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Fraude, la desconfianza no es gratuita

en Columnistas/La Info/Las Ideas por
maría paula romo

Del lat. fraus, fraudis.

  1. m. Acción contraria a la verdad y a la rectitud, que perjudica a la persona contra quien se comete.
  2. m. Acto tendiente a eludir una disposición legal en perjuicio del Estado o de terceros.

Estas son dos de las acepciones de fraude según la RAE. Fraude es la palabra más usada en estas elecciones. En la primera vuelta fueron Marcela Aguiñaga y José Serrano quienes pusieron dudas sobre el trabajo del CNE y denunciaron públicamente fraude en los resultados. Ya en la segunda vuelta, la discusión se concentra nuevamente entre quienes sostienen que la elección estuvo plagada de irregularidades y aquellos que lo niegan asegurando que estas elecciones han sido “impecables”. #Fraude dicen las redes y también quienes, hasta hace pocos días, acampaban frente al Consejo Nacional Electoral.

Hay quienes afirman que una vez que se realice el recuento y sean proclamados los resultados oficiales, no existirán más motivos para seguir hablando de fraude. No estoy tan segura:

Fraude

  1. m. Acción contraria a la verdad y a la rectitud

Fraude, contrario a la verdad y rectitud, como por ejemplo eliminar de los balances del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social más de 2.500 millones de dólares que se registraban como deuda del gobierno.

Fraude, como reportar un incremento de casi 15 puntos en el empleo formal sólo con cambiar la fórmula de cálculo, preocupados más por transformar las estadísticas que la realidad.

Fraude, como modificar el mecanismo de cálculo sobre endeudamiento público (Decreto Ejecutivo 1218) para burlar la disposición constitucional sobre el monto máximo de deuda permitida, eliminando así –el registro, no la obligación- por más de 11.000 millones de dólares.

Fraude, farsa, como cuando René Ramírez anunció una inversión de 3.000 millones de dólares de la famosa Tesla, en Yachay, lo que fue inmediatamente desmentido por la empresa; o cuando el mismo funcionario publicó (y luego borró de su cuenta) una encuesta supuestamente realizada por Georgetown y que el Director del Centro desautorizó de inmediato.

Fraude, engaño, como la Refinería del Pacífico, un proyecto que lleva casi 10 años, que el gobierno aseguró que estaría terminado para el 2015, y que luego de más de 1000 millones de dólares gastados, no tiene un solo avance en infraestructura, y seguramente pasará a la historia como el movimiento de tierras más caro del que se tenga registro.

Fraude

  1. m. Acto tendiente a eludir una disposición legal 

Eludir una disposición legal, burlarla, como por ejemplo alterar los mapas de donde viven los pueblos en aislamiento voluntario para autorizar la explotación del ITT, con plena consciencia de que es inconstitucional.

Fraude, artificio, como modificar la ley a través del Decreto 813 (en contra de lo expresamente negado por la Asamblea) y crear la abusiva figura de la renuncia obligatoria para incumplir así sus obligaciones laborales.

Fraude, acto tendiente a eludir una disposición legal, como el Decreto 16, contrario a la libertad de asociación, que viola el principio de legalidad y permite a través de un reglamento controlar organizaciones e incluso disolverlas, con causales imprecisas y abiertas.

Fraude, artimaña, como afiliar al partido de gobierno en visita que “coincide” con ministerios, empresas públicas y el instituto de seguridad social, y salir impune gracias a la absolución de las autoridades electorales.

Fraude, trampa; como crear una excepción a la norma de la Ley de Comunicación a través del artículo 6 de su reglamento; permitiendo así la compra de medios nacionales por parte de un extranjero.

La lista puede seguir y cada uno tendrá un ejemplo de lo más grave, pero lo cierto es que la indignación va mucho más allá de los resultados electorales. La desconfianza no es gratuita, la idea del fraude es el resultado de una descomposición institucional que lleva años y que no podrá resolverse con discursos ni declaraciones de buena voluntad. Cualquier posibilidad de reconstrucción democrática pasa por investigar estos y otros fraudes; por hacer pública la lista de Odebrecht, y por sancionar a todos los responsables e involucrados.

María Paula Romo es académica y política 

El CNE no la invitó, porque la Unión Europea no se hubiera tragado el cuento

en La Info por
Captura de pantalla 2017-04-13 a las 5.23.38 p.m.

Cuando alguien invita formalmente y por escrito a un diabético a un concurso para ver quién come más algodón de azúcar es porque sabe que no va a aceptar. Quizá para lo único que pueda servir la invitación es para que conste en alguna parte. Esto es lo que hizo el Consejo Nacional Electoral con la misión de observación electoral de la Unión Europea: la invitó para venga a hacer algo que no hace. Es decir, la invitó porque sabía que no iba a aceptar las condiciones del CNE.

La confirmación de este oscuro antecedente del reciente proceso electoral lo hizo el CNE de una forma muy graciosa. En un intento por refutar a los periodistas que han dicho que el CNE no permitió que vengan los europeos, ese organismo envió a este pelagato, vía Twitter, la carta en la que se ve que esa misión no aceptó dicha invitación. Pero, ¡oh sorpresa!, en la carta en que la UE no acepta venir a observar la segunda vuelta electoral y que el CNE exhibe como prueba irrefutable de su buen comportamiento, los europeos dicen que no aceptaron venir porque se les invitaba a hacer una observación en “modalidad conducida”. Se prueba que la invitación estaba pensada para que no sea aceptada por un simple motivo: la doctrina y los principios de esa misión les impide hacer trabajos que no sean absolutamente independientes.

Hacer clic aquí para leer la carta de la UE

“En respuesta a su solicitud, le informamos que la Unión Europea no participa en misiones de observación electoral en modalidad conducida por lo que no participará como observadora en la segunda vuelta electoral en Ecuador”,  responde Vincent Ringenberg, representante de la delegación de la UE, al presidente del CNE. Como se ve en la carta, Juan Pablo Pozo envió la invitación el 6 de marzo del 2017. Eso prueba otras dos cosas adicionales: la “invitación” concernía la segunda vuelta y fue hecha faltando apenas días. Un problema insuperable para una misión que, por el tamaño de su operación, necesita mucho más tiempo para sus preparativos.

El documento que el CNE mostró como una prueba de que sí había invitado a la UE se convirtió en un auténtico bumerán en su propia cuenta de Twitter. “En modalidad conducida’, quiere decir manipulada por el partido de gobierno o sea ustedes”, fue lo que posteó la primera persona al tuit del CNE. “Quisieron imponer a la Unión Europa una modalidad conducida a su misión observadora, y encima publican la carta de rechazo???? Jajajaja”, escribía otra usuaria mientras otro decía que “es q hasta para tapar sus errores son bestias. Ahora ya todos entendemos xq no vino la UE como sí sucedió en Perú”.

