Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

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Rafael Correa

Correa quiere ganar sembrando más odio

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Una hora cuarenta: la contabilizó él. Y lo dijo. Una hora cuarenta del enlace sabatino 513, hecho en Chimbacalle, Quito, que destinó a la elección del 19F. Una hora cuarenta haciendo campaña, echándose flores y exhibiendo lo peor de él. Un Rafael Corrrea versión mala-fe, intelectualmente indecente y políticamente impresentable. Pero no le bastó. Toda la sabatina, que duró más de cuatro horas,  fue convertida –otra vez– en tarima electoral en contra, esta vez, de Guillermo Lasso.

Nadie duda de que Correa querrá quedarse con la última palabra sobre lo que ocurrió el 19F. No extraña oírlo llamarse ganador. Celebrar el resultado de la consulta popular. Convertir la derrota de Lenín Moreno en un hecho histórico: para él el candidato de Alianza País gana la primera vuelta con una diferencia sobre el segundo jamás vista. Afirmar que tiene el 54% de los asambleístas y el mayor número de elegidos, tres sobre 5, del Parlamento Andino.

Correa etiquetó la sabatina de histórica porque en ella resumió e interpretó los resultados del 19F. A su manera. No compara porcentaje alguno contra diez años de poder. Ni frente a sus propias cifras. Ni de cara al número de asambleístas que tiene y los que dice tener. Ni contra el hecho de que la segunda vuelta nunca estuvo en sus cálculos. Todo eso no es lo que más sorprende: es el desparpajo que tiene para acomodar verdades, trastocar hechos y destilar odio con cara de yo-no-fui-porque-quien-odia-eres-tú. Es verlo convertido en víctima de la violencia y de un intento de fraude. Es escucharlo decir que en el CNE, del cual él habla como cosa suya, la oposición infiltró gente.

Juan Pablo Pozo debió pasarla mal en esta sabatina. Correa lo hizo sentir como un empleado de poca monta. Un juez que necesita que él, su patrón, lo defienda ante la jauría desesperada de Alianza País que lo atacó por no haberla declarada vencedora en la primera vuelta. Marcela Aguiñaga lo llamó inepto y trapeó el piso con él. Correa lo exculpó. Repitió palabra por palabra la coartada que Pozo contó para no publicar el conteo rápido que contrató por $88 000 con la Politécnica. “El CNE actuó muy bien”; “la decisión del CNE fue correcta”, –dijo– cerrando la boca a aquellos que, incluso en el CNE –Nubia Villacis se jugó públicamente– esperaban que Pozo fuera removido, al igual que Paola Pabón –la ministra de la política– por no haber hecho la tarea que les fue confiada.

Tras diez años de poder, sorprende la mala fe de Correa para hacer creer que los electores de Lasso son todos como ese tuitero a quien le pareció exótico hacerse fotografiar, en un plantón, mientras un niño lustra sus zapatos. Correa no dijo que algunos ciudadanos criticaron a ese tuitero por grotesco. Sorprende oírlo leer unos tuits de otros ciudadanos que, en una luminosa imbecilidad, insultaron a los manabitas por haber votado, en un alto porcentaje, por Lenín Moreno. Sorprende escucharlo concluir que son gente de Lasso que es banquero pero no es insolente y tampoco idiota y Correa lo sabe. Sí sorprende esa liviandad, propia de un irresponsable, para endosar esto al contrincante y festejar, además, que sus sedes o sus bancos sean motivo de ataques. Correa no mide, al parecer, que sus palabras pueden desembocar en hechos de violencia y hasta de muerte.
Sorprende, porque es propio de un mal tipo, oírlo generalizar actitudes de unos pocos y atribuírselas al 61% de los sufragantes que no votaron por Moreno. Lo hizo con los manifestantes ante el CNE que llevaron croissants (cachitos) de una cafetería lujosa y cara en Quito, Chez Jérôme. Nunca dijo que eran unos pocos. Generalizó al punto de etiquetar esas manifestaciones como la rebelión de los croissants. O la rebelión de los smartphone. Lo hizo con esa vehemencia y esa superioridad moral propias de los resentidos. Para sembrar odio. Cuando él, su esposa y sus hijos tienen smartphones y comen croissants. Posiblemente de Chez Jérôme. Pero eso le sirve para regar odio y con odio pretender ganar esta elección. No se inmuta por las consecuencias. Mas bien, con ese desparpajo tan habitual de los cínicos, acusó a los otros de preconizar la violencia y de odiar. Correa no se hace cargo de su mala fe, de su irresponsabilidad, de sus actitudes de mal tipo, de esa rara capacidad que tiene para odiar y aceitar bajos instintos.

Un Presidente tiene que señalar, por supuesto, como cualquier ciudadano responsable, comportamientos absurdos: decir que se va a incendiar Quito, como algún manifestante gritó, o escribir, como algunos escribieron, que los manabitas deben devolver tal o cual ingrediente porque votaron por Alianza País. Pero es insólito y perverso que un Presidente diga que esa es la estrategia de la oposición. O que aquellas barbaridades que escribieron algunos contra los manabitas, en sus cuentas personales, representan lo que piensan los ciudadanos que no votaron por Moreno. Eso es una bajeza. Es guerra sucia de la peor especie.

Querer enfrentar a los ciudadanos y jugar con la paz pública de esa manera, habla muy mal de esa persona llamada Rafael Correa. En la sabatina dijo que, tras la presidencia, quiere volver a la academia porque eso renueva el alma. Todo prueba que tiene una enorme necesidad de hacerlo.

Foto: Presidencia de la República 

Si te portas mal, te traigo a Correa

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Diez años en el poder, nadando a sus anchas (que se han hecho más anchas), sin rendir cuentas a nadie, sin contrapoder que fiscalice, diciendo exabruptos impunemente, deben, sin duda, provocar alteraciones neuronales de forma que siente que flota sobre los mortales.

