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René Ramírez

La mentira de Yachay tuvo la bendición de Correa

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O es mentiroso o cree a pie juntillas en cualquier mentira que le cuentan y luego la repite como verdad absoluta.

Lo cierto es que con Rafael Correa ocurre cosas como las del jueves 16 de febrero por la noche. Ese día, con una seguridad pasmosa, insistió en la fantasía aquella que habla sobre una empresa ecuatoriana llamada Red Tech que, con la asistencia de Hewlett Packard y Tesla, montarán una “mega factoría” de 3 mil millones de dólares para hacer carros eléctricos en Yachay, provincia de Imbabura.

Para cuando Correa habló de este tema, esa historia ya no tenía casi ninguna credibilidad. Tesla había dicho que no tenía ninguna vinculación con el proyecto y los hechos mostraban que la versión de Yachay y sus autoridades, sobre todo la de René Ramírez, no podían sostenerse. Red Tech, la supuesta inversora, no exhibe antecedentes que permitan confiar ni en su solidez financiera ni en su idoneidad tecnológica. No había fabricado ni siquiera interruptores de luz.

Ahora lo que dijo o repitió Rafael Correa está probado por todos los costados que es una inmensa mentira. La revista Vistazo en su edición electrónica registró que Hewlett Packard ha dicho que no tiene ninguna participación en la inversión. ¿Cómo es posible entonces que Correa haya asegurado que se trata de la inversión más grande de la historia del país sin siquiera verificar lo que había tras de ella? Solo hay dos posibilidades: o estaba mintiendo o estaba repitiendo una mentira que alguien le contó. Ambos casos, muy peligrosos para alguien que aún es Presidente y que lo ha sido durante diez años.

Lo del jueves fue, en todo caso, insólito; abre la posibilidad a una inmensa cantidad de especulaciones. ¿Lo de Yachay fue una mentira premeditada para ganar votos antes de las elecciones del domingo 17? ¿Existe algún trapo sucio tras el anuncio del arriendo de 400 hectáreas de Yachay para una empresa que aparentemente no tiene ni cómo pagar por el arriendo de un mes de una solo hectárea?

4Pelagatos supo que el principal accionista de Red Tech, Raúl Molina, pocos días antes del anuncio se acercó a un estudio jurídico de Quito para que le ayuden a la formación de la empresa. La iniciativa fracasó cuando los abogados vieron que Molina no podía pagar los honorarios. Cuando logró registrar la empresa, cosa que ocurrió el mismo día del anuncio, lo hizo sin registrar la participación de Hewlett Packard, empresa que luego dijeron que era “sponsor” de Red Tech. Incluso Molina y las personas que dijo trabajaban para él, ese día vestían camisas que llevaban el logo de HP en su pecho.

4Pelagatos también supo que en sus visitas a abogados de Quito, Molina habló de una inversión de 80 millones de dólares en cuatro años y que nunca mencionó la idea de una “mega factoría”. Una de las personas que conversó con Molina le dijo a 4Pelagatos que la idea era trabajar con metalmecánicos de Ibarra, cosa que no tiene nada que ver con lo que el gobierno anunció: una fábrica que empleará entre 5 mil y 18 empleados. ¿En que momento y cómo Red Tech logró convencer a las autoridades de Yachay y al propio presidente Correa? En una entrevista al diario de Gobierno, El Telégrafo, el gerente de Red Tech, Justin Perry, aseguró que habían recibido “un fuerte auspicio” de HP. “Como socio estratégico HP comparte su conocimiento en tecnología hacía nuestra empresa, que es un apoyo que resulta invaluable”, dijo.

Cuando se hizo el anuncio en Yachay, el martes 14 de febrero, la historia que ahí se contó era completamente inverosímil y muchos dudaron si Correa estaría al tanto de todo. Sin embargo, la duda se despejó el jueves. Ese día Correa, en uno de sus conversatorios con los medios, esta vez en Vinces, mostró que estaba muy molesto con la prensa por no haber reseñado la noticia de la mega inversión de Red Tech. Para que a nadie le quepa duda de que él estaba muy involucrado en el tema dijo que había querido ir al anuncio del contrato con Red Tech, cosa que no pudo hacerlo por el mal tiempo que imperaba en la zona de Yachay.

Según Correa, la inversión más grande y mejor de la historia del país, por tratarse de alta tecnología, merecía mejor suerte en los medios. Además, pletórico de orgullo habló sobre la importancia de que Hewlett Packard estuviera involucrada en el proyecto. “¿Quién no conoce a HP?”, dijo con una sonrisita de orgullo y superioridad. Luego habló sobre Tesla y dijo que junto a HP son de las empresas más importantes en desarrollo de tecnología del mundo, cosa que en efecto es verdad.  Sin perder su tono de superioridad (en realidad nunca lo pierde) aseguró que Tesla es una empresa japonesa. Ese momento, ya no solo estaba en juego la verdad de la palabra presidencial sino, además, su ignorancia. Recibir una inversión de 3 mil millones en la que supuestamente está involucrada Tesla y decir que es una empresa japonesa resulta aún más insólito. ¿Cómo es posible que un presidente de la República que acepta la inversión más grande de la historia, en la que disque está involucrada Tesla, no sabe que esa es una empresa de California? Cualquier iniciado en tecnología debería saberlo, pues se está hablando de una marca que se ha convertido en los últimos diez años en un emblema mundial de la innovación y la tecnología de punto. Pero para Correa, Tesla es japonesa.

Hasta que habló Correa del tema todo parecía ser de una obra más de mitomanía de René Ramírez. No era para menos: pocos días antes de que anunciara la mega inversión de Red Tech, Ramírez había publicado en su cuenta de Twitter una encuesta falsa a la que atribuyó fraudulentamente a la Universidad de Georgetown cuyas autoridades no tardaron en salir a desmentirlo.  Pero con la intervención de Correa, queda la pregunta si la producción de mentiras como éstas se originan en Carondelet o si ahí solo se las recibe y se las declara verdad absoluta. En cualquiera de los dos escenarios el resultado es que nadie hará nada sobre estos delitos a la fe pública.

Mentir se ha hecho algo normal.

Foto Presidencia de la República

Tesla niega estar vinculada con la farsa de Yachay

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Tesla Motors, el fabricante de carros eléctricos de California, negó tener cualquier relación con la empresa Red Tech NikleslaCORP que el martes anunció que va montar una “mega factoría” de vehículos eléctricos en Yachay. René Ramírez, Secretario de la Senecyt, dijo que en ella se invertirá 3 000 millones de dólares.

Un vocero de Tesla, dijo a 4Pelagatos que esa empresa no tiene ninguna vinculación ni con Red Tech ni con el proyecto, como lo aseguró Ramírez, el martes 14 de febrero, durante el anuncio de la supuesta inversión. “No estamos afiliados con ellos de ninguna manera”, señaló el vocero a través de un mensaje directo y privado a través de Twitter, como respuesta a la pregunta que le formuló 4Pelagatos. El funcionario del gobierno ecuatoriano aseguró en su discurso que el proyecto que, según el anuncio del martes, será gerenciado por el estadounidense Justin Perry prevé el intercambio de tecnología y el apoyo de Tesla, el más importante desarrollador y fabricante de vehículos eléctricos en el mundo.