Los usuarios de tuiter no son tontos. Muchos entendieron que la invitación de Pozo era una mañosería para que el equipo europeo no venga al Ecuador. Y tienen razón. Según el manual de la misión europea, que es público, se menciona entre las condiciones para hacer una misión que “se garantice a los observadores de la UE un acceso sin impedimentos a todas las fases del proceso electoral y se les proporcione oportunamente libre acceso a la información electoral”. Es evidente que el CNE y el Gobierno, del cual depende, no quisieron que la misión europea venga. El presidente Rafael Correa lo dijo expresamente apelando a supuestos principios de reciprocidad: si los europeos no nos dejan observar sus elecciones entonces no podemos admitirles en el Ecuador.

Si la invitación hubiera sido en modalidad independiente, lo que claramente se incluye en el Código de la Democracia, la misión europea seguramente hubiera hecho observaciones que hubieran comprometido la versión oficial de transparencia que dizque ha mantenido el CNE. Basta echar un vistazo al manual que tiene esa misión para entender las razones por las cuales Juan Pablo Pozo hizo lo debido para impedir que viniera. Para comenzar, en sus observaciones finales hubiera dicho que la autoridad electoral ecuatoriana no es independiente y que no garantiza credibilidad. En el manual se establece que hay una serie de preguntas que los observadores deben tener en mente antes de redactar las observaciones: “¿Está la independencia de la autoridad electoral y de sus miembros suficientemente garantizada por ley y en la práctica? En el caso de una autoridad electoral independiente y no partidaria: ¿Refleja la composición de la autoridad electoral un equilibrio de intereses no partidarios? ¿Existe confianza pública en la capacidad de la autoridad electoral para actuar de manera no partidaria e independiente?”.

Resulta bastante fácil imaginar qué hubiera dicho esa misión en su informe final tomando en cuenta que los cinco miembros del CNE son notoriamente partidarios del partido de Gobierno y que su presidente, Juan Pablo Pozo, ha hecho público su empatía con el presidente Rafael Correa. Incluso se ha vanagloriado de su amistad poniendo fotos en las que se le ve a él y su familia posando junto al Presidente en redes sociales.

La misión europea hubiera examinado el manejo de los medios de comunicación estatales. La UE dice en su manual que sus enviados deben observar qué “tanto los medios de comunicación del Estado como los financiados con fondos públicos tienen la responsabilidad de ser equitativos e imparciales durante el período de la campaña electoral”. ¿Qué hubieran dicho sobre el manejo abiertamente proselitista a favor de Moreno de El Telégrafo y de los canales incautados? ¿Qué hubieran dicho sobre el contenido publicado en la agencia Andes o en El Ciudadano? Es bastante obvio que las conclusiones a las que hubieran llegado la misión europea iban a ser, por decir lo menos, vergonzosas para las autoridades ecuatorianas. En el 2008, cuando el correísmo aún no había consolidado su monopolio mediático, vino esa misión para observar el referéndum para aprobar la Constitución de Montecristi. Ahí dijo sobre El Telégrafo: “rompió el principio de cobertura imparcial proporcionando la mayor parte de su espacio a la opción en pro del ‘Sí’ (o contra el ‘No’) tanto en su sección informativa como en sus páginas de opinión”.

Otro tema de observación hubiera sido el padrón electoral. La misión siempre examina si el padrón electoral, ya sea físico o digital, está bien hecho, si no existen problemas con los empadronas en el exterior o si no hay exceso de empadronados que no votan. El manual es muy claro en este tema y dice que la misión “debe reunirse con partidos políticos, organizaciones de la sociedad civil y otras partes interesadas para analizar si tienen alguna preocupación con respecto al proceso de inscripción de votantes y para determinar si hay confianza pública en la exactitud y el carácter incluyente del censo electoral”. En la campaña se habló de decenas de miles de muertos y extranjeros no inscritos que estaban acreditados para votar.

El gobierno hubiera quedado muy mal parado en el tema del abuso del Estado, ya sea de sus bienes o de sus funcionarios, durante la campaña. El manual dice al respecto: “Los candidato en el poder no deben aprovecharse de sus cargos para hacer campaña. Los funcionarios del Estado deben participar en actividades de campaña solamente a título personal, durante su tiempo libre, fuera de horas de trabajo y no deben vestir uniforme o usar vehículos oficiales”. ¿Se imaginan a estos observadores frente al caso de Rafael Correa haciendo campaña incluso con su caravana de carros de la Presidencia o presenciando cómo cientos de carros sin placa del Estado participaron en los actos proselitistas de Lenín Moreno? ?Se imaginan esa delegación examinando la contratación oscura del conteo rápido del CNE a la Empresa Pública de la Escuela Politécnica Nacional, que fue presentada como si hubiera sido hecha por la Politécnica Nacional?

Si hubiera venido la misión europea hubiera prestado oídos a Ana Mercedes Díaz, la ex directora del CNE de Venezuela que trató de denunciar problemas con el software que usó el CNE. Ella terminó refugiándose en la Embajada de los EEUU porque, según ella, la iban a detener. La misión europea hubiera examinado dicho software y si no se lo permitían hubiera señalado aquello en su informe.

Sin duda, la misión hubiera dicho algo sobre el tema de la tercera copia de las actas que no se extendieron aunque la ley lo exige, como sostuvo el experto Fausto Camacho. Además, hubiera incluido en sus observaciones que el presidente del CNE no estaba facultado legalmente a proclamar resultados sin audiencia pública, como en efecto lo hizo. Una misión observadora con esos parámetros y esa forma de trabajar era imposible en el esquema de elecciones que se trazó el CNE y el gobierno del cual depende. Resulta muy comprensible que la única modalidad de observación que admita es la de acompañamiento. El gobierno tiene la iniciativa, las delegaciones hacen turismo, no observan nada y si algo tienen que anotar lo hacen discretamente y en sobre cerrado.

El operativo, por demás engañoso, para que no venga la misión europea y para aceptar otras pero bajo la modalidad de acompañamiento es un elemento más que impide que la autoridad electoral y el gobierno hayan construido credibilidad y legitimidad. Al Ecuador vinieron misiones de observación que únicamente acompañaron a la autoridad electoral. Las misiones de Unasur, de la Organización de Estados Americanos (OEA), de la Unión Interamericana de Organismos Electorales (Uniore) y de la Asociación Mundial de Organismos Electorales (AWEB). Ninguna de ellas revisaba de forma íntegra el proceso. Peor aún, algunas de estas, sobre todo la de Unasur, no garantiza ninguna imparcialidad pues se trata de una organización que ha sido manejada por los gobiernos de la región cercanos al correísmo. A tal punto es evidente el sesgo de la misión de Unasur que, durante el simulacro del 19 de marzo, el presidente del CNE respondió ásperamente a los cuestionamientos del delegado de CREO y sus observadores aplaudieron con visible entusiasmo.

En un proceso electoral concebido en total opacidad no cabía una misión independiente. La invitación hecha por parte del presidente del CNE, Juan Pablo Pozo, además de haber sido enviada a última hora, fue tramposa. Pero se agradece su gesto de enviar esa carta a este pelagato. Es lo más transparente que ha hecho ese organismo.

