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Sabatina

Una sabatina para devaluar a Lasso y ensalzar al caudillo

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Debe haber sido el acto de campaña electoral y de culto a la personalidad más costoso de cuántos se han hecho hasta la fecha. No solo la transmisión vía satélite durante algo más de tres horas y media desde Barcelona debe haber costado mucho dinero del erario público, sino todo el operativo que incluía los viajes y la estadía de burócratas en Europa, el equipo de seguridad y el alquiler del teatro donde se hizo la sabatina… Entre tantas otras cosas más que se necesita para hacer una sabatina, como dios manda, pero a 9 492 mil  kilómetros del Ecuador.

Lo cierto es que el enlace ciudadano realizado en Barcelona (aparte del impúdico gasto en las fatuidades de Correa) fue sobre todo un espectáculo preparado y concebido para transmitir un mensaje electoral y, de paso, para exacerbar una vez más y con mayor fuerza el culto a la personalidad de Rafael Correa.

¿Cuál fue el mensaje proselitista que tanto debe haber costado los ecuatorianos? En enlace no fue, como podría creerse, un tradicional acto de campaña electoral para ponderar y promocionar las virtudes del candidato oficial Lenín Moreno. No. La sabatina estuvo diseñada, primero y antes que nada, como un espectáculo para perjudicar la candidatura de Guillermo Lasso. Para ello, Correa, apenas si nombró una o dos veces a Lasso porque no era necesario.  Lo que Correa hizo fue dedicar gran parte de su intervención a hablar pestes de los banqueros. Y  qué mejor escenario para hablar mal de los banqueros que en una concentración de migrantes ecuatorianos.

Pues fue precisamente a los banqueros, como Lasso, a quienes Correa  responsabilizó una y otra vez de ser los causantes de los grandes males de la nación y en especial de la crisis de 1999 y del feriado bancario. La sabatina, hecha ante un auditorio lleno de migrantes, sirvió para insistir en el emocional relato oficial según el cual el fenómeno migratorio se debió a que a la perversidad de los banqueros que se apropiaron de la plata de los ecuatorianos.  Es más, en algunos de los videos que retransmitieron desde Barcelona, Correa aparecía asegurando que una de las causas por las que el país ha podido salir del crisis, al contrario de lo ocurrido en 1999, es que los banqueros no están en el poder “sino el pueblo ecuatoriano”.

Correa abordó el tema de los banqueros casi al principio del espectáculo al que había invitado a varias personalidades de la política catalana, entre ellos a la alcaldesa de Barcelona Ada Colau, quien estuvo sentada en primera fila junto al canciller Guillaume Long. Para hacerlo, Correa primero recordó que se estaba recordando un aniversario más del asesinado de Eloy Alfaro con quien, de paso y como lo había hecho hace algunos años, se comparó. Según Correa, los grandes saqueadores del Estado no han sido servidores públicos sino los banqueros quienes son, además, los “sepultureros” que se robaron el dinero de los ecuatorianos durante el feriado bancario. ¿Adivinen quién se robó la plata?, preguntó en algún momento Correa para luego dar a entender que son precisamente esos mismos banqueros que mataron a Alfaro y que ahora lo critican a él los que están tratando de llegar al poder. ¿Había una forma más evidente de hablar de Lasso sin necesidad de mencionarlo?

Como para Correa era insostenible hablar tanto de los banqueros corruptos sin mencionar, aunque sea de paso, a los escándalos de la refinería de Esmeraldas y de Odebrecht, cuando lo hizo dijo que esos son temas que los banqueros están tratando de aprovechar políticamente. “Que no me vengan los sepultureros de la patria a hablarme de honestidad. Que tengan sangre en la cara”, gritó todo alterado en un algún momento de la sabatina y dejando en evidencia que mencionar el tema de los escándalos de corrupción que han golpeado a su gobierno era un trago amargo que inevitablemente tenía que tomar.

En ese contexto Correa insistió en dos argumentos que ha repetido hasta el cansancio en sus últimas intervenciones: que en el escándalo de sobreprecios de la refinería de Esmeraldas los responsables fueron los socialcristianos que, según él, el gobierno los descubrió y que en el tema de Odebrecht existe una conspiración internacional para perjudicar únicamente a su gobierno.

Según Correa, en el tema de la refinería de Esmeraldas el gobierno descubrió los actos de corrupción pero también encontró que los responsables eran parte de una red que tenía 30 años de antigüedad. El cabecilla de esa red, dijo, era Charly Pareja y su primero Carlos Pareja Yannuzzelli fue solo “un funcionario que nos infiltraron” y al que se “le dañó el corazón”. Era un testaferro de Charly Pareja dijo Correa quien poco antes había dicho que ese caso ya fue resuelto.

En el tema de Odebrecht, en cambio, Correa sugirió una vez más que tras eso hay una conspiración internacional. “Lo único que tenemos es la declaración de un empresario mafioso”, aseguró y luego repitió algo que ha dicho en sus últimas presentaciones: que resulta demasiado extraño que la investigación del Departamento de Justicia de los EEUU se limite al período de su gobierno. “Estamos viejos para creer en esas coincidencias”, dijo y acusó a la prensa de haber minimizado la circulación de una lista de personas supuestamente relacionadas con el tema de Odebrecht en los años 80. “La prensa tachó nombres autocensurándose”, dijo y luego agregó que “si éramos nosotros (eso) salía en primeras páginas”, ignorando o pretendiendo ignorar que si la prensa tachó los nombres es precisamente porque la Ley de Comunicación, que él la impulsó, impide hacerlo.

Al final de la sabatina volvió al tema de los banqueros. “El gobierno de Mahuad era de banqueros y ahí estaba el metiche de Lasso”, sostuvo sin mencionar claro está, en que alguna vez él fue hasta la casa de ese “metiche” para pedirle dinero para su campaña electoral. ¿Honestidad intelectual? Eso no es para Correa.

El otro eje de la sabatina fue la exaltación de Correa como el gran presidente de la historia del Ecuador. Para esto no hubo empacho en dedicar horas en la retransmisión de videos en los que aparecía Correa dando conferencias y recibiendo doctorados honoris causa o presidiendo reuniones internacionales. ¿Nadie se condolió del costo del satélite para pasar desde Barcelona videos de una semana de anejos y cuya importancia era más que dudosa? Tampoco hubo empacho en dedicar mucho tiempo a entrevistas a migrantes que lo único que hacían era hablar maravillas de Correa.  Definitivamente, el recato en el gasto público no es, precisamente, un valor que acompañe a los funcionarios de la revolución ciudadana.

En esta sabatina fue claro que la idea de ir construyendo un lugar casi sagrado en la historia para Correa está tomando fuerza conforme se acerca el momento de entrega del poder. Si siempre hubo culto a la personalidad, lo que ocurrió en este enlace fue notable.

En resumen, la sabatina fue un inmenso y costoso acto proselitista donde hubo un solo héroe: Rafael Correa y muchos villanos: los banqueros que en esta ocasión fueron una intelequia para referirse a Lasso sin siquiera mencionarlo.

Si el viaje de Correa a Europa fue un invento para hacer campaña con los migrantes y hablar mal de los banqueros para así perjudicar a Guillermo Lasso sonría, son sus impuestos trabajando por usted.

Correa no quiso quedarse atrás del ‘yo sí sé’ de Galo Chiriboga

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¿Saben quiénes no recibieron coimas de Odebrecht? ¿Saben quienes no son corruptos? Ustedes no saben pero yo sí sé. Los corruptos son todos, menos nosotros los honestos.

Aunque no con las mismas palabras pero sí con ese mismo razonamiento, el presidente Rafael Correa confirmó en su enlace 507 en Cuenca que la celebérrima declaración de Galo Chiriboga, sobre las investigaciones en el caso Odebrecht, no es únicamente una desafortunada frase del Fiscal, sino una especie de coartada o mantra que el correísmo ha desarrollado para defenderse de las evidencias de la corrupción que aparecen como hongos tras la lluvia. Algo así como un si ustedes llegan a saber algo que no es lo que yo sé, entonces todo es falso y montado.

Según Correa, los que recibieron las coimas de Odebrecht están ya identificados: es cualquiera que no es  parte de su gobierno. Y si se llegara a decir que alguien de su gobierno está en las listas de quienes recibieron coimas de la empresa brasileña, entonces todo es una mentira y un montaje que hace parte de una conspiración nacional e internacional. Una conspiración en la que se han confabulado los intereses geopolíticos de los EEUU  y la agenda de la familia Isaías en Miami.

La poca corrupción que existe en el Ecuador, sostuvo Correa desde Cuenca, se produce únicamente porque es imposible de detectar, porque hay funcionarios que no han sido nombrados en su gobierno y porque existen paraísos fiscales en los que se puede ocultar el resultado de los robos. “Hemos sido muy cuidadosos. Tenemos el sistema de compras públicas más moderno de la región”, aseguró Correa para quien es imposible pensar que la corrupción se produce sobre todo en países que, como el Ecuador, carecen de un sistema de pesos y contrapesos que garanticen una fiscalización correcta y que no permitan el abuso de poder de los funcionarios.

