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Venezuela

Espinosa prefiere la soberanía de los matones a los DDHH

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Según la política exterior del gobierno de Lenín Moreno, el principio de no intervención está por encima de los derechos de las personas. No importa cuán viles sean las violaciones de los derechos humanos en un país, que el principio de la soberanía estará por encima y nadie podrá hacer algo para impedirlo. Es exactamente la misma tesis que utilizaba uno de los más siniestros y perversos genocidas de la humanidad para que nadie lo distraiga ni le impida cumplir con su macabra voluntad: Slobodan Milosevic, que ahora cumple condena perpetua en una cárcel en Holanda.

Según la doctrina del gobierno ecuatoriano, expuesta una vez más hoy 27 de julio por la canciller María Fernanda Espinosa, la no injerencia es tan sagrada que ningún gobierno puede tomarse la ligereza de hacer, por ejemplo, alguna observación o una declaración en la que se manifieste preocupación alguna por lo que ocurre en un país donde las fuerzas de seguridad de un estado violan sistemática los derechos humanos. Esta ha sido, precisamente, la conducta del Ecuador frente a lo que ocurre en Venezuela.

Hoy miércoles 27 de julio en una entrevista en Teleamazonas, cuando a Espinosa le preguntaron sobre la posición del Ecuador frente al drama venezolano, respondió que según la Constitución, la ley y la política exterior ecuatoriana, “somos fieles a la no injerencia y a la soberanía de los países”.

La doctrina que el gobierno de Moreno sostiene y que se expresa en la conducta de su Ministerio de Relaciones Exteriores fue superada y enterrada por el concierto de las naciones civilizadas luego del conflicto en los Balcanes para ser reemplazada por el principio de que los derechos humanos de las personas deben ser precautelados por otros países en caso de que éstos estén siendo atropellados por un gobierno nacional.  Las intervenciones internacionales para detener las matanzas en la ex Yugoslavia, Somalia, Haití y Timor del Este son algunos ejemplos de la aplicación de este principio. “Nada en la Carta de las Naciones Unidas impide el reconocimiento de que hay derechos tras las fronteras”, dijo en 1999 el secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, cuando las potencias occidentales decidieron intervenir (aunque muy tarde para evitar cientos de miles de muertes) en la ex Yugoslavia para detener la voluntad de Milosevic de exterminar a comunidades enteras en Kosovo.

Si bien es cierto que la horrenda magnitud de lo que ocurría con Milosevic no se puede comparar con las atrocidades del gobierno de Maduro, resulta evidente que la posición de la diplomacia ecuatoriana no es sino un pretexto para no contradecir a su amigo el gobierno venezolano ni provocar rechazo en los sectores de la izquierda estalinista instalada en determinados segmentos de la militancia de Alianza País. Si bien el Ecuador ya no ha dado votos a favor del gobierno de Maduro en los foros internacionales, tampoco es menos cierto que con sus abstenciones ha bloqueado las iniciativas de la región para llamar, al menos, la atención de Maduro y su régimen malandro por las violaciones a los derechos humanos.  Ya ocurrió en la última reunión de la OEA en Cancún, México. El 26 de julio, un día antes de la entrevista de Espinosa en Teleamazonas, trece países de la región, sin duda los más importantes, firmaron una declaración pidiendo a Maduro que suspenda la elección de una Asamblea Constituyente prevista para este domingo, 30 de julio, concebida para desconocer definitivamente la Asamblea  de oposición elegida en las urnas y el plebiscito simbólico del 16 de julio. En él, 7.6 millones de venezolanos expresaron su rechazo a la iniciativa madurista. Ecuador no está entre esos países y, muy por el contrario, la Canciller anunció con orgullo en la entrevista, que habrá observadores electorales ecuatorianos en esa elección del domingo 30.

María Fernanda Espinosa, ejecutora de la política internacional de Moreno, es incapaz de recoger en sus declaraciones y en sus decisiones de política exterior al menos parte del espíritu de la llamada doctrina Roldós, quizá una de las pocas contribuciones del Ecuador al derecho internacional. Jaime Roldós logró que los países andinos firmaran una Carta de Conducta en la que, precisamente, se establecía que la promoción y la defensa de los derechos humanos no lesiona la soberanía de un Estado que viola esos derechos.

Pero el problema no se limita únicamente a que Espinosa no incorpore en su racionamiento y en sus decisiones las lecciones de la ex Yugoslavia ni la herencia humanista de Roldós: su cantaleta sobre la no intervención en Venezuela se vuelve absurda y hasta ridícula si se tiene en cuenta que el Ecuador jamás ha dicho esta boca es mía ante las contundentes evidencias de la grosera intervención cubana en Venezuela. En ese país, según el experto Roberto Álvarez Quiñones, actualmente están instalados miles de militares cubanos incluyendo tres generales, doce coroneles y tenientes coroneles, 6 capitanes de fragata y otros 25 oficiales de distintas graduaciones. También intervienen 4 500 soldados de infantería en nueve batallones, uno de ellos acantonado en Fuerte Tiuna, el corazón militar del país, según afirma el sitio venezolano Q’Pasa en Venezuela y la periodista Sebastiana Barráez, especialista en temas militares de Venezuela. No es secreto, además, que Maduro fue prácticamente elegido como sucesor de Chávez por presión de los hermanos Castro y que gran parte del trabajo de la inteligencia en Venezuela la hacen agentes cubanos.  ¿Nunca supo Espinosa sobre la presencia del cubano Ramiro Valdés en Venezuela para articular todo el sistema represivo chavista?