Jaime Nebot: en el país se cree que Ud. prefiere a Moreno

en La Info por
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Señor Alcalde,

Usted es un viejo zorro de la política tradicional y, por ende, sorprende que haya olvidado la famosa frase del emperador Julio César: no solo ser sino parecer. Esta vez ni ha sido ni ha parecido. Al punto de que por las redes corre un desencanto hondo y manifiesto por las posiciones que ha asumido usted en momentos en que los demócratas sienten que un fraude, abierto y descarado, tuvo lugar contra la candidatura de Guillermo Lasso.

Usted no ha salido a las calles y quizá no aquilata la actitud, ciertamente nueva, que los ciudadanos están sumando a la política. Esto es fruto del hartazgo producido por el correísmo: diez años de destilar odio, prepotencia, superioridad moral; diez años de autoritarismo, de administración opaca y corrupta, de impunidad. En diez años este país, dividido por rótulos políticos y prejuicios ideológicos, se encontró alrededor de un banquero, de un hombre del Opus Dei, que, con perseverancia, se ha dedicado a defender la República y los enormes valores, que hasta la vieja izquierda reivindica hoy, de la democracia formal. Eso usted no parece haberlo medido, pues en la primera vuelta se sintió de su lado ese tufo viejo de rencillas personales y broncas de honor que nada tienen que ver con el momento político que vive el país. Nadie defiende a Lasso por ser banquero y del Opus Dei. Los demócratas se reconocen en él porque la realidad política y electoral lo consagró como el defensor de valores mínimos de convivencia y de democracia a los que el país aspira. Y él lo ha hecho, lo está haciendo, con gran decoro y valentía.

Mucha gente –mire las redes, oiga la calle– no entiende por qué usted no entiende. Y es usted quien se ha encargado de nutrir ese sentimiento. Desde el mismo 2 de abril usted dijo que era inaceptable hacer fraude. Lo cual es obvio; decir lo contrario sería aberrante. Pero también dijo que era inaceptable “perder y decir he perdido porque me han hecho un fraude que no se ha hecho”. Una afirmación que sorprende viniendo de usted que hace gala de racionalidad cartesiana. Esa afirmación hace pensar que usted cree que el juez de la contienda es independiente. Es la única forma en que se puede decir, incluso hipotéticamente, esa parte de su frase: “un fraude que no se ha hecho”.

Lo que el país vio es que el fraude, en su sentido más amplio, era una realidad flagrante. El fraude, dice el diccionario, se compone de prácticas deshonestas e ilegales que alguien ejecuta para causar daño o privar a otro de sus derechos. El comentario suyo, tras emitir el voto el 2 de abril, parecía, entonces, olvidar las propias críticas que usted hizo al CNE, como una dependencia de este gobierno. Olvidar, igualmente, los cambios hechos por el CNE para esta elección, el uso de todo el Estado contra los otros candidatos y contra Lasso en la segunda vuelta… El fraude en las urnas, señor Alcalde, no era, entonces, una posibilidad sino la última etapa de la patraña oficial.

Nadie entendió, en ese contexto, la presión suya, hecha desde el primer minuto, contra Lasso para que pruebe que hubo fraude. ¿Nadie le dijo que, en esa actitud, coincidió usted con el gobierno que se apuró a hacer creer que Lasso denunciaba sin pruebas? Usted es ducho en procesos electorales. Sabe, por eso, que hay plazos y que nada podía hacer la candidatura de Lasso, en ese sentido, hasta que el CNE notificara los resultados. Pero solo en ese sentido porque las evidencias de fraude corrían por las redes y usted lo sabe. Cualquiera hubiera pensado que usted, como demócrata convencido que busca restablecer la República y la democracia, en vez de presionar a Lasso, reclamara desde su cargo y sí, también en las calles, para que este poder, que aprovechó el tiempo para convertir el resultado del CNE en una realidad irreversible, se viera forzado a aceptar abrir las urnas y contar los votos.

¿Se debe entender que solo Lasso debe probar que hubo fraude porque para usted el proceso y el resultado son transparentes? ¿Se debe entender que la forma desvergonzada como el CNE se ha conducido no suscita a sus ojos reparos y condena? ¿Se debe entender que Lenín Moreno tiene, a sus ojos, la legitimidad requerida para ejercer la Presidencia?

Usted supeditó el apoyo a esta causa –que se entiende democrática y no violenta– a que Lasso pruebe que hubo fraude. Para así también apoyarlo en las calles. De nuevo sorprende usted que es un hombre de perfil cartesiano. Probar significa hacer patente la certeza de un hecho ante alguien. ¿Ante quién? ¿Ante ese CNE, señor Alcalde? Esto no significa afirmar que Lasso y el país que votó por él pueden conformarse con tener razón ante sí. Significa que ese alguien que debe legitimar como verdadera la demostración, debe sentir que tiene que hacerlo. Y que debe hacerlo porque está presionado a cumplir con su deber.

Dicho de otra manera, para que el CNE se vea forzado a hacer su deber debe haber presión no violenta en la calle ahora. De lo contrario no lo hará de motu propio. Eso es lo que han entendido los guayaquileños que, sin esperar que usted los autorice, se lanzaron a las calles. Y siguen en ellas. Como hacen los ciudadanos de muchas otras ciudades. Usted no lo entendió y por eso se lee lo que se lee sobre usted en las redes sociales.

Ahora frente al atropello del gobierno contra Cedatos y contra Participación Ciudadana, usted, señor Alcalde, habla de “allanamientos inoportunos”. Es decir, ¿merecidos pero a deshoras? Según usted estos allanamientos “acentúan la percepción de persecución”. Curioso que usted caiga hoy el esquema de las percepciones que inauguró Fernando Bustamante. ¿Ahora la persecución es mera percepción? En Quito, justo antes de la segunda vuelta, hubo una reunión de los perseguidos durante este gobierno. Centenares de personas, señor Alcalde. Centenares que hablaron ellos o sus familiares porque, por ejemplo, Fernando Villavicencio sigue viviendo en la clandestinidad por haber denunciado la corrupción en el sector petrolero. Nadie habló de percepciones sino de gente en la cárcel, dolor, familias separadas, daños económicos. O personas muertas.

Usted perdonará pero la percepción que ha ido tomando cuerpo (mire usted cómo funcionan las percepciones) es que usted está más cerca de su amigo Lenín Moreno que de su ex amigo Guillermo Lasso. Y que usted privilegia la relación que coyunturalmente le da más rédito, que esta lucha incierta por el retorno a la democracia y la reinstalacion de la República. Simples percepciones, sin duda, señor Alcalde.

Atentamente, 
Un pelagato.

Foto: Ecuavisa

Juan Pablo Pozo, ¿dijo usted irreversible?

en Caricaturas/El Humor/La Info por
Captura de pantalla 2017-04-08 a las 12.25.59 p.m.

Juan Pablo Pozo es el Presidente del Consejo Nacional Electoral. El juez de la elección. Y como Juez vive alabando a Rafael Correa (y se entiende: él lo puso en el cargo por recomendación de Fernando Cordero). A la vez que proclama a Lenín Moreno (prevaricando), dice que su resultado (que está impugnado) es irreversible (volviendo a prevaricar). Pues parece -dice Chamorro en esta caricatura- que ha logrado volver irreversibles  otras cosas en el país. Basta ver lo que sucede en las calles del país en este momento.

Captura de pantalla 2017-04-08 a las 12.25.12 p.m.