En la lógica de Correa, como se vio en la sabatina, los casos de corrupción de los que se habla estos días en el país es una conspiración que los sufridores han montado porque no se cumplió su pronóstico de que la economía iba a colapsar antes de que el 2016 acabara. “Como no colapsó la economía entonces ahora viene el cuento de la corrupción”, dijo sin empacho alguno Correa muy al inicio de su sabatina, en la que si hubo alguna sorpresa fue únicamente la reaparición de dos emblemas del correísmo que habían desaparecido del radar y que estuvieron entre los espectadores: Fernando “Corcho” Cordero y Carlos Marx Carrasco.

En efecto, en la mente del Presidente el tema de corrupción es un invento creado por quienes están frustrados porque la economía del país no colapsó. ¿Algún esfuerzo por pedir información internacional sobre las revelaciones hechas por la propia constructora brasileña? No. ¿Algún anuncio de que hará algo parecido al gobierno del Perú que está tratando incluso que Odebrecht colabore devolviendo las ganancias ilegítimas y entregando más datos sobre los coimas? Tampoco. A Correa lo único que le interesa es preparar el terreno por si acaso alguien llega a señalarle a él o alguien de su gobierno como beneficiario de las coimas de Odebrecht o de la corrupción en general.

En ese esfuerzo, si el fiscal Galo Chiriboga creó la obra maestra de la historia del cinismo criollo el jueves con su inolvidable “¿saben qué sabemos del caso Odebrecht?”, Correa no pudo quedarse atrás y lanzó la afirmación de que si había algún cabecilla de toda la corrupción tenía que ser un socialcristiano y que fue Dios que ayudó en encontrarlo. “Como diosito es de la 35, resulta que el principal corrupto resultó ser un socialcristiano”, dijo refiriéndose a Charly Pareja quien, según el Presidente, logró corromper a mucha gente que ha trabajado en Petroecuador pero que, claro está, no fue nombrada durante su Gobierno. La corrupción es, en la cabeza de Correa, una creación diabólica concebida por unas fuerzas oscuras que quieren perjudicarlo. Nada que valiera, en todo caso, una auténtica investigación internacional.

Correa es, empero, un mentiroso compulsivo. Por un lado sostiene que su gobierno está empeñado en capturar y castigar a todos los implicados en la corrupción de Petroecuador, pero por otro no dice nada sobre la afirmación del gobierno peruano en el sentido de que no ha recibido un solo pedido oficial del gobierno ecuatoriano para capturar a Carlos Pareja Yanuzzelli, el arquitecto de los sobreprecios en los trabajos de repotenciación de la refinería de Esmeraldas. En efecto, en la sabatina no hubo una sola alusión al contundente y engorroso “el Ministerio del Interior de Ecuador no me mandó un oficio a mí, pero yo sí a él diciéndole queremos apoyar en esto, pero para poder detener a las personas se necesita una orden de captura internacional. No la había en ese momento”, del ministro peruano Carlos Basombrío.

El tema de Odebrecht es, para el Presidente, algo con lo que “hay que tener mucho cuidado”. Pero no por lo serio y verosímil que puedan resultar las denuncias sino por que ahí existe una conspiración ya que resulta demasiado extraño que una congresista republicana de La Florida haya pedido a la Fiscal de los EEUU los nombres de los posibles coimados del Ecuador y no de los otros 10 países mencionados en la lista. “Huele feo y no hay que dejarse sorprender”, dijo refiriéndose al pedido de la congresista Ileana Ros-Lehtinen a la fiscal Loretta Lynch.

Según el Presidente, si esta legisladora estadounidense hace el pedido es únicamente porque los Isaías financiaron su campaña. “Resulta que esta señora es congresista republicana de Florida, sus campañas fueron financiadas por los Isaías. Como les dije hace algunos días, algo tan sagrado como la lucha contra la corrupción se politiza y se trata de utilizar geopolíticamente y electoralmente. Por ahí van los tiros”. Lo que no menciona, obviamente Correa, es que si Ros-Lehtimen hace el pedido sobre el caso ecuatoriano exclusivamente es porque el Ecuador es el único país de los once mencionados en la lista de Odebrecht que no ha pedido la colaboración del Departamento de Justicia de los EEUU o de la propia Odebrecht.

El Presidente, además, teje cualquier argumento para convencer a quienes lo escuchan de que es absurdo pensar en que sea cierto que Odebrecht sobornó a funcionarios de su gobierno. Esa empresa, dijo, “no necesitaba pagar para ganar un contrato, lo ganó por concurso. ¿Ustedes han escuchado un reclamo de los que perdieron? Nunca, porque eran concursos abiertos, transparentes. Pero la mala costumbre de coimar es una práctica. ¿Cómo se detecta?”. Cuando dijo esto, llegó a parecer que trataba de defender a la constructora brasileña.

Fue en el contexto de su tesis de que si hay culpables de corrupción jamás serán funcionarios de su gobierno que se refirió, aparentemente, a la detención de Mauro Terán, asesor del alcalde Mauricio Rodas, la noche del viernes. “Ya están avanzando las investigaciones” dijo y agregó que en esas investigaciones se han encontrado cuentas bancarias donde hay funcionarios, que no son del gobierno central obviamente, que han incrementado sus depósito de 200 mil dólares a cerca de 2 millones. “Pronto lo sabrán no son del gobierno nacional”, dijo todo satisfecho como anticipando algo que vendrá. Solo le faltó levantar las cejas como lo hizo el fiscal Chiriboga cuando lanzó su afirmación de que investigaciones avanzan porque él ya sabe que el que ofrecía las coimas es Odebrecht.

El que vio y escuchó la sabatina 507 seguramente va a quedarse con la impresión de que lo más siente Correa cuando habla del tema es miedo.  Y ahí también se parece a su fiscal y ex abogado personal Galo Chiriboga.

Caso Odebrecht: la reacción inteligente y la reacción bruta

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Había dos formas de reaccionar frente a las revelaciones sobre la corrupción de Odebrecht en el informe del Departamento de Justicia de los EEUU. Una era con inteligencia, honestidad y responsabilidad; la otra sin lo uno ni lo otro. La primera fórmula es la del gobierno peruano de Pedro Pablo Kuczynski; la segunda es la que Rafael Correa exhibió en su más reciente sabatina.

El gobierno peruano, en efecto, asume que en las denuncias sobre las coimas de Odebrecht existe un problema real que tiene que ser procesado y, de ser posible, solucionado. Por eso no solo que ha iniciado una investigación para dar con los nombres de los funcionarios corruptos sino que exigirá a la empresa que pague por lo que ha perjudicado al Estado peruano a través de sus actos de corrupción. En esa dirección ya ha iniciado una negociación con la empresa para que devuelva las ganancias ilícitas obtenidas con los sobornos entregados a funcionarios. De no encontrar una respuesta favorable, el gobierno peruano no descarta ir a los tribunales para exigir a Odebrecht que devuelva al Perú esas ganancias ilícitas. En resumen, el gobierno de Kuczynsky frente a la denuncia reacciona no solo dándole crédito e importancia sino en función de la responsabilidad que tiene y busca que el Estado recupere lo que Odebrecht se embolsicó deshonestamente.

Muy distinta es la reacción que Correa mostró sobre el tema en el enlace que se hizo desde Salinas. Por un lado, el Presidente ecuatoriano trata de desconocer la realidad y negar los hechos buscando por todos los medios afirmar que si hay beneficiados de las coimas hay que buscarlos por cualquier lado que no sea en su Gobierno. Es tan burdo en ese intento que cuando trata de echar todo el bulto del escándalo al alcalde Mauricio Rodas lo único que hace es caer en la contradicción de dar crédito a la denuncia. ¿El informe es bueno para sembrar dudas sobre Rodas pero falso cuando las dudas son sobre su gobierno o funcionarios? “El Gobierno no tiene contratos vigentes con Odebrecht, ya todos los contratos han terminado o están en fase de cierre. Solo hay un contrato en vigencia que es el del Metro de Quito, que es con el Municipio, y de eso no dice nada la prensa. Y solo ese contrato es prácticamente el mismo monto que todos los contratos que ha tenido el Gobierno con Odebrecht”. Correa quiere pasarse de listo, pues no repara que el informe del escándalo habla sobre hechos ocurridos en el Ecuador entre el 2007 y el 2016; es decir, cuando había contratos con el Gobierno.

Correa llegó a sugerir, en esa misma sabatina, la alucinante tesis de que tras el informe del Departamento de Justicia de los EEUU se esconde la intención de perjudicar y desestabilizar al gobierno ecuatoriano y sus opciones electorales para este año. “Ya sabemos más o menos por dónde van los tiros. Mañana dicen ‘es Correa, es (el vicepresidente Jorge) Glas’ y hasta que demostremos que es mentira se nos pasó el 19 de febrero, y eso es lo que buscan: enturbiar las elecciones (generales, previstas para esa fecha)”. Y agregó en lo que parece una reacción en el estilo de Nicolás Maduro: “Cuidado que no es la primera vez que el Departamento de Justicia hace estas investigaciones, pero no en función de la justicia sino en función de los intereses geopolíticos de Washington”.

