Para comer, hay que empelotarse

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Christoph Baumann se desnuda. Y, con él, algunos de los comediantes más populares de la ciudad. Lo hacen, ¡pobres!, por falta de empleo. Para verlos, hay que ir al teatro Prometeo de la Casa de la Cultura, los días viernes, sábado y domingo de esta y la próxima semana (viernes y sábado a las 20h00; domingo a las 18h00). Ahí se repone Ladies Night, la comedia más taquillera de la temporada teatral 2015. Baumann, que la dirigió, conversó con 4pelagatos y nos contó su experiencia.
ladies night, 2

«A veces te vienen textos al azar. Nos habían dicho en el Scala Shopping: “estamos en crisis, tráigannos una obra de éxito”. Ese rato teníamos una grabación de Enchufe TV. Estábamos el Mosquito Mosquera, Pablo Aguirre, Alfredo Espinosa, José Enrique Pacheco y yo. La idea de hacer Ladies Night era vieja, venía rondando desde los 90. Todos han tenido en algún momento esa idea. Pacheco dijo: ¿por qué no hacemos Full Monty? La obra sólo existía en inglés y había una traducción argentina, así que conseguimos los derechos y Alfredo Espinosa la tradujo y la adaptó. La obra original transcurre en Inglaterra, en una ciudad donde hay desocupación porque cayó la industria del acero. La trasladamos a La Michelena, en el sur de Quito. Los personajes son gente que han sido amigos, pertenecen a un club de fútbol que se llama Los Cuzumbos, han sido trabajadores en la Central y por diferentes motivos, incluso políticos, han sido despedidos. Se reúnen siempre en el Bar El Papi, ahí tienen su refugio. La obra está llena de humor local.

»Es tremendamente cómico eso de que un hombre común y corriente piense en bailar striptease. Habiendo sido un honorable trabajador, lo último que vendes es tu cuerpo. Estos personajes nunca han hecho estos juegos de seducción bailando, son machistas pero de esos machistas absolutamente inconscientes, básicos. Son machistas nomás, no saben ni por qué. Y de pronto les enfrenta una bailarina con su machismo, con el hecho de que sus fantasías son fantasías de hombres pero para seducir a las mujeres tienen que conocer sus fantasías y abrir sus mentes.

»La obra es interesante. No es nomás un éxito light, tiene más trasfondo. Eso a mí me gusta. Me gusta que en los momentos más dramáticos sale el tema de fondo: los miedos de los hombres de hacerse conscientes de sus taras, superarlas, confrontarse consigo mismos para dominar el escenario. Y bueno, lo que nos costó a todos fue hacer las coreografías porque somos actores, nadie ha sido bailarín. Al inicio decíamos: “¡Mierda, me tengo que desnudar, cómo será eso!”. Hay una adrenalina especial porque es un baile de seducción y la idea no es que estás completamente llucho, mostrando todo. Pero igual, estás llucho, todos salimos lluchos al escenario.

»Poco a poco te desinhibes. Estás a full adrenalina cada vez que viene el baile final, y esto en los ensayos ya lo vimos, cuando cada uno tuvo que bailar striptease frente al resto. Hasta el calzoncillo no más. Luego, cuando ya tocaba el desnudo… Poco a poco… Todos teníamos mucho pudor. Y hacer esto frente al público, que grita ¡Aaahhh! ¡Aaahhh! ¡Aaahhh!, como si fueran locos… Es una catarsis increíble. Y es una obra que no ha necesitado mucha promoción. Es extraño. Tuvo una promoción básica pero el boca a boca ha sido tan fuerte: “vaya a ver esto, es increíble, los cómicos de la ciudad se desnudan”. Realmente es una catarsis: ríes y ríes y ríes y sales con dolor en la barriga. Literalmente la gente nos ha dicho: “estoy fuera de mí, lo que pasó ahí ha sido una de las mejores experiencias que tuve”. Se convirtió en el éxito taquillero más grande del país: cuatro meses y medio en escena el año pasado, sin parar, hasta que estábamos recontra cansados de hacer esto. Hasta los lunes y martes por la noche, cuando nadie llena los teatros, nosotros llenábamos.

»Desde que montamos esta obra hace exactamente un año algo cambió en el país: el desempleo, del que no se hablaba en esos tiempos, se volvió un tema importante. La adaptación que presentamos ahora es la misma del año pasado pero hemos dado más fuerza a los momentos en que los personajes no saben qué hacer, porque no tienen plata y nada de lo que han probado les sale bien. Están contra la pared. Y cuando viene esta propuesta ni siquiera creen que va a funcionar. El personaje que hace el Alfredo Espinosa, el eterno emprendedor que les embarca, dice: “¿Qué tienen que perder?” Y los otros responden: “La dignidad”. “¿Ir a seis, ocho entrevistas de trabajo por semana es mucha dignidad?”

»Lo malo fue que, a pesar del éxito, no se ganó tanto. Los teatros tipo CCI, Scala, se te llevan el 50% por ciento. Y fue muy difícil conseguir auspicios: como en la obra hay humor político, ni la Pilsener ni nadie se arriesgó. Los empresarios, aún con una obra full exitosa, han sido pusilánimes a la hora de meter dinero. Entonces descontando el porcentaje de taquilla, el IVA, los derechos de autor, esto y lo otro… Queda una suma que hay que dividir entre todo el grupo y apenas si satisface. Te desalientas porque tienes siempre llenos.

»Es extraño. En este momento todos en el elenco vivimos en crisis económica. Tener un elenco grande es una maldición. Si no tienes contratos buenos, no vas a sobrevivir. Entonces hemos vuelto a montar esta obra con la idea de que nos alimente en una temporada de crisis. El striptease se convirtió en nuestra tabla de salvación. Si queremos comer este año, tenemos que desnudarnos.»

 Ladies Night es una obra de los neozelandeses Anthony McCarten y Stephen Sinclair, traducida y adaptada por Alfredo Espinosa y dirigida por Christoph Baumann. La obra, que inspiró la película británica Full Monty, habla sobre la crisis, el desempleo, el machismo y la esperanza. Actúan Alfredo Espinosa, Marliz Romero, Eduardo “Mosquito” Mosquera, Christoph Baumann, Pablo Aguirre, Gabriel Baumann (estrella del grupo ecuatoriano Swing Original Monks), y Pancho Viñachi.

Foto: 4pelagatos

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