Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

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Rafael Correa

Rafael Correa, un terrorista en campaña

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Captura de pantalla 2017-03-25 a las 7.17.24 p.m.

Lo único que hace falta es que Lenín Moreno pierda en la segunda vuelta para que el libreto kirchnerista sea completo. Por ahora, Rafael Correa lo sigue en forma literal. ¿Qué hizo Daniel Scioli contra Mauricio Macri? Lo que Moreno y Correa hacen contra Lasso: una enorme campaña de terror en su contra. La sabatina 517, hecha desde Cotogchoa, Ruminahui, podría ser considerada emblemática en ese sentido. Correa se lució: mostró una capacidad inaudita para mentir, alterar la historia, atribuir intenciones malévolas a sus opositores y usar a la gente.

Con esa seguridad que otorga la desvergüenza, el presidente se dedicó hoy, 25 de marzo, en esta última sabatina antes de la segunda vuelta, a fabricar una visión terrorífica sobre lo que significaría el triunfo de Lasso. Al estilo Scioli. Mintiendo: Lasso acabará con todos los beneficios sociales. Mintiendo en grande: Lasso privatizará todo. La salud, la educación, la seguridad pública… el Estado todo. Sus mentiras no son meras aseveraciones. Su equipo de propaganda monta videos de los años ochenta donde se muestra miseria en cualquiera de esos temas. No había pupitres. O medicinas. O patrulleros. Y exhibe escuelas del milenio. U hospitales equipados. O patrulleros flamantes. Sus ministros, que no están lejos, intervienen. La de salud, Verónica Espinosa, tan agenciosa ella, cuenta que ahora aquí se hacen hasta trasplantes de riñón y que su costo, unos 40 mil dólares, son pagados por el gobierno. Y adjunta que hay otras operaciones –se entiende más sofisticadas y más caras– cuyos usuarios son enviados al exterior. Con todo pagado. Se entiende que es la revolución ciudadana la que paga. No el país, no los contribuyentes. Y Correa, visiblemente emocionado, dice que comparen pasado con presente. Pasado con Lenín. Y que Lasso quiere volver a ese pasado en el cual quien no tenía plata, moría. Porque Lasso concibe la salud como una limosna. Como una mercancía.

Ya en ese punto, habla de implantes cocleares que cuestan 20 mil dólares. Y lo hace acariciando a los pobres y a la clase media en las cuales siempre encuentran algún beneficiario que, ante sus cámaras, le dan las gracias, muchas gracias, por su generosidad y su bondad. Todo en este guión híper preparado parece casual. Por ejemplo, ese niño que aparece con un implante en su oído derecho. Eso lleva a Correa a recordar el caso de otro niño que nada oía, pero fue beneficiado por la revolución ciudadana y volvió a la vida. De hecho, él lo escuchó decir “te quiero mamá”. Un momento inolvidable, recuerda. Todos lloraron, él incluido que, por lo que dijo, tiene la lágrima fácil.

La secuencia es la misma en educación, en empleo, en agricultura… en todo. Se le oye decir, sin pestañear, que aquí los pobres no podían ir a la universidad. De hecho, nada había hace 20 años en este país. O era deficiente. O limitado a los ricos. Ahora Ecuador, con él, es ejemplo en el mundo. Lo dice con una naturalidad que siempre sorprende. Sin frío en los ojos como debe decir su esposa en su casa, para hablar de desfachatez y descaro. No suelta a Lasso y, claro, el CNE dirá que esas cuatro horas no son puro proselitismo. Lo maltrata hasta llamarlo cavernícola. Lo hace todo el tiempo y por cualquier cosa. Incluso cuando habla del invierno. Porque si Ecuador no sufre lo que sufre Perú es porque existen los multipropósitos. Una buena inversión, un ahorro. Pero eso, evidentemente, lo entiende él, un estadista (así dice); no Lasso, un simple banquero.

Sembrar el terror es la consigna de Correa. Y cuando no encuentra elementos en la candidatura de Lasso no teme importarlos y endosárselos al banquero a quien pidió plata para su candidatura en 2006 y del cual hoy habla con desprecio. Su jercicio no se limita a tratar de pulverizar al contrincante de Moreno. También tiende los brazos a diestra y siniestra en busca de votos. A los profesores pidió perdón por no haber podido aumentarles más los salarios… Igual a los policías. A los católicos les hizo un curso exprés sobre teología de la liberación. Para eso tuvo a mano a Frei Betto, teólogo brasileño a quien condecoró en el Palacio. En ese capítulo incluyó a los arzobispo Hélder Câmara, del Brasil, y Óscar Arnulfo Romero, del Salvador, y al cura guerrillero Camilo Torres de Colombia. Esto le sirvió para revivir los años setenta, años de oscuras dictaduras y, en forma ruin, hacer creer que quienes aspiran hoy a un cambio en Ecuador y luchan por los derechos humanos son aquellos que aplaudieron a Pinochet y a los otros dictadores de esa calaña. El mismo paralelismo estableció con aquellos ciudadanos progresistas que hoy en Ecuador, queriendo restablecer la democracia, llaman a votar por Lasso. Vil.

Correa ha hecho gala en estos diez años de sicología proyectiva. Eso permite decir que está terriblemente preocupado. Dijo que la candidatura de Lasso se desmorona, pero no dijo nada de la forma indecorosa en que Moreno huyó del debate con Lasso. Dijo en cambio (y eso es una confesión) que el buró político le pidió suspender los enlaces y cambiar de estilo. Con gesto altivo indicó que los rechazó. Una forma de revelar que él manda en la campaña de Moreno. Como mandó el kirchnerismo en la de Scioli. Por eso Macri es presidente.

Foto: Presidencia de la República. 

El estalinismo de Pérez Torres se hace video anti correísta

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RAÚL PÉREZ TORRES

Hay mensajes que por llevar un tono de crítica a Rafael Correa han llegado como bálsamo para quienes sienten hastío de la concentración de poderes, del despotismo, del abuso de los bienes del Estado, de la corrupción, de la hiper regulación estatal, de la impunidad y del acoso mediático desde el Estado. Básicamente entre quienes están hastiados de la década correísta.

