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Sobornos de Odebrecht

Si te portas mal, te traigo a Correa

en Columnistas/Las Ideas por
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Diez años en el poder, nadando a sus anchas (que se han hecho más anchas), sin rendir cuentas a nadie, sin contrapoder que fiscalice, diciendo exabruptos impunemente, deben, sin duda, provocar alteraciones neuronales de forma que siente que flota sobre los mortales.

Si se portan mal, ha dicho Correa con gesto de bacán de esquina, volveré, me presento y les vuelvo a ganar. Esto quiere decir, sencillamente: yo El Supremo me voy pero vigilaré lo que hagan, digan y piensen en términos que no sean calificados por él, El Supremo, como mal portados. Y él, El Supremo, como Zeus rayo en mano u otra deidad de esas, llenas de defectos más que de virtudes, volverá a corregirnos, a enderezarnos. Hermano cristiano tardío, boy scout de mediados del siglo veinte que pretende corregir con amenazas, con castigos a los pupilos salidos de su orden. Pretensioso tutor de la conducta de las personas.

Váyase al diablo, fue mi reacción al oír estas sandeces. Y sigo pensando igual. O sea, váyase físicamente a Bélgica, pero váyase al diablo intelectual, moral, políticamente hablando. Si sus sumisos, que están en la organización política, que él dirige, que están en el gobierno, que él dirige, que están en la campaña, que él dirige, tuvieran un ápice de decencia intelectual sentirían la degradación que representa que Correa se haya convertido en el árbitro, juez y sancionador de las conductas de las personas. En la verdad absoluta y en el único referente de corrección.

Moreno, el buenoide, dijo en la mañana que eliminaría el anticipo de impuesto a la renta. Al medio día Correa le mandó a callar y Moreno, al fin del día, dijo que mantendría ese anticipo, tan nocivo para la actividad productiva. Moreno, el buenoide, dijo en la mañana que las escuelas del milenio eran un elefante blanco. Al medio día algún ministro le mandó a callar y Moreno, al fin del día, dijo que esos elefantes blancos eran una muestra de la gran inversión en materia educativa.

A Moreno le clavaron un binomio, ya penosamente calificado de copión y, luego, severamente cuestionado por la proximidad administrativa y política a las áreas en las que la corrupción es grande y no ha podido ser ocultada. Un testigo, prófugo, pero testigo, Pareja Yanuzelli, le ha propinado pedradas cuyas marcas seguramente son las que le provocan ser casi clandestino. Glas no comparece ante ningún medio, no asoma para evitar que le pregunten por temas incómodos.

Moreno es una pieza de Correa. Es un personaje que podía ganar la elección que Correa no habría podido. Está de candidato no por sus dotes de liderazgo, su capacidad o solvencia. Está ahí para intentar mantener a la camarilla en el poder. Para evitar que la oposición asuma el gobierno y hurgue en los rincones en donde estarán las evidencias mayores de la corrupción. Para evitar que se cambie al Fiscal cuya dependencia con el correísmo es impúdica.

Estos diez años Correa ha sido titiritero que mueve personas, mueve instituciones, mueve voluntades. En un acto que avergüenza a la democracia, también fue él quien autorizó la segunda vuelta en declaraciones a la prensa extranjera. Su frustración es que no todos hemos sido sus títeres y que, de alguna forma, sus amenazas y jueces propios han persuadido a muchos de ser íntegramente libres.

Ahora sus amenazas políticas a un nuevo gobierno de oposición son proclamas tempranas para desestabilizar y crear condiciones para intentar recuperar el poder perdido. Si me dañan lo que hemos ganado, volveré, dice. Desempleo mayor que en 2007, una deuda cuatro veces mayor y cuatro veces más cara que en 2007, correístas devotos enquistados en la estructura estatal de control, déficit fiscal y un sector productivo deprimido. Nada de eso es ganancia que deba ser cuidada. Por eso es inevitable pensar que, cuando se refiere a “lo que hemos ganado”, no se refiere al Ecuador en su conjunto sino a quienes han conducido el gobierno en la forma que lo han hecho en Petroecuador de la mano de Odebrecht.