Correa pretende hacer creer algo absurdo: que los EEUU decidieron fabricar un caso que involucra a 12 países y por el cual cobra miles de millones de dólares a Odebrecht, con el único propósito de afectar electoralmente a su movimiento. Hay que imaginar a los funcionarios del Departamento de Justicia inventándose uno de los casos más sonados de corrupción de la historia de ese país con el exclusivo fin de afectar a Lenín Moreno y Jorge Glas. Como si en el la posibilidad de que ese binomio llegue al poder se jugara la existencia misma de Washington. ¿A alguien se le ocurre una insensatez mayor?

En esta teoría de la conspiración, Correa también incluye a Carlos ‘Charly’ Pareja Cordero, a quien acusó de ser la cabeza del escándalo de corrupción en el caso de Petroecuador. Según Correa, Pareja Cordero también está tras las acusaciones en el tema de Odebrecth pues es abogado de esa empresa. Es decir, el Departamento de Justicia de los EEUU habría incluso coordinado con ‘Charly’ Pareja la fabricación del caso Odebrecht para perjudicar a su gobierno.

El contraste entre la reacción de Kuczynski y Correa es inmenso. El primero no rehuye ni niega al problema y más bien piensa que Odebrecht debe resarcir a su país por haber actuado corruptamente. El segundo, en cambio, patalea en un sospechoso estado de negación. Correa no se contenta siquiera con negar tercamente cualquier posibilidad de corrupción durante su gobierno sino que llega a elaborar fantásticas y alucinantes teorías que no hacen sino ponerlo en ridículo al punto de fabricar una caricatura de sí mismo. Eso despierta sospechas tan grandes como el patetismo con el que intenta defenderse.

Foto Presidencia de la República

El señor presidente sufre de panic attacks

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Rafael Correa está sufriendo algo parecido a un panic attack o ataque de pánico, del que hablan los psicólogos. Está, literalmente, muerto de miedo. Es el terror a perder el poder que durante los últimos diez años le ha permitido vengarse de sus más íntimas y profundas frustraciones y que, sobre todo, le ha permitido construir una verdad que está a punto de desmoronarse con el fin de su reinado.

Por eso, el sábado durante el enlace 499 desde Cayambe, Correa dedicó una buena porción de su tiempo a hablar, escudado en su poder exangüe, a temas que presiente lo perseguirán y lo destruirán. Había que verlo ahí, aterido de frío en la tarima montada en San Isidro del Cajas, con apenas unas setenta personas traída desde las comunas vecinas, con un staff de asesores de medio pelo y animándose únicamente cuando se veía a sí mismo cantando en un video ora con José Luis Perales, ora con un rapero de Cartagena, ora con el mashi-bufón que lo acompaña cada sábado.

Uno de esos temas fue el de la Refinería del Pacífico que intuye, como intuye el zarpazo el animal que siente la vecindad de su depredador, será la prolongación de la pesadilla que ahora no le permite dormir: las obras de repotenciación de la refinería de Esmeraldas. Durante al cinco minutos, y con la importancia que un sacerdote le da a su primera homilía, el presidente saliente justificó lo que cuesta esa inversión. Armado de gráficos y cuadros iba explicando uno por uno los gastos. Esto es caro no como dicen algunos, no como piensan muchos… Esto cuesta tanto porque es muy costoso, porque no es fácil, porque hay que hacer estudios… La idea era, evidentemente, convencer a la audiencia de que las cifras de miles y miles de millones son plenamente justificadas y advertir, dicho sea de paso, que a nadie se le ocurra decir en el futuro que hubo sobreprecios como aquellos que ahora tienen a su vicepresidente Jorge Glas y ahora candidato a la Vicepresidencia en el abismo que conocen los que tarde o temprano deciden huir. “Es extremadamente caro”, dijo sin poder ocultar en su rostro la evidencia del terror y buscando, como siempre, la ayuda de uno de sus asesores para que diga lo que él quiere escuchar. “La construcción se nos desfasó un poco. Todos saben lo que hemos enfrentado. Es el movimiento de tierra más grande de la historia del país”, lanzó Correa y Bismarck Andrade, gerente del proyecto y asesor del sábado, le precisó que se habían movido 40 millones de metros cúbicos de tierra. “¿Cuántas canchas de fútbol es eso?”, le preguntó inmediatamente Correa a Andrade buscando una imagen más terrenal para encontrarse con su asesor respondiéndole serio y grave que eso representa “una gran cantidad de canchas de fútbol”.  Correa insistía entonces en que los 1 500 millones de dólares que se han gastado en el proyecto de Refinería no solo han invertido en el movimiento de tierras sino en una serie de obras que benefician a la comunidad. “Que Manabí esté atento para que nadie les robe este proyecto”, agregó sabiendo que en el futuro necesitará a alguien que salga a defender la magna obra de su gobierno que, a pesar de que estuvo diez años en el poder, ha sido incapaz de realizar.

Era tan evidente que la justificación de los gastos hechos en El Aromo brotaba de una necesidad desesperada por tratar de desarmar una bomba de tiempo que ya está activada, que incluso insistió en sus caricaturescos desafíos a golpes al asambleísta Andrés Páez. “Páez usted es un cobarde al que le tiemblan las piernitas”, dijo Correa en lo que más parecía ser una confesión de que es a él a quien en verdad le tiemblan las piernitas.

El miedo de Correa huele al miedo que tienen los demagogos que saben que están por quedarse sin la tarima del poder que les ha permitido construir una verdad en la que hay que creer por emoción y por decreto y nunca por demostración, refutación o verificación. No, Correa es de los que dice mentiras como verdades inobjetable cuando lanza cosas como “no hay país en el mundo que se haya desarrollado sin industria petroquímica” (¿acaso Suiza no lo hizo?) o que “estamos construyendo el sistema de riego más importante de la historia: el Sistema de Riego Tabacundo” cuando en verdad ese es un proyecto se inició en el 2002 mucho antes que de que llegara al poder.

El Correa del enlace 499 fue la demostración práctica del demagogo brillantemente retratado por el ensayista e historiador mexicano Enrique Krauze, en un artículo aparecido apenas un día más tarde en El País de España. Ahí, Krauze al hablar del riesgo que significa Donald Trump para la democracia mundial, dice que el sustrato psicológico habitual del demagogo es triple: megalomanía, paranoia y narcisismo. Y Correa hizo la pedagogía impecable de lo dicho por Krauze en su texto. Megalomanía cuando se retrató varias veces como representante del pueblo (“báñate de pueblo Rafael me dijo Chávez”) o como cuando al hablar de su puntualidad y apego a la eficiencia aseguró que incluso al Papa (“que me quiere mucho”) él le ha recordado que sus citas no pueden durar más de veinte minutos. Paranoia cuando aseguró, como todo sábado, que la prensa corrupta quiere destruir todo su legado y que si la semana anterior apareció un informe negativo sobre la justicia en el Ecuador es porque se trata de un estudio hecho por “¿adivinen por quién?” (finge dar un segundo para que la audiencia de indígenas adivine): el DE-PAR-TA-MEN-TO-DE-ES-TA-DO. Y narcisismo cuando hizo que el aparato logístico que lo acompaña cada sábado hiciera que todo el país lo viera cantando con José Luis Perales y bailando perreo con unos músicos de Cartagena, o cuando dijo que el “Ecuador es un modelo planetario” en el combate contra los paraísos fiscales.

Megalómano, paranoico y narcisista. La santa trinidad del demagogo, según Krauze, se expresó durante el enlace 499 de la mano de Correa, un ejercicio al que nuevamente el presidente lo calificó como “deber sagrado” y el que predijo que el próximo gobierno tendrá que mantenerlo porque, claro, lo sagrado no puede ser interrumpido.

Correa hizo una exhibición perfecta del demagogo que no puede, además, dejar de insultar porque de eso depende que la sociedad se divida en buenos (los que lo siguen) y malos (los que lo critican). En esa dirección es que llegó su ataque brutal a la periodista Tania Tinoco por haber dicho en Twitter (la obsesión del demagogo de marras) que lo publicado en La Estrella de Panamá merecía un comentario del vicepresidente Jorge Glas.   “¿Qué tiene en la cabeza? ¿Un zapato? Inaugure la ética y la inteligencia porque tampoco es muy inteligente esta señora”, escupió Correa, casi fuera de sí, al hablar sobre la publicación de una columna en La Estrella de Panamá en la que se menciona la posible existencia, en ese país, de un informe sobre corrupción de Glas y que su asesor jurídico habría querido evitar que se publique. “Porquería, basura, prensa amarillista”, exclamaba al citar a diario El Expreso que, según el, no había cumplido con la obligación, otra vez según él, de calificar como “pasquín” y no de diario como había hecho al hablar de La Estrella. Les doy una semana para que demuestren que todo lo que dice ese diario es verdadero. Les doy una semana para que demuestren que Alexis Mera estuvo en Panamá y no en Birmania “esos destinos exóticos a los que les gusta ir”.

