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Rafael Correa

Sabatina 508: Indiana Jones contra los chicos malos

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La corrupción de los otros. Así debería titularse la sabatina número 508 que el presidente ofició desde el cantón Rumiñahui. Se acababa de bajar del avión que lo trajo desde Nueva York, donde desplegó una titánica agenda que lo afianzó como uno de los grandes líderes mundiales del momento, y apenas se dio tiempo para desayunar. Porque “así es la vida del presidente, como Indiana Jones”.

Ocurre que el presidente encontró la clave del esquema de corrupción que sacude al Ecuador: se llama Charly Pareja y es, dice, el “jefe de toda esta red”. Charly Pareja, hombre histórico de Febres Cordero, recibió transferencias de dinero sucio de Carlos Bravo y está prófugo. Ya lo tenían en Lima pero el gobierno lo dejó escapar con sospechosa negligencia, según ha revelado la diplomacia peruana. Se entiende por qué: a este señor nadie lo quiere donde pueda hablar. Sin embargo, el presidente está feliz de haber dado con él porque resulta extremadamente provechoso a la hora de imaginar conspiraciones. Basta dibujar su careto en una cartulina y luego tender flechitas hacia los caretos de sus contactos reales o ficticios, tal y como hizo la Secom en el video en que explica el caso.

El resultado es algo peor que un esquema de corrupción: es el mapa de lo que el presidente llama “la contrarrevolución”. Y es delirante. Ahí, juntos en el mismo saco, están Odebrecht y los Isaías, Mauro Terán y Andrés Páez, Jacobo San Miguel (a quien alude pero no nombra) y Fundamedios, Fernando Villavicencio y Galo Lara… Todos son parte de una misma operación, todos están unidos por flechitas más o menos directas al careto de Charly Pareja. Ahora resulta que Mauro Terán tiene que ver con el escándalo de la Refinería, Fundamedios es cómplice de la crisis bancaria, Fernando Villavicencio se las trae con Odebrecht… Porque según el presidente todo es lo mismo.

Si Rafael Correa consigue establecer tan curiosas conexiones es gracias a la abrumadora imprecisión con que habla de estos temas delicados. Le basta, por ejemplo, con el hecho de que “el principal implicado en el caso Refinería”, Charly Pareja, sea “el principal abogado de Odebrecht”, para concluir que ambos casos son uno solo. El caso Refinería, dijo, ahora es el caso Odebrecht. El uno trata de cómo se repartieron 30 millones en sobornos; el otro, de cómo se gastaron 2.200 millones en construcción de infraestructura bajo la responsabilidad de su vicepresidente. No importa, desde hoy son un solo caso. Charly Pareja lo prueba.

Así que arrancaron las investigaciones y no tardaron en dar con el primer culpable: Mauro Terán. El presidente habla del asesor informal de Mauricio Rodas con la certeza de que los 6 millones no declarados que encontraron en sus cuentas provienen de coimas repartidas por Odebrecht. Ya lo dijo el sábado anterior pero en esta ocasión se explaya. Expone sus cuentas, pone en ridículo al alcalde que viajó a Washington “a quejarse con los patrones”, deplora el silencio de los medios de comunicación que él llama mercantilistas… Y vuelve a poner sobre el tapete al otro gran implicado, al que prefiere no nombrar porque es candidato a asambleísta (por CREO, había dicho) y no puede ser imputado hasta después de elecciones. A estas horas ya nadie duda de que se trata de Jacobo Sanmiguel, el único candidato de Tungurahua del que se tenga noticia que acompañó al alcalde en un viaje a Brasil. Según el presidente ha manejado “como 30 millones”. Qué casualidad: la misma suma que repartió Odebrecht en el país según el informe del Departamento de Justicia de Estados Unidos. “Ya están detectados los movimientos –dice Correa–, multimillonarios”. Y cuando habla produce la incómoda sensación de que maneja datos privilegiados, información que la Fiscalía niega al común de los mortales pero aparece en la sabatina como si tal cosa; y la aún más incómoda sensación de que está dando instrucciones. Porque todos los movimientos financieros son “coincidentes con la negociación del metro de Quito con Odebrecht”. Y claro, él no cree en coincidencias, está clarísimo lo que la justicia debe hacer.

Habla Correa sin parar y en la avalancha de datos e interpretaciones que despacha alegremente el espectador se extravía y pierde con facilidad el hilo de su razonamiento. Pero ¿no había dicho, antes de empezar a repartir culpas entre los amigos de Mauricio Rodas, que se disponía a hablar del caso Refinería Esmeraldas? Sí, eso dijo. Y apenas nombró a Charly Pareja saltó hacia Mauro Terán con la soltura de huesos de un atleta olímpico. Y ahí no termina su performance. Lo que sigue es deporte de alto riesgo.

Porque resulta que Pareja no sólo es “el principal abogado de Odebrecht” sino también “el principal abogado de los Isaías”. Bingo. Desde la crisis bancaria para acá todo cabe en el mismo saco.

“Esta es la parte más importante de la sabatina”, anuncia Correa. “Para que vean lo que hemos tenido que enfrentar”. Charly Pareja no sólo es el jefe del esquema de corrupción sino la cabeza visible de la contrarrevolución: “¡Lo que se ha descubierto en los mails en las audiencias!”. Correos electrónicos que el presidente no explica bien si sobrevivieron milagrosamente a la destrucción de la computadora de Pareja, consumada por él mismo antes de darse a la fuga, o si “estaban almacenados en otra parte”, como dejó caer mientras buscaba con la mirada la aprobación de alguien fuera de cámara. ¿Cuál será esa otra parte? ¿Los archivos de la Senain?

Pareja: implicado en el caso Refinería. Abogado de Odebrecht. Abogado de los Isaías. ¿Para qué seguir investigando? Aquí es donde entra el video de la Secom con sus caretos y sus flechitas, pruebas irrefutables de la gran conspiración cuyos hilos se manejan desde Miami. Flechita a Fundamedios: ustedes se encargan de la campaña mediática. Flechita a Fernando Villavicencio: usted se encarga de escribir sobre la corrupción en el gobierno. Flechita a Emilio Palacio y Galo Lara: ustedes se encargan de victimizarse. Todo para “atacar al presidente y tratar de desestabilizarlo”. “Una verdadera contrarrevolución con plata de Isaías y sus corifeos en Ecuador” ¡Hay que ver lo que ha tenido que enfrentar el presidente! ¡Que dos galarifos se victimicen es intolerable! Eso tumba a cualquier gobierno.

Correa encontró la mejor forma de culpar a los mensajeros. No importa que las “campañas mediáticas” de Fundamedios sobre los atropellos contra la libertad de expresión perpetrados por el gobierno estén fundadas en hechos ciertos. No importa que las investigaciones de Fernando Villavicencio sobre la corrupción correísta estén tan bien documentadas que no han podido ser desmentidas hasta la fecha por ninguno de los funcionarios implicados en ellas. Basta con lanzar la acusación, sin más pruebas que una flechita entre dos caretos, de recibir de que sus autores son financiados por los Isaías para desvanecerlo todo. Y decir Isaías quiere decir crisis bancaria, quiere decir Charly Pareja, o sea Odebrecht, Refinería Esmeraldas, Mauro Terán, Jacobo Sanmiguel… Y no hay que seguir tirando de esa cuerda porque seguro aparecen Darth Vader y Saruman. La maldad en estado puro.

Lo de Correa no es una cortina de humo: es una avalancha de escombros en la que cabe todo lo que pueda encontrar en el desván de sus malquerencias y que descarga sobre el caso Refinería Esmeraldas con la esperanza de tapar sus propias responsabilidades políticas y las de su candidato vicepresidente.