Diego Ordóñez es abogado y político 

La pesadilla de los Odebrechtleaks comienza para el gobierno

en La Info por
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Este va a ser un fin de semana largo y tortuoso para Rafael Correa y Lenín Moreno. Si Carlos Pareja Yanuzzelli, prófugo por estar procesado en el caso de corrupción en Petroecuador, con sus #Capayaleaks habían acorralado al alto gobierno con sus apariciones en videos-pastillas en los que lanza acusaciones e insinuaciones de casos de corrupción, ahora el frente de ataque se abre con los #Odebrechtleaks. El primero se publicó hoy viernes 10, en la cuenta de Twitter @odebrechtleaks. Pero se anuncian más hasta el domingo.

En este primer video aparecen las fotos de Rafael Correa y su hermano Fabricio cuya voz se escucha claramente. Se trata de un relato, grabado a Fabricio Correa, en el que cuenta cómo su hermano Rafael recibió dinero de la constructora brasileña. “Desde que mi ñaño fue ministro se hizo pana de los manes. Ellos nos ayudaron en la campaña y el que llevaba la relación era yo que soy contratista de ellos desde el año 96”. Enseguida explica cómo se produce una oferta de coima de $15 millones a cambio de arreglar algunos contratos que estaban vigentes desde el gobierno anterior. También se habla de una coima recibida, supuestamente, por el ex diputado socialcristiano Simón Bustamante durante gobiernos anteriores.

Este video, que tiene un minutos 52 segundos, termina con el anuncio de que el próximo odebrechtleak aparecerá el sábado 11 de febrero. En la Presidencia se hallaban preparados para este anuncio. En su cuenta de Twitter se había colocado, unas horas antes, un mensaje que decía: “la bomba mediática mentirosa sobre #Odebrecht, desarmada”. En una entrevista que Rafael Correa dio en Durán, donde se hallaba, aparece anticipándose al hecho. Que prueben que nos dieron plata para la campaña, dice el mandatario. Y hace una revelación con una información que tiene cerca de diez años. Según él, Antonio Ricaurte, el guagua alcalde, lo despidió cuando él, como ministro de Finanzas fue a Brasil a reunirse con Lula da Silva. Y, sorpresa, Ricaurte lo recibió en Brasil. Viajó, según Correa, en un avión de Odebrecht… ¿Por qué nada ha dicho el Presidente sobre el particular? Correa dice haber sido muy cuidadoso con esas cosas. 

En realidad, desde el 21 de diciembre pasado cuando el Departamento de Justicia de los Estados Unidos reveló que Odebrecht, una constructora brasileña, pagó $33,5 millones a funcionarios del Gobierno de Ecuador entre 2007 y 2016 para obtener contratos de obras públicas, el Presidente ha negado que su gobierno esté involucrado.

Lo ha dicho desde que explotó el escándalo Correa. Entonces exhibieron, como prueba, el hecho que esa empresa había sido expulsado en 2007 y cerraron filas alrededor de una estrategia política: la acusación hace parte de un complot internacional contra el gobierno pues se produce en plena campaña electoral (el gobierno soslayó el hecho que esta revelación concernía doce países en Latinoamérica y en África). Dos piezas aparecieron enseguida en esa estrategia: decir que Odebrecht hizo el contrato mayor con la Alcaldía de Quito y desafiar al Departamento de Justicia a que revelara los nombres. Una forma evidente de patear el balón para el campo vecino y comprar tiempo ante una opinión perpleja.

Ante el avance palpable de las investigaciones en los países vecinos, el gobierno matizó su desafío al departamento de Justicia de Estados Unidos o ante la fiscalía brasileña que también conoce los pormenores del caso: dijo que no estaban dispuestos a aceptar, “sin pruebas” lo que confiesen los funcionarios de Odebrecht que colaboran con la justicia en esos dos países. De esa manera quiso poner en tela de duda la palabra de los delatores acusados de poder decir cualquier cosa con tal de obtener rebaja de penas. Incomprensible argumento. También quiso sembrar la idea en los electores de que su gobierno era perseguido pues el periodo aludido (2007-2016) coincidía con el de su gobierno. Era claro que Correa quería involucrar otros gobiernos con dos claras intenciones: mostrar que en los otros gobiernos (León Febres-Cordero, Sixto Durán-Ballén, Fabián Alarcón, Jamil Mahuad, Gustavo Noboa y Alfredo Palacio) hubo corruptos y ganar tiempo para evitar que la lista de corruptos de su gobierno salga a la luz pública.

