenezuela, en protesta en contra del gobierno de Nicolás Maduro. Armados de teléfonos inteligentes cada uno aportó, a su manera, con imágenes y videos de lo ocurrido. 4Pelagatos hizo una pequeña selección.

Arriba una toma general de la manifestación en Caracas
Este video fue puesto por Henrique Capriles en su cuenta de Twitter
!Tengo hambre! ¡Mírame a los ojos!
Se va a caer, se va caer…
Esta marcha ha estado espléndida
Desalojan camión de la Policía que evitaba acceso a Caracas
El video de Efecto Cocuyo
Imágenes en Barquisimeto
La toma en Valencia
Colectivos y policías disparan a manifestantes en la Catedral de Maracay

‘La revocatoria de Nicolás Maduro es innegociable’

en La Info por

Helen Fernández reemplaza a Antonio Ledezma (preso político del chavismo) en la alcaldía de Caracas. Ahora está en Quito para la conferencia hábitat III, programada por la ONU, en la que participa junto a otros alcaldes de grandes ciudades. 4Pelagatos la entrevistó sobre la coyuntura dramática que se vive en Venezuela.

¿Cree usted que el referendo revocatorio se hará y se hará este año?
El 85% de los venezolanos quieren el referendo revocatorio. Y estamos decididos a que vaya en 2016 porque en 2017 hay una estrategia que todo el mundo conoce y que es un engaño: si se revoca faltando menos de dos años, se queda el vicepresidente. Si así lo hacen, iremos a una desobediencia civil pacífica. De hecho, ya hay desobediencia civil porque si hubiéramos acatado lo que dicen y la serie de trabas que nos ponen, ya el referendo no se hubiera dado. Pero la voluntad del pueblo venezolano ha sido inquebrantable y ha demostrado que quiere la salida con el referendo revocatorio en 2016.

¿Van a asumir los plazos que ha puesto el gobierno que les obliga a encontrar casi cuatro millones de firmas en tres días al final de este mes?
Estamos seguros de que vamos a conseguir no cuatro millones de firmas sino millones más que quieren el referendo revocatorio. Los pueblos son grandes cuando toman grandes decisiones y el pueblo de Venezuela decidió que quiere vivir en libertad y democracia. Esa decisión no se puede quebrantar.

Cuando Deosdado Cabello dice que no habrá revocatoria no este año ni el siguiente, ¿es decisión del poder en su conjunto?
También Deosdado Cabello decía que la Asamblea Nacional no iba a tener los escaños que tuvimos. El pueblo venezolano le dio una grandísima lección. Ahora ellos pasan a desconocer la Asamblea y nosotros pasamos a desconocer sus decisiones.

¿Qué otras características tendría la desobediencia civil susceptibles de generar resultados que hasta ahora no han obtenido?
Le voy a poner una fresquita. Acabo de enviar a Caracas mi posición acerca del último mandato del presidente en el cual dice que otorgará 400% de presupuesto mayor a las alcaldías que avalen que el Tribunal Supremo de Justicia apruebe el presupuesto. Un TSJ que solo obedece su línea política.
Acabo de decir que la dignidad no se negocia. Eso es desobediencia civil. Estamos en una lucha épica, por los valores, la moral, la reconstrucción de la familia. No podemos hablar de justicia cuando tenemos presos al alcalde Ledezma, a Leopoldo López, cuando tenemos estudiantes torturados. No podemos hablar de libertad cuando los medios están siendo cercenados y se arriesgan para decir la verdad, cuando coaccionan la libertad de expresión. Y muchísimo menos podemos hablar de paz cuando hemos pasado a ser la capital más violenta del mundo.

La mediación de Rodríguez Zapatero ha terminado en lo que muchos temían: una empresa imposible. ¿Por qué?
El venezolano está abierto al diálogo, pero un diálogo sincero. Ese sería el tercer diálogo al que acudimos. Una mesa de la cual nunca hemos visto resultados. En la primera mesa el vocero fue Antonio Ledezma y tuvo tres solicitudes: respeto a la descentralización. Que le devolvieran las competencias a nuestra alcaldía. Que liberaran los presos políticos. Hoy Antonio Ledezma es un preso político.

