Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

Tag archive

Presidenciables Ecuador

… Y llegó el 19 de febrero

en Columnistas/La Info/Las Ideas por
diego-ordonez-ok

El dinero fluía a borbotones por los oleoductos. Los abusos, represión y pisoteo de libertades se soslayaban por la sensación de bienestar económico. Era la época en que se fraguaba el colapso de la economía y que la propaganda -la perversa propaganda obra de dos mequetrefes sin moral- cínicamente calificó del “milagro ecuatoriano”. Lo obvio sucedió. Se robaron el futuro despilfarrando en el presente y cuando la cresta de la ola se vino abajo, dejó ver los latrocinios, las coimas, la corrupción.

Este colapso moral y de la economía han tenido efectos políticos contundentes. El correísmo ya no navega en un océano de un gran apoyo electoral. La credibilidad de Correa y de Moreno, que siempre fue superior, han caído sustancialmente. Y la intención de voto, mas allá de las inverosímiles cifras que a propósito filtran desde la campaña correísta, no bordea los porcentajes con los que Correa fue electo y reelecto.

El error de Glas en la fórmula presidencial fue subsanado escondiendo a tan cuestionado personaje, al punto de no aparecer en la tarima del cierre de la campaña de Moreno en Quito. Lo que se explica porque se siente el cabreo de la clase media que durante mucho tiempo fue puntal político del correísmo. Quisiera ver a cualquiera de los jerarcas del gobierno, caminar por la calles sin resguardos, sin tonton macoutes, para que sientan “las encuestas de carne y hueso” en su carne y en sus huesos.

Han sido diez años de pesadilla. De ronquidos y gruñidos sabatinos. De inundar de odio. De una incesante publicidad mórbida. De imposiciones atrabiliarias. Diez años con la sensación de que una mafia se apoderó de todas las instituciones para su servicio y su sevicia.

No hay mal que dure tanto ni cuerpo que lo resista. Y llegó el momento en el que la suma de las crisis política, económica y moral, han creado condiciones favorables para derrotar en las urnas al populismo chavista y desalojar del poder a una ralea de aprovechados, sin talante ético para dirigir un país.

En medio de la angustia del deterioro electoral, Moreno recurrió al ofertismo en nivel de supina irresponsabilidad. Se negó a debatir, a exponerse a medios o periodistas que podrían ponerle en riesgo por su limitada retórica y pereza neuronal. Probablemente muchos de aquellos a los que el correísmo aventó al desempleo se dejen nuevamente engañar por las ofertas falsas dichas por un buenoide de apariencia afable. Tengo la certeza de que este domingo 19 de febrero los engañados o fanáticos no serán suficientes para perennizar la pesadilla y que tendremos la opción de votar por el cambio y lograr ese cambio.

Para muchos, ojalá la mayoría, el estatismo político y económico les ha movilizado a apreciar y demandar un sistema de libertades. Un sistema en el que el Estado no sea el que se apropia de los recursos porque tampoco los redistribuye, mas bien los digiere en ineficiencia y corrupción. Un sistema que respete la iniciativa individual y permita competencia sin prebendas ni protecciones. Llegó el día en el que podemos optar por esa alternativa.

Luz gratis, aumentar el valor del bono, aumentar sueldos, perdonar deudas e intereses, casas gratis, y ofertas de esta laya, que se escucharon desde los populismos de derecha y de izquierda son fraudulentas. Reproducen los elementos propicios para nuevas aventuras populistas. Llegó el día en el que también permitamos el surgimiento de opciones políticas que se no se construyan sobre el carisma tarimero e histriónico y en el clientelismo. Al fin ese día llegó.

Diego Ordóñez es abogado y político.

¿ Qué les pasa que lucen tan desesperados?

en La Info por
Captura de pantalla 2017-02-16 a las 6.53.29 p.m.

Lenín Moreno ganará de largo en la primera vuelta: ese es discurso del oficialismo. Los hechos no parecen acompañar ese optimismo propagandístico: Lenín Moreno multiplica su carnaval de ofertas; Jorge Glas ya no es exhibido en la tarima y Rafael Correa redobla medidas y ofrecimientos con claro sello electoralista.

El correísmo da señales inequívocas de ansiedad e incertidumbre. En estos días cruciales para su sobrevivencia cortocircuita los mensajes. La esposa del Presidente no había hecho hablar de ella en diez años. O apenas. De pronto lo hace pero en desmedro suyo y del gobierno al apoyar a un procesado por la violación de un niño de 5 años. René Ramírez, en un claro intento para justificar el elefante blanco de Yachay y la supuesta atracción que ejerce la revolución Ciudadana sobre los inversionistas extranjeros, inventa una farsa de una osadía incomensurable: la llegada de $3 000 millones para construir autos eléctricos en Yachay. El vocero de Tesla desmiente en 4pelagatos ese infundio, que Correa también promocionó.

