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Periodismo

El plan es asustar, dándole un susto a Luis Eduardo Vivanco

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El más reciente mensaje del poder a las redes sociales ha sido enviado y es claro: o sus usuarios se portan bien y no atentan contra su imagen o tendrán problemas con la ley.   El autor de la advertencia es la Fiscalía, que aparentemente ha acogido una queja del Ministerio del Interior para que se inicie un proceso en contra de Luis Eduardo Vivanco, periodista de diario La Hora, productor del programa “Castigo divino” y activo usuario de redes sociales.

Vivanco se enteró de que estaba siendo procesado una tarde cuando al regresar a su casa de su trabajo  se encontró con un agente de la Fiscalía que lo esperaba, pacientemente, para entregarle una citación. Cuando su abogada fue a la Fiscalía a ver de qué se trataba el asunto, se encontró con que el proceso estaba curso y tenía ya 140 páginas. ¿El delito que se imputa? Vivanco aún no lo sabe con precisión, pero aparentemente se trata de algo relacionado con mensaje que colocó en su cuenta de Twitter  el 14 de abril en el que incluía una fotografía de la pila de billetes que se encontró bajo el piso de la casa de un oficial de Policía. Vivanco colocó junto a la foto una frase que decía: “Sobre estos colchones descansa la revolución”.   El tuit se viralizó con gran velocidad esos días y su autor recibió una serie de mensajes insultantes, sobre todo desde cuentas anónimas que generalmente se las identifica con el llamado troll center del Gobierno. Ese tuit, además,  volvió a hacerse popular cuando el propio Vivanco informó, a través de su cuenta de Twitter, del proceso que le habían iniciado.

Poco después de que Vivanco compartió la noticia de que estaba siendo procesado por ese tuit, la reacción en esa plataforma fue diametralmente opuesta a la que hubiera querido el Ministerio del Interior. Decenas de tuiteros empezaron a compartir el mensaje de Vivanco, asumiéndolo como propio bajo la etiqueta de #HagoMioEsteTuit o incluso escribiendo otra vez exactamente lo mismo que Vivanco.  El tema se convirtió así, durante al menos un día, en un abierto desafío al Ministerio del Interior o quien quiera que haya pedido que se procese al periodista por su mensaje.

“No está claro el tipo de delito. No sé de qué me acusan. Sólo sé que es ese tuit”, le dijo Vivanco a 4Pelagatos, quien además anunció que no va a asistir a la audiencia que le ha fijado la Fiscalía porque “tengo cosas más importantes que hacer”. La otra cosa que conoce el acusado es que la denuncia fue puesta por el Ministerio del Interior aunque no conoce si es por injuria o calumnia.  Si es así, el afectado debería ser “la revolución” o quien quiera que se haya sentido aludido, reflexiona Vivanco.

La velocidad de la Fiscalía ha sido sorprendente. En pocos días llegó a completar 140 hojas de proceso aunque no se entiende bien las razones por las interviene ya que, en el caso de que el Ministerio del Interior se sienta afectado, éste debió haber hecho una acusación particular para que sea procesada por un juez. La Fiscalía, se sabe, sigue únicamente casos que son pesquisables de oficio, pero no calumnias o injurias a particulares.

Pero si la velocidad es sorprendente, lo más insólito de la orden es que se haya dado una orden judicial para que se intervenga el teléfono y las cuentas de redes sociales del periodista. “Esto que estamos hablando ahora deben estar escuchando estos señores”, le dijo a 4Pelagatos Vivanco mientras compartía los detalles del proceso por el que está atravesando.

 ¿Intervenir teléfono y redes sociales por una supuesta calumnia? La simple posibilidad de que la autoridad ordene que se intervenga en las comunicaciones de un periodista o de un usuario de redes sociales, por un caso como éste, constituye una amenaza escalofriante para quien se expresa en internet. El proceso contra Vivanco, con este siniestro añadido, hace que la advertencia sea doblemente amenazante para los sectores de la sociedad que utilizan las redes sociales como escaparate para expresar su opinión sobre asuntos de interés público.

Lo del proceso de la Fiscalía a Vivanco claramente es un gesto de pedagogía social desde el poder:  si alguien siembra dudas sobre las actuaciones de las instituciones o de sus funcionarios tendrán que asumir las consecuencias. Y claro, las consecuencias son procesos judiciales que, en el caso de Vivanco, podría significarle varios meses en prisión. ¿Quién va estar dispuesto a arriesgar su libertad por comentarios en redes sociales? Es evidente que con este gesto de la Fiscalía, la sociedad se la pensará dos veces antes de hacer comentarios, expresar opiniones o hacer bromas en redes sociales. 

Es conocido que el Gobierno correísta ha intentado regular el uso de las redes sociales y las publicaciones en internet, pues toda información y opinión que sale a través de los medios tradicionales ya está bajo control a través de la Ley de Comunicación.  Precisamente el gobierno no pudo incluir en esa ley a los medios digitales por la avalancha de críticas que, en redes sociales, despertó la idea.

Estos intentos de control no han acabado y varios funcionarios insisten en la necesidad de que haya una ley que regule lo que se dice en redes. En marzo del 2017 el vicepresidente Jorge Glas dijo lo siguiente: “Ese es un debate para después de las elecciones pero lo planteo, yo soy ingeniero en tecnología de la información y la comunicación y creo que el Ecuador, como siempre ha hecho, puede proponer regulaciones de avanzada en algo que será titánico, quijotesco, porque tratarán de unirlo con libertad de expresión que no es tal, es sencillamente que no exista anonimato en redes sociales”.

El que la ley no incluya a las redes sociales no ha impedido, sin embargo, que se hayan encontrado otras fórmulas para limitar la libre expresión en esas plataformas. La forma más eficiente o más usada es la que se está aplicando a Vivanco, es decir la vía penal. Ya funcionó en el caso de la concejala lojana Jeannine Cruz, quien cumplió con una condena de 30 días de presión por por haber proferido expresiones en descrédito o deshonra del alcalde de Loja, Bolívar Castillo. La figura está en el artículo 396 del COIP. Las figuras de calumnias, difamación e injurias se utilizan para amedrentar, escudándose en el derecho a la honra de las autoridades, artículo 182 del COIP. El motivo es evitar las denuncias y las críticas, recortando los derechos a la libertad de expresión.

Lo mismo sucedió con Sebastián Cevallos, tuitero y dirigente de Unidad Popular, quien en el 2016 fue sentenciado a 15 días de prisión por sus tuits en contra del exministro Carlos Carrasco.

El proceso en contra de Vivanco prueba que el miedo sigue siendo el recurso del poder para evitar que se hable mal de él. Lo que se le escapa a ese poder, sin embargo, es que para la sociedad, instituciones como la Fiscalía carecen de la más importante y potente fuente de legitimidad: la independencia.

Moreno se junta con lo peor: lleva a Fernando Alvarado a su gira

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Fernando Alvarado no estará en el gobierno de Lenín Moreno. Al menos eso es lo que él dice. En un mensaje, enviado a este pelagato a través de Twitter, el actual Ministro de Turismo y figura emblemática del siniestro aparato de propaganda y comunicación del correísmo, afirma que no estará en el próximo gobierno. La afirmación la hizo a propósito de un comentario que surgió a partir de su presencia en la delegación que acompañó a Lenín Moreno a los encuentros con los presidentes de Colombia, Juan Manuel Santos, y de Perú, Pedro Pablo Kuczynski.

