Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

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Mauricio Rodas sobrevive de traición en traición

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Guillermo Lasso no puede reclamar: en Quito, antes de su alianza con Mauricio Rodas, algunos de sus amigos le dijeron, parafraseando a García Márquez, que aquello era la crónica de una traición anunciada. De una u otra forma le contaron que Rodas, como escribió Jorge Luis Borges, es “varón inaccesible al honor”.

Ahora Lasso sabe de qué se trata. Ha dado por terminada una alianza que Rodas irrespetó desde hace tiempo. Sus asambleístas votaron con el gobierno la Ley sobre los Paraísos Fiscales que Rafael Correa confeccionó sobre medidas contra Lasso. Guillermo Celi, el hombre que no se bajó de la camioneta de Lasso durante la campaña dijo, en guisa de explicación, que era un mandato popular. Celi, que ahora es asambleísta de SUMA, no teme confesar que sus convicciones –que lo llevaron a hacer campaña contra esa consulta– se diluyen apenas aparece la mínima  sospecha de un pírrico beneficio político. Creer, por ejemplo, que esa Ley, que prohíbe ejercer cargos públicos a dignatarios de elección popular y a funcionarios que tengan bienes en paraísos fiscales, saca a Lasso de la carrera presidencial en 2021.

Lasso no puede reclamar. Sus cuadros políticos en Quito le explicaron quiénes son, en política, Rodas y sus amigos. Él sabe, además, que la alianza con Rodas se concretó después de que el alcalde de Quito traicionara el acuerdo que hizo, en febrero de 2015, con Paul Carrasco y Jaime Nebot en Cuenca. Ese volte face de Rodas, más que un aporte político, sirvió a Lasso mediáticamente: le ayudó a probar que la alianza Carrasco-Nebot-Nebot era una ficción política construida por el alcalde de Guayaquil para debilitarlo y a generar la certeza en el electorado, de que él era, en el centro derecha, el candidato con mayor opción ganadora.
Puertas adentro, Lasso y sus amigos hicieron cuentas alegres que no compartieron sus cuadros en Quito. Uno: que Rodas les aportaba votos en provincias donde las seccionales de 2103 dieron a SUMA alcaldías y concejales. Dos: que en Quito  aumentaba, en forma significativa, el alto caudal de votos que los sondeos otorgaban -sobre todo antes de la candidatura de Paco Moncayo- a Guillermo Lasso. César Monge, presidente nacional de CREO, y el mismo Lasso, no solo se jugaron por esa alianza: otorgaron puestos estelares a militantes de SUMA en las listas para la Asamblea. E incluso admitieron responsables del partido de Rodas, como Jacobo Sanmiguel en Tungurahua, que resultaron inmersos en investigaciones por presuntos delitos.

Fuera del golpe mediático, CREO nunca explicó por qué se unió a un rótulo que no tiene siquiera un derrotero ideológico y político conocidos. No dijo qué sustentaba esa alianza con Mauricio Rodas, un político hecho en olla a presión cuya máximo acierto es haber estado en el sitio preciso en el momento indicado cuando, hastiados del correísmo, los quiteños decidieron castigar a Augusto Barrera. En el entorno de CREO se conocía, además, el malestar de Lasso ante el escándalo que representó que el principal asesor estratégico de Rodas, Mauro Terán, terminara preso. La inviabilidad de la alianza se hizo evidente en la Asamblea Nacional: SUMA no asistía a las reuniones de bloque con CREO y se limitó a enviar un delegado. El anuncio de la ruptura solo necesitaba una oportunidad.

Lo que nadie niega es que Rodas tiene buena vista: siempre acierta a ubicar los árboles con mayor follaje para guarecerse. Nebot lo era antes de que creciera la candidatura de Lasso. Lasso lo fue cuando los sondeos mostraron irremediablemente que su candidatura estaba por encima de la de Cynthia Viteri. Ahora el factor poder se llama Lenín Moreno. Rodas vota con el nuevo gobierno, contra Lasso, porque tiene un sentido tan cínico como innato de la sobrevivencia política. El alcalde siente que la Fiscalía General de la Nación le respira en la nuca. Gerentes y ejecutivos de la Alcaldía de Quito han sido interrogados, durante largas horas, sobre el contrato del metro con Odebrecht. Esa investigación no para y la Fiscalía sabe incluso que, recién elegido, Rodas viajó a Brasil con gastos pagados por Odebrecht.

Otra investigación, la de la Solución Vial Guayasamín, también atenaza a Rodas. Él debe a la Capital muchas explicaciones sobre el contrato hecho con los chinos. Las condiciones son tan turbias, la opacidad es tan grande, que muestran que, en política, Rodas aprendió rápido las peores prácticas con los socialcristianos que lo rodean. Ante ese panorama, algunos oficialistas del Concejo Municipal juraban que su retiro de la Alcaldía se daría hasta fin de año. Pero Lenín Moreno lo necesitaba para mostrar su apertura al diálogo y lo conectó a sus botellas de oxígeno. Conclusión: lo resucitó ante el desconcierto de los concejales del oficialismo en Quito. Y Rodas respondió en la forma que suele hacerlo: traicionó a Lasso y ofreció los votos de los asambleístas de SUMA en la Asamblea.

Así Nebot, Lasso y ahora Moreno… han resultado funcionales a la carrera de Mauricio Rodas que, sin programa ni convicciones, sobrevive de traición en traición. Un varón, decía Borges, inaccesible al honor.

Mauricio Rodas sobrevive a costa de Quito

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La reciente campaña presidencial develó la realidad de la política en Quito: una orfandad nunca vista. Quito sigue sin figuras ni partidos que barajen un proyecto contemporáneo de ciudad y que piensen en el rol que puede jugar la capital en el panorama nacional.

Quito, con la elección de Augusto Barrera se alineó en el proyecto de Alianza País y eso, al margen de la calidad de gestión de Barrera, ocasionó el triunfo de Mauricio Rodas. Con él, en cambio, Quito pasó a ser una ciudad a la deriva que todavía hoy espera el gran proyecto que merece y necesita la capital. Rodas, hasta antes de tener líos con la detención de su asesor, Mauro Terán, y otorgando la razón a Jaime Durán, quien dijo que no conocía Quito, buscó desesperadamente un norte. Creyó hallarlo con la Solución Vial Guayasamín: de ahí la improvisación, los baches y remiendos de ese proyecto, las mentiras de Rodas sobre los estudios (mostró un cerro de cajas sin información alguna) y ese contrato público-privado firmado con los chinos, a espaldas de la más mínima transparencia. Copiando lo peor que ha hecho el correísmo en contratación pública.

Guillermo Lasso, que conoce poco lo que ocurre en Quito, se compró el problema-Rodas. 4Pelagatos dijo en diciembre del año pasado lo que significaba hacer una alianza con un partido, SUMA, que ya había inducido en 2013 el retiro de la candidatura de Juan Carlos Solines y había favorecido la elección de Rodas. Lasso se jugó por los resultados nacionales trepado en una tesis peregrina: Rodas tiene presencia en Manabí y otras provincias. César Monge defendió, al parecer, puertas adentro, esa percepción de que Rodas tenía una implantación regional que sumaría, en forma decisiva, en los resultados nacionales. Eso es Rodas: un bluff político; un hombre que no tiene ni siquiera un programa de partido. Lasso salió birlado y entregó, en los hechos, 14 asambleístas a un hombre que, salvo algunos intercambiadores, se extasía hablando en las radios quiteñas de sus pequeñas obras, porque no tiene un proyecto de ciudad para Quito.