¿Hace esto un gobierno seguro de que su candidato gana en la primera vuelta? ¿Un Presidente saliente, seguro del triunfo de su sucesor, planifica inauguraciones en educación, salud y vialidad (algunas a medio terminar) y regaña a sus funcionarios por no tener presente “los tiempos políticos”? ¿Se acuerda, tras diez años de gobierno, de subir salarios a 15 000 maestros? ¿Abre hospitales con equipos prestados y un nivel de operatividad que no supera en casos –el del Guasmo Sur– el 60%? ¿Viola el artículo 205 del Código de la Democracia que prohíbe la publicidad con fines electorales? ¿Promete pagar a los proveedores con los que el Estado tiene deudas desde que bajó el precio del petróleo? Un presidente seguro de que su candidato va a barrer en las elecciones, ¿condona costas, gastos, recargos e intereses (como consigna en la Ley que mandó a la Asamblea) para beneficiar a los deudores de BanEcuador (ex Banco Nacional de Fomento) por hasta $20 000? ¿Esto a ocho días de las elecciones?

Ese baratillo de ofrecimientos de última hora compone un cuadro que, si se junta al populismo desenfrenado de Lenín Moreno, habla de un candidato en jaque; no de un candidato al que le sobran votos como afirma el oficialismo. Esto conduce a otra paradoja: Moreno no hace campaña aludiendo al balance de Correa; tampoco recitando el programa de gobierno que le entregó Alianza País  y que él se sentó a evaluar con algunos jerarcas del correísmo. Hace campaña como un desheredado: multiplicando ofertas populistas cuyo monto, para el erario público, no parece preocuparle.

En este ejercicio, el candidato oficialista puede ser etéreo, como lo es en el plan “Toda una vida”. Ese video merece ser visto: es una pieza de colección donde se ve cómo un político pide votos y, al tiempo, mete la mano en los bolsillos de los ciudadanos. Es un plan -dice él- para madres y niños “desde la concepción hasta los primeros mil días del bebé”. Un plan para jóvenes: “se crearán –dice Moreno– miles de plazas de trabajo y daremos créditos (hasta $15 000) a tus emprendimientos”. El bono de desarrollo subirá a $150 “dependiendo de las condiciones de vulnerabilidad de la familia”? El plan no olvida a los abuelos. Se llama “Mis mejores años” y al candidato se le oye decir que duplicará la pensión a $100. Con “casa para todos”, cientos de miles de familias tendrán casa propia “sin costo para los pobres y con mínimas cuotas ($20 mensuales) “para quienes puedan pagar algo”… Ese plan es un pasaje hacia la felicidad total pagada por el Estado. Casa, empleo, bonos… Todo casi gratis. Todo en el mejor estilo de Fredy Ehlers. Los interesados solamente deben inscribirse por Internet y dejar sus datos reales…

En este ejercicio, el candidato oficialista también puede ser pasmosamente concreto. Ejemplos: en Tonsupa, Esmeraldas, prometió, a las personas con discapacidad y a sus familias, vivienda digna “sin pagar un solo centavo”. A las parejas jóvenes ofreció construcción de viviendas. “Daremos vivienda a los jóvenes ecuatorianos con mensualidades desde $ 20 hasta $ 60 sin entrada”. En Milagro dijo, este 10 de febrero, que a partir de mayo subirá la pensión jubilar de los afiliados al seguro social campesino a $100 mensuales…

Lenín Moreno no parece el continuador de un modelo exitoso como pregona el presidente, sino un candidato que para ganar recurre al peor libreto: hacer actos de prestidigitación y mentir sin empacho para embaucar al elector. Así, en los hechos, se ha convertido en el candidato más populista de los ocho aspirantes a la Presidencia. Su ramillete de ofertas y las medidas o leyes que Correa se ha inventado para ayudarle, tienden a probar que no tiene todos los votos que dice el oficialismo. Moreno además pone algunas bombas de tiempo en su propio camino: si llegase a la Presidencia tendrá que pagar las facturas que Correa deja porque construyó, durante la bonanza económica, una clientela electoral que hoy es insostenible mantener. Moreno hace méritos para que ese panorama reviente la economía por completo.
Foto: Presidencia de la República

¿Sabe por qué vota el Mashi por Lenín?

en Caricaturas/El Humor/La Info por
Captura de pantalla 2017-02-13 a las 8.40.01 a.m.

El Mashi no vacila: su decisión está tomada. Chamorro tiene claro por qué el excelentísimo hace campaña, de corazón y con fondos públicos, por Lenín Moreno. En cambio los ciudadanos, alrededor de un 20% al parecer, todavía no saben por quién sufragar el próximo domingo. Y están sometidos a las más disparatadas ofertas…
Sigue leyendo

Binomio Moreno-corrupción

en Columnistas/Las Ideas por
diego-ordonez-ok

Las batalla de tuits y videos entre Capaya y Correa muestra varias facetas de la corrupción. Así como Facundo Cabral definía los distintos tipos de pendejos, la cloaca en la que se ha convertido el Estado y el movimiento político que lo convirtió en su feudo, sirve para identificar las formas en que las personas pueden ser corruptas.