“Tranquilo que sí me voy. Como Ministro de turismo formé parte de la delegación oficial con nuestros Embajadores. Estamos en transición”, dijo Alvarado en su mensaje.  

En las fotografías, y de acuerdo a la información que ha aparecido en los medios oficiales, se evidencia que Alvarado fue el único ministro ecuatoriano en funciones que estuvo presente en las dos citas.  También participó María Fernanda Espinosa, quien será la próxima canciller desde el 24 de mayo.

La presencia de Alvarado en los dos encuentros, los primeros que ha tenido Lenín Moreno luego de las elecciones, abrió la interrogante sobre si estará o no en la próxima administración. ¿Por qué habría incluido Moreno a Alvarado en el petit comité que lo acompañó a sus citas con los presidentes de los dos países cuya relación es de particular importancia para el Ecuador por ser limítrofes? Alvarado sostiene, en su mensaje, que su presencia obedece a que participa en el proceso de transición antes de que se posesione Lenín Moreno. ¿Pero qué tiene que ver el supuesto papel de Alvarado en el proceso de transición con su presencia en la comitiva de Moreno? Si algún tema relativo a las relaciones con Colombia tenía que ser abordado y tratado en la cita entre Moreno y Santos, como parte de la transición, lo más obvio era que hubiera estado en manos de María Fernanda Espinosa, quien ya fue canciller y lo volverá a ser en breve.  

Lo que realmente es insólito de la participación de Alvarado está en que Moreno lo haya escogido o admitido en el grupo, considerando el currículo oprobioso de Alvarado como operador de la infame política de Rafael Correa frente al periodismo y los periodistas. De entre todas las manchas del correísmo que Moreno debe alejarse, la de Alvarado debería figurar entre las primeras. Pero a Moreno aparentemente no lo abochornó tenerlo a su lado.

La duda sobre una posible permanencia de Alvarado se produce, además, por la serie de versiones que dicen que tendría una importante función en el próximo gobierno relacionada con la comunicación; se baraja el cargo de asesor.

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Fernando Alvarado, segundo a la izquierda, durante la reunión con el presidente peruano.

Alvarado es conocido, casi desde el inicio del gobierno de Rafael Correa, como el operador más visible y burdo del aparato de acoso a la prensa y de propaganda del Gobierno. Fue secretario de Comunicación desde julio del 2009 hasta noviembre del 2015, cuando fue reemplazado por Patricio Barriga. Durante su paso por la Secom, se registraron los actos más infames de la política de acoso y propaganda del Gobierno. Entre esos el proceso judicial que el presidente Correa llevó en contra del diario El Universo, la aprobación de la Ley de Comunicación, la consolidación de las sabatinas como plataforma de insultos y amenazas del presidente Correa y la puesta al servicio de los intereses del Gobierno de los canales de televisión incautados a la familia Isaías.

En el 2014 hizo noticia cuando en un acto académico en Chile comentó que cuando empezó a colaborar con Rafael Correa le anticipó que los medios en el país eran “como la mala hierba”. Y le dijo: “Tiene dos opciones para relacionarse con los medios: o ser un jardinero eficiente, tenaz, constante para mantener podada la mala hierba, o dejarles un espacio y negociar con ellos”.

Alvarado, aunque desde el 2015 pasó a ser Ministro de Turismo, siguió manejando gran parte de los hilos de la política de comunicación del Gobierno y mantuvo una suerte de Secom paralela. Esa estructura que nada tenía que ver con el turismo, incluía el control de los medios públicos, de los incautados y de las plataformas de activismo digital o troll center que se han encargado de llenar de odio y tergiversar la conversación en las redes sociales.

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Fernando Alvarado, segundo en la izquierda, durante la reunión con el presidente colombiano.

Sin embargo, lo que más une a Alvarado con Lenín Moreno es la labor que hizo como coordinador del trabajo que los medios públicos desplegaron a su favor y en contra del opositor Guillermo Lasso.  Alvarado, a pesar de que gana sueldo como ministro de Turismo, estuvo encargado de la operación mediática a favor de la campaña de Lenín Moreno y es el responsable de la forma en que los medios públicos se conviertieron en auténticas plataformas electorales de la candidatura de Moreno. Por eso, personas cercanas a los medios públicos y al equipo de Lenín Moreno dicen que Alvarado tendrá un papel importante en comunicación durante el gobierno de Moreno. No descartan, además, que sea su asesor personal en ese tema. Según estas versiones el próximo secretario de Comunicación sería Álex Mora, actualmente director de informativos de Ecuador TV y conocido por su cercanía profesional con Alvarado, sobre todo durante los llamados Comités de Noticias que los directivos de los medios públicos sostienen todos los lunes y en los que se afina su política editorial.

Por ahora Alvarado ha salido a negar que será parte del gobierno de Lenín Moreno, pero el hecho de que Lenín Moreno lo haya escogido para ser parte de la comitiva que fue a Bogotá y a Lima hace pensar lo contrario. Periodistas de medios colombianos y peruanos que quisieron entrevistar a Moreno en su visita le dijeron a 4Pelagatos que se cuando pidieron entrevistas con Moreno se les dijo que tenían que coordinar con Alvarado quien, a su vez, aseguró que lo hace exclusivamente como miembro del equipo de transición.  ¿Qué tiene que ver la transición con la planificación de entrevistas?

Parte activa o no de la delegación del nuevo gobierno, lo único cierto es que el hecho de que Moreno haya permitido que Alvarado asista a las citas es una señal que llena de sombras al próximo gobierno. Alvarado representa lo peor de la oprobiosa política de comunicación del correísmo. Es un emblema de las operaciones de agresión y criminalización de los periodistas y disidentes durante los 10 años que Rafael Correa ha estado en el poder.

Los símbolos también cuentan permitir que se incluya a Alvarado o incluirlo en la comitiva es, por decir lo menos, una señal lamentable e impresentable.

Si así fue su primera rueda de prensa, esto puede acabar mal

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Si así se comienza, no parece que terminará bien. La primera rueda de prensa de Lenín Moreno, en calidad de triunfador según el CNE, sirvió principalmente para agrandar los cabos sueltos que dejó durante la campaña en la que, supuestamente por ser el candidato favorito, no quiso debatir ni exponerse a interrogantes exhaustivos de la prensa.

Moreno en su primera aparición tras la campaña no fue, como la prensa gringa calificó a Donald Trump luego del discurso de posesión, presidencial. Es decir, dejó la imagen de ser incapaz de articular el discurso y la actitud que, se supone, debería tener una persona que se va a encargar del poder ejecutivo de un país.

Con la excepción de su corta y certera respuesta a una pregunta sobre el tuit de Julian Assange, en el que decía que el candidato opositor Guillermo Lasso debía salir del Ecuador, el resto de la presentación de Moreno fue de una pobreza desconsoladora. Nervioso, sobre actuado y casi siempre a la defensiva, fue difícil saber si Moreno quería evadir el meollo de las preguntas o si las entendía de forma distinta a quienes se las formularon. Por ejemplo, su ya célebre respuesta a la pregunta de Freddy Paredes de Teleamazonas, en la que reclamó por haberle faltado el respeto, se pudo interpretar de muchísimas formas. ¿Le molestó que le haya tratado de licenciado o que no le haya nombrado como presidente electo? ¿Le estaba haciendo un reclamo por la pregunta de ese momento o por la forma en que el periodista lo había tratado como candidato en su medio?

