Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

El gobierno gana indulgencias con avemarías ajenas

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Gatopardismo: eso volvió a hacer el gobierno este 17 de marzo al aprobar las reformas laborales que incluyen trabajo juvenil, cambios en la jornada laboral, cesantía y seguro de desempleo. Esas leyes llegan con tantos candados que es prácticamente imposible que se puedan aplicar.

Confesión abierta: ese texto de ley reconoce, en forma paladina, la crisis profunda que niegan el Presidente y el gobierno en general. El desempleo y el subempleo, pomposamente rebautizados como adecuado e inadecuado, se agravan a causa de una política conducida por un economista exitoso… solo en periodo de bonanza petrolera.

Eufemismo político: esta ley desmiente, a lo largo de su texto, los supuestos principios que llevaron a este gobierno a crear todas las camisas de fuerza imaginables en el campo laboral. Dijeron hacerlo para luchar contra la precarización y la flexibilización laboral. En el fondo, convirtieron el empleo en un campo minado para los emprendedores. Ahora, ante su fracaso intentan dar un paso atrás pero no lo dan en forma decidida. Por eso hay doble eufemismo en la ley votada el jueves pasado: no reconoce el error que la sucita y tampoco lo corrige enteramente.

El proyecto de ley “El trabajo juvenil, regulación excepcional de la jornada de trabajo, cesantía y seguro de desempleo” es, sobre todo, una ley con estricto objetivo electoral. El gobierno está angustiado por el desangre laboral que hay pero como no lo puede confesar (porque tendría que asumir que el economista que lidera el proceso no es bueno como dice serlo) pues asume desmontar parte de su propio andamiaje laboral. No lo hace confesando haber metido las de andar. Lo hace con carácter revolucionario: nueve años después, Rafael Correa toma medidas que –todas y sin excepción– debió tomar en período de bonanza petrolera: las pasantías, la flexibilización del horario de trabajo, el permiso postdata de nueve meses tras los tres meses de ley…

No solo no lo hicieron sino que peroraron contra aquellos que, mirando lo que se había hecho en Europa tras la guerra y en gobiernos socialistas, como el de Felipe González, habían legalizado incluso las agencias de empleo temporal. Con una maestría retórica y la ingenuidad de quienes no han administrado ni una tienda, pusieron tantas cortapisas al empleo que volvieron disuasiva la misma idea de emprender. Ahora echan atrás pero mantienen una idea peregrina y anticuada ante las nuevas formas de empleo y los nuevos perfiles de los ciudadanos. Siguen pensando, como si el capitalismo no hubiera superado el taylorismo, que en el mundo contemporáneo solo se puede trabajar en dependencia, 40 horas semanales y de lunes a viernes. Con ese patrón, todo lo demás es excepcional, se paga más y depende de condiciones extraordinarias que solo puede controlar el Estado.

Esa visión marca estas reformas en las cuales el gobierno, a través del Ministerio Laboral, sigue siendo el único regulador. El determinará, por ejemplo, el porcentaje de pasantes en cada empresa. Lo hará no según la necesidad y las posibilidades financieras de la empresa sino según el tipo de actividad y su tamaño. De hecho la ley reconoce que esto implicará un aumento del número de trabajadores. El Estado asumirá el aporte a la Seguridad Social solo si se garantiza la estabilidad durante doce meses.

De la misma manera, la empresa tiene que demostrar, para cambiar horarios de trabajo o reducirlos durante un período, que está a punto de quebrar. El Estado-decide-todo que ha creado el correísmo es incapaz de entender que los empleados son ciudadanos mayores capaces de suscribir acuerdos de mutuo interés con los empresarios. Su supuesta apertura no es para dinamizar el mercado laboral que –ahora ya no es una percepción– está deprimido: es una movida electoral que busca limitar la caída en las estadísticas, poner presión a las empresas y sustentar un discurso político ante trabajadores y jóvenes: ya hicimos nuestra parte y si el desempleo se agrava o no encuentras empleo, la culpa no es nuestra. El correísmo es maestro en el manejo del síndrome del chivo expiatorio: la culpa la tiene otro.

En su huida hacia delante, el gobierno se abre, no obstante, en esa ley, dos troneras insalvables: el permiso postnatal parental sin sueldo y el seguro de desempleo. En el primero es obvio que las empresas no pueden asumir esos costos y que un gobierno con un gigantesco déficit fiscal ya no tiene cómo jugar el papel de papá noel. Esa medida, en este momento de crisis, es más una ficción que un beneficio real para las parejas. Pero da al poder la posibilidad de integrar a su retórica otro logro revolucionario. Lo mismo hará con el seguro del desempleo que es, en realidad, un recorte burdo de un tercio en las cesantías de los trabajadores. Eso es lo que se llama ganar indulgencias con avemarías ajenas.

