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Presidenciables Ecuador

Paco Moncayo, el candidato de un rompecabezas

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¿Paco Moncayo traza una nueva vía para las fuerzas de izquierda que representa en esta elección presidencial? El ex general hace una campaña basada en lo que Tony Blair llamó la Tercera vía. Socialdemócrata convencido, Moncayo se aplica, con convicción, a dar cuerpo a esa doctrina que Izquierda Democrática abandonó en los noventas y que, desde entonces, nadie ha impulsado y recreado en el país. El 9 de enero pasado, en la Flacso, el candidato del Acuerdo por el Cambio se explayó sobre ese modelo ideológico y político que es el que mejor lo define. Y en el cual cree.

Acuerdo por el Cambio tiene, entonces, un candidato. ¿Pero qué tanto ese candidato representa a sus aliados; en particular a Pachakutik, el ala socialista de Enrique Ayala Mora, Unidad Popular e Izquierda Democrática y, por lo menos, 25 organizaciones importantes de la sociedad civil? La izquierda que dejó al correísmo no tenía alternativa esta vez: el nivel de división y desbarajuste ideológico hizo temer a muchos que no pudieran ir unidos a las elecciones. Hubo intentos de debatir un perfil ideológico y político común. No fue concluyente, aunque se asegura que esa izquierda que con Alberto Acosta obtuvo 3% en las elecciones de 2013, está en un proceso de centrización como lo llama el sociólogo Luis Verdesoto. Puede ser. No obstante, hay diferencias abismales entre Izquierda Democrática, que propuso a Moncayo como su candidato y el ex MPD o el movimiento indígena tan resquebrajado. El resultado de esto se ve en la campaña: ningún aliado cuestiona lo que Moncayo dice, aunque él dice cosas que, en casos, seguramente produce erisipela entre algunos en esa tendencia. Moncayo sorprende por su discurso democrático y centrista en política, ortodoxo y por la equidad en economía y resueltamente liberal y contemporáneo en los temas espinosos para los conservadores: minorías sexuales, aborto, temas de género…

El problema de Moncayo no es él. Son sus socios que no responden por una plataforma política común al punto de que sus candidatos a la Asamblea van en listas separadas. Así, Moncayo no representa una nueva tendencia –necesaria en el país– proveniente de las viejas izquierdas que estuvieron con Correa en el poder y cotejaron sus viejos sueños con las nuevas realidades del mundo. Moncayo hace campaña alrededor de su visión sobrevolando las divisiones de los movimientos y partidos que lo escogieron y que en algunas provincias compiten entre ellos por el voto de los electores. El ex alcalde de Quito seguramente no sabe a ciencia cierta a quién promocionar. O a quién poner a su lado. En ese contexto, esta puede ser la última elección presidencial en que esas izquierdas se ponen bajo un solo paraguas simulando acuerdos que, en realidad, no existen. Muchos de esos dirigentes están, como en el póker, pagando por ver. Si a Moncayo le va bien en las urnas (eso no significa pasar a segunda vuelta), seguramente su esfuerzo por llevar las izquierdas hacia el centro político tendrá un impacto provechoso para la democracia en el país. De lo contrario, algunos considerarán –desempolvando sus catecismos– que él tenía que radicalizar sus posiciones y volverán al pasado.

Esta dinámica explica la estrategia de esta campaña que reposa, en el plano nacional, únicamente en el candidato y, sobretodo, en viejos cuadros de la Izquierda Democrática. Nadie explica por qué Moncayo, que se presenta como el candidato de la experiencia y el conocimiento, escogió a Monserrat Bustamante como compañera de fórmula. Ella era una académica absolutamente desconocida en el ámbito político y entre los activistas sociales. Esto no le ha ayudado en la campaña en la Costa ni en el plano de los imaginarios. Otro enigma: su alianza con Jimmy Jairala, un prefecto que despierta enormes reservas éticas en esas izquierdas. En la campaña se dan razones estrictamente de carácter electoral que calzan mal con el perfil de sobriedad y honestidad que promociona el candidato.

En el plano de la estrategia, que concierne esta nota (ulteriormente se analizará el programa de gobierno), el resultado que obtenga Paco Moncayo servirá para responder otra inquietud: si tras diez años de correísmo, el electorado vota por el centro o prefiere mantenerse en los márgenes que traza la polarización entre el correísmo y su continuidad o la ley del péndulo.

Foto: Campaña de Paco Moncayo
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Artículos anteriores (serie Estrategias políticas electorales):
http://4pelagatos.com/2017/01/05/correa-ato-de-pies-y-manos-a-lenin-moreno/
http://4pelagatos.com/2017/01/06/cynthia-viteri-dobla-la-dosis-de-populismo/
http://4pelagatos.com/2017/01/10/lasso-es-el-cambio-pero-no-es-integral-ni-incluyente/

Lasso es el cambio, pero no es integral ni incluyente

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En los libros de Guillermo Lasso, hay una constante: lo que se ha propuesto, lo ha logrado. Desde hace unos años se propuso ser Presidente de Ecuador. Hasta ahora nada asegura que lo consiga este año, pero esa ambición marca una estrategia de largo aliento, pensada para él y que, por circunstancias que son intransferibles en su caso, lo convierte en el candidato más profesional de la campaña. Es obvio: Lasso es banquero, tiene contactos y trabaja su campaña con la entereza de un empresario. Además lleva 2565 días (escribió en sus cuentas) caminando por Ecuador, creando comités de CREO, midiendo su popularidad, reuniendo equipos que han preparado a su lado el plan de gobierno y, desde hace unos meses, las medidas que tomará si gana las elecciones. En siete años, su partido se ha erigido en el mayor representante de la centro derecha en el país y él es, según la mayoría de las encuestadoras, el aspirante de la oposición con mayores posibilidades de llegar a Carondelet. Market señala en ese papel a Cynthia Viteri.

Lasso no hizo alianzas con otros presidenciables porque, en la realidad, él quiere el trabajo de la Presidencia de la República. A todos aquellos que le pidieron deponer su candidatura, siempre les respondió, con los resultados electorales en la mano, que en 2013 dos millones de electores votaron por él. Ninguno de los precandidatos podía mostrar esas cifras. Deponer la candidatura era, además, contrario al itinerario presidencial que tiene programado en su computadora.