Si se portan mal, ha dicho Correa con gesto de bacán de esquina, volveré, me presento y les vuelvo a ganar. Esto quiere decir, sencillamente: yo El Supremo me voy pero vigilaré lo que hagan, digan y piensen en términos que no sean calificados por él, El Supremo, como mal portados. Y él, El Supremo, como Zeus rayo en mano u otra deidad de esas, llenas de defectos más que de virtudes, volverá a corregirnos, a enderezarnos. Hermano cristiano tardío, boy scout de mediados del siglo veinte que pretende corregir con amenazas, con castigos a los pupilos salidos de su orden. Pretensioso tutor de la conducta de las personas.

Váyase al diablo, fue mi reacción al oír estas sandeces. Y sigo pensando igual. O sea, váyase físicamente a Bélgica, pero váyase al diablo intelectual, moral, políticamente hablando. Si sus sumisos, que están en la organización política, que él dirige, que están en el gobierno, que él dirige, que están en la campaña, que él dirige, tuvieran un ápice de decencia intelectual sentirían la degradación que representa que Correa se haya convertido en el árbitro, juez y sancionador de las conductas de las personas. En la verdad absoluta y en el único referente de corrección.

Moreno, el buenoide, dijo en la mañana que eliminaría el anticipo de impuesto a la renta. Al medio día Correa le mandó a callar y Moreno, al fin del día, dijo que mantendría ese anticipo, tan nocivo para la actividad productiva. Moreno, el buenoide, dijo en la mañana que las escuelas del milenio eran un elefante blanco. Al medio día algún ministro le mandó a callar y Moreno, al fin del día, dijo que esos elefantes blancos eran una muestra de la gran inversión en materia educativa.

A Moreno le clavaron un binomio, ya penosamente calificado de copión y, luego, severamente cuestionado por la proximidad administrativa y política a las áreas en las que la corrupción es grande y no ha podido ser ocultada. Un testigo, prófugo, pero testigo, Pareja Yanuzelli, le ha propinado pedradas cuyas marcas seguramente son las que le provocan ser casi clandestino. Glas no comparece ante ningún medio, no asoma para evitar que le pregunten por temas incómodos.

Moreno es una pieza de Correa. Es un personaje que podía ganar la elección que Correa no habría podido. Está de candidato no por sus dotes de liderazgo, su capacidad o solvencia. Está ahí para intentar mantener a la camarilla en el poder. Para evitar que la oposición asuma el gobierno y hurgue en los rincones en donde estarán las evidencias mayores de la corrupción. Para evitar que se cambie al Fiscal cuya dependencia con el correísmo es impúdica.

Estos diez años Correa ha sido titiritero que mueve personas, mueve instituciones, mueve voluntades. En un acto que avergüenza a la democracia, también fue él quien autorizó la segunda vuelta en declaraciones a la prensa extranjera. Su frustración es que no todos hemos sido sus títeres y que, de alguna forma, sus amenazas y jueces propios han persuadido a muchos de ser íntegramente libres.

Ahora sus amenazas políticas a un nuevo gobierno de oposición son proclamas tempranas para desestabilizar y crear condiciones para intentar recuperar el poder perdido. Si me dañan lo que hemos ganado, volveré, dice. Desempleo mayor que en 2007, una deuda cuatro veces mayor y cuatro veces más cara que en 2007, correístas devotos enquistados en la estructura estatal de control, déficit fiscal y un sector productivo deprimido. Nada de eso es ganancia que deba ser cuidada. Por eso es inevitable pensar que, cuando se refiere a “lo que hemos ganado”, no se refiere al Ecuador en su conjunto sino a quienes han conducido el gobierno en la forma que lo han hecho en Petroecuador de la mano de Odebrecht.

Correa ya se ve como titiritero desde Bélgica

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Finalmente habrá segunda vuelta. La noticia no era aún algo oficial pero operó como si lo fuera. Que el CNE lo confirme era cosa de esperar unas horas más. Lo cierto es que la gente asumió desde el mediodía del miércoles 22 que habrá segunda vuelta porque el presidente Rafael Correa había aceptado, ante un grupo de periodistas extranjeros, que finalmente la candidatura gobiernista no alcanzó el 40% que exige la ley para ganar en primera vuelta. “Nos quedamos a medio punto de ganar en una sola vuelta”, ha dicho Correa y la noticia de su declaración recorrió como un rayo por Whatsapp, Twitter, Facebook y cualquier otro canal de comunicación imaginable. Si lo dijo Correa es porque ya no hay nada que hacer y Alianza País, por más que lo intentó, no llegará al 40% que exige la ley.

La declaración de Correa hizo, sin embargo, que el foco de la atención colectiva cambie completamente. De la elección presidencial, ahora el tema que está en la mente de los electores es la conformación de la Asamblea. Y al igual que con la presidencial, en este también parece que lo que dice Correa es el punto de partida. Hace dos días, puso en sus cuentas de redes sociales que Alianza País tendrá 75 asambleístas. “Mayoría absoluta”, dijo. Bastó eso para que la conversación girara alrededor del tema de la Asamblea y ahora, incluso en las concentraciones frente al CNE, de lo que más habla la gente es de cuidar las votaciones para asambleístas.

Correa está convencido de que con Lenín Moreno o con Lasso en el poder, él va a seguir gobernando. Ni más faltara. No le cabe en su imaginación un mundo donde él no lo controle todo y donde su palabra no sea, como lo ha sido estos años, el principio y el final de todo. Correa no oculta su satisfacción de que su movimiento controlará a través de la Asamblea nuevamente a casi todos los poderes. En su visión, ahora el Ejecutivo será un espacio reducido y con muy pocas atribuciones. Como lo es el cargo de los reyes en las monarquías constitucionales: un adorno.