Juan Pablo Pozo: ¿se somete usted a un polígrafo?

en La Info por
Captura de pantalla 2017-04-04 a las 11.26.10 a.m.

Ahora que un fugitivo desempolvó, en forma divertida, un polígrafo, cabría convertir ese mecanismo en herramienta al servicio de la democracia. El primero que debería someterse a ese instrumento de medición debe ser Juan Pablo Pozo. El sabe lo que ocurrió el domingo entre las 17:00 y las 19:30. Y antes. Y después. Él debe saber por qué hubo ambiente de entierro entre sus camaradas correístas  –como se vio en la televisión– y por qué se oyó, a su lado un “ya está,  que dio paso al júbilo generalizado que también vio el país. Solo él sabe por qué armó cuartel general en el Hotel Marriot donde montó una sala para él (como se verá en el cuestionario) y otra con seis televisores para seguir lo que ocurría en los canales gubernamentales y privados.
Solo él sabe por qué pasó el último mes en reuniones con cámaras, Iglesia y otras organizaciones para dar confianza y recomponer su imagen que, a sus ojos de vanidoso impenitente, salió maltrecha en la primera vuelta. Porque para él, y por lo que dice a su alrededor, lo ocurrió en la primera vuelta fue un mero problema de comunicación. No la sospecha, espesa y terrible, de querer empujar a Lenín Moreno por encima del 40%. Irse al Marriot hizo parte de esta estrategia de recomposición de imagen. Y también para estar lejos de tantos ojos que hubieran visto raro que personajes del gobierno lleguen a la sede del CNE, como llegó, por ejemplo, Patricio Barriga  la semana anterior a la segunda vuelta. No solo Juan pablo Pozo sabe, pero en particular él sabe lo que ocurrió realmente con las actas, el sistema informático del del CNE, la página del CNE, los resultados dados por el CNE…

Si Juan Pablo Pozo se somete a un polígrafo, 4Pelagatos contribuiría con 25 preguntas. Claro, esa lista se puede alargar. Pero sería un ejercicio higiénico para la democracia seguir en directo lo que sucedería con los nervios de Pozo, con su frecuencia respiratoria, con su ritmo cardíaco, con su presión arterial. Aquí están las 25 primeras preguntas:

  1. ¿Si o no fue usted y su equipo quienes entregaron al representante de la Politécnica Nacional, los resultados del conteo rápido que él presentó al país en cadena nacional del CNE? (Hasta los camarógrafos vieron que Luis Horna solo tenía un papel con porcentajes escritos con esfero).
  2. ¿Si o no dispuso usted que personal del CNE hiciera el trabajo de campo de la politécnica?
  3. ¿Si o no estaba entendido que la Politécnica cumpliera una función técnica pero que la rectoría del informe recaía sobre el CNE, lo cual deja sin piso la tan cacareadas objetividad e independencia de ese conteo rápido?
  4. Dígnese decir si es verdad o no que Luis Horna firmó a última hora el supuesto conteo rápido que la Politécnica nunca consolidó?
  5. ¿Hay, sí o no, un informe técnico, sustentado, consolidado del supuesto trabajo de la Politécnica Nacional o solo un papel firmado a última hora por el representante de otra empresa, la Empresa Pública de la Escuela Politécnica Nacional, creada por este gobierno?
  6. ¿Cambió usted, sí o no, la forma de informar en la página del CNE, como se concluye al comparar los formatos de la primera y de la segunda vuelta? (En la primera vuelta aparecía: candidato, porcentaje, número de votos y porcentaje de la provincia. En la segunda vuelta no apareció el porcentaje de la provincia).
  7. ¿Si o no fue la Secom la que organizó todo el sistema de comunicación del CNE para esta segunda vuelta? (El sábado Patricio Barriga llegó hacia las 21:00 al hotel Marrriot, cuando se habían marchado los periodistas de la prensa privada para inspeccionar lo que habían preparado otros –el Che Vera y Enrique Arosemena–. La semana anterior, Barriga había estado en el CNE, como consta a los reporteros que cubren esa fuente).
  8. ¿Si o no coordinó usted con la Secom las formas, contenidos y tiempos de conexión para la segunda vuelta de manera a que el CNE y todo el sistema de propaganda y de comunicación del gobierno (troles incluidos) funcionaran al unísono?
  9. ¿Si o no la Secom le pidió eliminar las ruedas de prensa para evitar las preguntas de los periodistas de tan mala recordación para el gobierno por lo que le sucedió a usted en la primera vuelta?
  10. ¿Si o no escogieron a María Isabel Cevallos, presente en los canales oficiales el 30-S, por si las protestas llevaban al gobierno a controlar la información y decretar una suerte de cadena tan oficial como ininterrumpida?
  11. ¿Dígnese decir si es verdad o no que usted concertó con el gobierno un plan de manejo informativo que arrancó con su cadena antes de la cinco de la tarde, hecha a propósito para sembrar la duda sobre los resultados del éxit poll de Cedatos?
  12. ¿Si o no decidieron poner a competir el exit poll del gobierno contra el de Cedatos para cortocircuitar la credibilidad ganada por la firma de Polibio Córdova en la primera vuelta y aminorar su efecto?
  13. ¿Si o no estuvo planificado usar al representante de la Politécnica Nacional antes de la intervención de Ruth Hidalgo para poner, como en los exit poll, a competir sus cifras y quebrar la credibilidad de Participación Ciudadana?
  14. ¿Si o no hizo usted instalar una sala en el Hotel Marriot, a la cual solo usted y contadas personas tuvieron acceso, donde usted siguió los resultados del escrutinio nacional que no podían ver los ciudadanos?
  15. ¿Sí o no ordenó usted deshabilitar ese campo en la página del CNE?
  16. ¿Sí o no pidió usted a las empresas que participaron en el exit poll y en el conteo rápido entregar los resultados con antelación para tener por delante tiempo para actuar en función del contenido de esa información?
  17. ¿Sí o no dobló usted la capacidad del Sístema del Consejo Nacional Electoral para la segunda vuelta?
  18. ¿Diga si es verdad o no que usted mandó a hacer un estudio de cuál fue la hora de mayor afluencia de la primera vuelta?
  19. ¿Entiende usted que luce inverosímil creer, por los efectos de la pregunta 15, que ese sistema se cayó dos veces en la primera hora cuando no había ni mucha carga ni muchas visitas?
  20. ¿Fue accidental que se caiga el sistema mientras los ciudadanos, animados por los exit poll, estaban enfrascados en el debate de quién ganaba y no repararon en lo que pasaba en la página del CNE?
  21. ¿Diga si es verdad o no que solo después de que Lenín Moreno se declaró presidente electo apareció en la página del CNE la pestaña de los resultados nacionales?
  22. ¿Diga si es verdad que el CNE y el gobierno inician ahora una campaña para tratar de revertir el descrédito del CNE usando los argumentos de la oposición en la primera vuelta?
  23. ¿Dígnese aprobar o desmentir este enunciado: el CNE y la Secom van a usar hasta la saciedad la frase de Ramiro Aguilar, dicha a Plan V, según la cual Guillermo Lasso “va a perder las elecciones y después va a decir que hubo fraude”, para tratar de contrarrestar las acusaciones de fraude que ese candidato está formulando?
  24. ¿Sí o no usted y su equipo piensan, ante las impugnaciones del candidato Lasso que, en el peor de los casos, esto llegará al Tribunal Contencioso Electoral donde no pasará nada?
  25. ¿Sí o no ya concertó con el gobierno la decisión política no dar paso al conteo del ciento por ciento de votos y tiene preparado un supuesto parapeto legal para justificar esa decisión?
    Gracias anticipadas por comparecer en directo ante el polígrafo.
    Fotomontaje 4Pelagatos basado en foto de Carlos Pareja Yannuzzelli

Señores Lasso y Moreno: digan no a la violencia

en La Info por
Captura de pantalla 2017-04-01 a las 2.29.05 p.m.

