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Historia del picnic que terminó a patadas

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Todo quedó aclarado: era un picnic. Una mañana deportiva con taller de oratoria incluido. Rodrigo Collahuazo y Carla Delgado, dirigentes correístas de base, no hicieron nada malo. Nomás coincidieron en el bosque con unos señores que se visten como militares, hablan como militares, enseñan cosas que sólo saben los militares pero “no sabemos a ciencia cierta –son palabras de Delgado– si son militares”. Ocurre que esos señores con uniforme de camuflaje verdeoliva se pusieron a enseñar a la gente cómo formar “fuerzas de choque” y aporrear personas; cómo recoger bombas lacrimógenas del suelo y lanzárselas a otros; como zafarse de la Policía y dejar fuera de combate a los manifestantes del lado contrario; cómo identificar los puntos vulnerables del cuerpo de los enemigos, golpearlos y desaparecer de la escena sin ser reconocidos… Todas esas cosas que se ven con claridad en los videos que circulan en las redes sociales. En fin, actividades tradicionales y típicas de cualquier picnic. Defensa personal, llaves que podrían provocar la muerte de las víctimas y esas cosas de boy scouts. Fruslerías.

Un día vemos a Carla Delgado y Rodrigo Collahuazo convocando una rueda de prensa y expresando, a nombre de la Coordinadora de Movimientos Sociales correístas, su firme voluntad de defender al gobierno de Rafael Correa en las calles. ¿Defenderlo de qué? De las protestas sociales que en ese momento arrecian. Luego los vemos en una serie de videos en los que, bajo su atenta mirada (al menos la de Carla Delgado; Collahuazo tiene coartada), aparecen varios soldados enseñando a un grupo de personas cómo afrontar, contener y reprimir protestas sociales en las calles; más exactamente en la Plaza Grande, como dice de forma específica uno de los instructores. Es decir, justo lo que Collahuazo y Delgado ofrecieron hacer. Y resulta que es un picnic. Un picnic al que Carla llegó tarde, apenas si alcanzó a comer y no se enteró de nada más. No supo, por ejemplo, de dónde salieron esos soldados, si es que eran soldados.

¿Quién los contactó? ¿Quién los autorizó a estar ahí? Que investigue la Fiscalía, se desentiende Collahuazo.

¿Qué dice de todo esto el Ministerio de la Política? La Coordinadora de Movimientos Sociales correístas, de la que Carla Delgado es copresidenta y Rodrigo Collahuazo dirigente estrella, lleva años recibiendo fondos de esa cartera del Estado. Como parte del proyecto “Fortalecimiento de las organizaciones sociales para el cambio”, sólo en 2011 la Coordinadora recibió casi un millón de dólares ($973.832,79, para ser exactos) con el visto bueno de la Senplades y el consentimiento del presidente de la República. Una cifra que, junto a otras similares del mismo presupuesto, es tan alta que ojalá la Contraloría  General del Estado no se meta en el asunto, pues echaría a perder una investigación seria sobre el caso que bien podría realizarse cuando esto haya terminado.

El caso es que el Ministerio Coordinador de la Política no ha dicho una palabra con respecto a las actividades que sus pupilos pagan con el dinero que les proporciona: esos picnics misteriosos en el bosque con invitados verdeoliva. Como si no fuera con él. Y se equivoca: es con él.

¿Qué dice de todo esto el ministro de Defensa, Ricardo Patiño? ¿Él también apoya la teoría del picnic? Él, a quien Rafael Correa –luego de su exitoso performance callejero del 30 de septiembre, cuando llevó a cinco ciudadanos indefensos a la muerte– encargó el diseño de la estrategia para “tener diez mil personas en dos horas en la Plaza Grande para defender la democracia” “en caso de problemas”. Él, a quien se atribuye la teoría del “Estado preventivo represivo con participación organizada ciudadana” esbozada en un documento oficial cuya autenticidad no ha sido nunca desmentida. También él dice ahora (lo dice su ministerio, en un comunicado oficial) que no sabe nada del asunto. A mí que me rebusquen. Y que la “alarma innecesaria” que están causando los videos de marras es culpa de los medios. ¿De quién más? No quiere el ministro que los videos circulen por ahí “sin la adecuada investigación periodística” pues su difusión –la difusión de los videos y no las actividades ilegales recogidas en ellos– provoca malestar en la población. El problema no es que haya militares que se prestan para dar lecciones de represión y civiles que se prestan para recibirlas bajo la coordinación de amigos del presidente pagados con plata pública. No. El problema es que los filmen y se sepa.

