Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

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Correa anda suelto como pandillero en Twitter y Facebook

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Cuando era Presidente, las cosas que Rafael Correa hacía o dejaba de hacer estaban relacionadas con la ética del servicio público. Insultar a uno de sus mandantes en las sabatinas o usar el avión presidencial para ir a recibir un honoris causa en el extranjero eran gestos claramente reñidos con la ética pública que un Presidente, se supone, debe observar.

Una vez fuera de la Presidencia, lo que Rafael Correa haga o deje de hacer está relacionado, más bien, con la ética ciudadana. Por eso, cuando Correa decide colocar, el lunes 19 de junio, cuatro tuits  suyos en los que pedía a su guerreros digitales a investigar y luego exponer públicamente los datos personales de aquellos que, según él, están insultado en redes sociales está actuando como un delincuente común y cualquiera. Pedir a sus guerreros digitales que consigan y publiquen la información personal de personas que, según él insultan en redes, es un claro acto de incitación a la violencia y a la violación del derecho a la privacidad. Se trata de un acto de delincuencia común sancionado en el artículo 178 del código penal. Twitter también prohíbe la publicación de información privada como dirección y teléfonos personales.

Pero estos mensajes son señales que lanza desesperadamente porque siente que el poder se le escapa y quiere seguir siendo un agente político. Rafael Correa cree que su permanencia en la política y en el imaginario colectivo depende de si hace que la gente hable de él.  Los tuits del lunes no son, desde esta lógica, únicamente actos de violencia común, sino angustiosos llamados de atención para que la sociedad no deje de hablar de él.

Si callo muero, es la consigna porque debe ser insoportable dejar el poder para quien durante 10 años lo entendió como una herramienta para cumplir sus máximas y mínimas aspiraciones personales y como un atajo para cobrarle las cuentas a su pasado. “¿De acuerdo?”, les preguntaba con tono de desafío a sus guerreros digitales al final del mensaje, que primero colocó en Twitter y luego en Facebook.

La reacción a los mensajes fue inmediata y masiva. “Aquí siempre defendiendo el proceso compañero @Mashirafael fieles sin claudicar“, le respondieron desde una cuenta mientras que desde la mismísima cuenta de los Guerreros Digitales le dijeron “de acuerdo @mashirafael empecemos ya, siempre listos a su llamado. No permitir más atropellos e insultos de gente que se escuda en una cuenta”. Y si algún usuario, como Esteban Jaramillo le protestó y le dijo que era “lo más de lo bajo” y le puso que su nombre era ese y que vive en Quito, uno de los soldados digitales de Correa le contestó “no hace falta que digas quien eres, nosotros vamos a averiguar quién completamente, para ver si sigues siendo tan machazo al insultar”. Hasta la alcaldesa de Durán, Alexandra Arce, entró en el juego legitimando el pandillerismo de Correa.

Correa, viudo del poder y de todo el boato que lo rodea, necesita que hablen de él porque esa es su única forma de sostenerse sobre el potro. Si hablan de él y si su palabra provoca polarización y enfrentamiento, como ocurrió, entonces siente que le queda alguna forma de poder. Ya no tiene la corte de aúlicos que lo seguían aquí y allá ni el enjambre de funcionarios de su aparato de comunicación que publicaban todo cuanto él creía que había que divulgar sobre su gestión. Correa ya no tiene a quién gritar como lo hacía cuando no se cumplía con el cronograma de construcción de un canal de riego o un muelle cualquiera. Tampoco tiene a su palafrenero Fernando Alvarado para ver a qué periodista denigrar en su patético show del sábado. Debe ser un suplicio, para alguien que construyó todo un manual sobre cómo ejercer el poder absoluto, tener que pasar las mañanas en su casa donde en lugar del “señor Presidente” que sonaba por aquí y por allá en Carondelet, escucha en cambio el ruido de la licuadora, señal de que se hace almuerzo, o el rugido de la aspiradora que le recordará su estado de reclusión domiciliaria. Correa necesita hacer ruido porque necesita escucharse a sí mismo a través de los otros.

El ex Presidente, además, no tiene la capacidad intelectual ni emocional de entender el efecto que causa en la sociedad aquello que hace. Si sus llamados a los guerreros digitales desataron una ola de crítica y condena en redes, Correa no tuvo empacho en seguir provocando con las mismas mañas. Poco después de sus mensajes a los guerreros digitales, ya pasadas las 16:00, volvió a lanzar mensajes que también podrían poner en riesgo la integridad física de otras personas. Esta vez fue en contra de Carmen Andrade entrevistadora de Radio Centro. “Carmen Andrade, periodista de Radio Centro, me insulta todos los días con un odio atroz”, decía como dando la orden a sus guerreros digitales para que vayan por ella. “Venceremos la corrupción en todas sus formas”, añadía al final del mensaje en contra de Andrade como si su llamado no fuera, precisamente, de odio atroz.

Si en su intento por mantenerse vivo en la política actúa como un pandillero es porque así ejerció el poder: sin contrapesos institucionales y con el silencio cómplice, a veces acompañado de la celebración, de un importante sector de la sociedad. Esa porción de la sociedad fue la que celebró o simplemente calló cuando dijo gordita horrorosa a una periodista o cuando publicó los datos personales de algún crítico suyo. Ahora, como ex presidente, anda por ahí exponiendo la integridad física de cientos de usuarios de redes sociales.