Quito no solo carece del Alcalde que se merece: tiene un funcionario ineficiente e investigado que puede sobrevivir políticamente gracias a votos que puede negociar en la Asamblea con Lenín Moreno. Ese es un temor real que abriga la bancada de Alianza País en el municipio. Se sabe que Moreno no se conforma con tener 75 votos en la Asamblea y que desea ensanchar esa mayoría.

Rodas sabe, a su vez, que algunos de sus actos ya están siendo investigados en la Fiscalía. Es verdad que esa judicialización lleva tiempo pero ha creado zozobra en su administración: ya hay funcionarios que han sido llamados a declarar durante horas en la Fiscalía y ese ejercicio -dramático para algunos- no se va a detener. Salvo si hay este acuerdo con el gobierno y a los concejales de Quito les piden mirar para otro lado. “Una cosa es la Asamblea y otra el Municipio”: lo dice uno de ellos como si se tratara de conjurar lo que teme que se viene. Él apuesta a otra cosa: cree que entre la judicialización que el propio Rodas pidió y su obligación de entregar información, estará en graves problemas de aquí a julio. Si no se cumple ese plazo, dice, el Alcalde se salvará porque luego viene fin de año y el año entrante no le convendría a Alianza País mover el piso a Rodas. “Es año electoral y de seguro él se victimizaría. Eso no nos conviene”.

En conclusión, Rodas tiene algunas cartas a su favor que podría jugar para sobrevivir políticamente y congelar algunas de las carpetas que investiga la Fiscalía. Que sobreviva él, puede ser su programa. ¿Y Quito? Pues con estos 14 asambleístas, Lasso contribuyó a que el futuro de la Capital quede hipotecado a las componendas de un Alcalde prisionero de sus propios errores y deficiencias.

En definitiva, el juego presidencial dejó mejor parado a Rodas y oxigenó a Alianza País por dos motivos: tiene ante sí un alcalde debilitado que puede perder, en cualquier momento, la mayoría del concejo, y tiene un cuadro, como Augusto Barrera, que no descarta volver al cargo. Pero este juego presidencial delató sobre todo la penuria política de Quito que hace que su futuro se juegue en mesas ajenas en las cuales pesan otros intereses; no los de la capital. Queda por ver si la campaña del 2019 cambia ese panorama.

Foto: Ecuavisa

Daniela Chacón: Rodas rompió su principal promesa de campaña

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Mauricio Rodas se acaba de quedar sin vicealcaldesa. Por medio de una carta que subió hoy a las redes sociales, Daniela Chacón hizo pública su decisión de renunciar a ese cargo debido a sus diferencias irreconciliables con el alcalde. En las últimas semanas, Chacón encabezó la oposición al proyecto vial Guayasamín, que considera lesivo para la ciudad y al que critica por su falta de transparencia. Su renuncia, sin embargo, alude una razón más de fondo: la reproducción, por parte de Mauricio Rodas y su equipo, de conductas políticas irresponsables que ella identifica como propias del correísmo: la opacidad de los procesos de contratación, la deslegitimación de la crítica, la improvisación, la política basada en encuestas y no en el bien común… A continuación, la carta pública de la ex vicealcaldesa:

«En días anteriores, haciendo eco de varias voces ciudadanas, manifestamos nuestros cuestionamientos de fondo a la obra Solución Vial Guayasamín. Ha sido gracias a estas acciones ciudadanas y a nuestro cuestionamiento frontal que la Alcaldía de Quito ha propuesto modificar el proyecto eliminando el paso elevado por la Diego de Almagro, mejorando el diseño de la Plaza Argentina y proponiendo incorporar servicios de transporte público.

»Si bien estos cambios eran necesarios, no resuelven los cuestionamientos de fondo. En primer lugar, aún no se entregan los diseños definitivos de estos cambios y por tanto no se conoce cuánto más costará la obra.

»En segundo lugar, se mantiene la intención de hacer una obra que promoverá el ingreso de más vehículos a una zona ya congestionada en lugar de plantear soluciones sostenibles y de largo plazo.

»Y en tercer lugar, la Alcaldía aún no se ha pronunciado sobre la necesaria renegociación del contrato con la empresa china CRBC para mejorar las condiciones para la ciudad. Se debe eliminar la cláusula que pone un candado de 30 años para realizar obras de acceso similares en el centro norte de la ciudad. No podemos entregar la planificación futura de la ciudad a los intereses de una empresa china.

»Se debe clarificar quién asumirá el riesgo de los cambios a la obra y los costos adicionales para que la ciudad no termine pagando más. Se debe cambiar el porcentaje de asignación de los recursos del peaje para que la ciudad se beneficie verdaderamente y no se pacten condiciones financieras solo en función de la rentabilidad de una empresa china. Finalmente, se debe establecer claramente qué sucederá con el barrio Bolaños y cómo se respetará sus formas de vida y derechos de propiedad.

»Lamentablemente, estos cuestionamientos no han sido respondidos a cabalidad, incumpliendo la que yo considero fue nuestra más importante promesa a los quiteños: hacer una nueva política transparente, responsable y democrática.

»En el 2014 recibimos de los quiteños un mandato claro: demostrar que es posible hacer política de manera distinta. Esta nueva política que muchos soñamos requiere de una visión clara para Quito. Requiere tomar decisiones difíciles que no respondan a las encuestas sino al bien común, con una adecuada planificación y sin improvisación. Utilizando procesos transparentes y responsables de contratación sin replicar fórmulas del correísmo que permiten contrataciones directas, obviando principios básicos de la contratación pública. Sin replicar la deslegitimación de la crítica y el enfrentamiento entre ciudadanos.

»Una nueva política que esté obligada a escuchar al ciudadano y responder a sus demandas y no simular diálogos para legitimar decisiones ya tomadas. Necesitamos una ciudad verdaderamente participativa y transparente, sin temor a entregar la información, sin esconder nada y abriendo los debates que importan a la ciudad.

»Una política de posturas firmes y claras pero sin insultos, sin peleas absurdas que no resuelven los problemas del ciudadano. Una política que no tenga miedo a llamar a las cosas como son.

»En este sentido, y para ser coherente con mis principios, he tenido que tomar una decisión difícil pero necesaria. No considero ético mantener un cargo cuando hay diferencias de fondo con la política local y es por ello que he puesto a disposición del Alcalde y del Concejo Metropolitano mi cargo como Vicealcaldesa del Distrito Metropolitano de Quito.

»Continuaré trabajando para la ciudad como Concejal independiente, ejerciendo el cargo para el que fui electa, respondiendo a mis verdaderos mandantes que son los quiteños.

»Quiero agradecer al Alcalde, a todo su equipo y a SUMA por auspiciar mi candidatura y al Concejo Metropolitano por designarme Vicealcaldesa. Ha sido un honor ejercer este cargo y lo he hecho con entrega, pasión y responsabilidad. Siempre apoyaré todas las iniciativas que vayan en función de este sueño y no me prestaré para que mi voto se convierta en moneda de cambio.