Entre esos mensajes hay, sin embargo, contenidos que reproducen un patrón de pensamiento tan despótico y con igual sentido de desprecio a las libertades como lo tiene el correísmo. Ahí encaja el video Cría Cuervos que, desde la Casa de la Cultura, ha hecho su presidente Raúl Pérez Torres. El video ha brincado con mucho éxito por redes sociales y con especial entusiasmo en ciertos grupos de Whatsapp, donde reina el hartazgo con el estado actual de las cosas. Curioso.

En el video, Pérez Torres retrata al pueblo y, en especial, a la nueva clase media como una masa de malagradecidos que no ha sabido reconocer todo lo que su líder, Rafael Correa, ha hecho por ellos. ¿Por qué son malagradecidos? Porque Correa no supo escucharlo a él y no dio al pueblo la cultura que lo hubiera sensibilizado y domesticado. Si Correa le hubiera hecho caso y hubiera acercado al pueblo a la literatura, la poesía y la música, ese pueblo no estaría gritando contra él, no estaría despreciándolo ni desconociendo todo lo que el líder hizo durante estos diez años.

“No quiso escucharme”, se escucha a la propia voz de Raúl Pérez decir cuando sugiere que la explicación para tanto mal agradecimiento se origina en la negativa de Correa a acercar la cultura al pueblo.  “Le han caído del cielo los hospitales, las universidades, las carreteras, el trabajo, el sueldo mensual, las pensiones. Ahora sí puede carajear, ahora sí puede insultar, solazarse y manifestar su ego escondido, ahora nadie le ningunea, puede dilapidar y hasta enseñorarse, pervertirse es su derecho”, dice el texto leído por Pérez Torrez con dejo lírico y quejumbroso. “Se le entregó el pez sin enseñarle a pescar. Analfabeto de principios y de símbolos, su egoísmo, su individualidad, su mediocridad, su ambición están garantizadas. Nunca quiso escucharme”: el autor de video asume que las masas, sin la guía de un iluminado, terminarán irremediablemente extraviadas en la oscuridad de la ignorancia y la maldad.

En la concepción política de Pérez Torres, y de un amplio sector de la rancia izquierda con la que coincide, el pueblo es una masa a la que hay que sensibilizar con música, poesía y literatura. Solo ahí estará domesticado y será dócil, generoso y comprensivo.

A él no le importa si en la construcción de esos hospitales de las que habla en video, hubo sobreprecios y corrupción. No le importa si, bajo el argumento de que se han hecho carreteras y universidades, se han conculcado libertades y se ha utilizado la estructura del Estado para insultar y reprimir. No. Si me hubieras escuchado y les hubieras dado música, poesía y literatura ahora no te estarían insultando, dilapidando, solazándose o manifestando su ego escondido: eso es lo que Pérez Torres dice a Correa en su mensaje.

Es irrelevante, en definitiva, que tras la obra pública se hayan eliminado las instituciones de una democracia republicana que establece límites al poder. Irrelevante si  no hay una justicia independiente y si los ciudadanos han estado absolutamente indefensos ante el poder del Estado durante 10 años. No, en la visión de Pérez Torres el poder absoluto no es malo en sí, el problema está en que ese poder no sea capaz de domesticar a las masas mediante la cultura. Para los Pérez Torres, la cultura no puede desencadenar procesos liberadores, contestatarios o de resistencia; tan solo construir masas sensibles, generosas y buenoides. Una masa agradecida sensibilizada a través de la cultura es siempre mejor que una masa crítica, inconforme y gritona; tan malagradecida ella, que recibió todo lo que tiene. Si el pueblo ha logrado conquistas materiales es porque le han caído del cielo.

Esta forma de ver el mundo es, además, penosamente moralista. En esa moral, el mercado y el capital son agentes que pervierten al pueblo porque lo alejan de la bondadosa tutoría del líder sabio, culto e iluminado. El supermercado siempre será un espacio vergonzante y la ropa de marca una creación satánica para destruir a las almas buenas, caritativas y dóciles. Lo material, en manos de la gente, será siempre una amenaza para la utopía donde todos se contenten con lo que el Estado, administrado por burócratas sabios, determine que esa gente tiene derecho a tener.

En esa visión de Pérez Torres, la cultura no debe desencadenar procesos contestatarios y de resistencia al poder sino cultivar seres humanos dóciles que agradezcan lo que el poder les entregue. Concesiones graciosas del monarca que no son propiedad de quienes pagan impuestos o conforman  la fuerza productiva de una sociedad. “El pueblo gordo de avaricia, tambaleándose en la nueva realidad no sabe qué hacer con lo que tiene”, recita casi como en una oración el presidente de la Casa de Cultura.

El video de Raúl Pérez Torres lleva un mensaje profudamente conservador y reaccionario. Rafael Correa se ha ganado el insulto y el desprecio de un pueblo porque no escuchó su consejo: entrégale libros, poemas y cuadros para que la masa sea bondadosa, sensible y jamás alce la voz en tu contra. “Hay que llegar al pueblo con humildad, por eso hay que tocar sus resortes guardados para que salte su sensibilidad por eso hay que llenarlo de poesía y de música y de literatura y de la sabiduría y el ejemplo de los hombres y mujeres que construyeron la patria. Por eso hay que poner en sus manos el arte”, dice un Pérez Torres dolido y decepcionado de que Correa no le haya escuchado y que ahora haya un pueblo malagradecido e insultante que no reconoce lo que sus iluminados caudillos hacen por él.

Rafael Correa has criado cuervos y ahora te sacan los ojos: ese es el mensaje. Cuervos que no fueron domesticados a tiempo. La libertad no puede ni debe ser un derecho inherente a los cuervos porque terminarán usándola en tu contra. La ecuación estalinista sigue viva, en este caso en forma de un video lírico y doliente que corre alegre por Whatsapp.

El correísmo solo puede empeorar o implosionar

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Captura de pantalla 2017-03-24 a las 9.39.07 a.m.

El correísmo se volvió la forma más usual de la política en el país en este década. Y puede volver a ganar la presidencia de la Republica, esta vez con Lenín Moreno. ¿Ese movimiento ha aprendido algo de su paso por el poder? ¿Puede renovarse? ¿Corre en forma desaforada hacia su implosión?

Con Constitución propia, instituciones cooptadas, mayoría en la Asamblea Nacional, un Presidente convencido de poder mandar en todos los poderes, el correísmo copó todos los espacios y llenó un gran número de imaginarios. Ganó elecciones en seguidilla y se convirtió en un partido totalmente entroncado con el Estado. Jerarcas y militantes no hacen la diferencia.