Un ambiente pesado, irrespirable, opresivo, planea sobre el país. Las elecciones de este domingo están lejos de ser una fiesta. La campaña sucia, aupada por el oficialismo, ha impregnado todo de un aire de guerra civil inspirado en la idea central de esta revolución: el poder es de ellos. Les pertenece. No lo pueden perder. No lo van a ceder.

La violencia es otro espejismo que acaricia el correísmo para eternizarse en el poder. Sueño de perro. Porque la violencia, como se vio en los incidentes provocados en el estadio Atahualpa, es un bumerán: basta ver la suma de frentes que se abrió el gobierno. Con la opinión que ahora sabe que entre los agresores hay funcionarios y guardaespaldas. Con la FEF que ahora tiene que responder por su complicidad y por la posible sanción al estadio. Con ciertas instituciones (¿CNT y Banco del Pacífico?) que deberán responder por sumas exorbitantes usadas para comprar boletos. Con los jugadores de la TRI que niegan que sus familiares estuvieran en esos palcos. Con la opinión que puede aquilatar la capacidad que tiene el propio presidente para mentir.

La violencia no es rentable. Quizá no lo entienda Rafael Correa que, desaforado, se creerá monarca medieval y querrá, entre otros antojos, meter preso hasta el último minuto a cualquiera que le haga dedo. Pero lo tendrán que entender y evaluar Lenín Moreno y, por supuesto, Guillermo Lasso y sus partidarios. Cualquiera de los dos puede ser el nuevo presidente. Cualquiera de los dos, y los dos, tendrán que hacerse cargo de un país terriblemente dividido, con una economía profundamente desequilibrada y frágil; un país cansado de diez años de violencia verbal e institucional pregonada y promovida por Rafael Correa y sus aparatos represivos. Los dos y cualquiera que sea el ganador, van a necesitar del capital político y simbólico que les otorga ser los finalistas de esta elección.

Moreno ya ha gastado parte de ese capital simbólico que acompaña a un nuevo presidente: mira para otro lado mientras el aparato oficialista es usado en forma grotesca en su campaña. Dice que adecentó la política cuando su gobierno ha hecho la campaña más sucia de la que se tenga memoria. Miente, sin pudor ni reparo, haciendo ofertas que él sabe que no podrá cumplir. Ignora, como si tratara de elefante miniatura, el golpe de Estado, otra vez fallido ante la presión mundial, del dictador venezolano. Socapa la violencia organizada por sus amigos contra su contendor y su familia. ¿Sinceramente cree que nada de todo esto figurará en las facturas que tendrá que pagar si llegase a ganar la presidencia?

¿En dónde imagina Lenín Moreno que encontrará la legitimidad para ejercer un posible mandato? ¿Solo en el porcentaje de votos expresados en las urnas que, lo admita o no, siempre estará bajo sospecha porque el CNE es un árbitro vinculado a su partido? ¿Sabe lo que significaría agregar a ese hecho su adhesión, abierta o solapada, a posibles actos de violencia para imponer una decisión en caso de que la presidencia se defina por un estrecho margen? Moreno debe, desde ahora, llamar a la calma. Debe, desde ahora, oponerse a cualquier operativo montado por fanáticos (y algunos corruptos) de su gobierno para imponer su voluntad por encima de cualquier otra realidad que pudiera surgir de las urnas.

La pelota está en su campo. No en el de Rafael Correa que, a partir de mayo, será ex presidente. A menos de que Moreno quiera ser un simple recadero, tiene que proteger el capital simbólico porque, de ser elegido, lo requerirá más que el porcentaje obtenido. Sin ese capital, sin nuevas actitudes, sin enterrar el hacha de guerra que Correa ha usado y blandido en estos diez años, Moreno (si es elegido) no podrá gobernar. Porque si en un eventual sueño de perro, es concebible creer que basta con unos votos por encima de Lasso para seguir imponiendo este modelo, la realidad de la economía y del flujo de caja se encargarán de disuadirlo. Ahora que se cerró la campaña, sea o no Presidente, Moreno tiene que comportarse como si lo fuera (igual ocurre con Lasso). Y, ante todo, debe oponerse a cualquier posibilidad de enfrentamiento violento entre ciudadanos. Y debe decirlo públicamente para que Correa y sus halcones también lo oigan.

Lasso, que también puede ganar, tiene, si el correísmo juega a la política, la tarea más sencilla. No replicó la guerra sucia que le hicieron y fue mas bien víctima que propiciador de enfrentamientos. Esperar una elección limpia es su derecho y, de lo contrario, hay mecanismos ciudadanos e internacionales para presionar, para poner evidencia cualquier intención torcida por parte del CNE o del gobierno.

Andrés Páez, su candidato a vicepresidente, ha prestado, sin embargo, el flanco para que el régimen endose a esa candidatura intenciones que, por supuesto, Lasso en ningún momento ha refrendado. Páez también parece creer que el derecho requiere de fuerza física. Es su visión. Hay, no obstante, una fuerza inspirada en la razón y en el derecho que se puede expresar sin discursos ni actitudes militares. Páez también necesita serenarse. Si Lasso fuera elegido, los dos van a requerir tino y lucidez política para gobernar un país dividido, casi por partes iguales, en dos. Reconstruir el país, en esas circunstancias, precisará de más cabeza que de músculo.

La violencia no es rentable. El país debe evitar caer en esa espiral y ese esfuerzo involucra al país en su conjunto: el poder, la oposición política, la sociedad y las fuerzas del orden. Por supuesto es obligación del gobierno cesar sus campañas de odio, amedrentamiento y financiamiento de grupos como los que intervinieron en el estadio Atahualpa. Creer que puede, mediante la violencia, imponer más garrote y represión en el país, tras diez años de hacerlo en forma impune, es literalmente tener sueños de perro. ¿O no, señor Moreno?

Correa trabaja para que Ecuador sea un polvorín

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Rafael Correa y Ricardo Patiño acaban de confesar, con los hechos, que los militares contribuyeron a trastocar la estrategia oficial para la primera vuelta. Cesar cuatro generales de la República, como represalia por el documento que firmó e hizo público el Consejo de Generales el 20F, muestra el alcance del cabreo correísta.
Ese texto fue interpretado por los ciudadanos como un gesto de inquietud de los militares ante la demora del Consejo Nacional Electoral: temían, como lo dejaron consignado en el texto, que esa tensa espera pudiera desembocar en un enfrentamiento entre ecuatorianos. Ellos lanzaron la alerta pidiendo agilidad y transparencia al CNE en el procesamiento de actas.