En Venezuela existe una auténtica ocupación militar cubana pero eso no es ni intervención ni injerencia extranjera para Espinosa ni para el estalinismo transnochado que aún sobrevive en ciertos sectores de Alianza País. Para ellos, pensar que Cuba violente la soberanía de algún país en el mundo sería algo imposible de entender. Peor de admitir.

El abrazo de María Fernanda Espinosa al argumento de la soberanía y la no injerencia con relación a Venezuela aparece como un simple pretexto o pueril coartada para evitar tener que reconocer que la utopía chavista terminó en una inmensa infamia colectiva que, en estos días, suma 104 muertos.  Si creyera en verdad que ese principio que enarbola cada vez que le pregunta sobre Venezuela no puede ser transgredido jamás, algo hubiera dicho cuando su antiguo presidente, Rafael Correa intentó abierta y desembozadamente intervenir en Honduras cuando tambaleaba Manuel Zelaya.  ¿No recuerda Espinosa que Correa dijo que Honduras era un buen sitio para ir morir?

La posición del gobierno de Lenín Moreno frente al caso venezolano es vergonzoso y representa una mancha de indignidad en la historia del Ecuador. Cada día que pasa, esa posición enloda aún más cualquier posibilidad de que Lenín Moreno pase a la historia como quien pudo haber hecho los correctivos necesarios para que los ecuatorianos se sientan orgullosos de una actitud humanista y democrática frente a lo que ocurre en un país tan cercano como Venezuela. Mientras Espinosa esté al frente de la política exterior ecuatoriana, el Ecuador solo aumentará su ignominia por la forma en que conduce la política exterior.

Venezuela: Espinosa no puede ser más indigna

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Lenín Moreno ha dejado escapar la oportunidad que la historia le puso en sus manos para liberar al Ecuador de la vergonzosa mancha que significa el apoyo incondicional que su predecesor ofreció a la sangrienta tiranía que gobierna Venezuela.

Primero estuvo el cobarde y calculado voto de abstención en la reunión de la OEA en Cancún, que impidió que la moción de condena de los países más grandes del continente sea aprobado. Una abstención que le permitió, gracias a los guarismos, a un grupo de países minúsculos y que le deben favores a la dictadura venezolana, imponer el indigno estatu quo que la región ha mantenido de cara al caso venezolano.

Cancún no es todo.  Ahora es su canciller María Fernanda Espinosa quien le ha añadido una dosis extra de indecencia a la política exterior ecuatoriana y a la imagen del país con su posición sobre Venezuela. Lo hizo cuando salió a decir a la prensa que lo que más le había impresionado del caso venezolano había sido la violencia de la oposición. “Estamos realmente impresionados de los niveles de violencia que ha utilizado la oposición en Venezuela. Lamentamos muchísimo que el pueblo venezolano no pueda vivir en paz porque tiene ese derecho” , dijo Espinosa en lo que fue un giro con el que el capítulo de Cancún quedó coronado de infamia y desvergüenza.

Si había un tema en el que el Moreno tenía la posibilidad  de desmarcarse del guión correísta era precisamente el de la oprobiosa política sobre Venezuela. La tesis según la cual es la violencia de la oposición el núcleo del problema venezolano solo se atreven a sostenerla los sectores del madurismo más ramplón. Se trata de una tesis que puede exponerse en el escenario camorrero y gangsteril de la descomposición en la que se halla la estrutura social y política de Venezuela, pero que en la boca de una Ministra de Relaciones Exteriores resulta insultante y grosera. 

Parecería que la canciller Espinosa únicamente conoce la versión que el militarismo cavernario del madurismo ha articulado sobre la crisis en Venezuela y que es incapaz de procesar toda la información que sale de la sociedad venezolana y de los organismos más serios de derechos humanos. Afirmar que lo que más impresiona del caso venezolano es la violencia opositora es desconocer los miles de ataques de grupos civiles armados partidarios del gobierno contra manifestaciones masivas de oposición al gobierno, que han dejado más de 80 muertos y cientos de heridos. Human Right Watch ha documentado con dolorosa precisión cómo los organismos de seguridad han empleado la fuerza matonil y avalado ataques de grupos civiles armados aliados del gobierno. Basta tener una pizca de sensibilidad (¿No se supone que Espinosa es poeta y que su lirismo es conocido entre sus amigos?) para condolerse hasta lo más profundo con las imágenes que circulan en medios y redes sociales, donde se ve a militares disparar directamente al cuerpo de jóvenes manifestantes desarmados o lanzar  bombas lacrimógenas indiscriminadamente desde helicópteros, lo cual es prohibido por las convenciones internacionales. Curioso que a Espinosa no le llame la atención todo eso. Es indignante ver que es inmune ante el cinismo y la indolencia brutal de los funcionarios venezolanos que, como en el caso de Maduro, no dudan en aparecer en televisión bailando y cantando cuando aún están calientes los cuerpos de los chicos que han caído muertos en la calle. A Espinosa lo que más le impacta es la violencia de la oposición.