Desde que escogió la política como su nuevo oficio, Lasso se situó en el lado opuesto del péndulo. Como la alternativa. Hizo incluso campaña contra la reelección indefinida. Buscó que el electorado lo identificara con el anticorreísmo de tal forma que incluso escogió a Andrés Páez como compañero de fórmula; un asambleísta que hizo presencia en las manifestaciones en las calles de Quito. Esa estrategia de confrontación la fue morigerando en el camino: Además de la alternativa a Correa, Lasso quiere ser el candidato que lucha contra la pobreza, la injusticia y, sobre todo el desempleo. Últimamente, también ha hecho aperturas hacia el diálogo y la concertación en un gobierno que quisiera suyo porque sabe que en la próxima Asamblea Nacional habrá dispersión. No excluye al correísmo de ese acuerdo. La movida tiene, por supuesto, una connotación electoral: el voto duro anticorreísta, que ya capitalizó, no le alcanza y está claramente hablándole a los indecisos. Él tiene la ventaja, entre los presidenciables, de haber ocupado primero el terreno de la oposición y de haber sido reconocido por el oficialismo como el contrincante de mayor peso. Pero tiene la desventaja de haber estado mucho tiempo en campaña sin conocer una explosión visible en los sondeos.

Su campaña baraja factores que aparecen como ventajas ciertas sobre sus competidores, pero que solo las urnas dirán si son reales y si son efectivos: partido propio, implantación nacional, alto nivel de conocimiento, varios recorridos por Ecuador, años de cotejarse con el electorado… En su contra Lasso tiene un amplio voto duro y el hecho de haber fabricado anticuerpos en algunos sectores del electorado. Es verdad que se ha esforzado en anclar su propuesta económica y social, basada en mejorar las condiciones para crear un millón de empleos en 4 años. Es verdad que con tantos años en campaña, ha expandido su programa político, ha visitado a los ecuatorianos del exterior y ha armado una red de contactos internacionales de alto nivel. Pero también es verdad que solo es un liberal en economía. Su proyecto político deja por fuera, de lo que será el postcorreísmo, minorías que retan la pacatería y el conservadurismo criollos y que hablan de una sociedad en plena mutación. De ganar, la visión opusdeisiana de Lasso tendrá gran incidencia –a pesar de que ha dicho que no piensa regentar la moral de los ciudadanos–en temas de salud pública, como el aborto. No es el único caso. Pero en temas como ese, Lasso es tan conservador o más que Rafael Correa.

Otro talón de Aquiles es su alianza con Mauricio Rodas y el movimiento SUMA. Los coletazos de los sobornos de Odebrecht, cuyas responsabilidades y beneficiarios se echan en cara el gobierno y el alcalde de Quito, van a salpicar su candidatura. CREO privilegió esa alianza con un político que, como el correísmo, ama la opacidad. Lo hizo pensando en los beneficios electorales en Quito y algunas provincias donde SUMA tiene representantes. En CREO se dice que fue César Monge, presidente nacional, quien incidió en ese acuerdo pragmático y chato, con factura incluida.

Lasso, como Mauricio Macri en Argentina, basa su estrategia en la propuesta de un cambio. “Vamos por el cambio” es su lema. Pero ese cambio, aunque se antoja esencial, no es integral. Ni totalmente incluyente.

Próximo artículo: la estrategia de Paco Moncayo
Artículos anteriores: 
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Cynthia Viteri dobla la dosis de populismo

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Cynthia como ama de casa, Cynthia como mamá, Cynthia como chica millenium, Cynthia como activista, Cynthia como justiciera, Cynthia como modelo con corte estilo pixie… Cynthia Viteri es, entre todos los presidenciables, la más plástica. Su paso por la televisión le otorga facilidades escénicas que a veces satura con poses melodramáticas y énfasis oratorios ampulosos. Es evidente que ella quiere sacar partido por ser la única candidata mujer. De hecho, algunos de sus videos se cierran con “Búscame en la papeleta, soy la única mujer”.

Su campaña tuvo, como dice el adagio popular, un arranque de caballo y parada de burro. Se pensó que ella iba a ser la presidenciable de La Unidad que lanzó, en febrero de 2015, Jaime Nebot, en Cuenca, con Mauricio Rodas, alcalde de Quito, y Paúl Carrasco, prefecto de Azuay; Unidad a la cual se unió Ramiro González, en enero de 2016.
Nebot, preocupado de que Lasso se convierta en el nuevo líder de la centro derecha en el país, calculó mal y su estrategia fracasó. Cynthia Viteri volvió a empezar desde cero en octubre pasado, esta vez como candidata del Partido Social Cristiano y el movimiento Madera de Guerrero, que son lo mismo. Ser y parecer autónoma de Nebot siempre ha sido un reto para ella. Una misión compleja si se piensa que el alcalde tiene en Guayaquil una popularidad que bordea el 75% y parte de sus expectativas estriba en que ese electorado vote por ella.

Viteri llegó a la campaña como la tercera con más posibilidades de ganar, después de Lenín Moreno y Guillermo Lasso. Sus asesores optaron entonces por la estrategia de “quítate tú que me ponga yo”. Se dedicó a atacar al candidato de CREO yendo incluso a afirmar que el plan de gobierno de Lasso genera desempleo. Tanto estiró esa cuerda que le valió duros apelativos en las redes, entre los cuales el más frecuente fue el de candidata chimbadora. Lucía evidente que era tercera y se sentía tercera a pesar de haber escogido a Mauricio Pozo, un economista respetado con más prestigio y contactos influyentes que votos.

La nueva estretagia llegó de mano de Market, la encuestadora de Blasco Peñaherrera. Es la única empresa, de una decena que han dado a conocer sus sondeos, que afirma que la candidata socialcristiana comparte el segundo puesto o incluso supera a Guillermo Lasso. Esto cambió el sentido de su campaña. Viteri ahora alude irónicamente de vez en cuando a Lasso pero dejó de ser su contrincante principal. La estrategia, desde finales de noviembre, es afirmar que el binomio Viteri-Pozo es segundo y su contrincante mayor es el gobierno y el binomio oficialista.

