Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

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Rafael Correa

La revolución ciudadana sufre hasta de impotencia

en Caricaturas/El Humor por

Rafael Correa no quiso aceptar que el gobierno pagara la deuda al IESS, en la cual se incluyen las enfermedades catastróficas. Ahora Alianza País es víctima de esa política porque los enfermos mayores de Alzheimer, esquizofrenia, depresión, disfunción eréctil… están en ese movimiento político. Chamorro  lo comprueba sin mayor esfuerzo.

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Correa anda suelto como pandillero en Twitter y Facebook

en La Info por

Cuando era Presidente, las cosas que Rafael Correa hacía o dejaba de hacer estaban relacionadas con la ética del servicio público. Insultar a uno de sus mandantes en las sabatinas o usar el avión presidencial para ir a recibir un honoris causa en el extranjero eran gestos claramente reñidos con la ética pública que un Presidente, se supone, debe observar.

Una vez fuera de la Presidencia, lo que Rafael Correa haga o deje de hacer está relacionado, más bien, con la ética ciudadana. Por eso, cuando Correa decide colocar, el lunes 19 de junio, cuatro tuits  suyos en los que pedía a su guerreros digitales a investigar y luego exponer públicamente los datos personales de aquellos que, según él, están insultado en redes sociales está actuando como un delincuente común y cualquiera. Pedir a sus guerreros digitales que consigan y publiquen la información personal de personas que, según él insultan en redes, es un claro acto de incitación a la violencia y a la violación del derecho a la privacidad. Se trata de un acto de delincuencia común sancionado en el artículo 178 del código penal. Twitter también prohíbe la publicación de información privada como dirección y teléfonos personales.

Pero estos mensajes son señales que lanza desesperadamente porque siente que el poder se le escapa y quiere seguir siendo un agente político. Rafael Correa cree que su permanencia en la política y en el imaginario colectivo depende de si hace que la gente hable de él.  Los tuits del lunes no son, desde esta lógica, únicamente actos de violencia común, sino angustiosos llamados de atención para que la sociedad no deje de hablar de él.

Si callo muero, es la consigna porque debe ser insoportable dejar el poder para quien durante 10 años lo entendió como una herramienta para cumplir sus máximas y mínimas aspiraciones personales y como un atajo para cobrarle las cuentas a su pasado. “¿De acuerdo?”, les preguntaba con tono de desafío a sus guerreros digitales al final del mensaje, que primero colocó en Twitter y luego en Facebook.

La reacción a los mensajes fue inmediata y masiva. “Aquí siempre defendiendo el proceso compañero @Mashirafael fieles sin claudicar“, le respondieron desde una cuenta mientras que desde la mismísima cuenta de los Guerreros Digitales le dijeron “de acuerdo @mashirafael empecemos ya, siempre listos a su llamado. No permitir más atropellos e insultos de gente que se escuda en una cuenta”. Y si algún usuario, como Esteban Jaramillo le protestó y le dijo que era “lo más de lo bajo” y le puso que su nombre era ese y que vive en Quito, uno de los soldados digitales de Correa le contestó “no hace falta que digas quien eres, nosotros vamos a averiguar quién completamente, para ver si sigues siendo tan machazo al insultar”. Hasta la alcaldesa de Durán, Alexandra Arce, entró en el juego legitimando el pandillerismo de Correa.

Correa, viudo del poder y de todo el boato que lo rodea, necesita que hablen de él porque esa es su única forma de sostenerse sobre el potro. Si hablan de él y si su palabra provoca polarización y enfrentamiento, como ocurrió, entonces siente que le queda alguna forma de poder. Ya no tiene la corte de aúlicos que lo seguían aquí y allá ni el enjambre de funcionarios de su aparato de comunicación que publicaban todo cuanto él creía que había que divulgar sobre su gestión. Correa ya no tiene a quién gritar como lo hacía cuando no se cumplía con el cronograma de construcción de un canal de riego o un muelle cualquiera. Tampoco tiene a su palafrenero Fernando Alvarado para ver a qué periodista denigrar en su patético show del sábado. Debe ser un suplicio, para alguien que construyó todo un manual sobre cómo ejercer el poder absoluto, tener que pasar las mañanas en su casa donde en lugar del “señor Presidente” que sonaba por aquí y por allá en Carondelet, escucha en cambio el ruido de la licuadora, señal de que se hace almuerzo, o el rugido de la aspiradora que le recordará su estado de reclusión domiciliaria. Correa necesita hacer ruido porque necesita escucharse a sí mismo a través de los otros.