Los mensajes de Correa plantean también otro problema mucho más profano: la existencia de redes de trolls, financiados por el Estado, que actúan por fuera del control del gobierno de Lenín Moreno. Durante el gobierno de Correa se contrató a empresas de comunicación dedicadas a intervenir y distorsionar la conversación en redes a través de trolls que descalificaban cualquier crítica al gobierno y acosaban a usuarios críticos. Estas empresas, aparentemente, aún tienen contratos con el Gobierno y siguen asumiendo como su patrón a Correa. ¿Lenín Moreno está dispuesto a que el Estado siga financiando la desesperada lucha que Correa mantiene en redes sociales para no dejar de existir políticamente?  4Pelagatos supo por información de una persona cercana al círculo de Lenín Moreno que los trolls trabajan realmente para Rafael Correa y que no están bajo el control del Presidente Moreno. Ese es un problema que tiene que ver con el gasto ético de los fondos públicos pero que también tiene que ver con incapacidad de Lenín Moreno para suspender el aparato de propaganda de Rafael Correa.

Rafael Correa cree que sus razones políticas están por encima de cualquier forma de decencia ciudadana. En la soledad de su casa, ha convertido a sus cuentas de Twitter y Facebook en sus herramientas para que nadie lo olvide ni deje de hablar de él.  El tiene el perfil sicológico del pandillero bully que sabe que si deja de acosar pierda el control de la pandilla.

El plan es asustar, dándole un susto a Luis Eduardo Vivanco

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El más reciente mensaje del poder a las redes sociales ha sido enviado y es claro: o sus usuarios se portan bien y no atentan contra su imagen o tendrán problemas con la ley.   El autor de la advertencia es la Fiscalía, que aparentemente ha acogido una queja del Ministerio del Interior para que se inicie un proceso en contra de Luis Eduardo Vivanco, periodista de diario La Hora, productor del programa “Castigo divino” y activo usuario de redes sociales.

Vivanco se enteró de que estaba siendo procesado una tarde cuando al regresar a su casa de su trabajo  se encontró con un agente de la Fiscalía que lo esperaba, pacientemente, para entregarle una citación. Cuando su abogada fue a la Fiscalía a ver de qué se trataba el asunto, se encontró con que el proceso estaba curso y tenía ya 140 páginas. ¿El delito que se imputa? Vivanco aún no lo sabe con precisión, pero aparentemente se trata de algo relacionado con mensaje que colocó en su cuenta de Twitter  el 14 de abril en el que incluía una fotografía de la pila de billetes que se encontró bajo el piso de la casa de un oficial de Policía. Vivanco colocó junto a la foto una frase que decía: “Sobre estos colchones descansa la revolución”.   El tuit se viralizó con gran velocidad esos días y su autor recibió una serie de mensajes insultantes, sobre todo desde cuentas anónimas que generalmente se las identifica con el llamado troll center del Gobierno. Ese tuit, además,  volvió a hacerse popular cuando el propio Vivanco informó, a través de su cuenta de Twitter, del proceso que le habían iniciado.

Poco después de que Vivanco compartió la noticia de que estaba siendo procesado por ese tuit, la reacción en esa plataforma fue diametralmente opuesta a la que hubiera querido el Ministerio del Interior. Decenas de tuiteros empezaron a compartir el mensaje de Vivanco, asumiéndolo como propio bajo la etiqueta de #HagoMioEsteTuit o incluso escribiendo otra vez exactamente lo mismo que Vivanco.  El tema se convirtió así, durante al menos un día, en un abierto desafío al Ministerio del Interior o quien quiera que haya pedido que se procese al periodista por su mensaje.

“No está claro el tipo de delito. No sé de qué me acusan. Sólo sé que es ese tuit”, le dijo Vivanco a 4Pelagatos, quien además anunció que no va a asistir a la audiencia que le ha fijado la Fiscalía porque “tengo cosas más importantes que hacer”. La otra cosa que conoce el acusado es que la denuncia fue puesta por el Ministerio del Interior aunque no conoce si es por injuria o calumnia.  Si es así, el afectado debería ser “la revolución” o quien quiera que se haya sentido aludido, reflexiona Vivanco.

La velocidad de la Fiscalía ha sido sorprendente. En pocos días llegó a completar 140 hojas de proceso aunque no se entiende bien las razones por las interviene ya que, en el caso de que el Ministerio del Interior se sienta afectado, éste debió haber hecho una acusación particular para que sea procesada por un juez. La Fiscalía, se sabe, sigue únicamente casos que son pesquisables de oficio, pero no calumnias o injurias a particulares.

Pero si la velocidad es sorprendente, lo más insólito de la orden es que se haya dado una orden judicial para que se intervenga el teléfono y las cuentas de redes sociales del periodista. “Esto que estamos hablando ahora deben estar escuchando estos señores”, le dijo a 4Pelagatos Vivanco mientras compartía los detalles del proceso por el que está atravesando.

 ¿Intervenir teléfono y redes sociales por una supuesta calumnia? La simple posibilidad de que la autoridad ordene que se intervenga en las comunicaciones de un periodista o de un usuario de redes sociales, por un caso como éste, constituye una amenaza escalofriante para quien se expresa en internet. El proceso contra Vivanco, con este siniestro añadido, hace que la advertencia sea doblemente amenazante para los sectores de la sociedad que utilizan las redes sociales como escaparate para expresar su opinión sobre asuntos de interés público.

Lo del proceso de la Fiscalía a Vivanco claramente es un gesto de pedagogía social desde el poder:  si alguien siembra dudas sobre las actuaciones de las instituciones o de sus funcionarios tendrán que asumir las consecuencias. Y claro, las consecuencias son procesos judiciales que, en el caso de Vivanco, podría significarle varios meses en prisión. ¿Quién va estar dispuesto a arriesgar su libertad por comentarios en redes sociales? Es evidente que con este gesto de la Fiscalía, la sociedad se la pensará dos veces antes de hacer comentarios, expresar opiniones o hacer bromas en redes sociales. 

Es conocido que el Gobierno correísta ha intentado regular el uso de las redes sociales y las publicaciones en internet, pues toda información y opinión que sale a través de los medios tradicionales ya está bajo control a través de la Ley de Comunicación.  Precisamente el gobierno no pudo incluir en esa ley a los medios digitales por la avalancha de críticas que, en redes sociales, despertó la idea.

