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Ivonne Cazar: la voz de la muerte

lectura de 6 minutos

En marzo de 1996 desapareció en la ciudad de Cuenca la señorita Ivonne Cazar. La historia me ha seducido durante veinte años. La chica desapareció en cincuenta metros más o menos. La distancia entre la esquina y la puerta de su casa, como si se le hubiera tragado la tierra.

En esos años yo daba clase de derecho Procesal Penal en la facultad de Jurisprudencia de la Pontificia Universidad Católica de Quito y me enteré del tema por un reportaje que publicó la revista Vistazo. No era usual hace veinte años que las personas desaparecieran. Algo sobre lo que hoy lamentablemente nos hemos acostumbrado a leer. La jueza a cargo del caso era mi amiga (no la he visto en años así que espero que se siga considerando como tal) Narcisa Ramos. Por pura curiosidad académica le llamé y le pedí que me permitiera sacar copias del expediente. La secretaria de ese juzgado, cuyo nombre sabrán disculpar ya no me acuerdo, era también conocida de este servidor y pude hacerme con las piezas procesales más importantes. Propuse el tema como caso de estudio en mi clase y resultó que uno de mis alumnos, venido de Cuenca e hijo de militar, había sido compañero de la chica en sus primeros años de universidad.

Leí el caso y la verdad es que a la señorita en verdad se la trago la tierra. El último que la vio viva fue el guardia de la cuadra que la miró bajarse del auto de quien la llevó a casa y, tal como lo lee, en cincuenta metros desapareció.

Entre las líneas del proceso entraba y salía un oficial de la policía que aparentemente pretendió a la chica meses antes de su desaparición.

La cosa habría quedado así de no ser porque, muchos años después, un distinguido caballero, también oficial de la Policía, me mencionara el nombre del sujeto refiriéndose a otro asunto, la salida de una unidad de élite por denuncias de agresiones sexuales. Apenas lo nombró me acordé de su condición de fantasma en el proceso de la desaparición de Ivonne Cazar.

Ivonne Cazar es, simbólicamente, la Dalia Negra ecuatoriana por el velo de misterio que rodea su desaparición y a los autores de la misma. No era actriz como Elizabeth Short, sino estudiante de Derecho. Ivonne es un alma en pena que se niega a irse en espera de que su asesino sea descubierto. No soy, ni de lejos, James Ellroy; ni quiero escribir una novela sobre su vida. No obstante esta semana me enteré de que Paúl Ponce, Fiscal del Guayas, remitió el 22 de febrero de este año un oficio a Lizandro Martínez, Fiscal del Azuay, donde le comunica que en una audiencia de juzgamiento contra Guillermo G, por delitos sexuales salieron a la luz datos que pudieran esclarecer la desaparición de Cazar.

La verdad es que desde mi función fiscalizadora me voy a interesar en el tema. Ustedes me dirán que la política nacional apremia. Que hay asuntos más importantes que un político debería emprender. No.

Es impresentable ante la sociedad, que a una mujer se le haya tragado la tierra hace veinte años y su agresor, por haber quedado en la impunidad, siga haciendo de las suyas.

Queridos lectores una de las causas para que el feminicidio (corrección de una amable lectora) siga creciendo en el Ecuador es la impunidad. La consecuencia de no atrapar al criminal es permitir que haya nuevas víctimas. Si la justicia hubiera actuado con eficiencia, cuántas víctimas podrían haberse evitado en veinte años. Súmele el hecho de que el fantasma del proceso de Ivonne y el actor de hechos de agresión sexual posteriores fue oficial de policía, la impunidad es de pánico.

A veces, mis queridos lectores, los más graves problemas nacionales se pintan en los casos olvidados que llenan las tardes burocráticas de fiscales y jueces. La Asamblea Nacional tipificó el feminicidio y lo sancionó con rigor en el Código Orgánico Integral Penal; no obstante las mujeres siguen desapareciendo y muriendo. Agredidas con saña. ¿Por qué? Porque individuos como aquel que participó en la desaparición y, cómo no decirlo, muerte de Ivonne Cazar han quedado impunes por décadas.

