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Tres pescadores hunden aún más a Juan Pablo Pozo

en La Info por
Captura de pantalla 2017-04-17 a las 3.58.49 p.m.

Durante diez años el correísmo se ha especializado en recurrir a la propaganda como fuente de legitimidad. Para los publicistas y las agencias de publicidad, que a más de forjar inmensas fortunas han manejado el Estado durante los últimos 10 años, la legitimidad democrática no se la construye sobre la base de instituciones independientes sino a través de imágenes y mensajes emotivos. 

Esta lógica ha sido puesta ahora al servicio del presidente del Consejo Nacional Electoral, Juan Pablo Pozo. Para sacarlo del bache de credibilidad en el que se halla sumergido, el CNE, donde nada se hace sin la aprobación del mismo Pozo, ha puesto en circulación un video en el que tres humildes pescadores de la provincia de El Oro aparecen santificando a Pozo y su trabajo al frente del CNE. Los tres pescadores, que no tuvieron nada que ver con la transparencia del escrutinio, salen en lancha dando fe de que el trabajo en el escrutinio fue transparente y confiable. ¡Cómo saben estos humildes pescadores de procesos electorales!

El primer pescador en aparecer en el video se llama Julio Yorela y es presidente de la Caleta Pesquera de Bajo Alto. “Juan Pablo Pozo ha demostrado delante de nosotros una gran legalidad”, dice en tono solemne mientras la lancha avanza y los otros dos personajes están a sus espaldas. “Hemos sido testigos de la transparencia y la participación de las organizaciones políticas  del proceso electoral de la primera y segunda vuelta de las elecciones generales 2017″, dice luego Fulton Jaén, presidente de la Comuna Bajo Alto. Por último aparece Fabricio Carriel, presidente de la Red de Pescadores de El Oro. “Doctor Juan Pablo Pozo siga adelante con ese liderazgo, que usted acaba de inscribir un hito en la historia de la democracia de la República del Ecuador”.

Los tres protagonistas del video recitan unas líneas que, evidentemente, memorizaron o alguien les hizo leer mientras eran filmados en la lancha. Los tres lo hacen de forma solemne y casi mecánica, como si estuvieran dando un discurso de incorporación a una academia de la lengua o algo por estilo. Todos intervienen en una forma en que cualquier vestigio de naturalidad o espontaneidad queda anulada.

El video, que lleva el sello del Consejo Nacional Electoral, es la invención de alguna agencia de relaciones públicas o de algún asesor de imagen para rescatar del abismo de credibilidad en el que está Juan Pablo Pozo. Quienes lo produjeron e idearon, lo hacen con la misma mentalidad con la que durante todos estos años se ha mantenido inflada la imagen de decenas de funcionarios y organismos estatales. Se escogió a tres hombres humildes, y no de clase media, porque en el relato correísta solo los pobres pueden legitimar la política.

Uno de ellos lleva un smartphone en la mano que cumple la doble tarea de aparentar ser la cámara que filma la escena y ser una suerte de símbolo del progreso y superación de la #décadaganada. El recurso raya en lo ridículo. ¿Cómo le demostró Pozo a Julio Yoreda la legalidad con la que actuó “delante de nosotros” como dice? ¿De qué transparencia y participación de las organizaciones políticas del proceso electoral habla Fulton Jaén? 

Es inverosímil que a alguien se le haya ocurrido que tres pescadores puedan aparecer ante la opinión pública como autoridades de un tema en el que hay poquísimos expertos en el Ecuador.   Quien tuvo esa idea, definitivamente, le hizo flaco favor a Pozo.  El video es ostensiblemente postizo, falso y muy poco convincente. La gente se da cuenta fácilmente que tres pescadores no tienen por qué entender cómo funciona un proceso tan complicado como el electoral y que lo que ellos dicen sobre ese tema no es convincente.  Se trata, sin duda, de un recurso fallido para sacar a Pozo del bache. Por el contrario, lo vuelve a hundir y más profundo.