»Finalmente, como Concejal de Quito, continuaré trabajando por una ciudad donde los quiteños seamos escuchados y nuestras voces incidan en la toma de decisiones. Por una ciudad donde las mujeres, niñas y adolescentes podamos caminar seguras y tranquilas, libres de acoso sexual en las calles y buses. Por un Quito con identidad donde todos colaboremos para mejorar nuestras condiciones de vida, nuestra movilidad y nuestro ambiente. Que los quiteños queramos vivir aquí y no que tengamos que vivir aquí. Estoy convencida que podemos cumplir este sueño y también sé que para mí ello implica hacerlo desde un espacio independiente que me permita canalizar la voz de muchos quiteños que comparten este sueño de ciudad.»

Es oficial: Mauricio Rodas toma a los quiteños por imbéciles

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El alcalde de Quito se demoró cinco meses en entregar información sobre el proyecto vial Guayasamín. Cuando por fin lo hizo (o supuestamente lo hizo, el jueves pasado ante el Concejo Metropolitano), esa información dejó de ser relevante. ¿Por qué? Porque al mismo tiempo modificó el proyecto. Tanto lo modificó que ahora es necesario hacerlo todo de nuevo. El presupuesto, los análisis financieros, las proyecciones de tráfico (si las hubo), los estudios de impacto ambiental (si alguno se hizo)… Todo eso hay que repetirlo. Y diseñar una serie de obras adicionales que requieren sus propios estudios y sus propios análisis financieros. En consecuencia, hay que renegociar el contrato con la China Road and Bridge Corporation, cuyo compromiso con la ciudad es para construir algo muy distinto de lo que ahora se pretende construir. ¿O no? Mauricio Rodas actúa como que no. Él quiere que la ciudad piense que todo sigue igual, solo que “optimizado”.

Esto es lo que el alcalde hizo ante el Concejo a través de sus asesores y sus secretarios municipales: primero presentó los estudios técnicos y financieros que debió presentar hace cinco meses cuando se aprobó el proyecto; a minuto seguido, presentó los cambios en el proyecto que vuelven obsoletos esos estudios. ¿No es una burla?

La buena noticia: el Municipio se echó para atrás en su ofensivo despropósito de construir en media ciudad un mega viaducto de concreto sin lugar para el transporte masivo, sin respeto por la gente y el espacio público, sin sombra de criterios urbanísticos y conceptos de ciudad contemporánea.

El nuevo proyecto vial Guayasamín elimina el paso elevado sobre la plaza Argentina y, según informó al Concejo el secretario de Movilidad, Darío Tapia, añade las obras siguientes: un corredor para transporte público entre las parroquias de El Quinche, Yaruquí, Pifo, Puembo, Tumbaco y Cumbayá; una terminal de transferencia en Cumbayá; un corredor para buses articulados o biarticulados entre Cumbayá y la plaza Argentina; una serie de paradas especiales para esos buses a lo largo del trayecto; una gran estación subterránea en el subsuelo de la Plaza Argentina, con dos bahías de estacionamiento de 180 metros de largo cada una, lo suficientemente grande como para abastecer los 40 mil viajes diarios que en la actualidad se hacen entre Quito y Tumbaco y aun para crecer, en el futuro, hasta 100 mil viajes diarios según Tapia; ascensores, rampas, escaleras eléctricas y servicios propios de una estación de tales dimensiones; conexiones con las estaciones de metro de La Carolina y, en la superficie, un gran espacio arbolado con circuitos peatonales, un parque de esculturas, una plaza elevada y una estación para bicicletas de uso público.

La mala noticia: de todo eso lo único que hay es una vistosa colección de renders, es decir, de representaciones digitales de lo que se hará, llegado el caso. Y esos renders sólo muestran lo bonita que va a quedar la plaza Argentina. En cuando al resto, nadie ha visto nada. Lo único que se sabe a ciencia cierta con respecto a todas esas maravillas es que ninguna consta en el contrato con los chinos. Lo demás sólo son preguntas sin respuesta. Por decenas.

¿Cómo será el terminal de transferencia de Cumbayá? ¿En qué terreno se construirá? ¿Será necesario hacer expropiaciones? ¿Se han estudiado los flujos de transporte, las frecuencias, los destinos? ¿Cuánto costará todo eso? ¿Lo pagará el Municipio o lo pagarán los chinos?

¿Cuántas unidades de buses articulados o biarticulados se adquirirán para la ruta Cumbayá-plaza Argentina? ¿Cuántas paradas se construirán? ¿En dónde? ¿Quién hará los estudios técnicos para determinarlo? ¿Cuánto costará todo eso? ¿Lo pagará el Municipio o lo pagarán los chinos?

¿Cómo serán las anunciadas conexiones para transporte público entre la plaza Argentina y las estaciones de metro? ¿Midieron ya el impacto en el tráfico que implica llevar buses interparroquiales hasta República y Eloy Alfaro? ¿Ya diseñaron la estación de transferencia que servirá para este propósito y que, obviamente, no estaba contemplada en el plano original de la estación del metro La Carolina? ¿Dónde la construirán? ¿Se seguirán comiendo el parque? ¿Cuánto costará todo eso? ¿Lo pagará el Municipio o lo pagarán los chinos?

¿Y qué ocurre con la tan cacareada interconectividad  entre el sistema de buses parroquiales y la Ecovia (esa colección de latas de sardina que echan humo negro y que habría que empezar a llamar de otra manera)? ¿Está el sistema de buses de la 6 de Diciembre preparado para absorber ese nuevo flujo de pasajeros o requiere una actualización? De requerirla ¿cuánto costará? ¿Lo pagará el Municipio o lo pagarán los chinos?

El hecho de reservar un carril exclusivo de la vía para buses, ¿en qué medida cambia las estimaciones del flujo vehicular proyectado? Si en el proyecto original la ruta se saturaría en cinco años según los propios estudios de prefactibilidad de los chinos, ¿cuánto durará si añadimos 40 mil viajes diarios de transporte público? ¿Cómo afectan estos cambios a la recaudación de peajes? La recaudación disminuirá, sin duda. Ese costo ¿lo pagará el Municipio o lo pagarán los chinos?

No hay respuestas para estas preguntas. Y no las hay por una simple razón: este segundo proyecto vial Guayasamín, lo mismo que el primero, carece de estudios técnicos que lo sustenten. Sus simulaciones están basadas sobre el tráfico actual, no se han hecho cálculos de proyección del tráfico para los próximos años. No se ha estudiado los flujos y frecuencias en el uso de transporte público para determinar, por ejemplo, el número y la ubicación de las paradas. No se han diseñado todavía las paradas, las estaciones de transferencia, los corredores exclusivos. Como nada de eso se ha hecho, no se ha podido calcular los costos de la nueva infraestructura. Sin embargo el contrato, se supone, está firmado y las obras en marcha.

Más aún: el alcalde Mauricio Rodas –y esto es irritante porque demuestra hasta qué punto llega su menosprecio por la inteligencia de los quiteños y su falta de respeto por la esfera pública– pretende hacernos creer que, tras esta radical reingeniería, el proyecto terminará costando… ¡lo mismo que antes! Y que los chinos se harán cargo de todo sin decir ni pío. Nomás hay que seguir construyendo y todo se resolverá en su momento.