En esas dos direcciones ha trabajado el gobierno. Por eso dio total credibilidad a una lista que apareció del año 1987 con nombres de políticos socialcristianos, Heinz Moeller y Jaime Nebot, en particular. Y envió a su secretario jurídico, Alexis Mera, a Brasil supuestamente a buscar información: en realidad fue a contratar abogados cuya misión no ha sido esclarecida oficialmente. Por supuesto no es encontrar la lista que, como era de esperarse, incluye funcionarios de este gobierno. El Fiscal General de la Nación, Galo Chiriboga, acompaña la estrategia del gobierno que es ganar tiempo por lo menos hasta que se realicen las elecciones del 19 de febrero. De hecho, esa fue la propuesta que hizo Rafael Correa a los ciudadanos en el enlace ciudadano del sábado 4 de febrero.

Ganar tiempo y negar cualquier vinculación: este fin de semana se verá si esa estrategia resiste ante las revelaciones prometidas por los Odebrechleaks, cuyos autores se desconocen.

¿Saben por qué aquí nada se sabe de Odebrecht? ¿Saben? Yo sí sé…

en La Info por
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¿Por qué en Perú, Colombia, Panamá… hay información sobre los sobornos de Odebrecht y aquí no? ¿Por qué en los países donde estaba Odebrecht hay personas detenidas y acuerdos judiciales para que digan todo lo que saben y aquí no? ¿Por qué otros gobiernos han hecho acuerdos con Odebrecht, o puesto querella judicial, para que esa empresa indemnice a sus países por sus actos dolosos y aquí no?  ¿Por qué el fiscal Galo Chiriboga en vez de producir resultados pide a los ciudadanos que comprendan que el caso es reservado, que no quiere encubrir a nadie pero que la información que se le solicita en vez de ayudar, entorpecería? ¿Por qué el Fiscal, en vez de oír a sus mandantes, los ciudadanos, imita al Ejecutivo –y compite con él– en una carrera desenfrenada para producir golpes mediáticos, fuegos de artificio y cortinas de humo?

Hay ingenuidad en la opinión al esperar que este Fiscal imite lo que hacen sus pares en otros países. Hay ingenuidad en creer que el problema de este Fiscal es su ritmo de trabajo, una lentitud pasmosa. Hay ingenuidad en pretender que este Fiscal (con más voluntad o mayor cadencia) hará hoy lo que no ha hecho desde julio de 2011: transparentar los delitos de este gobierno, investigarlos y llevarlos ante los jueces (controlados por Gustavo Jalkh).

¿Saben cuál es el problema de Galo Chiriboga? ¿Saben? Yo sí sé: Galo Chiriboga es parte de este gobierno. Un familiar, cercano o lejano, qué importa, un pana del presidente. Su abogado. Un hombre del cual se sabía, meses antes de que se realizara el concurso, cuando todavía era embajador en España, que él sería el nuevo fiscal de la nación. Un Fiscal en pleno auge del correísmo.

Galo Chiriboga ha sido parte de un modelo político basado en la opacidad. Un modelo que no solo ha destruido los mecanismos de fiscalización sino que ha criminalizado el derecho de los ciudadanos de saber, de conocer, de acceder a la información genuina. Chiriboga ama el toreo y esa pasión, donde hacer el quite y adornarse para arrancar aplausos hace parte del espectáculo, la ha puesto al servicio de uno de los cargos esenciales en la democracia. Otro de esos cargos es la Contraloría donde otro maestro del disimulo, Carlos Polit, aspira a eternizarse en el poder. Entre los dos han construido un verdadero teatro de sombras para echarse mutuamente la culpa de no fiscalizar al gobierno.

¿Saben por qué Galo Chiriboga trabaja para enterrar el caso Odebrecht? ¿Saben? Yo sí sé: porque Galo Chiriboga es parte esencial del correísmo. Y los corruptos de los sobornos de Odebrecht son correístas. De la cúpula correísta. Por eso no puede investigar. Por eso nada se sabe en Ecuador, como en Venezuela, de este caso. En Colombia la corrupción de Odebrecht (que se conoce) ocurrió en la administración de Álvaro Uribe. Ahora gobierna Juan Manuel Santos. Él tiene interés en que se sepa la verdad. En Panamá la corrupción de Odebrecht (que se conoce) ocurrió en el gobierno de Ricardo Martinelli. Ahora gobierna Juan Carlos Varela. Él tiene interés en que se sepa la verdad. En Perú la corrupción de Odebrecht tiene relación con los gobiernos de Fujimori, Alejandro Toledo, Alan García y Ollanta Humala. Ahora gobierna Pedro Pablo Kuczynski. Él tiene interés en que se sepa la verdad. Lo mismo se puede decir de República Dominicana y Argentina. Hubo cambios de gobierno y, por interés político o por lo que sea, esos nuevos gobiernos quieren que esa ropa asquerosa se lave en público.