Lo mismo ocurrió cuando Patricia Janiot de CNN le preguntó sobre los reclamos del candidato Guillermo Lasso. En lugar de contestar la pregunta, Moreno empezó a hablar sobre la libertad de expresión refiriéndose, aparentemente, a la libertad que le asistiría a Lasso para hacer el reclamo pasando luego a defender al gobierno de Correa por las críticas que se le han hecho por sus ataques al los medios de comunicación. ¿Dijo realmente que los reclamos de Lasso son una evidencia de un supuesto clima de libertad de expresión en el Ecuador o, en realidad, no quiso responder la pregunta de Janiot? Todo fue muy difícil de entender, quizá porque Moreno aún no se siente muy seguro de que puede ejercer un liderazgo independiente al de Rafael Correa.

Lo cierto es que la rueda de prensa de Moreno apenas duró ocho minutos y evidenció la obsesión que ha tenido su equipo asesor de evitar que se exponga a los cuestionamientos de los periodistas. ¿Si querían que la rueda de prensa aparente ser la de un presidente electo cómo se les ocurrió hacer algo tan corto y superficial? La sensación que quedó flotando es que su equipo asesor, o quizá él también, tiene terror a que le hagan preguntas. O que solamente querían que los periodistas le hicieran un par de preguntas pero, sobre todo, le dijeran señor presidente.

Básicamente se abordaron tres temas: la transición y el equipo de trabajo, la impugnación de resultados y la necesidad de legitimar la victoria, Julian Assange y la libertad de expresión. Con la particularidad de que el tema de la libertad de expresión nadie se lo planteó sino que él lo introdujo dejando muchas más dudas sobre su posición sobre ese asunto.

Los únicos anuncios concretos que hizo fue sobre su equipo de trabajo. Dijo que Jorge Glas se encargará básicamente de lo que se ha encargado en los últimos cuatro años y que el ex candidato Iván Espinel se hará cargo de una nueva Secretaría: la de la Juventud. “Las tareas que va a realizar el señor Vicepresidente de la República… Hemos adelantado algo con él; por delicadeza no se lo manifiesto directamente, pero por supuesto serán temas que (se encargará) relacionados con la ciencia, la tecnología, la electricidad en el cual (en los cuales) el trabajo del señor vicepresidente ha sido bastante exitoso”: Moreno contradijo una afirmación suya de campaña que apuntaba a que Glas ya no iba a estar al frente de los llamados sectores estratégicos.

En el tema de Iván Espinel dijo que se encargará de algo que, sostuvo, es una necesidad que siente la sociedad: una secretaría para la juventud. “Eso ya lo habíamos adelantado con él. Es un sentir de la juventud ecuatoriana el que se cree una Secretaría de la Juventud. Pienso que Iván es la persona más adecuada para llevar adelante esa secretaría. Sin embargo, todavía no le he manifestado esta intención mía. El está de viaje este momento. Cuando regrese conversaremos”.

El otro tema fue el de la impugnación de los resultados hecha por Guillermo Lasso: “Yo ya lo he manifestado con anterioridad, no ahora. Primero un profundo respeto a la institucionalidad. Había dicho desde el mismo inicio de la campaña que mi campaña iba a ser decente, con honor, que iba a dignificar la política para que sea un buen ejemplo para los ciudadanos y fundamentalmente para la juventud como un incentivo para que participen en ella activamente. Yo había dicho que si un candidato opositor gana las elecciones yo iba a felicitarlo como debe comportarse todo caballero y desearle éxito y sobre todo a desearle mucho éxito a mi amado Ecuador”, dijo en la única vez que pareció algo decidido a contestar ese tema sin evadirlo.
Sin embargo, cuando Patricia Janiot de CNN insistió sobre ese asunto, Moreno introdujo el tema de la libertad de expresión. “Mire señorita Janiot, en este Gobierno que algunos dicen que hay una dictadura y que no hay libertad de pensamiento se puede decir hasta esas barbaridades. Para que nosotros veamos cómo funciona la libertad de expresión acá en el Ecuador: si usted revisa la mayoría de los medios impresos, televisivos o radiales del Ecuador va a encontrar todos los insultos, todos los agravios que pueden decirse a gobierno, a personas a instituciones. Y, sin embargo, este Gobierno ha sido extremadamente respetuoso inclusive con esa forma de pensar. Sin embargo ya he manifestado desde el comienzo: mi mano está tendida para todos, incluye eso al candidato opositor. Mi mano está extendida para hablar de los grandes problemas del país”.

Este fue quizá una de las respuestas más desconcertantes de Moreno en su primera rueda de prensa pero ha merecido menor atención seguramente porque la que dio a Freddy Paredes terminó convirtiéndose en tendencia en redes sociales. Moreno, si se observa la transcripción de la respuesta, inicia su argumentación diciendo algo insólito: que la impugnación de Lasso es una evidencia de que en el Ecuador hay libertad de expresión. ¿Cómo es posible que un recurso legal del sistema electoral ecuatoriano sea considerado como libertad de expresión?

Aparentemente, y aparente porque no es fácil entender a Moreno, el ganador oficial de las elecciones piensa que ejercer un recurso legal, como es la impugnación, es parte de la libertad de expresión. Sin embargo, luego de haber dicho eso saltó, sin que nadie se lo pidiera, a defender lo que ocurre en materia de libertades en el Ecuador. Moreno, como se evidencia en su respuesta, ve algo que difícilmente verá otra persona medianamente objetiva: insultos e improperios publicados en los diarios, en las radios y los canales de televisión en contra de instituciones y funcionarios. Si para Moreno las noticias, siempre relatadas en tono extremadamente moderadas como consecuencia de una castradora la Ley de Comunicación, son insultos, entonces ¿qué se puede esperar de él en cuanto a respeto a las libertades?

Al inicio de la rueda de prensa también se refirió al tema cuando agradeció a los periodistas. Un agradecimiento particular, porque primero dijo que la cobertura que le habían hecho había sido seria y luego se corrigió: dijo que hubiera sido mejor si hubiese sido más seria. “Gracias a ustedes señores periodistas porque han cubierto todos estos eventos con la debida seriedad. Eh, podría haber sido con un poquito más de seriedad pero ya que no fue así… Pues igual, igual, muchas gracias”. Y remató su argumentación con una afirmación curiosa: “la relación que vamos a tener va a ser una relación bastante mejor que la que hemos tenido, va a ser una relación de respeto, de armonía, de tolerancia como creo que debe comportarse un gobierno”. No se sabe si está criticando al gobierno de Rafael Correa, lo cual sí hizo cuando respondió a Janiot. Si la relación va a ser mejor y habrá respeto porque esa es la forma, según dijo, que debe observar un gobierno, se puede  pensar que estaba lanzando una puya a la forma en que Correa se ha comportado estos diez años con el periodismo. Hay que reconocer que Moreno creó ambigüedades  y contradicciones en apenas ocho minutos y pico.

