Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

Tag archive

Patricio Rivera

Noticia: Patricio Rivera no es Patricio Rivera

en Caricaturas/El Humor por

Ser uno y ser otro, es el gran atributo de los seguidores de Rafael Correa. El caso más paradigmático, pero no el único, es el de Patricio Rivera. Es un caso de estudio. Ayer, como responsable de la economía del gobierno de Correa, ocultó las cifras, las maquilló y se burló de aquellos que, con cifras en mano, no podían dar crédito a las que él defendía con vehemencia, con grosería. Hoy hace parte del equipo de Lenín Moreno que mostró que sus cifras, aquellas que él tenía y comunicó al país eran, como se sabía, falsas.

Pero Chamorro tranquiliza a aquellos que piensan que el primer Patricio Rivera puede ser el mismo Patricio Rivera que ahora desmiente tan crudamente a Patricio Rivera…

Sigue leyendo

Presidente: ¿todos los que actuaron como delincuentes serán premiados?

en La Info por

Presidente,

Usted no padeció los diez años de correísmo. En su posición de vicepresidente de Correa, durante seis años y cuatro meses, se construyó un andén paralelo, mantuvo silencio y, luego, desde Ginebra, observó la tarea infame de la Revolución Ciudadana.

La sociedad no es para usted la víctima del modelo autoritario de su partido. Los militantes son para usted ex funcionarios de Correa o funcionarios suyos. Nada más. No son los actores o promotores de ese ambiente tiránico, de esa arrogancia asfixiante, de esa superioridad opresiva, de ese cinismo impúdico e impune que, a lo largo de los años les otorgó, con sobradas razones, el estatus de verdaderos vomitivos.

Usted estuvo allí, en palco de honor. No sabe lo que es haberlos visto regodearse en el poder, usar y despilfarrar el dinero público, perseguir, dar lecciones de ética y moral, robar o socapar a los que roban, humillar… Diez años en los cuales ustedes fueron los dueños de las instituciones, de los medios, de los fiscales, de los jueces, del Consejo Nacional Electoral, del Tribunal Contencioso Electoral, de la Asamblea, de las superintendencias… del país. Diez años, largos años, durante los cuales fueron gerentes propietarios de la palabra, de la esfera pública, de la verdad. Años de troles, de insultos, de inquisidores abyectos, de miseria humana con poder.

Para usted, presidente, la sociedad no es víctima de ese modelo: solo es el instrumento para legitimar su poder; sobre todo en sus propias filas. Usted no entiende –quizá por eso– que algunas cosas de su gobierno –que recién empieza– causen repugnancia. No solo riñen con la idea de cambio que usted propuso. Muestran que para usted la verdad y la justicia están sujetas a transacciones. Las que usted necesita para renegociar lealtades entre los suyos. Esto deja sin piso a la sociedad, invitada –otra vez– a observar cómo el Ejecutivo transa. Cómo comercia con aquellos valores que dice querer restablecer en la esfera pública.

¿Hubo desafueros? Usted dice que sí. ¿Quién contribuyó a darles forma legal? Alexis Mera. Él es responsable de todo aquello que pareció legal y que, en realidad, fue arbitrario. Mera es lo más parecido a un delincuente jurídico: violaciones abiertas a la Constitución, atentados a los DD.HH., declaratorias de emergencia, gestiones secretas en Brasil en el caso Oderebecht… ¿Cuántos abusos del Ejecutivo no contaron con su interpretación antojadiza del marco jurídico? Y sin embargo, usted lo premia –veamos si esa rueda de  molino se tragan los republicanos– designándolo como su embajador en Washington. ¿Cuál es, Presidente, el mensaje para la sociedad?

¿Cuál es en el caso de Guillaume Long? ¿Premia usted su mamertismo al nombrarlo embajador ante las Naciones Unidas en Ginebra? ¿Acaso su defensa lacerante, a nombre de todo el país, de las dictaduras cubana y venezolana? ¿Su trabajo indigno, al lado de su Canciller, en Ginebra para defender los atentados a los DD.HH. en el gobierno de Correa? El caso de Long es, en su gobierno, una alerta. Porque él ni siquiera tiene capital político. Nada obligaba a premiarlo. A menos que él represente la forma de ver, de su Canciller y suya, la realidad internacional. Solo esa posibilidad causa pavor y es imposible no tenerla en cuenta cuando se juntan las posiciones que ha tomado su gobierno sobre el dictador Maduro.