La ley de reformas laborales es eso: intenciones impracticables que pretenden subsanar reales errores y que tienen un carácter solidario con plata ajena.

Foto: Plan V

6 Comments

  1. Las marchas masivas del 17 de marzo en muchas ciudades del país, demostraron dos situaciones: que la popularidad del Régimen se agotó y que su imagen se encuentra por los suelos; y, segundo, que el Estado de propaganda se mantiene con la única estrategia de perpetuar el desvío de atención sobre los últimos problemas nacionales: desempleo, hambre y expansión de la miseria. A la lista de errores oficiales, se suma otro desatino: queuna población que reclama ‘busca un muerto’. Después de lanzar la piedra el amo esconde la mano. En jornadas de protesta anteriores, la visita del papa Francisco eclipsó la intensidad del malestar. Asimismo, la atención se desvió sistemáticamente con una supuesta erupción del volcán Cotopaxi; y, ahora, con la muerte de 22 soldados en un raro accidente aéreo. Sin embargo, no disminuyó la vehemencia de la desazón popular frente a las pésimas políticas públicas y las maliciosas reformas laborales. Es cierto, desde 2007 a 2016, el correísmo diseñó cuatro mecanismos para concentrar el poder. 1. La Constitución hiper-presidencial de 2008 que captó los poderes de justicia, legislativo y electoral abarcando el control absoluto de altas autoridades. 2. La propaganda,concentración de medios de comunicación e incautación de canales de tv que crearon el más grande monopolio estatal de la información junto a esa ley ‘mordaza’ para eliminar y perseguir a los líderes de opinión. 3. El mando de la justicia que se centralizó, removió 165jueces y modificó todas las Cortes. 4. La protesta social que fue criminalizada a través de un Código Penal e intensificando la represión policial y militar.En ese escenario se vino la primera marcha del año. Sin un muerto, ni una piedra, ni una bomba lacrimógena y sin miedo. Desde el Ejido hasta llenar la plaza de Santo Domingo. Caminamos, cientos, miles, con carteles, pancartas y consignas. Indígenas, obreros, mujeres, médicos, jubilados, estudiantes, maestros secundarios, los centenares de docentes despedidos e impagos de la UTE, yasunidos, artistas, teatreros, campesinos, los guambras del Mejía y del Montúfar, los militares del Isfa, los forajidos de antaño, las activistas de movimientos de niños y adolescentes, ecologistas, ex empleados públicos, muchos pacientes de los servicios de Solca, turistas argentinos, feministas, sindicalistas, desempleados, jóvenes de clase media, periodistas y fotógrafos, y más, todos extenuados y con un sentimiento en común, su rechazo contra el gobierno. Y un grito que retumba ¡Fuera Correa, fuera! que lo decía todo.

  2. Como ecuatoriano, me encantaría demandar a la universidad de Lovaina por darle el doctorado de economía a esta cosa.

    …Y encima tuvo el cinismo de comentar que lloró por lo que le habían enseñado en la U. Católica.

  3. Concuerdo plenamente de que el trasfondo de estas medidas verdeflex es electoral; pura demagogia para tratar de seguir mostrandose como revolucionarios, defensores de derechos, etc.etc y así ver si en el 2017 pescan algo que les garantice impunidad. Pero además desnuda la mediocridad de este jauría que parasita al Estado. Asusta pensar cuánto tiempo le tomará al país retornar a un estado de derecho y a qué costo podremos salir de este tenebroso túnel en que nos ha sumido la mafia correísta

  4. “Siguen pensando, como si el capitalismo no hubiera superado el taylorismo, que en el mundo contemporáneo solo se puede trabajar en dependencia, 40 horas semanales y de lunes a viernes. Con ese patrón, todo lo demás es excepcional, se paga más y depende de condiciones extraordinarias que solo puede controlar el Estado”

    Muy buena apreciación, desnuda las intenciones de los correistas, este artículo es como un derechazo a la mandíbula del mismísimo presidente, Correa al ser esclavo de su propia boca antes de rectificar su estúpido comentario de la tarjeta de crédito prefiere devastar lo que queda de la empresa privada en el país con reformas laborales que a final de cuentas no son otra cosa que restricciones para el empresario y efímeras esperanzas para el trabajador, lo que si podemos colegir es que Correa saca a relucir a un mas su resentimiento social su frustración de jamás haber sido el empresario guayaco que se codea con la elite del Guayas como si lo era su hermano, egos y frustraciones por las que estamos pagando caro los ecuatorianos.

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