Moreno tuvo la oportunidad de distanciarse condenando, aunque sea bastante tarde para el caso ecuatoriano, una política de Estado que seguramente en el futuro será procesada en tribunales internacionales como responsable de crímenes de lesa humanidad y hasta quizá de genocidio. El Ecuador, y esa será responsabilidad del presidente Lenín Moreno, inevitablemente estará en los registros de la historia y de la opinión pública mundial del lado de los abusadores y sanguinarios.

¿Qué puede explicar esta necedad del Estado ecuatoriano frente a Venezuela? Es posible que para el aparato correísta, aún manejando los hilos del poder, se le haga muy difícil romper con el troglodita esquema mental estalinista y guevarista que tienen muchos de sus cuadros. Es posible también que en el interior del gobierno se haya pensando que no se puede dar la espalda a ciertos sectores del correísmo que siguen creyendo en la utopía bolivariana a pesar de las evidentes señales de la destrucción de un país. También se podría pensar que existen favores pasados que no se pueden olvidar y que es necesario honrar. ¿Financiamiento de alguna campaña quizá?

Pero independientemente de las razones por las que el actual gobierno ha decidido seguir con el guión correísta en el tema de Venezuela, lo cierto es que para los registros históricos quedará la evidencia de que Lenín Moreno no quiso abordar el tema desde el humanismo y la dignidad.  Porque Espinosa es cercana suya y es puesta por él. Y es él quien decide la política exterior y responde por ella. Muchos ecuatorianos verán, sin duda con impotencia e indignación, que la historia de su país ha sido manchada con la posición que sus gobernantes han tenido frente a una dictadura mafiosa y untada de narcotráfico que derrama sangre en Venezuela para seguir en el poder. Moreno tuvo una oportunidad que difícilmente se va a repetir. Y la desperdició.

Foto cancillería ecuatoriana

Para lambisquear a Correa, Almagro archiva sus principios

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Luis Almagro ha empeñado la verdad histórica y los principios democráticos y humanistas con los que se ha valido para condenar al gobierno de Nicolás Maduro para lanzar una sonora lisonja a Rafael Correa en el marco de la Asamblea Permanente de la Organización de Estados Americanos, OEA, de la cual es su secretario general.

Tan almibarada y falaz fue la lisonja de Almagro que se hace imposible no sospechar que tras de ella hubo algún canje o guiño político.

Almagro, en un discurso en el que parecía enumerar la lista de las cosas que más gustan a Correa que digan sobre él, traicionó todas las evidencias que hay sobre los atropellos a la democracia y a las libertades en el Ecuador que la propia OEA ha registrado durante los diez años que Correa ha estado en el poder.

Almagro, en su loa, ha dicho que Correa es un “demócrata cabal”, lo cual es una gran mentira de la que la propia relatoría especial de libertad de Prensa de la OEA tiene evidencias. Un presidente que ha atropellado la libertad de expresión, como pocos lo han hecho en la historia de América Latina, y que, además, ha coartado y criminalizado el activismo social y la disidencia no puede ser calificado, como lo hizo Almagro, como un demócrata cabal. Una alabanza así pudo haber sido incluso más creíble si Almagro hubiera introducido por ahí, al menos, algún bemol sobre la conducta política de Correa quien tiene, en su lista de infamias anti democráticas, haber alineado a su país con regímenes siniestros como los de Siria o incluso Corea del Norte en foros internacionales como la ONU.

El secretario de la OEA parece que tan pronto como entró a la sesión olvidó todas sus convicciones y principios democráticos. Correa es un político extraordinario y ha establecido la solidez institucional y la estabilidad política, dijo Almagro como si tuviera nada de información de todos los informes hechos por los organismos de derechos humanos más respetados del mundo, que señalan cómo la estabilidad política en el Ecuador se consiguió concentrando el poder que destruyendo la institucionalidad democrática.

Almagro, en su casi extasiada intervención, no parecía estar muy dispuesto a recordar tampoco que Correa había sido, hasta hace muy poco, un abierto detractor de la OEA, organismo que le ha resultado particularmente antipática porque mantiene fuera de su seno a la dictadura de los Castro en Cuba y sí incluye, en cambio, entre sus miembros al imperio yanqui. ¿Acaso no recuerda Almagro que Correa había dicho que era necesario acabar con la OEA para reemplazarla con la Celac? ¿No recuerda que alguna vez dijo que “necesitamos un organismo capaz de defender los intereses soberanos de sus miembros y no la OEA que nos alejó de eso cuando expulsó a Cuba en 1962”? Almagro incluso no parece que reparó siquiera en que Correa hace un poco menos de un año lo tildó de “desubicado“, por su posición firme frente al caso venezolano. El gobierno ecuatoriano, alguna vez, condenó la política de Almagro sobre Venezuela y su cancillería publicó un manifiesto en el que decía que había usado “términos impropios y un tono alejado de la ecuanimidad y mesura que exige la representación de un organismo que agrupa a 34 Estados del hemisferio”.

En su lírica exaltación, Almagro dijo además que “siempre fue muy refrescante y muy informativo escuchar sus presentaciones y discursos en diferentes cumbres y eventos en los que hemos coincidido”, como si alguien que conoce mucho a Correa le hubiera contado sobre el especialísimo interés que tiene el Presidente ecuatoriano en dar discursos en universidades y foros internacionales. Discursos a los hace repetir hasta el cansancio en cadenas de radio y TV o en sus shows de los sábados en los que, además, no se ahorra insultos y descalificativos para los que no piensan como él.