Viteri aceleró el paso: hizo promesas susceptibles de mover los imaginarios hacia su candidatura. Eso explica sus propuestas con abierto perfume populista: subsidiar energía eléctrica hasta 110 kwts. en la Sierra y 130 en la Costa. Regalar iPads. Construir cien mil casas en Manabí con crédito de 20 años, cero entrada, cuota mensual de $100 dólares a 120 dólares y la mitad de los intereses pagados por el Estado… En su respuesta a 4Pelagatos, que criticó esta forma de populismo, Viteri-Pozo dicen que la electricidad ofrecida a las familias más pobres solo suma 0,8% del presupuesto. ¿A partir de qué porcentaje hay populismo? A los agricultores ofrece precios de sustentación. A los afiliados al seguro social reconocer la deuda de 11.000 millones. A los afectados de enfermedades catastróficas, devolver dos mil millones que debe el correísmo. A los municipios y gobiernos locales, respetar sus asignaciones. A los obreros, subir los salarios. Devolver el impuesto de la plusvalía a quienes lo hayan pagado…

Viteri evita decir la verdad a los electores sobre el estado real de la economía que recibiría en caso de ser elegida Presidenta. Y esa es una tarea para todos los presidenciables. Sí dice que este gobierno ha despilfarrado $23 mil millones de dólares. Sí dice que reestructurá la deuda y revisará los convenios firmados. Sí dice que pedirá cuentas y descubrirá quién es Alí Babá.

También dice que reducirá impuestos, tramitología para las empresas y que hará una sola reforma tributaria en su gobierno. Pero en forma casi imperceptible agrega bonos y obligaciones a un Estado obeso, atiborrado de deudas, falto de recursos e incapaz de cumplir sus compromisos. En vez de decir la verdad a los electores, Cynthia Viteri prefiere imitar la actitud del correísmo durante esta década: canjear votos (para ella) por plata ajena (la de todos). También se parece al candidato oficialista cuando hace, ante las cámaras, un resumen de su programa: “cambiaremos la enfermedad por salud; el desempleo por empleo; el desamparo por la protección, la tristeza por la alegría”. #CambioPositivo es su lema. Mauricio Pozo cede ante todos los arranques populistas socialcristianos pero, más al tanto de la economía falsa que exhibe el correísmo, es más sobrio cuando habla de dolarización, acuerdos comerciales, empleo, inversión, industria, emprendimientos…

Cynthia Viteri anima la campaña pero busca la Presidencia haciendo promesas que la economía –y no su voluntad– ni tolera ni perdona.

Próximo artículo: la estrategia de Guillermo Lasso.
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Correa ató de pies y manos a Lenín Moreno

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Lenín Moreno hace una campaña totalmente inodora, incolora e insabora. Esa es su estrategia. Es lo que conviene a su jefe de campaña Vinicio Alvarado, quien no ha renunciado a su cargo oficial. Al candidato le conviene no crear olas. Decir generalidades. Evitar los debates. Exponerse en los medios donde no es confrontado; incluido Teleamazonas. Ser sosegado para diferenciarse de Rafael Correa (el estilo), pero asumir todo lo hecho por su gobierno (el modelo). Eludir todos los temas espinosos, empezando por el de Jorge Glas, su binomio.

Moreno sabe que mientras las cifras le favorezcan, lo mejor es evitar que se muevan las frutas. Y explotar los activos que atesoró durante los seis años que estuvo, al lado de Correa, mirando para otro lado: cordialidad, buen humor, cercanía con los discapacitados y una liviandad tan atroz que lo convirtió en motivador pagado. No sale de ahí. Mejor aún: ese estilo es el  punto fuerte de su campaña. Si gana –dice– se acabará la confrontación y se inaugurará una etapa de respeto y tolerancia. El resto va de sí: hacer acto de presencia en las tarimas y activar esos clichés que hicieron de él el policía bueno de esta década correísta.

La campaña de Lenín Moreno está perfilada para que él sea un producto-light tras diez años de una guerra de la cual están cansados los propios correístas. Él pretende ser una suerte de poción mágica para desintoxicar al país; un bálsamo reparador para esa franja de electores que, cebados por el populismo correísta, quieren que esto no termine. Más de lo mismo, pero con cortesía: ese podría ser su lema.

Tras una entrada turbulenta (a su regreso de Ginebra) en la que quiso marcar diferencias con Correa, Moreno se calmó. Ya no formula crítica alguna contra el gobierno. Plegó ante el supuesto gigante, como él lo llamó, y ante el aparato oficialista que lo pusieron en cintura. Y si mantiene la estrategia de no decir nada sustancial, ser buena persona, sonreír,  fotografiarse con la gente y exhibirse en las tarimas es porque sus estrategas consideran que, a pesar del desgaste, las cifras aún le son favorables. Si la curva descendente se acelerara, la estrategia seguramente cambiará. En esa dinámica no hay que descartar nada, incluso un distanciamiento con Jorge Glas o una abierta oposición a Rafael Correa.

Ser un producto-light tiene sus restricciones. Y estas son visibles en las redes sociales de la campaña de Moreno. Se nota el énfasis puesto en la elaboración de videos. Parece evidente el ánimo de paliar su ausencia física en muchas partes (por el cuidado que tiene que tener con su salud) con la sobreexposición en redes.

Moreno sobrevuela los temas. Como si bastara evocarlos para que los electores supieran lo que piensa hacer con ellos. Dice cambio, se instala en el sustantivo o en el verbo y gira y gira a su alrededor en pos de una añoranza bucólica. En un video (El cambio verdadero), Moreno se dirige a los electores: les hablan de cambio, de la necesidad de cambiar, en mi gobierno habrá cambios, pero no los cambios de aquellos que quieren regresar al pasado, el cambio verdadero es avanzar hacia el futuro… ¿Qué cambios propone? Lo que se ha hecho, pero más grande. Combatir toda forma de corrupción, hasta erradicarla. El cambio verdadero es avanzar, nunca retroceder… Es mejorar lo que ya tenemos, nunca destruirlo. El cambio verdadero es contigo, aún tenemos muchos sueños por alcanzar… Una proeza: la mayor colección de obviedades en muy pocos segundos.
Moreno habla con la misma ligereza del empleo, transformado en segundos en “empleo, cero” gracias a los créditos que se darán en su gobierno para el sector turístico. Y pide a los electores que acudan en su gobierno por esos créditos. Así liquida otro problema. Y además crítica a aquellos que han dado fórmulas para crear empleo. Moreno en campaña es una colección de alegorías.