Están los que hacen: son los que tienen la capacidad de vender sus decisiones. Adjudican contratos por su voluntad, con la chequera abierta para sobrepagar precios.
Están los que no hacen: aquellos a los que la ley y la ética obligan a fiscalizar, denunciar, investigar, sancionar y que guardan silencio por complicidad, por miedo o por –y es lo más seguro– una tajada en la mordida corrupta para llevarla a sus bolsillos.
Están los que facilitan: aquellos que legislan para ampliar la discrecionalidad del funcionario público, que declaran en emergencia las obras para justificar la adjudicación a dedo; que persiguen a los que denuncian para espantarlos y dejar a salvo a los que roban.
Están los encubridores: no recogen la denuncia y la procesan sino que usan la publicidad y la mentira para declararse víctima y gritar, desde el lodazal, que el gobierno es pulcro y que los corazones arden aunque es evidente que son sus bolsillos los que queman.
Están los sinvergüenzas: los esféricos diría Cabral porque se les ve por todos los lados que se aferran al cargo sin aceptar ningún nivel de culpa por haber permitido el latrocinio.

La ética revolucionaria es, a estas alturas, fétida y tan limpia como sanitario de gasolinera. Los jerarcas del gobierno, entre prófugos y aspirantes a prófugos, apenas tienen formas para tratar de limpiarse la boñiga que se arrojan levantando el secreto de sus tratos íntimos, o sea, sacando sus trapos sucios al sol. Pareja ha hecho su parte y Correa la suya, dejándose llevar por el hígado, y están haciendo una contribución a la transparencia. Paradoja cínica: por la pelea entre compadres, por versiones de prófugos, la verdad se va conociendo.

Lenín Moreno decidió cobijarse con esa colcha sucia. Fue vicepresidente cuando se han producido estos actos de corrupción. Y su binomio, aquel que nunca tuvo un asomo de pudor cuando se evidenció la copia del Rincón del Vago, ha estado a cargo durante estos años de las áreas del feriado de las coimas: en PetroEcuador y en las obras construidas por Oderbrecht. En esas áreas Glas tuvo el control, la decisión, la supervisión y debería tener la responsabilidad.

En un país de gobernantes decentes, de instituciones decentes, de funcionarios decentes, ya habrían renunciado todos, pidiendo disculpas por haber permitido tanto latrocinio. Por el contrario, por la ética inaugurada hace ya diez años, tenemos funcionarios que retan, que son capaces de sustraerse entrevistas realizadas por periodistas independientes (abrazo a Janet y a Tania, al paso) para editarlas y distorsionarlas; que se inventan conspiraciones. El contra-ataque mediático del correísmo pinta de cuerpo entero su genética moral.

Moreno pretende sustraerse a este mega escándalo. Con el tono trastrabillado ofrece combate a la corrupción. Así como empleo. Y lo hace cuando ha sido su tutor político quien ha sepultado la moral y el empleo. Cree que escondiendo a Glas del escrutinio de la prensa esto se diluirá suponiendo que, una remota reelección les garantizará la impunidad de la que han gozado estos diez años.

Sea lo que fuere que suceda en la elección que se avecina, lo cierto es que quedará escrito en los libros de historia que este gobierno es el más corrupto del que se tiene memoria y que sus funcionarios han sido, más que servidores, usufructuarios en muchas formas: por abusos de poder, por uso libertino del dinero público en despilfarro, viáticos, becas; por embolsicarse el dinero impúdicamente; y por el silencio cómplice e inmoral de tantos de cuya hoja de vida, en algún momento, por vergüenza, deberán eliminar que, de alguna forma, sirvieron al correísmo.

Diego Ordóñez es abogado y político.

Un debate que sirve para casi nada

en La Info por
Captura de pantalla 2017-02-06 a las 2.25.46 p.m.

Ahora se entiende por qué Lenín Moreno fue al diálogo organizado por El Comercio. Porque él (como cada uno de los otros candidatos) puede decir lo que quiere. No es diálogo. Peor debate. Es un monólogo, como diría Rainer Maria Rilke, en la múltiple compañía de sí mismo.

Decir lo que quiere es el sueño de cualquier político. Decirlo sin que nadie lo confronta, repregunte, lo contradiga, lo corrija o le pida concreciones, precisiones o datos. Decir por ejemplo que va a aumentar el número de profesores o de médicos. Que va a incrementar el monto del bono solidario. Que va a regalar electricidad a los pobres, dar créditos baratos a los agricultores, pensiones a todos los abuelos o crear fondos de emprendimiento para los jóvenes. Decirlo sin que tenga que hacer ni siquiera sumas y restas y cotejarlas con un presupuesto insostenible y con una deuda impagable en las actuales circunstancias.

Debatir o dialogar así con los políticos que piden el voto para ir a Carondelet es entronizar la irresponsabilidad y, además, ungirla en ritos simulados. Ni hay debate. Ni hay diálogo. Es una secuencia de ejercicios retóricos en la cual los candidatos dicen lo que quieren, como quieren y, además, se les agradece por ello. Todos se creen victoriosos mientras el elector constata, con impotencia y desesperación, que estos encuentros no sirven para casi nada. Y así seguirá siendo mientras se entienda que a estos debates simulados puede asistir todo aquel que se inscriba como candidato. Tanto Lenín Moreno que supera, al parecer, el 30% de intenciones de voto, como Iván Espinel y otros candidatos que no llegan al 1%. En este caso, toca agradecer que solo haya ocho candidatos en vez de 13 como sucedió en 2006!