Estos intentos de control no han acabado y varios funcionarios insisten en la necesidad de que haya una ley que regule lo que se dice en redes. En marzo del 2017 el vicepresidente Jorge Glas dijo lo siguiente: “Ese es un debate para después de las elecciones pero lo planteo, yo soy ingeniero en tecnología de la información y la comunicación y creo que el Ecuador, como siempre ha hecho, puede proponer regulaciones de avanzada en algo que será titánico, quijotesco, porque tratarán de unirlo con libertad de expresión que no es tal, es sencillamente que no exista anonimato en redes sociales”.

El que la ley no incluya a las redes sociales no ha impedido, sin embargo, que se hayan encontrado otras fórmulas para limitar la libre expresión en esas plataformas. La forma más eficiente o más usada es la que se está aplicando a Vivanco, es decir la vía penal. Ya funcionó en el caso de la concejala lojana Jeannine Cruz, quien cumplió con una condena de 30 días de presión por por haber proferido expresiones en descrédito o deshonra del alcalde de Loja, Bolívar Castillo. La figura está en el artículo 396 del COIP. Las figuras de calumnias, difamación e injurias se utilizan para amedrentar, escudándose en el derecho a la honra de las autoridades, artículo 182 del COIP. El motivo es evitar las denuncias y las críticas, recortando los derechos a la libertad de expresión.

Lo mismo sucedió con Sebastián Cevallos, tuitero y dirigente de Unidad Popular, quien en el 2016 fue sentenciado a 15 días de prisión por sus tuits en contra del exministro Carlos Carrasco.

El proceso en contra de Vivanco prueba que el miedo sigue siendo el recurso del poder para evitar que se hable mal de él. Lo que se le escapa a ese poder, sin embargo, es que para la sociedad, instituciones como la Fiscalía carecen de la más importante y potente fuente de legitimidad: la independencia.

Tres videos que están despertando indignación

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Esta campaña electoral no es una campaña normal. Si fuera normal habría dos sectores compitiendo para acceder el poder y el Estado regularía y pondría límites para que nadie viole leyes y reglamentos electorales.

Pero en esta campaña electoral es el Estado el que participa en la carrera. Medios de comunicación manejados por el Gobierno, empleados públicos que tienen que hacer campaña (muchas veces obligados), carros de ministerios o subsecretarias que van y vienen haciendo proselitismo, call centers de organismos estatales que hacen llamadas para ofrecer créditos, servicios de salud que sirven de escaparate proselitista… Es, en definitiva, todo el Estado puesto al servicio de la candidatura de Lenín Moreno. Se trata de una campaña electoral completamente desnaturalizada porque una de las candidaturas, en este caso la del Gobierno, utiliza fondos que pertenecen a todos los ciudadanos.

Esta campaña es, además, una campaña anormal por un hecho muy sencillo: no hay organismo de control que impida al Estado hacer proselitismo. Esto ocurre por algo muy simple: el organismo de control, en este caso el Consejo Nacional Electoral, es manejado por el mismo Gobierno; es decir por administradores del Estado. En pocas palabras: no solo que el Estado interviene en la campaña sino que no hay nadie que impida que lo haga.

Pero cuando no hay control institucional, no todo está perdido. Queda, al menos, el control de la opinión pública y para eso, en las actuales circunstancias, no hay nada que actúe con mayor eficiencia y velocidad que las redes sociales. Es, precisamente, en las redes sociales donde las personas están compartiendo videos y fotografías en las que se denuncian los abusos del Estado. Estos días, en que se ha hablado del efecto que está produciendo en las preferencias electorales el apoyo de las instituciones públicas y la falta de control al proselitismo engañoso, ha sido la gente, en las redes sociales, la que ha exhibido esos abusos. Los mensajes que circulan, en especial ciertos videos y fotografías, se han convertido en una de las pocas herramientas que la sociedad tiene para resistirse a la normalización de lo anormal: en este caso una campaña donde el Estado es una de las partes haciendo campaña.

En estos últimos días de campaña al menos tres videos se han convertido en aútenticos éxitos porque provocan sorpresa e indignación. Si no hay institucionalidad que reaccione, al menos hay capacidad de sorpresa e indignación de la gente. Uno de esos videos fue hecho por el equipo de periodistas de Ecotel, un canal de televisión de Loja que fue clausurado por el gobierno y que ahora funciona en internet. En él se ve cómo el Estado, a través del manejo de la educación pública, logró en Loja que estudiantes de colegio asistan sesiones donde se proyectan películas que tienen que ver con el feriado bancario: es una clara alusión al candidato de oposición Guillermo Lasso.

Hay otro video en el que se evidencia cómo los activistas que hacen campaña por Moreno dicen claramente que lo único que se pide a cambio para para acceder a a los programas sociales que ofrece el candidato es el voto. Es decir, si quieres casa tienes que votar por Moreno porque esos programas no son para todos.

En el tercer video se observa a una activista de la campaña de Lenín Moreno recoger inscripciones para programas de viviendas populares, mujeres embarazadas, jóvenes emprendedores y personas mayores bajo la condición de que el aspirante vote por Moreno. “Si gana Lenín usted va con este certificado”, dice y por eso exigen una inscripción con número de cédula y número de teléfono. Tres muestras, de muchas que circulan, de manipulación y engaño que justifican por qué la gente que comparte estas imágenes está indignada.

