Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

Bolsillo roto

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Como Luis X de Francia el Obstinado; Enrique IV de Castilla el Impotente; Juan I de Inglaterra, más conocido como Juan sin Tierra, Rafael Correa bien podría pasar a la historia como Rafael “Bolsillo Roto”.

No hay dinero que sea suficiente. A las arcas del Estado, durante sus nueve años de administración ingresaron, en bruto, más de doscientos cincuenta mil millones de dólares. Hoy el Ecuador tiene una crisis fiscal tan grande que, prácticamente,tiene que mendigar en los mercados de capital internacionales o asaltar al ciudadano.

Pide, pide y sigue pidiendo dinero. Sin embargo, no hay forma de que le alcance. ¿Por qué? Porque tiene un gasto corriente impresionantemente alto.

Cada mes se van millones de dólares en pago de burocracia inútil; viajes de funcionarios, vehículos, pasajes internos, viáticos, combustible; arriendo de oficinas; publicidad; consultorías, etc. No tiene la menor intención de recortar el gasto. Los ingresos que sostienen este desangre son aquellos que la ley designa como ingresos permanentes (en teoría no está permitido financiar gasto corriente con deuda –ingreso no permanente-); es decir: impuestos.

En cualquier país democrático, el ciudadano es dueño de sus ingresos. El Estado, a cambio da servicios públicos: salud, educación, seguridad, justicia, defensa, etc., le pide parte de sus ingresos para costear estos servicios. Obviamente, también en el impuesto está el componente redistributivo; es decir que los que más tienen, puedan ayudar con un impuesto a la renta más alto, a financiar los servicios que el Estado debe prestar a los que menos ganan o a los grupos de la población más vulnerables.

Lector: si el gobierno le va a poner un impuesto o a subir uno existente, debe darle muy buenas explicaciones. Debe decirle qué va a recibir usted a cambio. Un impuesto no busca que usted sea más saludable, rosadito, esbelto, sonriente y sin caries. Si un producto es nocivo, las autoridades sanitarias deben prohibirlo y punto. Desincentivar cierto tipo de consumos a través de un impuesto, es sencillamente mentiroso y extorsivo.

Es lógico pensar que el gobierno no pueda cargar con piedras impositivas  la espalda de los ciudadanos simplemente para pagar los lujos, extravagancias y opulencia de la burocracia. En una democracia, esto es impensable. Pero si el gobernante y su parlamento no son democráticos; y son más bien una corte al estilo de los viejos califatos; tanto el califa como su corte, exprimirán a sus súbditos para pagar sus excesos.

¿Los ecuatorianos somos ciudadanos o súbditos?

Si somos lo primero, debemos oponernos con toda nuestra fuerza a cualquier impuesto que quiera imponer el gobierno para mantener un régimen totalitario, estatista y derrochador. Porque en no tolerarlo se juega nuestra libertad. Si somos súbditos, a bajar el lomo y trabajar como mulas para pagar la gula, lascivia y lujo de nuestros señores.

Lector: usted decide. Cuando se encuentre leyendo estas líneas, el gobierno habrá ingresado a la Asamblea Nacional un proyecto de Ley económica urgente con algún nombre ridículo, para subir el impuesto al consumo de bebidas azucaradas, cerveza, cigarrillos; y habrá prohibido la salida del país de efectivo por más de diez mil dólares de los Estados Unidos de América.

¡Flor de atraco!

El parlamento debería pedir explicaciones sobre la razón que tiene el gobierno para meter la mano en el patrimonio de los ciudadanos; no obstante sus 100 votos autómatas no lo harán. Debería pedir un sacrificio igual al Ejecutivo: reducción de viajes, viáticos, sueldos, etc. No obstante, eso no pasará.

El presidente y su gobierno son un bolsillo roto. Usted puede poner miles de dólares en ese bolsillo todos los días. Como esta roto, irremediablemente se le caerá y lo perderá para siempre.

Desde la Asamblea Nacional, quienes hacemos oposición daremos pelea por defender la libertad y el patrimonio de los ecuatorianos; pero las matemáticas son las matemáticas: 100 votos son más que 37.

¿Qué hacer?

Ustedes siguen siendo los mandantes. Hay una vieja canción mexicana que dice: “Tú sabes que soy parejo, ya te lo dije una vez. Si yo no te causo penas, no quiero que me las des”. Eso es lo que cada vez que encuentren en la calle a un funcionario del gobierno o a un asambleísta del gobierno deberían decirles. En paz, tranquila pero firmemente. Si ellos no sienten el descontento del ciudadano, supondrán la aquiescencia del súbdito.

5 Comments

  1. Que nos pasó?, los ecuatorianos tuvimos que esperar 9 años para despertarnos de ésta pesadilla , Mahuad, Bucaran y Gutierres se fueron a sus casas a los 6 meses.

  2. Algo que no me cabe en la cabeza, es que no se ve una posición unitaria de rechazo, cada quién habla de las barbaridades que nos está pasando, pero no existe una unidad, de haberla, este «sin cabeza», que nos desgobierna, lo pensaría dos veces antes de seguir haciendo de sus «travesuras geniales», dignas de la mayor carcajada de la historia reciente.
    Hubo mucho dinero, tal vez demasiado y no lo supo aprovechar, lo que hizo es dilapidar, fácilmente en todo, sin pensar en el futuro.
    Nuestro futuro es tétrico, pesimista, y quizá sin solución temprana, por la falta de unidad…unidad de rechazo y reclamo, de esta locura llamada Alianza País….

  3. Decir que estan preocupados por la salud de los ecuatorianos me indigna, se gastaron hasta el último dolar del sepo y no saben que hacer y como siempre el pueblo pagara el despilfarro.

  4. La bolsa o la vida!.
    Así estamos: el dólar o los impuestos. Esto es el tremendo resultado de los «creativos» que tenemos en el poder, que no supieron aprovechar la bonaza económica. Ahora se ven obligados a tomar medidas antipopulares y a esquilmar al IESS hasta matarlo, Pero su tozudez les impide tomar medidas de austeridad fiscal como eliminación de tanta entidad innecesaria. Tienen que defender la tesis del tirano de que gastar es la mejor inversión

  5. Es la cruda realidad están abusando de nuestra tolerancia de ciudadanos, quizá con la mitad de burócratas se podría manejar un país en crísis, al que ellos han precipitado.

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