Correa olvida, o finge olvidar, cómo funciona el poder. Cuando ponga un pie en el avión que lo llevará a Bélgica se le acabarán muchas de las lealtades que ha ido cultivando a punta de carajazos y golpes de mesa. Lo más probable es que esa mayoría de 75, como él ha establecido, seguramente se desmoronará como castillo de naipes. Él, que ha perdido al menos cinco asambleístas estando en el poder y controlando todos los poderes, debería saber que sin tener el poder Ejecutivo (desde donde se festinó los fondos públicos) sostener una mayoría control remoto es un sueño imposible. Lo debería saber no solo por su experiencia en la Presidencia sino en historia moderna de la política ecuatoriana. Las mayorías de construyen y se desbaratan de un día a otro y, generalmente, según las calenturas políticas. Correa puede ahora presumir que él tendrá el control de las instituciones, a través de la Asamblea, porque cree que gobernará desde Bélgica. La realidad está muy lejos de eso. El señor Presidente ha empezado a ver el post correísmo como una prolongación del correísmo y eso es tener sueños de perros.

Cuando Correa aceptó frente a los corresponsales extranjeros que Lenín Moreno no ganará en una sola vuelta dijo que si Lasso gana él regresará pronto al Ecuador. Incluso aseguró que la Asamblea, bajo su control se supone, podría aplicar el mecanismo de la muerte cruzada para sacar del Ejecutivo a la oposición.  Lo dice, evidentemente, desde el deseo porque se nota que aún antes de dejar el poder ya lo está extrañando.

Correa es dado a posicionar deseos como verdades. Pretendió hacerlo cuando dijo que Moreno había ganado en primera vuelta basado en encuestas hechas por empresas, como la de Santiago Pérez, que siempre dicen lo que a él le gusta escuchar. Cuando vio que eso no empataba con la realidad empezó a lloriquear afirmando que había habido fraude en contra de Moreno. Cuando se le acabó ese argumentó comenzó a fanfarronear con el poder que su movimiento tendrá en la Asamblea. Ayer miércoles, durante el encuentro con periodistas extranjeros, distribuyó una hojita con el registro del pago del impuesto a la renta de Guillermo Lasso. ¿Para probar que no había pagado impuestos? Todo lo contrario, para demostrar que Lasso es muy rico porque en la hoja se ve que Lasso ha pagado 12 millones de dólares en los últimos 10 años. Curioso ejercicio de Correa que muestra los impuestos pagados por Lasso para estigmatizarlo de rico mientras que su candidato Lenín Moreno, en cambio, no paga impuestos.

Correa se está mirando a sí mismo como el titiritero que manejará todo desde un apartamento o casa en Bruselas. Una ilusión muy apegada a la imagen de ex dictador centroamericano que solía aparecer en las malas películas de Hollywood en los años 70. Pero el Ecuador ni es Hollywood ni él está viviendo en los 70.

Correa se sabe perdedor y no lo disimula

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Hay dos hechos que prueban que Rafael Correa sabe que él es uno de los grandes derrotados del 19F: ni bailó ni cantó. Que Correa no se haya trepado a la tarima, cosa que además estaba previsto luego de las elecciones para hacer lo que no ha parado de hacer durante 10 años -bailar y cantar- es muy elocuente.

Lo que evidencia la certeza de derrota que lleva encima Correa no es solo que no haya bailado ni cantado. Su comportamiento público, el domingo 19 y la mañana siguiente, también permite ver que se siente y se sabe perdedor. Con el agravante de que es un pésimo perdedor al que sus heridas le hacen actuar como camorrero y agitador antes que como estadista.

Hoy en la mañana, por ejemplo, hablaba de la posibilidad de que hubiera segunda vuelta cuando un día antes daba por hecho los resultados de la encuesta a boca de urna hecha por Santiago Pérez según los cuales Lenín Moreno triunfó en primera vuelta. “‘!Otro triunfo del pueblo ecuatoriano¡”, dijo en un mensaje que colocó el 19F en sus redes sociales apenas se cerraron las urna. En ese momento, Correa quería convencer a la audiencia de que Moreno había ganado en primera vuelta con un 42,9%.



El tono triunfalista fue bajando y Correa no apareció en redes sino cinco horas más tarde. Su silencio fue notorio a partir de las encuestas de Cedatos y el conteo rápido de Participación Ciudadana que dejaban descolgados a los hiper optimistas datos de Pérez, que se multiplicaban en los medios del gobierno y fueron considerados durante horas como verdad absoluta por el oficialismo. Solo hacia las 10 de la noche colocó otro mensaje, con una fotografía en la que él aparecía con los candidatos Moreno y Jorge Glas. Ahí dijo que Moreno ya tenía más de 10% de diferencia sobre Lasso y que pronto alcanzaría el 40% necesario para ganar en primera vuelta. Para entonces, en redes ya se comentaba que Correa no había salido a la tarima, a las ocho de la noche, como estaba previsto. No salió a bailar, anotó algún avispado usuario de Twitter.  “Ya tenemos más de 10 puntos de diferencia con Lasso y sigue aumentando -escribió Correa-. Tenemos 38,84%, y aún falta por ingresar 20% de votos, incluyendo gran parte de Manabí y migrantes, donde arrasamos. ¡Venceremos!”.

Este mensaje atravesó como cuchillo las redes que, a esa hora, eran la única fuente constante de información pero también de rumores, incertidumbres y temores. Con esa declaración la sospecha de que se se estaba fraguando un fraude tomó un brío inusitado. La incertidumbre se instaló hasta más allá de la medianoche. Cientos de personas ya estaban, para entonces, de vigilia en los alrededores del CNE.

Hoy Correa puso una serie de tuits hacia las diez de la mañana; en dos de ellos no se muestra tan seguro del triunfo de Lenín Moreno: “Hay que contar voto a voto para ver si esto se define en una sola vuelta. Si no, a prepararnos para una nueva victoria en abril”.  El otro escribe: en “Si hay 2da vuelta, prepárense a la campaña sucia que hicieron los de siempre. La mejor respuesta: la victoria”.