El mismo paseo dio en Teleamazonas en la mañana de ayer (4 enero): ¿Glas responsable de la corrupción en los sectores estratégicos? Él ha respondido -dice-, ha dado la cara, colabora con la investigación. ¿Estado de la economía? Estamos mejorando -dice-. ¿Y los prestamos, la plata cogida al Banco Central, los pozos petroleros empeñados? Es dinero para inversión -dice-… Así Moreno huye de la realidad. Miente conscientemente. Lava la cara del gobierno y sus cuentas. Se compra una herencia envenenada. Se convierte también conscientemente en rehén y cómplice de un balance mentiroso, con cuentas trucadas, deudas monumentales, lista de corruptos y contratos secretos. Moreno hipoteca desde ahora su posible Presidencia porque plegó ante la estrategia de Correa. Aceptó como candidato a la vicepresidencia a Jorge Glas y toda la nube oscura de sospechas que lo envuelve. Aceptó a Vinicio Alvarado como jefe de campaña cuando pensaba en un equipo nuevo, suyo. Aceptó defender en bloque toda la gestión correísta y asumir el costo que eso conlleva.

Lenín Moreno hace una campaña inodora, incolora e insabora porque la realidad por la cual tiene que responder y que, de ganar, tendrá que administrar, es penosamente abrumadora. Sobrevolarla es la mejor forma de ocultarla. Y ocultarla es la única obsesión de Correa. Moreno compró como estrategia electoral lo que es, en realidad, la estrategia de disimulo de Rafael Correa que, conociendo el estado de quiebra en que deja la economía, apuesta por el fracaso del próximo presidente. Sea Moreno, Lasso, Viteri o Moncayo. Solo así puede acariciar, desde ahora, la idea de volver en 2021.

Foto: Presidencia de la República

Próximo artículo: la estrategia de Cynthia Viteri

Viteri-Pozo responden a 4Pelagatos

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Cynthia Viteri, candidata a la Presidencia, y Mauricio Pozo, candidato a la vicepresidencia, respondieron al pelagato José Hernández, quien escribió “Cynthia Viteri va por más… populismo“. Este es su texto completo: 

“El día 19 de los corrientes se publicó el artículo de su autoría titulado “Cynthia Viteri va por más…populismo”, el mismo que busca demostrar lo anotado en el título. Al respecto, es para nosotros importante conociendo su prestigio como periodista, hacerle conocer nuestros comentarios sobre el particular.

Jamás vamos a ofrecer en la campaña electoral decisiones que no vamos a poder cumplir. Por un lado porque estaríamos descendiendo al campo de la demagogia que tanto hemos criticado y, por otro, arriesgaríamos nuestro bien ganado prestigio al pretender triunfar en las elecciones presidenciales a cualquier costo. Preferimos no ser los triunfadores pero no deteriorar nuestra imagen pública.

Los subsidios por concepto no son ni buenos ni malos. Son perjudiciales aquellos subsidios que no son temporales, no están presupuestados y no están focalizados. Todos los países tienen subsidios, desde los más capitalistas (Estados Unidos subsidia el trigo) hasta los más socialistas. Por lo tanto, el ofrecer subvenciones no es demagógico, lo sería si la oferta no está debidamente cuantificada, no cumple con los requisitos anotados de lo que sería un “buen subsidio” o, simplemente no se puede cumplir.

En este sentido, cabe en este caso comentarle que la gente pobre del país representa cerca del 23% de la población, esto es, alrededor de 4 millones de personas, representando efectivamente alrededor de 1 millón de hogares. El valor de este subsidio en el Presupuesto del Estado ha variado todos los años, pero en aquellos de mayor impacto éste representó cerca de USD 250 millones, pues se debe recordar que venía aplicándose la llamada “tarifa de la dignidad”. Esta cifra es aproximadamente el 0.8% del Presupuesto, cifra menor casi en el 50% al costo del edificio denominado “Plataforma Financiera” del ciudad de Quito.

Así mismo, cerca del 40% del gasto de inversión del presupuesto del Estado, equivalente a cerca de USD 4.000 millones, es delegable a corto plazo al sector privado, lo que solo por esa vía cubriría la reducción de impuestos y estos subsidios focalizados. Es más, aprovechamos para comentarle que el subsidio al gas que hasta octubre de este año representó apenas USD 125 millones tampoco será eliminado, pues por un lado es un valor no significativo y, por otro, defendemos el principio de libertad de elección de las personas para que ellas decidan con que energía cocinar (electricidad, cocinas de inducción, leña, etc.). Lo que anotamos es simplemente para demostrar que es perfectamente factible y no se trata de ninguna oferta demagógica y sin sustento.En el caso de Mauricio Pozo puede observar su coherencia y sindéresis leyendo lo que sostuvo sobre el tema de los subsidios en sus columnas de opinión el Diario Hoy de las siguientes fechas:23/02/2006, 05/05/2008, 31/07/2008, 07/01/2011 y12/02/2012.

La mejora salarial no puede ser analizada sin observar lo que aplicará el programa económico. El desempleo y subempleo de cualquier país responde básicamente a 2 factores: costos de producción excesivos y una demanda insuficiente. Se pueden tener costos de producción adecuados pero si no hay compradores, el empleo no mejora. Estamos recogiendo lo mejor de las vertientes Keynesianas y Neoclásicas de la teoría económica. Por un lado, estamos reduciendo el costo de producción de las empresas mediante reducciones impositivas, de energía eléctrica, entre otros costos, para de esta forma dejar el espacio para poder subir técnicamente los salarios. Y, al mismo tiempo, estamos promoviendo la demanda con mayor participación privada e inversión extranjera proveniente de un programa económico creíble que genere confianza. Por lo tanto, estas acciones van precisamente en la dirección de corregir esa perversa relación donde 4 de cada 10 personas tienen un trabajo formal.

Estimado José, formamos un equipo de trabajo, Cynthia Viteri tiene conocidos antecedentes y experiencia en temas legales, políticos y legislativos así como Mauricio Pozo registra sus credenciales en temas técnicos en el área económica y financiera tanto en el sector privado como en el sector público como Ministro de Economía y Finanzas. Por lo tanto, Lo que anunciamos es un trabajo conjunto, donde nunca ofreceremos nada al país que comprometa nuestra seriedad y la responsabilidad con que deben tratarse los temas nacionales.

Apreciaremos que esta misiva sea también ofrecida a sus lectores”.