Pozo también puso de su parte en este fallido operativo de rescate. Como el video fue puesto en redes por el CNE de la provincia de El Oro, Juan Pablo Pozo escribió en su cuenta de Twitter un mensaje pretendiendo aparecer como si él no hubiera sabido nada del tema. “Gracias queridos amigos, por sus mensajes de apoyo y afecto”, dijo Pozo en Twitter en tono de político en campaña.

El video no solo hace quedar mal a Pozo por ser postizo y forzado. También confirma que quienes idearon el sistema político vigente en el Ecuador, donde la independencia de poderes es una ficción, son víctimas de su propio invento. Hoy nadie cree en el CNE y su Presidente. Mañana nadie creerá en la Fiscalía en el Fiscal. Y así.

Terror y propaganda

en Columnistas/Las Ideas por
alberto molina, ed.

Terror y propaganda, éstos fueron los medios con los cuales Hitler pudo ascender y mantenerse en el poder. Según el Ministro para la Propaganda, Joseph Goebbels, de apenas 36 años, la revolución nacionalsocialista tenía dos métodos para alcanzar sus objetivos: “Ametrallar la nación con una revolución del espíritu y con ello no destruir, sino ganar al enemigo”.

Hitler, en su libro Mein Kampf (Mi Lucha), se preguntaba: “¿A quién se ha de dirigir la propaganda? ¿A los grupos intelectuales o a la masa? Siempre se ha de dirigir a la masa…”.

“La capacidad receptora de la gran masa es limitada, su comprensión escasa, pero sobre todo su falta de memoria es enorme. Partiendo de estos hechos, toda propaganda eficaz se ha de limitar a pocos puntos y éstos han de ser presentados en forma de lemas, que resulten asimilables y comprensibles aun para el último de los ciudadanos…”.

Lo importante era saber manejar convenientemente las masas, y con cinismo afirmaba: “cuando la propaganda ha imbuido a todo el pueblo de una idea, basta un puñado de personas para dirigir y mantener sometidas a las masas”.

La permanente y unilateral propaganda de los principios que Hitler admitía como ciertos, convirtió al pueblo alemán en una masa sin espíritu crítico, que no discutía, que no preguntaba, que no dudaba y que obedecía incondicionalmente y con entusiasmo todo lo señalado en sus perversas consignas.

Además de una exaltación al terror y a la violencia, lo señalado expresaba claramente el fin que perseguía Hitler con su propaganda; asimismo, no quería formar hombres que valoraran la libertad, que distinguieran lo bueno y lo malo, que reflexionaran, que juzgaran las cosas por la razón, simplemente que se doblegaran dócilmente al dictador.

Siguiendo a Hitler a pie juntillas, Goebbels defendía los principios propagandísticos: primitividad y repetición: “Sólo quien sepa reducir los problemas a su fórmula más simple, y que tenga el valor de repetirlos, aun contra las objeciones de los intelectuales, siempre en esta forma simplificada, a la larga conseguirá verdaderos éxitos en la influencia sobre la opinión pública”.

“A la gente se le ha de decir lo que le gusta escuchar, se le ha de dar algo como estímulo; entonces morderá el cebo y vendrá con nosotros…”.

Joachim Fest, periodista e historiador alemán, escribe sobre el sometimiento del pueblo alemán: “Todo estaba dirigido al autoexterminio del individuo, al síncope permanente de la personalidad, con el fin de lograr la docilidad, primero de los partidarios y más tarde de todo el pueblo, frente al poder absoluto de Hitler”.

En nuestro país la protesta social ha sido acallada, las sentencias por reclamar derechos ha decir del Defensor del Pueblo son “desmesuradas”; han sido perseguidos y descalificados, estudiantes, periodistas, trabajadores, campesinos, indígenas, militares, etc; la propaganda del gobierno es abusiva e invasiva, las cadenas nacionales para difundir los “éxitos” del gobierno y para descalificar a opositores, son permanentes. La opinión contraria a los postulados del régimen y la libertad de prensa han sido conculadas. El terror y la propaganda en nuestro país nada tiene que envidiar a la de su mentor, Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda de Hitler.