En su intervención, Ramírez se aplicó a destacar la importancia de la supuesta inversión por el monto y porque permitiría que se desarrolle tecnología con talento nacional. Al hablar sobre el desarrollo del motor en la supuesta “mega factoría” dijo que la empresa Red Tech intercambiará tecnología con Tesla. “Va a contar con el apoyo de tecnología, donde se comparte tecnología. Me ha señalado, en este caso Justin, que van a trabajar directamente y compartir tecnología con Tesla”: eso dijo Ramírez.

No es la primera vez que Ramírez es desmentido contundentemente desde el exterior. La semana pasada puso en su cuenta de Twitter una encuesta electoral que atribuyó a la universidad Georgetown de los EE.UU. Autoridades de esa universidad negaron la existencia de la encuesta e incluso aseguraron que en la publicación de Ramírez se había hecho un mal uso del logo de la universidad. Esta vez es Tesla la que pulveriza su credibilidad. Su vocero afirma que esa empresa, que lidera a nivel mundial no solo la fabricación de carros eléctricos sino la innovación e investigación en la ingeniería electrónica, nada sabe de Yachay y de los supuestos inversionistas anunciados con bombos y platillos por Ramírez.

Aquí la nota Yachay el gobierno monta otro cuento chino

El anuncio de la inversión de Red Tech disparó una ola de escepticismo en las redes sociales. La historia, tal y como fue contada por las autoridades de Yachay y por quienes aparecían como accionistas de la empresa, resulta un verdadero fiasco; una farsa. Ni Red Tech tiene antecedentes en esa rama de la industria ni sus accionistas parecen tener la capacidad para capitalizar 3 000 millones de dólares para invertir en una fábrica de autos eléctricos en el Ecuador. Más aún si se toma en cuenta que para ser competitivos en ese tipo de carros se tendría que alcanzar un nivel de desarrollo que solo han logrado marcas como Nissan o la misma Tesla. Justin Perry que fue presentado como el flamante gerente de Red Tech retiró su página de Facebook en la cual, en diciembre pasado, publicó un aviso buscando trabajo…

Tesla es mucho más que un gigante en la fabricación de vehículos electrónicos. Es un ícono y una referencia mundial en la innovación y desarrollo tecnológico. Su principal accionista es Elon Musk, uno de los gurús de la tecnología e innovación en el Silicon Valley en California.  Sus carros son de alta gama y uno de sus modelos promedio cuesta algo más de 82 mil dólares en los EEUU, si se paga al contado. Los carros se los puede comprar online y su página web vale la pena visitarla hasta como turista.

Yachay: el gobierno monta otro cuento chino

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Si la historia del nano satélite Pegaso parecía un cuento chino, hay que esperar a ver esta: dos supuestos inversionistas, completamente desconocidos, deciden montar en el Ecuador una mega fábrica de carros eléctricos que van a competir en el mercado mundial y cuya inversión es de tres mil millones de dólares. Esto la convertiría en una de las inversiones privadas más grandes de la historia del Ecuador.

La puesta en escena de esta historia ocurrió en la llamada ciudad Yachay, en la provincia de Imbabura, y tuvo como maestro de ceremonias a René Ramírez. Él es la máxima autoridad de la educación superior en el Ecuador y es conocido por haberse inventado al menos otros dos cuentos chinos en los últimos meses: la encuesta de Georgetown (que nunca hubo) y la desaparición de los registros oficiales de los dos sueldos que recibía su esposa.

Ayer, 14 de febrero, se hizo el anuncio en Yachay, con bombos y platillos y el seguimiento de todo el holding de medios gubernamentales. El inversionista es, según aseguró Ramírez, la empresa Red Tech NikteslaCORP Cia. Ltda. Las redes reaccionaron atónitas. Con razón: este anuncio parece cuento chino porque simplemente las piezas que lo componen no calzan. Es inverosímil por donde se le mire.

Si usted busca en la red la empresa Red Tech NikteslaCORP Cia. Ltda no aparece. ¿Cómo puede un fantasma tener la capacidad de hacer una inversión de tres mil millones de dólares? Resulta inconcebible que una empresa que está tras un proyecto tecnológico, como muy pocas pueden hacer en el mundo, como el de construir y patentar carros eléctricos, no tenga antecedente alguno en esa rama de la industria. Casi como que una empresa familiar de alfombras de Guano, Chimborazo, anuncie la puesta en marcha de una plataforma para lanzar misiles en Mongolia.

Ya existen compañías enormes que llevan décadas fabricando carros eléctricos como Tesla Motors o como Nissan. Que en ese panorama, aparezca una empresa que, de la noche a la mañana, pretenda competir con ellas desde el Ecuador es absolutamente inverosímil. Es tan improbable como que sea cierto que Tesla, basada en California, sea una aliada en esta iniciativa como tan categóricamente lo aseguró René Ramírez.

Si esas piezas de la historia contada en Yachay no cuadran, hay que examinar las otras. El gerente de Red Tech que apareció durante el acto se llama Justin Perry y no tiene ningún antecedente en la industria de la innovación y tecnología. En su perfil de Linkedin puso que fue nombrado Gerente General de Red Ecuador en diciembre de 2016. Se ve, igualmente, que es candidato a una maestria en negocios en la Universidad de Washington y que fue consultor en una empresa dedicada a la salud llamada Group Health Cooperative. Nada más. Si se ingresa a su página de Facebook no hay absolutamente nada que evidencie alguna conexión, aunque sea remota, con la tecnología y la innovación. Lo que publica son videos de cómo hacer pan y un aviso buscando trabajo en data science, sistema dei información geográfico o literalmente -eso escribe- “cualquier cosa que remotamente pudiera yo hacer”. Este aviso lo posteó el 22 del pasado diciembre… Este es el gerente al que el supuesto inversionista otorga la responsabilidad de manejar tres mil millones de dólares. De carros eléctricos no hay el más mínimo rastro en sus Facebook.

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Anuncio puesto por Perry en su página de Facebook en el que se ve que en diciembre del 2016 buscaba trabajo.

4Pelagatos estableció que Perry vive en el Ecuador desde hace algunos años donde llegó como voluntario y se estableció en Ibarra. Sus únicos antecedentes son trabajos en el sector de alimentos y que su proyecto de Red Tech lo presentó curiosamente a través de la oficina comercial del Ecuador en Rotterdam, Holanda y no a la oficina de en Quito o Urcuquí.

4Pelagatos también verificó la información en la Superintendencia de Compañías donde consta que la empresa está registrada en el Registro Mercantil desde el 14 de febrero del 2017; es decir, el mismo día en que se presentó el proyecto en Urucuquí y que Perry fue nombrado como Gerente General el 13 de febrero del 2017: un día antes.  ¿El gobierno celebra la inversión de 3 mil millones hechas por una empresa que se constituye precisamente el mismo día del anuncio? Extraño, por lo menos.

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En esta imagen se ve que la Red Tech se constituyó el mismo día del anuncio de la inversión. Es decir el 14 de febrero del 2017

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La historia de otro de los socios, tampoco parece calzar en el anuncio de la mega inversión. Si se hace una búsqueda en Google resulta que Molina Mantilla tiene registrada otra empresa llamada Bocados y Franquicias Bofranqui con un capital inicial de 400 dólares. Si se ve en la página de Linkedin de Raúl Molina aparece que ha trabajado en Hewlett Packard en Holanda y, anteriormente, en otras empresas de tecnología en Inglaterra y España. La pregunta es ¿de dónde saca tres mil millones para invertir en Yachay? ¿Qué experiencia tiene en el desarrollo de tecnología de carros eléctricos?

