Unidad opositora

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Cuando se está a las puertas de un proceso electoral  los análisis respecto de las candidaturas se deben producir en, al menos, tres ámbitos: la política electoral, el derecho electoral y la estrategia electoral. Esos tres ámbitos deben estar íntimamente enlazados, salvo que se desee caer en un estrepitoso fracaso.

La política electoral hace variar la estrategia electoral: una cosa es enfrentar una elección presidencial cuando el jefe del Estado va a presentar su candidatura, que si ello no va a acontecer, como ocurrirá en las elecciones de 2017. Pero para tomar la decisión se debe considerar el derecho electoral.

Efectivamente, si el presidente Correa hubiese decidido presentar su candidatura, luego de que se aprobara la enmienda constitucional que permite la reelección indefinida, la oposición se hubiese visto prácticamente obligada a unificarse, toda vez que la presentación de postulaciones divididas debía enfrentar la regla constitucional que establece que se triunfa en primera vuelta electoral no solo si se obtiene la mayoría absoluta, sino si la primera mayoría relativa (Correa) logra el 40% de la votación válida (es decir, excluyendo votos nulos y blancos) y la segunda mayoría relativa no logra una diferencia menor al 10% de la que consiguió el primero, cosa difícil con candidaturas divididas.

Al parecer la oposición estaría entendiendo que solo Correa puede lograr esa cantidad de votos (al menos el 40%) porque estamos presenciando una efusión de precandidaturas que, muy probablemente, no se estarían pensando en el caso de tener un “presidente-candidato”. Supongo que ese análisis se lo está haciendo con base en datos precisos y no a la adivinanza, cosa nada extraña en nuestros políticos. Lo que no dudo es que con Correa candidato, la oposición estaría sentada en la mesa ya, intentando lograr acuerdos. Sin Correa candidato, a los políticos les parece menos complicado decir: “yo con fulano no me siento porque…”, dando una serie de explicaciones o intentos de justificación para no ceder en el afán personal: que el otro hizo tal cosa en tal época; que tuvo que ver en equis asunto; que colaboró en el régimen de zutano o se relacionó con perencejo; y, un larguísimo e interminable etcétera, tan extenso como las excusas a las que puede acudir la prolífica imaginación de nuestros políticos, con la gran colaboración de la cortísima memoria del electorado (a ese al que se le suele insistir “que no se deje engañar por…”, tratándolo como el bobo del grupo).

Pero el tema relativo a las candidaturas presidenciales tiene una consecuencia inmediata: las listas para las elecciones parlamentarias. Muchas postulaciones a la primera magistratura de la Nación no tendrán por fin lograr la presidencia sino impulsar la lista parlamentaria a través del “arrastre de votos”. Con cualquier método de adjudicación de escaños, para adjudicar cargos la lista debe tener una votación mínima.

Recordemos que en febrero de 2013 el descalabro en el resultado electoral de la oposición en las elecciones para la Asamblea Nacional se le intentó imputar a  D´Hondt y su método de adjudicación de escaños. Para sostener eso se indicó que Alianza Pais estaba obteniendo las dos terceras partes del total de legisladores con tan solo algo más del 50% de la votación, colocándose como notorio ejemplo el caso de Azuay, en el que AP con el 56% de la votación se llevó el 100% de la representación. ¿Desproporcionado? Sí. ¿Por culpa del método D´Hondt? NO!!!

Y la culpa no fue de D´Hondt y su método. La culpa, hay que aceptarlo, fue de una oposición que tuvo la genial idea de ir absolutamente dividida ¡en distritos pequeños!, lo que originó que una importante votación se diluyera entre las distintas listas.

Así, en el caso de Azuay, es cierto que AP se llevó los cinco escaños (el 100% de los cargos) con solo el 56% de las preferencias. Pero el segundo (CREO) solo tenía el 9%, y el tercero (Pachakutik) 6%, el cuarto, quinto y sexto (Avanza, Sociedad Patriótica y un movimiento local) apenas pasaban el 5% cada uno, Ruptura y Suma solo superaron el 2%. Para qué hablar del resto: cuatro partidos que raspaban el 1%. ¿Cómo asigno un escaño, es decir, el 20% de la representación, a listas que no alcanzan ni la mitad o la cuarta parte de ese porcentaje?

La cosa habría sido distinta si la oposición hubiese pensado en el país y no en sus propios intereses individuales. Con un 40% de la votación, la oposición hubiese ubicado muchos más asambleístas que los que puso por separado. Pero no, cada uno quiere que su nombre esté en el primer lugar o nada. Veamos lo que pasó con las listas de los movimientos y partidos que se apartaron de Alianza Pais. Un desastre electoral.

De la historia se debe aprender, salvo que se quiera repetir esa experiencia y seguir la tradición de no solo no aceptar nuestra responsabilidad y echarle la culpa a otro. En este caso, se le echó la culpa a D´Hondt, que era el menos indicado, y no a los verdaderos responsables que estaban en la clase dirigente.

Si se va a ir a las elecciones de 2017 con ese mismo comportamiento, mejor olviden la idea de convocar a asamblea constituyente: se la vuelve a llevar AP, con la gentil colaboración de la oposición.

Ojalá que veamos un cambio, porque sino, tal vez lo que peor le pase a la oposición es que Correa no sea candidato, independientemente de que se crea que esa no postulación se debe a que el hoy jefe del Estado no quiere cargar con un país endeudado y sin recursos, y con una oposición con mayoría en la Asamblea Nacional (porque en ese evento se hubiese unido). Es decir, porque el presidente Correa no quiere ejercer la presidencia con todos los problemas que tuvieron que enfrentar los anteriores jefes de Estado.

3 Comments

  1. Excelente análisis de la coyuntura política. Ojalá los «opositores» leyeran este artículo y sacara consecuencias para su propio futuro político.

  2. Efectivamente la clase dirigente unos miopes otros sin brújula.
    Esperaría esta vez logren unirse pero definitivamente no con todos, tendrán que cuidarse de aquellos con trayectoria camaleonica

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