El ex Presidente, además, no tiene la capacidad intelectual ni emocional de entender el efecto que causa en la sociedad aquello que hace. Si sus llamados a los guerreros digitales desataron una ola de crítica y condena en redes, Correa no tuvo empacho en seguir provocando con las mismas mañas. Poco después de sus mensajes a los guerreros digitales, ya pasadas las 16:00, volvió a lanzar mensajes que también podrían poner en riesgo la integridad física de otras personas. Esta vez fue en contra de Carmen Andrade entrevistadora de Radio Centro. “Carmen Andrade, periodista de Radio Centro, me insulta todos los días con un odio atroz”, decía como dando la orden a sus guerreros digitales para que vayan por ella. “Venceremos la corrupción en todas sus formas”, añadía al final del mensaje en contra de Andrade como si su llamado no fuera, precisamente, de odio atroz.

Si en su intento por mantenerse vivo en la política actúa como un pandillero es porque así ejerció el poder: sin contrapesos institucionales y con el silencio cómplice, a veces acompañado de la celebración, de un importante sector de la sociedad. Esa porción de la sociedad fue la que celebró o simplemente calló cuando dijo gordita horrorosa a una periodista o cuando publicó los datos personales de algún crítico suyo. Ahora, como ex presidente, anda por ahí exponiendo la integridad física de cientos de usuarios de redes sociales.

Los mensajes de Correa plantean también otro problema mucho más profano: la existencia de redes de trolls, financiados por el Estado, que actúan por fuera del control del gobierno de Lenín Moreno. Durante el gobierno de Correa se contrató a empresas de comunicación dedicadas a intervenir y distorsionar la conversación en redes a través de trolls que descalificaban cualquier crítica al gobierno y acosaban a usuarios críticos. Estas empresas, aparentemente, aún tienen contratos con el Gobierno y siguen asumiendo como su patrón a Correa. ¿Lenín Moreno está dispuesto a que el Estado siga financiando la desesperada lucha que Correa mantiene en redes sociales para no dejar de existir políticamente?  4Pelagatos supo por información de una persona cercana al círculo de Lenín Moreno que los trolls trabajan realmente para Rafael Correa y que no están bajo el control del Presidente Moreno. Ese es un problema que tiene que ver con el gasto ético de los fondos públicos pero que también tiene que ver con incapacidad de Lenín Moreno para suspender el aparato de propaganda de Rafael Correa.

Rafael Correa cree que sus razones políticas están por encima de cualquier forma de decencia ciudadana. En la soledad de su casa, ha convertido a sus cuentas de Twitter y Facebook en sus herramientas para que nadie lo olvide ni deje de hablar de él.  El tiene el perfil sicológico del pandillero bully que sabe que si deja de acosar pierda el control de la pandilla.

Correa está yendo al siquiatra

en Caricaturas/El Humor por

Viudez de poder, síndrome de soledad, paranoia de inseguridad… Rafael Correa ya no es lo que era y ahora tiene problemas que solo puede confiar a sicólogos, siquiatras o sicoanalistas… Chamorro no supo con quién se trata, pero que está de siquiatra… no cabe duda alguna.

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¿Y vivieron juntos, fueron felices y comieron perdices?

en La Info por

Los correístas respiran aliviados: les volvió el alma al cuerpo. Se vuelven a decir que están unidos. Que sus dos líderes (Rafael Correa y Lenín Moreno) están juntitos. Que el proyecto revolucionario sigue adelante.
Esta foto, que subió Gabriela Rivadeneira la noche del lunes, en la que aparecen los principales miembros de la nomenclatura correísta con Lenín Moreno (que fue de la nomenclatura pero ahora es Presidente), hizo el efecto de un verdadero exorcismo en los rangos del oficialismo. Si se analizan los comentarios de algunos correístas en las redes sociales, se puede (por contraste) medir la angustia y desazón con que han vivido seguramente desde el mismo 24 de mayo, cuando se posesionó Moreno.

