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Villavicencio pide asilo en Perú

Villavicencio pide asilo: una derrota política y ética para Correa

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Emilio Palacio ya no está solo. Fernando Villavicencio acaba de pedir asilo político en Perú y en Plan V está la historia que toca leer. Rafael Correa comentará esto con alguna frase destemplada, pero hay un hecho cierto e imposible de ocultar para él: dos periodistas han tenido que expatriarse tras haber sido perseguidos en su gobierno. Una pésima carta de presentación para alguien que, en calidad de ex presidente, pretende pasar algún tiempo en el continente donde la libertad de expresión es un valor histórico.

Decir, como se está diciendo, que Villavicencio se asila porque desde 2016 enfrenta una demanda por haber publicado correos electrónicos privados de Correa y del Procurador, Diego García, es cometer una injusticia. Este gobierno ha perseguido a Villavicencio desde hace años por haber denunciado, en la prensa tradicional primero, y, luego, en sus escritos publicados en Focus Ecuador –que ha sido frecuentemente atacado– los mayores negocios y negociados hechos durante la revolución ciudadana.

Escándalos del mundo petrolero -del cual es un especialista- que incluyó un nuevo actor en esta década, más corrupto que los otros: China. Villavicencio desentrañó ficciones (petróleo entregado a Petrochina y revendido en la Costa Este de Estados Unidos); intermediaciones (en las cuales el país pierde 3-4 dólares por barril); ventas anticipadas contra préstamos (totalmente lesivas al interés nacional); negocios que fueron francos asaltos (refinería del Pacífico); negociados monumentales (como el de la refinería de Esmeraldas)…

El gobierno lo persiguió (usando todo el poder del Estado) porque conocía la seriedad de sus investigaciones, siempre basadas en documentos oficiales. Y las conocía porque Villavicencio hizo, en muchos casos, las denuncias correspondientes en la Fiscalía General de la Nación. Lo persiguió en vez de agradecerle que hiciera el trabajo que no han hecho los organismos de control. Lo persiguió porque, a la larga, había altos funcionarios del gobierno absolutamente involucrados en esas corruptelas que él denunciaba.

La persecución contra Villavicencio es una derrota política y ética para el régimen correísta. Política porque muestra la irracionalidad de un régimen que Osvaldo Hurtado, el ex presidente, resumió en una fórmula: “cárcel para los honestos; impunidad para los corruptos”. Perseguir a un periodista cuyo trabajo ha sido cuidar el manejo de los recursos naturales y del erario público, desnuda la catadura antidemocrática de este gobierno. Pero también su déficit ético y la desfachatez con que desmontó todos los mecanismos institucionales y legales destinados a fiscalizar su gestión. Villavicencio hizo el trabajo que no hizo el Contralor de la República y se lo dijo la Comisión Anticorrupción. Y por hacerlo, Carlos Pólit demandó y pidió cárcel para sus nueve miembros e indemnización económica. Una vergüenza. Las investigaciones de Villavicencio son tan fidedignas, que hasta Alexis Mera, secretario jurídico de la Presidencia terminó por darle la razón.

La noticia de este pedido de asilo llega en un pésimo momento para Rafael Correa y también para Lenín Moreno. La opinión internacional conoce que un ciudadano no pide asilo político si no tiene, bajo el brazo, una carpeta con documentos que sustenten sus razones. Sabe, además, que los gobiernos requeridos son celosos en sopesar sus decisiones. Que Estados Unidos haya dado asilo político a Emilio Palacio, en agosto de 2012, habla de que, ya entonces, corría peligro en lo personal y no gozaba de condiciones favorables para ejercer su oficio en Ecuador. En el caso de Villavicencio, la persecución judicial fue evidente y permanente y Correa hizo gala de una inquina personal manifiesta en sabatinas y otras declaraciones. Que la familia de Villavicencio haya tenido que endeudarse para entregar, por orden de un juez, 47 mil dólares a Correa, podría resumir tristemente esa persecución oficial en el cual colaboraron la Presidencia de la República, la Fiscalía General de la Nación y la Judicatura.

Villavicencio está a salvo: ese es hoy su mayor triunfo y el de su familia. Para Correa este caso es otra pesadilla. Como lo fue el 30-S, que él avivó. Para Lenín Moreno es un termómetro que marcará si en su gestión surgen señales objetivas de retorno a la democracia: entonces Villavicencio y Emilio Palacio encontrarán motivos para volver.

Foto Plan V: Fernando Villavicencio con Roberto Pereira, su abogado, en la Cancillería peruana en Lima

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