Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

Ubíquese ideológicamente en dos pasos

en Columnistas/La Info/Las Ideas por

La ideología es el medio a través del cual las personas comprendemos el mundo y sus cambios. Así también, la ideología es la valoración que cada cual tiene sobre cómo deberían ser las relaciones económicas, políticas y sociales. En definitiva, y aunque existen opiniones contrarias, todas las personas tenemos un posicionamiento ideológico. Conocernos más, por tanto, es útil no sólo para generar un ejercicio de auto crítica sino también para elegir a aquellos políticos que se acercan en mayor medida a lo que nosotros creemos sobre un tema específico. Si bien hay varias formas de ubicarnos ideológicamente, una de las más útiles es la que vincula las dimensiones izquierda-derecha, en el plano económico; y, conservador-progresista, en el plano político y de los valores sociales. Así, es posible que usted y yo nos situemos en alguno de los cuatro tipos ideales que a continuación se describen y que a la par realicemos un ejercicio similar respecto al partido o candidato al que estábamos pensando apoyar. Algunas sorpresas y sinsabores pueden surgir.

El izquierdista-conservador.- Esta es la persona que cree que el aparato estatal lo debe controlar todo. Para el izquierdista-conservador, el control de precios es el pan de cada día y la regulación desde el Estado es el elíxir de cualquier economía. Hay que planificar todo desde el gobierno: el empleo, la producción, el arte, la vida cotidiana. En el plano internacional sus referentes son Cuba, Corea del Norte y no deja de ver con buenos ojos (aunque ya no lo dice) a Venezuela. Para el izquierdista-conservador, el sólo hecho de hablar de mercado y la relación oferta-demanda es casi un insulto. En el plano de los valores sociales, en este tipo ideal se encuentra el que se opone a las diversidades de todo orden. Cree en el matrimonio como una institución que vincula, si y solo si, a un hombre con una mujer con el fin de vivir juntos y procrear. Las uniones entre personas del mismo sexo le parecen una aberración y la adopción de hijos por parte de estas parejas le resultan el paso definitivo hacia la perdición del mundo y sus alrededores. Las mujeres son para la casa, los quehaceres domésticos y la cría de los hijos. Son princesas en un momento dado y cocineras en la mayoría de las situaciones. El izquierdista-conservador, por tanto, es el que se pone la camiseta del Che Guevara y al mismo tiempo se enerva hasta el clímax si alguien osa dudar de su virilidad. La Revolución Ciudadana tiene muchos de estos ejemplares en sus filas. Unos viven en el país y otros en el extranjero.

El izquierdista-progresista.- Al igual que el tipo ideal anterior, aquí se sitúa el que firmemente cree en que el Estado debe ser el principio y fin, el Alfa y Omega, de toda interacción económica. Cree que se requiere del Estado para generar vías, pero también para fomentar la industria nacional y propiciar empleo. Para él, las importaciones son un mal al que hay que combatir y ante cualquier tipo de problema o desequilibrio económico la responsabilidad se halla en los Estados Unidos. Sin embargo, es abierto los cambios y a la posibilidad de convivir en armonía en medio de la diferencia. No tiene resquemores con el aborto ni tampoco con el uso personal de sustancias sujetas a control (como dicen los partes policiales). El izquierdista-progresista tolera, respeta y tutela los derechos de las minorías sexuales y asume la necesidad de reconocer a las diversidades en su amplia gama. También reivindica los derechos de las mujeres y cuando es más radical pertenece a organizaciones animalistas y ecológicas. Algunos de los más conspicuos representantes de este grupo han sido tildados como infantilistas ambientales.