La foto cumple un rol liberador. Y por las características que encierra, por los mensajes que envía, por las lecturas que suscita, evidentemente se trata de una foto montada: es decir, pensada desde las necesidades políticas que tienen aquellos que pidieron la reunión a Lenín Moreno: es una foto estratégica. Primero porque reúne a Moreno con Correa. El expresidente, que sufre de los síndromes de viudez del poder y de abandono, está al lado de Moreno. No está solo. Y no solo está a su lado. Está rodeado de su gente que, a su vez, rodean a Moreno: Jorge Glas, bajo sospecha. Alexis Mera, tan cínico como maquiavélico. Los ñaños Alvarado, tan vivos y tan impresentables. El inefable Ricardo Patiño. Gabriela Rivadeneira, tan inútil y tan grandilocuente. José Serrano, presidente de la Asamblea y un enigma por antonomasia.

La foto está pensada para mostrarlos unidos. Dueños del poder. Parte del mismo equipo. En ese sentido, no es una foto casual. Está pensada estratégicamente por la gente de Correa para ser usada políticamente. En este punto, los correístas de cepa dan siete vueltas a los dos miembros del gabinete que acompañan a Moreno: Paola Pabón y Eduardo Mangas.

Golazo de Correa y de su gente, formadores de este evento político-mediático, si se tiene en cuenta que se publica luego de los tuits de Rafael Correa. Esta foto sirve sus intereses sobre todo en la militancia y el electorado duro que, con perplejidad, empiezan a vislumbrar la doble moral y la corrupción que tuvo lugar en el gobierno de Correa. Rasgos de la revolución que emergen a pesar de la tibieza política de Moreno. Esa foto era necesaria en los rangos correístas, como lo es un dique de emergencia en una inundación. La obtuvieron y la publicaron.

Moreno pierde puntos en la opinión sensata que, por naturaleza, es poco afecta a lecturas semióticas enrevesadas. Esta foto se hizo con su concurso. Y lejos de ayudarle, pone en jaque su voluntad y su decisión de distanciarse de lo peor del correísmo; algunos de cuyos representantes están en esa foto. Los mensajes de fortaleza y unión que allí se leen contravienen su deseo expreso y el de sus estrategas de separar la paja del trigo.
Lunes 12 de junio: Correa 1-Moreno 0.

Es una lectura. Pero obviamente hay más: en el entorno de Moreno se reitera que es un político frío, calculador, que mantiene sus decisiones a pesar y por encima de las eventualidades. Esta reunión –se dice– la pidió Correa y Moreno no podía negarse. Pero se hace hincapié en las rupturas que ha marcado desde el 24 de Mayo y en la que produjo, precisamente, el mismo día de la fotografía: Moreno se reunió con las cúpulas policial y militar y dio un golpe de gracia a un proyecto en el cual Correa invirtió gran capital político: un grupo de protección para personalidades, incluidos el Presidente y el vicepresidente, sin militares y policías. “para mi seguridad personal –les dijo ante Miguel Carvajal, ministro de Defensa– no acudiré a ninguna otra instancia que no sea la de ustedes“. En claro, Moreno sigue su camino y espera que los otros entiendan que ahora es él el Presidente. Él dicta las pautas.

La misma sensación se tiene frente al documento que puso a circular Alianza País anunciando un nuevo proceso de diálogo interno destinado, en última instancia, a “fortalecer la unidad y la lealtad”. Cada bando lo entiende a su manera. La nomenclatura correísta insiste en que Moreno es producto de un proyecto histórico que afronta ahora una nueva etapa. Por eso insisten en la lealtad a lo que hizo Correa y a sus postulados. Del lado de Moreno, se hace hincapié en la nueva etapa definida en el discurso de Moreno del 24 de Mayo en el cual dejó atrás el Socialismo del Siglo XXI y la Revolución Ciudadana. Lealtad con Correa para unos; lealtad a Moreno para los otros. El mano a mano sigue.

En suma, la foto de marras retrata el instante en el cual Correa y los suyos metieron un golazo a Moreno. Los amigos de Moreno no lo creen así e insisten en que hay que seguir viendo el partido. Y evaluarlo en su totalidad.