El correísmo no es una ideología ortodoxa que se encuentre en las enciclopedias de las ideas políticas. Popurrí de arquetipos, el correísmo se ha nutrido de neomarxismo, nacionalismo, populismo, la versión de Estado desarrollista autoritario de Corea del Sur, la teología de la liberación, el modelo cubano y chavista… Algunas de estas vertientes se juntaron en el Socialismo del Siglo XXI. Pero incluso esa denominación, no singulariza al correísmo que se articula alrededor de los mitos de un hombre providencial y de un Estado benefactor y que se ancló en un período de bonanza económica.

Los pruritos ideológicos duraron poco. Quizá el tiempo de montar este sistema en el cual Correa no solo afirma que el pueblo le delegó el poder sino que el pueblo es él. Lo que vino enseguida puede ser mirado como un conjunto de tácticas políticas o comunicacionales destinadas a implantar la hegemonía del modelo, protegerlo, perennizarlo y sembrarlo hasta en el inconsciente nacional. De un movimiento pródigo políticamente (por la confluencia de organizaciones que convocó), el correísmo mutó a secta obnubilada por convertir la política en religión, los lemas en mandamientos, el discurso en evangelio, el jefe en demiurgo. En monarca que ejerce “su potestad dominadora”, como escribió Richard Morse.

El aparato correísta se impuso esa tarea. Lejos de tender un cable a tierra, se refugió sin remedio en un ensimismamiento absoluto. Quizá en un futuro cercano, historiadores y sociólogos logren explicar por qué gentes de la academia, viejos políticos, activistas y luchadores sociales, intelectuales… se aplicaron con esmero a construir este monstruo autoritario. Acallaron sus conciencias, cerraron sus bocas, archivaron sus plumas. Pocos fueron sus disidentes. En este sentido, el correísmo es un fenómeno no solo político. En su explicación serán bienvenidos los análisis de la sicología política.

Esos historiadores, esos sociólogos, esos sicólogos tendrán que desentrañar las razones por las cuales esa inmensa comunidad de ecuatorianos, muchos con altos títulos universitarios, decidieron desaparecer como individuos: entregaron su juicio, sus valores, su sentido de la realidad a un aparato encargado de fabricar la verdad y custodiar el templo. En vez de política –que incluye contradicción, diversidad, diferencias– asumieron las coartadas, las falacias, los castigos y la persecución contra los otros, la propaganda mentirosa, la corrupción, la guerra sucia… Esa visión perversa de ser la fortaleza de los buenos, sitiada por los malos: los vende patrias, acólitos del imperialismo, genuflexos del FMI, adoradores del dólar, gente mala y sin alma.

En diez años, los correístas no dan la impresión de haber aprendido de su gestión del poder ni de la realidad: lucen absortos ante las carreteras que repavimentaron, distantes del sentido común, ajenos a los efectos nefastos que han producido en la economía y en la democracia, adoradores sin remedio de un tótem. Lucen hundidos en la guerra que libran contra la sociedad con la entereza que San Jorge muestra, en el cuadro de Tintoretto, en su lucha contra el dragón. Moreno llegó de Ginebra con intenciones –eso dijo– de cambiar. El aparato literalmente se lo tragó, al punto de que no parece dueño de su discurso ni de sus acciones. Varias veces ha dado la impresión de solamente ser un militante disciplinado de un partido que nació para reinar sobre todo y sobre todos.

Moreno mantiene y ahonda ese discurso de un Estado benefactor, dispensador de dádivas. Si les ha dado excelentes resultados, es posible, es seguro que les volverá a dar. Moreno no educa a los ciudadanos, los engaña. En esa dinámica defiende la idea (y la aceita en la campaña) de que los contradictores u opositores son enemigos. Y aún cuando la mayoría de la sociedad (si se suman los votos de la oposición en la primera vuelta) envía mensajes de hastío, tampoco él los procesa. Sigue al aparato que los niega o los enmarca en esa dinámica esquizofrénica propia de Rafael Correa que, cuando oye la palabra oposición, entiende complot, desestabilización, atentado…

El correísmo ni madura ni cambia: no puede hacerlo porque el correísmo es lo que es Rafael Correa. No necesita hacerlo porque lo que quiere Correa ya lo tiene: reinar como monarca y ser el demiurgo ante el tribunal de la historia. Por eso Moreno, si fuera elegido Presidente, tendrá que ser rehén de esa maquinaria medieval e inquisitorial o contribuir, en forma consciente y decidida, a su implosión. Pero por ahora nadie lo ha comparado, ni remotamente, con Mijaíl Gorbachov.

Mañana: ¿maduró la sociedad civil?
Ayer: ¿Maduró la 
oposición? 

El gobierno embosca a Cedatos

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No habían pasado tres días desde que Rafael Correa había calificado, en su sabatina, como fraudulentas a las encuestas de Cedatos cuando en las redes sociales apareció un video anónimo contra… Cedatos. En él, se escucha la voz de un hombre que afirma trabajar en la encuestadora y saber cómo ésta adulteró los resultados del primer sondeo tras la primera vuelta. Al día siguiente, miércoles 22 de marzo, la asambleísta oficialista Rosana Alvarado presentó ante la Fiscalía una demanda por asociación ilícita y adulteración de datos en contra de la encuestadora. Casi en coro, cientos de cuentas de redes sociales asociadas al troll center gobiernista braman pidiendo la prisión de Polibio Córdova de Cedatos, al mismo tiempo que funcionarios de Gobierno y partidarios de la candidatura de Lenín Moreno dicen que lo que aparece en el video no es sino la confirmación de lo que Correa había afirmado el sábado. Todo cuadra en apenas cuatro días.

La encerrona contra Cedatos despierta inevitablemente dudas sobre su carácter casual. La empresa de Polibio Cordova ha venido siendo atacada por el gobierno, y por el Presidente en particular, porque fue la única que acertó en el exit poll del 19 en casi 100%. Esto, y el conteo rápido de Participación Ciudadana, descolocó al propio Correa quien, basándose en una encuesta de Santiago Pérez, dio por ganada la primera vuelta. Todo el gobierno tuvo que archivar su optimismo prematuro y la celebración del triunfo. Cedatos descolocó, igualmente, a las encuestadoras alineadas con el Gobierno que aseguraron, con semanas de antelación, que Lenín Moreno ganaría la primera vuelta con alrededor del 43% de votos válidos.