Mientras no haya mecanismos de medición que permita dilucidar que candidatos son los más opcionados –por ende, los que tienen que precisar sus propuestas y debatirlas ante los electores– cualquier formato resultará un verdadero atraco a la fe pública. Se entiende, entonces, por qué Lenín Moreno contaba con este “diálogo” para poder decir que no rehúye los debates. Todo se resume en las actuales condiciones a estar presente. Esta vez estuvo y, por supuesto, que, aunque no debata, la televisión es un medio que desnuda a quien se exhibe ante las cámaras.

Moreno mostró que no tiene programa específico suyo en sector alguno. El formato cerró la puerta a su esquema coloquial y supuestamente chistoso en el cual lo que menos importa es lo que dice. Un minuto o minuto y medio para sus respuestas le creó una camisa de fuerza en la que se le vio inquieto, parco, fuera de lugar. Moreno fue al diálogo con una idea evidente: dividir las aguas entre los otros y él. El resto como portavoces del pasado; él como representante de un continuismo que quiere renovarse. Su problema fue ese: que no mostró diferencia alguna con el correísmo y, lejos de singularizarse, se refugió en el discurso impotable a estas alturas de Rafael Correa; solo apto para su electorado duro.
Si se piensa que el foco de atención iba a estar sobre Lenín Moreno (por ser el primero en los sondeos y porque no había ido en Guayaquil), pues falló el ejercicio que, en este caso, no se mide por la capacidad que tenga de suscitar emociones sino por la coherencia y rapidez que muestre para sintetizar sus propuestas. Genérico y errático el candidato oficialista exhibió ese aire de superioridad política y moral que tanto machaca Rafael Correa y que lo hace impotable. Sus estrategas quisieron que marque la diferencia con los otros y por eso los agredió. Un error de bulto que contradice ese discurso buenoide y empalagoso con el que pretende ganar.

Moreno facilitó la tarea de Guillermo Lasso quien lo ignoró olímpicamente. El candidato de CREO prefirió centrarse en su propuesta mayor (un millón de empleos en cuatro años) que, además de singularizarlo en la campaña, le permite evitar las ofertas populistas. Si se juzga por el empeño que puso en anclar la propuesta del millón de empleos, se debe concluir que sus estrategas la juzgan rentable electoralmente. Pero eso mismo convirtió su discurso en una retahíla de la cual tampoco dilucidó cómo la hará efectiva, en qué sectores y bajo qué condiciones. Lasso sacrificó la versatilidad de las propuestas que los electores desean saber al lema de campaña que ciertamente lo conecta con una de las necesidades mayor sentidas por los ciudadanos. Lució menos que en Guayaquil.

Cynthia Viteri no atacó a Lasso: algo más aprendió de la pésima presentación que tuvo en Guayaquil: se retiró los lentes que ocultaron su rostro y jugó, en ese ambiente tenso y sobrio que impone un set de Tv., a ser jovial y fresca. Su problema está en no poder, hasta ahora, justificar políticamente su candidatura. ¿Qué la hace necesaria en esta elección? ¿Qué aporta al espectro de ofertas electorales ser la única mujer en esta campaña? Sus estrategas, que midieron el error que cometieron al llevarla a encarnar el papel de chimbadora, parecen haberse refugiado en dos líneas de trabajo: que haga propuestas populistas y que use poses y un tono de cercanía, de pana, de cheveridad, que le dan un aire de actuación forzada. Lo mismo ocurre con el uso de su yo en sus propuestas: “yo daré”, “yo crearé”, Yo… Yo… Viteri habla como si en vez de aspirar a administrar el Estado y sus instituciones, pretendiera convertirse en dueña de las mismas. Al parecer olvida que los dueños del país llevan hablando así desde hace diez años.

Paco Moncayo hace honor a su biografía. Veterano, curtido en muchos escenarios, se muestra como un hombre que sabe y que tiene experiencia. No aprendió de Guayaquil donde perdió mucho tiempo en diagnósticos o presentación de un tema, antes de formular sus propuestas. El formato no da tiempo para eso. Moncayo maneja temas que enriquecen la agenda presidencial (ecología, derechos de minorías, reforestación, tratamiento del agua… ) que ayudan a singularizarlo. La pregunta de fondo es si el momento político se presta para la tercera vía que propone. O si el electorado tiene que dirimir entre continuar con lo mismo o cambiar radicalmente dando paso a la ley del péndulo.

El debate no aportó tampoco nada con respecto a los otros candidatos: mejoró Washington Pesantez, más articulado, rápido y coherente en su discurso. Patricio Zuquilanda no se acomoda al formato y esto es para él un tema estructural. En cuanto a Iván Espinel y Abdalá Bucaram cualquiera se pregunta por qué pretenden ser presidentes a la edad que tienen. Bucaram es un retórico y un populista consumado. Espinel es la mejor expresión de que un candidato como él nunca debería participar en un debate en el cual deben participar las personas que tienen condiciones y posibilidades reales de llegar a la primera magistratura del Estado. También él, por ahora, carece de las dos.

Foto: diario El Universo

…Y con esto reclame un poster de Lenín

en Caricaturas/El Humor por
Captura de pantalla 2017-02-05 a las 1.07.41 p.m.

La campaña, sus ofertas populistas (sobre todo de Lenín Moreno y Cynthia Viteri)… Y la realidad de la economía que deja el correísmo: un panorama crudo que Chamorro describe con humor e ingenio.