En Ecuador el lapso que figura en la revelación que hizo el Departamento de Justicia de Estados Unidos, el 21 de diciembre pasado, va de 2007 a 2016. Pues bien: el gobierno involucrado es el de Rafael Correa. Es posible que esta empresa también haya sobornado altos funcionarios en otros gobiernos y eso se sabrá. Pero este escándalo corresponde al gobierno de Rafael Correa cuyo fiscal estrella, para administrar la opacidad, se llama Galo Chiriboga. Es imposible, en esas circunstancias, que este gobierno pueda investigarse: es protagonista del hecho y juez del mismo. Eso explica con creces por qué en Ecuador (y en Venezuela) el escándalo Odebrecht no ha producido consecuencias.

Eso explica por qué los ciudadanos tienen derecho a pensar que todo lo que hace el aparato del Estado (Ejecutivo, Fiscalía, maquinaria de propaganda…) está destinado a tapar, a engañar, a confundir. ¿Quién puede creer que Alexis Mera contrató un bufete de abogados en Brasil para tratar de saber la verdad para contársela al país, cuando ni siquiera dijo al país que iba a Brasil a contratar ese bufete de abogados? ¿Quién puede creer que Rafael Correa quiera saber la verdad y contársela al país cuando ha buscado chivos expiatorios para decir que no fue en su gobierno sino en el de los otros? ¿Quién puede creer que el Fiscal General esté investigando este caso cuando, en vez de hurgar entre los que contrataron las obras de Odebrecht aquí como lo están haciendo sus pares en otros países, se esconde tras una hojarasca de declaraciones y acuerdos que producirán resultados cuando los responsables de la corrupción hayan desaparecido?

¿Saben por qué todo esto ocurre? ¿Saben? Yo sí sé: porque el gobierno involucrado es el de Rafael Correa, familiar, cercano o lejano, qué importa, del Fiscal General y porque los dos (como toda la franja de corruptos del correísmo) tienen que ganar las elecciones para mitigar, en un futuro cercano, los efectos políticos y judiciales de estas fechorías.

Foto: Fiscalía General de la Nación 

Vea por qué Galo Chiriboga se lava las manos

en Caricaturas/El Humor por
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No es que Galo Chiriboga no vea ni oiga ni sepa:
No es que no haya Fiscal… Y que incluso sea, según su primo, un gran fiscal…
No es que no investigue… como lo deja suponer, alevosamente, el Contralor…
No es que quiera soslayar lo que hacen sus amigos de manos limpias y corazones ardientes…
No es nada de todo eso.
Su problema es más sencillo y Chamorro lo detectó:
Galo Chiriboga duerme cuando todos, incluso su doble yo, hacen de las suyas.

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La sopa que cocina Correa en el caso Odebrecht

en La Info por
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El caso Odebrecht ha detonado una característica del Presidente que es imposible soslayar: una velocidad inusitada para efectuar giros de 180 grados. Es posible que en ese ejercicio de volte-face Correa gane a Lucky Luke conocido por disparar más rápido que su sombra.

En segundos, el presidente aplicó a los otros lo que dijo no estar dispuesto a aceptar para él y su gobierno. En segundos, dio por cierta la veracidad de una lista. En segundos, quiso que diario Expreso violara su Ley de Comunicación, que administran rastreramente sus impresentables inquisidores. Todo esto para sacar partido político.

Apenas explotó el escándalo de Odebrecht, que reveló que esa empresa distribuyó 33,5 millones de dólares para sobornar funcionarios del correísmo, Correa y los suyos armaron una defensa basada en tres ejes: es un complot internacional contra el gobierno en plena campaña electoral. Dos: Alianza País nada tienen que ver. Es más: este gobierno expulsó esa compañía en 2007 (aunque enseguida volvió). Tres: las revelaciones tienen que ver exclusivamente con la Alcaldía de Quito, no con el gobierno. Para que el mensaje fuera más contundente, el Presidente y otras dependencias, como la Fiscalía, pidieron al Departamento de Justicia que revelara los nombres.

