Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

Bendita sabatina

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Toda secta necesita de ritos. De un mesías y de seguidores que endosen sus neuronas. El sábado, y es fundamental para la recreación constante de los elementos de cohesión de la fanaticada -crear enemigos, hacer que todos los odien con igual fuerza, ratificación del providencialismo y la perfección- no hay rendición de cuentas a todos los que pagan los impuestos y financian sueldos y despilfarro en el montaje escénico e histriónico. Lo que se produce es un rito de adoración y culto a la personalidad para alimentar el espíritu y la mística de los adoradores.

Todos estos personajes populistas, decía Martín Caparrós en una conferencia en la Flacso, necesitan de estas emulaciones de liturgia, en la que el mesías habla más para los suyos. Combina homilía con cháchara; payasitos con lenguaje de enfrentamiento, alusiones sexistas de macho cabrío y sobre todo las pruebas escénicas que controla todo, que nada pasa en el país y en el Mundo fuera de él y que es la mala suerte o las malas vibras de los enemigos que producen los horrendos fallos que han llevado a la economía a un abismo.

La gleba aplaude y se retuerce, así mismo como en los ritos paganos. Y salen insuflados de la certeza que insultar, degradar, ofender, pisotear a los enemigos es una responsabilidad moral con su mesías. El ritual sabatino perenne logró reemplazar los conceptos por consignas, el debate por el monólogo. Hay suficiente para enlodar el alma. Bueno, si además hay un buen puesto mega remunerado, abundantes viajes y viáticos, autos y fanfarria, primeras clases y restaurantes pelucones, la fidelidad es más sólida.

Y a eso le llaman rendición de cuentas. Y en ese show se han gastado, dice el actor único (a veces tiene un reemplazo mala copia) treinta mil dólares en cada una, algo así como quince millones de dólares (insisto según lo afirma Correa, aunque creo que debe ser mucho más). Lo han justificado de toda forma, incluyendo el valor económico que ofrece a pueblos que reditúan de la feria. Algo así como cuando los gitanos de Melquíades llegaban a Macondo.

Eliminarla sería como cortarse una mano. Como arrojar a la basura la máquina de lavado neuronal. Como cortarle la lengua al mesías. Se produciría un vacío de consignas. Se esfumarían las instrucciones a los jueces y fiscales. Trolls quedarían sin munición para sus ametrallamientos a la honra. La revolución dejaría de tener enemigos y los fanáticos olvidarían las caras de aquellos a quienes deben odiar.

No amigos, la sabatina no puede desaparecer. Hay ingenuos que pensaron que un mínimo sentido del pudor con la crisis y la falta de dinero habría convencido a los despilfarradores de suspender el show. Ni siquiera el dolor de la tragedia lo logró, menos sumisas autoridades que han sido incapaces de silenciar el rito en momento de evidente violación a la ley.

Es un derecho ciudadano, dice Correa para defender su tarima. Que las personas deben estar informadas, insiste. Pero, cómo puede afirmar eso, si a ella solo se permite el acceso a aplaudidores y se impide ingreso a los detractores. Si en realidad fuese una jornada de rendición de cuentas, el diálogo y escrutamiento debería ser abierto a todos los ciudadanos y no a los militantes solamente. Pues así, como es en realidad, se trata de un acto proselitista, de un rito de secta. Financiada con plata pública. Que resulta, que gran paradoja, más transparente que si fuese financiada por aportes privados. Eso, si sucede, representará la privatización de la “rendición de cuentas” y el atravesamiento desembozado de intereses corporativos en temas del Estado. No sé si Correa se ha percatado de esto. En cualquier caso, desde ya exigimos que los nombres de quienes aportan y el valor de los aportes sean públicos. Y de allí para preguntar a los aportantes de donde ha provenido su dinero, si han gravado con IVA la donación y que esperan en retorno.

7 Comments

  1. Me perdí un poco con la estructura del texto, pero comprendí el fondo. Las sabatinas deben mantenerse porque forman parte del paquete que incluía la franquicia cubana. En Venezuela es igual. Chávez rellenaba las cuarto horas de improperios con consejos para usar el detergente, las chácharas, los corridos mexicanos etcétera. Maduro patalea y se enloda en explicaciones con cosas que no conoce. Correa hace exactamente lo mismo para embrutecer a su platea de torpes, y reventarle los tímpanos a los penitentes que no lo encuentran gracioso ni carismático, justo un mentecato.

  2. Buenas tardes, querido columnista, es mi primera intervención en alguno de sus artículos, con lo cual no quisiera caerle mal o algún tipo de mala impresión a cerca de mí, pero bueno empezaré mi intervención; …No se para que tipo de personas esté dirigido el material publicado en este articulo, pero me parece que esta lleno de «palabrillas» incomprensibles (para el común de los mortales) que si bien es cierto, para la gente de la alta alcurnia y de negocios deberían conocer «de pies a cabeza», la impresión que me deja es que el articulo en mención esta dirigido solo hacia un sector en especial, mismos que claramente no están en armonía con el gobierno de turno, y creo de debería más bien estar dirigido para todo el publico, y no caer en lo mismo que rechaza:
    – «Toda secta necesita de ritos. De un mesías y de seguidores que endosen sus neuronas.»
    Todo lo dicho anteriormente sería a manera de comentar la «forma» del texto en mención, ahora bien, el «fondo» del artículo tiene gran sentido de ubicación, creo que de manera no tan clara (por las mencionadas palabrillas) se da a entender las situación política-económica que estamos cruzando por las ya tan famosas «sabatinas», y debo por respeto al trabajo periodístico, sacar a relucir el ultimo párrafo, el cual cita que se exiga la transparencia en el nuevo manejo de los shows sabáticos.

    • Sr. Pablo, es deber del lector, con diccionario en mano, acometer la tarea de intentar comprender, lo que el escritor quiere comunicar a sus lectores.

      El afirmar que el articulo esta dirigido a Gente de alta alcurnia y de negocios, rima con el discurso oficial.

  3. El caporal está absolutamente convencido de que el redil que le escucha los sábados es el país. El resto no existe o son los odiadores, los vende patria, la prensa mercantilista. Por eso su exclusión del rito.

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