Sigue leyendo

Elecciones 2017: ¿sabe quién va a ganar?

en La Info por
Captura de pantalla 2017-02-02 a las 10.04.09 a.m.

A 17 días, esta elección sigue siendo impredecible. Votar informados –un derecho que tienen los ciudadanos– será esta vez imposible. Las encuestas están fallando (se ha visto en el Reino Unido, Colombia, Estados Unidos…) y en Ecuador sus enormes disparidades generan perplejidad. No solo hay incertidumbres: la lógica de la campaña conduce a los candidatos a negar todo aquello que les es desfavorable.

¿Cuál es, en ese contexto, el panorama que tienen ante sí los electores? Aquel que han puesto a circular los sondeos que, a pesar de sus incomprensibles disparidades, coinciden en algunos (pocos) puntos:
Uno: Lenín Moreno es el candidato con mejores posibilidades electorales.
Otro (no unánime): Guillermo Lasso y Cynthia Viteri –aún con diferencias– siguen a Moreno. Paco Moncayo ocupa el cuarto puesto.
Otra coincidencia, también unánime: cuatro candidatos (Dalo Bucaram, Washington Pesantez, Patricio Zuquilanda e Iván Espinel) difícilmente alcanzarán 8% del electorado entre todos. Todo esto arroja algunas conclusiones:

  1. Una campaña regida por la ley del péndulo: el panorama que diseñan los sondeos indica que la elección se jugaría entre continuismo del correísmo y la ley del péndulo que ha caracterizado con mayor fuerza Guillermo Lasso en su campaña. La centro-izquierda que representa Paco Moncayo quedaría excluida . Los outsiders, o pretendidos outsiders, no han encontrado espacio en esta elección.
  2. Los indecisos harán la diferencia: su porcentaje sigue siendo de alrededor del 40% con tendencia, como es obvio, a la baja. Esta franja de electores es actualmente el foco de atención de los candidatos (sobretodo Moreno y Lasso) que creen tener seguro su electorado duro. Eso explica el giro que tendrán las campañas en estos últimos días y que ya se nota.
  3. El fantasma del voto oculto: las encuestas no reflejan lo que los sociólogos llaman espiral del silencio. Esto explica las equivocaciones de los sondeos en prácticamente todas las últimas elecciones en el mundo. Las empresas de sondeos no saben medir las emociones de los electores, cada vez más determinantes en las elecciones. Además, la gente no dice lo que piensa hacer realmente en la intimidad de la urna. Ese voto oculto perjudica siempre al establecimiento que ejerce el poder. Bajo el correísmo esto fue evidente en las elecciones seccionales de 2104. Si esta variable fuera cierta en todos los casos, el perjudicado en esta elección sería Lenín Moreno. Esta presunción solo se podrá evaluar, en los hechos, el 19 de febrero.
  4. ¿Habrá una vuelta o dos? Los sondeos muestran que Lenín Moreno va adelante pero que sus cifras descienden. ¿Se mantendrá esa tendencia? ¿En qué punto estarán esas cifras el 19 de febrero cuando se instalen las mesas de votación? Son preguntas que se hacen en todas las campañas de la oposición que creen que Moreno, lejos de estar cerca del 40% en las intenciones de votos, apenas bordea el 30%. Se da por hecho –sin exhibir piezas de convicción irrefutables– que habrá segunda vuelta. En la campaña de Moreno se actúa con la misma lógica pero en sentido contrario. Ni siquiera se preguntan si habrá segunda vuelta. Para Moreno y los suyos el triunfo en la primera vuelta es un hecho y en sus cálculos resulta de sumar votos duros, indecisos conquistados a última hora y votos válidos…
  5. ¿Y si hay segunda vuelta? Se dice que si hay segunda vuelta, seguramente perderá el oficialismo. Se da un argumento: si Lenín Moreno no gana en el primera vuelta, eso solo puede significar dos cosas: que el número de electores decepcionados del correísmo es mayúsculo. Y, dos, que quien llegue segundo podría, en esa circunstancia, generar alianzas ganadoras. ¿Es eso seguro? Lasso ha mostrado tener enormes dificultades para jugar en una cancha donde él no controla todo el juego. Viteri ha atacado tanto a Lasso que ha producido la impresión de que la suya es una candidatura chimbadora. Si fuera ella la finalista, ¿no está pegándose desde ahora un tiro en el pie? Moncayo, si no es finalista, ¿llamaría a sus electores a votar por un candidato de la centro derecha?

En este escenario, como se ve, la oposición tiene problemas para generar una alianza ganadora. Pero la situación de Moreno podría ser más desesperada. Primero porque ese escenario no ha sido previsto (públicamente) por el oficialismo. Y segundo, porque si se produjera, pondría a Moreno en una situación que Correa ha querido evitar (con éxito hasta ahora): la ineludible obligación que tiene el candidato de distanciarse del Correísmo. Daniel Scioli trató de hacerlo en Argentina con Cristina de Kirchner. El resultado electoral le fue desfavorable porque precisamente simuló tarde y mal esa ruptura.