Alberto Molina Flores es coronel (r)

‘Las sabatinas son un deber sagrado’: Correa

en La Info por
Captura de pantalla 2016-03-20 a las 12.49.17 a.m.

“Las sabatinas son un deber sagrado”. La frase parece uno de aquellos sarcasmos abismales que sirven muchas veces para hacer chistes crueles. Pero no, la oración le pertenece al presidente Rafael Correa y la pronunció durante el enlace 467 en Morona Santiago.

La afirmación de Correa fue parte de una peculiar defensa que hizo de su espectáculo semanal. Según él, mienten quienes sostiene que el gasto en propaganda del gobierno es excesivo porque en las cifras se puede ver que más gastan en publicidad los municipios de Quito y Guayaquil. Para hacer esta aseveración expuso en un cuadro lo que esos municipios han gastado en publicidad desde el 2014 y lo que gastan semanalmente. Eso lo comparó con lo que cuesta un enlace sabatino que, según él, son 31 mil dólares.

Claro, Correa comparó peras con mangos y no peras con peras, como debería hacer cualquier persona empeñada en formular una comparación seria y responsable. No es lo mismo lo que cuesta un enlace con lo que gasta todo el gobierno en propaganda. Si Correa quería ser serio debía sumar lo que cuesta el enlace con todo lo que gastan sus ministerios en publicitar su trabajo. Correa piensa que nadie va a percatarse que lo que cuesta el enlace es solo una parte del gasto del Gobierno en propaganda.

Además, si a toda la publicidad del Gobierno en general se le suma lo que cuesta mantener a los organismos encargados de hacer propaganda gubernamental, como la Secretaría de Comunicación y todo lo que representa económicamente el aparataje de los medios públicos, el resultado sería apabullante.

“Otro cuento: Correa, como es megalómano, solo quiere publicidad, un chiflado que quiere convencer a todo el mundo lo bueno que es, lo lindo que es, lo inteligente que es y derrocha en publicidad y estamos mal por lo que gasta en las sabatinas”, sostuvo Correa al introducir el tema. Inmediatamente pasó a comparar lo que cuesta la sabatina con lo que gastan los municipios de Guayaquil y de Quito en propaganda desde el 2014. Según Correa él gasta menos porque su enlace cuesta 31 mil dólares mientras el Municipio de Guayaquil, por ejemplo, gasta en una semana 105 mil dólares.

Esto es lo que textualmente dijo a continuación: “El enlace ciudadano con toda esta estructura, con la señal y el transporte nos cuesta 31 mil dólares para informar a nuestro pueblo no para hacer propaganda del presidente de la República. Esta es la verdad compañeros”.

“Nos quieren imponer que los problemas económicos es por el derroche de Correa en las sabatinas y que si se acaban las sabatinas se acaban las dificultades económicas. Nos creen estúpidos. Lo que pasa es que les duele las sabatinas. Saben que el Presidente llega al pueblo, su pueblo le cree y que los que más me creen son los sufridores opositores al gobierno. Entonces quieren acabar con las sabatinas. Pierden su tiempo, esto es un deber sagrados para nosotros y continuaremos con las sabatinas hasta el último día de nuestro gobierno compañeros”.

Con razonamientos así, claro que las sabatinas pueden ser sagradas.

 

A Hugo Idrovo, en primera persona

en La Info por
hugo-hidrovo

Querido amigo

¿Cuál es la diferencia entre un artista y un soldado? Hace 32 años tú tenías una respuesta muy clara a esta pregunta. ¿Recuerdas el año 84? En enero Promesas Temporales había ofrecido sus primeros conciertos en el teatro Prometeo; a principios de agosto, el grupo fue excluido del gran festival de la Nueva Canción Latinoamericana que llenó el coliseo Julio César Hidalgo por cinco noches consecutivas. Parece que, para participar en ese festival, había un requisito implícito que la gente de Pueblo Nuevo, cercana a la organización, se encargaba de verificar: tener una probada militancia en la izquierda y un repertorio de canciones comprometidas con las luchas sociales. Ser soldados de la revolución en ciernes. No hace falta decir que Promesas Temporales no calificaba.