Lo que hace de esta historia mucho más que un cuento chino, es el espectáculo en el que el poder la presentó. En el video colgado en Youtube se ve que se quiso montar un show, al más puro estilo Silicon Valley, en el que dos jóvenes emprendedores, vestidos de forma casual, presentan su producto mientras deambulan por el escenario. El resultado es patético y todo termina en una caricatura. La ceremonia comenzó con la introducción hecha por una chica que presenta a la inversión de Red Tech como una “mega fábrica de autos eléctricos” y entre otras cosas de “súper conductores de grafeno”. Luego interviene Héctor Rodríguez, gerente de la Empresa Pública Yachay. Para él, la inversión de Red Tech es la evidencia del “nuevo Ecuador, del Ecuador de las ideas”. Para él, lo más importante es que en la provincia de Imbabura se va a producir una auténtica revolución del conocimiento. “El Parque industrial es un hito en la historia del Ecuador”, dijo petulante y pletórico de orgullo.

Raúl Molina, uno de los socios de Red Tech, también intervino. Con el logo de Hewlett Packard estampado en su camisa, contó que había salido del país hace 20 años para trabajar en varias empresas de tecnología e innovación porque en el país porque no había condiciones para ello. La confesión disparó el aplauso de la audiencia. Finalmente dijo que llegó a trabajar en Hewlett Packard, afincada en Palo Alto, centro del Silicon Valley en California. Uno de los momentos cumbres es cuando enseña un video con el prototipo del vehículo que supuestamente van a producir y el video se interrumpe. “Esto también pasa en Palo Alto”, dijo en tono de broma.

Luego habló Justin Perry, gerente general de Red Tech. Con mucho menos cancha que Molina y con el limitante del idioma, Perry dijo que su empresa quiere fabricar carros que no contaminen para que su familia pueda caminar por “la Bolívar” (se entiende que refiere a la calle de ese nombre en Ibarra) y respirar el aire sin smog. “Pensamos crear una red de provedores para tener una cadena de suministros”, dijo con un aire de no creer mucho lo que estaba diciendo.

La intervención de René Ramírez estuvo precedida por una corta y lírica cortina musical. El secretario de la Senecyt sostuvo, muy convencido él sí, de que ayer fue una fecha clave en la historia del Ecuador. “No sé si estamos dimensionando lo que está pasando en esta sala. Este es un momento clave en la historia del Ecuador. Estamos hablando de tres mil millones para los próximos cinco años. Tres mil millones”, dijo ajustándose sus lentes de marco rojo. Ramírez, muy dado a formular reflexiones solemnes, agregó que fue hace 200 años que se construyó el primer motor y que por algún motivo, que achacó al empresariado ecuatoriano, no se había podido hacer ni una solo en el país. No dijo por qué una empresa metería tres mil millones de dólares para fabrica un carro eléctrico cuando ya hay muchas marcas que los producen en serie.

“Me contaban que Red Tech hizo un análisis en varios países de la región y decidieron venir acá”, dijo satisfecho y agregó algo que, a la luz de la información que ha sido publicada, suena increíble: Red Tech tiene una alianza con Tesla, la empresa Elon Musk, el gran guró de la tecnología en Silicon Valley. Un funcionario de esa empresa desde Palo Alto dijo a 4Pelagatos desconocer por completo sobre este asunto. Ramírez no se quedó ahí. Recordó que ni siquiera la inversión del Oleoducto de Crudos Pesados había significado una inversión tan grande en la historia del Ecuador. Según él, la invesión Tech Red va a ocupar 400 hectáreas de Yachay, las que serán arrendadas según dijo más adelante, y va generar 18 mil puestos de trabajo. “No estamos inventándonos cifras”, dijo por si alguien hubiera dudado de sus palabras. Tal y como están las cosas, no hay cómo dudar de las cifras sino de lo que más parece un cuento chino.

¿Alguien cree que René Ramírez pagará su más reciente estafa?

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Que René Ramírez haya sido pillado con las manos en la masa falsificando una supuesta encuesta electoral y atribuyéndola, fraudulentamente, a una de las universidades más prestigiosas del mundo no solo es un delito que debería ser sancionado: es una abominable muestra de deshonestidad intelectual incompatible con quien se desempeña como máxima y absoluta autoridad de la educación del país.

Ramírez colocó en su cuenta de Twitter una supuesta consulta que daba la victoria a Lenín Moreno en las elecciones con un 41 % de votos seguido de Guillermo Lasso con un 18%. Empujado por alguna irrefrenable urgencia de hacer proselitismo por el candidato de Gobierno, Ramírez no tuvo empacho en afirmar que esa encuesta había sido hecha por la universidad de Georgetown, dejando en evidencia que sus intereses partidistas le importan mucho más que sus supuestos pergaminos de intelectual de los que presume constantemente.

Poco tiempo luego de lo que hizo Ramírez varios usuarios de redes sociales indagaran sobre el tema y se toparon con que la consulta no existía. Mucho peor aún, Héctor Shamis, profesor de esa universidad y columnista de El País de España aseguró, asimismo en Twitter, que no había ninguna encuesta electoral hecha en el Ecuador.

La cereza del pastel a este escándalo la puso Matthew Carnes, director del Centro para Estudios de América Latina de Georgetown, instituto que según el tuit de Ramírez había hecho la encuesta, cuando apareció en Twitter afirmando que ellos no habían hecho encuesta alguna. Además dijo que Ramírez había usado fraudulentamente el logo del instituto. Papelón. Lo hecho fue tan escandaloso que Ramírez borró su tuit ante la avalancha de críticas que se le hicieron.

Cabe la posibilidad de que Ramírez haya sido embaucado por alguien que le garantizó que esa encuesta era verdadera. Pero si no salió a ofrecer disculpas y explicar lo sucedido, ante la abrumadora evidencia de que la encuesta era una farsa, es porque no tiene sangre en la cara ni la calidad ética que debe tener cualquier funcionario público. No haber reconocido el error configura la intención de estafar.

Lo más grave de este atentado a la fe pública y falsedad de instrumento privado, como dicen los penalistas, es que el Ecuador de inicios del 2017 está tan descompuesto institucionalmente y tan éticamente abatido, que lo hecho por Ramírez seguramente no pasará de ser una anécdota que, con suerte, será recordada en los próximos años. Esto porque un importante segmento de la sociedad ecuatoriana, poco a poco, ha ido asumiendo como normal lo que es profunda y escandalosamente anormal.

No es la primera vez que un caso de deshonestidad intelectual tan contundente como el de René Ramírez se ha producido durante el correísmo. Han sido varios los casos de plagio o fraude y todos han terminado como seguramente lo hará este episodio: en nada. El mismo Ramírez estuvo envuelto en la desaparición del registro de su esposa que ganaba doble sueldo. No pasó nada. No pasó nada tampoco cuando se probó que Jorge Glas había copiado buena parte de su tesis de una monografía del Rincón del Vago. O cuando los hermanos Vinicio y Fernando Alvarado se graduaron de doctores en periodismo, un título que no existe en el Ecuador, con una tesis supuestamente hecha junto a su mamá y su papá tomándose, sin atribuir al autor, párrafos enteros de un ensayo del español Fernando Savater. Lo hicieron en combo y con una tesis titulada “La Radio Ondas Quevedeñas en el Desarrollo Formativo de la Niñez de la Ciudad de Quevedo”, que a duras penas si hubiera servido para una monografía de bachillerato. Luego está, también, la encuesta que publicó hace pocos días la agencia Andes y que la atribuyó a la agencia Numma. En esa supuesta encuesta se afirmaba que Lenin Moreno gana en primera vuelta. Numma salió a decir que ellos no habían hecho ninguna encuesta. ¿Un organismo del estado estafando la fe pública?  Insólito.