Con los días, Correa tomó conciencia de que las revelaciones podían ser ampliadas y que seguramente iban a salpicar al gobierno. Matizó, entonces, su línea de defensa: dijo que no estaban dispuestos a aceptar, “sin pruebas” lo que confiesen los funcionarios de Odebrecht que colaboran con la justicia de Brasil y de Estados Unidos. Y se quejó de que el período aludido (2007-2016) coincidiera con el de su gobierno, cuando Odebrecht está en el país desde los años ochenta.

El 17 de enero diario Expreso publicó una lista de 18 personajes supuestamente sobornados por Odebrecht a lo largo de siete gobiernos. En ese lapso, Odebrecht “ha manejado aquí operaciones –escribe Expreso– por, al menos, $5.135 millones” en contrataciones. Esos gobiernos son los de León Febres-Cordero, Sixto Durán-Ballén, Fabián Alarcón, Jamil Mahuad, Gustavo Noboa, Alfredo Palacio y Rafael Correa.
Expreso publicó la lista sin los nombres (usando únicamente los apodos o nombres en código) atendiendo el bodrio de Ley de Comunicación, hecho por el correísmo, que obliga a “verificar, contextualizar y contrastar” todo lo que publique. El asambleísta Christian Viteri, que acaba de desafiliarse del oficialismo, publicó la misma lista en su cuenta Twitter, con los nombres que originalmente aparecen. En ella figuran personajes importantes del socialcristianismo. Entre ellos, Heinz Moeller y Jaime Nebot.

¿Qué hizo Rafael Correa? Publicar cinco tuits en los cuales da la lista por cierta, dice que su autora es la secretaria de Odebrecht de 1987 a 1992 en Brasil y recuerda que, precisamente ese año, el gobierno de León Febres Cordero firmó trasvase Chongón-Santa Elena con Odebrecht. Correa colige que Expreso debió publicar los nombres y al no hacerlo buscaba ocultarlos. A sus seguidores pide completar esas pistas con nombres socialcristianos y los acusa de corruptos.

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Nadie en su sano juicio pondrá las manos al fuego por los socialcristianos ni por políticos de otros gobiernos que, eventualmente, aparezcan en otras listas de posibles sobornados por Odebrecht. Peor aún cuando se sabe que esa empresa tenía organizada estructuralmente la corrupción y contaba con un departamento y abogados especializados en comprar conciencias y repartir coimas. En este caso, la verdad surgirá de las confesiones de los arrepentidos o de los ejecutivos de Odebrecht que contarán a los jueces a quiénes dieron plata y por qué lo hicieron en cada caso. Por eso, son bienvenidas todas las listas y confesiones que contribuyan a saber lo que pasó desde 1987 que Odebrecht trabaja en en el país.

Correa no quiere esa transparencia y es por eso que apenas apareció la lista con nombres socialcristianos construyó un caso, desechando todo lo que había dicho días antes. Asumió la lista como verdadera, cuando había dicho que no aceptaría nada en ese caso proveniente de personas que delatan para arreglar su situación con la justicia y especialmente “sin pruebas”. Dicho de otra manera, las fuentes son buenas cuando acusan a los otros y desechables cuando lo hacen con su gobierno. Las pruebas son necesarias cuando se acusa a su gobierno, no cuando involucra a otros. Una acusación es un complot cuando se hace contra sus funcionarios; es un acto de transparencia cuando implica a funcionarios de gobiernos anteriores. Un medio debe “verificar, contextualizar y contrastar” cuando la corrupción afecta a su gobierno, pero debe absternerse de hacerlo cuando los corruptos son, por ejemplo, socialcristianos.

¡Qué volte-face la de Rafael Correa! Aquí importa menos (tras diez años de decir y desdecirse) este rasgo de ventajoso y caradura que añade al caso: importa el precedente que sobre este caso crea ante la opinión pública. Dar por cierto cualquier indicio que aparezca y sentenciar (y lo hace siendo Presidente de la República) antes de que juez alguno se haya pronunciado. Esa es la sopa que cocina Rafael Correa y que él tendrá que tomarse en este caso en el cual Odebrecht seguramente corrompió a muchos (de muchos partidos y gobiernos incluyendo el suyo) desde hace 30 años.