Ahora se ven las consecuencias que tuvo ese comunicado en el gobierno y el CNE: puso en jaque movidas que –a juzgar por los mensajes de desesperación que emanaron del propio régimen– debían sellar el triunfo de Lenín Moreno. En claro, las vigilias de los ciudadanos deseosos de cuidar el voto ante el CNE fueron decisivas: suscitaron desazón en los cuarteles y eso llevó a los generales a redactar su documento. ¿Qué efectos tuvieron, en el gobierno y en el CNE, la gente en la calle y el documento militar? Correa y Patiño se han encargado de responder: devastadores. Frenaron un libreto en curso.

El presidente se cargó a cuatro generales del ejército y Patiño se empeña en desprestigiar la decisión del Consejo de Generales, haciéndola aparecer como “una reunión irregular”, desprovista de legitimidad. Patiño quiere hacer pensar que lo que se produjo el 20 de febrero en Fuerzas Armadas no fue orgánico y desconoció, además, los reglamentos internos. Es la forma de legitimar la baja de los generales sin aludir a los disensiones de fondo que se han dado con los militares y que no solamente tienen que ver con el documento del 20F: luego hubo recriminaciones mutuas del Presidente y el general Castro, reclamos por la interrupción de la cadena de custodia, pedidos específicos para que esto no se repita el 2 de abril en la segunda vuelta… El poder correísta confiesa que el papel tradicional de los militares (custodios y garantes del proceso electoral) le estorba. No hay, entonces, un impasse pasajero. Se antoja un enfrentamiento estructural para neutralizar FF.AA. y crear condiciones de facto en la segunda vuelta. Por supuesto al hacerlo, el correísmo siembra el proceso electoral de dudas y lo convierte, tal y como están las cosas, en un verdadero polvorín.

La intención está a la vista: hacer creer que este proceso autoritario es naturalmente invencible y que solo puede serlo mediante un fraude (ficticio porque el CNE es propiedad suya). El correísmo usa una táctica, muy empleada en Venezuela y en los otros países del socialismo del siglo XXI: si no se puede quedar en el poder (con fraude, con oferta populista, con apoyo militar…), se declara víctima (de un complot internacional, de la derecha, de la prensa corrupta, del imperialismo, de todo junto, de lo que sea…). Pero antes de perder, como ocurrió en Argentina, hará todo lo imaginable, y también lo inimaginable, para quedarse en el poder: torturar el sentido común. Provocar a los militares. Irrespetar las reglas que votó a su favor. Duplicar la propaganda y mentir en forma desvergonzada. Convertir al presidente en un pirómano de tiempo completo. Incluso deslegitimar al propio CNE, como está sucediendo en este momento. Correa está empeñado en licuar la credibilidad que tenía ese ente entre sus electores. Es una movida política orquestada con Juan Pablo Pozo que es un hombre con una enorme voracidad política metido en el cuerpo de un militante leal. Él fue puesto por Correa a la cabeza de ese organismo (mediante una llamada telefónica desde la China).

Esta movida deja al CNE sin legitimidad prácticamente en el conjunto de la sociedad ecuatoriana. Es grave porque es el árbitro de la contienda y es más grave aún para la paz ciudadana. Pero Correa juega con eso y desacredita el proceso (así si pierde podrá decir que ya lo había advertido), en vez de velar por su imparcialidad y su transparencia.

Este panorama explica el ataque a los militares. Lo que busca el correísmo es dejar la elección sin custodio alguno. Tener un amigo del gobierno, como Tomislav Topic y su empresa Telconet, transmitiendo los datos; impedir que Participación Ciudadana dé a tiempo sus resultados, romper la cadena de custodia… muestra que la tentación de fraude existe en el gobierno a favor de Lenín Moreno. Si se suman las irregularidades que acaban de denunciar los militares, se llega a una conclusión: el correísmo brega, y bregará hasta el último minuto, para tener la segunda vuelta bajo su entero y discrecional control.

Perder el control es perder el poder. Y el correísmo nunca ha contemplado ese escenario.

Foto: Diario La Hora 

Por incendiar Manabí se les puede quemar toda la casa

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Cuando se produjo el terremoto en Manabí, el gobierno pensó que esa era la oportunidad perfecta para aliviar las angustias fiscales del Estado, mediante la aprobación de leyes que recaudarían fondos para la reconstrucción pero que, en realidad, irían a otros menesteres. Y funcionó.

Cerca de un año más tarde, el terremoto nuevamente se cruza por la mente de los estrategas del gobierno, pero para un salvataje distinto. Esta vez para sacar de apuros a la candidatura de Lenín Moreno que jamás se imaginaron tendría que sortear una segunda vuelta. ¿Cómo? Sencillo: explotando el odio y el resentimiento en Manabí y Esmeraldas. La idea surgió de un manojo de mensajes que, tras las elecciones, circularon en redes sociales escritos por personas que se sentían defraudados por los manabitas, en cuya provincia Lenín Moreno ganó con cierta holgura.

Si el Ecuador entero entregó tanto de sí a Manabí, era inconcebible que esa provincia devolviera el favor votando por el Gobierno: esa fue la lectura infantil y simplista de ese grupo de personas. ¡Bingo! Los estrategas del correísmo pensaron entonces que, a partir de esos mensajes, lo perfecto sería fabricar un escenario en el que esas personas actuaban a nombre de la candidatura de Lasso y de los sectores que lo apoyan. Así que se pusieron mano a la obra.

Para construir la ilusión de que la gente que apoya a Lasso piensa que hay que retirar las donaciones hechas durante el terremoto, se hacía necesario montar un operativo. En él se incluyeron redes sociales y medios gobiernistas para publicar falsos mensajes. La misión: resentir a los manabitas.

Ahí estuvo la asambleísta María Augusta Calle quien desde su cuenta de Twitter convocó a acto en el patio de la Flacso en el que se devolverían las latas de atún a Lasso. Estuvo Roberto Wolgemuth, operador de odio digital del Gobierno, quien también posteó mensajes dirigidos a exacerbar el resentimiento de los manabitas y una inmensa cantidad de cuentas de correístas se dedicaron a la tarea. En redes circuló mucha información falsa que evidentemente trataba de caldear los ánimos. Por ejemplo un audio con la supuesta voz de César Monge, de Creo, en el que se escuchaba maldecir a Manabí por la forma en que había votado. Hubo también un supuesto texto atribuido a Andrés Páez en el que se leía cosas similares.

Por otro lado, los operadores políticos del correísmo organizaron marchas en las que supuestos manabitas llegaban hasta la sede de CREO, el movimiento de Lasso, para lanzar las latas de atún y hasta colchones en gesto de devolver la ayuda recibida en el sismo. Los medios controlados por el correísmo también estuvieron a las órdenes del operativo. El Telégrafo reseñó generosamente los hechos. “Habitantes de Manabí y Esmeraldas devuelven donaciones en la sede de Creo en Quito”, tituló en su versión digital mientras que la agencia Andes hacía lo propio con la nota  “Jóvenes indignados devolverán los atunes donados a Manabí para liberarla de chantajes electorales”. Los canales incautados hicieron lo mismo. Claro, ninguno se dio el trabajo de verificar si las personas que estaban ahí en efecto habían salido de Manabí y Esmeraldas con los atunes y nos colchones que habían recibido hace un año.

