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Para lambisquear a Correa, Almagro archiva sus principios

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Luis Almagro ha empeñado la verdad histórica y los principios democráticos y humanistas con los que se ha valido para condenar al gobierno de Nicolás Maduro para lanzar una sonora lisonja a Rafael Correa en el marco de la Asamblea Permanente de la Organización de Estados Americanos, OEA, de la cual es su secretario general.

Tan almibarada y falaz fue la lisonja de Almagro que se hace imposible no sospechar que tras de ella hubo algún canje o guiño político.

Almagro, en un discurso en el que parecía enumerar la lista de las cosas que más gustan a Correa que digan sobre él, traicionó todas las evidencias que hay sobre los atropellos a la democracia y a las libertades en el Ecuador que la propia OEA ha registrado durante los diez años que Correa ha estado en el poder.

Almagro, en su loa, ha dicho que Correa es un “demócrata cabal”, lo cual es una gran mentira de la que la propia relatoría especial de libertad de Prensa de la OEA tiene evidencias. Un presidente que ha atropellado la libertad de expresión, como pocos lo han hecho en la historia de América Latina, y que, además, ha coartado y criminalizado el activismo social y la disidencia no puede ser calificado, como lo hizo Almagro, como un demócrata cabal. Una alabanza así pudo haber sido incluso más creíble si Almagro hubiera introducido por ahí, al menos, algún bemol sobre la conducta política de Correa quien tiene, en su lista de infamias anti democráticas, haber alineado a su país con regímenes siniestros como los de Siria o incluso Corea del Norte en foros internacionales como la ONU.

El secretario de la OEA parece que tan pronto como entró a la sesión olvidó todas sus convicciones y principios democráticos. Correa es un político extraordinario y ha establecido la solidez institucional y la estabilidad política, dijo Almagro como si tuviera nada de información de todos los informes hechos por los organismos de derechos humanos más respetados del mundo, que señalan cómo la estabilidad política en el Ecuador se consiguió concentrando el poder que destruyendo la institucionalidad democrática.

Almagro, en su casi extasiada intervención, no parecía estar muy dispuesto a recordar tampoco que Correa había sido, hasta hace muy poco, un abierto detractor de la OEA, organismo que le ha resultado particularmente antipática porque mantiene fuera de su seno a la dictadura de los Castro en Cuba y sí incluye, en cambio, entre sus miembros al imperio yanqui. ¿Acaso no recuerda Almagro que Correa había dicho que era necesario acabar con la OEA para reemplazarla con la Celac? ¿No recuerda que alguna vez dijo que “necesitamos un organismo capaz de defender los intereses soberanos de sus miembros y no la OEA que nos alejó de eso cuando expulsó a Cuba en 1962”? Almagro incluso no parece que reparó siquiera en que Correa hace un poco menos de un año lo tildó de “desubicado“, por su posición firme frente al caso venezolano. El gobierno ecuatoriano, alguna vez, condenó la política de Almagro sobre Venezuela y su cancillería publicó un manifiesto en el que decía que había usado “términos impropios y un tono alejado de la ecuanimidad y mesura que exige la representación de un organismo que agrupa a 34 Estados del hemisferio”.

En su lírica exaltación, Almagro dijo además que “siempre fue muy refrescante y muy informativo escuchar sus presentaciones y discursos en diferentes cumbres y eventos en los que hemos coincidido”, como si alguien que conoce mucho a Correa le hubiera contado sobre el especialísimo interés que tiene el Presidente ecuatoriano en dar discursos en universidades y foros internacionales. Discursos a los hace repetir hasta el cansancio en cadenas de radio y TV o en sus shows de los sábados en los que, además, no se ahorra insultos y descalificativos para los que no piensan como él.

Almagro alaba a Correa porque va tras Maduro

Almagro, con su breve pero panegírico discurso, desconoció de tajo las desventuras de todos los que han sufrido los abusos de Correa: los indígenas que han sido reprimidos por su lucha contra las mineras, los periodistas que han sido demandados por millones de dólares por hacer su trabajo, los activistas como Martha Roldós a quien se le robaron su correspondencia privada para publicarla en un diario de Gobierno o las personas que han sido condenados a prisión por participar en veedurías ciudadanas, entre otros. “Su calidad personal es indudable”, agregó muy ligerito Almagro olvidando que Correa fue capaz de enviar a la cárcel por más de seis meses a personas como César Carrión o Fidel Araujo, a quienes acusó, prevalido únicamente de su paranoia, sin una sola prueba de haberlo querido matar durante el alzamiento policial del 30 de septiembre del 2010.

Si el discurso de Almagro fue parte de una estrategia de política regional, también fue una enorme decepción para mucha gente que se expresó en redes sociales. Martha Roldós fue una de ellas. En una serie de tuits dijo a Almagro que un dirigente que no tolera el disenso no puede ser calificado de demócrata, entre otras cosas.

¿Qué tan espontánea y sincera fue la intervención de Almagro? Difícil saberlo pero no deja de ser llamativo que el Secretario General haya llegado a la sesión con un texto al que leyó cuidadosamente luego de la intervención del embajador ecuatoriano Marco Albuja, quien habló sobre el fin del período presidencial de Rafael Correa. La reacción de los medios administrados por el Gobierno ecuatoriano fue inmediata y todos se dedicaron a compartir el discurso y la noticia.

¿Fue la alabanza de Almagro parte de un plan entre la representación ecuatoriana y la oficina del Secretario General? En política todo es posible. Incluso que los demonios sean santificados en público, lo que ocurre normalmente cuando hay un objetivo y una estrategia por delante.

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