¿También va usted, Presidente, a premiar a Carlos Ochoa con una embajada, como se oye en su entorno? ¿Terminará haciendo creer a la nación que todos aquellos que actuaron como delincuentes en el gobierno de Correa se harán acreedores a embajadas y otras canonjías? ¿Esa es la pedagogía política de su gobierno? Amigos suyos dirán que es exagerado hablar de delitos y delincuentes. Pero ahí están los hechos, Presidente. Patricio Rivera, miembro de su equipo económico, sostiene hoy, por lo que usted anunció, exactamente lo contrario de lo que dijo durante el gobierno anterior. Si hubo falsificación o adulteración de documentos públicos –y eso ocurrió con las cifras de la economía–, él y otros funcionarios que se prestaron para ello, con Correa a la cabeza, cometieron un delito estipulado en el artículo 328 del Código Orgánico Integral Penal. Dilma Roussef, ex presidenta de Brasil, fue acusada y destituida, precisamente, por alterar cifras fiscales. ¿Sirve el ejemplo para vislumbrar la pedagogía que, también en este punto, se está creando en su gobierno? El mensaje vuelve a ser claro: aquellos que ayer engañaron al país, hoy pueden seguir siendo altos funcionarios.

Todo esto puede ser conveniente para usted y la renegociación que hace de lealtades en su partido. Pero es terriblemente nocivo –y ultrajante– en la relación que usted establece con la sociedad. No se sabe dónde están las líneas rojas en la definición de valores democráticos y éticos. Ni en qué las basa usted. Parece que es lo mismo respetar las cifras y ofrecerlas al país que adulterarlas y esconderlas. Parece que es lo mismo ser un defensor de la democracia y los DD.HH. que desconocerlos y aplaudir a sus violadores.

No haber vivido los abusos del correísmo, puede nutrir esta ilusión de cambio en el cual es factible que una cosa sea igual a su contrario. Quizá por eso, en vez de agradecer a Fernando Villavicencio por sus investigaciones, piden brazaletes electrónicos para monitorearlo porque debe ser lo mismo denunciar a los corruptos que serlo.
Usted, al margen todo, parece inaugurar una nueva moda: la ambivalencia de valores. Es penoso tras diez años en los cuales su predecesor trató de cambiar hasta el significado de las palabras. Con usted, por ahora, todo parece ser más simple: lo uno es lo otro y todo lo contrario.

Atentamente,

Foto: Presidencia de la República

4. Carta a Correa: usted volvió al pasado

en La Info por

Presidente,

Ya salió su insufrible y petulante Ministro coordinador de la política económica a ridiculizar las proyecciones que hizo el FMI sobe la economía ecuatoriana. En sus Perspectivas Económicas Globales, el Fondo anunció que el PIB caerá en Ecuador un 4,5% este año y 4,3% en 2017.

Rivera es un pésimo alumno suyo. No sabe qué hacer con su arrogancia crasa, su tono impostado y ese aire afectado de superioridad que no lo abandona. Es ese personaje quien, sin haber leído lo que dice el Fondo Monetario Internacional, afirmó hoy (13 de abril) que esas proyecciones se caracterizan por “no atinarle nunca a los resultados”. Se destaca su excelente español.

Esas perspectivas se darán, dice el FMI, “si el escenario sigue siendo el actual”: bajo precio del petróleo, dólar caro, escasa disponibilidad de financiamiento externo, déficit fiscal, pérdida de competitividad… El FMI no está anunciando una cifra seca. Está señalando a su gobierno algunos de los índices que el mercado lee y que usted, Presidente, descarta con un simple gesto altivo. Como corresponde.

Su gobierno explica que los semáforos –todos los semáforos– están en rojo por fenómenos externos a su voluntad: el bajón del precio del petróleo es el más significativo. Usted nunca dijo al país que la bonanza petrolera, que tantos dólares dio a su gobierno, se produjo de la misma forma por factores externos a su voluntad. Usted quiso convencer al país –y lo logró, pues sigue en el cargo– de que el buen momento económico que conoció el país se debió al talento suyo, de gran–economista–modestia–aparte.