Yo sé que Narcisa hizo lo que pudo. Hace veinte años las leyes y la ciencia forense eran otras. Pero ha llegado el momento de encontrar la verdad.

Ese libro profundo que es el Eclesiastés dice que: “…los vivos saben que han de morir, pero los muertos no saben nada, ni esperan nada, pues su memoria cae en el olvido . Sus amores, odios y pasiones llegan a su fin, y nunca más vuelven a tener parte en nada de lo que se hace en esta vida”. Pero el desaparecido no calla, habla con la voz de la muerte hasta que la justicia condena a su asesino y da paz y silencio a su alma.

Ivonne Cazar, una mujer a la que no conocí, de alguna manera se da modos para que cada tiempo su historia rompa los tímpanos de su asesino.

Este caso podría tener actores y damnificados secundarios; pero esa, es otra historia.

34 Comments

  1. La impunidad brillo en aquel tiempo, tiempo oscuro, todos los actores siguen allí y son fáciles de localizar, apuesto que con una buena investigación, (ahora si), caerán el autor que todos sabemos, los cómplices que también son conocidos y los muchísimos encubridores.

  2. ojalá llegue el momento que se esclarezca el crimen de Ivon Cazar parece que solamente hay que unir las piezas del ajedrez,siempre estoy leyendo sobre Ivon, para saber algo nuevo,la esperanza es lo último que se pierde.

  3. Hay que leer el libro «Constituyente o Estado Feudal». Allí se recuerda decenas de desapariciones, fuera de las conocidas de las postrimerías del S. XX. Se denuncia responsabilidades sobre tales acontecimientos. En lo demás, de acuerdo con la postura y felicitaciones por el autocompromiso señalado sobre la Srta. Cazar.

  4. Personas con garra son las que ultimamente no existen y con sólidos valores mor
    ales, me alegro que aún haya una, siga adelante no solo en ese caso sino en muchos que quedaron sin resolver, debido al miedo o a la falta de conciencia de quienes investigaron y juzgaron varios casos.

  5. De la hoy famosa y abusada frase «jamás olvidar», rescato a quienes la utilizan con nobleza y con ese impulso que uno tiene al elegir la carrera del derecho, la verdad es una sola, aprendemos en las facultades de derecho como premisa de nuestra formación; Dr. Aguilar, no tengo el gusto de conocerlo pero por referencias de quienes si lo conocen sé de su pasión por la justicia penal, de su honestidad profesional y de su amplia formación. Siga adelante con su deber de fiscalizar este caso y aquellos que a pocos han interesado por no generar votos o publicidad… Saludos

  6. Bien Dr.no creo que fue solo El que menciona en el articulo otros mas estaban involucrados, se debe retomar no solo este caso sino muchos mas.
    siga adelante .

  7. Muy bueno su artículo Ramiro, mucho mejor si la intencionalidad es la de aportar para impedir la impunidad, reciba mi apoyo en eso, sin embargo, no se puede coincidir con la afirmación de que hace 20 años no era usual que las personas desaparecieran, eso no es respetuoso con otros muy o poco conocidos casos.

  8. Que bueno que haya una persona que por iniciativa propia y claro porque tiene preparación para ello, se involucre en este caso especial de la Srta. Cazar. Creo que su trabajo será culminado con llegar hasta descubrir al autor de este asesinato. En cuanto a la denominación pertinente, es correcto, FEMINICIDIO. Sigo con afán sus intervenciones por dos razones, es un asambleísta en quien sí hay que confiar y segundo, fui maestro de Andrés en el Colegio Intisana. Saludos afectuosos a mi ex alumno. Atte. Kléber Navarrete Jara.

  9. Bien mi amigo. Esclarezca este caso de ivonne yo la conoci en riobamba donde viven sus familiares y siempre me ha dado mucha tristeza
    Saludos

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