Polibio Córdova aseguró hoy en rueda de prensa que el video en el cual un supuesto trabajador de su empresa muestra estadísticas, contratos y cheques es un montaje, hecho con hakeo a sus cuentas y a su base de datos, pero burdamente manipulado. Esto solo podría determinarlo una fiscalía profesional con peritos especializados e independientes del poder Ejecutivo. Ese no es el caso. Evidentemente, el correísmo ha hecho un tema electoral de Cedatos otorgando total veracidad a un video del cual nadie se hace cargo. El supuesto trabajador de Cedatos no da la cara. Sin probar su veracidad, el correísmo decidió montar, entonces, este escándalo y explotarlo políticamente.

El Presidente habló el sábado de una ventaja para Lenín Moreno cercana a 20 puntos sobre Guillermo Lasso. ¿Eso no es atentado a la fe pública? ¿Quiénes responden por estas cifras? Correa habló de encuestadoras pero no las identificó. De dos una: o no existen esas encuestas y Correa cometió el mismo delito que Rosana Alvarado endosa a Polibio Córdova. O existen y, en ese caso, esas empresas deben someterse a la misma investigación por parte de la fiscalía y el equipo de peritos especializados e independientes que deben investigar a Cedatos. ¿Qué hace reales las cifras presentadas por Correa? ¿Qué él las legitima? ¿Que él las da por ciertas? ¿Cómo se explicaría, en ese caso, la diferencia abismal que hay con otras encuestadoras, como Informe Confidencial, que dan empate técnico? ¿Y el correísmo tiene calidad moral para hablar de una encuesta supuestamente manipulada, cuando se han inventado una empresa llamada Centro de Investigación Social? ¿Acaso sus encuestas falsas, como esa empresa, no han sido publicadas, como ciertas, por el grupo mediático de propaganda del gobierno? ¿Qué dijo el Presidente y su gobierno sobre la famosa encuesta que se inventó René Ramírez y cuyo autora era supuestamente la Universidad de Georgetown?

Lo que hace el gobierno con Cedatos es anclar un nuevo paquete de dudas sobre sus intenciones reales para el 2 de abril. En este ataque contra Cedatos participan el Presidente, la vicepresidenta de la Asamblea, la Fiscalía, todo el aparato mediático y de propaganda, los troll-center… ¿Qué buscan? ¿Sacar a Cedatos del exit poll de la segunda vuelta, como presumen sus responsables? Si esa fuera su intención, a pesar de que esa firma ya está calificado por el CNE, el gobierno se pegaría un tiro en la nuca. Sacar a Cedatos implicaría dejar a los electores en manos de las empresas de sondeos del gobierno (que no acertaron el 19 de febrero) y de un CNE, que ya está bajo sospecha. Ese sí sería un peligro para la paz pública y no que esa firma pueda hacer su trabajo. Además de que esto solo daría cuerpo a las conjeturas de fraude que rondan en el país.

Es obvio que el gobierno apuntó a quebrar la credibilidad de las cifras que causan problemas en la campaña de Moreno. Es bueno para remover a los indecisos, pero eso también prueba que Moreno no gana con casi 20 puntos de diferencia como dijo Correa el sábado. ¿Logró amedrentar a Cedatos que publicó una encuesta en la que Lasso pasa al segundo lugar? Una encuesta que, a su vez se vuelve inexplicable, pues no hay nada en el panorama político que justifique la diferencia que ahora existe. Si sembrar la confusión hacía parte de esta movida, el gobierno se anotó ese punto.

Foto: Agencia Andes 

A Correa no le importa quién ganará la elección

en Caricaturas/El Humor por
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Rafael Correa deja un reguero de deudas: con los chinos, con el IESS, con el BIESS, con el Banco Central, con las empresas petroleras… etc. Esa bomba explotará en el próximo gobierno. Cuando él, supuestamente, estará fuera. En Bélgica. Chamorro lo pescó preparando el regalo que deja a su sucesor… que puede ser (hay una posibilidad sobre dos) el propio Lenín Moreno.

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¿Y si ganara Lenín Moreno?

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Ganar es el único escenario plausible para el correísmo. Por eso está haciendo un esfuerzo descomunal que incluye el uso de todo el Estado a favor de su binomio: la presidencia, ministerios, prefecturas, municipios, presupuesto, logística, decenas de miles de funcionarios haciendo proselitismo, el Consejo Nacional Electoral, la maquinaria mediática, los troll-center… En la administración se han formado brigadas que llaman a los domicilios para tratar de convencer a los ciudadanos de que Moreno es el santo de temporada. Jóvenes organizados por María Fernando Espinosa y los Alvarado en tareas de comunicación (pagados en sobres y sin factura). Tareas que incluyen una campaña sucia sin precedentes contra el contendor. Nunca antes en el país, el Estado todo habrá casi detenido su normal funcionamiento para convertirse en una maquinaria destinada a conseguir votos, como sea. Para ganar como sea. Los correístas creen que si gana Moreno obtendrán de nuevo un cheque en blanco por parte de los electores para hacer lo que vienen haciendo desde hace diez años. Eso es un espejismo por muchos factores:

  1. El modelo insostenible: la economía ya no da para alentar un modelo derrochador que convirtió al Estado en el protagonista de todo y en el motor de la economía. La bonanza se acabó y el nivel de endeudamiento o la política de meter la mano en la caja del Banco Central, el IESS y otras instituciones para tapar el déficit fiscal y otros desequilibrios, ya bordea todos los límites. La nueva realidad económica pondría a Moreno ante una disyuntiva: tratar de sostener el modelo (profundizando la crisis) o rectificar. Esta contradicción, de ganar, minará la herencia correísta y creará enormes tensiones en su tienda política entre aquellos que creen que la economía obedece a la ley de los deseos y los pragmáticos que, por ahora, son pocos.
  2. La legión de los despechados: Moreno promueve en esta elección una catarata de promesas populistas que, de ganar, no podrá sostener. Se sumarán a todos los beneficios sociales (bonos, subsidios, créditos…) que se dispararon durante la bonanza para aceitar las clientelas políticas y cuyos costos ahora son insostenibles. Es tal el ambiente de regalos y ofertas que está promocionando, que es dable predecir, en caso de ganar, un bumerán en esas franjas seducidas por un Estado dispensador eterno y sin límites de dádivas.
  3. La disonancia institucional: si ganara Moreno, lo haría, presumiblemente, por una diferencia mínima. El país quedaría políticamente partido por la mitad y él, que dice que será presidente de todos los ciudadanos, tendría que asumir esa realidad. Su aparato, cebado por la propaganda, tendría obviamente la tentación de mantener su predominio total aprovechando el diseño institucional que aupó el autoritarismo de Rafael Correa. Pero 2017 no es 2009: Moreno se confrontaría con el desfase que crea tener a su disposición un poder hiperpresidencialista y el hecho de ya no contar con el músculo político para ejercerlo, como sí lo tuvo Rafael Correa. El correísmo si ganara tendría que procesar políticamente esa disonancia institucional y recular en sus pretensiones. O provocar una sublevación.
  4. La fractura de su frente interno: si ganara Moreno tendría que ejercer su liderazgo en Alianza País. Eso lo enfrentaría directamente con Rafael Correa. Y agravaría la división que existe en Alianza País entre sus partidarios y los correístas que hacen fila detrás de Jorge Glas. Esto incidiría en su relación con Glas que depende, en su caso, de su estado de salud y, en el de Glas, del estado de las investigaciones sobre la corrupción. Tras diez años en el poder, ya no hay tantas hambres atrasadas sino cadáveres y carpetas de corrupción en los armarios: esto incrementaría (a pesar de contar con fiscal y contralor de bolsillo) una alta vulnerabilidad en Alianza País que se reflejaría en la gestión gubernamental y en el bloque parlamentario. Las denuncias de corrupción representan y representarán una amenaza similar a la espada que el rey Dionisio hizo pender sobre la cabeza de Damocles.
  5. Los nuevos factores de poder: si Moreno ganara, no podría decir que “son más, muchos más”. Tendría  ante sí un país dividido representado por una oposición que ha cerrado filas entorno a la defensa de valores democráticos y republicanos. Esto, lejos de menguar, se incrementaría. Lo mismo  puede decirse de la sociedad activa políticamente que, lenta pero inexorablemente, está regresando con sus propuestas y sus organizaciones a la esfera pública. Esa sociedad, maltratada y perseguida ha tardado en reconstituirse, pero si volvió a la escena pública es para quedarse. Moreno, de ganar, no podría desconocer la sociedad movilizada so pena de atentar aún más contra el tejido social, calentar las calles y apostar por el ciclo agitación-represión. No tendría  capital político para ello y el uso de FF.AA. y Policía, con un país dividido, se antoja improbable y riesgoso. En ese caso, debería privilegiar el manejo político que, como parece obvio, milita en contra del modelo represivo y autoritario de Correa.

Por estos y otros factores -económicos, sociales, políticos o institucionales- es un espejismo político que los correístas crean que, si ganara Lenín Moreno, podrían seguir gobernando con la desfachatez, el cinismo, la opacidad y el autoritarismo que los caracteriza.

Mañana: ¿Y si ganara Guillermo Lasso?

Correa prefiere anunciarlo él: la lista Odebrecht sale la próxima semana

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Los filáticos del fútbol dicen que un buen defensa es quien sabe adelantarse a la jugada. La idea es que el jugador llega a la pelota antes que el delantero y así evita que le emboquen un gol a su equipo.

Pues adelantarse a la jugada es lo que Rafael Correa intentó hacer en su enlace número 516 realizado en Salitre, provincia del Guayas. Lo hizo en dos temas que, se vio, lo tienen aterrado: la lista de Odebrecht y las elecciones del 2 de abril.

Sobre Odebrecht dijo que la semana que arranca este lunes 20 de marzo habrá una filtración de información sobre la lista de los funcionarios ecuatorianos que están involucrados en el escándalo de coimas de esa constructora brasileña. “La próxima semana preparan filtrar la lista Odebrecht”, dijo Correa quien, al parecer, está tratando de esbozar un plan para neutralizar el efecto de la noticia. Ese plan consiste en, primero, echarle la culpa del embrollo a otros. En este caso, según Correa existe un complot entre la agencia de inteligencia de los EE.UU., CIA, la familia Isaías que está radicada en La Florida, la derecha y los prófugos Carlos Pareja y Pedro Delgado. Ellos están atrás de esta filtración, dijo y agrego que Karen Holligan, una ecuatoriana activista política que vive en Miami, es “la nueva directora” de ese organismo y quien coordina la filtración.

La otra pata del plan de defensa que aparentemente prepara el Gobierno consiste en decir, como en efecto lo hizo Correa, que la información no es confiable porque se trata de una filtración hecha antes de que los organismos competentes de Brasil o los EEUU hayan hecho las investigaciones del caso. Para afirmar esto echó mano de unas declaraciones recientes de la congresista de los EEUU, Ileana Ros-Lehtinen quien pidió la información a los EEUU pero que dijo que le habían negado el pedido pues las investigaciones aún están en curso. Pero Correa dio otra pista de cómo podría ser su defensa en el caso de que, en efecto, aparezca la lista en los días venideros: decir que el Ecuador pidió a la empresa los nombres pero que ésta condicionó su entrega a factores inaceptables, como el comprometerse a no enjuiciar a funcionarios de la constructora o no embargar sus bienes. Para darle verosimilitud a lo que estaba diciendo puso una diapositiva donde aparecían las supuestas condiciones de Odebrecht. ¿Quien se las dio en caso de ser ciertas? Sería extraño que se las haya dado el fiscal Galo Chiriboga que debería observar cierta independencia en el caso.

Fue tan evidente que el tema de la lista de Odebrecht lo tenía preocupado que al despedirse de la sabatina volvió a hablar del tema. “A estar preparados”, dijo lacónicamente y despidiéndose.