Fue sin embargo en la respuesta más corta en la que Moreno se mostró claro, contundente y decidido. Ocurrió cuando un periodista le preguntó sobre el tuit de Julian Assange en el que decía que Guillermo Lasso debería irse a vivir fuera del Ecuador. “El señor Julian Assange debe respetar la condición en la que está y no opinar de política ecuatoriana. Así le vamos a manifestar”, respondió. 131 caracteres, perfectos como para un tuit mediano,  le bastaron para responder con lucidez y contundencia. Fueron, además, los únicos que permiten, a los optimistas obstinados, abrigar la esperanza de que Moreno pueda llegar algún día a ser presidencial.

Debate presidencial: una oportunidad que El Comercio echó a la basura

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Paradojas de la comunicación al cabo de diez años de correísmo: el debate presidencial probablemente más insulso e inservible de la historia de la democracia ecuatoriana, aquél que no aportó nada o casi nada de información útil a los electores, fue organizado precisamente por un diario. Y no cualquier diario: el mayor de la capital.

Del periodismo se espera una cierta capacidad para proporcionar información, perspectivas y análisis que ayuden a su audiencia a tomar posiciones y a decidir sobre los asuntos de interés público. Más aún si se trata de una empresa periodística organizando un debate presidencial, acto que tiene como principal objetivo precisamente ése: ayudar a decidir. La mayor utilidad de un debate dependerá de que el formato seleccionado sea el que mejor garantice la confrontación de ideas entre los candidatos, pues confrontar ideas es la única manera de compararlas. Pues bien: el formato elegido por diario El Comercio para el debate de la noche del domingo parecía pensado exactamente para lo contrario.

Para empezar, no daba lugar a repreguntas por parte del moderador. Nada de pedir aclaraciones sobre los aspectos difusos de una intervención, ampliaciones sobre aquellos que quedaron insuficientemente explicados o definiciones en caso de que un candidato incurriera en contradicción evidente. Está claro que El Comercio privilegió la necesidad de que ningún candidato hablara un segundo más o un segundo menos que otro, para que nadie los acuse de beneficiar a nadie, a la posibilidad de obtener precisiones de los participantes para beneficio de la audiencia. No se explica para qué pusieron a un periodista a desempeñar un papel que bien pudo asumir un figurante, un modelo o un presentador cualquiera. Más aún: un semáforo. Porque lo primero que queda claro ante un formato semejante es que no concede papel alguno al periodismo. ¿De qué le sirve a diario El Comercio el prestigio de organizar un debate presidencial si, para ello, tiene que negar su esencia?

En segundo lugar, no hubo confrontación entre los candidatos. Los periodistas de El Comercio a cargo de la organización no creyeron necesario que los aspirantes a la presidencia interactuaran entre sí. Tal previsión al parecer les garantizó la presencia de Lenin Moreno pero convirtió lo que debía ser un debate en una colección de monólogos de sordos. A lo mejor tuvo que ver esta decisión con la idea, repetida insistentemente por Gonzalo Ruiz en las presentaciones, de evitar las agresiones mutuas. Es muy simple: para que se respeten, que no se hablen. Es la misma mojigatería, la misma melindrosa corrección política, el mismo desdén, cuando no temor por la circulación libre de ideas entre personas adultas, el mismo prurito de sujetar el debate público al manual de Carreño que hace de Rafael Correa un disciplinador de muchachos malportados y, de Lenin Moreno, un buenoide populista que confunde debate con pelea estéril. A la gente de El Comercio le pareció más importante establecer un llamado de atención como castigo para los candidatos irrespetuosos que garantizarles la posibilidad de hablar unos con otros. ¿Es eso un debate?

El tercer problema tuvo que ver con las preguntas planteadas. Fueron tan, pero tan abiertas, que ni siquiera se las puede llamar preguntas: no lo fueron. Y es lícito afirmar que este debate, más allá de trazar temas generalísimos para cada segmento, no planteó ninguna. Gonzalo Ruiz se limitó a enunciar esos temas generalísimos (“política institucional”, “desarrollo social” y “economía”) y cada candidato tuvo dos rondas de un minuto y medio para decir lo que a bien tuviera: en todos los casos, promesas desconectadas de la realidad.

Quizás todo esto se debe a que el debate presidencial, en realidad, no fue una iniciativa de diario El Comercio sino, precisamente, de Lenin Moreno. Al menos eso es lo que él dice. En la carta que dirigió a la Cámara de Comercio de Guayaquil para excusarse de participar en el debate anterior, Moreno invita a los demás candidatos a unirse a lo que califica como “mi iniciativa recogida por el Grupo El Comercio”. Si Moreno es el dueño de la idea, ¿cómo habría de tener ésta un desarrollo periodístico? Todo lo cual alcanza para explicar muy bien algunas cosas y justifica derramar más de una lágrima por el periodismo ecuatoriano. Porque si lo que dice el candidato es verdad, lo de El Comercio es peor de lo que aparenta. Y ya aparenta ser bastante malo.

El resultado fue el fracaso rotundo del debate. Fracaso rotundo incluso si se consideran los propios parámetros autoimpuestos por El Comercio y las expectativas que Gonzalo Ruiz trazó antes de comenzar: que los candidatos expongan sus ideas “más allá –dijo– de lo que señalan en sus planes de gobierno, en las tarimas o en las entrevistas”. Pero reproducir el discurso que llevan a sus tarimas fue exactamente lo que los candidatos hicieron en el estudio de El Comercio. Cada uno por su lado, sin escucharse unos a otros. Hablaron de lo que quisieron y no hablaron de lo que no quisieron. De ahí que el debate no consiguiera aportar un punto, ni uno solo, que no se pueda encontrar en las cuentas de Twitter de los aspirantes a la presidencia. Si de verdad El Comercio hubiera querido que los candidatos fueran “más allá”, como dijo Ruiz, habría afinado un cuestionario dirigido a obtener precisiones de cada uno; se habría reservado el derecho a las repreguntas cuando el moderador, que para algo pusieron ahí a un experimentado periodista, lo hubiera considerado necesario; y habría establecido un mecanismo para que los participantes en el debate pudieran, cuando menos, hablarse.

El formato propuesto por El Comercio para el debate presidencial es una triste evidencia de la crisis del periodismo que la década correísta ha producido en el país. Ahora tenemos, exceptuando las honrosas excepciones de siempre, un periodismo inocuo, sin postura ni mensaje. Un periodismo que no quiere o no se atreve a plantear lecturas políticas de los hechos políticos. Un periodismo demasiado acostumbrado a los juicios y las sanciones por un quítame-esas-pajas y, en consecuencia, temeroso y vacilante frente al poder, al que debería fiscalizar y pedir cuentas. Un periodismo que se contenta con cumplir las formalidades de la ley y ha convertido la información en un insustancial juego de versiones que se valoran con independencia de la realidad y de los hechos. Ya no importa si una entrevista radial o del medio que fuese ayuda al oyente a comprender el tema de que trata. Mientras uno de los entrevistados sea del gobierno y otro de la oposición, nada habrá que reprocharle al periodista, que hasta tendrá motivos para jactarse de su objetividad y su equilibrio. Como si la realidad fuera un cúmulo de versiones y no de hechos. Como si la verdad sobre, por poner un ejemplo, el monto de la deuda externa, sólo pudiera establecerse mediante el ejercicio de poner la versión del ministro de Finanzas frente a la versión de un economista de oposición para que el público saque sus conclusiones. ¿No tiene el periodista el derecho, la obligación de presentar las suyas?