Se pueden multiplicar los factores que demuestran por qué el resultado de esta elección es impredecible. El hecho político cierto es que a 17 días de ir a las urnas el juego presidencial sigue abierto a pesar del optimismo disparatado que exhibe el oficialismo.

Guillermo Lasso ganó el debate

en La Info por
Captura de pantalla 2017-01-26 a las 4.59.47 p.m.

Mejor un mal debate que ningún debate: esa pudiera ser una primera conclusión del “debate presidencial” que tuvo lugar anoche entre siete de los ocho candidatos a la presidencia de la República. Organizado por la Cámara de Comercio de Guayaquil, este encuentro permitió ver a los candidatos, oír sus propuestas, medir sus reacciones y evaluar su lenguaje corporal. No hubo sorpresas en los contenidos de las propuestas en las cuales, en ciertos temas de los ocho planteados, coincidieron algunos candidatos. Sin embargo, en casi dos horas de exposición hubo hechos políticos que ocurrieron ante los ojos de los televidentes que, eventualmente, pudieron incidir en su opción electoral. He aquí seis:

  1. La falta de concreción en las respuestas: ese fue, quizá, el hecho más notable. Salvo Guillermo Lasso y Paco Moncayo, en menor porcentaje, los candidatos no se ciñeron a las preguntas formuladas por Andrea Bernal; periodista de NTN24 que moderó con imparcialidad y solvencia el debate. En su mayoría los candidatos se mostraron incapaces de sintetizar su pensamiento y sus ofertas.
  2. La disparidad inquietante entre candidatos: las encuestas hablan de un pelotón en la oposición de cuatro candidatos que tienen entre 8 y 23% y un segundo pelotón de 4 miembros cuyos números oscilan entre 4% y 0,3%. El debate mostró que esas disparidades son un hecho. Aspirar a la primera magistratura del Estado debiera ser un ejercicio para políticos con alta preparación y una experiencia cierta. El debate mostró que ese no es el caso de Iván Espinel, Patricio Zuquilanda, Dalo Bucaram… Espinel y Zuquilanda hicieron propuestas (pena de muerte, armar a la población civil, crear jueces sin rostro) que están por fuera de las convenciones firmadas por el país.
  3. El formato hizo la diferencia: los candidatos dispusieron de 1:30 para responder cada pregunta y tuvieron 30 segundos de réplica si eran aludidos. Guillermo Lasso lo fue algunas veces y pudo así tener unos cuatro minutos más que los otros. El candidato de CREO mostró estar entrenado para ese formato y eso contribuyó a realzar su presentación. A cada vez respondió directamente mientras la mayoría de sus adversarios ignoraron las preguntas y se dedicaron a divagar sin reparar que al minuto treinta se apagaba el micrófono.
  4. Viteri, la sorpresa de la noche: su presentación fue catastrófica. Habitualmente jovial y entradora, ella lució nerviosa, apagada y escondida tras unos enormes lentes que le taparon el rostro. No solo creó un cortocircuito con su imagen de campaña sino que se prohibió explotar sus habilidades comunicacionales. Viteri no fue al debate a buscar electores; fue por Lasso. Sus estrategas se equivocaron al llevarla a atacar al candidato de CREO porque, al hacerlo, probó que no es ni se siente segunda. También avivó las sospechas de aquellos que afirman, sobre todo en redes sociales, que Nebot aupó su candidatura no para ganar al correísmo sino para poner zancadillas a la candidatura de Lasso. Al atacarlo, le ayudó a tener mayor tiempo de exposición y convertirlo en el centro del debate. La candidata socialcristiana no estuvo enchufada en el debate ni siquiera al final: las cámaras la filmaron yéndose sin despedirse de nadie mientras los otros candidatos se saludaban cordialmente. Incluso se vio un abrazo entre Lasso y Moncayo.
  5. ¿Un debate por fuera de las realidades? La agenda propuesta por los organizadores hizo que los candidatos discutan sobre temas normales en cualquier democracia. Pero muchos de los problemas planteados (economía, corrupción, gobernabilidad, libertad de expresión…) tiene que ver con el modelo hiperpresidencialista contenido en la Constitución de Montecristi. Deshacer ese modelo no depende de una declaración. Se requieren mayorías, alianzas, voluntad política, consenso social… Esto otorga a la próxima administración, más aún si fuese de la oposición, un carácter de gobierno de transición que ni siquiera fue evocado en el debate. Desde ese punto de vista, temas como el de la gobernabilidad lucieron como ficciones construidas por los candidatos que, en algunos casos, coincidieron con recurrir a una consulta popular. Solo Washington Pesantez dijo que es necesaria una nueva constitución.
    La misma anotación se puede hacer en el caso de la economía. No hubo en el debate, en el cual se habló de macroeconomía y empleo, un cable a tierra para hablar de la factura que deja el correísmo. El deseo proselitista volvió a ser superior a la realidad.
  6. Lasso, el ganador indiscutible: el candidato de Creo lució tranquilo desde el inicio. Se nota que lleva siete años de entrenamiento durante los cuales se ha familiarizado con los temas y trabajado sus propuestas. Lasso probó que es el político más profesional que hay en la campaña. El formato del debate y el estudio de televisión contrarrestan las deficiencias que tiene en la tarima. Durante el debate lució conectado con todos los temas y cuando fue exigido por Cynthia Viteri respondió sin inmutarse. Comentarios y estadísticas que circulan hoy en las redes lo dan como el ganador indiscutible del debate.
    Foto: diario El Universo

Paco Moncayo, el candidato de un rompecabezas

en La Info por
Captura de pantalla 2017-01-14 a las 5.31.43 p.m.