Pero para llegar al tema de Odebrecht, Correa primero preparó el terreno para hacerlo. Y para eso habló del tema electoral porque claro, para él, la filtración de la lista tiene por objetivo perjudicar al binomio gobiernista de Lenin Moreno y Jorge Glas. El Presidente, al hablar de las elecciones, insistió en algo que ya había dicho en una sabatina anterior: que la oposición no va a aceptar las resultados porque pretende hacer fraude. Es decir, Correa quiere adelantarse a la jugada de un posible fraude aunque todo apunta a que éste estaría siendo fraguado por él y los suyos. ¿Si no cómo explicar esta afirmación? Resulta obvio que cada vez que dice que la oposición no va a aceptar los resultados, que según él serán ampliamente favorables para Lenin Moreno, está preparando a la opinión pública frente a una eventual protesta de la oposición ante un fraude.

Correa aseguró que las encuestadoras serias, es decir las afiliadas al Gobierno como Perfiles de Opinión o Santiago Pérez que se equivocaron de crin a cola en la primera vuelta, aseguran que Lenin Moreno y Jorge Glas tienen una amplísima ventaja. De hasta el 16%, dijo. En cambio, a la encuesta de Cedatos, que hace poco dijo que había un empate técnico entre los dos candidatos, la calificó de fraudulenta. “Cuando Cedatos le ponga 50 a Lasso y 49 a nosotros, 50,5 a Lasso, 49,5 a nosotros, réstenle unos 10 puntos a Lasso y auméntennos 10 puntos a nosotros, y esa será la encuesta verdadera, ellos lo saben, porque Polibio Córdova dueño de Cedatos si sabe estadística, lo que pasa es que se vende al mejor postor, al que lo contrate y ellos tienen las verdaderas encuestas que coinciden con las otras encuestas donde nos muestran de 13 a 15 puntos de ventaja, hasta 16 nos da una encuesta sobre votos totales, lo que significa 16, 18 puntos de ventaja sobre votos válidos”, sostuvo.

Correa dijo esto sobre las elecciones del 2 de abril en medio de una persistente quejadera sobre una campaña sucia que, dijo, lleva adelante la candidatura de Guillermo Lasso. “Ya nos trajeron esta semana a la señora, ¿cómo se llama la señora? ¿La coloradita venezolana?, Lilian Tintori, insultando al país, descaradamente diciendo que viene por el cambio, a hacer proselitismo con Guillermo Lasso, tenían planificado dos días de campaña, eso es recontra ilegal, pero además un insulto a la soberanía de un país”, aseguró el Presidente quien además del racista y misógino comentario sobre Tintori hizo una hipócrita defensa de la decisión del gobierno de inadmitirla en territorio ecuatoriano. Correa, cuyo gobierno ha traído a decenas de extranjeros para que opinen de política interna alabándolo,  dijo que una venezolana no puede intervenir en política ecuatoriana.

En sus ataques a Tintori, Correa dijo que pretendía ser una “princesa” que pretende mandar como en su “hacienda bananera”. Sin embargo, no dijo nada sobre los otros extranjeros que han venido estos días al Ecuador para hacer campaña por Lenin Moreno y a quienes no se les impide permanecer en el Ecuador, como fue el caso de ex candidato presidencial chileno Franco Parisi. “Si viene a meterse en política en el mismo avión la regresamos, vamos a ser más eficientes, nos demoramos ahora unas horas, la próxima vez le ofrecemos más eficiencia y en el mismo avión la regresamos, aquí se respeta la ley y la soberanía del país”, lanzó en tono envalentonado.

Correa, en todo caso, no conoce decencia ni coherencia. Así como habló pestes de Tintori que vino a hacer lo mismo que han hecho sus invitados extranjeros, Correa invirtió una buena porción del enlace en denostar a los Tratados de Libre Comercio asegurando que acaban con el agro. Era evidente que estaba haciendo campaña en contra de Lasso, especialmente por estar en Salitre una zona de campesinos pobres que podrían pensar que un Tratado de Libre Comercio los puede afectar. Lo que no mencionó, sin embargo, es que fue él quien más empujó para que se firme el Tratado de Libre Comercio con Europa. ¿Más caretuco que eso?

En general, Correa no estuvo ni tan vehemente ni tan agresivo como suele estar en otras sabatinas. Esta vez no mencionó ni una sola vez a Jorge Glas, aunque entre los asistentes estaba su madre Norma Delgado junto a la de Glas, Norma Espinel.  Era visible que el tema de la lista de Odebrecht lo tenía preocupado. Tanto así que al despedirse no pudo evitar volver a mencionarlo.

¡Adivina quién es el banquero!

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La pela por el título al mayor banquero está pactada. El árbitro, Juan Pablo Pozo, ya explicó las reglas, aunque no admitió la desigualdad que se observa en el ring. El público luce cabreado… Chamorro está presente (reportando para 4Pelagatos).
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Correa destina medio millón de dólares para hacerse un museo

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Los que pretenden controlarlo todo siempre tratarán de imponer la forma en que anhelan ser recordados. Es normal: al fin de cuentas la posteridad se les presenta como un espacio donde todo puede escapar a su control.

Rafael Correa no es la excepción. Él, que lo ha controlalo todo durante 10 años, no quiere dejar el poder sin antes imponer cómo debe ser recordado. Por eso, ha ordenado destinar 444 806 dólares para construir en Carondelet un Museo de la Presidencia de la República. La idea es que se haga un recorrido por la historia del poder en el Ecuador y se recuerde a todos aquellos que lo ejercieron desde Carondelet. Con el detalle, claro está, que Correa será quien decidirá el cómo. Porque suficiente evidencia existe, luego de 10 años, de que todo lo que está a su alcance debe hacerse a su gusto y a su aire.

Correa aspira a tener una suerte de templo para glorificar su paso por el poder y eso se evidencia en varios hechos relacionados con el proceso de contratación de este museo. Por un lado está su apuro por hacerlo antes de dejar la Presidencia, pues es notable que el proceso de contratación haya arrancado los últimos meses del 2016 y se haya cerrado a principios de este año.  Otro hecho es la cifra: casi medio millón de dólares mil dólares no es pelo de cochino, especialmente en tiempos de vacas flacas y cuando colecciones muchísimo más importantes y relevantes que las del Palacio Presidencial, entre esas las del Museo Nacional, se hallan embodegadas y sin que nadie sepa a ciencia cierta qué ocurre con ellas. Sería, según un comentario hecho por el curador Rodolfo Kronfle en Facebook, “la curaduría más cara de la historia republicana”.


