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Presidenciables 1: ¿Del correísmo al morenismo?

lectura de 6 minutos

Lenín Moreno quiere ganar en la primera vuelta. Y las cifras que lo rodean, cultivan su optimismo. En orden o en desorden, esas cifras dicen que hay un voto duro correísta que suma alrededor de 30%. Que el voto duro, contrario al correísmo, suma alrededor del 35%. Y que el resto son indecisos entre esas tendencias. Es decir, Moreno puede sumar a su favor el voto duro del correísmo, votos de aquellos que lo ven con buenos ojos y la altísima fragmentación de la oposición. Eso es suficiente para que en su sector sientan que es factible llegar al 42% que exige la constitución para ganar en primera vuelta. Solo tiene que saber qué hacer y hacerlo bien. Para eso está trabajando con ahínco dentro y fuera del país.

El candidato del gobierno que será ungido el 1 de octubre en el Estadio del Aucas, en Quito, sabe que no puede negar haber hecho parte del gobierno de Rafael Correa. Es obvio que no lo hará. Pero hay formas de dar la vuelta a esa realidad. Reivindicar, por ejemplo, las cosas positivas del gobierno y desligarse de las negativas. Esto significa: asumir como suyo lo bueno (carreteras, obras de infraestructura, escuelas del milenio…) y convertir las cosas negativas en plan de gobierno. En esto trabajan sus equipos.

Las cifras son todavía sus mejores aliadas: las encuestas dicen que alrededor de un 40% de ecuatorianos son afectos, en diversos niveles, a lo que ha vivido el país en esta década correísta. Pero desean cambios. Ese es objetivamente el electorado de Moreno. Él está ante este escenario: si promete mantener el modelo como está, tendrá que bajar sus pretensiones y arriesgarse a tener el mismo desgaste de Correa y del gobierno. Es decir, exponerse a perder. Si se distancia del gobierno en ciertos puntos, puede aspirar a sumar el bloque duro del correísmo y la franja de indecisos entre los cuales tiene buena imagen. Lo que es bien visto del correísmo y los cambios que propondrá de su cosecha: en esa suma radica la estrategia trazada que debiera llevarlo, según sus amigos, a ganar en la primera vuelta.

Moreno asumirá la campaña con un aire absolutamente pragmático. Lo hecho, hecho está. Unas cosas son positivas y él estuvo ahí. También son suyas. Otras son un desastre y la forma de admitirlo será prometiendo cambiarlas. Esto empezará por su discurso totalmente alejado de la ideología del Socialismo del Siglo XXI. Moreno no negará los problemas como hace el gobierno; propondrá fórmulas para encararlos. En su estrategia de campaña está previsto convencer a los electores de que no están ante un modelo que hay que tomar o dejar integralmente sino ante una situación en la que conviene desglosar las cosas que se hicieron bien y aquellas que hay que modificar.

Él dirá, según sus amigos, que pondrá punto final a estos diez años de enfrentamiento; que hay que mirar hacia el futuro en vez de mirar por el retrovisor del gobierno; que en vez de arreglo de cuentas hay que llegar a consensos; que reformará leyes para facilitar la inversión, la creación de empleo, el comercio con Estados Unidos y Europa, el desarrollo de medios de comunicación…

¿Moreno será el Santos ecuatoriano? No parece. El hecho cierto es que en su tienda hay conciencia de que para ganar y gobernar tiene que operar un serio golpe de timón. No desmontar el aparato; cambiar actitudes en el ejercicio del poder. No tirar abajo las instituciones más cuestionadas; poner ahí otro tipo de personas. No reformar la institucionalidad correísta; poner fin a la guerra que declaró, aupó, mantuvo, nutrió e hizo Rafael Correa a la sociedad durante diez años. Eso dicen los amigos de Moreno. Y eso significa cambiar el chip militante cebado de propaganda. Un aparato que a fuerza de manipular las cifras desconoce el volumen y la gravedad de los problemas producidos. Un aparato que por fuera de la ortodoxia verbal impuesta por Correa considera que cualquier cambio es una traición.

Ese aparato siempre ha mirado con desconfianza a Moreno por ser un candidato que imponen los sondeos, no la voluntad de Correa. Su candidato era Jorge Glas pero la realidad electoral, que han medido, dice que él puede perder con Guillermo Lasso que es, actualmente, segundo en las encuestas. En el pacto con Correa, Moreno aceptó que Glas lo acompañe en la papeleta. Otros, como José Serrano, que acariciaron la idea de hacer parte del binomio, estarán en las listas para la Asamblea Nacional.

Una gran incógnita en esta estrategia es la actitud que Correa asumirá desde el día que Moreno sea, oficialmente, el candidato oficialista. Tensar la cuerda y hacer la guerra en todas las direcciones, provocar a los militares, perseguir y meter preso a los opositores, vivir ensimismado en el pasado (al cual vuelve cada día, cada sábado), fabricarse un monumento de héroe, querer endeudarse más, negar la realidad… complica la estrategia de Moreno. A menos que eso también haga parte del acuerdo, pero sus amigos lo niegan: tensar la cuerda, ser el policía malo hasta el tuétano para que Moreno pueda, desde el 1 de octubre, vestir el traje que usó en este gobierno: el del policía bueno. Una suerte de alivio al lado de su amigo.

Como quiera que sea, la estrategia de Lenin Moreno, que en el fondo dirá “Correa es Correa, yo soy yo”, sí lo muestra –hasta hoy– como el candidato que suma el mayor número de posibilidades para llegar a Carondelet en 2017. Las fracturas de los opositores suman a esos otros factores objetivos que pueden facilitarle la tarea desde la primera vuelta.

Foto: Presidencia de la República.
Mañana: la fractura de la centro derecha

28 Comments

  1. Estimado Jose,

    Espero, realmente, que este equivocado!
    o
    Que la oposicion lea el articulo y actue en consecuencia. (Que alguien se los envie, por favor.)

    Porque Moreno y quien sea su binomio, no es capaz de dar el vuelco de confianza para atraer inversion extranjera y nacional, que es la unica manera que la economia deje de caer y que cada dia haya mas gente sin trabajo y mas gente entrando a la pobreza.

    El pais resiste 4 años mas de lo mismo?
    El pais resiste 4 años de corrupcion galopante?
    El pais resiste 4 años mas de restriccion de la libertad, de no instituciones democraticas?

    Cordial Saludo

  2. Solamente en pensar que las ladratinas y los berrinches del iluminado
    mashi Rafael se repetirían en boca de los predestinados por la RC nos impulsa al
    80 pct. de los ecuatorianos a repetir: CORREA, MORENO Y GLAS,…. NUNCA MAS.-
    Queremos Paz, tranquilidad y menos corrupción.

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