Almagro alaba a Correa porque va tras Maduro

Almagro, con su breve pero panegírico discurso, desconoció de tajo las desventuras de todos los que han sufrido los abusos de Correa: los indígenas que han sido reprimidos por su lucha contra las mineras, los periodistas que han sido demandados por millones de dólares por hacer su trabajo, los activistas como Martha Roldós a quien se le robaron su correspondencia privada para publicarla en un diario de Gobierno o las personas que han sido condenados a prisión por participar en veedurías ciudadanas, entre otros. “Su calidad personal es indudable”, agregó muy ligerito Almagro olvidando que Correa fue capaz de enviar a la cárcel por más de seis meses a personas como César Carrión o Fidel Araujo, a quienes acusó, prevalido únicamente de su paranoia, sin una sola prueba de haberlo querido matar durante el alzamiento policial del 30 de septiembre del 2010.

Si el discurso de Almagro fue parte de una estrategia de política regional, también fue una enorme decepción para mucha gente que se expresó en redes sociales. Martha Roldós fue una de ellas. En una serie de tuits dijo a Almagro que un dirigente que no tolera el disenso no puede ser calificado de demócrata, entre otras cosas.

¿Qué tan espontánea y sincera fue la intervención de Almagro? Difícil saberlo pero no deja de ser llamativo que el Secretario General haya llegado a la sesión con un texto al que leyó cuidadosamente luego de la intervención del embajador ecuatoriano Marco Albuja, quien habló sobre el fin del período presidencial de Rafael Correa. La reacción de los medios administrados por el Gobierno ecuatoriano fue inmediata y todos se dedicaron a compartir el discurso y la noticia.

¿Fue la alabanza de Almagro parte de un plan entre la representación ecuatoriana y la oficina del Secretario General? En política todo es posible. Incluso que los demonios sean santificados en público, lo que ocurre normalmente cuando hay un objetivo y una estrategia por delante.

La maquinaria oficial de propaganda ya no se mide en sus infamias

en Columnistas/Las Ideas por

El pasado martes, 25 de abril, el mismo día en que la Cancillería ecuatoriana publicó un vergonzoso comunicado oficial sobre la situación en Venezuela en el que se solidariza con el Gobierno de Nicolás Maduro, rechaza “cualquier acción que tenga la finalidad de subvertir el orden democrático en el hermano país” (omitiendo la forma cómo el régimen venezolano ha buscado apropiarse de todos los poderes del Estado y ha torpedeado la realización de un referéndum revocatorio contemplado en la Constitución de ese país) y hace un llamado al diálogo (sin mencionar a los presos políticos, la arbitraria inhabilitación del líder opositor Henrique Capriles, ni la salvaje represión por parte de la fuerza pública que han sufrido muchos de los que han salido a protestar contra Maduro), El Telégrafo publicó esta caricatura:

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El dibujo, para quienes no estén al tanto, hace referencia a la mujer que, en medio de las multitudinarias manifestaciones en contra del régimen venezolano que se han dado en los últimos días, se paró delante de un vehículo antidisturbios para detener su avance (esta nota de la BBC, de donde está tomada la siguiente imagen, narra el acontecimiento).

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En su dibujo, el caricaturista “Ladrillo” sugiere que tanto la mujer que se enfrentó a la tanqueta, como los medios de comunicación que dieron a conocer su acción son manejados por el Gobierno de Estados Unidos, representado por el “Tío Sam”. La caricatura también sugiere que la situación que atraviesa Venezuela no es realmente dramática, sino que Estados Unidos quiere presentarla así, para lo cual utiliza a manifestantes y periodistas.

Más allá de tratarse de una caricatura infame, que pretende minimizar la crisis económica y social que atraviesa Venezuela, el dibujo en cuestión también trasluce una ignorancia o un menosprecio abrumadores. ¿Acaso no sabe “Ladrillo”, ni los editores que dan espacio a sus desvaríos (en enero el mismo dibujante publicó una caricatura según la cual el Departamento de Justicia de Estados Unidos investiga las coimas de Odebrecht en Ecuador por deseo de los Isaías), que la mujer que enfrentó el vehículo antidisturbios es apenas una entre las cientos de miles de personas que han salido a protestar en las calles de Venezuela contra el régimen de Nicolás Maduro? Tal vez no conozca al detalle las cifras que reflejan la magnitud de la crisis de Venezuela, como que el tamaño de su economía se redujo casi en una cuarta parte sólo entre 2014 y 2016 o que el año pasado la inflación rondó el 700%, afectando principalmente a los más pobres, ¿pero no se ha enterado de la crónica escasez de productos básicos, el aumento de la pobreza o el colapso del sistema de salud? ¿Tampoco ha escuchado hablar de las milicias armadas por el mismo chavismo (a las que se acusa de haber provocado varias de las muertes de los últimos días), o del incremento de la violencia hasta niveles similares a los de una nación en guerra? ¿Y no se ha cruzado con alguno de los miles de venezolanos que se han exiliado en Ecuador (y otros países de la región) en los últimos meses, escapando de lo que a estas alturas luce como un Estado fallido?