Dale a tu cuerpo alegría Macarena

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Las redes son la nueva contraloría social. Pregúntenle a Macarena Valarezo, la ex concejal de Quito que acaba de ser arrastrada por los tuiteros a causa de una equívoca declaración. Su caso es bastante ilustrativo con respecto a la nueva realidad a la que deben acostumbrarse los políticos y demás personajes públicos. ¿Qué fue lo que dijo? “Me da terror de que vuelva otro muerto de hambre a la Presidencia”. Aludió a los Panama Papers y dio a entender que Guillermo Lasso, el candidato que ella apoya, no necesita robar para hacer fortuna, porque ya la tiene. Estas palabras cayeron en la tuitosfera como una bomba y se convirtieron en tendencia nacional. Centenares de personas interpretaron las palabras “muertos de hambre” como equivalentes a “pobres” y acusaron a la exconcejal de maltratar a los ecuatorianos pobres.

Pese a la última parte de su declaración, que es una simpleza (ser rico no exime a nadie de ser ladrón), es obvio que Valarezo fue malinterpretada. En el contexto de los Panama Papers y a la luz del escándalo de Petroecuador, las palabras “muertos de hambre” no son una falta de respeto hacia ningún inocente, sino una metáfora bien ajustada a la realidad de los hechos. Hay codiciosos sin escrúpulos, ávidos por el dinero y carentes de reparos morales sobre la manera de obtenerlo, que se han enriquecido en este país a la vista de todos. Llamarlos “muertos de hambre” no es un error: es lo mínimo.

El problema es que Macarena Valarezo cayó mal. Decenas de memes le restregaron su comportamiento pelucón y elitista. Los seguidores del gobierno encontraron más de una manera de reírse a sus costillas.

Pero lo más significativo de la tendencia fueron las fotografías –que circularon masivamente– en las que aparece ella estrechando, en cordial y amistoso abrazo, a los principales líderes de este gobierno que ella identifica como de “muertos de hambre”: Rafael Correa y Lenín Moreno, a quien sostiene por los hombros y estruja el pecho desde atrás de la silla de ruedas, mientras junta su mejilla y compone la más cándida de sus sonrisas. Lo que las redes le echan en cara es su propia incoherencia: no se compadece su discurso con esas fotos.

A las redes hay que medirles la temperatura. Aunque muchos de los tuits dirigidos a Macarena Valarezo fueran decididamente injustos, lo cierto es que el mensaje que enviaron las redes contiene un fuerte principio de realidad: ¿cómo pretende hablar de muertos de hambre una persona que se ha codeado con ellos? Acuciosos ciudadanos armados de un teléfono inteligente no demoraron en sacarle todos los trapos sucios de su currículum: sus inicios junto a Jamil Mahuad, en los tiempos en que éste ocupaba la alcaldía de la capital; su filiación socialcristiana; las veces que coqueteó con el correísmo y fue funcional a sus intereses políticos… En fin: las redes se lo recordaron todo.

Macarena Valarezo dice “muertos de hambre” y las redes responden: fact checking. ¿Quién es el muerto de hambre? ¿Lo será usted? Esto se llama control social y es un poder enorme que está en manos de la gente. Ahora los políticos saben que no pueden decir lo que les salga del estómago. Saben que los camisetazos y las inconsecuencias políticas les serán enrostradas en cualquier momento. Para ellos, cuidar su credibilidad se ha vuelto una tarea mucho más sensible. En el instante mismo en el que da un discurso, cualquier ciudadano es capaz de comprobar, con una sencilla búsqueda en el Google, en el YouTube o en la Wikipedia, si lo que está diciendo es cierto. ¿No lo es? Pues basta con un click y su mentira quedará expuesta y, antes de que termine de hablar, probablemente se habrá viralizado.

Información viralizada. Surgida de la propia comunidad. El cuerpo social ya no actúa solamente por pasión, como atribuyen los sociólogos a las masas, sino que alimenta esa pasión con información verificable, con hechos publicados, fotografías, videos… Y lo que las redes sociales han demostrado en este país hasta la saciedad es que, a la hora de buscar información verificable, hay ciudadanos de a pie que son implacables y exhaustivos. Pregúntenle a Macarena Valarezo.

El colmo de un payaso

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Su misión es garantizar el acceso y ejercicio de los derechos de las personas a recibir información y a una comunicación libre, diversa y participativa en todos los ámbitos. Es el Superintendente de la Información y Comunicación y ha decidido bloquear el acceso a su cuenta de Twitter. Un gesto que demuestra su limitada comprensión sobre el alcance del derecho a recibir información, sobre las implicaciones de la libertad de comunicación y sobre la importancia de la participación ciudadana en todos los ámbitos. No entendió nada.

Recientemente, el Superintendente Carlos Ochoa ha sido duramente criticado por su decisión de modificar un inciso de la Ley Orgánica de Comunicación y aplicar ese inciso modificado para sancionar a varios medios. Su respuesta inicial ante los cuestionamientos recibidos en redes sociales fue proteger su cuenta de Twitter, de forma tal que sólo ciertos seguidores que él confirme podían acceder a la información que él difunde a través de su cuenta.

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Probablemente empezó a extrañar a sus 20.000 seguidores, por lo que cambió de opinión y en vez de proteger su cuenta por completo se ha dado el trabajo de bloquear a los tuiteros que le resultan incómodos.

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Independientemente de si los bloqueados son todos o solo algunos de sus seguidores, esta acción evidencia su intención de obstruir deliberadamente el acceso a la información que desde esa cuenta se difunde. El Superintendente de la Información bloquea el acceso a la información que él mismo difunde. ¿No es el colmo?

En su defensa, debo decir que Ochoa no está solo en esta práctica. Son varios los funcionarios públicos del gobierno de la revolución ciudadana que han optado por bloquear el acceso de los ciudadanos a las cuentas a través de las cuales difunden informaciones y opiniones. Por ejemplo, no puedo enterarme de lo que la Segunda Vicepresidenta de la Asamblea publique en su cuenta de Twitter:

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Algunos dirán que se trata de sus cuentas personales y que están en plena facultad de decidir a quiénes permiten acceder a sus tuits. Discrepo. El derecho de acceso a la información genera obligaciones para todas las autoridades públicas. Mientras sean funcionarios públicos, se presenten como tales en sus cuentas y las utilicen para difundir información oficial u opiniones emitidas en su capacidad oficial, están obligados a garantizar su acceso a todos los ciudadanos, sin discriminación por opinión política. Están obligados también a recibir críticas y cuestionamientos por parte de sus mandantes y a ser tolerantes frente a las expresiones de todos los ciudadanos, aunque les choquen.