La corrupción de los otros llena de orgullosa alegría al presidente y le insufla el pecho de una ciega cólera en partes iguales. Ya no hace falta seguir buscando donde todos han buscado y esculcado hasta con lupa y que ha sido investigado, fiscalizado, auditado y supervigilado hasta en sus mínimos detalles: su propio gobierno. Ahí no hay nada y nada han encontrado. Porque “somos gente de manos limpias” y “el problema de la corrupción no es el control, el problema de la corrupción es el corazón del ser humano, la falta de principios, la falta de valores”. Busquen más bien al otro lado de la Plaza Grande porque de éste sólo hallarán corazones ardientes por la patria”. Los malos son los demás.

La cortina de humo que asfixia a Rodas

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El caso Odebrehct cayó como una bomba de alta potencia en medio de la Plaza Grande. A ambos lados del monumento a la Independencia los rabos de paja han comenzado a arder. Y los abogados, asesores y funcionarios de alto rango se entregan a la tarea de tender cortinas de humo para dirigir la atención de los ciudadanos hacia donde no les incomode. Carondelet y el Municipio protagonizan este mano a mano de acusaciones y suspicacias mutuas en el cual la figura de Mauro Terán, el operador político del alcalde Mauricio Rodas detenido el viernes por orden de la Fiscalía y sobre quien pesa una acusación de fraude fiscal, parece llamada a desempeñar un papel clave.

La olla de grillos de Odebrecht se destapó con la publicación de un informe del Departamento de Justicia según el cual la constructora brasileña repartió sobornos por 33 millones de dólares en Ecuador entre los años 2007 y 2016. El primer funcionario gubernamental que salió a dar la cara para afrontar la embestida de la opinión pública fue el secretario jurídico de la Presidencia, Alexis Mera. Recordó que fue el gobierno nacional quien expulsó a Odebrecht en 2008, lo cual es cierto. Pero también es cierto –y no lo dijo– que la volvieron a traer en condiciones muy perjudiciales para el país, como ya contó 4pelagatos. De inmediato, Mera puso en marcha la que se ha demostrado es la principal estrategia de Carondelet en este caso: dirigir todas las sospechas de corrupción hacia el Municipio de Quito.

Dijo: “El gobierno nacional no es el más grande contratante de Odebrecht, el más grande contratante de Odebrecht es el Municipio de Quito, que ha tenido dos grandes contratos: el de la Ruta Viva y el del Metro, que está en ejecución”. La declaración saltó a la portada del diario correísta El Telégrafo y los trolls del gobierno, con la unanimidad que los caracteriza, se entregaron a la tarea de lanzar lodo contra el alcalde Rodas y su administración.

Siguió el intercambio de versiones entre los dos alcaldes implicados: Augusto Barrera y Mauricio Rodas. Barrera hace notar que, si bien el concurso para la adjudicación del metro fue convocado durante su gobierno, todo el proceso contractual quedó en manos de su sucesor, que terminó incrementando los costos. Rodas, de su parte, respaldado en un informe de Contraloría, acusa a su antecesor de haber subvalorado el presupuesto referencial de la obra, con los consiguientes problemas a la hora de adjudicarla y contratarla.

Pero el problema para el alcalde no está solamente en Carondelet, mucho menos en Barrera. Su pesadilla está dentro de casa: en el Concejo Municipal, donde apenas maneja una precaria mayoría por un voto de diferencia, fruto de los esfuerzos negociadores del ahora detenido Mauro Terán. Esa mayoría no le impide ponerse en evidencia durante los debates.

Los pedidos de los concejales de oposición para que se rindiera un informe pormenorizado sobre las relaciones del Municipio con Odebrecht obligaron a Rodas a tratar el tema en una sesión extraordinaria, el miércoles de la semana pasada, a la que acudió visiblemente nervioso e irritable. Y aunque tenía todo preparado y bien montado, con la ayuda del gerente de la Empresa Metro de Quito, Mauricio Anderson, le fue mal. Fue durante esa sesión que el alcalde terminó admitiendo haber mantenido “conversaciones informales” con Odebrecht, conversaciones que condujeron, dijo, a la redacción de un “acta de entendimiento”. De esas reuniones no se levantaron actas, se ignora cuántas fueron y quiénes asistieron a ellas. Mauricio Anderson asegura que todas ocurrieron en las oficinas de Metro de Quito, pero muchos se preguntan si los viajes del alcalde a Brasil (adonde fue acompañado, entre otros, por Guillermo Celi y el tungurahuense Jacobo San Miguel, hoy candidatos a asambleístas nacionales por la alianza CREO-SUMA) tienen alguna relación con este caso.

Que en medio del escándalo de Odebrecht, que es un caso de alcances continentales, un funcionario de alto rango admita haber tenido “conversaciones informales” con esa empresa antes de adjudicarle el contrato más jugoso de la historia de la ciudad, es algo que sería un escándalo para cualquier servidor público que no tuviera las buenas relaciones con los medios de comunicación tradicionales que Rodas se ha preocupado por cultivar.

El siguiente capítulo de esta historia ocurrió el viernes por la noche en el aeropuerto de Quito, donde el asesor sin nombramiento y operador político de Rodas, Mauro Terán, fue detenido por orden de la Fiscalía, acusado de fraude fiscal. Se detectaron movimientos no justificados por 6 millones de dólares en sus cuentas bancarias. En el Municipio se sabe que Terán, aparte de ejercer la mediación política entre la Alcaldía y el Concejo, ejerce su poder y su influencia en la llamada “mesa chica de decisiones”, un gabinete extraoficial por donde pasan las decisiones importantes del Cabildo. Y muchos lo colocan a la cabeza de las negociaciones y los contratos más sensibles.

Por eso, al día siguiente, cuando el presidente Rafael Correa se presentó en su sabatina, una enigmática sonrisa le pintaba el rostro. Como quien se guarda el as ganador bajo la manga, anunció que están por conocerse las investigaciones que demuestran que la corrupción en este caso no está en el gobierno, sino en otros organismos. El lunes por la mañana, en sus cuentas de redes sociales, fue más específico. Dijo que Mauro Terán “es el poder tras el poder en el Municipio de Quito”, cosa que sabe todo el mundo y en particular él, que durante años negoció con Terán a través de su secretario privado, Omar Simon. Y, por primera vez y aunque los cargos levantados por la Fiscalía no hacen ninguna alusión al respecto, vinculó a Terán con el caso Odebrecht: “Ha tenido depósitos millonarios en sus cuentas –dice–, sin registrar ingresos al SRI”. Y la perla: “Coincide con fechas de contratación del metro”.

Habló también de “movimientos millonarios en cuentas de candidato de derecha por Tungurahua a la Asamblea, nuevamente sin cargo, pero todos saben vinculado a negociaciones del metro”.

Por supuesto que en Carondelet saben perfectamente quién es Terán. Que decidan actuar contra él en este momento, mientras con la otra mano persiguen y dejan escapar a Charly Pareja, símbolo de los manejos socialcristianos, revela que el gobierno está empeñado a fondo en una estrategia distractora para alejar de sí todas las sospechas. El caso es que Terán fue detenido en tiempo récord (que ya quisiera el Ecuador haber visto aplicado en otros casos, como el de Pareja Yannuzzelli, por ejemplo) y no está claro que se le respetaran sus derechos a un debido proceso. ¿Lo acusan de un fraude fiscal operado entre 2012 y 2016 y lo toman preso por delito flagrante en 2017? No es muy ortodoxo.