Los documentos oficiales que han sido publicados alrededor del proyecto también ponen de manifiesto el carácter laudatorio del poder y en especial del paso de Correa por la Presidencia. En todos ellos se menciona, como fundamental para el proyecto, un espacio diseñado para “los regalos recibidos por el señor Presidente Constitucional de la República como un reconocimiento al pueblo ecuatoriano al que él representa”. Así, al menos, dice en uno de ellos.

La idea del Museo de la Presidencia de la República flotaba desde hace algunos años en la mente de Correa que siempre se ha jactado de haber abierto Carondelet al turismo donde exhibe los regalos que ha recibido durante su Presidencia. De hecho, en febrero del 2016 la Presidencia publicó un voluminoso proyecto de 43 páginas para convertir al palacio de gobierno y algunos edificios en un inmenso complejo turístico y museográfico, cuyo costo estaba calculado en 3 millones 600 mil dólares. Se trataba de la integración de Carondelet con los edificios aledaños: el de los Correos (actual vicepresidencia), El Comercio y Chimborazo. Eso hubiera convertido a ese proyecto en el bloque de construcciones más grande del centro histórico de Quito.

¿Qué paso con ese faraónico proyecto? Información oficial que diga porque se desechó ese proyecto no existe pero es fácil pensar que no pudo llevarse a la práctica por falta de recursos económicos y de tiempo. De ahí que se optó por uno más chico y más factible y que es el de los 444 mil dólares.

La actual idea del Museo de la Presidencia de la República se concretó el 9 de septiembre del 2016 cuando la Presidencia publicó una invitación a oferentes para hacer el trabajo. La celeridad en el proceso fue notable: la adjudicación se firmó el 13 de ese mes; es decir apenas cuatro días más tarde. El ganador fue el consorcio Riofrío-Salazar, conformado por los esposos Fernanda Riofrío y Francisco Salazar. Según esos mismos documentos el contrato entre la Presidencia y el consorcio seleccionado se firmó el 22 de septiembre del 2016. Francisco Salazar es un reconocido fotógrafo e ingeniero que ha sido cercano al gobierno de Correa desde sus inicios. Es más fue Viceministro de Cultura en los años 2009 y 2010. Según los documentos que remitió en la oferta se ve que la experiencia que el consorcio tiene en el campo de la museografía se limita a dos trabajos relacionados con la historia y los museos. Riofrío-Salazar fue contratista del Ministerio de Cultura para hacer dos estudios: uno para el Museo de la Historia Económica por el que le pagaron 59 650 dólares y otro para hacer un estudio histórico, social y estético del cementerio de San Diego por el que le cancelaron 108.220 dólares. Quizá su trabajo más grande ha sido el que hizo entre enero del 2010 y agosto del 2012 para montar la infraestructura de la Fundación Mundo Juvenil en el parque de la Carolina, que tuvo un valor de 357 mil dólares. En el equipo del consorcio aparece como historiadora para trabajar en el proyecto Valeria Coronel.

El proyecto para construir un museo de la Presidencia de la República con una inversión de más de 440 mil dólares aparece, precisamente, cuando la colección histórica más importantes está en cajones depositados en una bodega cercana al aeropuerto de Tababela y, en otra, al norte de Quito sin que nadie más que los funcionarios del Ministerio de Cultura sepan sobre cómo se han manejado y cómo se conserva. Se trata de la colección del Museo Nacional que constituye el núcleo más importante y, de lejos, más valioso de los objetos que testimonian el desarrollo de la historia temprana del país.

El Museo Nacional se cerró, supuestamente de forma momentánea, en noviembre del 2015 cuando el Gobierno vio que las instalaciones de la Casa de la Cultura, donde se encontraba, era un buen lugar para las conferencias de la conferencia Hábitat III. En ese momento, los funcionarios dijeron que el traspaso de las piezas iba a ser aprovechado para replantear la museografía del sitio con una visión más contemporánea. A inicios del 2016 los funcionarios del Ministerio de Cultura se llenaron la boca de promesas sobre nueva conceptualización del Museo Nacional, como lo recogió entonces diario El Comercio. En ese entonces una buena cantidad de expertos hablaron sobre la necesidad de reconceptualizar el museo. Pero no pasó nada: ni los funcionarios cumplieron con sus ofertas ni los expertos han exigido públicamente que se vuelva a montar el Museo. Las últimas noticias registradas sobre el tema dicen que la reapertura será el segundo semestre del 2017. Pero lo único que se sabe es que las piezas están embodegadas y que no hay ninguna iniciativa para comenzar las obras.

Si nadie parece apersonarse seriamente del futuro del Museo Nacional, en cambio recursos para el Museo de la Presidencia de la República no faltan y hay un contrato recientemente firmado para iniciar las obras. Hacer un museo para quienes han ejercido el poder desde Carondelet es, evidentemente, una prioridad frente a tener un Museo Nacional donde se articule un relato sobre la construcción de la historia del país. Este caso desnuda la lógica que Correa tiene de la historia. Para él, los procesos históricos no existen o no merecen ser visibilizados. Lo único que cuenta para alguien con su cultura política son las luchas para ocupar el sillón presidencial.  Según esa visión, un país puede perfectamente vivir sin un registro de los recorridos de su pueblo pero jamás sin un monumento al poder que celebre a los ganadores. En esa lógica se justifica plenamente gastarse 444 mil dólares en una sala donde se exhiban los regalos que él ha recibido durante su paso por la Presidencia, como dice el proyecto, antes que otorgar recursos  para reconstruir un Museo Nacional donde se exponían, mal que bien, las piezas más importantes de las antiguas culturas de lo que hoy es el Ecuador.

El proyecto del Museo de la Presidencia de la República está llenó de retórica sobre el supuesto valor de las piezas que hay dentro de Carondelet pero no puede ocultar lo que realmente es: un culto a la personalidad de Correa. “Se plante una vitrina especial que tendrá más flexibilidad para exhibir regalos y objetos que estén en transición sean por que serán subastadas o sea por ser los últimos en llegar a la reserva. La intención de esta vitrina es demostrar la dinámica de la colección y permitir su crecimiento”, dice el texto redactado por el consorcio ganador.

Correa está a punto de dejar el poder y es obvio que la amenaza del olvido lo atormenta. Emplear cerca de medio millón de dólares para un Museo de la Presidencia, cuando parte de los recursos que llegan a las arcas del Estado proviene de una deuda que deberán pagar hasta las generaciones futuras, solo se explica por su desquiciada vanidad del poder.

