¿Qué ofrece la oposición al país?

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El bloque de la oposición política reunida en Cuenca no ha dicho –no todavía– cuáles son sus acuerdos. Este hecho concierne también otros bloques o partidos. En Cuenca se dijo que esos acuerdos se irán dando alrededor de una agenda legislativa. Y se avanzaron dos puntos –en particular– de arranque: las enmiendas y la Ley de Comunicación. Las dos serán derogadas.

Si se entiende bien, los electores que exigen cambios deberán esperar a que los partidos de la oposición, solos o unidos, decidan qué poner en sus plataformas. Y contentarse con aquellos acuerdos que esas fuerzas logren suscribir a pesar de sus contradicciones. O de sus intereses. Es decir, lo que la oposición ofrecerá al electorado es por ahora un albur.

Curiosa situación para el electorado. Se vuelve así al viejo esquema en el cual la sociedad es rehén de los políticos. En esa circunstancia, bien podría ocurrir que, si hay alternancia, el próximo gobierno no tenga el rostro al cual aspiran los ciudadanos. Cualquier cosa pudiera ocurrir. ¿Pueden los electores aceptar cualquier cosa a cambio del correísmo? ¿Pueden votar por una alternancia –que buscan desde hace años– sin saber a qué se compromete concretamente la oposición?

La oposición procede como en los viejos tiempos. Ella determinará, en su conversaciones, el contenido de su plataforma. ¿Pero ese contenido no lo definió ya el correísmo? ¿La oposición no deberá hacer, en un buen número de temas, exactamente lo contrario de lo que ha vivido el país en esta década? El acuerdo no depende, entonces, de la buena voluntad de los líderes de la oposición. De aquellos que fueron a Cuenca. O de aquellos que no fueron convidados.

¿Hay desacuerdo en que se debe desmontar el modelo correísta y que para ello se debe cambiar la Constitución de Montecristi? ¿No es esto un hecho y por ello se limitaron a las enmiendas?

¿Hay desacuerdo en que se debe reformar por completo el modelo económico? ¿Se puede hacer aquello sin quitar al Estado su papel de actor y protagonista principal de la actividad económica?

¿Hay desacuerdo en que se debe restituir la democracia plena en el país? ¿Se puede llevar esto a cabo sin que se pulverice el poder híper presidencialista que concentra todos los poderes y los avasalla?

A esa letanía, se pueden sumar otras. ¿Hay desacuerdo en transparentar la gestión del actual gobierno? ¿Hay desacuerdo en auditar y publicar los contenidos de los contratos que este gobierno convirtió en secretos de Estado? ¿Hay desacuerdo en desaparecer el troll center, las sabatinas, las agencias de propaganda, los entes de la inquisición, los organismos encargados de fichar e investigar a los ciudadanos?

Diez años de resistencia para algunos –menos para otros, pero resistencia al fin y al cabo– ¿no se convierten, en ciertos temas, en mandato para la oposición? ¿Pueden ignorar la lucha de los Yasunidos? ¿Pueden soslayar las minorías que han sido señaladas y hostigadas por este gobierno? ¿Pueden mantener bajo un manto moralista temas como el aborto? ¿Puede el próximo gobierno ser tan reaccionario como el correísmo y su Plan Familia? El programa de acuerdos mínimos no puede ser solamente institucional, político y económico: también debe ser social e incluir, en prioridad, a los más pobres del país.

El hecho cierto es que las causas democráticas que durante la década correísta llegaron a la esfera pública son ahora patrimonio de la sociedad. Y los líderes de la oposición que pretenden encarnar el post correísmo, no pueden ignorarlas. No pueden interpretar esa sociedad, que continuó cambiando a pesar de todo, sin asumir esas causas. No pueden plantear una alternancia política sin la dimensión ética que ha conllevado defender valores y principios.