Captura de pantalla 2016-12-19 a las 12.09.41 p.m.

¿Paco Moncayo traza una nueva vía para las fuerzas de izquierda que representa en esta elección presidencial? El ex general hace una campaña basada en lo que Tony Blair llamó la Tercera vía. Socialdemócrata convencido, Moncayo se aplica, con convicción, a dar cuerpo a esa doctrina que Izquierda Democrática abandonó en los noventas y que, desde entonces, nadie ha impulsado y recreado en el país. El 9 de enero pasado, en la Flacso, el candidato del Acuerdo por el Cambio se explayó sobre ese modelo ideológico y político que es el que mejor lo define. Y en el cual cree.

Acuerdo por el Cambio tiene, entonces, un candidato. ¿Pero qué tanto ese candidato representa a sus aliados; en particular a Pachakutik, el ala socialista de Enrique Ayala Mora, Unidad Popular e Izquierda Democrática y, por lo menos, 25 organizaciones importantes de la sociedad civil? La izquierda que dejó al correísmo no tenía alternativa esta vez: el nivel de división y desbarajuste ideológico hizo temer a muchos que no pudieran ir unidos a las elecciones. Hubo intentos de debatir un perfil ideológico y político común. No fue concluyente, aunque se asegura que esa izquierda que con Alberto Acosta obtuvo 3% en las elecciones de 2013, está en un proceso de centrización como lo llama el sociólogo Luis Verdesoto. Puede ser. No obstante, hay diferencias abismales entre Izquierda Democrática, que propuso a Moncayo como su candidato y el ex MPD o el movimiento indígena tan resquebrajado. El resultado de esto se ve en la campaña: ningún aliado cuestiona lo que Moncayo dice, aunque él dice cosas que, en casos, seguramente produce erisipela entre algunos en esa tendencia. Moncayo sorprende por su discurso democrático y centrista en política, ortodoxo y por la equidad en economía y resueltamente liberal y contemporáneo en los temas espinosos para los conservadores: minorías sexuales, aborto, temas de género…

El problema de Moncayo no es él. Son sus socios que no responden por una plataforma política común al punto de que sus candidatos a la Asamblea van en listas separadas. Así, Moncayo no representa una nueva tendencia –necesaria en el país– proveniente de las viejas izquierdas que estuvieron con Correa en el poder y cotejaron sus viejos sueños con las nuevas realidades del mundo. Moncayo hace campaña alrededor de su visión sobrevolando las divisiones de los movimientos y partidos que lo escogieron y que en algunas provincias compiten entre ellos por el voto de los electores. El ex alcalde de Quito seguramente no sabe a ciencia cierta a quién promocionar. O a quién poner a su lado. En ese contexto, esta puede ser la última elección presidencial en que esas izquierdas se ponen bajo un solo paraguas simulando acuerdos que, en realidad, no existen. Muchos de esos dirigentes están, como en el póker, pagando por ver. Si a Moncayo le va bien en las urnas (eso no significa pasar a segunda vuelta), seguramente su esfuerzo por llevar las izquierdas hacia el centro político tendrá un impacto provechoso para la democracia en el país. De lo contrario, algunos considerarán –desempolvando sus catecismos– que él tenía que radicalizar sus posiciones y volverán al pasado.

Esta dinámica explica la estrategia de esta campaña que reposa, en el plano nacional, únicamente en el candidato y, sobretodo, en viejos cuadros de la Izquierda Democrática. Nadie explica por qué Moncayo, que se presenta como el candidato de la experiencia y el conocimiento, escogió a Monserrat Bustamante como compañera de fórmula. Ella era una académica absolutamente desconocida en el ámbito político y entre los activistas sociales. Esto no le ha ayudado en la campaña en la Costa ni en el plano de los imaginarios. Otro enigma: su alianza con Jimmy Jairala, un prefecto que despierta enormes reservas éticas en esas izquierdas. En la campaña se dan razones estrictamente de carácter electoral que calzan mal con el perfil de sobriedad y honestidad que promociona el candidato.

En el plano de la estrategia, que concierne esta nota (ulteriormente se analizará el programa de gobierno), el resultado que obtenga Paco Moncayo servirá para responder otra inquietud: si tras diez años de correísmo, el electorado vota por el centro o prefiere mantenerse en los márgenes que traza la polarización entre el correísmo y su continuidad o la ley del péndulo.