Ustedes han dicho que Rodríguez Zapatero es un vocero del poder, no un mediador.
Queremos un diálogo sincero. No estamos desestimando la presencia de Zapatero, pero ¿por qué no ponen también a figuras como Piñera, Pastrana, Osvaldo Hurtado, Tuto Quiroga? ¿Por qué nos quieren someter a un diálogo que es un monólogo? Nos hablan de la Iglesia. Aceptamos la Iglesia, pero queremos actores que estén compenetrados con la situación de Venezuela.

¿Zapatero no tiene vínculos con ustedes?
Él no tiene vínculo con la oposición. Para nosotros es una representación legítima de una ala en un Estado donde hay polarización extrema. Necesitamos equilibrio. Y le digo esto porque el segundo diálogo estuvo el nuncio apostólico, y ¿qué salió de ahí? Nada. Vamos a un diálogo pero después del referendo revocatorio. Que nos den una muestra de que quieren dialogar. Que suelten a nuestros presos políticos y vamos al diálogo.

¿Solo le queda a Venezuela la carta del proceso revocatorio?
No, queda esa, queda la renuncia de Nicolás Maduro y la definitiva decisión de un pueblo que no quiere vivir bajo una dictadura. Nos queda el apoyo internacional. Se puede aplicar las Carta Democrática de la OEA. Estamos claros que esto serían situaciones más complicadas para un pueblo que, de hecho, tiene crisis humanitaria. Pero la democracia y las batallas se ganan con sacrificio.

¿La condición para que haya un diálogo es que Nicolás Maduro se vaya?
Por supuesto. La revocatoria de Nicolás Maduro es una condición sine qua non porque él es el principal responsable de la tragedia que estamos viviendo.

¿Cual es la transición que avizoran pues se descarta que sea el vicepresidente quien lo reemplace?
Pasamos a la firma de un gran acuerdo nacional y luego de eso tendríamos un evento electoral donde le pueblo se exprese a través de elecciones.

¿Quiénes han previsto que pudieran liderar esa transición?
Estamos hablando de una mesa, de un acuerdo nacional donde estén los factores políticos y estén representados todos los factores que convergen en la sociedad. Luego, a través de primarias, se elegirá un candidato a la presidencia. Pero vamos a comernos, como decimos los venezolanos, el pan de a piquitos. Vamos primero a una etapa, luego a la otra para recuperar la democracia venezolana.

¿Cómo se sostiene el régimen de Maduro que tiene tan alto rechazo popular?
Se está desmoronando. Tenemos 85% de rechazo de la ciudadanía. Se le está acabando el dinero. Está absolutamente sentenciado por organismos internacionales bajo expedientes de violación de derechos humanos. Eso no prescribe. No le queda sino la violencia que es el arma de los que no tienen la razón. Estoy segura de que en Venezuela va a triunfa el justo valor de la razón.

Sin embargo, ¿tiene Maduro posibilidades de incrementar el nivel de violencia contra la poblacion? ¿Lo puede hacer a través de las Fuerzas Armadas?
Es impredecible. El escenario de las FF AA también está en la misma correlación que tenemos nosotros en las encuestas. Sin embargo, creo que las FF AA se van a poner de lado del pueblo. Sus cuadros medios y bajos también están pasando hambre y sus familiares sufren la inseguridad. Ellos están sumamente descontentos. El gobierno está acorralado por un pueblo que se dio cuenta de que el socialismo del Siglo XXI fracasó.