¿Es esto es una cortina de humo, como dicen los trolls del Municipio, tan activos y violentos como los del gobierno? Sí, pero una que tiene un fuerte asidero en la realidad y que obliga a Mauricio Rodas a dar explicaciones sobre su operador político, las atribuciones que él le ha concedido, las funciones que desempeña en el Municipio, su papel en la negociación de los contratos… ¿Lo hará? Los concejales de oposición están empeñados en que así sea. Ya hay un pedido presentado (por Daniela Chacón) para que se incluya ese punto en el orden del día de la sesión que el Concejo Metropolitano tiene programada para el próximo jueves. Y el bloque de PAIS está por elevar el suyo. Pedidos que la secretaría del Concejo está obligada a tramitar.  ¿Se presentará el alcalde y rendirá cuentas ante la opinión pública? La cortina de humo que fabricó el gobierno para eludir sus propias responsabilidades en el caso Odebrecht se volvió una telaraña para el alcalde de Quito.

Correa intenta salvar a la ex jueza Collantes

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En el caso de Lorena Collantes, la ex jueza que hizo un escándalo cuando amenazó de muerte a un Policía, lo grave no es la amenaza, ni la agresión, ni la arrogación de funciones, ni el abuso de poder: es el ensañamiento que la opinión pública tuvo con una mujer que cometió un error que cualquier persona podría cometer con unos cuantos tragos.

Este razonamiento precario lo hizo el presidente Rafael Correa en su llamado enlace 507.  Según él, Collantes fue víctima de una injusticia de quienes vieron en su agresión y amenaza de muerte a un policía una oportunidad para hacer daño al gobierno. Lo hecho por Collantes, según el Presidente, es tan solo un error cometido por una “pobre joven” que le podría ocurrir a cualquier persona con unos tragos de más. “Ojalá nunca le pase algo así a uno de ustedes”, dijo Correa en el enlace. “Qué injusto que ha sido. Qué ensañamiento con esa joven a la cual ni conozco, por si acaso”.

En su intervención el Presidente no dijo nada, en cambio, en defensa del policía que fue amenazado, vejado y agredido por la exuberante Collantes. No, para Correa el policía que apareció en los videos donde ella hace sus siniestras y destempladas amenazas simplemente no existe, es un ser invisible cuya vida y honra no merecen su atención y, mucho peor, su respaldo y solidaridad.

“Ojalá nunca les pase algo así a uno de ustedes. La regla de oro es: nunca le hagas a alguien lo que no quieres que le hagan a ti”, sostuvo Correa mientras las cámaras de la Secom enfocaban la sonrisa y los aplausos de las mujeres que se hallaban asistiendo al espectáculo sabatina que, en esta ocasión, se realizó en Cuenca.

En su defensa de Collantes, el presidente trató de relativizar el escándalo de la ex jueza por el hecho de que ella se hallaba bajo la influencia del alcohol. Según él, entonces, si uno hace algo con tragos es menos culpable que si lo hace sin ellos. Esto no solo es un barbarismo jurídico, imperdonable para un gobernante, pues cualquier legislación penal no admite al alcohol como atenuante: es un espantoso mensaje de alguien que aparentemente relativiza la comisión de delitos cometidos en estado etílico. Para Correa, la gente que ha tomado tragos en exceso puede ir por ahí tranquila y oronda cometiendo “errores” porque los jueces deberán tener en cuenta que, pobrecitos ellos, no están conscientes de lo que hacen. Según Correa, Collantes es una persona “que cometió un error que puede cometerlo cualquiera bajo los efectos de los tragos. Si ustedes relativizan eso… Qué injusto que ha sido, qué ensañamiento…”.

En su alegato favor de la ex jueza, el tema de Collantes se reduce a la lógica del “no hagas con los otros, lo que no quieres que te hagan a tí”, frase que mencionó en dos ocasiones. Es decir, para él no solo que no hubo delito cuando se amenazó de muerte a una persona sino que todo el problema se reduce a las lamentables e injustas críticas públicas que, dicho sea de paso, es lo que a él más le preocupa.

Correa no se refirió, por el contrario, a algunas cosas que son clave en el caso, seguramente con el fin de que todo se relativice en este tema. Por ejemplo, de las aseveraciones hechas algunas veces por Collantes, durante el escándalo, de que tenía el apoyo de la persona más poderosa del país y que había mantenido relaciones con “el más mafioso de los mafiosos”.  ¿Es que el Gobierno y la justicia no tuvieron interés en saber a quiénes se refería Collantes? ¿No era obligación de las autoridades despejar las dudas que dejó el video de Collantes sobre la administración de justicia? Correa en su afán de rehabilitar la imagen de Collantes no dijo nada sobre estos temas. ¿Con quién hablaba la jueza por teléfono cuando hacía las amenazas?  Es extraño que Correa no haya tenido nada que aclarar sobre eso cuando, en cambio, dice conoce en detalle sobre los movimientos financieros de los supuestos beneficiarios de las coimas de Odebrecht.

Correa también se hizo el desentendido con el tema de las fotografías que circularon en redes sociales en las que Collantes aparecía con figuras de Alianza País. ¿Nunca pidió una explicación sobre los motivos que llevó a Collantes a reunirse con sus coidearios horas antes de la borrachera?  Evidentemente, el deseo de lavar la imagen de Collantes y de relativizar cualquier cosa que haya hecho pesaba más el sábado en Cuenca. ¿Por qué?

Lo curioso y llamativo de la defensa de Lorena Collantes hecha por Correa no se limita a su precario razonamiento sino, además, al hecho de que haya salido a formularla cuando el tema ya había caso desaparecido de la conversación nacional. ¿Por qué sale ahora a defender a Collantes diciendo que con ella se cometió una injusticia?, se podría preguntar cualquier observador. Si bien es cierto que habló de Collantes en el contexto de una reflexión suya sobre cómo lo criticaron a él por haber dicho de la candidata Cynthia Viteri solo sabe de maquillaje y no de economía, la verdad es que objetivamente la introducción del tema en el enlace era innecesaria. La defensa, además, no fue una mención corta ni intrascendente sino que tuvo un lugar destacado en el menú de temas que trató durante el enlace.

¿Fue quizá un mensaje a los jueces que deberán tratar el tema? La duda queda ahí, en todo caso.

Transcripción de lo dicho por Correa

“Cuando se hace pedazos a una pobre mujer que embriagada dice tonterías ahí sí nadie salió a defender a esa pobre mujer. Ojalá no le pase eso a sus familiares, hijos, etc… Por hacerle daño al gobierno, como había sido jueza y creyeron que era cercana al gobierno así haya sido destituida si era cercana y fue destituido está hablando muy bien de nosotros ¿no? En todo caso, por hacerle daño al Gobierno ¡cómo le han hecho daño a esa pobre joven! Ojalá nunca le pase algo así a uno de ustedes. La regla de oro es nunca le hagas a alguien lo que no quieres que le hagan a ti.

“Se burlaron del vestido, de sus actitudes prepotentes pero con trago adentro, pero les aseguro que si hubiera sido un hombre no pasaba nada. De hecho hubo un caso esos días de un juez (sin tener alcohol, sin estar embriagado) que también se mostró muy prepotente. Dos días duró el escándalo, nada más… A la pobre jueza le hicieron Año Viejo, de todo… No compañeros, sobre todo jóvenes, eso demuestra pequeñez de alma. No hagas a otro lo que no quieres que te hagan a ti y les aseguro que si la jueza embriagada hubiera gritado ¡Fuera Correa, fuera! no pasaba nada. Pero como sacaron una foto cerca de candidatos de nuestro gobierno ¡vamos a destrozarle la vida de una joven! Persona que cometió un error pero que puede cometerlo cualquiera bajo los efectos de los tragos. Si ustedes relativizan eso… ¡Qué injusto que ha sido! ¡Qué ensañamiento con esa joven a la cual ni conozco, por si acaso! Pero en todo caso: se burlan del vestido… ¡Qué más sexismo que eso! Pero ahí sí nadie dice nada, las supuestas feministas. Se trata de actuar compañeros, de tener coherencia y qué mayor coherencia de esto gobierno donde tenemos una Corte Nacional con paridad de género”.