De todas maneras, el argumento de que se trata de cuentas personales se desvanece pues no sólo son funcionarios los que bloquean a los ciudadanos el acceso a sus cuentas oficiales, sino que ese mismo ejemplo han seguido quienes manejan las cuentas institucionales del gobierno.  Por ejemplo, estoy impedida de acceder a cualquier información que se difunda a través de la cuenta institucional de la Presidencia de la República:

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Toda la información que se difunde a través de esa cuenta se produce con mis impuestos, pero no puedo acceder a ella. ¿No es el colmo?

No entendieron que el derecho de acceso a la información pública es una dimensión del derecho a la libertad de expresión que protege nuestro derecho a acceder a toda la información en poder del Estado. La Ley Orgánica de Transparencia y Acceso a la Información Pública, dispone que toda información que posean las instituciones, organismos y entidades del Estado es pública, y por pública debemos entender que es nuestra, no del gobierno. La misma Ley afirma que “el ejercicio de la función pública está sometido al principio de apertura y publicidad de sus actuaciones”. Así, quienes ejercen la función pública deben aplicar el principio de máxima divulgación en todas sus actuaciones, lo que hoy en día también incluye sus expresiones en redes sociales.

No entendieron que toda la información en poder del Estado se presume pública y accesible, y este principio sólo está sujeto a un régimen limitado de excepciones. El derecho de acceso a la información garantiza que los ciudadanos podamos obtener toda la información que esté bajo custodia del Estado, toda la información que el Estado produce, aquella que está obligado a producir e incluso aquella que está bajo poder de quienes ejerzan funciones públicas. En virtud de este derecho no sólo estamos facultados a solicitar esa información sino que el Estado debe garantizar la posibilidad de acceder libremente a información completa y actualizada sin esperar una solicitud o un reclamo judicial. Es lo que se conoce como un gobierno abierto.

Pero el gobierno no está cumpliendo con su obligación de transparencia activa. El Banco Central, depositario de nuestro dinero, no ha publicado aún las cuentas anuales relativas a 2015, boletín que debió publicar hasta el 29 de julio. Tampoco hemos podido acceder libremente a información que nos permita conocer en qué están gastando las contribuciones “solidarias” que por ley estamos obligados a realizar a partir del terremoto. Cancillería no ha publicado las cifras de refugiados reconocidos desde febrero de 2013. El Ministerio de Justicia y Derechos Humanos informa que ha aprobado un Protocolo para la Atención a Población LGBTI y detalla que el protocolo tiene once artículos, pero no publica el protocolo ni responde a quienes solicitamos esta información. Y así sucesivamente, hasta el infinito. ¿No es el colmo?

Seguramente me dirán que no se aplican los mismos principios de gobierno abierto por los que deberían regirse los portales de internet del Estado a las cuentas de Twitter de sus funcionarios o instituciones. Discrepo nuevamente. Las redes sociales son una herramienta para la apertura y rendición de cuentas por parte del gobierno. Las nuevas tecnologías no sólo permiten la difusión de información sino que facilitan su intercambio, pues fomentan la participación del público y la interacción con los funcionarios. El gobierno debería aprovechar estas tecnologías para publicar cada vez más información a través de redes con el fin de permitir a los ciudadanos conocer lo que su gobierno hace e influir en las decisiones gubernamentales. La transparencia, el libre acceso a la información y la rendición de cuentas son principios que deben guiar el actuar de los funcionarios en todos los espacios, incluyendo las redes sociales.

Este gobierno que tanto habla de participación ciudadana no entendió que el acceso a la información es un derecho instrumental que permite a los ciudadanos participar de los asuntos de interés público. Estar informados sobre lo que el gobierno hace o deja de hacer es esencial para que los ciudadanos podamos formarnos una opinión y exigir que las autoridades rindan cuentas sobre sus actos. Conocer más sobre sus acciones y sobre sus opiniones e intercambios en redes sociales, nos permitirá también ejercer a conciencia nuestro voto en las próximas elecciones.

Pero la intolerancia frente a la crítica es tal que si nos atrevemos a cuestionar alguna información publicada en sus cuentas de redes sociales, somos bloqueados. No entendieron que la libertad de comunicación implica también la libertad de vigilar y criticar las acciones del gobierno y sus funcionarios. Este gobierno, que ha defendido los millonarios costos de la preparación y difusión de enlaces ciudadanos bajo el argumento de que “es el derecho y el deber del Presidente informar al pueblo ecuatoriano”, impide que los ciudadanos accedamos libremente a la información que publica a través de sus cuentas oficiales, sean estas institucionales o de funcionarios públicos.  ¿No es el colmo?

La cultura del secretismo que caracteriza a este gobierno sólo tiene una explicación posible: no quieren que sepamos la verdad para que no podamos formarnos una opinión.  En una democracia, el acceso a la información es la regla y el secreto es la excepción. En Ecuador sucede lo contrario.