¿Por qué hace todo esto el alcalde Rodas? Porque puede. Así de simple. Es lo más intolerable de esta historia: Mauricio Rodas se permite semejante nivel de irrespeto a la ciudad porque la correísta Ley de Empresas Públicas se lo permite. En eso consistió la primera parte de la presentación del jueves ante el Concejo Metropolitano: un asesor jurídico explicó sin sonrojarse la inapreciable ventaja que ofrece la ley vigente, a saber: permite pasarse por el forro los más elementales principios de ética pública. No lo dijo con esas palabras, por supuesto, pero ése fue el eje de su intervención: contratación a dedo; posibilidad de elegir un proyecto sin necesidad de analizar alternativas; posibilidad de poner la ciudad patas arriba sin que el Concejo tenga que enterarse siquiera; permiso para acometer megaobras sin contar con los estudios correspondientes; cláusula de confidencialidad para proteger a la contratista en perjuicio de la ciudad; posibilidad de hacer ajustes al diseño del proyecto (como los que se está haciendo) sin tener que dar explicaciones… En fin, ¿puede alguien imaginar una ley más generosa… con los chinos y sus asociados?

En medio del más sospechoso secretismo, el alcalde Mauricio Rodas y su gerente de Obras Públicas, Alejandro Larrea, que prefirió no dar la cara ante el Concejo, trataron de ejecutar un millonario proyecto, tan irresponsable con la ciudad que ningún urbanista con dos dedos de frente lo respaldó. Se sirvieron de las peores prácticas del correísmo: la contramanifestación pagada; la falsa “socialización”; la propaganda como estrategia de convencimiento; la descalificación de los críticos bajo la acusación de que boicotean el progreso; la división de las organizaciones barriales (como en el barrio Bolaños, cuyos habitantes siguen sin saber qué va a ocurrir con ellos); la populista sinrazón de la mayoría, con el argumento de que un proyecto es bueno porque las encuestas lo aprueban; la simplificación del debate público a su expresión más palurda: construir obras vs “quejarse de todo”. En fin: la miseria de la política.

Pero la ciudad los detuvo. Pequeños grupos de ciudadanos organizados, la opinión pública activa en las redes y en los debates abiertos, un puñado de expertos y profesionales con vocación por lo público consiguieron impedir el atropello que Rodas estaba dispuesto a perpetrar. Y lo obligaron a cambiar el proyecto. A retroceder. Sin embargo, en vez de pedir disculpas y asumir lecciones, el alcalde vuelve al mismo esquema del principio: la misma opacidad, la misma falta de estudios, el mismo desprecio por la ética pública, las mismas cláusulas lesivas a los intereses de la ciudad, como aquella que impide por 30 años construir nuevas soluciones de movilidad entre Quito y el valle so pena de tener que indemnizar a los chinos ¡por lucro cesante! En fin, el mismo irrespeto de los últimos cinco meses. Todo lo mismo pero con un empaque “optimizado”. Mauricio Rodas no aprendió nada. Ya no sorprende.

Errores viales y economías urbanas

en Columnistas/Las Ideas por

El anuncio del Municipio de Quito de que se modificaría el diseño original del intercambiador de la Plaza Argentina, parte de su “solución vial” Guayasamín es agridulce. El problema de fondo no era la forma del intercambiador o el nivel de las plataformas. Había tres elementos esenciales de preocupación: en primer lugar el incremento del volumen de tráfico en calles saturadas, en segundo el desplazamiento de los vecinos del Barrio Bolaños y, por último, la falta de transparencia del proceso, a pesar de su legalidad aparente.

Por primera vez, urbanistas de todas las vertientes políticas y técnicas estuvieron de acuerdo: la “solución vial” pone a la ciudad en desventaja frente al camino trazado por urbes competitivas y sostenibles. La mayoría de los argumentos se originaron en espacios ideológicos que enfrentan dos modelos opuestos de ciudad. El primero es el de una ciudad dispersa y orientada hacia el automóvil que, discursos aparte, es el que se obtiene con obras como la “solución vial” Guayasamín, con la reubicación forzosa de asentamientos y con instrumentos normativos como el Plan de Uso y Ocupación del Suelo que permite la urbanización de zonas rurales. El segundo modelo es el de una ciudad caminable y compacta, que se construye desde las redes peatonales y los espacios públicos, inclusiva y con un tejido económico enfocado en las necesidades de más del 70% de ciudadanos que no usan el automóvil para movilizarse.

Mi fundamento para preferir el segundo modelo es más racional, basado en el sentido económico que tiene el buen urbanismo. El think tank Sustainable Prosperity realizó un estudio que determina la diferencia en el costo anual de proveer servicios (educativos, de seguridad, eléctrico y de agua potable, etc.) entre los núcleos urbanos donde el costo promedio por familia es $1.416 y los suburbios dispersos donde es $3.462.

Hay varios costos adicionales que están escondidos. Cada viaje en automóvil empieza y termina en un lugar de estacionamiento. Los estacionamientos al borde de calle son parte del espacio público y por lo tanto un bien raíz perteneciente al Municipio. En zonas donde el metro cuadrado se vende en $3.000, regalar parqueo o cobrar cuarenta centavos representa una subvención a los conductores. La recaudación por este rubro es en algunas ciudades la segunda fuente de ingreso. Quito está perdiendo una oportunidad al tiempo que esconde el costo real de conducir y motiva a que, por el bajo precio, suba la demanda.

El facilismo y la falta de creatividad que arrastra un municipio enfocado en la construcción de obras impide la generación de soluciones alternativas que incentiven a un segmento de conductores a dejar sus vehículos. El destino del presupuesto de la empresa de obras públicas para acomodar a menos del 30% de población que realiza sus viajes en vehículos privados responde a creencias muy poco fundamentadas. La decisión que hoy nos ocupa no es técnica sino estadística: un 68% de quiteños piensa que los pasos a desnivel resuelven el tráfico, aunque la evidencia apunte masivamente en contra.

El modelo de ciudad que se consagra no tiene sentido económico, obliga a la municipalidad a incurrir en gastos cada vez mayores que no resuelven problemas sino que los difieren e incrementan. Se reduce así la posibilidad de un cambio de paradigma. Las obras de infraestructura inciden, igualmente, en la precarización de la economía que representa la expropiación de terrenos.

El barrio Bolaños es legal. Sus habitantes poseen escrituras. Su espacio vital es una ladera escarpada, las edificaciones son precarias y están en una zona calificada como riesgosa para el asentamiento humano pero no obstante las alertas, los propietarios de esos terrenos son sujetos de derechos de propiedad. Lo son tanto como el dueño de un penthouse en la González Suárez o de una casa en Cumbayá. La vulneración de derechos de propiedad constituye una alarma para todos los propietarios de inmuebles en el Distrito. Con este antecedente, el Municipio podría, de surgir la necesidad, tomar la propiedad de cualquier ciudadano al igual que ahora se pretende en Bolaños.