Si algo demuestra el debate de El Comercio, tan ponderado, tan equilibrado, tan ecuánime, es que precisamente esas formalidades no sirven para nada cuando se carece de criterio editorial, voluntad de lectura política, lucidez analítica e independencia de criterio. Porque la verdad sobre el tema de la deuda no se obtiene comparando las dos versiones que el periodista pone a disposición de su audiencia como si no le quedara más que hacer, sino sumando y restando en blanco y negro para establecer que una de esas versiones, la del ministro, es falsa. Y esas sumas y restas las tiene que hacer el periodista. Pero no: eso es exponerse a una sanción de la Secom con pedido de rectificación incluido. Es tan inocuo el periodismo que diez años de correísmo han producido, que algunas notas que publica El Comercio bien podrían aparecer en El Telégrafo. Total: lo que importa para ambos diarios es lo que diga la fuente. Si algún cambio consiguió implantar el gobierno en el periodismo ecuatoriano es ése: hacerlo regresar a como era hace más de veinte años. Hoy como entonces se prefiere, en la generalidad de los casos, quedar bien con las fuentes que dar con la verdad. Por zalamería, por pusilanimidad o por miedo, da lo mismo. A eso llaman ponderación y equilibrio: las dos grandes virtudes del debate de El Comercio.

Foto: diario El Universo

El enigma de la Estrella de Panamá

en Columnistas/Las Ideas por

La semana pasada el país se sobresaltó con la noticia de que la República de Panamá habría enviado, a pedido de la Fiscalía ecuatoriana, un informe sobre ciertas actividades financieras irregulares que podrían involucrar al actual vice presidente de la República. ¿La fuente? Dos párrafos de no más de cuatro líneas en una columna de rumores. Conozco a una periodista ecuatoriana de medio escrito que podría publicar -con obvia reserva de fuente-, la información completa relacionada con lo insinuado por el periódico panameño Estrella de Panamá.

La opacidad de los altos cargos de este gobierno y la desvergüenza con la que han exhibido su pomposo paso del apuro económico a la opulencia, hace que el tema de corrupción, en medio de la crisis económica que nos encontramos, duela mucho.

¿Cómo explicar a varios amigos que están desempleados más de un año; que tienen que vivir al borde de la desesperación; que por otro lado, hay funcionarios públicos que con su sueldo han comprado mansiones y se dan vida de cortesanos persas? Díganme cómo, porque yo no encuentro la forma; y me hierve la sangre de ira e impotencia al no poder ayudarlos; ni poder juzgar a los corruptos porque el gobierno es amo de los jueces, fiscales, Contralor, etc.

Este gobierno, cuando diseño el esquema institucional el 2008 en la Constitución de Montecristi, sabía perfectamente lo que quería: cooptar las entidades de control y acabar con la libertad de prensa en el Ecuador.  Sin jueces, fiscales ni auditores que revisen las cuentas y sin periódicos o canales de TV que puedan develar las tramas de corrupción, la mesa para el delincuente de cuello blanco quedó servida.

Toda la prensa del mundo ejerce la libertad de informar y de imprenta dentro de un marco  normativo que protege sus fuentes. La famosa reserva de fuente no es un capricho periodístico. Es una herramienta jurídica necesaria para que la ciudadanía se informe del manejo de la administración pública, aún a pesar de que el origen de la revelación y su contenido, sean, digámoslo de esta manera, poco ortodoxos.

Cuando salió la nota en la Estrella de Panamá, mi amiga Líam me llamó a desahogarse.

– Yo tengo toda esa información, me dijo. Pero no me dejan publicarla. Los abogados del periódico dicen que nos podrían demandar.

– ¿Cómo te llegó la información?

– ¿Cómo crees? No te la mandan con tarjeta de navidad y acuso de recibo. Los periodistas tenemos nuestras fuentes.

– Ese es el problema Líam. Si me lo estás preguntando como abogado, yo te diría que con la actual Ley de Comunicación, tus fuentes y tú quedarían peligrosamente expuestas. El diario sería demandado y el problema es que ellos controlan la justicia. Si quieres, pido la información oficialmente. Deberían dármela; pero demoraría una eternidad.

– ¡No comprendes nada! Tengo la información te digo. No dudo de mis fuentes ni de su veracidad. Si espero a que tú la pidas, ya habrá pasado la noticia. Ramiro: yo no soy policía; no soy fiscal; no soy político como tú. Soy periodista. Mi obligación es informar a la gente, es mi deber. No sabes lo frustrada que estoy. Lo peor de todo, es que ese pequeño comentario en la Estrella de Panamá, va a desacreditar la noticia, la va a desgastar, la vuelve dudosa.

– Al menos déjame ver lo que tienes.

– No. No porque no confíe en ti; sino porque el destino de esta información debe ser el público. No hay derecho a que vivamos rodeados de noche y niebla en medio de tanta corrupción impune y tanta pobreza.

– ¿Qué vas a hacer?

– Estoy tratando de mandar todo lo que tengo fuera y que se publique. No llevará mi nombre; no me llevaré el crédito profesional; pero al menos se sabrá la verdad.

Hasta aquí la conversación con mi amiga a quién solamente he cambiado el nombre para que no la despidan del medio donde trabaja.

Así que si usted duda de lo publicado en la Estrella de Panamá, sea quien fuere el que pidió que lo publiquen al apuro, como rumor, para desgastar la noticia -y no dudo que pudieron haber sido incluso los propios militantes de AP que saben que el hombre elegido para ser segundo de Moreno, es un peligro para él-; espere tranquilo. Mi amiga Líam es una mujer tenaz. No se rinde fácilmente. Encontrará la forma de que se publique.

Lo que me dijo al final, mientras lloraba de la pura rabia, fue:

– No lo dudes. Los montos son obscenos. Pobre país. Y colgó sin despedirse.

Aquí también tú puedes obtener la credencial de la CIA

en La Info por

(Este es el link para hacerse agente de la CIA): http://4pelagatos.com/carnet/

Amigos,

Los tiempos son difíciles. No hay empleo y, en cambio, la CIA ofrece decenas de miles de puestos con excelentes salarios. Esto además lo afirma el propio presidente Rafael Correa. Esta semana, él y sus servicios de propaganda (Telesur, El Telégrafo, canales incautados, su ejército de troles… ) hicieron una revelación sin precedentes: los periodistas de medios digitales en Ecuador son todos agentes de la CIA. No solo ellos: algunos responsables de ONGs, algún ex militar… y otros personajes que la verdad este medio no puede confirmar: nadie sabe tanto como el Presidente y sus servicios de espionaje. Ellos tienen técnicas increíbles que 4pelagatos (apenas llevan días como agentes secretos) no conocen. Una por ejemplo es clonarse (ser como el enemigo para confundirlo) Por eso el Presidente también tiene carné de la CIA (para desconcertar a la CIA). Este medio solo pudo obtener una copia de ese carné (es una exclusiva) y hoy la reproducimos.