Lo que sí es más probable que “Ladrillo” ignore, sobre todo si se informa sólo a través del pasquín para el que trabaja, es que el Gobierno venezolano, a través de Citgo, la filial estadounidense de PDVSA, donó medio millón de dólares para el evento de investidura de Donald Trump como Presidente de Estados Unidos. Curiosa manera de tomar revancha por la injerencia que, según viene denunciando el chavismo desde hace años (siempre sin pruebas), el “Imperio” pretende tener en Venezuela …

La caricatura de “Ladrillo” habría causado indignación incluso si se hubiera publicado en un medio privado (aunque difícilmente un engendro así hubiera tenido espacio en un diario distinto a El Telégrafo, u otro pasquín controlado por alguno de los nefastos gobiernos del socialismo del siglo XXI, por más de izquierda que sea). Pero que haya aparecido en el diario público es aún más grave porque se trata de un espacio de propaganda oficial cuya línea editorial está claramente alineada con el discurso del Gobierno. ¿Es eso lo que en Carondelet piensan sobre la situación de Venezuela? ¿Creen en verdad que la crisis no es tan grave como la presentan los “medios mercantilistas” de todo el mundo?

Si Lenin Moreno quiere marcar un verdadero cambio de estilo frente a Correa, como ha ofrecido, no basta con querer mostrarse conciliador o con cuestionar más que tibiamente la costumbre de su antecesor de denostar a quien se le cruce. Un verdadero cambio implica, entre otros requisitos, desmontar el enorme aparato de propaganda y descalificación que tan funcional le resultó durante la campaña y que tiene a El Telégrafo como uno de sus puntales. Ese diario que ya era una vergüenza para el periodismo y que, al publicar la caricatura de “Ladrillo” sobre Venezuela, consiguió la triste hazaña de superarse a sí mismo.

El video que desnuda la hipocresía de Miguel Carvajal

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Los 10 años del gobierno de Rafael Correa han dejado en claro que hay, al menos, dos tipos de dirigentes. Unos que son los que más se exponen y que defienden sin ningún tapujo las arbitrariedades y abusos de su máximo líder, Rafael Correa. Son los que menos pretensiones  ideológicas tienen pero que no temen empeñar ni su prestigio ni su imagen a la hora de declaraciones destempladas o decir barbaridades con tal de sacar de apuros al gobierno o al caudillo.  Entre esos están Jorge Glas, los hermanos Vinicio y Fernando Alvarado, Ricardo Patiño, Marcela Aguiñaga, Richard Espinosa, el nuevo fiscal Carlos Banca Mancheno o Alexis Mera. Son vistos dentro de Alianza País como el ala no ideológica del gobierno y, en algunos casos, son identificados como quienes están en la revolución porque es un buen lugar para hacer negocios.

El otro grupo es el de los dirigentes que, al contrario de los anteriores, se presentan como más ideológicos y mucho más comprometidos con lo que llaman “el proceso”. Tienen un discurso mucho más político y están convencidos de que están luchando del lado correcto de la historia. Tratan de no dar declaraciones públicas en defensa de temas políticamente incorrectos que ha puesto sobre la mesa el caudillo y, cuando no les queda más remedio,  lo hacen relativizando y endulzándolo todo. Entre esos están Fánder Falconi, Virgilio Hernández, María Fernanda Espinosa, Pabel Muñoz, Javier Ponce o Miguel Carvajal.

La gran diferencia entre los primeros y los segundos es un tema de actitud: mientras los primeros son cínicos sin tapujos y se la juegan abiertamente por su caudillo, los segundos prefieren solazarse en el discurso ideológico y guardar las formas en público. Esa diferencia desaparece, sin embargo, cuando los del segundo grupo hablan en privado y saben que sus declaraciones no son grabadas para ser difundidas en la opinión pública. Ahí las diferencias desaparecen y los modositos como Muñoz o Hernández, del segundo grupo, terminan siendo idénticos a los desembozados como Patiño o Fernando Alvarado. Esto lo demuestra crudamente un video que circula en redes en el que aparece el asambleísta electo Miguel Carvajal, tratando de convencer a un grupo de personas que la decisión del gobierno de no admitir la entrada de Lilian Tintori fue correcta, legal y justa.

Miguel Carvajal, que durante toda la década correísta ha tratado de labrar la imagen de dirigente y militante comprometido con las reivindicaciones sociales, los derechos y la academia aparece en el video justificando la prisión de Leopoldo López, esposo de Tintori, con argumentos dignos de la Stasi, la policía secreta de la antigua Alemania comunista. “La señora Tintori es mártir porque defiende a su esposo Leopoldo López”, dice y enseguida pregunta con tono de maestro de escuela rural “¿Por qué está preso López”. Una mujer en la audiencia replica tímidamente “por guarimberto” y Carvajal exclama asimismo con tono de maestro de escuela rural aliviado de ver a sus alumnos en lo correcto y en voz alta dice “por guarimbeeero”. Carvajal continúa argumentando y afirma que a López la justicia le comprobó que había provocado la muerte de 43 personas por haber convocado a una serie de protestas en las calles de Caracas. “Está preso porque le demostró la justicia que condujo e incitó a actos violentos que cegaron la vida de 43 personas”, dice sin ruborizarse siquiera porque seguramente cuando sostuvo aquello asumía que nadie en el auditorio debía saber que el juicio en contra de López pasará como uno de los actos más infames del autoritarismo de la región.