Correa representó exactamente lo que Krauze esboza como el alma de la demagogia: “de la combinación de las tres (magalomanía, narcisismo y paranoia) el demagogo arma su monótono mensaje: solo YO os haré grandes y enfrentaré a los enemigos, solo YO sé cómo instaurar un orden nuevo y grandioso sobre las ruinas que los enemigos dejaron. La historia comienza o recomienza conmigo. El borrón y cuenta nueva es otro rasgo distintivo del demagogo”.

Al final Correa sugirió que el contenido de su enlace 500 será precisamente el de demostrar que los mentirosos perversos están empeñados en destruirlo con datos como los aparecidos sobre Glas en Panamá. Claro, para entonces habrá que entenderlo porque su miedo es el miedo del demagogo que está despidiéndose.

El señor presidente sufre de panic attacks y eso se nota.

De la mano de Correa, el cinismo llega a lo más alto

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Si la Real Academia define a cinismo como la “desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables”, entonces en en enlace número 496 en el barrio La Tola, de Quito, hubo mucho de eso.

Afirmar, sin empacho ni rubor, que el escándalo de corrupción en la refinería de Esmeraldas fue descubierto por el Gobierno es, a todas luces, un acto de brutal “desvergüenza en el mentir”. Y eso es lo que hizo Rafael Correa.  No habían pasado ni diez minutos de iniciado el enlace y Correa ya estaba afirmando que todo el caso de corrupción en el que están involucrados Carlos Pareja Yannuzzelli y Álex Bravo, entre otros funcionarios y contratistas de Petroecuador, fue descubierto por su gobierno, específicamente por la asesoría jurídica de la Presidencia. 

Para desconocer que fue Fernando Villavicencio, el periodista y probablemente el ecuatoriano más perseguido y denostado por el Gobierno, quien denunció todo el caso mucho antes de que el Gobierno haga o diga algo se requiere de un alto nivel de desvergüenza.  “La red de corrupción en la Refinería de Esmeraldas fue investigada y descubierta por nosotros mismos”, dijo Correa encendiendo toda una ola de chistes y comentarios indignados en redes sociales mientras que la cuenta de Twitter de Fernando Villavicencio se llenaba de menciones de usuarios perfectamente conscientes de que, al menos diez meses antes de que las autoridades reaccionaran, el periodista de Focus Ecuador había investigado y sacado a la luz las inmundicias cometidas en la refinería. Inmundicias que, dicho sea de paso, se hicieron gracias a 18 decretos de emergencia, firmadas por el mismísimo Correa.

Lea aquí Refinería de Esmeraldas, la nueva cueva de Alí Babá

Pero si cinismo es desvergüenza en el mentir, esta afirmación de Correa no fue la única que se ajusta a la definición de la Real Academia.  Hablando sobre el mismo asunto, el presidente dijo que Carlos Pareja Yanuzelli logró salir del país porque ni él ni el gobierno podían arrestarlo. “Hay que seguir el debido proceso, yo no puede meter preso a nadie”, dijo orondo Correa desatando una nueva ola de chistes y comentarios de usuarios de redes sociales que no podían dar crédito a lo que escuchaban.  ¿Acaso Correa no ha ordenado meter preso a gente que al paso de su caravana le hicieron una mala seña? ¿No lo hizo con un menor de edad que le dedicó un yucazo?  ¿No fue Correa quien, con sus destemplados pedidos, hizo que jueces obsecuentes ordenaran la detención de Fernando Villavicencio y Kléver Jiménez?  ¿Como es posible que quien indujo a los jueces a meter a la cárcel por más de seis meses a inocentes como el coronel César Carrión y Fidel Araujo sin ninguna prueba de que habían participado en un inexistente intento de golpe de Estado ahora se proclame defensor del debido proceso?

Correa piensa que la gente no recuerda que a pocos días luego del terremoto del 16 de abril amenazó en Muisne con meter preso a quien gritara.  Cinismo mayúsculo si se considera que, como se visto, hasta la presente no hay orden de prisión para Pareja.

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Estos dos actos de cinismo monumental se produjeron en el corto período que Correa le dedicó al tema de la corrupción, porque para chistes y chascarrillos hubo al menos cinco veces más de tiempo. “Macho alfa, macho alfa, ji ji ji i ji”, dijo al menos tres o cuatro veces aludiendo con su risita de falsete todo lo que se ha dicho sobre sus declaraciones misóginas y machistas de las últimas semanas. 

Sobre el tema de la corrupción, Correa sostuvo que se trata de un problema que existe en todos los países del mundo. “incluso en la China donde hay pena de muerte para los corruptos” aseguró como quien busca donde aliviarse.

“Cuidado con las verdades a medias. Detrás de los actos de corrupción en el sector público, donde hemos tenido traiciones, hay un sector privado que también es corrupto”, alertó ignorando que en el caso de la refinería de Esmeraldas las empresas privadas hicieron negociados gracias a los nexos que tenían con los funcionarios encargados del reacondicionamiento de la refinería. “No conozco país en el que se haya logrado erradicar la corrupción”, dijo como para justificarlo todo.  Mal de muchos, consuelo de tontos.

Si estas dos obras de cinismo tuvieron que ver con el tema de la corrupción hubo otra igualmente monumental que tuvo relación con la conferencia mundial Habitat III, que se realiza en Quito. La demostración de lo bien que está el Ecuador, dijo, es que apenas a seis meses de un terrible sismo el Ecuador está organizando, exitosamente según él, un acontecimiento como ese. Correa no solo que pretendía pasar por alto el hecho en Quito no hubo daños grandes sino que en su declaración ignoraba a los miles de ecuatorianos que actualmente viven en carpas, albergues y covachas luego de haber perdido sus casas. Cinismo acompañado de insensibilidad, sin duda. ¿No podía haber hecho al menos una alusión a los sin techo en Manabí y Esmeraldas y no convertir al tema del sismo en una plataforma únicamente válida para la campaña electoral? Hay veces que el cinismo aparece de la mano de la falta de humanidad, y este fue un caso.

“Macho alfa, macho alfa, ji ji ji i ji”, volvía y volvía a decir, unas veces tapándose la cara como para demostrar que se divertía sinceramente con las críticas que le han hecho por sus vergonzosas declaraciones.

El enlace, en todo caso, fue un pretexto para seguir haciendo campaña electoral a favor de los cuadros de Alianza País, como ha ocurrido en los anteriores. Esta vez el más beneficiado fue el ministro del Interior, José Serrano quien será cabeza en lista de candidatos nacionales a la Asamblea. Para esto se organizó un mini show, con la entrega de decenas de patrulleros para la Policía, al que se lo aceitó con un discurso sobre cómo ha mejorado la seguridad en Quito. “Quito tiene la distinción de ser la única capital de América Latina de estar entre las 190 capitales más seguras del mundo”, dijo Serrano quien solo una semana antes había sido silbado en Ibarra cuando participaba, accidentadamente, en la Cacería del Zorro. ¿No será que Quito siempre estuvo entre esas diez capitales? es la pregunta que surge luego de la afirmación que hizo Serrano sin respaldarse en ninguna evidencia estadística.

Para Jorge Glas también hubo show.  Se exhibió un largo y sofisticado video en el que se veía a Glas, compañero de papeleta con Lenin Moreno, dando un discurso en Guayaquil en el que sacaba lustre a las obras de la revolución ciudadana en esa ciudad. Y como para que nadie de los suyos pierda el entusiasmo por la candidatura de Moreno y Glas, Correa dijo que se las encuestas (no mostró ninguna) que el binomio gobiernista tiene todo para ganar en primera vuelta.

“Macho alfa, macho alfa, ji ji ji ji ji”, volvía a interrumpir en su intento por darle algo de gracia a la aburrida sabatina contando, eso sí, en las sonoras e histriónicas carcajadas que lanzaban sus ministros y funcionarios que cada sábado ejercen de adoradores del caudillo..

Correa sabe que está de partida y por eso varias veces recurrió a la idea de que la historia lo juzgará. Alguna vez se dirá que hemos manejado bien la crisis, que hemos sido justos y que hemos respetado los derechos humanos, sugirió.  No sería raro que ese sea el guión que utilizará en la entrevista que el domingo 16 de octubre dará a Andrés Carrión en Teleamazonas.

“Macho alfa, macho alfa, ji ji ji ji ji”.

Sicólogos y médicos tienen una deuda: explicar a Correa

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Algún día los historiadores, los sicólogos, los biógrafos o lo médicos tendrán que explicarle al país cuáles son los desórdenes emocionales y los traumas sicológicos que sufre Rafael Correa y que han hecho que el tema de su honra y de su vanidad hayan terminado convirtiéndose en un problema de Estado. Un problema tan importante como para que, como se vio en el enlace 491, haya llegado a convertirse en un peligro para el equilibrio institucional del país.

Es tan grosera la importancia que Correa le ha dado a su honra y a su imagen que, si antes las sabatinas se justificaban bajo la figura de una supuesta rendición de cuentas, lo de ayer fue un mero ejercicio de reparación de honor y vanidad lesionados.

