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Tongo Correa-Moreno

¿Correa armó un tongo con Moreno o atenta contra él?

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De dos, una: o es un tongo o es un intento de asesinato político. Tongo de Lenín Moreno con Rafael Correa. O atentado de Correa y su grupo de fanáticos contra el licenciado que aspira a ser reconocido como presidente.
El escenario es el mismo en los dos casos: Moreno es el candidato oficialista, la ilegitimidad del triunfo lo persigue, si es ratificado descubrirá la magnitud de la economía falsa que promociona Correa y en su campaña distribuyó promesas de cambio, mano tendida, diálogo y tolerancia.

En esas circunstancias, ese candidato requiere un ambiente de distensión y de página virada para lidiar con la impopularidad que le acarrea saber que su contrincante (y sus electores) lo consideran –dice Lasso– “un mandatario sin auténtico mandato”. Pues bien: el gobierno hace exactamente lo contrario. Familias shuar denuncian haber sido desplazadas de sus territorios ancestrales para favorecer los trabajos de una minera china. Dirigentes indígenas han sido detenidos. El gobierno persigue a Fernando Villavicencio hasta forzarlo a pedir asilo político en Perú. El impresentable Carlos Ochoa persigue siete medios por no haber hecho eco a un pasquín elaborado por una militante kirchnerista. Carlos Polit, otra ficha del gobierno, demanda a los 9 miembros de la Comisión Anticorrupción y pretende meterlos presos y sacarles plata. La Fiscalía abre un proceso de indagación contra Polibio Córdova, Alfonso Espinosa de los Monteros, Guillermo Lasso y Andrés Páez, ratificando que el nuevo fiscal está presto a Venezuelizar por completo la política en el país. Prisca Bustamante y Nikki Mackliff denuncian que no pueden trabajar en un canal incautado por pensar diferente… Esta retahíla podría alargarse.

¿A quien le sirve este ambiente de persecución y cacería de brujas desatado por el gobierno? Cercanos a Moreno dicen que no hay tongo. Que Correa gobernará hasta el 24 de mayo y que Moreno es consciente de que estos actos de persecución representan enormes costos para él. Pero que él no se entromete porque si respeta lo que hace Correa, podrá exigir que él haga lo mismo con su posible gobierno.

Por supuesto, este ambiente perfila una etapa totalmente contraria a la prometida por Moreno. Y permite pensar -en el mejor de los escenarios- que se trata de un tongo: Correa tensiona la cuerda para que Moreno pueda –una vez ratificado– retomar el papel de policía bueno que tanta popularidad le dio en la vicepresidencia. En ese ejercicio de distensión, Moreno podría aspirar a poner a competir ilegitimidad con popularidad… Algo tiene que hacer el correísmo para tratar de revertir esta ola de ilegitimidad que levanta el proceso electoral plagado de fraudes.

Si no hay tongo, ¿qué busca el correísmo al profundizar este clima de persecución, cacería de brujas y autoritarismo? Ahí caben dos escenarios.
Uno: el aparato crea hechos de fuerza que aspira a que Moreno refrende y asuma como parte de su posible mandato. Esta es la respuesta del ala dura del correísmo que, ante los resultados y el avance de las fuerzas democráticas en el país, cree que la estrategia no es tender la mano sino cerrar la tenaza.
Dos: esto terminaría de vaciar la sustancia política que Moreno reclamó como suya al hablar de inaugurar una nueva etapa. La represión constituiría, en alguna forma, su prematuro suicidio político y consagraría la calle como único escenario posible de la política en los próximos meses. Esto pondría, además, el acento en la política cuando es lo que menos conviene estratégicamente al correísmo. Su afán político consiste en sentar a Moreno en Carondelet y, en aras de encarar la crisis, hablar de economía y echar a correr la idea de consensos y de unidad nacional.

El correísmo es hoy un nudo de contradicciones. Y hacen falta 35 días para que Rafael Correa entregue el poder: es mucho tiempo para Moreno si este estado de persecución y cacería de brujas se mantiene porque al callar, por la razón que sea, se agrava su estado de debilidad política. Es mucho tiempo para una sociedad que ya mandó, incluso con juez de bolsillo, los mensajes de hartazgo y de cansancio de diez años de autoritarismo y arbitrariedades. Los correístas creen que el reloj corre a su favor. Ya no.
Si Correa no tiene un tongo con Moreno, está minando el terreno que tendrá que transitar su sucesor, si lo posesionan a pesar de todo.

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