Se entiende que durante ocho años fue su talento (no el flujo de dólares) lo que aseguró ese Buen Vivir tan promocionado en su gobierno. Se entiende mal, entonces, Presidente, que apenas se esfumaron los dólares, su talento se haya petrificado. Si no había conexión entre bonanza económica y petróleo, ¿cuál fue el problema? ¿Subió el dólar? Pero si lo hizo ocho años después de su llegada a Carondelet. ¿No fue un tiempo suficiente para forjar las condiciones necesarias a la soberanía económica tan cacareada en su gobierno?

Aquello que señala el FMI como problemas –y que lo induce a pensar que si nada cambia caerá el PIB 4,5% este año– son precisamente los retos que tenía su gobierno para dar sostenibilidad a su modelo. Usted debía probar que aquello que escribió, que repitió en radio y televisiones; aquello que construyó como modelo alternativo, podía funcionar al margen de las condiciones que reclaman los economistas ortodoxos y que usted critica. Pues no: su modelo, tan publicitado, es tan viejo como la leyenda medieval de Robin Hood: tomar dinero (de los fonditos que había), del petróleo, de los impuestos, de las salvaguardias… y repartirlo. Su modelo, Presidente, es un plan de gastos con montón de bonos y dádivas para crear clientelas políticas. ¿Nuevo? ¿Alternativo?

Usted no solo no cambió la lógica del sistema (aunque dijo situarse a gran distancia de la–larga–y–triste–noche–neoliberal, sino que desmontó los mecanismos que, bien que mal, ideó la sociedad política que lo precedió. Sociedad política terriblemente criticada en el pasado por esa prensa que usted insulta y persigue aunque siga usando sus recortes en sus desfallecientes sabatinas.

Ni cambio ni continuidad: usted no transformó la economía. Con usted el país ha perdido una década en comercio exterior y en la formulación de un modelo productivo viable que sustente su integración en el mundo globalizado. Usted, la Semplades y sus ministros del área han pasado años recitando discursos ideológicos mientras el mundo (cruel, asimétrico, despiadado, lo que quiera) avanza en forma irremediable. Usted y su gobierno embarcaron al país en una serie de cuentos chinos cuya fecundidad se limita al área retórica.

¿Dónde están las nuevas estructuras que debían servir de alternativa a aquellas de la larga y triste noche neoliberal? ¿Dónde están los mercados que debían abrir al margen del sucio imperialismo americano y los estirados europeos? ¿Dónde están las fuentes de financiamiento que debía reemplazar la estulticia de las antiguas elites dopadas con paquetazos? ¿Dónde están las variables que debían operar en la economía para mitigar los choques externos o internos?

No hay nada, salvo un plan de gastos que incluyó obras de infraestructura por las cuales el país, creen sus partidarios, debe levantarle estatuas. No hay cómo extrañarse: el subdesarrollo político incluye un miserable culto a la personalidad y pergaminos a las autoridades solo por haber hecho su trabajo.

No hay cómo hacer un debate ideológico con usted. Si es de derecha, pues no hizo otra cosa que gastar. Si es de izquierda, repitió lo que tanto usted critica a la izquierda infantil: fue incapaz de producir dinero, pero usted es un campeón para gastarlo.

Ahí está el país, Presidente. Como en el pasado. El FMI, diciendo lo mismo que dijo a los gobiernos que lo precedieron. Usted, echando la culpa del fracaso de su modelo a su mala suerte, al petróleo que baja, al dólar que sube. Su ministro impotable, burlándose del FMI. Ustedes todos, trabajando por debajo de cuerda para amarrar más deuda. Votando leyes con destinatario para entregar proyectos a cambio de financiamiento. O forzando al IESS o al BIESS a entregar más y más plata a cambio de papeles que les entrega el Ministerio de Finanzas.

Nada ha cambiado, Presidente. Todo se ha empeorado porque usted se irá del poder dejando facturas para que las paguen hasta las generaciones futuras. Usted no resultó un gran economista pero sí un extraordinario alumno del gatopardismo: cambió todo para que las cosas sigan iguales. Por eso usted se sigue echando flores, el FMI sigue diciendo lo mismo que decía hace diez años y su ministro farolero sonríe birriamente cuando le dicen que más y más semáforos se alumbran, ante su mirada evasiva.

Foto: Presidencia de la República

Ir Arriba