Casi toda la primera mitad de la sabatina fue, en efecto, la argumentación de por qué la honra herida del Presidente por oficiales de las FFAA debe ser castigada y reparada. Importa tanto ese honor y esa vanidad que, quien escuchó desprevenido el enlace 491, podría pensar que la supervivencia de la república y la democracia depende exclusivamente de eso.

Prácticamente toda la primera mitad del enlace estuvo dedicado a demostrar que el capitán Edwin Ortega, cuyo caso ha disparado todo un conflicto civil militar, ofendió al Presidente en la carta que éste que le respondió. “Lo que está en juego es el honor del Presidente”, dijo en algún momento Correa, con esos ojos inyectados que casi siempre aparecen acompañados de ese gestito en el que la parte inferior de mandíbula se adelanta a la superior y que recuerda tanto a los cavernícolas de película de bajo presupuesto. Fue tanto el ahínco con el que salió a hablar de por qué su honra debía ser defendida, que incluso pidió adelantar el segmento aquel en el que ataca a la prensa para demostrar cómo los medios, en especial diario El Universo, han tratado de invisibilizar los terribles ataques que ha sufrido su honra. Como, por ejemplo, el caso de esa pelucona que hace ya muchos años en Riobamba le hizo una mala seña y que, minutos antes en su carro y conversando con su empleada, le había dicho “longo hijo de puta”. “Qué pena que no tenga El Universo para romperlo”, agregó como sacerdote bíblico que se lamenta de no tener a mano un cordero para sacrificar y calmar la ira de los dioses. “Vayan a darle yuca a los hermanos Pérez (propietarios de El Universo)”, vociferó dejando en claro que él nunca fue capaz de comprender para ser estadista hay que entender y, sobre todo aceptar, que una cosa es la honra de un ciudadano cualquiera y otra la de un funcionario público que debe estar dispuesto a tolerar lo que sus mandantes tengan a bien decirle.

Todo este preámbulo, enfocado a la nota de El Universo que lo que hacía era recopilar los casos de supuestas ofensas a la majestad presidencial, sirvió para desembocar en una larga y emocional exposición sobre el caso del capitán Edwin Ortega.

Básicamente lo que hizo Correa fue leer la carta de Ortega para tratar de convencer a la audiencia que ahí se lo había insultado y que por eso merece se expulsado de las FFAA. A parte claro, de insistir en que finalmente ha logrado establecer que su comandancia de las FFAA no es únicamente política, como establece la Constitución, sino además castrense como interpretó la entusiasta partidaria de Alianza País, la jueza Vanessa Wolf

Lo que Correa hizo fue, en resumen, leer segmentos de la carta de Ortega que habían sido resaltadas en amarillo. Entonces leía, por ejemplo, la parte en que Ortega le decía que había perjudicado a las FFAA por haberles quitado los liceos militares o las agregadurías militares y acto seguido gruñía con un “!y eso no es insultarme claro¡”.   Estaba, o al menos lucía, furioso e indignado. Con el belfo hinchado, porque así se le pone cuando quiere mostrar que está furioso, dijo que no se puede permitir que se insulte al Presidente porque eso significaría que mañana un joven podrá insultar a su padre o a su profesor. Es evidente que Correa, al igual que pretende ser jefe supremo de cualquier espacio de poder institucional, también asume que representa a todos los padres y a todos los maestros del mundo.

Lo curioso de lo que hizo Correa en su enlace es que leía una carta que básicamente era un listado de las cosas que Ortega pensaba que habían perjudicado a la institución en la trabaja. Como insultar a los militares en las sabatinas, por ejemplo, cosa que ocurre con frecuencia desde hace algunos meses.

Para convencer a la gente que lo escuchaba (claro como la carta de insultante no tiene nada) decía que Ortega se parece al periodista Diego Oquendo que, “todo modosito”, insulta solapado en adulos y palabras dulces. Y claro, para eso también trató de imitar a Oquendo y así ridiculizarlo. Todo un estadista se entiende.

Lea aquí la carta que Correa envió a los militares y la contestación de Ortega

Seguramente como era evidente que la carta no era insultante, Correa la calificó como panfleto. Y una vez en esa categoría, el Presidente se dedicó a observar su contenido. “Es de los panfletos más retardatarios que he visto en las últimas décadas en América”, dijo esa vez si siquiera azorarse con afirmación tan ridícula. ¿Qué tiene de retardatario lo que le dice Ortega? ¿Qué ha leído Correa en las últimas décadas para que esa carta le parezca “lo más retardatario que he leído en las últimas décadas en América?

Correa, claro, también insistió largamente en que su comandancia de las FFAA no solo es política sino militar. Citó a varios países donde, sostuvo, el Presidente es el Jefe Supremo de las FFAA. No supo o no quiso, sin embargo, referirse a la diferencia que hay entre la comandancia que ejerce un civil y el de un militar. Para Correa, los reglamentos que rigen la vida entre militares, por ejemplo, deben ser inconstitucionales porque no incluyen al Presidente como sujeto.

La segunda parte de la sabatina tuvo básicamente como centro la defensa de su modelo económico. Y para eso lo que hizo es repetir lo que ha hecho en las anteriores: descalificar a quienes lo critican y a las tesis que no están alineadas con las suyas. Y para eso lo mejor es tildar de neoliberal a cualquiera que esté en contra de su forma de manejar la economía. Y claro, como no tiene contradictores como tuvo en el debate aquel con Mauricio Pozo y Alberto Dahik en el que tan mal le fue, se explayó todo sonreído y socarrón.

Fue en este intento por defender su modelo que se registró la verdadera joya de la sabatina. Correa, ya pasado la mitad de su largo monólogo, tomó una entrevista que un diario que no nombró pero que evidentemente era El Comercio, le había hecho a Michael Reid, uno de los editores de The Economist. Claro, cuando Reid criticaba el gasto público en el Ecuador o el modelo proteccionista de la revolución ciudadana, The Economist era neoliberal y estaba errado, pero cuando Reid sostiene que prefiere no usar la palabra crisis para hablar del Ecuador entonces la luz le volvía a los ojos y decía, más o menos “!ya ven que vamos bien¡”. El punto cómico fue cuando dijo que los opositores como Cynthia Viteri debían leer a Reid para que vean cuán equivocados estaban. Ellos claro, no él.

La de ayer fue una sabatina notable, en todo caso. Correa volvió a mostrar ese brío de insultador callejero y esa energía del pandillero que hace reír a sus compañeros burlándose e insultando a los de la pandilla enemiga.   Fue, sin duda, el mejor de los Correas. El más sincero. El más bellaco.

Ahora queda solo que los psicólogos, los historiadores y los médicos paguen su deuda con el país y expliquen las razones por las que ése es el mejor y el más auténtico de los Correas.

Cuando dos papanatas tratan de convencerse a sí mismos

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Rafael Correa no puede aceptar la realidad cuando ésta no le gusta. Su problema no radica en una incapacidad para entender la realidad sino en una aguda inhabilidad para aceptarla. Por eso niega lo que ocurre y cuando lo hace trata desesperadamente de fabricar una realidad paralela para estar en paz con ella.

El enlace 489 en la playa de Las Palmas en Esmeraldas tuvo muchos momentos en los que Correa se negaba a aceptar la realidad y en los que en su desesperación por negarla era capaz de crear una paralela que, siempre, terminaba en caricatura.

Un ejemplo fue cuando Correa habló sobre el éxodo de ecuatorianos a la ciudad fronteriza colombiana de Ipiales durante el última feriado para comprar productos más baratos, entre ellos los útiles escolares para el inicio del año lectivo. En la mente de Correa, si la gente viajó a Ipiales durante el feriado fue por un acto de “deslealtad con la patria”. Que la gente vaya hasta allá para no pagar los altos precios creados por la cantidad de impuestos y aranceles que hay en el Ecuador no puede ser cierto para Correa. Por eso, acusó a quienes fueron hasta allá de desleales. Además dijo que son mentirosos quienes dicen que son los aranceles y los impuestos los que han encarecido la vida en el Ecuador. En la visión de Correa, los desleales que viajaron a Ipiales solo lo hacen por las ventajas que los productos han ganado por la depreciación del peso colombiano. Pero como Correa no es capaz de aceptar la realidad, entonces no puede aceptar que los ecuatorianos compran productos que Colombia importa como televisores y teléfonos celulares, que nada tienen que ver con la depreciación del peso.

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Otro momento de negación de la realidad fue cuando atacó a la revista The Economist por decir que en el Ecuador no existe una verdadera democracia. Para Correa, Ecuador es más democrático que Inglaterra, de donde es The Economist, porque acá hay menos títulos nobiliarios. Para Correa argumentos tan estúpidos como esos son plenamente válidos.

Pero el momento más patético de negación de la realidad fue cuando le dedicó varios minutos a despotricar contra un índice internacional sobre innovación, aparecido hace pocos días y en el que el Ecuador queda pésimamente posicionado. Para alguien que quiere pasar a la historia como un modernizador como Correa, que el Ecuador tenga un malísimo desempeño en innovación debe ser algo muy duro. Un trago amargo. ¿No es cierto Correa? Que el Ecuador repruebe en innovación debe ser una realidad insoportable a la que hay que atacar. Y ahí es cuando el enlace alcanzó sus notas más cómicas y ridículas.