4pelagatos, terriblemente preocupados por haber sido descubiertos, decidió abrir una agencia de reclutamiento (para confundir a los agentes oficiales). Como pueden ver es sencillo, cómodo y nada peligroso (pero no sobra ser prudente) obtener un puesto de agente secreto. El carné está a su disposición con este Link http://4pelagatos.com/carnet/

Por favor recuerden que entre más agentes recluten (inviten a vecinos, familiares, novios, amigovios, amantes, tinieblos… ) a hacerse agentes de la CIA. Entre más sean, más dificultades tendrán los otros para descubrirlos.

Y si usted no es amigo del Imperio (que corrompe y paga muy bien), pues imite al Presidente. Él ya tiene su carné. Puede sacar uno con el mismo número: eso por su seguridad. Bienvenidos a la familia CIA.

 

Captura de pantalla 2016-06-11 a las 8.57.20 a.m.

Señor Barriga, ¡qué jeta tienes!

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Patricio Barriga, secretario de Comunicación, sigue siendo el mismo. Sólo cambió de patrón. Cuando trabajaba para los Isaías como presentador de noticias de TC, salía todos los días a mentir desfachatadamente con la misma voz aterciopelada y la misma cara de yo-no-fui con que se presenta hoy en Telesur. En esos tiempos convivió con todas las campañas sucias de un canal capaz de cualquier cosa, desde desprestigiar a Xavier Alvarado Roca hasta pretender quebrar al Banco del Pichincha. Como él no tiene reparos en venderse ni en cerrar los ojos ante la infamia, no es extraño que crea que otros periodistas proceden de la misma forma.

Ayer en el canal chavista pretendió volver creíble la ficción, montada por Telesur con insumos proporcionados por el correísmo, según la cual los medios digitales son instrumentos de la CIA para desestabilizar al gobierno ecuatoriano. El primer día tuvieron como invitada a la Comandante Pelos, especializada en relaciones con las Farc. Luego, al señor Barriga, especializado en campañas de desinformación.

Ayer en Telesur, Barriga estaba muy al tanto de la ficción. La supuesta investigación de ese canal sobre los vínculos de políticos y periodistas ecuatorianos con la CIA está hecha con una colección de retazos encontrados en los propios basureros de la Secom y de la Senain. Piezas de espionaje evidente y de actos violatorios a la intimidad de las personas, como los pinchazos telefónicos y el hackeo de cuentas al correo privado de Marta Roldós, publicados por el diario correísta El Telégrafo y celebrados por el presidente. Material ya difundido por trolls de la Secom, subordinados de Barriga, en sus cuentas de redes sociales. El gobierno proporciona ese material a Telesur; Telesur lo presenta como una investigación propia, y Barriga llega, con todo ya montado, a comentar la ficción creada en contubernio pero de la cual él no responde.

Este experto en campañas de desinformación tiene la osadía de hablar de ética en ese canal mercenario. Dice que los medios digitales no han transparentado su financiamiento. Habla de opacidad. Pretende que hablar de cómo sobreviven tres o cuatro periodistas es equivalente al manejo de las cuentas del Estado. El señor Barriga, tan ético él, nunca le ha dicho al país cuánto dinero da el gobierno a Telesur, cuáles son los estados financieros de los canales incautados, cuál es el presupuesto de su trollcenter, cuál es el costo real de las sabatinas, pues el presidente miente al decir que son 30 mil semanales. Para él seguramente es ético ocultar el monto real de la deuda externa, las condiciones de los contratos públicos firmados por el gobierno (deuda, obras…), las cifras reales de la economía… ¡Y él habla de opacidad! ¡Y él acusa a los medios digitales de lesionar lo que llama “la obra inmaterial de este gobierno”, es decir, su supuesta ética y su supuesta transparencia!

Él, que como secretario de Comunicación está involucrado directamente con el ejército de soldados virtuales, como llama Jorge Glas a sus trolls, osa acusar a los medios digitales de haber convertido las redes sociales en una cloaca. Él, que viene del Cordicom y concierta con Carlos Ochoa la estrategia de los entes de censura del gobierno, osa acusar a los medios digitales de excluir el debate y alentar la guerra sucia. Él, que manipula la información para encubrir la represión real de su gobierno contra activistas sociales, medios de comunicación y hasta tuiteros, osa acusar a los medios digitales de “instalar el miedo y bajar el ánimo de la ciudadanía con desinformación”.

Al señor Barriga le molesta que los medios digitales utilicen proveedores de Internet asentados en el extranjero. Insinúa que eso es sospechoso. Convierte un tema técnico en casi un hecho delincuencial. Lo que lo mortifica es que, como están en el extranjero, él no los puede controlar. ¡Y cómo lo ha intentado! Valiéndose de mentiras, atribuyéndose la propiedad de bienes públicos como son las informaciones producidas por el Estado (videos, fotografías), intimidando a los ciudadanos que utilizan esos bienes en sus cuentas personales, tratando de asaltar la buena fe de los proveedores de Internet en el exterior.

Él, que aupó informes de supuestos semiólogos para perseguir a los diarios, extorsionarlos hasta con el 10 por ciento de su facturación trimestral, obligarlos a mentir para acomodar la realidad a la versión del poder, osa decir que no hay un solo medio censurado ni multado ni sancionado, y que “la información circula libremente” en el país.

Él, que pasó de periodista mercenario a paladín de un gobierno supuestamente revestido por su “blindaje ético potente”, osa cambiar de biografía a periodistas y ciudadanos, inventándose acusaciones de un macartismo precario y extraído directamente de la guerra fría. ¡Qué bajeza!

Él, que como secretario de Comunicación es el responsable del aparato de propaganda que ha hecho de la mentira y de la insidia el ingrediente fundamental de la comunicación pública, osa acusar a los medios digitales, que exigen transparencia y ponen en evidencia la opacidad, el despilfarro y la corrupción del correísmo, de “debilitar la estrategia comunicacional” del gobierno. Como si esa estrategia, manojo de sofismas y puro lavado de cerebro, no se estuviera derrumbando sola.

Él, servidor de un gobierno autoritario y concentrador de poder dice que los medios digitales, por hacer su trabajo, están desestabilizando a un régimen progresista para instalar a uno de derecha. No, señor Barriga. No se trata de aupar lo que tú llamas derecha (la verdadera y más reaccionaria está en tu gobierno) sino de defender la democracia. En el caso de estos 4 pelagatos, ni trabajamos en la sombra ni somos mercenarios de poderes oscuros u organizaciones como la CIA. Damos la cara, al contrario de tus trolls, defendemos este oficio y, además de periodistas, somos ciudadanos.

La ficción que el señor Barriga fue a defender en Telesur se sostiene en premisas tan embusteras (y eso es públicamente comprobable) como decir que el país pasó de un esquema de concentración de medios (se refiere a sus antiguos patrones) a otro de pluralismo y multiplicidad de voces. Un sofisma para ocultar el hecho de que los medios en el país están más concentrados que nunca y que él, como siempre, defiende a los concentradores y trabaja para ellos. El señor Barriga sigue siendo el mismo. ¡Qué jeta tiene!

Foto: captura de video

Nueve años contra la libertad de prensa

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Hoy es el Día Mundial de la Libertad de Prensa. Con ese motivo, la Unión Nacional de Periodistas, UNP, el Colegio de Periodistas de Pichincha, CCP, Fundación Andina para la Observación y Estudio de Medios, Fundamedios, y la Asociación Ecuatoriana de Editores de Periódicos, AEDEP, presentaron una Carta abierta dirigida a los ciudadanos de Ecuador y del Mundo.