¿Y los militares? ¿Qué dicen de todo esto los militares? Ya ha transcurrido una semana desde que el jefe del Ejército, Luis Castro, ordenó a todas las unidades bajo su mando que le ayuden a identificar a los soldados que aparecen en los videos. A estas alturas –en las redes sociales circulan varios nombres– ya debe saber quiénes son. ¿Ya los interrogó? Ocho días después de su orden perentoria ¿cuánto ha logrado averiguar Luis Castro? ¿Y? ¿No piensa decir nada? El Ecuador asiste al espectáculo de un picnic en medio del bosque donde los militares enseñan a los civiles a aporrear civiles. Y aporrear policías, también. Para mantener a raya las protestas. Y el jefe del Ejército se calla lo que sabe. Si alguien se estuviera metiendo con los fondos de su seguridad social, con su presupuesto, con sus terrenos, con sus privilegios… Si de pronto les dijeran que ya no les van a comprar juguetes nuevos, ¡saltarían como un brazo de mar los militares! Llenarían las redes y los medios de mensajes políticos encendidísimos, publicarían documentos, se enfrentarían con el ministro, pedirían el apoyo de la sociedad… Pero esto se trata de aporrear civiles nomás, no tiene nada que ver con ellos. Demasiado a menudo da la impresión de que eso que los militares llaman valores supremos de la patria empieza y termina en sus propios intereses.

En resumen: con Carla Delgado y Rodrigo Collahuazo el gobierno está actuando de la misma manera como los jefes mafiosos actúan con los matones de poca monta de los que se sirven: los mima, los cuida, los financia, los utiliza para sus actividades ilegales… Pero si los pescan, se desentiende de ellos. No responde. No les conoce. No-sabe-no-contesta.

Mientras tanto, en el Ecuador de Rafael Correa se vuelve normal que las manifestaciones de protesta sean reprimidas por fuerzas de choque de civiles entrenados, como ocurrió la semana pasada en Galápagos. Se vuelve normal que los empleados del gobierno vayan por la ciudad en amenazadores vehículos todoterreno de vidrios oscuros y sin placas (vehículos que ningún policía de tránsito se atrevería a detener), intimidando, pegando, violando la  ley, haciendo valer sus fueros de burócratas de cuarta. Se vuelve normal que funcionarios de la presidencia de la República, gente con la que el propio Rafael Correa tiene contacto directo y permanente, como el director de sus sabatinas, Alejandro Álvarez (un troglodita, un delincuente digital como tantos otros que arropa el presidente), se crean autorizados (y de hecho lo estén) a amenazar con el uso de la violencia física, a través de las redes sociales, a quienes critican al gobierno. Se vuelve normal, en fin, la violencia de Estado.

Y se vuelve normal que una mocosa imberbe como la tal Carla Delgado, aupada a las alturas por la fatuidad y la ignorancia de personajes sin escrúpulos (entre ellos Gabriela Rivadeneira), se permita semejante burla para con el país, semejante cinismo a la hora de tratar un tema cuya gravedad es incapaz de comprender porque su educación política procede del propio correísmo y de democracia, en consecuencia, no entiende nada. ¡Un picnic! Finalmente el correísmo lo logró: la esfera pública está podrida.

Foto: en esta escena tomada de uno de los videos se ve a Carla Delgadoen un picnic, preguntándose a qué hora reparten los sánduches.

25 Comments

  1. Estimado Sr. Aguilar.
    Ya van tres años de que sucedio esto,
    La semana pasada vimos para que entrenaban en el «picnic»
    Y ahora?
    Quien responde?
    Vamos a seguir en lo mismo?
    Me encantaria oir su opinion
    Salud! os

  2. No interesa quienes fueron los militares que estan en el video, sino quien autorizó a los militares ir al picnic de patadas…..Las fuerzas Armadas estan tomando muy a lo deportivo este tema, la verdad es que estan dejando mucho que decir las FFAA, convirtiendolos en complice y encubridores de los planes de oratoria de AP….

  3. Afirma el ministro de. Defensa que ya conocen quienes son los militares que asoman en los videos. Como los militares no pueden hablar es obligación del funcionario informar nombres, grados, unidad a la que pertenecen y sobre todo de donde provino la orden. Si no lo hace el ministro, el comandante del ejército está conminado a intervenir a fin de aclarar la participación de los uniformados. Ningún militar actúa por voluntad propia en actos que le son vedados.

  4. «Tener 10.000 personas en dos horas en la Plaza Grande» y 10.000 fusiles AK47 donados por China. Como dirían en Guayaquil, «coincidencias en Pascuales.

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