#LaCiaEnEcuador: los mejores memes

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En la delirante trama de espionaje sobre la CIA en el Ecuador que falsificaron la Senain, la Secom y los medios mercenarios Telesur y El Telégrafo, las redes sociales tenían asignado un papel muy importante. Tan pronto como el canal chavista emitió su supuesta investigación, la etiqueta #LaCiaEnEcuador apareció en el Twitter con el objetivo de difundirla y ejecutar el consabido cargamontón contra las víctimas. Los trolls del correísmo pusieron manos a la obra. Pero les fue mal. La campaña resultó tan burda que, a los pocos minutos, los usuarios de Internet ya le habían dado la vuelta. #LaCiaEnEcuador se convirtió en una etiqueta humorística donde el gobierno salió muy mal parado. Decenas de chistes, memes y gifs dirigidos contra los calumniadores hicieron de la etiqueta una tendencia nacional. Es muy revelador el hecho de que ningún asambleísta, ministro o funcionario correísta de mediana importancia para arriba se haya sumado con sus tuits a la tendencia, como si su evidente ridiculez los avergonzara.

4pelagatos celebra la perspicacia y el sentido del humor de los tuiteros ecuatorianos que supieron reaccionar a la calumnia de la mejor manera posible: riéndose de ella. En su homenaje reproducimos aquí las más finas perlas de la tendencia #LaCiaEnEcuador.

CIA 1, carnet

CIA 2, buses

CIA 5, refinería

CIA 6, Correa y Cía

CIA 7, borrego

CIA 8, burbuja

CIA 9, bicicleta

CIA 12, pérez-guzmán

CIA 10, cuéntame másCIA 11, obama ríe

https://twitter.com/AdrianArtois/status/740354014303428608

 

Las redes compilan el despilfarro correísta

en La Info por

Una tendencia se impuso en las redes sociales la noche del miércoles y sigue corriendo hasta el mediodía de hoy: #RankingDelDespilfarro. Se trata de armar el top 5 del derroche de fondos públicos durante el correísmo. Los tuiteros respondieron masivamente y con humor a la convocatoria: ésa es la forma como la sociedad civil está retratando al gobierno. Tendencias como ésta no son un pasatiempo. Son expresiones políticas que ocurren de manera espontánea y por fuera de las agendas y las estrategias de lo que el gobierno llama oposición.

A pesar de la falta de fiscalización parlamentaria y organismos de control, o quizá gracias a ella, la sociedad civil tiene claro que este gobierno ha impuesto una cultura del derroche en la administración pública. Ya es habitual que los ciudadanos se sirvan de las redes para restregar al poder sus inconsecuencias, su fatuidad, su doble moral y sus despilfarros. Esta actitud ha ido constituyendo un espacio ético desde el cual la sociedad se distancia del poder y lo desnuda.

El #RankingDelDespilfarro está lleno de coincidencias, como la refinería del Pácifico, pero también de hallazgos originales y casi poéticos, como “las camisas adefesiosas del Mashi”. Los tuits que participan en esta tendencia aportan con ejemplos recogidos a lo largo de diez años de correísmo: la ruta Collas, el edificio de Unasur con su estatua al corrupto presidente Néstor Kirchner, los aeropuertos inútiles, los aviones presidenciales, los gastos en publicidad oficial, las manifestaciones sanducheras y bonificadas, las rendiciones de cuentas, el Yachay con sus rectores virtuales de 16 mil dólares, la vida social en Carondelet, la inflación de ministerios, los sueldos de la burocracia, el cambio de logotipos de todos las instituciones del Estado, las superintendencias inservibles, la secretaría del Buen Vivir, los asesores pipones, el Instituto Espacial Ecuatoriano con los gemelos galácticos Pegasito y Krysor, el Troll Center, la campaña All You Need is Ecuador, la entrega del oro a Goldman Sachs, la Constitución de 2008, el complejo gasífero de Monteverde, diario El Telégrafo, los canales incautados que quebraron, el campeonato mundial del hornado, mandar el avión presidencial a traer al presidente uruguayo, las vacaciones pagadas de Lenin Moreno en Ginebra…

4pelagatos se suma a esta tendencia con su propio top 5 en el #RankingDelDespilfarro

  1. El engorde del Estado: el presupuesto pasó de 9.767 millones, en 2007, a 29.835 millones en 2016. Creció en más del 200%. Mientras tanto, el crecimiento de la economía, considerando que este año decrecerá, es de apenas el 3,5%.
  2. La deuda externa: entre 2007 y 2016 la deuda creció en 159%. Actualmente es de 34.955 millones, según el Ministerio de Finanzas, pero algunos expertos creen que es más. Las tasas de interés en los contratos de deuda con China son irracionales (hasta cuatro veces más altas de lo habrían podido ser con los multilaterales).
  3. La refinería del Pacífico:200 millones por estudios y remoción de tierras.
  4. La refinería de Esmeraldas: en 2008 su repotenciación costaba 187 millones de dólares. Cuando termine, superará los 1.500 millones de dólares.
  5. La política de comunicación: en 2006, el gobierno de Alfredo Palacio gastó 2 millones en publicidad y difusión. El correísmo pasó de 46 millones en 2007 a casi 120 millones en 2015. Sólo en contratos de publicidad y difusión. Se suma el presupuesto del aparato de control y censura integrado por la Secom, la Cordicom y la Supercom.

Unos pocos simpatizantes del oficialismo se unieron a la tendencia #RankingDelDespilfarro tratando de darle la vuelta. Pero fue evidente que en este, como en los otros casos, el gobierno es incapaz de ganar una sola batalla contra la sociedad civil que se expresa en las redes.

Arriba: vista aérea de la refinería del Pacífico. Foto: agencia Andes

Redes: la lección de humildad para quienes quieren controlar todo

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Todos vimos el 16 de abril como un espasmo desolador. Asistimos al dolor  en nuestros teléfonos y computadoras siguiendo cientos de posts que parecían no terminar. Vimos mentiras, verdades, pena y, finalmente, algo de luz. Las redes se abrieron como una marea imparable. En una tragedia se devela el tejido institucional del Estado: es cuando aparece la infraestructura, la seguridad y el tramado de la política. En esta catástrofe renació en Ecuador la sociedad civil.