4pelagatos, se identifica plenamente con el espíritu y la letra de esta misiva. Por eso la publica en su totalidad.

“A los ciudadanos del Ecuador y del Mundo:

“Durante nueve años, el gobierno de Rafael Correa ha lesionado gravemente la libertad de prensa en el Ecuador. Ha perseguido a quien opina distinto, ha enjuiciado a medios de comunicación y periodistas, ha insultado y estigmatizado a quienes ejercen el oficio periodístico o simplemente expresan un pensamiento crítico, ha impuesto un régimen de censura previa mediante la imposición de contenidos, ha utilizado la publicidad oficial como instrumentos de premios y castigos, ha anulado el acceso a la información, está utilizando la concesión de frecuencias como mecanismo de presión y silenciamiento de los medios radiales y televisivos, ha propiciado la más grande concentración de medios de nuestra historia, ha arrinconado o cooptado a los medios comunitarios y ha provocado despidos masivos de comunicadores.

El golpe más artero a las libertades democráticas esenciales se produjo con la aprobación y vigencia de la Ley Orgánica de Comunicación, la cual es unánimemente considerada por los expertos y las organizaciones que defienden la libertad de prensa como el cuerpo legal más restrictivo de toda la Región en esta materia, y el más grave retroceso para los derechos fundamentales de las últimas dos décadas. En la aplicación de la LOC, entes como la Supercom se ha convertido en un Tribunal de la Inquisición, donde se juzga a medios, periodistas y hasta caricaturistas en procesos donde la autoridad es juez, parte y beneficiario de las onerosas sanciones económicas que se imponen con arbitrariedad pavorosa.

En este 3 de mayo, cuando el mundo celebra el Día Mundial de la Libertad de Prensa, en el Ecuador hay muy pocas cosas de que alegrarse. Porque es imposible celebrar la censura.

Como hemos podido atestiguar, en las últimas semanas, la censura puede atentar contra la integridad y seguridad física de las personas. La noche del 16 de abril, por ejemplo, los ecuatorianos fuimos testigos del daño que han causado estos nueve años de  golpe tras golpe contra el periodismo, que desembocó en que se nos negó el derecho a informarnos hasta dos horas después del terremoto. Cuando ya los medios internacionales entregaban informes casi instantáneamente, en el país, los periodistas dudaban si debían llamar a la catástrofe temblor o terremoto, sin causar la ira de los jerarcas de la censura.

Estos mismos personajes, en lugar de reconocer y rectificar esta terrible falla que afectó el derecho fundamental a ser informados de los ecuatorianos, provocado por la rígida y sesgada aplicación de la Ley de Comunicación para atemorizar a medios y periodistas, desviando la atención sobre su propia responsabilidad, atribuyen la culpa a la inoperancia de los mismos medios y a la ineptitud de los periodistas. Por supuesto, que la LOC no dice explícitamente que no se puede informar de una emergencia; sin embargo, recordamos que son los censuradores oficiales quienes deciden qué información es contextualizada, plural, veraz, verificada y además contrastada con fuentes oficiales, ausentes esa noche hasta dos horas después de la tragedia.

La Supercom, además, ha afirmado que los medios de comunicación privados no estaban preparados ni contaban con protocolos de emergencia. Nueva falacia. En estos nueve años, el Gobierno ha construido el mayor imperio mediático oficial que recordemos. Esos medios controlados por el oficialismo, que deberían cumplir una función pública, estaban obligados a liderar la entrega de información a los ciudadanos de todo el país. El Gobierno, además, cuenta con una gran maquinaria propagandística y de comunicaciones, con cientos de periodistas a su servicio. La noche del terremoto quienes tenían la obligación de actuar y activar protocolos, no lo hicieron. El Gobierno ha gastado varias decenas de millones para hacerse de un imperio comunicacional que, se demuestra, no está al servicio de los ciudadanos, sino de un proyecto político y al servicio de la imagen de altos funcionarios.

Sin embargo, los periodistas ecuatorianos, tienen una vocación indomable para informar. Se ha demostrado con la creación de medios digitales y en las redes sociales, que son los espacios que escapan a la censura oficial.

Nuestro total apoyo y reconocimiento a los periodistas que en las horas siguientes al terremoto han cumplido con profesionalismo, con responsabilidad, con sacrificio incluso, la tarea de informar al país y al mundo las consecuencias de la catástrofe que sacudió a Manabí y Esmeraldas, siendo agentes proactivos de la inmensa solidaridad nacional e internacional con los damnificados.

En medio de todo esto, 86 medios de comunicación de las provincias de Esmeraldas y Manabí fueron afectados por el terremoto. Catorce de esos medios han sufrido daños muy severos. Algunos han podido restablecer sus transmisiones, muchos otros no. A esta situación hay que sumar que 80 trabajadores de la prensa: periodistas, fotógrafos, operadores de audio, camarógrafos, diseñadores, operarios de imprenta han sufrido pérdidas personales que van desde la muerte de esposas o hijos hasta la destrucción de su hogar. Y aún en esas circunstancias la vocación para informar no cesa. Lo demostraran esas tres radios (una solo prestó su antena, pues sus estudios se habían derrumbado) y ese canal de TV manabita que, con un generador eléctrico a diésel, se enlazaron para ofrecer información en el momento que más lo necesitaba la ciudadanía.

En estos momentos de tragedia, el país se ha levantado solidario. El periodismo de las provincias afectadas debe acompañar con su voz informativa el proceso de reconstrucción. Por eso, como organizaciones periodísticas hacemos un llamado para ser solidarios con los medios y trabajadores de prensa afectados. Para ello, lanzamos la campaña “Qué tu voz no se rompa”, destinada a recolectar donativos para ayudar a que los medios en Manabí y Esmeraldas no se silencien definitivamente. La participación de los medios locales es fundamental para garantizar que la ayuda estatal y de la sociedad civil sirvan para reconstruir las localidades afectadas. Los medios y periodistas locales son fundamentales para informar como esa ayuda se canaliza desde el interés ciudadano”.

La solidaridad, como valor, también puede vencer a la censura.

Guadalupe Fierro
Presidenta Unión Nacional  de Periodistas del Ecuador      

Marco Villarruel
Presidente Colegio de Periodistas de Pichincha

César Ricaurte
Director Ejecutivo Fundamedios

Diego Cornejo
Director Ejecutivo AEDEP

Carlos Ochoa: el burro hablando de orejas

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Lo que faltaba: Carlos Ochoa salió en una cadena de radio de la Supercom a hablar en nombre del “verdadero periodismo”. Reportero mediocre de tercera fila devenido en director de noticiero por estrategia matrimonial; mercenario del oficio que pasó de rabioso comentador anticorchista de radio La Voz del Tomebamba a obsecuente orquestador de campañas sucias correístas en GamaTV por 8 mil dólares mensuales; perro bravo de superintendencia… Escuchar a Carlos Ochoa dando lecciones de “verdadero periodismo” es como oír a Sasha Grey alabando las virtudes de la virginidad.