Que no haya instituciones ni autoridades que fiscalicen estas anormalidades ha hecho que éstas se vayan convirtiendo en cosas perfectamente normales. ¿Alguien en su sano juicio piensa que la Fiscalía iniciará un proceso en contra de Ramírez? ¿O que la Asamblea lo llamará a informar sobre lo ocurrido? ¿O que el Presidente le pedirá la renuncia por haber hecho algo vergonzoso que empaña a la administración pública? Es evidente que todo eso, que sería lo normal en una sociedad donde impere el derecho, no ocurrirá. Lo que acaba de hacer Ramírez se ha convertido en parte del paisaje. Nada que llame la atención.

Lo triste es que el Ecuador no siempre fue así. Al menos en temas de fraude a la fe pública. En enero de 1997, habrá que recordar, el Congreso censuró a la entonces ministra de Educación Sandra Correa, acusada de haber plagiado una tesis de otra mujer para editar un libro de su autoría. Sandra Correa renunció ante la magnitud del escándalo que fue descubierto por una prensa que no vivía maniatada ni aterrorizada ante posibles sanciones como ocurre hoy en día. En ese entonces, plagiar una tesis y permanecer en el cargo de Ministro era considerado por la opinión pública como algo inadmisible. No había gobierno dispuesto a tolerar un acto así ni a soportar el embate de una opinión pública escandalizada por algo terriblemente anormal. Diario HOY, por ejemplo, publicó a día seguido un párrafo de la tesis de la ministra al lado de la tesis copiada hasta que Correa renunció. Además, la Universidad Central retiró el título de doctora a la señora Correa. Eso era y aún debería ser, a fin de cuentas, lo normal.

Un escenario como el que hubo en 1997 con Sandra Correa es ahora impensable. Jorge Glas siguió siendo vicepresidente y ahora es candidato a repetirse en ese cargo a pesar de que su plagio fue evidente y ni siquiera él lo negó. No fue censurado, no renunció  y es candidato a la Vicepresidencia con ese fardo delictivo sobre sus espaldas. En el caso de la graduación de los hermanos Alvarado ocurrió lo mismo: las autoridades que regulan la educación, controladas por el propio René Ramírez, jamás hicieron algo para investigar y analizar su impresentable doctorado.

El correísmo es la mejor evidencia de que la normalización de lo anormal en la esfera pública es el mejor camino para la consolidación del autoritarismo. Resistirse a la normalización de actos como el cometido por Ramírez es parte esencial de la construcción diaria de una sociedad democrática. Hace poco, en el Los Angeles Review of Books, el historiador Ron Rosenbaum publicó un artículo en el que, a propósito de la Presidencia de Donald Trump, recordó la forma en que los nazis se afianzaron en el poder gracias a que sus atrocidades fueron asumidas poco a poco como normales en la Alemania de los años 30 del siglo pasado. Solo hubo un diario, sostiene, que se rehusó a aceptar como normales los atropellos de Hitler y los suyos: el Munich Post que publicaba la lista de las cosas que no podían ni debían ser asimiladas como normales. Ese diario fue clausurado y casi todos sus periodistas asesinados. Pero su resistencia a la normalización fue una victoria de la verdad y la resistencia, sostiene Rosenbaum.

Inventarse una encuesta para favorecer a determinado candidato y atribuirla a quien jamás la hizo, ¿puede ser asumido como algo normal? ¿Puede ser visto como algo sobre lo que no hay nada que merezca hacer?  Si eso llega a ocurrir, cualquier atrocidad puede ser normalizada y, por ende, tolerada.

Dos rábanos y una lechuga simbolizan la estafa nacional

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Si la imagen de dos rábanos y una lechuga, publicada en un mensaje en la cuenta de Twitter de Yachay, produjo una reacción tan violenta durante los últimos días en redes sociales es porque esa fotografía se convirtió, de inmediato, en una contundente metáfora del sentimiento de estafa que sufre un inmenso sector de la sociedad ecuatoriana.  

Ni el más avispado de los publicistas hubiera podido encontrar una imagen que sintonizara mejor con el sentir de una sociedad que, luego de 10 años de gasto desenfrenado y campañas de propaganda, siente que todo fue una mera ilusión. Yachay es el proyecto universitario que el gobierno quiso posicionar como el próximo Silicon Valley de América Latina y que ahora, dice, será una de las cien mejores universidades del mundo en el año 2025.

La reacción de los usuarios al ver el tuit fue violenta. “Genios… hago lo mismo en mi patio y más barato”, fue la primera respuesta que se registró antes de la avalancha de mensajes y comentarios; entre ellos decenas de fotos de usuarios que también cultivan lechugas o tomates en sus casas. 

Lo que más ardió a la gente, ese 5 de diciembre que se colocó el mensaje, es que un proyecto que llegará a costar 20 mil millones, según la versión oficial, y que hasta el 2017 debía haber significado 1 040 millones, termine promocionando un curso de agricultura urbana que no es otra cosa que la enseñanza de sembrar legumbres en el jardin o la terraza de una casa. Y como cualquier expresión de indignación genuina, ésta produjo una ola de bromas. “Harvard tiembla”, puso una tuitera.

 ¿No se suponía acaso que Yachay iba a ser la Stanford del Ecuador? ¿No se había dicho que iba a ser el centro de la innovación que llevaría al Ecuador a revolucionar su matriz productiva y que cualquier inversión, por más grande, se justificaba?
No hay que olvidar que para promocionar Yachay el gobierno gastó más de 2 millones de dólares únicamente en la llamada “Feria Innopolis” que se realizó en la sede en el 2015. En ese contrato se establecían gastos tan ridículos como 13 mil dólares en “jabón y papel toalla para manos” en un evento que duraba tres días.  

Imposible olvidar, asimismo, a René Ramírez, gestor del proyecto, afirmando que “la Innópolis Yachay es una apuesta a romper con la historia del Ecuador. Simbólicamente, constituye un pacto nacional por la construcción de la sociedad del conocimiento y la innovación”. ¿No era obvio que la imagen de los rábanos y la lechuga desate tanta indignación cuando no hace mucho Ramírez en tono de tecnócrata ilustrado decía en una entrevista que con Yachay “podemos tener universidades de nivel mundial, nuestro Harvard, nuestro MIT”?

Yachay es una de las obras que mejor representa el derroche, el despilfarro y el gasto no sujeto a control que se ha producido durante el período de la abundancia petrolera, como se ve en el video que se ha colocado en esta nota y que circula en redes sociales.  Solo en campañas de publicidad se gastaron 1.6 millones en el 2014, y en el 2015 se hicieron desembolsos por 1.5 millones en concursos, simposios y ferias. ¿Podían salir ilesos los señores de Yachay luego de hacer una promoción de un curso de agricultura urbana de los que abundan en colegios y clubes de jardinería?