Correa y Glas son lo mismo: he aquí la prueba

en Caricaturas/El Humor por

El correísmo convirtió el escándalo Odebrecht en un pararrayo tras el cual se guareció y se mantuvo relativamente unido. Bastó un movimiento de la Fiscalía, totalmente apoyada por Lenín Moreno, para que las falacias sostenidas por Correa empiecen a derrumbarse. Chamorro muestra cómo Correa y Glas son lo mismo (por el pasado que los une) y compartirán la misma suerte.
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Correa abre fuego contra Moreno

en La Info por

Rafael Correa siente la soledad del poder. La desparrama públicamente en su cuenta de Twitter. En seis tuits no solo muestra que sigue al dedillo lo que está pasando en el nuevo gobierno: muestra su incapacidad para recrear su retórica y su nivel de impotencia para evitar lo que está pasando: en esos tuits Correa crítica duramente a Lenín Moreno, a su partido y se apoya sobre lo que cree que todavía le es enteramente leal: el bloque AP en la Asamblea. En seis tuits, Correa habla de siete temas que es bueno repasar:

1. Walter Solis no es corrupto, es víctima: Correa es fiel a su actitud de querer controlarlo todo y saberlo todo. Ahora dice que la detención de Walter Solís, su ex ministro, no es por el caso Odebrecht: es –escribe– por un caso “que él mismo denunció y que llevaba cuatro años en indagación fiscal”. No dice cuál. No importa. Le importa halar la alfombra bajo los pies de Carlos Baca Mancheno, actual fiscal. De esa afirmación se coligen dos cosas: Solís (como Alecksey Mosquera) es inocente y Galo Chiriboga es un incompetente (que él y su gobierno toleraron). Solís no solo es inocente: es una víctima.

2. Miente y miente sobre Lula: Correa compara el caso de Walter Solís con el de Lula da Silva. En los hechos, Correa manipula la información para negar lo que la investigación del caso Lava Jato probó en Brasil: que el expresidente es un corrupto que recibió coimas y que hizo lobby por cuenta de Odebrecht ante otros gobiernos; posiblemente ante el mismo Correa.

3. Se cae toda la estantería: el expresidente se conduele de que “desde ciertos funcionarios del Ejecutivo, autoridades de control y hasta jueces estén siguiendo el discurso de la oposición”. Para él no hay hechos. No hay coimas. No hay coimados. La corrupción no existe. Vuelve, a pesar de las evidencias, a la retórica que usó en su gobierno para encubrir la corrupción y los corruptos: todo esto es el discurso de la oposición. Salvo que esta vez, la crítica la hace a su sucesor (directamente señalado), a sus organismos de control y a sus jueces. Su afirmación traduce impotencia doblada de incredulidad (¡Qué lastima!, escribe). Y en vez de reconocer que hay coimas y coimados, él prefiere (en ese estilo asesino que es el suyo) equiparar a su sucesor con la oposición. Su mensaje, en ese punto, no puede ser más claro para sus seguidores.

4. Correa se siente cabeza de turco: que diga que a la oposición le importa un bledo la lucha contra la corrupción, no es nuevo. Pero que diga que “tan solo buscan trofeos políticos” es una confesión, no pedida, de cómo se siente. Porque esa frase no está referida a la oposición que, como cada cual sabe, no gobierna. Está referida al nuevo gobierno que, si se lee bien, salió de cacería…

5. Correa se siente abandonado: no le preocupa el frente externo (en el cual no nota cambio alguno). Le inquieta la política. El frente interno. Y allí, de nuevo, emite una crítica violenta contra su sucesor: por torpeza o por deslealtad, se habla de marcar distancias con su gobierno. Con esta frase, confirma lo que se ha afirmado en forma reiterada a la luz de las evidencias que dejó en el camino en los últimos meses de su gobierno: Correa quería gobernar a Moreno. Su frase podría formularse con plena precisión así: “por torpeza o por deslealtad se habla de formular distancias conmigo”. Correa lo escribe porque, incrédulo, lo viene rumiando. Lo escribe porque no se lo cree.