Los ejemplos se extendieron. Hubo una organización civil que explicaba lo que estaba ocurriendo y que hizo posible abrir el wifi en las zonas de desastre hasta que, finalmente, los proveedores lo hicieron en algunos puntos. Otro esfuerzo que marcó una pauta de colaboración efectiva, y obligó a abrir la información oficial, fue el de mapping Ecuador. En estos casos, los materiales de base, para los mapeos de desastres, incluyen imágenes de satélite tomadas por las agencias estatales y empresas privadas y listas del gobierno que detallan la ubicación de escuelas, hospitales y otras instalaciones de infraestructura. Con esto, el equipo local carga la información en un servidor al cual pueden acceder los voluntarios en el mundo.

En casos excepcionales, la interoperabilidad y el mercado de la información no están necesariamente apoyadas por tecnologías de dominio público. Sin embargo, la respuesta del espacio colaborativo fue respaldada por una gran comunidad en todos los ámbitos. Esta ciudadanía conectada ofreció la oportunidad de crear una solución flexible y colaborativa. Las plataformas abiertas ayudaron a aliviar los problemas de clasificación de la información en un esfuerzo para responder al desastre. Presenciamos cómo la gestión de desastres generó una revolución en la recolección de datos.

El efecto de las redes y su expresión; la ayuda humanitaria; el mapeo de desastres y la conectividad masiva nació de la sociedad civil. De los ciudadanos que tomaron la iniciativa de ayudar –independientemente del nivel de conocimiento– y de ser útiles en loque pudieran. Esa es la dimensión de la red social. Cientos de personas colaboraron, de manera simultánea, para ordenar la estructura más eficiente de la sociedad organizada.

El efecto de las redes resultó ser poderoso. Fue capaz de encontrar las falencias en la institucionalidad y en las jerarquías formales. ¿Entendió la institucionalidad centralizada que necesita de conocimientos, experticias de afuera y que no puede controlarlo todo? El hecho cierto es que la acción colectiva es más fuerte y estructurada en entornos colaborativos.

Dotarse de capas informativas es la punta más efectiva de la gestión de desastres. Internet se convirtió en el pulso de la gente. La inmensa cantidad de datos relacionados con la gestión del desastre –datos autorizados o no– construyeron una colección de opciones del mayor poder de la web social. Los datos abiertos se convirtieron en una forma potencial para poner en común los datos observados de los voluntarios con los de los sistemas existentes.

Esta máquina efectiva del espacio colaborativo de Internet dio una lección de humildad a quienes controlan la información. O a quienes pretenden controlarlo todo. Las redes nos mostraron implacablemente el dolor, la alegría, lo que sentimos como mentira y lo que deseamos como verdad. Ante la desolación sólo queda una certeza: tratar de controlar los sentimientos en red es como tratar de irse contra el mar. Y en este océano son los ciudadanos quienes hacen la marea.

La MashiMachine fue hackeada pero sigue tan campante

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Sábado, 11 de la mañana: Rafael Correa desgrana sin remedio su monólogo aburridor y narcisista. Y en las redes sociales su voz y sus palabras se multiplican al infinito tejiendo mensajes insospechados, no los que él quisiera comunicar sino los que la gente quiere escucharle: arrebatos de sinceridad, demostraciones de humildad o de cordura, frases simplemente humanas… Por doce horas consecutivas la aplicación MashiMachine de 4Pelagatos es tendencia nacional número 1 en Twitter y los usuarios no dan muestras de aburrirse. Al contrario: quieren más. Y mientras se divierten, muchos son conscientes del contundente mensaje político del juego. Por eso, no es de extrañar que, a pocas horas de compartida, la aplicación sufra un fuerte ataque de hackers que logra sacarla del aire por minutos.

La MashiMachine fue subida al Internet el viernes 29 de abril a las 21h45, junto con un manifiesto que explica su intención y su mecánica. La aplicación ordena y clasifica miles de palabras dichas por el presidente Rafael Correa en sus sabatinas y las pone a disposición del usuario para que forme con ellas las oraciones que desee. Basta con escribir la frase deseada en un ventanita. El resultado es un video que puede ser compartido en las redes. 24 horas después de su nacimiento, 40 mil de estas micropelículas habían sido compartidas.

No con cualquier figura política del mundo es posible un juego semejante. Se necesita un personaje de incontinencia verbal irrefrenable. Alguien que, a lo largo de diez años de discursos, llegue a pronunciar palabras tan disparatadas e improbables para un político como “chinita”, “gordita”, “Emelec” o “caretuco”, por no hablar de la lista larga de insultos e improperios proferidos por Correa, algunos de antología.

Es interesante observar los usos dados a la MashiMachine por los internautas. En las películas compartidas en el Twitter a Rafael Correa se le hace decir de todo. Frases que lo retratan, que pintan un aspecto de su personalidad y que bien podría decir él mismo, como ésta que recoge sus insultos:

Frases que explican políticas de gobierno, como ésta sobre los impuestos:

Arrebatos de sinceridad. Cosas que el presidente no dice pero la gente supone que piensa:

https://twitter.com/YoleMilan/status/726603762975006721

Confesiones:

https://twitter.com/ElviraDurango/status/726587995432833024

Frases chuscas que nada tienen que ver con la política:

https://twitter.com/ACC2020/status/726431301952266240

A las 12h30 del sábado 30 de abril, la aplicación fue atacada por hackers de origen desconocido que lograron entorpecer su funcionamiento e incluso detenerlo por minutos. Al mismo tiempo, la etiqueta #MashiMachine, que se mantenía en el primer lugar de la lista de tendencias nacionales desde la noche anterior, desapareció misteriosamente a pesar de que su número de tuits por minuto continuó siendo superior a otras tendencias que sí constaban en la lista. Esto puede deberse al hecho de que los llamados Trending Topics de Twitter son generados por un algoritmo y no necesariamente reflejan la popularidad de un término en la red.