En Manabí la estrategia, al menos hasta hoy viernes 24, parecía haber funcionado a la perfección. La exacerbación del odio estaba operando. Leonardo Viteri, político de Bahía de Caráquez, dijo a 4Pelagatos que la campaña estaba “calando” y que él había visto cómo amigos suyos, personas bien educadas y no correístas, se hallaban indignadas con los perversos opositores que estaban ofendiendo a los manabitas. Otras fuentes consultadas coinciden: “la cosa está heavy”, ponía en su muro de Facebook un quiteño que se hallaba en Manta y que estaba impresionado por todo lo que había escuchado y sentido en esa ciudad.

Pero la pregunta es si la estrategia de encender el resentimiento y el odio entre los manabitas pueda tener éxito perjudicando a la candidatura de Lasso hasta el 2 de abril en que se realiza la segunda vuelta. Lo que se vio ayer en Quito , al menos, despertó inmensas antipatías. El recurso de los piquetes de personas acercándose a la sede de Creo para lanzar latas de atún no parece haber convencido mucho. Lo mismo ocurrió durante la marcha del jueves 23 de la llamada Red de Maestros al servicio del gobierno de Correa. Cuando la marcha pasó frente al Banco de Guayaquil, de propiedad de la familia de Guillermo Lasso, algunos maestros se detuvieron a lanzar improperios y objetos al edificio. Roberto Wolgemuth puso en sus redes que eran manabitas que habían ido con la intención de cerrar sus cuentas en el Banco de Guayaquil. “El banquero no les abre las puertas”, dijo. La reacción en redes, al menos entre usuarios quiteños y guayaquileños, no fue muy buena. Al fin de cuentas se estaba exacerbando incluso un sentimiento que podía terminar en pánico financiero. La estrategia del correísmo burdo y rudimentario ha logrado inflamar la indignación en Manabí pero tiene, al mismo tiempo, una debilidad: exacerba a la vez el rechazo de las poblaciones que no son Manabí ni Esmeraldas que ven que la estrategia fue burdamente armada y que, además, deja al desnudo una realidad que difícilmente será aceptada: el dinero que se destinó y se usó en la reconstrucción, que pertenece a todos los ecuatorianos, está siendo utilizado finalmente para la campaña electoral de Lenín Moreno.

Esta percepción de lo que ocurría con Manabí también lo tuvo el buró de campaña de Guillermo Lasso. Un asesor dijo a 4Pelagatos que lo que estaban haciendo era “tan torpe” que lo único que estaba produciendo es más simpatizantes en otros lugares. Lo único que va a quedar de esto, sostiene el asesor, es la sensación de que se divide violenta y grotescamente a los ecuatorianos basándose en  una manipulación de los hechos.

Manabí es, gracias al dinero que todos los ecuatorianos pusieron para su reconstrucción, un bastión del correísmo. Con esta burda y peligrosa maniobra, Moreno, que se trepó en ella, seguramente obtendrá unos votos más. Pero puede haber un efecto bumerán en otros lugares donde los electores juzguen duramente al gobierno por jugar con la violencia y la unidad del país.

Marcela Aguiñaga debe abrir su ropero

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Marcela Aguiñaga representa a una casta política que se consolidó durante los 10 años de correísmo. Tiene mucho dinero pero a la hora de descalificar al adversario político recurre al argumento según el cual quien tiene riqueza no tiene legitimidad para representar a nadie, peor aún a los pobres a quienes únicamente ella y los de su casta pueden representar. La casta a la que pertenece Aguiñaga es la única que, con dinero y privilegios, se siente con derecho a representar a los desposeídos.

Aguiñaga es de las que usa ropa y zapatos caros pero que cuando quiere perjudicar a quien está desafiando supoder no duda en enrostrarle la marca de la ropa y los accesorios que lleva encima. Solo ella y los de su casta pueden andar por la vida con lujos sin dejar de representar a los más pobres.  Lo demostró el 19F cuando apareció en un video en el que aparece quejándose amargamente del Consejo Nacional Electoral y en el que pedía la renuncia de su titular Juan Pablo Pozo, a quien acusa de beneficiar a la candidatura de Guillermo Lasso.

En el video, que fue todo un acontecimiento en redes sociales, Aguiñaga aparece furiosa asegurando que los delegados de la candidatura de Guillermo Lasso en el CNE están fraguando un fraude. ¿Qué pruebas tiene? No muestra documentos o fotografías, no.  La prueba de Aguiñaga es que esos delegados tienen ropa Chanel y lentes Cartier. Lo afirma sin ruborizarse mientras se desgañita gritando a la cámara de algún comedido que la filma. “Son los delegados de Chanel” y tienen “lentes de Cartier”, exclama y adopta enseguida el gesto de satisfacción de haber probado algo fundamental, en este caso que los delegados de Lasso no pueden hacer una veeduría porque no son pobres. Ya vamos a enseñarles unas fotos, agrega como por si queda alguna duda de que los partidarios de Lasso son gente de dinero. Los representantes de Alianza País, en cambio, representan “a la verdadera gente, a la gente sencilla”, sostiene. Y pone trompita y tono de plazuela.

Aguiñaga habla de gente sencilla y pobre, pero nada más alejado de ella que la sencillez y la pobreza. Las redes sociales se han llenado de evidencias que publican usuarios donde se ve, por ejemplo, que los zapatos con los que ella aparece en alguna foto cuestan más de 700 dólares. Resulta que son los Gabrielle Strappy Bow Sandal de Ferragamo, unas sandalias que seguramente ninguna de las gentes sencillas y pobres de las que ella se llena la boca podría comprar en toda una vida.

No hace mucho, las redes publicaron imágenes de ella comprando en finas tiendas en los Estados Unidos y ella misma puso en su página de Facebook una foto en la que ella aparece radiante de felicidad y amor paseando por Nueva York en compañía de su pareja. ¿Los pobres que ella dice representar pueden darse esos lujos? No, eso no importa. Para gente como Aguiñaga lo que importa es que quien desafía el poder que tiene, no puede usar la misma ropa y accesorios que ella.

Uno de los más brillantes retratos de lo que es Marcela Aguiñaga está en una entrevista que diario Expreso le hizo en agosto del 2016. “Casual. Antes de iniciar la charla, Aguiñaga cambia la blusa forma por una polo verde revolucionaria, pero se deja el reloj Tissot en la muñeca y los zapatos Ferragamo azules”, describe el periodista de Expreso retratándola a ella y a los de su casta perfectamente: la revolución de los pobres para la foto, los zapatos Ferragamo para mi consumo. Algo parecido sucedió cuando el video de Aguiñaga despotricando en contra de Pozo fue puesto en redes sociales: una tuitera identificó el dije que lucía Aguiñaga mientras se llenaba la boca de pobreza. Dijo que valía 3 mil dólares.

