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¿Servirá este experimento autoritario al país?

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Es un avance cualitativo que algunos sectores de la izquierda repudien los impuestos para alimentar el engrosamiento del aparato estatal. Sin duda los maestros, muchos de ellos agrupados en un partido de la extrema izquierda, habrán comprendido el valor de la administración privada de sus dineros previsionales. El abrumador, apabullante y castrante estatismo correísta debe haber removido muchos dogmas. Igualmente ha provocado que se confirme el valor de una República con poderes controlados y de una economía que no restrinja la iniciativa y emprendimiento de los individuos.

El Estado, que vaya más allá de sus esenciales tareas de garantizar la seguridad pública, es como la hiedra. Crece y se expande como hierba mala y abraza hasta asfixiar. En diez años del proyecto fallido del estatismo rentista y asistencialista, la frondosa burocracia que consume y no crea valor, ha crecido al paso de una abundancia legislativa, reglamentaria y de ventanillas, formularios y discrecionalidad.

La iniciativa empresarial debe sobrepasar comités, informes, dictámenes. Las libertades, igual, deben pasar por administradores de la moral, reguladores de las palabras y por jueces que operan en consonancia con la represiva ética revolucionaria que disciplina con cárcel. El Estado se ha metido en nuestra vida cuotidiana. Tanto que un desparpajado superintendente, aquel que perrunamente mueve la cola mientras gruñe a los periodistas, profiere la amenaza de no informar lo que deben informar, porque «nos está educando».

Mucho ha hecho este gobierno por humillar la inteligencia, por sobajar a la razón. Pero este episodio del superintendente educador ha sido el clímax. Nada como un bruto atribuyéndose autoridad intelectual. Nada que sirva más para convencer que la libertad no requiere tutores y que el totalitarismo estatal debe ser una primera cadena que romper.

Primera gran tarea del final del correísmo será desmontar todo vestigio de restricción a la libertad, de distorsión de la independencia de funciones estatales, de represión a la sociedad civil. Y descolorar y mandar a sus casas a todos los correístas que quedarán enquistados en los puestos importantes de Estado. ¿Cómo se investiga y se saca la basura oculta bajo la alfombra con un fiscal correísta? Estas son otras cadenas que romper.

Hay que desburocratizar y romper la camisa de fuerza de toda la maraña regulatoria e intervencionista que excede lo esencial. De burócratas atrabiliarios y dogmatizados que fusilan el emprendimiento. No hay duda de que la discrecionalidad, la abundancia de burocracia y procedimientos son proporcionales a la corrupción, la coima y la comisión.

Que sirva este experimento autoritario como sanador de las atavismos mentales que nos encadenan al pasado populista. La sociedad política que asuma su responsabilidad de provocar un salto cualitativo al futuro. Modernizar el entendimiento de la economía: la inversión privada, el crecimiento económico es lo que sostiene el empleo en el largo plazo. Y la llamada deuda social no es excusa de asistencialismo y demagogia.

Que estos diez años no hayan sido en vano. Que el costo en libertad, en pobreza, en corrupción valga para que las élites se aleccionen. Y no retornen al mismo pasado que justificó este oprobioso presente para buscar soluciones. Hay que romper esas cadenas culturales que explican el autoritarismo como necesario.

2 Comments

  1. Correa no debe abandonar el Ecuador después de mayo del 2017, pues, más que sus sumisos e incondicionales seguidores que quedarían huérfanos de pensamiento, todos le necesitamos y le exigimos que esté presente para rendir cuentas de su gestión, pero no tipo sabatina, sino ante la justicia, ojalá ya independiente.

  2. Este experimento autoritario, el costo en libertad, en pobreza, en corrupción, no bastan. Es fundamental que los autores, cómplices y encubridores, sean enfrenados ante la Ley y paguen por sus errores, porque le han costado al país la alternativa de desarrollo, crecimiento y de un futuro cierto.

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