Pueblo Nuevo. Sonaban horriblemente, lo sabes, pero eran soldados de la causa y eso les granjeaba las simpatías de una masa de militantes que, más que exigir calidad musical a los músicos, esperaba que fueran capaces de propiciar una catarsis colectiva de identificación política. Hoy han sido erigidos por el gobierno de Rafael Correa como emblemas culturales y continúan haciendo el mismo tipo de canciones. ¿Recuerdas lo que decía de ellos nuestro amigo Alexéi Páez? “Ocho emponchados torturando a un cadáver de armadillo y cantando derrotas”. Los Promesas Temporales, en cambio, proponían una fusión completamente nueva y atrevida. Estaban abriendo el camino por el que transitaría lo mejor de la canción popular ecuatoriana hasta la fecha. Y tenían un principio muy claro: su música no estaba, no podía estar, al servicio de ninguna bandera. Álex, Napo, Dany, Chelo, David y tú eran artistas, no soldados. Hoy damos esas cosas por sentadas pero en ese entonces no era así, estábamos en guerra fría. Esa ruptura fue, quizá sin querer, tu primera definición pública de trascendencia política. Una definición en favor de la imaginación y de la libertad artística y en contra de los recetarios ideológicos, los credos, las consignas… Una ruptura que hizo escuela.

¿A dónde, Hugo, fueron a parar esos principios? Hoy te proclamas “comprometido soldado del proceso revolucionario”, te paras en las tribunas del gobierno para proclamar credos y repartir consignas y no sólo pones tu creatividad a sus órdenes sino que entregas tu enorme talento y tu exquisita sensibilidad al servicio de la propaganda. Ya era penoso escuchar tu voz en el repertorio de las sabatinas: tu música convertida en banda sonora de un guión sensiblero con fines de adoctrinamiento. “Más de mil razones, más de mil motivos…”. Ahora nos enteramos por tu propia voz de que la letra de esa canción, sobre la que hay claras evidencias de plagio, te fue entregada por una agencia de publicidad con el encargo de musicalizarla para el gobierno. La misma canción que cantas en las tribunas de los actos oficiales donde no esperan de ti otra cosa que no hayan esperado antes de Pueblo Nuevo. No es delito, desde luego, estás en tu derecho de hacerlo. Pero para quienes te hemos admirado a lo largo de tantos años resulta doloroso ver a un artista de tu tamaño rebajarse con tanta convicción y orgullo al cachuelismo de la música por encargo, de la propaganda ideológica pura y dura. Como Pueblo Nuevo.

Estos reproches no tienen por objeto contribuir al cargamontón que las redes sociales ya han perpetrado contra ti de la peor manera. Se trata de abrir el espacio, ojalá, para un debate de interés público que el Ecuador se está debiendo desde hace algunos años: el debate sobre el papel político de los intelectuales. Y de los artistas, que trabajan también con el evanescente material de las ideas. ¿Qué papel es ése? Parece claro que no puede ser otro que la crítica. Aun cuando el intelectual y el artista se sientan compelidos a tomar partido, lo cual no sólo es su derecho sino su obligación, no pueden renunciar a su función crítica sin traicionarse a sí mismos. Por eso decía Pasolini que su misión era convertirse en la mala conciencia del poder. Y nada hay más distante de la crítica que la propaganda. Demasiados artistas del país han transitado en estos nueve años por esos derroteros.

Querido Hugo: es penoso comprobar que no hay una sombra de sentido crítico en tus intervenciones públicas. “Soy borrego y no lo niego” es toda una declaración de principios. Tu versión del Ecuador, que describiste en tu muro de Facebook como “un pueblo feliz, tranquilo, floreciente en su economía e iniciativas, una nación luminosa, próspera y en paz”, coincide punto por punto con la versión del poder. La aceptas como te la dan y no te haces preguntas. Ni siquiera te paras a pensar por qué las esferas política y económica del país están en ebullición. Te has convertido en un fiel reproductor del discurso oficial hasta en sus peores rasgos: la descalificación del otro, la superioridad moral.