La evolución en el tono de Correa evidenciaba que el único escenario con que contaba era el del triunfo en primera vuelta. Sus apariciones, sumadas a la encuesta de Pérez, tenían claramente como objetivo fijar un patrón de opinión en la sociedad. Ricardo Patiño ya había aparecido incluso antes de las cinco de la tarde con los datos de Pérez y otros encuestadores que ponían a Moreno por encima del 40%, seguramente con el mismo ánimo. Pero las cosas no funcionaron y de improviso se les apareció el tema de la segunda vuelta.

Pero una segunda vuelta no es, ni de lejos, un escenario que convenga a Moreno y a Glas. Si Moreno venía bajando en las encuestas no hay motivo para pensar que deje de hacerlo. Además, se les vienen otros problemas: en las próximas semanas la presencia de Glas en la papeleta podría tornarse insoportable por la gran cantidad de escándalos de corrupción en los que él es visto como responsable y protagonista. Llevar a Glas casi dos meses más en la papeleta es, sin duda, un crucifijo para Moreno. Correa lo sabe y, por la forma en que se comportó durante el 19F y las horas siguientes, parecería que nunca se preparó para la idea de la segunda vuelta.

Correa es un pésimo perdedor. Dijo cosas que solo un mal perdedor podía decir. Por ejemplo que Moreno tuvo un millón y medio de votos más que Guillermo Lasso: ignoró el hecho de que si se suman los votos de Lasso y los otros candidatos de la oposición resulta que 6 de cada 10 ecuatorianos no quieren que el correísmo siga en el poder.

Al Presidente, además, se le escapó que durante todo este tiempo había contado con que la candidatura de Cynthia Viteri reste posibilidades a la de Lasso. En su tuits dijo que se esperaba que la diferencia entre Lasso y Cynthia fuere solo de 5 a 6 puntos pero no 12 como finalmente ocurrió. Esto lo disfrazó con una salida supuestamente ideológica: “La derecha no tiene lealtades, tan sólo tiene intereses”.

Sucede a menudo. Rafael Correa olvida que es Presidente y actúa como agitador social.  La paz social del país es su responsabilidad y es evidente que no está haciendo su trabajo.  Su deseo de aferrarse al poder hace que se ponga en peligro la concordia nacional. Si ocurre una desgracia, él tendrá que hacerse cargo de ella.

Correa y el CNE juegan a incendiar el país

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Juan Pablo Pozo va camino de ser considerado un delincuente: está cometiendo un delito contra la fe pública. ¿Acaso no dijo que presentaría resultados en la noche del domingo? ¿Acaso no dijo que había modernizado de tal forma el Consejo Nacional Electoral que estos retrasos, que se prolongarán durante tres días más, eran cosas del pasado?

Juan Pablo Pozo (como antaño Omar Simon) nunca inspiró confianza. Él es un devoto correísta, como Simon, y está en ese cargo por sus méritos partidistas (como Simon), no por su lealtad al cargo que lo obliga a ser imparcial e íntegro. El acuerdo con Telconet, empresa de un amigo de Jorge Glas, puso en alerta a muchos sobre la posibilidad de un fraude. El padrón electoral, no solo no depurado sino abultado, nutrió las peores sospechas. La actualización de la normativa electoral, en la cual el CNE eludió normas superiores de obligatorio cumplimiento, convencieron hasta los más reticentes de que este gobierno no estaba dispuesto a aceptar la voluntad de los electores.

Comenzada la soirée electoral, este domingo, el CNE sorprendió: el conteo de actas iba tan rápido que se llegó a pensar que estaba compitiendo con Participación Ciudadana que, a esa hora, sufría el bloqueo… del CNE. Sus voluntarios empezaron a ser sacados de los recintos, sus carnés retirados, impedidos de transmitir el acta para que Ruth Hidalgo y los suyos pudieran efectuar el conteo rápido. Pensando mal y con Juan Pablo Pozo y sus patrones no hay cómo evitarlo, la estrategia correísta tomaba pleno sentido: el poder tenía empresas, como la de Santiago Pérez, destinadas a dar cifras de exit poll. Él se apuró a anclar una cifras que favorecían y de largo a Lenín Moreno. Rafael Correa la retuiteó y anotó: ¡Otro triunfo contundente del pueblo ecuatoriano! El holding mediático más grande del país, el del gobierno, se hizo eco del triunfo anunciado. Y los jerarcas correístas salieron a la tribuna de la Shyris. La verdad oficial se instalaba al lado del exit poll de Cedatos; la única empresa que mostraba otra cifra. Su principal, Ángel Polibio Córdova, no solo la sostenía en Ecuavisa sino que la desdoblaba mostrando lo que había pasado en las provincias. Muy profesionalmente.

Tarde, pasadas las nueve de la noche, Ruth Hidalgo mostraba su conteo rápido y sostenía, cotejando sus cifras, que con esos resultados había segunda vuelta. A partir de esos dos cifras (la de Cedatos y la de Participación Ciudadana -que no estaban lejos de coincidir- imprevistos como los que ocurrieron en Venezuela en circunstancias similares empezaron a ocurrir: se cayó la página de Participacion Ciudadana. Se cayó la página del CNE. Y el conteo de actas, que había empezado como caballo desbocado, tuvo inexplicables paradas de tortuga. No se movía y cuando lo hacía curiosamente Lenín Moreno se acercaba al umbral del 40% y Guillermo Lasso, el candidato segundo, bajaba… Inexorablemente.

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Resultado del Conteo Rápido de Participación Ciudadana

Tarde en la noche, Pozo explicó que no habría más información sino hasta este lunes. Y no explicó los retrasos que hoy se mantienen y se prolongarán durante tres días. El correísmo se da así tiempo para tratar de construir una ficción: hacer creer que las actas que faltan por escrutar pueden cambiar porcentualmente la muestra. Lenín Moreno se apuntó en ese capítulo y no ha cesado de hacer creer que en dos días su derrota en esta primera vuelta puede mutar en triunfo.