En tercer lugar está el proceso contractual, amparado en instrumentos normativos desarrollados por el correísmo para agilizar la ejecución de obras dentro de un entorno engorroso y burocratizado. A pesar de la aparente legalidad del proceso, existe preocupación por la decisión de contratar con CRBC, empresa china cuestionada por el Banco Mundial y con varios casos de incumplimiento reportados a nivel mundial. Preocupan asimismo cláusulas contractuales como aquella que inhibe a la municipalidad de emprender soluciones adicionales para la congestión, a riesgo de provocar una lesiva terminación del contrato. A pesar de los sendos intentos por interpretar esta cláusula, no es a la ciudadanía a quien deben convencerle de su inocuidad sino a los abogados de la contraparte en caso de controversia. Buena suerte.

El rol de las empresas públicas en la distorsión de la economía urbana, especialmente de aquellas con tamaño, presupuesto y alcance suficientes para influenciar la toma de decisiones desde posturas alejadas de lo técnico y financiero es un factor que requiere de profundo análisis. En el caso de la “solución vial” Guayasamín, las propuestas que incorporan transporte público denotan un desconocimiento de las dinámicas urbanas alrededor de terminales de transporte. El impacto que la ignorancia u omisión de una entidad pública puede generar sobre el valor de propiedades, sobre la economía, la salud pública, la seguridad ciudadana y la inclusión social es enorme y debe valorarse.

En definitiva, el urbanismo debe ser consecuente con la economía, a riesgo de devenir en proclamas irreales y proyectos truncos. Los manifiestos ideológicos que pretenden imponer modelos de ciudad por la fuerza a segmentos de la población que no los comparten están limitados por el tamaño de la economía local. Ante las exigencias de los segmentos subvencionados que pretenden ahondar las distorsiones se impone una economía donde las decisiones tales como utilizar sus automóviles sean tomadas de manera racional y basadas en el costo de oportunidad. De igual modo están circunscritos al tamaño de la economía local los grandes planes elaborados por instancias municipales. Las empresas públicas y secretarías deberían evitar tomar decisiones que distorsionen la economía, a riesgo de beneficiar excesivamente a ciertos grupos en detrimento de otros. Por sus obras, la percepción que tenemos de ellas es que están poco calificadas para procesar la complejidad de las problemáticas urbanas y la importancia de los derechos individuales y la propiedad privada.

Las discusiones urbanas están actualmente guiadas por consideraciones ideológicas que pasan por alto aspectos reales y tangibles como la correspondencia entre la complejidad y escala de la economía y su manifestación en el territorio en forma de calles, plazas, equipamiento cultural, deportivo y cívico, espacios verdes, servicios públicos o gestión de desechos. El fundamento para un modelo de ciudad compacta, densa, caminable y de uso mixto está en el sentido económico de adoptarlo. Y esa es una discusión que aquí todavía no empieza.

Señor alcalde, usted lleva Quito al pasado

en La Info por

Señor alcalde:

Cuatro meses han pasado desde que usted y Alejandro Larrea, gerente de la EPMMOP, inauguraron las obras de la vía Guayasamín. Cuatro meses desde el día en que los quiteños se enteraron de que usted había tomado una decisión tan crucial sin que la opinión pública pudiera evaluarla siquiera. En cuatro meses usted ha hecho maravillas: adjudicó un contrato a dedo; ocultó información de interés público; consintió que la EPMMOP se convierta en una república independiente que no rinde cuentas a nadie… En una palabra: usted probó, con un contrato tan grande, que su alcaldía es opaca. Y, de paso, puso bajo sospecha todo lo que ha hecho en dos años de administración municipal.

Usted llegó a la alcaldía con la promesa de campaña de hacer una nueva política. ¿Es nueva política servirse del peor de los modelos correístas de contratación, ése de las alianzas público-privadas? ¿Es nueva política desechar un proceso de licitación en que las propuestas giraban en torno a los 70 millones de dólares para contratar a los chinos a dedo por 131 millones? ¿Es nueva política chantajear a la opinión pública haciendo creer que los críticos de ese contrato no quieren soluciones reales al problema vial y de movilidad en Quito? ¿Es nueva política aparentar transparencia con un arrume de cajas llenas de papeles viejos?

Usted tiene 41 años y se vendió como el rostro nuevo de la política ecuatoriana. Y sí: la política ecuatoriana necesita nuevos rostros, pero con nuevas ideas y con prácticas que no riñan con la ética. ¿Calza usted ahí, señor alcalde? ¿Por qué usted no ha dado la cara? ¿Por qué usted evade los debates con expertos y envía a subalternos que dicen generalidades?

¿Es ese el perfil de nuevo político que usted propone? Veámoslo: usted firma un contrato sin contárselo a nadie. Luego se sorprende de que le hagan preguntas por el contenido de lo firmado. Se escuda en un modelo de contratación que le permite ser opaco. Denigra a quienes lo critican: los acusa de oponerse a que Quito avance. Admite dialogar, siempre y cuando sea para mejorar lo que ya firmó. Mientras tanto, la obra sigue adelante. Y sigue adelante por una sola razón: el contrato ya está firmado. ¿No está haciendo usted lo mismo con las canchas sintéticas que su alcaldía está construyendo en los barrios? ¡Cómo se parece todo esto a lo que se hacía en el pasado y se sigue haciendo con el correísmo! La única diferencia es que ahora lo hace usted. Con su rostro nuevo de 41 años y su sonrisa Colgate.

Si esa es la nueva política que propone para reemplazar al correísmo, hay que aceptar que usted logra una doble proeza: copiar la esencia del correísmo en contratación pública y resucitar las peores prácticas del pasado. ¿Así nutre usted sus obsesiones presidenciales? ¿Este tipo de administración es lo que usted imaginaba que Quito buscaba cuando decidió votar por usted porque ya no quería a Augusto Barrera?

¿Ese es el modelo de liderazgo y de administración pública que aprendió usted en México? ¿Adjudicar obras a dedo, esconder los contratos y no dar la cara? ¿Tergiversar los debates, menospreciar a los críticos y conformar un ejército de trolls para hostigarlos, como hace el correísmo? ¿Esos son los activos que usted está poniendo sobre la mesa de negociación con el movimiento CREO? ¿Para eso quiere usted poner a todos los asambleístas por Pichincha? ¿Esto que hace con Quito es lo que quiere proponer al país cuando entre en campaña abierta por la presidencia?

Usted tiene 41 años y un rostro nuevo. Pero está retrocediendo Quito a décadas de opacidad y sospechas de corrupción que cualquier demócrata ansía superar.

De usted,
4pelagatos

Guerra de viudas en Quito

en Columnistas/Las Ideas por

Uno de los argumentos más comunes que usan funcionarios y trolls del municipio de Quito para descalificar a quienes nos oponemos a su proyecto de «solución» vial que promete desurbanizar la zona de la Plaza Argentina es llamarnos «viudas de Barrera». Más allá de la grotesca generalización, en la cual sabrían que no quepo si me conocieran un poco, ese mote tiene un trasfondo complejo que conviene analizar.