Una de las características de ese discurso correísta consiste en su afición por cambiar la biografía de las personas. Tú has comenzado por cambiar la tuya propia. Hoy alientas la versión de que los Promesas Temporales fueron unos apóstoles de la resistencia antifebrescorderista. Hermano: a veces la amistad entraña la obligación de decir cosas incómodas. Quizás ningún otro periodista ha escrito más artículos sobre ustedes, les ha hecho más entrevistas, ha compartido más tiempo con ustedes (al menos contigo y con Napolitano) que este humilde pelagato. ¿Cuántas veces me narraron de principio a fin toda su historia, por no mencionar la gran parte de la que fui testigo? En ninguno de esos relatos (aún conservo cientos de horas de grabación), nunca, el desdichado episodio del secuestro de Álex Alvear perpetrado por los gorilas de Febres Cordero fue un capítulo tan protagónico de su historia como pretendes demostrar ahora. Y a partir de tu nueva versión de los hechos ya hay quien sostiene que Febres Cordero disolvió Promesas Temporales. ¿Será? Hugo, yo asistí en el año 95 o 96 al nacimiento de la canción Gringa loca en el garaje de El Taxo, el hostal que administrabas con Rocío. Era pura joda. Babeábamos de la risa. ¿Y ahora resulta que tiene no sé qué contenido ideológico antimperialista, como sugeriste en tu entrevista con El Comercio? No. Esa leyenda que tratas de tejer ahora convencerá a los periodistas veinteañeros de la televisión del gobierno, pero no a quien te conoce. Más allá de tu efervescente naturaleza anarquista, que en Guápulo compartíamos todos (Recuerda a Lennon), nunca fuiste un animal político. Nunca hasta hoy.

Deben ser momentos difíciles para ti. Cientos de personas te han tratado pésimo en el Twitter. Has sido víctima de aquello que los expertos en redes sociales llaman Shitstorm. Y es doloroso. Pero no has sabido manejarlo. No has sabido interpretar el mensaje de la gente. Mensaje enturbiado por insultos y agravios de todo tipo, es cierto, pero así son las redes: ni mejores ni peores que la sociedad. Lo importante es que, detrás de los insultos, hay una preocupación pública legítima. Hugo, la gente percibe que en tu salario (el tercero más alto del ministerio de Cultura, muy por encima de tu rango) hay una desproporción que alguien tiene que explicar. Y tiene derecho a indignarse porque estamos hablando de plata pública. Eso, así como tu doble papel de funcionario y artista tarimero del gobierno son temas que conciernen a la sociedad. Y no basta con indignarse, descalificar a los críticos, tratarlos de “don nadie”, de “gente que ha perdido el control” y está “dominada por la mediocridad, el odio y la envida”. No basta con acudir a todo el repertorio de negaciones aprendidas del presidente de la República. No basta con refugiarse en el falso sentimiento de superioridad que te lleva a afirmar que los don nadie “envidian a las personalidades fuertes”. No. Los temas que molestan a la gente son legítimos y al cabo de tu indignación siguen ahí. Son reales, por más que te empeñes en negarlos y proclames que “el mundo real” es tu vida privada. No, amigo: esta es la realidad. Esta es la esfera pública, en la que has decidido actuar por libre voluntad, lo cual siempre acarrea consecuencias que hay que estar dispuestos a afrontar. La esfera pública, donde la gente, inevitablemente, piensa diferente que uno. Donde todas las vidas confluyen. Donde ni siquiera los líderes iluminados ni “las personalidades fuertes” tienen el monopolio de la verdad. Nadie lo tiene, recuerda: “al fin y al cabo, las historias humanas sólo están hechas de retazos de futuro y promesas temporales”.

Con el cariño de siempre

El decálogo correísta

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El modelo correísta responde a mecanismos que se repiten: estos son sus mandamientos.
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