Documentos en PDF
La invitación parea el concurso
La oferta del consorcio Riofrío-Salazar
La adjudicación para hacer el museo
El contrato para hacer el museo

Odebrecht: la otra mentira de Rafael Correa

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Rafael Correa mintió cuando aseguró que el escándalo Odebrecht era un complot orquestado por fuerzas del extranjero y la familia Isaías para desestabilizar a su gobierno y torpedear las posibilidades electorales del binomio Moreno-Glas.

Cuando recién apareció el tema del escándalo de las coimas de Odebrecht en 12 países entre esos Ecuador, Rafael Correa dijo que las revelaciones en el caso eran un instrumento “geopolítico y electoral” en el que participaban los ex banqueros Isaías, fuerzas extranjeras y ciertos socialcristianos para perjudicar las aspiraciones del binomio del Gobierno.

Falso. Ahora se ha confirmado que, muy al contrario de lo que dijo Correa el 7 de enero en la sabatina de ese día, la revelación de la lista de los ecuatorianos involucrados en las coimas no tiene nada que ver con el proceso electoral ecuatoriano. Según la información publicada por O Globo, el procurador general del Brasil, Rodrigo Janot, ha dicho que el sigilo sobre los nombres de los involucrados en el escándalo que no son brasileños, solo se levantará en el mes de junio. Es decir, bien pasada la segunda vuelta electoral y sin posibilidad de que influya en el resultados de las elecciones. Las motivaciones electorales sobre los que habló Correa no fueron más enorme mentira sobre la que quiso victimizarse.

La tesis de Correa apuntaba a que los nombres de los funcionarios ecuatorianos involucrados aparecerían antes de la primera vuelta para que, hasta que se pruebe que todo es falso según él, “se nos pasa el 19 de febrero”. Correa, en esa sabatina, dijo refiriéndose al tema Odebrecht que “esto huele bastante mal, a Panama Papers donde también sacaron información sesgada tratando de perjudicar a los gobiernos progresistas. ¿Por qué? En los demás países se investiga del 2011 al 2006 en el Ecuador del 2017 al 2016. ¿Qué casualidad no?”. Según Correa la congresista de EE.UU. Ileana Ros-Lehtinen había pedido, sospechosamente, la lista de los coimados exclusivamente del Ecuador.  “Atrás de esto están los Isaías así que mucho cuidado, algo tan sagrado como la lucha contra la corrupción se lo utiliza geopolíticamente y electoralmente”, sostuvo el Presidente.

No fue solo una tesis lanzada al calor de la sabatina. Correa pretendió hacer todo un caso alrededor del tema Odebrecht y en eso no estuvo solo. Los medios oficiales y otros regionales alineados a su tendencia, como Telesur, publicaron muchos textos en los que se especulaba sobre un plan internacional para perjudicar a los gobiernos progresistas.  Incluso muy poco después de conocido la delación voluntaria de la constructora brasileña el gobierno ecuatoriano redactó un documento de tres páginas en el que se intentaba darle sustento al argumento de la conspiración.  “Tampoco aceptaremos, sin pruebas ni beneficio de inventario, las versiones de los directivos de una empresa que se ha declarado culpable de actos de corrupción y que para atenuarlos, literalmente “negocia” su responsabilidad ante la justicia estadounidense con millonarias multas de por medio. Esperamos que este no sea el caso, pero no nos sorprendería tampoco que el Departamento de Justicia subordine su administración, una vez más, a los intereses de la política exterior de Washington”, decía el documento que fue divulgado por el propio Correa a través de un enlace que colocó en su cuenta de Twitter.

Pero todo ha ocurrido de forma distinta. Incluso la posibilidad de que la lista llegue desde los  EE.UU., antes de la segunda vuelta, está ya descartada. La congresista Ros-Lehtinen no hace mucho hizo conocer la respuesta del Departamento de Justicia de los EE.UU a una carta suya en la que le decían que la revelación de la lista se hará únicamente cuando las investigaciones terminen. En otras palabras, los ecuatorianos deberán ir a las urnas sin conocer si los candidatos oficialistas han recibido o no sobornos de la empresa brasileña a cambio de contratos en el país.

El estoconazo final a las esperanzas que albergaban ciertos opositores y a la tesis de Correa se produjo, finalmente, el martes 14 de marzo: ese día la prensa brasileña informó que la  Procuradoría General (fiscalía) de Brasil presentó las solicitudes de investigación de 83 personas ante el Tribunal Supremo por estar vinculadas con la entrega de coimas por parte de Odebrecht en ese país. El procurador, Rodrigo Janot no dio a conocer nombres pero medios locales obtuvieron y publicaron en la noche detalles de la lista. Entre los políticos bajo sospecha están dos ex presidentes, Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff, y hasta cinco actuales ministros del Gobierno de Michel Temer, aseguró el diario “Estado de Sao Paulo”.

El caso se basa en denuncias hechas en las últimas semanas por 77 ejecutivos de Odebrecht en su cooperación con la Justicia, las llamadas “delaciones premiadas”. La compañía está envuelta desde hace meses en varios escándalos de corrupción en todo el continente.

Debido al potencial explosivo que se les endosa, las delaciones de Odebrecht eran calificadas desde hace tiempo en Brasil como la “delación del fin del mundo”. Las investigaciones están vinculadas con la megacausa anticorrupción conocida como “Lava Jato” (“Lavado de coches”).

La llamada “lista de Janot” era esperada desde hace semanas y remeció los cimientos de toda la clase política brasileña, dice la prensa de ese país. Entre los políticos bajo sospecha están el jefe de Gabinete, Eliseu Padilha; el ministro de Exteriores, Aloysio Nunes; el titular de la Secretaría General de la Presidencia, Wellington Moreira Franco; el de las Comunicaciones, Gilberto Kassab, y el ministro de Ciudades, Bruno Araújo, según “Estado”.

Cuando aparezca la famosa lista, en el Ecuador, ya habrá un binomio ganador. La noticia afectará al binomio electo o al perdedor y en el caso de que resulte electo alguien mencionado en la lista, la gobernabilidad y la legitimidad de ese gobierno quedará profundamente afectada. Pero por ahora, lo único cierto es que ha quedado demostrado que el complot del que habló Correa no fue sino otra de sus mentiras.

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