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Jiménez lleva atada a su tobillo la miseria de Correa

lectura de 5 minutos

Un brazalete electrónico en su tobillo a cambio de poder abrazar de nuevo a sus hijos: es el canje que hizo Cléver Jiménez, condenado, con Fernando Villavicencio, por haber supuestamente divulgado correos electrónicos de Rafael Correa sobre el caso Chevron. Ese brazalete reemplaza una orden de prisión preventiva.

El canje lo hizo un padre, un ser humano perseguido, hostigado, sitiado. Pero ese canje, mirado desde el lado de la Justicia que los condenó obedeciendo órdenes políticas, es una infamia.

Tras tres días, apenas tres días de llevar ese brazalete y Cléver Jiménez ya siente sus estragos: ‘Además de humillante, dijo a 4Pelagatos, es terriblemente incómodo. Molesta para caminar. Lo llevo siempre y tengo que cargarlo cuatro horas por día. Esto implica que debo quedarme ese tiempo con la pierna extendida al lado de un tomacorriente. Cada día me llaman para que no olvide cargarlo. A veces ni oigo las llamadas. Todo esto es muy estresante’.

Humillante y estresante: ese brazalete en la pierna de Cléver Jiménez será recordado como el símbolo de la mayor infamia tecno de Rafael Correa. Primero porque Correa y Alexis Mera sabían que Jiménez y Villavicencio son inocentes: sabían que ellos ni son hackers ni espiaron sus correos electrónico. Y sabían quiénes fueron los autores. Y, segundo, porque tras haberlos perseguido y logrado que su justicia los condenara, esa misma justicia les propuso una medida sustitutiva que encierra una tremenda violencia simbólica y real.

¿Qué significa ese brazalete en el tobillo de Cléver Jiménez? Que desde hace tres días se ha vuelto carcelero de sí mismo. Por amor a sus hijos, hizo un acuerdo para vigilarse a sí mismo, liberando al Estado de la tarea de averiguar dónde está y qué hace. Es un prisionero que tiene su casa y un perímetro geográfico fijado por una jueza, como cárcel. Esto no solo es físico. Es mental. Se construye en ese diálogo sordo, a medio camino entre la ira y la impotencia, que se da entre ese aditamento que se adhirió a su cuerpo por la fuerza y su mente. Cléver Jiménez arrancó, hace tres días, una nueva carrera por la libertad; una carrera tan intrincada como la que enfrentó con Villavicencio durante un año, escondidos en tierras de los Sarayaku. Ahora tiene que ser libre, a pesar de su cuerpo vigilado. Tiene que mantener su lucidez, a pesar del brazalete que lo agobia.

Hay que leer las experiencias que ha sacado el sistema penal de algunos países del uso de estos brazaletes. Las confesiones de sus usuarios (delincuentes reales, no como Jiménez) son inquietantes: laceraciones de la piel, enfermedades de la piel, estrés por el uso veloz de la pila, alarmas que se disparan, daños del aparato, invasión de la intimidad, afectación de las personas cercanas, pérdida de autonomía, sensación de estar 24 horas sobre 24 vigilados… El brazalete, mirado con los ojos de un inocente, no solo es incómodo y humillante: es un castigo y un atentado contra la dignidad y la integridad personal. En este caso, es una infamia cometida contra un político que, con Villavicencio, denunció la corrupción en el gobierno de Correa.

Fernando Villavicencio, quien tramita un pedido de asilo político en Perú, dijo que no aceptará esa medida sustitutiva a la prisión preventiva. Para Jiménez ese tormento no tiene fecha de caducidad. El ex asambleísta espera una nueva audiencia con la expectativa de que al fin los jueces fallen en derecho; no con los ojos puestos en Carondelet (como ocurrió en todos sus juicios). Jiménez no tiene fechas y tampoco sabe si el juicio será dividido en caso de que Villavicencio no se presente. Hasta entonces, todo tendrá que hacerlo con ese aparato encima. ‘Y cuando digo todo, es todo. De día y de noche. Me puedo bañar con él, pero no puede sumergirme en una piscina. Y si se daña tengo que pagarlo’.

Rafael Correa podrá decir –porque nadie duda de que sigue con frenesí el destino de sus víctimas– que aún hoy su justicia hace su obra: Fernando Villavicencio pide asilo en Perú y Cléver Jiménez carga en su tobillo una prisión virtual. Infamia: no hay otra palabra.

26 Comments

  1. Señor Hernández
    Por favor no olviden del huésped mas indeseable de todos los tiempos en Lóndres.
    Solo de pronunciarlo nos da urticaria y por eso no lo hago-

  2. Señor Jimenes. Tómelo con un honor.
    Recuerde que a Jesús lo colocaron una corona de espinas los sátrapas de su tiempo, pero el recuerdo de la infamia trasciende los siglos.
    Viva la Patria ante todo.

  3. Soy solidario con Klever Jiménez y Fernando Villavicencio, que están pagando las injusticias de uno que se cree todo poderoso, menos mal que ya no esta en el Ecuador. Sin embargo pienso que estas infamias seguirán durante los próximos 4 años, por que los famosos diálogos, desgraciadamente solo quedarán en eso «diálogos»

  4. Apreciados Pelagatos, les pido muy cordialmente promocionar la próxima telenovela ecuatoriana, MANITOS LIMPIAS, en 12 capítulos, talento nacional.

    EPISODIOS.
    1.-El chuky de Zimba lagua.
    ( menores ver con vigilancia de adultos)
    2.-Los Manteles
    (Con cómicos quiteños)
    3.-Voy a morir en Honduras
    (Actúa de extra,fandder el muelon)
    4.-Musarañas a Uribe
    (La madame ataca a carterazos)
    5.-Mátenme si quieren
    (Llevar pañuelos)
    6.-La manito embadurnada
    (Sin agarradas de micrófono)
    7.-Velorio en La Habana
    (Las viudas van con sus chulos)
    8.-El precio de mi honra
    (Tasador, el cinico kaupulicann con flash memory de 7 G)
    9.-Yo te perdono.
    ( solo para robos mayores de un millón)
    10-Arpias versus Histéricas
    ( Las arpias revolucionarias viajaran en escobas propias)

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