Según Correa, cuando vio que el Ecuador estaba pésimamente ubicado en el índice llamó a su secretario de Ciencia y Tecnología, René Ramírez para preguntarle qué pasaba. En el relato del Presidente, Ramírez le mostró que quienes hacen el índice estaban mezclando “camellos y naranjas”. Según Correa, que el Ecuador esté haciéndolo pésimo en innovación no es verdad y aseguró que hay datos que niegan los datos del índice. Nunca dijo cuáles eran esos datos, claro. Lo que sí dijo es que quienes hacen el índice son neoliberales y que su intención era ideológica. Por eso, sostuvo, la nueva izquierda debe demostrar científicamente que esos índices neoliberales están equivocados.

A esas alturas del enlace era más que evidente que Correa había sido herido en su orgullo y que estaba profundamente dolido al haber visto al Ecuador fracasar en un tema en el que su gobierno ha invertido multimillonarias cifras. “Son supuestos índices pero en realidad solo pura ideología”, dijo casi sofocado.

Para salvar la situación y tranquilizar al Presidente que lucía lastimado por los datos del índice de innovación saltó René Ramírez, su secretario de Ciencia e Innovación que cada vez que interviene en una sabatina se parece más a un monaguillo, no solo por su apariencia y su vocecita sino por su actitud de adorador. ¡Qué tranquilidad debe haber sentido Correa cuando Ramírez le dijo que el índice de innovación está errado! Imagínese señor Presidente, dijo Ramírez lanzando una risita de monaguillo astuto, que uno de los indicadores que nos perjudica en el índice es la libertad de expresión. ¡Ja!, replicó Correa con otra risita picarona. ¡Habrase visto: que alguien piense que la libertad de expresión tiene relación con la innovación!, sugerían el par de papanatas con sus gestos de animalitos asustados pretendiendo ignorar una de las obviedades más grandes: que no puede haber innovación sin la total libertad del ser humano para expresarse. ¿Innovación sin libertad de expresión? Solo un par de papanatas podrían asegurar tamaña idiotez.

Ramírez, siempre en su función de monaguillo en misa, continuó negando la posibilidad de que el índice de innovación  pueda haber sido bien hecho. Que incluyan un indicador que hable sobre las facilidades para importar computadores o tecnología es una aberración neoliberal, sostenía Ramírez. El Ecuador, un país que va a fabricar sus propias computadoras y su propia fibra óptica y que dificulta la entrada de tecnología imperialista y colonialista, no se merece ser castigado por quienes hacen el índice razonaba Ramírez. “Están midiendo el neoliberalismo y no lo vamos a tener nunca. Acá lo que habrá es justicia social”, interrumpía Correa mucho más satisfecho y tranquilo luego de escuchar a Ramírez.

Para cerrar su intervención, Ramírez sacó lo que parecía iba a ser la prueba con la que iba a probar que los neoliberales que hicieron el índice estaban errados.  ¿Cual fue el dato con el que Ramírez demostró que el Ecuador sí ha avanzado en innovación? Contundente: la revolución educativa. Sí, el monaguillo de las sabatinas salió a decir que los avances que la revolución ciudadana ha alcanzado en la educación del país demostraban que el Ecuador es un campeón en innovación y que los autores del índice habían actuado guiados únicamente por su perverso neoliberalismo. Para demostrar que es así, Ramírez, sacó otro índice: uno que dice que las universidades del Ecuador son las que con mayor velocidad mejoran ¿La prueba? Otro índice que, aunque también hecho en el Primer Mundo, habla bien del Ecuador. Y para un papanatas uno que hable bien del Ecuador debe ser necesariamente correcto, aunque eso no pruebe en absoluto que el Ecuador esté bien en innovación.

La sabatina fue, así, un largo recuento de cómo Correa mira la realidad o, más bien, una larga y tediosa descripción de la realidad que él está dispuesto a aceptar. Si el aeropuerto de Santa Rosa, pese a la inmensa inversión que supuso su construcción, no logró ser lo que el Gobierno central quiso que sea es por culpa de los machaleños que no han sabido convertirlo en un aeropuerto internacional.

Así, Correa escenificó una sabatina más, un nuevo espectáculo que cada vez se parece más al espejo de la bruja de Blanca Nieves.  ¿Quien es el más guapo e inteligente del reino? pregunta Correa cada sábado y el espejo le responde “tú Presidente”. Y así, él y sus amigos se van contentos.  ¿Hasta cuándo?

Para la charlatina hubo que pagar un vuelo en helicóptero

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Rafael Correa es hombre de memoria frágil. Al menos para las cosas que no le gustan recordar. Seguramente cree en aquella frase del gaucho Martín Fierro que dice que olvidar las malas cosas también es tener buena memoria.

Lo que Correa aparentemente olvidó durante el enlace 487 que dio en Pujilí, provincia de Cotopaxi, es su promesa de que las sabatinas ya no le iban a costar al Estado. La promesa es reciente: apenas en mayo de este año y al calor del drama del terremoto había dicho que las sabatinas iban a ser financiadas por la empresa privada y por los jóvenes y militantes de Alianza País.

Si en realidad hubiera recordado su ofrecimiento, lo mínimo que pudo haber hecho es anunciar quién o quiénes financiaron la sabatina. ¿Si fue la empresa privada qué empresas colaboraron? ¿Si fueron los jóvenes de su movimiento por qué no los mencionó? ¿Cuánto dieron?

Pero cuando más se evidenció su olvido fue cuando contó, muy orondo él, que había llegado a Pujilí en helicóptero porque le hizo falta tiempo para llegar por tierra. Es de imaginar que el helicóptero que lo llevó hasta el lugar era propiedad del Estado ecuatoriano porque así lo sugieren incluso las fotografías, lo que supone que los gastos de ese desplazamiento corrieron por cuenta de los dineros públicos.  ¿O él va a pagar al Estado lo que costó el vuelo ocasionado, según él mismo, por su atraso? Si el helicóptero era privado, cosa muy poco probable, al menos pudo haber agradecido al dueño del artefacto mencionando su nombre porque sería muy grave que alguien en la sombra le está facilitando el transporte por aire. Grave y, seguramente, ilegal.

Lo que sí estuvo claro, en cambio, es que le gusta mucho tener la posibilidad de volar en helicóptero. “Una de las cosas que voy a extrañar cuando ya no sea Presidente son los vuelos en helicóptero con cielo despejado”, dijo casi al arrancar el show en Pujilí, donde habló vestido con un poncho rojo que le regaló el alcalde de esa ciudad y que le dio la oportunidad de decir que a él el poncho le queda muy natural, no como a Guillermo Lasso que cuando se lo pone queda como disfrazado.

Lo cierto es que a Correa se le olvidó su promesa de no gastar más del erario nacional para las sabatinas.  Y si no lo olvidó no tuvo la delicadeza y, sobre todo, la honestidad de decir quiénes financiaron el espectáculo.

Pues bien, cómodamente instalado en Pujilí gracias a haber llegado en helicóptero lo que le permitió admirar (lo dijo varias veces) el paisaje natural de la zona y las obras que su gobierno ha hecho, Correa se mostró durante la primera parte de la sabatina cómodo y hasta alegre. “Hay una importante reactivación de la economía”, dijo sonreído y sin sonrojarse siquiera para anunciar que gracias a que “conseguimos una platita” se pudo continuar con las obras del paso lateral de Ambato.

Pero la alegría se le fue bastante rápido y su semblante cambió cuando empezó a hablar sobre cómo había resuelto el tema del pago a la Chevron, obligado por un laudo arbitral en La Haya. Ese tema, en cambio, lo tuvo molesto, irritable y hasta nervioso. Correa invirtió, al menos cinco minutos, en explicar cómo se había decidido entregar los 112 millones que ordenaba el arbitraje a la Chevron no sin antes convencer a los demandantes de la Amazonía de levantar el embargo que hay en el Ecuador en contra de esa petrolera a la que un juez ecuatoriano la condenó a pagar algo más de 9 mil millones de dólares por la contaminación hecha por la Texaco. Molesto y enervado, Correa sostuvo que fue necesario convencer a los amazónicos, sobre todo a su abogado Pablo Fajardo, para que levanten el embargo porque si no lo hacían esos 112 millones hubieran ido a manos de ellos y eso hubiera ocasionado, según Correa, que la Chevron se incaute las propiedades del país en el extranjero.

La explicación sobre el tema de la Chevron la hizo, curiosamente, muy a la defensiva. Sobre todo insultando a Radio Democracia donde, aseguró, se entrevista a “vende patrias” como Fernando Santos Alvite o a René Ortiz quienes lo acusan de no haber defendido correctamente al país en el caso. Para Correa, los responsables fueron los gobiernos anteriores y el sistema de justicia que, al contrario del actual según él, era un desastre. Pero la incomodidad de Correa era más evidente cuando trataba de explicar la forma en que se levantó el embargo. Si hay alguna discrepancia entre los amazónicos que habían logrado establecer un embargo en el Ecuador a la Chevron es porque hay algún grupo que está tratando de defender su agenda particular y no la de la patria que, según él, iba a quebrar si no se levantaba el embargo.