Correa no quiso quedarse atrás del ‘yo sí sé’ de Galo Chiriboga

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¿Saben quiénes no recibieron coimas de Odebrecht? ¿Saben quienes no son corruptos? Ustedes no saben pero yo sí sé. Los corruptos son todos, menos nosotros los honestos.

Aunque no con las mismas palabras pero sí con ese mismo razonamiento, el presidente Rafael Correa confirmó en su enlace 507 en Cuenca que la celebérrima declaración de Galo Chiriboga, sobre las investigaciones en el caso Odebrecht, no es únicamente una desafortunada frase del Fiscal, sino una especie de coartada o mantra que el correísmo ha desarrollado para defenderse de las evidencias de la corrupción que aparecen como hongos tras la lluvia. Algo así como un si ustedes llegan a saber algo que no es lo que yo sé, entonces todo es falso y montado.

Según Correa, los que recibieron las coimas de Odebrecht están ya identificados: es cualquiera que no es  parte de su gobierno. Y si se llegara a decir que alguien de su gobierno está en las listas de quienes recibieron coimas de la empresa brasileña, entonces todo es una mentira y un montaje que hace parte de una conspiración nacional e internacional. Una conspiración en la que se han confabulado los intereses geopolíticos de los EEUU  y la agenda de la familia Isaías en Miami.

La poca corrupción que existe en el Ecuador, sostuvo Correa desde Cuenca, se produce únicamente porque es imposible de detectar, porque hay funcionarios que no han sido nombrados en su gobierno y porque existen paraísos fiscales en los que se puede ocultar el resultado de los robos. “Hemos sido muy cuidadosos. Tenemos el sistema de compras públicas más moderno de la región”, aseguró Correa para quien es imposible pensar que la corrupción se produce sobre todo en países que, como el Ecuador, carecen de un sistema de pesos y contrapesos que garanticen una fiscalización correcta y que no permitan el abuso de poder de los funcionarios.

En la lógica de Correa, como se vio en la sabatina, los casos de corrupción de los que se habla estos días en el país es una conspiración que los sufridores han montado porque no se cumplió su pronóstico de que la economía iba a colapsar antes de que el 2016 acabara. “Como no colapsó la economía entonces ahora viene el cuento de la corrupción”, dijo sin empacho alguno Correa muy al inicio de su sabatina, en la que si hubo alguna sorpresa fue únicamente la reaparición de dos emblemas del correísmo que habían desaparecido del radar y que estuvieron entre los espectadores: Fernando “Corcho” Cordero y Carlos Marx Carrasco.

En efecto, en la mente del Presidente el tema de corrupción es un invento creado por quienes están frustrados porque la economía del país no colapsó. ¿Algún esfuerzo por pedir información internacional sobre las revelaciones hechas por la propia constructora brasileña? No. ¿Algún anuncio de que hará algo parecido al gobierno del Perú que está tratando incluso que Odebrecht colabore devolviendo las ganancias ilegítimas y entregando más datos sobre los coimas? Tampoco. A Correa lo único que le interesa es preparar el terreno por si acaso alguien llega a señalarle a él o alguien de su gobierno como beneficiario de las coimas de Odebrecht o de la corrupción en general.

En ese esfuerzo, si el fiscal Galo Chiriboga creó la obra maestra de la historia del cinismo criollo el jueves con su inolvidable “¿saben qué sabemos del caso Odebrecht?”, Correa no pudo quedarse atrás y lanzó la afirmación de que si había algún cabecilla de toda la corrupción tenía que ser un socialcristiano y que fue Dios que ayudó en encontrarlo. “Como diosito es de la 35, resulta que el principal corrupto resultó ser un socialcristiano”, dijo refiriéndose a Charly Pareja quien, según el Presidente, logró corromper a mucha gente que ha trabajado en Petroecuador pero que, claro está, no fue nombrada durante su Gobierno. La corrupción es, en la cabeza de Correa, una creación diabólica concebida por unas fuerzas oscuras que quieren perjudicarlo. Nada que valiera, en todo caso, una auténtica investigación internacional.

Correa es, empero, un mentiroso compulsivo. Por un lado sostiene que su gobierno está empeñado en capturar y castigar a todos los implicados en la corrupción de Petroecuador, pero por otro no dice nada sobre la afirmación del gobierno peruano en el sentido de que no ha recibido un solo pedido oficial del gobierno ecuatoriano para capturar a Carlos Pareja Yanuzzelli, el arquitecto de los sobreprecios en los trabajos de repotenciación de la refinería de Esmeraldas. En efecto, en la sabatina no hubo una sola alusión al contundente y engorroso “el Ministerio del Interior de Ecuador no me mandó un oficio a mí, pero yo sí a él diciéndole queremos apoyar en esto, pero para poder detener a las personas se necesita una orden de captura internacional. No la había en ese momento”, del ministro peruano Carlos Basombrío.

El tema de Odebrecht es, para el Presidente, algo con lo que “hay que tener mucho cuidado”. Pero no por lo serio y verosímil que puedan resultar las denuncias sino por que ahí existe una conspiración ya que resulta demasiado extraño que una congresista republicana de La Florida haya pedido a la Fiscal de los EEUU los nombres de los posibles coimados del Ecuador y no de los otros 10 países mencionados en la lista. “Huele feo y no hay que dejarse sorprender”, dijo refiriéndose al pedido de la congresista Ileana Ros-Lehtinen a la fiscal Loretta Lynch.

Según el Presidente, si esta legisladora estadounidense hace el pedido es únicamente porque los Isaías financiaron su campaña. “Resulta que esta señora es congresista republicana de Florida, sus campañas fueron financiadas por los Isaías. Como les dije hace algunos días, algo tan sagrado como la lucha contra la corrupción se politiza y se trata de utilizar geopolíticamente y electoralmente. Por ahí van los tiros”. Lo que no menciona, obviamente Correa, es que si Ros-Lehtimen hace el pedido sobre el caso ecuatoriano exclusivamente es porque el Ecuador es el único país de los once mencionados en la lista de Odebrecht que no ha pedido la colaboración del Departamento de Justicia de los EEUU o de la propia Odebrecht.

El Presidente, además, teje cualquier argumento para convencer a quienes lo escuchan de que es absurdo pensar en que sea cierto que Odebrecht sobornó a funcionarios de su gobierno. Esa empresa, dijo, “no necesitaba pagar para ganar un contrato, lo ganó por concurso. ¿Ustedes han escuchado un reclamo de los que perdieron? Nunca, porque eran concursos abiertos, transparentes. Pero la mala costumbre de coimar es una práctica. ¿Cómo se detecta?”. Cuando dijo esto, llegó a parecer que trataba de defender a la constructora brasileña.