Justicia, afirma Carvajal, asumiendo que todos los presentes en el grupo al que se dirige son los suficientemente ignorantes para no saber que en Venezuela no hay justicia porque justicia solo puede existir cuando existen jueces y fiscales independientes. Carvajal no es un ignorante y por eso resulta imposible creer que no sabe que uno de los fiscales que acusó a López huyó de Venezuela para confesar, porque su alma no resistía más, que contra López se habían fabricado pruebas falsas. Carvajal se hace el bobo y bota al tacho de la basura cualquier vestigio de honestidad intelectual porque resulta imposible creer que no se haya enterado de que todos los organismos serios de derechos humanos que se interesaron en el tema han condenado la sentencia en contra de López porque fue evidente que no hubo proceso justo ni jueces independientes. “¿Y los derechos de las madres de los 43 muertos?” se pregunta en el video con ese falsete de quienes quieren pasar por inocente. Pero claro, para Carvajal no existen los 133 presos venezolanos políticos que, como López, son víctimas de un sistema político donde el despotismo mafioso del régimen venezolano no tiene un sistema de justicia que le ponga coto a su autoritarismo sino que tan solo obedece sus órdenes.

En el video, además, Miguel Carvajal aparece sosteniendo uno de los argumentos más retrógrados y autoritarios posibles: que las muertes que se producen durante las protestas sociales no son responsabilidad de los aparatos represores del Estado sino de los líderes que empujan a los pueblos a protestar. ¿Aplica lo mismo para aquellos episodios de la historia ecuatoriana que la izquierda ecuatoriana a la que dice pertenecer tienen como hitos revolucionarios como la matanza del 15 de noviembre de 1922? De ser así, el responsable de aquella tragedia no fue el gobierno de Tamayo, como tradicionalmente ha sostenido la izquierda ecuatoriana, sino los irresponsables dirigentes sindicales que arrojaron al pueblo a las calles. Lo mismo tendría que decir sobre los indígenas muertos en los levantamientos o las víctimas del asesinato masivo en el ingenio Aztra en 1977. “Guarimbeeero”, dice Carvajal.

Carvajal jamás hubiera sostenido lo que se ve diciendo en el video si hubiera estado en una entrevista. Tampoco lo hubiera dicho si sabía que alguien lo estaban filmando. Lo dice porque sabe que su imagen de dirigente ideológico y académico no va a ser perjudicada. Carvajal en el video es idéntico a Ricardo Patiño a Carlos Baca Mancheno o Roberto Wohlgemut porque cree que los únicos que lo ven y lo escuchan son quienes están siendo adoctrinados por él en ese oscuro y lúgubre auditorio en el que se trata de ser gracioso y pedagógico.

Miguel Carvajal resultó estar hecho de la misma madera que los dirigentes más impresentables de la llamada revolución ciudadana, de aquellos que, en su sector, critican y desprecian soterradamente.

#LaTomaDeVenezuela en diez videos

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Cientos de usuarios de redes sociales en Venezuela se dedicaron a testimoniar lo que fue la jornada #LaTomaDeVenezuela, en protesta en contra del gobierno de Nicolás Maduro. Armados de teléfonos inteligentes cada uno aportó, a su manera, con imágenes y videos de lo ocurrido. 4Pelagatos hizo una pequeña selección.

Arriba una toma general de la manifestación en Caracas
Este video fue puesto por Henrique Capriles en su cuenta de Twitter
!Tengo hambre! ¡Mírame a los ojos!
Se va a caer, se va caer…
Esta marcha ha estado espléndida
Desalojan camión de la Policía que evitaba acceso a Caracas
El video de Efecto Cocuyo
Imágenes en Barquisimeto
La toma en Valencia
Colectivos y policías disparan a manifestantes en la Catedral de Maracay

Los Mirage de Chávez son hoy un criadero de avispas

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En septiembre del 2009 la discusión alrededor de la donación de seis aviones Mirage F-50 hecha por el entonces presidente de Venezuela Hugo Chávez giraba sobre si el Ecuador debía o no recibir chatarra. El presidente Rafael Correa intervino varias veces en ese debate: “Es mentira que es chatarra, basura como sacó un medio de comunicación”, dijo Correa. “Sería impensable que un hermano le regale a otro hermano algo que no sirve. Esta es la prueba palpable y tangible de que funciona”, dijo por su lado Alonso Espinoza, el oficial ecuatoriano de la Fuerza Aérea Ecuatoriana cuando intervino el 1 de noviembre del 2009 en la ceremonia de recepción de los aviones.

Siete años más tarde los aviones son, en efecto, chatarra. Lo fueron desde el primer día porque, según fuentes militares jamás volaron luego de que fueron entregados. Ahora están en la base aérea de Taura y sirven, básicamente, como plataforma para la construcción de panales de avispas.

La donación se produjo un año después del ataque del ejército colombiano al campamento guerrillero que Raúl Reyes tenía en territorio ecuatoriano y fue promocionada como una ayuda de Chávez para dotar al Ecuador de armamento disuasivo en caso de que se repita un episodio como el de Angostura. La verdad es que nos aviones nunca sirvieron. En marzo del 2010, el entonces canciller Ricardo Patiño sostuvo que no habían volado porque no había llegado la autorización de Francia, donde se fabrica los Mirage. “No podíamos utilizarlos, todavía, porque hacia falta una autorización del Gobierno de Francia, que es el que había vendido esos Mirage a Venezuela”, dijo Ricardo Patiño.