Siempre a la defensiva Correa se esmeró en calificar de vende patrias a todos los que le han criticado en este tema. “No nos pudieron comprar”, llegó a decir como si alguien hubiera insinuado que la petrolera les ha sobornado para convencer a los amazónicos que levanten el embargo. Eso sí, llenó de lisonjas a los amazónicos que, según él, aceptaron su pedido para que la Chevron no quebrara al país con incautaciones en el exterior. “Los amazónicos liderados por Pablo Fajardo, pese a su derecho a embargar esa plata, dijeron primero la Patria. Gracias, la Patria sabrá reconocer el favor que le hicieron”, dijo.

¿Será que en su agresividad Correa estaba tratando de curarse en salud para cuando alguien lo acuse de traición por haber influido en una decisión que, a las claras, es una renuncia a un objetivo que había sido elevado a la categoría de causa nacional? ¿Temor quizá a un escándalo parecido al de la venta de la bandera?

Cuando terminó de hablar sobre este tema, Correa recuperó en algo su buen semblante y siguió con su charlatina. Dijo varias cosas que le interesaban decir pero no habló sobre otras que evidentemente no le interesaban. No dijo nada, por ejemplo, sobre los pagos por 1 millón 600 mil dólares que el ex vicepresidente y actual presidenciable Lenín Moreno ha recibido para su estadía en Ginebra y que el portal Mil Hojas puso en evidencia hace pocos días.

Sobre lo que habló mucho Correa fue sobre los días en que tuvo asueto y se los dedicó a su familia.   Ahí mostró videos tomados por él cuando en un paseo en lancha por la zona de Puerto López avistó algunas ballenas. Durante varios minutos explicó cómo con su familia viajó por la ruta del Spóndylus y lo bien que la pasaron. Ese viaje, dijo, explica el por qué no estuvo en las fiestas de Guayaquil. También le dedicó tiempo para contar que sus hijas le pidieron que hicieran en bicicleta una ruta por el Antisana y lo malo que había estado en clima en la zona, motivo por el cual regañó a su ministro de Turismo, Fernando Alvarado, por no advertir a los turistas que durante esta época del año llueve mucho en esa región. Habló tanto de sus vacaciones que es de suponer que la sabatina fue pagada por la empresa privada, porque tanto tiempo para hablar sobre temas privados en un acto público no debería costarle a los contribuyentes. ¿No le parece señor Correa?

Habló obviamente sobre otras cosas. Por ejemplo, sobre la corrupción.  Ese es un tema que no ha sido problema durante su gobierno, aseguró otra vez sin sonrojarse, y agregó que las denuncias que aparecen en ese sentido son solo inventos de la oposición para afectar a los gobiernos progresistas de la región. “¿Cuántos funcionarios venezolanos están en los Panamá Papers?”, se preguntó como para demostrar que la corrupción no existe en los gobiernos como los suyos. Eso sí, dijo, si la corrupción no es un problema de su gobierno sí lo es la novelería como la de construir hospitales con cuartos para una sola cama.

También atacó a quienes lo critican por acaparar los poderes del Estado y aseguró que más importante es que exista equilibrio del poderes en el sector privado. ¿Equilibrio de poderes en el sector privado? “Con el discurso sobre la división de poderes lo que quieren es inmovilizar a la revolución ciudadana para que ellos con sus poderes fácticos puedan seguir controlando el poder”, soltó y luego sostuvo que no es problema “que las grandes mayorías gobiernen”, sino que no haya “equilibrio de poderes en el sector privado”.

Ya cerca del final de su intervención, Correa volvió a ponerse de mal humor aunque no dejó de mostrar su sonrisa en modo de falsete. Lo hizo para hablar de la periodista Janeth Hinostroza que ha hecho una investigación sobre compra de medicamentos. Ahí dijo alegrarse de que haya una Ley de Comunicación que permita enjuiciar a Hinostroza por linchamiento mediático pues, según aseguró, ha interrumpido en las entrevistas que ella ha hecho a las y los funcionarios del Ministerio de Salud que han salido a defender la compra. Para Correa ha sido evidente que Hinostroza ha cometido linchamiento mediático lo que justifica la demanda que se la ha puesto ante la Supercom. “Eso en otros países se llama acoso mediático”, dijo sin mencionar en qué países.

Correa terminó su enlace casi a las 14:30. Habló mucho pero no dijo casi nada. Si eso le cuesta al país sería un sinvergüencería. Si no, una inmensa deshonestidad por no decir quién le pagó su show.

Correa no parece muy convencido de sus encuestas

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Si alguien va a decir que es feliz al menos tiene que parecerlo. Si no lo parece, nadie le va a creer que es, en efecto, feliz. Eso es más o menos lo que le pasó a Rafael Correa en su enlace 480 en Posorja, cuando mostró encuestas para asegurar que la gestión de su gobierno ha sido tan exitosa que su movimiento Alianza País ganará, casi inevitablemente, las elecciones del 2017 para la Presidencia y para la Asamblea.

Si fuera cierto que las cifras son tan benignas con su Gobierno como aparentaban las que enseñó en la sabatina, Correa no hubiera mencionado tantas veces a una supuesta “guerra sicológica” promovida por los “mediocres de siempre” y por la la prensa corrupta, ni hablar del “veneno” con el que la oposición ha emponzoñado al país. Y aunque Correa trataba de dibujar la mejor de sus sonrisas durante la presentación de las cifras, su renovada agresividad lo traicionó en varias ocasiones, sobre todo cuando se refería a otros actores políticos que podrían ser competidores como CREO de Guillermo Lasso o a ese sector de la izquierda que ya no lo apoya. ¿Cómo creer en buenas noticias si quien las divulga está mal genio y disgustado?

Si las cifras que tenía eran tan buenas como quiso hacerlas aparecer, ¿por qué entonces se detuvo tanto en atacar a quienes, según él, han mentido con el tema del dinero electrónico o el derroche de los fondos público?  Correa dijo, al menos dos veces, que hay una guerra sicológica en su contra, e incluso llegó a afirmar que, al igual que lo que ha sucedido en Venezuela, Argentina o Brasil, aquí en el Ecuador existe un guerra económica para desestabilizar al gobierno.

Varias veces Correa buscó justificar el descenso en la popularidad de su Gobierno en el hecho de que, según dijo, la economía está pasando por uno de los peores momentos por la baja del precio del petróleo y por los ataques de una prensa terriblemente mentirosa. ¿Cree en efecto Correa que la prensa ecuatoriana tiene la fuerza suficiente para perjudicar su imagen? Lo curioso es que a pesar de las cifras que según él son tan buenas, esta vez hizo algo que en la sabatina anterior no se atrevió a hacer, seguramente por temor a quedar en ridículo: darle crédito al reportaje del canal chavista Telesur según el cual la Central de Inteligencia Americana, CIA, está empeñada en sacarlo de Carondelet. “Gran parte del reportaje de Telesur es cierto”, dijo no muy convencido.

¿Si son tan buenas las cifras con su trabajo y su movimiento por qué fue tan agresivo y a la vez estuvo tan a la defensiva? Desde hace varias sabatinas que no mostraba ese nivel de agresividad. Incluso lo fue en el segmento que le dedica a la prensa donde esta vez volvió a insultar a Diego Oquendo, a quien acusó de mentiroso y de dar cabida a basura informativa. “Lo vamos a llamar Vachagnon Oquendo”, dijo aludiendo a una antigua empresa que recolectaba basura en Guayaquil.

No es que las cifras que mostró Correa sean necesariamente falsas porque bien podrían corresponder a la realidad, el problema es que únicamente mostró aquellos números en los que sale bien parado. No mostró, sin embargo, aquellas que hablan, por ejemplo, de cómo ha perdido credibilidad. Según la más reciente encuesta de Cedatos, por ejemplo, un 65% de los ecuatorianos no le cree y apenas un 29% lo hace. Curioso, por no decir sospechoso, que en la encuesta que mandó a hacer no hayan hecho la pregunta sobre la credibilidad.

Según las encuestas que expuso hay tres hechos: el país está mucho más optimista de lo que se piensa, Alianza País es la fuerza con mayor adhesión en el país, y hay una mayoría que califica positivamente su gestión.

Para probar su primera afirmación mostró unos cuadros que dicen que el 38,6 % de la población se halla optimista frente al país y que 14,2% está moderadamente optimista. Es decir que el 52,8% de los ecuatorianos tienen una visión optimista del país. El resto, es decir el 36% de pesimistas y el 7,4% de pesimistas moderados son, a su entender, los que se han dejado robar la esperanza y han permitido que la guerra sicológica  les aniquile el optimismo. “Son los que dicen no a todo, a la visita del Papa Francisco, al dinero electrónico…”, dijo para rematar, como le gusta, afirmando que quienes están con el son la mayoría. “Somos más, muchísimos más”.