Fue en el contexto de su tesis de que si hay culpables de corrupción jamás serán funcionarios de su gobierno que se refirió, aparentemente, a la detención de Mauro Terán, asesor del alcalde Mauricio Rodas, la noche del viernes. “Ya están avanzando las investigaciones” dijo y agregó que en esas investigaciones se han encontrado cuentas bancarias donde hay funcionarios, que no son del gobierno central obviamente, que han incrementado sus depósito de 200 mil dólares a cerca de 2 millones. “Pronto lo sabrán no son del gobierno nacional”, dijo todo satisfecho como anticipando algo que vendrá. Solo le faltó levantar las cejas como lo hizo el fiscal Chiriboga cuando lanzó su afirmación de que investigaciones avanzan porque él ya sabe que el que ofrecía las coimas es Odebrecht.

El que vio y escuchó la sabatina 507 seguramente va a quedarse con la impresión de que lo más siente Correa cuando habla del tema es miedo.  Y ahí también se parece a su fiscal y ex abogado personal Galo Chiriboga.

Réquiem por el Pedregal, otra víctima del miedo a disentir

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En su célebre recomendación anual de los sitios a los que hay que visitar cada año, el The New York Times incluye al valle del Pedregal, en las faldas del Cotopaxi. De 52 lugares a los que recomienda ir este año, el Pedregal ocupa el puesto 13 de la que probablemente es la lista de recomendaciones turísticas con mayor impacto en el mundo. Millones de personas la leen y la comparten en redes.

Pero el autor de la lista hace una advertencia: vaya antes de junio, dice, para ver el valle antes de que las torres de transmisión de electricidad se crucen a los cóndores y a la vista. Se trata, sin duda, de una advertencia que lleva implícito un mensaje de despedida. Esta maravilla va perder su magia en seis meses está diciendo Tim Neville, autor de la nota, porque el inmenso sistema de transmisión eléctrica, diseñado para sacar la energía del Coca Coda y que atravesará el valle, afectará el hábitat de los cóndores y alterará irremediablemente su extraordinario paisaje.

Lo que no cuenta el The New York Times es que tras la afectación del patrimonio paisajístico y natural de El Pedregal está el miedo a expresarse que los ecuatorianos han desarrollado durante estos diez de ejercicio de un poder que no perdona el disenso. Las enormes torres de 80 metros de alto que atravesarán el valle y que ya están siendo emplazadas en el sitio no existen únicamente por una agenda de contratación de obra pública del Gobierno, sino también por el lamentable estado de la libertad de expresión que se evidencia en un sector de la dirigencia empresarial y de la sociedad civil que prefiere el silencio a ser objeto de represalias que podrían poner en riesgos sus intereses.

El The New York Times no cuenta lo que uno de los pocos activistas que quedan dijo a 4Pelagatos: tiene que ver con cómo fracasó la campaña para evitar la construcción de las torres por  el miedo que tuvieron casi todos los afectados a contradecir las decisiones del gobierno.  En el 2015  cuando arrancaron los trabajos previos al diseño y construcción de las torres hubo una activa movilización contraria al proyecto en la que participaron varios actores vinculados con el turismo y el medio ambiente en la zona. Ese activismo se fue apagando poco a poco y ahora son contados con los dedos de la mano aquello que se animan a protestar y tratar de evitar el crimen. La extinción del activismo se produjo, dijo esta fuente a 4Pelagatos, porque muchos de los que se atrevieron a desafiar la voluntad del Gobierno y del presidente Rafael Correa evitaron poner en riesgo sus intereses después de ser advertidos de que recibirían represalias si continuaban protestando. “Eso me pasó a mi”, dijo la fuente que prefirió guardar el anonimato.

La destrucción de parte del tesoro paisajístico y ambiental del lugar es, asimismo, la evidencia de que las ONG’s que trabajan en medio ambiente en el país prefirieron mantenerse calladas en este tema para no enfadar a los funcionarios del correísmo y no poner así en riesgo los proyectos que mantienen en otras partes del país. ¿No resulta extraño que ante la envergadura del daño que se va a hacer a un entorno natural como El Pedregal no haya existido un activismo sostenido y vigoroso de las ONG’s ambientalistas? ¿A ninguna le preocupó que los cables que conectarán las torres pueda afectar la vida los pocos cóndores que quedan en el país? ¿No hubo una sola organización que haya criticado que en el informe de impacto ambiental no se haya mencionado siquiera la palabra cóndor cuando los estudios hechos hablan del peligro que este tipo de tendidos eléctricos representan para los cóndores? La resistencia civil que hubo en Dakota del Norte, en EEUU, para evitar que cruce una reserva natural un oleoducto es un ejemplo de lo que puede ocurrir cuando el miedo a expresarse es menos fuerte que el convencimiento.

Uno de los pocos activistas que aún se animan a mantener la causa en contra del paso de las torres dijo que al inicio de su lucha en contra del actual trazado de las torres -porque hay otro que causaría mucho menor impacto- recibieron incluso la visita de funcionarios, como el ministro de Turismo Fernando Alvarado, y se comprometieron a interceder para que la ruta de las torres sea una distinta a la trazada para no afectar al valle. Pero el compromiso de Alvarado y otros se trocó en evasivas primero y en silencio después.

Lo mismo sucedió con un sector de los empresarios. Luego de que Diego Vivero, presidente de la Cámara de Turismo de Pichincha, Captur, apareció en los medios expresando su preocupación y formulando alternativas para un nuevo trazado, funcionarios del correísmo lo descalificaron y en poco tiempo fue abandonado por los otros gremios empresariales que prefirieron, según este testimonio, no cortar las relaciones con el gobierno bajo la tesis de trabajar, por ejemplo, en proyectos de ley que podían beneficiar al sector privado. Vivero sostenía que el costo de la variación de la ruta sería de 6 millones de dólares, que no representa ni el 1% del costo total de la obra, aunque reconocía que el tiempo de construcción aumentaría a 18 meses. Vivero quedó huérfano de apoyo de sus colegas dirigentes de otras cámaras empresariales y fue, más bien, víctima de las embestidas de ataques en la prensa oficialista y en las redes sociales.

Incluso la campaña que algunos empresarios turísticos habían comenzado a hacer en redes sociales con bastante éxito fue evaporándose, pues muchos recibieron advertencias de funcionarios, muchas veces amigos, de que era mejor no insistir en su lucha si no querían que sus licencias de operación fueran afectadas. En esta campaña se había incluido un video hecho por el músico Ricardo Perotti (otro convencido del tema) en el que se exponen los argumentos de los defensores de El Pedregal. Al final, el miedo dio paso al silencio.

La causa prácticamente murió cuando Rafael Correa apareció en una de sus sabatinas afirmando que las torres pasarían por El Pedregal. “Hacer un rodeo (del tendido eléctrico) cuesta decenas de millones de dólares. Tendrá que pasar por una parte del parque lastimosamente”, dijo Correa en el enlace del 10 de septiembre de 2016. Quienes están en contra del proyecto dicen que son precisamente estudios de la Corporación Eléctrica del Ecuador, la entidad que lleva adelante el proyecto, los que demuestran lo contrario de lo que dice Correa.  El desvío costaría 6 millones mientras, sostienen, los ingresos turísticos dejan 13 millones anuales a la zona según los datos del Captur.

Otra persona vinculada con el trabajo de los guías turísticos que operan en la zona también dijo a 4Pelagatos que cuando acudieron a las ONG’s ambientalistas que están radicadas en el Ecuador, recibieron muy poco o ningún apoyo. Les dijeron que preferían mantener un perfil bajo en el tema porque temían que el gobierno les ponga problemas en otros proyectos. “Existe una completa desarticulación de las ONG’s ambientalistas -dijo el entrevistado-. La salida de los alemanes también afectó”.