¿Tienen ustedes la sensación de soledad con respectos a los otros gobiernos de la región? ¿Hay resentimiento por su inacción?
La verdad es que vengo también a agradecer. No nos hemos sentido solos. Agradecemos tantos pronunciamientos de ex presidentes, de partidos, de parlamentos, de las sociedades, de los empresarios… Todos se han expresado solidarizándose con Venezuela. El pronunciamiento de la Organización de Estados Americanos, de la ONU… Hoy pedimos solidaridad, pero también agradecemos; incluso al pueblo ecuatoriano que se ha pronunciado y que fue maltratado por el gobierno venezolano cuando una delegación de políticos encabezada por la candidata presidencial Cynthia Viteri fue expulsada, violentando todos los derechos humanos. Ese no es el sentir del venezolano. Los venezolanos no avalamos estos atropellos.

Hay un desangre de jóvenes y cuadros. ¿Cómo piensan reconstruir un país que se ha ido vaciando?
Hay un éxodo por falta de oportunidades. Pero de ese éxodo, el 70% no ve la hora de que Venezuela recobre la democracia y las libertades para regresar. Lo más importante en la reconstrucción es que pasemos a gobiernos donde las instancias sean coordinadas y planificadas y las instituciones no las pongamos en manos de los militares como está haciendo Maduro. La máxima enseñanza que hemos sacado es que gobiernos locales, partidos políticos, empresarios, ciudadanos tenemos que trabajar unidos. Esa es la única manera de sacar adelante un país donde acabaron el aparato productivo y hoy se da cuenta de que solo unidos en el propósito, vamos a dar la respuesta que deseamos todos.

Entre condecoraciones y dictadores

en Columnistas/Las Ideas por

No hay evidencia estadística ni fáctica que muestre que en Venezuela hay menos pobres o que hay prosperidad. Por el contrario, la herencia chavista es un desastre monumental para el pueblo, pero ha sido extremadamente rentable para las chicas Chávez que exhiben su opulencia injustificada. Cierto es que no hay aún sentencia que condene a los sobrinos de Maduro por narcotráfico, pero parece indiscutible que tienen culpa de ese delito y además de haber usado recursos estatales en sus correrías. No obstante, Correa y sus parlanchines proclaman que antes de Chávez y obviamente de su engendro, Venezuela no existía.

Es verdad que no se ha demostrado judicialmente la culpa de los Kirchner. Pero es tanta la información que muestra que se robaron mucho dinero, ellos, sus allegados y testaferros que debería producir, por lo menos, una gran duda sobre la honestidad e integridad de todos ellos.

También es cierto que en el caso de Lula no hay sentencia que confirme corrupción. Pero, igualmente, hay harta evidencia y testimonio que debería crear la duda de si, en realidad, conviene poner las manos al fuego por la honradez de este señor. Ministros, legisladores y dirigente del Partido de los Trabajadores están, en masa, indiciados por corrupción. O será que santificar a Lula es una vacuna en caso de que hable Oderbrecht y termine ensacando en la misma corrupción a otros gobernantes amigos de Lula que, por su intermediación, han tenido tratos directos con esa compañía.

Robert Mugabe es un longevo dictador (paradójicamente electo en procesos electorales) que perennizó su mandato y la miseria de uno de los países más pobres y atrasados del mundo. La evidencia estadística así lo muestra. Y en la prensa se informa de los grotescos despilfarros de estilo imperial parecidos a los de sus similares de antaño, Macías, Bokassa, Amín. Ufanado el Canciller ha asistido a una reunión en la que este sujeto fue personaje relevante y eso muestra el desprecio del Gobierno por la información sobre sus execrables defectos.

Sobre estos personajes que encabezan o han encabezado gobiernos, se acumulan severos cuestionamientos éticos. Pero para el correísmo esto resbala. No tienen, por el contrario, ningún asomo de duda ni un ápice de incertidumbre sobre su impulota honradez, sentido de la democracia y arquetipos de modelos de comportamiento de todos ellos. ¿Ven bondad y virtud en donde otros no la ven? ¿Retan infantilmente a la prensa que trae mentiras? ¿Viven en una realidad paralela? O ¿será que lo que son defectos, para el correísmo son virtudes?