El hecho cierto es que nunca volaron porque fueron chatarra desde el primer día.  En estas fotos se ve cómo lucen actualmente aquellos aviones cuya entrega fue, en realidad, un acto mediático para promocionar la alianza política entre Ecuador y Venezuela.

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Almagro es definitivamente un conspirador

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Ayer el representante de Bolivia en la OEA pidió la renuncia de su Secretario General, Luis Almagro. La Canciller de Venezuela dijo que su ideología era seudofascista. El representante de Nicaragua lo acusó de llevar a cabo una maniobra “injerencista y retrógrada” al pretender aplicar la Carta Democrática al gobierno de Venezuela.

Los aliados del chavismo quieren convertir a Almagro en un títere, un conspirador, un golpista, un empleado de fuerzas oscuras que quieren derrocar al gobierno dictatorial de Nicolás Maduro. No es nada excepcional. Es lo que hacen a diario con las voces críticas. Pero en este caso, esos gobiernos se han impuesto una misión imposible porque Almagro es un hombre de la izquierda progresista. Todo el mundo lo sabe y su biografía a estas alturas es imposible de desnaturalizar.

Esto hace del Secretario General de la OEA un caso excepcional en el escenario institucional de la región: se ha vuelto el principal demoledor de las falacias del socialismo del siglo XXI. Un hombre de la izquierda progresista que desnuda las mentiras y los sofismas de la empresa política y mediática más exitosa de las dos últimas décadas. Almagro desde tan alto cargo, muestra que allí donde Guillaume Long ve felicidad (como Glas ve una refinería en un peladero), solo hay violencia, inflación, desabastecimiento, corrupción, desinstitucionalización, dictadura. Almagro por supuesto conspira contra esa maquinaria de sofismas construida por el chavismo. Él rompe el poder de la lengua pastosa que usan algunas cancillerías para enterrar lo esencial. Él retoma el camino de la decencia institucional que perdió la OEA. En nombre de sus principios, encara el régimen venezolano. Basado en los tratados firmados demuestra que Maduro no es un demócrata y que tiene –a vista y paciencia de los otros países– prisioneros políticos. Y detenidos torturados. Ese es el avance democrático del cual hablan Maduro y sus aliados; el correísmo entre ellos.

Almagro no solo es el dinamitador de la falacia chavista: es la mala conciencia de estos gobiernos que abdicaron ante el torrente populista aceitado por la bonanza petrolera. Con cifras en mano mostró que, a pesar de esa lluvia de dólares, el chavismo logró destruir el país con mayores reservas petroleras del mundo: inflación, 720%. PIB, menos 8% más en 2016. Deuda externa, 130.000 millones de dólares; casi seis años de exportaciones de petróleo. Desempleo, noveno lugar del mundo con la peor tasa. Pobreza, 73% de los hogares y el 76% de los venezolanos vivieron en la pobreza en 2015. Salario mínimo mensual, 13,75 dólares…

Decir estas cosas, lo ha convertido en un conspirador. Lo mismo que recordar el enorme embuste que echó a correr el chavismo –con éxito– cuando negó las bases mínimas de la democracia para disfrazar la concentración de poder y la dictadura sostenida por los militares en Venezuela. Los demócratas del continente tienen una deuda con Almagro: él osó recuperar esos valores mínimos de la democracia representados en el artículo 3 de la Carta Democrática: respeto a los derechos humanos y libertades fundamentales. Acceso al poder y su ejercicio con sujeción al Estado de derecho. Celebración de elecciones periódicas, libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto[…]. Régimen plural de partidos y organizaciones políticas. Separación e independencia de los poderes públicos. En el artículo 4 –recordó Almagro en su discurso– se delinean los componentes esenciales para el ejercicio de la democracia: “la transparencia de las actividades gubernamentales, la probidad, la responsabilidad de los Gobiernos en la gestión pública, el respeto por los derechos sociales y la libertad de expresión y de prensa”. Nada de esto cumple el chavismo.

Los demócratas no solo deben a Almagro que haya leído los principios (que “definen quiénes somos, en qué creemos y cómo interactuamos unos con otros”) que firmaron los países democráticos, que crea en ellos y que quiera aplicarlos. Le deben que quiera intervenir frente a gobiernos con esos principios en la mano. Gobiernos que recurran a la peor de las tesis –esa sí fascista– de la no-intervención en asuntos internos, para actuar contra la democracia en forma impune. Desde 1980, los países del bloque andino firmaron el documento de la Doctrina (Jaime) Roldós que, precisamente, afirma que “la acción conjunta ejercida en protección de esos derechos (humanos, económicos, politicos y sociales) no viola el principio de no intervención”. Bolivia y Venezuela firmaron esa doctrina. Y hoy (con Nicaragua entre otros) tratan agresivamente a Almagro por aplicarla.