En definitiva, la oposición no tiene que responder solamente por unos acuerdos. Su programa debe incluir, para que sea realmente postcorreísta, las causas democráticas que la sociedad ha defendido y los perfiles nuevos de liderazgo que inexorablemente se imponen. Esto significa, en el marco conceptual y político, que la oposición debe ser, debe parecer y debe encarnar lo contrario de lo que pretende reemplazar. Tiene que ponerse a tono con la sociedad real; no al revés. Ese es el cambio que tiene que ofrecer; no un baile de sillas y rostros.

5 Comments

  1. Considero que es imprescindible y trascendente aunar esfuerzos para desmontar él aparataje del correismo, que dejará cercado al gobierno entrante. Es difícil que lios acuerdos se definan en los acercamientos iniciales, se irán manifestando a medida que la posición opositora se consolide. Es indispensable vislumbrarlos para que los representantes de los grupos de apoyo, opositores al gobierno actual, puedan pulirlos y concretárlis como una base sólida de arranque de la campaña para acceder al poder. Llegar a acuerdos entre partidarios de un mismo sector ideológico no siempre es fácil, resulta impredecible lograrlo entre otros de grupos de diversas tendencias políticas. Solo una gran dosis de generosidad, exenta de individualismos y un enorme compromiso ciudadano logrará vencer obstáculos para tomar decisiones de interés común.

  2. ¿Alguna vez hubo democracia real en este país? y la segunda ¿podemos confiar en esa fanesca política llamada La Unidad, para llevar un programa demócrata que reemplace a la otra fanesca política que es AP? ¿Quieren que una banda de oportunistas liderados por un caudillo, tirano y represor cuyo programa en Guayaquil funciona tan bien como funcionó Chernobil para la URSS?. Si esta va a ser la alternativa que vamos a legitimar como oposición, prefiero pasar. Esto parece el eterno retorno de Nietzsche (con la disculpa de Nietzsche, porque seguramente lo estoy caricaturizando demasiado) y no me hablen de Lasso, un banquero en el poder, tampoco me da confianza, sobretodo cuando le secunda gente como Paez – que por cierto, parece que busca su propio protagonismo – que no sabe ni siquiera donde esta parado políticamente.

  3. Gran analisis de Jose Hernandez que comprende mejor
    Esta sociedad que aquellos que pretenden interpretar la «unidad».

    Lo que importará en esta nueva fase política, que espero muestre la madurez que el país ganó a » golpes» es que los políticos se sometan y acaten las condiciones que la ciudadanía y la sociedad civil les exigen, que respondan a esas nuevas visiones compartidas de la sociedad. Los supuestos «liderazgos» que imponen la agenda de unidad no son suficientes….

    Estos «acuerdos» de Cuenca se quedaron tan cortos justamente porque pretenden desconocer los cambios que la nueva guardia ciudadana y empresarial exige de la clase política… Una nueva Generación politica con otro tipo de patrones de comportamiento?

    Instituciones que respondan a todos y transparencia/rendición de cuentas son condiciones básicas. Nadie se conformará con «caramelos» como eliminación de LOCA y de las enmiendas… Mientras el aparato institucional correista quede intacto para usarse por los que sienten «les toca el turno»…

    Tiempos de incertidumbre pero también de esperanza por un futuro mejor?

  4. Excelente artículo, totalmente de acuerdo, la oposición debe desmantelar todo lo armado en el «correato», comenzando por la constitución,

  5. Lo que no entiendo es que hace el alcalde Rodas en el grupo de oposición si claramente el 3 de diciembre del año anterior permitió que el régimen fascista en que vivimos, reprima salvajemente al pueblo de Quito y movimientos sociales que estábamos en las calles luchando contra las enmiendas. Represión, perseguidos, heridos y detenidos, los21 del arbolito. Muy necesaria es la unidad de la oposición pero no así sin el vendido Rodas y sin el Cínico Gonzáles que seguro son informantes del régimen…

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