Ganar tiempo es una necesidad para Rafael Correa que, si se mira su actitud y sus tuits, es evidente que sabe que habrá segunda vuelta. El régimen aún no sabe cómo hacer digerible esta derrota en sus electores y, peor, no tiene estrategia para encarar la segunda vuelta. Ganar tiempo le permite tener claro todo el panorama electoral del domingo para perfilar algún triunfo: el número de asambleístas, por ejemplo. El dilema de Correa y los suyos es que las actuales cifras comparadas con las de su patrimonio político traducen un fiasco electoral sin nombre, que no sabe aún cómo administrar.

Pensar que Correa se paga una revuelta social (y eso habrá si el CNE no admite la realidad) es un escenario posible pero nada ideal para un hombre que está a tres meses de irse a Europa. Los veedores internacionales deben estar tan perplejos como los electores, de la cantidad de triquiñuelas, intentos de fraude que circulan en las redes, caídas del sistema, bloqueo de la información, sistema detenido y cambios casi imperceptibles que empujan el porcentaje de Moreno hacia el 40%… El fraude es visible, es latente.

El correísmo juega con el fuego. Y Juan Pablo Pozo con la posibilidad de ser acusado formalmente por delincuente. Formalmente porque en la calle, ahí frente a su oficina, miles de personas ya saben que él ni es juez ni es imparcial. Es una pieza en el aparato tramposo de un partido que no atina a entender que 65% de los electores votaron en su contra. Y aspira a sentar tramposamente a su candidato en Carondelet como si esos millones de electores fueran pendejos consumados.

Foto: miles de personas manifiestan ante la sede del CNE en Quito

La mentira de Yachay tuvo la bendición de Correa

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O es mentiroso o cree a pie juntillas en cualquier mentira que le cuentan y luego la repite como verdad absoluta.

Lo cierto es que con Rafael Correa ocurre cosas como las del jueves 16 de febrero por la noche. Ese día, con una seguridad pasmosa, insistió en la fantasía aquella que habla sobre una empresa ecuatoriana llamada Red Tech que, con la asistencia de Hewlett Packard y Tesla, montarán una “mega factoría” de 3 mil millones de dólares para hacer carros eléctricos en Yachay, provincia de Imbabura.

Para cuando Correa habló de este tema, esa historia ya no tenía casi ninguna credibilidad. Tesla había dicho que no tenía ninguna vinculación con el proyecto y los hechos mostraban que la versión de Yachay y sus autoridades, sobre todo la de René Ramírez, no podían sostenerse. Red Tech, la supuesta inversora, no exhibe antecedentes que permitan confiar ni en su solidez financiera ni en su idoneidad tecnológica. No había fabricado ni siquiera interruptores de luz.

Ahora lo que dijo o repitió Rafael Correa está probado por todos los costados que es una inmensa mentira. La revista Vistazo en su edición electrónica registró que Hewlett Packard ha dicho que no tiene ninguna participación en la inversión. ¿Cómo es posible entonces que Correa haya asegurado que se trata de la inversión más grande de la historia del país sin siquiera verificar lo que había tras de ella? Solo hay dos posibilidades: o estaba mintiendo o estaba repitiendo una mentira que alguien le contó. Ambos casos, muy peligrosos para alguien que aún es Presidente y que lo ha sido durante diez años.

Lo del jueves fue, en todo caso, insólito; abre la posibilidad a una inmensa cantidad de especulaciones. ¿Lo de Yachay fue una mentira premeditada para ganar votos antes de las elecciones del domingo 17? ¿Existe algún trapo sucio tras el anuncio del arriendo de 400 hectáreas de Yachay para una empresa que aparentemente no tiene ni cómo pagar por el arriendo de un mes de una solo hectárea?

4Pelagatos supo que el principal accionista de Red Tech, Raúl Molina, pocos días antes del anuncio se acercó a un estudio jurídico de Quito para que le ayuden a la formación de la empresa. La iniciativa fracasó cuando los abogados vieron que Molina no podía pagar los honorarios. Cuando logró registrar la empresa, cosa que ocurrió el mismo día del anuncio, lo hizo sin registrar la participación de Hewlett Packard, empresa que luego dijeron que era “sponsor” de Red Tech. Incluso Molina y las personas que dijo trabajaban para él, ese día vestían camisas que llevaban el logo de HP en su pecho.

4Pelagatos también supo que en sus visitas a abogados de Quito, Molina habló de una inversión de 80 millones de dólares en cuatro años y que nunca mencionó la idea de una “mega factoría”. Una de las personas que conversó con Molina le dijo a 4Pelagatos que la idea era trabajar con metalmecánicos de Ibarra, cosa que no tiene nada que ver con lo que el gobierno anunció: una fábrica que empleará entre 5 mil y 18 empleados. ¿En que momento y cómo Red Tech logró convencer a las autoridades de Yachay y al propio presidente Correa? En una entrevista al diario de Gobierno, El Telégrafo, el gerente de Red Tech, Justin Perry, aseguró que habían recibido “un fuerte auspicio” de HP. “Como socio estratégico HP comparte su conocimiento en tecnología hacía nuestra empresa, que es un apoyo que resulta invaluable”, dijo.

Cuando se hizo el anuncio en Yachay, el martes 14 de febrero, la historia que ahí se contó era completamente inverosímil y muchos dudaron si Correa estaría al tanto de todo. Sin embargo, la duda se despejó el jueves. Ese día Correa, en uno de sus conversatorios con los medios, esta vez en Vinces, mostró que estaba muy molesto con la prensa por no haber reseñado la noticia de la mega inversión de Red Tech. Para que a nadie le quepa duda de que él estaba muy involucrado en el tema dijo que había querido ir al anuncio del contrato con Red Tech, cosa que no pudo hacerlo por el mal tiempo que imperaba en la zona de Yachay.