Lo que hizo Yachay cuando colocó el mensaje con la fotografía fue abrir una ventana para que por ahí se dispare la indignación y la frustración que amplios sectores de la sociedad sienten cuando la abundancia ha terminado y lo que queda son los rezagos del estado de propaganda en el que ha vivido el país durante diez años. Ese mismo mensaje en el 2013 o en el 2015 no habría pasado de ser una anécdota que un puñado de escépticos hubiera compartido. Pero ahora que el 2016 termina y el Estado está quebrado, el mensaje tras los rábanos y la lechuga se convierte en una poderosa y cruel metáfora.

No acercarse a René Ramírez parece más premio que condena

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Guillermo Lasso fue condenado a no acercarse a la familia de René Ramírez: esto que ocurrió hoy, 16 de septiembre es lo que, visto el contexto, más parece un premio que una condena.

En efecto, la jueza Paola Dávila, de Samborondón, decidió que como Lasso ha afectado, a su parecer, el honor de René Ramírez y de su esposa, Analía Minteguiaga, merecía esa condena sin precedentes ni lógica penal. Muchos podrían envidiar al candidato presidencial: estar impedidos de acercarse a Ramírez tiene sin duda un gran atractivo.

La sentencia de la jueza también dice que Lasso deberá borrar en 24 horas el tuit (ver abajo) en el que incluyó un video en el que aparece diciendo a un grupo de jóvenes que Ramírez permitió que su esposa tenga dos sueldos en el Instituto de Altos Estudios Nacionales y que eliminó la evidencia de aquello cuando el tema se volvió un escándalo público.

Pero si la condena de la jueza parece un contrasentido, todo lo que ocurrió ayer en el juzgado de Samborondón fue extraño de principio a fin.

Todo comenzó cuando Ramírez publicó, temprano en la mañana, en su cuenta de Twitter un comunicado en el que decía que no había pedido la prisión de Lasso. Ese hecho resulta extraño porque en el alegato que Ramírez presentó, por intermedio de su abogado Caupolicán Ochoa, pedía clara e inobjetablemente que se aplique al artículo 396 numeral 1 que dice: “será sancionada con pena privativa de libertad de quince a treinta días la persona que, por cualquier medio, profiera expresiones en descrédito o deshonra en contra de otra”.

Pedido prisión LassoEl giro del caso   fue extraño además por el comportamiento del abogado Caupolicán Ochoa. Él también dijo ayer que no había pedido la prisión de Lasso cuando hace poco días, cuando Ochoa representó a Rafael Correa en su denuncia por honor herido en contra del vicealcalde de Quito Eduardo del Pozo, pidió que se aplique el mismo artículo del Código Integral Penal y la misma pena. En el caso de Del Pozo, la sanción fue de prisión por 15 días. ¿Por qué Caupolicán Ochoa cambió en tan poco tiempo? ¿Por qué lo hizo Ramírez?

La única explicación para lo que ocurrió ayer en Samborondón es que el tema de Lasso se convirtió en un dolor de cabeza para el Gobierno. Enviar a prisión al candidato de la oposición que, por el momento, luce como el más opcionado en las encuestas, iba camino a convertirse en un escándalo internacional. La sombra de lo que ha hecho el chavismo con la oposición, podía extenderse sin problemas al correísmo.

Luego de la audiencia, Ramírez se declaró satisfecho con la decisión de la jueza Dávila pues, según él, se ha hecho justicia al establecer que Lasso afectó su honra y buen nombre. Ramírez dice que la sentencia de la jueza significa que Lasso mintió. Lo que no dice es que lo que realmente queda pendiente es que él pruebe que no tuvo nada que ver ni con el doble sueldo de su esposa ni con la eliminación electrónica de la evidencia. Mientras no pruebe eso no se sabe mintió o no.  Pero eso ya es otro cuento.

En la foto El Universo se ve a René Ramírez dando una rueda de prensa luego de anunciada la sentencia.

René Ramírez defiende su honra pero no la prueba

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Que René Ramírez demande a Guillermo Lasso por afectación a su honra por haber dicho, en un video que se difundió en un tuit, que su esposa Analía Minteguiaga cobró doble sueldo en el Instituto de Altos Estudios Nacionales (evidencia que se borró), es como si alguien que fue visto en una cámara de seguridad robando algo demanda a la persona que, en una reunión social, cuenta lo que vio en la grabación. Es decir, sale a defender su honra y a pedir que se le recompense económicamente antes de aclarar si era él quien aparecía o no en la grabación.

El problema con la demanda de Ramírez es que es la consecuencia de que en el Ecuador no existe autoridad judicial ni de control que cumpla con su obligación de vigilar que los funcionarios cumplan con sus responsabilidades. En un tema como este, la honra Ramírez es un valor completamente fútil porque muy por encima de la honra de un funcionario está su responsabilidad pública y la obligación que tienen los organismos de control y fiscalización de verificar si los hechos que aparecen en Mil Hojas y en Ecuadorenvivo eran ciertos o no.

En esas publicaciones había indicios de posible responsabilidad penal y administrativa de Ramírez por dos cosas: haber permitido que a su esposa Analía Minteguiaga se le pague doble sueldo durante tres meses y de haber borrado los documentos del Instituto de Altos Estudios Nacionales que lo evidenciaban. En esas investigaciones periodísticas se estaba hablando de dos posibles delitos graves: alteración de documentos públicos y peculado. René Ramírez, si en efecto tuviera alguna honra verdadera por defender debía demostrar, antes que nada, que las acusaciones que se hicieron en esas publicaciones eran falsas.

Captura de pantalla 2016-09-07 a las 12.56.35 p.m.Pero este no es un problema únicamente de Ramírez y de su esposa Analía Minteguiaga. En este entierro tienen vela, y vaya tamaño de vela, la Fiscalía y la Contraloría. ¿Movió un dedo el fiscal Galo Chiriboga para investigar la posible adulteración de documentos del Instituto de Altos Estudios Nacionales como apareció en el video de Ecuadorenvivo? ¿Se sabe algo del contralor Carlos Pólit auditando el doble sueldo?  Por ahora, nada. Tampoco hubo esfuerzo alguno en la Asamblea Nacional para que se llame a Ramírez a dar una explicación, cosa que ocurriría en cualquier sistema democrático.

Lo que pasa actualmente en el Ecuador es que la honra de los funcionarios ha pasado a convertirse en algo mucho más importante que su responsabilidad. Y eso es una distorsión de lo que debería ser un sistema de convivencia democrática.

Las piezas del proceso

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En las verdaderas democracias, la honra o el buen nombre de los funcionarios no vale nada porque si valiera, nadie podría, para comenzar, opinar sobre su gestión. Y esa es parte fundamental del control social. Estas demandas para restaurar la honra y el buen nombre, como la que ha interpuesto Ramírez y la que interpuso Correa en contra del vicealcalde de Quito, Eduardo del Pozo son, antes que nada, mecanismos para evitar que se los critique públicamente; es decir, para anular cualquier tipo de control social porque el control institucional ya está eliminado. Además, estas demandas se producen en un sistema donde el aparato judicial, que debe resolver, tiene dueño con nombre propio.