Correa decide engalanar con una condecoración a la cuestionada expresidente de Argentina que procesa la presidente de la Asamblea. Presurosa, ella quiere comprometer la soberanía delegada que ejerce y colgar una medalla en el pecho de esa señora, a nombre de la República del Ecuador, en nombre de todos nosotros. Así como una señal de validación, como un certificado de buena conducta despreciando la evidencia que, si no es fuente de confirmación, algún pudor debería provocar para no recurrir a un grado tan alto de exaltación. ¿Ha pensado la señora Rivadeneira, que si se llega a comprobar judicialmente la culpabilidad de la señora Kirschner –y todo apunta a que así será– habrá condecorado a una delincuente?

¿Están pensando en las alturas del poder, en donde parece que la falta de oxígeno produce obnubilación, que festejar con Mugabe la democracia; festejar la honradez con Kirchner, con Lula o con Maduro, compromete internacionalmente al Ecuador, asociado así a episodios oscuros? Esa línea de política internacional es contradictoria y contraproducente si quiere posicionar al Ecuador en la línea de acuerdos de comercio o de invitación a inversionistas en obras de infraestructuras. Salvo que sea un mensaje con una intención: estimular a que quienes asistan a esa invitación sean de la misma calaña de aquellos a los que saludan, condecoran y defienden.

Autoengañado y odiador, triste gobierno

en La Info por

Las sabatinas producen erisipela a muchos. Es entendible. No obstante se pierden de asistir gratuitamente y en directo, de la mano de un actor experimentado, al show mejor rodado de lo que es el correísmo: su lógica, sus mecanismos, sus esquemas, su propaganda, sus coartadas.
Este sábado 17 de septiembre, por ejemplo, el presidente dio una excelente clase de autoengaño político. Así puesto, algunos pensarán que se trata de cinismo por parte del actor que no cree en el libreto y actúa con el único ánimo de embaucar. Puede ser. Pero si la sabatina fuera solo eso, no sería motivo de fervor gubernamental. Hay que ver a los ministros –incluso ellos– en las propias sabatinas: mirada circunspecta, tono monocorde y espíritu contrito, repiten hasta las palabras del Presidente. En su presencia, lo citan. Lo repiten. Dan muestras altisonantes de su lealtad. Ellos, como en general los funcionarios de gobierno, caen en una dinámica nada elaborada de apropiación: toman prestado todo (pensamientos, actitudes, discursos…) del Presidente.

El autoengaño es un mecanismo que, a la postre, se vuelve imperceptible para quien lo practica. Es tan eficaz que los argumentos contrarios son descartados de tajo: ni siquiera son considerados. No tienen relevancia. La verdad deja de ser un proceso que requiere de muchas piezas y del examen racional de hechos y argumentos. Puede ser una declaración, un lema, cualquier cosa que diga el líder.

¿Y cómo funciona él? El enlace 493, hecho en Quito, en Carondelet, fue una demostración llamativa. Correa también sigue la lógica de los artistas que recurren al apropiacionismo: toma prestado hechos históricos que vivieron otros y los usa para producir una impresión: ellos somos nosotros (yo y ustedes los correístas). Esa apropiación no es artística; es política. Y el ejercicio busca generar tanta emoción que aquellos que lo oyen (los autoengañados o los embaucados) no piden examinar nada racionalmente. Asumen todo. Y se teletransportan hasta convertirse en actores de una situación vivida por otros.

¿Qué hay de común, por ejemplo, entre Salvador Allende y Rafael Correa? Nada. Ni su perfil. Ni su historia. Ni el momento histórico. Ni la dinámica mundial. Ni lo que hizo Allende y hace su gobierno. Nada. Pues él, aprovechando la fecha del golpe fascista en Chile, el 11 de septiembre de 1973, compuso un parangón. Esa apropiación le sirvió para equiparar su bronca con los militares con la bota militar que aplastó a Pinochet. Le sirvió para comparar lo que dijo la prensa en ese momento (con esa nube de diferencias entre Allende y él; entre Ecuador y Chile; entre 1973 y 2016…) y hacer creer que la prensa de hoy es tan fascista como Pinochet. Le sirvió para equiparar un golpe de Estado fascista y despreciable con las críticas que se le hacen a él.