¿Qué dirá Correa si en la próxima lista aparece su nombre, Jorge Glas, Galo Chiriboga, Carlos Polit o Alexis Mera? Tendrá que recordar lo que acaba de hacer y pedir al impresentable Carlos Ochoa abstenerse de perseguir al medio que la publique. Es el costo de la pedagogía tenebrosa (mentir y acomodar las verdades) que ha instaurado desde la presidencia de la República.

Foto: Presidencia de la República

La corrupción excusa al corrupto

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El pedófilo culpa al niño de extraer su perversión. El violador acusa a la mujer de faldas cortas que provoca la agresión. El asesino en serie culpa a los juegos de video que estimulan su maldad. El ladrón de dinero público acusa al contratista malo de tentar sus manos limpias y su corazón ardiente.

No es culpable el que comete la agresión, el latrocinio, el atentado. Es culpable el otro, el tercero, el de fuera. En su obsesión por negarse a enfrentar la responsabilidad, en su afán de pasar por pulcro cuando nada en estiércol, la torcedura moral del robo se hace más sombría por la torcedura mental de negarlo o taparlo fraguando una realidad exculpatoria.

Allá en una refinería sobrepreciada, al inaugurar la corrupta repotenciación, se hicieron actos de reconocimiento y apología al patriotismo de los corruptos. Alguno ha sido confinado, acusado para silenciarlo. El más rechoncho, anticipado, se fugó. Y para evitar que la investigación suba de grado, allí surge la corrupta propaganda para hacer lo que el pedófilo, lo que el violador, lo que el asesino: señalar como culpable al abogado, al que armaba las sociedades.

Ese es, grita los sábados, el capo de todos los capos. ¿Quién? El Abogado, pues. ¿El autorizó los contratos? No. ¿Él pagó la coima? No. Será un cómplice coadyuvante como máximo, supongo. Pero hace falta mucha mente prostituida para concebir una excusa tan cínica. No es culpable el ministro, el gerente u otro de los funcionarios designados por quien controla todos los resortes del poder. Es culpable el abogado que, en coincidencia, resulta ser de esos personajes que como la mosca (no importa ideología o circunstancia) encuentra la boñiga donde pararse.

Esa es la misma lógica del fiscal que, con rostro risueño de quien debió estar dormido luego de opíparo almuerzo de carnes y vinos, nos recordó la rastrera obsecuencia con la afirmación: “ya sabemos que el culpable es Oderbrecht”. Ya no hace falta ubicar los nombres del o los cajeros. Ya no hace falta investigar a quién los cajeros entregaron las coimas. Ya no hace falta saber cuánto más se embolsicaron los bolsillos ardientes. Ya no hace falta, por que el culpable es el “otro”.

No puedo dejar de pensar que debe haber mucha influencia parental en la estructura ética, en los conceptos morales de quienes tienen el poder total en sus manos. O es probable que tanto poder, tanto dinero, les torció el alma, así como partes del físico. Me inclino por lo primero.

Para tapar la corrupción vale usar otro acto de corrupción. Primero se roban y luego lo encubren con armas publicitarias impúdicas. Lo íntegro habría sido, para espantar sospechas, para moralizar, para preservar el nombre y la honra, que se publique toda la información, venga de donde venga para que salten los responsables. Y si por eso se pierde una elección, bueno, que así sea. Salvo que haya culpas que tapar. Las dudas aparecen y se vuelven certezas sobre este intento de desviar el foco de la investigación hacia terceros: es para impedir llegar a otros responsables, más poderosos.

No van a poder tapar el sol con un dedo. O impedir que fluya la información del Departamento de Justicia. Ya ha aparecido literatura diplomática que eventualmente implican a la hermana. El exceso de poder les volvió descuidados en proteger los rastros. La certeza de impunidad les hizo confiados en que esto quedaría sepultado por la connivencia de funcionarios de control y fiscales alineados. Queda la esperanza de que se incremente el número de electores que saben que la corrupción corroe la credibilidad de los candidatos gobiernistas, así como la de su tutor; lo que permitirá cambios políticos que nos lleven a la mayor campaña moralizadora de las que podamos tener memoria para refundir a quienes se levantaron de la modestia económica a punta de coima y corrupción. Para sepultarlos políticamente y para que así no tengan el valor de amenazar con su retorno.

No solo creen en la reencarnación; la practican

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Hay cosas que solo un espíritu perspicaz como el de Chamorro puede captar… Por ejemplo que la reencarnación no es un invento de la prensa corrugta…

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