Atentamente,
Cynthia Viteri, Candidata a la Presidencia de la República
Mauricio Pozo, Candidato a la Vicepresidencia de la República

Foto: El Telégrafo

Ramiro Aguilar o el binomio innecesario

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La candidatura Dalo Bucam-Ramiro Aguilar muestra –pero no es la única evidencia– por qué la política cambia tan poco en el país. Dalo Bucaram quiere ser presidente porque se le ocurrió. Y su encuentro con Ramiro Aguilar es la consecuencia directa de la primera ocurrencia. Ya van dos.

Se supone que ser presidente –o querer serlo– es para un político el último peldaño de una carrera política. O de una actividad privada como lo fue para Sebastián Piñera en Chile, Pedro Pablo Kuczynski en Perú o el mismo Donald Trump en Estados Unidos.

Bucaram no cumple con ninguna de esas dos premisas. Tampoco es conocido en el país. Ni tiene una hoja de vida que lo acredite para el cargo al cual aspira. A esto, los franceses llaman tener los ojos más grandes que el vientre. Las encuestas –en eso sí coinciden– le otorgan entre 2 y 4% en las intenciones de voto. El último puesto entre los presidenciables.

Tras diez años de correísmo se pensó que el país político había archivado las candidaturas testimoniales. Y también la vieja tesis de que “no importa ganar o perder; lo que importa es participar”. Se pensó que la realidad política, jurídica, económica e institucional –aplastante y dominante– creada por el correísmo, ponía coto a la fragmentación insulsa en un país del porte de Ecuador y a las candidaturas presidenciales que nacen muertas. En el primer caso, el número de candidatos a la Presidencia sí se ha reducido. En el segundo, los relojes no terminan de ponerse a la hora. La prueba es, precisamente, la candidatura de Bucaram. ¿Qué representa él actualmente en el paisaje político ecuatoriano? ¿Es portador de algún programa específico? ¿Tiene alguna implantación nacional? ¿Tiene un partido representativo y cuadros reconocidos?

Ramiro Aguilar es su adquisición de última hora. Adquisición política que lejos de menguar el sinsentido de esta candidatura, lo incrementa espectacularmente. ¿Qué une a estos dos políticos? ¿Qué valores comparten? ¿Qué tesis de política pública animan y cómo piensan hacerlas triunfar en el país? ¿Qué singulariza su programa hasta volver este binomio imprescindible en el panorama electoral? ¿Qué posibilidades tienen, en un momento tan dramático para Ecuador, para erigirse en alternativa real de poder? ¿Qué lleva a Aguilar a conformar este binomio que luce deshilvanado por donde se le mire?

Aguilar escribía en 4Pelagatos hasta el anuncio de su candidatura. Lo hacía al mismo título que otros políticos que animan el debate público como María Paula Romo, Aparicio Caicedo, Diego Ordóñez… Aguilar pidió a sus seguidores en redes sociales que opinen sobre la posibilidad de un binomio con Dalo Bucaram. 70% de aquellos que le respondieron mostraron su desacuerdo. Señal significativa de una incoherencia difícil de explicar. Aguilar puede decir que su decisión no se entiende porque la lectura que se hace en Quito es desde las élites y que él va camino a toparse con el Ecuador profundo sobre todo costeño que hasta ahora no ha frecuentado. Señal inequívoca de que su decisión –que ni sus seguidores aprueban– tiene una motivación definida: hacerse conocer en el país y ampliar su base social pensando, posiblemente, en una cita futura. Un sueño presidencial, por ejemplo, porque muchos políticos duermen con la banda tricolor ceñida…

Los políticos son dueños naturalmente de sus sueños. Pero precisamente por ser políticos están sujetos no solo al escrutinio público de sus acciones sino al análisis sobre la pertinencia y las consecuencias de sus decisiones. Aguilar, que se veía más en la papeleta con Cynthia Viteri, escogió irse a última hora con Dalo Bucaram. Es una decisión personal respetable, a la cual seguramente ahora se adherirán, como la hiedra a la pared, reflexiones de tipo conceptual y político. Pero tanto a él como a Bucaram les quedará muy difícil convencer al electorado de que su binomio surge de condiciones políticas que lo hacen necesario e imprescindible en este momento en el país.

Señor Moreno: su plan de gobierno es un racimo de ilusiones ópticas

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Señor Moreno,

Usted volvió a la palestra para buscar la Presidencia de la República. Su deseo es lo suficientemente consistente, al parecer, como para haber vencido, entre otros factores adversos, las reticencias de su familia. Quiere usted, dicen sus amigos, entrar en las páginas de la historia y hacerlo siendo Presidente desde el primer día. Lo cual supone no admitir órdenes de su antecesor ni acciones de gobierno contrarias a su deseo de tender la mano y poner fin al odio que Rafael Correa erigió en política de Estado.

Eso es lo que dicen usted y sus amigos. Sin embargo, una nube oscura surca el horizonte cuando se lee su plan de gobierno. Leerlo es exponerse a navegar entre el surrealismo tropical y los sueños, en el peor estilo de los jémeres rojos, tan característicos de Fander Falconi. ¿Quiere usted inaugurar el post correísmo en el correísmo? No hay señales en esa dirección en el programa de gobierno que le entregaron para que lo aplique. Esa ausencia revela una disyuntiva embarazosa: o privilegió usted la necesidad que tenía de congraciarse con el aparato para ser ungido candidato. O sencillamente el post correísmo liderado por usted es una ilusión óptica tan real, pero tan engañosa como las que producen los artistas cinéticos.

Marea leer tantas promesas construidas discursivamente sobre ficciones. Hay por montones. En su programa se dice que ustedes han demostrado su respeto a la diversidad y a las personas. Se dice que han promovido la asignación justa, equitativa y transparente de frecuencias. Se dice que la revolución ciudadana nació con el compromiso de recuperar la dimensión ética en la política. Se dice que la consolidación de la nueva política supone no dar un solo paso atrás en la lucha contra la corrupción y la impunidad. Se dice que a ustedes les caracteriza la concordancia entre lo que piensan, dicen y hacen. Se dice que el país cuenta hoy con un Estado institucionalizado, con entidades y roles claramente definidos. Se dice que se guían por la rectitud, la lucha contra la corrupción y la impunidad, y el imperio de la ley en el manejo de lo público. Se dice que han caminado con apego a la verdad. Se dice que en el continente ya hay pueblos que cayeron en los cantos de sirena de los mismos de siempre y que sus votantes se encuentran hoy sin empleo y se arrepienten de haberlos apoyado. Se dice que los opositores sueñan con la austeridad, los recortes presupuestarios, los despidos, las privatizaciones y los paquetazos. Se dice que ustedes quieren hacer feliz a los ciudadanos (y no hay nada más peligroso que un Estado que cree saber cómo hacer felices a los ciudadanos). Se dice que el socialismo del Buen Vivir no se hará realidad sin una sociedad nueva, con valores fortalecidos (cuyo secreto lo detenta Alianza País). Se dice que se debe fortalecer la sociedad y sus organizaciones (desde el gobierno).