Cerrar los ojos ante las violaciones a los DDHH o a los principios de convivencia llevó a Europa a tolerar la masacre de Srebrenica en julio de 1995, durante la guerra de Bosnia. Ese genocidio probó la falacia bajo la cual gobiernos fascistas actúan contra sus ciudadanos sin que la comunidad internacional pueda observarlos. O fiscalizarlos. Europa entendió tarde su error. Pero los autores del peor genocidio en Europa desde la segunda guerra mundial fueron llevados ante el Tribunal Penal Internacional.

Almagro, pese a su actitud valiente, no ha podido aplicar la Carta Democrática contra el gobierno venezolano. Pero ya le corrió la alfombra bajo los pies. Maduro y sus aliados saben ahora que los derechos humanos y democráticos están por encima de la supuesta soberanía de los Estados. Saben que Almagro conspira desde la OEA defendiendo, con una dignidad que se celebra, los principios democráticos que ellos pisotean. Si los demócratas vuelven a mirar hacia la OEA es gracias a Luis Almagro.

Foto: Flickr de la OEA

La OEA sí minó la cancha de Maduro

en La Info por

¿Cómo convertir una derrota evidente en victoria? La fórmula la tiene la canciller venezolana Delcy Rodríguez. De victoria calificó la resolución de la OEA ante la cual su gobierno tuvo que plegar. Venezuela había propuesto un texto pero no contó con los votos necesarios para imponerlo. Tampoco tuvo los votos para frenar el texto definitivo propuesto por México, tras ser descartado por blando el liderado por Argentina. Y tuvo que adherirse a la declaración para salvar la cara.

Es la primera vez que Venezuela es el centro de un debate continental y esto prueba que la relación de fuerzas cambió. Caracas ya no cuenta con los votos de los países del Petrocaribe que sumaba a los de sus aliados –Argentina, Brasil, Nicaragua, Bolivia y Ecuador– para evitar que el grave estado económico, social y político, provocado por el chavismo, llegara al pleno de la OEA.

Se sabía –porque desde hacía ocho días 20 países trabajaban en una declaración liderada por Argentina– que el pedido de Luis Almagro –activar la Carta Democrática– no tendría eco. Muchos estados consideraron que el Secretario General se precipitó y no les consultó. La estrategia venezolana se orientó, entonces, a cortocircuitar la reunión y evitar una declaración, que no fuera la suya, del Consejo Permanente. En ese punto también perdieron y –aunque Almagro no logró su objetivo–puede considerarse responsable de que la OEA haya debatido el caso de Venezuela y se haya manifestado en forma conjunta.

El tono de la declaración es genérico. Pero el debate dio lugar a que Nicolás Maduro, su gobierno y sus defensores -entre los cuales se cuenta el gobierno ecuatoriano- tuvieran que oír, en el seno de un organismo que habían logrado neutralizar, verdades que ocultan tras sofismas baratos. Canadá y otros Estados dijeron que no era un invento de los medios de comunicación, como ellos pretenden, la escasez, la parálisis de Venezuela, los apagones, la emergencia alimentaria y sanitaria…

Maduro está ahora presionado por 34 estados (al menos 25) que firmaron la declaración y que se dicen prestos a ayudar a identificar “algún curso de acción” para llegar a una solución política mediante el diálogo. Parece poco, pero en el contexto venezolano, es esencial. Maduro está llamado a dialogar y a reconocer la Asamblea que, en el texto figura como “otras autoridades constitucionales”. La declaración respalda, además, una iniciativa concreta de diálogo: la que promueven los ex presidentes José Luis Rodríguez Zapatero de España, Leonel Fernández de la República Dominicana y Martín Torrijos de Panamá. Hay un apoyo explícito a otras iniciativas de diálogo nacional dentro de la Constitución y el pleno respeto de los derechos humanos.

Siempre se puede decir que son declaraciones de circunstancia que no comprometen al gobierno de Maduro a volverlas realidad. El punto es que la OEA deja, con esta declaración, el balón en su campo. De forma explícita, esta organización se vuelve veedora de la actitud de un gobierno que convirtió a uno de los países más prósperos –como dice el comunicado de la Mesa de la Unidad Democrática– “en un país sin alimentos, sin medicinas, sin seguridad personal, sin democracia y sin libertad”.

El campo de Maduro se sembró de minas. Quizá por eso el quinto punto de la Mesa de la Unidad Democrática –que conoce bien a Maduro y a los suyos y que ya se ha prestado a varios sesiones de diálogo que han terminado en shows chavistas– dice que “la posibilidad de activar y aplicar la Carta Democrática sigue en pie(…)”. La declaración favorece a la oposición y no al gobierno chavista, ahora presionado también a respetar los Derechos Humanos y los procedimientos constitucionales. En ellos, la Mesa de la Unidad Democrática incluye el referendo revocatorio que es legal y que Maduro quiere evitar; tal es su grado de impopularidad.

Guillaume Long, canciller ecuatoriano, saludó la declaración de la OEA “a favor del diálogo sin sanciones ni amenazas de ningún tipo y que reconoce la plena soberanía de Venezuela”.  Long quiere hacer creer que el partido en la OEA terminó 0-0. No dice, por supuesto, que su representante apoyó el texto de Venezuela y también tuvo, para salvar la cara, que adherirse al texto definitivo que, a pesar de su tibieza, obliga a Maduro a jugar en cancha inclinada. Es la primera vez en el concierto latinoamericano. Y hace tiempo que era hora.

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