El derechista-conservador.- Aquí se encuentra el que cree que el Estado simplemente debe desaparecer pues no le encuentra utilidad alguna. Hasta la seguridad, que ahora le entregamos a la Policía Nacional y Fuerzas Armadas, debe ser provista desde el sector privado. Cada uno, cada uno. No sólo cree en la libertad del mercado para dinamizar las relaciones económicas y comerciales sino también en la ausencia de cualquier tipo de orden impuesto desde ese monstruo llamado Estado. No obstante, sus ansias de libertad frenan a raya cuando se trata de temas valóricos. El matrimonio es de macho y hembra, pues así se los creó. Respecto a los hijos, hay que asumirlos en el número y forma que la divinidad ofrezca. Los anticonceptivos son la expresión de la miseria humana. Sobre el aborto, ni hablar. Las chicas se embarazan porque se meten a cosas de adultos, antes de hora, en lugar de aguantarse. En cuanto a diversidades sexuales, no hay concesión. Todas son aberraciones y son el fruto de desequilibrios mentales, espirituales o de ambientación. Las clínicas de des-homosexualización pueden ser una alternativa cuando la familia, tradicional y sacrosanta, no está presente para propiciar la cura. Aunque las discusiones sobre la economía del país entre el derechista-conservador y el izquierdista-conservador son a muerte, la distensión viene el domingo y fiestas de guardar, cuando se encuentran en el púlpito para despotricar en contra de esta sociedad sin valores. Ahí usted explica por qué compartían votación los AP, PSC y CREO.

El derechista-progresista.- Para él, emprendimiento y capacidad de auto gestión de las personas es la máxima principal de la vida, independientemente de factores que pueden condicionar a algunos en dicho esfuerzo. El debate entre capacidades de los individuos y desigualdad de oportunidades por razones socio-económicas es obviado. Por ello, cualquier forma de discriminación positiva o acción afirmativa debe ser vista con recelo pues distorsiona el mercado. El derechista-progresista tiene una disputa entronizada con los estatistas pero acuerda con ellos en cuanto a valores se refiere. Cree en la libertad de las personas y allí en el derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo. Por ello, el aborto sin restricciones es su bandera de lucha. Ejerce la tolerancia como un valor supremo por lo que cualquier tipo de diversidad, étnica, sexual o de cualquier orden es bienvenida y asumida como parte del multicolor mundo en el que nos ha tocado vivir. Los estupefacientes y sicotrópicos deberían ser comercializados libremente para uso personal y su legalización es parte de la solución a los problemas derivados del narco tráfico. Tanto en el ámbito local como latinoamericano es difícil hallar agrupaciones políticas o actores que sean parte de esta descripción. John Stuart Mill, el gran pensador inglés, sería el referente empírico de este grupo.

***

A partir de los cuatro tipos ideales planteados, usted ya puede estar tranquilo pues el hecho de que sea de izquierda en lo económico no lo ancla necesariamente como progresista. Tampoco situarse en la derecha económica lo destina ineludiblemente al campo del conservadurismo social. Por tanto, si usted se entrampa con su amigo o vecino en acres discusiones sobre el papel del Estado en la economía podría ser que al mismo tiempo pueda llegar a amplios acuerdos en torno a la defensa de las diversidades sexuales o del derecho de las mujeres al aborto o a su participación en la política. Desde luego, y como todo tipo ideal, la descripción planteada es teórica por lo que, en la mayoría de los casos, las personas nos situamos con cierta distancia de los puntos extremos. Por otro lado, y ya que fue posible ubicar a los candidatos de la última elección presidencial en las dimensiones izquierda-derecha y conservador-progresista, un desafío para elegir mejor a los próximos alcaldes y prefectos está en realizar con ellos y sus posicionamientos ideológicos un ejercicio similar. De esa forma podremos votar por los que piensan de forma similar a nosotros. De esa forma podremos ejercer una vigilancia electoral más sólida. De esa forma podremos contribuir a una ciudadanía de mayor intensidad.

Santiago Basabe es académico de la Flacso

4 Comments

  1. Muy simple su división realmente, los seres humanos somos más complejos que 4 grupos, hay matices no sólo políticos y religiosos también sociales, culturales y sobretodo morales.
    Lo moral no tiene asidero ideológico. Hay quienes rechazan y otros que practicamos la honradez por ejemplo. Otras diferencias serían prácticas como la solidaridad, el respeto, la tolerancia al pensamiento distinto sin renunciar a nuestras creencias.
    Mi pensamiento es que, ni somos la sociedad “curuchupa” vs la sociedad “progresista”, ni la derechista vs izquierdista al menos no como pinta su descripción.
    El centro tiene muchos matices que le sorprendería encontrar y apreciar día día.

Deja un comentario

Your email address will not be published.

*

Las últimas de

Ir Arriba