Según Correa, la inversión más grande y mejor de la historia del país, por tratarse de alta tecnología, merecía mejor suerte en los medios. Además, pletórico de orgullo habló sobre la importancia de que Hewlett Packard estuviera involucrada en el proyecto. “¿Quién no conoce a HP?”, dijo con una sonrisita de orgullo y superioridad. Luego habló sobre Tesla y dijo que junto a HP son de las empresas más importantes en desarrollo de tecnología del mundo, cosa que en efecto es verdad.  Sin perder su tono de superioridad (en realidad nunca lo pierde) aseguró que Tesla es una empresa japonesa. Ese momento, ya no solo estaba en juego la verdad de la palabra presidencial sino, además, su ignorancia. Recibir una inversión de 3 mil millones en la que supuestamente está involucrada Tesla y decir que es una empresa japonesa resulta aún más insólito. ¿Cómo es posible que un presidente de la República que acepta la inversión más grande de la historia, en la que disque está involucrada Tesla, no sabe que esa es una empresa de California? Cualquier iniciado en tecnología debería saberlo, pues se está hablando de una marca que se ha convertido en los últimos diez años en un emblema mundial de la innovación y la tecnología de punto. Pero para Correa, Tesla es japonesa.

Hasta que habló Correa del tema todo parecía ser de una obra más de mitomanía de René Ramírez. No era para menos: pocos días antes de que anunciara la mega inversión de Red Tech, Ramírez había publicado en su cuenta de Twitter una encuesta falsa a la que atribuyó fraudulentamente a la Universidad de Georgetown cuyas autoridades no tardaron en salir a desmentirlo.  Pero con la intervención de Correa, queda la pregunta si la producción de mentiras como éstas se originan en Carondelet o si ahí solo se las recibe y se las declara verdad absoluta. En cualquiera de los dos escenarios el resultado es que nadie hará nada sobre estos delitos a la fe pública.

Mentir se ha hecho algo normal.

Foto Presidencia de la República

John Oliver tiene material para darse gusto

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jose-hidalgo

Hace dos años, el comediante inglés John Oliver dedicó una breve sección de su programa “Last Week Tonight” para burlarse de Rafael Correa, lo que, como no podía ser de otra manera, generó la correspondiente reacción por parte del Presidente y también del entonces secretario de Comunicación, Fernando Alvarado, quien, indignado por las burlas contra su jefe, tuiteó: “Para los wannabe cualquier payaso gringo es digno de aplaudir. Allá ellos con su aculturación, acá escribe un ecuatoriano hasta la médula!”. (¡Cómo vamos a extrañar la altura, la inteligente ironía de Alvarado!). Por entonces, Oliver se mofó de que Correa, siendo Presidente, tuviera actitudes como romper diarios, invitar a un payaso a eventos oficiales o emprender una guerra contra tuiteros anónimos. Se entiende que esos comportamientos (que en Ecuador nos han llegado a parecer normales) hayan sido un material jugoso para un programa cómico muy popular en países con democracias más avanzadas. Pero al lado de todo lo que ha pasado en las últimas semanas, ¡son huevadas!

¿Qué diría Oliver, por ejemplo, al escuchar al Fiscal General de la Nación (ex abogado personal del Presidente y ex ministro de este gobierno) informar, con sonrisa de hornado, que su avance en el caso Odebrecht es que él ya sabe quién es el corruptor? ¿O al enterarse de que la Fiscalía devolvió a Brasil documentación sobre el mismo caso aduciendo que no la puede traducir del portugués? También merecería un comentario en un programa como “Last Week Tonight” el hecho de que el Secretario Nacional de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación haya tuiteado una encuesta muy favorable al Gobierno supuestamente realizada por una prestigiosa universidad de EE.UU., y que cuando se supo que se trataba de una encuesta falsa, el individuo, en una actitud muy académica, digna de semejante cargo, ¡se limitó a borrar el tuit! Dado que el programa de Oliver también investiga, bien podría seguir la pista de esa empresa tan misteriosa, salida de la nada, que, según el mismo Secretario de Educación Superior, va a invertir 3.000 millones de dólares para fabricar autos eléctricos en Urcuquí.

Si estuviera siguiendo la campaña electoral, Oliver podría darse gusto contándole al mundo que en Ecuador el candidato oficialista considera demagógica la propuesta de crear un millón de puestos de empleo en cuatro años y que él, en cambio, ofrece 250.000 por año. O que el mismo candidato, miembro y representante del gobierno que manejó el país en los últimos diez años (ocho de ellos con una bonanza extraordinaria) se haya preguntado a sí mismo en un reciente debate cómo puede haber desempleo en un país tan rico como Ecuador.

El tema corrupción, dada la avalancha de denuncias que se han conocido en los últimos días, puede resultar abrumador para una audiencia extranjera (¡ya lo es para los ecuatorianos!), pero el ingenioso Oliver bien podría referirse por lo menos a esos alias tan sofisticados, como Capaya o Vidrio VP, que los presuntos corruptos usan en Ecuador para esconder sus fechorías. O al hecho de que el Presidente diga que un ex ministro (que, ahora que está prófugo, ha hecho graves denuncias contra altos funcionarios) estuvo infiltrado en su gobierno, ¡pese a que formó parte del mismo durante nueve años!

Dos años después de haberse burlado de Correa, Oliver se sorprendería al saber que el payaso que apareció en la sabatina actualmente es candidato a la Asamblea por un partido cercano al de gobierno y que en contra del entonces secretario de Comunicación (actual ministro de Turismo), que se refirió a él como “cualquier payaso gringo”, se presentó una denuncia porque habría caído a golpes a un ciudadano.