Los organismos estatales que están obligados a defender el turismo y el medio ambiente sostienen, en cambio, que el actual trazado es que menos afecta a los cóndores y al turismo y que si se hubiera optado por por el que recomendaban los ambientalistas, es decir por un costado del Pasochoa, se hubiera perjudicado sectores turística y ambientalmente más valiosos.

En este video casero se puede ver a un cóndor en la zona de El Pedregal acercarse a un potrero para alimentarse de un animal muerto. Vuela a la altura en la que estaría el tendido eléctrico

El hecho cierto es que no hubo un auténtico y libre debate sobre la decisión de atravesar El Pedregal con unas inmensas estructuras de metal que pondrán en riesgo a la población de cóndores del lugar y que, sin lugar a dudas, afectará el paisaje de la zona. Es evidente que en esa carencia de debate libre de represalias pesó mucho. Ese miedo a hablar y disentir se incubó en el país desde que el correísmo impuso una verdad única: la suya. Ese miedo es el resultado, además, de un sistema perverso donde la sociedad civil es vulnerable al poder del Estado porque no existen auténticos contrapoderes que la protejan. En el reino del miedo, el poderoso siempre gana y eso lo saben quienes intentaron oponerse al tendido eléctrico, cuya construcción avanza rápidamente.

Por eso, The New York Times hace la advertencia: si van a ir a El Pedregal háganlo antes de que estén levantadas las torres.

Caso Odebrecht: la reacción inteligente y la reacción bruta

en La Info por
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Había dos formas de reaccionar frente a las revelaciones sobre la corrupción de Odebrecht en el informe del Departamento de Justicia de los EEUU. Una era con inteligencia, honestidad y responsabilidad; la otra sin lo uno ni lo otro. La primera fórmula es la del gobierno peruano de Pedro Pablo Kuczynski; la segunda es la que Rafael Correa exhibió en su más reciente sabatina.

El gobierno peruano, en efecto, asume que en las denuncias sobre las coimas de Odebrecht existe un problema real que tiene que ser procesado y, de ser posible, solucionado. Por eso no solo que ha iniciado una investigación para dar con los nombres de los funcionarios corruptos sino que exigirá a la empresa que pague por lo que ha perjudicado al Estado peruano a través de sus actos de corrupción. En esa dirección ya ha iniciado una negociación con la empresa para que devuelva las ganancias ilícitas obtenidas con los sobornos entregados a funcionarios. De no encontrar una respuesta favorable, el gobierno peruano no descarta ir a los tribunales para exigir a Odebrecht que devuelva al Perú esas ganancias ilícitas. En resumen, el gobierno de Kuczynsky frente a la denuncia reacciona no solo dándole crédito e importancia sino en función de la responsabilidad que tiene y busca que el Estado recupere lo que Odebrecht se embolsicó deshonestamente.

Muy distinta es la reacción que Correa mostró sobre el tema en el enlace que se hizo desde Salinas. Por un lado, el Presidente ecuatoriano trata de desconocer la realidad y negar los hechos buscando por todos los medios afirmar que si hay beneficiados de las coimas hay que buscarlos por cualquier lado que no sea en su Gobierno. Es tan burdo en ese intento que cuando trata de echar todo el bulto del escándalo al alcalde Mauricio Rodas lo único que hace es caer en la contradicción de dar crédito a la denuncia. ¿El informe es bueno para sembrar dudas sobre Rodas pero falso cuando las dudas son sobre su gobierno o funcionarios? “El Gobierno no tiene contratos vigentes con Odebrecht, ya todos los contratos han terminado o están en fase de cierre. Solo hay un contrato en vigencia que es el del Metro de Quito, que es con el Municipio, y de eso no dice nada la prensa. Y solo ese contrato es prácticamente el mismo monto que todos los contratos que ha tenido el Gobierno con Odebrecht”. Correa quiere pasarse de listo, pues no repara que el informe del escándalo habla sobre hechos ocurridos en el Ecuador entre el 2007 y el 2016; es decir, cuando había contratos con el Gobierno.

Correa llegó a sugerir, en esa misma sabatina, la alucinante tesis de que tras el informe del Departamento de Justicia de los EEUU se esconde la intención de perjudicar y desestabilizar al gobierno ecuatoriano y sus opciones electorales para este año. “Ya sabemos más o menos por dónde van los tiros. Mañana dicen ‘es Correa, es (el vicepresidente Jorge) Glas’ y hasta que demostremos que es mentira se nos pasó el 19 de febrero, y eso es lo que buscan: enturbiar las elecciones (generales, previstas para esa fecha)”. Y agregó en lo que parece una reacción en el estilo de Nicolás Maduro: “Cuidado que no es la primera vez que el Departamento de Justicia hace estas investigaciones, pero no en función de la justicia sino en función de los intereses geopolíticos de Washington”.

Correa pretende hacer creer algo absurdo: que los EEUU decidieron fabricar un caso que involucra a 12 países y por el cual cobra miles de millones de dólares a Odebrecht, con el único propósito de afectar electoralmente a su movimiento. Hay que imaginar a los funcionarios del Departamento de Justicia inventándose uno de los casos más sonados de corrupción de la historia de ese país con el exclusivo fin de afectar a Lenín Moreno y Jorge Glas. Como si en el la posibilidad de que ese binomio llegue al poder se jugara la existencia misma de Washington. ¿A alguien se le ocurre una insensatez mayor?

En esta teoría de la conspiración, Correa también incluye a Carlos ‘Charly’ Pareja Cordero, a quien acusó de ser la cabeza del escándalo de corrupción en el caso de Petroecuador. Según Correa, Pareja Cordero también está tras las acusaciones en el tema de Odebrecth pues es abogado de esa empresa. Es decir, el Departamento de Justicia de los EEUU habría incluso coordinado con ‘Charly’ Pareja la fabricación del caso Odebrecht para perjudicar a su gobierno.

El contraste entre la reacción de Kuczynski y Correa es inmenso. El primero no rehuye ni niega al problema y más bien piensa que Odebrecht debe resarcir a su país por haber actuado corruptamente. El segundo, en cambio, patalea en un sospechoso estado de negación. Correa no se contenta siquiera con negar tercamente cualquier posibilidad de corrupción durante su gobierno sino que llega a elaborar fantásticas y alucinantes teorías que no hacen sino ponerlo en ridículo al punto de fabricar una caricatura de sí mismo. Eso despierta sospechas tan grandes como el patetismo con el que intenta defenderse.

Foto Presidencia de la República

De la sabatina a la procesión sabatina

en Caricaturas/El Humor por
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Nadie para el progreso ni las mutaciones en el correísmo. Chamorro lo comprueba con pruebas al canto. Juzgue usted.   Sigue leyendo

Los cañonazos no bailables de fin de año

en Columnistas/Las Ideas por
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Asistimos al fin de la fiesta más tóxico de la gran década. Quién habría imaginado que tras la bambalina revolucionaria se tapara tanta putrefacción. Los escándalos de corrupción en el área petrolera junto con lo que era un secreto a voces –que Odebrecht había pagado a funcionarios ecuatorianos para conseguir sus jugosos contratos, así como lo hizo en el resto del mundo– son solo la punta apenas visible de una gran montaña todavía oculta de mal manejo de los mayores recursos públicos que el país ha recibido en años.

Nos prometieron manos limpias, corazones ardientes y mentes lúcidas. Se hinchieron de una superioridad moral nunca vista. Rafael Correa, el iluminado absoluto, había llegado a salvar al país. Era una suerte de mesías dueño de la verdad revelada. Luego vinieron los petrodólares en cantidades inimaginables y se acabó el socialismo idealizado, si es que alguna vez lo hubo. Llegó el desenfreno total acompañado de lo que usualmente incluye: altísimas dosis de cinismo y desvergüenza.