La demanda de Ramírez a Lasso, en ese sentido, es casi idéntica a la que Rafael Correa le puso a Eduardo del Pozo. Correa piensa que su honra vale más que la libertad de expresión de sus mandatarios y que su obligación de dar explicaciones sobre sus actos. Hay otros parecidos mucho más concretos entre las dos demandas. Caupolicán Ochoa, el abogado cuyo nombre es sinónimo de Rafael Correa en todos los juzgados del país, representa a Ramírez en su demanda contra Lasso y al Presidente en su demanda contra Del Pozo. El tipo penal que supuestamente se viola también es el mismo: el artículo 396 que dice: “será sancionado con pena privativa de libertad de quince a treinta días: 1) La persona que, por cualquier medio, profiera expresiones en descrédito deshonra en contra de otra”.

Ramírez y Correa no parecen entender que su calidad de funcionarios públicos les obliga a cosas a las que los ciudadanos comunes y corrientes no están obligados. Están obligados, básicamente, a responder por los bienes públicos que administran y por las responsabilidades que tienen legalmente.  No a probar su honra en tribunales que, además, están de su lado.

“Esta sería una guerra estúpida si termina destruyendo la Andina”

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jaime breilh

El presidente del Consejo de Educación Superior, René Ramírez, no necesita pensar para ejercer su cargo. Le basta con hacer lo que Rafael Correa dispone en las sabatinas. Como en la última el presidente dijo que ya no quería seguir entregando dinero a la Universidad Andina, el lunes Ramírez salió a dar su gran anuncio: el Estado no seguirá entregando dinero a la Universidad Andina. Horas antes, el rector encargado de ese centro de educación superior, Jaime Breilh, conversó con 4pelagatos precisamente sobre los intentos de intervención gubernamental y la inconstitucional e ilegal pretensión de privar a la universidad de sus fondos. Aquí, su testimonio.

»La Constitución, en su artículo 355, dice que el Estado no podrá privar de sus rentas a ninguna institución del sistema universitario. El Estado no puede ni retener esos fondos ni decidir sobre ellos. Tiene que entregarlos.

»La UASB ha dado siempre un uso eficiente a esos recursos. Los ha invertido, por ejemplo, en un enorme programa de beneficio social, de becas. Ahora se trata de decir que esta es una universidad de élite, que sirve a una minoría que realmente no necesita del subsidio educativo. Hemos demostrado lo contrario hasta la saciedad, tanto con la estadística de nuestros estudiantes de años anteriores como con las cifras de la actual demanda. Un estudiante que egresa en este país y quiere, en ciertas áreas, seguir un posgrado, tiene dos muy buenas alternativas: la Flacso y la Andina. El hecho de que el gobierno haya afectado a las dos ha creado un malestar entre los estudiantes. ¿Qué estudiantes? ¿Los que pueden estudiar en el exterior? No, los que tienen recursos modestos. Digamos: mandos medios, mandos operativos del sector público.

»La Universidad Andina ha formado los mandos del sector público en el aparato jurisdiccional, en el aparato educativo, está formándolos en salud… Son los profesionales que se ubican en el nivel operativo que hace funcionar el aparato público del país. El 60 por ciento de nuestros estudiantes son personas de modestos recursos. No somos una universidad de élite ni una universidad para extranjeros, como se ha dicho. El 95 por ciento de nuestra demanda es de estudiantes del país. Más de la mitad tiene ingresos menores de 2.000 dólares; el 38 por ciento tiene ingresos menores a mil dólares. Y la Universidad, sin ser la más cara del país, tiene un ambicioso programa de concesión de beneficios, de becas. En eso hemos utilizado el dinero del país. Y hay también, claro, fondos de autogestión que completan nuestro presupuesto. Hemos dado un uso exclusivamente educativo a los recursos públicos, un uso perfectamente legal y legítimo. Y si ha habido una pequeña reserva, que es fruto de una buena administración, es eso lo que nos ha permitido continuar trabajando.

»Yo no sé qué intereses y qué orígenes tengan esos apetitos intervencionistas del gobierno. En algunos casos supongo que podrá ser un escenario de empleo. A lo mejor también el excedente de la Universidad pueda ser interesante para alguien… Pero hay otra cosa: el hecho de que la universidad no tiene un modelo tecnoburocrático. Esta no es, de modo alguno, una universidad institucionalmente opositora. Hemos trabajado con el Ministerio de Salud desde el comienzo de su gestión; hemos trabajado con el Ministerio de Agricultura, que nos invita a sus talleres; hemos estado trabajando con la Superintendencia de Control del Poder del Mercado, hemos estado asesorando, formamos gente… Yo, en lo personal, participé en la Constituyente, asesorando para la nueva Constitución en materia de salud; fui miembro del comité presidencial que luchó contra las fumigaciones de glifosato en la frontera, una pelea que ganamos científicamente. Es decir, la Universidad ha estado haciendo un servicio al sector público. Pero no nos hemos allanado a un modelo de educación superior tecnocrático. No estamos pensando en una funcionalización de la universidad al poder. Somos una entidad con pensamiento independiente, plural, aquí hay muchas ideologías. Eso molesta. Molesta cuando hay una visión unilateral de lo que es la universidad y se quiere enrumbar todo hacia una cierta visión de la universidad tecnocrática.

»Lo que nos ha protegido de estos intentos de intervención es la cohesión interna. Hemos tenido también mucho respaldo internacional y nacional. La ciudadanía nos ha hecho sentir que no comió cuento, que está con la Andina, una universidad que no se allana a que le quiten su autonomía. Y en mi caso, un rector encargado que no le he dicho sí al poder para que no le quiten recursos.

»El tema de fondo que debemos entender es que no se trata solamente de quién sea el rector. Puede ser la mejor persona del mundo. Si no hay una gobernanza autónoma, la universidad habrá perdido su autonomía. Se trata de defender la autonomía, de defender el derecho de la Universidad a pensar como piensan sus cuadros científicos, académicos, sin tutelaje, sin rendirle culto al poder para existir. Se trata de defender viejo principio de la autonomía universitaria, la libertad de cátedra y el pensamiento independiente. No nos allanamos. Una universidad tiene que defender su condición. Imagínense si una universidad pierde su independencia de pensamiento, estaríamos vendiendo el alma de la universidad. Por eso, en este proceso hemos sido celosos en esa defensa, hemos sido cuidadosos en ser flexibles para dialogar pero firmes para no dar el brazo a torcer. Y eso no es tozudez.

»Podíamos haber tenido una nueva autoridad electa a fines de julio si no hubiera mediado esta obstaculización de Luis Fernando Duque, presidente del presidente del Parlamento Andino. ¿Por qué ese intervencionismo de Duque? A lo mejor él tenga algunos intereses políticos o tenga algunos enlaces con intereses políticos para tomarse la universidad. Él viene de una formación política. Él aterriza como presidente del Consejo Superior sin tener un estatuto académico de alto nivel. Es esencialmente un político. La universidad se ha defendido de eso y, lamentablemente, esto ha dilatado el proceso, pero no porque nosotros hemos querido.

