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Telesur, la CIA y la desilusión pelagata

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La alegría del pobre dura poco. La noche del lunes, estos pelagatos fuimos muy felices por minutos. Nos enteramos de que hemos sido agentes de la CIA, actividad que se supone bien remunerada y garantiza al menos un nivel de estabilidad laboral que no hemos tenido en mucho tiempo. Y menos ahora que el empleo se ha desplomado aparatosamente a niveles peores que los de la larga noche neoliberal. Entusiasmados, telefoneamos a Washington para averiguar los pormenores de nuestro nuevo empleo: ¿cómo así nos reclutaron sin siquiera preguntarnos? ¿Cuándo y cómo llegarán las primeras instrucciones? ¿Se autodestruirán en cinco segundos? ¿El nombramiento incluye licencia para matar? ¿En serio nos toca trabajar con Ricaurte y Villavicencio? Y lo más importante: ¿cuánto hay?

De pronto descubrimos la cruda realidad: la información provenía de un cortometraje de ficción de pésima calidad producido por el canal chavista Telesur y ratificado por la asambleísta María Augusta Calle, reina de la mitomanía criolla. Con semejantes fuentes, daba igual que nos lo hubiera contado un pajarito.

Nuestras sospechas de que todo era ficción terminaron por confirmarse en la mañana del martes: la noticia de nuestra pertenencia a la CIA se había publicado en la primera página de diario El Telégrafo. Tenía que ser mentira. No se conoce de ningún caso en que una noticia de apertura del periódico correísta resultara ni medianamente próxima a la realidad. Adiós salario del imperio. Adiós estabilidad laboral. Adiós Ricaurte, adiós Villavicencio, adiós.

Sin embargo nos queda un gran consuelo. No tenemos trabajo bien remunerado, es cierto, pero ahora sabemos que hay un ángel de la guarda que nos cuida y vela por nosotros. Nos sigue a todos lados. Nos filma para dejar constancia de que nada malo nos ocurre. Nos alerta sobre malas compañías. Nos protege hasta en nuestros viajes. En su excesivo celo por cuidarnos, es capaz hasta de violar las leyes federales de Estados Unidos, donde su dedicación podría pasar por espionaje. Más aún: en su infinita consagración hacia nosotros, viola todo lo que tenga que violar, especialmente aquellos principios burgueses y capitalistas como el derecho a la intimidad, a la honra, a la libre asociación… Qué asco. Somos tan afortunados que estos ángeles guardianes disponen de medios de comunicación financiados por los contribuyentes donde publican las fotos y películas que resultan de su vocación protectora. Así podemos estar seguros de que todo el mundo sabrá que estamos bien. Tan buenos son que, seguramente, tendrán todo arreglado para negarnos el derecho a la réplica que nos haría quedar pésimo.

Es un alivio. No tenemos trabajo, no tenemos derechos pero estamos en buenas manos. Y celebramos que todos nuestros amigos periodistas y desconocidos que aparecen en ese cuadro, estén también protegidos.

Foto: captura de pantalla de Telesur

27 Comments

  1. ya puede hacer la telenovela nacional de espionaje, como al ex asambleista cantante que no recuerdo el nombre, ya van a presentar su vida, al igual que JuanGabriel. Que buenos temas!!

  2. Mi apoyo a su valentía. La ironía es un arma lícita de la inteligencia contra la simpleza de los fanáticos.

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