Dice el repetido Dictum de Acton que el poder corrompe y que el poder absoluto corrompe absolutamente. Una década vivida por los ecuatorianos para constatar el proceso de transfiguración de las intenciones. A la revolución ciudadana se le puede acusar de varias cosas, pero ciertamente tenía un proyecto de país claro, estemos de acuerdo o no con él. Ese proyecto, esas ideas, ese objetivo de transformación fue quedándose, sin embargo, en el camino. En el trayecto aparecieron los megacontratos, las macro obras y, con ellas, las gigantescas coimas y la posibilidad de los grandes negociados para beneficio personal. ¡Qué carajo importaba si se perjudicaba al país en unos dólares más o unos dólares menos; ellos eran los dueños del país! Así, poco a poco, los revolucionarios de las manos limpias se convirtieron en los nuevos ricos del día. Los tecnócratas que pretendían volver eficiente al Estado, lo convirtieron en un Leviatán endeudado de por vida. Abandonaron su proyecto ideológico y en ese trance, digámoslo con todas sus letras, acabaron al país.

En estos días el chuchaqui se vuelve agrio, de pésimo sabor como ocurre luego de una tremenda borrachera con todo tipo de excesos. Imagino que tras bastidores el malestar es aún mayor, pues ya dejaron de ser los titiriteros dueños del show. Su suerte se decide demasiado lejos y, por eso, empiezan a temblarles las extremidades. Se nota la desesperación en sus declaraciones. Algunas de ellas risibles, como la de que no se admitirá el testimonio de Odebrecht.

Al mismo tiempo siguen repitiéndose los absurdos cotidianos, como ese del fiscal de la nación emitiendo certificados de honorabilidad a personajes dudosos o aquel de encarcelar a los denunciantes de los atracos. Vivimos los momentos que ningún comensal quiere vivir: la fiesta se acabó, solo quedan vasos a medio tomar y puchos tirados por el suelo. Se barre el desastre de la noche que acaba bajo las alfombras que quedan. Sin embargo, poco se puede hacer con el olor fétido del ambiente.

El anfitrión, Rafael Correa, sabe ya que su reputación está manchada para siempre, así Alvarado dedique el resto de sus días a tratar de transformarlo en una celebridad impoluta. Él y nosotros sabemos la clase de desmanes ocurridos en la larga noche de fiesta revolucionaria.

Corrupción: Correa usa la estrategia del infiel

en La Info por
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Ante las denuncias de corrupción, el gobierno de Rafael Correa ha vuelto a poner en marcha la estrategia utilizada en esta década:

  1. Negar el caso: es la actitud del infiel descubierto. Niega una y otra vez. Y lo hace por la misma razón que teme el infiel: evitar las consecuencias. Negar la corrupción, es la forma de rehuir el único resultado ineludible de la discrecionalidad e impunidad que se forjó este gobierno. En vez de corrupción, el estado de propaganda ha hecho creer que un sistema sin control y contrapesos produce seres impolutos. La naturaleza profunda del correísmo lo lleva siempre a negar que sus jerarcas y funcionarios estén involucrados en casos de corrupción. Ahora reitera esa actitud ante la revelación de que Odebrecht pagó, entre 2007 y 2016, 33,5 millones de dólares a funcionarios suyos para obtener contratos de obras públicas.
  2. Desprestigiar al denunciante: los sobornos de Odebrecht fueron revelados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos. Rafael Correa y Alexis Mera su secretario jurídico, salieron a sembrar dudas sobre el crédito que se le debe otorgar al denunciante. ¿Cómo lo hicieron? Afirmando que Odebrecht se declaró culpable de actos de corrupción y que para atenuar el castigo negoció con la justicia estadounidense. Sobreentendido: Odebrecht puede decir cualquier cosa. El mismo mecanismo ha sido utilizado con periodistas o políticos en casos anteriores presentados ante la opinión pública como odiadores, desinformados, gente de mala fe o agentes de intereses oscuros. Las únicas denuncias que valen son obviamente las que el propio régimen hace. A ese extremo ha llegado.
  3. Intensificar el estado de propaganda: el correísmo también usa toda su maquinaria política y mediática para desligarse del caso. Su objetivo es desligarse como sea del escándalo. La intervención de Alexis Mera es sintomática: el más cínico personaje de este gobierno, el socialcristiano más conspicuo que puede decirse socialista, utiliza el arsenal jurídico (siempre enmarañado para el ciudadano de a pie) para dar al discurso un aire sobrio, técnico, formal, riguroso y distante. Así, además de la opacidad administrativa y la ausencia de controles, el gobierno usa su tercera ventaja: su enorme aparato mediático que, sumado a la ley de comunicación (que lleva a los medios tradicionales a sobrevolar los casos), abona el terreno para que su estrategia de comunicación cale.
  4. Mezclar las pistas, enturbiar las aguas: el caso Odebrecht es una pieza de exhibición en esta materia. Mera, como gran sacerdote, suma premisas que, puestas una al lado de las otras no hacen sentido, pero cumplen su cometido: generan impresiones. De perplejidad: “Decir que en el año 2008 se corrompió a un funcionario público para beneficiar a Odebrecht (…) es absolutamente incomprensible (…)”. De transparencia: “No vamos a sacar el cuerpo a esta investigación”. De honradez: “No vamos a desmentir lo que no nos corresponde desmentir porque tenemos la conciencia tranquila”. De responsabilidad: “No podemos descartar que haya habido pagos o actos de corrupción”. De dignidad: el gobierno rechaza la versión sin pruebas ni beneficio de inventario de Odebrecht. Dicho de otra manera: es incomprensible que nos acusen, pero vamos a investigar aunque desmentimos todo, pero no descartamos que el caso sea real y lo rechazamos porque no hay pruebas… Tal cual. La astucia de Mera y el gobierno es confundir las pistas. En el mismo plano entra este argumento: es insensato que seamos responsables porque nosotros expulsamos a Odebrecht en esos años… ¿Y acaso no volvió esa empresa que, ahora se sabe, estaba acostumbrada a obtener a mantener los contratos con coimas?
  5. Endosar la culpa al vecino: El correísmo tiene un sentido nato de sobrevivencia. Defiende a los suyos hasta el punto de que el caso denunciado no pueda ser vinculado a un sistema generalizado. Y cuando esos individuos no son defendibles (Pedro Delgado o Pareja Yannuzzelli), los abandona (aparentemente) a su suerte. Los trata como chivos expiatorios. Los presenta como casos aislados, gente que se pervirtió y que traicionó la confianza de los seres impolutos, de manos limpias y corazones ardientes. En el caso de los sobornos de Odebrecht, el gobierno ensayó otra estrategia: poner nuevos actores a circular. Gustavo Noboa (en cuya administración se contrató la Central Hidroeléctrica San Francisco) o Quito… Cualquiera sabe si hay que mirar hacia Augusto Barrera (quien desligó toda responsabilidad) o hacia Mauricio Rodas. Decir que Quito es el contratante mayor que tiene la Odebrecht en Ecuador… es, a la luz de la denuncia, una forma de patear el balón a cancha ajena.
  6. Retar a mostrar las pruebas: el desafío no es nuevo pero en este caso logra un nivel de hilaridad impresionante. El gobierno, como se vio en las redes sociales, pide literalmente que corruptores y corruptos muestran el contrato notarizado de su delito. La argucia no está dirigida a los jueces del caso sino a los electores: el gobierno busca anclar la idea de que Odebrecht, que está frente a multas por $3.500 millones de dólares, se inventó una acusación específica para Ecuador por $33.5 millones… con el único fin de hacer daño al correísmo. Increíble pero cierto.
  7. Ponerse en manos de la justicia: el gobierno, es obvio, no puede lavarse del todo las manos: desacredita al denunciante pero afirma –en el caso Odebrecht, en el de Duzac, en el de Pedro Delgado, en el de la Refinería… en todos los casos denunciados– que ha pedido una exhaustiva investigación a la Fiscalía. Ese organismo intervienen siempre después, siempre tarde. Por supuesto, el gobierno también se pone en manos de la Contraloría que, ¡oh sorpresa!, auditó los contratos y no encontró nada, según dijo el Presidente.
    Ante tanta acuciosidad e independencia de esos entes, Alexis Mera entra en escena y se muestra desafiante: si se descubren personas involucradas, que sean detenga de forma inmediata –dijo–. “No vamos a proteger ni encubrir a nadie (…) Vamos a pedir y respaldar toda la investigación, caiga quien caiga”. Con todas las coartadas creadas, él y Correa saben que su sistema ha estado blindado durante diez años. Casi blindado. Por eso están exigiendo que se muestren los contratos de coimas… Entretanto, Jorge Glas vuelve a pasar de agache a pesar de ser -solo políticamente por ahora- el responsable de esta ola de corrupción que se da en los sectores que estaban y están bajo su responsabilidad. Glas sigue, increíblemente, atornillado a su cargo. Y a la candidatura con Lenín Moreno. Se entiende: Correa niega y niega… cual infiel pescado en cama ajena.