»Hoy estamos en una nueva fase del conflicto en la cual (no quiero sonar como un optimista irresponsable e ingenuo) creo que hay una lucecita al final del túnel. Tenemos una propuesta de mediación internacional de François Houtart, una persona reconocida internacionalmente y, además, reconocida por la otra parte, por el gobierno. Esa propuesta se consolida cuando se integra a esa comisión mediadora Boaventura de Souza Santos y Nila Heredia, ex ministra de salud de Bolivia y una prestigiosa luchadora social de muchos años. Este espacio de mediación rescata el diálogo para volver a la mesa de trabajo y sacarnos de encima estos afanes de intervención. Creo que son una promisoria posibilidad. En ese punto estamos. Yo creo que si hay buena fe e inteligencia política se podría avanzar por este camino. Las dos sedes (la de Bolivia y la de Ecuador) hemos respondido ya a la propuesta de Houtart favorablemente. Y entiendo que René Ramírez ha dicho igual. Está de acuerdo con la mediación y con que volvamos a trabajar los temas que haya que debatir en la mesa de trabajo.

»El gobierno, obviamente, desde el comienzo quiso poner rector, un rector que le sea funcional. Se están dando cuenta de que la abrumadora mayoría de nuestro colectivo tiene una postura clara sobre la autonomía de la Universidad y cualquier cosa que suene a imposición del poder, aquí, no es bien vista. Aquí no se va a aceptar una imposición del gobierno.

»Lo he dicho varias veces: ésta sería una guerra estúpida si termina destruyendo una de las mejores universidades del país. Al propio René Ramírez se lo he dicho: si ustedes quieren intervenir la universidad pasarían a la historia y tú tendrías una marca muy negativa en tu hoja de vida. Cuando habla conmigo dice sí, estoy de acuerdo. Pero luego vienen las presiones de otro tipo. Él debiera entender que si esto se prolonga es una cosa mala para el país que no sólo es una afectación a la Andina. Esto viene como bumerán al resto de universidades del país. Y por eso hay malestar en los estudiantes de las universidades. A él no le hace ningún beneficio pasar a la historia como quien posibilitó, facilitó, no actuó frente a un intento de intervenir la Andina. A él le haría mucho mal. Ojalá la sensatez prime y espero pronto volver a la mesa de diálogo y salir de esto.»

Cuando dos papanatas tratan de convencerse a sí mismos

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Rafael Correa no puede aceptar la realidad cuando ésta no le gusta. Su problema no radica en una incapacidad para entender la realidad sino en una aguda inhabilidad para aceptarla. Por eso niega lo que ocurre y cuando lo hace trata desesperadamente de fabricar una realidad paralela para estar en paz con ella.

El enlace 489 en la playa de Las Palmas en Esmeraldas tuvo muchos momentos en los que Correa se negaba a aceptar la realidad y en los que en su desesperación por negarla era capaz de crear una paralela que, siempre, terminaba en caricatura.

Un ejemplo fue cuando Correa habló sobre el éxodo de ecuatorianos a la ciudad fronteriza colombiana de Ipiales durante el última feriado para comprar productos más baratos, entre ellos los útiles escolares para el inicio del año lectivo. En la mente de Correa, si la gente viajó a Ipiales durante el feriado fue por un acto de “deslealtad con la patria”. Que la gente vaya hasta allá para no pagar los altos precios creados por la cantidad de impuestos y aranceles que hay en el Ecuador no puede ser cierto para Correa. Por eso, acusó a quienes fueron hasta allá de desleales. Además dijo que son mentirosos quienes dicen que son los aranceles y los impuestos los que han encarecido la vida en el Ecuador. En la visión de Correa, los desleales que viajaron a Ipiales solo lo hacen por las ventajas que los productos han ganado por la depreciación del peso colombiano. Pero como Correa no es capaz de aceptar la realidad, entonces no puede aceptar que los ecuatorianos compran productos que Colombia importa como televisores y teléfonos celulares, que nada tienen que ver con la depreciación del peso.

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Otro momento de negación de la realidad fue cuando atacó a la revista The Economist por decir que en el Ecuador no existe una verdadera democracia. Para Correa, Ecuador es más democrático que Inglaterra, de donde es The Economist, porque acá hay menos títulos nobiliarios. Para Correa argumentos tan estúpidos como esos son plenamente válidos.

Pero el momento más patético de negación de la realidad fue cuando le dedicó varios minutos a despotricar contra un índice internacional sobre innovación, aparecido hace pocos días y en el que el Ecuador queda pésimamente posicionado. Para alguien que quiere pasar a la historia como un modernizador como Correa, que el Ecuador tenga un malísimo desempeño en innovación debe ser algo muy duro. Un trago amargo. ¿No es cierto Correa? Que el Ecuador repruebe en innovación debe ser una realidad insoportable a la que hay que atacar. Y ahí es cuando el enlace alcanzó sus notas más cómicas y ridículas.

Según Correa, cuando vio que el Ecuador estaba pésimamente ubicado en el índice llamó a su secretario de Ciencia y Tecnología, René Ramírez para preguntarle qué pasaba. En el relato del Presidente, Ramírez le mostró que quienes hacen el índice estaban mezclando “camellos y naranjas”. Según Correa, que el Ecuador esté haciéndolo pésimo en innovación no es verdad y aseguró que hay datos que niegan los datos del índice. Nunca dijo cuáles eran esos datos, claro. Lo que sí dijo es que quienes hacen el índice son neoliberales y que su intención era ideológica. Por eso, sostuvo, la nueva izquierda debe demostrar científicamente que esos índices neoliberales están equivocados.

A esas alturas del enlace era más que evidente que Correa había sido herido en su orgullo y que estaba profundamente dolido al haber visto al Ecuador fracasar en un tema en el que su gobierno ha invertido multimillonarias cifras. “Son supuestos índices pero en realidad solo pura ideología”, dijo casi sofocado.

Para salvar la situación y tranquilizar al Presidente que lucía lastimado por los datos del índice de innovación saltó René Ramírez, su secretario de Ciencia e Innovación que cada vez que interviene en una sabatina se parece más a un monaguillo, no solo por su apariencia y su vocecita sino por su actitud de adorador. ¡Qué tranquilidad debe haber sentido Correa cuando Ramírez le dijo que el índice de innovación está errado! Imagínese señor Presidente, dijo Ramírez lanzando una risita de monaguillo astuto, que uno de los indicadores que nos perjudica en el índice es la libertad de expresión. ¡Ja!, replicó Correa con otra risita picarona. ¡Habrase visto: que alguien piense que la libertad de expresión tiene relación con la innovación!, sugerían el par de papanatas con sus gestos de animalitos asustados pretendiendo ignorar una de las obviedades más grandes: que no puede haber innovación sin la total libertad del ser humano para expresarse. ¿Innovación sin libertad de expresión? Solo un par de papanatas podrían asegurar tamaña idiotez.

Ramírez, siempre en su función de monaguillo en misa, continuó negando la posibilidad de que el índice de innovación  pueda haber sido bien hecho. Que incluyan un indicador que hable sobre las facilidades para importar computadores o tecnología es una aberración neoliberal, sostenía Ramírez. El Ecuador, un país que va a fabricar sus propias computadoras y su propia fibra óptica y que dificulta la entrada de tecnología imperialista y colonialista, no se merece ser castigado por quienes hacen el índice razonaba Ramírez. “Están midiendo el neoliberalismo y no lo vamos a tener nunca. Acá lo que habrá es justicia social”, interrumpía Correa mucho más satisfecho y tranquilo luego de escuchar a Ramírez.