Foto: Campaña de Paco Moncayo
Próximo artículo: El programa de gobierno de Lenín Moreno

Artículos anteriores (serie Estrategias políticas electorales):
http://4pelagatos.com/2017/01/05/correa-ato-de-pies-y-manos-a-lenin-moreno/
http://4pelagatos.com/2017/01/06/cynthia-viteri-dobla-la-dosis-de-populismo/
http://4pelagatos.com/2017/01/10/lasso-es-el-cambio-pero-no-es-integral-ni-incluyente/

Lasso es el cambio, pero no es integral ni incluyente

en La Info por
captura-de-pantalla-2017-01-10-a-las-9-46-40-a-m

captura-de-pantalla-2016-12-19-a-las-12-09-41-p-m

En los libros de Guillermo Lasso, hay una constante: lo que se ha propuesto, lo ha logrado. Desde hace unos años se propuso ser Presidente de Ecuador. Hasta ahora nada asegura que lo consiga este año, pero esa ambición marca una estrategia de largo aliento, pensada para él y que, por circunstancias que son intransferibles en su caso, lo convierte en el candidato más profesional de la campaña. Es obvio: Lasso es banquero, tiene contactos y trabaja su campaña con la entereza de un empresario. Además lleva 2565 días (escribió en sus cuentas) caminando por Ecuador, creando comités de CREO, midiendo su popularidad, reuniendo equipos que han preparado a su lado el plan de gobierno y, desde hace unos meses, las medidas que tomará si gana las elecciones. En siete años, su partido se ha erigido en el mayor representante de la centro derecha en el país y él es, según la mayoría de las encuestadoras, el aspirante de la oposición con mayores posibilidades de llegar a Carondelet. Market señala en ese papel a Cynthia Viteri.

Lasso no hizo alianzas con otros presidenciables porque, en la realidad, él quiere el trabajo de la Presidencia de la República. A todos aquellos que le pidieron deponer su candidatura, siempre les respondió, con los resultados electorales en la mano, que en 2013 dos millones de electores votaron por él. Ninguno de los precandidatos podía mostrar esas cifras. Deponer la candidatura era, además, contrario al itinerario presidencial que tiene programado en su computadora.

Desde que escogió la política como su nuevo oficio, Lasso se situó en el lado opuesto del péndulo. Como la alternativa. Hizo incluso campaña contra la reelección indefinida. Buscó que el electorado lo identificara con el anticorreísmo de tal forma que incluso escogió a Andrés Páez como compañero de fórmula; un asambleísta que hizo presencia en las manifestaciones en las calles de Quito. Esa estrategia de confrontación la fue morigerando en el camino: Además de la alternativa a Correa, Lasso quiere ser el candidato que lucha contra la pobreza, la injusticia y, sobre todo el desempleo. Últimamente, también ha hecho aperturas hacia el diálogo y la concertación en un gobierno que quisiera suyo porque sabe que en la próxima Asamblea Nacional habrá dispersión. No excluye al correísmo de ese acuerdo. La movida tiene, por supuesto, una connotación electoral: el voto duro anticorreísta, que ya capitalizó, no le alcanza y está claramente hablándole a los indecisos. Él tiene la ventaja, entre los presidenciables, de haber ocupado primero el terreno de la oposición y de haber sido reconocido por el oficialismo como el contrincante de mayor peso. Pero tiene la desventaja de haber estado mucho tiempo en campaña sin conocer una explosión visible en los sondeos.

Su campaña baraja factores que aparecen como ventajas ciertas sobre sus competidores, pero que solo las urnas dirán si son reales y si son efectivos: partido propio, implantación nacional, alto nivel de conocimiento, varios recorridos por Ecuador, años de cotejarse con el electorado… En su contra Lasso tiene un amplio voto duro y el hecho de haber fabricado anticuerpos en algunos sectores del electorado. Es verdad que se ha esforzado en anclar su propuesta económica y social, basada en mejorar las condiciones para crear un millón de empleos en 4 años. Es verdad que con tantos años en campaña, ha expandido su programa político, ha visitado a los ecuatorianos del exterior y ha armado una red de contactos internacionales de alto nivel. Pero también es verdad que solo es un liberal en economía. Su proyecto político deja por fuera, de lo que será el postcorreísmo, minorías que retan la pacatería y el conservadurismo criollos y que hablan de una sociedad en plena mutación. De ganar, la visión opusdeisiana de Lasso tendrá gran incidencia –a pesar de que ha dicho que no piensa regentar la moral de los ciudadanos–en temas de salud pública, como el aborto. No es el único caso. Pero en temas como ese, Lasso es tan conservador o más que Rafael Correa.

Otro talón de Aquiles es su alianza con Mauricio Rodas y el movimiento SUMA. Los coletazos de los sobornos de Odebrecht, cuyas responsabilidades y beneficiarios se echan en cara el gobierno y el alcalde de Quito, van a salpicar su candidatura. CREO privilegió esa alianza con un político que, como el correísmo, ama la opacidad. Lo hizo pensando en los beneficios electorales en Quito y algunas provincias donde SUMA tiene representantes. En CREO se dice que fue César Monge, presidente nacional, quien incidió en ese acuerdo pragmático y chato, con factura incluida.

Lasso, como Mauricio Macri en Argentina, basa su estrategia en la propuesta de un cambio. “Vamos por el cambio” es su lema. Pero ese cambio, aunque se antoja esencial, no es integral. Ni totalmente incluyente.

Próximo artículo: la estrategia de Paco Moncayo
Artículos anteriores: 
http://4pelagatos.com/2017/01/05/correa-ato-de-pies-y-manos-a-lenin-moreno/
http://4pelagatos.com/2017/01/06/cynthia-viteri-dobla-la-dosis-de-populismo/

Ir Arriba