Las llamadas «viudas» son personas cercanas a un político caído en desgracia (ya sea por perder elecciones o por perder la gracia del líder) cuya labor principal es quejarse de la manera en que se hacen las cosas después del periodo en que le tocó servir. Su característica principal es haber contado con algún tipo de beneficio durante ese periodo, que se evaporó con su extinción. Puede ser un puestito, una parcela de poder o incluso una parcela de chofer (con carro a la puerta pero no con influencia). Pueden ser también uno o varios contratos jugosos, un escritorito junto al despacho del gran jefe o una secretaría metropolitana en las sombras, de esas que toman decisiones por encima de los funcionarios que sí rinden cuentas.

Hay técnicos excelentes que pueden pasar a ser viudas de un día a otro gracias al voto popular. Es suficiente que durante su momento de cercanía al poder hayan escogido una postura política -partidista- sobre una técnica y hayan callado o defendido algo contrario a lo que pregonaban, abandonando inmediatamente su profesionalismo. Por esa razón, la polarización política que vivimos y la alternabilidad democrática les vuelve fácilmente descalificables, sin importar lo sólido e incuestionable que pueda ser el fundamento técnico de sus pronunciamientos. Basta que estén en el bando contrario.

La ironía de todo esto es que quienes lideran la arremetida para descalificar argumentos técnicos lo hacen -está sucediendo con el proyecto vial de marras- por razones puramente políticas y desconociendo el valor, la preparación y experiencia de sus adversarios. Somos tribales. Las candidaturas a distintas dignidades aún encuentran argumentos en “tener huevos”. Inaugurar obras vistosas y cortar muchas cintas, por inconsultas e innecesarias que sean, es mejor que hacer ciudad y construir ciudadanía. No tenemos adversarios sino enemigos. Politizamos todo. Volvemos personal y excesivamente virulenta toda discusión técnica. Un comportamiento tan poco cívico se explica por la alta incidencia de viudas en ciudades y países donde el Estado es el mejor y en ocasiones el único cliente, por lo que su administración debe conservarse a cualquier costo. La lealtad a los proyectos políticos se remunera bien y el esbirrismo pasa a ser una forma de vida. Eso explicaría fenómenos tan disímiles como la ausencia de crítica arquitectónica o artística seria y la baja calidad de diálogo político en cuerpos colegiados. Desde los más modestos espacios gremiales, concejos cantonales y hasta la Asamblea Nacional son un juego de suma cero donde somos nosotros contra ellos.

La última de Rodas: diez cajas de basura

en La Info por

¿Querían documentos? ¡Tomen documentos! ¡Diez cajas! Durante meses, la información relevante sobre la Solución Vial Guayasamín se manejó en reserva. Sólo un puñado de funcionarios de la Alcaldía y de la Empresa Municipal de Obras Públicas (EPMMOP) la conocía y no la compartía con nadie. Ni siquiera con el Concejo. Ni con la vicealcaldesa, Daniela Chacón, que la pidió expresamente y entregó a los medios lo que pudo conseguir: una carpeta y un disco compacto. La semana pasada, quizá sintiéndose acosado por los colectivos de ciudadanos y por la opinión pública que exige transparencia, el equipo de Mauricio Rodas optó por una solución que hemos visto en las películas de abogados: enterrar en papeles a los solicitantes. ¿Querían ver los informes ambientales? ¿Las propuestas financieras? ¿Los sustentos técnicos? Aquí hay 12 mil fojas. Búsquelos. Un desplante a la ciudad. Uno que muestra con elocuencia lo que Mauricio Rodas entiende por diálogo. Un desplante que el secretario de Comunicación del Municipio, Santiago Zeas, celebró por Twitter.

Pero el desplante es lo de menos. Lo peor es el engaño. Lo peor es la desvergüenza. Porque la gran mayoría de esas 12 mil fojas de que habla el Municipio (y que en realidad son 10.700), ni tiene la menor relación con la supuesta solución vial Guayasamín ni sirve, en este debate, para nada. Lo puede comprobar cualquiera en la página Web de la EPMMOP, donde también se colgó toda esta documentación, repartida en tres carpetas. Germánico Pinto, que fue gerente de la EPMMOP durante la Alcaldía de Augusto Barrera, hizo las cuentas: sólo 1.975 de esas 10.700 páginas tienen algo que ver con el tema. Y está siendo generoso.

En cuanto a las 8.725 páginas restantes, éstas parecen haber sido amontonadas ahí de manera aleatoria, como si la gente de Rodas hubiera procedido con un único objetivo: llenar cajas con papeles. Hay documentos inconclusos, segmentos de cartas o de actas, carátulas de informes sin informes, carpetas desconectadas del resto de documentos y que arrancan por el anexo 4 (¿de qué, de cuándo?), una sucesión de oficios y comunicados que no sigue ninguna cronología, documentos administrativos sin relevancia, actas de entrega-recepción de hace 12 años, un segmento de un acta mecanografiada del Consejo provincial de Pichincha del año 95, páginas y páginas de un debate sobre el libro Confesiones de un sicario económico, de John Perkins (tal cual), hojas sueltas de todo tipo… Un popurrí de basura es lo que entregó el Municipio a los quiteños en medio de grandes alharacas.

Como “antecedentes” figuran los estudios, igualmente desordenados e incompletos, para la construcción de una vía hacia Tababela realizados entre 2004 y 2005: 1.500 páginas sobre cómo conectar el nuevo aeropuerto con la avenida Simón Bolívar. Y 6.200 páginas más sobre la Ruta Viva. Nada útil, nada pertinente. Nada que pueda servir de insumo para la discusión de la solución Guayasamín. Puro engaño del señor alcalde.

Se supone, entonces, que la carne está en las 1.975 páginas que según las cuentas de Germánico Pinto sí tienen que ver con el tema. ¿Lo está? Primero habría que restar algunas cosas irrelevantes, como el protocolo de mantenimiento del túnel Guayasamín, de 250 páginas; o superfluas, como la Ley Orgánica de Empresas Públicas, de 50 páginas, que se pueden encontrar en cualquier lado; o insustanciales, como los videos publicitarios y los renders, simulaciones fotográficas computarizadas en las que la solución vial Guayasamín se pinta más bonita que el puente de Brooklyn; y toda esa carpeta membretada con el título de “Socializaciones”, donde lo único que hay es fotos del gerente de la EPMMOP, Alejandro Larrea, reunido con los pobladores, supuestamente del barrio Bolaños.  ¿Qué queda? Ninguna novedad, ninguna sorpresa.

Quedan el memorando de entendimiento y el contrato entre la EPMMOP y la empresa china; la oferta técnica; el registro ambiental, que no debe confundirse con un informe de impacto ambiental al parecer inexistente; los escuálidos, esmirriados informes favorables de las secretarías de Movilidad, Territorio, Planificación y Seguridad, informes de dos o tres páginas hechos para cumplir con el trámite, no para analizar el proyecto, evaluarlo o dar cuenta de su viabilidad. Eso y poco más. Documentos importantes que la EPMMOP mantuvo escondidos por meses. Pero esos documentos… ¡son los mismos que la vicealcaldesa Daniela Chacón ya repartió a los medios de comunicación 15 días antes! Así que gracias, señor alcalde, pero ya no hacía falta.