6. El silencio de Alianza País lo anonada. Lo dice porque no lo puede creer. Ya no oye este sonsonete unánime que escuchaba cuando era el jefe de orquesta. Escribe: “Mientras tanto, AP calla”: quizá nunca imaginó tener que escribir, apenas 20 días después de dejar el cargo, esto de su partido. Veinte días apenas y ese par de tuits reflejan su soledad, su perplejidad ante lo que está viendo: sus organismos de control que ya no le obedecen. Jueces que ya no le obedecen. Un partido mudo… Un Ejecutivo que pensaba suyo y que ve que le da la espalda…

7. La Asamblea, su mayor refugio: con 74 asambleístas de Alianza País, Correa siente (y algunas votaciones así lo confirman) que allí es indestronable. Pero tampoco habla de esos 74 votos. Habla de algunas “voces valientes” que allí se han hecho sentir. En su cuenta de Twitter ha homenajeado a asambleístas como Viviana Bonilla y Marcela Aguiñaga. Las dos son invenciones políticas suyas con altos cargos en su gobierno. Él sabe que el ambiente político que hay en el país faculta a Lenín Moreno a forjar mayorías, para muchas reformas, con la oposición. Por eso, Correa no puede pensar, ni de lejos, que el bloque de AP está cohesionado y le será leal. El ambiente político que hay en el país, de hastío y cansancio del autoritarismo, luce favorable a Moreno. Pero Correa todavía no lo entiende. Sigue conectado al mismo casete.

Moreno–Correa: la guerra empezó antes de hora

en La Info por

La situación política es similar, en este momento, a ese mantra que dice: “nada está cerrado hasta que todo esté cerrado”. Pues bien: nada está jugado para el gobierno de Lenín Moreno ni para Rafael Correa que resulta –curiosamente– su principal contrincante. La ruptura entre los dos debía producirse. Pero el escándalo Odebrecht la precipitó. Ahora hay un mano a mano en el cual están en juego todos los factores de poder que controlaba, hasta ahora, el expresidente Correa: Asamblea, Contraloría, Fiscalía, Cortes… Esta guerra política supera, con creces, los enigmas que encierra la situación económica y se evidencia, entre otras, en estas razones:

  1. Moreno no admite la tutela de Correa: aún se desconoce si el nuevo Presidente será el reconstructor de la democracia en Ecuador y el enterrador del correísmo. Se ignora, entonces, cuál será la dirección y la profundidad del cambio que dice querer imprimir. Pero es evidente que Correa quiso maniatar a Moreno y que éste buscó diferenciarse –en la etapa que lo llevó a la Presidencia– hasta en el color de la camisa. Los amigos de Moreno dicen que no quería un enfrentamiento abierto con el ex presidente, pero algunos factores lo han precipitado: el caso Odebrecht, la inusitada actividad del aparato correísta, el amarre institucional que imposibilita cualquier tipo de cambio, el ancla que Jorge Glas representa para el gobierno por las sospechas de corrupción que pesan sobre él… Todo esto lleva a pensar que la ruptura con Correa es inevitable.
  2. Los tiempos se aceleraron para el gobierno: en esta primera etapa, Moreno esperaba legitimarse y asentar su poder, hacer balances y pautar cambios y fusiones políticas o administrativas en las instituciones. Ejemplos: Ministerio de la política y Ministerio del Interior. O Arcotel y Cordicom. Esta labor de intendencia se pensaba complementar con el anuncio de buenas noticias (un plan con unas 150 medidas y mensajes positivos fue diseñado para los primeros 100 días). No estaba previsto hacer mayores olas. Pero la situación se precipitó y ahora, ante las expectativas de cambio que hay en la opinión, el gobierno luce políticamente desbordado.
  3. El gabinete impuesto a Moreno tiene plazo: su composición es el resultado de un cóctel de imponderables que Lenín Moreno no pudo controlar: imposiciones del correísmo, resultados de las elecciones, pago de favores durante la campaña… Moreno puso apenas cinco ministros en un gabinete que es, se reconoce, “de medio pelo”. Por eso, está catalogado, entre sus amigos de gabinete-fusible: algunos le daban hasta medio año de duración. Ahora, por las urgencias y expectativas surgidas, apenas dos o tres meses. Quizá menos.
  4. Moreno no saca toda su artillería: el Presidente pidió a algunos cuadros y amigos suyos esperar pacientemente. Los quería tener en la congeladora durante meses, pero esa decisión la está revisando ante la complejidad política del momento. Se prevé incluso algún nombramiento sorpresa para estos días. Por lo pronto, Moreno –que es partidario de poner los ratones a cuidar el queso– prueba lealtades y capacidad operativa de sus funcionarios. Su estilo es trazar directivas, dejar trabajar y evaluar resultados. A Moreno no le importa, por razones obvias, el pasado político de sus colaboradores: le importa que remen en la dirección que él indica.
  5. Correa tiene a su favor la telaraña institucional: Moreno es Presidente pero su margen de maniobra por fuera de la telaraña correísta –si realmente aspira a hacer cambios– es incierta y requiere alto manejo político. Necesita operadores que por ahora no tiene. O no se ven. Los anuncios de detenciones por casos de corrupción le valió una legitimación política que lo obliga a mayor coherencia en este punto. Por ende, lo enfrenta más crudamente con el aparato correísta. Esto se refleja en la actitud del Fiscal (obligado a actuar por la información que recibió en Brasil), en la guerra interna entre Carlos Polit y Pablo Celi por el poder en la Contraloría y en la actitud de la Corte Nacional de Justicia. Un juez suyo no ha despachado algunas boletas de detención contra altos funcionarios involucrados en el escándalo de Odebrecht. El hecho cierto es que las instituciones están fatalmente atravesadas por el enfrentamiento entre correístas y morenistas. Y este enfrentamiento sigue abierto y no se resolverá institucionalmente: lo zanjará aquel que sume el mayor número de factores de poder.
  6. Correa es un poderoso elemento de inestabilidad para Moreno: el expresidente puede decir que su actividad en redes sociales y sus escritos en El Telégrafo son lícitos y normales. Y sí, lo son. No puede negar, sin embargo, que por su peso monumental en el aparato de Alianza País, en su bloque parlamentario y en el Estado –cuyos funcionarios le deben el cargo– representa un factor categórico de poder. Un tutelaje imposible de asumir por parte de Moreno.
    Por ahora, Correa actúa públicamente en dos frentes. Primero: expresa críticas veladas o directas al gobierno de Moreno. Lo hizo, por ejemplo, a propósito del llamado que hizo el gobierno para que la ONU apoye la lucha contra la corrupción en Ecuador. Segundo: descalifica a todos aquellos que el gobierno quiere convertir en sus interlocutores. Los empresarios, por ejemplo. En los hechos, Correa no se pierde movida alguna del gobierno de Moreno. Se ha conferido el rol de guardián del templo y usa las redes sociales para hacer presencia política. Obviamente, perdió centenares de micrófonos, pero tiene consigo ejércitos de troles y los medios del Estado que usó para propaganda en su gobierno. Su influencia será directamente proporcional a la capacidad que tenga Moreno para invertir, a su favor, los factores de poder.
    Si Correa deja el país, a comienzos de julio, cuando su hijo y su esposa concluyan el año escolar, disminuirá en parte su capacidad para obstruir a Moreno. Si lo hace, se abre otro interrogante: ¿cuándo volverá y con qué libreto? Esto es lo más curioso del tablero político tras su retiro: que Moreno puede contar más, objetivamente y para ciertos cambios, con la oposición que con los correístas fervientes, tipo Viviana Bonilla, que Correa no cesa de alabar.
    Lo dicho: el juego político sigue abierto…

Anatomía de una bajeza de Correa

en Columnistas/La Info/Las Ideas por

El 23 de febrero de 1981 un grupo de militares golpistas irrumpieron en el Parlamento español con el objetivo de derrocar al entonces presidente del Gobierno, Adolfo Suárez. Mientras las balas zumbaban en la sala de sesiones y la mayoría de los congresistas se tiraban al piso para protegerse, Suárez permaneció sentado en su curul. A raíz de esa actitud digna, desafiante y a la vez temeraria, el escritor español Javier Cercas escribió Anatomía de un instante, un brillante libro que narra la biografía de Suárez (su ascenso desde su pequeño pueblo natal hasta la cima del poder, su papel en la restauración de la democracia en España, su difícil relación con otros miembros de su propio partido y con el Rey Juan Carlos y su descenso a las tinieblas del Alzheimer) y describe los entretelones del fallido golpe y la compleja situación económica y política que atravesaba España en ese momento.

Pero no sólo los gestos admirables, como el de Suárez frente a los golpistas, merecen ser diseccionados. Sin pretender alcanzar el nivel de detalle y profundidad del libro de Cercas, se puede hacer algo similar con actitudes viles que condensan toda una personalidad, una sociedad o una época. Ese es el caso del tuit que, este martes, el ex presidente Rafael Correa escribió dirigiéndose al periodista Jean Cano. En su tuit, Correa publicó la información de los impuestos pagados por Cano en los últimos años y lo recriminó por, en su opinión, haber tributado poco. El tuit de Cano que motivó la respuesta de Correa se refería a la publicación en el diario público El Telégrafo de una columna de opinión en la que el ex presidente critica, sin nombrarlo, a Lenín Moreno por algunas acciones tomadas en torno al escándalo de Odebrecht.