Uno de los efectos más interesantes de la MashiMachine fue el desconcierto y consecuente enmudecimiento del troll center correísta. Aunque unos pocos intentaron utilizarla, sin ninguna repercusión, MashiMachine demostró ser una aplicación a prueba de trolls: una experiencia de libertad de expresión para la sociedad civil difícilmente manipulable por el Estado. Una invitación a todos los ciudadanos, sean fans del Presidente, amigos suyos, críticos… a expresarse libremente.

El mismo día en que Rafael Correa declaró ser parte de la sociedad civil, ser la sociedad civil, miles de ecuatorianos utilizaron la MashiMachine para desmentirlo. Él reproducía en la sabatina su discurso acostumbrado y ellos no veían en ese monólogo otra cosa que una oportunidad para incrementar el vocabulario de la aplicación, con el fin de ampliar las posibilidades de esta experiencia democrática. “Señor presidente, por favor, diga Aserejé”, pidió alguien.

Finalmente, después de 472 sabatinas (la MashiMachine arrancó antes de la del sábado 30 de abril), la sociedad les encuentra una utilidad.

9. Carta a Correa: ¿por qué no da el ok a EEUU que quiere ayudar?

en La Info por

Presidente,

Algunas personas –entre ellas partidarios suyos– han solicitado que esta serie de cartas se interrumpa. Es un pedido que se agradece. Es evidente, no obstante, que momentos como estos, de dolor y solidaridad, son altamente propicios para hablar de lo esencial. El terremoto, que todos lamentamos, no puede bloquear una reflexión pero sin duda la enmarca.

Huelga decir que hay una terrible incomprensión sobre el ejercicio periodístico y el deber de opinar. Es obvio que muchos quisieran que por fuera de las iniciativas de apoyo con las víctimas del terremoto, reinara un absoluto silencio. Contraponen acción y reflexión; solidaridad y crítica. No entienden que se puede estar conmovido hasta las lágrimas por el dolor de miles de familias y por la respuesta maravillosa de los ciudadanos ante esta desgracia, y también atento por la forma cómo las autoridades cumplen con su deber. Ni hay contradicción ni hay mala fe. Los ciudadanos deben ser capaces de caminar y mascar chicle.

Opinar puede resultar, en el peor de los casos, un criterio desechable. A menudo es una alerta, un pretexto para mirar con mayor detenimiento un tema, la invitación a un diálogo. Usted Presidente nunca consideró las bondades de este ejercicio. No lo hizo usted, tampoco muchísimos de sus seguidores que pensaron que, en aras del proyecto, era mejor patear la reflexión para más adelante. No se hicieron un favor. Y no se lo hicieron a usted. Porque no hay nada más difícil que mantener la sensatez y la lucidez cuando se ejerce el poder. Lo han dicho todos los presidentes que han comprobado, con altísimos niveles de coincidencia, que sus entornos son, en realidad, filtros para camuflarles la realidad.

Criticar los errores que cometió su gobierno apenas se produjo este terremoto lleva implícitos cantidad de mensajes para usted, Presidente, y para su gobierno. Esas críticas no solo hablan de esta sociedad que reclama por lo que considera su derecho a estar bien informada: muestra una sociedad activa e infinitamente solidaria. Hay que ver las innumerables iniciativas privadas y ciudadanas para ayudar a las víctimas. Reconforta esas muestras dadas por ciudadanos sensibles, fraternales, compasivos.

Esas críticas muestran que lejos de temer al enorme mecanismo de comunicación que tiene la sociedad –todas las redes sociales– sería formidable utilizarlo. Hay dos tiempos para la información en una catástrofe que sería apenas obvio que el gobierno distinguiera. Uno son las disposiciones oficiales. Es evidente que nadie discutirá esa preeminencia del sector oficial en este campo. Otro circuito es el acopio de información que sirve para mapear el estado real de la catástrofe en el país. Eso incluye personas desaparecidas, necesidades y circunstancias específicas de las poblaciones que, en parte, pueden ser paliadas con la intervención delos ciudadanos. ¿Por qué desaprovechar esa capacidad de comunicación y de acción instalada en todo el país? ¿Puede una comunidad ser lo suficientemente irresponsable y torpe como para usar, en este momento, las redes en su contra? Hay que hacer confianza al país que está dando muestras de una enorme capacidad de organización y responsabilidad y el gobierno, lejos de temer esas iniciativas, debiera encauzarlas para servir de la mejor manera a las víctimas del terremoto. Mejor esto que ver a funcionarios suyos repitiendo en radios y otros medios que hay que desconfiar de lo que se dice en las redes.

Criticar a su gobierno, por eventuales errores en el manejo de esta crisis, no es politizar el dolor ajeno. Es invitarlo a usted y a su gobierno a dirigir sin prejuicios ideológicos una situación que supera cualquier previsión. No se sabe, por ejemplo, Presidente, por qué no han respondido al gobierno de Estados Unidos con la urgencia que esto requiere. Vea usted mismo a su embajador en Washington diciendo que la pelota está en Quito. Francisco Borja saluda la actitud del Departamento de Estado y comunica que está presto a ayudar. Usted no ignora que ellos tienen la tecnología que se necesita en este momento en que todavía se pueden salvar víctimas que eventualmente se encuentran atrapadas bajo los escombros. Por lo que se sabe Washington está lista para responder siempre y cuando su gobierno dé luz verde. ¿Por qué no responden? Ojalá no haya cálculos políticos, Presidente, en la Cancillería ni en la Secretaría de Gestión de Riesgos.

Hacer preguntas, hacer críticas no es hacer politiquería, como dicen los troles oficiales. Es aspirar a que usted y su gobierno, que tienen la potestad de manejar la crisis, lo hagan mucho mejor. El único beneficiado de todo esto es el país que sufre.

Foto: Presidencia de la República

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