Francamente, con tanto material sorprende que Oliver no haya dedicado una edición entera de su programa a Ecuador. Tal vez es porque a nivel mundial (pese a que según el Gobierno el Ecuador se ha convertido en los últimos diez años en el ombligo del mundo) hay temas más relevantes, como la llegada de Donald Trump, tan parecido a Correa en muchas de sus actitudes, a la presidencia de EE.UU. O porque en las actuales circunstancias, probablemente el Presidente ya no respondería con tuits que pretenden ser graciosos, como lo hizo la primera vez, sino llamando a Oliver enfermo, o drogadicto o pagado por los Isaías. Y a nadie le gusta que le digan así. O simplemente porque este fin de ciclo ha resultado ser tan patético que para un cómico talentoso como Oliver casi no tiene mérito hacer chiste de eso. El gobierno saliente, sin que haga falta un comediante que lo ponga en evidencia, ha dado motivos de sobra para reír. O, si se piensa en las consecuencias de sus actos, para llorar.

La esposa de Correa apoya a un acusado de violación

en La Info por
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Insólito: la esposa de Rafael Correa apareció hoy en los bajos de una Corte para apoyar a un condenado, en primera instancia, a 22 años de cárcel por abuso sexual a un niño de 5 años.

Anne Malherbe Gosseline: ¿alguien la conoce, realmente, tras diez años de correísmo? Pues no. La esposa del Presidente declinó asumir las tareas atribuidas tradicionalmente a la primera dama. No ha aparecido al lado de su marido sino de forma absolutamente esporádica. Se ha confinado en La Condamine donde es profesora. No se esconde de los medios; sencillamente no existe para los medios. Es motivo de rumores sobre el tobogán emocional que caracterizaría su relación con Rafael Correa. Pero, a ciencia cierta, hay un velo de silencio que la pone al abrigo de la esfera pública en la cual su marido quisiera controlarlo todo.

Pocos conocen lo que piensa sobre la forma cómo su marido ha manejado al país. Se ignora qué la afecta o le agrada de lo que ha vivido el país en estos diez años. ¿Es sensible al dolor de los perseguidos por su marido? ¿Fue sensible al dolor de la familia del coronel Carrión? ¿Qué pensó cuando oyó a Alexis Mera decir que el llanto de la hija del coronel, preso en ese momento, era puro teatro? ¿Llegó hasta ella el grito de angustia de Verónica, la esposa de Fernando Villavicencio, cuando entregó el cheque de $47.306, que un juez lo obligó a pagar a Rafael Correa, su esposo?
¿Cómo maestra, se inquietó en algún momento de los 10 chicos de Luluncoto presos, de sus madres, de sus padres y hermanos? ¿Cómo mujer, se interesó en la suerte de Mery Zamora, perseguida por el gobierno de su esposo y arrastrada hasta la ignominia por el equipo de inteligencia del gobierno de su esposo? ¿Se conmovió con el robo de los correos personales de Martha Roldós publicados por El Telégrafo, ese diario incalificable del régimen, que, además, da lecciones de ética y periodismo? ¿Qué pensó del cambio de biografía de Diego Cornejo que hizo el aparato de propaganda al servicio de su esposo? ¿Le pareció bien que un hombre honesto y un humanista consumado fuera convertido, en segundos, en pana de torturadores?
¿Es ecologista la señora Anne Malherbe? ¿Alguna vez tuvo algún parpadeo a favor del Yasuní? ¿Qué pensó del Plan Familia que su marido implementó en contra de la sexualidad y del sentido común? ¿Es ella tan conservadora como su marido, tan enemiga de los gays, tan distante de las reivindicaciones de género? ¿Qué piensa de haber comprado un apartamento en su país con dinero dado por un banco en un juicio que su esposo ganó gracias al poder ejercido desde la Presidencia de la República? ¿Los damnificados del terremoto, sobre todo en Esmeraldas y Manabí, le quitaron un minuto de sueño? La opinión pública no lo sabe. Con la señora del Presidente hay diez años de preguntas sin respuestas.

Nada sabe el país de la esposa del Presidente. Pero hoy, tras casi diez años de discreción, de silencio y de reserva, ella apareció en público: apareció ante la Corte Provincial de Justicia para defender a un condenado, en primera instancia por violación, cuyo abogado pretende re-victimizar al niño en nuevas pericias para salvar a su cliente.

La imagen de Anne Malherbe ante la Corte es poderosa. Dolorosa. Se le ve hierática y fría, mirada altiva y distante, rostro cerrado, actitud desafiante e impertérrita ante la sorpresa que causa. Retrata de cuerpo entero el cinismo del gobierno de su marido. Porque el profesor acusado de abuso sexual a un niño ya fue condenado y ella lo está exculpando.

Anne Malherbe no puede –bajo ninguna excusa– decir que es una maestra más que fue a la Corte Provincial a hacer bulto al lado de los defensores del procesado. Es la esposa del Presidente, la mujer que ha guardado silencio durante diez años y que hoy caminó frente a una de las cortes que su marido controla y que Gustavo Jalkh administra, para presionar a los jueces para que revisen la sentencia. Es una grosera injerencia política.

Con su presencia y la del abogado del Presidente defendiendo al acusado, ya falta poco para que la Corte, que hoy postergó la audiencia como pedía el abogado, pliegue ante el peso del Ejecutivo que controla todos los poderes. Correa saldrá a decir que su esposa tiene derechos. Que es maestra de la Condamine. Que tenía derecho de llegar con guardaespaldas, un bus de policías y un helicóptero que sobrevoló la Corte. Que conoce al condenado. Que tiene derecho a meter la mano al fuego por él. Pues no: ella no tiene derecho porque, lo quiera o no, es parte del poder, parte de los círculos de influencia, parte de los que quieren influir para amedrentar a los jueces y desconocer la garantía de justicia de una familia que se enfrenta a un poder cínico, protector de amigos y militantes.

¡Qué impudor, qué imagen tan dolorosa para la familia de Lucas, qué insensibilidad! Correa tuvo razón cuando dijo que este país era una república bananera: él y ahora su esposa, la han perfeccionado.

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Una de las fotos que circularon en redes sociales y que dan cuenta de la presencia de la esposa de Correa.