Así, como usted ve, señor Moreno, en el programa de gobierno que le entregaron hay muchas mentiras, exageraciones, falacias, caricaturas, deseos… tomados por realidades. Basta recordar la corrupción impresionante que hay en Petroecuador para entender que para el correísmo algunas palabras perdieron total sentido: ética, transparencia, lucha contra la corrupción… Basta con que usted vea el festival de derroche para entender que su gobierno habla del interés público y del sentido de lo público sin vislumbrar siquiera las obligaciones que esto implica para el gobierno. Basta ver cómo ha manejado el comercio exterior y repasar la penosa cronología de la negociación comercial con Europa para saber que en su programa hay mucha literatura, pésima literatura, y un pírrico concepto de las responsabilidades que conlleva ser un gobierno; no una cuadrilla de pendencieros, lamparosos, arrogantes y aprovechadores del poder.

Usted da la impresión de no entender la conmoción (bien disfrazada con lluvia de petrodólares) que ha vivido el país durante estos diez años. Todo eso empezó con sueños de gente que en su vida había creado un empleo. El programa de gobierno que usted muestra vuelve al mismo sitio: gente que cree que la realidad es plastilina para construir fantasías. Ojalá que en vez de toda esa literatura barata y mentirosa, usted ayude a instalar el país en la realidad-real que no es color de rosa como la pinta el gobierno. Gane o no, ese sería ya un motivo que lo haría diferente.

Con el saludo pelagato de siempre,

Foto: La República

Primera carta:
http://4pelagatos.com/2016/10/11/senor-moreno-cuando-dejara-de-pintar-puertas-en-las-paredes-para-huir-por-ellas/

Segunda carta:
 http://4pelagatos.com/2016/10/12/ve-don-lenin-por-que-usted-no-es-creible/

Moreno, ¿leal con el país o con el patrón?

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Esto apenas empieza para Lenín Moreno. Quedan meses para analizar su estrategia, su discurso, sus propuestas, su presentación escénica y, más importante, su fidelidad o distanciamiento con los ortodoxos del correísmo. Empezando por su jerarca mayor, Rafael Correa, y siguiendo con los guardianes del templo leninista como Doris Soliz o Fander Falconí.

Pero ya empezó. En la Convención Nacional de Alianza País, el ex vicepresidente efectuó un repliegue táctico evidente: ante Correa, ya no tendió la mano a los adversarios ni habló de tolerancia o respeto al criterio ajeno. Ya no invitó a volver a aquellos que se han ido (por culpa del gigante que tenía al lado). Ya no reventó los globos de la retórica oficialista sobre el empleo, el turismo, la industria…

Esta vez habló de lealtad porque Correa lo llevó a ese terreno. Lo que parecía decir a miles de delegados de su movimiento, estaba directamente dirigido a él. A Moreno. Le dijo, sin mirarlo, que no va a permitir que él se aparte o tome distancia del Gobierno. Que debe seguir en la misma dirección y con Alianza País. Que tiene 38% de votos duros (no dijo según qué encuesta porque esa encuesta no existe) y que apoyando sobre el mismo acelerador basta para ganar en la primera vuelta. Que no debe oír los cantos de sirenas que, desde los movimientos sociales o desde la sociedad, exigen cambios. En minutos, antes miles de personas congregadas en el estadio del Aucas, fabricó un corral para Moreno. Y de yapa, el candidato oficialista recibió el plan de gobierno para que sepa qué hacer y en qué sectores. Un programa para ampliar la revolución…

Esto apenas empieza para Moreno y nadie sabe, a ciencia cierta, si forjará un liderazgo propio o aceptará que lo manden desde Bélgica. Pero hasta ahora ha producido algunas señales que conviene leer, porque seguramente las pensó largamente antes de incluirlas en su repertorio: llegó al país el 27 de septiembre con la mano tendida. El sábado 1 de octubre, efectuó un repliegue forzado. A la convención fue con camisa blanca; Correa, Glas, Soliz, Falconi…, y todo el aparato vistieron el verde flex.

Su discurso volvió a ser descosido. Pero aún así genera una marcada diferencia con el aparato correísta. Moreno mantiene ese estilo coloquial, hecho de frases sueltas y salpicado de los chistes de bajo vuelo propios de un motivador. No ganará un concurso de oratoria, pero con ese estilo produce un quiebre manifiesto con Correa, Glas, Soliz, Falconi, Rivadeneira… ministros, funcionarios, militantes y troles. Con todo el aparato de propaganda ocupado en fabricar mentiras y sofismas.

Hay que repasar el video de lo que ocurrió en el estadio Aucas, para calibrar la diferencia. Correa, Glas y Soliz ya parecen muñecos hablantes. Sus discursos lucen programados y plenos de lugares comunes, lemas y cifras discutibles. Todos recitan, a toda hora. No parece importarles circunstancias, tampoco interlocutores. Correa dice lo mismo en la sabatina, ante los supuestos revolucionarios del planeta, en una conferencia magistral, en una rueda de prensa… Glas se atraganta con lo mismo. Soliz habla, sin vergüenza, de los impresentables troles como su ejército de guerreros. Habla de soldados. Habla de guerra. No oculta su admiración por dictadores como Castro, miserables personas como Maduro o corruptas como Cristina Fernández. Habla de memoria. Condena el individualismo capitalista como si en su gobierno no tuviera precisamente individuos que se han enriquecido en estos diez años. Falconí habla de un futuro feliz de esa forma tan suya que trae a la memoria al camarada Pol Pot y a sus tenebrosos jémeres rojos.