La respuesta de Correa a ese tuit fue esta:

Realmente es difícil imaginar un tuit que pueda, como éste (compuesto por una frase de apenas 60 caracteres y una captura de pantalla), condensar tan fielmente la personalidad de Correa, su concepción de lo que es el Estado y su abrumador desconocimiento sobre la situación laboral (¿y económica?) del país.

La respuesta de Correa a Cano es un reflejo de la personalidad del ex presidente, no sólo porque muestra su incapacidad para tolerar cualquier crítica o mención en su contra, sino también por su evidente intención de desdeñar (incluso utilizando información sensible, si hace falta) a quien tuvo la osadía de meterse con él. En ese sentido, el tuit es casi una síntesis de lo que fue la relación de Correa, durante sus diez años de gestión, con la oposición, la prensa independiente e incluso con coidearios que en algún momento le dieron la contraria. Ese tuit también podría ser una sabatina en miniatura.

Por otro lado, Correa, al tuitear “me dice dónde le devuelvo los pocos impuestos que ha pagado”, deja entrever el modo en que él confunde Estado con Gobierno o, peor aún, Estado con Presidente. Nada sorprendente en una persona que en su momento dijo que “el Presidente de la República no es sólo jefe del Poder Ejecutivo, es jefe de todo el Estado ecuatoriano, y el Estado ecuatoriano es Poder Ejecutivo, Poder Legislativo, Poder Judicial, Poder Electoral, Poder de Transparencia y Control Social, Superintendencias, Procuraduría, Contraloría, todo eso es el Estado ecuatoriano”. Más grave aún, el modo en que Correa redactó su respuesta sugiere que él se sigue considerando jefe del SRI o administrador de los dineros públicos.

Finalmente, con su tuit, Correa pone de manifiesto lo alejado que está de la realidad que viven la mayoría de los ecuatorianos. Si el ex presidente considera que el Impuesto a la Renta pagado por Cano es poco, debería tomarse la molestia de revisar las cifras generadas por su Ministerio Coordinador de Desarrollo Social, según las cuales en 2016 el 97,6% de los trabajadores ecuatorianos tenían ingresos mensuales de hasta cinco salarios básicos unificados (es decir, hasta $1.830) y, por lo tanto, pagaron menos Impuesto a la Renta de lo que el ex presidente considera “poco” o, directamente, no lo pagaron. (De hecho, en un evento durante la última campaña electoral Correa dijo que “solo aquellos que ganan más de 2.000 dólares pagan Impuesto a la Renta”).

Si esa es la reacción de Correa frente a una persona que paga mucho más Impuesto a la Renta que la mayoría de los ecuatorianos, ¿cómo responderá ante un reclamo de alguien cuyos ingresos no alcanzan la base imponible? Parecería que para dirigirse al ex presidente hay que estar dentro del 2,4% de los trabajadores que el año pasado ganaron más de cinco salarios básicos unificados al mes. Aunque en ese caso seguramente la descalificación vendrá por ser “pelucones”.

En el tuit que indignó a Correa, Cano decía que “los medios de propaganda pasan síndrome de abstinencia”. En realidad, la respuesta de Correa a ese tuit (y su columna en El Telégrafo, y sus tuits sobre cómo los operativos contra los presuntos implicados en el caso Odebrecht supuestamente se gestaron en su administración, y sus veladas críticas al nuevo gobierno por haberse atrevido a plantear, al menos en el discurso, un modelo económico con una mayor participación del sector privado) pone de manifiesto que el que atraviesa un síndrome de abstinencia es el ex presidente. Abstinencia de poder y notoriedad.

José Hidalgo Pallares es economista y periodista

Correa entre los muertos y heridos del caso Odebrecht

en La Info por

En la lista de damnificados, luego de esta primera escaramuza ocasionada por el escándalo Odebrecht, aparece un nombre que a nadie se le puede escapar y que brilla con luz propia: Rafael Correa.