La apropiación de ese hecho le sirve para decir que él es Allende. Pero no el Allende real –que hoy es sujeto de estudio de los historiadores–, no. El Allende que él, en esa apropiación indebida, construye para sí y para sus seguidores: la víctima, el héroe, el mártir.

La apropiación funciona como chicle. La extiende muy naturalmente a los gobiernos que él llama progresistas. ¿En qué cabeza sensata el chavismo es una ideología progresista? ¿Tener a los venezolanos haciendo filas para comer, haber acabado con las libertades, tener a la oposición en la cárcel, todo eso junto es progresista?
De Allende, Correa pasó a Lula da Silva, a Maduro, a Cristina Fernández de Kirchner. Todos progresistas. Todos víctimas. Todos santos impolutos. Correa habla de ellos y en directo ejecuta otra apropiación: se otorga las mismas supuestas virtudes (progresista y santo), y las mismas consecuencias (víctima). La consecuencia llega por añadidura: los victimarios daban golpes: ahora… él no sabe las palabras exactas pero ensaya algunas: cortesazos, congresazos, judicializazos… Ellos, que están en el poder, que usan las cortes para judicializar la política, que encarcelan y amenazan, son víctimas de lo que hacen sus críticos. Así funciona el autoengaño.

La otra variable de esta dinámica de construir su mundo con elementos ajenos, se evidenció ayer, 17 de septiembre, en la forma de abordar el gasto público, el caso del FMI, el tema del Yasuní, la caída del precio de petróleo…

Correa mostró obras en Lomas de Sargentillo, en Guayas, ejecutadas en su gobierno. Es posible y loable que así sea. Sin embargo, ese cantón le sirve para decir que sus críticos no quieren que se haga inversión pública. ¿Quiénes son esos críticos descabellados? No los cita. Y no los cita porque no existen. No dice que las críticas enfocan el despilfarro de su gobierno, su opacidad administrativa, los sobreprecios, la ineficiencia de la inversión…

Igualmente se enfrascó en una crítica violenta contra los medios que publicaron (incluido El Telégrafo) las previsiones del FMI que hablaban de un decrecimiento de la economía nacional de 4,5%. En su alegato Correa se da cuenta de su despropósito: no debieron publicar una previsión. Y retoma: debían poner en perspectiva para mostrar que el FMI siempre se ha equivocado en el caso de Ecuador. Dice cualquier cosa sin entender que la verdad en periodismo casi siempre tarda porque no es un lema: se construye como un puzzle a medida que aparecen las piezas. Pues ayer destruyó al FMI y quiso hacer lo mismo con el BID… hasta que se dio cuenta de que Luis Alberto Moreno estará en las próximas semanas en Quito. Entonces morigeró la diatriba.

Lo mismo hizo en el caso del Yasuní. Destrozó a Roque Sevilla por haber reconstruido la historia del Yasuní. En Radio Democracia, el ex alcalde de Quito dijo que la idea, la primera idea de cómo conservar el Yasuní, salió de Acción Ecológica. Y que luego fue tomada por Alberto Acosta (que era ministro). Esto podría no reñir con lo que dice Correa: fue él quien la volvió propuesta gubernamental en un directorio de Petroecuador.
Pero no, Correa dice que a él se le ocurrió todo. Roque Sevilla fue premiado con una retahíla de insultos: cadáver político, farsante, desvergonzado, alma de vasallo, espíritu de coloniaje, pordiosero mundial… Eso es Sevilla y hasta donde se entiende gente suya como Fander Falconi… quien, tan acostumbrado, dirá que no fue con él.

El autoengaño –tan visible, tan diario, tan envolvente– ha conducido a Correa y a los suyos a este fanatismo agresivo que los lleva a vivir en guerra con todos aquellos que no aplauden y repiten. Por eso amenazan. Triste gobierno.

Foto: Presidencia de la República

Ir Arriba