10. La herencia de la década: la cosa nostra

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La cosa está que arde desde que la nostra rivoluzione nos hizo escuchar el último audio donde il capo de la Asamblea y el ex Controllore, se quieren mangiare al capo di la Fiscalía; aprovechándose de que Elliot Ness está preso y sentenciado en la cárcel 4 y sus Intocables enjuiciados en espera de la sentencia.

El origen
A diferencia de los Rómulo y Remo que fueron amamantados por la Loba del Capitolio y luego se levantaron Roma; nuestros Vinicio y Fernando fueron amamantados por George Washington y se levantaron con el santo y la limosna del vivere bene.

Al principio nostra cosa estaba en pañales por eso solo aparecían los Meone y los Cacone; pero a medida que iban ingresando más recursos y adquiriendo experiencia y poder, fueron apareciendo los Patiño, los Glass, los Pareja, los Pólit, los Ochoa y demás miembros de la banda inmovile. Entonces se dieron cuenta de que la religión no era el opio de los pueblos sino el Socialismo del Siglo XXI y es entonces que a los Alvarado se les despierta un infinito amor por la famiglia y crean con Creacional la marca: La Revolución Ciudadana. Ni cortos ni perezosos la lanzaron al mercado y la pusieron a competir con marcas de trayectoria internacional como: el pasado no volverá, la banca inmoral, la partidocracia, la prensa corrugta, la CIA y la larga noche neoliberal. Luego nos pasaban comerciales subliminales donde en 30 segundos nos vendían la idea de que la Patria ya era de todos y al cabo de repetir la frase más de mil veces nos convencieron de que era verdad. La propaganda fue el pasto para los ovejunos y la duda para los no ovejunos. Llegamos al clímax con All you need is Ecuador; se gastaron platales en mensajes patrióticos, maravillosas tomas, pegajosos jingles y en sincronización con la lengua viperina de El Padrino, mantenían aleladas a las masas. (Pero lo más alejadas de la realidad).

El auge
Con dinero a manos llenas, le metieron la mano a la justicia; aumentaron sus chichis y siliconaron sus pompis. Tras la cirugía reconstructiva, la amoldaron a imagen y semejanza de sus primos sicilianos, es decir: ser bondadosos con la familia (con plata ajena); vengativos y despiadados con los enemigos (con plata ajena). Así por ejemplo: si un común de los mortales se robaba una gallina, tenía que robarse también los huevos porque de lo contrario sería juzgado por doble delito: 1) robo menor y 2) terrorismo y sedición; porque estos podrían ser lanzados al cuerpo y causar un irreparable daño moral a la porcelana facial del capo di monti; eso sí, ni la gallina ni el mortal se libraban del grillete electrónico. En cambio los de la familia –pese a ser juzgados– tienen derecho a ser condenados con las penas más leves o los fiscales podrían ser cambiados a última hora.

El miedo era el arma que utilizaban para callar a sus enemigos. A todos los que no comulgaban con la sua rivoluzione, il suo Padrino los eliminaba los sábados. Para otros utilizaban silenciador ofreciéndoles altos cargos para que mantengan la boca cerrada. A algunos confusos los llevaban a dar un paseo en Legacy por Europa o la China y de regreso tenían clarito lo que era ser un auténtico revolucionario (con plata ajena). Unos cerraban el pico para conservar su empleo y los que hablaban demasiado lo perdían y nunca más volvían a encontrarlo.

Estudiantes, profesionales, banqueros, jubilados, ecologistas, indígenas, movimientos sociales, casi nadie se salvó del control y el poder de la famiglia socialista. Ni los pordioseros levantaban la mano a pedir una monedas a la caravana presidencial por el miedo a ser procesados como terroristas.

En la Supercom, el capo Ochoa era quien se encargaba de hacer el trabajo sucio y liquidar a todos los soplones de la prensa corrugta, porque según él, sabían demasiado.

Patiño era el capo encargado de ajustar cuentas y marcar territorios con el ISSFA, las FF.AA., la Policía, la Cancillería. Los que no estaban de acuerdo eran procesados a sangre fría o arrojados para alimentar a los jueces.

Mafer Espinosa era y es la soprano encargada de cerrar la boca a los enemigos de su padrino Nicolo Maduro.

Algunos, solo al verlos se orinaban en los pantalones. Otros convulsionaban al escuchar su nombre. En cambio para los del rebaño, escuchar al Padrino en la radio era el orgasmo semanal de los sábados. (Hasta ahora se excitan al verlo en el ático).

No contrabandeaban whisky como sus primos de Chicago sino que contrabandeaban petróleo con sus tíos de la China. Tampoco traficaban con el hambre como sus primos de Venezuela, sino que se dedicaban al tráfico de influencias. Prostituyeron el poder. Desaparecieron el pensamiento y restringieron las libertades.

Todos parecían cortados por la misma tijera, por eso eran conocidos como los Scarface. Eran igualitos ante la Ley y gozaban de los mismos privilegios en los paraísos fiscales y terrenales; la única diferencia entre uno y otro eran los millones en sus cuentas bancarias; más como sucede hasta en las mejores familias, un mal reparto del botín provocó la inconformidad de algunos y empezaron a aparecer a la luz pública tenores y rigolettos que crearon la magistral pieza: Opereta de Cantata y Fuga. Preludio en La mayor para piano y orquesta de la delincuencia organizada.

La decadencia
Luego del auge delictivo llevado hasta el delirio, llegó el ajuste de cuentas. A los jueces de pronto se les olvidó el alzheimer y con el nuevo gobierno empezaron a acordarse de las leyes y reglamentos y de que había una vecchia signora llamada Justicia. Entonces, en capítulos semanales, empezaron a caer los peces chicos que empiezan a denunciar a los peces gordos; que a su vez denunciaban a los pájaros de alto vuelo; que a la vez demandaban a la jauría de caimanes; que a su vez culpaban a los elefantes blancos. Lo cierto es que la opinión pública está asombrada al ver un espectáculo de horóscopo chino en un circo romano.

Por todos los problemas causados, quieren desmarcarse de los Corleone, los Pólit y los Capaya y crear una nueva famiglia con los Correa, los Rivadeneira, los Buendía los Aguiñaga, los Maduro, los Ortega y los Castro; para eso contrataron nuevamente los servici