Todos recitan. Como poseídos. La economía real dejó de interesarles desde hace tiempo. Ocultan las triquiñuelas que hacen en el Banco Central para disfrazar la quiebra económica, la deuda impagable, la política de saqueo en el IESS. No oyen las exigencias de rectificación y cambio que les envía la sociedad. Desde hace tiempo consideran desleal a quien no repite su retahíla.

Moreno no lo hace. Titubea es cierto, pero no repite la homilía oficial. Y al no hacerlo crea una expectativa en la campaña electoral que interesa a todos los demócratas: ¿hará campaña de propuestas en vez del sermón predecible del correísmo? ¿Hará propuestas en vez de imitar a Rivadeneira, Soliz, Glas, que imitan a Correa? ¿Generará algo de pensamiento político en vez de la recitación que incluye “década ganada”, “el pasado no volverá”, “Plan Cóndor”, “Unidos somos más”, “Vamos por más” “Modelo exitoso en el mundo”, “Ecuador ya cambió”…?

Moreno no necesita solamente ganar a Lasso, Moncayo, Viteri… Si logra ganar, tiene que gobernar. No le basta con ganar incluso en la primera vuelta: los factores de la realidad en el país –empezando por la economía– imponen que el próximo gobierno tramite amplios acuerdos para saldar la factura que deja el correísmo. Pues bien: Correa, obnubilado por fabricarse un monumento histórico que lo muestre como un coloso, arrastró a todo el movimiento hacia un discurso épico vaciado de realidad.

Por eso es capital, para el país que deja Rafael Correa, que Moreno –como los otros candidatos– pongan los hechos y la realidad por delante de las consignas. Y eso empieza por la forma en que enfocarán la campaña. Ojalá la cantaleta revolucionaria de Correa –absurda, falaz, hueca, dañina– se vaya con él.
Ojalá la renuencia de Moreno de recitar esa homilía fantasiosa sea una señal de que está pensando serenamente el panorama que deja quien se cree dueño del país y su futuro. También su dueño. Hay que ver porque, como ya se dijo, nadie sabe a ciencia cierta quién es verdaderamente Lenín Moreno.
Foto: El Ciudadano

Presidenciables 3: Moncayo entre el centro y la vieja izquierda

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Los amigos de Paco Moncayo creen que si se lanza a la campaña presidencial, tiene tiempo y posibilidades de llegar a la segunda vuelta. Y Paco Moncayo tiene amigos en Democracia Sí, Pachakutik, los socialistas, Montecristi VIVE, Unidad Popular (ex MPD), … que fueron aliados del correísmo. O que siguen coqueteando con él, como el Movimiento VIVE de Antonio Ricaurte.

Esta franja, tradicionalmente de centro-izquierda o extrema izquierda, rebosa de optimismo: con mucho voluntarismo, sus portavoces afirman que el país no está confrontado a la dinámica del péndulo (entre la izquierda y la centro derecha), pues Correa no es, a sus ojos, un político de izquierda. Es claro, para muchos, empezando por el propio Moncayo, que el electorado no votará por el socialcristianismo o un ex banquero. Si el electorado quiere salir del correísmo votará por una corriente progresista que, tras diez años de autoritarismo, está curada de extremismos. ¿Lo está el ex MPD, cuyo caso se cita a menudo?

¿Qué abona al optimismo en esta tendencia? Algunas cifras de los sondeos que dicen que un poco más de la mitad de los electores (se cita el 56%) no tiene decidido su voto. Se da por descontado que ese porcentaje registra la duda que tiene el electorado de votar por el candidato del gobierno o de la centro-derecha. Ese vacío pide ser llenado.
La Sierra tampoco tiene candidato de oposición y es en Quito, en particular, donde se han dado las mayores muestras de descontento. Tercero: solo un candidato de esta tendencia puede juntar movimientos con fuerte organización social e implantación política territorial. Por último, las cuentas que hacen les suenan verosímiles: si la izquierda y los movimientos sociales (incluida la ID que pugna por reconstituirse) recuperan su votación tradicional, el candidato de la tendencia arrancaría con cerca del 10%. En la dinámica electoral pueden sumar los votos necesarios para estar en la segunda vuelta. Es obvio que en esta tendencia nadie cree que Lenín Moreno pueda ganar en la primera.

En bloque, las cuentas que se oyen, además de alegres, parten de un supuesto: el candidato unánime se llama Paco Moncayo. Esto no es un hecho todavía. No lo es para Pachakutik, por ejemplo, que tras haber hecho primarias, escogió como su candidata a Lourdes Tibán. También ella cree que el candidato de la tendencia debe surgir de alguna medición. Un pedido que otros movimientos no parecen prestos a escuchar. Porque ya han perdido demasiado tiempo. O porque consideran que Moncayo es el único capaz de unir tendencias tan disímiles. ¿Un binomio Moncayo-Tibán? Imposible. Los dos son serranos y algunos, como en Democracia sí preconizan que la fórmula se complete en la Costa. El caso de Lourdes Tibán encierra un dilema más: ella ya no puede ser asambleísta. Solo puede ser candidata a Presidenta o vicepresidenta. Esto hace temer a algunos que Pachakutik quiera mantener a su candidata y que esto fraccione más la tendencia.

Moncayo quiso, desde hace tiempo, llegar al acuerdo enarbolando de su lado la bandera de la Izquierda Democrática. Esa fue la razón por la cual retrasó su decisión hasta que el partido fuera reinscrito en el CNE. Tarea que Wilma Andrade, presidenta del partido y quien lideró el proceso de reconstrucción, cumplió a finales de julio. Pero tampoco en la Izquierda Democrática el debate sobre si Moncayo es su candidato está cerrado.

El ex presidente Borja lanzó, desde hace meses, el nombre de Jefferson Pérez como el perfecto outsider de la contienda electoral. Su nombre sigue sonando entre muchos militantes de ese partido que consideran que es hora de apostar por la reconstrucción del centro político y desligarse de la vieja izquierda que, en algunos casos, sigue pensando con los cánones de la guerra fría. Para esa franja de militantes, la decisión está en manos de Jefferson Pérez quien aspira, al parecer, a hacer carrera política; no a empezar por la candidatura a la presidencia.

El nombre de María Paula Romo también fue considerado. Pero el entronque que tuvo con el correísmo, más los efectos adversos que tuvo en la opinión la llegada de Ramiro González a la Unidad, parecen haber enfriado los ánimos.