La casta a la que pertenece Aguiñaga sabe que si no incluye a los pobres y a las masas en su discurso perderá el poder. Y sin poder no hay ingresos que permitan comprar zapatos Ferragamo. Se trata de un grupo social que se ha enriquecido rápidamente bajo el paraguas del Estado derrochador correísta y que ha injertado en su discurso el razonamiento estalinista según el cual quien no es desposeído y miserable no debe tener ningún derecho ni representación.  En la Unión Soviética de los años 30 del siglo pasado, se fusilaba a personas por ser burgueses, porque la burguesía, decían los bolcheviques, son una amenaza para la revolución.  Si quienes asisten a las protestas frente al CNE pertenecen a la clase media y no a las más pobres, entonces esas protestas no tienen valor, razonan los de esta casta política mientras acarician su bufanda Burberry a cuadros.

A esta casta pertenece, por ejemplo, Gabriela Ribadeneira, la presidenta de la Asamblea que canta “que los pobres coman pan y los ricos mierda” pero que no tiene empacho en aparecer en revistas de decoración mostrando su casa de 250 mil dólares. O Rolando Panchana, que de reportero de noticiero de televisión pasó a tener departamento en La Florida luego de su paso por el Gobierno y apareció, asimismo, en fotografías comprando en los EEUU.  O Viviana Bonilla que también se mostró con su esposo comiendo langosta en un restaurante. Todos juran lealtad a un discurso en el que el capital y los EEUU representan el mal pero que a la hora de la verdad no le hacen asco al dinero y viajan, sobre todo, a los EEUU a donde van de shopping. Todos dicen pertenecer a un gobierno o a una ideología que se debe a los pobres y su mejor forma de descalificar a sus rivales es tacharlos de ricos.

Marcela Aguiñaga, si quiere legitimar su argumento de que quienes usan Chanel o Cartier no tienen derecho a entrar a una junta electoral ni representar políticamente a nadie, debería sincerar, al menos, su ropero.  Si en realidad es tan malo tener ropa cara y accesorios de lujo, debería tranquilizar a a sus críticos abriendo su casa y su ropero para que la gente puede ver lo que tiene.  Ah y su colección de zapatos también.

Correa ya se ve como titiritero desde Bélgica

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Finalmente habrá segunda vuelta. La noticia no era aún algo oficial pero operó como si lo fuera. Que el CNE lo confirme era cosa de esperar unas horas más. Lo cierto es que la gente asumió desde el mediodía del miércoles 22 que habrá segunda vuelta porque el presidente Rafael Correa había aceptado, ante un grupo de periodistas extranjeros, que finalmente la candidatura gobiernista no alcanzó el 40% que exige la ley para ganar en primera vuelta. “Nos quedamos a medio punto de ganar en una sola vuelta”, ha dicho Correa y la noticia de su declaración recorrió como un rayo por Whatsapp, Twitter, Facebook y cualquier otro canal de comunicación imaginable. Si lo dijo Correa es porque ya no hay nada que hacer y Alianza País, por más que lo intentó, no llegará al 40% que exige la ley.

La declaración de Correa hizo, sin embargo, que el foco de la atención colectiva cambie completamente. De la elección presidencial, ahora el tema que está en la mente de los electores es la conformación de la Asamblea. Y al igual que con la presidencial, en este también parece que lo que dice Correa es el punto de partida. Hace dos días, puso en sus cuentas de redes sociales que Alianza País tendrá 75 asambleístas. “Mayoría absoluta”, dijo. Bastó eso para que la conversación girara alrededor del tema de la Asamblea y ahora, incluso en las concentraciones frente al CNE, de lo que más habla la gente es de cuidar las votaciones para asambleístas.

Correa está convencido de que con Lenín Moreno o con Lasso en el poder, él va a seguir gobernando. Ni más faltara. No le cabe en su imaginación un mundo donde él no lo controle todo y donde su palabra no sea, como lo ha sido estos años, el principio y el final de todo. Correa no oculta su satisfacción de que su movimiento controlará a través de la Asamblea nuevamente a casi todos los poderes. En su visión, ahora el Ejecutivo será un espacio reducido y con muy pocas atribuciones. Como lo es el cargo de los reyes en las monarquías constitucionales: un adorno.

Correa olvida, o finge olvidar, cómo funciona el poder. Cuando ponga un pie en el avión que lo llevará a Bélgica se le acabarán muchas de las lealtades que ha ido cultivando a punta de carajazos y golpes de mesa. Lo más probable es que esa mayoría de 75, como él ha establecido, seguramente se desmoronará como castillo de naipes. Él, que ha perdido al menos cinco asambleístas estando en el poder y controlando todos los poderes, debería saber que sin tener el poder Ejecutivo (desde donde se festinó los fondos públicos) sostener una mayoría control remoto es un sueño imposible. Lo debería saber no solo por su experiencia en la Presidencia sino en historia moderna de la política ecuatoriana. Las mayorías de construyen y se desbaratan de un día a otro y, generalmente, según las calenturas políticas. Correa puede ahora presumir que él tendrá el control de las instituciones, a través de la Asamblea, porque cree que gobernará desde Bélgica. La realidad está muy lejos de eso. El señor Presidente ha empezado a ver el post correísmo como una prolongación del correísmo y eso es tener sueños de perros.

Cuando Correa aceptó frente a los corresponsales extranjeros que Lenín Moreno no ganará en una sola vuelta dijo que si Lasso gana él regresará pronto al Ecuador. Incluso aseguró que la Asamblea, bajo su control se supone, podría aplicar el mecanismo de la muerte cruzada para sacar del Ejecutivo a la oposición.  Lo dice, evidentemente, desde el deseo porque se nota que aún antes de dejar el poder ya lo está extrañando.

Correa es dado a posicionar deseos como verdades. Pretendió hacerlo cuando dijo que Moreno había ganado en primera vuelta basado en encuestas hechas por empresas, como la de Santiago Pérez, que siempre dicen lo que a él le gusta escuchar. Cuando vio que eso no empataba con la realidad empezó a lloriquear afirmando que había habido fraude en contra de Moreno. Cuando se le acabó ese argumentó comenzó a fanfarronear con el poder que su movimiento tendrá en la Asamblea. Ayer miércoles, durante el encuentro con periodistas extranjeros, distribuyó una hojita con el registro del pago del impuesto a la renta de Guillermo Lasso. ¿Para probar que no había pagado impuestos? Todo lo contrario, para demostrar que Lasso es muy rico porque en la hoja se ve que Lasso ha pagado 12 millones de dólares en los últimos 10 años. Curioso ejercicio de Correa que muestra los impuestos pagados por Lasso para estigmatizarlo de rico mientras que su candidato Lenín Moreno, en cambio, no paga impuestos.

Correa se está mirando a sí mismo como el titiritero que manejará todo desde un apartamento o casa en Bruselas. Una ilusión muy apegada a la imagen de ex dictador centroamericano que solía aparecer en las malas películas de Hollywood en los años 70. Pero el Ecuador ni es Hollywood ni él está viviendo en los 70.

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