Y lo que hacía falta… Pues no está. El acta de la reunión de directorio de la EPMMOP en que se decidió aprobar la alianza estratégica con la empresa china, por ejemplo. Sigue faltando. Nadie la ha visto. La vicealcaldesa viene pidiéndola desde marzo y no se la dan. ¿Por qué? En una de las diez cajas de papelería entregadas la semana pasada figura una carpeta que lleva por título “Acta”. Pero ahí tampoco está. En lugar del acta hay un certificado de que el acta existe. ¿Cabe imaginar cosa más rara? Certifico que en la reunión tal se resolvió tal cosa y se emitió un documento. Firma: Alejandro Larrea. ¿Por qué el gerente de la EPMMOP sigue escondiendo un documento público? Quizá porque, en esa reunión, para aprobar el proyecto Guayasamín se debió aprobar previamente (lo dice el mismo certificado) “los informes que lo sustentan”. Y sucede que los informes que sustentan el proyecto Guayasamín… Bueno, tampoco están. No, al menos, en las diez cajas de marras. Lo único que hay son esos escuálidos, esmirriados informitos de dos páginas que nada informan.

Hay que agradecer a los burócratas del equipo de Mauricio Rodas y Alejandro Larrea que, en su afán por llenar cajas, metieran ahí miles de páginas de documentación de hace doce años sobre la planificación de las rutas al aeropuerto. Gracias a esa documentación podemos saber con bastante exactitud todo lo que no se hizo en el caso de la supuesta solución vial Guayasamín y sí se hizo para la Ruta Collas o para la Ruta Viva. Podemos saber, por ejemplo, cómo son los estudios de impacto ambiental previos a la construcción de una carretera: estudios que incluyen análisis de las cuencas de drenaje y diseño de caudales; hacen inventarios de flora y fauna, estudio poblacional y diagnóstico de amenazas por especie; proponen medidas de mitigación, calculan sus costos y diseñan un cronograma de aplicación de esas medidas. Podemos saber cómo son los estudios de ordenamiento territorial que acompañan a un proyecto de estas dimensiones: cómo parten de la identificación de la información catastral en el área de intervención; cómo integran los criterios de los gremios profesionales, los especialistas y las asociaciones comunitarias; cómo proponen planes de desarrollo territorial y pintan alternativas diferentes.

Ahí están los documentos en las carpetas respectivas: cada carretera, cada intercambiador, cada puente (y estamos hablando de los tiempos de Paco Moncayo) contaba con dos, tres informes ambientales según el número de fases del proyecto; dos, tres informes de impacto social, de ordenamiento territorial, de seguridad, de aspectos financieros, de diseño vial… Nada de eso existe en el caso de la supuesta solución vial Guayasamín. Sólo diez cajas de basura entregadas por Alejandro Larrea para despistar. Diez cajas en las que la documentación sobre la Ruta Viva suma las 6.200 páginas y la información sobre la Vía Guayasamín apenas llega a 900. Debería caérseles la cara de vergüenza. Pero no tienen cara. Ni vergüenza.

¿Querían documentos? ¡Tomen documentos! “Para que los lean quienes cuestionan el proyecto”, dice el secretario de Comunicación de la Alcaldía, Santiago Zeas. Como si el debate público fuera cosa de tapar la boca a los opositores. Semejante nivel de desvergüenza en las autoridades municipales ha puesto a Quito en la indefensión.

El simulacro de diálogo en Quito

en Columnistas/Las Ideas por

Una de las peores herencias que nos deja el correísmo (o tal vez la política ecuatoriana en general) es la anulación de la participación ciudadana y el tejido social que es absolutamente necesario para construir sueños de ciudad y país compartidos. La ciudadanía sospecha del poder que casi siempre tiene un afán de cooptarla y el poder, a su vez, establece relaciones clientelares. Se ha construido un mecanismo de interacción perverso: los ciudadanos descontentos amenazan con marchar al frente de las instituciones y las autoridades, temiendo que los medios de comunicación hagan el cubrimiento y eso incida en su popularidad, ceden ante los pedidos.

Así, la participación ciudadana ha dejado de ser un concepto positivo. Ya no es la promesa de transformar las relaciones sociales y crear nuevos criterios de gobernanza compartida, sino es un espacio de conflicto y pugna de intereses que no tiene una luz al final del túnel.
La promesa de los cambios electorales en el año 2014 incluía una nueva visión de participación ciudadana; una que buscara romper esa lógica clientelar y recuperar la confianza entre autoridades y ciudadanos. Tarea nada fácil y tampoco posible de cumplir en el corto plazo. Nunca existirá confianza completa entre estos polos a veces opuestos, pero sí que es posible tender puentes para acercarlos.

Para tender esos puentes tiene que haber una intención real de hacerlo. Es decir, no caer en la famosa “socialización” en la cual se presentan, en foros, decisiones ya tomadas y se busca, a través de pomposas presentaciones técnicas (inentendibles para muchos), convencer a los asistentes de la conveniencia de la decisión tomada por la autoridad. Y esto es lo que nos dicen todos los ciudadanos que han acudido a las mesas que hemos convocado en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central del Ecuador para discutir la Solución Vial Guayasamín y plantear alternativas (aquí la sistematización de la primera reunión llevada a cabo el 21 de julio). Con justa razón nos preguntan, ¿para qué estamos aquí si es que ya está todo decidido? ¿Cómo podemos presentar alternativas si la obra sigue construyéndose?

Concuerdo con esas demandas y, sin embargo, creo necesario continuar trabajando en las mesas de diálogo porque son un ejercicio de catarsis que pueden convertirse en una poderosa herramienta para que los quiteños empecemos a construir una visión conjunta de ciudad. Que sean una base para ese nuevo modelo de gobernanza compartida que debemos empezar a cimentar.
El pedido de suspensión y replanteo total de la obra que se expresa en estos foros, que hemos apoyado y lo continuaremos haciendo, debe ser escuchado para que el diálogo convocado por la Alcaldía de Quito, a través del Colegio de Arquitectos, no sea de sordos y le sirva a la municipalidad para justificar unos cambios menores en el proyecto y continuar con la obra, a pesar de los múltiples cuestionamientos técnicos, financieros y legales.

Mientras escribo este artículo, estoy en el foro convocado por el Colegio de Arquitectos para dialogar sobre la Solución Vial Guayasamín y al que he sido invitada por su presidente. Vamos dos horas de presentaciones de funcionarios municipales que intentan convencer a los asistentes de la factibilidad de la obra.
El Secretario de Movilidad nos presenta modelaciones de tráfico actuales donde se ve un caos y, luego, nos presenta modelaciones del mismo tráfico pero con la obra implementada: añade cómo esta obra va a beneficiar la calidad de vida de los quiteños. ¡Se ve claramente que ya no hay tráfico! El argumento se le cae cuando le preguntan por la modelación con el crecimiento del tráfico proyectado y ahí dice que soportará la carga vehicular por 10 años sin presentar las modelaciones que antes presentaba con tanta autoridad. Hace unos días en los medios de comunicación declaraba que era una obra para 30 años, ahora ya nos dice que es para 10. ¿Cuándo nos van a decir que en realidad durará entre 2 y 5 años?