Moncayo es el nombre que más pesa en la Izquierda Democrática. Pero allí, como en algunos otros movimientos, hay preguntas sobre su capacidad para halar la tendencia hacia un centro renovado. “Moncayo, el político –dice uno de sus amigos– es uno. Pero ideológicamente él es izquierdoso. Él puede considerar que Moreno es mejor que Lasso. Por eso se presentó con Alberto Acosta al lado, en su última rueda de prensa, a pesar de saber que Alberto causa roncha entre muchos de nosotros porque ha perdido credibilidad”.

Este problema no atañe a Moncayo en particular. Lourdes Tibán o cualquier otro candidato por esta tendencia, tendría el mismo dilema: generar un discurso-tipo-fanesca que represente esa tendencia que arrastra las taras de la vieja izquierda, o aprovechar esta contienda para, en nombre de esa tendencia, proponer un discurso de renovación.

Por ahora, Moncayo parecer ser quien más cerca está, en la tendencia, de echarse este reto al hombro.

Foto: Lourdes Tibán y Paco Moncayo/ El Expreso

Presidenciables 2: Lasso y Viteri libran dos batallas en una

Presidenciables 1: ¿Del correísmo al morenismo?

 

 

Presidenciables 2: Lasso y Viteri libran dos batallas en una

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Ni Guillermo Lasso ni Jaime Nebot han explicado al electorado por qué en este momento, en lo que parece la misma tendencia, hay dos candidatos a la Presidencia de la República. Nebot exhibió en algún momento algún video con nimiedades dichas por Lasso. Y el líder de CREO tras haber consagrado sus últimos años a su anhelo de ser presidente, se ha condenado a mantener su candidatura hasta que los electores decidan. Eso en muchas tiendas políticas es motivo suficiente para disuadir cualquier alianza.

Las diferencias entre Nebot y Lasso siguen siendo indescifrables para los electores. El líder socialcristiano nunca ha explicado por qué está más cerca de Ramiro González que de Lasso. Y el líder de CREO tampoco ha dicho cómo logrará el salto electoral que requiere para forzar una segunda vuelta; esto en caso de que los electores ratifiquen en las urnas la posición que le otorgan los sondeos.

En todo caso, en esa tendencia de centro derecha, Lasso está mucho mejor situado que Cynthia Viteri, la candidata de Nebot que seguramente también lo será de la Unidad. El anuncio de su candidatura no pateó el tablero electoral por una razón que nada tiene que ver con ella ni con sus atributos políticos: muchos sectores esperaban que Nebot se lanzara. Hasta en la Shyris, en las manifestaciones que antecedieron la visita del Papa el año pasado, muchos pidieron a Mauricio Rodas que se uniera a Nebot. Su negativa, su aversión inexplicada a la candidatura de Lasso, su alianza con Ramiro González, ha creado un ambiente complejo para que despegue la candidatura de Viteri.

Objetivamente, ella competirá con un candidato oficialista fuerte (Lenin Moreno), tiene enfrente a Lasso (que según dice ha recorrido doce veces el país) y un centro-izquierda más preocupado por recuperar su espacio que por forjar alianzas en la primera vuelta. Pasar del 8% actual, que le dan los sondeos, a forzar una segunda vuelta es un reto descomunal para ella. Hay que sumar los problemas evidentes que tiene la Unidad: la presencia de Ramiro González fragilizó esa alianza. Por ello, César Montúfar parece estar más fuera que dentro y Cynthia Viteri, tras haber querido soslayar ese problema, reconoció en su cuenta Twitter, que los nombres; es decir, Ramiro González, sí es un tema digno de ser debatido. Su campaña arrastrará ese debate. La presencia de González, por la naturaleza de esta campaña, será una piedra en sus zapatos. ¿Paúl Carrasco plegará sin chistar a que ella sea la ungida? Carrasco tiene legítimos anhelos presidenciales pero sus escuálidas cifras en los sondeos no parecen sustentar sus pretensiones.

Viteri y Lasso, además de la campaña presidencial, se enfrentan en otro terreno: la hegemonía en el sector de la centro-derecha. Eso implica la permanencia del modelo socialcristiano o su reemplazo. Esto puede explicar, en parte, el distanciamiento entre Nebot y Lasso, unidos antes por una vieja amistad. Es obvio que hay una pugna de liderazgo en una tendencia cuyos límites son imprecisos. Nebot tiene un enorme capital político en Guayaquil. Pero comparte en un alto porcentaje (alrededor del 70%) con el correísmo. Lasso pretende marcar más esa tendencia política e ideológicamente pero, a la postre, también está haciendo alianzas con caudillos locales. No es exacto, entonces, pensar que Lasso evita las alianzas: parece más exacto pensar que evita a Jaime Nebot quien muestra una natural propensión a liderar esa tendencia sin bajar a la arena electoral presidencial. Esto lo hace desde que perdió la Presidencia en 1996 –en su segundo intento por ganarla–, esa vez con Abdalá Bucarám. Lasso es, entonces, en ese contexto, el político que además de correr por la Presidencia, disputa el liderazgo de ese espacio tradicionalmente etiquetado como centro-derecha.

Por eso su estrategia electoral parece anclada en dos ejes: ser el polo de la oposición de derecha en el país y poner distancias con Nebot, quien le ha pagado con la misma moneda. Lasso hace una apuesta arriesgada porque, en los hechos, quiere ganar dos batallas en la primera vuelta: forzar una segunda vuelta contra el correísmo y evitar ser rehén del modelo que ha sido hegemónico en la centro-derecha desde que León Febres Cordero fue presidente de 1984 a 1988.

En la contienda, Lasso no depende únicamente de él para ganar. Depende del porcentaje de votos que logre captar de los indecisos, del nivel de crecimiento (o desplome) de la candidatura de Cynthia Viteri, del desgaste que tenga (o no tenga) Lenín Moreno como representante de la década correísta… Depende, igualmente –entre muchos otros factores– del equilibrio que cree, ante los electores, entre la crítica al actual régimen y sus propuestas.

Lasso y, en peores circunstancias Cynthia Viteri, nada tienen ganado. No solo compiten entre ellos; dependen sobretodo de los errores y desaciertos de Lenin Moreno y de los eventuales apoyos que reciban de Rafael Correa quien, en campaña, como ya se ha visto, aumenta su nivel de desenfreno.

Mañana: ¿Paco Moncayo será el hombre del nuevo centro o de la izquierda vieja?

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