Para cerrar su intervención, Ramírez sacó lo que parecía iba a ser la prueba con la que iba a probar que los neoliberales que hicieron el índice estaban errados.  ¿Cual fue el dato con el que Ramírez demostró que el Ecuador sí ha avanzado en innovación? Contundente: la revolución educativa. Sí, el monaguillo de las sabatinas salió a decir que los avances que la revolución ciudadana ha alcanzado en la educación del país demostraban que el Ecuador es un campeón en innovación y que los autores del índice habían actuado guiados únicamente por su perverso neoliberalismo. Para demostrar que es así, Ramírez, sacó otro índice: uno que dice que las universidades del Ecuador son las que con mayor velocidad mejoran ¿La prueba? Otro índice que, aunque también hecho en el Primer Mundo, habla bien del Ecuador. Y para un papanatas uno que hable bien del Ecuador debe ser necesariamente correcto, aunque eso no pruebe en absoluto que el Ecuador esté bien en innovación.

La sabatina fue, así, un largo recuento de cómo Correa mira la realidad o, más bien, una larga y tediosa descripción de la realidad que él está dispuesto a aceptar. Si el aeropuerto de Santa Rosa, pese a la inmensa inversión que supuso su construcción, no logró ser lo que el Gobierno central quiso que sea es por culpa de los machaleños que no han sabido convertirlo en un aeropuerto internacional.

Así, Correa escenificó una sabatina más, un nuevo espectáculo que cada vez se parece más al espejo de la bruja de Blanca Nieves.  ¿Quien es el más guapo e inteligente del reino? pregunta Correa cada sábado y el espejo le responde “tú Presidente”. Y así, él y sus amigos se van contentos.  ¿Hasta cuándo?

Sabatina 484: la ética según Correa, un despojo

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Honestidad intelectual según el presidente de la República: mandar a cambiar las categorías de análisis del mercado laboral –como denunció Byron Villacís– hasta que los datos actuales sean imposibles de comparar con los anteriores, y luego mentirnos por la cara. Que “el desempleo no ha subido”. Que “tenemos una de las tasas más bajas de América Latina”. Que “apenas ha subido un poco el subempleo: tres puntos”. Que “por honestidad intelectual debemos decir que el desempleo se mantiene en el mismo lugar”. ¿Dijo honestidad intelectual? ¡Si cada vez es más difícil encontrar una sombra de verdad en sus palabras! Todos los sábados es lo mismo: una colección de embustes urdidos con plena conciencia y pronunciados con hipócrita desparpajo. Da vergüenza escucharlo, da náusea.  Como pocas veces en la historia del Ecuador (quizás desde Veintemilla no se veía algo parecido) la estatura moral del presidente de la República es la de un pigmeo.

Sin embargo, es el presidente quien ahora se llena la boca de valores y pretende darnos clases de ética. Porque en su mentalidad confusa y delirante no hay ética en los académicos ni en las universidades, no la tienen los periodistas ni los medios de comunicación, falta en todos los políticos salvo en él y los suyos. Alguien debe enseñársela a los ecuatorianos y para eso está el caudillo. Rafael Correa dice “Pacto ético” y es la prueba final de que todo en el país está podrido: las palabras perdieron su sentido, los valores se arrastran por los suelos; da lo mismo el que labura que el que vive de los otros; igual es un burro que un gran profesor.

Sólo él habla a nombre de la “verdadera academia”, la que atañe al “núcleo duro de la teoría”, la auténtica e “incuestionable”. ¡Incuestionable! Los demás académicos no son éticos: hablan a nombre de una ideología. Él “deriva matemáticamente los multiplicadores, es decir, el efecto del cambio de una variable sobre el nivel de ingreso de equilibro” y demuestra lo que sea necesario. Es lo que él llama “rigurosidad académica” (¿quiere decir “rigor”, señor presidente?). Los demás se equivocan. Por antiéticos.

Rafael Correa enseña ética: la caricatura no podía ser más grosera.

Rafael Correa enseña ética y dice, entre otras cosas, que no es ético hacer con la plata de uno lo que uno quiera. Tal cual. En su gobierno, claro, lo ético es hacer lo que uno quiera con la plata de otros, la de todos. No es ético que un privado tenga su plata en Panamá. Lo ético es que una entidad pública tenga ahí la nuestra. No es ético abrir cuentas bancarias donde se desee pero sí es ético pagarse doble sueldo con dinero del Estado, falsificar documentos públicos para borrar las evidencias y mentir en la declaración jurada de bienes. Es ético repartir préstamos quirografarios del IESS en los actos proselitistas del partido. Es ético pagar a la argolla de publicistas amigos, a dedo, 15 días después del terremoto, 590 mil dólares para “posicionar” a la CFN en el mercado. O 680 mil (a los mismos, qué coincidencia) para “socializar el plan piloto de comercialización de combustibles líquidos en Ambato y Puyo”, eso sí que es ético, tan ético como un zapato.

Cómo será de nauseabundo el espectáculo de una sabatina que en ésta hasta salió René Ramírez en un video hablando de “transparencia”. Claro, ahora que el presidente ha descubierto que en las universidades “no sólo se debe aprender economía o medicina sino sobre todo se debe aprender el bien moral, fundamental para el desarrollo”, Ramírez parece el funcionario más adecuado para impartir esa materia. Nomás tiene que maquillar algunos documentos incómodos y estará listo.

Dice el presidente que no es ético permitir que los cubanos que huyen del infierno en que se ha convertido su país transiten libremente por el Ecuador en dirección a donde les venga en gana. Sí lo es arrearlos a patadas (incluso a los niños y a las madres encintas), hacinarlos durante cinco días, incomunicarlos, negarles todo derecho a un debido proceso y entregarlos a la dictadura de la cual escapaban y que no hará con ellos otra cosa que encerrarlos de nuevo. No es ético “servir de tráfico de personas para nadie” pero sí es ético servir de policía para el crápula corrupto de Raúl Castro. No es ético “ser un país coyotero” (¿quiso decir “coyote”, señor presidente?) pero sí es ético ser un país gorila. En el Ecuador de Correa no hay nada más ético que el fascismo.

No sólo imparte lecciones magistrales de ética el presidente sino que, como apóstol que es de los nuevos tiempos y última cocacola del desierto de la historia, predica con el ejemplo. Ahí están las subastas de costosísimos regalos que entregaron a él y a su comitiva en Qatar y Arabia Saudita. Regalos que, si de verdad quisiera comunicar un mensaje concluyente al mundo, nunca debió haber recibido, en primer lugar. Relojes de oro con incrustaciones de diamantes, joyas carísimas, plumas, broches de esos que le encantan al canciller Long, brazaletes… Cuán escrupulosamente ético es el señor presidente cuando rinde cuenta de hasta el último de estos cachivaches. Si está nuevo o usado, si conserva o no su caja, si cuesta 30 o 35… Hasta gusto da oírlo. ¿Por qué no será igual de detallado y minucioso el presidente para rendir cuentas de los 1.200 millones que gastó en aplanar un terreno para una refinería que no existe? ¿Cómo demonios logró esa proeza? ¡Con la misma cantidad de billete la NASA mandó una sonda a Júpiter! ¿No sería ético que nos lo cuente?

Lo que no es ético en el correísmo es rendir cuentas, afrontar responsabilidades, tener sangre en la cara. Lo ético es guardar silencio, negarlo todo, hacerse el sueco. Y sobre esas bases Rafael Correa propone un pacto a la nación. Para “inaugurar la ética” en el Ecuador, dice: única verdad de toda la sabatina. Inaugurar la ética en el Ecuador (o reinaugurarla, en fin) es imprescindible después de diez años de correísmo.

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