Lleva tres años persiguiendo a los medios de comunicación independientes del país, acosándolos con informes semiológicos que acaso es incapaz de comprender, negándoles el derecho al debido proceso, imponiéndoles multas, manteniéndolos ocupados en trámites absurdos. Comportándose, en fin, tal y como sus propios compañeros correístas lo ven y lo pintan (o lo pintaban cuando todavía se podía hablar en off con ellos): como un perro. El perro puesto por Rafael Correa para acabar de una vez por todas con un oficio en nombre del cual hoy pretende hablar y dar lecciones.

Después de tres años de trabajar denodadamente para aniquilar al periodismo (tarea en la cual ha conseguido incontestables progresos) tiene el descaro de dirigirse a los medios que ha contribuido a acosar y echarles la culpa por el estado de postración en que se encuentran. Esos medios, salió a decir en su cadena de radio, son los responsables de la falta de información que se produjo en las horas que siguieron al terremoto. Son ellos los que “no estuvieron preparados para responder de manera inmediata a una tragedia que desbordó su propia organización”. Hay que tener jeta. Y la de Ochoa es tan grande que se la pisa.

Antes de que el gobierno emprendiera su guerra contra el periodismo, no había medio de importancia en el país que no dispusiera de un corresponsal en Manta y otro en Portoviejo, por lo menos. ¿Quién puede mantenerlos ahora, al cabo de nueve años de acoso financiero? Nueve años durante los cuales el gobierno ha presionado para disminuir la inversión publicitaria privada en los medios, mientras manejaba la pública con criterios políticos y privaba de ingresos importantes y legítimos a muchos periódicos y canales de televisión. Nueve años durante los cuales se ha convertido a los medios en empresas inviables, limitando por ley hasta lo absurdo las posibilidades de inversión en el sector, desalentando las capitalizaciones, prohibiendo la expansión de las empresas con falsos argumentos antimonopolio, en fin, haciendo imposible todo crecimiento. ¿Qué empresario es lo suficientemente patriota o lo suficientemente imbécil como para invertir en medios en el Ecuador? ¿Para que el presidente de la República lo declare enemigo y le azuce sus perros? No, gracias. ¿Y qué posibilidades hay de hacer buen periodismo a escala nacional sin inversiones, sin una redacción con periodistas suficientes y bien remunerados, con corresponsales, con tecnología, con capacidad de movilización? Para el gobierno es simple: primero, se declara que el periodismo no es un negocio sino un servicio público; luego se impide a los medios de comunicación ganar dinero y, finalmente, se les echa la culpa por no bridar un servicio adecuado.

Y eso por no hablar del miedo. Desde que el presidente ganó el juicio a diario El Universo, por 80 millones de dólares (¡80 millones! Los correístas hablan de millones con la extraviada facilidad de quienes están acostumbrados a embolsárselos sin esfuerzo), todos los medios del país viven con una advertencia sobre sus cabezas: la certeza de que el poder puede quebrarlos en cualquier momento. Para eso se sirve de funcionarios que los propios correístas consideran sus perros. Ochoa, el primero de ellos. Por eso los medios, sobre todo en condiciones extraordinarias como una emergencia nacional, tienen miedo de decir y publicar las cosas que antes decían y publicaban sin conflicto. Nadie quiere arriesgarse en vano. Hay canales de televisión y estaciones de radio que saben que pueden perder su frecuencia si se indisponen con el gobierno. Ecuavisa, por ejemplo, cuya oportunidad de conservar la frecuencia de canal 8 en Quito depende únicamente de una decisión política del correísmo. ¿Qué pueden hacer medios así presionados y chantajeados, sino esperar las versiones oficiales para no dar motivo de queja? ¿Y cuando las versiones oficiales no llegan porque los organismos supuestamente a cargo son unos incompetentes? Para comunicar que no había alerta de tsunami el gobierno tardó dos horas. ¡Dos horas! Tiempo suficiente para que un tsunami arrase la costa ecuatoriana. ¿Y la culpa de esta desinformación es de los medios?

No. La culpa de la desinformación es, en primer lugar, de la incompetencia de las autoridades. De una secretaría de riesgos que decía estar preparada para la erupción del Cotopaxi y que, a la hora del té, no tenía ni siquiera megáfonos para arrear a la población como les gusta. Y en segundo lugar (y aquí nos reafirmamos en lo que 4Pelagatos publicó la noche del 16 de abril, cuando era imposible saber lo que estaba ocurriendo) la culpa es de de una Ley de Comunicación y de una política oficial de comunicación que mantienen a los medios atemorizados y en soletas. Hoy, tras nueve años de gobierno correísta, el periodismo en el Ecuador es peor de lo que era. Empeorarlo ha costado millones. Montar una ley, crear una institucionalidad para la censura y el acoso, contratar a mediocres como Ochoa para que muestren los dientes… Empeorar el periodismo ha sido un esfuerzo constante, sistemático, consciente. La culpa de la desinformación, toda la culpa, es del correísmo. Y de sus perros.

Foto: El Ciudadano

1. Svetlana Alexiévich, la documentalista del terror

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La concesión del premio Nobel 2015 a Svetlana Alexiévich (1948), de nacionalidad bielorrusa, amplía el concepto de literatura y consagra una tendencia de la que ni siquiera la novela (Emmanuel Carrère, Javier Cercas, Piglia…) ha conseguido mantenerse al margen: el valor literario de la no ficción. Y no es solamente que Alexiévich sea periodista: ya en los años ochenta y noventa, con libros como Ébano, Un día más con vida o El Imperio, Ryszard Kapuscinski había demostrado el enorme vigor narrativo que se esconde en la crónica periodística. La cuestión con Alexiévich es que su obra no es, en absoluto, narrativa. Al menos no desde una perspectiva ortodoxa. Su trabajo se mueve en el terreno más elemental del periodismo: la entrevista, la recolección y el ordenamiento de testimonios. Es decir, aquellas tareas previas a la narración propiamente dicha.

Los de Alexiévich son libros corales: decenas de voces en primera persona organizadas para componer un fresco, un collage de significados. Algunas veces, esos testimonios no hacen más que trazar un ambiente con un par de pinceladas; en otras, muestran una perspectiva de un acontecimiento, una versión teñida de subjetividad que sólo adquiere sentido al contrastarla con las otras.

En los últimos años, algunos fenómenos editoriales relacionados con el periodismo (“periodismo narrativo”, “nuevo periodismo”, etc.) han proyectado una imagen bastante parcial, si no distorsionada, del oficio. Han consagrado un periodismo que se ocupa más de las rarezas sociales, los casos extremos, las anomalías (un periodismo friki) que de los grandes temas de debate público. Un periodismo en el que la voz, la personalidad, los gustos y las aficiones del periodista son la medida de todas las cosas, el tamiz al que se somete la realidad. Son versiones legítimas del oficio, claro, pero ante ellas resulta refrescante la obra de una periodista que no sólo se coloca en un segundo plano frente a los hechos, sino que desaparece por completo tras las voces de sus protagonistas. Y cuya atención fundamental, por no decir la única, se centra en los temas del más amplio interés público.

Los pelagatos reseñan tres de los libros de Svetlana Alexiévich, los únicos traducidos al español hasta el momento.

 

  1. La guerra no tiene rostro de mujer, por Martín Pallares
  2. Voces de Chernóbil. Crónica del futuro, por Roberto Aguilar
  3. El fin del ‘Homo sovieticus’, por José Hernández
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