Para el ex presidente la noticia sobre los allanamientos y detenciones relacionadas con el caso Odebrecht fue una auténtica pesadilla. Eso se evidenció en los mensajes que puso en sus redes sociales. “Creer que las detenciones y allanamientos de esta madrugada son fruto de una semana de trabajo es ingenuidad extrema. La verdad: mientras unos hacían charlatanería y demagogia con la lucha contra la corrupción, nosotros continuábamos trabajando con la Fiscalía, y sólo nos faltaba el acceso a la información de Brasil para poder operar contundentemente. Muchos de los involucrados estaban vigilados desde hace semanas”: Correa puso este mensaje en sus cuentas de Twitter y Facebook.

El mensaje de Correa evoca la imagen de un chico que trata desesperadamente de asirse a un globo que se le escapa de las manos e inexorablemente sube al cielo. Correa, es evidente, no soporta la idea de no ser el centro de la atención, peor aún no ser el eje de un tema que sin duda marcó profundamente la conversación nacional. ¿Cómo quedarse fuera de todo esto? Correa no solo que no admite la posibilidad de que otros se lleven los laureles del operativo sino que trató de disimular que aquellos que defendió a capa y espada (Jorge Glas, Carlos Pólit y la empresa Equitransa) terminen embarrados y procesados por el tema Odebrecht. Se suma otro factor: pierde capital político mientras que Lenín Moreno acumula.

“Muchos de los vinculados estaban vigilados desde hace semanas”, dice Correa buscando que le den créditos por el operativo. Esta fue sin duda la oración más comentada de su mensaje. Fue precisamente por esa frase, en particular, por la cual Correa recibió una impresionante andanada de críticas y burlas. ¿Si ya estaban vigilados cómo es que persiguió sin clemencia a Fernando Villavicencio quien fue uno de los que había denunciado los nexos entre Ricardo Rivera, hoy detenido, y su tío el vicepresidente Jorge Glas? ¿Si ya sabía todo esto y si además escuchó ya rumores sobre lo que se venía cómo es que impuso la candidatura de Jorge Glas a la Vicepresidencia? ¿Cómo es que presionó, a pesar de todas las críticas, para que reelijan a Carlos Pólit como Contralor? ¿Y cómo es que permitió el viaje de Pólit a los EEUU si ya tenían noticias sobre los “vinculados”? Estas y otras preguntas parecidas se las hicieron cientos de usuarios de redes sociales que reaccionaron indignados con las declaraciones del ex Presidente.

Lo que ocurrió con Correa durante el día de allanamientos y detenciones refleja el golpe que estos eventos significan para su capital político. El ex presidente queda debilitado políticamente y su margen de maniobra para mantener su presencia en el tablero que dejó montado luego de salir del poder se le ha reducido de forma dramática y en muy poco tiempo. Correa fue, como le recordaron algunos usuarios de redes sociales, quien impuso la candidatura de Jorge Glas a la Vicepresidencia cuando ya era evidente que él tenía alguna relación con el tema Odebrecht, por el simple hecho de ser responsable de los sectores relacionados con las obras que esa constructora brasileña hacía en el Ecuador. Correa no solo que impuso la candidatura de Glas, según sacaron a relucir los usuarios de redes, sino que lo defendió en cuanto foro participaba.

En medio de la agitada jornada que hubo en redes, también hubo usuarios que sacaron a colación un video en el que se ve a Alexis Mera, secretario jurídico de Correa, defendiendo a Ricardo Rivera, tío de Jorge Glas y otros que mostraban evidencias de cómo el ex Presidente incluso atacó a sus críticos que cuestionaron a la empresa Equitransa.

Curiosamente, este 2 de junio de allanamientos y detenciones no fue un día en que Correa fue mayormente asistido y auxiliado en redes por sus “guerreros digitales”. Si bien sus mensajes fueron ampliamente difundidos y comentados, hubo muy poco movimiento de los activistas digitales que normalmente salen a defender a Correa insultando a quien se haya atrevido a contradecirle. ¿Se apagó el troll center con la llegada del tema Odebrecht? El golpe que se produjo con el operativo aparentemente ha sacudido el tablero político, incluso en redes sociales. Si Correa tuvo a los astros alineados a su favor durante diez años, parece que bastó un día para que se le desordenen.

En la foto de El Telégrafo se ve al fiscal Carlos Baca Mancheno y sus asesores dando la rueda de prensa

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