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El berrinche populista de Cynthia Viteri

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¿Vieron la bronca que planteó Rafael Correa a Andrés Carrión? ¿Vieron a Cynthia Viteri emprenderla contra Alfredo Pinoargote? No había una buena esfera pública antes del correísmo, pero diez años después es peor.

Los tres debates entre Hillary Clinton y Donald Trump, moderados por periodistas, mostraron que la relación entre políticos y periodistas puede ser sensata: basta con que cada uno haga su trabajo. Nadie vio a Hillary Clinton en el último debate cuestionar a Chris Wallace de la cadena Fox News, reputada conservadora y pro Trump. Tampoco se vio en el primer debate a Trump agredir a Lester Holt, de la cadena NBC, considerado como un demócrata. Los periodistas fueron incisivos, buscaron respuestas precisas, pusieron a los entrevistados en aprietos, y éstos jugaron el juego. El público se quedó, como debe ser, con la última palabra.

Aquí el correísmo ha enseñado que el periodismo, como oficio independiente del poder, no existe. Los periodistas son sus empleados. O son los empleados de la oposición. Es imposible analizar, criticar, diseccionar discursos o actitudes, evaluar políticas, plantear debates, investigar al poder y fiscalizarlo sin ser la marioneta de alguien. Sicario de tinta, dice el Presidente criminalizando lo que García Márquez llamó “el mejor oficio del mundo”.

Entre el poder y la sociedad, el correísmo autoritario no concibe mediaciones ni mediadores. Hay buenos y malos. Patriotas y vendepatrias. Más grave es comprobar que los ciudadanos han comprado ese discurso y lo aplican en la esfera pública. Por eso las redes son un ecosistema viscoso. Partidarios y adversarios no analizan lo que se escribe. Interpretan. Leen más con el deseo que con ojos de filólogos. Una noticia es una adhesión al protagonista. Una crítica es un favor que se hace al adversario del criticado.

Decir que Rafael Correa, por ser el Presidente, no puede andar curando tuits ajenos… no es una afirmación de sentido común: es una bravata de la sucia oposición. Decir que Lasso es el político que con mayor profesionalismo conduce la campaña, no es un hecho: es una loa posiblemente pagada. Decir que Paco Moncayo arrastra en su coalición fuerzas que no creen en la democracia, tampoco es un hecho: es la prueba de que quien lo escribe es un apóstol de la derecha. Decir que Fernando Villavicencio fue quien sacó a flote la corrupción en Petroecuador no es un hecho; es hacerse cargo de lo que ha hecho, hace y hará el ex sindicalista.

La realidad que se expresa en hechos, el sentido común, la lógica… Nada de todo ello existe, salvo esta pasión obsesiva por tener la razón, por destruir al otro, por arrancarlo de cuajo del espacio social convertido en coliseo romano. Diez años de correísmo nutrieron la esperanza de que la oposición superara esta pedagogía letal aceitada por el Presidente y macabramente copiada por personajes como José Bolívar Castillo en Loja. La entrevista de Cynthia Viteri prueba lo contrario. Y su caso es el ejemplo más reciente; lejos de ser el único.

Hay que ver la entrevista de Ecuavisa. Viteri se hace daño por intentar zafarse de su estatus de política y, por puro afán populista, pretende que la política es una cosa y otra las necesidades de los más desfavorecidos. ¿Imaginan a Hillary Clinton o Trump eludiendo las preguntas porque, a su parecer, hay otros temas más importantes? Fue lo que hizo la candidata a la Presidencia de La Unidad con Alfredo Pinoargote. Como Correa, cazó una bronca con el periodista porque supuestamente sus preguntas, sobre la futura gobernabilidad del país ante el entramado jurídico que deja el correísmo, nada tienen que ver con esos millones de mujeres que se levantan “para ver cómo pagan sus cuentas a fin de mes, la renta, la comida, la pensión de sus hijos…”. Mujeres que suben cuestas, con el viento en contra… Y Viteri, en vez de responder, se refugia en esos terrenos pantanosos de la lírica barata donde es maestra Gabriela Rivadeneira.

https://youtu.be/6wnQS8zrUFU

Todo esto para decir al periodista que lo que a él le gusta es hablar de política (¿de qué se debe hablar con ella?) porque no le interesa la suerte de los más pobres, de las madres desempleadas… como si los periodistas tuvieran que compartir las necesidades electorales de los políticos. Y remató queriendo deslegitimarlo ante su audiencia: su corazón -le dijo- se inclina hacia otro candidato.

Si la campaña revela a los candidatos, Viteri mostró que, frente a los medios, tiende a pensar lo mismo que Correa. Su caso no es único y explica por qué muchos políticos ya no quieren derogar la Ley de Comunicación. Siguen creyendo que un buen periodista, es un militante más de su causa.

28 Comments

  1. No encuentro validez a su comenterio, no.
    Lo que creo hizo esa candidata, es exigir respeto dejandola hablar ya q el entrevistador estubo queriendo lucirse con su perorata y hostgandola.
    No , definitivamente esa no es la labor de un periodista en la tarea de entrevistador.
    No se debe olvidar q el mencionado entrevistador fue uno mas de las decenas de periodistas que son los creadores de este corrupto q nos gobierna aunque luego el en el poder, se ha ido deshaciendo de cada uno.
    Si quieren seguir gozando de nuestras preferencias, los periodistas deben sacarse la camiseta de su partido y ademas hacer a un lado su formacion (muchisimos son de la epoca del socialismo en las Universidades) para comentar o hacer entrevistas con OBJETIVIDAD.
    Bien ha hecho alguno, de reconocer en una entrevista que asi obraron y se disculpo.

  2. Qué pena el señor Pinargote no deja hablar no soy fan de la Señora Vitery pero es claro que no dejo que desarrolle sus propuestas, lástima por el país le dan mas chance a Moreno!!!!

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