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Alerta: ¡está naciendo el morenismo!

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Lenín Moreno al fin encontró cómo calzar un credo político que singularice su gobierno. Pero para eso tenía que operar una ruptura con el correísmo: tarea hecha.

Este proceso estaba anunciado. En su entorno se evocó, desde que volvió de Ginebra, la posibilidad de retomar las alianzas políticas que caracterizaron al correísmo al inicio. Con indígenas, sectores sociales, movimientos de la vieja izquierda, grupos progresistas, mujeres, ambientalistas… Moreno tendió las manos hacia esos grupos en plena campaña electoral. Lo suyo pareció, sin embargo, más un movimiento táctico, destinado a revestir la fachada del correísmo y aumentar los votos, que un viraje político. Moreno estaba entonces circunscrito al plan de gobierno concebido por Correa y los suyos, consignado en tres libros que le fueron entregados públicamente.

Ya en el gobierno, Moreno incluyó a los aliados de primera hora del correísmo en sus gestos de apertura y diálogo. Pero, enfrascado en el enfrentamiento con Correa y sus altavoces, poco ha dicho sobre el rumbo político y económico de su gobierno. En la entrevista con CNN dio algunas pistas que se conectan con el discurso post-Ginebra de su entorno: Moreno quiere volver al espíritu que, según dice, presidió el proceso que concluyó con la redacción de la Constitución de Montecristi. No solo por ser socialista y revolucionario (así se identifica) sino porque Montecristi fue, según dice, un momento de unidad nacional. En claro, le conviene ese marco constitucional y comparte los contenidos de esa Constitución que presenta como plena de derechos y ejemplo en el mundo. ¿Qué agrega él? Pragmatismo. Lo dijo en la entrevista de CNN, sin indicar su volumen y su sentido.

El morenismo es, entonces, en este momento, mucho y poco. Mucho, porque Montecristi más que un rumbo democrático es una hojarasca política y constitucional que produjo –y eso sí es concreto– un gobierno autoritario, concentrador de poder y tan opaco administrativamente hablando, que la inmensa corrupción que acarreó apenas empieza a llegar a los juzgados.

Poco, porque no se sabe aún qué habrán aprendido, Moreno y los aliados señalados, de esta década en la que, al amparo de visiones vetustas y lemas apolillados, treparon al poder a Correa, le dieron un marco institucional y socaparon, durante años, su acción autoritaria de gobierno.

Volver a los orígenes del proceso –como dicen Moreno y sus aliados– es un lavado de manos. Porque lo que se quiere decir, lo que ya se está diciendo, es que los postulados de Montecristi están limpios de polvo y paja y fue Correa quien los malinterpretó. Si eso hacen Moreno, los movimientos sociales, la vieja izquierda y los progresistas por los que él dice querer apostar, volverán a cometer dos errores cuyas consecuencias el país conoce. Uno, usar el síndrome del chivo expiatorio volcando todas las culpas sobre Rafael Correa. Dos, creer que los postulados vetustos que dieron lugar al diseño institucional (el Estado como principio y fin de toda acción pública, la democracia formal es democracia burguesa, el individuo después de lo colectivo…) son justos y que Correa los aplicó mal. En 2007, el expresidente tuvo la posibilidad de remozar todas las fuerzas sociales y políticas que se lanzaron a ojo cerrado en el proceso refundacional. No lo hizo pero, en cambio, usó muchos de esos postulados y produjo el único resultado posible de ellos: un gobierno autoritario. Hoy Moreno está, por decisión suya, ante la misma tarea y su adhesión a la constitución de Montecristi no augura que desmonte –salvo en las partes que consultará– el diseño institucional que tanto sirvió a Correa.

Resulta obvio que Lenín Moreno pretenda recuperar las bases sociales y políticas del inicio del correísmo. Le permite continuar con el proceso correísta e incluirse en él pero se desligarse de sus prácticas autoritarias. Lo faculta a poner el acento en demostrar que no fue él quien traicionó el proceso, como le endosan Correa y los suyos, sino que fue Correa quien se desvió. Decirse defensor de lo ocurrido en Montecristi puede facilitar, además, su relación política con las bases de Alianza País y el electorado fiel a Correa.

Volver a los orígenes del proceso supuestamente transformador de 2007, es una movida estratégica que sitúa a Moreno en un terreno político que, en algún momento, estuvo en disputa dentro del correísmo: los ideólogos de izquierda contra los businessmen –Glas, Mera, los Alvarado, Nathalie Cely, Camilo Saman, María de los Ángeles Duarte… – que Correa puso en puestos clave de la economía. Así Moreno puede presentarse como el relevo natural dentro de un proceso llamado a rectificar y a continuar: no a comenzar otro.

Socialista y revolucionario, dice Moreno. Pero aún no se sabe qué contenidos dará a esos términos y si el morenismo que está naciendo será el enterrador de la izquierda jurásica, estalinista. O su tanque de oxígeno.

Foto: Presidencia de la República

32 Comments

  1. En una de sus alocuciones Lenin dijo qué hay q acostumbrarse a vivir y trabajar en incertidumbre. Asunto muy difícil ya que la mayoría de trabajos requieren de una planificación al futuro y para ello necesitamos estabilidad política, social y económica.

  2. Es hora que el presidente Lenín Moreno deje de quejarse del “desastre” que fue el periodo de gobierno anterior del cual fue su ilustre vice-presidente. Ya se quitó el estereotipo criticando y exhibiendo los errores, corrupciones y desaciertos de la era Correista. Está claro que no tiene 4 años para continuar emitiendo comentario o quejas. Se le eligió para gobernar y sacar adelante al país de lo que el mismo considera un arrebato de la verdadera revolución ciudadana, es hora que cumpla con su plan de gobierno por el que fue elegido, el plan de izquierda sin los excesos y aberraciones de la década ganada, donde se vivió un autoritarismo por parte del ex presidente. Pienso que hay ponerle fin a los actos de corrupción y el perjuicio a los ecuatorianos. Dejémonos de pensar que solo los ” lideres” o caudillos son los únicos llamados a gobernar y permitan la corrupción. Si la gestión del presidente Moreno es esclarecer la mafia del gobierno anterior, lo debe hacer sí, pero llevando a juicios todas aquellas irregularidades que son visibles, además no solo presentar un propuesta de consulta popular, si no también sacar a todos esos cabel que siguen laborando en el sector publico. Solo así en 4 años podrá decir que como presidente llevo a cabo su plan de gobierno y además saco a toda la gente deshonesta que estuvo en el poder por propio interés y no por el fin del cual elegidos

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