El asesor jurídico nos presenta lo que ya todos sabemos, las empresas públicas, gracias a la Ley Orgánica de Empresas Públicas, pueden contratar a dedo y nos enseña ejemplos de contratos similares en el país. ¡Como si eso fuera garantía de transparencia! Luego, el Administrador General nos advierte que es una obra de la EPMMOP y que no le compete la parte financiera pero que igual nos hará una presentación. Ya no me pude quedar a las intervenciones del Gerente de la EPMMOP y del Secretario de Territorio Hábitat y Vivienda (que no iba a hablar sobre el impacto urbanístico de la obra, sino sobre los acercamientos que recién ahora la Alcaldía está haciendo con el barrio Bolaños).
Más tarde en un cine foro en el Ocho y Medio sobre el barrio Bolaños, me entero por los vecinos que en estos acercamientos con la Alcaldía les han dicho que van a vivir mejor y que sólo 17 familias (¿casas?) serán afectadas. En voz baja me cuentan que les están dividiendo y me preguntan, ¿por qué nos tratan como si no fuéramos personas?

Todas las acciones emprendidas por la Alcaldía de Quito en la aprobación de la Solución Vial Guayasamín demuestran que esa promesa de una nueva y renovada participación ciudadana se quedó en el papel. Y que las relaciones entre ciudadanos y autoridades, una vez más, se limitan a intercambios clientelares. Sin embargo, este proceso de despertar ciudadano me deja convencida de que podemos recuperar el verdadero concepto de participación ciudadana o al menos trazar un camino hacia él.

Daniela Chacón es vicealcaldesa de Quito.

La alcaldía dice que los chinos no llevan 700 millones

en La Info por

Alejandro Larrea, gerente de la EPMMOP, escribe a 4pelagatos para responder nuestra nota titulada Rodas: ¿llevan los chinos 700 millones por la solución Guayasamín?, publicada el 26 de julio.

Quito, 27 de Julio de 2016

Señores
4 Pelagatos
Ciudad

De mis consideraciones:

Fieles al espíritu democrático y apertura al diálogo que caracterizan a la presente Administración Municipal, la misma ha abierto e incentivado canales de diálogo ciudadano para debatir de manera conceptual, técnica y respetuosa, como corresponde, la posibilidad de encontrar planteamientos para optimizar la Solución Vial Guayasamín, arteria clave de acceso a la ciudad que ha colapsado desde hace varios años.  En general, salvo excepciones discordantes que la ciudadanía tiene bien identificadas, la respuesta ha sido positiva y se han presentado argumentos y debates conceptuales y técnicos que esperamos aporten al progreso de la ciudad.

Por ello sorprende que un medio de comunicación digital como el suyo, del cual se espera un aporte sólido para esta iniciativa de diálogo, haya publicado el día martes 26 de julio de 2016 el  artículo titulado “Rodas: ¿Llevan los chinos 700 millones por la solución Guayasamín?”, suscrito por Roberto Aguilar, en el que claramente se desinforma al ciudadano, presentando cálculos absolutamente falsos, que demuestran desconocimiento financiero.

Sorprende que el cálculo presentado en dicho artículo sólo sume los supuestos ingresos durante 30 años y reste la inversión inicial, dando como “resultado” un valor que supuestamente sería la “utilidad” de la empresa constructora, pretendiendo alarmar con un valor absolutamente irreal e inflado.

Al respecto, permítame informar algunos conceptos financieros básicos y elementales, cuya omisión (deliberada o no) es la que le ha producido al autor un resultado opuesto a la verdad: 1. INGRESOS.- No se puede mezclar el dinero en el tiempo, como si siempre tuviera el mismo valor, peor aún en un plazo de 30 años: un dólar hoy no representa lo mismo que un dólar el próximo año.  Es decir, para sumar los ingresos durante un período de 30 años, se debió traer la suma de todos los ingresos (considerando cuando ocurriría cada ingreso) a “Valor Presente” (VP), con lo cual la suma sería sustancialmente menor y permitiría, recién allí, poder comparar contra el valor de la inversión inicial que se haría en el “presente”.  2.  EGRESOS.- Como todo proyecto, tanto público como privado, los egresos requeridos no sólo son la inversión inicial (conforme cree el autor), sino también los gastos de operación y mantenimiento, así como el pago de impuestos, que en el presente caso son asumidos por la empresa constructora y representan un valor importante que debe descontarse de los ingresos totales, con lo cual evidentemente los ingresos netos son sustancialmente menores.   3. RENTABILIDAD.- Si lo que el artículo quiso destacar era la “utilidad” que obtendría la empresa constructora, solamente era necesario observar en el Anexo del Contrato, el porcentaje donde consta claramente la “Tasa Interna de Retorno” (TIR), que es la única manera que dicta la técnica financiera para evaluar la rentabilidad de un proyecto; no hay otra.  Y resulta que allí claramente consta escrito que dicho TIR es del 13,8%, porcentaje que cualquier conocedor de la materia le dirá que, considerando el actual Riesgo País, así como el riesgo e incertidumbre de traer recursos para invertir en el país, en un proyecto de 30 años (tiempo durante el cual con seguridad se construirán otros accesos desde los valles hasta la ciudad de Quito que bien podrían reducir el tráfico que circule por allí, entre otros muchos imponderables), es una tasa de rentabilidad absolutamente razonable.

Conocedores de su apego a los principios de libertad de expresión, solicito que la presente aclaración sea publicada y difundida de forma completa y sin editar en los mismos espacios y visibilidad que tuvo el artículo en referencia, para evitar que la ciudadanía sea desinformada.

Atentamente,
Ing. Alejandro Larrea Córdova
Gerente General de la EPMMOP

 

Respuesta pelagata

Gracias por su carta. Apreciamos que el funcionario responsable de la alianza público privada para la construcción de la Solución Vial Guayasamín finalmente proporcione alguna información en estos momentos en que se debate sobre la pertinencia de ese contrato. Es posible que nuestro cálculo sobre la recaudación de peajes durante los 30 años de concesión de la vía Guayasamín sea inexacto. Por eso nos preguntábamos si eran 700 millones. Son ahora el alcalde de Quito y usted quienes deben informar, con la precisión que faltó a 4pelagatos, sobre la utilidad económica que seguramente ustedes calcularon para la empresa china. ¿A cuánto asciende? En su carta no hay huella de esta información. Usted nos corrige, luego sabe la cifra verdadera: dígala.

Tampoco usted ha dicho cuál será el costo final de la obra a pesar de que esa pregunta, señalada por 4pelagatos en sus publicaciones, atraviesa el debate público sobre el tema. ¿Es $131 millones, $185 millones, es más? Además, ¿cuánto suma lo que deberá pagar el Municipio por los trabajos paralelos a la construcción de la obra y que no pagarán los chinos, incluidas las adecuaciones para el transporte público que la administración municipal tendría que hacer? Usted exige, con razón, precisión a 4pelagatos. ¿Y por qué se excluye usted de ese imperativo?

Es un gusto para 4pelagatos publicar su carta. Estamos dispuestos a publicar todas las cartas que el Municipio quiera enviarnos para responder interrogantes y dudas sobre este contrato que usted firmó y cuyo contenido el Municipio no ha dado a conocer. Señor Larrea, usted maneja dinero público. Haga las cuentas públicamente.

Atentamente,
4pelagatos

Arriba, el gerente de la EPMMOP, Alejandro Larrea, autor de la carta, junto al alcalde Mauricio Rodas. Foto: EPMMOP

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