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Académicamente Cuba vuelve al imperio

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Las imágenes son poderosas. Barak Obama en plenitud de sus facultades, 54 años, seguro, sonriente, distendido. Raúl Castro, cansado,  84 años, hermético, hosco. Obama es el presidente de un imperio pujante. Castro el de una revolución decadente.

Tras las imágenes están los hechos. Obama luce abierto y sin empacho alguno reconoce los errores de su país o sus limitaciones como Presidente, pues no manda en el Congreso. Castro se muestra a la defensiva, reactivo, tan dueño de todo el poder que desafía a un periodista a que si le entrega la lista de prisioneros políticos, los liberará ese mismo día. Obama no nacía cuando se instalaron los Castro en Cuba. Raúl Castro es la expresión mejor conservada de la guerra fría.

La visita de Barak Obama a Cuba que terminó hoy, la primera desde 1928, trastoca el mapa geopolítico de la región. Ese Presidente es consecuente en su deseo de profundizar las relaciones con La Habana, tras haberlas restablecido en julio del año pasado y abierto las embajadas hace siete meses. Él incidió para sacar a Cuba de la lista de países que apoyan o promueven el terrorismo. Su visita demuestra, como lo dijo a su llegada, “hasta qué punto estamos dispuestos a inaugurar un nuevo capítulo en las relaciones cubano-americanas”.

Al refrendar con hechos su voluntad política, Obama hala la alfombra bajo los pies del castrismo y de sus aliados o compañeros de ruta; el correísmo entre ellos. Les queda un argumento: el embargo establecido desde 1962. Sin embargo, el presidente de Estados Unidos ha llamado al Congreso de su país a levantarlo. Un cambio que dependerá de aperturas reales del régimen castrista en cuestiones de democracia y derechos humanos. Obama puso precisamente el énfasis en esos dos puntos al hablar de las diferencias que hay entre los dos países.

Estados Unidos sabe que el embargo es el único punto que queda a los Castro como coartada para ocultar el fracaso de su modelo económico y político. Si la vieja nomenclatura busca normalizar las relaciones con Washington es porque, tras haber sido aliado de la URSS y otros regímenes comunistas, siente que hoy Estados Unidos es la mejor alternativa. La única. Esa comprobación es un trago amargo para Maduro, Evo Morales, Rafael Correa -y toda la vieja izquierda- que convirtieron a Estados Unidos, durante décadas, en una maquina desaforada para forjar discursos trasnochados y hacer realidad el síndrome del chivo expiatorio.

Esta normalización no solo solventa la coyuntura. Favorece el debate interno en la sociedad cubana y en el Partido Comunista, sobre las reformas necesarias. Lo dijo a Le Monde Manuel Cuesta Morua, dirigente del Partido Social Demócrata. Para él Obama “ha vuelto a dar sentido a la esperanza”. Que haya sido esperado como un Mesías y que sea más popular en la Isla que los Castro, prueba el efecto estructural que provoca en Cuba la normalización de las relaciones con Estados Unidos. Habrá un antes y después en todos los sectores, incluyendo el Partido Comunista cuya doctrina y dominio están llamados a perder preeminencia, antes de conocer el destino de los partidos de la vieja Cortina de Hierro.

Todo esto explica el recelo con que Castro, puesto contra la pared, encara la apertura. Basta ver la cara de sorpresa que puso Obama al oír a Raúl Castro hacerse primero el desentendido y, luego, negar que hay prisioneros políticos en Cuba. Su cinismo no pudo ser mayor, pues Castro sabía que en la agenda de Barak Obama figuraba su encuentro con Berta Soler, portavoz de las Damas de blanco, la asociación de las esposas de los prisioneros del castrismo. Lo prueba, igualmente, la gran actividad de la policía comunista que, en La Habana y en Cuba, en general, puso a buen recaudo los disidentes durante los tres días que duró la visita de Obama.

Lo prueba, en fin, la prepotencia de un régimen que, aun en la quiebra y con miles de cubanos deseosos de  salir cada día de la Isla, quiere hacer creer que la mano tendida de Obama es el resultado de su triunfo sobre el Imperio. Obama reconoció la insensatez histórica: “Lo que hicimos en estos 50 años –dijo el presidente estadounidense– no sirvió a nuestros intereses ni a los intereses de Cuba”. Pero los Castro no. Tampoco ahora dijeron que su éxito es haber congelado a Cuba en el tiempo y haberla convertido en una cárcel de la cual el sueño mayor de los cubanos es… irse a Estados Unidos.

7 Comments

  1. Solo los sociolistos no entienden que todos los países del mundo deben tener relaciones con los EEUU porque es potencia. Ante el fracaso que dirán ahora, están callados. Pobres mentes retrogradas.

  2. Los Castro, adictos al poder, ya no tienen pretexto para explicar la situación de Cuba. Necesitan del imperio, al igual que todos, aunque no lo quieran reconocer. La ideología y sus intereses les obnubila. Ojalá que pronto los cubanos puedan ejercer plenamente sus derechos.

  3. Contrario al viaje de Obama, después de escuchar su discurso en el teatro de La Habana, reconozco que con el mero hecho de que la población cubana también lo haya escuchado, justifica éste viaje. Los Castro desaparecerán pronto por su edad, no por causa del imperio. Es aquí que las palabras de Obama que han calado el yo profundo de cada cubano, con misiles tales como: ‘el futuro està en manos de los jovenes’, ‘tienen que reunirse y protestar democráticamente’, ‘el futuro está en sus manos no en el levantamiento del embargo’, y muchos misiles más, en sabias palabras, que serán una guía, una pauta a seguir para los cambiós que se concretarán ya, tan pronto mueran los tiranos.

  4. Escuché el discurso de Obama hoy en la mañana y dijo todo lo q debía decir pero con una diplomacia de gran altura. Fue una pieza de extraordinaria oratoria.

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