 

 

¿Sabe por qué vota el Mashi por Lenín?

en Caricaturas/El Humor/La Info por
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El Mashi no vacila: su decisión está tomada. Chamorro tiene claro por qué el excelentísimo hace campaña, de corazón y con fondos públicos, por Lenín Moreno. En cambio los ciudadanos, alrededor de un 20% al parecer, todavía no saben por quién sufragar el próximo domingo. Y están sometidos a las más disparatadas ofertas…
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Correa cree que Ecuador es un país de pendejos

en La Info por
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De tumbo en tumbo: así anda Rafael Correa. Respondiendo a los bombazos que él mismo anuncia y visiblemente preocupado por los resultados de las elecciones del domingo 19. Entre esos dos temas navegó en su enlace sabatino 512 que tuvo lugar hoy, 11 de febrero, en Daule.

En su gobierno juran que Lenín Moreno gana en la primera vuelta. Y en el entorno del candidato dicen que, según sus encuestas, tiene 43,7%, lejos de Guillermo Lasso con solo 21%, Cynthia Viteri con 16% y Paco Moncayo con 9,3%. Eso dicen. Pero da la impresión de que no se lo creen. Si así fuera, a Rafael Correa no se le vería, como se le vio en la sabatina, buscando votos en forma obstinada. Lo hizo en el Monte Sinaí, un sector de Guayaquil, en el cual prometió legalizar, la semana que viene, los terrenos donde viven 18.000 familias. Lo hizo en Babahoyo, pues ofreció reubicar familias que viven en palafitos y dio como ejemplo lo que hizo el gobierno en la ciudadela Nueva Babahoyo donde, según se entendió, dio vivienda a 236 familias. Lo hizo con los maestros al anunciar que desde este mes aumentará el salario de 15.000 de ellos. Lo hizo con 600.000 personas de la clase media amenazadas, según él, de pagar más impuestos si Guillermo Lasso gana y deroga, como ha prometido y notarizado, 14 impuestos. Lo hizo con El Carmen donde dijo que se están construyendo 13 escuelas. Lo repitió con El Carmen donde dijo que va a ampliar, readecuar, mejorar el hospital en 90 días…

Correa hizo de alcalde y de prefecto para prometer obras y más obras a diestra y siniestra. Y durante gran parte del enlace asumió el papel de jefe de campaña de Lenín Moreno para mostrar que Lasso, Viteri, Moncayo y los otros son una vergüenza como candidatos. No saben lo que proponen. O lo que proponen ya está hecho. Lasso solo cuenta billetes; Viteri solo sabe maquillarse bonito; Moncayo dejó el carisma en la casa; Dalo Bucaram miente por tradición y tiene un padre que no tiene honra…

Correa se aplica a destruir a los adversarios de Moreno. Se afana en ridiculizar sus propuestas. Se esmera en provocar miedo en el electorado de lo que puede pasar si gana la oposición: se arruina el campo y la ganadería por los tratados de libre comercio. Estados Unidos inunda al país con sus productos. Se acaban los programas sociales. La salud y la educación se privatizan. Se acaba el programa de becas… Oírlo recuerda a Cristina Fernández en Argentina cuando esgrimió estos argumentos ante la evidencia de que su candidato bajaba en las encuestas. Correa no irradia optimismo y, lejos de apuntalar la tesis de que Moreno gana en la primera vuelta, da la impresión contraria.

Lo mismo sucede con la corrupción. Correa jura que con su palabra basta para parar la ola creciente que amenaza con sepultarlo todo a su alrededor. Su estrategia es ganar tiempo hasta el domingo 19 y encomendarse a sus dioses para que Moreno gane en la primera vuelta. Hasta entonces, niega padre y madre. No vacila en presentar a su hermano, Fabricio, que apareció en los Odebrechtleaks afirmando que Odebrecht ayudó en su campaña, como un mal tipo: explotador de sus trabajadores, estafador y evasor de impuestos. Un tipo a quien no hay que creerle. Es el mismo mecanismo que usó con Pareja Yannuzzelli, un capítulo que él ya cerró y que, contra toda evidencia, cree que sumó a su favor.

La defensa de Correa se antoja pueril y de un cinismo sin nombre. Su hermano dice que Odebrecht dio plata para su campaña; él dice que no. Su hermano dice que se reunió con el director de Odebrecht; él responde que él pone distancias siderales con ese tipo de gente; que él no era tesorero de campaña… Y reitera la historia que parece disco rayado: su gobierno es el que más duro ha tratado a Odebrecht. Da como prueba que, cuando la expulsó, Brasil retiró al embajador y esa constructora solo pudo volver tras haber pagado “hasta el último centavo”. Y Correa, que es economista, hace las cuentas: Odebrecht tenía juicios por $260 millones. Regresó luego de haber gastado $60 millones en la reparación de la central San Francisco y pagado $20 millones en compensaciones… ¿Y los $180 millones restantes? No dice nada.

Luego salta del sistema de compras públicas, supuestamente el mejor de toda América (mejor que el de Estados Unidos, mejor que el de Canadá), a interrogantes esotéricos para demostrar que su gobierno tiene las manos limpias: ¿cómo se descubre a un pillo que tiene cuentas clandestinas en paraísos fiscales? Para él es un tema de parasicología. Para los oyentes de la sabatina, el asunto es claro: el jefe de la mafia es Charly Pareja Cordero. Es socialcristiano, ex secretario de León Febres Cordero, abogado de los Isaías… Pareja Yannuzzelli era un infiltrado suyo en su gobierno de manos limpias. Un hombre que traicionó su confianza. Tema cerrado. Su auditorio, compuesto de militantes y funcionarios, aplaude.

Así enfrenta el presidente de la República la acusación de corrupción más importante de su década: ¿Mafiosos? Los otros. ¿Mentirosos? Los otros. ¿Corruptos? Los otros. Y agrega dos cosas: no les crean y voten por Lenín Moreno.

Foto: Presidencia de la República.

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