Los Alvarado: otros que tienen vela en el entierro Odebrecth

en La Info por
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Vinicio y Fernando Alvarado están pasando de agache en el horripilante enredo de Odebrecht con el Estado ecuatoriano. Y la verdad es que no deberían, porque también tienen vela en ese entierro.

Los hermanos Alvarado, zares de los millonarios contratos de propaganda y publicidad durante la #décadaganada del correísmo, tienen que explicar, tarde o temprano, cómo y en qué consistió el auspicio que dio la constructura brasileña, esa sí corrupta y corruptora, en la realización del documental The Royal Tour, donde el presidente Rafael Correa hacía de guía turístico al periodista y productor Peter Greenberg, en una gira alrededor del Ecuador.

Cuando en marzo del 2016 diario El Universo le pidió a Fernando Alvarado, ministro de Turismo, explicaciones sobre si había gasto público en la realización del Royal Tour , el funcionario respondió afirmando que “esa información no la podemos dar nosotros, dado que es un proyecto privado con acuerdo económico entre privados”. Alvarado, chabacano y prepotente como el que más, hizo entonces más o menos lo mismo que su subordinado Orlando Pérez hizo cuando se publicaron las noticias sobre sus agresiones físicas a una mujer: se pasó de vivo diciendo que esa información era privada y que no era de interés público. Par de caretucos: en el caso de Alvarado porque los gastos por dos millones de dólares en el Royal Tour, según datos jamás negados por el gobierno, habían sido cubiertos por empresas privadas. ¿Cómo pretender que lo que hace un Presidente, peor aún si es pagado por empresas privadas, no es de interés público? ¿Dónde acababa lo privado y comenzaba lo público en este tema?

Lo ocurrido con Odebrecht hace pocos días, cuando la empresa confesó formalmente haber sobornado a funcionarios de casi todos los gobiernos del continente, es la demostración más clara y evidente que respuestas como las de Fernando Alvarado son de absoluta perversión ética. El escándalo Odebrecht, por fortuna, deja en evidencia la mañosería de Alvarado y demuestra que ese financiamiento era un asunto público y que por tanto era de interés de la sociedad. también confirma que es absolutamente necesario el que Alvarado asuma su responsabilidad de funcionario y no solo entregue las explicaciones que le debe al país sino que sea examinado por una autoridad fiscalizadora. Claro, en el supuesto de que en el Ecuador volverán a existir instituciones fiscalizadoras.

La participación en el financiamiento hecho por Odebrecht en la producción del Royal Tour puede ser pequeña o incluso mínima, pero eso no la hace menos significativa desde el punto de vista de la ética pública. ¿Por qué financió Odebrecht la promoción de la figura de Rafael Correa en un documental hecho por una empresa privada que fue transmitida luego en la televisión de los EEUU? ¿Se le dio algo a cambio? ¿Ganaba puntas la empresa constructura frente al Gobierno con el simpático gesto de poner dinero en el documental? ¿Cómo es posible que Alvarado no haya transparentado esos datos si lo que estaba en juego, evidentemente, es un tema de interés público? En un país donde la rendición de cuentas y la ética en la administración pública es algo normal, la actitud con la que Alvarado respondió a El Universo en marzo hubiera sido no solo anormal, sino brutalmente escandalosa.

Tampoco se puede dejar de tomar en cuenta que la filmación del documental, según información de El Universo que no ha sido negada por el gobierno, se realizó entre el 15 y el 21 de agosto cuando los escándalos de corrupción de Odebrecht en Brasil ya habían estallado. En ese entonces ya se sabía que la constructora acostumbraba sobornar a funcionarios públicos para conseguir contratos, no solo en Brasil sino en toda la región. Según información de operadores de relaciones públicas contratados por el gobierno ecuatoriano en EEUU, la luz verde para la realización del Royal Tour la dio Vinicio Alvarado, el hermano mayor, cuando aún hacía de ministro de Turismo. Por eso, Vinicio Alvarado también tiene vela en ese entierro.

Pero el tema de la participación de Odebrecht en el Royal Tour no es el único por el que los hermanos Alvarado deberían ser procesados por las autoridades fiscalizadoras, que si bien por ahora no existen, algún día es probable que las haya. Fernando Alvarado, a más de ocultar lo que Odebrecht y las otras empresas hicieron en el tema, mintió. Sí, mintió porque no es cierto que el Royal Tour no le costó nada al país. Existen documentos que prueban que varios funcionarios cobraron viáticos y viajaron a EEUU en la coordinación del lanzamiento del documental al menos en Chicago y Nueva York. Por ejemplo un pasaje comercial para Fernando Alvarado de Chicago a Nueva York. A más de eso está la utilización de bienes públicos como el avión presidencial que, como se ve en la cinta, fue utilizado para la filmación del documental así como en el desplazamiento de Correa a los EEUU para los actos de presentación que, además, aparentemente fueron costeados con fondos públicos.

Podrán decir que el Royal Tour era un excelente instrumento de promoción turística para el país y pueden tener perfecta razón. Dentro de esta lógica podría ser perfectamente normal e incluso positivo que empresas nacionales o extranjeras vinculadas al turismo financien programas que van a estimular el flujo de turistas. Pero si ese es el caso, entonces la información sobre la participación de esas empresas privadas debería ser tratada como si se fuera información pública.

Durante diez años, funcionarios como los hermanos Alvarado han dispuesto, cual gamonalillos del siglo 19, de los bienes y los temas públicos como si el Estado fuera una hacienda privada y la sociedad una peonada ignorante y bruta.

Si de algo puede servir el caso del Royal Tour y su vinculación con Odebrecht es en que ya no deberían haber pretextos, ni siquiera los groseramente tramposos como los que Fernando Alvarado le dio a El Universo, para que los privado sea utilizado como coartada para ocultar lo público.

Lo normal sería que alguna autoridad, ya sea un juez, un fiscal o un contralor, llamen a los hermanos Alvarado a dar las explicaciones sobre este tema que, evidentemente, le deben a sus verdaderos jefes: los ciudadanos. Pero claro, eso es lo normal.

Foto de El Ciudadano

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