Luego, para demostrar que la mayoría del país se adhiere a Alianza País mostró cifras que afirman que el 33% de la población se considera parte de Alianza País. El que nos sigue, dijo aliviado, es “Ninguno” con 22%.  En tercer lugar está CREO de Guillermo Lasso, al que llamó la derecha bancaria, con un 10%. Según Correa, a pesar de que Lasso se ha gastado “ilegalmente” 33 millones de dólares en la campaña (¿y lo que él gasta en la suya con dinero del Estado no lo es?), no ha podido ni siquiera acercarse a Alianza País. Si se suman todas las fuerzas de la oposición, apenas se tiene el 37%, de la población crítica al Gobierno afirmó para luego, en un arranque de humildad, rematar con un “dios les pague compatriotas”.

El tercer punto fue el de la aceptación del Gobierno. Según sus encuestas el 63% de la población califica positivamente su Gobierno, entre el 11% que mira su gestión como “muy buena” y el 52% que dice que ha sido “buena”. Mientras que los que la consideran “muy mala” son el 28% de los ecuatorianos y mala el 46%. Cuando admitió que la aceptación ha bajado lo hizo siempre culpando de aquello a la prensa corrupta y a la oposición. Ahí es cuando puso el ejemplo de Azuay. Según Correa, esa es una de las provincias donde más ha bajado la aceptación del Gobierno, pero si eso ocurre es porque las autoridades de ahí son “infames” (lo dijo refiriéndose al prefecto Paúl Carrasco) y porque hay medios corruptos entre los que mencionó al diario El Mercurio “con sus titulares”.

Correa, sin embargo, no mencionó cifras que otras encuestadoras como Cedatos, que dicho sea de paso descalificó, hablan del verdadero desgaste de su gestión. Por ejemplo, no sacó encuestas sobre la credibililidad del Presidente ni ninguna sobre las tendencias de sus dos principales cartas electorales para relevarlo: Lenin Moreno y Jorge Glas. También resulta extraño que si tenía los datos sobre optimismo no hayan enviado a hacer consulta sobre cuál es el problema que más agobia a la gente.  Claro, mostrar esas cifras hubieran supuesto que aparezca que lo que más angustia al ecuatoriano es la crisis de empleo que sufre el país.

“Ya arrancó el festival de los mediocres. No podemos caer en la trampa de Argentina, Bolivia y Venezuela. Vienen con sed de venganza”, dijo en un tono que sonaba demasiado a la defensiva para alguien que está tratando de mostrar señales de triunfo.

Por otro lado, la tónica de la sabatina fue más o menos la misma que ha habido en las últimas dos o tres. La sabatina se ha convertido, en el escaparate donde el Gobierno proyecto las imágenes de los trabajos que se hace en la reconstrucción de Manabí y Esmeraldas. Gobierno de publicistas como el de Correa, era de esperarse lo que han hecho: convertir a las zonas del desastre en parte de una escenografía donde se hace las imágenes que han de servir para la propaganda del régimen y plataforma de la campaña electoral. Más de tres cuartas partes del enlace estuvo dedicado a mostrar las maravillas que el gobierno hace en Manabí y Esmeraldas. El terremoto terminó así convertido en el campo de filmación para los spots electorales y de promoción del gobierno.

El enlace además fue hecho como en las últimas ocasiones, en lugares donde Correa se siente abrigado y protegido. Esta vez fue en Posorja, donde una empresa extranjera va a invertir gracias a su visto bueno algo más de mil millones para la construcción del puerto de aguas profundas. Sobradas razones tenía la población para expresarle simpatía. Además, con un enlace en Posorja, era inevitable que lance su proclama según la cual el Ecuador es un destino privilegiado para la inversión extranjera. Una proclama que resulta inverosímil cuando se ve que el Ecuador es un destino de inversión apenas superior al de Paraguay y Bolivia.

Sí, para decir que se es feliz, también hay parecerlo.

Por qué Correa no puede vivir sin sabatinas

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correa baila

El correísmo no puede vivir sin misas. Por eso la sabatina vuelve este fin de semana a su formato original. Éste encierra algunos de los secretos del poder populista de la era mediática: el discurso como generador de poder, un discurso que no puede negociar su supremacía; el caudillo como artista performático que no entra en consideraciones éticas o morales; un público incondicional que desempeña el papel de pueblo feliz y agradecido… La sabatina construye un universo cerrado que se presenta a sí misma como la versión única y verdadera de la realidad. Por eso los medios de comunicación, que pudieran dar otras versiones de los hechos, sobran. La sabatina es el teatro donde cada sábado el poder se exhibe y se ejerce. Una tarima de la cual el poder no puede prescindir y cuyas principales características escénicas son las siguientes:

  1. La entrada: La sabatina arranca con una simulación de fiesta popular. Hay globos de colores, banderas, comparsas, un grupo musical, una multitud de partidarios que espera impaciente bajo la carpa. Pantallas gigantes de alta definición, amplificadores, cámaras (incluida una en grúa) y un montón de policías. Rodeado de guardaespaldas, llega Él. Sonríe radiante, prodiga abrazos a diestra y siniestra, se detiene a hablar con alguna gente, besa a las señoras, carga los niños que le pasan, posa para los selfies, reconoce amigos a la distancia, saluda con ambas manos… Mientras tanto, el grupo invitado despacha algún pasillo, aire típico, cachullapi o cualquier canción emblemática del repertorio nacional. Él se aproxima, ya con el micrófono en la mano, y se une al canto. Esta es la fase de ablandamiento emocional hecha para mostrarlo como un ser aceptado y amado por todos.
  1. El lugar. Arturo Tello, de la Secretaría de Comunicación, presenta el lugar. Un pueblo o un barrio elegido por tener las siguientes características: su población apoya el proceso y ha recibido del gobierno obras nuevas que mostrar. El gobierno se ha ocupado de averiguar las necesidades del sitio, los nombres de sus autoridades, sus platos típicos, sus mejores huecas… Para cuando empiece la sabatina, Él ya habrá dormido en el pueblo, lo habrá recorrido en bicicleta, habrá ido al mercado y comido el plato que todos recomiendan… Esta parte del libreto está hecha para mostrarlo como un vecino más en cualquier sitio del país.
  1. Los invitados: hay una zona VIP (así la llama Él) con los notables del lugar: el presidente de la cooperativa de transporte, la reina de la tercera edad, el jefe de los bomberos, la rectora de la escuelita… Él los presenta por nombre y apellido, como si los conociera de toda la vida. Esta puesta en escena está pensada para pintarlo como el líder capaz de desafiar el orden social y generar su propio esquema: sus notables son los Quishpes y los Piguaves.
  1. El escenario: Hay una tarima donde Él siempre está visible para todos. Atrás, una pantalla gigante ofrece la imagen del tricolor en movimiento. Para la televisión, es el encuadre perfecto: la cámara un poco por debajo lo capta en contrapicado con la bandera a sus espaldas. Desde ese lugar lo controla todo: la consola general, el escritorio de los asistentes que le proveen de información, las pantallas que reproducen lo que ven los televidentes, los ministros y funcionarios que se confunden con el público… La sabatina proyecta la imagen de un poder agigantado por la vetusta lente del realismo socialista.
  1. La banda sonora: Cortinas musicales cierran cada segmento temático. Las hay militantes (Cómo será la patria que construimos, Más de mil razones, más de mil motivos…); lacrimógeno-sentimentaloides (Por ti vamos a vencer…), propagandísticas (Ya tenemos presidente, tenemos a Rafael…), vindicativas (Mienten, mienten, qué forma de mentir, Todos los días, todos los días los diarios publicaban porquerías…), impajaritables (Ecuador siempre primero, primero en nuestro corazón) y del repertorio popular. Como en una película de Spielberg, la sabatina utiliza la música para inducir lo que el espectador debe sentir. Los mensajes de Él en la sabatina se dirigen a los sentimientos, no a la razón.
  1. Los recursos de legitimación: Él no necesita justificarse. Pero ante eventuales contradictores, ostenta los atributos de su autoridad: sus honoris causa, sus posgrados, sus viajes, su libro, su entronque con la crema de la academia pontificia, su amistad con el Papa o con Miguel Bosé, su condición de líder continental… En las sabatinas, Él abunda en cifras, estadísticas y referencias eruditas que no sólo demuestran que su poder no puede ser cuestionado, sino que prácticamente es infalible. Él –ya lo dijo Glas– es “fuente de pensamiento”.
  1. El artista: Él habla. Él construye sentidos que están más allá de la verdad o la mentira, la manipulación o la honestidad. No importa si lo que dice es real o no, porque la realidad se construye con su discurso. Y quien no lo reconozca se convierte en un enemigo irreconciliable. El poder reside en el discurso, el discurso es la realidad y la medida de la realidad es Él. Por eso tiene que hablar todo el tiempo y hacerlo en una dimensión performática que implica una infinidad de roles: Él es profesor, vidente, intérprete de la historia, oráculo, contador de chistes, lover, cantante, padre, hijo, sacerdote, boy scout, buena gente, mala gente, insultador, conciliador, protector de los suyos. Por eso la sabatina tiene que durar cuatro horas. Una tarima tan apetecible y políticamente redituable no puede desaparecer.
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